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lunes, 31 de octubre de 2022

CARTA XCIII. Templo y canónica del siglo XI: su dedicación: reliquias de aquel antiguo edificio:

CARTA XCIII. 

Templo y canónica del siglo XI: su dedicación: reliquias de aquel antiguo edificio: fábrica de la nueva iglesia en el siglo XIV: arquitectos que entendieron en ella: su descripción, cementerio y sepulcros insignes: altar mayor de plata y noticia de algunos artífices que lo trabajaron: cimborio que lo cubre: silla episcopal detrás de él: formas incorruptas que allí se guardan: la iglesia actual no está consagrada: claustro e inscripciones notables de él.

Mi querido hermano: No queda vestigio del templo antiguo, digo del que hubo en tiempo de los Godos. Se sospecha que permanecería algo de su edificio a principios del siglo XI cuando el Obispo Pedro Roger emprendió la construcción de un nuevo templo, alegando que el que había era antiquísimo y tan deteriorado (pone deteriodado) que en tiempo de lluvias no podían celebrarse en él los divinos oficios. 

Así lo asegura en la escritura con que él y su capítulo vendieron al Conde de Barcelona Raimundo y su mujer Ermesindis la iglesia de S. Daniel, extramuros de esta ciudad, por precio de cien onzas de oro que habían empleado en la fábrica de la catedral. Publicó esta escritura el padre Roig, pág. 190, copiada del original que yo he visto en el archivo del monasterio de S. Daniel. De ella infiere el citado escritor que el templo que llamaba viejo el Obispo era el del tiempo de los Godos, conservado hasta el siglo XI: porque si Carlo Magno lo hiciera nuevo, cuando se conquistó esta ciudad, no parece, dice, verosímil que al cabo de 300 años (sólo son 230) se hallase tan deteriorado. Valgan o no estas conjeturas, es cierto que se había ya comenzado la fábrica de un nuevo templo el año 1015, que es al que pertenece, según la cuenta más común, el año XVIIII de Roberto notado en aquella escritura, y nunca puede pertenecer al 1017 como dijo el padre Roig; ni al 1016 como aseguró Pontich. El mismo año, y al otro día de esta venta, los sobredichos Condes en aumento de aquel precio dieron a la sacristía de esta iglesia cuatro modiatas de tierra en el llano de esta ciudad junto al río Guadello (hoy Guell) (Güell). Va copia del original que está aquí (armari. de la Canonja). Esta escritura basta para hacer ver que la Ermesindis, bienhechora insigne de esta iglesia, no fue mujer de Ramón Berenguer, sino de Ramón Borrell, que murió poco después en 1017 (a: Ap. núm. XXXIII.). Es regular que juntamente se construyesen el claustro y demás oficinas de la canónica; y no hay dificultad en entender así materialmente lo que dice la escritura de dotación de la canónica en 1019. Statuerunt... ut domus canonica construeretur = ad construendum et ditandum jam dictam canonicam. El edificio anterior, o estaría también deteriorado o sería mezquino y poco acomodado a los usos del siglo XI. En la escritura de consagración de la iglesia en 1038, se dice expresamente que el Obispo Pedro y su hermana Ermesindis domos in quibus qui Deo militare cuperent, canonice viverent... struxerunt. Y estas casas o edificios son los que indicaron distinguiéndolos de la iglesia, cuando decían: universas praefatae ecclesiae facultates, et congregationis ejusdem canonicae cum utrumque una sit eclesia propter fidei unitatem, et alterum utriusque diversum videatur habere nomen pro melius vivendi consuetudine. Continuaba esta obra en 1064, según se ve en el testamento que dije otro día de Ponce, precentor, el cual dejó centum mancusos auri monetae aeneae ad ipsam mansionem de ipsa canonica, quam Johannes facit edificare. El nuevo templo estuvo ya para ser consagrado en el año 1038, día 21 de septiembre: solemnidad a que concurrieron Wifredo, Arzobispo de Narbona, y los Obispos Oliva, de Vique, Heriballo, de Urgel, Bernardo, de Coserans, Guilaberto, de Barcelona, Berenguer, de Elna, Arnaldo, de Magalona y Guifredo de Carcasona (este último había sido Obispo de Besalú) (a: V. Tom. VI de este Viaje, págs. 192 y 204.), todos los cuales a ruegos de nuestro Obispo Pedro Roger y su hermana Ermesindis dedicaron el templo y confirmaron su dotación. Publicose esta escritura en la Marca Hispánica (apéndice número CCXVIII.), aunque con algunas inexactitudes de poca entidad, sino es haber omitido la palabra era en la fecha. Digo esto porque la he cotejado con el original. Permaneció este templo hasta principios del siglo XIV. Queda todavía una parte de él en la torre que el vulgo llama de Carlo Magno, y está al lado del norte; obra conocidamente del siglo XI, y que sirvió entonces de torre de campanas, como entre otras cosas consta de la escritura de erección del altar de San Esteban, hecha en 1362 in capella subtus campanile vetus (arch. episcopal, not. 43, fol. 37), y hasta hoy permanece bajo de dicha torre. La longitud total de este templo era lo que es ahora la nave grande del nuevo, y tenía también dos puertas, occidental y meridional, casi en el mismo lugar que las actuales. De esto se darán algunas pruebas en el discurso de este viaje.

A fines del siglo XIII se trataba ya de construir un nuevo templo, como se ve de una cláusula que más abajo copiaré del testamento del tesorero Guillermo Gaufredo. Y cierto que no podía obligarles a ello la ruina del que entonces había, pues tan fuerte es lo que nos queda de él. La empresa sin embargo no se verificó hasta entrado el siglo XIV. La primera memoria que hay de ello está en el Lib. verd. fol. 119, donde se lee: "Anno Domini M.CCC.XII. III. kal. maii capitulum Gerunden. in cerca nova ecclesiae Gerunden. more solito congregatum statuit, voluit et ordinavit, quod capud ipsius ecclesiae de novo construeretur et hedificaretur, et circum circa ipsum capud, novem capellae fierent, et in dormitorio veteri, fieret sacristia. Et cura ipsius operis fuit comissa per dictum capitulum, venerabilibus Raimundo de Vilarico, Archidiacono, et Arnaldo de Monterotundo Canonico." A estos comisionados se entregaron desde luego 10.000 sueldos que para el objeto había dejado el citado Guillermo Gaufredo. Repitiose el mismo decreto en 1316 (ibid. fol. 121). 

De las mismas palabras citadas se infiere que ya había entonces algunas obras nuevas, tal como cerca nova, donde se congregaba el capítulo, lo cual se repite en otros lugares. A principios de este mismo siglo se congregaban in dormitorio claustri. Más adelante in theca nova, y in volta (la nave) S. Johannis. En 1345 el Obispo Arnaldo de Monrodó (Monterotundo) ya fundó un beneficio en la capilla de los Santos IV mártires, Germano, Justuro, etc., que es una de las nueve que se construyeron en el cap o testero de la iglesia. El año siguiente se trasladó el altar mayor del antiguo sitio al actual. Sin embargo la obra prosiguió con lentitud bajo la dirección de varios arquitectos. Los que yo conozco son Jaime de Taverant, Francés, maestro de la catedral de Narbona, admitido a trabajar aquí en 1320: Francisco de Plana, Catalán, lo era a mitad de ese siglo, y fue excluido en 1368, cuando dieron la dirección de la obra a Pedro Coma (de Cumba), que al mismo tiempo trabajaba en la colegiata y torre de San Félix. En 1397 trabajaba Pedro de San Juan, de natione Picardiae. Otros se dirán más adelante. A principios del siglo XV la fábrica se continuó bajo nueva forma. Habíase trazado primero para templo de tres naves, circuyendo las colaterales el altar mayor. Bajo este plan se siguió la obra hasta los machones que sostienen el cimborio (pone simborio), inmediato al presbiterio. Parecioles entonces que su conclusión por el mismo término haría el edificio mezquino y agobiado. Y así se emprendió su continuación, de una sola nave que tuviese de latitud lo que las tres primeras, y mucho mayor elevación según correspondía. Dirigía esta obra Guillermo Boffiy. Levantados ya los machones laterales y paredes, se comenzó a dudar en 1416 sobre la solidez de la construcción, mayormente contra los embates de los vientos y estrépito de los truenos, estando como está en lugar tan elevado. Para asegurarse en punto tan principal fueron convocados los arquitectos siguientes: Pascual de Xulbe, arquitecto de la iglesia de Tortosa (llámanle lapicida et magister operis, y así a los siguientes), Juan de Xulbe, hijo del antecedente, y su sustituto en la misma obra de Tortosa, Pedro de Vallfogona y Guillermo de la Mata, arquitectos de la catedral de Tarragona, Bartolomé Gual, de la de Barcelona, Antonio Canet, escultor de Barcelona y arquitecto de la catedral de Urgel, Guillermo Abiell, director de las fábricas de Santa María del Pino, Carmen, Monte Sión, San Jaime y hospital de Santa Cruz de Barcelona, Arnaldo de Valleras, de la de Manresa, Antonio Antigoni de la parroquial de Castellón de Empurias, Guillermo Sagrera, de la de San Juan de Perpiñán, y Juan de Guinguamps, vecino de Narbona. Oídas las declaraciones juradas de todos, resolvió el Obispo Don Dalmacio de Mur con el capítulo proseguir la obra de una sola nave, porque a más de la solidez del edificio tendría mucho mejores luces y mayor elegancia. De este acto va copia (a: Ap. núm. XXXIV.) que no disgustará a los amadores de las bellas artes. Su obra continuó bajo este plan hasta su conclusión. En 1427 entró a ser su director Rotlinus Vautier dioces. Biterrensis. Excluido este en 1430 le sucedió Pedro Ciprés. La última bovedilla de la obra en el siglo XVII la construyó Josef Ferrer. A proporción que se iban concluyendo las capillas, se construían en ellas sepulcros para los que murieron antes de comenzarse la nueva fábrica, y habían costeado o elegido para sus entierros las capillas antiguas de la misma advocación. Y esto debe tenerse presente para evitar equivocaciones. Delante de la catedral hay una gran cuesta hasta el llano de la calle. A la escalera antigua que allí había, quiso sustituir otra el Obispo Don Francisco Arévalo Zuazo, a principios del siglo XVII. Al fin del mismo lo verificó el sucesor D. fray Miguel Pontich. Es un cuerpo de obra magnífico, cuyo total dividido en tres rellanos o mesetas, consta de ochenta y seis escalones con su balaustrada lateral de granito. La latitud en las gradas es de cincuenta y seis palmos, y en las mesetas de más de ciento. Mirando desde abajo presenta un todo elegante coronado con la fachada de la catedral, que aunque no está concluida, ni es de las de Herrera, conserva algunos vestigios del buen gusto. La puerta colateral del mediodía se llama de los doce Apóstoles por las imágenes de barro que en ella hay en otros tantos casilicios, labradas en 1458 por Antonio Claperos, obrer de Ymagens ó imaginaire, como decían, de Barcelona por precio de 600 florines de moneda de aquella ciudad. Existe la contrata en un lib. de act. capitul. en la curia episcopal, donde entre otras cosas se estipula que se labrasen de aquella ó semblant terra que es obrada la ymage de S. Eularia è la creu del portal nou de Barcelona, y que se cociese el barro y se barnizase de la misma manera.

