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domingo, 26 de junio de 2022

CARTA XXXIV. Memorias eclesiásticas de Peñíscola. monasterio de Benifazá.

CARTA XXXIV.  

Memorias eclesiásticas de Peñíscola: monasterio de Benifazá: su situación y edificios: historia de su fundación: mutilación de la lengua del obispo de Gerona por el rey Don Jayme: causa de esta atrocidad: penitencia impuesta por ella: efecto de ello fue la conclusión, no la fundación del monasterio: catálogo de sus abades.

Mi querido hermano: Viniendo desde Valencia a esta ciudad de Tortosa, quise entrar en la de Peñíscola, más por ver si quedaba alguna memoria del antipapa Luna y sus cosas, que por admirar lo que el arte y la naturaleza hicieron en tan pequeño recinto. lo primero que vimos fue la iglesia de nuestra Señora que llaman ermitana, donde nos dijeron que había una silla del papa Luna; hay allí efectivamente una que en todo caso pudo serlo de quien se llamase así por apodo. En el presbiterio de la misma iglesia nos contaron que estaban enterrados aquellos famosos obispos discípulos de Santiago, que se juntaron en Peñíscola a celebrar un concilio el año 60 de Cristo, y donde los martirizó un prefecto de Nerón llamado Aleto. Los obispos eran Basilio de Cartagena, Eugenio de Valencia, Pío de Sevilla, Agathodoro de Tarragona, Elpidio de Toledo, Etherio de Barcelona, Capito de Lugo, Efrén de Astorga, Néstor de Palencia y Arcadio de Logroño. Gran gloria ciertamente para Peñíscola, si tuviese apoyos. En la misma ciudad se supone martirizado S. Luario, sacerdote, en el año 289. 

Volviendo al papa Luna, vi la iglesia y el refectorio que construyó en el castillo: en la iglesia, que está profanada, se conserva la mesa del altar donde celebraba, y nada más.

En la parroquial está su cáliz: es de plata y harto pobre: tiene un palmo de alto: el cráter,  que no es cónico como en los que regaló a varias iglesias, tendrá como cuatro dedos de altura, y cinco de diámetro. Guárdase  allí mismo como alhaja suya una cruz de cristal guarnecida con adornos góticos: es de cuatro palmos y medio. También creen ser del mismo un lignum crucis colocado en un relicario gótico, de labor muy prolija: mas es sin disputa de su sucesor en el cisma Gil Muñoz, como se ve por el escudo de armas que en él está grabado. En la misma iglesia parroquial, o acaso en la del castillo, fue consagrado obispo de Valencia el papa Calixto III día 21 de Agosto de 1429, seis días después de efectuada la renuncia del dicho Muñoz en la villa de S. Mateo, y extinguido del todo aquel funesto cisma. Hallóse entonces en la misma ciudad el cardenal Pedro de Fox, legado de Martino V, que pasaba a Tortosa al concilio que se celebró el mismo año. 

Entre estas y otras memorias eclesiásticas, que despertó la vista de aquella ciudad, dejamos el buen hospedaje con que el Dr. D. Lorenzo Arbiol, vicario de la iglesia parroquial, nos alivió la pesadumbre e incomodidades de la posada, y partimos para el monasterio de cistercienses llamado de Benifazá. Camínase por las amenas llanuras de Benicarló y Vinaroz hasta el lugar llamado la Cenia, en donde se toma la única entrada que hay para el monasterio, que es un barranco muy quebrado y áspero. (Río Cenia, Senia; Sinia; actualmente hay un pantano.) 

Todo esto aumenta la soledad dal monasterio enteramente desviado de los caminos que cruzan hacia Aragón. Como nuestros viajeros no han querido sufrir la incomodidad necesaria para visitar este desierto, me detendré un poco en hablar de esta casa, y de lo que hay en ella digno de memoria. 

El monasterio está construido en los confines de Aragón, Valencia y Cataluña, en una pequeña llanura coronada de montes, que cierran del todo la vista: dista del 

mar como unas seis leguas, y siete de Tortosa, a cuya diócesis pertenece. Por donde quiera que se salga de él, se encuentra terreno quebrado y montuoso; y los lugares que por allí hay llamados Bellestar (Ballestar), Puebla (Pobla + Pobleta) y Fredes (fred : frío; como Frías en Albarracín), son fundados y establecidos por el monasterio; sin lo cual estarían por consiguiente incultos aquellos montes, y sólo destinados a ser morada de fieras. He sido testigo del bien que hace esta casa a los vecinos de estos lugares, y a los de Boxar (Boixar), Bel, Castell de Cabres y Coracha (Corachar o Coratxar o Coratxà), en todos los que tienen jurisdicción alfonsina. Mas de lo que yo puedo decir en esto, dejó escrito en su Descripción del reino de Valencia nuestro difunto amigo D. Antonio Cavanilles, que recorrió despacio estos montes y barrancos, y pudo observar la escasez con que los trató la naturaleza, y la abundancia con que les acude el monasterio.

El edificio es vario, y hecho en distintos tiempos. La iglesia se comenzó en 1262, y no se concluyó hasta la mitad del siglo XV: está dedicada a nuestra Señora: consta de dos naves en forma de cruz a imitación de la del Císter, como lo manda el ritual de esta orden (a). (a) "Omnes ecclesiae ordinis nostri in honorem B. Mariae dedicatae sunt, et fere in modum crucis constructae, instar ecclesiae cisterciensis omnium matris." (Rit. cist. c. 3.)

De la antigüedad de esta clase de templos tratan Zonaras y Cedreno (in Justino Juniore) Phocas (cap XXVII.) y León Alacio (de templis graecor. recentioribus epist. II n. III. p. 40.) 

La nave principal tiene de longitud 155 palmos valencianos, y 41 de latitud: el crucero 121 palmos de longitud, y de latitud 37. La bóveda es sencilla, sostenida sobre columnas góticas, y de una elevación proporcionada y grandiosa. El coro ocupa el centro de la iglesia, dejando en el testero de ella un pequeño espacio que sirve como de atrio. 

La sacristía principal está detrás del altar mayor; es cuadrada, harto graciosa y suficiente para el culto en esta comunidad, que es como de treinta monjes. Allí vi un cáliz antiguo, que no es de gran mérito. Entre las pocas reliquias es digna de memoria una estola de que usó S. Bernardo. Como en las guerras de sucesión servían estos montes de refugio a los llamados miqueletes, padeció esta casa entre otras calamidades la pérdida de muchas alhajas y otras cosas preciosas que poseía. Otra sacristía hay entrando en la iglesia por el claustro a mano derecha, que es la primitiva; así esta, como toda la parte oriental del edificio, y las paredes de sur y norte del crucero son de piedra, en que es abundantísimo este terreno. El capítulo es de principios del siglo XIV, pieza pequeña de 35 palmos valencianos en cuadro, pero ejecutada con inteligencia y solidez. Del mismo tiempo sería el claustro antiguo, del cual sólo queda una reliquia en la puerta que está en frente del 

refectorio. En todos estos edificios y en los caprichos góticos que los adornan, reina sin embargo cierta sencillez desconocida de los que abandonaron después el único modelo de las artes, que es la naturaleza. La biblioteca está bien cuidada y provista de libros de varia erudición; y lo estará mucho más cuando entren en ella las de algunos monjes doctos de esta casa. Abunda en ediciones raras, señaladamente de libros de humanidades. De los litúrgicos hay un pontificale rom. fol. impreso en Roma por Esteban Plannck año 1497. Es idéntico con el que dije de la iglesia de Gandía.= Missale secundum consuetudinem fratrum ord. cisterc. fol. dos exemplares, edición del siglo XV. Tienen algunos MSS. entre ellos la vida de D. Juan II, rey de Aragón, hijo de D. Fernando el I, escrita por Lucio Marineo Sículo, un vol. f. MS. de aquel tiempo. = Formula novitiorum S. Bonaventurae, en 12.° vit. MS. del siglo XIV. Todavía es mayor el esmero que se ha puesto en el arreglo del archivo, bien clasificado, así por lo que toca a los intereses del monasterio, como en los ramos de erudición antigua. Ambas cosas son obra del P. D. Joaquín Chavalera, monje docto, aunque joven, y singularmente aficionado al estudio de la diplomática, el cual alivió en gran parte mis tareas en recoger los documentos que buscaba. Los más de ellos pertenecen a la fundación y dotación del monasterio, y a los 

insignes sucesos que a ello dieron ocasión. La primera memoria que hay de Benifazá o 

Benihazá, es la donación que de su castillo hizo el rey D. Alfonso II de Aragón a la iglesia de Tortosa en el mes de Abril del año 1195, en la cual se expresa que dicho castillo estaba situado in montana de tres eris. Ahora se dice de tres eres; puédese conjeturar que llamaron así este sitio por ser el confín de tres señoríos (a). 

(a) El uso de la voz herus por príncipe (heres : hereu : heredero) puede verse en un documento publicado por Justo Fontanini (Append. ad antiquitat. Hortae cap. VI. p. 347.). No desdice este sentido de la situación del monasterio, situado en los confines de los reinos de Aragón y Valencia y del principado de Cataluña. Erus por herus en la significación de señor y de padre de familias, se halla en muchos escritores de la buena latinidad, como lo demuestra R. Stephano: de donde se formó erulus usado en la misma acepción, como puede verse en el Glosario de Ducange. 

(N. E. Tossal del rey, si tenían el mismo rey; tozal o toçal dels tres reys, de los tres reyes, en el caso de que hubiese tres reyes colindantes, cosa posible en los reinos de taifas, incluso con varios reyes o reyezuelos al mismo tiempo, como Zeyt Abuzeyt y Zaen en tiempos de la conquista de Valencia por Jaime I de Aragón).

Quedóse el rey con el derecho de percibir la mitad de todos sus frutos, deducidos los diezmos para la iglesia. Sin hacer cuenta de esta donación el rey D. Pedro II dio en 1208 el término de Benifazá con los lugares Valmagraner, Fredes, Rosel y otros adyacentes al noble D. Guillermo de Cervera; Luego que este varón insigne tomó la cogulla en el monasterio de Poblet, dio a aquella casa estos mismos lugares, cuya donación confirmó el rey Don Jayme I estando en Lérida a 14 de Junio de 1229. La queja que sobre esto podía 

tener la iglesia de Tortosa, vino a parar en una concordia que hizo con el monasterio de Poblet a 13 de Agosto de 1233, en que se estableció que el abad de Poblet pudiese edificar en Benifazá un monasterio de su orden sin contradicción por parte de la iglesia. Por Noviembre del mismo año 1233 concedió el rey D. Jayme I su permiso para fundar dicho monasterio, o más bien, confirmando a Poblet la donación de Benifazá, mandó que se fundase allí un monasterio de cistercienses, y que fuese hijo del de Poblet. Tomóse esto con tanto calor, que a fines del año siguiente 1234 se sabe que ya residía el abad 

D. Juan con su convento en una eminencia llamada de santa Escolástica, vecina al actual monasterio que ya entonces se comenzaba a edificar, y adonde se trasladaron los monjes el año 1250. En confirmación de esto he copiado la donación que les hizo el rey Don Jayme de una viña en el término de Tortosa a 11 de Diciembre de 1234. También he copiado la escritura que a 11 de Enero de 1237 hizo la reina Doña Violante (de Hungría), eligiendo para su sepultura el monasterio de Benifazá, quod, dice, dominus rex Jacobus vir noster fundavit pariter et construxit. Agradecidos los monjes a la liberalidad del fundador, otorgaron un público instrumento firmado del abad Gerardo y de cuarenta y tres individuos del monasterio, en que haciendo memoria de los beneficios recibidos de su mano, ofrecen corresponderle con sufragios y oraciones, y hacer en el día de su muerte los oficios establecidos para el abad (a: Existe original este documento de 1.° de Enero 1251 en el archivo real de Barcelona.) 

