miércoles, 3 de agosto de 2022

CARTA LVII. Origen de las rúbricas en las firmas. Uso del latín en las escrituras de los siglos medios.

CARTA LVII.

Origen de las rúbricas en las firmas. Uso del latín en las escrituras de los siglos medios. Subscripciones con los apellidos latinizados, y en versos leoninos. Uso de los apellidos patronímicos en Cataluña. De la introducción de la lengua castellana en esta provincia.

Mi querido hermano: De Manresa a Bages me vine a pie y como paseando, en compañía de cierto sujeto dotado de gran curiosidad en recoger antiguallas. A pocas palabras conocí que era del número de los que procuran conservar en la memoria ciertos bocadillos con que poder amenizar las tertulias, y donde acaso son tenidos por muy profundamente versados en la historia. Esta superficialidad que tan reprensible es en los que deben ser literatos, es loable en los que llanamente confiesan que no lo son; y ojalá se propagara hasta los artesanos esta curiosidad, que a veces suele ser la puerta de más sólida instrucción. Digo pues que este sujeto comenzó a hablar sobre el origen de lo que hoy llamamos rúbricas, o signos que cada cual a su arbitrio pinta y deja colgados de su nombre y apellido en las cartas, escrituras &c. Punto por cierto pequeño, aunque no despreciable; porque al cabo cosa es que los hombres respetan mucho, y que vale tanto como su persona de ellos: que aunque sea a mil leguas de distancia, con sola la vista de un garabato que llamamos rúbrica, los ejércitos se baten y destrozan, los ricos desembolsan su dinero, y todos damos entero crédito a quien nunca vimos. ¿Y será, dijo, muy antiguo el uso de estas rúbricas? = Considerado el objeto, respondí, para que las hacemos servir ahora, parece que debiera haberse usado desde que se inventaron las letras; porque así como el hombre tuvo necesidad de hablar a los distantes, así la tuvo de ser creído de ellos en las cosas públicas o personales. Pero no he hallado que en lo antiguo usasen para esto de otro signo más que de su mismo nombre sin añadidura de colgajos, que sirviesen como de contraseña de la identidad de una persona que firmaba un escrito. A esta nimiedad y duplicado trabajo han querido sujetarse los hombres en los últimos siglos, como no bastándoles lo que bastó a los antiguos, y temiendo que el nombre escueto de la persona pudiese ser contrahecho por los falsarios. Y si así vamos, pues tan fácil es contrahacer también la rúbrica, acaso se inventará otro tercer signo que afiance la verdad de los dos primeros. Pues digo que en lo antiguo no sé yo que el que algo quería asegurar, pusiese más que el nombre con que era conocido, después del cual ponía la palabra subscribo, con que daba a entender que tenía por cierto lo que contenía aquel escrito. Y por abreviar ponían en lugar de esa palabra entera y a renglón seguido de la firma tres S grandes, enlazando la extremidad de la primera con el principio de la segunda. Esto vemos por acá en todos los diplomas desde el siglo VIII; y así se practicó hasta el XV, en que según lo que por ahora se me acuerda, comienza a verse esotro signo o abreviatura del subscribo, no en línea horizontal del nombre, sino debajo de él. Lo cual poco a poco fue degenerando en lo que ahora vemos, tan distante de su origen, y tan vario y caprichoso como sus autores; los cuales además están en la necesidad de usar de un mismo signo mientras les dure la vida, para asegurar la identidad de su persona. Y diga V., interrumpió el compañero, ¿antes todos firmaban en latín? = Todos, respondí, porque en ese idioma se extendían las escrituras de cualquier clase que fuesen, aun después de los mandatos repetidos del rey D. Jaime 1.° de Aragón, que mandó escribirlas en lengua vulgar. = Yo había oído, replicó, que el primer monarca que mandó tal cosa, fue D. Alonso X de Castilla apellidado el Sabio. = Pues no señor, le dije: 30 años antes que aquel rey lo decretase, lo mandó su suegro el de Aragón, como se lo haré ver a V. cuando lleguemos a donde pueda desatar mis legajos. Y fue obedecido en ello por algún tiempo, como se ve en algunas escrituras de compras y otros contratos de hacia los años 1232; mas al fin prevaleció la costumbre contraria, y todo siguió haciéndose en latín como antes. Sino que en ese siglo XIII se escribía ya más correctamente que en los anteriores, esto es, en cuanto al régimen y construcción de las palabras. 

