martes, 31 de mayo de 2022

CARTA XXII. Sínodos de la Iglesia de Segorbe.

CARTA XXII. 

Sínodos de la Iglesia de Segorbe. 

Mi querido hermano: En el hallazgo de los Sínodos de Segorbe no he sido tan feliz como me prometía. A pesar del buen estado de este archivo, no he podido completar hasta ahora la colección de unos documentos tan gloriosos para esta Iglesia. Diré algo de los que se hallan, con alguna noticia de lo más notable que contienen. 

I. Las muchas vejaciones que sufrieron los Obispos Segobricenses durante el siglo XIII y los pleitos con los comarcanos sobre la posesión de muchos lugares, fueron tal vez la causa de no haberse celebrado en todo ese tiempo Sínodo alguno en estas Iglesias. 

El primero de todos, como lo indica su exordio, es el que tuvo D. Sancho Dull en Albarracín año 1320 en la dominica Ego sum pastor bonus. Quedan en este archivo dos ejemplares de este y de los tres siguientes, escritos según parece a fines del siglo XIV. Hállanse también en ellos las constituciones del Sínodo provincial, que celebró en Zaragoza su primer Arzobispo D. Pedro de Luna; las cuales por ser inéditas he copiado y envío. Viniendo ahora a nuestro Sínodo, se manda en su primer capítulo que todos los años haya Sínodo en la ciudad de Albarracín, si no fuere más conveniente señalar otro lugar para su celebración; al cual acudan todos los clérigos beneficiados etiam non vocati, a excepción de los pocos que debían permanecer en las Iglesias para el culto y administración de los sacramentos (1). Así se verificaba a la letra la expresión generalem Synodum que se ve usada en su exordio. Poco duró esta práctica: y acaso los gastos y otros inconvenientes le obligaron a declarar en el Sínodo siguiente que esta convocación sólo se extendía ad beneficiatos curatos parrochiales, puesto que a ellos solos pertenecía anunciar al pueblo los mandatos sinodales y cuidar de su observancia. Sin embargo, aun sin esta concurrencia de todos los clérigos al Sínodo, se prosiguió llamándole general hasta principios del siglo XV, como lo verás en el fragmento del que celebró D. Fr. Juan de Tahust. Mas volvamos al nuestro: previénese también allí mismo que todos asistan al Sínodo con sobrepellices. 

En el capítulo VIII dice: Volumus quod omnes Clerici in choro et processionibus utantur superpelliceis et birreto, sic quod caputium supra capite non teneant. El caputium entiendo sería la capilla, que en toda la corona de Aragón lleva el clero cosida a la muceta; aunque no sé si la práctica de no cubrir con ella la cabeza en los actos religiosos, deberá atribuirse a la época de esta y semejantes prohibiciones. El birretum no es tan fácil de averiguar si correspondía a lo que llamamos ahora bonete o al solideo. Por las varias acepciones de esta palabra que trae Ducange en su Glosario, podrás formar juicio de esto. Yo entiendo que debía ser el bonete, el cual aun en los tiempos posteriores se llamó birretum siempre que de él usaron los Obispos para la colación de los beneficios eclesiásticos, la cual por los documentos de este archivo se ve que desde principios del siglo XVI se hizo per impositionem birreti, porque hasta ese tiempo se hacía per annuli traditionem. Aunque a principios del siglo XVI hallo que en la Iglesia de Valencia se ejecutaba del primer modo, como consta de la colación que dio su Obispo D. Raymundo Gastón al presbítero Francisco Pich de una capellanía fundada por Guillermo Sentiu en la Iglesia mayor de Xátiva, intitulada de San Félix M. Fue esto a 8 de Septiembre de 1323, cuya escritura he visto copiada en el MS. de vitela de D. Manuel Jordán, de que hablé en otra carta. Volviendo a nuestro Sínodo en el capítulo XIII (2) emplea toda su potestad para desterrar la costumbre de enterrarse los fieles indistintamente en las Iglesias, imponiendo a los curas la pena de privación de sus beneficios, y a los legos la de excomunión y entredicho. 

El XVI, después de prohibir que se presten para fiestas seculares las cortinas y ornamentos eclesiásticos, y para uso y servicio del altar los que lo son de hombres, mujeres y caballos, añade: Nec inde sacra vestes fiant, sed de praetio illorum novae vestes emantur, seu etiam ornamenta. 

En el capítulo XIX prohibiendo que se erijan altares sin licencia del Obispo, dice así: Altaria quoque per somnia, et inanes quasi revelationes hominum construi prohíbemus. Nos enim talia loca praeter nostram aut praedecessorum nostrorum licentiam constructa interdicto discernimus subjacere. Palabras que muestran cuan arraigada estaba por entonces en el pueblo la vana credulidad y superstición. 

En el capítulo XXIII llama veritas contrahentium a las palabras con que expresan su consentimiento los desposados, las cuales manda a los curas que no las reciban sino en presencia de muchos y a son de campana.

El XXV es muy breve (3). Omnes curati, dice, nobis confiteantur peccata sua, aut specialiter nobis postulent et obtineant confessores, nisi in infirmitate vel necessitate fuerint constituti. En el Sínodo, que diré luego de 1358, se concede a los curas la facultad de elegirse confesor. Más extrañeza causa lo que manda en el siguiente a los mismos, y es que tengan un libro del cumplimiento de iglesia de sus feligreses, en cuyo principio escriban lo siguiente: Anno et die tali, ego talis rector, vel vicarius talis ecclesiae scribo nomina parochianorum meorum, virorum videlicet, et mulierum à XIV annis ultra qui sunt in parochiam meam. G. R. tali loco confessus est mihi, et absolutus, vel non est absolutus, sed consilium ei dedi. 

II. No pudo cumplir este prelado su deseo de celebrar Sínodo todos los años; tres pasaron hasta el segundo que tuvo en Segorbe martes día de S. Lucas. De la mudanza de lugar da razón en el capítulo I: Attendentes, dice, quod pari ratione debet in civitate Segobr., cum sit Cathedralis Ecclesia, praedicta Synodus celebrari, declaramus divisim, et alternis vicibus uno anno apud civitatem Segobr. alio anno apud civitat. S. Mariae de Albarracin Synodum celebrandam. Nada tiene de particular este Sínodo en sus doce capítulos por lo perteneciente a nuestro objeto. Su principal mira, como también la del antecedente, es reformar los abusos del clero y del pueblo en cosas generales y ya prevenidas en los cánones.

III. En el segundo año de su pontificado, esto es, a 28 de Mayo de 1358 celebró Sínodo en la Iglesia de Castielfabib el Obispo D. Elías. Por el primer capítulo se ve que antes de él sólo el Obispo D. Sancho había celebrado Sínodos; y así queda averiguado que el primero de esta diócesis fue el que dijimos de 1320. 

Los capítulos II y III son dignos de referirse a la letra: De cetero, dice, omnes clerici in sacris ordinibus constituti, et alii beneficiati nostrae dioc. deferant in Ecclesiis almutias, vel birreta sine capucio: et cum dicent missas altas habeant clericum cum superpelliceo: et quolibet mense adminus barbam radant. Nullus clericus seu beneficiatus portet ultra unum palmum cugulae (cogulla) in caputio.

IV. Pasaron algunos años sin Sínodo, hasta que en 1367, a 21 de Mayo le celebró en Segorbe su Obispo D. Juan de Barcelona, dividiéndole en cinco libros. En el tercero concede indulgencias a los que se arrodillaren cuando en la misa se diga: Gratias agamus Domino &c., y a los que de rodillas dixeren (dijeran): Benedictum sit nomen D. N. J. C. Nazareni crucifixi, et gloriosae matris ejus, semperque virginis Mariae nunc et in aeternum et ultra. Amen; con un Pater y Ave María. Manda también que se celebre con rito doble la fiesta de S. Eustaquio y compañeros mártires, XIII kal. Junii por no poderse celebrar en el día que padecieron IIII numeris (nonas) mensis Novembris propter occupationem illius diei, in qua S. Mater Ecclesiae circa animarum solemnitatem est intempta. El breviario de esta Iglesia de 1556 señala para su fiesta el mismo día. Mas en el martirologio y en todos los breviarios modernos hallo que consumaron su martirio XII kal. Octobr.

En el IV fulmina excomunión contra los que coman carnes muertas por los judíos, o beban de su vino. Otros mandatos hay contra los qüestores que corren los pueblos con campanilla, relicarios, predicando &c. Al fin hay un breve catecismo de las cosas que deben aprender los niños: entre ellas está la confesión ante missam facienda. Por esta muestra vemos lo que por falta de códices sacramentarios ignorábamos: es a saber, que la liturgia de esta Iglesia era en ese tiempo conforme con la de Valencia. Dice así: Sancti Spiritus assit nobis gratià. Amen: Et introibo &c. Ps. Judica me Deus &c. Et introibo &c. Dignare Domine die isto. Sine peccato. Ab occultis meis. Et ab alienis parce. Confitemini Domino. Confessio. Ego peccator confiteor omnipotenti Deo &c. Misereatur tui omnipot. Deus &c. 

Los Sínodos hasta aquí referidos, todos inéditos están en los códices que dije, de donde he sacado la copia adjunta, con las variaciones que ofrecen los diferentes ejemplares que aquí se conservan. 

V. Ojalá hubiera podido hallar uno siquiera de los cinco Sínodos siguientes que celebraron D. Fr. Juan de Tahuste (hasta ahora pone Tahust; Tauste) en Segorbe a 25 de Abril de 1417, D. Francisco Aguilón en el monasterio de Val de Cristo a 18 de Octubre de 1428, el Cardenal D. Bartolomé Martí en Segorbe por el mes de Marzo de 1479, y otro en Xérica a 8 de Junio de 1485, y D. Gaspar Jofre de Borja en Chelva a 30 de Agosto de 1531. He visto en los códices que antes decía, la aprobación y confirmación original que hizo este Prelado de las constituciones hasta aquí referidas, fecha en el Sínodo de Chelva. De estos Sínodos se conservan algunas constituciones sueltas y las concesiones hechas al clero, cuya copia envío.

VI. El año 1566 a 1.° de Junio celebró Sínodo en Vivel el Obispo D. Fr. Juan de Muñatones. Este es el Sínodo que queda en esta Iglesia más completo, porque conserva todas sus actas, y la forma con que se intimó y celebró, con el nombramiento de todas las personas y especificación de todas las comisiones. La copia que envío te hará ver mejor que mis extractos el celo de este Prelado, que fue uno de los que firmaron las actas del Tridentino. Según el espíritu y letra de este Concilio, trató de reformar el clero y desterrar toda especie de abusos. Sólo haré memoria del capítulo XXIX, en que prohibiendo los ultrajes y contumelia con que solían ser tratados los que contraían segundas nupcias, dice entre otras cosas: Nec rumores cornuum, squillarumque pulsationes suscitentur. Bien creo que sea anterior al siglo XVI esta costumbre (esquellada; esquilada), que aún hoy dura, de zumbar por las noches a los que contraen segundas y terceras bodas. Cosa por cierto afrentosa que los hijos de la Iglesia burlen de lo que su madre aprueba y autoriza.

El capítulo XXXV, de correctione breviarii, sería menester copiarle todo para dar alguna noción de las variantes curiosas que contiene.
VII. D. Martín de Salvatierra celebró Sínodo en Segorbe a 30 de Agosto de 1586, del cual no sólo no quedan copias, mas aun aseguran que no llegó a publicarse. 

VIII. Antes de concluir el primer año de su pontificado celebró Sínodo en esta ciudad el Obispo D. Juan Bautista Pérez desde el 25 al 28 de Octubre de 1592. Para la ilustración de este grande hombre era muy sensible el estado de su diócesis, que aún se resentía de la desmembración de Albarracín. El único Sínodo que después de ella se había celebrado, que es el antecedente, lejos de curar los males, los había agravado por la fortaleza que mostró aquel Obispo en disputar al cabildo y a algunas Parroquias ciertos privilegios y jurisdicciones, cuya conservación, sin degradar en nada el carácter episcopal, mantiene la paz, y ayuda a conseguir cosas de mayor importancia. Hallábanse olvidadas las rentas y obligaciones de varios beneficios, desunida la masa canonical, que obligaba a cada uno a cuidar de sus frutos; tampoco faltaban daños en las costumbres. Buena ocasión se le presentaba al celo ilustrado de este Obispo, que como tan docto en la disciplina de la Iglesia, y tan diestro en el manejo de los negocios eclesiásticos, y en el modo prudente y discreto de proceder en los Sínodos, tomando ejemplo del provincial toledano de 1583, cuyo secretario fue y móvil, ordenó el de su Iglesia de Segorbe con grande acierto y prudencia. No me acabo de admirar cómo pudo quedar inédito y sepultado en el archivo. He visto un ejemplar original firmado de su mano, y escrito por su secretario Andrés de la Parra. Está en lengua vulgar, y consta de ochenta capítulos, inclusos los mandatos que hizo para los legos. 

Envío copia de él, que merece ponerse al lado del de Santo Tomás de Villanueva, Repara como en el capítulo XV reprueba la costumbre de llevar el viático a los enfermos que no le podían recibir, sólo para que le adorasen: prohibición que se repite después en algunos Sínodos hasta mediados del siglo XVII. Reflexiona también las palabras del capítulo XVI: Mandamos (dice) a los rectores que al tiempo de la comunión no den al pueblo las abluciones en cáliz, pues no le pueden tocar los legos,  sino es en vaso de vidrio o tierra. Es notable 1.° la costumbre de esta ablución, la cual no quedó como reliquia de la comunión sub specie vini (como dijo de-Vert), sino para purificar la boca o para acabar de tragar las partículas de la hostia (a mí siempre se me pegaba en el paladar). Lo 2.° la causal que da de ello. Otros Concilios, dice Krazer, prohibieron en esto el uso del cáliz para que el pueblo no creyese que recibía la sangre del Señor. Este documento nuestro merece lugar entre otros semejantes extranjeros del mismo tiempo.

En el capítulo XXX se manda que al pueblo se dé la paz aun en las misas rezadas con porta paz, no con patena.

Por el LIV vemos que duraban aún en este reino las vigilias en las Iglesias, de que hablé en el Sínodo de Santo Tomás de Villanueva. Item, la costumbre de estar patente la Iglesia para los hombres solos la noche del Jueves Santo.

En el LXVIII se prohíbe abrir las tiendas y trabajar en los Domingos y fiestas antes de acabar la misa mayor. Acaso debió contentarse con esto solo por la condición de su tiempo. 

IX. En el año 1611 por el mes de Noviembre celebró Sínodo D. Pedro Ginés de Casanova; el cual imprimió de allí a dos años Crisóstomo Garrís (Garriz) en Valencia. Consta de tres sesiones y ciento y once capítulos en todo, con las ordinaciones pro choro y arancel de derechos funerales. Aunque es muy docto este Sínodo, tiene pocas noticias concernientes a la historia de los ritos, y lo que de ello trata es muy parecido a los demás de aquel tiempo. En el capítulo LXII prohíbe que el Pater noster se diga en secreto en los Domingos y fiestas solemnes. Acaso se había ya introducido la costumbre, que todavía vemos en algunas partes, de cantarse algunas letras en el coro u órgano desde el alzar (el alza) hasta la comunión. Práctica que destruye una parte notable de la solemnidad del sacrificio, y se opone al espíritu de la Iglesia en el establecimiento de las ceremonias de la misa.

X. Algo más dilatado que este Sínodo es el que celebró D. Fr. Diego Serrano en 1644 por el mes de Junio: el cual he visto también impreso en Valencia en 8.° por Bernardo Nogués el año siguiente. Al fin de él se publicaron varias bulas de Papas relativas a los puntos que en el Sínodo se tocan; lo cual convendría que se hubiera hecho en todos los modernos de España. Este Sínodo se divide en doce libros breves, que comprenden lo más esencial de la disciplina. El décimo, que es de Processionibus et Imaginibus, reprende, y (4) prohíbe en el capítulo 1 la costumbre de las danzas y comparsas en las procesiones de las fiestas de Jesucristo, en las cuales plures (dice) incedunt vestibus diabolicis, ac muliebribus (mulieribus) induti, ac doemonum (demonio) instar gesticulationibus representantes, quibus ad risum potius &c. En el II prohíbe que en la del Corpus se lleven más imágenes que la custodia del Señor: lo mismo prescribe en el III respecto de las de semana santa, en las cuales manda que sólo se lleven los simulacros pertenecientes a la pasión del Señor, y esos sin lujo ni ornato de fiesta, sin flores naturales ni artificiales, sino con la decencia y honestidad correspondientes al objeto. 

