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miércoles, 17 de agosto de 2022

CARTA LXXVI. Descripción del templo de Ager: sepulcros notables que hay en él

CARTA LXXVI. 

Descripción del templo de Ager: sepulcros notables que hay en él: época fija de la muerte del conde de Urgel Ermengol III: baño romano. Iglesia subterránea. Reliquias insignes: entre ellas las de Santa Sabina: descripción de su urna: origen de su culto. Preciosidad de su archivo: noticia de algunos documentos importantes inéditos; códices: aula capitular &c. 

Mi querido hermano: Sin más rodeos me pongo hoy a hablar de la fábrica material de esta iglesia, la cual ya creo haber dicho alguna vez que es la misma que construyó Arnaldo Mir de Tost hacia la mitad del siglo XI; sino que de las tres naves de que consta, la principal está remendada y desfigurada con una cornisa, adorno que no usaban en aquellos siglos. Éntrase al templo por dos puertas que dan a las naves laterales. A la entrada de la de mano derecha se halla un sepulcro de piedra común, que antes estuvo suelto, digo aislado, y ahora está empotrado en la pared nueva del coro, que se puso a los pies de la iglesia en la nave principal. En el único lado que queda descubierto representa dos figuras de relieve, una de varón con espada y celada, y otra de mujer, sin inscripción alguna, y con cuatro escudos, en dos de los cuales hay una torre, y en los otros tres soles o cosa que le parece. Es tradición que allí está enterrado el conde de Urgel Ermengol III, apellidado de Barbastro: y tradición apoyada en documentos muy ciertos. Uno de ellos es del año 1116, en que el vizconde de Ager Geraldo Ponce, conquistador del castillo de Os y de otros muchos, dotando a esta iglesia con algunos bienes, dice que su abuelo Arnaldo Mir de Tost los había adquirido de manu ipsius comitis Ermengaudi Urgellensis, qui sepultus est ante ipsam ecclesiam Sancti Petri (num. 76) (a: Apend. n XX). Más circunstanciado y por otros títulos mucho más precioso es el documento siguiente (num. 965), que copiaré a la larga: “In nomine Domini. Ego Sancia comitissa, et Ermengaudus proles Ermengaudi. Verum est satis, et, utinam quod non esset ! cognitum multis, quod domnus Ermengaudus comes Urgellensis transacto tempore Quadragesimae (Cuaresma) fuit in Spania interfectus a sarracenis. Postea inde a suis fuit levatus, et ad civitatem Barbastri, quam ipse tenebat, portatus; et inde iterum cum magno luctu ad castrum Aggeris fuit adductus, et ibi ante hostium ecclesiae Sancti Petri fuit sepultus. Testamentum nullum fecit, neque de suis rebus aliquid ordinavit, quia propter impedimentum vicinae mortis facere nequivit, neque ei licuit. Quapropter ego praedicta Sancia comitissa, quae fui uxor eius, et Ermengaudus filius suus, meus privignus, cum consilio domni Guillelmi huius territorii episcopi, et aliorum bonorum hominum nostrorum, pro redemptione animae suae, aliquid de nostris dominicaturis, videlicet, ex alodiis planis ecclesiae Sancti Petri de Agger, iuxta quam requiescit, votive et potentialiter damus &c... Quod est actum II. idus Aprilis, V. anno Philippo regi. = Sig+num Sanciae comitissae. = Sig+num Ermengaudi, filius qui fuit praedicti Ermengaudi defuncti: qui hanc donationis scripturam scribere iussimus, et coram nostrae patriae maioribus manibus propriis firmamus." De esta escritura, que va copiada (a: Apend. n. XXI), se infieren tres cosas notables. I.a Que el conde Ermengol III, que murió en 1065, tuvo cuarta mujer llamada Sancha, muertas ya las otras Adalez, Clemencia y Elvira, la cual por eso llama privigno al niño Ermengol hijo de una de las tres. II.a Que dicho Ermengol III no murió en Balbastro (Barbastro) ni en su sitio, como dijeron un cronicón de Ripoll, Zurita y otros; sino que conquistada ya esta ciudad, y poseyéndola él por ese título, fue muerto en tierra de moros (Spania) pasada la Cuaresma de ese año, V del rey Felipe, 1065 de Cristo. III.a Que traído su cadáver a Balbastro, finalmente fue