La latitud del templo, así en la única nave como en las tres, es de 112 palmos, excluyendo el fondo de las capillas. La longitud total es de 408 salvo error, excluido también el fondo de la capilla última. De esta cantidad los 249 palmos, son la longitud de la única nave hasta el arranque de las tres, y los restantes 159 es la longitud de estas. La magnificencia y grandiosidad de la primera pieza, queda afeada con el coro que ocupa un buen espacio de ella, y es de mal aspecto y mezquino en lo exterior. Lo más notable que hay en él es, que en su salida al altar mayor hay cuatro sillas por parte de espaldas a dicho altar, las cuales tenían su destino determinado para ciertos oficios y dignidades. En los dos ángulos exteriores hay dos púlpitos donde se cantan las epístolas y evangelios. 

Las lecciones diariamente se cantan en el corillo alto al testero del coro. Sobre todo él cuelga desde la bóveda una como tienda recogida que llaman la mulaza, la cual despliegan (pone desplegan) para cubrir el coro en tiempo de grandes fríos. No sé qué parte de él se llamaría potentia, nombre con que expresan una obra de madera que en él se hacía por los años 1351 en el coro del Obispo, y para cuyo adorno labró algunas estatuas un maestro Aloy imaginator civis Barchinon.; cuya apoca está en la curia episcopal (not. 25. fol. 31). Advierto que el imaginator o ymaginayre de entonces, era lo que ahora decimos escultor. 

En los altares hay la desigualdad consiguiente a los tiempos de su construcción. En la segunda capilla a mano derecha están las fuentes bautismales, que son una taza octágona sostenida sobre un pie, adornada de buenas labores. Tratose de su construcción en 1535, y que fuese ex nostro optimo et duro lapide, encargándola a Juan Belljoch, Francés (que dirigía la fábrica de la catedral ya desde antes de 1528) por precio de setenta ducados de oro. Cobradas las dos terceras partes se fugó el artífice, en cuyo lugar entró Juan Roig, escultor. Esto digo porque no perezcan los nombres de estos profesores que me vienen a mano. Otras capillas están decoradas con sepulcros de Obispos, y en algunas se han ocultado estas memorias respetables con los adornos del mal tiempo. Dos sepulcros hay insignes en esta iglesia, los cuales estaban antiguamente en su galilea o cementerio a la parte exterior de la puerta principal, en tiempo en que la piedad de los fieles respetaba el sagrado del templo con una humildad que califica de soberbia la costumbre actual. En este punto eran tan religiosos los canónigos de esta catedral, que no se hallará uno enterrado dentro de ella antes del siglo XVI. Desde que se comenzó la obra del claustro actual en el siglo XIV, hicieron constitución con su Obispo D. Gastón de Moncada, en la cual se concedió a los prelados que ahora llaman dignidades, canónigos, presbíteros y clérigos de capítulo elegirse sepultura en el plano de él. Esto fue el año 1331. Antes de esta época se enterraban en el cementerio, y esto aún en 1292, como se ve en el testamento de Guillermo Gaufredo, tesorero de la catedral y hombre muy rico. Los presbíteros llamados stabiliti se enterraron siempre, y aún hoy por lo regular, en el carner del marrech, cementerio delante de la puerta de los Apóstoles. Los Obispos hasta todo el siglo XIII se enterraban en la sepultura que había en el capítulo, como se ve en el testamento del Obispo Don Pedro de Castellnou, y el del sucesor don Bernardo de Vilamarí, dice de aquella sepultura: ubi consuetum est pontifices ipsius ecclesiae sepeliri. Pontich dice que los Obispos cuya sepultura se ignora, se ha de creer que están en la del coro, que él llama Común de Obispos. Mas he registrado este depósito abierto a mis instancias, y con no pequeño trabajo, y hallé ser tan reducido, que apenas caben en él los dos únicos cadáveres que contiene. Los sepulcros principales que decía son del Conde Ramón Berenguer de Barcelona, llamado Cap de estopa, que murió violentamente a 6 de diciembre de 1082, y de la Condesa Ermesindis, que murió a 1.° de mayo de 1058, o 1059 como quieren otros. Ambos estuvieron antes en el lugar que he dicho hasta el año 1385, en que a 28 de julio mandó el Rey Don Pedro IV estando en la villa de Figueres, que fuesen trasladados donde hoy se hallan, es a saber, el del Conde sobre la puerta de la sacristía, y el de la Condesa al lado opuesto en lo alto de la pared entre las capillas de Corpus y San Juan. De la traslación del Conde da razón un letrero que hay junto a él, y dice así: in hoc tumulo iacet corpus illustris ac potentis viri domini Raymundi Berengarii, Comitis Barchinonae filii Dni. Raymundi Berengarii Comitis Barchinonae qui usaticos condidit. Hic propter multitudinem et densitatem crinium crisporum fuit dictus cap de stopes, qui vulnerato decessit nonas december in civitate Gerundae anno Dni. M.LXXXII. et fuit sepultus in quodam tumulo constructo foris in presenti Sede iuxta portam. Et postmodum translatus per illustrissimum principem et dominum Dnm Petrum tertium aragonum Regem (III de Cataluña y IV de Aragón) (3° como conde de Barcelona) ipsius comitis octavum neptem V. die november anno Dni. M.CCC. LXXXV regnique sui quinquagessimo. Pons dijo que esta era la Condesa Mahalta, mujer de aquel Conde, la cual después de muerto el marido en 1082, casó con Aimerico, Vizconde de Narbona, y vivía aún en 1111. Tengo por más verosímil que la Condesa aquí enterrada es la que dije, Ermesindis, mujer del Conde Ramón Borrell, hermana del Obispo Pedro Roger, la cual hizo mil bienes a esta canónica, fundó la capellanía de Santa Anastasia, la única que había aquí en su tiempo, dio trescientas onzas de oro como se dirá, y murió en 1058. Todos estos motivos de afecto y de gratitud inclinan a creer que de ella es este sepulcro, faltando en él inscripción y documentos coetáneos que lo testifiquen. Tampoco hay inscripción en el sepulcro del Conde, ni otra cosa más que el rótulo que dije.

