Mostrando entradas con la etiqueta Juan Bautista Pérez. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Juan Bautista Pérez. Mostrar todas las entradas

domingo, 5 de junio de 2022

Tomo 3, apéndice 15, carta, Juan Bautista Pérez, papa Clemente VIII, obediencia, silla apostólica

XV. 

Carta del obispo de Segorbe D. Juan Bautista Pérez al papa Clemente VIII, en que presta la obediencia a la silla apostólica (a: Copiada de sus MSS. en el archivo de la santa iglesia de Segorbe.) (Vid. pág. 165). 

Beatissime pater. Post humillima pedum oscula. Felicis memoriae Innocencius papa nonus nullis quidem meis meritis, sed pro sua tantum benignitate et clementia, ecclesiae, et episcopatus Segobricensis mihi curam commissit literis (litteris) datis duodecimo kalendas decembris pontificatus anno primo; et simul illud mihi indulsit ut à quocunque catholico antistite apostolicae sedis communionem habente, sine ullo metropolitani Valentini praejudicio, consecrari possem, modo prius fidelitatis erga sanctam sedem apostolicam, et debitae obedientiae juramentum praestarem ex formula ipsis literis apostilicis (apostolicis) compraehensa. Eas literas cum nonis februarii accepissem, consecratus sum in oppido Madrito, Toletanae dioecesis, octavo idus martii ab illustrissimo et reverendissimo Gaspare Quiroga, cardinale Toletano, adhibitis reverendissimis episcopis Cauriensi, et Abulensi (de Ávila, abulense), atque id juramentum ante ipsam consecrationem publice conceptis verbis praestiti in hanc formam: Ego Joannes Baptista electus Segobricen. ab hac hora in antea fidelis et obediens ero beato Petro sanctaeque apostolicae romanae ecclesiae, ac domino nostro domino Clementi papae octavo suisque successoribus canonice intrantibus: non ero in consilio aut consensu vel facto, ut vitam perdant, aut membrum, seu capiantur, aut in eos violenter manus quomodolibet ingerantur, vel injuriae aliquae inferantur quovis quaesito colore; consilium vero quod mihi credituri sunt per se aut nuntios, seu literas, ad eorum damnum, me sciente, nemini pandam. Papatum romanum, et regalia sancti Petri, adjutor eis ero ad retinendum et defendendum contra omnem hominem; legatum sedis apostolicae in eundo, et redeundo honorifice tractabo, et in suis necessitatibus adjuvabo; jura, honores, privilegia et auctoritatem romanae ecclesiae domini nostri papae, et successorum praedictorum conservare, et defendere, augere, et promovere curabo; nec ero in consilio, facto vel tractatu in quibus contra ipsum dominum nostrum, vel eandem romanam ecclesiam aliqua sinistra, vel praejudicialia personae, juris, honoris, status, et potestatis eorum, machinentur; et si talia à quibuscunque procurari (f. perpetrari) novero, vel procurari, impediam hoc pro posse, et quanto citius potero commode significabo eidem domino nostro, vel alteri per quem ad ipsius notitiam poterit pervenire. Regulas sanctorum patrum, decreta, ordinationes, sententias, dispositiones, reservationes, provisiones, et mandata apostolica totis viribus observabo, et faciam ab aliis observari. Haereticos, scismaticos, et rebelles domino nostro, et successoribus praedictis pro posse persequar, et impugnabo. Vocatus ad synodum veniam nisi praepeditus fuero canonica praepeditione. Apostolorum limina singulis quadrienniis personaliter, ac per me ipsum visitabo, et domino nostro, et successoribus praefatis rationem reddam de toto meo pastorali officio, deque rebus omnibus ad meae ecclesiae statum, ad cleri et populi disciplinam, animarum denique, quae meae fidei creditae sunt, salutem quovis modo pertinentibus, et vicisim mandata apostolica praedicta humiliter recipiam, et quam diligentissime exequar; quod si legitimo impedimento detentus fuero, praedicta omnia adimplebo, et per certum nuntium ad hoc speciale mandatum habentem, de gremio mei capituli aut alium in dignitate ecclesiastica constitutum, seu alias personatum habentem; aut his mihi deficientibus, per dioecesanum sacerdotem, et clero deficiente omnino per aliquem alium presbyterum saecularem vel regularem spectatae probitatis, et religionis, de supradictis omnibus plene instructum. De hujusmodi autem impedimento docebo per legitimas probationes ad sanctae romanae ecclesiae diachonum cardinalem ordine priorem per supradictum nuntium transmittendas. Possessiones vero ad mensam meam pertinentes non vendam, neque donabo, neque impignorabo, neque dono infeudabo, vel aliquo modo alienabo, etiam cum consensu capituli ecclesiae meae, inconsulto romano pontifice; et si ad aliquam alienationem devenero, poenas in quadam super hoc edita constitutione contentas eo ipso incurrere volo. Sic me Deus adjuvet et haec sancta Dei evangelia. Hujusmodi jusjurandum à me sic praestitum fuisse his literis mea manu subscriptis, et sigillo meo obsignatis apud V. Sanctitatem tanquam verus obedientiae filius, et humillimus servus sanctissimis ejus pedibus provolutus, supplex testor, Deum precatus ut Beatitudinem V. ad maximas ecclesiae catholicae utilitates quam diutissime servet incolumem. Datum Segobricae die XXII martii MDXCII. 

miércoles, 1 de junio de 2022

CARTA XXIV. Juan Bautista Pérez, Obispo de Segorbe

CARTA XXIV. 

Memorias para la vida literaria de D. Juan Bautista Pérez, Obispo de Segorbe. 

Mi querido hermano: Prometí en el episcopologio de esta Iglesia hablar separadamente de uno de sus grandes Prelados, ornamento de nuestra nación, es a saber, del Ilustrísimo D. Juan Bautista Pérez. Hubiérase interrumpido aquella narración con la puntual noticia de los preciosos MSS. suyos que conserva esta Iglesia. Darémosla ahora, porque en ella interesa la literatura nacional aún más que la memoria y crédito de este insigne Prelado. Y como en los que lo son deben apreciarse todas las circunstancias de su vida moral y literaria, he creído conforme a mi objeto la exacta averiguación de sus hechos y ocupaciones anteriores a su pontificado. Villagrasa (en el cap. 48 de las Antigüedades de Segorbe) y otros, más como panegiristas que como historiadores, dijeron muchas cosas loables de este Obispo. Mas en ninguno hallo apuradas las épocas de su vida, ni una noticia puntual de los MSS. que dejó. Esto hago yo ahora teniendo a la vista documentos parte buscados y parte hallados por casualidad. Tal es una nota que encontré en el archivo de esta Iglesia entre un montón de papeles inútiles, y es el borrador que hizo el Señor Pérez para presentar al Cabildo de Toledo la noticia de su patria, padres y abuelos; la cual, aunque es de mano de su amanuense Andrés de la Parra, está corregida por el mismo Pérez, cuyo es también el título que dice así, Mis padres y aguelos que presenté en Cabildo á ….. de Hebrero 1581. “Yo el maestro Juan Bautista Pérez nací en la ciudad de Valencia, do casaron mis padres y vivieron muchos años en la parroquia de santa Catalina mártir, saliendo de la calle de Embou, y entrando en la calle de la Lonja vieja, y en la dicha iglesia de santa Catalina fui yo bautizado, y allí están enterrados mis padres. Mi padre fue Antonio Pérez, nació en el lugar de Allepuz, que es seis leguas de la ciudad de Teruel en el reyno de Aragón: murió el año 1557. Mis aguelos paternos se llamaron Martín Pérez y Antonia Colás, naturales del mesmo lugar de Allepuz; aunque también he oído decir que mi aguela paterna fue del lugar de Gúdar (pone Gudar; Javalambre), que es una legua de Allepuz. Ha bien sesenta años que murieron. Mi madre fue Catalina Rubert y de Fernós; nació en el lugar de Cabra, que es quatro leguas de la ciudad de Tarragona en el Principado de Cataluña: fue traída a Valencia y prohijada de un tío suyo que se llamaba Jayme Fernós, por no tener hijos: murió mi madre el año 1577, y vive hoy en Valencia un hermano de mi madre que se llama Antonio Fernós, y vive al lado de la lonjeta del Almutaçaf. (mustaçaf, almotacén)

Mis aguelos maternos fueron Juan Rubert y Eulalia Fernós, naturales del dicho lugar de Cabra; aunque también he oído decir que mi aguela materna nació en Sarreal (ça Real), que es una o dos leguas de Cabra. Murieron mis aguelos maternos el año 1530. 