depositado en el lugar que digo de esta iglesia, donde también quiso ser enterrada su esposa Sancha, y a esto alude la figura que dije de mujer. No sé si estará aquí la cabeza de este príncipe, que suponen haber cortado un rey moro, para llevarla en las batallas primorosamente engastada (Marca Hisp. col. 455). El decir la condesa que fue enterrado ante hostium ecclesiae, y el usar el vizconde de semejante expresión, como ya vimos, prueba que su sepulcro no estuvo al principio donde ahora dentro de la iglesia, sino a la parte de fuera, en lo que llamaban Galilea, cementerio común de todos los fieles, a lo menos de los de mayor dignidad y nobleza. Entrando por la puerta de la mano izquierda se halla un baño romano de mármol, de nueve palmos de longitud y tres de latitud y de altura. Está empotrado en la pared, y sólo presenta dos costados con varios relieves de tritones y monstruos marinos. En el centro del lado principal hay un óvalo con una figura togada, que acaso será para quien se labró, o será otra cosa. Mejor lo diría un dibujo, si mis facultades alcanzasen a sacarlo más exacto y digno de la luz pública que el que hizo en 1780 D. Juan Mercader, racionero de esta iglesia, el cual me ha regalado su hermano D. Salvador, mi bienhechor y huésped (N. E. huésped es tanto el que aloja a otro, como el que se aloja en casa ajena). Lo más singular de este monumento de la antigüedad es el uso cristiano a que está destinado; porque en él, como en Terrasa (Terrassa) y otras partes he visto, está guardada y encerrada la pila bautismal. Esto, y el verle arrimado a la pared maestra de la iglesia, hace sospechar que debió servir para el mismo objeto en tiempo en que se administraba el bautismo per immersionem (por inmersión). En el presbiterio, al lado de la epístola, se ve el sepulcro del fundador de esta iglesia y canónica Arnaldo Mir de Tost, cepa de los vizcondes de Ager. No tiene inscripción que lo diga; pero esta es la tradición, y a lo que entiendo bien fundada. Vense en él algunos escudos llanos sin ninguna empresa, y una figura de caballero armado con celada y espada. No creo que este sepulcro se colocase aquí desde la muerte del enterrado en él: porque no sufría eso la disciplina de entonces. Debieron trasladarlo de la Galilea, donde enterraron también al conde que dije arriba. Volvamos a salir de la iglesia. En medio de las dos puertas ya dichas, y en el trozo de claustro que queda delante de ellas, construido en el siglo XIV, se halla otra puerta por donde se entra bajando tres gradas y por un declive insensible a otra iglesia subterránea que se extiende debajo de la nave principal del templo superior. La puerta en arco tiene de alta 10 palmos y 9 de ancha. La longitud total de este templo subterráneo es de 130 palmos. En su entrada es sólo de una nave ancha de 19 palmos y alta de 14 a 15, sin ningún adorno ni cornisa, ni otra cosa más que la bóveda que arranca casi desde el pavimento actual, el cual si se limpiara pudiera bajar 2 palmos o más. Luego que se llega a la distancia de unos 76 palmos desde la entrada, la única nave se abre insensiblemente en tres, divididas por dos órdenes de columnas, cinco por parte, de 11 palmos cada una de ellas, incluso su basamento y capitel hasta el arranque de los arcos, los cuales con las 15 lunetas que resultan son de buen gusto. La latitud total de las tres naves es de 28 palmos: las dos laterales rodean el único altar que es posterior al todo del edificio, y está colocado entre las dos columnas quintas. Consiste en un retablo de piedra común, donde al rededor del nicho principal hay cuatro pequeños relieves de la Anunciación, Nacimiento, Epifanía y Presentación; falta allí la imagen de piedra de nuestra (pone neustra) Señora, que está en la sacristía de arriba. El testero de esta iglesia es circular. En el medio de las columnas se abren en crucero dos naves de bastante profundidad. La pared exterior de todo este edificio es de 14 palmos de espesor. Por estas señas