Lo más notable de esta Iglesia es el altar mayor por su materia, labores y construcción. Su ara es una pieza de mármol de unos doce palmos de longitud y seis de latitud, adornada de varios recalados en su plano, los cuales se llenan con tablas para comodidad del sacrificio. Está enteramente aislada, y sus cuatro costados cubiertos con gran riqueza de plata y oro, y algunas piedras no despreciables. El principal está cubierto con un frontal de oro, que creo ser la tabula aurea, para cuya construcción dio la Condesa Ermesindis trescientas onzas de oro el día que se consagró la iglesia, como se dice en su escritura. A lo mismo pertenecerá la manda que Berenguer Guillem hizo en su testamento a 10 de marzo, año XXV de Luis el Craso (hacia el 1132), con estas palabras: Ad tabulam altaris Sanctae Mariae XL, et I mancussos almodienses: añadiendo además seis morabatines ad chorum faciendum Sanctae Mariae. Dicho frontal está dividido en treinta y dos cuadros, que representan de relieve varios pasajes de la vida del Salvador, cuyo centro ocupa un óvalo con una imagen de nuestra Señora. Al pie de este óvalo hay otro pequeñito, en que está figurada de esmalte una señora sentada, y al rededor se lee: Gisla Cometissa fieri iussit. Esta fue la segunda mujer del Conde Berenguer, hijo de Ermesindis, la cual ejecutó los deseos de su suegra, cuyo nombre se ve entallado en una piedra al lado derecho del que mira el ovalito, donde se lee: Ermesindis. Las figuras todas son de pésimo dibujo; cosa tanto más para extrañar viendo en el contorno y fajas divisorias algunas grecas y arabescos que no displacen. En los cuatro ángulos se pusieron de esmalte las figuras alegóricas de los Evangelistas con sus respectivos lemas. De los cuales sólo pude leer el de San Juan, que dice: More volans aquilae verbo petit astra Johannes. Entre las piedras engastadas hay un camafeo que me pareció la cabeza de Medusa, y dos sellos árabes que no copié por lo incómodo de su localidad. Las tablas laterales y testera son de plata, con varios relieves menos incorrectos que los otros, y que saben al siglo XIV. A lo menos es cierto de ese tiempo la tabla testera, pues a 1.° de julio de 1320 el Obispo Don Pedro de Rocaberti resolvió con su capítulo quod quadraginta Carlini qui erant... deputati ad opus turris de Subiranicis, ponerentur in opus tabulae argenteae quae erit RETRO altare... et ponderarunt dicti Carlini quinquae marchas et III uncias. (V. act. Capitul.) Yo no sé si pertenecerá a esta pieza la apoca que he visto de mil sueldos de Barcelona pro solvendo et satisfaciendo magistro Bartholomeo argenterio de operibus per eum factis et completis in retrotabulo argenteo altaris maioris, fecha VI, id. Maii, año 1325. Porque esta palabra retrotabulum propiamente es el retablo, o lo que ahora impropiamente decimos altar.

Este es también de plata desde el nivel de la mesa arriba, de la cual está separado obra de una vara, y tendrá de elevación unos doce palmos. Divídese en cuatro cuerpos iguales subdivididos en varios cuadrados, y con muchos relieves y figuras. El primero es obra de los dos Obispos Cruilles, hacia la mitad del siglo XIV, como se dirá en sus artículos: en los extremos están las figuras de estos dos prelados con muchos escuditos de sus armas, y en la base de este cuerpo se lee: Pere Bernec me feu. En la Curia Episcopal (lib. not. 34, fol. 102. b.), se llama este artífice Petrus Barners argenterius Valentiae et de domo Domini Regis, el cual a 1.° de diciembre de 1358 firmó a favor del Obispo Don Berenguer de Cruilles apoca final de todo lo que este le debía ratione illius (pone ilius) tabulae argenti cum universis imaginibus in ea per me factis... quae deposita et affixa est iuxta et retro altare Beatae Virginis Mariae Sedis Gerundae. Yo no decidiré si estas palabras se han de entender de la plancha que cubre el testero de la ara o del primer cuerpo del retablo, lo que sí me parece que el mismo artífice lo es de ambas cosas. Por otra parte me consta que Raimundo Andreu, platero de Gerona, ofreció al mismo Obispo en octubre de 1357 fabricar totam tabulam argenti quam vos facere intenditis subtus retrotabulum argenteum altaris maioris. (Ibid. not. 36. fol. 64.) Otro letrero había repartido en las dos pilastritas laterales de este primer cuerpo, mas cuando se trasladó a Barcelona todo el altar con motivo de la última guerra con los Franceses, saltaron varias planchas en que estaban las letras, y hoy sólo se lee: En lany M... bra deiars. El centro del segundo y tercer cuerpo ocupa el Sagrario, y el del cuarto la imagen de nuestra Señora, titular de esta iglesia: en sus extremos se hallan las de San Narciso y San Félix. También hay en las extremidades dos arquillas, que sin duda serán de reliquias. Remata el retablo en algunas cartelas, que llaman juratoris, y tres grandes cruces, dos de las cuales tienen antigüedad respetable. El retablo y mesa y escaño está todo cubierto con un pabellón o cimborio de plata, sostenido sobre cuatro columnitas cubiertas del mismo metal, y apoyadas sobre bases de mármol de mezcla en que abunda este país. Tratábase ya de su construcción en el siglo XIII, como se ve en el testamento citado del tesorero Guillermo Gaufredo de 12 de agosto 1292, en que dice: Dimitto etiam ad capud praedictae ecclesiae, vel ad cimborium argenteum faciendum desuper altare Beatae Mariae ad recognitionem Dni. Episcopi et capituli... illa decem millia solidorum barchinon. quae ad illud dare promisseram iam est diu. Mas quien costeó lo principal y se tiene por su autor es Arnaldo de Soler, arcediano de Besalú, que murió en 1326. La grandeza de este don merece que se copie aquí la inscripción sepulcral del bienhechor, que se halla en el claustro junto a la capilla que llaman de nuestra Señora de Bellulla. Dice así: Hic iacet Arnaldus de Solerio Archidiaconus Bisuldunensis, Doctor in jure canonico et civili, qui semper pro posse extitit promptus et fidelis atleta pro libertate et iuribus ecclesiae defendendis: qui etiam suis expensis propriis fecit fieri cimborium seu cohopertam argenteam super altari maiori ecclesiae Gerunden. Obiit autem anno Dni. M.CCCXX sexto. VIII. Kal. Augusti. R. dic pro tua et eius anima Pater noster. Cuando se construyó este cimborio estaba todavía el altar en su sitio antiguo, porque como dije, este presbiterio, o como llamaban Cap de la Esglesia, no se comenzó hasta por los años 1316, ni el altar se trasladó al sitio actual hasta el día 12 de marzo de 1346 (1347), a cuyo acto asistió el Arzobispo de Tarragona Don Fray Sancho López de Ayerbe, el cual consagró de nuevo el altar colocando en él las reliquias que se hallaron en el antiguo, y la misma taza de plata en que estaban depositadas. De esto se hizo escritura que he visto en la Curia Episcopal (not. 18. fol. 50), y no añade cosa particular a lo dicho, sino es la asistencia a este acto de Gaufrido, Obispo de Tarazona, y de Don Nicolás de Jamvila, Conde de Terranova, con otros nobles. Del mismo año hay noticia auténtica de otras reliquias, que serían de varios altares viejos. Va copia de la escritura (a: Ap. n. XXXV.). 

El grande espacio que queda entre el remate del retablo y el arco del cimborio o pabellón es oportunísimo para una práctica bien singular de esta iglesia. Por ambos lados del altar se sube en trece escalones al nivel del remate del retablo, donde en el intercolumnio central del presbiterio está colocada la silla pontifical de mármol blanco de una pieza y de buen gusto en sus sencillos adornos laterales. Téngola por obra del siglo XII. Más antigua que esto es la costumbre de subir el Obispo a esta silla cuando celebra de pontifical después de la primera turificación, y de continuar allí la misa hasta el ofertorio en que baja a concluirla al altar. De este rito antiquísimo y otras circunstancias suyas se dirá más otro día. Véase Martene de antiq. eccl. rit., lib. I, cap. IV, art. 3, mientras yo sigo mi descripción.

En un armario detrás del altar mayor está depositado un relicario que costeó D. Galcerán de Cartella en 1630, en el cual hay seis formas numularias ensangrentadas de color muy subido, pegadas a un lienzo. Se ignora el origen y circunstancias de estas formas: y esto basta para que no se expongan a la pública veneración. Conducta prudente que ojalá imitasen otros cuerpos. Un sepulcro de mármol que hay en el presbiterio es del cardenal Anglesola, de que se hablará. Está aquí corriente el uso de la cortinilla negra al tiempo de la elevación de la hostia. Si el edificio de esta catedral, que existió desde el siglo XI hasta entrado el XIV, estuvo consagrado o no, es cosa difícil de averiguar. Porque aunque existe la escritura de lo que llamamos consagración en 1038, ya sabes que muchas de estas actas no prueban más que la simple dedicación y confirmación de la dotación clerical. Con más certidumbre puedo hablar del templo moderno, que cierto no está consagrado: En 1539 con ocasión de un incidente funesto se declaró que no lo estaba quia nondum consumata (act. capitul. eo ann. fol. 27). En 1544 se mandó averiguar en libros antiguos y escrituras si constaba de su consagración; y como nada se hallase habita est pro non consecrata (ibid., fol. 320). Congregado aquí el concilio provincial de 1717, presidido por el Obispo de esta silla D. Miguel Juan de Taverner, como decano de la provincia, se entabló la pretensión de que se consagrase esta iglesia, mas no se efectuó. Sin embargo, se reza de su dedicación en la dominica II de octubre, día fijado por resolución capitular de 1581; antiguamente, quiero decir, en el siglo XI y XII, se hacía esta fiesta XI. kal. octob., como se lee en el martirologio Adoniano de este archivo, que es el día en que se efectuó la dedicación en 1038. 

