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domingo, 12 de febrero de 2023

CARTA CXXIX. Prosiguen libros y papeles preciosos, biblioteca Carmelitas descalzos Barcelona.

CARTA CXXIX. 

Prosiguen las noticias de libros y papeles preciosos, que se conservan en la referida biblioteca de Carmelitas descalzos de Barcelona.

Mi querido hermano: Poco queda que examinar en la biblioteca de los PP. Carmelitas descalzos de esta ciudad. Mas no sé si lo podré hacer con pocas palabras. Hay aquí un códice fol. ms. más conocido por el nombre y la materia, que por otras circunstancias dignas de publicarse. Contiene la historia del Rey Don Jaime I de Aragón, escrita en latín por el P. Fr. Pedro Marsilio, Dominico, y dedicada a Don Jaime II en el año 1314. Aunque este códice es de escritura de ese mismo tiempo, mas no es el original, pues este debió quedar en el archivo de mi convento de Mallorca, como pidió su autor al Rey. Tampoco es la copia que de orden del Rey mandó sacar su tesorero, en pergamino, adornada con letras de oro, y varios dibujos; copia que presentó el autor a dicho Príncipe estando oyendo misa en la iglesia de Santo Domingo de Valencia, día de la Santísima Trinidad, de 1314; y el Rey la recibió, y aun leyó después un capítulo paseando por el claustro. Consta todo esto del memorial, decreto del Rey y nota de la presentación que se hallan al principio de este códice. La obra se divide en IV libros. El I trata del nacimiento, infancia, matrimonio, cortes, y otros hechos del Rey Don Jaime, hasta el año 1229 en XXVI capítulos. El II habla de la conquista de Mallorca, Menorca e Iviza, en XLIX capítulos. El III, de la conquista del reino de Valencia, en LXXVIII capítulos. El IV, de la del reino de Murcia hasta la muerte del Rey, y son LIX capítulos. Es de notar que faltan al fin del libro algunas hojas, desde el capítulo 45. Por de contado, y mientras no se dispone otra cosa mayor, envío copia de todos los títulos, sacada de los que están al principio de cada capítulo, porque al índice que hay al principio le falta una hoja perteneciente al libro II y III. También va el prólogo, que es curioso, con las notas que antes decía. Con esto podrás formar alguna idea de lo que es esta obra (a: Ap. núm. XIII.) 

Rey Don Jaime I de Aragón, Bernardino Gómez Miedes
(Libro sobre Jaime I de Bernardino Gómez Miedes)

Lo que yo veo en ella es una casi total identidad con la llamada: Comentarios del Rey Don Jaime I, que corre en lemosín, y aun se dice ser obra del mismo Rey. Había pensado hacer palpable esto, poniendo en dos columnas ambos textos, digo, algunos de sus lugares. Pero creo que descansarás sobre mi palabra, que los he cotejado en muchas partes que la suerte me ha ofrecido. De modo que no hay más diferencia entre las dos obras, sino que el P. Marsilio habla del Rey Don Jaime I en tercera persona, y en la lemosina habla este Príncipe en persona propia.

De esta identidad en obras de diferente idioma resulta la cuestión, quién fue el autor y quién el traductor. La importancia de la materia, y la celebridad del nombre del Rey Don Jaime, merece todo el trabajo que me he propuesto emplear en su declaración. La opinión común es que la obra lemosina lo es de aquel Príncipe, el cual a imitación de Julio César, escribió todos sus hechos políticos y militares; y por consiguiente, que el P. Marsilio, que florecía en los tiempos de Don Jaime el II, tradujo aquella obra en latín. No se puede negar que antes del P. Marsilio existían algunas memorias en lemosín de los hechos de Don Jaime I, las cuales él ordenó y puso en latín. Dícelo él mismo en su prólogo por estas palabras: valde consonum in oculis illustrissimi Domini Jacobi Regis (Don Jaime II) ... apparuit, ut victoriosissimi avi sui gesta pristinis temporibus, veraci stilo sed vulgari collecta ... reducerentur in medium, atque latino sermone discreta et per capitula iuxta conclusionum varietatem distincta, unum ystorialem et cronicum redderent codicem. Ni era posible que el P. Marsilio, que comenzó a escribir más de treinta años después de la muerte de aquel Rey, dijese con tanta puntualidad sus hechos, y hasta las semínimas de ellos, si no las tomara del que las escribía al mismo tiempo que sucedían, y que sólo parecen bien en boca del que las presenció. Así que es indubitable que el P. Marsilio tradujo y ordenó en latín ciertos escritos lemosines extendidos en vida del Rey conquistador. Y en este sentido no es autor sino traductor de la crónica del Rey Don Jaime. Mas si la cuestión versa sobre la obra del citado Padre, comparada con la que corre escrita en nombre y persona de aquel Monarca, es otra cosa. Porque yo sospecho que esta se zurció muchos años después de la de Marsilio; y tengo por cierto que el Rey Don Jaime ni escribió esta su Crónica lemosina, ni aun aquellas otras memorias que sirvieron a Marsilio de original. Yo me guardaré bien de reproducir aquí los argumentos con que Don José Villarroya probó esta que parecerá paradoja en las cartas que imprimió en Valencia en el año 1800. Se reducen a que aquel Príncipe calló y dijo lo que no debía, e incurrió en anacronismos que no caben en quien escribe su misma vida. Cosas que según las reglas de críticas, deben deducir las dudas de esta especie. A esto tengo yo que añadir un argumento negativo tomado del silencio del P. Marsilio, donde debía decir que aquellos Comentarios lemosines eran obra del Rey Don Jaime. Habla en su prólogo de la escasa noticia que tenía el mundo de las hazañas de aquel Príncipe, y se queja amargamente de que el Arzobispo Don Rodrigo tocase tan ligeramente en las alabanzas de héroe tan famoso; y por esto dice que le mandó Don Jaime II poner y ordenar en latín los hechos de su abuelo veraci stilo sed vulgari collecta, ac in archivis domus regiae ad perpetuam suae felicitatis memoriam reposita. Pues si estas escrituras vulgares que él se proponía ordenar y traducir al latín, hubieran sido obra de Don Jaime el I, ¿cómo era posible que lo ignorara el P. Marsilio y que lo callara, siéndole tan importante el decirlo para autorizar más su traducción, y siendo esta la mayor alabanza de aquel Príncipe, a quien elogia tan encarecidamente en el prólogo ¿Ni cómo había de permitir y aprobar este silencio Don Jaime II, que tanto amaba las glorias de su abuelo? Además, si ya existían los Comentarios, obra de dicho Rey, ¿cómo pudo quejarse Marsilio de la falta de su Crónica y del silencio de la de Don Rodrigo que con tanta ventaja compensaba esta de que se trata? ¿Y qué causa tan urgente había para traducirla en latín en un tiempo en que el lemosín era el idioma de las cortes de Aragón, Provenza y Sicilia y entendido en la de Castilla? Especialmente los mallorquines, ¿qué necesidad tenían de esa traducción, para los cuales parece se hizo principalmente? ¿Había más que sacar varias copias de aquella obra para extender la memoria de las hazañas de este Príncipe tan famoso? Por otra parte, el P. Marsilio en las palabras citadas dice que ordenaría por capítulos las memorias lemosinas, de modo que formasen un códice de Crónica seguida. Supone, pues, que no tenían orden ni división de capítulos. ¿Quién conocerá por estas señas los Comentarios que corren en nombre del Rey Don Jaime? Los impresos están divididos por partes y capítulos, y los manuscritos que he visto, aunque carecen de esta enumeración, forman una narración crónica continuada. De modo que podemos creer que ni Marsilio, ni Don Jaime II, ni personaje alguno de la corte conoció esta obra lemosina, sino otras escrituras que debió componer alguno de los que acompañaron al Rey Don Jaime I en sus expediciones. Pues Marsilio, que tan llanamente confiesa la existencia de estas y que las vertía al latín, ¿qué interés podía tener en ocultar las otras? Y si hubiera sido justamente reprendido por Don Jaime II y los de su corte en caso de callar el paradero de aquellas memorias y arrogarse el título de autor, ¿cuánto más lo debía ser callando la obra de tal Rey, si tal hubiera? Cuanto más vueltas doy al prólogo de la obra de Marsilio, más fuerte me parece el argumento que nace de su silencio en esta materia. Qué será si añadimos el del principal cronista de Cataluña Ramón Muntaner, que nació once años antes que muriese Don Jaime el Conquistador, y comenzó a escribir su Crónica en 1325 a los sesenta de su edad? Pues ello es cierto que llegando Muntaner al capítulo VII y excusándose de la brevedad con que escribía las cosas de aquel Príncipe, dice así: no ho vull tot comptar per ordre, e per ço menstich (men stich, me 'n estic) com ya seu (sen, s 'en) son feyts molts libres de la sua vida, e de les sues conquestes, e de la sua bonesa de caballeries e asaygs e proeses. 

Aquí, donde no debía, calla Muntaner que aquel Rey hubiese escrito de sí y de sus cosas, y sólo excusa su brevedad con los libros que hablaban de él, que eran sin duda los de Marsilio, publicados ya doce años había.

Adelantemos un paso más. ¿Dónde quedó esta obra original del Rey? 

En el archivo real no estaba; porque en él sólo había ciertas memorias, que, como acabamos de ver, no eran obra de aquel Príncipe. La opinión común es que quedó en el real monasterio de Poblet, de donde al (el) Arzobispo Pedro de Marca la sacó y llevó a París. Y aun sé que en esta inteligencia se escribió desde aquí los años pasados al embajador de España en aquella corte, el Excelentísimo Señor Don Nicolás de Azara, para que buscase alhaja tan preciosa. Confieso que me irritan las calumnias de esta clase que oigo cada día por acá contra la memoria de tan grande hombre como era el Señor Marca. Vean los archiveros respectivos si les falta algún documento de los que él cita y publica; y si falta, otra será la ocasión, que hartas ha tenido esta frontera para perder del todo sus archivos, no la vileza que suponen, sin probarla jamás.

Y por lo que toca a nuestro propósito, necesariamente hemos de confesar que tal obra manuscrita no existía en Poblet en los años 1314 y 1325, puesto que ni Marsilio ni Muntaner hacen memoria de tal cosa. ¿Y quién dirá que podía ser ignorado el paradero del libro por personas que debieron visitar algunas veces aquel depósito del cuerpo del autor, y que trataban de publicar lo mismo que en él estaba escrito? Tampoco existía en 1343, época que debes tener muy presente para lo que se ha de decir. 

