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viernes, 28 de octubre de 2022

CARTA XC. Injusticia con que los archivos de España son mirados como inaccesibles por avaricia de sus dueños

CARTA XC. 

Injusticia con que los archivos de España son mirados como inaccesibles por avaricia de sus dueños: noticia de los de la iglesia de Gerona: códices históricos que allí hay: el de la colección antigua de Cánones: Biblia llamada de Carlo Magno: obras manuscritas de Don Sulpicio Pontich: idem de P. Miguel Carbonell: poesías de Gerónimo Pau. 

Mi querido hermano: En el viaje a esta iglesia de Gerona, he tenido una nueva ocasión para desengañarme de la injusticia con que muchos historiadores naturales y extranjeros han denigrado a nuestros archivos eclesiásticos, notándoles de pobres y mal cuidados por unos dueños avaros y enemigos de la pública ilustración. Por lo que hace a los extraños, debía bastarles el ejemplar de Pedro de Marca, que halló patentes los archivos de Cataluña para enriquecer su Marca Hispánica. En ellos están todavía los instrumentos que él copió y algunos miles que no vio, o porque se contentó con copiar de los Cartorales (como de algún archivo lo podría demostrar), o porque no los tuvo por tan necesarios a su objeto, que era principalmente probar la dependencia y conexión de este país con el reino de Francia. ¿Cuántos españoles beben nuestras aguas por este y otros canales ajenos, y con todo eso alguno de ellos ha escrito que nuestros archivos son pobres, desordenados e impenetrables? Esta calumnia, hija de la ignorancia y en gran parte del orgullo de ciertos viajeros, que por su osadía y pirronismo se han hecho indignos de ver las fuentes puras de la historia: esta calumnia digo, con que se ven denigrados los cuerpos más respetables de nuestra nación, es bien recibida por los extranjeros mal animados contra ella. Y así cunde nuestro descrédito por culpa de los malos españoles, que con el achaque de imparcialidad quieren granjearse entre los extranjeros el crédito que no merecen entre nosotros. Mil bocas quisiera tener para publicar la franqueza con que todos los archivos de este principado me han sido abiertos, y la diligencia con que algunos cuerpos me han buscado para que sus escrituras y libros sirviesen a la ilustración pública. La diferencia de mi erudición a la de los sujetos que no los vieron es evidente, y mucho más lo es la de los tiempos en que yo emprendí este viaje, a los otros más pacíficos y de menos recelo para las iglesias y monasterios. Así que la diferencia del resultado debe atribuirse a otras causas que cualquiera puede conjeturar fácilmente.

Uno de los cuerpos animados del buen deseo e ilustración que digo, es el muy ilustre capítulo de la iglesia de Gerona, el cual, enterado de mi objeto, me franqueó todos los depósitos literarios, comisionando para que me asociase a su canónigo antiquior Don Félix Rabal, muy versado en la localidad de los archivos y en la historia de la iglesia. Con el deseo, pues, de corresponder a esta generosidad y de ilustrar cuanto pudiere la historia, comenzaré a dar una idea de los archivos de esta catedral, y de los códices que en ellos hay y otros libros de que me he servido en mi trabajo. 

Tiene esta iglesia dos archivos principales, uno llamado el Secretariato; y otro llamado el archivo, donde están los papeles de rentas y la biblioteca. En el primero están custodiados los libros manuales de secretaría del capítulo por estar próximo a la sala capitular, y además algunos códices preciosos y dignos de mayor custodia. Entre los manuales, que comienzan desde fines del siglo XIV, hay dos muy apreciables que comprenden los años de 1462 a 1482, escritos casi todos de mano del canónigo D. Andrés Alfonzelo, arcediano de Besalú y vicario general del Obispo D. Juan de Margarit. Porque es de saber que hasta el año 1528 no tuvo este capítulo más secretarios que los mismos vicarios generales. Y como algunos de ellos se descuidasen en escribir las deliberaciones, por cuya razón se hallan algunos manuales anteriores casi inútiles, se mandó en ese año que el secretario fuese uno de los mismos capitulares. No se tomara ciertamente esta resolución si todos los vicarios generales fueran como el citado Alfonzelo, el cual con ocasión de las revueltas que entonces hubo entre el Príncipe Carlos de Viana y su padre D. Juan II, Rey de Aragón, escribió en aquellos libros noticias muy curiosas relativas a esta iglesia y a aquellos sucesos. Las cuales, copiadas como verás en el extracto adjunto (a: Ap. núm. XXV.), forman un cronicón apreciable de aquella época. El autor de estos manuales está enterrado en el pavimento del claustro frente de la capilla de San Rafael. En la losa se ve su escudo con dos hoces (fals, falce, falç, falz, Alfonzelo). La inscripción está gastada; mas se sabe que murió a 3 de abril de 1490 y que era natural de Elna.