y aun sin ellas se ve que este templo es anterior al de arriba. Porque claro está que no pudo construirse aquel primero que este; ni el gusto de los capiteles y de bóvedas y columnas, ni cuanto hay en él, sufre decir que sea posterior al siglo XI; antes es indubitablemente de ese mismo siglo. Y no cabe tenerlo por cosa romana ni por templo dedicado a Cibeles, como algún erudito ha querido decir; porque las piñas y animales que se representan en los capiteles, ninguna conexión tienen con ello, sino que sólo son efecto del capricho de los canteros, que como, se ve en otros monumentos de esta clase que se conservan en Tarragona, San Cucufate del Vallés y otras partes, solían allí mezclar sacra prophanis, ima summis. Esta iglesia es aquí llamada comúnmente Santa María la Vella. No deja de ser extraño el silencio del fundador de la nueva, Arnaldo Mir, que en ninguna de las muchas escrituras en que tuvo ocasión de mentar esta vieja, hizo mención de ella; a no ser que la indicase en aquellas palabras edificavimus ecclesiae novitatem, como contraponiendo la nueva fábrica a la antigua. Diré lo que entiendo. Este templo subterráneo, antes que se construyese el de arriba, estuvo dedicado a S. Pedro, y no a Santa María. Y si no señáleseme cual era la iglesia de S. Pedro que ya existía aquí en los años 1037 y 1041, antes que los moros invadiesen segunda vez esta villa, y antes que Arnaldo Mir construyese el templo nuevo. Este príncipe hizo nueva fábrica, mas no hizo nuevo titular. Y así el papa Nicolás II en su bula del año 1060 dice: quam (ecclesiam S. Petri) eo quod nuperrime de potestate paganorum, et gentilitatis errore divinitus liberatam &c. Donde se supone que la iglesia que Arnaldo sacó del poder de los paganos, era la de S. Pedro; y como la nueva fábrica sea posterior a esta victoria, y ya estuviese edificada en 1060 cuando hablaba de aquella manera el papa Nicolás; es claro a mi juicio, que esta iglesia primitiva estuvo también dedicada a S. Pedro, y que allí estuvo la canónica del abad Lanfranco que dije. Prueba esto mismo la antigua estatua del santo apóstol que todavía permanece sobre la puerta de este templo, como indicando que a su nombre estuvo él dedicado. El argumento que hacen algunos, tomado del altar de nuestra Señora y de los relieves alusivos a sus misterios, para mí vale poco. Porque el altar no sólo es moderno y de escultura del siglo XIII, y no más antiguo; sino que además es postizo y colocado donde no lo proyectaron los arquitectos, como lo conocerá cualquiera que observe aquel edificio. Si se me obligara a fijar la época de la construcción de todo él, yo diría que es de principios del siglo XI, cuando en la primera conquista de los cristianos trataron de erigir iglesia, y la hicieron baja, que no sobresaliese a los muros del castillo, por temor de los enemigos que todavía andaban a la redonda, y que en efecto volvieron a ocupar la villa a mediados de ese mismo siglo. Mas cesando ya el temor en la segunda conquista, y aprovechándose de la solidez de la primera fábrica, se levantó sobre ella la del templo actual. A cuya descripción y cosas vuelvo, saliendo aunque con sentimiento de aquellas bóvedas venerables. En el altar intitulado del Corazón de María se guarda una preciosa urna, que contiene gran parte de los huesos de Santa Sabina V. y M., hermana de los Santos Vicente y Cristeta de Ávila. De su traslación desde Arlanza a esta iglesia de Ager en el siglo XI hablan Causino en sus Efemérides, y Tamayo al día 27 de Octubre. Supónese que fue con ocasión de haberse sacado de Ávila las reliquias de aquellos MM., al tiempo que se hallaban presentes varios obispos y muchos príncipes cristianos, uno de los cuales era nuestro Arnaldo Mir de Tost. Yo no dudo que este príncipe se hallase por allá, y también el conde de Urgel Ermengol IV, que entonces adquirió varios heredamientos en Castilla, y que casó a su hijo con la hija del conde Peranzules (Pedro Ansúrez y variantes); por donde vino a ser muy