Tuve yo en Valencia un hermano mío de padre y madre familiar del santo Oficio, que se llamó Andrés Pérez, y murió dos años ha.”

Por aquí se ve que su patria fue Valencia, y la parroquia donde fue bautizado la de santa Catarina M., en cuyo archivo no se ha podido encontrar el mote de su bautismo por el desconcierto de los libros de aquel tiempo: y así se ignora la época de su nacimiento. Cosa tanto más para extrañarse, cuanto se conserva la nota correspondiente a una hermana suya llamada Petronilla (Petronila), que después casó con un Felipe de Amaya, mercader de Valencia, de la cual habla en su testamento. Por el mote de su bautismo, que fue a 30 de Marzo de 1551, sabemos que el padre de nuestro Obispo fue sastre, y esta es la gente humilde de que descendía, como dice Mariana lib. V. cap. XIV. Habla también en el testamento del otro hermano llamado Andrés, que casó con Angélica Cabellos, a la cual en el mismo deja doscientas libras por descargo, dice, de mi consciencia porque yo en el discurso de mis estudios he gastado parte de la dote de dicha Angélica. Hijo de este Andrés debía ser un sobrino de nuestro Obispo llamado Bartolomé Pérez, de que habla allí mismo. Meditando después de escrito esto sobre el año de su nacimiento, he reflexionado que en su parroquia de santa Catalina comienzan los libros de bautismos desde 1534. Y así no hallándose el mote de este Prelado, como lo están los de sus hermanos, no es inverosímil que naciese antes de esta época. Acerca de su niñez y juventud, y los estudios en que la empleó; no he podido hallar cosa cierta. Sábese que estudió teología y derecho canónico; mas no el tiempo en que a pesar de su pobreza alcanzó el grado de doctor; porque entre los libros antiguos de esta clase, que están en el archivo de la ciudad de Valencia, faltan los que pertenecen a los años desde 1557 hasta 1560, que creo debió de ser el tiempo en que obtuvo el grado. Dígolo porque me consta que por entonces andaba ocupado en sus estudios, como parece por unos rudimentos de lengua hebrea, que conservó en un libro suyo que tengo presente, dictata dice, à Petro Lodoico Ruviale (Pedro Luis; Ludovico), valentino 1555; y más adelante después de unas notas sobre los Salmos, dice de su letra: Anno 1556 has annotationes ego excipiebam cùm magister nobis praelegeret psalmos hebraicè. Tres años después fue provisto en la dicha cátedra, como consta de los rudimentos hebreos que se hallan en el mismo libro con este epígrafe: Dictata à Johanne Baptista Perez Valentiae, die 6 Octobris 1559; y más claramente del Manual de deliberaciones de aquella ciudad del año 1559, núm. 83, donde entre varias provisiones de cátedra se halla el siguiente artículo: Item, en la cátedra de Ebraich a mestre Joan Baptiste Perez ab salari de 26 liures. De su pericia en la lengua griega dio también hartas muestras en lo que dejó trabajado sobre los concilios griegos. Del estudio que hizo de la arábiga, cosa que no he visto le atribuya nadie, es buen testigo el Diccionario que se conserva escrito de su mano, de que hablaré otro día. Este conocimiento en las lenguas orientales, tan necesario a quien como él se dedique al estudio de los concilios y disciplina eclesiástica, y la pericia que mostraba en este ramo de erudición aun antes de salir de su patria, debieron mover a algunas personas a que le costeasen los grados mayores, y al docto Arzobispo Don Martín Pérez de Ayala a que le admitiese en su casa y familia. Mucho pudiera esperar de aquel Prelado; mas su muerte le obligó a pasar a Madrid por si hallaría otro Ayala que le protegiese. Debió de ser esto hacia el año 1567.

Puede conjeturarse que a poco tiempo fue buscado por el Obispo de Cuenca Don Gaspar de Quiroga para que le ayudase en la colección de concilios que el Papa le tenía encargada. En el parecer que dio contra las láminas de Granada, dice de sí mismo que ya vivía en Madrid el año 1572; y aunque no expresa su destino, es verosímil que se hallase en la familia de aquel Prelado, y trabajando en la primera remesa de los concilios que se envió a Roma en 1575. Calculado el tiempo necesario para este trabajo, debió emprenderle dos o tres años antes, que es la época que podemos señalar para su entrada en casa del Señor Quiroga. Desde entonces le nombró este Prelado, mientras lo fue de Cuenca, examinador de la clerecía, o de ordenandos, y secretario de cartas latinas, y entonces (dice) me dio de salario en cada año cien ducados o mil reales castellanos. Los mismos oficios sirvió desde que hicieron Arzobispo de Toledo al Señor Quiroga en 1577 hasta que fue nombrado Obispo de Segorbe, que fueron catorce años, en cuyo tiempo no se le pagó el salario, que era de cien mil maravedís y cien hanegas (fanegas) de trigo, y para cobrar estos atrasos (porque estoy pobre, dice) dio poder a su hermana Petronila. Todo esto es de su testamento. Con la protección del Señor Quiroga logró también ciertos beneficios, de que él mismo da exacta noticia en una nota que aquí he visto de su letra, y dice así: “Naturaleza me dio el Rey D. Filipo nuestro Señor, para que no obstante que yo nací en Valencia pueda tener seiscientos ducados de beneficios o pensiones. Su data es en S. Lorenzo a 30 de Mayo 1575 por ante Juan Vázquez de Salazar, secretario de la Cámara de su Majestad. Y en virtud della tenía yo un beneficio simple en la Iglesia de S. Pedro de Huete, Conchen. dioc. (diócesis de Cuenca, conquense), valor de ochenta ducados, y otro simple en Portalrubio, Conchens. dioc. de doscientos y treinta ducados, y otro simple en Alcañiz (está medio borrada esta palabra; pero al parecer dice así) dioc. Hispalensis (Sevilla) de ciento y cincuenta ducados. Son por todo quatrocientos y sesenta ducados, poco más o menos.”

De la renuncia de estos beneficios cuando le hicieron canónigo de Toledo, se hablará después. Ayudado de ellos y más del justo aprecio que merecía a los hombres doctos de la corte, empleó estos años en ordenar las tres remesas de concilios que envió el Sr. Quiroga al Papa Gregorio XIII, de las cuales hablaré otro día. La última es de 26 de Octubre de 1580. Poco tardó este Prelado en premiar los trabajos que a él le habían proporcionado el capelo. Porque luego hizo con su protección que se diese a tan buen servidor un canonicato en la Iglesia de Toledo, de la cual era ya Arzobispo, habiendo sucedido a D. Fr. Bartolomé de Carranza en 1577 o 78, como dice Francisco de Pisa (en la Descripción de Toledo lib. V. cap. 28.), y más claro el mismo Pérez en su testamento, donde asegura que esto fue en el año 1577, en el mes de Septiembre; y en efecto, en la carta que decíamos de 1580 ya se llama dicho Cardenal Arzobispo de Toledo. Siendo pues esto así, y constando que el canonicato se le dio en 1581, se debe corregir lo que dicen Ximeno y Nicolás Antonio, que a Pérez se le dio el canonicato siendo aún Quiroga Obispo de Cuenca. Pons siguió a estos dos escritores (Tom. IV. Carta VII.) a pesar de haber dicho lo contrario en el tom. I. not. pág. 32. 

