Mostrando entradas con la etiqueta Oxonensis. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Oxonensis. Mostrar todas las entradas

jueves, 26 de enero de 2023

CARTA CXX. Ritos de la iglesia de Barcelona.

CARTA CXX. 

Ritos de la iglesia de Barcelona.

Mi querido hermano: Algunos sabios amigos prebendados de ella me han asegurado haber leído Actas capitulares que prueban la concurrencia o asistencia al Cabildo de San Raimundo de Peñafort, profeso ya, y aun maestro en la orden, firmándose en ellas Magister Raimundus, canonicus Barcinonensis: y añaden en confirmación de ello haber visto también en otros documentos que el Padre Santo Domingo se firmaba Magister ordinis Praedicatorum, canonicus Oxonensis; que habiendo en su consecuencia examinado la Decretal que habla de la vacante de prebendas y beneficios por la profesión religiosa, la habían hallado de fecha posterior a la época de dichos Santos. Así me lo han querido persuadir, pero no me han puesto en las manos ni tales documentos ni tales firmas, ni hasta ahora yo he sido tan feliz que diese con estas o aquellos. Pero acerca de esto nada he topado, sino en cierto sentido lo contrario, y es una carta de San Raimundo de Peñafort al Rey Don Jaime I en que se llama in ordine fratrum Praedicatorum minimus; pero nada dice de canónigo de Barcelona, título que no es regular omitiera, si lo fuera realmente (a: Ap. núm. XLV.). He hallado mucho, muchísimo sobre la costumbre tan común en todo el principado, y que fastidia ya el repetirlo, de la elección de uno de los monacillos (monaco : monaguillos) de canto, que el día de Inocentes asistía a las Vísperas, presidía y oficiaba vestido de pontifical y puesto en la misma silla del Obispo.
En medio de la sencillez, o qué sé yo qué más, que supone esta práctica, causan admiración y juntamente risa la formalidad, energía y celo con que se manda en las Constituciones donde se ordena este ceremonial que el organista no toque ninguna tocata profana y que excite ad choreas et tripudia. Como si el nuevo Obispillo no fuese ya de suyo una cosa de mogiganga (mojiganga). (moixiganga)

En el Sábado Santo, luego de empezadas las vísperas por el celebrante, se llevaba al altar mayor un corderito asado, se bendecía por el celebrante, comenzaba este a cortarlo, y concluido este trabajo por otros se distribuía en seguida en menudos pedacitos, como se reparte ahora el pan bendito. Las aras se consagraban no sólo con la colocación de reliquias de Santos, sino del mismo Cuerpo de nuestro Señor Jesucristo. 

Por los documentos adjuntos verás la consagración del ara o mesa del altar de San Marcos de esta iglesia, perteneciente a la cofradía de los zapateros de esta ciudad, y las diligencias que se practicaron en el mismo altar, pasados cincuenta y más años después de su consagración (a: Aps. núms. XLVI y XLVII.). Pudiera citarte un canon del Decreto de Graciano, título de consecratione, en que se trata de la colocación de parte del cuerpo de nuestro Señor Jesucristo en las aras, pero no tengo a la mano este libro. Y no sólo las aras de los altares, sino las frentes y pechos de muchas imágenes del Señor, de la Virgen y los Santos eran en aquellos tiempos pequeños sagrarios, donde se depositaban sagradas formas. Algunas de estas antiguas imágenes he visto con sus ventanillas y nichos para el efecto. Antiguamente se rezaba en esta iglesia de algunos Santos de que no se reza en el día, o bien con rito diferente. Por ejemplo, de San Vicente Mártir, que tiene en dicha iglesia altar particular, dedicado a Dios en honor suyo, se rezaba con rito doble y con octava. Algunos individuos del cabildo procuraron años pasados el restablecimiento de ello; y aun todo el cabildo en masa acudió al señor Obispo con esta solicitud, haciéndole presente que las rúbricas del Breviario Romano, ordenadas por San Pío V, permitían a las iglesias el rezar de los Santos del cuerpo del Breviario con rito diferente del que allí tiene señalado, como el rezado fuese conforme al del Breviario o en otra cualquier manera aprobado por la Santa Sede: no tuvo efecto la pretensión por motivos que no he podido averiguar.