frecuente la morada de estos príncipes en Castilla, aún durante el siglo XII, y alguno de ellos murió allá (N. E. y otros nacieron allá, ¿eran castellanos por nacer en Castilla o eran catalanes por ser sus ascendientes de Cataluña? Cuando el rey de Aragón tenía un hijo o hija estando en otros reinos como Castilla, Navarra, Jaén, Córdoba, el hijo o hija eran aragoneses). De esto se dirá en las memorias de dichos condes. Digo pues que no tengo por inverosímil la traslación de estas santas reliquias en el tiempo que dicen; porque realmente pudo hallarse en Ávila y en Arlanza (provincia de Burgos, y nombre del río) nuestro Arnaldo Mir. Si mi viaje continúa y puedo llegar a aquel monasterio, veremos si se halla alguna memoria que diga con esto. En tanto iré diciendo lo que aquí hallo que observar. Y primeramente la urna merece ser descrita can detención. Tiene dos palmos de larga, y uno de ancha y alta, sino que la cubierta se eleva en bastante convexidad. Es toda de ébano con varios embutidos y relieves de marfil (ébano y marfil; ebony and ivory), entre los cuales merecen consideración los de los cuatro costados. I.° El principal del frente figura en un cuadro la residencia o juicio de un reo delante de un príncipe sentado con corona y manto o sea toga: en otro cuadro hay un grupo de tres como reos, que acaso representarán a los tres hermanos MM.: item varios grupos de espectadores. 2.° En el lado pequeño una mujer ofreciendo un niño a un anciano: barca sola con timón en el mar: un soldado con escudo y dos bueyes. 3.° En el costado mayor de la espalda, en el centro un nicho con dos figuras de cuerpo entero, varón y hembra, y esta asida del brazo por el hombre: a la mano derecha del que mira gente armada, y un nicho en alto con un ídolo en él, y es un carnero, y a sus pies un hombre muerto como sacrificado: a la izquierda un hombre arando con una yunta de bueyes, y otro luchando con un dragón alado, a quien sujeta entre las piernas, y obliga a abrir la boca y sacar la lengua. 4.° En el otro lado pequeño, un hombre en pie sobre un barco en el mar, en ademán de recibir un carnero que otro le alarga, que será el ídolo como robado del nicho que allí se vuelve a representar, pero vacío, y debajo de él el dragón sobredicho ya muerto. Esta es la insigne y preciosa urna donde se guardan envueltos en una tela azul de seda varios huesos de dicha Santa Sabina. Bien sabes que no alcanzan mis fuerzas a mandar sacar un dibujo de esta alhaja, con lo cual yo me ahorrara su descripción, y tú entendieras mejor sus alusiones y alegorías. Digamos ahora cómo y cuándo vino a esta iglesia tan preciosa urna. Alguno creerá que está aquí desde la época de aquella traslación en el siglo XI, y que es la misma con que Arnaldo Mir trajo las santas reliquias. Yo puedo asegurar que vino acá por otra mano, y en tiempos muy posteriores a aquella época. Dícelo el inventario de las alhajas de esta sacristía, que hizo en su visita el abad de esta iglesia Juan Sobrino en el año 1547, cuyo documento he visto original, y en él se lee lo siguiente: Una altra caxa tota de vori (ivory; ivori; marfil) ab personatges, en la cual sta lo sant cos de la gloriosa Sancta Sabina, ab sa clau y pay (pany; pañ; cerrojo). Dita caxa doná la bona memoria del bisbe de Nichopoli, abbat de Ager quondam (a: "Otra caja toda de marfil con figuras, en la cual está el cuerpo santo de la gloriosa Santa Sabina, con su llave y cerraja. Dio esta caja la buena memoria del obispo de Nicópoli, abad de Ager, ya difunto.”).