XI. D. Fr. Francisco Gabaldá celebró un Sínodo poco antes que muriese; esta es la única noticia que de él tenemos.

XII. El ultimo Sínodo de esta Iglesia le celebró D. Fr. Anastasio Vives de Rocamora en 12 de Abril del año 1668. Se imprimió en Valencia el siguiente por Gerónimo Villagrasa en 4.° Consta de cuarenta y siete títulos, y es el que rige ahora en esta Iglesia. De estos Sínodos impresos no he podido recoger ningún ejemplar; y así me he visto precisado a sacar las apuntaciones y extractos pertenecientes a los ritos de esta diócesis, con lo cual hay lo necesario para tu obra principal de la Liturgia española. 

Para más puntual y pronto conocimiento de estos Sínodos pondré el estado siguiente: 


        Sínodos.     Existentes     Impresos

D. Sancho Dull         2         2

D. Elías         1         

D. Juan de Barcelona         1         1

D. Juan de Tahust         

D. Francisco Aguilón         1

D. Bartolomé Martí         2

D. Gaspar Jofre de Borja

D. Fr. Juan de Muñatones 1              

D. Martín de Salvatierra

D. Juan Bautista Pérez 1         

D. Pedro Ginés Casanova 1         1             

D. Fr. Diego Serrano         1         1             1

D. Fr. Francisco Gabaldá

D. Fr. Anastasio Vives de 

Rocamora         1          1             1

Total 16         9             3


Dios te guarde muchos años. Segorbe &c. 


NOTAS Y OBSERVACIONES. 

(1) Así se verificaba muy a la letra la expresión generalem Synodum, que se ve usada en su Exordio. Por ventura este y otros pocos Sínodos diocesanos de esta Iglesia en el siglo XIV serán los únicos en toda la antigüedad eclesiástica que se hayan llamado generales. El sentido de esta palabra es aquí obvio, considerada su aplicación a la asistencia de todos los clérigos beneficiados de la diócesis, a los cuales se les manda asistir, etiam non vocati. En este mismo sentido se ha dado tal cual vez nombre de universales a los Concilios nacionales, no con respecto a toda la Iglesia, sino a los Arzobispos y Obispos de un reino o nación, que asistieron a ellos, presididos por su Patriarca o Primado. Así dice el III Concilio toledano (cap. XIX) statuit sancta, et universalis Synodus: bien que en algunos de estos Concilios se añadió a esta palabra alguna limitación, como se ve en el Cartaginense III, llamado universale anniversarium, para denotar claramente, como advierte Benedicto XIV (de Synod. dioec. lib. I, cap. I.), que era el que debían celebrar anualmente todos los Obispos de África. Con la misma limitación se dio también nombre de plenario al segundo Concilio de África celebrado en tiempo del Papa Zósimo a principios del siglo V (V. Nat. Alex. Hist. eccl. saec. III. dissert. XXIV.). 

(2) Emplea toda su potestad para desterrar la costumbre de enterrarse los fieles indistintamente en las Iglesias &c. En los primeros tiempos de la Iglesia ni aun a los sacerdotes se les daba indistintamente sepultura dentro del templo, como consta de un Párroco muy santo, de quien dice S. Gregorio Papa: Superveniente autem vocationis suae die defunctus est, atque ante Ecclesiam sepultus (Dial. lib. III. cap. XXII.). Otro tanto puede afirmarse de los Obispos, siendo cierto lo que S. Gregorio Turonense afirma de S. Servacio, Obispo de Tongres; Ablatusque à fidelibus juxta ipsum aggerem publicum sepultus est (Lib. II. cap. XLIII.), y de oro Obispo que había sido casado: Ipse quoque sacerdos cum conjuge, et filia in crypta Cantobennensi juxta aggerem publicum est sepultus (Lib. I. cap. XLIV, et lib. II. cap. V.). Más adelante, extendida a todo el clero la facultad de enterrarse en las Iglesias, comenzó a darse parte en ello a los Príncipes católicos, de lo cual hay varias memorias en el mismo S. Gregorio Turonense y otros historiadores eclesiásticos. Esta licencia despertó igual deseo en los monjes, y así a imitación de santa Paula, sepultada en medio de la Iglesia del Pesebre del Salvador, y de santa Marcelina, que se mandó enterrar junto al cuerpo de su hermano S. Ambrosio, S. Cesario, Obispo de Arlés, en un convento que fundó de religiosas: ut afferret, dicen los escritores de su vida, sacris virginibus, quas congregaverat, curam necessariae sepulturae, nobiles arcas corporibus humandis aptissimas, de saxis ingentibus noviter fecit incidi, quas per omne pavimentum Basilicae constipatas sterni fecit ordine. De esto hay varios ejemplos. Por aquí fue poco a poco introduciéndose la facilidad de sepultar también en los templos a los seglares, la cual costumbre, comenzada ya a introducirse en tiempo de S. Agustín, con el fin de despertar en los fieles vivos, como dice este Padre, la memoria de los difuntos para que rueguen por ellos, llegó a ocasionar varios abusos, intentados desterrar por Teodosio el Mayor, en una de sus leyes, donde dice: Nemo Apostolorum vel Martyrum sedem humandis corporibus existimet esse concessam. Esta ley fue después revocada, y sucesivamente se expidieron otras, cuyo catálogo formó Tomasino. Alteróse la prohibición con las oblaciones espontáneas de los que deseaban sepultarse en el templo, cuya multitud dio motivo a que se inventase la colocación de los cadáveres en los pórticos de las Iglesias. Aun estos límites se traspasaron luego dando ocasión a los Obispos a reservarse el señalamiento de las personas que debían enterrarse dentro de la Iglesia, como lo hizo Hincmaro el Arzobispo de Reims, diciendo: Ut nemo presbyterorum quemquam in Ecclesiam sepeliat, sine consultu Episcopi, exceptis hujusmodi dumtaxat personis, quas sigillatim et privatim in Synodo signavimus. 

(3) Omnes Curati nobis confiteantur peccata sua, aut specialiter nobis postulent ut obtineant confessores. De esta austeridad de la antigua disciplina, que obligaba a los Párrocos a confesarse con el propio Obispo, o en ciertos casos, o sólo con el presbítero que él les señalase, quedan varias memorias en la historia eclesiástica (a: V. Tomassin Vetus et nova Eccl. discipl. p. I. l. II. c. X.). Las constituciones sinodales de Troyes dicen: Ne credant sacerdotes quod nisi de licentiam sui Episcopi possint pro voluntate suam sibi eligere confessorem, qui suarum curam habeat animarum. Hoc enim solis Episcopis, et quibusdam aliis exemptis est concessum. Et qui petunt ab Episcopo confessores, debent petere providos, et honestos. (Bochel. Decret. eccl. gallic. pág. 243.). Esta exención de los Obispos alude al decreto de Gregorio IX, que dice: Ne pro dilatione poenitentiae, periculum immineat animarum, permittimus Episcopis et aliis superioribus, necnon minoribus praelatis exemptis, ut etiam praeter sui superioris licentiam, providum et discretum sibi possint eligere confessorem. Teníase por tan necesaria esta licencia de los Prelados para la elección de confesor, que llegó a decir el Papa Bonifacio VIII: Nulla quippe potest consuetudine introduci quod aliquis praeter sui superioris licentiam possit sibi eligere confessorem, qui eum solvere valeat, vel ligare (c. si Episcopus in VI de Poenitentia.). Comenzó a templarse este rigor, primero permitiéndose a los clérigos que eligiesen confesores a su arbitrio, con tal que una vez en el año manifestasen el estado de su conciencia y su tenor de vida al Obispo o a su penitenciario. Más adelante se amplió esta licencia, como consta del Concilio Tarraconense del año 1329. Duró esta práctica hasta el Concilio de Trento, que la revocó en la sesión XXIII, mandando que en adelante solos los confesores aprobados por el Obispo oyesen las confesiones de los presbíteros. 

(4) Prohíbe... la costumbre de las danzas y comparsas en las procesiones &c.
Esta práctica parece haber tenido principio en la que el tercer Concilio Toledano llama irreligiosa consuetudo (costumbre), quam vulgus per sanctorum solemnitates agere consuevit, ut populi qui debent officiis divinis attendere, saltationibus, et turpibus invigilent canticis (Conc. Tolet. III. cap. XXIII.), Ya anteriormente había pasado este abuso a otras festividades, como de la Pascua lo dice S. Basilio, reprendiendo a unas mujeres que en ella habían bailado públicamente: Servitutis Christi excuso jugo, velamentis honestatis à capite rejectis, contempto Deo, spretis ipsius angelis, virilem omnem aspectum citra pudorem ferentes, comas agitantes, trahentes tunicas, ac pedibus simul ludentes,... in martyrum basilicis pro moenibus civitatis choros constituentes, loca sancta officinam obscenitatis suae effecerunt (S. Basil. Hom. XIV. in ebriosos. op. t. II. pág 123.). Fácil era que la continuación de estos males, de que hacen memoria S. Gregorio Nazianzeno, S. Agustín, y otros Padres y Concilios posteriores, llegase a quitar a los fieles parte de su horror; y aun que tratasen algunos de darles colorido honesto, pintando como parte del culto exterior lo que se opone a la adoración en verdad y en espíritu. Por lo menos no faltan extranjeros que digan ex hoc pravo usu manasse hodiernum apud hispanos morem, quo in solemnioribus processionibus, et festis praeire solent personati homines, tripudiis, et saltationibus prorsus inconditis plebem ad risum potiùs, quam ad pietatem moventes (Catalani in Can. XXIII. Concil. Tolet. III.). Convendría que estos abusos, si los hay, se cortasen enteramente, para que las procesiones se hagan con respecto a los fines intentados por la santa Iglesia conforme a sus leyes; de lo cual trató dignamente el docto Jesuita Serario en sus libros de Sacris Ecclesiae catholicae processionibus. 

CARTA XXI. Conclúyese el catálogo de los Obispos Segobricenses.

CARTA XXI. 

Conclúyese el catálogo de los Obispos Segobricenses. 

Mi querido hermano: No me canso de alabar la conducta del Papa Gregorio XIII en la división de estas dos Iglesias de Segorbe y Albarracín. Las cuales desde aquella época han gozado de los bienes que disfruta una grey pequeña, a quien puede registrar de una ojeada su pastor; cuando antes, divididas casi por una jornada intermedia de ajena jurisdicción, padecían frecuentemente los daños que trae consigo la ausencia del Prelado. Estos y otros refiere dicho Pontífice en su bula que tendrás ya vistos: no me he propuesto hoy sino acabar el catálogo de los Prelados de la ya única silla de Segorbe. En virtud pues de dicha división fue nombrado Obispo de Segorbe 

XXX. D. Francisco Sancho, natural de Morella en este reino (el de Valencia), siendo canónigo de Salamanca y decano de la facultad de teología en aquella Universidad. Su ciencia le había hecho digno de ser escogido por el Obispo D. Pedro González de Mendoza, para que le acompañase al Concilio de Trento el año de 1563. Tomó posesión de esta silla a 23 de Diciembre de 1577 siendo ya muy anciano; la gobernó hasta el 23 de Junio del año siguiente, en que murió. Por la brevedad de su pontificado y otras causas que debieron sobrevenir, no pudo poner por obra todo lo mandado en la bula del Papa acerca de los cuatro canonicatos que erigía de nuevo, de los cuales sólo proveyó dos; y acerca de la masa común canonical, establecida después en el año 1594. Poco más vivió en esta silla su sucesor 

XXXI. D. Gil Ruiz de Liori, el cual tomó posesión de ella en Junio de 1579, y murió a 16 de Agosto de 1582 a los cincuenta y seis de edad. Era natural de Gandesa en Cataluña (provincia de Tarragona), de dónde fue también cura, y después canónigo y arcediano de Culla en la Iglesia de Tortosa. No se conserva otra memoria señalada de este Obispo sino su resistencia a la pretensión del de Albarracín D. Martín de Salvatierra, el cual aprovechando la ocasión de la vacante de D. Francisco Sancho se apoderó de cuatro lugares llamados Cuervo, Alovras, Tramacastiel y Tormón, como pertenecientes a su Iglesia, siendo así (añade el Señor Pérez) que siempre habían pertenecido al Arcedianato y Vicariato de Segorbe. Mas los Tribunales Reales inclinados a favorecer a la Iglesia de Albarracín por su pobreza, jamás oyeron la solicitud de la de Segorbe, aun cuando abogaba por ella el mismo que le había disputado este derecho, que fue 

XXXII. D. Martín de Salvatierra, trasladado a esta silla de la de Albarracín a 23 de Marzo de 1583. Era natural de Vitoria en la provincia de Álava; antes de ser promovido al obispado había sido Inquisidor en Valencia, y Promotor fiscal en la Suprema. Celebró en esta ciudad a 30 de Abril de 1586 un sínodo, que no he podido hallar; y al cabo de cinco años fue trasladado al obispado de Ciudad Rodrigo por el mismo Papa Gregorio XIII a 15 de Mayo de 1591. Hallóse en las cortes que celebró en Monzón Felipe II el año 1584. Fue muy celoso en defender las rentas, señaladamente de las fábricas. Con igual ardor disputó al Cabildo ciertos derechos, de que se originaron muchos pleitos. Parece haber permitido Dios estas inquietudes para que campease más el glorioso pontificado del grande Obispo 

XXXIII. D. Juan Bautista Pérez, de cuyos escritos y hechos anteriores hablaré otro día de propósito, ya que he tenido la suerte de reconocer gran parte de sus MSS. Hoy, por no interrumpir el catálogo comenzado, me contentaré con referir brevemente algunas memorias de su tiempo. No consta el año en que nació este Prelado; pero sí que nació en Valencia, y fue bautizado en la Parroquia de Santa Catarina. Sus grandes talentos le hicieron estimable al Arzobispo D. Martín de Ayala, y le merecieron la elección que de él hizo el Cardenal Quiroga para que trabajase en la colección de los Concilios de España, y asistiese como secretario al que celebró en Toledo el año 1583. Era ya entonces canónigo de aquella Iglesia; y lo fue hasta que en 1591, a 21 de Noviembre, 

le nombró el Papa Inocencio IX para el obispado de Segorbe, cuya posesión tomó por su procurador el Arcediano de Alpuente D. Melchor Ocaña a 20 (en su testamento dice a 21) de Febrero de 1592. Consagrado por el Cardenal, vino a su diócesis a 21 de Marzo siguiente. Halló a su esposa lastimada con los pleitos de quince años, que había producido la dicha erección de cuatro canonicatos, y la institución de la masa común canonical: ambos artículos mandados por Gregorio XIII y de difícil ejecución. Mas la prudencia y doctrina del nuevo Prelado allanaron todos los estorbos: tuvo el gozo de ver verificadas ambas cosas, y aprobadas por Clemente VIII a 1.° de Noviembre de 1593. No contribuyó poco a reconciliar y preparar los ánimos para esta, que a algunos parecería mudanza dañosa, el sínodo que celebró en 28 de Octubre de 1592. Dos veces visitó su Iglesia Catedral, es a saber, en el dicho año y en 1596. Los libros que acerca de esto se conservan en el archivo, están descubriendo su incansable solicitud en desenterrar todas las instituciones (página borrosa), patronatos, cargas y dotaciones de los beneficios, y cuanto concierne al régimen de una Iglesia. Igual diligencia aplicó en los beneficios de toda la diócesis. Habla en su testamento de estos libros, que legó al archivo episcopal, como también el episcopologio de esta Iglesia. Así, dedicándose a ilustrar las antiguas memorias de su Iglesia, cumplía con la conservación de ellas, tan recomendada a los Obispos por S. Carlos Borromeo, mayormente en lo que toca a los hechos y providencias gubernativas de los Prelados anteriores (a). (a) “Episcopus id quod ab initio nascentis Ecclesiae institutum fuit, ut rerum episcopalium studio curaque gestarum monimenta existerent, conquiri diligentissime curet; tum singulorum episcoporum, qui praecesserunt, nomina, genus, et pastorales eorundem actiones. Quae omnia litteris consignatis, ordineque conscr¡pta in librum certum referri curet, ut eorum memoria conservetur: et quae ab eodem acta vel instituta sunt, ad aliquam ecclesiasticae disciplinae normam perpetuo usul esse possint, atque adjumento in illam Ecclesiam bene gerendam.” (Act. Eccl. Mediolan. lib. V de episcopalibus gestis memoria commendandis núm. 12.)