En ciertos días del año se admitía a los prohombres o administradores del gremio de pescadores de esta ciudad en el refectorio canonical, y se les daba del vino artificial llamado Néctar que cum nebulis (especie de tortas delgadas) (neules) se servia en días señalados a los canónigos, y este es el origen de esta costumbre. La iglesia tenía el diezmo de todo el pescado que se vendía en la ciudad y que se pescaba desde el cabo de Blanes hasta la punta del castillo de Tamarit, cerca de las playas de Tarragona. La percepción de este diezmo tuvo muchas contradicciones, causó muchos disturbios y entredichos, y últimamente se convino el pago con varias modificaciones, entre otras, que los mismos prohombres o administradores del gremio fuesen los colectores del diezmo, y que entre otras recompensas y distinciones tuvieran la de ser admitidos en refectorio y ser enterrados en la iglesia. ¿No pudo dar esto motivo al dictado de Canónigos de la pescatería, que últimamente se ha amenguado y envilecido hasta el extremo de aplicarse a los muchachos desarrapados y díscolos que andan por la plaza y pescadería viviendo de lo que pillan? Así lo sentía el sabio anticuario el canónigo Caresmar. Ya sabes que a tales muchachos mal criados y perdidos y largos de manos, los llamamos ahí en Valencia Canonges del mercat. Tú dirás si esto tiene alguna analogía o relación con el hecho de que habla. Si tuviera yo humor y tiempo para extractar los mamotretos que tengo a la vista, pertenecientes al victus ratio, mucho pudiera decirte de particulares viandas y usanzas de los siglos pasados, ayunos, desayunos, colaciones, etc. No lo hago, ya porque coincide con lo que te he escrito sobre lo mismo en otras ocasiones, ya porque ¿a qué detenerme en pormenores de cosas y prácticas, que no digo muchos años, sino muchos siglos que no se observan? Mejor será hablarte de los ritos y particularidades que existen y se practican en el día. 

El altar mayor, obra de estilo gótico y del mayor primor, no tenía en lo antiguo imagen de Santo alguno, ni pintado ni de bulto; pero en el día tiene en el centro una cruz grande de plata con la imagen de Jesucristo, y en su peana está de medio relieve la imagen de nuestra Señora de los Dolores. La piedad de un canónigo, que costeó la obra, causó una mudanza tan notable como sensible. Antes y de tiempo inmemorial sólo había una cruz sin imagen ninguna, cosa muy conforme al título que siempre ha tenido esta iglesia, esto es, ecclesia Sanctae Crucis. Ya tendrás presente lo que sobre el particular dicen los escritores de antigüedades eclesiásticas, señaladamente el eminentísimo Borja.

En un nicho sepulcral, que está bajo el sagrario o tabernáculo, y como al igual de la mesa del altar, hay una urna con las reliquias del Prelado y Pastor de esta iglesia San Severo. Esta mesa del altar mayor está enteramente aislada, aunque por las gradas con que se adorna el altar en ciertos días (obra moderna) parece unida con él, de modo que puede celebrarse cómodamente en dicha mesa, así de espaldas al pueblo como de cara, conforme generalmente se practicó algún tiempo. 

De los dos lados del altar y a una altura proporcionada, salen por frente dos cornisas, que en su extremo son sostenidas por dos columnas salomónicas de piedra jaspe y muy primorosas: bajo de ellas pasan dos cortinas encarnadas de tafetán que se corren al tiempo del Sanctus, cuando se celebra la misa mayor, y quedan así tiradas hasta acabar la consagración; y esto que recoge más al celebrante y le aparta de la vista todo otro objeto, manifiesta que el presbiterio no estaba adornado o circuido como en el día con los damascos y colgaduras que existen, y que tanto estorban la total vista y transparentes de las columnas aisladas que primorosamente circuyen el espacio o suelo del presbiterio.

En el altar mayor no se celebra diariamente sino una misa y esta cantada, de modo que habiendo dos se celebra la otra en el altar o capilla subterránea de Santa Eulalia. Tengo presente que en uno de los libros del archivo, que trata de los usos y costumbres de las iglesias, haciendo mención de esta particularidad, cita el texto de un concilio de los más antiguos, en que se prescribe una Missa et unum altare. El celebrante siempre es canónigo. Y si rarísima vez por un accidente imprevisto ha sucedido faltar canónigo y haber de celebrar o domero menor o beneficiado, se ha puesto un altar provisional en el presbiterio y se ha celebrado en él. En las misas cantadas que se celebran en el altar mayor, el celebrante lee el Evangelio in cornu epistolae. Este rito lo observamos nosotros los Dominicos, y me parece que también los Camaldulenses. El presbiterio se halla rodeado de unos como escaños o poyos de piedra, y en el centro del semicírculo y detrás del altar mayor, se halla una silla muy preeminente de arquitectura antigua, y muy adornada y elevada en forma de trono, subiéndose a ella por diferentes gradas. En el Jueves Santo si el Señor Obispo celebra de pontifical, comienza allí la misa prosiguiéndola después en el altar mayor.