En este año el Abad de Poblet, Don Ponce de Copons, mandó escribir el ejemplar de los Comentarios lemosines del Rey Don Jaime I, que existe en esta biblioteca de los PP. Carmelitas descalzos (H. 335). No puedo dejar de copiar aquí el epígrafe final. Dice así: Aquest libre feu scriure lonrat en Ponç de Copons, per la gracia de Deu Abbat del honrat monestir de Sancta Maria de Poblet. En lo qual monestir iau lo molt alt Senyor Rey en Jacme, aqueyl de que aquest libre parla dells feyts que feu, ni li endevenguerem (endevengueren, esdevingueren) en la sua vida. = E fo escrit en lo dit monestir de Poblet de ma den Celesti destorrens (d' es, dez Torrens, Torrents), e fo acabat lo dia de Sent Lambert a XVII dies del mes de setembre en lany de M.CCC.XLIII. (1343) No hay aquí la menor expresión que diga ser copia del original que existiese en Poblet, ¿Y no era muy regular que se autorizase con esto una copia hecha en aquel monasterio y por mandado de su Abad? 

Y pues advirtió lo que era notorio, es a saber, que el cuerpo del Rey Don Jaime yacía en aquella casa, y que de él y sus hazañas hablaba el libro, ¿cómo pudieron olvidar lo que tan honroso era al Príncipe y al monasterio? Conjetura lo que quieras de este silencio: la consecuencia que yo saco es que no había tal original, y acaso ni otro ejemplar de quien sea esta copia, pues no dice que lo sea.

En resolución y acabemos con esto, antes de ese año 1343 nadie que sepamos conoció esta obra, escrita en nombre y persona del Rey Don Jaime I. Vémosla comparecer entonces sin decir de dónde se tomó, y eso que se escribió donde suponen que estaba el original. ¿Qué diremos? ¿qué entonces se forjó y zurció de los Comentarios latinos del padre Marsilio, poniendo en lemosín y en primera persona lo que aquel escritor dijo en tercera? Yo no lo afirmo; pero las sospechas son vehementes.

Lo cierto es que hasta ahora no se ha encontrado otro ejemplar más antiguo que este. De él es la copia que sacó en 1619 el Presbítero Ramón Vila, como se ve en el epígrafe final, que copió a la letra, y en las miniaturas y todo él. Y en el prólogo dice este copiante que le dejó aquel códice un caballer desta ciutat de Barcelona anomenat Jotxim Llatzer Bolet, que era un llibre molt antich de sa casa escrit de ma en pergami de lletra molt antigua y conforme me habia certificat molt temps abans son pare Pere Pau Bolet … fonch copiat lo seu llibre del original que lo matex Rey Don Jaume escrigue de sa propia ma que esta recondit en lo monestir de Sta. Maria de Poblet … com ia en alguna manera consta de altra part per las darreras clausulas de la fi del present llibre. 

Estas cláusulas son las que ya dije del códice de los Padres descalzos. 

En las cuales no sé como el copiante Vila halló que el original del Rey Don Jaime estuviese en Poblet, porque allí nada hay que aluda a ello. 

Por otra parte el testimonio de Pere Pau Bolet, que floreció a fines del siglo XVI, no sé como pueda servir de prueba de lo que pasó a mitad del siglo XIV. Oyendo, pues, en esta obra hablar al Rey de sí mismo, fue fácil creer la obra suya, y como tal la han citado siempre los historiadores, aunque los más cautos como Zurita, nunca se la han atribuido absolutamente sino con la restricción de corre en su nombre, escrita en su nombre y otras semejantes. Expresión muy verdadera; pero que tampoco se halla en los tres testigos que alegué del siglo XIV. Si verifico el viaje que tengo proyectado a Mallorca, acaso podré adelantar algo en este punto con el escrutinio de los ejemplares de la obra del Marsilio que dicen hay en aquellos archivos (a: En Mallorca sólo está el libro II, copiado allí con lujo en 1330, y luego traducido al lemosín. Luego no había tal historia lemosina del Rey Don Jaime. Porque a haberla ¿a qué traducir en vulgar la latina de Marsilio? Item ¿por qué con tanta ansia pidieron copia del texto latino de este padre, si ya tenían la historia del Rey?)

De Don Antonio Agustín no he hallado aquí tantos manuscritos como me habían ponderado en Tarragona. Sólo hay suyos los Diálogos de las armas y linajes de España. Es una copia (M. 530) como de fines del siglo XVII: están incompletos, como los que publicó Mayans en 1734. Sólo tiene de notable que como explicando las cifras de los interlocutores A. B. C., que van impresas, las aplica a Arzobispo, Beneficiado y Canónigo; cosa que no dice bien con la explicación que dio Andrés Scoto a las mismas iniciales de que usó en los Diálogos de las medallas, y aun creo que en los De emendatione Gratiani. Hállase también en este ejemplar un prólogo breve del que lo escribió, que no dice otra cosa sino que esta copia se sacó, como otras muchas, de la que tenía Don Galcerán Albanell, Arzobispo de Granada.

Más interesante es para las noticias del Don Antonio Agustín la colección de cartas que aquí se conserva (D. 292) de varios sujetos ilustres de su tiempo, muchos de ellos sus amigos. Ya tuvo de ellas noticia Don Gregorio Mayans; y si las hubiera podido disfrutar no hay duda que saliera mucho más completa la vida que publicó de aquel Prelado. 

Tienen esta ventaja las cartas familiares de los grandes hombres, que no sólo deleitan con su lenguaje y erudición, sino que suministran muchas noticias pertenecientes a su vida política y literaria, que acaso no existen en otra parte. De las que aquí hay, publicó la mayor parte Don Ignacio de Aso. Mas quedan todavía algunas inéditas que, halladas después, se encuadernaron junto con las publicadas; y aun omitieron tres de estas. Son en todas cuarenta y cuatro, es a saber: una de Alvar Gómez, ocho de Don Rodrigo Çapata, una del Obispo de Segovia Covarrubias, dos de Gerónimo Zurita (Cronista aragonés, Anales de Aragón); y por no detenerme en esto, las hay de Andrés Darmaro, su famoso amanuense, de Martín Vaylo, de Sebastián de León, de Luis Pons de Icart, de varios Obispos y otros de menos cuenta; las hay latinas, castellanas y griegas, todas útiles, y algunas de ellas muy importantes. Apenas se halla una que no trate de literatura y literatos, ediciones de libros, lápidas, monedas, manuscritos, etc. No obstante, te envío por ahora cinco que me han venido a las manos, a saber: dos de Gerónimo Zurita, una de Zapata, otra de Vaylo y otra de Marsá (a: Aps. núms. XIV, XV, XVI, XVII y XVIII.). Cuanto he dicho será regular que dispierte en ti un gran deseo de ver estas cartas. Pronto se cumplirá, y las verás impresas e ilustradas con notas por mi erudito amigo y favorecedor el señor Don José de Vega y Senmanat, vecino de esta ciudad. Este caballero, estimulado con el ejemplo del sabio Español Don Juan Andrés, que acaba de publicar en Italia varias cartas latinas de Antonio Agustín, con un prolijo examen de las noticias que resultan, ha emprendido publicar las que hay aquí de sus amigos: y porque las que publicó el señor Aso (Asso) están en gran parte malamente copiadas, ha tomado la resolución de imprimirlas todas, y en ello está entendiendo ahora. Cosa que el público debe aprovechar, y a mí dispensarme de un trabajo superfluo, para el cual no tengo ahora todo el ocio que esto requiere. Porque ponerse a averiguar las vidas de los que escribían a Antonio Agustín, y de los personajes que mencionan, y las causas de ciertas expresiones, y de las disputas literarias, y combinar fechas y pareceres, que todo esto es menester, y aun más, ni yo lo puedo ahora hacer, ni tampoco debo.

El parecer que el mismo Don Antonio Agustín dio de un manuscrito que se guarda en esta biblioteca (O. 293), me obliga a hacer mención de él. Es el Catálogo de los Arzobispos Tarraconenses, que escribió Luis Pons de Icart, ya conocido por su libro impreso de las Grandezas de Tarragona. Yo esperaba que medraría algo con la lectura de aquel catálogo, el cual, con no poco trabajo, formé yo de aquellos Prelados. Pero he visto verificado el juicio que de ello hizo Don Antonio Agustín, que en carta a Zurita de 8 de diciembre de 1577, decía del libro que estaba escrito con alguna diligencia, pero no sin errores; y no merece que se imprima por muchas causas que serían largas de contar (a: Vid. Mayans Vida de Don Antonio Agustín, núm. 96.).

De Arias Montano se halla aquí el tratado que intituló Joseph sive de arcano sermone, incompleto, copia muy cercana a aquel tiempo, idéntica con el impreso. A este sigue otro con este título: Communes et familiares hebraicae linguae idiotismi (idiotismos), Benedicto Aria Montano auctore: habla de ello en cuatro hojitas gramaticalmente, y luego siguen los idiotismos ordine alphabetico digesti; que sólo llegan a la C., y la palabra Cervix donde acaba el libro.

Por último daré noticia de un códice (B. 273) muy apreciable a lo que entiendo. Su título es: Sozomeni Presbiteri Pistoriensis, ac Florentie educati Cronice incipiunt. Principio: Scripturus ab orbe condito, etc. Divide su obra en dos volúmenes: el I hasta C. César y la batalla de Farsalia; y el II desde esa época hasta su tiempo, que era del siglo XIII. Este códice es el volumen I completo y muy bien conservado, manuscrito fol. max. vit. Precede a la obra una descripción del orbe en general y particular de todas las ciudades de Italia. La conclusión del libro es un elogio de un cierto Vespasiano, que debía ser uno de los doctos escribientes que llamaban librarii. Dice así: Haud te Vespasiane liberarie (librari), urbisque Florentine civis, silentio praeterire in huius primi voluminis calce mihi est consilium. Nam si Ciceronis coetaneus fuisses, te peroptime dignum suis aureis litterarum monumentis decorasset, inmortalemque fecisset. Tu profecto in hoc nostro deteriori saeculo hebraicae, grecae atque latinae linguarum omnium voluminum dignorum memoratu notitiam eorumque auctores memoriae tradidisti. Quam ob rem ad te utique omnes Romanae, atque aliarum ecclesiarum Pontifices, Reges, Principes, aliique trium linguarum eruditi, si humanitatis cognitionem habere cupiunt, gressus suos dirigunt. Ego autem ipse, ut pro veritate loquar, auxilio tuo in doctorum virorum documentis ab eis relictis potissimum usus sum: quorum multa mihi a te demonstrata, ac deinde diligenter perquisita, in hoc primo nostro volumine conserui. Esto ergo inmortalis, ut ita dixerim, dumodo (dummodo) haec mea scripta satis inepte pro ingenioli mei facultate prolata, tu etiam permanebis.

Este códice es sin duda el de que hablaba Luis Pons de Icart a Don Antonio Agustín, en carta fecha de Tarragona a 7 de mayo de 1573, con estas palabras: En Barcelona en casa de un sastre o remendó qui ven tambe libres, y te casa a las voltas devant Sant Sebastia, trobi sis ho set dies ha un libre de pregami (pergamí) tot, de forma gran, scrit de molt bona lletra de má, y es una historia de Sosomeno presbitero … Yo lin donave trenta sous, y no lam volgue donar. Dix lo desfaria per fer cubertes a librets; yo li encareti, que non (nou : no ho) fes, que creye que es libre que no es estampat; y perquen volie cinquanta reals lo dexi. Puis me paregue libre molt curios y raro, y V. S. te lo poder y es amich de tals libres, me ha paregut ferho a saber a V. S., perque si li parra, scriure a Barcelona a mestre Nunnez ...