Este abad era D. Lorenzo Pérez, navarro, que como dije en el catálogo murió en 1542, cinco años antes de dicha visita, en la cual no podían ignorar ni equivocar la memoria de dádiva tan insigne y reciente. No consta por qué camino la adquirió el obispo de Nicópoli; pero mirado el gusto de las figuras y partes arquitectónicas, me atreveré a decir que no es mucho anterior al siglo XVI, y aun una greca o arabesco de la cubierta sabe al estilo plateresco del tiempo de Carlos V. Ya digo que esto es conjeturar. Lo cierto es, cualquiera que sea el tiempo en que se labró la urna, que el culto de Santa Sabina en esta iglesia cuenta pocos años de antigüedad, y que no comenzó hasta los principios del siglo XV, en tiempo y por decreto del abad Vicente Segarra, que lo fue desde 1407 hasta 1433. Así es que en los colectarios y otros códices de oficio eclesiástico anteriores a esa época, nada se halla que indique ese culto; mas en los posteriores se halla ya la fiesta de la santa en la dominica inmediata al día de los Santos Simón y Judas, y en la oración se lee: cuius Corpus in praesenti requiescit ecclesia. Dícelo más claramente el abad Gerónimo Cardona, que fue el último prelado de los regulares, en un sínodo celebrado a fines del siglo XVI, cap. 4. “Cum coelesti rore floruerit, et plures fecunda mater ecclesia nobis sanctos progerminaverit; unde etiam custodiam venerandi corporis, seu reliquiarum divae Virginis et Martiris Sabinae, Sanctae Christetis et Sancti Vincentii Martirum sororis, ecclesia nostra Aggerensis sortita est, qui in urbe alma ulterioris Hispaniae (quam vulgus apellat Avila) martirii palmam adepti sunt... Comperimus equidem a Vincentio Segarra abbate praedecessore nostro statutum, quod die dominico proximo praeeunte (se encuentra praeheunte) festum Sanctorum Simonis et Judae, festum Sanctae Sabinae in ecclesia Sancti Petri Aggeris celebraretur; sicque Vincentii sororem a Vincentio abbate in nostra ecclesia primo cultam. Nos vero &c.”
Manda que se haga la fiesta con el mismo aparato y decoraciones que la del Corpus. Esta es la época de la fiesta de Santa Sabina en esta iglesia; de lo cual nada más tengo que decir. Sólo añadiré que la semejanza de Ager a Agen, ciudad de la Aquitania, pudo ser ocasión de que en las actas antiguas se juntase el martirio y reliquias de Santa Fides con las de Santa Sabina; de lo cual trata el P. Flórez (Esp. Sag. tomo XIII, pág. 307). Las de la primera Santa se creen aquí trasladadas al monasterio de S. Cucufate del Vallés, donde se veneran con las de otros santos. Falta decir que Santa Sabina es tenida como patrona de todo el arciprestazgo. Otras reliquias se guardan aquí, y algunas de entidad. Tal es el cuerpo entero o la mayor parte del de S. Proto M., de quien por este motivo rezan con rito de doble mayor en el día propio; acaso habrá también algunas reliquias de S. Jacinto, a quien unen en la fiesta y rito. Separadamente celebran en el día 3 de Febrero la fiesta de Santa Eugenia V. y M., a quien el sínodo citado del Sr. Cardona llama romana y compañera de los Santos Proto y Jacinto; y cuyo cuerpo entero decía que estaba aquí. Hoy sólo se conservan algunos huesos. Hácese de ella conmemoración (comemoracion en el original) en los sábados después de la salve, junto con Santa Sabina &c. quorum reliquiae hic sunt &c. Venéranse también como legítimas un clavo de las parrillas de San Lorenzo: un trozo de cuatro dedos de la vara de Aarón, el cual se saca en público algunas veces en rogativa por agua, y es del mismo diámetro que la que vi en la cartuja de Valdecristo (cartoxa de Valdecrist, Valldecrist y variantes): una cinta de María Santísima: una red de seda que aquí llaman de S. Pedro (buena red para pescar hombres, o peces), y en el inventario que dije del siglo XVI se lee: un filat, quis diu feu Sancta Petronilla, è altres barbolleries. Vi además en una cajita varias piezas de cristal de diferentes tamaños y hechuras, cuyo uso sería inaveriguable en el día, si no nos conservara noticia el citado inventario que dice: una caxa de fusta ab quaranta quatre peces de crestall. Diuse son squacs (escacs; escaques; ajedrez; schach, shaj, sha, shá, shaik, jeque, jaque, etc.). No se sab quils doná: creuse los doná lo compte d'Urgell (a: Una caja de madera con 44 piezas de cristal. Dicen que son escaques. No se sabe quien los dio; créese que los dio el conde de Urgel.”) (N. E. de nuevo compte y no comte para conde : comite y variantes)