Me he detenido en esto para que se vea la equivocación con que algunos escritores han atribuido la fundación de este monasterio a la penitencia impuesta al rey Don Jayme I por haber mandado cortar la lengua al obispo de Gerona D. Fr. Berenguer de Castellbisbal (N. E. castrum episcopalium). Porque no habiendo acontecido esto antes del 1245, como diré después, consta que aquel suceso no pudo tener influjo en la fundación de esta casa, la cual hizo aquel monarca espontáneamente y por su gran devoción y afecto a la de Poblet. Otra cosa es la conclusión del edificio y la nueva dotación del monasterio; que esto ciertamente fue efecto de aquel ruidoso acontecimiento, ajeno de verdad para unos, y dudoso para otros así en el tiempo como en la causa de él. Y aunque yo no he hallado aquí los documentos originales que a esto pertenecen; mas hay copia auténtica de todos ellos, de los cuales resulta ser esta la serie del hecho. Enojado el rey D. Jayme contra el obispo de Gerona, porque sospechó que había revelado lo que le comunicó en la confesión sacramental; no contento con desterrarle del reino, le mandó cortar parte de la lengua. Llegó al papa Inocencio IV la noticia de esta atrocidad, y juntamente una carta del rey en que le pedía la absolución del delito, y que al mismo tiempo confirmase el destierro del obispo. El papa contestó al rey con fecha de 22 de Junio de 1246, exhortándole a borrar el delito con la penitencia, a desistir del destierro del obispo, y a dar pública satisfacción de su exceso. Esta carta dicen que trae Odorico Raynaldo (tomo XIII.). Parece que envió el papa con ella a su penitenciario Fr. Desiderio, de la orden de los menores, para que con sus exhortaciones se lograse el efecto deseado. Desempeñó el enviado su comisión con tan buen suceso, que a 5 del Agosto siguiente, ya hizo el rey una escritura pública, en que confesó haberse excedido gravemente en el hecho de la mutilación de la lengua del obispo; y protestó que pediría perdón al ofendido, y que en orden a su permanencia en estos dominios, y aun en su silla de Gerona, haría lo que dispusiese el papa, y que se sujetaría a su voluntad en orden a la satisfacción que debía dar para reparación del mal, que era, o edificar un hospital, o completar la abadía de Benifazá, o el hospital de S. Vicente en Valencia, o señalar algunas rentas a la iglesia de Gerona. Y para que nadie creyese que estaba enojado contra la orden de predicadores, la cual había profesado aquel obispo, promete visitar todos los conventos por donde pasare, y hacer público su afecto en las cortes generales que pensaba convocar, donde también mostraría a todos los vasallos su arrepentimiento. Esta protesta dice que hacía a instancias de dicho Fr. Desiderio (a: V. el Apénd. n. XVIII). 

Con la misma fecha de 5 de Agosto escribió al papa Inocencio por mano del mismo Fr. Desiderio y de D. Arnaldo de Peralta, pidiéndole con instancias la absolución. Acaso el papa debió aprovecharse de esta ocasión para proponer al rey algunos tratados poco favorables. Lo cierto es que el rey le dice: et propter hoc factum vobis non placeat quod illa ardua negotia, quae coram nobis dictus frater (Desiderius) proposuit, hac ratione veniant ad effectum. También le dice que a algunos habían parecido muy ásperas y duras las expresiones de S. S.; pero que él recibía aquella corrección como un favor (a: V. el Apénd. n. XIX). Contestó luego el papa, con fecha de León a 22 de septiembre, año cuarto de su pontificado (1246), avisándole de que le enviaba al obispo camerinense y al mismo Fr. Desiderio para que le absolviesen de la excomunión, y le impusiesen penitencia saludable (b: V. el Apénd. n. XX). Llegaron luego estos enviados a Aragón, y el día 14 de Octubre del mismo año, juntándose en Lérida con el arzobispo de Tarragona y los obispos de Zaragoza, Urgel,  Huesca y Elna, y los barones y nobles del reino, y otros muchos, compareció el rey D. Jayme; el cual después de confesar el delito cometido contra el obispo de Gerona, prometió con juramento obedecer a los mandatos de la iglesia, y en penitencia concluir la abadía de Benifazá que había comenzado, dando además a la fábrica de aquella iglesia doscientos marcos de plata, y dotando el monasterio para que pudiese haber en él cuarenta monjes, no habiendo mantenido hasta entonces sino veinte y dos. Prometió también dotar el hospital de san Vicente en Valencia con seiscientos marcos de plata anuales para sustento de algunos sacerdotes; y además fundar una capellanía en la iglesia de Gerona. Todo esto consta de la carta del rey al papa, fecha en Lérida a 18 de octubre del mismo año, y de la absolución y auto final de este negocio que dieron Felipe, obispo camerinense y el dicho Fr. Desiderio (a: V. el Apénd. n. XXI y XXII.).

De todo lo dicho resulta que el hecho de la mutilación de la lengua fue a los principios del año 1246; y por consiguiente no pudo recaer la ira del rey contra el obispo sobre la sospecha de que revelase sus amores con Doña Teresa Gil de Vidaure, cosa que fue posterior, como era fácil de probar, si fuese este mi principal objeto. Lo más verosímil es que el rey creyó que el obispo había descubierto la división que meditaba hacer de sus estados entre sus hijos, lo cual ocasionó algunos disturbios; y esto fue en ese año 1246. 

Pero dejando esto, y volviendo a Benifazá, cumplió el rey D. Jayme lo prometido, concluyendo la fábrica del monasterio, y dotando particularmente la de la iglesia con 1730 morabatines. Dos escrituras hay de esto en 1259 y 1272, cuyas copias van para la colección, como también las otras en que el monasterio de Poblet puso al de Benifazá en posesión pacífica de todas sus pertenencias.

No se halla en este monasterio noticia alguna de sus abades. Sábese que cuando el P. M.  Finestres escribía la historia de Poblet, se le envió inconsideradamente el catálogo original de los abades de esta casa. Así que para completar su historia copiaré de dicho escritor la  serie cronológica de estos prelados, apuntando el año en que comenzaron su gobierno, y notando al pie algún hecho digno de memoria. Es de advertir que estas abadías fueron perpetuas desde la fundación hasta el año 1554, en que por evadir los apremios de la curia romana para el pago de bulas, se logró que fuesen trienales, y así duró hasta 1620 en que pasaron a cuatrienales (quadrienales), como lo son ahora. 

Abades del monasterio de Benifazá.

Principio de su gobierno.

1233. D. Juan. 

1241. D. Arnaldo.

1248. D. Guillem de Almenara (a: Este mudó el monasterio desde la casa de santa Escolástica al sitio actual.)

1250. D. Pedro Juliá (b: A este abad disputaron los Hospitalarios la posesión del lugar de Rosell, que les había dado el rey D. Jayme. De este litigio y de cómo le perdió el monasterio, se hace mención in VI. Decret. tit. XVII. cap. 3. Abbate sane; y aún quedó el proverbio: propter malum consilium perdidit abbas Rosillium.)

1254. D. Berenguer. 

1255. D. Arnaldo de Mantesana.

1260. D. Guillem Savartes

1262. D. Berenguer de Concabella (c).

(c) Puso la primera piedra en la fábrica de la iglesia mayor a 15 de agosto de 1262.

1283. D. Guillem.

1289. D. Pedro Vilarnau.

1294. D. Ramón Bernat. (El autor escribe Ramón, mención, etc, sin tilde)

1300. D. Berenguer de Beltall.

1305. D. Ramón Company.

1311. D. Ponce de Copons (a: Hizo el aula capitular).

1316. D. Bernardo Pallarés (b: Enviaron a este prelado el rey D. Jayme II y el obispo de Valencia a citar y requerir al maestre de Calatrava para que viniese a Valencia a fundar la orden de Montesa, conforme a lo dispuesto por el P. Juan XXII. Fue esto en 1319; y logró que se diese comisión al comendador de Alcañiz para que se efectuase la fundación de dicha orden).

1347. D. Guillén Llonc.

1359. D. Pedro Torres.  

1379. D. Bernardo Fabregat. 

1387. D. Bartolomé de Llardanosa (c: En 1389 pasó a ser abad de S. Bernardo de la huerta de Valencia, que ahora es el convento de S. Miguel de los Reyes).

1389. D. Bartolomé Llombart.

1408. D. Pedro Saraxo (d: A este abad nombró el rey D. Martín capellán de la reina Doña María de Luna su esposa).

1413. D. Bernardo Ripoll.

1425. D. Gilberto Dezbrull. (D'Es Brull) 

1430. D. Bernardo Llorens. 

1468. D. Juan Llorens. 

1485. D. Bernardo Llorens.

1518. D. Cosme Juan Daroca.

1532. D. Gerónimo Sanz (a: Era natural de Xátiva, y muy insigne en santidad y literatura. De esto último dejó varias muestras en los libros que imprimió. Lo más memorable de este abad es que hallándose apremiado por los curiales para el pago de las bulas, trabajó para reducir esta abadía de perpetua en trienal. Logróse la bula a 22 de mayo de 1555. Sin embargo se anticipó la elección del siguiente). 


Abades trienales. 

1554. D. Juan Barberá (b: Este fue reelegido por ocho trienios consecutivos; y fue el primero elegido diputado eclesiástico en el reino de Valencia, oficio que sólo obtenía el arzobispo). 

1579. D. Melchor Barberá. 

1583. D. Crisóstomo Carnicer. 

1586. D. Juan Gisbert. 

1604. D. Jayme Talarn. 

1608. D. Felipe Bono (c: De este prelado es la concordia en que se estableció que el abad de Benifazá tenga silla y distribución en el coro de Tortosa). 

1608. D. Andrés Cabrera. 

1611. D. Pablo Beltrán. 

1614. D. Andrés Cabrera. 

1617. D. Pablo Beltrán (a: Esta fue la última abadía trienal. Erigida luego la congregación cisterciense de la corona de Aragón, se sustituyeron las cuatrienales, como se mandaba en la bula de Paulo V). 


Abades cuatrienales. 

1620. D. Andrés Cabrera. 

1624. D. Agustín Valls. 

1628. D. Pedro Piquer.

1632. D. Teófilo Beltrán. 

1636. D. Miguel Font.

1640. D. Agustín Valls.

1644. D. Tomás Capellades. 

1648. D. Benito Caldero.

1649. D. Pedro Piquer. 

1651. D. Francisco Marqués. 

1656. D. Damián Ferrer. 

1660. D. Francisco Marqués. 

1664. D. Roberto Cavaller.

1667. D. Josef Antolí. 

1668. D. Damián Ferrer. 

1672. D. Josef Antolí. 

1676. D. Damián Ferrer.

1677. D. Gerónimo Corder. 

1680. D. Josef Antolí. 

1684. D. Agustín Llorens.

1688. D. Josef Domenech. 

1692. D. Francisco Castell.

1696. D. Roberto Forner. 

1700. D. Jayme Segarra.

1704. D. Gregorio Oliver. 

1708. D. Roberto Forner. 

1712. D. Edmundo Reverter.

1716. D. Francisco Castell. 

1720. D. Josef Lluch. 

1724. D. Bernardo García.

1729. D. Tomás Covarsi. 

1732. D. Francisco Castell. 

1736. D. Vicente Pascual.

1740. D. Plácido Lanuza.

1744. D. Francisco González.

1748. D. Manuel Ferrer (a: Hasta aquí llega el catálogo del M. Finestres. Los restantes me ha comunicado el P. Fr. Joaquín Chavalera, monje y archivero de Benifazá).