En el Viernes Santo, luego de acabado el Passio Domini, etc., todo el coro se traslada al altar mayor, y forman un círculo al rededor del celebrante y de la mesa hasta el acto de trasladarse en procesión al monumento a buscar el sagrado Cuerpo del Señor. La misa prosigue y concluye después en el presbiterio; y luego de acabada, allí mismo formado el clero en dos alas, se rezan vísperas.

En varios días del año los entonadores o chantres menores, junto con los caperos o bordoneros, antes de comenzar la misa mayor, se pasan desde el coro que está en el centro de la iglesia al presbiterio, y allí entonan el Introito, y no se retiran hasta los Kiries, trasladándose después al coro, y prosiguiendo como en los demás días.

En el presbiterio no se permite la entrada a otros seculares que a los señores regidores y sus dependientes en los días que asisten de ceremonia. Sólo se permite la entrada a todo el pueblo en la noche de Navidad, durante la misa del Gallo, y en el día de Santa Cruz, mientras la misa que se celebra muy de mañana. En uno y otro día hay adoración, y es admitido a ella todo el pueblo. De todo lo dicho en estos últimos apartes, se infiere, a mi parecer, que antiguamente el coro estaba en el presbiterio, y que se practica lo referido en memoria de ello. 

En todos los días de oficio doble se entona el Introito con voz muy baja y grave, hasta llegar al Gloria Patri, desde el cual se prosigue en voz alta y regular; pero en los días semidobles se comienza por el tono alto, con que se continúa. Las horas menores se cantan seguidamente; y concluida nona, todos los días, a excepción del Jueves y Viernes Santo, se rezan de rodillas por todo el coro las letanías mayores con las preces que están en el Breviario Romano. No he encontrado en cuanto he visto del archivo que esta práctica fuese penitencia o fundación, ni el origen de ella. Sólo he encontrado la fundación de la distribución que se da en la misma, y en esta fundación ya se expresa como observada aquella devoción; por consiguiente entiendo que es inmemorial: que es una mera rogativa, y voluntaria: y que siendo tan notable y constante, tal vez debe su origen a la frecuencia con que en los siglos de la edad baja fue afligida la ciudad y todo el principado con el azote del contagio; para lo cual puede verse a Capmany en sus Memorias.

Todos los días, al comenzar los maitines en el coro, se celebra en la capilla y altar de Santa Eulalia una misa cantada por uno de los domeros menores, asistiendo a ella diferentes capellanes de los que se llaman oficiales del cabildo, por obtener alguno de los cargos o ministerios de la iglesia, y que da el cabildo, como son: monacillos, sacristanes menores, guarda-altar, claustrero, etc. Y esta misa se aplica diariamente pro benefactoribus; pero la misa cantada que se celebra en el altar mayor después de nona, no se aplica diariamente pro benefactoribus, conforme a la constitución de San Pío V, sino que en algunos días se aplica por difunto, en cumplimiento de fundación o aniversario, o bien por motivo de entierro llamado canonical, por ser el más solemne. A principios del siglo pasado consultó el cabildo a varios señores Obispos que se hallaban en la ciudad con motivo de la consagración de un nuevo Prelado, acerca de lo referido, esto es, si cumple el cabildo con la constitución Piana siguiendo la expresada práctica, y unánimes resolvieron que cumplía, y que no debía alterarse dicha costumbre; porque aquella constitución se dirigía en particular a las iglesias que diariamente no aplicaban misa alguna pro benefactoribus, y la iglesia de Barcelona ya lo hacía de antes, y tan superabundantemente, como que en los más de los días celebraba dos; y que el haberse determinado por San Pío V que fuese la misa mayor, o conventual, miraba principalmente a la seguridad de que diariamente se aplicase una misa en las catedrales pro benefactoribus: por consiguiente que la práctica de esta iglesia no se oponía a lo sustancial de aquel mandato. En la primera misa de las sobredichas, que se celebra diariamente en la iglesia y altar de Santa Eulalia en los correspondientes días, como domingos y otros, se publican las fiestas, se lee un punto de Catecismo, y se practica todo lo que en las iglesias parroquiales, conforme a lo prescrito por el Ordinario del obispado.