Un códice muy raro y curioso he hallado asimismo en esta biblioteca (O. 405) de un tal Albertano, abogado de Brescia en Italia, que vivía a mitad del siglo XIII. Está dividido en tres libros: 1.°, Comienza: Albertanus. 

De doctrina dicendi et tacendi, filio Stephano. 

En lemosín. In fine sub M.CCXV. (1215) 2.°. También en lemosín, concluye: Explicit liber consolationis et consilii, quem Albertanus, Causidicus Britxensis de Ore S. Agatae compilavit, atque composuit sub M.CC.XLVI. (1246) in mensibus aprilis et madii. Dicat. filio Johanni, qui in arte cirurgiae meditando te exerces. 3.° concluye: Explicit liber de amore et dilectione Dei et proximi, et aliarum rerum, et de forma vitae, quem Albertanus, Causidicus Britxiensis (Brescia) de Ore S. Agatae compilavit ac scripsit, cum esset in carcere Dni. Imperatoris Frederici in civitate Cremonae, in qua possitus fuit, cum esset capitaneus Gavardi ad deffendendum locum ipsum ad utilitatem communis Brixie, anno Domini M.CC.XXX.VIII. de mense augusti, in die S. Alexandri, quando obsidebatur civitas Britxiae ab ipso Imperatore. Fuit directus filio suo Vincentio.

A Dios. Barcelona, etc.

lunes, 13 de febrero de 2023

XIII. Noticias de la Crónica latina del Rey D. Jayme I. de Aragón, escrita por el P. Mtro. Fr. Pedro Marsilio

XIII. 

Noticias de la Crónica latina del Rey D. Jayme I. de Aragón, escrita por el P. Mtro. Fr. Pedro Marsilio, de la orden de Predicadores, y de las notas pertenecientes a la historia de este libro, que se hallan al principio del códice que poseen los PP. Carmelitas descalzos de Barcelona. (Vid. pág. 249.) 

Memorial del P. Marsilio al Rey D. Jaime II.

Regiae vestrae magestati, Illustrissime Domine Rex Ja. humiliter supplicat ffrater P. Marssilii, quatinus si regia circunspectio hunc librum gestorum victoriosissimi avi vestri in pergameno scribi mandaverit, hic detur ipsi fratri P., ut semper sit in communi armario fratrum Praedicatorum conventus Mayoricensis; ut quando de acquisicione civitatis Mayoricen. ultima die anni annuum festum agitur, ad Dei gloriam et sui felicissimi Principis perpetuae laudis dignam memoriam ffratres, qui in dicta sollempnitate habent illa die toti clero et populo predicare, ad hoc opus recursum habeant, et de veritate factorum plenius informentur. 

Decreto del Rey. 

Gratum habemus, et habere debemus vestrum servitium, frater P., et nos et domus nostra. Et nunc praecipimus thesaurario nostro, quod praesens opus scribatur in pergameno, et litteris et istoriis aureis rubricetur.

Presentación de la obra. 

Anno Domini M.CCC.XIIII, in die qua festum fuit Sanctissimae Trinitatis, Illustrissimo Regi Aragonum Domino Ja. secundo, missam audienti Valentiae in ecclesia fratrum Praedicatorum, dictus Fr. P. Marssilii praesentavit hoc opus dicto Domino Regi in praesentia nobilium et militum et dicti loci conventus, in pergameno translatum, litteris aureis et ystoriis depictum. Quod Rex multum gratum habuit, et in praesentia omnium gratiosissime acceptavit, et manu ad manum accipiens, legit unum capitulum postea per claustrum. 

Incipiunt Cronicae illustrisissimi Regis Aragonum Domini Jacobi victoriossisimi Principis, et primo ponitur.

PROLOGUS. 

Virorum illustrium, qui nos praecesserunt, magnifica opera, et victoriosos cum fidei ampliatione triumfos delectabiliter legere, ac mente firmiter retinere quantum delectat et expedit, non solum ex antiquorum ystoriograforum laboribus et operosis studiis praesumitur, sed ex ipsius sacrae paginae tenore evidentius edocetur. Ibi enim plurium Regum et Principum actus bellici describuntur, ex quibus et bellicosae artis cautelosa recitatur peritia, et virorum fortium zelus et audatia commendatur: in superantibus divinae bonitatis favor, in superatis justitia praedicatur. Non enim haberet tam sacrum volumen, divino stilo perlucidum, tam multas militares ystorias, nec humani cruoris effusi tam frequenter repetitos horrores, nisi ex hiis Deum colentes ampliationem divini cultus intelligerent, et intelligendo arderent, populorumque infidelium multiplicem punitionem, et in timentibus Deum honorem divinum pariter et humanum. Inter eos autem Principes tam evangelicos quam legales, quos Omnipotentis Dei summa providentia huic mundo concessit longevo regimine claros, gloriosis victoriis admirabiles, fidei adversariis terribiles, perpetua fama foelices, fuit unus illustrissimus Rex Aragoniae Jacobus Primus; cuius si considerentur actus strenuissimi, quanta fide pollent, quam firma spe gaudent, quanta Dei caritate refulgent, quomodo ecclesiae pacem conservant, perfidorum Sarracenorum ubique potestatem debellant, regna adquirunt, civitates devastant, castra deiciunt, et crucis Christi adversarios de propriis eiciunt laribus, dicere volumus, et si nolentes cogimur, quia digitus Dei est hic, et vere manus Dei erat cum illo; nemo enim posset haec signa facere, quae hic fecit, nisi Deus sibi assistat. Et quamvis regna per eum adquisita, evulsis infidelitatis vepribus, catholicae fidei vivo super seminata semine, eum perpetuis laudibus atollant divinis pariter et humanis, et conservent perhenniter et foeliciter in memoriam hominum; tamen valde rationi consonum in occulis illustrissimi Domini Jacobi Regis Aragonum, Valentiae, Sardiniae et Corsicae, Comitisque Barchinon., ac Sanctae Romanae Ecclesiae vexillarii, Admirati et Capitanei generalis apparuit, ut victoriossisimi avi sui gesta pristinis temporibus veraci stilo sed vulgari collecta, ac in archivis domus regiae ad perpetuam suae foelicitatis memoriam reposita reducerentur in medium, atque latino sermone diserta, et per capitula juxta conclusionum varietatem distincta, unum ystorialem et cronicum redderent codicem; in quo tota dicti Regis avi sui magnorum factorum texeretur series, et Deus in suo regali braxio, ac gloriossissimo Principe a legentibus laudaretur. Mirum est valde, et non absque indignatione percipitur, quod in Cronicis Yspaniarum, quas magnus ille ystoriografus et Reverendus Rodericus, Toletanus Archiepiscopus pulcre diffuseque composuit, et originem domus Aragoniae, et per singulos Reges catenam illustrem nobis exposuit, ubi singuli Reges certis decorantur contra Paganos victoriis, zelo fidei insigniti, cum ad istum tam gloriosum Dei pugilem, inter maiores aequalem, inter fortiores non imparem, series dictae paginae nos usque adducit, brevi notabiliter de tanto Principe, et de eius regia progenie, mentione facta pertransit. Cedat usquequaque perniciosa oblivio, mater erroris, et fideli studio repetantur antiqua, in quibus affectus noster gloriosum Principem, et post eum parentes nostros legendo praediligat, considerando miretur, et tanto ad assimilandum se potius erigat, quanto se gaudet, et gloriatur ex talibus et tantis traxisse originem. Ut igitur avidus lectoris animus (ubi) ad dictarum Cronicarum locum legendo devenerit, habeat unde suae siti possit ad votum sucurrere, ego Fr. P. Marssilii, de ordine Praedicatorum ad ordinationem supra dicti illustrissimi Domini Regis hoc opus aggredior; et quamvis rudi, veraci tamen stilo percurro, credens me Deo praestare obsequium, cum ipsius memoriam quasi alterius Josiae, in compositionem odoris factam, et opus pigmentarii, odorandam clericis et claustralibus offero; qui directus fuit divinitus in poenitentiam gentis, et tulit abominationis impietatis, et gubernavit ad Dominum cor suum, et in diebus peccatorum corroboravit pietatem. Librum itaque istum in quatuor libros distinximus. Primus continet Regis adolescentiam, et facta, quae sibi in Aragonia contigerunt, et acquisitionem comitatus Urgellensis, et habet XXVII. (a) capitula. Secundus continet acquisitionem regni Maioricarum, et adiacentium insularum, et habet XLIX. capitula. Tertius acquisitionem regni Valentiae, et habet LXXVIII. capitula. Quartus acquisitionem regni Murciensis, et foelicem eius obitum, et habet LIX. capitula.

(a) In decursu operis non nisi XXVI. cap. habet liber primus (.)

INDEX CAPITULORUM. 

Liber primus. (Alternativa: Libro primero de Bernardino Gómez Miedes)

Caput I. Quod domus Imperatoris Graecorum conjuncta fuit domui Montispessulani per matrimonium.

II. Quod domina Maria filia infantissae Graecorum conjuncta est domui Aragoniae per matrimonium.

III. De conceptione et gaudiosa nativitate ipsius filii Regis.

IIII. De veridica expositione presagiorum, quae pronunciata sunt mirabiliter in huius pueri nativitate.

V. De laudibus parentum, a quibus infans Jacobus traxit originem.

VI. Ubi, et a quibus infans Jacobus fuit nutritus.

VII. De morte Domini Regis Petri, patris infantis Jacobi.

VIII. De supplicatione facta Domino Papae Innocentio III per nobiles de Catalonia super detentione injusta infantis.

IX. De prima curia celebrata Illerdae sub rege Jacobo, et de divisione orta in Aragonia.

X. Quod Rex Jacobus adhuc IX. annorum portavit arma contra Comitem Sancium.

XI. De captione castri de Alvero (Albero), et de Lizana, et obsidione Albarrazini. (Albarracín) 

XII. De matrimonio facto inter Regem et Dominam Elionor, et militari cingulo accepto per Regem.

XIII. De guerra Regis facta contra G. de Montecatano, et captione castri Cirvilionis. (Guillem de Moncada; Cervelló)

XIIII. De tractatu magno et periculoso, quem habuit Guillermus de Montecatano cum Aragonensibus contra Regem.

XV. De treuga facta cum Zeyt Abuzeyt, Rege Valentiae, et morte P. Aonesii (Pedro Ahones) treugam infringere volentis.

XVI. De captione Ponzani et Ceyllae, et adventu Archiepiscopi componere volentis inter Regem et Aragonenses.

XVII. De adventu Regis ad Oscenses, et periculo quod Oscae passus est.

XVIII. De pace facta inter Regem et Aragonenses, et indulgentia data omnibus liberaliter.

XIX. De propositione Comitissae Urgellensis super detentione injusta comitatus.

XX. De citatione Comitis Urgellensis super quaestione proposita coram Rege. 

XXI. De processu Regis contra Comitem, et captione villae de Albesia. (Albelda).

XXII. De occupatione castri de Menargues.

XXIII. De occupatione Linesolae.

XXIIII. De obsidione Balaguerii.

XXV. De requisitione facta vivo verbo per Comitissam hominibus Balaguerii, et redditione loci.

XXVI. De occupatione Acrimontis, et Pons, et Ulianae. (Oliana)

Liber secundus. 