La época de este ascenso de Pérez consta por la nota de sus padres y abuelos, que él presentó en el Cabildo de dicha Iglesia á.... de Hebrero de 1581, como ya se vio arriba, y también por la otra sobre la facultad que para esto le dio el Rey, y por los poderes que otorgó para renunciar los beneficios; donde continúa así. “Después me amplió su Majestad la naturaleza para que pudiese yo retener los dichos beneficios, y más pudiese ser proveído de un canonicato de Toledo. Su data es en Elvas de Portugal a 2 de Enero, año 1581. Y en virtud de esta naturaleza concedida fui proveído del canonicato, y el Cabildo la vio y aprobó. El aviso de esta naturaleza concedida de palabra por su Majestad, me le envió el secretario Gabriel de Zayas, de Badajoz a 12 de Octubre 1580, que él es el que lo trató con su Majestad. Di yo poderes para renunciar mis dos beneficios simples de Portalrubio y Huete en manos del Señor Obispo de Cuenca a Francisco de Briones, beneficiado de S. Nicolás de Cuenca, y a Juan de Titos, secretario del dicho Obispo. Pasó en Madrid el poder a 2 de Hebrero 1581 ante Jerónimo Paulo, secretario del Cardenal mi señor. Otorgué otros poderes para renunciar los dichos dos beneficios en manos del Señor Obispo de Cuenca al Dr. Arganda, inquisidor de Cuenca, y a Bartolomé Muñoz, canónigo de Cuenca, con revocación de los primeros de arriba. La data en Toledo a.... de Mayo 1581 ante Hernando de Aguilar, clérigo notario, familiar del Cardenal mi señor. Otorgué otros poderes en latín para Roma a Juan Pérez Muñoz, escritor apostólico, y a Diego López de Montoya, canónigo de Ávila, para resignar los dichos beneficios de Portalrubio y Huete en manos de su Santidad, pure et simpliciter: ante Jerónimo Paulo, secretario del Cardenal mi señor; el de Portalrubio a.... de Junio 1581, el de Huete a.... de Junio 1581.” Hasta aquí el Señor Pérez. De donde se infiere que la provisión Real del canonicato de Toledo fue en 2 de Enero de 1581.

Tomó posesión de esta prebenda a 22 de Abril del mismo año, como consta de los libros originales de posesiones de las prebendas de aquella santa Iglesia, los cuales registró para el efecto su erudito bibliotecario D. Pedro Manuel Hernández, y lo asegura en carta dirigida al Señor Don Nicolás Rodríguez Laso, inquisidor de Valencia, a 18 de Febrero del año pasado 1802. Obtuvo en aquella santa Iglesia el oficio de obrero como dice Mariana (Lib. V. cap. XIV.); del tiempo que le duró este empleo y de lo ocurrido en él acerca del letrero de la consagración de la Iglesia antigua de Santa María, dice el Señor Hernández en la citada carta lo siguiente: “Lo que también aquí consta indubitablemente es haber sido (Pérez) canónigo obrero desde 5 de Febrero de 1585 hasta 26 del propio mes de 1592 (Pérez dice en su testamento que había resignado el canonicato por el mes de Enero de ese año). Este empleo de mucha autoridad en la Iglesia dan aquí los Prelados, y el canónigo que le ocupa tiene autoridad casi absoluta de emprender qualesquiera obras dentro y fuera del templo, si de qualquier modo le pertenecen. Así pudo el Señor Pérez colocar en el claustro la famosa columna de la consagración de esta Iglesia en tiempo de Recaredo, cuyo letrero copió D. Antonio Pons después de otros, aunque equivocando el año en que se halló la columna, que fue el de 1591 no el de 81, y también el motivo con que se halló. Pues no fue con el de las excavaciones que entonces se hacían, como dice nuestro viajero, para los fundamentos de la Iglesia de S. Juan de la Penitencia. Esta Iglesia, que es de un convento de monjas franciscanas, se concluyó en el año 1513 o 14, según consta de los historiadores de Toledo Pedro de Alcocer, Francisco Pisa, Pedro Sánchez, Pedro Salazar y otros que hablan del convento. Ninguno habla del hallazgo de la columna, sin embargo de que los tres últimos vivían entonces, sino Salazar de Mendoza, que escribe se encontró a la entrada de la dicha Iglesia; pero sin añadir el motivo u ocasión de haberse encontrado.” Obtuvo igualmente el cargo de bibliotecario de la misma Iglesia, como lo he visto en uno u otro sobrescrito de cartas dirigidas a él, y comúnmente dicen los escritores, y más particularmente el citado Señor Hernández por estas palabras: “Acerca del empleo de bibliotecario de la misma Primada que se da por lo común, y a mi parecer con razón al Señor Pérez, aunque no se halle en el manuscrito que dice Ximeno citando a Garma, debe saberse que desde antes del Señor Pérez, hasta por los años de 1720, o 30, este Cabildo nombraba uno de sus canónigos para dicho empleo todos los años, como todavía nombra archiveros; pues la biblioteca de la Iglesia fue pública hasta por los años referidos, que dejando de concurrir las gentes se cerró; lo que no saben muchos. Juzgo pues que sin embargo de no constar del mencionado manuscrito (que nunca ha estado en el archivo sino en la biblioteca) haber obtenido semejante destino el Señor Pérez, ni tampoco de documento que yo haya visto, aunque lo he procurado; el Cabildo le nombraría para él en virtud de su mucha erudición, y le ocuparía todo el tiempo que fue canónigo desde que pudo ser elegido. Por lo demás, el bibliotecario nato de esta Iglesia es la dignidad de tesorero, el cual por su oficio tiene la llave de la biblioteca &.”

Todavía fue más ilustre el cargo que allí obtuvo, aunque sólo le duró seis meses; y fue el de secretario del concilio provincial celebrado por el cardenal Quiroga, comenzándole a 8 de Septiembre de 1582. Este docto varón y Benito Arias Montano fueron el alma y el ingenio de aquel concilio, último de los toledanos, el cual publicó Aguirre t. IV, pág. 202, junto con las notas que trabajó Pérez en defensa del epígrafe del concilio, con este título: Notae Joannis Bapt. Perez, Canonici Toletani et postea Episcopi Segobricensis, in quibus tuetur epigraphen hujus synodi, et adversus scrupulosos quosdam ostendit concilium provinciale appellari posse sanctum. De las cuales no hay duda que se serviría el Dr. Dionisio Pablo Llopis, cuando en 1594 defendió de la misma nota al concilio provincial valentino de D. Martín Pérez de Ayala. Y aun Ximeno añade que Pérez se las mandó para su instrucción. No es inverosímil que sea también obra suya, como que era secretario de cartas latinas, la que escribió a Roma el cardenal Quiroga, defendiendo la memoria que se hizo en su concilio del Embajador del Rey (Aguirre ibid. pág. 225.)

A pesar de su dignidad y de cargos tan honoríficos hizo el Señor Pérez lo que todos los hombres grandes, que miran sus ascensos menos como premio de su trabajo anterior, que como ocasión para adquirir nuevos tesoros de literatura, escondida a los talentos medianos, e inaccesible aun a los sublimes, cuando les falta la autoridad y las riquezas. Contábanse pocos en aquel tiempo que hubiesen leído nuestros cronicones y concilios antiguos, las actas de los Mártires y las cartas de los Sumos Pontífices. La imprenta no había hecho aún públicas y comunes estas fuentes de la buena literatura. Solos los poderosos y muy protegidos lograban ver algo de aquellos códices venerables, que nos conservaron las memorias de la religión de nuestros mayores. Pérez fue uno de ellos: empleó sus fuerzas y caudales en copias y cotejos continuos todo el tiempo que le duró el canonicato. Añadía a esto la pesquisa de los documentos peculiares de cada Iglesia, fundaciones de monasterios, cartas y privilegios de Reyes, vidas de hombres ilustres, sus testamentos, actas capitulares de cabildos, en suma todos los monumentos de la historia nacional. Quien haya tenido, como yo, la fortuna de registrar sus MSS., no dirá sino que agotó el archivo de la Iglesia de Toledo, o a lo menos se quedó con lo más precioso. Gran caudal por cierto para quien desea beber en las fuentes la historia eclesiástica de España. Este fue el tiempo en que conocieron los literatos españoles el mérito de Pérez. Como era infatigable en sus investigaciones, se conservan entre sus papeles las cartas de los que satisfacían a sus preguntas sobre fiestas de santos, traslación de sus reliquias, enterramientos de personas ilustres &c. 