A esta guerra jurada contra el ocio, y a la suma parsimonia con que se trataba, se siguieron vehementes dolores de estómago, que al cabo dieron fin a su preciosa vida en Valencia, adonde había ido a convalecer. Murió en la alquería vecina al convento de Jesús, extramuros de dicha ciudad, que era de Antonio Pau Font, el día 8 de Noviembre de 1597 a los sesenta años de su edad, y sexto de su obispado. Enviaré copia de su testamento para excusarme de contar el fondo de su caridad, celo y otras virtudes. Enriqueció esta Iglesia con su copiosa biblioteca y muchos MSS., que bastan ellos solos para hacerla insigne y conocida en la Europa. Asistióle en su muerte, y díjole la recomendación del alma el B. Juan de Ribera. Su cuerpo se trasladó luego a Segorbe, y yace en la sepultura de los Obispos. Sucedióle

XXXIV. D. Feliciano de Figuereo, natural de Bornos, diócesis de Sevilla, secretario de dicho B. Ribera, y chantre y canónigo de Valencia. Tomó posesión a 28 de Abril de 1599. Recibió en esta ciudad al Rey Felipe III, que pasaba a la de Zaragoza después de celebrar sus bodas en Valencia con Doña Margarita de Austria. En los diez años que le duró el gobierno de esta silla, le llevó la primera atención la salud espiritual de los moriscos que recientemente habían vuelto como perros al vómito. Con este objeto fundó nuevas Iglesias parroquiales, dividió algunas de las unidas; y como para su dotación le fuese preciso echar mano de algunas rentas de la matriz, se originaron de ello algunas contestaciones, que puestas al fin en manos del B. Ribera no pudieron impedir lo establecido a favor de los nuevos cristianos. Otros litigios se suscitaron con el Cabildo, tantos y de tanta entidad, que no pudiendo este ilustre cuerpo sufrir tan pesada carga, pidió al Rey que intimase a su Prelado la concordia tan deseada. A la menor insinuación del Rey renunció el Obispo a todos los pleitos, y junto con su Cabildo cantó solemnemente el Te Deum por la paz. Acción digna de un Prelado que supo ceder, templando su natural fuerte para evitar mayores daños. Fue esto hacia el año 1607. Desde Octubre del siguiente hasta el próximo Marzo se celebró en Valencia una congregación, en que se establecieron nuevas ordinaciones para los moriscos. Asistió a ella nuestro Obispo con los de Tortosa y Orihuela, y uno de los Inquisidores. Poco más sobrevivió; al emprender su visita murió en Chelva a 25 de Julio de 1609, sesenta y ocho de su edad. Su cuerpo se trasladó poco después a esta Catedral. Este Prelado dio principio al convento de San Martín de religiosas en esta ciudad, donde dicen hubo una ermita del Santo construida por el Rey D. Martín de Aragón. Concluyó esta fundación su sucesor

XXXV. D. Pedro Ginés de Casanova, que de Vicario general de Valencia, donde había nacido el año 1555, fue promovido a esta silla por Paulo V a fines de 1609. Gobernóla con mucha paz hasta 27 de Marzo de 1635 en que murió. Yace su cuerpo en el dicho monasterio, que concluyó y dotó liberalísimamente a 14 de Enero de 1613, plantando en él la observancia religiosa que en nuestros días ha llegado a su perfección, permaneciendo sujeto al Ordinario. Trajo para fundadoras cinco religiosas del convento de Santa Úrsula de Valencia; visten el hábito de San Agustín, y viven bajo la regla de Santa Teresa. La Iglesia del convento es obra de este Prelado, construida con tanta inteligencia como prontitud. De ella, y más de sus pinturas muy buenas, habla Ponz en su viaje (Tomo IV. Carta VII. n. 38.). No fue este el único objeto del celo y amor de nuestro Obispo. Era liberal sobre manera, socorría francamente a los pobres, a quienes trataba y oía con mansedumbre y amor de padre. Visitó cuatro veces la diócesis por sí o por visitadores. Celebró un sínodo en Segorbe por el mes de Noviembre de 1611, el cual se imprimió de allí a dos años en Valencia por Crisóstomo Garriz. Algunas ocurrencias hubo en su tiempo, en que parece haber favorecido declaradamente los derechos del nuevo Duque de Segorbe Don Enrique de Cardona. Cosa que indispuso los ánimos de algunos, y enturbió en cierta manera los días alegres de su pontificado. Murió muy viejo, generalmente fue de todos sentida su falta, mucho más que la del sucesor 

XXXVI. D. Juan Bautista Pellicer, Canónigo de Valencia, promovido a esta Iglesia por Urbano VIII a 18 de Febrero de 1636, y muerto a 22 de Diciembre de 1638. Gobierno corto, lleno de contestaciones con su Cabildo, por ser hombre de conciencia tímida y de aprehensión inflexible, según le pinta Villagrasa; aunque en lo demás era virtuosísimo y de ejemplo singular. Su cuerpo le llevaron a la sepultura de su familia en la parroquia de Santa Cruz de Valencia. 

XXXVII. D. Fr. Diego Serrano, natural de Chillón, diócesis de Córdoba, y Religioso de la orden de la Merced, fue trasladado a esta silla de la de Solsona por el Papa Urbano VIII a 30 de Mayo de 1639. Pasáronle después a la de Guadix, donde murió a su llegada en el año de 1652. Su cuerpo se depositó en el convento de su orden de Granada, y sobre el sepulcro dicen que mandó grabar este modesto y sencillo epitafio: Aquí yace un Obispo, hijo de esta casa. En los trece años que gobernó esta diócesis, conservó reformado el Clero, y mostró en su persona la moderación de simple religioso. A mi juicio nada descubre mejor su sinceridad y celo por el bien de sus ovejas, que el Sínodo que celebró por el mes de Junio de 1644. Le he visto impreso en Valencia en 8.° por Bernardo Nogués el año siguiente. De él diré algo otro día. Hizo varias donaciones a su Iglesia, fundó en ella algunos ejercicios piadosos, de los cuales he visto todavía en práctica el solemne rosario que se reza todos los Domingos después de completas por quince eclesiásticos con capas pluviales. En la peste que afligió este reino el año 1648 estuvo pronto a sacrificarse como buen pastor: sobre no abandonar la ciudad, expendió grandes sumas e hizo otros esfuerzos para consuelo de los enfermos y precaución de los sanos. Dos veces visitó por sí mismo el obispado y tercera por medio de un visitador. En el santuario de la Cueva santa mandó labrar la capilla nueva, fundando en ella dos capellanías. Otras muchas cosas refiere del tiempo de su prelacía Villagrasa, que le conoció y trató como su Vicario general. Más brevemente habló este escritor, y creo que con justo motivo de las cosas del sucesor 

XXXVIII. D. Fr. Francisco Gabaldá (o Gavaldá, pone Gabalda), natural de Cabanes, pueblo de este reino. Era General de la orden de S. jerónimo cuando fue elevado a esta silla en 14 de Octubre de 1652. Llamado a Valencia al cabo de ocho años para asistir a la consagración del Obispo de Orihuela D. Fr. Acasio March, murió día 19 de Mayo de 1660 en el convento de S. Miguel de los Reyes, donde había recibido el hábito. Dicen que este Prelado muy sabio para las escuelas, no lo fue tanto para el gobierno prudente y pacífico que exige la dignidad episcopal. En él se acaban las memorias publicadas de los Obispos Segobricenses. De los restantes insinuaré lo que resulta de los documentos de este archivo: gracias al ilustrado celo del actual Prelado y de algunos doctos individuos de este Cabildo. Prosiguiendo pues nuestro catálogo, al difunto Obispo sucedió

XXXIX. D. Fr. Atanasio Vives de Rocamora, natural de Orihuela, Carmelita calzado. Había sido ya Provincial en la corona de Aragón, cuando a presentación de Felipe IV fue promovido a esta silla por el Papa Alexandro VII a 30 de Mayo de 1661, de la cual tomó posesión a 19 del Agosto siguiente. Quedan de su gobierno vestigios que honran su nombre. Construyó a sus expensas el atrio y portada de la Catedral. Llevado más del celo pastoral que del afecto al hábito que había vestido, protegió la nueva fundación de Carmelitas descalzas de la villa de Caudiel. Los sobrinos de D. Pedro Miralles, fundador de aquella casa, pretendían para sí su patronato y administración. Previendo el Prelado los daños que de esto pudieran seguirse, se opuso a esta pretensión, logrando que quedase todo a cargo del Obispo. Concluida la fábrica del convento, tuvo el gozo de recibir las religiosas fundadoras que venían del de Santa Teresa de Zaragoza, y darles posesión de la nueva casa a 21 de Octubre de 1671. Débele también esta diócesis además de sus visitas, la celebración de un Sínodo, que así por ser el último de los de esta Iglesia, como por la claridad y buen orden de sus decisiones, es el que rige hoy día. Túvose a 12 de Abril de 1668, y se imprimió en Valencia por jerónimo Villagrasa el año siguiente en 4.° Renunció la mitra el año de 1672, y se retiró al convento de su orden en la villa de Onda, dejándole la tercera parte de sus frutos, y lo restante a la Catedral. Muerto en 1674 fueron trasladados sus huesos a esta Iglesia a 7 de Junio del año siguiente, y depositados en una capilla que había erigido, dedicada a nuestra Señora del Carmen, donde el actual Prelado ha construido el altar de S. Lorenzo. Las exequias que le mandó celebrar el Cabildo y los servicios que le hizo durante su enfermedad en Onda, mostraron bien el amor que le profesaban, y su reconocimiento al celo, beneficencia, y otras prendas de aquel digno Prelado. Fue su sucesor 

XL. D. Fr. Josef Sanchís, natural de Valencia, y bautizado en la Parroquia de los Santos Joanes a 19 de Diciembre de 1622. Entró en la orden de nuestra Señora de la Merced en 17 de Septiembre de 1636, y profesó dos años después. Estudió en Salamanca, recibió los grados de maestro en artes y doctor de teología en la Universidad de Valencia, donde obtuvo cátedra de filosofía. Fue electo Provincial de Valencia en el convento del Puig a 25 de Abril de 1659, y en 18 Octubre de 1664 General de toda su orden: concluido este oficio la Reina madre de Carlos II le promovió al obispado de Ampuria en Cerdeña; pero antes de pasar allá fue trasladado al de Segorbe, del cual tomó posesión a 18 de Septiembre de 1673. Al cabo de seis años, en 6 de Marzo de 1679, fue promovido a la metropolitana de Tarragona, donde murió a 26 de Marzo de 1694. Dejó este Prelado ilustres monumentos de su piedad y magnificencia.

XLI. D. Crisóstomo Royo de Castelví (Castellví), natural de Valencia, y Pavordre en aquella Universidad por espacio de veinte y ocho años, a los cincuenta y uno de su edad fue elevado a esta silla, de que tomó posesión a 11 de Marzo de 1680. Fue pacífico; consultando con el verdadero carácter de su dignidad más que con las etiquetas de un decoro a veces mal entendido, hizo varias concordias con su Cabildo sobre el acompañamiento y ceremonias que se debían guardar cuando el Prelado baja a la Catedral y en otros actos. En correspondencia debió al Cabildo en el año 1691 las más vivas demostraciones de piedad para implorar el restablecimiento de su salud. Mas llegada su hora murió ese año a 3 de Julio. Sucedióle

XLII. D. Antonio Ferrer y Milán, natural de Valencia: tomó posesión de esta silla a 16 de Marzo de 1692. En tiempo de este Prelado se renovó el presbiterio de la Catedral,  quedando el altar mayor como lo había construido su antecesor D. Fr. Gilaberto Martí. Resplandecieron sus virtudes pastorales en las guerras llamadas de sucesión. A pesar de las revueltas y males de aquellos tiempos, nacidos más de la discordia civil que del furor de los ejércitos, supo conservar la capital y toda la diócesis en paz y obediencia. Prueba de esto es el asilo que buscaron en ella las veinte y cuatro religiosas de mi orden de Villa-Real, arrancadas de su convento por el estrépito de las armas. Dispuso el Prelado que saliesen a recibirlas a distancia de una legua el Cabildo, el Ayuntamiento y la Nobleza de Segorbe, que las condujeron al monasterio de S. Martín, donde saliendo cuatro días después, y visitando la Catedral y sus reliquias y el convento de Dominicos, pasaron con el mismo acompañamiento al de Carmelitas descalzas de Caudiel; de las cuales se separaron con lágrimas para volver al suyo seis meses después a 5 de Septiembre de 1706. Poco sobrevivió el Prelado a esta época: pues murió a 29 de Octubre de 1707. Sucedióle

XLIII. D. Rodrigo Marín y Rubio, natural de la villa de Tíxola, diócesis de Almería

Había sido canónigo lectoral de aquella Iglesia, magistral y maestreescuela de la de Granada, catedrático de prima, y dos veces rector de la Universidad de la misma ciudad, y visitador general de su arzobispado, predicador y capellán de honor del Rey. De su prelacía sólo sabemos que la sirvió desde 16 de Diciembre de 1708, a los cuarenta y nueve años de su edad, hasta 28 de Mayo de 1714 en que fue trasladado a Jaén. Tan escasa es la memoria que queda de su sucesor

XLIV. D. Diego Muñoz Baquerizo, natural de Pinto junto a Madrid, colegial mayor de Cuenca en Salamanca, e Inquisidor de Cataluña, Navarra, Murcia y Valencia. Fue promovido a esta silla en 1714 a los cuarenta y nueve de su edad: tomó posesión a 25 de Octubre del mismo año: visitó la Catedral, y murió a 19 de Noviembre de 1730. Ninguna memoria suya se conserva.

XLV. D. Francisco Zepeda y Guerrero, natural de Cádiz, canónigo de aquella Iglesia, visitador y examinador sinodal de su obispado, fue electo Obispo de Segorbe en 1731, tomó posesión a 25 de Febrero del siguiente. Por su devoción a Santa Teresa de Jesús estableció y dotó su fiesta en el convento de religiosas de Caudiel; y también en el de S. Martín de esta ciudad, donde además fundó la capellanía para el confesor ordinario. Esto sabemos de su gobierno, que duró diez y seis años y medio; muriendo a 24 de Septiembre de 1748.

XLVI. D. Francisco Quartero y Lumbreras, natural de Tabuenca, diócesis de Tarazona, tomó posesión de esta silla a 9 de Marzo de 1749; y su pronta muerte, acaecida en 20 de Febrero de 1751, impidió que continuara las pruebas que había empezado a dar de su actividad y celo. Había sido colegial en el de Aragón, y en el Mayor de S. Ildefonso de Alcalá, catedrático en aquella Universidad, confesor en la Encarnación de Madrid, canónigo penitenciario de la Iglesia de León, examinador, visitador y gobernador de su obispado.

XLVII. D. Pedro Fernández de Velarde tomó posesión en 16 de Agosto de 1751, y murió de allí a seis años a los sesenta y siete de edad el día 9 de Octubre. Falta su retrato en el aula capitular, y sólo sabemos de él que era natural de Cortes, diócesis de Salamanca, y dignidad de maestreescuela de aquella Iglesia. Algunas memorias quedan aún de su genio nimiamente bondadoso. En el mismo año 1757 fue promovido a esta silla y tomó posesión de ella a 28 de Abril del siguiente 

XLVIII. D. Fr. Blas de Arganda, en el siglo Roldán, monje jerónimo, natural de la villa de Arganda. Había sido tres veces Prior del Real monasterio de S. Lorenzo y General de toda su orden. Fue prelado liberal con esta Iglesia, y con casi todas las de la diócesis: a la primera regaló una alfombra magnífica. Comenzó a destinar para seminario clerical la casa de los expulsos Jesuitas, fundando en él algunas becas. Pero habiendo muerto en 6 de Abril de 1770, no pudo ver cumplida esta grande obra, que estaba reservada para su sucesor

XLIX. D. Fr. Alonso Cano, natural de la Mota del cuervo, Trinitario calzado, de gusto y finura en las buenas letras. Tuvo varios cargos honrosos en su orden, fue calificador de la Suprema, censor de libros, y académico de la Historia. Fue electo Obispo en 22 de Junio de 1770, y tomó posesión de esta silla en 27 de Octubre del mismo año. Su primer cuidado fue la erección del Seminario conciliar, paso muy aventajado para la reforma del clero: suyas son las constituciones, el plan de estudios, y del gobierno interior en lo espiritual y temporal: mejoró y aumentó sus fincas, obteniendo privilegios de amortización, y socorriéndole con crecidas sumas en sus urgencias. Fue exacto en la observancia de los cánones sobre dispensas de proclamas, y no llevar derechos en las órdenes y licencias: alivió los gastos en las visitas de la diócesis, estando pronto a mantenerse a sus expensas si se lo hubiera permitido la generosidad del clero. Cooperó a las fábricas de varias Iglesias, y a que se hiciesen según el gusto de la sólida y sencilla arquitectura. Cuidó mucho de las religiosas de Caudiel, a quienes regaló libros, y les dejó fundadas dos fiestas. En ellas y en las que se celebraban en esta ciudad, manifestó cuanto deseaba promover la sólida devoción (a). 