En el siglo XIV se celebraba en la dominica inmediata a las témporas de septiembre, según dice una consueta escrita en 1360. El claustro ya creo que dije que es obra del siglo XIV y XV (a: El continuador de la España Sagrada, tom. 43, página 19, dice que puede ser obra del siglo IX. Tanta admiración me causa eso como el que atribuya (ibid.) la obra de los claustros de la catedral de Vique a los siglos X y XII; y mucho más diciendo en la página siguiente que sus columnas las trabajaba el cantero Portello en 1325. La verdad es que uno y otro claustro son del siglo XIV.) 

Algunas inscripciones hay en él que excitan la curiosidad por lo ingenioso de los leoninos usados entonces. Vayan algunas por muestra. 

A la parte de la iglesia y pegado a su pared. 


Post decies septem centum bis denique mille 

Et post tres annos Julii nonas bonus ille 

Bn. de Quexanis prohibens sua tempora vanis 

Sedis secundus precentor, crimine mundus 

Transiit ad regem celi servans bene legem. 

Iste corum rexit clare modulamina vexit. 

Cum superis vivit qui perpetuo stabilivit 

Ut sapiens obitum precibus misisque munitum 

In monasterio sancti de monte vocato 

Laurenci, proprioque loco Sedis sibi grato. 

Tu qui me cernis, pro me da vota supernis, 

Ut per vota pia valeat michi Virgo Maria. 


A la parte de la capilla de nuestra Señora del Claustro se halla este otro. 


Hoc iacet in pulcro persona pudica sepulcro 

Domnus Jazpertus. Folcradi laude refertus, 

Qui Gerundensis nituit Sacrista secundus 

Ac Ilerdensis virtute decanus abundus 

Consultus legum Patriarcarum quoque Regum 

Pluribus expertus in cunctis vir bene certus 

Norma bonorum, dogma piorum, semita morum. 

Forma proborum, duxque virorum, flosque decorum. 

Ut prius optavit, cum sanctis se sociavit, 

Regno Regnorum jubilans rectore polorum 

Anno milleno ter C. que quater duodeno 

Vicenoque die Junii cum fonte Sophie: 


En el foso que se abrió en el terreno del testero de la iglesia, luego que él estuvo concluido, comenzaron a enterrarse algunas personas ilustres, cuyos sepulcros se conservan sostenidos sobre columnitas y de otras construcciones en lo alto de la pared. Tanto más que estaban a la vista, y como que pertenecían sus entierros al cementerio que todavía se llama dels negres. De entre ellos va la siguiente inscripción de uno que se halla a espaldas de la capilla que antes fue de corpore 

Xpi, y ahora se llama del Crucifijo o Gregoriana, que refiere la institución de la fiesta del Corpus en esta iglesia antes de 1314. 


Iste Berengarius de Palacio vocitatus 

Moribus egregius vite meritis trabeatus 

Sedeque Sacrista pariterque Diacon in ista 

Contemplans festa Dominique salubria gesta 

Qualiter in cena residens turba duodena 

Panem mutavit in corpus, sicque sacravit 

Vinum fans ore suus hinc fit sanguis honore 

Ipse Sacramenti tanti statuit reverenti 

Voto laude pari sollemnia concelebrari 

Huius formosi pre cunctis et preciosi 

Corporis hic Xpi. per quem gens salva fuisti 

Anniqueversaria duo constituit peragenda 

Digne pro venia sibi cultus attribuenda 

Unum maiorum, reliquum quoque Presbiterorum

Quisquagenorum petiit requiem superorum 

Anno milleno tercenteno quoque deno 

Quatuor addendis, Februique bis octo Kalendis. 

Hunc comitem mense Sanctorum Xpe. recense. 


Y ya que estamos en inscripciones no es de omitir la del sacrista de esta iglesia Guillermo de Mongrí, electo Arzobispo de Tarragona, cuya silla gobernó desde 1234 hasta 1238; varón célebre por los hechos que de él se dirán en el catálogo de los prelados de aquella metrópoli, como por la humildad con que se resistió siempre a ser consagrado, y con que al fin logró que se le admitiese la renuncia. Vivió ejerciendo su dignidad de sacristía hasta el 1273: tiempo en que fundó la cartuja de S. Pol de marítima, trasladada después a Montalegre. Hállase hoy su sepulcro sobre la puerta que sale de la iglesia al claustro. El epitafio es de su tiempo, y está distribuido en dos columnas que no se han de leer seguidamente como está en las copias que hay por acá, sino pareando los versos de una con los de la otra, así: 

Vivendi norma sit cunctis haec mea forma. 

Sum G. de Montegrino Sacrista Gerunde 

De cujus fonte multi dotantur habunde 

Metropolim rexit, hereses sua dextera flexit. 

In Terrachona donavit grandia dona, 

Christicolis apta per eum fuit Eviza capta 

Et Frumentera, statuendo cantica vera. 

His de Cartoxa dat cenobium sua doxa 

Edeque Sacriste templum Domino dedit iste 

Dans Sancti dici missas ara Dominici 

Lumine centeno Sedes hec gaudet ameno 

Claustris eximie per eum fit imago Marie:

Prequedicatores vestiri datque minores 

Pascuntur miseri panibus huius heri. 

Denos presbiteros ter constituit probus heros 

Transiit e mundo Cristo societur eundo. 

Anno milleno C. bis cum septuageno 

Et tribus undenas Julii jungendo Kalendas. 


Más apreciable que todas estas deberá ser una inscripción romana, que según me dijeron está en el altarcito de Santa Elena en el tránsito del palacio a la catedral. No me retrajo de su examen lo difícil que era desembarazar aquel lugar para poderla leer, sino el haberme asegurado un amigo que estaba ya publicada por D. Ramón Lázaro Dou, canciller actual de la Universidad de Cervera, en el cuaderno que imprimió en aquella ciudad en 1767 con el título: Inscriptiones romanae Catalaun. repertae post vulgatam Syllog. Josephi Finestres. Con lo cual, pues no era cosa nueva, pasé a ver otras que lo fuesen (a: En el tomo 43 de la España Sagrada, pág. 16, y sig. se publica dicha inscripción como inédita, supuesto que ni Pujades, ni Marca, ni Roig, ni Masdeu la publican. Mas también lo es que Dou la publicó, y que de su obrilla dio noticia la Bibliot. de escrit. de Carlos III, y que la conoció y disfrutó el padre M. Risco en el tomo 34 de la España Sagrada pág. 30.) 

No faltan en esta iglesia pinturas buenas. En el aula capitular y piezas anteriores las hay de mérito. En las ciudades limítrofes, como esta, la frecuencia y estragos repetidos de las guerras, no dejan estar de asiento las bellas artes, que sólo medran a la sombra de la paz y tranquilidad pública y privada. He llegado tarde y cansado a estas reflexiones. A Dios, etc. 

viernes, 15 de julio de 2022

Carta XLV. Viaje a la iglesia de Vique.

Carta XLV. Viaje a la iglesia de Vique: origen de este nombre: cuando comenzaron sus obispos a intitularse Vicenses. Vique antes villa, y Roda ciudad: qué Roda fue la destruida por Aizón. Los obispos señores de Vique: su derecho de acuñar moneda: noticia de monedas Ausonenses inéditas del medio tiempo. Fábrica de la nueva catedral y su descripción. Demolición de la iglesia de Santa María, llamada la Rotunda. Claustro antiguo conservado a mucha costa. El titular de esta catedral fue siempre S. Pedro, y no Santa María. 

Mi querido hermano: Con gran gusto empiezo a tratar de la santa iglesia de Vique, así por los muchos y preciosos monumentos eclesiásticos que quedan en ella inéditos, dignos de la atención de nacionales y extranjeros, como por la franqueza con que me ha permitido disfrutarlos el actual Señor obispo D. Francisco de Veyán y Mola, y el M. I. Cabildo por medio de sus comisionados el Sr. arcediano D. Josef Sala, y los Sres. canónigos D. Pedro Magnet, lectoral, y D. Antonio Pastoret.

Ya sabes que esta ciudad es la antigua Ausa romana, de quien tomaron nombre los pueblos Ausetanos. Los godos, dándole como a otros pueblos su terminación acostumbrada, la llamaron Ausona: nombre que se conservó aun después de la devastación de los árabes. Mas como a ella sucedió la traición de Aizón, que acabó de asolar un pueblo tan floreciente, comenzaron en su conquista y reedificación a fines del siglo IX a llamarla vicus Ausonae, arrabal o barrio de Ausona, del mismo modo y por la misma causa que se llamó vicus Urgelli, vicus Julii, vicus Illiberri y vicus Elnae. 

La lengua vulgar contrajo según costumbre el diptongo au, y formó Osona, nombre de este condado, que mucho tiempo estuvo unido con el de Barcelona, como acaso se dirá, y puede verse en los historiadores.