En estas y otras ocupaciones le halló la elección que de él se hizo para Obispo de Segorbe. Recibió las bulas del Papa Inocencio IX a 20 de Noviembre del año 1.° de su pontificado, que fue el de 1591, las cuales llegaron a sus manos a 5 de Febrero del siguiente, y fue consagrado por el cardenal Quiroga en Madrid a 9 de Marzo (no 21, como dijo Villagrasa); fueron asistentes los Obispos de Coria y de Ávila. Constan estas fechas de la carta que he visto original dirigida al Cabildo, enviándole las bulas y los poderes, fecha en Toledo a 6 de Febrero de 1592, y de la que escribió al Papa Clemente VIII, día 22 de Marzo del mismo año, prestando la obediencia a la silla Apostólica, y dándole cuenta de su consagración y juramento (a:  V. estas cartas en el apéndice nn. XIV y XV.). Estaba ya entonces en Segorbe. Si fueron tan insignes las muestras que dio el nuevo Obispo de celo y prudencia pastoral, como ya dije en mis cartas anteriores, no fueron menos esclarecidas las que continuó dando de su literatura. Mientras su sínodo, visitas y 

papeles sobre la masa común acreditan su ilustración en el derecho canónico; el trabajo que puso en formar el episcopologio de su Iglesia, y en averiguar los beneficios de la catedral y diócesis, muestran que no se apagó su ardor en la investigación de las antigüedades eclesiásticas, continuando al mismo tiempo sus peticiones a los literatos para certificarse en puntos dudosos y obscuros.

Presentósele otra ocasión en que mostró bien su pericia en la cronología, geografía e historia antigua, y cuanto importan estos y otros conocimientos auxiliares para la ciencia sublime de la religión. Los que aman sólo su corteza y pompa exterior quedan expuestos a vilipendiar sus verdaderos intereses, por el que resulta a una persona, a una familia y a toda una nación. Tal fue el empeño de cierto impostor, que en 1594 comenzó a publicar la noticia de unos fragmentos (que después llamó cronicones) como traídos de Alemania: cosa sabida de todos los eruditos. Mas no todos conocen que acaso fue el Señor Pérez quien primero le convenció, escribiéndole sobre los dos primeros cronicones adjudicados a Dextro y Máximo. Consta esto de la carta escrita a 28 de Enero 1595 al Bibliotecario de la Iglesia de Toledo Cristóbal de Palomares, que publicó D. Nicolás Antonio (censura &c. lib. XII. c. VII. número 9.). En ella dice así nuestro Obispo: Estos días escribí al P. Higuera, diciéndole que es fingido el crónico de Fulda en nombre de Dextro y Máximo, cuya copia aquí tengo; y puedo probar ser fingido con cien argumentos, pero no tengo lugar para escribillos. Parece pues que por el mismo mes de Enero escribió al P. Higuera el desengaño que aquí insinúa. También tengo por cierto que llegó a extender todo su parecer, como se colige de las muestras que dio de él Gaspar Escolano (Lib. II. cap. 2.), burlándose incautamente de la censura de este gran hombre, lo cual no hiciera si fuera vivo. Aún se atrevió a más Diago (Annal. de Val. lib. IV. cap. VII.) buscando salida a los argumentos de Pérez. Por estos escritores, ya que no he visto el parecer que digo, constan a lo menos algunos de los argumentos a que se reducía. La copia que el Señor Pérez tenía, dice Ximeno (tom. I. p. 203.), que pasó a poder de Escolano; y como esta es la que publicó D. Nicolás Antonio al fin de la Bibl. vetus, es muy verosímil que sean de nuestro Obispo muchas de las notas marginales que allí se hallan. Me confirmo en esto por no haber hallado entre sus MSS. cosa que pertenezca a esta materia. Ya desde el año 1588 se habían ido descubriendo en Granada varias reliquias, libros y planchas de plomo halladas por el mismo que las enterró. Las noticias gloriosas que contenían, llamaron la atención de los españoles. Pero fueron muy pocos los que olieron la impostura, y conocieron la analogía que tenían con los supuestos libros de Fulda. Verdad es que a veces no vale para este discernimiento la pericia y la doctrina por grande que sea, si no va acompañada de cierto tacto fino y severidad en juzgar. Así se vio en este negocio: los más eruditos creyeron, defendieron y canonizaron por divino el hallazgo, hasta que la Sede apostólica dijo lo contrario en 1682. Nuestro Obispo, aunque ausente, a la primera relación que le enviaron de las alhajas descubiertas, ya vio la impericia del impostor, que no supo disfrazarse cuanto era necesario para vender sus fraudes impunemente. Y así como había sido el primero en impugnar los falsos cronicones de Dextro y Máximo, lo fue también en oponerse a estotras imposturas. Nicolás Antonio le atribuye esta gloria (a); (a) Véase Nicol. Ant. Bibl. nova, y Censura de historias fabulosas libro XII. c. VII. Mayans dice abiertamente que fue el primero. 

aunque esta precedencia no puede medirse por un cálculo matemático. Lo que yo sé es que treinta y cinco días después que Arias Montano envió desde Sevilla su breve parecer al Arzobispo de Granada, sin atreverse a dejar su retiro, contestó nuestro Pérez a un amigo suyo, que le había dado la primera noticia del descubrimiento. De esta contestación se conserva copia entre los MSS. del Señor Bayer, y dice así: “Recibí la carta de vm. con la relación de las planchas, que se han hallado en Granada, y me pide vm. que diga mi parecer para enviarle al Señor Arzobispo de Granada. 

Yo comencé a escribirle, y lo tengo todo por ficción por muchos argumentos que puedo hacer contra ello. Pero no me parece que han pedido pareceres, como era razón, en cosa tan grave antes de determinarse; porque me escriben que ya van en procesiones todos al monte, como cosa cierta. Y ansí no hay para que enviar mi parecer al Arzobispo; porque no volverá atrás si lo ha puesto tan adelante. Vm. lo encomiende a Dios, que es bien menester. Mi parecer ya no servirá ahora sino de rifas; y mucho me espanto que vm. siendo tan plático (práctico) en libros viejos, no conozca que aquellos caracteres es cifra nueva. Demás que es todo repugnante a las historias que tenemos de aquellos santos. No deje vm. de escribirme si hubiere más relación de estas cosas de Granada. Nuestro Señor guarde a vm. De Segorbe 8 de Junio de 1595.” 

Por esta carta se sabe que comenzó a escribir su parecer, aunque resuelto a no enviarle al Arzobispo de Granada; resolución que no sabemos si llevó adelante. Como quiera, por el epígrafe de este papel del Señor Pérez consta que le concluyó en el mismo año 1595, aunque no se imprimió. De varias copias de él hace mención Ximeno (loc. laud.); la que yo envío es sacada de los MSS. del Señor Bayer; porque ver las otras es difícil, por no decir imposible (a: Véase el apéndice núm. XVI.).

A pesar de la ojeriza con que miró él Señor Pérez estas y otras fábulas, trató sin embargo con envidiable distinción al padre de algunas de ellas, regalándole un libro preciosísimo, cuyo paradero no he podido averiguar. Copiaré aquí las palabras de su testamento: “Item, un otro libro que hay de tres dedos de gordo de la vida de los Arzobispos de Toledo en borrador; este ruega su Señoría que se envíe a Toledo, y se dé al P. Hierónimo de la Higuera, de la Compañía de Jesús, porque escribe de esta materia, y le aprovechará mucho.” Aquí se ve que sólo el amor de la verdad y del bien público hacía hablar y obrar a este docto varón. El escrito del P. Higuera, a que se refiere aquí el Señor Pérez, sería su Historia Eclesiástica de Toledo MS. o su Diptycon Toletanum (díptico toledano).
(Yo opino que las palabras sobre el libro manuscrito en el testamento llevan mucha carga irónica. Fue una donación excelente para que la aprovechara Gerónimo de la Higuera.)