Hay también un libro llamado de Estatuts por contener los estatutos antiguos de la iglesia, obligaciones de sus oficios, etc.; cosas de que se hará uso cuando convenga. El códice se escribió en el siglo XV. Comienza por un cronicón de los romanos Pontífices desde San Pedro hasta el Papa Luna; al cual sigue otro de noticias peculiares de esta ciudad y país desde el año 1333 hasta 1424, que va copiado por su importancia y curiosidad (a: Ap. n. XXVI.). Sigue copia de algunas inscripciones sepulcrales que hay en la parte exterior del testero de la iglesia, de las cuales otro día enviaré algunas sacadas de sus originales.

No me ha sido menos útil otro volumen intitulado: Liber negotiorum capituli, vulgariter nuncupatus D' en Calçada. Es una miscelánea curiosa. Después del tratadito de Mayron de conceptu virginali, que es como preludio a la determinación capitular de 1330, de celebrarse aquí la fiesta de la Concepción de nuestra Señora, hay copias de muchas constituciones de la catedral y de varios decretos del concilio Basileense, donde se ve la parte que tuvo en aquel cisma el Obispo de esta iglesia Bernardo Pau y su capítulo también. Más que esto valen las actas o sean Diario de lo acaecido en tres concilios provinciales del tiempo del Papa Luna; uno de ellos de Lérida en 1418, enteramente ignorado: obra del testigo ocular Dalmacio Raset, canónigo de esta iglesia y su procurador en dichos concilios. He tomado copias y extractos pro re nata.

Excusado es decir lo útil que me ha sido un Cartoral que hay allí mismo, donde están copiadas la mayor parte de las escrituras tocantes a esta iglesia desde el siglo IX, cuyos originales existirían en el siglo XIV, que es cuando se escribió el libro, tanto más apreciable ahora en que ya faltan algunos de ellos. De este tumbo (conocido con el nombre de libro verde por el color de sus cubiertas) copiaron Marca y otros varios los documentos que imprimieron tocantes a esta iglesia, acaso sin tomarse el trabajo de cotejarlos con las escrituras originales que aún se conservan. Entretanto va copiada la adjunta nota de las posesiones y óbitos de algunos Obispos de fines del siglo XIV y principios del XV (a: Ap. núm. XXVII). 

Precioso es también un códice que comprende nuestra colección antigua de cánones, igual en su contexto al que se guarda en la catedral de Urgel, pero de mayor antigüedad que aquel; aunque es para mí evidente que no excede al siglo X, por estar escrito de letra francesa, la cual llamamos así en contraposición a la gótica, que en estos países estaba ya desusada tanto en escrituras como en libros desde la mitad del siglo IX, y si hay por acá algunos códices góticos posteriores a ese tiempo son de lo interior de España trasladados aquí. La antigüedad que digo de este códice puede ser la causa de conservarse en él la ortografía más antigua, escribiendo: W por G. = Terracona por Terragona. = Eliberris, Italica, Ilerda en vez de Heliberris, Hitalica, Hilerda, y otros que se hallan en el códice Urgellense. Ambos códices son una prueba evidente del celo con que nuestras iglesias mantuvieron pura e ilesa su propia y original colección de cánones, que aun escribiéndose estos libros en tanta proximidad a la Francia, donde corrían las invenciones pseudoisidorianas, sin embargo se hallan libres de ellas enteramente. Otra ventaja ofrecen en los nombres de los Obispos asistentes a nuestros concilios, que cierto por lo que en los dos he visto pueden sus variantes servir en esta parte de texto y ser preferidos a la lectura de otros códices. Notoria es la utilidad que de esto resulta. Mayor sería la del total cotejo de los cánones; sed nunc non est his locus. Al fin de este códice Gerundense están los dos concilios celebrados en esta iglesia en los años 1068 y 1078, de los cuales se hablará otro día.