Del juego de los escaques o ajedrez (con g en el original) se ofrecerán varias ocasiones de hablar, porque no es este el único que se conserva en nuestras iglesias y monasterios, por abundar tanto en este país los nobles y grandes señores, de quienes era propia aquella diversión (N. E. por ejemplo, el de Persia). Después de todo lo dicho, todavía me falta hablar de lo mejor de esta colegiata, que es su archivo. Este es uno de los pocos que hay en esta provincia del todo conocidos: merced al afán con que entendió en ello el arcipreste D. Francisco Esteve con su capítulo por los años 1768. Trabajó en su examen y arreglo el sabio diplomático D. Jaime Caresmar, canónigo premonstratense de las Avellanas, comenzando primero por amistad, y continuando después por orden especial de la Cámara. Justo es que este supremo cuerpo de la Nación entienda hasta en los pormenores de estos depósitos, que lo son del saber raro y desconocido. Y si tal hace el Gobierno, esté seguro que no le han de faltar Caresmares que le sirvan en esto, si no tan doctos y críticos como aquel grande hombre, a lo menos dotados de curiosidad, cuanto basta para no cansarse ni aflojar en tales tareas. Lo que es muy de alabar en dicho anticuario, es que con haber puesto en claro algunas verdades importantes de la historia, sin embargo habla de ello sin afectación ni redundancia: vicios harto comunes en los primeros descubridores de estas Indias. Más de 2600 pergaminos quedan aquí, amén de un cartoral que conserva copiadas otras que perecieron. Y perecieron algunas no hace muchos años, y no por casualidad o desgracia imprevista, sino por ignorancia de cierta persona que las quemó de propósito como inútiles. Vive todavía el notario de esta curia, al cual he oído referir con lágrimas en los ojos, cómo siendo el muy niño sirvió en este menester bárbaro al que se lo mandaba, añadiendo que eran en la mayor parte pergaminos chiquitos, que como enseña la práctica acaso son los más apreciables. (N. E. Me parece muy interesante averiguar algo más de este gaznápiro pirómano)
Mas dejando a un lado estas lamentaciones inútiles, voy a dar una breve noticia de algunas curiosidades que he encontrado aquí dignas de ser sabidas.
Tales son 1.a Las constituciones pacis, et treguae que estableció para su condado de Urgel el conde Ermengol VIII en el año 1187, de acuerdo con el arzobispo de Tarragona Berenguer de Vilademuls, y con el obispo de Urgel Arnaldo de Perexens, hasta ahora no conocidas y muy dignas de serlo por algunas particularidades que añaden a las escrituras de este género, y por la abundancia de subscripciones que las autorizan. Las copié para las memorias de los condes de Urgel, donde las verás. 