Caput I. De primo tractatu contra regnum Mayoricarum, et de conditionibus trium insularum Balearium, scilicet, Mayoricae, Minorissae et Evizae.

II. De requitione (requisitione) nobilium facta Regi super regno Mayoricarum acquirendo.

III. De curiis celebratis Barchinonae super viatico faciendo versus Mayoricas et petitione auxilii facta per Regem.

IIII. De responsione facta Regi per Archiepiscopum Tarraconensem.

V. De responsione Comitis Empuriarum facta secrete.

VI. De responsione Guillermi de Montecatano facta pro omnibus nobilibus, et promissione CCCC. equorum armatorum.

VII. De responsione Nunionis, et promissione C. militum armatorum.

VIII. De responsione Comitis Empuriarum, et promissione LX. militum armatorum.

IX. De responsione Archiepiscopi.

X. De responsione Episcopi Barchinon. et promissione C. militum armatorum. 

XI. De responsione Episcopi Gerundensis, et promissione XXX. militum armatorum.

XII. De promissione Abbatis Sancti Foelicis de V. militibus armatis, et promissione Prepositi Terrachonen. de IIII. militibus, et una galea.

XIII. De responsione P. Grunni pro civitate Barchinonae.

XIIII. De instrumentis factis super dandis partibus, et assignatione temporis ad passagium.

XV. De numero et ordine navigii et exercitus.

XVI. De prospero recessu omnium de portu Salodii (Salou), et proposito applicandi in Pollencia (Pollensa, Pollença). 

XVII. De discrimine navigii, et oratione Regis, et applicatione apud Palomariam. (Palomera)

XVIII. De exploratoribus missis, et applicatione apud Sanctam Ponziam. (Santa Ponsa, Ponça)

XIX. De primo bello habito cum Sarracenis, et victoria obtenta per R. de Montecatano.

XX. De reprehensione Regis per G. et R. de Montecatano, et nuntio referente futurum bellum.

XXI. De sermone Episcopi Barchinonensis, et morte G. de Montecatano, et R. et victoria habita de Sarracenis per Regem.

XXII. Planctus super mortem nobilium de Montecatano interfectorum in bello. (La mort dels Moncada)

XXIII. De sepultura G. et R. de Montecatano, et sermone Regis in comendationem eorum, et consolationem suorum.

XXIIII. De obsidione civitatis, et ordine maxinarum, et praedicatione fructifera duorum fratrum Praedicatorum.

XXV. De praelio habito circa fontem, et recuperatione aquae.

XXVI. De partibus insulae gratis Regi acquisitis, et habundantia victualium.

XXVII. De minis et foveis subterraneis factis, et turribus dirutis.

XXVIII. De pacto tractato per Egidium de Alagone, et responso Regis negativo, et verbis Regis Mayoricarum.

XXIX. De responsione facta Regi Mayoricarum per Nunionem, et assignatione gravaminis quod Rex ille intulit Regi Aragonum.

XXX. De responsione facta Regi Mayoricae, et diffinitione quod civitas per ensem et gladium absque pacto caperetur.

XXXI. De sermone facto ad populum Sarracenorum per Xech Abohehie, Regem Mayoricarum.

XXXII. De juramento facto per omnes super invasionem civitatis.

XXXIII. De invasione civitatis et apparitione Beati Georgii martiris. (San Jorge, Sant o Sent Jordi)

XXXIIII. De captione Regis Mayoricarum et Almudaynae.

XXXV. De depraedatione domorum et abundantia rerum et publica venditione et rebellione populari.

XXXVI. De morte Comitis Empuriarum et multorum nobilium ex infirmitate, et de exitu Regis ad montana.

XXXVII. De adventu Magistri hospitalis, et data hereditate ordini de gratia.

XXXVIII. De secundo exitu Regis contra Sarracenos qui erant in montannis.

XXXIX. De adventu militiae Aragonensium in Regis adiutorium.

XL. De sermone Regis ad populum et recessu Regis de insula.

XLI. De rumore Regis Tunizii venientis Mayoricas, et reditu Regis in insulam.

XLII. De tractatu Regis et militum contra exercitum Regis Tunizii.

XLIII. De tractatu Regis cum Xuayp Domino montium, et pacto firmato.

XLIIII. De pacto finali omnium Sarracenorum, et tertio adventu Regis ad insulam.

XLV. De tractatu contra insulam Minoricae.

XLVI. De adventu nuntiorum Regis apud Minoricam, et propositione nuntiorum.

XLVII. De humili responsione Sarracenorum, et pactis scriptis, et nuntiis sollemnibus missis ad Regem.

XLVIII. De tractatu contra insulam Evizae, et captione castri et villae per Sacristam Gerundensem.

XLIX. Excusatio super nominibus ventorum positis in vulgari in toto isto (se repite isto) libro. 

Liber tertius. 

Cap. I. De tractatu contra regnum Valentiae, et dispositione illius terrae.

II. De diffinitione facta super regnum Valentiae in pugnandum, et tractatu contra Burrianam.

III. De occupatione castri Morellae, et de castro de Ares, furtive habito.

IIII. De vocatione Regis facta per Regem Navarrae, et de adventu Regis in Navarram.

V. De mutuo juramento facto inter Reges super mutua obligatione regnorum. (desafillo, afillo)

VI. De consilio habito contra Regem Castellae.

VII. De reprehensione Regis facta per Regem Navarrae.

VIII. De vastatione segetum Xericae, et obsidione Burrianae.

IX. De castro ligneo facto ad debellandum, et eius inutilitate.

X. De quinquaginta galeis procuratis ad tuicionem lignorum escas portantium.

XI. De consilio nobilium de Aragonia dato Regi, ut recederet de Burriana.

XII. De consilio Bn.i G.i et insultu facto contra eum.

XIII. De intemptata invasione Burrianae, sed non consumata.

XIV. De occupatione Burrianae per pactum.

XV. De stabilimento Burrianae, et consilio dato Regi contra Burrianam.

XVI. De occupatione Panisculae per pactum sine obsidione. (Peñíscola)

XVII. De occupatione Xiverti et Cervariae et Polpicii, Castilionis, Burriolis, Covarum, Alcalatem et Vilahimez. (Algunos nombres no árabes, sino romances, ya existían antes de que Jaime I conquistase el reino de Valencia, como Castell de cabres.)

XVIII. De exitu Regis ad Ripariam de Xuquer. (Ribera de Júcar)

XIX. De captione Almazorae, et proditione excogitata. 

XX. De tractatu contra Culleram dissuaso per nobiles.

XXI. De tractatu contra turrem de Moncada et eius occupatione.

XXII. De captione turris de Museros, et redemptione Guillermi de Aquilone.

XXIII. De tractatu contra castrum de la Cebolla, quod dicitur Podius Sanctae Mariae. (Puig)

XXIIII. De reedificatione castri de Podio, et procuratione victualium.

XXV. De gravi praelio habito in Podio Sanctae Mariae, et mirabili victoria.

XXVI. De redditu Regis ad Podium propter rumorem dicentium, quod Zaen, Rex Valentiae veniret contra locum.

XXVII. De praelio imminenti, et captivitate Commendatoris Orpesiae, et redditu Regis in Aragoniam.

XXVIII. De morte Bn.i G.i, et consilio dato Regi contra Podium, et exercitu per Regem mandato contra Valentiam.

XXIX. De pacto tractato per Ali Albata inter Regem et Zahen, Regem Valentiae.

XXX. De obtentione castri Almenarae absque obsidione.

XXXI. De occupatione septem castrorum succesive facta, quae sunt Nubles, Uxo, Castro, Alfandeg, Paterna, Betera, Buylla.

XXXII. De obsidione posita per Regem super civitatem Valentiae.

XXXIII. De occupatione Ruzafae, et exitu Zahen Regis contra Regem.

XXXIIII. De adventu Archiepiscopi Narbonensis, et multorum nobilium, et concilio habito super positione castrorum.

XXXV. De galeis Regis Tunicii missis in adjutorium Zahen Regis, et civitatis Valentiae.

XXXVI. De vulnere Regis, et de expugnatione turris Boatellae.

XXXVII. De adventu Ali Albata ad Regem, et tractatu super facto civitatis. 

XXXVIII. De adventu Rabiz Albuhammalec, nepotis Regis Zahen ad Regem, et de primo eius tractatu cum Rege.

XXXIX. De secundo reditu Rabiz Albulhammalec, et tractatu et diffinitione negotii.

XL. De tractatu pacis revelato per Regem, et redditione civitatis Valentiae. 

XLI. De foelici ingressu Regis in civitatem Valentiae, et divisione terrarum.

XLII. De adventu R.i Fulconis, et morte Artaldi de Alagone apud Billenam. 

XLIII. De pacto inter Regem et milites, qui in regno Valentiae fuerunt hereditati.

XLIIII. De captione Rebolleti, et de adventu Regis ad Montem Pessulanum propter insurgentes contra dominium.

XLV. De populo Montis Pessulani ad Regem reducto per familias et familias. 

XLVI. De commotione facta in populo Montis Pessulani zelando pro Rege, et de fuga consulum.

XLVII. De horribili eclipsi solis, et reditu Regis apud Valentiam.

XLVIII. De pacto facto super castrum de Bayreyn.

XLIX. De impedimentis datis contra Bayreyn, et finali eius obtentione.

L. De adquisitione Billenae, et recessu Regis de regno Valentiae.

LI. De occatione Regis habita contra Xativam, et reditu festino Regis ad regnum Valentiae.

LII. De obsidione Xativae.

LIII. De malo proposito Garsiae Romei contra Regem et huius occatione.

LIIII. De pacto inter Regem et Alcaydum Xativae et dato Regi Castilione.

LV. De Algezira (Alzira, Alcira) obtenta a Rege et pactis habitatorum.

LVI. De secunda occasione habita contra Xativam, et repititione castri facta Alcaydo per Regem.

LVII. De excusatione Alcaydi Xativensis, et assignatione Judicis sibi facta. 

LVIII. De obsidione Xativae, et suspensione Militis Conchensis tractantis quod rex Castelle haberet Xativam.

LIX. De visionibus Regis et Regis Castellae, qui tunc erat Infans, et divisione regnorum Valentiae et Murciae.

LX. De pacto inter Regem et Alcaydum Xativensem facto, et de traditione castri minoris Xativae.

LXI. De obtentione castri de Byar.

LXII. De Castalla Regi tradita, et toto regno Valentiae.

LXIII. De erectione Alazrac facta contra Regem, et usurpatione sexdecim castrorum.

LXIIII. De tractatu Regis, quod omnes Sarraceni de regno Valentiae expellantur.

LXV. De responsione Episcopi Valentini, et nobilium, et militum super expulsione Sarracenorum de regno Valentiae.

LXVI. De erectione Sarracenorum contra Regem, et usurpatione duodecim castrorum ac expulsione multorum.

LXVII. De liberatione castri Penacadell ab exercitu Alazrac, et morte Abenbazol.

LXVIII. De deceptione Alazrac in venditione panis, et praecibus Regis Castellae factis pro eo, sed non obtentis.

LXIX. De exilio perpetuo assignato ipsi Alazrac, et obtentione castrorum Planes, Castello, Pego.

LXX. De malo statu regni Castellae, et petitione auxilii facta Regi.

LXXI. De curia celebrata Barchinonae propter subsidium dandum Regi eunti in adjutorium Regis Castellae.

LXXII. De curiis celebratis Caesaraugustae pro adjutorio Regi fiendo eunti in adjutorium Regis Castellae.

LXXIII. De visione fratris Minoris super restauratione Hyspaniae fienda per Regem Aragonum Jacobum.

LXXIIII. De prava responsione facta Regi per nobiles de Aragonia super auxilio quod petebat.

LXXV. De conjuratione nobilium et militum de Aragonia facta contra Regem, et responsione Regis.

LXXVI. De congregatione exercitus contra nobiles de Aragonia, qui conjuraverant contra Regem.

LXXVII. De compromisso facto per Regem et nobiles de Aragonia in Episcopos Caesaraugustanum et Oscensem.

LXXVIII. De progressu Regis in adjutorio Regis Castellae, et subsidiis sibi factis a Turolensibus el Valentinis.

Liber quartus.