Sólo se ejecuta esto en el altar mayor en el día de Santa Cruz de mayo, cuando cae en domingo; porque en este día se celebran dos misas en el altar mayor, siendo una de ellas la que en los demás días del año se celebra en la capilla y altar de Santa Eulalia. Celébrase en aquel día por uno de los cuatro canónigos domeros mayores, practicándose por él las referidas funciones parroquiales.

He venido a hablar del día de Santa Cruz, y por consiguiente no puedo dejar de recordar aquí las singulares prácticas y costumbres de esta iglesia en dicho día. A más de la misa que se celebra en el altar mayor y de que ya he hablado, se celebra otra por uno de los señores canónigos con asistencia de los demás y con canto en la casa que existe junto a la catedral que se llama la canonge o la canónica, y que es parte del edificio antiguo que habitaban los canónigos cuando vivían en comunidad: lo cual puede muy bien ser en memoria de ello. Acabada la misa se distribuye un pan y un ramillete de flores a cada uno de los asistentes. En la vigilia de este día se ponen cuatro pinos en el patio del palacio episcopal; uno en casa de cada dignidad y canónigo y de algunos oficiales de cabildo; y además se ponen varios en la iglesia, en el espacio que va de la puerta mayor al coro, y en el presbiterio se pone una gran cruz formada de rosas blancas, a semejanza de la que usa el cabildo en su escudo de armas, formando el centro una estrella hecha de rosas encarnadas. Esta costumbre de los pinos, comúnmente se cree originada de una fundación antigua hecha por un canónigo llamado Pinell. En efecto, la iglesia ha tenido varios canónigos de este apellido y muy famosos por los empleos y comisiones que tuvieron de Reyes y Papas; pero yo no he visto tal fundación, ni rastro, ni sombra de ello; sólo me acuerdo a vista de esta práctica de lo que se halla en los ritos Romanos, acerca de las fiestas que se hacían por ellos en mayo, llamadas Mayuas, de las cuales me parece que habla nuestro Amaya en sus Comentarios in tres libros posteriores Codicis, y que muchos ritos y costumbres de los paganos se cristianizaron en los primeros siglos, mudando de objeto. Me parece también que Gavanto y otros autores litúrgicos hablan de esta costumbre de poner árboles en mayo en los templos y plazas; y que en las provincias meridionales acostumbra a hacerse uso de los pinos por lo mucho que en ellas abundan. Por otra parte, la devoción del pueblo de Barcelona a la Santa Cruz es tan general como antigua. A la Santa Cruz se halla dedicada la iglesia catedral, y de tiempo tan remoto como lo manifiesta la firma del Obispo Pretextato en el concilio Sardicense. Praetextatus Episcopus Sanctae Crucis Barcilonensis, si no me engaño, y lo dirá por mí Aymerich en su Episcopologio.

A la Santa Cruz se halla dedicado el puerto, existiendo en testimonio de ello la famosa cruz que se halla a la salida de la puerta del Mar, obra del célebre arquitecto Blay, de quien es también obra el suntuoso edificio de la casa de la diputación, que hoy lo es de la audiencia. Y a la Santa Cruz se halla dedicada el hospital de esta ciudad, que es general, no sólo por haberse reunido en él los particulares hospitales de enfermos, que había, unos a cargo de la ciudad, otros del Cabildo y otras personas, sino también los de fatuos y expósitos; existiendo también en el espacioso patio del mismo, una columna salomónica con la cruz encima, y forma también la cruz el escudo de armas del cabildo, y parte del de la ciudad. Dicha columna salomónica tiene como a los dos tercios de su altura dos coronas reales, alusivas sin duda a no sé qué Rey y Reina, que pusieron la primera piedra de aquel soberbio edificio. De la devoción del pueblo de Barcelona a la Santa Cruz, y del culto que siempre la ha dado, es otro testimonio y no despreciable, la costumbre que aunque muy minorada, se guarda todavía. Y es, que en el día de Santa Cruz de mayo, casi en todas las puertas de las habitaciones bajas donde viven los artesanos, se ven capillas con la Santa Cruz, y muchachos que piden limosna para el adorno de ellas; y esto no es más que una pequeña parte de lo que se hacía antiguamente para festejar aquel día. No faltaban torneos y otras funciones que habrás ya visto en la vida de San Francisco de Borja, escrita por el Cardenal Cienfuegos en el capítulo donde refiere el extraordinario lance que aconteció al Santo en aquel día con motivo del festín que daba en palacio por razón de la misma fiesta; lance en que se vio en tanto apuro su virtud, como el carácter del cargo de Virrey de Cataluña que tan dignamente desempeñaba. 