1752. D. Francisco González. 

1756. D. Luis Antonio Aiguavives.

1760. D. Manuel Ferrer. 

1764. D. Miguel Climent. 

1766. D. Luis Antonio Aiguavives. 

1768. D. Roberto Turull. 

1772. D. Miguel Sanz. 

1776. D. Esteban Ruiz. 

1780. D. Jayme Jassá. 

1784. D. Juan Bautista Gil. 

1788. D. Josef Vilanova. 

1792. D. Josef Piera. 

1796. D. Fernando Aiguavives. 

1800. D. Felipe Vilanova. 

Dios te guarde. Benifazá &c. 

domingo, 14 de agosto de 2022

Tomo IX. 9. Viaje a Solsona, Ager, Urgel. ÍNDICE DE LAS CARTAS QUE CONTIENE ESTE TOMO.

TOMO IX. 

VIAJE A SOLSONA, AGER Y URGEL.

1806 Y 1807.

(Escudo de España) 

VALENCIA 

EN LA IMPRENTA DE OLIVERES, ANTES DE ESTEVAN (Esteban). 

1821. 


ÍNDICE DE LAS CARTAS QUE CONTIENE ESTE TOMO. 

(Las páginas no coinciden con este formato; en el pdf está este índice en la página 7)

Carta LXVIII. Antigüedades civiles de Cervera: su moneda. Descripción de su universidad literaria: códice raro que allí se guarda. Créese patria de Arnaldo de Vilanova y de Ausias March... 

Carta LXIX. La parroquia de Cervera, antes sujeta a Ripoll; mas no fue monasterio de Benedictinos. Su titular, fábrica de tu templo, inscripciones, arquitectos, torre de campanas, consagración de su altar mayor. Priorato de S. Pedro: monasterio doble de los Hospitalarios: conventos antiguos y modernos, sus reliquias, códices etc. Noticias del lignum crucis, que llaman el sant misteri. 11 

Carta LXX. Examen de los documentos en que se apoya el famoso milagro llamado la santa duda de Iborra. Inscripción romana existente en aquella parroquia. 32 

Carta LXXI. Viaje a Solsona. Conjeturas sobre la situación de esta ciudad, y origen de su nombre. Memorias de su iglesia y canónica. Dos dedicaciones de su templo. No fue en lo antiguo sede episcopal. Códices notables que allí quedan. 40 

Carta LXXII. Catálogo de los priores, prepósitos y abades de Solsona. 59 

Carta LXXIII. Secularización de la iglesia de Solsona, y erección en sede episcopal. Catálogo de sus obispos. 68

Carta LXXIV. Viaje a la villa de Ager. Origen de los vizcondes, y de su nombre y título. Si el de Ager era propio del condado de Urgel. Situación, antigüedad y conquista de esta villa. Noticia de su conquistador y de los vizcondes sus sucesores. Suerte final de este señorío.

Carta LXXV. Origen de la iglesia de Ager y de su abadía y de su jurisdicción nullius. Carácter de su canónica y su secularización: iglesias comarcanas sujetas a ella: noticia del monasterio de Monmagastre. Catálogo de sus prelados. 107 

Carta LXXVI. Descripción del templo de Ager: sepulcros notables que hay en él: época fija de la muerte del conde de Urgel Ermengol III: baño romano. Iglesia subterránea. Reliquias insignes: entre ellas las de Santa Sabina: descripción de su urna: origen de su culto. Preciosidad de su archivo: noticia de algunos documentos importantes inéditos: códices: aula capitular etc. 125 

Carta LXXVI. Viaje a la iglesia de Urgel. Algunas noticias de la villa de Puigcerdá. Por qué medios vino a desmembrarse de esta diócesi la Cerdaña francesa: y a ser de su jurisdicción el valle de Aran (en castellano, Arán, con tilde, en aranés, sin tilde). 151 

Carta LXXVII. Etimología del nombre de Urgel. Restauración de esta ciudad y de su iglesia. Origen de su canónica: pruébase a la larga que fue secular Aquisgranense, aun instituidos los canónigos reglares de S. Agustín en la iglesia vecina de S. Miguel. Reliquias de la vida canónica. Número de los canónigos, y por qué se llamaron Statores. Origen, número y obligaciones de los prepósitos. Títulos antiguos de sus arcedianatos: creación el deanato. Hábitos canonicales antiguos. 162 

Carta LXXVIII. Titular de esta catedral: sus sellos. Época del templo actual y su consagración: noticia de un arquitecto del siglo XII: qué eran los lambardos entre los trabajadores. Reliquias, pinturas etc. Qué es OBCEDA como parte de este edificio. Hermandad de esta iglesia con la de Palencia etc. 188 

Carta LXXIX. Por qué el capítulo de la iglesia de Urgel se intitula de canónigos prelados. 197 

Apéndice de documentos. 205 

miércoles, 8 de junio de 2022

Carta XXVIII, 28, real cartuja de Val de Cristo, fundación, San Martín, reliquias, pinturas, Antonio Bou

CARTA XXVIII.

Real Cartuxa de Val de Cristo junto a Segorbe: su fundación, iglesia antigua de San Martín, reliquias y pinturas: memorias del maestro Antonio Bou: descripción de una antigua carta hidrográfica plana: opúsculos del V. P. D. Bonifacio Ferrer. 

Mi querido hermano: Gran deseo muestras de saber si se halla en la Real Cartuxa de Val de Cristo el precioso tratado de Schismate Pisano que escribió el V. P. D. Bonifacio Ferrer, y publicó Martene, aunque con distinto epígrafe, copiándole, como él dice, del códice que en su tiempo existía en este monasterio (a). 

(a) Bonifacii Ferrerii quondam majois Carthusiae Prioris, tractatus pro defensione Benedicti XIII editus ex MS. codice Carthusiae Vallis Jesuchristi. Marten. Thes. nov. anecdot. t. II. col. 1435.

El testimonio de este y otros escritores, y el haber vivido tantos años, y muerto finalmente en esta casa D. Bonifacio, y el afecto con que estos religiosos miran las cosas de aquel célebre hermano y General suyo, digo que todo esto me hacía confiar que se hallase aquí ese opúsculo, y que tendría el gusto de cotejar con él el impreso. Mas de las diligencias que se practicaron, no se sacó otro fruto que convencerme del extravío de este códice. Al paso hallé algunas otras curiosidades de que voy a darte noticia. Este monasterio reconoce por fundadores al rey. D. Pedro IV de Aragón y a su hijo D. Martín. Existe la donación del primero, fecha en 1386 (b: Véase el apéndice n. II.), en que aprobando la determinación de su hijo, que entonces era señor de Segorbe, instituye, funda y dota el monasterio, el cual, dice, queremos que desde ahora se llame del Valle de Jesucristo, en memoria de aquel valle santísimo de Josafat, en que firmemente creemos que aparecerá Jesucristo sobre una nube blanca con grande acompañamiento de Ángeles y Santos en el día del juicio; para que en premio de las obras buenas que hicimos hasta aquí con la gracia de Dios, y haremos en adelante, seamos colocados con los Santos a la diestra. Completó el infante siendo ya rey esta fundación; aún se conservan las celditas que habitaron aquellos primeros monjes, y donde el fundador con su familia vivía retirado algunas temporadas. El claustro mayor es grande y bien construido; en su luna está según costumbre el cementerio de los religiosos; en él hay varias cruces que indican el sitio donde fueron sepultados algunos varones insignes: tiene entre ellas distinguido lugar la de la sepultura de dicho P. D. Bonifacio. Se conserva todavía en buen estado la primitiva iglesia con la advocación de San Martín, consagrada el año 1401 por el arzobispo de Tarragona D. Íñigo Valterra y los obispos D. Hugo de Lupia y Bages de Valencia y D. Francisco Regner de Segorbe; a cuya función se halló también el cardenal Pedro Serra, obispo de Catania, y creo que otros prelados. En el nicho principal del retablo mayor está ahora una imagen pequeña de María Santísima, que dicen ser la que se encontró en el santuario de la Cueva santa a principios del siglo XVI; de lo cual acaso me resolveré a hablar otro día. A los dos lados de la puerta principal hay dos arquillas sepulcrales de madera en lugar elevado: en la una se lee: Hic jacet nobilis vir Ludovicus Corneyl (Luis Cornel, Cornell): y en la otra: Nobilis miles Dalmatius de Cervelione. (Cervilione, Dalmacio de Cervelló)
De la iglesia nueva y sus pinturas habló Pons (Tom. IV Carta VII. n. 43.): en su sacristía examiné despacio todas las reliquias. Diré de las más insignes, que son las siguientes: una porción de cenizas de los Niños Inocentes: una piedra del pesebre de Belén: otra del lugar donde oró Jesús al Padre, y un trozo de la columna donde fue azotado: tierra rociada con la leche de María Santísima, y uno de sus cabellos: un cilicio de S: Luis Bertrán: once cabezas de las once mil Vírgenes: los cuerpos de S. Máximo, S. Cándido y S. Fortunato Mártires: hueso y parte de una costilla de S. Mauricio: un pedazo de túnica y cordón de S. Francisco de Asís: un pedazo de la vara de Aaron de tres dedos, otro de la de Moyses de cinco dedos (ambas colgando de un relicario de palmo y medio de alto, que fue del uso del rey D. Martín, y a lo que parece anterior al siglo XIV): tres trozos de las varas de los Jueces o Seniores de Israel, dos de dos palmos y medio, y uno de tres y medio (estas no tienen auténtica, pero se conservan en el armario por tradición): un lignum crucis, que sirvió de pectoral al rey D. Martín: el altar portátil de este príncipe, y en una de sus puertas entre otras reliquias un pedacito del vestido que puso Herodes a nuestro Salvador. 

Conservan en la misma sacristía un cáliz que dio a los monjes Benedicto XIII (Luna); tiene de elevación poco más de un palmo; el cráter, que es de figura cónica, tiene ocho dedos de diámetro, y seis de profundidad: la patena es de un palmo de diámetro, con una pequeña cavidad en medio, menos que la de Onteniente, de que hemos hablado. 