Curiosa y apreciable es una Biblia que allí hay, más por las circunstancias y opinión que de ella se tiene que por el valor intrínseco del ms., que es del siglo XIII, poco más o menos. Bien escrito, pero de mérito inferior a otras Biblias que he visto y examinado en nuestras iglesias, mucho más respetables por su antigüedad, y aun por su lujo (a). (a) En el tomo 43 de la España Sagrada, prol. p. XVI, se dice de este códice: Seguramente se puede afirmar que no se hallará cosa mejor escrita. 

Con todo eso el vulgo cree que es dádiva de Carlo Magno a esta catedral, y así lo escribe el padre Roig (Resum. Hist. de Gerona, pág. 221). 

Error que conocerá cualquiera que esté versado medianamente en la paleografía. Para mayor desengaño merece copiarse el epígrafe final, que dice así: Explicit Biblia. Magister Bernardus de Mutina fecit. = Laus tibi sit Christe quoniam liber explicit iste. Luego se halla esta nota: Charles = Ceste. bible. est. à. nous. Charles. le. V.e de. notre. nom. Roy. de. France. et. lachetames. de. Saint. Lucien. de. Biannez. lan. M.CCC.LXXVIII. (a: La España Sagrada. Tom. 43. p. 76. Lee: LXXIII.). escrit. de. notre. main. Esto bastaba para que el citado escritor que trabajó aquí su obra, y debió ver muchas veces este códice, conociese que todavía estaba en Francia el año 1378. Permaneció allí mismo hasta la mitad del siglo XV, en que Don Dalmacio de Mur, Obispo que fue de esta iglesia (de donde pasó a las de Tarragona y Zaragoza), estando en París como Embajador de nuestro Rey Don Alfonso V, la compró, mandándola después en su testamento a esta catedral, en cuyo poder entró día 10 de octubre de 1456. Consta esto último en el archivo del vicariato episcopal, Manual de 1456 a 1459, número 20, fol. 58, donde está la escritura que hizo el tesorero del recibo de dicho libro, el cual describe así: Quae Biblia est magnae formae scripta in pergamenis, cum pulcherrima littera et diversis historiis: supra habet cohopertorium panni sirici lividi, et duo tanchatoria cum quibus clauditur; sunt auri fini, cum armis Regis Franciae et etiam grenimentum dels Giradors est auri fini. Y porque nadie tropiece en la diferente encuadernación que supone esta nota con la que el códice tiene hoy día, de terciopelo verde y cuatro hebilletas de oro, sépase que esta es reencuadernación hecha el año 1629, como se puede ver en las actas capitulares. He dicho todo esto para desengaño común en este punto, en que no hubo más yerro que el de tomar un Carlos por otro. Otra Biblia del siglo XIV hay allí, que sólo tiene de notable la diferente división de capítulos de la que hoy usamos.

Por último debo hacer memoria del utilísimo repertorio que compuso el canónigo de esta iglesia D. Sulpicio Pontich, dividido en cuatro grandes volúmenes fol., donde por orden alfabético de materias y con gran limpieza están escritas las noticias más importantes de esta iglesia en rentas, obligaciones, privilegios, fábrica, alhajas, reliquias, sepulcros, dignidades, canónigos, Obispos, refiriéndose en todo ello con grande puntualidad a los libros y escrituras que él vio para formar tan vasta y prolija obra, que abraza todas las épocas de esta iglesia hasta el año 1736, dos años antes que muriese su laborioso autor. Digo que no he visto en iglesia alguna semejante trabajo, en que pueden y deben descansar los venideros, cuya continuación es tan fácil como sensible el que se omita. El catálogo de Obispos es muy exacto desde el siglo XV, y de él hablo cuando verás en el mío que cito a Pontich. Es decir, que no he dudado adoptar lo que él refiere siempre que me han faltado los documentos que él debió disfrutar. Mas en lo que be hallado pruebas originales, a ellas me atengo, que son las verdaderas huellas por donde debe caminar un historiador, y no a la autoridad de este sabio, por respetable que sea; que no es prudente valerse del trabajo de otro estando a mano las fuentes de que él se valió, ni es esto de provecho para la historia, ni dura la fama y crédito que de este modo se adquiere más de lo que tardare en descubrirse el plagio.

Otros libros quedan en el secretariato de más o menos utilidad, los cuales he visto y registrado a mi gusto; y de todo se sirve Dios. Basta para primer día. A Dios. 

