Viaje literario a las iglesias de España. Joaquín Lorenzo Villanueva, Tomos 1-22 viaje literario, iglesias, códices, documentos, Biblia, España, capellán, cura, obispo, arzobispo, católico, Cristo, cristiandad, cristiano, cristiana, Xpt, Christus, Christo, Jesucristo, abadía, monasterio, biblioteca, bibliografía, tipografía, manuscritos, epigramas, sepulcros, abad, presbítero, monaco, monaguillo, obispillo, Episcopo, Archiepiscopo, Papa, Apostólica, apóstoles, crítica literaria
jueves, 2 de julio de 2026
XVI. Constitutiones pro ordinando choro, Tarraconensis, Antonio Augustino
XV. Carta del Obispo de Lérida D. Antonio Agustín a D. Francisco de Vargas, embajador de Felipe II en Roma, año 1562
XV.
Carta del Obispo de Lérida D. Antonio Agustín a D. Francisco de Vargas, embajador de Felipe II en Roma, año 1562. (Vid. pág. 33.)
Muy Illmo. Señor:
Por otra mía di aviso a V. S. de lo que pasó en la congregación de Españoles primero, y después en la general, aunque dexé algunas particularidades, de las que daré parte en esta, porque conciernen a la historia de la sesión (session) de hoy, la qual se hizo con toda la solemnidad acostumbrada. Dixo la misa el Cardenal de Mantua. Hízose procesión desde S. Pedro, cuya fiesta era, hasta la iglesia mayor. Halláronse quatro Legados Cardenales, y otro Cardenal no Legado el qual fue con mitra de damasco y capa pluvial (se lee pluviel), y los Legados con mitras doro tirado y capas de damasco colorado y cenefas de tela de oro. Hubo tres Patriarchas, el de Hierusalem, y Aquileya (electo o coadjutor) y el de Venecia. Hubo diez Arzobispos, entre los quales estuvo Braga in suo inferiori loco, y no se leyó su breve (me auctore) ni la reservación sine praeiudicio, porque él se contentó que se hubiese leído en la congregación, y ha obtenido otro breve más cumplido, el qual yo estorbé que se le diese hasta pasada esta sesión por ciertas palabras enunciativas que podían causar escándalo. Hubo entre todos sin los Cardenales ciento y seis Obispos, y sin los Abades que son quatro, y tres Generales; aunque el Obispo de Oviedo estaba malo de una reuma en un ojo, y no se halló, ni otro Obispo que se fue a Venecia, y no es vuelto; ni Mesina, ni Alife han llegado, ni los Embaxadores del Emperador, sino uno que llegó quando salíamos de la iglesia, que es el Quinque-Ecclesiense. Hallose presente en público el Duque de Mantua, y sentose con los Cardenales; está muy flaquillo y de mala manera. Lo que se hizo fue que después de la procesión y misa del Espíritu Santo, oró en latín el Arzobispo de Rijoles en Calabria. Después se dixeron las letanías y oraciones acostumbradas: después estando los quatro Legados en el sitio del altar en sendas sillas vueltos a los Obispos, leyó el secretario del Concilio la bula original de la convocación, y otra bula de los poderes donde está nombrado Puteo y no Altemps. Dales poder de presidir en el Concilio a los que aquí se hallaren, y para mandar executar los decretos que les pareciere de los pasados, y no dice para transferir, ni para extinguir o suspender el Concilio. Yo procuraré enviar la copia, si la pudiere haber: basta que note esto de pasada. Leídas estas dos bulas tornó el Arzobispo de Rijoles al púlpito, y leyó los dos decretos por sí cada uno, y esperó los votos, los quales fueron todos conformes en lo del día de la sesión, para los XXVI de febrero, día de mi nacimiento. Mas en el otro hubo diferencia en el voto del Granatense y Orense, y de Almería y León. A estos dos, que estaban cerca de mí, entendí que consentían en el decreto, con tal condición, que lo que propusiesen los Legados fuese cosa que el Concilio juzgase que hubiesen de proponer, dando a entender que no se contentaban que los Legados solos propusiesen lo que les pareciese, sino que otros pudiesen proponer, si al Concilio pareciese digno; mas como fueron solos, no se hizo caudal dello. Lo que dio por escrito el Granatense y Orense no he visto; mas sospecho que habrán dicho lo mismo, o que les contentaba el decreto, quitadas aquellas palabras proponentibus Legatis; sobre lo qual hay también que después del día de la congregación de Españoles, en la qual se concertó que el Arzobispo con otros dos fuesen a hablar a los Legados, y les pidiesen la palabra de las condiciones con que se rendían, que eran con que se añadiese: sublata quacumque suspensione iuxta formam bullae, y que se declarase adelante la continuación del Concilio y de las materias pasadas, y se asegurase lo pasado: lo qual todo se concedió cessante impedimento. Con el Arzobispo fueron el Obispo de Vique y el de León, y después al Arzobispo y a mí nos fue leído este decreto como está o con ciertas palabras más, las quales por mi voto se mudaron que eran perjudiciales a ciertos Señores de Italia. El Arzobispo con gran humildad dixo: Placet; yo dixe que tenía cierto escrúpulo, no sobre la materia de la continuación, sino sobre otras cosas, y hablé aparte con el Cardenal Simoneta, y assi nos fuimos a sentar el Arzobispo é yo a la sala de la congregación, en la qual Granada dixo también Placet, y todos los Españoles e Italianos. El día siguiente vino a mí, y me dixo que había quedado con un escrúpulo del qual había sentido dudar a otros Prelados, de aquellas palabras proponentibus, que eran insólitas y que restringían la libertad del Concilio, y que sonarían mal fuera. Pareciome que decía algo: ofrecile de avisar a los Legados, y ver si podría hacérselas quitar. Yo hize mis diligencias, y en efecto no pude salir con ello, por haber sido pasados por la congregación, y ser palabras de uno de los Legados y en favor de todos. Al Arzobispo pareció de votar in scriptis. Tememos que los Legados hagan resentimiento sobre estos tres votos, diciendo que niegan la presidencia de Su Santidad, a lo qual hallaremos remedio con el polvo del verso virgiliano: pulveris exigui iactu comprenssa quiescunt. Hubo un yerro muy grande en esta sesión, que los Legados no mostraron a nadie lo que hallaron y demandaron en público, ni dieron copias a los que habían de responder, ni tuvieron (se lee con b) consejo particular, ni sabían lo que habían de hazer hasta el punto postrero, ni estaban muy conformes. Alguna ocasión les dio la revuelta de que se temían los Españoles, y ser novicios y muchos. De mi hazen más caso del que yo querría, y me voy retirando quanto puedo, porque no me metan en algún laberinto, y por poder ser más libre, etc.
En Trento a XIX de enero de 1562.
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