(a) Copiaré acerca de esto las palabras del P. Fr. Manuel Denche, Trinitario calzado, en su oración fúnebre. “Reconoció (dice) ciertas festividades de los Santos, que llamaban de las calles, y se estremeció en su reconocimiento; porque halló que por un concepto equivocado de la verdadera piedad, o engañados de una falsa idea del culto verdadero, en estas profanidades de danzas, comedias, corridas de toros, y otras semejantes, se malograban no menos que noventa y seis días de cada año; y en ellas se daba fomento a la desenvoltura, ocasión a contiendas peligrosas, motivo a los alborotos arriesgados; y embebidos en estos abusos lastimosos y malogros lamentables del tiempo, los miserables se hacían más infelices, y crecía insensiblemente el descuido de las haciendas y el abandono de las familias, principio y raíz de muchos males. Abominó estas festividades, realmente profanas, aunque disimuladas con el pretexto de piedad... y en una carta circular llena de doctrina santa y de celo sagrado las prohibió con autoridad episcopal, y bajo de graves penas, mezclando en esta pastoral algunos rasgos y expresiones de indignación y de fuego, bien semejantes a las otras con que prohibió San Pedro Crisólogo los juegos que se hacían en Rávena en las calendas de Enero.” 

Fue muy limitado en sus gastos por socorrer a los pobres: promovió la agricultura, fomentando el plantío de olivos, y pagando tres o cuatro reales por cada uno que se plantase de nuevo: estableció en varios pueblos escuelas de primeras letras, y las puso bajo la protección real: formalizó y condujo el plan beneficial de la catedral y del obispado; y formó una biblioteca episcopal pública, que acredita su buen gusto y el deseo de la instrucción que quería fomentar en la capital y diócesis. Murió este gran Prelado en 7 de Abril de 1780 a los sesenta y nueve de su edad, dejando un nombre correspondiente a sus talentos, virtud y celo. Escribió un método de estudios monásticos, una disertación sobre la cabaña real, o ganados trashumantes, la topografía de Argel, y otros papeles eruditos.

L. D. Fr. Lorenzo Lay y Anzano, natural de Huesca, religioso dominico, trasladado del obispado de Albarracín, tomó posesión de este en 4 de Marzo de 1781. Su temprana muerte, ocurrida en 14 de Julio del mismo año a los sesenta y cuatro de su edad, privó a esta diócesis de las esperanzas que tenía fundadas en su buen talento y su distinguida carrera en la Universidad de Huesca, y en el gobierno acertado y pacífico de la diócesis de Albarracín. Sucedióle el actual Prelado 

LI. D. Lorenzo Gómez de Haedo. Nació en el Valle de Carranza del Señorío de Vizcaya, diócesis de Santander, a 23 de Octubre de 1737. Cursó el derecho canónico en Alcalá, y concluidos sus estudios, mereció la doctoral de Burgos, a pesar de sus pocos años, que no llegaban a los veinte y tres. A los treinta y seis de su edad le nombró el Rey Auditor de la Rota española, que se erigió en 1773, de donde siendo su decano fue promovido al cabo de once años a esta silla, cuya posesión tomó a 3 de Marzo de 1784, habiendo sido consagrado en Madrid a 1.° de Febrero del mismo año. Con la larga vacante habían nacido en el Seminario conciliar con menoscabo de su opinión varios partidos, en que tomaron interés muchos del pueblo, y aun algunos capitulares. Buena ocasión para que descubriera el nuevo Prelado su talento pacificador, su doctrina y su caridad. Adquirió a esta casa nuevas fincas, y mejoró las antiguas, dando sumas cuantiosas para que no decayese el decoro de un establecimiento, que siempre debe merecer el amor y celo episcopal. Mejoró el plan de estudios, con lo cual y con el esmero de la educación, ha logrado ya servirse para ministros de las Iglesias de los mismos que como tiernas plantas crecieron bajo su dirección. Después de esto volvió toda su atención a la Iglesia catedral, cuya fábrica y escasa dotación de sus beneficiados no podía ver con ojos serenos. Hizo una visita en que no dejó que desear a los sucesores acerca de las reducciones de misas, liquidación de obligaciones, dotación de ministros, y otras cosas pertenecientes al gobierno interior, aprovechándose de la buena armonía con su cabildo para que este ilustre cuerpo aplicase algunos fondos de su mensa a la congrua de los beneficiados. No le halló menos pronto a gastar gruesas cantidades para la renovación de la catedral de que ya hablé en mis cartas anteriores: edificio hermoso, fruto de una paz larga, que formará época en esta Iglesia. No son menos deudoras a su largueza las religiosas de esta ciudad y las de Caudiel, donde estableció y mantiene la vida común, supliendo frecuentemente lo que falta para su total asistencia. En el convento de Caudiel ha costeado los reparos del edificio, la sillería del coro, rejas, tribunas, sacristía, pisos y conductos de agua, mejorando la heredad que llaman de Pina, dándoles anualmente con que cubrir el atraso de cuatrocientos pesos, que hubieran padecido en cada uno de los diez años últimos. Ha contribuido también a la mejora de la enseñanza de primeras letras, erigiendo nuevas escuelas y aumentando la dotación escasa de los antiguos maestros: ha tomado bajo su protección a los expósitos y a los enfermos, porción la más acreedora a la beneficencia. Es de mucha edificación su humanidad y llaneza, especialmente con los pobres, a quienes socorre a manos llenas, y también su amor a la paz y su tino y prudencia en establecerla. Pocas diócesis de España podrán lisonjearse de lo que veo aquí, y es, que en los veinte años de esta prelacía, no se ha conocido el uso de los procesos criminales. Otras memorias de este pontificado contará la posteridad en los fastos de esta Iglesia, como el tiempo de la caridad, de la ilustración y de la paz y armonía tan conforme al espíritu del evangelio. 

Dios te guarde muchos años. Segorbe &c. 

CARTA XX. Prosigue la misma materia.

CARTA XX. 

Prosigue la misma materia. 

Mi querido hermano: No me detendré en averiguar aquí la época cierta de las reservaciones pontificias: punto oscuro por la lentitud con que se fue alterando esta parte de la disciplina, consintiendo en ello algunos de nuestros Reyes, y resistiendo otros. Lo que sé es que en esta Iglesia comenzó esta práctica a mediados del siglo XIV por haber fallecido in Curia el último Obispo. Duró esta reservación hasta los tiempos de Adriano VI, en que quedó adjudicada la provisión de obispados al Patronato Real. De fines del mismo siglo XIV he visto aquí provisiones del deanato y otras dignidades hechas por el Papa, porque vacaron intra dietam. Vamos pues con mi narración adelante. Al último Obispo D. Fr. Sancho Dull, de que hablé en mi Carta anterior, sucedió XIII. D. Elías, francés de nación, de la diócesis de Perigeux (o Petragoriense), residente en Aviñón. Fue elegido por el Papa Inocencio VI en el mes de Abril de 1357. Este Obispo es distinto de otro Elías, Cardenal francés, y residente en la corte de Aviñón, que fue juez en las instancias del nuestro para completar la obra de su antecesor. En los seis años de su pontificado dejó algunas memorias de su celo e ilustración, así en el aumento a canonicatos y creación de oficios, que ya dije en la Carta XVIII, como en el sínodo que celebró el año 1358 en Castelfabib, donde se venera el cuerpo de un S. Guillermo que muchos creen ser el de Aquitania, de lo cual hablaremos otro día. Murió este Prelado el año de 1363 en la provincia de Tolosa (Toulouse), donde ejercía el oficio de Nuncio del Papa Inocencio VI. 

XIV. Sucedióle D. Juan de Barcelona, elegido por Urbano V el mismo año; mas no pudo servir tranquilamente su oficio hasta el año 1366, en que fueron arrojadas de Segorbe las tropas de D. Pedro el Cruel. En el siguiente a 21 de Mayo celebró sínodo en la misma ciudad. En Mayo de 1370 le trasladó Urbano V a la silla de Huesca. Una de las cosas que más le agradece esta Iglesia, es la diligencia que puso en recobrar todos los papeles que Don Sancho Dull había dejado en Aviñón pertenecientes a los intereses de la diócesis.

XV. En Julio del mismo año trasladó el dicho Papa a D. Íñigo Valterra de la silla de Gerona a esta de Segorbe. Así el Señor Pérez como Villagrasa refieren con extensión los acontecimientos de este pontificado. Apuntaré lo de mayor interés a la historia de España. Tal es la embajada de este Obispo con su hermano Andrés Valterra al Papa Gregorio XI, pidiéndole la investidura del Reyno de Sicilia para el Rey de Aragón D. Pedro el IV (a: Véase Zurita Annal. lib. X. cap. 23.). Fue esto en 1377; y muriendo en el siguiente dicho Pontífice, sufrió nuestro Obispo el daño de no poder terminar la causa que litigaba contra el Obispo de Valencia D. Jayme de Aragón sobre los pueblos del río Mijares. Mayor herida recibió la Iglesia universal con esta ocasión por el cisma entre Urbano VI y Clemente VII. La indiferencia en que se mantuvo largo tiempo el Rey de Aragón dio ocasión a que nuestro D. Íñigo, trasladado por el Papa Clemente a la Iglesia de Tarragona el año de 1380, no pudiese tomar posesión de su nueva silla hasta el de 1387, reservándose en estos siete años el gobierno de la de Segorbe con el título de electo Tarraconense. En tiempo de este Prelado se cree haber predicado en Segorbe S. Vicente Ferrer llamado por el Infante D. Martín (futuro Martín I, que murió en 1410, y después vino el Compromiso de Caspe), entonces señor de esta ciudad, como lo da a entender la carta del Santo, de que hace mención en su vida el Maestro Antist (cap. 14.). Fundóse también por entonces junto a esta ciudad la Cartuxa de Val de Cristo, de que hablaré adelante. Otras dos cosas hizo este Prelado, en que cada cual halla que alabar o que censurar según sus ideas. La una fue crear una nueva dignidad, llamada Prepositura (praepositus), sin más carga que la de dar cien sueldos a un presbítero que diga la misa de la aurora, y apuntar la asistencia de los residentes en esta Iglesia para dar cuenta al Obispo. Condecoró con ella al Dr. Pedro Serra, natural de Xátiva, que después fue Cardenal y Obispo de Catania. Suprimió esta dignidad el sucesor D. Diego como inútil, y creada solamente para remunerar los trabajos de Serra en defensa de los derechos de esta silla. La otra fue confirmar en 1381 la división de las prebendas y disolución de la masa común: causam, dice el Señor Pérez, multarum litium, et abolendae paulatim residentiae. Acaso el celo de nuestro D. Íñigo no pudo resistir a las circunstancias de los tiempos, como ni tampoco el Cardenal Pedro de Luna, que se vio obligado a aprobar dicha resolución el año siguiente: envío copia de este documento. Murió aquel Prelado en Febrero de 1407, después de haber gobernado diez y siete años esta silla y veinte la de Tarragona. Obra suya es la capilla de S. Salvador del claustro de esta Iglesia, donde se ven sepulcros de sus deudos. En las ausencias que hizo de esta Iglesia consta haber sido gobernada por un Juan Obispo Doliense. Sucedióle 

XVI. D. Diego de Heredia electo por Clemente VII en 1387, luego que su antecesor pasó a la Iglesia de Tarragona. Siguió con S. Vicente Ferrer el partido de Benedicto XIII, con el cual se hallaba en Aviñón el año 1398 cuando sitiaron su palacio los franceses. En premio de su fidelidad le trasladó este Anti-Papa al obispado de Vique el año de 1400. Fue su Vicario general el Arcediano D. Salvador de Gerp, hombre de gran cuenta, cuya lápida sepulcral se lee en el claustro de esta Iglesia frente la capilla de S. Salvador. 

XVII. D. Francisco Regner, natural de Barcelona, electo el mismo año por Benedicto XIII. En el siguiente a 13 de Noviembre ya asistió a la consagración de la Iglesia antigua de la Cartuxa de Val de Cristo. En el de 1402 hizo constitución de que el Obispo, los Canónigos y Dignidades pagasen una capa dentro del año de su posesión. Debió de ser esta confirmación de la que he hallado sobre lo mismo entre las establecidas por el Obispo D. Elías y su Cabildo en 1358. Hallóse nuestro Prelado en el Concilio que el año 1408 juntó Benedicto XIII en Perpiñán contra el Concilio Pisano, y la elección que en él se hizo del Papa Alexandro V. Otros muchos Prelados españoles asistieron a esta junta, D. Pedro Luna, Arzobispo de Toledo, sobrino del Papa, D. Alonso de Xea, Arzobispo de Sevilla, D. Pedro Zagarriga (ça garriga), de Tarragona, D. García Fernández de Heredia, de Zaragoza, y otros. Murió este Prelado a fines del año siguiente 1409, dejando ordenadas muchas cosas para bien dé sus ovejas y perfección del culto (1). Parece ser el primero que mandó se pusiese cepillo en las Iglesias con el fin de recoger limosna para la fábrica, porque hasta este tiempo se halla sólo memoria de qüestores (cuestores; questio) o demandantes (2). 

XVIII. D. Fr. Juan de Tahust (Taust, Tauste, cinco villas) trasladado a esta silla por Benedicto XIII de la de Huesca al principio de 1410. Fue religioso de la orden de nuestra Señora de la Merced. No debe equivocarse con su tío Fr. Jayme de Tahust, General de dicha orden, que murió el año de 1405. He visto en este archivo una carta de este Obispo al General, que era entonces Fr. Bernardo Dezplá (d'Es Pla; del llano), fecha a 22 de Diciembre de 1417, en que confiesa haber recibido quinientos escudos de su tío con la obligación de restituírlos a su orden cuando pudiese. Documento donde parecía regular que hiciese mención de haber sido su individuo: y más tratándose de la pretensión que tenía el Real Fisco sobre dicha cantidad. Mas no lo hizo por ser notorio entre los suyos a quienes escribía. Fue hombre de gran crédito y confesor del Rey D. Martín. Gobernó esta Iglesia hasta el año de 1427, en que murió: en los postreros años necesitó por su ancianidad quien le ayudase en el gobierno de la diócesis. En su tiempo sucedió la vacante de la corona de Aragón por muerte de su Rey D. Martín (30-31 mayo 1410 en Valldonzella). 

El Señor Tahust defendió el derecho del Conde de Luna D. Fadrique de Aragón, nieto del mismo Rey, el cual al tiempo de morir se le dejó encomendado cuando apenas era de cinco años. Tuvo sínodo en esta ciudad a 25 de Abril de 1417. De muchas épocas que se conservan en este archivo consta que aún siendo Obispo de Huesca ya pagaba anualmente a la cámara de Benedicto XIII ciertas pensiones llamadas servicios comunes y también servitia minuta. Hay algunas del año 1416. Por donde se ve que aún durante el Concilio de Constanza se mantuvo en la obediencia de este Anti-Papa, la cual debió negarle a principios de 1417, desde cuya época no se hallan tales documentos. Emprendió este Prelado la fábrica del aula capitular, sobre cuya puerta antigua descansan en una urna sus huesos, que se hallaron enterrados en la capilla de su íntimo amigo S. Vicente Ferrer, fabricada en el mismo claustro. Se hizo esta traslación el año de 1608, como dice Villagrasa. Sucedióle uno de sus coadjutores. 

XIX. D. Francisco Aguilón, natural de Valencia, hijo de D. Francisco Aguilón y Doña Leonor de Muñoz, señores de Petrés (pone Petres), como asegura Viciana en sus Genealogías. Había ya sido Canónigo de Mallorca y Gobernador de esta Iglesia cuando el Papa Martino V le nombró su Obispo en 1428. Luego que se consagró, celebró sínodo a 18 de Octubre del mismo año en el Monasterio de Val de Cristo: buen principio de otras cosas memorables que debió establecer, de que no queda memoria. Hallóse en la villa de S. Mateo día 14 de Agosto de 1429, y asistió a la renuncia que hizo de su supuesto pontificado Gil Muñoz en manos del Cardenal Pedro de Fox, Legado de Martino V. Mas por alguna indisposición corporal dejó de asistir al Concilio de Tortosa, que pocos días después celebró el mismo Legado. Firma en él Vicarius generalis Episcopi Segobric., como se puede ver en Aguirre. Hállase en este archivo la convocatoria para aquel Concilio, cuya copia envío por no hallarla en dicho escritor. Nuestro Prelado gobernó esta Iglesia hasta el año de 1437 en que murió. 