Cap. I. De reductione trium castrorum regni Murciensis Billenae, Ellae et Petrer ad dominium Regis Castellae.

II. De ordinatione et instructione exercitus sui facta per Regem.

III. De restitutione castri Delxg ad dominium Regis Castellae procurata per Regem. (Entre Elig y Elx, Elche)

IIII. De reductione castri Oriolae ad dominium Regis Castellae procurata per Regem. (Oriola, Orihuela)

V. De preparatione Regis ad bellum contra Genetos victualia apportantes.  

VI. De mutua visione Regum Aragoniae et Castellae super tractatu de Murtia capienda. (Reino de Murcia)

VII. De colloquio Regis cum S., et de obsidione Murtiae.

VIII. De colloquio Regis cum Alguziro Murciensi.

IX. De deliberata responsione Alguziri, et tractatu negotii Murciensis.

X. De tractatu obtento, et redditione Murciae facta Regi.

XI. De ingressu Regis in Murciam, et turbatione exorta propter mezquitam mayorem.

XII. De sollempni celebratione altaris Beatae Virginis in mezquita mayori Murciensi.

XIII. De nuntiis missis ad Regem Castellae super acquisitione Murciae significanda.

XIIII. De proposito Regis contra Almariam per nobiles inpedito.

XV. De Legatis Tartarorum, et diffidatione Regis facta a Ferricio.

XVI. De captione Lizanae, et interfectione malefactorum et proditorum.

XVII. De moneta falsa facta Tirazonae, et gravi punitione malefactorum clericorum et laycorum.

XVIII. De morte Dominae Mariae, inclitae Infantissae.

XIX. De prima missa Domini Sancii, incliti Infantis ac Reverendi Archiepiscopi Toletani. (Sancho, Sancio, hijo de Jaime I, arzobispo de Toledo)

XX. De revelatione Regis, et eius propositi ad passagium ultramarinum.

XXI. De promissione facta Regi per magistrum hospitalis pro passagio ultramarino.

XXII. De subsidio facto Regi per Regem Castellae pro passagio ultramarino.

XXIII. De adventu nuntiorum Regis Tartarorum, et praeparatione Regis ad passagium ultramarinum.

XXIIII. De incoata navigatione Regis pro passagio ultramarino.

XXV. De redditu Regis, et cassatione viatici ultramarini.

XXVI. De invitatione Regis ad nuptias Ferdinandi, primogeniti Regis Castellae cum Domina Blanqa. (Blanca)

XXVII. De consiliis datis Regi Castellae a Rege ad bonum regimen terrae suae.

XXVIII. De sollempni receptione Regis Castellae, et Reginae in civitate Valentiae.

XXIX. De citationae Artaldi, et punitione propter homicidia perpetrata.

XXX. De visionibus habitis cum Rege Castellae in Alaganto propter Sarracenos. 

XXXI. De quaerimonia Fernandi Sancii contra Infantem Petrum, et curiis Illerdae celebratis propter Infantem.

XXXII. De secunda admonitione Infantis Petri propter odium Fernandi Sancii.

XXXIII. De causis odii Infantis Petri habiti contra Fernandum Sancii, germanum suum.

XXXIIII. De curia celebrata in Algezira propter Infantem Petrum.

XXXV. De spontanea reconciliatione Infantis Petri.

XXXVI. De visitatione Murciae, et gaudio gentis illius ad introitum Regis.

XXXVII. De adventu Legati Domini Papae, et vocatione Regis ad concilium Lugdunense.

XXXVIII. De sollempni receptione Regis in concilio Lugdunensi.

XXXIX. De propositione Papae Gregorii facta Lugduni tempori concilii propter passagium ultramarinum.

XL. De prima sessione Papae Gregorii in concilio Lugdunensi.

XLI. De consilio dato Papae per Regem pro utilitatae terrae sanctae in concilio Lugdunensi.

XLII. De dissensione et varia opinione super provissione terrae sanctae.

XLIII. De requisitione coronae, sed non recepta propter tributum.

XLIIII. De suffragiis pro Rege injunctis in concilio Lugdunensi, et intercesione pro Enrico.

XLV. De dissensione exorta inter nobiles Cataloniae et Infantem Petrum et Regem propter occupationem feudorum.

Hucusque tituli capitulorum in corpore libri; qui quoniam mutilus est discerptis aliquot foliis, reliquos titulos ex praevio indice describemus.

XLVI. De adventu Regis Castellae Barchinon. euntis ad concilium Lugdunense.

XLVII. De foelici obitu venerabilis fratris R.i de Penna forti. (Penna + salta linea, sin guión + forti, se encuentra de varias maneras, Ramón de Peñafort, Penyafort, Pennafort, Pennaforti, etc)

XLVIII. De miraculis factis per virum Dei fratrem R.m (Raymundum, Pennaforti)

XLIX. De petitione concilii Terraconen. pro canonizatione viri Dei fratris R.i 

L. De curia celebrata Illerdae propter nobiles cum Rege et Infante Petro discordantes.

LI. De guerra contra nobiles de Catalonia et Aragonia, et morte Fernandi Sancii.

LII. De secunda curia celebrata Illerdae propter nobiles.

LIII. De domibus dirutis Valentiae per populum, et punitione malefactorum.

LIIII. De morte Alazrac, et ingressu Genetorum in regnum Valentiae.

LV. De morte Garsiae Urticii (: García Ortiz; urtica : ortiga), et captivitate magistri Templi, et victoria Genetorum.

LVI. De infirmitate Regis, et receptione Sacramentorum.

LVII. De admonitionibus factis Infanti Petro per Regem ante mortem.

LVIII. De ordinatione, et electione sepulturae. (Poblet)

LIX. De resignatione regnorum, et receptione habitus cirterciensis (cisterciensis; Císter), et foelici obitu dicti Regis.

(N. E. Uno de los testamentos de Jaime I con el reparto de los reinos y tierras está en esta colección. 1241)

viernes, 24 de marzo de 2023

CARTA CXLVII. Que el sitio de la catedral fue antes mezquita de los Moros.

CARTA CXLVII. 

Que el sitio de la catedral fue antes mezquita de los Moros. Noticias del principio, progresos, conclusión y consagración de su fábrica: de los arquitectos y escultores que trabajaron en ella: sitio antiguo de su coro, claustro y cementerio: altar mayor antiguo de plata: qué era el Pedro o Pretorium. Silla episcopal detrás del altar mayor: coro actual: altares antiguos destruidos: puertas de la iglesia: llentoner, qué es: inscripciones notables en la catedral: trofeos militares conservados en ella por vanidad.

Mi querido hermano: A lo que tratamos en el correo anterior es consiguiente y muy conforme a lo que he practicado en otras partes, tratar de la fábrica material de este templo, su progreso, sus arquitectos y demás cosas notables que puedan interesar a los presentes y ausentes. Y primero bueno sería saber con certidumbre si estuvo la catedral antes que hubiese Obispo, en el mismo sitio que la de ahora. Innumerables son las escrituras que quedan de las donaciones que los fieles particulares, a imitación del Rey, del Infante Don Pedro y de los nobles, hicieron a esta iglesia. Todas son hechas ecclesiae cathedrali o cosa equivalente; mas en ninguna de ellas hay rastro de su localidad, ni aun en las que se hicieron después de haber Obispo. En este estado yo veo que no me engaño mucho, si digo que según la costumbre observada en otras ciudades que se conquistaban de los Moros, la principal iglesia de esta ciudad se colocó en la que había sido principal mezquita de aquellos bárbaros. Eran muchas las que aquí había, y de ellas hay memorias en varias escrituras de establecimientos hechos en 1240 y siguientes, que pueden verse en el citado Cartoral. Y ya que hablo de ello no quiero omitir la noticia de que el Obispo Raimundo en 1239 estableció quandam masquitam quae dicebatur Sanctus Victor (Ibid. fol. 69); y en 1241 dio a G. de Torrella quandam mezquitam de Sancto Salvatore (Reg. de Morella); y así otras que omito. Pues digo que entre ellas la principal sería la que tenían dentro de la Almudayna, que era lo más fortificado de la ciudad y lo que últimamente se ganó en ella. Porque esta era su costumbre en otras partes; y era muy natural que fuese así. Ahora bien, que esta mezquita fue destinada para sitio de la catedral, consta de las Actas capitulares del año 1386, en el cual a 30 de abril el Obispo Don Fr. Pedro Cima y su Capítulo dieron facultad a los obreros o encargados de la fábrica para tomar dinero a censo y buscar otros arbitrios para su continuación, puesto que la escasez de limosnas era muy grande. En el exordio, pues, de esta escritura se explican así: 

"Noverint universi quod cum reverendus dominus Episcopus et honorabile Capitulum Maioricensis subscripti, sedulo cogitantes modos et vias, quibus structura vetus ecclesiae Sedis Maioricensis, ubi facta masquita per Agarenos colebatur antiquitus nomen execrabilis Machometi, deleri queat et eici penitus ab eadem ecclesia, et chorus iam satis partim notabiliter operatus debito loco eiusdem ecclesiae sedeat, decreverint, statuerint et ordinaverint unanimes et concordes in pleno Capitulo de his pluries celebrato, quod duo pilaria lapidea, quae, scilicet, utrumque eorum sint intus in utroque latere ipsius ecclesiae secundaria, pilaribus aliis iam completis, situentur in solo nativae terrae profundius, et sicut alia construantur in altum, et iuxta formam in magno decore conceptam et inceptam fieri, in ipsius primario fundamento, super ipsis edificentur tres, scilicet, una superior, et duae medianae sive inferiores testudines continuative aliis testudinibus, duabus clavibus in qualibet earundem testudinum iam firmatis; ut hiis completis dicta ecclesia ab  ipsius deletae veteris structurae ruderibus expiata; possit dictus chorus, qui adhuc subest dictae veteri structurae, decentius situari.” Lo mismo se dice claramente en una bula del Papa Luna expedida en Peñíscola, año XVIII de su pontificado, con la cual confirmó el estatuto hecho por el Obispo Antonio Colell sobre aplicar a la fábrica las anatas de los beneficios vacantes, de que se hablará en el episcopologio. Pues digo que el Papa con esta ocasión se explica en estos términos: Cum ecclesia ipsa, quae adhuc sub oficiniis damnatae Sarracenorum, ut ipsorum (el citado Obispo y Capítulo) verbis utamur, mezquitae, quae ibi erat fundata, existit.