La lentitud con que se restauró la ciudad dio lugar a que se radicase la costumbre de llamarla Vicus; tanto que desde los principios del siglo X ya es muy común llamarla Vicus solamente, olvidada la adición de Ausona. Hablo de las escrituras de venta, donaciones, cambios &c., porque los papas, reyes, concilios y obispos no dejaron de decir Ecclesia o Episcopus Ausonensis, hasta los siglos posteriores, en que se substituyó el título de Vicensis. En el decreto de elección del obispo Jorge en 914 se usaron promiscuamente ambos dictados, como se verá en su lugar. Sin embargo debe fijarse el siglo XIII como época de esta mudanza, aunque no falten obispos posteriores que afectando antigüedad se llamaron Ausonenses; lo cual ni apruebo ni desapruebo. Pues digo que en los instrumentos de donaciones &c. constantemente se lee Ecclesia Sancti Petri in Sede Vico: dono ad Sancto Petro, sito in Sede Vico. Es tan común esta expresión en el siglo X y los dos siguientes, que se debe tener por cierto que el nombre vulgar de esta ciudad era Seu de Vich (Sedes Vici), al modo que a la de Urgel llaman aún hoy Seu de Urgell. 

He llamado a Vique ciudad, no porque lo fuese en aquellos tiempos, que muy cierto es que no suena sino con el nombre de villa en cuantos documentos he visto hasta fines del siglo XIII, cuando aumentada ya su población comenzaron los notarios a llamarla ciudad, sin que se sepa el modo con que adquirió este título. Es esto tanto más de extrañar, cuanto en aquellos mismos siglos desde el X adelante llaman siempre ciudad a Roda, lugar hoy muy pequeño, distante una legua de Vique en la ribera del Ter, con ser así que el citado Aizón la destruyó hasta los cimientos, y que no tenía más posibilidad que Vique para restablecerse. Esta es la opinión común de nuestros escritores modernos. Mas en el archivo de la iglesia de Roda de Aragón (de Isábena) he visto la escritura de consagración de la iglesia de S. Esteban del Mall, inmediata a aquella villa, en la cual sus fundadores los condes de Ribagorza, Unifredo y Toda entre otras cosas dicen: sicut autem ibi mitto totum ipsum alodem, qui fuit de EZONE TRADITORE (Aizón traidor). La inmediación del lugar a Roda y el nombre de Ezón y aun su calificación de traidor, hacen sospechar que dominase allá aquel rebelde, y que aquella Roda fue la víctima de su furor. Conozco que es conjetura débil, y me basta haberla propuesto. 

El primer obispo después de la restauración de Ausona, llamado Godmaro, alcanzó del rey Odón de Francia un privilegio o como llamaban praeceptum, en que le confirió el señorío de esta ciudad y territorio, el cual publicó el P. Flórez en el tomo XXVIII de la España Sagrada. Desde esta época (año 889) fueron los obispos sus sucesores señores de Vique, con toda la jurisdicción que a este título corresponde. En los siglos siguientes se halla que la casa de Moncada (a) poseía el señorío de la parte superior de la ciudad, donde tenía su palacio, y la plaza llamada Quintana, quedándose el obispo e iglesia con la parte inferior. 

(a) Esta es la opinión común. Mas el sabio marqués de Mondéjar, en la historia MS. de la casa de Moncada, prueba que los primeros poseedores de la parte superior de esta ciudad fueron los apellidados Dapifer, nombre no sólo de oficio, sino de familia distinta de la de Moncada hasta principios del siglo XII, en que suenan unidas por la primera vez por el casamiento de una hembra de Moncada con un varón de la de Dapifer, el cual tomó el apellido de la mujer, y esta transmitió a sus descendientes el Dapiferato, o o Senescalía, o Mayordomía de la casa real. La época de este señorío que digo la fija en los principios del siglo XI, y en el pontificado del obispo Arnulfo, quien lo cedió a su hermano Mirón. 

Mas es evidente que esto no pudo ser sino en feudo de la iglesia, y a ello aluden las escrituras de homenaje hasta el siglo XIV. Fácil es de entender que dos señoríos dentro de una misma ciudad habían de ocasionar muchos disturbios, siendo como eran tan poderosos en el estado los Moncadas, y estando tan en su vigor como estaban entonces las armas de la iglesia. Escarmentado de esto y deseoso de la paz, sin la cual es inútil todo el esfuerzo del ministerio eclesiástico, trató el obispo D. Berenguer Çaguardia de poner la parte de su jurisdicción en manos de un señor que pudiese al mismo tiempo proteger la iglesia y sus individuos. Y así por medio de una permuta la cedió al rey D. Jaime el II a 22 de Septiembre de 1315. Había pensado enviar adjunta la copia de esta escritura; pero es larguísima, y te ha de ser costoso su porte. Mejor será guardarla para la colección diplomática, donde hará buen papel. Entanto (entretanto) diré para muestra algunas de sus curiosidades. El obispo cedió al rey todo el dominio directo de la ciudad y territorio, que llama Ausonia, incluso el feudo de la parte que tenían los de Moncada, y el censo de dos morabatines anuales que la iglesia recibía por la plaza llamada de la Quintana: item el derecho de acuñar moneda propia, reservándose la décima de la que se acuñase de nuevo. Retúvose también el obispo su palacio, casas canonicales, hornos, escribanía pública, y 200 sueldos de censo para la Rotunda que pagaba la plaza sobredicha. También se retuvo intestias, exorquias, cugucias, et arsinas, et redemptiones hominum, et mulierum, prout ea haberi et recipi consueverunt (estas serían cláusulas de estilo, porque en ese tiempo estaban ya abolidos casi todos esos malos usos): item retinemus plateam clericorum, quae dicitur platea B. Mariae, cum sit ad usum et recreationem clericorum hactenus deputata, et ibi fuerit cimiterium ab antiquo. = Retinemus quod in cloquerio Sedis non cornetur seu bucinetur, nec sonus etiam emitatur, nec etiam ad sonum pulsentur vel repicentur cimbala in eodem cloquerio: Intelligimus tamen, quod praedicta possint fieri in dicto cloquerio per guaytam, quae ibi est, et non per sagiones, donec vos dominus rex duxeritis de loco ad hoc idóneo providendum. A este tenor hay otras cosas que observar. El rey cede por su parte varios derechos, censos y rentas en Vique, Cervera, Caldes de Mombui, Manresa y otras partes, y en la última de las mencionadas habla de cosecha de azafrán. A esto dicho en globo se reduce esta escritura, la cual por comisión del arzobispo de Tarragona Guillermo de Rocaberti aprobó el obispo de Barcelona Ponce de Gualba. La parte de la ciudad que tenían los de Moncada, al cabo vino también a ser enteramente de la corona real en 1450. 