XX. Con esta ocasión, y la que ofrecía el Concilio Basileense, y aun dicen que con decreto particular del mismo, eligió el Cabildo a un Canónigo y Chantre de esta Iglesia llamado Jacobo Gilard, o más bien Gerard, como le llaman todos los documentos de ese tiempo, hombre de crédito, y del Consejo del Rey de Aragón D. Alonso V. Con el favor de este príncipe, y de los que estaban por el Basileense pudo prevalecer contra D. Gisberto Pardo de la Casta, nombrado por Eugenio IV, y tomó posesión de esta silla a 10 de Noviembre de 1438, habiendo sido consagrado por el Metropolitano de Zaragoza D. Dalmacio. Por esta última razón me ha parecido contarle entre los Prelados de esta silla; lo cual no hiciera si en tiempos más quietos y pacíficos hubiera querido alterar la disciplina contradiciendo a la elección pontificia, que ya cerca de un siglo estaba en uso con casi general consentimiento de todas nuestras Iglesias. Mas el cisma turbaba los ánimos de nuestros Reyes, y el de Aragón estuvo largos años sin poderse convenir con el Papa Eugenio IV. Finalmente, trasladado D. Jayme Gerard a Barcelona en 1445, tomó luego posesión de esta silla 

XXI. D. Gisberto Pardo de la Casta, y la gobernó hasta el 1454, en que murió en Roma. Los hechos de estos dos Obispos están harto confusos aun en el episcopologio del Señor Pérez, dejándonos con la incertidumbre de no saber a cuál de ellos pertenecen. Se reducen a haber acompañado al Rey D. Alonso V en las guerras de Nápoles como sus Consejeros, y manejado algunos otros negocios políticos. Poco ganaría esta Iglesia con la ausencia de su pastor en tiempos tan difíciles. 

XXII. D. Luis Juan del Milá, natural de Xátiva, sobrino de Calixto III, fue promovido a esta silla el mismo año que su tío a la de S. Pedro. En el siguiente 1456 fue creado Cardenal título SS. quatuor coronatorum, y hecho Legado de Bolonia y del Exârcado de Ravena (Rávena). Villagrasa, que copió esto del Señor Pérez, leyó equivocadamente la legacía de Bohemia y del Exárcado de Baviera. También se equivocó Panvinio en llamarle Obispo Segoviense, y aun Platina que en lugar de Luis le llamó Lucio. Durante su ausencia gobernó esta silla el Obispo Doliense Julián Anadón. Muerto su tío volvió a España, y fue trasladado a la Iglesia de Lérida el año de 1461. Murió muy viejo en Bélgida, y está enterrado en el convento de Santa Ana, que es de mi orden, fuera de la villa de Albayda (Albaida). Antes de su regreso de Italia debió asistir al Concilio de Mantua celebrado por el Papa Pío II; y este es el que por equivocación llamó Zurita (lib. XVI. c. 58) Francisco, Obispo de Segorbe, pues no hay por aquellos años ningún Obispo de tal nombre en esta Iglesia. 

XXIII. D. Fr. Pedro Baldó, Abad del monasterio de Valldigna, parece valenciano, aunque el Obispo Balaguer dice que nació en Albarracín. Fue elegido por Pío II en 1461, y tomó posesión a 15 de Junio del mismo año. Apenas queda memoria de los hechos de este Prelado. Es verosímil que se hallase en el Concilio nacional de Lérida, convocado el año de 1461 de orden del Papa Pío II por el Arzobispo de Tarragona y Obispo de Elna, con el fin de tratar del subsidio para la guerra contra los turcos. Murió a 9 de Julio de 1473 en Albarracín, donde está sepultado. En (su) vacante, que fue de cinco años, intentó el Capítulo recobrar sus derechos antiguos, eligiendo a D. Gonzalo Fernández de Heredia, hermano de Juan Fernández de Heredia señor de Mora; pero al cabo de muchos debates tuvo este que ceder la silla al elegido por el Papa Sixto IV, el cual fue 

XXIV. D. Bartolomé Martí, natural de Xátiva y mayordomo del Cardenal Don Rodrigo de Borja. A pesar de ser legítima su elección, y de haberse verificado el año de 1474, no pudo tomar posesión hasta pasado un año, y aun el Señor Pérez alarga esta época hasta el 2 de Mayo de 1478. El estorbo que oponía el dicho D. Gonzalo, no pudo vencerse hasta que D. Bartolomé le prometió una pensión de veinte mil sueldos. Hallábase ya en su Iglesia el año de 1479, en el cual firmó el juramento de fidelidad hecho en Valencia al Rey D. Fernando el Católico. Del mismo año es el sínodo que dicen haberse celebrado en Segorbe, en el cual se le señaló el subsidio caritativo de ocho mil sueldos. De vuelta de un viaje que hizo a Roma, celebró otro sínodo en Xérica a 8 de Junio de 1485. Partió otra vez de allí a dos años a la misma corte, donde permaneció hasta su muerte, acaecida a 22 de Enero de 1500, disfrutando solos cuatro años de la dignidad de Cardenal con el título de Santa Águeda, a que le promovió el Papa Alexandro VI. Conservó el gobierno de esta silla hasta el año 1498, en que renunciando con facultad de regreso, fue elegido a 27 de Noviembre del mismo año. 

XXV. D. Juan Marradas, natural de Valencia. Tomó posesión en Febrero de 1499, y de allí a dos meses murió antes de salir de Roma, donde había servido al Papa Alexandro VI siendo cardenal. Volvió luego a tomar posesión de esta Iglesia el cardenal Martí, y a poco tiempo la resignó en favor de su sobrino, llamado 

XXVI. D. Fr. Gilaberto Martí, natural de Alcira, monje jerónimo del convento de Santa María de la Murta. Tomó posesión de esta Iglesia a 11 de Septiembre de 1500, y murió a 12 de Enero de 1530 en Valencia, donde pasó gran parte de su pontificado por las desavenencias con D. Alfonso de Aragón, duque de Segorbe. Mostró bien en tan largos años su caridad con motivo de la peste y de las revoluciones que afligieron a este reino, llamadas comúnmente la Germanía. Expendió grandes sumas en el reparo y adorno de su Iglesia y casa episcopal. Ejemplo que han seguido con ventajas otros Prelados. Obra suya es la sepultura donde aún hoy se entierran los Obispos; y la forma que hasta pocos años ha tenía la capilla y altar mayor, donde se colocaron varios cuadros, que algunos equivocadamente atribuyen a Juan de Joanes. En tiempo de este Prelado, es a saber en 1508, dicen que se descubrió a dos leguas de esta ciudad la imagen de nuestra Señora, que llaman de la Cueva santa, de que hablaré otro día. Sucedióle en el gobierno XXVII. D. Gaspar Jofre de Borja, el primero de esta Iglesia en quien los Reyes de España ejercieron su patronato, según lo convenido con el Papa Adriano VI. Era natural de Valencia y Arcediano de aquella catedral, y el mismo a quien muerto su Arzobispo D. Alfonso de Aragón eligió el Cabildo en 1520 para su sucesor. Mas quedó todo sin efecto, porque el Papa León X nombró para Arzobispo de Valencia a D. Erardo de la Marca a presentación de Carlos V. Fue después provisto por el Papa Clemente VII en esta silla, de la cual tomó posesión a 6 de Febrero de 1531. En el mismo año ya celebró sínodo en Chelva a 30 de Agosto. Fue Prelado liberal y de gran corazón. Consagró la Iglesia mayor que su antecesor había reparado; y por haberse hecho esta ceremonia Domingo a 7 de Mayo de 1534, mandó que anualmente se celebrase esta dedicación en la dominica de Mayo más próxima a la fiesta de S. Estanislao. Confirmó el año de 1548 la constitución de las insignias o armiños blancos en las capas de los Canónigos, la cual aprobó después Julio III, porque hasta este tiempo sólo habían usado de pieles de color gris. Obedeciendo a la convocatoria de Julio III se halló en la continuación del Concilio Tridentino el año de 1551, llevando consigo al Dr. Jayme Ferruz, valenciano. De este teólogo por equivocación dijo Pallavicino que acompañó al Obispo de Segovia (a: Hist. Conc. Trident. Lib. XII. cap. X. núm. 24.). Pocos años se detuvo allá, pues sabemos que murió de apoplexía (apoplejía) en Valencia a 18 de Febrero de 1556. El mismo año se imprimió en Valencia el breviario segobricense que él había corregido, y es la única memoria de este género que se conserva. Sucedióle el mismo año y a 6 de Septiembre 

XXVIII. D. Fr. Juan de Muñatones, natural de Briviesca, del orden de S. Agustín. Asistió a la conclusión del Concilio Tridentino, y subscribió en él. De vuelta a España se halló en el Concilio provincial de Zaragoza, que celebró su Arzobispo D. Fernando de Aragón en 1565; y el año siguiente tuvo sínodo diocesano en Vivel a 1.° de Junio. Entre varias muestras que dejó este Prelado de su caridad episcopal, es muy digna de ser imitada la fábrica del puente que construyó junto a Xérica en el camino real de Zaragoza, gastando en ella tres mil y quinientos ducados. Hízose el año de 1570, como lo testifica la inscripción que en él se puso y publicó Pons (tomo IV. Carta 7. núm. 32.). Murió finalmente en Valencia a 15 de Abril de 1571: su cuerpo fue trasladado primero a Segorbe y después a su patria, donde yace en la Iglesia Colegial. Fue hombre muy docto; después de varios cargos de su orden se hallaba de maestro del Príncipe D. Carlos, primogénito de Felipe II cuando le hicieron Obispo. No contribuyó poco con sus luces a la formación de las nuevas constituciones que se hicieron en Valencia para los moriscos recién convertidos; donde se juntó el año de 1568 con el Arzobispo de aquella silla D. Fernando Loazes, el de Orihuela D. Gregorio Gallo, el de Tortosa D. Martín de Córdoba, y el Licenciado Miranda, Comisario inquisidor en la causa de los moriscos. Era grande amigo de Santo Tomás de Villanueva, cuyos sermones recogió e ilustró con una docta prefación, que se halla en la primera edición de 1572. 

XXIX. D. Francisco de Soto Salazar, natural de Ávila en Castilla la vieja, se hallaba de Consejero de la Inquisición cuando, a presentación de Felipe II, fue nombrado por San Pío V para este Obispado el año de 1571. Pocos meses después fue hecho Comisario general de la santa Cruzada: destino que le obligó a residir continuamente en la corte, y a dejar pocas memorias de su celo y beneficencia entre sus feligreses. Sólo sabemos que en el año segundo de su pontificado publicó el decreto de S. Pío V sobre la uniformidad de los oficios eclesiásticos, expedido ya cuatro años había. También es memorable este Obispo por acabarse en él la época de la unión de las Iglesias de Segorbe y Albarracín. Fue así que trasladado nuestro D. Francisco a la de Salamanca a 21 de Julio de 1576, el Papa Gregorio XIII, a instancias del Rey Felipe II, dividió estas Iglesias, que desde los tiempos de Alexandro IV permanecieron unidas por espacio de trescientos diez y ocho años. Expidió su Bula a 21 de Julio de 1577. En la copia que envío verás las causas que le movieron a ello, y las nuevas disposiciones que se tomaron para el decoro y mayor ornato de esta Iglesia (a: Véase el apéndice núm. XIII.), la cual fue hecha sufragánea de la de Valencia, quedando Albarracín en la jurisdicción antigua de Zaragoza. Nuevo orden de cosas y nueva serie de Prelados, que pide nuevos alientos: veremos si los tendré para continuar el correo siguiente. 

Dios te guarde. Segorbe &c. 

NOTAS Y OBSERVACIONES. 

(1) Parece ser el primero que mandó se pusiese cepillo en las Iglesias, con el fin de recoger limosna para la fábrica. La necesidad de recoger para este fin limosna en cepillos, o por medio de demandantes, nació de haberse olvidado los cánones en que se prescribía a los Obispos el uso de las rentas eclesiásticas, en cuya distribución, que llama S. Gregorio M. canonica partitio, por decreto del Concilio romano, celebrado en tiempo de S. Silvestre Papa, se asignó a la fábrica de las Iglesias la cuarta parte, y en España la tercera, como consta del Concilio Tarraconense del año 516 (can. VIII.) y de los Toledanos, IV (cap. XXXII.) y IX (cap. VI.), y de otros. No fue este el primer plan de la Iglesia en el repartimiento de los bienes eclesiásticos. Porque en los primeros tiempos se dejaba esto al juicio de los Obispos, como consta de los cánones llamados apostólicos (can. XIV.), donde se lee: Pracipimus ut in potestate suàm Episcopus Ecclesiae res habeat; y antes (can. V.), se previene también que los dones de los fieles se lleven a la casa del Obispo y del Presbítero para que a su juicio se distribuyan entre los Diáconos y los demás Clérigos. Sobre lo cual escribió una sabia y piadosa carta a todos los Obispos Urbano I (V. Loaysa Not. ad can. VIII. Concilii Tarracon. ann. DXVI.). Sin duda se observaron algunos defectos en la distribución de estas rentas, y descuido en los puntos principales a que debían destinarse, cuando ya el Concilio XVI de Toledo, celebrado en 693, se queja de que se echaba de ver quorundam consuetudo inordinata Sacerdotum, qui Parochias suas ultra modum diversis exactionibus vel angariis comprimunt, vel quòd quamplures Ecclesiae destitutae persistunt (can. V.). Para precaver estos males mandó, ut tertias, quas antiqui conones de Parochiis suis habendas Episcopis censuerunt, si eas exigendas crediderint, ab ipsis Episcopis diruptae Ecclesiae reparentur: si vero eas maluerint reddere, ab earundem Ecclesiarum cultoribus, sub curam et sollicitudine sui Pontificis,  reparatio eisdem adhibenda est basilicis. Separada la tercera parte de estas rentas para la fábrica por decreto del primer Concilio de Braga, se encomendó su administración al Arcediano o al Arcipreste con la obligación de dar cuenta de ello al Obispo; cuyo plan, observado primero en toda Galicia, le adoptaron adelante las otras provincias de España. Sin embargo de esta ley general, el citado Concilio XVI de Toledo dio licencia a los Obispos para que en el caso de estar bien conservadas o reparadas las Iglesias, dispusiesen de la tercera parte de la fábrica. Quod si omnes Ecclesiae, dice, aut incolumes fuerint, aut, quae diruptae erant, reparatae extiterint, secundum antiquorum canonum instituta, tertias sibi debitas unusquisque Episcopus assequi si voluerit, facultas illi omnimoda erit, ita videlicet, ut citra ipsas tertias, nullus Episcoporum quippiam pro Regis inquisitionibus a Paroquitanis Ecclesiis exigat, nihilque de praediis ipsarum Ecclesiarum cuiquam aliquid causa stipendii dare praesumat (Conc. Tolet. XVI. c. V.). Algún defecto pudo caber en el uso de esta licencia, cuando en los siglos posteriores se ha observado desigualdad en las dotaciones para la fábrica de algunas Iglesias, y en otras extrema necesidad de sostenerse y repararse con limosnas. 

(2) Hasta ese tiempo se halla sólo memoria de cuestores o demandantes. A estos cuestores o demandantes pudo dar ocasión en España la falta que hizo para la reparación de los templos la tercera parte de las rentas eclesiásticas, otorgada por la silla apostólica a D. Alonso X, Rey de Castilla y de León, hacia los años 1275, para ayuda a los gastos de la guerra contra los moros (Mariana, historia de España, lib. XIII. cap. XXII.), No hablo de los tiempos anteriores, en que los Reyes de España, señaladamente los de León, conservando los derechos de la monarquía goda, fueron dueños de los diezmos eclesiásticos, no sólo por haber ganado la tierra de los moros, dice Sandoval (Cron. de D. Alfonso VII .cap. 66.), pues antes que se perdiese España usaban de este derecho, y después de perdida le tuvieron en tierras que nunca los moros ganaron, y en otras que cobraron de los moros, antes que los Papas diesen las bulas a los Reyes de Aragón. De esto hay varías memorias. En el privilegio otorgado por D. Alonso el Sabio a la Catedral de Segovia a 13 de Septiembre de 1258, se ve que pertenecía a la real hacienda la percepción del diezmo de todo el aceite del Alxarafe (aljarafe) de Sevilla, y los diezmos de los donadios hechos en la conquista de Sevilla a los Obispos, Ricoshombres y órdenes Militares (V. el Ilustrador de Mariana t. V. pág. 124.), Duró este señorío de nuestros Reyes por lo menos hasta el reinado de D. Alonso VI, el cual habiendo conquistado a Toledo, tratando de restaurar y dotar su Iglesia metropolitana, entre otras donaciones le concedió tertiam partem decimarum omnium Ecclesiarum quae in ejus dioecesi fuerint consecrata. Publicaron este documento los editores de la historia de Mariana en Valencia. T. V. apénd. I. pág. 397.