2.a Un fragmento de las actas del concilio de Clermont del año 1095, del cual solamente se ha publicado el sumario de sus cánones. Dos se hallan en este fragmento coetáneo, aunque algo maltratado.

El 1.° publicado ya en el decreto de Graciano XVI, q. 7. c. 2., que aquí tiene este 

título: de rebus ecclesiasticis nullus clericorum vel monacorum inconsultis episcopis aliquid adquirere praesumat. El 2.° es inédito, en el cual se autoriza la renuncia,  profesión y cesión de bienes que haga cualquier clérigo a los monasterios (n. 2134). Va copiado (a: Apend. n. XXII). El hallarse aquí este documento puede hacer creíble que el abad agerense Pedro Guillem asistió a aquel concilio. 

3.a Constitución de un concilio de Narbona del año 1129, en el cual se halló San Olaguer, arzobispo de Tarragona, con los obispos Berenguer de Gerona, Raimundo de Vique, Pedro de Urgel, Pedro de Zaragoza y muchos franceses; por la cual se estableció una hermandad o cofradía en favor de la fábrica y restauración de la iglesia de Tarragona, a cuyo objeto concurrieren anualmente los fieles con doce dineros a lo menos, señalándose los sufragios y protección a que por ello se hacían acreedores. Esta noticia no es nueva, porque ya la publicó el P. M Flórez (Esp. Sag. tom. XXVIII) comunicada por el sobredicho P. Caresmar. Pero es nueva la copia que yo he tomado (num. 960), la cual discrepa bastante de la publicada allí; y es que debió enviársele la de otro ejemplar que hay (num. 2342) que es mucho más diminuta que la mía, en la cual están las firmas de todos los prelados, entre ellas la de Arnaldo, abad de Ager (a: Esta copia se publicó en el tom. VI. pág. 338.). Mal gesto pondrá a la noticia de un concilio Narbonense, compuesto de obispos españoles, que ya tenían metropolitano en Tarragona, el que como Masdeu crea que ni aun durante su cautiverio reconocieron nuestros obispos al metropolitano francés. Mas así como es cierta aquella sujeción extranjera, también lo es que este concilio en nada deroga la dignidad de nuestra provincia; ya porque interesaba mucho la restauración de Tarragona, de que allí se trató; ya porque el concilio lo congregó el arzobispo de Narbona, no como tal, sino como legado de la sede apostólica.

4.a En el num. 2575 se halla la verdadera bula de extinción de los Templarios, desconocida hasta que se publicó en este viaje (a: Tom. V. pág. 195 y 207), copiada de un registro auténtico del archivo real de Barcelona. Porque la que hasta ahora habían tenido por primera los eruditos, no es sino una provisión apostólica acerca de dicha orden extinguida ya dos meses antes por medio de la bula que decimos, cuyo principio es: Vox in excelso. El ejemplar que hay aquí en papel es del siglo XIV, y debió pertenecer al abad que acaso se hallaría en el concilio Vienense. 

5.a También he copiado (num. 2505) la escritura original con que D. Alonso X de Castilla hizo donación a Doña... Guillem de ciertos lugares y juros; los cuales quiere que al fin tornen (vuelvan; tornar : volver) a su hija Doña Beatriz, la apellidada de Guzmán, casada con D. Alonso II rey de Portugal. No sé cómo viniese a parar aquí este documento, ni quién sea esa señora agraciada con tal privilegio, que bien parece en su apellido catalana. Mas la escritura es curiosa y abundantísima en subscripciones de obispos y señores, cuya existencia en 1255 en que se hizo, no vendrá mal a la historia saberlo (a: Apend. n. XXIII).