En este día en los más de los pueblos del obispado se planta un árbol en la plaza, y se corona de flores, y en algunas partes lo llaman mayo, y si esto se hace en memoria o símbolo del árbol de la Santa Cruz, ciertamente que puede aquel llamarse el verdadero árbol de la libertad; así que tanto estos árboles como los referidos pinos, que se plantan en la iglesia, atendida la sazón en que se hace, muy bien pueden mirarse como una oblación de las primicias del retoño y nueva producción de las plantas. Por fin, en este mismo día de Santa Cruz (y concluyo con esto lo relativo a él) los dos párrocos de Santa María del Mar y de nuestra Señora de los Reyes o del Pino, por sí o por medio de sus tenientes, entran en el coro de la catedral con hábitos corales, y cantan el segundo responsorio del primer nocturno de los maitines, que por la tarde se cantan solemnemente en la iglesia. Esta asistencia de aquellos dos curas párrocos, que se repite en los maitines de Navidad y de Santa Eulalia, si por una parte puede considerarse como un testimonio de que la iglesia les convida a celebrar la fiesta, también puede ser mirada, por otra, como un reconocimiento que prestan las parroquias particulares de esta ciudad a la matricidad de la iglesia catedral, y a su universalidad de territorio en la ciudad y obispado; sobre lo cual ya te enviaré un ejemplar de los alegatos impresos, en que prueba la iglesia esta parroquialidad inter volentes, tanto en punto del cumplimiento del precepto pascual, como bautismo y demás.

En la Semana Santa, y aun en la de Pasión tiene esta iglesia varios ritos y ceremonias particulares. Desde las primeras vísperas de la semana de Pasión hasta el miércoles Santo inclusive, en todos los días feriales, el mismo canónigo que acaba de celebrar la misa mayor, vestido con alba y estola, lava los pies a algunos monacillos o sacristanes en una capilla del claustro. En estos mismos días feriales tiene también la iglesia la particular función que llaman de la Vera Creu o de la Vera Cruz. Se comienzan las vísperas, caído el velo blanco que está colgado en el presbiterio, quedando por consiguiente cubierta la vista del altar mayor. Hasta el tercer salmo se cantan las vísperas en tono regular, pero en el cuarto entra ya un tono más grave, solemne y pausado. Inmediatamente el clérigo que tiene el oficio de subdiaconil, baja al medio del coro y allí se deja caer los vestidos corales, y cubierta la cabeza con la capucha, pasa a convidar al canónigo más antiguo del coro en que está la hebdomada, y así sucesivamente en los demás días, alternando los coros, y recogidos otra vez los hábitos, se vuelve a su silla. A tiempo competente baja al plano del coro el canónigo convidado, arrastrando la cola de la capa magna y cubierta la cabeza con la capucha, siguiéndole seis de los residentes, se dirige a la sacristía, donde se quita los hábitos, y se viste con alba y capa pluvial, y a su debido tiempo sale de la sacristía con una cruz cubierta de una toalla negra y precedido de seis clérigos con velas verdes en la mano, y acompañado de los sacristanes menores y otros asistentes, se encamina al altar mayor por detrás del velo. Al entonar en el coro el himno: Vexilla Regis prodeunt, salen de detrás del velo dos monacillos con albas y tapadas sus caras con un crespón negro, y presentan dos estandartes cuadrados de fondo negro, en que está bordada la cruz y algunos trofeos de la Pasión del Señor. Este himno se canta por el coro con la mayor gravedad y pausa, alternando las estrofas con la música, y al llegar a la O Crux, ave spes unica, que canta la capilla de música en tono muy pausado y patético y con sordina, se empieza a levantar muy despacio el velo, y el expresado canónigo, puesto de espaldas al altar, manifiesta al pueblo la cruz en que se halla un notable pedazo del lignum Crucis, regalado, según dicen, por el Papa Luna al Rey Don Martín, y por este a esta iglesia. Entre tanto todo el coro está arrodillado, quitado el solideo, y con velas verdes encendidas en la mano. Sobre todo, se hace con la mayor solemnidad esta función en el día de Ramos. El salmo In exitu Israel se canta con una extraordinaria pausa por el coro y por todos los músicos de la capilla, acompañando con sus voces y los bajones. La estrofa O Crux la canta solemnemente la capilla de música, tocando los violines con sordina, y siendo la composición muy patética.