Del año 1596 queda la colección que trabajó sobre los beneficios de su catedral y diócesis, de que hablaré otro día. En el siguiente enfermó, y para su alivio pasó a Valencia, y se hospedó en la alquería o casa propia de Antonio Pau Font, ciudadano, sita en la partida llamada de Arrancapinos (arranca o arrenca pins). Mas agravándose la enfermedad, ordenó allí mismo su testamento ante Juan Hierónimo de la Cambra, día 6 de Diciembre de 1597, cuya copia envío sacada de la que existe original en este archivo, con el extracto de las memorias, mandas y legados que firmó ese mismo día y el siguiente (a: Véase el apéndice núm. XVII.). Advierto que la que habla de sus libros MSS. está copiada literalmente. Son buenos documentos, que atestiguan algunas épocas de su vida, y mucho más su celo, piedad e ilustración. Su muerte ponen Mayans y Ximeno a 8 de Noviembre; Nicolás Antonio y Ortí a 8 de Mayo; equivocáronse todos, debiendo decir 8 de Diciembre de 1597, como consta de la publicación de su testamento hecha en Segorbe el día 10 de Diciembre, donde se dice que había muerto dos días antes. En la edad andan todavía más discordes los escritores de sus memorias. Villagrasa, Ximeno, Pons y otros, comúnmente dicen que su muerte fue a los sesenta años. Mayans (en la vida de Ant. Agustín) le da sesenta y cuatro; Rodríguez en la Bibl. valentina y Ortí alargan su vida hasta los setenta. Nada puede saberse con certeza, pues se ignora el año de su nacimiento; sin embargo tengo por más probable cualquiera de estas dos últimas opiniones, pues, como ya dije, conjeturo que nació antes del 1534. Llevóse su cadáver a Segorbe, y fue enterrado en la sepultura de los Obispos; lo cual tenía él mandado en su testamento, si ya (dice) al tiempo de mi muerte yo no hubiere hecho y fundado un retablo de Sancta Leocadia, de quien soy muy devoto, y al pie de dicho retablo una honesta sepultura para mi cuerpo en la capilla de Sancta Eulalia en el claustro de dicha Iglesia en la paret (con t) de las espaldas de la sacristía de la capilla de Sanct Salvador. Acerca del retrato del Señor Pérez, se cree que sea verdadero el publicado en la colección de retratos de los varones ilustres españoles cuaderno 15. El que existe en la aula capitular de esta Iglesia no es suyo, sino tomado caprichosamente, como dicen, del Arcediano Ruiz de Rigodas, en cuyo tiempo me han asegurado que se pintaron del mismo modo los retratos de todos los Obispos de esta Iglesia, y que por consiguiente sólo son verdaderos los de los modernos, comenzando de D. Crisóstomo Royo. 

A Dios. Segorbe &c. 


martes, 31 de mayo de 2022

CARTA XXI. Conclúyese el catálogo de los Obispos Segobricenses.

CARTA XXI. 

Conclúyese el catálogo de los Obispos Segobricenses. 

Mi querido hermano: No me canso de alabar la conducta del Papa Gregorio XIII en la división de estas dos Iglesias de Segorbe y Albarracín. Las cuales desde aquella época han gozado de los bienes que disfruta una grey pequeña, a quien puede registrar de una ojeada su pastor; cuando antes, divididas casi por una jornada intermedia de ajena jurisdicción, padecían frecuentemente los daños que trae consigo la ausencia del Prelado. Estos y otros refiere dicho Pontífice en su bula que tendrás ya vistos: no me he propuesto hoy sino acabar el catálogo de los Prelados de la ya única silla de Segorbe. En virtud pues de dicha división fue nombrado Obispo de Segorbe 

XXX. D. Francisco Sancho, natural de Morella en este reino (el de Valencia), siendo canónigo de Salamanca y decano de la facultad de teología en aquella Universidad. Su ciencia le había hecho digno de ser escogido por el Obispo D. Pedro González de Mendoza, para que le acompañase al Concilio de Trento el año de 1563. Tomó posesión de esta silla a 23 de Diciembre de 1577 siendo ya muy anciano; la gobernó hasta el 23 de Junio del año siguiente, en que murió. Por la brevedad de su pontificado y otras causas que debieron sobrevenir, no pudo poner por obra todo lo mandado en la bula del Papa acerca de los cuatro canonicatos que erigía de nuevo, de los cuales sólo proveyó dos; y acerca de la masa común canonical, establecida después en el año 1594. Poco más vivió en esta silla su sucesor 

XXXI. D. Gil Ruiz de Liori, el cual tomó posesión de ella en Junio de 1579, y murió a 16 de Agosto de 1582 a los cincuenta y seis de edad. Era natural de Gandesa en Cataluña (provincia de Tarragona), de dónde fue también cura, y después canónigo y arcediano de Culla en la Iglesia de Tortosa. No se conserva otra memoria señalada de este Obispo sino su resistencia a la pretensión del de Albarracín D. Martín de Salvatierra, el cual aprovechando la ocasión de la vacante de D. Francisco Sancho se apoderó de cuatro lugares llamados Cuervo, Alovras, Tramacastiel y Tormón, como pertenecientes a su Iglesia, siendo así (añade el Señor Pérez) que siempre habían pertenecido al Arcedianato y Vicariato de Segorbe. Mas los Tribunales Reales inclinados a favorecer a la Iglesia de Albarracín por su pobreza, jamás oyeron la solicitud de la de Segorbe, aun cuando abogaba por ella el mismo que le había disputado este derecho, que fue 

XXXII. D. Martín de Salvatierra, trasladado a esta silla de la de Albarracín a 23 de Marzo de 1583. Era natural de Vitoria en la provincia de Álava; antes de ser promovido al obispado había sido Inquisidor en Valencia, y Promotor fiscal en la Suprema. Celebró en esta ciudad a 30 de Abril de 1586 un sínodo, que no he podido hallar; y al cabo de cinco años fue trasladado al obispado de Ciudad Rodrigo por el mismo Papa Gregorio XIII a 15 de Mayo de 1591. Hallóse en las cortes que celebró en Monzón Felipe II el año 1584. Fue muy celoso en defender las rentas, señaladamente de las fábricas. Con igual ardor disputó al Cabildo ciertos derechos, de que se originaron muchos pleitos. Parece haber permitido Dios estas inquietudes para que campease más el glorioso pontificado del grande Obispo 

XXXIII. D. Juan Bautista Pérez, de cuyos escritos y hechos anteriores hablaré otro día de propósito, ya que he tenido la suerte de reconocer gran parte de sus MSS. Hoy, por no interrumpir el catálogo comenzado, me contentaré con referir brevemente algunas memorias de su tiempo. No consta el año en que nació este Prelado; pero sí que nació en Valencia, y fue bautizado en la Parroquia de Santa Catarina. Sus grandes talentos le hicieron estimable al Arzobispo D. Martín de Ayala, y le merecieron la elección que de él hizo el Cardenal Quiroga para que trabajase en la colección de los Concilios de España, y asistiese como secretario al que celebró en Toledo el año 1583. Era ya entonces canónigo de aquella Iglesia; y lo fue hasta que en 1591, a 21 de Noviembre, 

le nombró el Papa Inocencio IX para el obispado de Segorbe, cuya posesión tomó por su procurador el Arcediano de Alpuente D. Melchor Ocaña a 20 (en su testamento dice a 21) de Febrero de 1592. Consagrado por el Cardenal, vino a su diócesis a 21 de Marzo siguiente. Halló a su esposa lastimada con los pleitos de quince años, que había producido la dicha erección de cuatro canonicatos, y la institución de la masa común canonical: ambos artículos mandados por Gregorio XIII y de difícil ejecución. Mas la prudencia y doctrina del nuevo Prelado allanaron todos los estorbos: tuvo el gozo de ver verificadas ambas cosas, y aprobadas por Clemente VIII a 1.° de Noviembre de 1593. No contribuyó poco a reconciliar y preparar los ánimos para esta, que a algunos parecería mudanza dañosa, el sínodo que celebró en 28 de Octubre de 1592. Dos veces visitó su Iglesia Catedral, es a saber, en el dicho año y en 1596. Los libros que acerca de esto se conservan en el archivo, están descubriendo su incansable solicitud en desenterrar todas las instituciones (página borrosa), patronatos, cargas y dotaciones de los beneficios, y cuanto concierne al régimen de una Iglesia. Igual diligencia aplicó en los beneficios de toda la diócesis. Habla en su testamento de estos libros, que legó al archivo episcopal, como también el episcopologio de esta Iglesia. Así, dedicándose a ilustrar las antiguas memorias de su Iglesia, cumplía con la conservación de ellas, tan recomendada a los Obispos por S. Carlos Borromeo, mayormente en lo que toca a los hechos y providencias gubernativas de los Prelados anteriores (a). (a) “Episcopus id quod ab initio nascentis Ecclesiae institutum fuit, ut rerum episcopalium studio curaque gestarum monimenta existerent, conquiri diligentissime curet; tum singulorum episcoporum, qui praecesserunt, nomina, genus, et pastorales eorundem actiones. Quae omnia litteris consignatis, ordineque conscr¡pta in librum certum referri curet, ut eorum memoria conservetur: et quae ab eodem acta vel instituta sunt, ad aliquam ecclesiasticae disciplinae normam perpetuo usul esse possint, atque adjumento in illam Ecclesiam bene gerendam.” (Act. Eccl. Mediolan. lib. V de episcopalibus gestis memoria commendandis núm. 12.)