De estas palabras se infiere: 1.°, que en el mismo sitio de la iglesia catedral hubo antes una mezquita de Moros; 2.°, que esta mezquita ocupaba el sitio que ahora hay desde la mitad del coro poco más o menos hasta el altar mayor, puesto que tratando en ese año de construir la segunda nave transversal dicen bien claro que todavía quedaban las ruinas de la antigua fábrica, y que sobre el resto o último de ella estaba situado el coro; 3.°, que en la fábrica vieja de la iglesia de la Seo de Mallorca se adoraba por los Moros el nombre del execrable Mahoma. Todo lo cual en buen castellano quiere decir que la primitiva iglesia catedral fue la misma mezquita de los Moros, purificada de la impureza de sus ritos, como lo fueron también las de Valencia, Lérida y otras partes, y que la fábrica actual se comenzó y continuó arruinando a proporción de sus progresos la antigua de aquella mezquita. De modo que aun antes de haber aquí Obispo, ni estar ordenado el Capítulo de canónigos, podemos conjeturar que esta se reputó y fue la iglesia principal de Mallorca. Y esto quiso decir el Rey conquistador, cuando al tiempo de partirse de esta isla en 1230, decía que ya dejaba dedicada la iglesia en honor de Santa María, según se lee en Marsilio, lib. 2, cap. 40.

Mas en fin, esto ya es desviarme de mi objeto, que es hablar como viajero de cosas que se sepan por documentos, y no de lo que pudo o no pudo ser. Y así vamos a tratar del magnífico templo de la catedral, en el cual causa lástima que la claridad no corresponda al esmero y grandeza de corazón con que este clero comenzó y llevó al cabo tan grandioso edificio. Y no por culpa del arquitecto que ideó la obra, que cierto distribuyó las ventanas y óvalos con la debida proporción, sino que siempre debe haberse tocado la dificultad que habrá en cerrarlas con vidrios o piedras especulares, a causa de los terribles embates del viento; por donde se ha creído más fácil cerrarlas a cal y ladrillo, aunque a costa de la mayor hermosura del templo. También es reparable el mal estado del pavimento, que se hizo de una piedra común muy floja, de la cual se forman tableros que aquí llaman migans maresos, y sirven para levantar tabiques y otros usos. Acaso en tiempos más felices se remediarán estos defectos, que en nada hacen decaer el mérito de este todo; pues él tampoco se hizo de una vez, sino entre mil sudores y afanes, y no sin gran constancia pudo concluirse a los tres siglos y medio de haberse comenzado. El plan de la obra es de la mitad del siglo XIII, y es muy digno de elogio el esmero con que este clero ha cuidado de que en su continuación no se alterase en nada el gusto de aquel siglo y el diseño que en él se formó. Que cierto si no constara por mil documentos que su conclusión tardó tanto tiempo, cualquiera versado prácticamente en el conocimiento de esta clase de arquitectura, le tendría por obra hecha entonces de una vez. Tal es su unidad en lo interior, pues lo que son las portadas exteriores saben al tiempo en que se construyeron: libertad que no puede dejar de desagradar a los que aman en todas las cosas el simplex et unum de Horacio.

El templo es de tres naves, que cierran todas a la par a la entrada de la capilla mayor, prolongándose esta con una bóveda algo más baja hasta el testero. Las dos laterales rematan en sus capillas respectivas, y no circuyen la mayor; ni esto entró en el plan del arquitecto, el cual puso en el centro y en lo alto de esta última una graciosa capilla que estorbaba naturalmente el círculo de las otras. Hállanse divididas las naves por siete columnas de siete pies y medio de diámetro, con cuyo poco cuerpo suben a recibir las bóvedas. Las capillas son de gran capacidad y elevación proporcionada: hay ocho por lado, sin contar las cuatro que cierran las naves laterales al lado del altar mayor y a los pies de la iglesia, aunque estas últimas se hicieron indubitablemente para puertas que acompasen (acompañasen) a la principal. El coro está en medio de la nave mayor, como se acostumbra en nuestras catedrales, donde como en todas ellas hace inútil la mayor parte del templo a los fieles que concurren a los oficios y sermones. Es cosa para notarse, y ya te lo he dicho otra vez, que de todas las costumbres monacales que adoptaron nuestras iglesias antiguas sólo hayan conservado la de los coros en medio de la iglesia, que es puntualmente la que nunca debieron adoptar; porque los templos de las catedrales no eran hechos para sólo el clero, como lo eran para solos los monjes las iglesias de sus monasterios. 

Y todavía admira más que pudiese tanto la costumbre, que aun en las iglesias puramente seculares, como esta, se hiciese tal cosa de propósito. Aunque a decir la verdad yo me inclino a creer que el grande arquitecto que trazó su planta, ideó el coro en lo que ahora es capilla mayor, y acaso por eso se pusieron los bancos de piedra laterales que permanecen con algunas labores curiosas; los cuales ni tienen ni pueden tener uso ninguno para celebrar los divinos misterios en el altar mayor, tal cual está y ha estado en los tiempos de que queda memoria. Aún hoy, si se siguiese el pensamiento del artífice, sacando el altar a la entrada de la capilla, quedaría hermosísimo el templo con la traslación del coro, con no poca comodidad de los cantores, como la experiencia lo ha hecho ver prácticamente en el templo de Santa María del mar de Barcelona, a quien se le ha restituido estos últimos años la natural hermosura que le robaba el coro situado en medio de él.

Mas dejando esto a un lado voy a dar una idea del principio y progreso de esta fábrica, arquitectos que entendieron en ella, y otras cosillas dignas de reparo que existen en este templo. Comúnmente se cree que Don Jaime el Conquistador fue el que comenzó la obra de la iglesia. Mas si lo primero que en ella se construyó fue la capilla mayor con sus adherentes, como ciertamente lo fue, debemos decir que el que comenzó la obra fue Don Jaime II, hijo del Conquistador y primer Rey separado de Mallorca. Dícelo así su hijo Don Felipe de Mallorca, tesorero de la catedral de San Martín de Tours, tío y tutor y gobernador del reino en la menor edad de Don Jaime, último Rey de este reino, en carta escrita a 1 de marzo de 1327, desde Perpiñán a su lugarteniente Arnaldo de Cardellac, exhortándole a la conclusión de la obra capitis ecclesiae Sedis Maioricen. comenzada por su padre. La carta está en el archivo real en el registro de ese año. De esta se infiere también que en dicho año no estaba concluida dicha capilla mayor. Lo que debe entenderse de sus adornos y obras accesorias; porque lo principal estaba ya construido en ese tiempo, junto con las capillas de Corpore Christi, de San Pedro, de San Bartolomé, San Salvador, San Clemente y San Miguel, y otras que por ambos lados continuaban hasta las puertas laterales, que estaban ya abiertas, aunque adorno exterior no lo tenía, sino la que está junto al campanario. Esta hermosa torre, que es un magnífico y elevado paralelogramo, estaba también construida entonces, y servía ya para lo que ahora con su seny mayor, y tots los senys. Y es bien extraño que algunos la tengan por obra árabe, distando tanto su arquitectura de la de aquella nación, como de la greco-romana. Todo esto que he dicho consta del libro de fábrica que comienza en 1327, y es el más antiguo que nos queda de esta clase. Porque en él se hace continua memoria de la parte que he dicho de este edificio, como ya existente; Y si hay alguna partida de gasto en orden a esto, sólo es acerca de sus adornos, ventanas, complemento, etc. 

No por esto se entienda que estaba ya servible todo este trozo de iglesia, que es más de la mitad de ella. Por lo contrario, sólo lo estaba la capilla mayor, y a lo más la primera bóveda trasversal del cuerpo. La segunda de estas no se construyó hasta mucho después, como diré.

Del mismo libro consta que entonces se construía un nuevo coro, de madera que se trajo de Nápoles; sobre cuya traslación hay la partida siguiente del año 1330: "Item pague per manament del senyor Bisbe et del Capitol a la compaya qui cavaren lenpayment deligleya per rao de mudar lo cor de les cadires, III ll. VIII, sol.” Esta traslación indica muy claro que el coro estuvo en lo primitivo dentro de la capilla mayor, y que entonces se mudó al cuerpo de la iglesia hacia donde se halla ahora. 

A esta época pertenece la primera memoria de órgano en esta iglesia, el cual (que sin duda era portátil), compró el Capítulo a P. Roselló, y se colocó en la capilla alta llamada del Rey, y el mismo Roselló era el organista. Poco después se construyó un nuevo altar mayor, el cual consagró el Obispo Berenguer Balle, día 1 de octubre de 1346. Por fortuna se ha conservado este monumento a la espalda del nuevo churrigueresco que se puso en el siglo pasado. Su examen y registro detenido nos daría acaso algunas noticias más circunstanciadas de su artífice, etc. Mas lo guardé para los últimos días de mi viaje, y entonces me lo estorbó mi indisposición. Acaso de esta consagración, podrá inferirse que el altar primitivo no estuvo donde se puso el nuevo, y donde está el actual. Yo no decido nada, y sigo mi narración.

Fáltannos, como dije, los libros de fábrica anteriores a ese tiempo. Y así ni puede saberse quién fue el arquitecto que hizo el plano de esta grande obra, ni todos los que la continuaron hasta dicha época. Diré, sin embargo, lo que he hallado de estos artistas hasta la mitad de este siglo XIV.

En 1303 había en esta ciudad un arquitecto llamado Ponç o Ponce, capaz de dirigir esta fábrica, según consta de los graves encargos que se le confiaron. Uno de ellos fue la construcción de las murallas de Ciudadela en Menorca. Sobre lo cual existe en el archivo real una carta del Rey a su Lugarteniente en este reino Dalmacio de Garriga, fecha en Perpiñán a 1.° de julio del mismo año, que dice así: "Visis litteris vestris, quas nobis missistis, continentibus quod vos simul cum magistro Poncio ivistis et fuistis in Minorica, et quod incepistis ponere ibi fundamenta muri de Ciutadela; qui murus transibit et extendet se per ortum fratrum Minorum medio per medium; et quod ordinastis ut turres sint rotundae, sicut sunt in muro Perpiniani: sciatis quod praedicta bene facta reputamus...” 