Porque hasta casi todo el siglo XII estaba muy ignorada la sintaxis latina, y los notarios que primero fueron los monjes, y después ya lo fueron los clérigos, daban en esta parte caídas lastimosas; y cuidado que eran los únicos que estaban en disposición de darlas: que los demás, inclusos los condes y grandes señores, ni aun eso sabían hacer. Pues vea V., solían decir: dono á Domino Deo et ad Sancto Petro quod est fundatum in locum que vocitant sede Vico. = Dono vineas cum suas arbores &c. y así otras locuciones. Mas luego que en los concilios Lateranenses III y IV se mandó que las catedrales tuviesen escuela de gramática, se acabaron aquellos solecismos; pero en los siglos XIII y XIV, cuando los notarios eran ya seglares, sucedió el barbarismo del idioma latino, al cual trasladaban las palabras vulgares, aunque con el régimen que en él les correspondía.

De esto es imposible decir los retazos graciosos que se me han ofrecido en mis viajes. Así que con esta manía de escribir en latín, los que primero latinizaban el régimen, después latinizaron las palabras. Y esto último en ninguna parte se observa mejor que en los apellidos, que es lo que V. preguntaba. Y así decían:

Bernardus Aspice si veniunt (B. Guardasivenen.)

N. de Oculostricto (de Ullastret.) 

... de Castroaulino (de Castelloli.)

... de Montecateno (de Moncada.)

... de Capite excubiarum (de Capdeguayta.) 

… Calapodii (Calabuig.) (N. E. podio : puig)

... de Capite magno (de Capmany.) (N. E. así es el apellido del famoso autor, y no Campmany, que sería Campus magno)

... de Podialibus rusticorum (de Pujals dels pagesos.) 

... de Podialibus militum (de Pujals dels cavallers.)

... de Pulcro visu (Bellvis o Bellver, según los diferentes partidos.)

... de Plicamanibus (de Plegamans.)

... de Rivo lutorum (de Riudellots.)

... de Monte mazello.... (de Monmell.) 

... de Palatiolo rivo vitis (de Palol de reverdit.)

... de Rivis mortuis (de Rimorts.) 

... de Monte lauro...... (de Monllor.)

¿Ríe V. al oír esto? ¿Pues qué será cuando le diga la estudiada manera con que solían firmar los más cultos, llevados del gusto de los leoninos que tan arraigado estaba por acá desde el siglo XII? Diré los que me ocurran. 

Hoc Ricardus ita sig+num trahit archilevita. 

Hoc fecit signum + Radulfus idest quia dignum. 

Non est indignum Ricardum ponere sig+num. 

Signum Guidonis + confirmat vis rationis. 

His favet A. sig+no Rubea de Turre benigno. 

Hic ea quae laudat, Guillermus carmine firmat. 

G. scriptis favet archidiaconus istis. 

Bernardus paraphonista hic adsunt sua scripta. 

Istis iocundus favet archilevita Reimundus. 

Haec primicherius firmavit nomine Petrus. 

Ista superscripta Bernardus firmo sacrista. 

Gaufredus tandem causam confirmat eandem. 

G. de Comellis probat haec chirographa pellis. 

Ut res manifestavi, sic ego Poncius + in ista carta notavi. 

Por estas muestras se conoce el gusto de aquel tiempo, y los conatos loables aunque desgraciados de los que en él vivían, para cultivar la literatura hasta donde podían alcanzar. Tenían en sus manos códices de Horacio y de Virgilio; pero les acontecía lo que a los arquitectos del tiempo de Carlos II, que viendo los edificios de Herrera no los sabían imitar. Lo mismo vemos en Góngora respeto de los buenos poetas que le precedieron, y lo mismo veremos siempre; y es que cada siglo tiene su corriente (N. E. y ríase la gente), obra de una combinación inexplicable de causas, la cual envuelve y arrastra a todos los que en él viven. Y esta manía de metrificar de los antiguos llegaba al extremo de poner en verso casi todo el contexto de las escrituras que extendían, dejando en prosa solamente lo que había de determinar los lugares o campos que eran la materia de las donaciones, o bien porque no alcanzaba a tanto su pericia, o porque sus cláusulas debiesen en algún tiempo producirse en los tribunales. De esto hay varios ejemplares en la mitad del siglo X, particularmente en las donaciones que hizo a Besalú Mirón, obispo de Gerona, el cual según creo era el autor de los mismos diplomas: y en las fechas usaba también de palabras griegas para indicar varios cómputos, con lo cual logró hacerlas casi ininteligibles, sino a quien para en ello mucho la consideración. 