A esta guerra jurada contra el ocio, y a la suma parsimonia con que se trataba, se siguieron vehementes dolores de estómago, que al cabo dieron fin a su preciosa vida en Valencia, adonde había ido a convalecer. Murió en la alquería vecina al convento de Jesús, extramuros de dicha ciudad, que era de Antonio Pau Font, el día 8 de Noviembre de 1597 a los sesenta años de su edad, y sexto de su obispado. Enviaré copia de su testamento para excusarme de contar el fondo de su caridad, celo y otras virtudes. Enriqueció esta Iglesia con su copiosa biblioteca y muchos MSS., que bastan ellos solos para hacerla insigne y conocida en la Europa. Asistióle en su muerte, y díjole la recomendación del alma el B. Juan de Ribera. Su cuerpo se trasladó luego a Segorbe, y yace en la sepultura de los Obispos. Sucedióle

XXXIV. D. Feliciano de Figuereo, natural de Bornos, diócesis de Sevilla, secretario de dicho B. Ribera, y chantre y canónigo de Valencia. Tomó posesión a 28 de Abril de 1599. Recibió en esta ciudad al Rey Felipe III, que pasaba a la de Zaragoza después de celebrar sus bodas en Valencia con Doña Margarita de Austria. En los diez años que le duró el gobierno de esta silla, le llevó la primera atención la salud espiritual de los moriscos que recientemente habían vuelto como perros al vómito. Con este objeto fundó nuevas Iglesias parroquiales, dividió algunas de las unidas; y como para su dotación le fuese preciso echar mano de algunas rentas de la matriz, se originaron de ello algunas contestaciones, que puestas al fin en manos del B. Ribera no pudieron impedir lo establecido a favor de los nuevos cristianos. Otros litigios se suscitaron con el Cabildo, tantos y de tanta entidad, que no pudiendo este ilustre cuerpo sufrir tan pesada carga, pidió al Rey que intimase a su Prelado la concordia tan deseada. A la menor insinuación del Rey renunció el Obispo a todos los pleitos, y junto con su Cabildo cantó solemnemente el Te Deum por la paz. Acción digna de un Prelado que supo ceder, templando su natural fuerte para evitar mayores daños. Fue esto hacia el año 1607. Desde Octubre del siguiente hasta el próximo Marzo se celebró en Valencia una congregación, en que se establecieron nuevas ordinaciones para los moriscos. Asistió a ella nuestro Obispo con los de Tortosa y Orihuela, y uno de los Inquisidores. Poco más sobrevivió; al emprender su visita murió en Chelva a 25 de Julio de 1609, sesenta y ocho de su edad. Su cuerpo se trasladó poco después a esta Catedral. Este Prelado dio principio al convento de San Martín de religiosas en esta ciudad, donde dicen hubo una ermita del Santo construida por el Rey D. Martín de Aragón. Concluyó esta fundación su sucesor

XXXV. D. Pedro Ginés de Casanova, que de Vicario general de Valencia, donde había nacido el año 1555, fue promovido a esta silla por Paulo V a fines de 1609. Gobernóla con mucha paz hasta 27 de Marzo de 1635 en que murió. Yace su cuerpo en el dicho monasterio, que concluyó y dotó liberalísimamente a 14 de Enero de 1613, plantando en él la observancia religiosa que en nuestros días ha llegado a su perfección, permaneciendo sujeto al Ordinario. Trajo para fundadoras cinco religiosas del convento de Santa Úrsula de Valencia; visten el hábito de San Agustín, y viven bajo la regla de Santa Teresa. La Iglesia del convento es obra de este Prelado, construida con tanta inteligencia como prontitud. De ella, y más de sus pinturas muy buenas, habla Ponz en su viaje (Tomo IV. Carta VII. n. 38.). No fue este el único objeto del celo y amor de nuestro Obispo. Era liberal sobre manera, socorría francamente a los pobres, a quienes trataba y oía con mansedumbre y amor de padre. Visitó cuatro veces la diócesis por sí o por visitadores. Celebró un sínodo en Segorbe por el mes de Noviembre de 1611, el cual se imprimió de allí a dos años en Valencia por Crisóstomo Garriz. Algunas ocurrencias hubo en su tiempo, en que parece haber favorecido declaradamente los derechos del nuevo Duque de Segorbe Don Enrique de Cardona. Cosa que indispuso los ánimos de algunos, y enturbió en cierta manera los días alegres de su pontificado. Murió muy viejo, generalmente fue de todos sentida su falta, mucho más que la del sucesor 

XXXVI. D. Juan Bautista Pellicer, Canónigo de Valencia, promovido a esta Iglesia por Urbano VIII a 18 de Febrero de 1636, y muerto a 22 de Diciembre de 1638. Gobierno corto, lleno de contestaciones con su Cabildo, por ser hombre de conciencia tímida y de aprehensión inflexible, según le pinta Villagrasa; aunque en lo demás era virtuosísimo y de ejemplo singular. Su cuerpo le llevaron a la sepultura de su familia en la parroquia de Santa Cruz de Valencia. 

XXXVII. D. Fr. Diego Serrano, natural de Chillón, diócesis de Córdoba, y Religioso de la orden de la Merced, fue trasladado a esta silla de la de Solsona por el Papa Urbano VIII a 30 de Mayo de 1639. Pasáronle después a la de Guadix, donde murió a su llegada en el año de 1652. Su cuerpo se depositó en el convento de su orden de Granada, y sobre el sepulcro dicen que mandó grabar este modesto y sencillo epitafio: Aquí yace un Obispo, hijo de esta casa. En los trece años que gobernó esta diócesis, conservó reformado el Clero, y mostró en su persona la moderación de simple religioso. A mi juicio nada descubre mejor su sinceridad y celo por el bien de sus ovejas, que el Sínodo que celebró por el mes de Junio de 1644. Le he visto impreso en Valencia en 8.° por Bernardo Nogués el año siguiente. De él diré algo otro día. Hizo varias donaciones a su Iglesia, fundó en ella algunos ejercicios piadosos, de los cuales he visto todavía en práctica el solemne rosario que se reza todos los Domingos después de completas por quince eclesiásticos con capas pluviales. En la peste que afligió este reino el año 1648 estuvo pronto a sacrificarse como buen pastor: sobre no abandonar la ciudad, expendió grandes sumas e hizo otros esfuerzos para consuelo de los enfermos y precaución de los sanos. Dos veces visitó por sí mismo el obispado y tercera por medio de un visitador. En el santuario de la Cueva santa mandó labrar la capilla nueva, fundando en ella dos capellanías. Otras muchas cosas refiere del tiempo de su prelacía Villagrasa, que le conoció y trató como su Vicario general. Más brevemente habló este escritor, y creo que con justo motivo de las cosas del sucesor 

