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domingo, 12 de febrero de 2023

CARTA CXXIX. Prosiguen libros y papeles preciosos, biblioteca Carmelitas descalzos Barcelona.

CARTA CXXIX. 

Prosiguen las noticias de libros y papeles preciosos, que se conservan en la referida biblioteca de Carmelitas descalzos de Barcelona.

Mi querido hermano: Poco queda que examinar en la biblioteca de los PP. Carmelitas descalzos de esta ciudad. Mas no sé si lo podré hacer con pocas palabras. Hay aquí un códice fol. ms. más conocido por el nombre y la materia, que por otras circunstancias dignas de publicarse. Contiene la historia del Rey Don Jaime I de Aragón, escrita en latín por el P. Fr. Pedro Marsilio, Dominico, y dedicada a Don Jaime II en el año 1314. Aunque este códice es de escritura de ese mismo tiempo, mas no es el original, pues este debió quedar en el archivo de mi convento de Mallorca, como pidió su autor al Rey. Tampoco es la copia que de orden del Rey mandó sacar su tesorero, en pergamino, adornada con letras de oro, y varios dibujos; copia que presentó el autor a dicho Príncipe estando oyendo misa en la iglesia de Santo Domingo de Valencia, día de la Santísima Trinidad, de 1314; y el Rey la recibió, y aun leyó después un capítulo paseando por el claustro. Consta todo esto del memorial, decreto del Rey y nota de la presentación que se hallan al principio de este códice. La obra se divide en IV libros. El I trata del nacimiento, infancia, matrimonio, cortes, y otros hechos del Rey Don Jaime, hasta el año 1229 en XXVI capítulos. El II habla de la conquista de Mallorca, Menorca e Iviza, en XLIX capítulos. El III, de la conquista del reino de Valencia, en LXXVIII capítulos. El IV, de la del reino de Murcia hasta la muerte del Rey, y son LIX capítulos. Es de notar que faltan al fin del libro algunas hojas, desde el capítulo 45. Por de contado, y mientras no se dispone otra cosa mayor, envío copia de todos los títulos, sacada de los que están al principio de cada capítulo, porque al índice que hay al principio le falta una hoja perteneciente al libro II y III. También va el prólogo, que es curioso, con las notas que antes decía. Con esto podrás formar alguna idea de lo que es esta obra (a: Ap. núm. XIII.) 

Rey Don Jaime I de Aragón, Bernardino Gómez Miedes
(Libro sobre Jaime I de Bernardino Gómez Miedes)

Lo que yo veo en ella es una casi total identidad con la llamada: Comentarios del Rey Don Jaime I, que corre en lemosín, y aun se dice ser obra del mismo Rey. Había pensado hacer palpable esto, poniendo en dos columnas ambos textos, digo, algunos de sus lugares. Pero creo que descansarás sobre mi palabra, que los he cotejado en muchas partes que la suerte me ha ofrecido. De modo que no hay más diferencia entre las dos obras, sino que el P. Marsilio habla del Rey Don Jaime I en tercera persona, y en la lemosina habla este Príncipe en persona propia.