En la entrada del claustro, frente a la celda prioral, hay un pequeño oratorio con un altar precioso por sus pinturas, que son de Joanes: el cuerpo principal tiene pintado en el centro a S. Sebastián asaeteado, los colaterales son S. Vicente Ferrer y San Bruno: en el pedestal está nuestro Señor Jesucristo difunto en los brazos de su santísima Madre antes de ser sepultado: los colaterales son S. Roque y la Magdalena. Excede a estas pinturas la del remate del altar, composición digna de Rafael, en que Santa Ana y María Santísima sosteniendo al Niño Jesús en sus brazos, estan leyendo las palabras que él les señala con el dedo escritas en un libro, y son estas: quodcumque petieritis Patrem in nomine meo.... En la capilla del Santísimo Cristo, en el claustro nuevo, copié la siguiente inscripción, por pertenecer a la memoria de un literato del siglo XV, cuyo nombre es notable en la historia eclesiástica de Valencia, y cuyos huesos descansan en el claustro mayor de esta Cartuxa. Dice así: Celebrantes in hoc altari tenentur orare pro spectabili, ac prudentissimo viro magistro Antonio Bou, sacrae theologiae dignissimo professore, canonico Valentino, vicario etiam generali, nec non paenitentiario Domini PP. Calixti Tertii, et pro parentibus suis. Qui venerabilis vir praesentem dotavit capellam, sepultusque in cimiterio claustri obdormivit in Domino XXV die Novembris anno Domini MCCCCLXI, cujus anima requiescat in pace. Amen. Como es tan escasa la noticia que da Ximeno de este teólogo, he rogado al L. Ribelles que me comunique las ciertas que puedan ilustrar más su vida; y me escribe la carta que al fin insertaré a la letra. Entre las cosas notables de este monasterio, la más útil a la literatura nacional es una carta hidrográfica plana que se conserva en el archivo. Aunque no es dádiva del rey D. Martín, como aquí creen (que cierto no pudo serlo, habiendo fallecido este rey dos o tres años antes que se hiciese esta carta), es muy estimable por ser la primera que se conoce de este género en Europa. D. Juan Andrés en su obra Origen....de la literatura (Tom. VI. lib. III. cap. 2.) atribuye la invención de las cartas náuticas planas al infante D. Henrique de Portugal, y a los desvelos y pericia de una academia de náuticos que juntó en Sagres, pueblo entonces pequeño del Algarbe en el cabo de S. Vicente, donde había fijado su domicilio el año 1415. De suerte que debe contarse como posterior a esta época la invención de las cartas hidrográficas planas, en que se pintasen los grados de longitud paralelos entre sí, como hasta entonces se hubiesen pintado con la correspondiente oblicuidad hacia los polos; cosa que ocasionaba errores y desgracias a los navegantes. Pues esta que se halla en Val de Cristo es anterior a aquella época, como consta por la inscripción que tiene con letras de oro de carácter monacal, que descubre al mismo tiempo su autor. Dice así: 

MECIA DE VILA DESTES ME FECIT

…..

IN ANO MCCCCXIII. (Encima de la M y las C hay 5 circulitos) 

Acaso sería mallorquín el autor, y pudo llamarse Maciá, que es Matías; pero no puedo averiguar si el apellido es de algún lugar que se llame Destes (D'Estés). Como quiera, el pergamino es entero, de cinco palmos de largo y cuatro de ancho: comprende todo lo descubierto hasta aquel tiempo; es a saber, las costas de Europa y las de África hasta la Guinea, y los confines del Asia. Por el occidente las Canarias e Islas de Cabo Verde. Las costas de España están más demarcadas que las otras. Pinta también en su lugar algunas constelaciones celestes, y en cada reino el escudo de sus armas, y en los de África y Asia sus reyes, con una noticia histórica sucinta de su poderío, costumbres &c. Por ejemplo pinta al Preste Juan con mitra dorada, y bajo dice en lemosín lo siguiente. (a: En castellano dice así: “El Preste Juan por la gracia de Dios firme en la fe de Jesucristo, así por persuasión como por los muchos milagros obrados en aquella tierra por el Señor Santo Tomás Apóstol, cuyo sepulcro se venera aún en nuestros días. Tiene tanto poder este príncipe, que ninguno de acá pudiera hacerle guerra; defiéndenle también un desierto de salvajes y otras montañas que cierran su frontera, llenas de muchas y diversas fieras." Samuel Bochart (Phaleg lib. IV. cap. XXVI. § VI.) juzga que este fue nombre de un solo rey, que lo fue de los turcos y de los tártaros y de otros pueblos del Asia en el siglo XII llamado en lengua pérsica *** Padeshe Prestigiani, que quiere decir Rey Apostólico, y conocido comúnmente con el nombre de Unch-Chan III. Unch en la lengua siríaca es abreviatura de Iouhannan: Chan significa Rey o Emperador. Los historiadores siros (sirios) le llaman Iouhannan Malca, esto es, Juan Rey, los árabes Almalec Ioahanna. Como este rey en varios documentos latinos es llamado Presbyter Joannes (Vinc. Belovac. l. XXIX. cap. LXIX. Otho Frig. lib. VII. cap. III. Asseman. Bibl. Orient. t. III. p. II. pág. 490.) tomaron de aquí ocasión algunos para creer que este príncipe era juntamente sacerdote, y otros para asegurar que lo fueron antiguamente todos los reyes de los abisinos (abisinios). Mas como esta opinión se funda sólo en el nombre de aquel príncipe, conjetu ran otros que se llamó Presbyter para mostrar el aprecio que hacía de la religión cristiana que profesaba y de sus ministros, aunque era nestoriano: o que le llamaron así por adulación aquellos herejes. No hay necesidad de estos recursos, constando, como dice Golio (in Sever. Sulpic. Sacr. hist. lib. I. cap. LXXXVIII.), que en la lengua pérsica *** Praestar Chan significa mancipiorum rex, siendo más natural que se llamase rey de los esclavos de que abundaba su imperio, que sacerdote, cuyas funciones no consta que hubiese ejercido. La opinión de que se dio título de Preste Juan a todos los reyes de los abisinios, por ser sacerdotes, se funda en lo que dice el armenio Abuselah en su Crónica: Todos los reyes de Etiopía son sacerdotes, y celebran en altares la liturgia: y durante su reinado no dan la muerte a nadie por sí mismos: si alguno contraviene a esto, pierde el derecho de la liturgia, quedando derogadas las leyes que anteriormente hubiese establecido; a cuya relación añade gran peso el asenso de Renaudot en su Historia Patriarcharum Alexandrinorum p. 223, donde trata largamente esta materia con ocasión del título Rex *Yunami, dado a Elkera, Rey de Nubia, cristiano jacobita. Sobre cuyo pasaje, y lo que añadió más adelante pág. 338, merecen leerse las observaciones de Asseman en el lugar citado pág. 488 y sig.) 

“Peste Joan (a) per la gracia de Deu ferm en la fe de Jhs. Xt., e per instigasio, e per molts miragles aqui fets per mon senyer S. Tomas Apostol: al dia de vuy es honrada la sua sepultura; e sapiats que el a tan gran poder que negu deci no li poria tenir camp, sino que el enbargen desert de salvages que i es, e altres montanies que li son entorn de la sua frontera, en que stan moltes e divers bisties feres.” En la descripción de la Albania dice las siguientes palabras pertenecientes a la noticia de los perros albaneses (a). “En aquest desert ha axi grans cans, e forts de cors, e de cor, e axi forts com a toros; e fan batala ab los leones, els maten; e lo libre de Aleexandri diu quem li fo tarames (tramés) I. ca albanes (albanés), e fo mes en batala ab I. leo, e ab I. porch (b) sechalt, et ab un alefant (elefant), e en mens de tems ho... acytot vensut, e ay tan be se ven denit com de día.”

(a) “En este desierto hay perros tan grandes, tan membrudos, valientes y fuertes como toros, los cuales luchan con los leones y los matan: y el libro de Alexandro cuenta que le fue enviado a aquel príncipe un perro albanés, y luchó con un león y un jabalí y un elefante, y en breve tiempo los venció; y ven de noche tanto como de día.”

(b) En el antiguo lemosín se llamaba jabalí porc sechlat o senchlat (senglar), de singularis, como si dijera, solo o solitario, a diferencia de los cerdos domesticados o caseros, y de los que van en piaras. Los latinos llamaron al jabalí singularis a imitación de los griegos, que le llamaban *gr por la misma alusión; de donde nació haber entendido algunos del jabalí aquellas palabras del salmo LXXIX. v. 14: et singularis ferus depastus est eam, sobre lo cual merecen leerse las observaciones de Samuel Bochart en su Hierotoicon lib. III. cap. XXIX. Otros creen que sechlat, así como otras voces semejantes adoptadas en otros idiomas, viene de la teutónica zacken o zancken (curvos, uncinatus) por alusión a la figura de las navajas o colmillos del jabalí, de lo cual trata Wachter Gloss. Germ. v. Zinke. 

Tomó el autor esta noticia de Plinio (a: V. Plin. Hist. Natur. lib. VIII. ), Estrabón, Aristóteles y otros naturalistas antiguos. He copiado estas palabras para muestra de su crítica, y principalmente de su lenguaje; que en las innumerables descripciones de que abunda, siempre es lemosín. Más abajo de las islas de Cabo Verde pinta la embocadura de un río que llama del oro, al cual en los mapas modernos no puede corresponder otro que el llamado Gambia. Pudieron muy bien los antiguos llamarle del oro por las arenas de este metal que debía arrastrar su corriente de lo interior de la provincia, como se lee de otros ríos de América. Frente a la embocadura de dicho río pinta un barco con dos timones con la proa hacia África, y bajo de él estas palabras, que se leen con alguna dificultad... lo uxer de Iacym Farrer per anar al riu de lor al iorn de S. Lorens, qui es a X de agost, y fo lo any MCCCXLVI. 

Una o dos palabras del principio están enteramente borradas, mas debe ser ixque o parti (ixqué o partí); y así dirá en castellano: Partió el bajel de Jayme (pone Iacym o Iacme, Jacme, Iavmes?) Farrer para ir al río del oro el día de S. Lorenzo, que es a 10 de agosto; y fue el año 1346. No es tan considerable la noticia de la expedición de este catalán o mallorquín, como la sospecha de que el mismo sea aquel Jayme de Mallorca, de quien escribe el citado Andrés que era presidente y jefe de la academia que dije de los Algarbes en 1415, cuando ya muy entrado en edad pudo poseer perfectamente la náutica con la larga experiencia y los viajes que había emprendido sesenta y nueve años antes. Omito otras noticias de menor entidad que da de sí este precioso monumento, el cual debe ser reputado como el primero de su clase, que yo sepa, que nos conserva la antigüedad. Otra carta de estas hidrográficas planas me acuerdo haber visto en la biblioteca del monasterio de S. Miguel de los Reyes muy maltratada; cabalmente en un agujero que se le hizo al parecer para colgarla en la pared, estaba escrito el año en que se formó. Mas por la semejanza en el todo de ella con esta de la Cartuxa, conjeturo ser obra del mismo tiempo: aun las inscripciones, que casi todas son lemosinas, parecen de la misma mano: muestras del esmero de nuestros marinos en los siglos XIV y XV. Volvamos a las cosas del V. P. D. Bonifacio; he hallado aquí cuatro opúsculos suyos inéditos (a: V. Apéndice n. III). Debí al P. D. Judas Tadeo Otero la adjunta copia de ellos, que son los siguientes. 

1. Quare Cartusienses non comedant carnes.

2. De miraculis, et Sanctis in Cartusiam.

3. De approbatione, et confirmatione Cartusiae. 

4. De caeremoniis in Cartusiam.

He oído que algunos atribuyen los tres primeros tratados a J. Gerson, canciller de París, aludiendo sin duda a los que con el mismo título se hallan entre sus obras (Tom. 2. part. V. col. 711. sig. ed. Antuerp. 1706). Mas cotejados estos opúsculos con los de Gerson, hallo que el primero de los MS. es enteramente distinto del impreso, y sólo conviene en el título. El de Gerson es indubitablemente suyo, escrito en el año 1401, como se prueba en la gersoniana: con graves razones y autoridades vindica en él la abstinencia de carnes en la orden de los catuxos (cartujos). El dei P. D. Bonifacio prueba lo mismo por dos milagros, y llena escasamente una décima parte del primero. Así que estos escritores compusieron cada uno su tratado sin usurpar cosa del otro. 