Diga V., interrumpió el amigo, ¿y los apellidos que llamamos patronímicos, tuvieron aquí lugar como en Castilla? = Sí tuvieron, dije, aunque no eran tan frecuentes como en aquel reino: que aquí los apellidos por lo común eran geográficos; pero tal cual vez se usó, singularmente entre los grandes señores, que los hijos tomasen por apellido el nombre del padre. Así el hijo de Borrell, conde de Barcelona y Urgel, se llamó Ramón Borrell: del otro Berenguer Borrell, el hijo se llamó Ramón Berenguer. Del conde de Cerdaña Guifredo a fines del siglo X todos los hijos que tuvo tomaron ese apellido. Los vizcondes de Cabrera de los siglos XI y XII todos se llamaron Geraldo Ponce y Ponce Geraldo (Guerau Ponç). Porque hubo ciertos nombres como vinculados en una familia, a cuyo principal poseedor no se le permitía variarlo; y aun en los testamentos de los padres hay mandatos especiales para que el heredero mude su nombre en el de la familia. Así el de Raimundo vino a ser propio de los condes de Barcelona, hasta que plugo a Doña Petronila mudarlo en el de Alfonso (N. E. por el rey de Aragón Alfonso I el batallador; su hijo, Alfonso II). Ermengol (Armengol, Ermengaudus, Hermenegildo) lo fue de los condes de Urgel, Artal de los de Pallás (Pallars), Hugo (Uch, Uc) de los de Empurias (Ampurias, Empuries), y así otros.

Sin embargo de lo dicho los cuatro últimos condes de Barcelona ya no tomaron el apellido patronímico; y así el hijo de Ramón Berenguer I, se llamó Ramón Berenguer como su padre, y lo mismo los siguientes. Y es que a fines del siglo XI ya se usó fijar los apellidos, para evitar la confusión que acaso advirtieron que debía resultar de la alternativa de R. Berenguer y B. (Berenguer) Ramón.

Pero dejando esto y volviendo a lo que decíamos, esos apellidos patronímicos los expresaban acá como en Castilla en genitivo, diciendo: Guillelmus Guifredi, Geraldus Poncii, Iacobus Dominici, Berengarius Petri: esto es, Guillermo hijo de Guifredo, Geraldo hijo de Ponce &c. Mas la lengua vulgar catalana nunca dio a estos apellidos, cuando ya se radicaron en las familias, la terminación que la castellana dio a los suyos. Que allá del Sancii hicieron Sánchez: del Dominici, Domínguez: del Martini, Martínez &c.; mas aquí siempre quedaron en vulgar Sanz, Domenech y Martí (N. E. ¿y cómo se le llamó a Sancho Ramírez - de Ramiro, Ranimiro I - en Cataluña?).

La terminación en ez de los apellidos patronímicos es enteramente desconocida en las antigüedades catalanas; si alguna hay es moderna, posterior a la venida del rey D. Fernando I, el electo en Caspe, que trajo consigo muchas familias castellanas: o será efecto del roce con los que hablan el idioma general de España, con el cual se va venciendo sin sentir la repugnancia que sus paisanos de V. han tenido siempre a aquella lengua. Repugnancia que viene ya de muy atrás, y que en su origen me atreveré a decir que era justa. Porque sabido es que los castellanos que acá vinieron con el rey que dije, tenían una habla tosca, poco abundante y armoniosa, muy inferior en todo esto y en la gallardía y donaire a la catalana, que todavía conservaba el sabor de su siglo de oro con que brilló en todo género de escritos en los reinados desde D. Alfonso II de Aragón hasta D. Martín (precisamente aún decía “hoc”, och, oc : sí afirmativo: este rey de Aragón; y en 1461 también los deputats del general de Cathalunya; esa lengua tenía otros nombres, entre ellos provençal, lenga d'Oc, occitan).

Así que era difícil que se acomodasen sus oídos a la rudeza de la que comenzaba a salir de las mantillas, y que tardó más de un siglo en llegar a ser lo que debía. (N. E. ¿cuando el Cid conquistó Valencia, en qué lengua ruda les hablaba a los paisanos? ¿Fue este investigador a San Millán de la Cogolla a ver los códices emilianenses? Qué patinazos tiene cuando no copia códices y manuscritos, no sé si sabía dónde está Limoges ni qué se habla allí todavía hoy a 3.8.2022)

Mas ya que esto se verificó en el siglo XVI, componiendo entonces Cataluña una sola corona con Castilla: ya que desde entonces muchos escritores catalanes, o conociendo la necesidad de acomodarse, o vencidos de la hermosura y propiedad de la lengua castellana, han escrito en ella obras excelentes, ¿por qué no se ha de deponer la resistencia antigua? ¿por qué se ha de continuar la enseñanza del catecismo y oraciones en el vulgar catalán a los niños en la escuela? ¿No es esto cerrar la puerta al tesoro que esconde la lengua castellana? Prohíben justamente las sinodales de Solsona que se predique en castellano. Mas quítese la causa y cesará la prohibición. 