La concesión de estas tercias hecha a D. Alonso X en el siglo XIII la confirmó el Papa Martino V, destinándolas al mismo objeto de la guerra contra infieles, con la condición de que de veinte en veinte años se partiese aquella tercera parte entre la fábrica de las Iglesias y la Cámara apostólica. Revocó después esta concesión Sixto IV. Pero hacia los años 1475 volvieron las cosas al estado que describe Odorico Raynaldo (ad ann. 1475. n. 19. 20.), quedando muchas de nuestras Iglesias en el pie de las de otros reinos, donde no se destina parte de los diezmos para la fábrica. Merecen leerse sobre esto Tomasino (Vet. et nov. Eccl. discipl. p. III. lib. II. cap. XXXVI. n. IX.) y nuestro Salgado (de reg. protect. p. III. cap. V.). Separada de su institución la parte destinada para la fábrica y reparación de las Iglesias, hubo necesidad de suplir esta falta con las limosnas particulares de los fieles. Para este fin los Prelados y los Cabildos nombraban de entre el pueblo recaudadores y tesoreros de aquel caudal, templando en algún modo lo prevenido por el Concilio Calcedonense acerca de esta intervención de los seglares en la administración de los bienes eclesiásticos (Tomasino loc. laud. n. VI.). Este fue el principio de las que ahora llamamos juntas de fábrica, presididas regularmente por los Párrocos u otras personas eclesiásticas constituidas en dignidad. Es verosímil que para evitar las molestias que trae consigo toda recaudación comenzasen a ponerse estos cepos o arquillas en las Iglesias donde acuden los fieles, para que se recogiese la limosna de la fábrica sin incomodar a nadie del pueblo

CARTA XIX. Catálogo de los Obispos Segobricenses.

CARTA XIX. 

Catálogo de los Obispos Segobricenses

Mi querido hermano: La experiencia me ha hecho ver cuan útil, y aun necesario es para el desempeño de mi comisión tener a la vista un catálogo exacto de los Obispos que gobernaron las Iglesias. No basta saber los ritos particulares de ellas; es preciso averiguar también la época de su establecimiento, decadencia o abrogación. Lo cual sería tan difícil sin la serie cronológica de los Obispos, como sin la de los Reyes el ordenar los sucesos que presenta la historia civil. Mas como la noticia circunstanciada de los Obispos da luz a la historia de sus Iglesias, debo extenderme en estos catálogos algo más que en el de los Prelados de Valencia, cuya serie cronológica bastaba para ilustración de la liturgia a que estaba ceñida por entonces mi comisión. Diré pues brevemente de los Obispos Segobricenses de la Iglesia antigua y moderna, cuanto pueda ilustrar nuestra literatura eclesiástica. Y digo de la Iglesia antigua, porque mientras no se demuestre lo contrario, no osaré quitar a los Prelados modernos Segobricenses la gloria de ser sucesores de los antiguos. Para la formación de este catálogo he tenido presente un episcopologio MS. que conserva en su archivo esta Iglesia, escrito por el sabio Obispo D. Juan Bautista Pérez hasta su tiempo, y continuado por otro hasta el 1659: item, el que publicó el Obispo de Albarracín D. Fr. Andrés Balaguer de los Prelados de su Iglesia, y va al principio del sínodo que celebró en 1604: el que imprimió en las antigüedades de la Iglesia de Segorbe su canónigo D. Francisco Villagrasa año 1664; y también lo que de los antiguos Obispos dejó escrito Flórez en su España sagrada. De propósito omito los Obispos que Villagrasa, sin poder averiguar sus nombres, supone haber asistido a los Concilios I y II de Toledo, y también al Valentino. No es inverosímil que a fines del siglo V y principios del VI tuviese Segóbriga Obispos que asistiesen a aquellos Concilios; pero supuesto que ellos en las firmas no expresaron sus sillas, vamos a los ciertos e indubitables de que nos queda memoria.

I. Próculo es el primer Obispo Segobricense, de quien consta que el año 589 asistió al Concilio III Toledano, en que el Rey Recaredo con toda su corte abjuró el arrianismo. De los sesenta y dos Obispos que se hallaron presentes el nuestro firma en el número 23: único Prelado de esta silla y católico, teniendo otras Iglesias dos Obispos, uno de ellos arriano, como sucedió a la de Valencia, donde a más de Celsino católico, se hallaba Wiligisclo que abjuró en el mismo Concilio.

II. Porcario (no Portario como dijo Ambrosio Morales, ni Poscario como escribió Loaysa) asistió el año 610 a un Concilio extraordinario de Toledo, reinando Gundemaro, en el cual se trató de no reconocer otra metrópoli en la provincia Cartaginense que Toledo. Firmó este Obispo en el décimo lugar entre los quince Prelados que asistieron. 

III. Antonio se halló en el IV Concilio Toledano de 63 tan célebre por la uniformidad de la liturgia que en él se estableció. Firma este Prelado en el número 46. El M. Flórez supone que sólo asistieron a este Concilio sesenta y dos Obispos; mas el Señor Pérez dice que fueron sesenta y seis. En los Concilios siguientes V y VI firma por este Obispo Antonio un Diácono de su Iglesia llamado Vamba, y también Pedro; altero scilicet nomine Gotthico, añade Pérez, altero magis ecclesiastico. Vacaba sin duda esta silla por los años 646 en que se celebró el Concilio VII de Toledo, puesto que no se halla suscripción alguna perteneciente a esta Iglesia.

IV. Al VIII, celebrado en el año 653, quinto de Recesvindo, asistió Floridio, Obispo de Segóbriga, firmando el decimoquinto.

V. Eusicio subscribió en los dos Concilios Toledanos IX y X celebrados en 655 y 656. Del primero dice el Sr. Pérez que sólo fue de nueve Obispos, cuyas suscripciones vio en los MSS. de Toledo y del Escorial. Loaysa y el P. Flórez aumentan su número hasta diez y seis. 

VI. Memorio, Obispo Segobricense, asistió al Concilio XI de Toledo de 675, y al XII de 681. Acerca de este último Concilio dice el Obispo Pérez: “Illud observandum subscriptionem in libris impressis esse mendosam. Nam ibi legitur Memorius Egobinensis, et Ella Segobricensis, quem errorem secutus est Antonius Beuter historicus, dicens in hoc Concilio Ellam fuisse Segobricensem; cum in libris Gotthicis aperte legatur Memorius Segobricensis, et Ella Segontiensis, quae nunc est Siguenza (Sigüenza). Nam Episcopatus Egobinensis nusquam legitur inter Episcopatus Hispaniae; et hunc ¡psum errorem librorum impressorum animadvertit Ambros. Morales historicus.”

VII. Olipa asistió a los Concilios XIII y XIV de Toledo en los años 683 y siguiente. Villagrasa atrasó un año estos Concilios sin decir por que se apartaba de la cuenta y parecer del Señor Pérez, cuyo episcopologio me consta que tenía presente. 

VIII. Anterio subscribe como Obispo de esta silla en los Concilios Toledanos XV del año 688 y XVI del 693. En el siguiente 694, séptimo del Rey Egica, se celebró el Concilio XVII, en el cual, aunque carece de suscripciones, es verosímil se hallase este mismo Prelado, último de los Segobricenses que sabemos anteriores a la invasión de los sarracenos; la cual es también muy posible que alcanzase, como acaecida diez y siete años después poco más o menos. 

Permaneció esta silla sin Obispo por espacio de 460 años, con poca diferencia hasta el de 1172, en que habiendo dado el Rey Moro de Valencia a D. Pedro Ruiz de Azagra, caballero navarro, la ciudad de Albarracín, que otro llamaron Abenrazin; y queriendo el nuevo Señor honrarla con Obispo propio, acudió al Cardenal Legado Jacinto Bobo, que después fue Papa Celestino III. Con esto, y con la facultad que dio Urbano II a D. Bernardo Arzobispo de Toledo y sus sucesores, de poner Obispos en los lugares que se fuesen conquistando de los moros, logró Azagra ver cumplidos sus deseos, eligiendo D. Cenebruno, que a la sazón era Arzobispo de Toledo, para Obispo de Albarracín a un Canónigo de su misma Iglesia llamado 

I. D. Martín, al cual se le dio el título de Arcabricense, o como quieren otros Ercavicense, por haberse creído que Albarracín estaba comprendido en el territorio del antiguo obispado de este nombre. Pero cuatro años después, averiguado mejor este punto, se vio que Albarracín pertenecía a la diócesis Segobricense, asignándose luego a la de Cuenca, que se erigió en 1182, todo el territorio que fue de los obispados antiguos Arcabricense y Valeriense. Los nuestros siempre se llamaron Segobricenses, aun durante el espacio de setenta años, que tardó Segorbe en salir del cautiverio de los moros. Y así con razón comienza la serie de los Obispos modernos de Segorbe por este D. Martín; el cual juró obediencia al Arzobispo de Toledo D. Martín López de Pisuerga como a su metropolitano en el año 1200 a 15 de Septiembre. En el instrumento que se hizo con esta ocasión, y existe en Toledo, habla así dicho Obispo: Ego Martinus Segobricensis Episcopus, cum Ecclesiam S. Mariae de Barrazin, quam modò pro sede habeo... subiectionem et reverentiam promitto vobis Domino Martino Metropolitano meo, Toletanae sedis Archiepiscopo, sicut in consecratione meam antecessori vestro Domino Cenebruno promissi &c.... El Señor Pérez, que copió del documento original estas palabras, añade que en él sólo firman ocho clérigos de Albarracín, entre ellos dos Canónigos, dos Diáconos y un Porcionario, y siete Párrocos, es a saber, de Torres, Moscardón, Roncales, Náxera (Nájera), Oriola (Orihuela), Frías y Calomar. Créese que era este primer Obispo Canónigo de Toledo. Pérez lo infiere de una constitución hecha por D. Cenebruno, era 1210 (año 1172), de número quadragenario Canonicorum, a la cual subscriben todos ellos, no con nombre de Canónigos, sino de Presbíteros, Diáconos y Subdiáconos; y en la primera clase entre los más antiguos se halla Martinus Presbyter. Puedes certificarte de ello en la copia adjunta (a: V. apéndice n. I.). Tengo por harto bien fundada esta conjetura, constando por otros ejemplares que los Arzobispos de Toledo solían nombrar Obispos de las Iglesias sufragáneas a los Canónigos de la suya. Es casi cierto que en tiempo del dicho Don Martín se establecieron las constituciones antiguas de esta Iglesia, gran parte de las cuales convienen hasta en las palabras, como dice Pérez, con las antiguas de Toledo. Debieron establecerse desde el año 1172 hasta el 1208 en los tiempos de D. Cenebruno, o de D. Martín López de Pisuerga, Arzobispos de Toledo, cuyos pontificados alcanzó nuestro D. Martín (b). 

(b) Del Arzobispo López de Pisuerga consta que hizo una constitución para esta Iglesia, estableciendo el modo de partir los frutos entre el Obispo y el Cabildo, la cual confirmó el año 1232 el Arzobispo D. Rodrigo, como resulta del instrumento que se conserva en este archivo. 

No sabemos fijamente el año de su muerte; mas como la primera memoria de su sucesor sea del año 1213, bien puede conjeturarse que vivió hasta ese tiempo. Sucedióle II. Hispano, el cual sin duda era el deán de la Iglesia de Toledo, a quien tres años antes escribió el Papa Inocencio III; la carta se halla entre las impresas (a: V. epist. Innoc. III, lib I. epist. 10.). Lo cierto es que era ya Obispo Segobricense en 1213, en que a instancia del Señor de Albarracín Don Pedro Fernández de Azagra partió a Roma a tratar con dicho Papa de la libertad del niño Rey D. Jayme I, detenido por el Conde Simón de Monfort, contribuyendo a la restitución de dicho Príncipe (b); 

(b) V. Hist. Roder. Tolet. lib. VI. c. V., donde dice: venerabili Episcopo Hispano sollicite procurante etiam propriis sumptibus V. Zurita Annal. lib. II. c. 66. 

la cual verificó de orden del Papa Inocencio el Cardenal de Benevento Pedro de Mora. Así por esto, como por su literatura y virtud dicen que mereció ser nombrado por el mismo Cardenal Maestro de dicho Príncipe. Dos años después volvió a Roma a la celebración del Concilio Lateranense IV con su Metropolitano D. Rodrigo Ximénez y otros Obispos españoles, cuyos nombres refiere el Señor Pérez tomándolos del libro de los privilegios de la Iglesia de Toledo, y dice que faltan en los ejemplares impresos. Porque sé que no te disgustará esta noticia, pondré aquí sus palabras. Dice, pues, que asistieron a este Concilio Petrus Compostellanus, Garsias Conchensis, Gerardus Segobiensis, Melendus Oxomensis, Joannes Calagurritanus, Joannes Ovetensis, Martinus Civitatensis, et N. Vicensis Episcopus, Procurator Sparagi Archiepiscopi Tarraconen. absentis et G. Bracaren. Archiepiscopus, et alii. Por esta nota se ve que es yerro de imprenta el nombre de Segobiensis, que se da a nuestro Hispano en la historia del Arzobispo D. Rodrigo; pues a más de que no se halla ningún Obispo de este nombre en el catálogo de los de Segovia, a este Concilio, en que firmó Hispano Segobricense, asistió también Gerardo Segobiense. Murió este Prelado a 11 de Diciembre de 1215, como se nota en el libro viejo de los aniversarios de Toledo. Y aun por eso el Señor Pérez, a quien debemos esta noticia, sospecha que murió en aquella ciudad. Lo cual es harto inverosímil, siendo cierto, como lo es, que el citado Concilio no se concluyó hasta el día 30 de Noviembre del mismo año. Tampoco se puede saber con certidumbre si este Hispano es el que Gauberto Fabricio en la Historia antigua de Aragón llama Raymundo Hispano; ni si era su pariente un Bernardo Español, soldado, que se halló en la conquista de las Islas Baleares, año 1228, de quien hace mención Zurita (a: Annal. lib. III. cap. 4.). Lo cierto es que este mismo Obispo es el que la crónica del Rey D. Jayme (atribuida equivocadamente a este Príncipe), tratando de su restitución a los señoríos legítimos, llama en lengua lemosina: Lo Bisbe Nispan, porque esto equivale a En Hispan o D. Hispan (Hispán), lo mismo que Nugo y Not, y Namfós valen D. Hugo, D. Oto, y Don Alfonso.

III. Egidio, o Juan Egidio Gil, cree el Señor Pérez que debe ser colocado en este lugar como sucesor de Hispano desde el 1216 hasta el 1222. En una nota que se lee con alguna dificultad, cuando habla de D. Martín, dice estas palabras: Hic Egidius Episcopus videtur interponendus: nam alibi vix potest, vel certè post Hispanum, non post Dominicum. Por donde no parece tan infundada, como pretende Villagrasa, la cuenta del Ilustrísimo Balaguer que hace a este D. Juan inmediato sucesor de D. Martín. Tampoco sería reprensible el que le colocase después de D. Ximén desde el 1245 hasta el 1247, porque en la escritura de donación de Zeyt Abuzeyt de 1238, el primer testigo es AEgidius Archidiaconus, (página borrosa)* calidad que todos le conceden antes de *ser Obispo. Como quiera, la cosa es oscura, y por ahora estos seis años desde la muerte de Hispano hasta que nos consta de su sucesor, quedan huecos si no suponemos Obispo Segobricense a este D. Gil. Inciertos son también los principios del Obispado de  