No sucede así en los dos siguientes: porque se advierte grande uniformidad en el estilo y en los pensamientos, a pesar de la diferencia en la extensión de los tratados, en lo cual exceden en mucho los del P. D Bonifacio a los de Gerson. Por donde aparece que el uno de ellos se aprovechó del trabajo del otro. Y que esto hiciese Gerson extractando lo que trabajó D. Bonifacio, lo persuade el exordio del opúsculo 3.° de approbatione et confirmatione Cartusiae, donde dice el autor de este MS. que se hallaba ocupado en los negocios del próximo capítulo general; lo cual de ningún modo conviene al Canciller de París. En el mismo exordio dice que envía el tratado de Caeremoniis, que es el 4.°, el cual es sin disputa del P. D. Bonifacio: luego también lo es el 3.° Añádese a esto el parecer de Teophilo Raynaudo, el cual en el tratado que intituló Trinitas Patriarcharum, hablando de S. Bruno, a quien llama * (no se lee bien) sty*ta mystic*s, en el punt. XI núm. 17, después de referir los privilegios concedidos por los sumos pontífices a la orden de los cartujos, dice: Audisti quot pontifices cartusiense institutum exornaverunt, et privilegiis amplissimis communicaverunt. Quis crederet futuros qui effuvirent ordinem cartusianum non esse a sede apostolica approbatum ita ut opus fuerit Bonifacio Ferrerio, S. Vincenti germano (hermano), lucubratione quadam, Gersoni falso adscripta, iam insulsitatem depellere * Pues del opúsculo 2.° de sanctis et miraculis in Cartusiam, dice allí mismo (Punct. X. § 2. n. 2.) Extat de eodem argumento (cur infrequentia sint apud cartusianos miracula) opusculum Bonifacii Ferrerii, germani S. Vincentii, perperam adscriptum Gersoni, ejusque secundae parti insertam. Lo mismo aseguran de los opúsculos Sutor (de vita cartusianam, lib. 2. cap. 6.), Madariaga (vida de San Bruno part. 2. c. 24. §. I.), Tritemio, Possevino y otros. Y si a esto se añade que D. Bonifacio murió doce años antes que Gerson, y que ya desde el 1410 se retiró a su Cartuja de Portaceli en el reino de Valencia, y que en 1424 se hallaban estos opúsculos atribuidos a él, entre los MSS. de auqel monasterio, como consta por el índice que formó entonces el prior D. Pedro Ferrer; no queda duda de que son obra suya, sino que Gerson, como tan amante de la orden de los cartujos, debió ocupar algunos ratos en extractar estos opúsculos, y estos extractos hallados después entre sus papeles pasaron por obra suya original: y no hay más; ni yo diré más por ahora de este ilustre varón, esperando ocasión de volver a hablar de él, si verifico una excursión que estoy meditando a la real Cartuja de Portaceli.

A Dios. Segorbe &c.

Carta del P. Lr. Fr. Bartolomé Ribelles al P. Fr. Jayme Villanueva.

M. R. P. Voy a desempeñar el encargo que V. me hizo de buscar algunas noticias pertenecientes al maestro Antonio Bou, cuya inscripción sepulcral vimos en la Cartuja de Val de Cristo el día 7 de mayo del presente año. No menciona este recuerdo la patria del maestro Bou, ni Ximeno al año 1468 (en que le coloca por equivocación) hace mención de ella; aunque en el índice por patrias puesto al fin del tomo 2.° de su Biblioteca, le reconoce por natural de Sueca, o por decirlo como se debe, de Zueca o Zucha (a). Esto mismo asegura un escritor coetáneo, capellán del rey D. Alonso V, al f. 98 del diario que dejó escrito de su mano, y se conserva original en la bilioteca de este convento; cuyas palabras copiaré más adelante. Si como nos consta la patria de este grande hombre, supiéramos la edad de que murió, podríamos conjeturar con menos incertidumbre el lugar de sus estudios; pero sin embargo del silencio que observo en todas las memorias acerca de esto, me atreveré a decir que estudiaría en Valencia, o en el estudio general erigido a persuasión de S. Vicente Ferrer el año 1411, o en las escuelas particulares, o en las del cabildo, que había en esta ciudad antes de la erección del estudio general (b)... 

(a) El M. Fr. Francisco Diago en el tomo 1.° de Apuntaciones MSS. que se conserva original en la biblioteca de este conventol, al f. 222 dice: “Este pueblo no se llamaba antiguamente Zuecha, sino Zucha. Y así lo he visto en un auto de venta de unos campos del término de Ouxama a Jayme del Boorn (Born), vecino de Zucha, hecha por Guillén (Guillem) Marques (o Marqués), estando en Zucha IX. kal. Nov. an. 1296, y el auto he visto en el archivo de Zueca (Sueca). Y allí he visto otro del año 1324, en que aún se le daba el nombre de Zucha.”      

(b) Sobre este y otros puntos que se tocan en esta carta acerca de las escuelas antiguas de Valencia, véase el tomo 2 de este viaje, carta XV.

Condecorado con el grado de maestro obtuvo una cátedra de teología, según dice la inscripción; y si es cierto lo que añade Ximeno, que fue la de la catedral de Valencia, deberemos decir que la inscripción no guarda orden cronológico en sus títulos y ascensos. No me atreviera a producirme con expresiones de tanta confianza, si no hallara en uno de los muchos fragmentos que poseo del erudito P. Fr. Josef Texidor, que el maestro Bou tomó posesión del canonicato de la seo de Valencia en 12 de junio del 1430. Constándonos pues por otra parte, que desde el año 1345 en que fue instituida esta cátedra en la seo de Valencia, hasta el de 1443, la regentaron solamente religiosos de nuestra sagrada orden, y que en este último año se hizo la constitución de que en adelante fuesen seculares los eclesiásticos que la obtuviesen; creo que podré asegurar que el maestro Bou fue canónigo de Valencia antes que profesor de teología en su catedral. No he podido hasta ahora averiguar quien fuese el primer catedrático secular que obtuvo esta lección de la seo de Valencia; pero el singular mérito del canónigo Bou, y la grande reputación que adquirió por aquellos tiempos, me inducen a sospechar, que quizá sería el primero que se coronaría con esta gloria.

El capellán del rey D. Alonso V no nos le presenta como canónigo hasta el año 1457 en que habla de él por primera vez. Supone en primer lugar, y refiere el recibo de una carta, que Calixto III escribió el año 1456 al cabildo eclesiástico de Valencia, participándole que la mayor parte de la cristiandad le había enviado embajadores y regalos, y que Valencia, que había sido el principio de su bien, no se había cuidado de ello; por cuya razón les suplicaba, que por parte del cabildo y clero le enviasen un embajador, para que él pudiese hacer a favor de la seo de Valencia aquello que deseaba. En vista de esta carta el año 1457 fue electo por el cabildo y clero de Valencia el reverendo maestro Antonio Bou, canónigo y vicario de S. Pedro, para que fuese con la embajada a Calixto III de parte del cabildo y clero de Valencia. “En lany de 1457 (dice el Diario MS. fol. 98.) per los honorables canonges, e capitol de la seu, e per tot lo clero fonch helet (elet) lo reverent mestre Anthoni Bou, natural del loch de Zuequa, et canonge de la dita seu, e vicari de Sent Pere per missatger al dit Sant Pare papa Calixti.” 

Partió de esta ciudad domingo a 27 de Octubre de 1457, para embarcarse en Denia, llevando en regalo para su santidad un jarro y un par de vinajeras de cristal, guarnecido todo de oro, cuyo valor pasaba de mil florines. Desempeñó felizmente su embajada; y el día 17 de abril del año 1458 llegó a Valencia cargado de gracias y reliquias, que Calixto III enviaba de regalo a su esposa la catedral de Valencia. Salió a recibirle la gente más distinguida de la ciudad, y antes de entrar en esta, se presentó en el palacio del real a la reina Doña María; y después pasó a visitar a las hermanas y sobrinas de Calixto III, que habitaban en el palacio episcopal. No quiso nuestro embajador fiar a otro la publicación de las gracias y reliquias que traía de Roma: él por sí mismo quiso enterar de ellas a los valencianos, pronunciando un discurso en la catedral el día 30 de abril del mismo año, y explicando en primer lugar la indulgencia plenaria o jubileo, que había concedido su santidad a la virgen María de la seo de Valencia para aquel año, y para todos los demás en que la fiesta de la Asunción se celebrase en sábado, desde las primeras vísperas de esta hasta las segundas vísperas de la festividad de S. Luis obispo, con tal que diesen de limosna cada uno de los que le quisiesen ganar diez sueldos de moneda corriente para la fábrica de la seo. Todo esto es del citado diario. Parece que el cabildo no fue el primero que pidió a su santidad esta gracia; pues los jurados de Valencia en 14 de mayo de 1455 habían escrito ya a Manuel Suau, su embajador en Roma, para que la solicitase (a: V. tom. *21 carta XVII ) 

A más (además) de la bula del jubileo trajo también de Roma el canónigo Bou un precioso regalo de reliquias, del cual habla el capellán del rey D. Alonso V en su diario MS. Pero por cuanto el P. M. Fr. Francisco Diago en el tomo 2. MS. de sus apuntaciones habla con más extensión, produciré aquí sus palabras, que son las siguientes. “El papa Calixto III en 8 de los idus de Marzo del año de la Encarnación de 1457 envía desde Roma a la seo de Valencia treinta y nueve reliquias muy principales (dejando aparte un relicario con muchas otras), y entre ellas de la columna (coluna) en que Cristo fue azotado; de la mirra que le ofrecieron los Magos; de su pesebre; del velo de nuestra Señora; de S. Pablo, S. Andrés, S. Esteban, S. Lorenzo, S. Calixto P. y M., flecha de S. Sebastián, S. Cipriano, S. Dionisio Areopagita, Santa Marta, Santa Bárbara, Santa Catalina mártir, S. Cosme y Damián, Abdón y Senén, y de Santo Tomás Cantuariense. Y la atendencia que pone es: Sanè recesentes, quòd ecclesia Valentina, nostra dudum sponsa charissima, nunc verp filia praedilecta, inter caeteras partium illarum cathedrales ecclesias in non modicam veneratione habetur, ac insignis, ac famosa reputatur: quòdque ex illam non mediocres recepimus honores; et propterea illam in nostrae mentis visceribus amplectentes, ac eam nostram solitam liberalitate sacris donativis decorare volentes ad laudem, gloriam et honorem Dei, et gloriosae Virginis Mariae, sub cujus titulo ipsa dedicata existit, ac majorem sanctorum, ac sanctarum, necnon fidelium eorundem ad dictam ecclesiam devotionem augendam, infrascriptas reliquias de hac *almam urbe ad eamdem ecclesiam decernimus destinandas.”