Esta manía han fomentado ciertos literatos de grande opinión en este país. Uno de ellos que murió hace poco, al catalán que le escribía en castellano, ni contestaba ni aun leía su carta. ¡Qué contraste hacen con esto las sabias plumas del señor arzobispo Amat y de D. A. Capmany! Esos solos bastan para demostrar cuan susceptibles son las cabezas catalanas de igualar cuando menos a los que aprendieron con la leche aquel idioma. Y es claro que por lo mismo no todos los castellanos escriben con la pureza que su idioma requiere. Mas acá y en Valencia los que se dedican a este estudio, lo hacen en los libros, y en tal caso escogen los mejores. Y así hemos visto escritores de estas provincias que han impreso libros que desdicen poco de la fluidez y hermosura que brilla en Fr. Luis de Granada.

Esto decíamos estando ya muy cerca del monasterio, con cuya vista se acabó la conversación. A Dios.

martes, 2 de agosto de 2022

CARTA LVI. Noticias de la ciudad de Manresa

CARTA LVI. 

Noticias de la ciudad de Manresa, y de su iglesia antigua. Época de la canónica Agustiniana en ella. Calidad y catálogo de sus prelados. Descripción de su templo actual, claustro, sepulcros y reliquias. Monasterios de esta ciudad. Memorias de S. Ignacio de Loyola. Sucesos portentosos de los siglos XIV y XV.

Mi querido hermano: De la ciudad de Manresa habló difusamente el P. Roig y Jalpí en su historia impresa en 1692. El P. M. Flórez (Esp. sag. tom. XXVIII) dijo también lo suficiente de su antigüedad y vicisitudes, extendiéndose en impugnar la pretendida catedralidad que Roig defendió y que el pueblo cree, y aun algunos que debían saber algo más en la materia, y no dar con sus palabras más peso a hablillas y fábulas sin apariencia de verdad. Manresa no necesita de glorias fingidas. El dictado de ciudad con que la distinguen cuantas escrituras hablan de ella, y la actividad e industria de sus naturales desde el siglo XIV acá, la hacen célebre y respetable entre todos los pueblos de Cataluña. En 1339 abrieron con privilegio real una copiosa acequia tomada del río Llobregat cerca del lugar de Balsareny, distante cuatro horas de esta ciudad, la cual concluyeron en poco tiempo, conduciéndola por rodeos de siete leguas, y gastando en su construcción más de 180 mil sueldos. Al par de la utilidad que sacan de estas aguas para el riego de sus hermosos y fértiles campos, se aprovechan también de las de otro río que baña la ciudad, llamado Cardener, para muchas fábricas de hilados de algodón y seda, que son de grande utilidad a todo el vecindario. No sé si el río debiera más bien llamarse Cardoner, en alusión a los montes y territorio de Cardona, por donde pasa. Una escritura original de Bages del año XXXI de Lotario, que es 985 de Cristo, le llama Cardasnario, y así es nombrado en otras del siglo XI. De este último siglo y siguiente hay varias memorias de haber tenido esta ciudad moneda propia, es a saber, sueldos y dineros; las cuales no es necesario acotar. La primera noticia eclesiástica que tenemos de Manresa, es la dotación de la sede de Vique hecha por el rey Odón año 889, en que nombra a Godmaro obispo Ausonense y Manresense, y la iglesia de Santa María que allí se expresa, ya dije que a mi entender no era la Rotunda de Vique, sino esta de Manresa que siempre tuvo este título. Debió construirse de nuevo su templo, puesto que poco después lo consagró y dotó el obispo Ausonense Jorge, que como vimos lo fue desde el año 914 hasta todo el 947. Con motivo de la nueva invasión de los árabes a fines de ese siglo X pereció la escritura que de ello se hizo. Pero del hecho nos conservó noticia la que se formó el año 1020, cuando el obispo Oliva, acompañado de la condesa de Barcelona Ermesindis, y del hijo de ella Berenguer, restauró la iglesia, confirmándole la posesión de sus derechos, que justificaron ser ciertos algunos testigos. Esta escritura trae la Marc. Hisp. (Apend. n. CXCIII.) Hasta fines del siglo XI suben las memorias de la canónica de esta iglesia; y no dudo que sería la Aquisgranense, como es cierto que lo fue la de Vique según dijimos. El año XXXVIIII del rey Felipe, día 6 de Noviembre, Ponce Raimundo dotó de nuevo esta canónica con la condición que abrazase la regla de San Agustín, sujetando el nuevo establecimiento a Bernardo prior del monasterio del Estany durante su vida, pero con facultad de que pudiesen elegirse prior propio cuando aquel muriese. Da razón de ello la copia adjunta (a: Apend. n. X), que lo es de un traslado coetáneo escrito en un códice de los evangelios de la misma iglesia, que llamaban Textum argenti. El año 39 de Felipe debe reducirse al de 1098; porque habiendo confirmado este establecimiento el obispo Berenguer Rosanes, que como demostré murió a principios del 1099, la escritura de que tratamos, que cierto debe ser anterior, no podía hacerse en Noviembre del mismo. Esta disputa jamás se podrá terminar por la cuenta de los años del rey Felipe, en que tan varios anduvieron los escribanos; y así se ha de buscar un documento que sea original, y su data de mayor certidumbre. Tal es la bula de Urbano II que cité en el episcopologio de Vique, la cual a la mitad del año 1099 supone ya muerto al obispo Berenguer. Por consiguiente el origen de la canónica Agustiniana de Manresa debe fijarse en el día 6 de Noviembre de 1098. La causa de sujetar la nueva planta a la dirección de Bernardo prior del Estany, no fue otra más que la práctica que él tenía en aquel género de vida, por ser su canónica anterior. Mas luego que él murió, ya se eligieron priores propios de la nueva casa; y en este derecho los confirmó el papa Celestino II, y más adelante Celestino III en el año 1194 con su curiosa bula que va copiada (a: Apend. n. XI). Padeció esta canónica los daños que otras por causa de las reservas pontificias y encomiendas. Al fin la secularizó Clemente VIII en 1592, erigiéndola en colegiata servida de un prepósito y doce canónigos como hoy permanece. Volvamos otra vez al origen de la canónica. Es notable que aquel mismo Ponce Raimundo que la reformó y sujetó al prior del Estany, en la misma escritura que de ello se hizo, firma el primero con estas palabras: Poncius abba + ego qui hanc electionem facio &c. Casi no puede dudarse la identidad de la persona, y que él mismo fue luego electo abad de la casa que restauró, siendo cierto como lo es, que trece años después la gobernaba, esto es, en 1111, cuando Guillermo Isarno firmó escritura de reconocimiento de todo lo que poseía en Apierola por la iglesia de Manresa, in praesentia, dice, de domnus Poncius Raimundi abbas ecclesiae Sanctae Mariae urbis Minorissae (Manresa), y de los otros canónigos. Facta... VII. Kal. Novembris anno IIII. Leodoci regis. Este es el único abad y aun prelado de esta iglesia, de quien he hallado memoria en todo el siglo XII. Los que lo fueron desde principios del XIII hasta nuestros días, suenan siempre con el dictado de prepósitos, cuyos nombres y serie, aunque interrumpida y falta en muchos puntos por la escasez de documentos, pondré aquí.