La concurrencia de gentes a esta función compite con su devoción y piedad, de que da claras muestras el profundo silencio que reina en ella. En casi todas las iglesias seculares y regulares de la ciudad se practica la misma ceremonia, pero en ninguna con la solemnidad que en la catedral. Eclesiásticos y seculares de distinción, que habían recorrido la mayor parte de las catedrales del reino y asistido a sus principales funciones, a todos les he visto manifestar la mayor novedad y sorpresa por esta de la iglesia de Barcelona. Sin embargo, yo tengo por superior función la que se hace con este motivo en Valencia y real colegio de Corpus Christi, fundación del beato señor Ribera.

Al hacer memoria de esta ceremonia me ocurre que San Sofronio, Patriarca de Jerusalén, refiere ser costumbre de su iglesia sacar de su caja la Santa Cruz a mediados de cuaresma para venerarla con mayor devoción. In medio jejunii, dice, adorationis gratia, proponi solet vitale lignum venerandae Crucis. (Sophr. Serm. in Exaltat. Sanctae Crucis. Bibl. PP., tom. 12, pág. 214). Tú combinarás (leo convinarás) una costumbre con otra y su semejanza en dos iglesias, ambas dedicadas a la Cruz.

En la noche del Jueves Santo, o luego de entrado el día del Viernes, esto es, a las doce de la noche, los señores canónigos y demás residentes que están de vela, van a la sacristía, y dando vuelta por detrás del presbiterio, llevan al altar mayor la reliquia de la Santa espina, que se venera en la iglesia, donde permanece con la iluminación de seis velas verdes hasta la tarde del mismo Viernes, en que después de acabados los divinos oficios y con procesión, que da vuelta por toda la iglesia, se vuelve a la sacristía, asistiendo todo el clero y el ayuntamiento de regidores. Todos los concurrentes van con velas verdes, y el oficial de Cabildo que tiene el empleo de Dormitolero, lleva en la mano tres velas verdes, las dos encendidas y la otra apagada. Según tradición de esta iglesia significan estas tres velas las tres iglesias dedicadas a la Santa Cruz; a saber: la de Roma, la de Jerusalem y la presente de Barcelona, yendo apagada la una en representación de la de Jerusalem, que se halla en poder de infieles. Los maitines del Miércoles Santo o de tinieblas comienzan con la particular ceremonia de que el oficial de Cabildo que tiene el oficio de subdiaconil, puesto en medio del coro, deja caer sus hábitos, y arrastrando la cola y cubierta la cabeza, entona delante del señor canónigo que hace la hebdomada, la antífona Zelus domus en voz baja y con mucha solemnidad. Si está en el coro el señor Obispo la entona delante del dignidad de Capiscol o Chantre, y este del mismo modo la entona después delante de su Ilustrísima, quien luego de vuelto el chantre a su silla la entona y sigue el oficio. En el día del Corpus y en su misa mayor, conforme a lo que se practica en el Jueves Santo, y regularmente en todas las iglesias de la cristiandad, el celebrante consagra dos hostias, la una para el sacrificio y la otra para ponerse en la custodia, que se coloca en la mesa del altar mayor luego de acabada la misa, y en ella queda el Señor manifiesto hasta salir la procesión, que empieza a las cinco de la tarde. En el cirio pascual se pone una vitela o Díptico con expresión de la epacta, aureo número, año del pontificado del Santo Padre, del Prelado, del Rey y demás que podrás ver cuando te muestre una de dichas vitelas que me han regalado. El cirio pascual se coloca sobre una especie de pedestal que tiene unas pequeñas ruedas en los extremos, y por medio de unos cordones lo tiran con facilidad monacillos, y va delante de la procesión que se hace antes de la misa mayor en los tres días de Pascua. En los Capítulos pascuales que comienzan con misa de Espíritu Santo, lectura de las constituciones y otras formalidades, se reza por el presidente la antífona, verso y oración del Espíritu Santo y la de San Agustín; de lo cual puede inferirse que por este Cabildo se observaba antiguamente la regla de este Santo Padre. Pero me parece que en todo caso sería meramente directiva y no obligatoria o profesada, por no encontrarse rastro de profesión ni de aquellos oficios de prior, enfermero, etc., que en otras catedrales denotan que en lo antiguo hubo una perfecta regularidad.

Largo he estado y pesado. Otra vez seré más breve. A Dios, Barcelona, etc.