El docto Juan Bautista Ballester, arcediano de Murviedro, en su Catálogo de las vidas de todos los obispos y arzobispos de Valencia, pág. 558, asegura que el maestro Antonio Bou, canónigo de Valencia, tomó posesión de la mitra por el cardenal D. Rodrigo de Borja, sobrino de Calixto III, en quien este la había proveído. Pero me inclino más a lo que escribe el P. Texidor, pág. 324 de su episcopologio de Valencia MS., a saber: “Que el cardenal D. Rodrigo de Borja, en 1.° de julio del año 1458, otorgó su poder a Juan Llansol, canónigo y vicario capitular de la iglesia de esta ciudad, quien tomó la posesión con escritura ante Juan Esteve, escribano del cabildo, en 21 de dicho mes de julio.”

Sigue la inscripción acordándonos que el canónigo Bou fue vicario general o provisor, con cuyo título no le hallo condecorado en ninguna de las muchas memorias históricas que disfruto. Tengo por cierto que no lo fue, siendo obispo de Valencia el cardenal D. Rodrigo de Borja, pues habiendo tomado este posesión de la mitra el día 21 de julio de 1458, en 21 de octubre del mismo año era su provisor D. Guillén Caldes, doctor en ambos derechos, y como tal hizo la declaración de la bula del jubileo (a). (a: Esta declaración y otros documentos pertenecientes a la bula y al jubileo se hallarán en el tomo 11. pág. 230. sig.)

Sólo pues pudo ser vicario general del papa Calixto III, obispo al mismo tiempo de Valencia. Así parece manifestarlo el contexto de la inscripción, que dice: Vicario etiam generali, necnon paenitenciario domini nostri papae Calixti tertii. Cuyas palabras parecen hacer este sentido: el maestro Antonio Bou fue vicario general, y también penitenciario de nuestro señor el papa Calixto III. Siendo esto así, falta todavía señalar la época de su vicariato general: en cuya decisión, advirtiendo por una parte un sumo silencio en las memorias antiguas, y considerando por otra que no era regular que el cabildo y clero de Valencia enviasen por embajador a Calixto III al vicario general que él tuviese puesto a la frente de los asuntos eclesiásticos de esta diócesis, me inclino a creer que su santidad le nombraría provisor cuando le trató en Roma con motivo de su embajada, y que regentaría dicho oficio desde su entrada en Valencia hasta la vacante, que luego se verificó. Obtuvo también el canónico Bou la dignidad de penitenciario del papa Calixto III, según nos lo asegura la inscripción, la cual es la única memoria que nos conserva este título. Puede entenderse por él que su santidad le nombró penitenciario suyo, o bien para toda la cristiandad, o bien para que lo fuese determinadamente en Valencia, dándole las facultades necesarias para absolver de los casos reservados a su santidad. El diario del capellán del rey D. Alonso V, aunque no le describe condecorado con estos dos últimos oficios, le atribuye otro que no se halla en la inscripción, llamándole vicario de S. Pedro en las palabras que copié arriba; añadiendo que ejercía este oficio cuando el cabildo y el clero de Valencia le eligieron para ir con la embajada a Calixto III. Esta noticia nos descubre que esta parroquia mayor de Valencia tuvo en algún tiempo por vicarios a los canónigos de la catedral. Se encarga estrechamente en la inscripción a los sacerdotes que celebren en aquella capilla, que tengan presente en sus oraciones y sacrificios a este insigne bienhechor, que la dotó, y a sus difuntos padres. He dado una ojeada a todos mis papeles por ver si podría dar alguna razón de quienes fueron estos; pero nada he podido rastrear; y sólo podré decir que los del apellido de Bou obtuvieron los primeros puestos, y regentaron los más honrosos oficios en esta ciudad y reino por los tiempos en que floreció nuestro insigne canónigo. Diré algo de ello en particular. 

En las cortes que el rey D. Alonso V celebró en Valencia por septiembre de 1419, se halló presente entre los nobles Grao o Gueraldo Bou (Gerau) (Diago Apuntaciones MSS. tomo I. fol. 200.)

Convocando la reina Doña María para las cortes de Trayguera (Traiguera), que debían celebrarse en 18 de abril de 1421, escribió a todos los nobles de esta ciudad y reino, y entre otros a Geraldo Bou, con fecha de Tortosa a 18 de marzo del mismo año (Diago ibid. fol. 202.)

Pedro Bou, ciudadano de Valencia, era uno de los diputados del reino el año 1424, y como tal prestó con los demás al rey D. Alonso V diez mil florines, obligánsoles el rey las rentas de la Baronía de Corbera. Concluyóse esto en el real de Valencia en 11 de abril de 1424 (Diago ibid. fol. 59.).

En el convite que el rey D. Alonso V hizo en el real de Valencia al infante de Portugal, hurtó no sé quién una copa de plata; y el rey mandó hacer diligencias para hallar al ladrón y castigarlo. Y aun desde Zaragoza, en 8 de marzo del año siguiente 1429, escribió a Pedro Bou, lugarteniente de gobernador del reino de Valencia sobre lo mismo  (Diago ibid. fol. 211.).

El capellán del rey D. Alonso V al fol. 112 de su diario MS. dice de Pedro Bou lo siguiente: “Diumenge a 18 del dit mes de Febrer (de 1459) la noble ciutat de Valentia feu molt grans, e belles juntes, e foren 5. taulages, ço es Pere Bou per los ciutadans... Los tres portaven paraments de seda morats, e los dos de seda blava ab senyals reals, e corones ab grans divises; ço es Pere Bou portava en la cimera lo Deu d'amor ab huna fletxa e sageta &c.” “En lo dit any (1461) Valencia feu misatger al senyor rey que era a Zaragoza: e foren misatges Don Luys Cruelles (Cruilles, Cruylles), e en Guillem Masquo (Mascó), jurats de Valencia, Micer Jaume Garcia, Micer Pere Amalrich, advocats de la ciutat, e en Franchs Zaera (Çaera), racional de Valencia, e en Pere Bou &c.” (Diario fol. 133. col. 4.)

La familia de Bou había también dado ya por aquellos tiempos nombre a una calle de Valencia, que hasta nuestros tiempos se llama de en Bou (d'Embou), como se ve en el pregón que se hizo en Valencia para publicar la procesión de acción de gracias por la exaltación al pontificado de Calixto III, para cuya carrera se señala entre otras lo carrer de en Bou. Esto por lo que respeta (respecta) a su familia; por lo tocante a su muerte “otorgó (dice el P. Texidor) su testamento el maestro Bou ante Juan Esteve, notario y secretario del cabildo, en 14 de mayo de 1461; y habiendo muerto en 25 de noviembre de dicho año, fue llevado su cadáver a darle sepultura al monasterio de Val de Cristo como él lo había mandado.” Concuerda esto con la inscripción, que solamente nos refiere el día y año de su muerte y el lugar de su entierro, sin mencionar los motivos de haber sido allí enterrado. Según esto, pues, moriría en Valencia el maestro Bou; y sería llevado su cadáver a la Cartuja de Val de Cristo, cumplendo los albaceas su disposición testamentaria, en la que se incluiría también la dotación de la capilla del crucifijo, de que habla la inscripción, no menos que la manda de hacer de nuevo el rejado y el retablo de la capilla de S. Pedro de la catedral, que refiere el Diario por estas palabras: “Dijous 9 de Agost (any 1470) vigilia de Sant Lorens fonch mes lo rexat de ferre en la capella de Sant Pere de la seu, e lo retaule pera la dita capella; lo qual retaule, e rexat fonch pagat dels bens de mestre Anthoni Bou, canonge de la dita seu, e vicari de Sant Pere. Era natural de Zuequa.”

Era regular que este insigne valenciano escribiese algunos comentarios del maestro de las sentencias para dictarlos desde la cátedra que obtuvo en la seo de Valencia; pero es de creer también que perecieron, cuando no los produce Ximeno, que supone existentes en la biblioteca de la catedral de Valencia dos tomos de sermones suyos MSS. Estas son las noticias que he podido recoger para ilustrar la memoria del maestro Antonio Bou...

Dios guarde a V. muchos años. Valencia 11 de junio de 1803. = Fr. Bartolomé Ribelles, cronista de la ciudad y reyno de Valencia.

jueves, 26 de enero de 2023

CARTA CXX. Ritos de la iglesia de Barcelona.

CARTA CXX. 

Ritos de la iglesia de Barcelona.

Mi querido hermano: Algunos sabios amigos prebendados de ella me han asegurado haber leído Actas capitulares que prueban la concurrencia o asistencia al Cabildo de San Raimundo de Peñafort, profeso ya, y aun maestro en la orden, firmándose en ellas Magister Raimundus, canonicus Barcinonensis: y añaden en confirmación de ello haber visto también en otros documentos que el Padre Santo Domingo se firmaba Magister ordinis Praedicatorum, canonicus Oxonensis; que habiendo en su consecuencia examinado la Decretal que habla de la vacante de prebendas y beneficios por la profesión religiosa, la habían hallado de fecha posterior a la época de dichos Santos. Así me lo han querido persuadir, pero no me han puesto en las manos ni tales documentos ni tales firmas, ni hasta ahora yo he sido tan feliz que diese con estas o aquellos. Pero acerca de esto nada he topado, sino en cierto sentido lo contrario, y es una carta de San Raimundo de Peñafort al Rey Don Jaime I en que se llama in ordine fratrum Praedicatorum minimus; pero nada dice de canónigo de Barcelona, título que no es regular omitiera, si lo fuera realmente (a: Ap. núm. XLV.). He hallado mucho, muchísimo sobre la costumbre tan común en todo el principado, y que fastidia ya el repetirlo, de la elección de uno de los monacillos (monaco : monaguillos) de canto, que el día de Inocentes asistía a las Vísperas, presidía y oficiaba vestido de pontifical y puesto en la misma silla del Obispo.
En medio de la sencillez, o qué sé yo qué más, que supone esta práctica, causan admiración y juntamente risa la formalidad, energía y celo con que se manda en las Constituciones donde se ordena este ceremonial que el organista no toque ninguna tocata profana y que excite ad choreas et tripudia. Como si el nuevo Obispillo no fuese ya de suyo una cosa de mogiganga (mojiganga). (moixiganga)

En el Sábado Santo, luego de empezadas las vísperas por el celebrante, se llevaba al altar mayor un corderito asado, se bendecía por el celebrante, comenzaba este a cortarlo, y concluido este trabajo por otros se distribuía en seguida en menudos pedacitos, como se reparte ahora el pan bendito. Las aras se consagraban no sólo con la colocación de reliquias de Santos, sino del mismo Cuerpo de nuestro Señor Jesucristo. 

Por los documentos adjuntos verás la consagración del ara o mesa del altar de San Marcos de esta iglesia, perteneciente a la cofradía de los zapateros de esta ciudad, y las diligencias que se practicaron en el mismo altar, pasados cincuenta y más años después de su consagración (a: Aps. núms. XLVI y XLVII.). Pudiera citarte un canon del Decreto de Graciano, título de consecratione, en que se trata de la colocación de parte del cuerpo de nuestro Señor Jesucristo en las aras, pero no tengo a la mano este libro. Y no sólo las aras de los altares, sino las frentes y pechos de muchas imágenes del Señor, de la Virgen y los Santos eran en aquellos tiempos pequeños sagrarios, donde se depositaban sagradas formas. Algunas de estas antiguas imágenes he visto con sus ventanillas y nichos para el efecto. Antiguamente se rezaba en esta iglesia de algunos Santos de que no se reza en el día, o bien con rito diferente. Por ejemplo, de San Vicente Mártir, que tiene en dicha iglesia altar particular, dedicado a Dios en honor suyo, se rezaba con rito doble y con octava. Algunos individuos del cabildo procuraron años pasados el restablecimiento de ello; y aun todo el cabildo en masa acudió al señor Obispo con esta solicitud, haciéndole presente que las rúbricas del Breviario Romano, ordenadas por San Pío V, permitían a las iglesias el rezar de los Santos del cuerpo del Breviario con rito diferente del que allí tiene señalado, como el rezado fuese conforme al del Breviario o en otra cualquier manera aprobado por la Santa Sede: no tuvo efecto la pretensión por motivos que no he podido averiguar.