P. D. Se me olvidó dar razón de un libro que allí mismo hay, y es puntualmente uno de los que más han enriquecido la parte literaria de mi viaje. Es una miscelánea de varias apuntaciones y curiosidades del uso de Pedro Miguel Carbonell, autor de una Crónica impresa de Cataluña y archivero del Archivo real de Barcelona a fines del siglo XV y principios del siguiente. El gran número de buenos libros que poseía este notario se ve en los muchos que hay esparcidos por toda Cataluña con el epígrafe final de su mano en que notaba el día en que los compró y su precio. Sólo la Biblioteca de padres dominicos de esta ciudad posee unos diez y ocho volúmenes de estos que digo, muy apreciables por la antigüedad de sus ediciones, de que daré alguna muestra otro día. Era además un curioso hacinador de los trataditos, epístolas, poesías y otras cosas que escribieron los sabios de su tiempo. También se esforzó él mismo en algunas composiciones; conato loable por la ocasión que con ellas dio a que sus amigos escribiesen en prosa y verso algunas cosas dignas de la luz pública que él nos conservó copiadas en su libro.

Tales son algunas odas y epitafios compuestos por los hermanos Alejandro y Antonio Geraldino Amerinos Italianos (acaso Catalanes, naturales de Amer) que vivieron por acá mucho tiempo, y cuyas poesías son conocidas en D. Nicolás Antonio, Fabrici y otros. Entre ellas hay sin duda algunas inéditas. Publicada está ya al fin de la Marca hispánica la erudita carta del canónigo de Barcelona Gerónimo Pau, quibus elementis Barcino scribi debeat. Mas aquí está mucho más correcta que en la impresa, y además se hallan dos de Carbonell que dieron ocasión al erudito trabajo de aquel sabio Catalán, que es la única obra que le ha dado a conocer en la república de las letras. Su talento poético está enteramente desconocido; mas aquí hay varias composiciones dirigidas a su amigo Carbonell, muchas odas y epigramas y un himno grave en alabanza de S. Agustín de más de 360 hexámetros. Ya que la cosa lo pide copiaré por muestra algo suyo. 

Hieronymi Pauli Barcinonensis ad Dominam. 

Moestus eram curis, quas tu male chara dedisti:

Vicinum placuit nemus adire mihi. 

Nunc avium cantus miror, nunc vallibus erro, 

Nunc juvat iratae cernere murmur aquae. 

Altius hic inmensos pandebat maxima ramos: 

Hac libuit nomen saeva notare tuum. 

Crescet ut haec arbor, sic vos crescatis, amores, 

Mox praecor: oh Superi: Venus amica fave. 

Finieram. Nostros Dryas miserata dolores

Delevit gratas cortice nympha notas. 

Deleat usque licet: mea te praecordia servant; 

Nec nisi cum morte noster abibit amor.


Ejusdem de coeco et claudo pariter 

mendicantibus per orbem. 


Unum oculis, alium pedibus natura carentem, 

Informemque suis fecit utrumque malis. 

Addidit ingenium, quo nil praestantius unquam 

Vel dedit illa viris, vel dedit illa Deis.

Ingenio superant injustae damna novercae,

Prospicit, et vitio doctus uterque suo.

Fert humeris claudum caecus: graditurque per orbem 

Illius iste oculis, hujus et hic pedibus. 

Por estas únicas muestras se ve cuan bien cultivó su ingenio aquel Español en su larga morada en Italia, donde acaso no se hallará un poeta de aquel tiempo que exceda la elegancia y propiedad de estas composiciones. No le viniera mal al abate Lampillas la noticia de esto que digo para la apología de nuestra literatura. 

Otras curiosidades encierra este libro, y entre ellas un opusculito de viris illustribus Catalanis, coetáneos de Carbonell, escrito por él a continuación del que compuso Bartolomé Faig de los Napolitanos. Item una correspondencia latina entre Carbonell y el sabio jurisconsulto de Barcelona Juan Villar. 

¿Qué haría con todo esto sino copiarlo por si hay alguna vez proporción de hacer al público este regalo? Lo mismo quise hacer con varias inscripciones romanas de España que allí están copiadas, y con muchas de las que había en Roma, Milán, y otras ciudades de Italia a fines del siglo XV cuando las copiaba el citado Gerónimo Pau, y enviaba a Carbonell. Mas para no hacerlo tuve mil razones. El no saber si existen, si están ya publicadas, si las copias son fieles: cada cosa de estas debió bastar para retraerme de trabajo tan ímprobo. A Dios otra vez.