XXXVIII. D. Fr. Francisco Gabaldá (o Gavaldá, pone Gabalda), natural de Cabanes, pueblo de este reino. Era General de la orden de S. jerónimo cuando fue elevado a esta silla en 14 de Octubre de 1652. Llamado a Valencia al cabo de ocho años para asistir a la consagración del Obispo de Orihuela D. Fr. Acasio March, murió día 19 de Mayo de 1660 en el convento de S. Miguel de los Reyes, donde había recibido el hábito. Dicen que este Prelado muy sabio para las escuelas, no lo fue tanto para el gobierno prudente y pacífico que exige la dignidad episcopal. En él se acaban las memorias publicadas de los Obispos Segobricenses. De los restantes insinuaré lo que resulta de los documentos de este archivo: gracias al ilustrado celo del actual Prelado y de algunos doctos individuos de este Cabildo. Prosiguiendo pues nuestro catálogo, al difunto Obispo sucedió

XXXIX. D. Fr. Atanasio Vives de Rocamora, natural de Orihuela, Carmelita calzado. Había sido ya Provincial en la corona de Aragón, cuando a presentación de Felipe IV fue promovido a esta silla por el Papa Alexandro VII a 30 de Mayo de 1661, de la cual tomó posesión a 19 del Agosto siguiente. Quedan de su gobierno vestigios que honran su nombre. Construyó a sus expensas el atrio y portada de la Catedral. Llevado más del celo pastoral que del afecto al hábito que había vestido, protegió la nueva fundación de Carmelitas descalzas de la villa de Caudiel. Los sobrinos de D. Pedro Miralles, fundador de aquella casa, pretendían para sí su patronato y administración. Previendo el Prelado los daños que de esto pudieran seguirse, se opuso a esta pretensión, logrando que quedase todo a cargo del Obispo. Concluida la fábrica del convento, tuvo el gozo de recibir las religiosas fundadoras que venían del de Santa Teresa de Zaragoza, y darles posesión de la nueva casa a 21 de Octubre de 1671. Débele también esta diócesis además de sus visitas, la celebración de un Sínodo, que así por ser el último de los de esta Iglesia, como por la claridad y buen orden de sus decisiones, es el que rige hoy día. Túvose a 12 de Abril de 1668, y se imprimió en Valencia por jerónimo Villagrasa el año siguiente en 4.° Renunció la mitra el año de 1672, y se retiró al convento de su orden en la villa de Onda, dejándole la tercera parte de sus frutos, y lo restante a la Catedral. Muerto en 1674 fueron trasladados sus huesos a esta Iglesia a 7 de Junio del año siguiente, y depositados en una capilla que había erigido, dedicada a nuestra Señora del Carmen, donde el actual Prelado ha construido el altar de S. Lorenzo. Las exequias que le mandó celebrar el Cabildo y los servicios que le hizo durante su enfermedad en Onda, mostraron bien el amor que le profesaban, y su reconocimiento al celo, beneficencia, y otras prendas de aquel digno Prelado. Fue su sucesor 

XL. D. Fr. Josef Sanchís, natural de Valencia, y bautizado en la Parroquia de los Santos Joanes a 19 de Diciembre de 1622. Entró en la orden de nuestra Señora de la Merced en 17 de Septiembre de 1636, y profesó dos años después. Estudió en Salamanca, recibió los grados de maestro en artes y doctor de teología en la Universidad de Valencia, donde obtuvo cátedra de filosofía. Fue electo Provincial de Valencia en el convento del Puig a 25 de Abril de 1659, y en 18 Octubre de 1664 General de toda su orden: concluido este oficio la Reina madre de Carlos II le promovió al obispado de Ampuria en Cerdeña; pero antes de pasar allá fue trasladado al de Segorbe, del cual tomó posesión a 18 de Septiembre de 1673. Al cabo de seis años, en 6 de Marzo de 1679, fue promovido a la metropolitana de Tarragona, donde murió a 26 de Marzo de 1694. Dejó este Prelado ilustres monumentos de su piedad y magnificencia.

XLI. D. Crisóstomo Royo de Castelví (Castellví), natural de Valencia, y Pavordre en aquella Universidad por espacio de veinte y ocho años, a los cincuenta y uno de su edad fue elevado a esta silla, de que tomó posesión a 11 de Marzo de 1680. Fue pacífico; consultando con el verdadero carácter de su dignidad más que con las etiquetas de un decoro a veces mal entendido, hizo varias concordias con su Cabildo sobre el acompañamiento y ceremonias que se debían guardar cuando el Prelado baja a la Catedral y en otros actos. En correspondencia debió al Cabildo en el año 1691 las más vivas demostraciones de piedad para implorar el restablecimiento de su salud. Mas llegada su hora murió ese año a 3 de Julio. Sucedióle

XLII. D. Antonio Ferrer y Milán, natural de Valencia: tomó posesión de esta silla a 16 de Marzo de 1692. En tiempo de este Prelado se renovó el presbiterio de la Catedral,  quedando el altar mayor como lo había construido su antecesor D. Fr. Gilaberto Martí. Resplandecieron sus virtudes pastorales en las guerras llamadas de sucesión. A pesar de las revueltas y males de aquellos tiempos, nacidos más de la discordia civil que del furor de los ejércitos, supo conservar la capital y toda la diócesis en paz y obediencia. Prueba de esto es el asilo que buscaron en ella las veinte y cuatro religiosas de mi orden de Villa-Real, arrancadas de su convento por el estrépito de las armas. Dispuso el Prelado que saliesen a recibirlas a distancia de una legua el Cabildo, el Ayuntamiento y la Nobleza de Segorbe, que las condujeron al monasterio de S. Martín, donde saliendo cuatro días después, y visitando la Catedral y sus reliquias y el convento de Dominicos, pasaron con el mismo acompañamiento al de Carmelitas descalzas de Caudiel; de las cuales se separaron con lágrimas para volver al suyo seis meses después a 5 de Septiembre de 1706. Poco sobrevivió el Prelado a esta época: pues murió a 29 de Octubre de 1707. Sucedióle

XLIII. D. Rodrigo Marín y Rubio, natural de la villa de Tíxola, diócesis de Almería

Había sido canónigo lectoral de aquella Iglesia, magistral y maestreescuela de la de Granada, catedrático de prima, y dos veces rector de la Universidad de la misma ciudad, y visitador general de su arzobispado, predicador y capellán de honor del Rey. De su prelacía sólo sabemos que la sirvió desde 16 de Diciembre de 1708, a los cuarenta y nueve años de su edad, hasta 28 de Mayo de 1714 en que fue trasladado a Jaén. Tan escasa es la memoria que queda de su sucesor

XLIV. D. Diego Muñoz Baquerizo, natural de Pinto junto a Madrid, colegial mayor de Cuenca en Salamanca, e Inquisidor de Cataluña, Navarra, Murcia y Valencia. Fue promovido a esta silla en 1714 a los cuarenta y nueve de su edad: tomó posesión a 25 de Octubre del mismo año: visitó la Catedral, y murió a 19 de Noviembre de 1730. Ninguna memoria suya se conserva.

XLV. D. Francisco Zepeda y Guerrero, natural de Cádiz, canónigo de aquella Iglesia, visitador y examinador sinodal de su obispado, fue electo Obispo de Segorbe en 1731, tomó posesión a 25 de Febrero del siguiente. Por su devoción a Santa Teresa de Jesús estableció y dotó su fiesta en el convento de religiosas de Caudiel; y también en el de S. Martín de esta ciudad, donde además fundó la capellanía para el confesor ordinario. Esto sabemos de su gobierno, que duró diez y seis años y medio; muriendo a 24 de Septiembre de 1748.

XLVI. D. Francisco Quartero y Lumbreras, natural de Tabuenca, diócesis de Tarazona, tomó posesión de esta silla a 9 de Marzo de 1749; y su pronta muerte, acaecida en 20 de Febrero de 1751, impidió que continuara las pruebas que había empezado a dar de su actividad y celo. Había sido colegial en el de Aragón, y en el Mayor de S. Ildefonso de Alcalá, catedrático en aquella Universidad, confesor en la Encarnación de Madrid, canónigo penitenciario de la Iglesia de León, examinador, visitador y gobernador de su obispado.