En ciertos días del año se admitía a los prohombres o administradores del gremio de pescadores de esta ciudad en el refectorio canonical, y se les daba del vino artificial llamado Néctar que cum nebulis (especie de tortas delgadas) (neules) se servia en días señalados a los canónigos, y este es el origen de esta costumbre. La iglesia tenía el diezmo de todo el pescado que se vendía en la ciudad y que se pescaba desde el cabo de Blanes hasta la punta del castillo de Tamarit, cerca de las playas de Tarragona. La percepción de este diezmo tuvo muchas contradicciones, causó muchos disturbios y entredichos, y últimamente se convino el pago con varias modificaciones, entre otras, que los mismos prohombres o administradores del gremio fuesen los colectores del diezmo, y que entre otras recompensas y distinciones tuvieran la de ser admitidos en refectorio y ser enterrados en la iglesia. ¿No pudo dar esto motivo al dictado de Canónigos de la pescatería, que últimamente se ha amenguado y envilecido hasta el extremo de aplicarse a los muchachos desarrapados y díscolos que andan por la plaza y pescadería viviendo de lo que pillan? Así lo sentía el sabio anticuario el canónigo Caresmar. Ya sabes que a tales muchachos mal criados y perdidos y largos de manos, los llamamos ahí en Valencia Canonges del mercat. Tú dirás si esto tiene alguna analogía o relación con el hecho de que habla. Si tuviera yo humor y tiempo para extractar los mamotretos que tengo a la vista, pertenecientes al victus ratio, mucho pudiera decirte de particulares viandas y usanzas de los siglos pasados, ayunos, desayunos, colaciones, etc. No lo hago, ya porque coincide con lo que te he escrito sobre lo mismo en otras ocasiones, ya porque ¿a qué detenerme en pormenores de cosas y prácticas, que no digo muchos años, sino muchos siglos que no se observan? Mejor será hablarte de los ritos y particularidades que existen y se practican en el día. 

El altar mayor, obra de estilo gótico y del mayor primor, no tenía en lo antiguo imagen de Santo alguno, ni pintado ni de bulto; pero en el día tiene en el centro una cruz grande de plata con la imagen de Jesucristo, y en su peana está de medio relieve la imagen de nuestra Señora de los Dolores. La piedad de un canónigo, que costeó la obra, causó una mudanza tan notable como sensible. Antes y de tiempo inmemorial sólo había una cruz sin imagen ninguna, cosa muy conforme al título que siempre ha tenido esta iglesia, esto es, ecclesia Sanctae Crucis. Ya tendrás presente lo que sobre el particular dicen los escritores de antigüedades eclesiásticas, señaladamente el eminentísimo Borja.

En un nicho sepulcral, que está bajo el sagrario o tabernáculo, y como al igual de la mesa del altar, hay una urna con las reliquias del Prelado y Pastor de esta iglesia San Severo. Esta mesa del altar mayor está enteramente aislada, aunque por las gradas con que se adorna el altar en ciertos días (obra moderna) parece unida con él, de modo que puede celebrarse cómodamente en dicha mesa, así de espaldas al pueblo como de cara, conforme generalmente se practicó algún tiempo. 

De los dos lados del altar y a una altura proporcionada, salen por frente dos cornisas, que en su extremo son sostenidas por dos columnas salomónicas de piedra jaspe y muy primorosas: bajo de ellas pasan dos cortinas encarnadas de tafetán que se corren al tiempo del Sanctus, cuando se celebra la misa mayor, y quedan así tiradas hasta acabar la consagración; y esto que recoge más al celebrante y le aparta de la vista todo otro objeto, manifiesta que el presbiterio no estaba adornado o circuido como en el día con los damascos y colgaduras que existen, y que tanto estorban la total vista y transparentes de las columnas aisladas que primorosamente circuyen el espacio o suelo del presbiterio.

En el altar mayor no se celebra diariamente sino una misa y esta cantada, de modo que habiendo dos se celebra la otra en el altar o capilla subterránea de Santa Eulalia. Tengo presente que en uno de los libros del archivo, que trata de los usos y costumbres de las iglesias, haciendo mención de esta particularidad, cita el texto de un concilio de los más antiguos, en que se prescribe una Missa et unum altare. El celebrante siempre es canónigo. Y si rarísima vez por un accidente imprevisto ha sucedido faltar canónigo y haber de celebrar o domero menor o beneficiado, se ha puesto un altar provisional en el presbiterio y se ha celebrado en él. En las misas cantadas que se celebran en el altar mayor, el celebrante lee el Evangelio in cornu epistolae. Este rito lo observamos nosotros los Dominicos, y me parece que también los Camaldulenses. El presbiterio se halla rodeado de unos como escaños o poyos de piedra, y en el centro del semicírculo y detrás del altar mayor, se halla una silla muy preeminente de arquitectura antigua, y muy adornada y elevada en forma de trono, subiéndose a ella por diferentes gradas. En el Jueves Santo si el Señor Obispo celebra de pontifical, comienza allí la misa prosiguiéndola después en el altar mayor.

En el Viernes Santo, luego de acabado el Passio Domini, etc., todo el coro se traslada al altar mayor, y forman un círculo al rededor del celebrante y de la mesa hasta el acto de trasladarse en procesión al monumento a buscar el sagrado Cuerpo del Señor. La misa prosigue y concluye después en el presbiterio; y luego de acabada, allí mismo formado el clero en dos alas, se rezan vísperas.

En varios días del año los entonadores o chantres menores, junto con los caperos o bordoneros, antes de comenzar la misa mayor, se pasan desde el coro que está en el centro de la iglesia al presbiterio, y allí entonan el Introito, y no se retiran hasta los Kiries, trasladándose después al coro, y prosiguiendo como en los demás días.

En el presbiterio no se permite la entrada a otros seculares que a los señores regidores y sus dependientes en los días que asisten de ceremonia. Sólo se permite la entrada a todo el pueblo en la noche de Navidad, durante la misa del Gallo, y en el día de Santa Cruz, mientras la misa que se celebra muy de mañana. En uno y otro día hay adoración, y es admitido a ella todo el pueblo. De todo lo dicho en estos últimos apartes, se infiere, a mi parecer, que antiguamente el coro estaba en el presbiterio, y que se practica lo referido en memoria de ello. 

En todos los días de oficio doble se entona el Introito con voz muy baja y grave, hasta llegar al Gloria Patri, desde el cual se prosigue en voz alta y regular; pero en los días semidobles se comienza por el tono alto, con que se continúa. Las horas menores se cantan seguidamente; y concluida nona, todos los días, a excepción del Jueves y Viernes Santo, se rezan de rodillas por todo el coro las letanías mayores con las preces que están en el Breviario Romano. No he encontrado en cuanto he visto del archivo que esta práctica fuese penitencia o fundación, ni el origen de ella. Sólo he encontrado la fundación de la distribución que se da en la misma, y en esta fundación ya se expresa como observada aquella devoción; por consiguiente entiendo que es inmemorial: que es una mera rogativa, y voluntaria: y que siendo tan notable y constante, tal vez debe su origen a la frecuencia con que en los siglos de la edad baja fue afligida la ciudad y todo el principado con el azote del contagio; para lo cual puede verse a Capmany en sus Memorias.

Todos los días, al comenzar los maitines en el coro, se celebra en la capilla y altar de Santa Eulalia una misa cantada por uno de los domeros menores, asistiendo a ella diferentes capellanes de los que se llaman oficiales del cabildo, por obtener alguno de los cargos o ministerios de la iglesia, y que da el cabildo, como son: monacillos, sacristanes menores, guarda-altar, claustrero, etc. Y esta misa se aplica diariamente pro benefactoribus; pero la misa cantada que se celebra en el altar mayor después de nona, no se aplica diariamente pro benefactoribus, conforme a la constitución de San Pío V, sino que en algunos días se aplica por difunto, en cumplimiento de fundación o aniversario, o bien por motivo de entierro llamado canonical, por ser el más solemne. A principios del siglo pasado consultó el cabildo a varios señores Obispos que se hallaban en la ciudad con motivo de la consagración de un nuevo Prelado, acerca de lo referido, esto es, si cumple el cabildo con la constitución Piana siguiendo la expresada práctica, y unánimes resolvieron que cumplía, y que no debía alterarse dicha costumbre; porque aquella constitución se dirigía en particular a las iglesias que diariamente no aplicaban misa alguna pro benefactoribus, y la iglesia de Barcelona ya lo hacía de antes, y tan superabundantemente, como que en los más de los días celebraba dos; y que el haberse determinado por San Pío V que fuese la misa mayor, o conventual, miraba principalmente a la seguridad de que diariamente se aplicase una misa en las catedrales pro benefactoribus: por consiguiente que la práctica de esta iglesia no se oponía a lo sustancial de aquel mandato. En la primera misa de las sobredichas, que se celebra diariamente en la iglesia y altar de Santa Eulalia en los correspondientes días, como domingos y otros, se publican las fiestas, se lee un punto de Catecismo, y se practica todo lo que en las iglesias parroquiales, conforme a lo prescrito por el Ordinario del obispado.

Sólo se ejecuta esto en el altar mayor en el día de Santa Cruz de mayo, cuando cae en domingo; porque en este día se celebran dos misas en el altar mayor, siendo una de ellas la que en los demás días del año se celebra en la capilla y altar de Santa Eulalia. Celébrase en aquel día por uno de los cuatro canónigos domeros mayores, practicándose por él las referidas funciones parroquiales.

He venido a hablar del día de Santa Cruz, y por consiguiente no puedo dejar de recordar aquí las singulares prácticas y costumbres de esta iglesia en dicho día. A más de la misa que se celebra en el altar mayor y de que ya he hablado, se celebra otra por uno de los señores canónigos con asistencia de los demás y con canto en la casa que existe junto a la catedral que se llama la canonge o la canónica, y que es parte del edificio antiguo que habitaban los canónigos cuando vivían en comunidad: lo cual puede muy bien ser en memoria de ello. Acabada la misa se distribuye un pan y un ramillete de flores a cada uno de los asistentes. En la vigilia de este día se ponen cuatro pinos en el patio del palacio episcopal; uno en casa de cada dignidad y canónigo y de algunos oficiales de cabildo; y además se ponen varios en la iglesia, en el espacio que va de la puerta mayor al coro, y en el presbiterio se pone una gran cruz formada de rosas blancas, a semejanza de la que usa el cabildo en su escudo de armas, formando el centro una estrella hecha de rosas encarnadas. Esta costumbre de los pinos, comúnmente se cree originada de una fundación antigua hecha por un canónigo llamado Pinell. En efecto, la iglesia ha tenido varios canónigos de este apellido y muy famosos por los empleos y comisiones que tuvieron de Reyes y Papas; pero yo no he visto tal fundación, ni rastro, ni sombra de ello; sólo me acuerdo a vista de esta práctica de lo que se halla en los ritos Romanos, acerca de las fiestas que se hacían por ellos en mayo, llamadas Mayuas, de las cuales me parece que habla nuestro Amaya en sus Comentarios in tres libros posteriores Codicis, y que muchos ritos y costumbres de los paganos se cristianizaron en los primeros siglos, mudando de objeto. Me parece también que Gavanto y otros autores litúrgicos hablan de esta costumbre de poner árboles en mayo en los templos y plazas; y que en las provincias meridionales acostumbra a hacerse uso de los pinos por lo mucho que en ellas abundan. Por otra parte, la devoción del pueblo de Barcelona a la Santa Cruz es tan general como antigua. A la Santa Cruz se halla dedicada la iglesia catedral, y de tiempo tan remoto como lo manifiesta la firma del Obispo Pretextato en el concilio Sardicense. Praetextatus Episcopus Sanctae Crucis Barcilonensis, si no me engaño, y lo dirá por mí Aymerich en su Episcopologio.