Dos años después con carta de 2 de abril de 1305, decía al mismo lo siguiente: "Item audivimus turrim nostram Maioricarum, ubi stat angelus ictu fulgens” (existe hoy día esta torre en el palacio real, y el ángel que con sus alas extendidas sirve de veleta) "fuisse percussam et aliquantulum deformatam. Volumus quod celeriter, sicut magister Poncius et alii viderint faciendum, celeriter restauretur.” Había, pues, otros arquitectos además de Ponce.

Otro había entonces que dirigía la grandiosa obra de la iglesia de Santo Domingo de esta ciudad en 1317, de cuyo año queda una escritura en el archivo de este convento, en la cual se llama a sí mismo magister Jacobus Fabre, lapicida, civis Maioricarum, y promete volver a continuar dicha obra luego que se desocupe de las que tenía que hacer en Barcelona, a donde le llamaban el Rey y el Obispo de aquella diócesi. También hay noticia de haber entendido por entonces en esta iglesia de Santo Domingo un tal Maymo Periç. En el citado libro de fábrica de 1327 a 1339 consta que pintaron algunas tablas en la catedral Martín Mayol, G. Scardon, Bernardo Desdous y Jaime Pelicer; aunque por el contexto me inclino a creer que más bien eran doradores. El retablo de la capilla de Corpore Christi lo pintó en Loerí (o Loert, no se atina) en 1328. Los escultores que trabajaban entonces las sillas del nuevo coro que dije antes, y que ya no existe, eran mestre P. Johan, fuster, y maestre A. de Camprodon, ymaginayre de les cadires. Quede dicho para siempre que a los arquitectos se dio entonces el nombre de lapicida en latín y picapedres en vulgar; y a los escultores el de imaginayre o artífice de imágenes. Del año 1368 tenemos otra vez libros de fábrica, en los cuales se ve que el maestro mayor (así le llaman) de esta obra era Jayme Mates, a quien se le daban veinte libras anuales de dotación y además seis sueldos de jornal en los días de trabajo y dos en los de fiesta. Este profesor era jurado de la isla en el año 1382 y uno de los enviados al Rey que estaba en Valencia para tratar de sus negocios. Había ya muerto en 1389. Era escultor Lorenzo Sosquela y mestre de les vidrieres Francisco Sacoma (no se ve bien; ipsa coma). Trabajose entonces lo primer piyacle (no se ve bien) que comensem de la part del palau, que son los estribos exteriores que rematan en punta. Se cortaba en la cantera de Sentanyí la piedra para las columnas de la iglesia, que bien mirado todo eran la segunda y siguientes. En suma nada hay en los años inmediatos al 1368 sino perfeccionar lo hecho y preparativos para continuar la fábrica.

Estaba esta todavía muy atrasada, como que no se había construido aún la segunda bóveda transversal. Consta esto de las Actas capitulares del mes de julio de 1377 en que se resolvió que se buscase dinero pro expeditione nova constructionis et edificationis secundae voltae (volta : bóveda) maioris dictae eclesiae noviter inceptae, quae in praesenti aestate habet necessario construi et perfici, antequam perveniat tempus hiemale, metu ruinae, etc. Estaba todavía por concluir en el mayo de 1379. También estaba por hacer en 1385 la bóveda que cae delante de la capilla de Santa Ana, cuando a 16 de agosto concedieron el Obispo y Capítulo que se pusiesen en su llave las armas de Jaime Riguer (Act. cap.). Por estos mismos años, no queriendo esta iglesia ceder en cosa alguna a las vecinas del continente, resolvió construir el altar mayor de plata. Valiose para esto de un platero de Valencia, llamado Juan Perpiñá, el cual en el año 1373 tenía ya hecha unam tabulam argenti (esto es el primer cuerpo del altar) como se ve en las Actas capitulares y a 17 de noviembre del mismo año consta que seguía trabajando en lo demás: Johanni Perpiniani, dicen, magistro operis seu fabricae retrotabuli argenti quod nunc fit et fabricatur pro ornamento et decoratione altaris Beatae Mariae dictae Sedis. Nada queda en el día de esta obra, ni tampoco el diseño que se formó de ella, el cual estaba en la sacristía en el año 1399, como consta de un inventario de sus alhajas inserto en las Actas capitulares de ese año, donde se lee: unum panum longum depictum in figura faciendi retrotabulum in altari maiori de argento.

Volviendo a la obra, era ya su maestro mayor en 1389 Guillermo Ses Oliveres, y lo era todavía en 1397, en cuyo tiempo siguió la obra de las bóvedas transversales y se hizo el adorno de la puerta lateral que cae al mar, y se llamaba lo portal de la obra por estar allí los talleres de ella, y lo portal nou por estar haciéndose entonces. El principal escultor que trabajó la inmensa y en muchas cosas graciosa talla que hay en esta puerta y su atrio, fue Pedro Morell (o Morey, como pronunciaban ya entonces los Mallorquines, convirtiendo las ll en medio y fin de dicción en y); el cual murió a 29 de enero de 1394, como se lee en el libro de fábrica de ese año, llamándole ymaginayre mestre major del portal de la mar, lo qual ell comensá. Por su muerte escribió el Capítulo a 15 de julio del mismo año al Capítulo de Gerona para que permitiese venir a su arquitecto Guillermo Morell a concluir unum portale magnum forinsecum in celaturis et forma decentibus decoratum, el cual había comenzado su hermano Pedro Morell, lapiscida. Esto es de las Actas capitulares. La última palabra indica que Pedro dirigió la obra, no sólo como escultor, sino también como arquitecto. Bajo la dirección de este Pedro y de su hermano trabajaron otros dos escultores mandados venir en 1393, llamados Johan de Valentines y Rich Alamant. Este último fabricó varios tabernacles o tableros de relieve, entre los cuales se hace mención del gran tabernacle qui sta damunt la taule de la Cena, y es el que hoy se ve en el centro del arco. Valentines hizo ocho imágenes de Profetas: toda la sobredicha tabla de la cena dividida en tres piezas con cinco imágenes en cada una. Cada pieza costó cuarenta florines, a razón de ocho florines cada imagen, que eran en todo treinta libras cada pieza. Hay también allí mismo memoria de haber trabajado varias figuras de ángeles, cuyo pormenor omito por no molestar. Sólo añado que en esto todavía entendía en 1397. Continuó lentamente lo restante de la fábrica, como se ve en los libros de entonces. En 1401 era maestro mayor Pedro Massot, que aun continuaba en 1417. En 1405 se trabajaba en la capella del cloquer, o del campanario (cloquerio; Glocke en alemán campana), cuya llave se puso en el mismo año. En 1406 se abrieron los cimientos para la columna que está delante de la capilla de San Bernardo. En 1410 se pusieron los andamios para la O mayor. En 1422 era maestro mayor Guillermo Sagrera, y también en 1430, cuando se hacía la bóveda que corresponde a la capilla de Santa Ana; este es el que al mismo tiempo construía la famosa lonja de comercio de esta misma ciudad. Hacia el 1417 hay memoria de otro arquitecto, Antonio Sagrera, que acaso sería hermano del Guillermo. Faltan los libros de fábrica que siguen; pero en las Actas capitulares consta que, a 11 de octubre de 1485, por indisposición del arquitecto Arnaldo Piris, eligió el Capítulo a Juan Sagrera: y que, por muerte de este, nombró a 31 de mayo de 1504 a Jaime Creux, o Creix (como le llaman los libros de fábrica de estos últimos años), el cual lo era todavía en 1511.

Hasta esta época, poco más o menos, la iglesia era sólo la mitad mayor de la de hoy, quedando incluidas en su área las dos puertas colaterales que hoy existen. Lo restante del edificio, hasta cerca del castillo real, junto con parte de la plazuela que hay al lado de la iglesia, lo ocupaban su claustro y cementerio. El primero de estos edificios se comunicaba con la iglesia, y no por una sola puerta. En él había una famosa capilla dedicada a todos los Santos, construida en el siglo XIII por el Obispo Pedro de Morella, como se dirá en su artículo. Pero por otros documentos consta que hacia el 1430 se construyó la primera aula capitular. Por el claustro se hacían todas las procesiones de la iglesia, menos las generales. Contiguo a él estaba el cementerio, haciendo frente este último al castillo real, según aparece de las Consuetas y otros documentos de la iglesia, de cuya lectura verás algún día los frutos. 

Otro lugar notable había, llamado en lemosín lo padrò y pedrò, y en latín pedronus y pretorium. Era un puesto elevado, como púlpito o tribuna, donde cabían muchas personas, como que en él se publicaban algunas sentencias de la inquisición, se bendecían los ramos, se hacía la reconciliación de los penitentes en el Jueves Santo, se predicaban sermones y hacían otros actos solemnes, de que sin duda se hablará en lo sucesivo. Estaba dentro del cementerio, como aparece de la rúbrica del Domingo de ramos, en la Consueta del siglo XIV, que manda que la procesión intret per portam cimiterii quae est versus castrum regium, et omnes ascendant ad pedronum. Pero a la parte exterior del cementerio salía algún balcón o púlpito donde se ejecutasen los actos sobredichos. Con esto se entiende bien la siguiente partida de gasto que se halla en el libro de fábrica más antiguo, entre las del mes de noviembre de 1330, donde se lee: "Fiu pintar per manament dels Vicaris et del Capitol la carrera del padron entro al cloquer per la veniment (l' aveniment : la venida) del Senyor Rey; et costa (costá o costà, pasado) VII. ll.”  

Donde se ve que había una calle exterior desde el padrón hasta el campanario, por cuya puerta inmediata entró el Rey. Alguno dirá, y con razón, que este fue el lugar donde predicó San Vicente Ferrer, cuando vino a estas islas. Yo, por mí, no lo diré, porque no gusto de asegurar cosas, cuyos documentos guardan ocultos los que se dejan dominar más de las pasiones que del amor a la ilustración común. Y al cabo esta es muy pequeña cosa. Vuelvo a mi fábrica.

Para que se conozca el estado del templo entrado ya el siglo XVI, copiaré aquí, por su orden, los títulos de los altares que existían, en los cuales la Consueta de la sacristía, manuscrito de ese tiempo, manda poner paños o frontales (palis), el día de Ánimas; y son los del lado de la epístola: mayor, Santa Eulalia, San Sebastián, Santo Tomás, San Pedro, San Vicente, San Bartolomé, San Guillermo, San Lorenzo, San Clemente, Purgatorio, San Alejo, San Miguel, San Martín, San Honorato, San Bernardo, de la Pasión, de nuestra Señora, San Cristóbal, del Ángel y capella de na Companya. Al lado del evangelio: San Gabriel, San Onofre, San Juan, Corpus Christi, San Mateo, San Andrés, Santa Lucía, Todos Mártires, Santa Cecilia, San Blas, San Esteban, Santa Ana, San Cosme y Damián, altar del Capítulo, Santa Catarina y San Antonio. De estos altares había dos y tres en cada capilla.