Dejo de contar otras muchas copias de escrituras que tomé para la colección, y las noticias de condes de Urgel, y otras rituales que quedan en su lugar. Entre estas últimas es notable la del uso de los sagrarios o monumentos el día de Jueves Santo en el siglo XII, la cual nos ha conservado una escritura de donación hecha por Geraldo vizconde de Ager en 1152, donde se lee: pro quatuor brandones decentes, qui continue annis singulis ardeant ante monumentum corporis Christi in die Iovis sancta usque post receptionem eiusdem. Ac etiam pro XV. brandonellis sufficientes accendendis in Facibus videlicet Septimanae sanctae in matutinis de vespere (num. 290). Va copia (a: Apend. n. XXIV). Fasos se llamaban en los maitines del Jueves, Viernes y Sábado Santo ciertas preces rimadas (en latín Pharsa) que se cantaban al fin de ellas, como hoy las usa mi orden; de las cuales vinieron a llamarse así todos los maitines, y dura hoy esta costumbre en toda Cataluña, aún después de dos siglos y medio que cesó aquel rito. También he hallado aquí en un códice epistolar MS. del siglo XIII la epístola del día de S. Esteban (con v en el original), que antiguamente se cantaba rimada y glosada en vulgar, la cual viste en lo de Vique (b: Tom. VI. pág. 258). Del mismo códice tomé copia de otra pieza poética vulgar, que se intitula: Planctus Sanctae Mariae (planct, plany). No vendrá mal este bocadillo para desempalagar (c: Apend. n. XXV). Apreciable es también un antifonario con canto escrito a fines del siglo XI o principios del XII. Empieza por un calendario que indica esta antigüedad. Hállase ya la fiesta de S. Ermengol, obispo de Urgel, pero no la de ánimas ni otras que son del siglo XII. En el canto no se usan claves ni rayas, sino que las notas músicas (musicales) están como flotantes sobre las palabras. Téngolo por anterior al invento de Guido Aretino.

Igualmente he visto y disfrutado para mis ritos la colección de todos los sínodos que publicó en 1665 el arcipreste D. Francisco Ciscar. Los hay desde el año 1285. 

Sobre la puerta del aula capitular he leído estos graciosos dísticos:

Est locus hic pacis, tractant ubi provida rerum 

Fratres consilia, et relligionis opus.

Vos ergo, furie, rixe, discordia, lites, 

Ite foras toto limine, et este procul.

Sic pater Antistes statuit Nicopolitanus, 

Cum sacram hanc edem condidit. Ite foras.

Esta inscripción se halla en piedra común, y en un ángulo se dice puesta en 1555, trece años después de la muerte del obispo Nicopolitano D. Lorenzo Periz, el cual destinó esta pieza para capítulo, hallándola ya construida

Basta de Ager, cuyos monumentos preciosos espero que se conservarán por mucho tiempo, atendida la ilustración del actual señor arcipreste, a cuya solemne posesión asistí día 16 de Julio de este año 1806, y el esmero que en ello ponen los individuos de este capítulo; cuya franqueza en dejármelos disfrutar no fue sólo efecto de la prontitud con que se prestan a las insinuaciones del Gobierno, sino del amor que profesan a su patria, y del deseo de que salga de la obscuridad su historia antigua (a). A Dios. 

(a) No debo pasar en silencio la nueva prueba de este deseo que acaban de darme dichos señores arcipreste y los canónigos D. Antonio Puig y D. N. Figuerola, que habiéndoseme extraviado algunos documentos que copié en aquel archivo en 1806, a la menor insinuación que les hice de esto, se prestaron a enviarme nuevas copias sacadas con gran puntualidad.