Principio. Existencia. Muerte. 

Pedro 1210.

Arnaldo 1225. 

Bernardo 1246. 1275. 

Dalmacio 1291. 1306. 

Guillermo 1313. 1341. 

Romeo 1348. 1364. 

Bernardo 1364. 1381 

Valentino Çatorre 1403. 1410 

Guillermo           1428. 

Este era juntamente abad del Estany, y firma con los dos títulos Manresensis et Stagnensis. 

Mateo Mercer 1445.

Pedro Calbo 1445. 

Juan Pedro 1455.

Miguel Guitardes 1471. 1489.

Lucas Gerona 1490. 1499.

Bernardo Alumgaver. 1499. 1531. 

Miguel Pou 1535.

Vicente Gener. 1535. 1538.

Juan de Cordellas. 1538. 1552.

Fue obispo de la Guardia en Italia. 

Vicente Gener (segunda vez). 1552. 1556.

Juan Oriol 1556. 1560 

Vicente Gener (tercera vez) 1564. 

Existente en el concilio provincial de ese año 

Rafael Casanoves 1591 1596. 

Último prepósito regular. Su vacante proveyó el papa en el primero secular

Juan de Aimerich 1596. 1602. 

Asistió al concilio provincial de este último año, cuyo proceso original le llama Juan, y no Francisco como dicen aquí.

De los siguientes prepósitos bastará apuntar los nombres cual los he hallado en los procesos de los concilios provinciales, es a saber: Valentín Paratge, Jaime Llagostera, Juan de Vilades, Juan Garriga, Francisco Nogués, Nicolás Barrera, N. Estalella, Mariano Lladó y Dalmases, Bonifacio Oller, Jacinto Romanya y Castells, Isidro Oliver, Juan Agustín García y la Casa, actual.