Al señorío antiguo del obispo era consiguiente, como dije, el derecho de acuñar moneda propia. Parece sin embargo que aún no lo poseía en el año 911, en que el conde Wifredo de Barcelona en su testamento publicado en la Marca Hispánica (col. 838.) concede a esta iglesia la tercera parte de la moneda que allí tenía. Mas esto prueba por lo menos que había moneda propia de Vique, siendo cierto que corrían los denarios y los sueldos de plata Ausonenses en todo el siglo X, como he visto en muchas escrituras de compra y venta, en que suena moneta de Vicho grossa, y de otras clases. Mas que el obispo tuviese este derecho de acuñar la moneda, consta la primera vez que yo sepa de una carta inédita del obispo Oliva, de que hablaré otro día, en que dice haberse impuesto en el sínodo pena de excomunión al que monetam nostram falsaverit, aut minuerit, aut denarios detonderit. Esto fue antes de la mitad del siglo XI. A fines de él en el año 1099 hizo testamento el obispo Berenguer Rosanes, donde entre otros legados dejó a su cabildo percussura Vicensis villae numismatis, que parecen ser los troqueles u otros instrumentos de su fábrica, propios del obispo. Más claramente consta este derecho por el decreto del obispo D. Pedro Redorta del año 1174, en que restauró y acuñó nueva moneda en Vique de cuatro dineros de plata cada una; de modo que la marca valiese XVIII sueldos de dineros, la cual ofreció no alterar jamás, imponiendo al que no comprase y vendiese con dicha moneda la pena de diez sueldos si era rico: et si de minoribus est, dice, ascendat in ciconia die mercati; et si infra septimanam contigerit, intret in costel. Va copia del documento (a: Apend. n. I). Por el daño que debía resultar al erario real con la fábrica de moneda de esta ciudad, o por otras causas, el rey D. Jaime I la mandó suspender en el mes de Mayo de 1254 por orden comunicada a su veguer Pedro de Vilaragut. Mas el obispo D. Bernardo de Mur defendió su antiguo derecho, y apoyado de nuevo en un breve del papa Inocencio IV, que lo confirma en la posesión de dicha fábrica, publicó a 6 de Marzo de 1254 (que es nuestro 1255) un decreto en que supone haber restaurado o acuñado nueva moneda, y manda su observancia con pena de excomunión reservada a sí mismo (a: Apend. un. II. et III.). De la calidad de esta moneda antigua de Vique nos ha conservado noticia el deán de esta iglesia Don Juan Luis de Moncada, que poseía cuatro todas de plata. Dos de ellas figuraban a San Pedro, y en el reverso se leía Ausona. Otra decía en el reverso BRG, acuñada, según dice aquel escritor, en tiempo de alguno de los Berengueres, condes de Barcelona y Ausona: y ¿por qué no en tiempo de Berenguer obispo, y como tal señor de la ciudad? La cuarta dice que tenía en el anverso dos cabezas y al rededor S. Petrus, S. Paulus; en el reverso la figura de un hombre con una vara levantada en ademán de dirigir dos bueyes que lleva delante de sí, y la letra Ausona. Yo puedo añadir que esta última especie de moneda corría aquí a mediados del siglo XI; porque en una escritura que he visto en esta catedral de venta de un campo en la parroquia de Gurb, que hacían Guilaberto Isarn y Ema su mujer a Arnaldo Miro y su mujer Avindame, IIII. Nonas Martii anno XXIII. Philippi Regis (1082), se dice que es propter pretium IIII. solidos monetae Vici optime, ubi boves sunt depicti. Los afectos a Pierio Valeriano podrán divertirse en adivinar el jeroglífico de los bueyes. No será extraño que los que batieron esta moneda quisiesen imitar el estilo de las colonias romanas indicadas con el arado y bueyes; y así siendo como es del tiempo medio, pertenecerá al de la restauración de esta ciudad a fines del siglo IX o principios del X. He oído algunos que sospechan si sería esta la moneda con que se pagaba el tributo llamado bovage (bouage). De esta rara moneda y de otras cuatro de la misma ciudad he merecido un exacto dibujo al laborioso paleógrafo D. Francisco Mirambell y Giol, socio de la academia de bellas letras de Barcelona, y cura de la villa de Prats de Llusanés (o Llusanes) en esta diócesis. Su infatigable afición a la anticuaria, singularmente a la paleografía, es mucho más recomendable por la pericia en dibujar y grabar por su mano cuantos diplomas y monumentos conducen a su objeto, de los cuales tiene ya trabajadas las muestras de los siglos XIII, XIV y XV. Pues digo que de este sujeto es el adjunto dibujo y también la explicación de las cinco monedas Ausonenses que él posee, y hallarás al fin de esta carta, con que excuso decir más. 

No creo haya quien desprecie esta antigualla porque no es romana; antes era muy de desear que se publicase una colección de las del tiempo medio, singularmente de las muchas que se acuñaban en este principado en los varios condados que le dividían. 

Las inscripciones romanas pertenecientes a esta ciudad están ya muchas veces publicadas. Y advierto que la dedicatoria a Minerva, que antes estuvo en la catedral ante el altar de S. Bernardo, hoy se halla en el claustro maltratada en su primera linea, como dijo Flórez. Han perecido sin duda las que este publicó tomadas de Muratori y Grutero, como existentes en esta ciudad.

Tampoco queda rastro del edificio antiguo de la catedral consagrada en tiempo del obispo Oliva, en el año 1038 de Cristo. El gusto moderno no sufría la desigualdad e incómoda mezquindad de aquel edificio remendado en varias épocas, y de corta capacidad para este vecindario. Esto movió al obispo D Fr. Antonio Manuel de Artalejo para emprender con su capítulo en el año 1781 la reedificación de este templo de que fuese susceptible su localidad. Muerto este prelado en el año siguiente, lejos de acobardarse el capítulo con este suceso, extendió todavía más el plan comenzado. 

La longitud que necesariamente se debía dar al edificio no podía verificarse por el testero, y así se resolvió tomarla por el frontis. Resultó de aquí la indispensable necesidad en que se vieron así el nuevo obispo D. Francisco de Veyán y Mola, como su capítulo, de derribar la iglesia de Santa María, que por su figura llamaban la Rotunda; edificio aislado enfrente de la catedral, quedando sólo entre ambos 30 pasos de distancia, con que se impedían mutuamente su elegancia, y hubiera estorbado no poco los concursos del pueblo y el decoro en las funciones eclesiásticas. Esta Rotunda comúnmente se ha tenido por iglesia muy antigua, y se ha ponderado su mérito más de lo debido (a). (a) Flores: tom. XXIX. p. 84. Pons: viaje de España, tom. XIV.

Pero consta que la edificó el canónigo Guillermo Bonfill en el año 1140, y que la consagró el obispo D. Pedro Redorta cuarenta años después. Su figura era perfectamente circular, y con no tener estribo alguno en la parte exterior, con sólo el espesor de sus paredes de piedra sostenía un proporcionado cimborio, y una linterna que servía de torre de campanas, con una de las cuales se hacía la última señal para las horas canónicas. Hallábase ya el todo del edificio bastante deteriorado y con grietas tamañas que hacían recelar su total ruina. Con esto y con su poca elegancia y antigüedad fue fácil consentir en su demolición. Mas porque no pereciese su memoria, siendo como era por otros títulos respetable, según diré más adelante, mandó el Consejo de Castilla que se levantase en el centro de su plano algún monumento que conservase la memoria del edificio antiguo. Dispúsose pues un basamento circular de piedra de nueve palmos de diámetro y diez y ocho de elevación, sobre el cual se colocó un templete con ocho columnitas dóricas pareadas de mármol del país y una estatua de nuestra Señora. Pusiéronse allí mismo cuatro inscripciones latinas, que dan razón de lo que fue esta iglesia, y del motivo porque se derribó en 1787. 

El templo nuevo es espacioso de tres naves con su crucero. Se ha conservado y aun se ha conformado el resto del edificio a la nave que ya existía desde la mitad del siglo XVII a la parte del evangelio, donde se construyó la capilla de S. Bernardo Calvó, obispo de esta iglesia, a expensas del canónigo D. Juan Rexach, que murió en 1632, de la que hablaré otro día. El altar mayor es el antiguo, no el construido en tiempo del obispo Oliva, sino otro de los siglos posteriores, y acaso del XIV, en que vivía un sacrista de esta iglesia de la familia Despujol, cuyas armas con las del capítulo se ven en unos escuditos muy pequeños al lado de la estatua del titular S. Pedro. Está trabajado en mármol o más bien alabastro, y distribuido en cuatro iguales y pequeños cuerpos, donde hay varios relieves de la vida de aquel Santo Apóstol, cuya estatua también de mármol se halla en medio de ellos: todo del gusto que llamamos gótico.

Entre los demás altares nuevos y de buen gusto más o menos, son graciosos el del Crucifijo del trascoro y el de nuestra Señora del Pilar, en cuja capilla se ha asignado el beneficio de la antigua, que tenía la advocación de la Trinidad. Ambos los ha costeado el Sr. obispo actual: el primero de mármol casi negro, o brecha de la cantera de Santa Magdalena a una legua de esta ciudad, y el segundo de mármoles de Carrara. De la misma cantera de Santa Magdalena son las columnas del frontis de la iglesia, el cual tiene algunas impropiedades arquitectónicas. Sería muy de desear que los naturales se aplicasen a beneficiar y dar a conocer las muchas y excelentes canteras de jaspes y mármoles que hay en sola esta diócesis, de las cuales he visto varias muestras recogidas por dicho Sr. obispo.

Pegado a la iglesia se halla el claustro de buena labor al gusto gótico y de singular magnificencia. Comenzóse en el año 1318, y se concluyó hacia fines del mismo siglo (a). (a) En el tomo XLIII de la Esp. Sag., impreso en 1819, se lee (pag. 19.): en el (siglo) décimo y undécimo ya hacían los artistas de Gerona obras acabadas en este género, como se ve en los claustros de la catedral de Vique, cuyas pilastras se trabajaban en Gerona... El artista que trabajaba en Gerona las pilastras de la catedral de Vique se llamaba Berengario Portell, y las hizo en el año 1325. Dos cosas debo decir: 1.a que las pilastras de estos claustros no se trabajaron en el siglo X y XI, sino en el XIV: 2.a que no se trabajaron en Gerona, aunque el artífice Berenguer Portell era de aquella ciudad; y esto es lo único que dicen las palabras latinas que allí se citan, donde es llamado lapicida Gerundensis, y no más. Las columnas se trabajaron aquí, como es regular; y según la tradición, se cortaban de una cantera que todavía subsiste junto al río Ter, cerca de Vique. - Esta obra de los claustros dirigía como arquitecto en 1325 Ramón Despuig, a quien se daban de jornal dos sueldos y seis dineros. En 1333 era director N. Ladernosa, cuyo jornal era de tres sueldos; el de su discípulo N. Plana de diez y ocho dineros, y diez el de los peones. Esta noticia me ha dado posteriormente el canónigo D. Jaime Ripoll. 