IV. D. Domingo, del cual sólo sabemos que era ya Obispo en 1223, en que acepta la donación de ciertos viñedos que hizo a su Iglesia D. Pedro Fernández de Azagra, tercerSeñor de Albarracín en la era 1261, la cual he copiado (a: Véase el apéndice núm II.). Lo era también en 1232 en que D. Rodrigo, Arzobispo de Toledo, estando en Brihuega hizo la constitución sobre la división de diezmos en esta Iglesia, de que antes hablé. Parece que debieron hallarse en el mismo lugar con dicho Arzobispo nuestro Don Domingo y los diputados de su Cabildo, pues todos firman de su mano esta concordia, que quedó rubricada con los sellos del Arzobispo y del Obispo y capítulo Segobricense; de estos sellos sólo se conserva el último, el cual está grabado en cera roja (pone roxa), y representa una imagen de nuestra Señora sentada con el niño en los brazos, y alrededor estas palabras: S. Capituli Segorbic. et S. Mariae de Albarracino (a: Véase este documento en el apéndice núm. III.). En el año siguiente asistió nuestro Prelado al Rey D. Jayme I en el sitio y toma de Burriana, y dijo la primera misa en los lugares conquistados de Almenara y Olocau, protestando que tomaba esta posesión por su Iglesia y por la de Toledo. Del mismo año 1234 se conserva la respuesta del capítulo de Toledo, al cual, por hallarse ausente el Arzobispo D. Rodrigo consultaron nuestro Obispo y su capítulo sobre la pretensión del cuarto Señor de Albarracín D. Álvaro Pérez de Azagra, que contra la voluntad de ellos quería elegirse sepultura en la Iglesia de dicha ciudad. Usaron en esto sin duda de la facultad que el Papa Celestino III había concedido el año 1192 al capítulo de Toledo, para que vacando su silla pudiese oír las apelaciones de los sufragáneos. De cuya concesión, por si no la has visto envío copia (a: Véase el apéndice núm. IV ?? No se ve bien). Siendo ciertos como lo son estos datos, debemos fijar su muerte en el mismo año 1234; pues por otra parte en el siguiente ya era Obispo de esta Iglesia V. D. Guillermo, como consta de la donación que le hizo el Rey D. Jayme de la alquería llamada Teresa, hoy pueblo grande a la orilla del río Palancia, no lejos de esta ciudad; su fecha en Barcelona a 13 de Septiembre de 1235. Villagrasa cree que aquel Obispo era el Arcediano de esta Iglesia, llamado comúnmente el Maestro Guillermo. No me atrevo a contradecirlo, y más estando de por medio la autoridad del Señor Pérez, que también lo asegura. Pero séame lícito observar que acaso *pudieron equivocarle con un Maestro Guillermo, *Ar, que suena en el instrumento **ción que hizo el capítulo para * Iglesia en la persona de D. Pedro Ximénez de Segura año 1272. Como quiera, merece particular memoria este Prelado por haber sido el primero a quien se sujetó y donó sus posesiones el Rey Moro Zeyt Abuzeyt, arrojado de Valencia por la tiranía de Zaen. Acaso debía el neófito a nuestro Obispo la instrucción en la fe y la administración del bautismo, aunque Casiri pone su conversión el año 1229 (a: Véase la nota primera a la Carta antecedente.). Hízole pues donación con escritura pública, fecha en Teruel a 23 de Mayo de 1236, de Segorbe y otros lugares que quedaron a su devoción (b: Véase el apéndice núm. V.). Dícese que Zeyt obtuvo privilegio de la Sede apostólica para dar sus estados a la Iglesia que quisiese. Así lo asegura su nieto D. Gonzalo Ximénez de Arenós en el proceso de D. Sancho Dull. Acaso hizo esto en virtud del privilegio general de Urbano II dirigido al Rey D. Pedro de Aragón y Grandes del Reyno, para que diesen los lugares que fuesen conquistando a los Obispos que quisiesen. Y en efecto este mismo privilegio, como dice el señor Pérez, alegó el año 1247 D. Ximén Pérez de Arenós, hermano de dicho D. Gonzalo, para dar los diezmos de Andilla a Pedro, Arzobispo de Tarragona, como a su metropolitano, y al Obispo de Valencia como a su diocesano. Sea de esto lo que fuere, la donación no tuvo de pronto el efecto deseado; antes quedó oculta, porque los moros que se conservaban sujetos al dominio de Zeyt no se le rebelasen sabida su conversión. Esta y otras causas de la pobreza en que se vio este Obispo, obligaron al Papa Gregorio IX a recomendarle al Arzobispo de Toledo y sus sufragáneos para que le socorriesen, et non cogatur (dice) in opprobrium Pontificalis officii mendicare; la fecha de esta carta es de 9 de Enero de 1237. El mismo día escribió al Rey S. Fernando de Castilla, exhortándole a que cooperase a la conquista de Segorbe, y a que su Obispo quedase en posesión de esta ciudad y de los otros lugares que le pertenecían (a: Se hallarán estas dos Cartas en el apéndice en los números VI y VII.). 

Poco más debió de vivir este Obispo, pues ya en el año siguiente 1238 a 19 de Abril confirma Zeyt su primera donación al Obispo Segobricense. 

VI. D. Ximeno. Llamo así a este Obispo, porque así le nombran en la copia legalizada en el siglo XIV de la escritura de venta del lugar de Tramacastiel hecha por Doña Teresa Cascant y su hijo Martín Egidio al Obispo y Cabildo Segobricense pro 700 aureis Alphonsinis, fecha en la era 1277 (año 1239). El Señor Pérez le llama Simón, porque en el instrumento de la nueva donación de Zeyt se nombra este Obispo con la inicial S. Mas esta letra también pudo serlo de Simino o Semeno. Como quiera, este Obispo es a cien el Rey Zeyt Abuzeyt confirmó y aumentó la donación que tenía hecha a su antecesor; cuyo instrumento original con la firma del Rey en lengua árabe he visto y copiado (a: Véase el apéndice núm. VIII.). Hallóse este Prelado en el sitio y toma de Valencia, donde sostuvo los derechos de su metropolitano, diciendo la primera misa en la Iglesia de S. Vicente Mártir, extramuros de la ciudad, y ganada esta hizo lo mismo en la de S. Miguel, dando además sepultura al primer difunto en la mezquita mayor ya purificada y bendecida. Consta esto del proceso que guarda la Iglesia de Toledo acerca de la jurisdicción que esta metrópoli y la de Tarragona pretendían sobre la de Valencia: la cual el año siguiente 1239 quedó adjudicada a la de Tarragona, accediendo en esto el Papa Gregorio IX a los deseos del Rey D. Jayme. Entrando luego este feliz conquistador en posesión de Segorbe sin fuerza de armas por los años 1245, pasó el Obispo Ximeno a tomar posesión de su silla diciendo misa en el arrabal. Mas fue tal el alboroto de los moros al oír la campanilla, que se vio precisado a huir para salvarse de su furor (a). (a) Están contestes los Autores en este hecho; mas en el proceso de D. Sancho Dull del año 1323 depone un testigo haber oído decir a su padre, que se halló presente a este acto de posesión, que los moros se sosegaron luego que el Obispo concluyó el sacrificio, y que á otro día partió de Segorbe. Hay algunos otros contestes, salvo que atribuyen esto al siguiente Obispo D. Pedro; cuyo pontificado debió comenzar el mismo año 1245. 

Poco más vivió este Prelado; pues como veremos, en 1247 ya suena un Pedro, Obispo Segobricense, que tomó posesión de esta silla para tener el dolor de ser despojado de ella con violencia. Será preciso extenderme un poco en declarar quién fue este sucesor de D. Ximeno. He visto en el archivo de esta Iglesia el instrumento original de la donación que un P. Obispo Segobric. hizo a Pedro de Alcalá de la mitad de los diezmos de Olocau, Azaneta y Chodos en 13 de Diciembre de 1247. Por otra parte todos convienen en que se llamaba Pedro el Obispo arrojado de esta Iglesia por el de Valencia Don Arnau de Peralta, que pasó a ser Obispo de Zaragoza en 1248. Mas quien sea este D. Pedro Obispo Segobricense, es lo que resta averiguar. Villagrasa le llama Pedro Argidio, al cual en 1259 sucediese D. Martín Álvarez o Alvavel, y a este en 1265 D. Fr. Pedro Garcés. Yo juzgo que de este episcopologio se deben quitar los dos primeros, y que el verdadero sucesor de D. Ximeno, y el séptimo Obispo de la Iglesia moderna es 

VII. D. Fr. Pedro Garcés. No me mueve a esto la autoridad de Escolano (Lib. VIII. cap. 16.), ni la de Diago (Lib. VII. annal. cap. 47 y 53.), ni la de Blasco de Lanuza (Historias.... de Aragón lib. V. cap. 24.), ni la de otros que pudiera alegar; muévenme principalmente las razones siguientes, fruto del escrutinio del archivo de esta Catedral. 

El Papa Inocencio VI en una Bula que expidió a favor de D. Sancho Dull, Obispo de esta Iglesia, sobre las pretensiones de la de Valencia, cuenta al principio la tragedia de esta silla en 1248; y aunque no nombra al Obispo atropellado, pinta sin embargo a su sucesor con estas palabras: “Cujus inmediatus succesor, videlicet bonae memoriae Petrus, afflictionem afflictis Ecclesiis superadens, castrum de Tramacastiel.... Egidio Eximini Patri suo pro certa peccuniae quantitate pignori obbligavit... Dictus etiam Petrus Episcopus una cum Episcopo, qui tunc praeerat Ecclesiae Valentinae non solum super Eccl. Segobricen. tunc de facto detenta per Episcopum Valentin., sed super aliis Ecclesiis, in quarum possesionem Episcopus Segobricensis tunc existebat, in quosdam arbitros compromisserat &c.” Por estas palabras se ve que el Papa Inocencio habla del Obispo D. Pedro Ximénez de Segura; porque en él solo se verifican las dos circunstancias referidas en la Bula, es a saber, la venta de Tramacastiel a su padre Gil Ximénez de Segura, y el compromiso con el Obispo de Valencia, cuya escritura con las firmas originales de ambas partes he visto y copiado en este archivo. Ahora bien, dice el Papa que este Obispo Don Pedro Ximénez de Segura fue el inmediato sucesor del Obispo atropellado por el de Valencia: cujus immediatus succesor. Si constara pues quién fue el inmediato antecesor de Segura, sabríamos quién era aquel Pedro que ya gobernaba esta silla en 1248. Pues esto consta por la escritura de la elección que hizo el capítulo de esta Iglesia para su Obispo en la persona de dicho Don Pedro Ximénez de Segura, la cual he visto original, y al principio dice así: “Anno Domini 1272, die Jovis kal. Decembris apud Anguitam Segontin. Dioc. venerabilis Pater noster P. Segobricen. et S. Mariae de Albarracino Episcopus diem clausit extremum.... Nos attendentes quod Ecclesia non debet esse longo tempore pastoris solatio destituta &c.” Prosigue leyendo la copia que envío, y verás que al cabo de tres meses de vacante fue elegido dicho Segura IV kal. Martii. El Pedro difunto de que se habla aquí, es D. Fr. Pedro Garcés, en lo cual convienen todos. Así que, si este es el inmediato antecesor de D. Pedro Ximénez de Segura, síguese que él mismo es el que padeció las vejaciones por parte del Obispo de Valencia, y por consiguiente que ya era Obispo Segobricense antes del año 1248, en que ocurrió aquel fracaso. Es de notar que el Papa Inocencio se funda en la Relación del Obispo D. Sancho Dull, tan próximo a los tiempos de que hablamos, como que entró en esta silla el año 1319, y a quien por otra parte le era indiferente que el Obispo atropellado fuese D. Pedro Argidio, o D. Pedro Garcés. A más de esta razón, que basta por sí sola, hallo documentos del año 1255, en que suena ya Obispo D. Pedro Garcés; es a saber, diez años antes de 1265 que suponen primero de su pontificado. He visto y copiado para este efecto la escritura de venta de las salinas de Noguera que hizo D. Remir González, Alcayat de Albarracín, al Obispo y Cabildo en dicho año 1255 (a: Véase el apéndice núm. IX.). Está en castellano, y dice así: Vendo a vos D. Pedro García por la gracia de Dios Obispo de Segorbe &c. Este hecho refiere Villagrasa, cap. 19, como acaecido el año 1256, y en el pontificado de D. Pedro Argidio. Pero cualquiera podrá entender que García está más cerca de Garcés que de Argidio. Así que, si en el año 1255 era ya Obispo el mismo que murió en 1271, se desvanece el pontificado de D. Martín dé Álvarez, que suponen fue desde el 1259 hasta el 1265. No está más seguro el de D. Pedro Argidio, el cual alargan hasta el 1258; porque ya vimos que tres años antes, en 1255, era Obispo el dicho Garcés. En resolución, y salgamos de cómputos fastidiosos, no hay inconveniente en que D. Fr. Pedro Garcés fuese Obispo por espacio de veinte y tres años; y con esto sólo se salva y combina perfectamente cuanto queda dicho. Mas ¿qué son menester conjeturas, cuando en la sumaria información que se hizo en el año 1323 sobre los límites y jurisdicción que pretendía la Iglesia de Valencia, hay muchos testigos que claramente nombran al Obispo atropellado D. Pedro García, o Garsia (Garsía) o Garcés (de Garci)? Es increíble la uniformidad de todos los que deponen. Entre ellos hay algunos de cien años, es decir, nacidos en 1223, diez y siete antes de dicho atropellamiento, que le conocieron, y recibieron de su mano la confirmación. Supuesto que D. Pedro Garcés fue el sucesor de D. Ximeno, si me preguntas de dónde sacó Villagrasa los otros dos Obispos que excluyo del catálogo, diré que acaso le movió a contarlos entre los demás la autoridad del Señor Pérez, que en su episcopologio MS. los cuenta también, señalándoles los mismos años de prelacía que arriba dije. Confieso que la autoridad de este grande hombre me ha hecho vacilar largo tiempo sobre esta materia. Pero al cabo he visto que está decidido a favor del único pontificado de Garcés. Dice así: 1246 Petrus Episcopus Segobricensis: aquí sin expresar quién era este Pedro (ni hallarse en todo su episcopologio el sobrenombre de Argidio) cuenta brevemente en solas catorce líneas el suceso de la tropelía y destierro del Obispo Segobricense, y deja pendiente la narración, interrumpiéndola a la mitad de un período. Sigue luego otra plana, y en lo alto de ella dice: Frater Martinus Alvarez Episcopus; puto ab 1239 ad 1265, dejando en blanco toda la plana. Sigue luego en otra: Fr. Petrus Garces, y refiere largamente todos los sucesos acaecidos en esta Iglesia desde el año 1247 hasta el 1271, como pertenecientes a su pontificado. Diré algunas de sus palabras: Hic Episcopus coepit possesionem Segobricae favente Rege Jacobo (lo cual fue el año 1245). Hic Episcopus obtinuit Bullam ab Innoc. IV datam Lugduni pridie idus April. Pontif. anno IV, nempe anno Christi 1247, quae incipit Praepostulatio &c. = Hujus Episcopi tempore, anno 1255, die 3 Sept., et iterum 1261, Rex Jacobus dat Xericam filio suo Jacobo ex Terasia Gil de Viduara (Teresa Gil de Vidaure) uxore (mujer, esposa) &c. = Hic idem Petrus anno 1256 (debe ser 1255), habuit Salinas de Noguera &c. = Anno 1259 ab Alexandro IV obtinuit unionem fieri Ecclesiarum Segobricen. et Albarrac. &c.  =  A este tenor va refiriendo otros sucesos de aquellos tiempos. Debo advertir que las palabras en que refiere el despojo padecido por este Obispo, se hallan borradas, lo mismo que el sobrenombre Garcés, el cual siempre es de letra del Señor Pérez. Mas como las que antes he referido permanecen intactas, bastan ellas, a pesar de las enmiendas que quiso hacer alguna mano posterior, para conocer que el Señor Pérez creyó que D. Pedro Garcés fue Obispo de esta Iglesia desde el año 1247 hasta el de 1271; y que si halló en alguna memoria los nombres de los dos Obispos Argidio y Álvarez, los tuvo por puramente imaginarios. Tampoco debo perdonar a Villagrasa la equivocación con que reprende a Diago, porque llamó Alvavel a D. Martín Álvarez. Pues Diago, ni en las obras impresas, ni en las MSS. hace mención de tal pontificado de Álvarez ni Alvavel. Todavía quiero averiguar de dónde pudo nacer que él mismo diese al Obispo Pedro, sucesor de Ximeno, el apellido de Argidio, que no hallo en el Señor Pérez. Conjeturo que si aquel Aegidius que puse en el número III fue sucesor de D. Ximeno, como parece haber sospechado Pérez, debiéndosele dar tan corto pontificado entre el año 1245 y 1247, pudo acontecer que en tiempo de Villagrasa se hallasen documentos de un mismo año con ambos nombres AEgidius, y Petrus, y que por equivocación del que escribía o leía se pusiese Argidius por AEgidius. O también que D. Pedro Garcés se llamase Gil de segundo nombre (Egidio, Aegidio) o primer apellido; y acaso sería hermano o pariente de un Gil Garcés de Azagra, que suena en los tiempos de la conquista. Otra conjetura me ofrece el citado P. Ribelles, quien me asegura haber visto escrito muchas veces en documentos antiguos Arces por Garcés; y no es dificil entender que los latinos del siglo XIII dijeran Arcisius (como en el Mas de Arsís, en Peñarroya, de la familia Gil, de la empresa Virgen de la Fuente), Argicius y Argidius. Esto he dicho por amor a la verdad, y por aclarar este punto, ya que vino a mano. Por lo demás, Villagrasa trabajó doctamente su libro de las antigüedades de Segorbe. Volviendo pues a nuestro Obispo D. Fr. Pedro Garcés, inmediato sucesor de D. Ximeno, sabemos que fue natural de Teruel, monje cisterciense del monasterio de Piedra, ejercitado con muchas y graves tribulaciones. Apenas tomó posesión de su silla, con el favor del Rey D. Jayme, purificó la mezquita mayor de esta ciudad, dedicándola a Santa María, y edificó en el arrabal una ermita dedicada a S. Pedro, la cual permanece hoy día harto bien conservada (a). (a) Algunos testigos del citado proceso suponen ya existente la ermita en este año, y aun añaden que de ella fue arrojado el Obispo. Tengo por más cierto que él la edificó: su arquitectura lo persuade; y los tres únicos cristianos que había en el arrabal no sufren decir otra cosa. 