Creen aquí que la antigua iglesia parroquial de Manresa, fue la que aún se 

conserva, intitulada de S. Miguel. Yo puedo asegurar que existen varias memorias suyas desde el año 1050 en el archivo del monasterio de Bages y en otras partes, y en ninguna hay indicio de que fuese parroquial. Por otra parte sabemos que a fines de ese siglo XI se instituyó la canónica en el templo de Santa María, que ya desde principios del siglo X era el principal de Manresa, y el único que nos consta haber merecido el honor de ser dedicado por el obispo Jorge. El templo actual de Santa María, que aquí llaman la Seu, se comenzó a construir en 1328: es edificio de los más recomendables de aquel tiempo por su elevación y proporción ajustada de las columnas que dividen las tres naves. Los altares por lo común están llenos de mala talla. Debajo del mayor, en una capilla subterránea, o digamos confesión, se veneran las reliquias, y aun dicen los cuerpos de Santa Inés V. y M. y de S. Mauricio M., traídos a España desde Viena del Delfinado a instancias de un arzobispo, hermano del rey de Castilla D. Alonso el emperador, en tiempo del conde de Barcelona R. Berenguer III. Añaden que detenidos en su viaje los conductores en un lugarcillo cercano a esta ciudad, llamado de S. Fructuoso (Sant Fruitós de Bages), con ocasión de varios portentos tuvieron que dejar allí las santas reliquias, donde permanecieron hasta el año 1372, en que con autoridad de Guido obispo Portuense y legado apostólico, que se hallaba en Barcelona, fueron trasladadas a esta iglesia día 30 de Agosto, y finalmente depositadas en la sobredicha capilla a 29 del mismo mes del año 1578. Juntamente se veneran en el mismo lugar una porción de cenizas de los Santos Fructuoso, Augurio y Eulogio, que lograron los enviados por aquel arzobispo en su tránsito por Tarragona. Esto se cuenta, y esto escribió el P. Fr. Juan Germes, dominico, en la historia de estos santos mártires que imprimió en Barcelona 1607, en 8.°

En la torre de las campanas, dicen algunas memorias no auténticas, que trabajaron a fines del siglo XVI los arquitectos franceses Juan Font y Giralt Cantarell, comenzándola en 1572 y concluyéndola en 1590. 

En el pequeño claustro pegado a la iglesia hay algunas urnas sepulcrales con inscripciones de poca monta; mas porque no digas que lo dejo por pereza, copiaré para muestra la que está en un ángulo sobre la puerta llamada del Pavordre. Dice así: 

Anno Dñi M.° CC.° LXX.° VIII° V. Idus Iunii obiit B. de Minorissa miles. 

Prudens, et sobrius extitit, atque pius:

Miti, prudenti, largo, belloque... (f. potenti)

Ergo, Deus, tua regna des equiti sine tegna. 

Intus in hac fossa clauduntur pulvis et ossa 

Bernardi dicti, factis, dictis benedicti. 

Christus ditavit, hunc celi sede locavit. 

En el mismo claustro se halla la capilla de S. Agustín, en cuya pared lateral hay un sepulcro de mármol construido con sencillez, y sobre él una estatua bien ejecutada del canónigo de esta iglesia Francisco Mulet, muerto violentamente en ella por Francisco Blanes, procurador fiscal, día 8 de Septiembre de 1438. El motivo de tan honorífica sepultura es el prodigio que de él se cuenta, y es que a las tres horas de difunto resucitó para detestar la opinión que hasta su muerte había tenido de que la santa virgen María fue concebida en pecado original. De esto se formó proceso 61 años después, en el de 1489: en el cual deponen como testigos los que al tiempo del suceso eran niños de poca edad, y aun de ellos no hay uno que diga que lo vio con sus ojos u oyó con sus oídos. Lo malo que hay en esto es que se venda al pueblo este suceso por los oradores cristianos como una verdad histórica en que no cabe duda, lo que aun dejado en el grado ínfimo de tradición es harta tolerancia. Tuve por inútil copiar aquel proceso. Y como es fácil abultar y añadir en estas cosas, hállanse en varios cuadros de dicha capilla algunas que no constan del proceso. Por la misma capilla se entra al aula capitular y archivo, pobre de antiguallas, y en que ha medrado muy poco mi viaje. En la sacristía se guarda el códice que dije de los evangelios (Textus argenti), el cual conducían en las procesiones, y aún hoy sacan para cantar la calenda de Navidad. Al fin de él están copiados dos instrumentos importantes para esta iglesia: uno el que ya dije de la dotación de su canónica por Ponce Raimundo, y el otro su confirmación por el obispo Berenguer, publicado por el M. Flórez. En algunos archivos de esta provincia tomé algunos apuntes de los monasterios que hubo antes en Manresa; mas no me detuve en copiar todo lo que pudiera, contando con que Roig diría de esto muy de propósito. Mas hállome ahora burlado; que ni siquiera menciona lo poco que puedo decir del monasterio de la orden de S. Pablo primer ermitaño fundado aquí en 1412, para el cual cedieron los jurados la ermita de S. Marcos y Santa Bárbara en el arrabal. Duró poco; y en 1472 lo cedieron al prior de Valldaura ya destruido. Este de Valldaura era originariamente el de monjas que se fundó hacia el 1241 cerca del de la Portella, en el sitio llamado Tabar, por Geralda de Valldaura. Y como las monjas no quisiesen trasladarse a Berga, según se lo rogaban por los años 1336, de una parte de sus rentas se fundó en esta última villa un monasterio intitulado Montis benedicti (mont beneit, mons Benet; monte bendito). Ambas casas permanecieron poco tiempo; y el de las monjas fue trasladado a Manresa en 1399 a la capilla Sancti Spiritus: cuyo priorato fue dotado con el otro de S. Pablo. Esto es lo único que he podido sacar de mis apuntes. El convento de PP. carmelitas es el más antiguo de esta ciudad, fundado en 1308. Su iglesia es de una nave muy capaz, y con algunos altares de buen gusto del siglo XVI. En el arco del presbiterio se lee de letra moderna: Lux orta est eis anno 1345. Dijéronme que aludía a un milagro que acaeció ese año en que vino una estrella o luz desde el vecino Monserrate, y entrando por una ventana en este templo se dividió en tres, y reunida repitió otras dos veces esa separación, de modo que se tuvo por una clara significación del augusto misterio de la Trinidad (a). (a) Pueden verse sobre esto Lezana: cron. de la ord. del Carm. Fr. Josef Elías Estrug: Fenix catalana 1644. y Roig: historia de Manresa. 