Durante todo este siglo XVI fue continuándose la obra, hasta que a fines del mismo llegó a su conclusión. A 8 de agosto de 1578 eligió el Capítulo maestro mayor a Miguel García por renuncia de Juan Armengual. En enero de 1595 fue nombrado Antonio Fornari (Act. cap.). De la construcción de la puerta mayor, he visto en la citada Consueta de la sacristía (fol. 139) la nota siguiente: "Lo ilustris. et reverendis. Monsenyor Joan Vich y Menrich, Bisbe de Malorques, benei a 28 de noembre de 1592, lo die de Sant Simo y Aiudes, la primera pedra del portal maior apres vespres. Lo mestre de aquell es mestre Antoni Verger. Y dit portal se fa de dines de dit Reverendis. Senyor Bisbe.”  

Concluyose esta puerta en 1601, en cuyo año, a 19 de diciembre, resolvió el Capítulo quod praeparentur omnia necessaria ad consecrationem ecclesiae Sedis, quae fiet quamprimum fieri poterit (Act. cap.). Esta es la única memoria que he hallado relativa a consagración de esta catedral, la cual por ningún camino me consta si se verificó.

No quiero cerrar esta carta sin dar razón de algunas cosas particulares que hay en esta iglesia. En el testero de la capilla mayor hay una capilla intitulada de la Santísima Trinidad, que, a buena cuenta, sirvió de tribuna para los Reyes. Debajo de ella, a unos ocho palmos elevada del piso, está empotrada en la pared una magnífica silla episcopal de piedra, obra del siglo XIII, a la que se sube por dos gradas laterales. Servía en lo antiguo para cuando el Obispo celebraba de pontifical, el cual, dicha la confesión, subía a ella con todo el acompañamiento de doce presbíteros, y allí continuaba la misa hasta el ofertorio. De la singularidad de este rito, que sólo he visto practicado en Gerona, se dará razón extensa otro día. Ahora sólo añado que, estando esta silla tan poco elevada del piso, no podía el Obispo ser visto del pueblo, si el altar mayor no era muy bajo, o no estaba situado a la entrada de la capilla mayor. Y esta es otra razón para creer lo que dije al principio, que el coro estuvo donde ahora el altar. En medio de la capilla mayor está el sepulcro que dije del Rey Don Jaime II de Mallorca. La sillería del coro actual es obra de principios del siglo XVI. Está adornado con buenas tallas, que representan las principales historias del Viejo y Nuevo Testamento: cuya elección encargó el Capítulo a su docto individuo Gregorio Genovard en 21 de junio de 1514 (Act. cap.). Sus verjas de hierro se mandaron construir en 1596, como hasta entonces fuesen de madera.

Del altar mayor actual ya dejé dicho que es de mal gusto. Los restantes de la iglesia lo son también, cual más, cual menos, como lo son los de todo el mundo que se construyeron en tiempo de la decadencia de las artes. En su comparación, y aun sin ese respeto, son muy apreciables los pocos que se conservan de los que se hicieron en los siglos XIII y XIV. 

En las Actas capitulares, a 11 de julio de 1541, se halla que el Capítulo dio a la parroquia de San Juan de Sineu (: Síneu) varios altares viejos de la catedral, y entre ellos imaginem sive statuam S. Johannis Baptistae, quae fuit amota ex altari maiori dictae Sedis. Otros muchos se han dejado perecer, y aun dicen que se han quemado en estos últimos años. Cosa que no acabo de creer, porque la conservación de estos monumentos, que tanto sirven para la historia de las artes, no perjudica a los intereses de cuerpos y particulares; y así parece que sólo el odio y desprecio de las artes, o sola la ignorancia, pudo ponerse a destruir de propósito o enajenar estos altares, si es verdad lo que dicen. 

(N. E. Menos mal que este sabio hombre no vio la tremenda ignorancia de los rojos en una más de las guerras civiles de España, ni la situación actual a 24.3.2023) 

Y si tal hubo, debió ser obra de algún mandón ignorante, que nunca faltan en las corporaciones, que por lo demás el Capítulo de Mallorca conserva con aprecio el precioso altarcito de Santa Eulalia de Mérida, los de San Miguel y San Sebastián, y algún otro de los antiguos.

El adorno de las tres portadas de la catedral ya dije que no es del plan de la obra; y así cada uno de ellos es de su tiempo y gusto. La puerta lateral a la raíz del campanario estaba ya construida en 1327; y así es mucho más sencilla que la opuesta que mira al mar en que están como amontonados los relieves y órdenes de nichos para estatuas que no existen; en fin, como cosa de fines del siglo XIV. La principal, a pesar de haberse labrado en el tiempo que estaba conocido y practicado el buen gusto, ofrece un conjunto de partes no malas cada una de por sí, pero que componen un todo pesado y poco digno de los años 1592.

En medio de la capilla mayor cuelga un lamparero (llentoner llaman aquí) de gran magnitud, el cual he visto en casi todas las demás iglesias de la ciudad. Su objeto es el mismo que el de las arañas, sino que en lugar de cera se ponen en él vasitos de vidrio con agua y aceite y mechero, colocados en sus argollitas, pegados a los grandes círculos que suben en figura cónica uno sobre otro. Es bueno el efecto que causa mirado de abajo este grupo de luces, que serán como unas 300, clareando por entre el vidrio. Este medio de iluminación estaba ya en uso en el siglo XIV, como se ve en los libros de la sacristía, y la consueta del mismo tiempo le llaman circuli lampadarum. Dícense cosas raras sobre el origen de esta costumbre. Si lo era de los Judíos, que alumbraban así sus sinagogas, es preciso confesar que lo practicaron a un tiempo unos y otros, porque aquellos tuvieron sus sinagogas hasta el siglo XV.

Son varias las inscripciones sepulcrales que se conservan en las capillas y paredes de esta iglesia. Las más notables pertenecen a sus Obispos, de las que se hablará en el episcopologio. En la pared lateral de la capilla de San Bernardo, a la parte del evangelio, se halla depositada la V. Isabel Cifre, fundadora de la casa de educación de esta ciudad con esta inscripción: Isabellae Cifre, virgini ornatissime, domus educationis fundatrici, vitae sanctimonia et morum integritate conspicuae, Jurati Maiorici, Paulo III, Pontifice maximo, ob benemerita decernente, pie posuerunt anno M.D.XXXXV. Vixit annos LXXV. Obiit anno M.D.XXXXII. mense maio. Postmodum vero iidem munere, pietate pares, vetustate collabentem locum meliori structura denuo ornarunt, piae matri perennitatis monimentum, die XXVIII maii, anno 1675.

En la capilla de San Vicente, que antes fue del Ángel Custodio, hay dos urnas en lo alto de las paredes laterales con sus correspondientes letreros abajo. La de la parte del evangelio es de Isabel Pinos (Pinós), gran bienhechora de las escuelas Lulianas; y la de la epístola es de Juan Llobet, acérrimo defensor de la doctrina de Lull en esta isla, donde murió en 1460. Ha llegado a hacerse memorable su nombre por haber sido el primero a quien se concedió establecer cátedra y regentar escuela pública de dicha doctrina, lo cual fue en 1449, como consta de un privilegio que hay al principio de la edición que se hizo en Valencia de 1515 del Arte inventiva de Lull. No copio estas inscripciones por estarlo ya en las Disertaciones Lulianas de Casturer y Pascual. 

Detrás del altar de San Miguel (llamado vulgarmente S. Micalet) (N. E. como el Miguelete de Valencia) hay una inscripción en jaspe perteneciente a la familia de Mur, la cual hizo grabar uno de ella, el Deán de esta iglesia Jorge Gual, siendo ya muy viejo. La pondré aquí; siquiera servirá para los naturales, que no pueden leerla sin la incomodidad que yo tuve. Dice así:

Hoc memoranda latent Arnaldi membra sepulchro,

Stirps cui de Muro, nomen et arma dedit. 

Is celeber civis, sacroque in canone doctor,

Natorum gemina prole colendus erat. 

Nempe minor natu Jacobus fuit, isque Decanus,

Canonicus, doctor Maioricensis erat. 

Huius erat frater, verax in iure monarcha

Arnaldus patrio, nec pietate minor: 

Bisque duodenos ad corpora nuda quotanis

Legavit pannos, tegmina pauperibus. 

Id per Juratos, mercaturamque tuentes

Distribui munus jusserat ille pius. 

Ipse etiam Divi Nicholai quippe sacello

Prebendas quinque contulit obsequio: 

Quatuor et sacre templo venerabile Sedis

Condidit in laudem Virgo Maria tuam.

Fertur et ecclesiae frontem erexisse Mariae

Carmelitanae sumptibus ille suis.

Gual nunc canonicus Georgius canone doctor

Luciferam missam decanus constitit; isque

Condidit istud opus senio urgentibus annis,

Quo sua cum patruis dignius ossa cubent.

Entre las pinturas del mismo altar se ven retratadas las procesiones de penitencia que acostumbraba hacer San Vicente Ferrer; lo cual prueba la época de estas tablas. Sobre el altar de San Sebastián, colateral al sobredicho, se ven varios trofeos militares, adargas, celadas, etc. 

Dícese que pertenecen al caballero Mallorquín Salvador Sureda, y que son los mismos con que a 5 de enero de 1444 se presentó al desafío con el noble Francisco de Valseca, Catalán, en la ciudad de Nápoles en presencia del Rey Alfonso V. Todas las circunstancias verdaderas o supuestas de este suceso se hallan en la historia de Mut. Y cierto no sé cómo los que lo han leído pueden tolerar en el templo del Dios de la paz estas reliquias de la venganza y vanidad caballeresca. Mucho menos indecentes eran ciertos ritos antiguos con que se representaban corporalmente los misterios de la santa religión; y con todo la sabiduría de los Prelados y Capítulo supieron desterrarlos del templo. Si hicieran otro tanto con esto, lograrían además quitar estos depósitos de arañas y de polvo.

Descansemos por hoy, que esto cansa

Palma 15 de marzo de 1814.

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A la ciutat de Nàpols
Hi ha una presó
La vida mia
Hi ha una presó
La vida mia amor
Hi ha 29 presos
Que canten la cançó
La vida mia
Que canten la cançó
La vida mia amor
La dama està en finestra
Escoltant la cançó
La vida mia
Escoltant la cançó
La vida mia amor
Els presos se'n temeren
Ja no cantaven, no
La vida mia
Ja no cantaven, no
La vida mia amor
Per què no cantau, presos?
Per què no cantau, no?
La vida mia
Per què no cantau, no?
La vida mia amor
Com cantarem, senyora
Si estam dins la presó?
La vida mia
Si estam dins la presó
La vida mia amor
Sense menjar ni beure
Més que algun rosegó
La vida mia
Més que algun rosegó
La vida mia amor
Demà serà dissabte
Mos penjaran a tots
La vida mia
Mos penjaran a tots
La vida mia amor.

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