A la Santa Cruz se halla dedicado el puerto, existiendo en testimonio de ello la famosa cruz que se halla a la salida de la puerta del Mar, obra del célebre arquitecto Blay, de quien es también obra el suntuoso edificio de la casa de la diputación, que hoy lo es de la audiencia. Y a la Santa Cruz se halla dedicada el hospital de esta ciudad, que es general, no sólo por haberse reunido en él los particulares hospitales de enfermos, que había, unos a cargo de la ciudad, otros del Cabildo y otras personas, sino también los de fatuos y expósitos; existiendo también en el espacioso patio del mismo, una columna salomónica con la cruz encima, y forma también la cruz el escudo de armas del cabildo, y parte del de la ciudad. Dicha columna salomónica tiene como a los dos tercios de su altura dos coronas reales, alusivas sin duda a no sé qué Rey y Reina, que pusieron la primera piedra de aquel soberbio edificio. De la devoción del pueblo de Barcelona a la Santa Cruz, y del culto que siempre la ha dado, es otro testimonio y no despreciable, la costumbre que aunque muy minorada, se guarda todavía. Y es, que en el día de Santa Cruz de mayo, casi en todas las puertas de las habitaciones bajas donde viven los artesanos, se ven capillas con la Santa Cruz, y muchachos que piden limosna para el adorno de ellas; y esto no es más que una pequeña parte de lo que se hacía antiguamente para festejar aquel día. No faltaban torneos y otras funciones que habrás ya visto en la vida de San Francisco de Borja, escrita por el Cardenal Cienfuegos en el capítulo donde refiere el extraordinario lance que aconteció al Santo en aquel día con motivo del festín que daba en palacio por razón de la misma fiesta; lance en que se vio en tanto apuro su virtud, como el carácter del cargo de Virrey de Cataluña que tan dignamente desempeñaba. 

En este día en los más de los pueblos del obispado se planta un árbol en la plaza, y se corona de flores, y en algunas partes lo llaman mayo, y si esto se hace en memoria o símbolo del árbol de la Santa Cruz, ciertamente que puede aquel llamarse el verdadero árbol de la libertad; así que tanto estos árboles como los referidos pinos, que se plantan en la iglesia, atendida la sazón en que se hace, muy bien pueden mirarse como una oblación de las primicias del retoño y nueva producción de las plantas. Por fin, en este mismo día de Santa Cruz (y concluyo con esto lo relativo a él) los dos párrocos de Santa María del Mar y de nuestra Señora de los Reyes o del Pino, por sí o por medio de sus tenientes, entran en el coro de la catedral con hábitos corales, y cantan el segundo responsorio del primer nocturno de los maitines, que por la tarde se cantan solemnemente en la iglesia. Esta asistencia de aquellos dos curas párrocos, que se repite en los maitines de Navidad y de Santa Eulalia, si por una parte puede considerarse como un testimonio de que la iglesia les convida a celebrar la fiesta, también puede ser mirada, por otra, como un reconocimiento que prestan las parroquias particulares de esta ciudad a la matricidad de la iglesia catedral, y a su universalidad de territorio en la ciudad y obispado; sobre lo cual ya te enviaré un ejemplar de los alegatos impresos, en que prueba la iglesia esta parroquialidad inter volentes, tanto en punto del cumplimiento del precepto pascual, como bautismo y demás.

En la Semana Santa, y aun en la de Pasión tiene esta iglesia varios ritos y ceremonias particulares. Desde las primeras vísperas de la semana de Pasión hasta el miércoles Santo inclusive, en todos los días feriales, el mismo canónigo que acaba de celebrar la misa mayor, vestido con alba y estola, lava los pies a algunos monacillos o sacristanes en una capilla del claustro. En estos mismos días feriales tiene también la iglesia la particular función que llaman de la Vera Creu o de la Vera Cruz. Se comienzan las vísperas, caído el velo blanco que está colgado en el presbiterio, quedando por consiguiente cubierta la vista del altar mayor. Hasta el tercer salmo se cantan las vísperas en tono regular, pero en el cuarto entra ya un tono más grave, solemne y pausado. Inmediatamente el clérigo que tiene el oficio de subdiaconil, baja al medio del coro y allí se deja caer los vestidos corales, y cubierta la cabeza con la capucha, pasa a convidar al canónigo más antiguo del coro en que está la hebdomada, y así sucesivamente en los demás días, alternando los coros, y recogidos otra vez los hábitos, se vuelve a su silla. A tiempo competente baja al plano del coro el canónigo convidado, arrastrando la cola de la capa magna y cubierta la cabeza con la capucha, siguiéndole seis de los residentes, se dirige a la sacristía, donde se quita los hábitos, y se viste con alba y capa pluvial, y a su debido tiempo sale de la sacristía con una cruz cubierta de una toalla negra y precedido de seis clérigos con velas verdes en la mano, y acompañado de los sacristanes menores y otros asistentes, se encamina al altar mayor por detrás del velo. Al entonar en el coro el himno: Vexilla Regis prodeunt, salen de detrás del velo dos monacillos con albas y tapadas sus caras con un crespón negro, y presentan dos estandartes cuadrados de fondo negro, en que está bordada la cruz y algunos trofeos de la Pasión del Señor. Este himno se canta por el coro con la mayor gravedad y pausa, alternando las estrofas con la música, y al llegar a la O Crux, ave spes unica, que canta la capilla de música en tono muy pausado y patético y con sordina, se empieza a levantar muy despacio el velo, y el expresado canónigo, puesto de espaldas al altar, manifiesta al pueblo la cruz en que se halla un notable pedazo del lignum Crucis, regalado, según dicen, por el Papa Luna al Rey Don Martín, y por este a esta iglesia. Entre tanto todo el coro está arrodillado, quitado el solideo, y con velas verdes encendidas en la mano. Sobre todo, se hace con la mayor solemnidad esta función en el día de Ramos. El salmo In exitu Israel se canta con una extraordinaria pausa por el coro y por todos los músicos de la capilla, acompañando con sus voces y los bajones. La estrofa O Crux la canta solemnemente la capilla de música, tocando los violines con sordina, y siendo la composición muy patética.

La concurrencia de gentes a esta función compite con su devoción y piedad, de que da claras muestras el profundo silencio que reina en ella. En casi todas las iglesias seculares y regulares de la ciudad se practica la misma ceremonia, pero en ninguna con la solemnidad que en la catedral. Eclesiásticos y seculares de distinción, que habían recorrido la mayor parte de las catedrales del reino y asistido a sus principales funciones, a todos les he visto manifestar la mayor novedad y sorpresa por esta de la iglesia de Barcelona. Sin embargo, yo tengo por superior función la que se hace con este motivo en Valencia y real colegio de Corpus Christi, fundación del beato señor Ribera.

Al hacer memoria de esta ceremonia me ocurre que San Sofronio, Patriarca de Jerusalén, refiere ser costumbre de su iglesia sacar de su caja la Santa Cruz a mediados de cuaresma para venerarla con mayor devoción. In medio jejunii, dice, adorationis gratia, proponi solet vitale lignum venerandae Crucis. (Sophr. Serm. in Exaltat. Sanctae Crucis. Bibl. PP., tom. 12, pág. 214). Tú combinarás (leo convinarás) una costumbre con otra y su semejanza en dos iglesias, ambas dedicadas a la Cruz.

En la noche del Jueves Santo, o luego de entrado el día del Viernes, esto es, a las doce de la noche, los señores canónigos y demás residentes que están de vela, van a la sacristía, y dando vuelta por detrás del presbiterio, llevan al altar mayor la reliquia de la Santa espina, que se venera en la iglesia, donde permanece con la iluminación de seis velas verdes hasta la tarde del mismo Viernes, en que después de acabados los divinos oficios y con procesión, que da vuelta por toda la iglesia, se vuelve a la sacristía, asistiendo todo el clero y el ayuntamiento de regidores. Todos los concurrentes van con velas verdes, y el oficial de Cabildo que tiene el empleo de Dormitolero, lleva en la mano tres velas verdes, las dos encendidas y la otra apagada. Según tradición de esta iglesia significan estas tres velas las tres iglesias dedicadas a la Santa Cruz; a saber: la de Roma, la de Jerusalem y la presente de Barcelona, yendo apagada la una en representación de la de Jerusalem, que se halla en poder de infieles. Los maitines del Miércoles Santo o de tinieblas comienzan con la particular ceremonia de que el oficial de Cabildo que tiene el oficio de subdiaconil, puesto en medio del coro, deja caer sus hábitos, y arrastrando la cola y cubierta la cabeza, entona delante del señor canónigo que hace la hebdomada, la antífona Zelus domus en voz baja y con mucha solemnidad. Si está en el coro el señor Obispo la entona delante del dignidad de Capiscol o Chantre, y este del mismo modo la entona después delante de su Ilustrísima, quien luego de vuelto el chantre a su silla la entona y sigue el oficio. En el día del Corpus y en su misa mayor, conforme a lo que se practica en el Jueves Santo, y regularmente en todas las iglesias de la cristiandad, el celebrante consagra dos hostias, la una para el sacrificio y la otra para ponerse en la custodia, que se coloca en la mesa del altar mayor luego de acabada la misa, y en ella queda el Señor manifiesto hasta salir la procesión, que empieza a las cinco de la tarde. En el cirio pascual se pone una vitela o Díptico con expresión de la epacta, aureo número, año del pontificado del Santo Padre, del Prelado, del Rey y demás que podrás ver cuando te muestre una de dichas vitelas que me han regalado. El cirio pascual se coloca sobre una especie de pedestal que tiene unas pequeñas ruedas en los extremos, y por medio de unos cordones lo tiran con facilidad monacillos, y va delante de la procesión que se hace antes de la misa mayor en los tres días de Pascua. En los Capítulos pascuales que comienzan con misa de Espíritu Santo, lectura de las constituciones y otras formalidades, se reza por el presidente la antífona, verso y oración del Espíritu Santo y la de San Agustín; de lo cual puede inferirse que por este Cabildo se observaba antiguamente la regla de este Santo Padre. Pero me parece que en todo caso sería meramente directiva y no obligatoria o profesada, por no encontrarse rastro de profesión ni de aquellos oficios de prior, enfermero, etc., que en otras catedrales denotan que en lo antiguo hubo una perfecta regularidad.

Largo he estado y pesado. Otra vez seré más breve. A Dios, Barcelona, etc. 

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