Es digna de alabanza y de memoria la resolución que se tomó con ocasión de la nueva catedral. Porque aun con haberse levantado el piso del templo, quedaba mucho más alto el del claustro; y para evitar este inconveniente, a que difícilmente se acomoda la delicadeza del gusto moderno, lo deshicieron piedra por piedra, volviéndolo a colocar al piso, y conservando por este medio costoso un edificio elegante y de lo mejor de aquel género. Ojalá se hubiera puesto igual diligencia en conservar los sepulcros de obispos y de otros personajes ilustres, que estaban depositados con más o menos suntuosidad en el claustro y en la iglesia; los cuales ya que erradamente se creyó que obscurecieran el esplendor de la nueva fábrica, pudieran haberse recogido, y siquiera amontonado en una pieza para fomento de la gratitud y utilidad de la historia. Mas no bastaron en esto las disposiciones y los clamores de las personas ilustradas, que conocían el mérito de lo que tan bárbaramente destruyó la ignorancia.

En la bóveda subterránea del claustro había antiguamente varias capillas, entre las cuales era muy celebrada la de S. Nicolás, donde se decían las misas matutinales, llamadas populares, en las cuales a principios del siglo XIV se prohibió cantar el evangelio y señaladamente la epístola en vulgar en el día de S. Esteban (Esteve); de lo cual diré más cuando se trate de los ritos de esta santa iglesia. También se hablará otro día de la biblioteca pública que se está preparando, construida sobre el claustro, en cuyas ventanas se ha guardado el estilo gótico; y así tiene aquel luneto la unidad y propiedad tan necesaria en las bellas artes.

No tuvieron este cuidado en la portada de la nueva capilla de la Rotunda, que se ha construido en un ángulo de dicho claustro a semejanza de la antigua, y para conservar todos los privilegios y distinciones de ella, que son singulares, y ofrecen especulaciones curiosas. Porque primeramente su rector y beneficiados están incorporados en el clero de la catedral. Todos los difuntos de la ciudad son conducidos a esta capilla, donde se canta una misa antes de ser llevados a su sepultura. En la noche de Navidad al entonarse en la iglesia la gloria de la misa, sale de la sacristía el arcediano con ornamentos sacerdotales, precedido de muchos clérigos con antorchas y sin más ministros que el diácono; y pasando por medio del coro va a la Rotunda nueva a celebrar otra misa. Reliquia débil de la costumbre antigua, según la cual el obispo, llevando por diácono al arcediano y acompañado de la mayor parte del clero, pasaba a celebrar en la Rotunda su primera misa, que según se ve en las consuetas era la principal (a). (a) En una consueta del siglo XV se halla descrita esta costumbre con estas palabras: “Finito Te Deum in choro, episcopus, vel alius sacerdos pro eo, indutus  cum ministris, praecedentibus pueris cum luminaribus, vadant ad ecclesiam Rotundam B. Mariae canendo Aña: ó beata infantia: et ibi celebretur missa ad pullorum cantum. Et cùm fuerit in ecclesia B. Mariae episcopus vel alius celebrans pro eo, ebdomedarius cùm diacono... similiter incipiant missam in altari B. Mariae de choro (en la catedral). Finita missa in ecclesia B. Mariae, redeat episcopus, et cùm fuerit in choro, facto classico incipiant Laudes.” 

Esta preeminencia inmemorial, mandada observar ya en los principios del siglo XIII, ha hecho creer a algunos que esta pequeña Rotunda dedicada a Santa María era la primitiva y verdadera sede episcopal; a lo cual parece inclinarse el P. M. Flórez, fundado en el privilegio dado por el rey Odón al obispo Godmaro en el año 889, donde dice que esta catedral estaba dedicada a Santa María y S. Pedro. De esto sólo podrá inferirse a mi parecer que en tiempo de Odón había ya dos templos, uno dedicado a Santa María y otro a S. Pedro, los cuales suenan también distintos en los años siguientes. Mas no creo que el de Santa María fuese reputado por sede episcopal. 

El punto merece alguna discusión. Sea verdad que el obispo Oliva edificó desde los cimientos el templo que se consagró en 1038 dedicado a S. Pedro; no por eso diremos que entonces comenzó a ser conocida la sede con ese título; porque es regular que antes hubiese otro templo viejo y pequeño en el mismo sitio, así como existía el edificio de Oliva, donde ahora está el templo moderno levantado en nuestros días desde los cimientos. Antes si se reflexiona un poco, se verá que la empresa de aquel prelado en reedificar el templo de S. Pedro, y no el de Santa María, prueba que aquel y no este era su sede. Además en la escritura de aquella consagración no era regular que se omitiese como se omite el título Sanctae Mariae, si lo creyesen verdadero de esta sede; mayormente tratándose en dicho documento, no sólo de consagrar el templo de S. Pedro, sino de confirmar los bienes, lindes y privilegios de la sede episcopal, a la cual nunca dan sino el título Sancti Petri, o SS. Petri et Pauli Apostolorum. ¿Mas cómo le habían de dar otro, sin hacer e introducir usos nuevos en su iglesia? Del mismo pontificado de Oliva hay algunos documentos anteriores, los cuales siempre llaman así a su sede; y aun para expresar la diócesis dicen Dioecesis Sancti Petri. Tampoco se le dio otro nombre en el testamento y restauración de esta canónica que hizo el obispo Wadamiro en 957. Así la llama también el obispo Idalcario en su testamento año XI del rey Carlos el simple (908, o 909). En suma no he hallado documento alguno que para indicar la sede episcopal exprese sólo el título Sanctae Mariae; poquísimos los que juntan los titulares de los dos templos; y los restantes, que son innumerables, sólo ponen a S. Pedro. Así que si a principios del siglo X era este el título de la catedral, no cabe duda en que este lo era también 20 años antes en tiempo del rey Odón; el cual añadió el de Santa María, o por devoción y respeto a la iglesia inmediata, incorporada en la catedral, o porque dentro de ella había un altar muy distinguido Sanctae Mariae de choro, cuyo título no es extraño que se añadiese al de S. Pedro, así como se le añadió en muchas escrituras el de S. Pablo, en razón del altarcito dedicado a este último apóstol al lado del altar mayor. Y bien saben los que han visto los millares de escrituras que hay en este país de dedicaciones de templos, que en ellas no se expresaba sólo el nombre de su titular, sino el de todos los altares que en ellos había. Otra conjetura me ocurre, y es que el rey Odón puso en su confirmación el título Sanctae Mariae para indicar la iglesia de Manresa dedicada a Santa María, supuesto que en el mismo documento llama al obispo Godmaro Ausonensis et Menresensis. 

Por devoción se introdujo la práctica de la misa de Navidad, y también la de los entierros; y si no fue esta la causa de introducirse estas costumbres, será otra que se ignora, pero no preferencia de sede.

Más: es cierto que de las dos iglesias de que hablamos consta la dedicación: la de S. Pedro en 1038, la de Santa María en 1180. Sin embargo hasta nuestros días se ha celebrado la primera a 31 de Agosto, y de la segunda jamás se hizo mención en los oficios divinos. ¿Qué razón puede haber en esto, sino la general de que cada iglesia sólo celebra la dedicación de su titular? Costumbre es también de los capítulos usar en los sellos de la imagen o de algún símbolo o alusión a su titular; así en los de Segorbe y Tortosa se representa a Santa María, en Tarragona usan del T inicial de Santa Tecla, en Barcelona de la + (cruz con aspas) a que está dedicada su iglesia, y asó otros. Pues el de Vique no tiene en el día otro sello mas que la tiara y llaves de S. Pedro; y de lo antiguo hallo que en un acuerdo capitular de 21 de Junio de 1309, se deliberó usar del sello nuevo redondo, y quebrar el viejo prolongado, in quo, dicen, erat sculpta in medio imago B. Petri tenens clavem. Lo mismo se debe observar respeto de las monedas, en las cuales se ha de verificar el cuius est imago haec. Y ya verás en las de estos obispos señores de la ciudad, que sólo representaron a S. Pedro. ¿Cómo pues podrá ser la iglesia de Santa María ni aun contitular con la de S. Pedro, cuando esta es la que únicamente suena en los actos judiciales, en los sellos y en las monedas? 

Bien conocido tenía esto el sabio obispo D. Raimundo de Anglesola, que en el año 1268 decía: cum ecclesia cathedralis B. Petri Vicen. quae caput est omnium ecclesiarum nostrae dioecesis, et magistra: y el sucesor Berenguer Çaguardia, cuando en una exhortación que existe en el archivo episcopal, dirigida a su clero a 17 de Mayo de 1312, animándole a la residencia, claramente distingue a los residentes in sede, de los que lo eran in capella rotunda B. Mariae. Con igual propiedad han hablado otros prelados en varios tiempos. Lo dicho basta para afirmar que la sede Ausonense nunca tuvo otro titular que S. Pedro. Sólo falta reflexionar que si en la consagración de la Rotunda en 1180 se dice edificado este templo in Sede Vici, esto no quiere decir que ella fuese la sede o parte integral de la sede, como infería el P. M. Flórez; sino que estaba construida en el lugar o villa llamada Sede Vici, o Seu de Vich; porque, como observé antes, hasta el siglo XIII en las escrituras aún para expresar la iglesia catedral decían: Ecclesia Sancti Petri constructa in villa vocitata Sede Vici, tomando esta última dicción por nombre geográfico. 