En estas y otras santas ocupaciones le cogió la tribulación que sobrevino por parte de D. Arnau de Peralta, Obispo de Valencia, el cual pretendiendo que su diócesis, según la división de Wamba, se extendía hasta Alpuente, y que por consiguiente le pertenecía la Iglesia de Segorbe, arrojó de ella con violencia a este Prelado. Las circunstancias del hecho, que fue a principios de 1248, se pueden ver en Villagrasa con los documentos que le acreditan. A esto aluden algunas de las constituciones de la Catedral de Valencia, en que se adjudican al Deán y otras Dignidades los diezmos de algunos lugares de esta diócesis. Por lo que toca a Segorbe, duró esta contestación veinte y siete años con poca diferencia, como se verá en el número siguiente. No contribuyó poco a su restitución este Prelado, que habiendo recibido la Bula de unión de esta Iglesia con la de Albarracín, expedida por Alexandro IV en el año 1258, cuya copia incluyo (a: Véase el apéndice núm. X.), partió a Roma en el de 1266 para tratar de su recobro. Mas no pudo ver cumplidos sus deseos, pues de vuelta de aquella corte, murió en Anguita (no Enguieta como dice Villagrasa), diócesis de Sigüenza, un Jueves a 1.° de Diciembre de 1271, y fue enterrado en su monasterio de Piedra a 15 del mismo mes y año. Debe la Iglesia de Segorbe a este Obispo la creación de sus canonicatos y la del arcedianato de Alpuente. Otras muchas cosas debió de ordenar pertenecientes al culto y gobierno de esta Iglesia, aunque es regular que se pusiesen luego en ejecución. 

A este Prelado escribió D. Sancho, electo de Toledo, mandándole restituir al deán y otros de su Capítulo ciertas porciones que solían percibir, las cuales se había reservado el Obispo para remediar la pobreza de su Iglesia. También le mandó que se abstuviese de las molestias que causaba a su Capítulo, quas (dice) est indecens enarrare, videlicet, quod cives non eant ad Ecclesiam Cathedralem pro benedictionibus recipiendis, et pro sepulturis ibidem eligendis, quod est manifestè contra jus. Bueno fuera tener presentes los papeles que escribió el Obispo sobre esta materia. La fecha de la carta que he visto original, es de Valladolid a 12 de Marzo, era 1296 (año 1258) (a: Véase el apéndice núm. XI.). Muerto este Prelado, dice el. Señor Pérez que los Canónigos quisieron elegir a Sancho Muñoz, clérigo de Teruel; pero que él lo rehusó propter tenuitatem mensae episcopalis. Villagrasa da por hecha esta elección. Bien pudo ello ser asi; mas nada consta en la escritura de elección del Prelado siguiente. 

VIII. D. Pedro Ximénez de Segura, electo por el Cabildo en Albarracín Domingo a 26 de Febrero de 1272, de cuyo instrumento envío copia, porque comprueba varios puntos que se han tocado hasta aquí (a: Véase el apéndice núm. XII.). Era natural de Teruel, e hijo del noble D. Gil Ximénez de Segura, el que había educado a los dos hijos de D. Jayme I, D. Juan de Xérica, y D. Pedro de Ayerbe. El favor que por esta razón tenía en la corte, y el ardor de sus años, que no pasaban de treinta y cinco, le arriesgaron a recobrar la iglesia de Segorbe por el mismo medio con que había sido quitada a su antecesor. Porque tomando consigo cuatrocientos soldados de Teruel, y algunos de Alpuente, con su Alcayde García Lopiz (López, Lopis), arrojó de esta Catedral a tres Sacerdotes, que en ella había dejado el deán de Valencia Ramón de Ballester (b) y se fortaleció cuanto pudo en su posesión.

(b) Así le llaman comúnmente los escritores. Mas en el compromiso, de que se hablará luego, firma el mismo R. de Belestar. En el proceso de don Sancho Dull, el testigo XVI, pág. 120 dice, que por estos mismos años 1274 el deán de Valencia era Jayme Zarocha, y que por él residían en Segorbe cuatro Presbíteros llamados Domingo Valls, Pedro de Tárrega, Bernardo Finestres (ventanas; finestra; Fenster en alemán) y Pedro Zacapella (ça capella, ipsa capella). Otro testigo afirma que el Obispo Ximénez no encontró ningún Clérigo en esta Iglesia, que la tuviese por parte de Valencia. Lo cual es de todo punto in verosímil. 

Con igual diligencia recobró las Iglesias de Xérica, Toro y Pina. Fue esto el año 1273. Las instancias que hizo sobre esto la Iglesia de Valencia y las censuras del Legado apostólico Arnaldo, Obispo de Tortosa, obligaron a nuestro D. Pedro cuatro años después, a firmar un compromiso con el de Valencia D. Jasperto de Botonac, en que fueron nombrados jueces árbitros Guillermo de Allerico, Arcediano de Valencia, y Pedro Martínez, Arcipreste de Teruel. He visto y copiado el instrumento que existe original en este archivo, buen documento de la historia de aquel tiempo. Los jueces sentenciaron a 13 de Julio de 1277, que de los treinta y seis lugares sobre que se litigaba, sólo pertenecían a esta silla Segorbe, Altura, Castelnovo (Castellnou) y Bexix. Esta es la sentencia que el Papa Inocencio VI llamó después injusta, cuando sus auditores restituyeron casi todos los lugares dichos a la diócesis Segobricense. Antes de esto en 1274 ya se halló nuestro D. Pedro en León a la celebración del Concilio que convocó el Papa Gregorio X, a cuya corte (León : Lyon) quiso volver los años siguientes para tratar del total recobro de su diócesis; pero le atajó la muerte en Teruel a 31 de Octubre de 1277. Comúnmente es reprendido este Obispo por haber consentido en el compromiso arriba dicho, y por haber vendido a su Padre Gil Ximénez el lugar de Tramacastiel, que era de esta Iglesia, por precio de cinco mil sueldos. Mas en lo primero le pueden excusar las amenazas del Legado pontificio, y en lo segundo la escasez de sus rentas, y la necesidad de dinero para litigar sobre el recobro de sus derechos, y en todo la turbación y circunstancias críticas de aquellos tiempos. Es digno de memoria el viaje que el año primero de su pontificado hizo este Obispo a Granada, enviado por el Rey D. Jayme I de Aragón, para persuadir a ciertos nobles castellanos que volviesen a la obediencia de su Rey Alfonso X (yerno de Jaime I, casado con su hija Violante).

IX. D. Miguel Sánchez, natural de Navarra, y Canónigo de esta Iglesia, fue electo en 1278 por la mayor parte de su Cabildo en discordia con D. Fr. Pedro Zacosta (ça costa; ipsa costa; la cuesta, Lacuesta; de la Costa pone más abajo), de quien se hablará luego. El favor que este último tenía con el Rey de Aragón obligó a nuestro don Miguel, aunque ya consagrado por el metropolitano de Toledo, a abandonar esta Iglesia al principio de su gobierno, y retirarse como fugitivo a Castilla. Murió finalmente en su país el año 1288, sin dejarnos otra memoria de su pontificado que la paciencia con que se vio privado de él por un intruso, cual fue el dicho D. Fr. Pedro Zacosta o de la Costa, de la orden de S. Francisco, natural de Daroca, y Guardián del convento de Valencia, grande (gran) orador y confesor y muy favorecido del Rey D. Pedro III de Aragón el Grande. De este poder se valió para lo que no debiera. Un solo vocal de este capítulo le nombró Obispo, eligiendo los demás unánimemente al dicho D. Miguel. Así lo asegura el Papa Inocencio VI en la Bula que dije arriba hablando de D. Fr. Pedro Garcés. 

A pesar de esta nulidad, acudió al Arzobispo de Tarragona don Bernardo de Olivella para que le consagrase. Negóse este, pretextando que estaba pendiente la lid sobre jurisdicción con el Arzobispo de Toledo. Sin embargo, en calidad de Obispo electo, arrojó de Albarracín a su competidor ya consagrado, y gobernó esta Iglesia mientras vivió, dejando memorias harto funestas en la enajenación de bienes y privilegios auténticos y otros daños. Entre ellos se cuenta la concordia que asentó con D. Jayme de Xérica, hijo de D. Jayme I de Aragón, sobre los diezmos de Eslida, Ayn, Veyo, Zuera y Janzara, fecha en 1280. Hallóse con el dicho Rey D. Pedro en el Campillo en los tratados de paz, que se asentaron el año 1281 con D. Alonso X de Castilla. Asistió también a su Rey, y con espada en mano alentó a los soldados en la toma del monte llamado Mola de Montesa, de que se habían apoderado los moros. No sé qué pleito tuvo con D. Jayme Pérez, primer señor de Segorbe, porque su mujer Doña Sancha Fernández, rehusando asistir en la Catedral a los oficios divinos, oía misa en su oratorio privado. De estos y otros hechos particulares deponen varios testigos en el citado proceso. Finalmente, estando en Aviñón (Avignon, sede papal en algunos tiempos) litigando contra la justicia de su competidor, y sabida su muerte, por más que apresuró su viaje, no pudo volver antes que se concluyesen los nueve meses de vacante, en los cuales, no conviniéndose el Capítulo en elegir sucesor, el metropolitano de Toledo, que miraba a Zacosta como cismático, nombró luego a
X. D. Aparicio a fines de 1288. Era este natural de Atienza en Castilla, y Arcipreste de la Iglesia de Sigüenza. Consagrado por su metropolitano D. Gonzalo Gudiel logró que su contrario Zacosta fuese arrojado del puesto que no merecía. Así pudo tranquilamente emplear su doctrina y piedad en el gobierno de su diócesis. Era docto en la medicina; y así le tildaban sus émulos, porque observaba la orina de los enfermos; motejábanle también de viejo, con otras personalidades, según resulta de los testigos del proceso que he visto. De él consta que este desprecio con que le trataron algunos, nacía de la extrema pobreza a que le redujo el pago de los créditos que le dejó el buen Zacosta, ademas de la disminución y menoscabo de sus rentas (a). 

(a) En el citado proceso el testigo XII Miguel Sánchez de Sadorniu depone de esta pobreza lo siguiente: “Quod tam in civitate Segobric. quam in aliis locis gentes, tam clerici, quam layci, vilipendebant Dominum Aparicium Episcopum pro eo quod ibat equitando se tertio tantum, et cum duobus peditibus, et quod morabatur quamdiu erat in civitate Segobr. in quadam camera modica juxta Ecclesiam, quam modo unus Capellanus cappellaniae simplicis pro defunctis statutae inhabitare recusaret: et ibidem de die juxta ignem reclinabat se in quadam plomacia.” Otro dice que le vio en Albarracín ponerse quandam pelliciam, quae non valebat XII denarios Jaccen. (de Jaca, Jacca, Iacca, etc, jacense, jacenses) Por el testimonio de otros sabemos que entre los enemigos y burladores de la dignidad episcopal era común esta expresión: Lo Bisbe de Albarrazi (Albarrací, Albarrazí, para que rime con rozí, rocí) com duas mulas, et un rozi (rocín). Así es que por la ignorancia de aquellos tiempos llegó a desestimarse lo que tan digno es de aprecio en el oficio pastoral. (Pues a día 30.05.2022, mientras estoy editando este libro, esta ignorancia continúa.)

Acaso por esta causa vivió largo tiempo en su patria. Hallóse en el Concilio de Valladolid de 1291, y murió en Albarracín cargado de años en el de 1301, décimo quinto de su pontificado, y fue sepultado allí mismo. 

XI. D. Antonio Muñoz, profesor de derecho canónico en Salamanca, y varón de gran crédito en su tiempo, el cual siendo Canónigo de esta santa Iglesia acompañó a su Obispo D. Pedro Ximénez de Segura al Concilio Lugdunense; fue elegido por el Capítulo el año 1302; y consagrado por el Arzobispo de Toledo D. Gonzalo Palomeque. Gobernó ambas Iglesias por espacio de diez y siete años, de los cuales pasó la mayor parte en Aviñón, tratando con el Papa de los derechos de su silla. Murió en Teruel, su patria, a 1.° de Septiembre de 1318; y su sepulcro se conserva en la Iglesia de San Andrés de la misma ciudad en la capilla de nuestra Señora del Pilar, que es de la ilustre familia de los Muñozes. Así se afirma comúnmente; mas yo no sé cómo componer con esta época de su muerte lo que escribe Carrillo (Historia de S. Valero, pág. 258.), que a 13 de Diciembre del mismo año 1318 asistió al Concilio provincial celebrado por el primer Arzobispo de Zaragoza, Domingo Abad, Arcediano de Segorbe, procurador del Obispo D. Antonio, junto con Romero Coronal, procurador del Cabildo de la misma Iglesia. Lo cierto es que viviendo aún este Obispo se verificó la erección de Zaragoza en metropolitana, que fue a 14 de Julio de 1318, y que las constituciones del Concilio provincial de aquel año existen en un códice antiguo de esta Catedral de Segorbe, de donde las estoy copiando, porque son inéditas. Volviendo a nuestro Obispo, es creíble que su larga residencia en Aviñón le proporcionase asistir al Concilio Vienense, celebrado por Clemente V en 1311, al cual asistió también don Fr. Raymundo de Ponte, Obispo de Valencia. El Chantre de esta Iglesia Romero Sánchez, uno de los testigos en el proceso que tantas veces he citado, dice que este Obispo ordenó que hubiese doce Canónigos, seis en Albarracín, y seis en Segorbe. Otras constituciones le atribuyen que ya no se observan en esta Iglesia. En su tiempo se instituyó la Orden de Caballería de Montesa, que tantos y tan reñidos pleitos sostuvo con los Obispos sucesores sobre diezmos. Muerto nuestro D. Antonio quiso el Capítulo elegir a un Fr. Joan Fernández, de la orden de Predicadores, natural de Murviedro. El Señor Pérez dice que sus parientes se opusieron por la pobreza de la mensa episcopal. Sea de esto lo que fuere, el sucesor de D. Antonio fue uno de los Prelados más ilustres, y de más gloriosa memoria de esta Iglesia. Llamábase 

XII. D. Fr. Sancho Dull, nacido en Real, diócesis de Pamplona, y de la orden de nuestra Señora del Carmen. Había ya nueve años que era penitenciario pontificio en Aviñón cuando fue elegido por este Cabildo, y consagrado en la Dominica Laetare de la Quaresma de 1319. Su primer cuidado fue el bien espiritual de sus ovejas, proporcionóles (les proporcionó) desde luego el pasto y consuelo de los sínodos; cosa hasta entonces no vista en esta diócesis. Dos se conservan celebrados por este Obispo, uno el año 1320 en Albarracín, y otro en Segorbe en 1323, de los cuales hablaré en su lugar. No descuidó tampoco los intereses temporales de su Iglesia, antes a costa de crecidos gastos y de treinta y tres años de residencia continua en la corte de Aviñón, logró recobrar gran parte de los diezmos y derechos que le disputaban las órdenes de Santiago, Montesa y Calatrava, D. Jayme de Xérica, y los Obispos de Zaragoza, Tortosa y Valencia. La ocasión del pleito con este último queda ya insinuada. El objeto de D. Sancho era impugnar el compromiso hecho por D. Pedro Ximénez de Segura en 1277, alegando que sólo fue efecto del temor, e insuficiente para fundar título de prescripción. He visto en este archivo copia del primer proceso que formó Raymundo, Obispo de Lérida, por comisión del Papa Juan XXII. Terminóse el pleito por tercera sentencia en el año 1347, recobrando esta silla los lugares de Alpuente, Xérica, Chelva, Andilla y otros hasta el número de diez. Por hallarse ausente de su diócesis no pudo asistir al segundo Concilio provincial que celebró en Zaragoza su Arzobispo D. Pedro López de Luna en 1328. Era ya nuestra Iglesia, como dije, de aquella provincia; y así permanece hoy la de Albarracín; la de Segorbe en la desmembración se adjudicó a Valencia. En fuerza de este decreto pontificio, y de lo mandado en el Concilio provincial Tarraconense del año 1240 se opuso nuestro D. Sancho con el Obispo de Valencia D. Raymundo Gastón a la entrada que el Arzobispo de Toledo D. Juan de Aragón hizo con cruz alta por el lugar de Sieteaguas junto a Requena. Trata de esto Luis Ponz de Icart en sus Antigüedades de Tarragona; Zurita en sus índices latinos hace memoria de una carta que sobre esta materia escribió el Papa Juan XXII al Rey D. Jayme, padre de dicho Arzobispo de Toledo. Murió nuestro D. Sancho en Aviñón, año 1356, a los treinta y ocho de un pontificado de que tanto bien resultó a su Iglesia. 

Basta por hoy: estas menudencias molestan al que lee y al que escribe; pero son agradables al que busca exactitud en los hechos; por falta de esta luz andan a tientas muchos historiadores. Mas ya que en este Prelado se acaba la serie de Obispos elegidos por el Cabildo, cortaré aquí el catálogo, dejando para el siguiente correo el de los nombrados por los Sumos Pontífices, en que confío darte noticias harto curiosas. 

Dios te guarde. Segorbe &c.