Sea de esto lo que fuere, a los historiadores quedó poca luz de un hecho tan singular; porque no tienen allí sino una relación en lemosín, que cuenta varias revelaciones y circunstancias, y una copia hecha en el siglo XVI del proceso y sumaria de más de cien testigos. Tiempo era aquel en que las bagatelas más despreciables se autorizaban por los notarios públicos; y no sé cómo pudieron andar tan descuidados en cosa tan grande. La cual es aquí tanto mejor creída, cuanto aseguran que por este medio descubrió Dios la inocencia de esta ciudad, que sufría un largo entredicho, puesto por el obispo de Vique, en castigo del tesón con que proseguían la acequia que dije. Esta calumnia es muy grosera y sin pruebas en la historia. Instituyose entonces una cofradía en honor de la SS. Trinidad, cuyas constituciones confirmó el rey D. Pedro IV en 1379, y a cuyos individuos tenía concedidas varias indulgencias el papa Clemente VI para diferentes fiestas del año: specialiter, dice, qui dictam capellam XXI. die mensis Februarii devote visitaverint propter miraculum seu prodigium, quod de coelo illa die in capella praedicta apparuit, pluribus videntibus. La fiesta se celebra ese día, y el pueblo gusta de oír desde el púlpito las circunstancias honoríficas a la causa de la acequia. Dícese la misa de Trinitate; mas el subdiácono canta la epístola: Surge, illumirare Ierusalem, y el diácono el evangelio: In principio erat. En Roma ya se sabe que suelen dejarse correr con disimulo y tolerancia las tradiciones del vulgo que no se oponen a la piedad. Y el de Manresa estaba en ese siglo acostumbrado a oír y creer otros portentos semejantes de luces extraordinarias, divididas y vueltas a unir: cosas que se tuvieran por más verosímiles en los tiempos del concilio Niceno. Y para que veas que esta especie de milagros era entonces común en este país, copiaré aquí la relación de otro casi igual acaecido en Monserrate, tal cual está en un cod. fol. max. de aquella casa, escrita a mitad del siglo XIV. Dice así fol. 2: 

“Cum quadam die vigilantes peregrini et romipetae numero centum et amplius ex diversis regionibus et locis , in die festi passionis domini, essent in ecclesia S. Mariae de Monteserrato, facta hora noctis media factum est quoddam lumen multum lucidum, et splendens, sed non comburens a coelo missum. Et descendit in praesentia omnium vigilantium praedictorum per rectitudinem desuper altari in praedicta ecclesia S. Mariae; et disposuit seipsum in uno tantum radio in capite seu corona imaginis SS. Virginis Mariae; quae ibi est multum devota et sancta, et non invenitur esse manibus hominum factam. Afflato tamen aliquantulum ex lumine ipso capite seu corona, ex radio ipsius luminis tres per Dei gratiam, et ipsius piissimae matris facti sunt radii. Qui tres radii totam ipsam imaginem infra clamidem eius divinis flamis et ignibus repleverunt. Dicti vero romipetae et peregrini territi et mirantes de iisdem quae viderunt, timebant ne forte combureretur ipsa imago, et omnia quae ibidem aderant. Pulsaverunt cimbala, et monachos cunctos, et alios dicti loci servitores ad videndum dictam visionem excitarunt; maxime ut darent operam ne dicta imago sancta combureretur. Et omnibus admirantibus et conspicientibus, eodem tempore et hora, de tribus radiis ipsius luminis unus factus est. Quod lumen eandem sanctam imaginem illesam, et incorruptam, imo potius a sancto famine afflatam, dimissit, et in celestibus nubibus, a quibus venerat, exarsit. Quod fuit actum in die passionis praedictae imaginis domini, quo die (9 de Noviembre) festum S. Salvatoris celebratur per totam dioecesim Barchinone." 