Aun en la de Santa María hay otra razón particular, porque consta que estaba sujeta a la parroquial o matriz de S. Pedro, como otras iglesias menores. Así en la donación que un Willelmo hizo a esta iglesia de los castillos de Spata y Esparaguera (Esparraguera) &c. a 11 de Marzo, año XXXI del rey Lotario (985), se dice: Et propterea offero et trado me ipsum Domino Deo, et Sancto Petro Apostolo, qui est situs in comitatu Ausona in Sedis Vico, sive et ecclesiis illi SVBDITIS, id est Sancta Maria, et S. Michaelis Archangeli, et S. Ioannis Baptistae, et S. Felicis Martyris. Donde se ve que tenían a Santa María por altar o capilla de la sede, como los otros nombrados, que ciertamente lo eran.

Otros muchos artículos se me han de ofrecer, en que tendré que apartarme y aun contradecir y refutar las opiniones y cálculos del P. M. Flórez en lo que escribió de esta santa iglesia (Tomo XXVIII de su España Sagrada). No pudiendo aquel sabio escritor ver por sí mismo estos archivos, sólo pudo ayudarse del Episcopologio trabajado a mediados del siglo XVII por el citado deán Moncada, y de las noticias que le envió el P. D. Jaime Caresmar, y de lo publicado en la Marca Hisp. e historia de Languedoc (N. E: lenga, langue d'Oc; och, òc, oc, incluso “hoc” significa sí afirmativo, se usaba en 1461 por los deputats del general de Cathalunya residents en Barchinona y se usa en Vielha, provincia de Lérida, aranés) &c. Todos estos sabios son excusables en la escasez y aun equivocaciones de las noticias históricas de Vique, por no haber conocido ni podido disfrutar un depósito de escrituras puntualmente las más importantes a la historia, oculto acaso muchos siglos ha en un hueco detrás de los armarios del archivo viejo de esta catedral. La necesidad de trasladar esta oficina a la nueva pieza proporcionó este feliz descubrimiento habrá unos 6 u 8 años, y con ello una nueva luz para rectificar y completar la historia de esta santa iglesia. Pues digo que por falta de estos instrumentos el tomo citado del P. M. Flórez ha salido sin la exactitud que resplandece en los otros escritos suyos; siendo al mismo tiempo el que más acredita su pericia y tino histórico, que pudo acercarse tanto a la verdad, a pesar de la escasez de las guías seguras de ella. Dios te guarde. 

MONEDAS AUSONENSES DE PLATA. 

MONEDAS AUSONENSES DE PLATA.

Explicación de estas monedas.

N.° 1. Es de plata, y tiene el peso de 21 grano del marco.

En el anverso está la imagen de S. Pedro Apóstol con tonsura o corona de sacerdote secular, y las letras S. P. iniciales de su nombre. 

En el reverso hay una crucecita de aspas iguales en el medio, y alrededor de la grafila hay otra crucecita de aspas iguales, y en seguida la inscripción Ausona. 

N.° 2. Es de plata, y tiene el peso de 21 grano del marco. 

En el anverso está la imagen de S. Pedro como en la antecedente. 

En el reverso está una cruz grande (que parece la de S. Jorge) cuartelada en la inscripción Ausona, dividida en tres sílabas, y al fin una estrellita. 

El conde de Barcelona Ramón Borrell tomó la divisa de una cruz cuartelada de gules en campo de plata por los años 996, en memoria del patrocinio que experimentó de S. Jorge, en el asedio que tenía puesto a su capital ocupada por los sarracenos que acababan de tomarla. Desde aquella época los condes sus sucesores cuartelaron con dicha cruz encarnada su primitivo escudo, compuesto de cuatro Barras de gules en campo de oro. Capmany: Memorias históricas &c. Tom. II, en el Apéndice de notas, pág. 3. 

Ausona erigida en condado subalterno al de Barcelona tomó por divisa la misma cruz; pero no añadió las barras por divisa en estas monedas de plata, las cuales se añadieron después en las monedas de aquella ciudad acuñadas en cobre en diferentes siglos más modernos. 

N.° 3. Es de plata, y tiene el peso de 21 grano del marco.

En el anverso está la imagen de S. Pedro y de S. Pablo Apóstoles, sosteniendo un asta que remata en cruz. Allí empieza la inscripción, en que por la parte de la mano derecha se lee: S. Petrus, y por la izquierda con letras al revés: S. Paulus.

En el reverso está figurado, según parece, un labrador con un aguijón en la mano, y un par de bueyes delante, el uno con la cabeza levantada, y el otro como que está paciendo. Delante de los bueyes hay un instrumento que parece una reja (rella) de los arados antiguos, según se ven en Flórez (Monedas: Tom. II. Tab. 33.) 

En la parte de arriba Auso, y en el exergo na. 

Es verosímil, que cada una de estas tres monedas es un sueldo de plata antiguo, o medio real de plata, que en cierta manera puede compararse con el sueldo antiguo, o medio real de plata de Barcelona, llamado diez y ocheno, y con el medio real de plata de Castilla, llamado de vellón.

Su valor debe estimarse según el que tenía el marco de plata al tiempo de acuñarse aquellas, y con respeto al valor del marco del metal compuesto de cobre y plata de las monedas antiguas coetáneas, o al valor de las monedas modernas de cobre puro, o de plata pura, con quienes se quieran comparar. Véase Campillo: Disquisitio &c. pág. 312. &c. 

N.° 4. Es de plata, y tiene el peso de 11 granos del marco.

En el anverso está la imagen del Apóstol S. Pedro, y las letras S. P. Y a su espalda la inscripción Ausona.

En el reverso hay una cruz sobre un asta que atraviesa la moneda subiendo de abajo arriba, y en su pie hay diferentes adornos y follajes. La cruza también por el medio esta inscripción: HN(cruz)BR.6, puesta en linea recta horizontal; pero le falta en el principio una letra que está gastada, y yo la suplo con puntos. Esta falta, y el haber dos abreviaturas en las solas cuatro letras que quedan, ponen a riesgo de que salga con algún desacierto la interpretación.

Con todo, yo soy de sentir que la inscripción debe leerse: SANCTVS BERNARDVS. 

Me inclina a esto el advertir: 1.° Que la inscripción consta de dos dicciones, entre las cuales media el asta de la cruz. 2.° Que la letra que falta en el principio de la primera es una S, y que no puede ser otra, atendido el contexto. 3.° Que la segunda letra es una A, pero abierta por arriba, con cuya estructura se ha usado no sólo por nuestros escritores de la media edad, sino que también en diferentes otras edades, por los celtibéricos, griegos, romanos y godos. 4.° Que la tercera letra es una N clara y sencilla. 5.° Que a estas tres letras SAN, teniendo encima la señal de abreviatura, ningunas otras pueden añadírseles con más naturalidad, para extenderla perfectamente, que estas CTVS, con que tenemos en esta primera dicción la palabra SANCTVS. Esta primera dicción tiene tal correlación con la segunda, y esta con la primera, que recíprocamente se suministran luces para darse a entender; porque en Vich no habido ningún santo, cuyo nombre tenga la inicial B, que no sea nuestro obispo S. Bernardo Calvó. La segunda dicción consta de las dos solas letras BR.6, con la señal de abreviatura encima y una virgulilla al fin, que según la práctica de los antiguos se puso en todo tiempo para expresar que la dicción acaba en us; 

(N. E. yo he visto en vez de 6 un 9, la primera vez en la Vita Christi de Isabel de Villena, publicado, imprimido en 1497), 

por lo que debemos tener por cierto que debe leerse BERNARDVS. 

N.° 5. Es de plata, y tiene el peso de 9 granos del marco. El cuño es muy tosco.

En el anverso es muy semejante a la del número 3, donde está la imagen de los Apóstoles S. Pedro y S. Pablo, sosteniendo con sus manos an asta, que remata en cruz; pero se diferencia en que en el rededor de esta no hay inscripción como en aquella. En el reverso hay una figura, que a la primera vista me pareció un león; pero habiéndola mirado con cuidado, reparé que era un obispo, pues va vestido con capa pluvial, lleva báculo pastoral en la mano izquierda, y en la derecha naturalmente llevaría algún libro, que no puede bien percibirse, porque la moneda está allí gastada. En lugar de mitra lleva en la cabeza una corona, que figurada con dos renglones de puntos parece de flores. Al frente tiene una B, letra inicial que sin duda denota Bernardus, nombre del mismo obispo S. Bernardo Calvó, o de algún otro Bernardo o Berenguer. Así como a las tres monedas de los tres números primeros, atendido el peso, di el nombre de sueldo Ausonense de plata, o de medio real de plata, o de un diez y ocheno de Ausona; del mismo modo, atendido el menor peso, creo que cada una de las dos últimas es medio sueldo de plata, o un medio diez y ocheno, o un novén de Ausona, que en cierta manera puede compararse con el medio sueldo o medio diez y ocheno, llamado novén de plata de Barcelona, que valió nueve dineros.

Es cuanto &c. Prats de Llusanés y Marzo 20 de 1606. (1806)