XLVII. D. Pedro Fernández de Velarde tomó posesión en 16 de Agosto de 1751, y murió de allí a seis años a los sesenta y siete de edad el día 9 de Octubre. Falta su retrato en el aula capitular, y sólo sabemos de él que era natural de Cortes, diócesis de Salamanca, y dignidad de maestreescuela de aquella Iglesia. Algunas memorias quedan aún de su genio nimiamente bondadoso. En el mismo año 1757 fue promovido a esta silla y tomó posesión de ella a 28 de Abril del siguiente 

XLVIII. D. Fr. Blas de Arganda, en el siglo Roldán, monje jerónimo, natural de la villa de Arganda. Había sido tres veces Prior del Real monasterio de S. Lorenzo y General de toda su orden. Fue prelado liberal con esta Iglesia, y con casi todas las de la diócesis: a la primera regaló una alfombra magnífica. Comenzó a destinar para seminario clerical la casa de los expulsos Jesuitas, fundando en él algunas becas. Pero habiendo muerto en 6 de Abril de 1770, no pudo ver cumplida esta grande obra, que estaba reservada para su sucesor

XLIX. D. Fr. Alonso Cano, natural de la Mota del cuervo, Trinitario calzado, de gusto y finura en las buenas letras. Tuvo varios cargos honrosos en su orden, fue calificador de la Suprema, censor de libros, y académico de la Historia. Fue electo Obispo en 22 de Junio de 1770, y tomó posesión de esta silla en 27 de Octubre del mismo año. Su primer cuidado fue la erección del Seminario conciliar, paso muy aventajado para la reforma del clero: suyas son las constituciones, el plan de estudios, y del gobierno interior en lo espiritual y temporal: mejoró y aumentó sus fincas, obteniendo privilegios de amortización, y socorriéndole con crecidas sumas en sus urgencias. Fue exacto en la observancia de los cánones sobre dispensas de proclamas, y no llevar derechos en las órdenes y licencias: alivió los gastos en las visitas de la diócesis, estando pronto a mantenerse a sus expensas si se lo hubiera permitido la generosidad del clero. Cooperó a las fábricas de varias Iglesias, y a que se hiciesen según el gusto de la sólida y sencilla arquitectura. Cuidó mucho de las religiosas de Caudiel, a quienes regaló libros, y les dejó fundadas dos fiestas. En ellas y en las que se celebraban en esta ciudad, manifestó cuanto deseaba promover la sólida devoción (a). 

(a) Copiaré acerca de esto las palabras del P. Fr. Manuel Denche, Trinitario calzado, en su oración fúnebre. “Reconoció (dice) ciertas festividades de los Santos, que llamaban de las calles, y se estremeció en su reconocimiento; porque halló que por un concepto equivocado de la verdadera piedad, o engañados de una falsa idea del culto verdadero, en estas profanidades de danzas, comedias, corridas de toros, y otras semejantes, se malograban no menos que noventa y seis días de cada año; y en ellas se daba fomento a la desenvoltura, ocasión a contiendas peligrosas, motivo a los alborotos arriesgados; y embebidos en estos abusos lastimosos y malogros lamentables del tiempo, los miserables se hacían más infelices, y crecía insensiblemente el descuido de las haciendas y el abandono de las familias, principio y raíz de muchos males. Abominó estas festividades, realmente profanas, aunque disimuladas con el pretexto de piedad... y en una carta circular llena de doctrina santa y de celo sagrado las prohibió con autoridad episcopal, y bajo de graves penas, mezclando en esta pastoral algunos rasgos y expresiones de indignación y de fuego, bien semejantes a las otras con que prohibió San Pedro Crisólogo los juegos que se hacían en Rávena en las calendas de Enero.” 

Fue muy limitado en sus gastos por socorrer a los pobres: promovió la agricultura, fomentando el plantío de olivos, y pagando tres o cuatro reales por cada uno que se plantase de nuevo: estableció en varios pueblos escuelas de primeras letras, y las puso bajo la protección real: formalizó y condujo el plan beneficial de la catedral y del obispado; y formó una biblioteca episcopal pública, que acredita su buen gusto y el deseo de la instrucción que quería fomentar en la capital y diócesis. Murió este gran Prelado en 7 de Abril de 1780 a los sesenta y nueve de su edad, dejando un nombre correspondiente a sus talentos, virtud y celo. Escribió un método de estudios monásticos, una disertación sobre la cabaña real, o ganados trashumantes, la topografía de Argel, y otros papeles eruditos.

L. D. Fr. Lorenzo Lay y Anzano, natural de Huesca, religioso dominico, trasladado del obispado de Albarracín, tomó posesión de este en 4 de Marzo de 1781. Su temprana muerte, ocurrida en 14 de Julio del mismo año a los sesenta y cuatro de su edad, privó a esta diócesis de las esperanzas que tenía fundadas en su buen talento y su distinguida carrera en la Universidad de Huesca, y en el gobierno acertado y pacífico de la diócesis de Albarracín. Sucedióle el actual Prelado 

LI. D. Lorenzo Gómez de Haedo. Nació en el Valle de Carranza del Señorío de Vizcaya, diócesis de Santander, a 23 de Octubre de 1737. Cursó el derecho canónico en Alcalá, y concluidos sus estudios, mereció la doctoral de Burgos, a pesar de sus pocos años, que no llegaban a los veinte y tres. A los treinta y seis de su edad le nombró el Rey Auditor de la Rota española, que se erigió en 1773, de donde siendo su decano fue promovido al cabo de once años a esta silla, cuya posesión tomó a 3 de Marzo de 1784, habiendo sido consagrado en Madrid a 1.° de Febrero del mismo año. Con la larga vacante habían nacido en el Seminario conciliar con menoscabo de su opinión varios partidos, en que tomaron interés muchos del pueblo, y aun algunos capitulares. Buena ocasión para que descubriera el nuevo Prelado su talento pacificador, su doctrina y su caridad. Adquirió a esta casa nuevas fincas, y mejoró las antiguas, dando sumas cuantiosas para que no decayese el decoro de un establecimiento, que siempre debe merecer el amor y celo episcopal. Mejoró el plan de estudios, con lo cual y con el esmero de la educación, ha logrado ya servirse para ministros de las Iglesias de los mismos que como tiernas plantas crecieron bajo su dirección. Después de esto volvió toda su atención a la Iglesia catedral, cuya fábrica y escasa dotación de sus beneficiados no podía ver con ojos serenos. Hizo una visita en que no dejó que desear a los sucesores acerca de las reducciones de misas, liquidación de obligaciones, dotación de ministros, y otras cosas pertenecientes al gobierno interior, aprovechándose de la buena armonía con su cabildo para que este ilustre cuerpo aplicase algunos fondos de su mensa a la congrua de los beneficiados. No le halló menos pronto a gastar gruesas cantidades para la renovación de la catedral de que ya hablé en mis cartas anteriores: edificio hermoso, fruto de una paz larga, que formará época en esta Iglesia. No son menos deudoras a su largueza las religiosas de esta ciudad y las de Caudiel, donde estableció y mantiene la vida común, supliendo frecuentemente lo que falta para su total asistencia. En el convento de Caudiel ha costeado los reparos del edificio, la sillería del coro, rejas, tribunas, sacristía, pisos y conductos de agua, mejorando la heredad que llaman de Pina, dándoles anualmente con que cubrir el atraso de cuatrocientos pesos, que hubieran padecido en cada uno de los diez años últimos. Ha contribuido también a la mejora de la enseñanza de primeras letras, erigiendo nuevas escuelas y aumentando la dotación escasa de los antiguos maestros: ha tomado bajo su protección a los expósitos y a los enfermos, porción la más acreedora a la beneficencia. Es de mucha edificación su humanidad y llaneza, especialmente con los pobres, a quienes socorre a manos llenas, y también su amor a la paz y su tino y prudencia en establecerla. Pocas diócesis de España podrán lisonjearse de lo que veo aquí, y es, que en los veinte años de esta prelacía, no se ha conocido el uso de los procesos criminales. Otras memorias de este pontificado contará la posteridad en los fastos de esta Iglesia, como el tiempo de la caridad, de la ilustración y de la paz y armonía tan conforme al espíritu del evangelio. 

Dios te guarde muchos años. Segorbe &c.