No dice el año en que sucedió este portento; pero su carácter muestra que es uno de los del siglo XIV, cuando ya se había generalizado la fiesta de passione imaginis, que es la del Cristo de Berito. Y el códice en su epígrafe final dice haber sido escrito in urbe Valentina anno ab incarnatione Domini M.CCC.XXVII. in mense Aprilis qui fuit inchoatus in mense Martii. Existe en el archivo de dicho monasterio (caj. 4). De paso advierte en esas últimas palabras del epígrafe, que en 1327 todavía se contaba en Valencia por años de la Encarnación, comenzándolos en Marzo; pero esa misma nota que puso el escribiente indica que no estaba desusado el contarlos a Nativitate, o del día 1.° de Enero. De esto se ha dicho ya otras veces, y otras muchas se ofrecerá hablar. El convento de Santo Domingo es fundación del año 1318. Su primer prior fue Fr. Juan Llotger, inquisidor de esta provincia, que se hizo famoso en la causa de los Templarios y de Arnaldo de Vilanova. La iglesia del mismo tiempo que la del Carmen, fue consagrada en 1438 por Fr. Gonzalo, obispo Auguriense, cuya acta he copiado por especificarse en ella todas las ceremonias que en esta función se hicieron, y por sernos tan útil para la historia de ritos (a: Apend. n. XII). En su claustro hay una capilla, donde es tradición que vivió algunos meses S. Ignacio de Loyola, cuando vino acá desde Monserrate hacia el año 1522, y comenzó en dicho convento su carrera de la perfección, dirigido por un religioso dominico llamado Fr. Gabriel Perellós, el cual le enseñó también las primeras letras. En memoria de esto hay en la iglesia un cuadro que representa al santo en actitud de recibir limosna e instrucción de un fraile dominico. Reparé que pintándose allí la portería de este convento, dibujaron un escudo de armas diferente del actual. Diéronme a esto una solución cabal, mostrándome la piedra antigua que quitaron con ocasión de remiendos posteriores, y guardan en un rincón de la casa. En la misma capilla del claustro y en su único altar se venera una cruz grande, la cual es tradición que cargaba sobre sí el santo patriarca algunas noches, paseando los claustros en ejercicio de penitencia. Un letrero que se escribió en ella, conserva la memoria de esto. De lo dicho puedes inferir que Manresa debe gloriarse de haber sido la cuna de la vida espiritual de S. Ignacio. También se conserva la cueva donde se escondía para entregarse a la contemplación; sino que no se sabe si es una que tomaron bajo su custodia los PP. capuchinos, o la que después incluyeron dentro de su casa los jesuitas. Mientras esta cuestión no se decide, ambas están miradas por el pueblo con la debida veneración. Más memorable es la iglesia del hospital de Santa Lucía, donde tuvo este santo el famoso rapto de ocho días. He estado en la capillita que se fabricó con ese título. En el hueco de la mesa del altar hay una estatua del santo enajenado y tendido como muerto. Sobre la mesa en una urnita de cristal se guarda un dedo suyo; y con él atado un librito, que los que me acompañaban dijeron ser el original de los Ejercicios. Considera tú si podría dormir la curiosidad sin hacer las diligencias posibles para ver una alhaja que tanto ruido ha hecho en el mundo literario y místico. Vilo (lo vi) en efecto, y vi que era otra cosa, y que no debía estar expuesto a la veneración de los fieles junto con la otra reliquia; y que uno y otro debía estar mejor custodiado de lo que allí está. 

Es pues un librito en 16.° con cubiertas de plata, adornadas de primorosa filigrana, todo ello donosísimo sobre manera. Contiene un devocionario o colección manual de oraciones diarias, y lo que decimos Ejercicio cotidiano, escritas en vitela finísima, y con singular esmero y buenas miniaturas. 

Lo escribió un canónigo de Lieja llamado Roberto Chesneau para uso de D. Gastón Espínola año 1583. He aquí el principio de su dedicatoria: 

“Generoso ac nobili viro D. Gastoni Espinolae Robertus Chesneau scriptor S. D. P. = Magno quidem desiderio, Ill. D. pro tua in Deum pietate, ac religiosa quadam devotione exoptasti, ut iste orationum libellus cito à me conscriberetur... fin. Leodii scribebat Robertus Chesneau, Cameracenus, collegii S. Ioannis evangelistae Leodien. canonicus, anno 1583." 

En el principio y fin del libro se halla repetido de letra corriente Joseph Maria Russo, que debió ser el dueño del librito por algún tiempo.

Nada más. Mañana paso al monasterio vecino de Bages. Allá nos veremos. 

A Dios.

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