De esta identidad en obras de diferente idioma resulta la cuestión, quién fue el autor y quién el traductor. La importancia de la materia, y la celebridad del nombre del Rey Don Jaime, merece todo el trabajo que me he propuesto emplear en su declaración. La opinión común es que la obra lemosina lo es de aquel Príncipe, el cual a imitación de Julio César, escribió todos sus hechos políticos y militares; y por consiguiente, que el P. Marsilio, que florecía en los tiempos de Don Jaime el II, tradujo aquella obra en latín. No se puede negar que antes del P. Marsilio existían algunas memorias en lemosín de los hechos de Don Jaime I, las cuales él ordenó y puso en latín. Dícelo él mismo en su prólogo por estas palabras: valde consonum in oculis illustrissimi Domini Jacobi Regis (Don Jaime II) ... apparuit, ut victoriosissimi avi sui gesta pristinis temporibus, veraci stilo sed vulgari collecta ... reducerentur in medium, atque latino sermone discreta et per capitula iuxta conclusionum varietatem distincta, unum ystorialem et cronicum redderent codicem. Ni era posible que el P. Marsilio, que comenzó a escribir más de treinta años después de la muerte de aquel Rey, dijese con tanta puntualidad sus hechos, y hasta las semínimas de ellos, si no las tomara del que las escribía al mismo tiempo que sucedían, y que sólo parecen bien en boca del que las presenció. Así que es indubitable que el P. Marsilio tradujo y ordenó en latín ciertos escritos lemosines extendidos en vida del Rey conquistador. Y en este sentido no es autor sino traductor de la crónica del Rey Don Jaime. Mas si la cuestión versa sobre la obra del citado Padre, comparada con la que corre escrita en nombre y persona de aquel Monarca, es otra cosa. Porque yo sospecho que esta se zurció muchos años después de la de Marsilio; y tengo por cierto que el Rey Don Jaime ni escribió esta su Crónica lemosina, ni aun aquellas otras memorias que sirvieron a Marsilio de original. Yo me guardaré bien de reproducir aquí los argumentos con que Don José Villarroya probó esta que parecerá paradoja en las cartas que imprimió en Valencia en el año 1800. Se reducen a que aquel Príncipe calló y dijo lo que no debía, e incurrió en anacronismos que no caben en quien escribe su misma vida. Cosas que según las reglas de críticas, deben deducir las dudas de esta especie. A esto tengo yo que añadir un argumento negativo tomado del silencio del P. Marsilio, donde debía decir que aquellos Comentarios lemosines eran obra del Rey Don Jaime. Habla en su prólogo de la escasa noticia que tenía el mundo de las hazañas de aquel Príncipe, y se queja amargamente de que el Arzobispo Don Rodrigo tocase tan ligeramente en las alabanzas de héroe tan famoso; y por esto dice que le mandó Don Jaime II poner y ordenar en latín los hechos de su abuelo veraci stilo sed vulgari collecta, ac in archivis domus regiae ad perpetuam suae felicitatis memoriam reposita. Pues si estas escrituras vulgares que él se proponía ordenar y traducir al latín, hubieran sido obra de Don Jaime el I, ¿cómo era posible que lo ignorara el P. Marsilio y que lo callara, siéndole tan importante el decirlo para autorizar más su traducción, y siendo esta la mayor alabanza de aquel Príncipe, a quien elogia tan encarecidamente en el prólogo ¿Ni cómo había de permitir y aprobar este silencio Don Jaime II, que tanto amaba las glorias de su abuelo? Además, si ya existían los Comentarios, obra de dicho Rey, ¿cómo pudo quejarse Marsilio de la falta de su Crónica y del silencio de la de Don Rodrigo que con tanta ventaja compensaba esta de que se trata? ¿Y qué causa tan urgente había para traducirla en latín en un tiempo en que el lemosín era el idioma de las cortes de Aragón, Provenza y Sicilia y entendido en la de Castilla? Especialmente los mallorquines, ¿qué necesidad tenían de esa traducción, para los cuales parece se hizo principalmente? ¿Había más que sacar varias copias de aquella obra para extender la memoria de las hazañas de este Príncipe tan famoso? Por otra parte, el P. Marsilio en las palabras citadas dice que ordenaría por capítulos las memorias lemosinas, de modo que formasen un códice de Crónica seguida. Supone, pues, que no tenían orden ni división de capítulos. ¿Quién conocerá por estas señas los Comentarios que corren en nombre del Rey Don Jaime? Los impresos están divididos por partes y capítulos, y los manuscritos que he visto, aunque carecen de esta enumeración, forman una narración crónica continuada. De modo que podemos creer que ni Marsilio, ni Don Jaime II, ni personaje alguno de la corte conoció esta obra lemosina, sino otras escrituras que debió componer alguno de los que acompañaron al Rey Don Jaime I en sus expediciones. Pues Marsilio, que tan llanamente confiesa la existencia de estas y que las vertía al latín, ¿qué interés podía tener en ocultar las otras? Y si hubiera sido justamente reprendido por Don Jaime II y los de su corte en caso de callar el paradero de aquellas memorias y arrogarse el título de autor, ¿cuánto más lo debía ser callando la obra de tal Rey, si tal hubiera? Cuanto más vueltas doy al prólogo de la obra de Marsilio, más fuerte me parece el argumento que nace de su silencio en esta materia. Qué será si añadimos el del principal cronista de Cataluña Ramón Muntaner, que nació once años antes que muriese Don Jaime el Conquistador, y comenzó a escribir su Crónica en 1325 a los sesenta de su edad? Pues ello es cierto que llegando Muntaner al capítulo VII y excusándose de la brevedad con que escribía las cosas de aquel Príncipe, dice así: no ho vull tot comptar per ordre, e per ço menstich (men stich, me 'n estic) com ya seu (sen, s 'en) son feyts molts libres de la sua vida, e de les sues conquestes, e de la sua bonesa de caballeries e asaygs e proeses. 

Aquí, donde no debía, calla Muntaner que aquel Rey hubiese escrito de sí y de sus cosas, y sólo excusa su brevedad con los libros que hablaban de él, que eran sin duda los de Marsilio, publicados ya doce años había.

Adelantemos un paso más. ¿Dónde quedó esta obra original del Rey? 

En el archivo real no estaba; porque en él sólo había ciertas memorias, que, como acabamos de ver, no eran obra de aquel Príncipe. La opinión común es que quedó en el real monasterio de Poblet, de donde al (el) Arzobispo Pedro de Marca la sacó y llevó a París. Y aun sé que en esta inteligencia se escribió desde aquí los años pasados al embajador de España en aquella corte, el Excelentísimo Señor Don Nicolás de Azara, para que buscase alhaja tan preciosa. Confieso que me irritan las calumnias de esta clase que oigo cada día por acá contra la memoria de tan grande hombre como era el Señor Marca. Vean los archiveros respectivos si les falta algún documento de los que él cita y publica; y si falta, otra será la ocasión, que hartas ha tenido esta frontera para perder del todo sus archivos, no la vileza que suponen, sin probarla jamás.

Y por lo que toca a nuestro propósito, necesariamente hemos de confesar que tal obra manuscrita no existía en Poblet en los años 1314 y 1325, puesto que ni Marsilio ni Muntaner hacen memoria de tal cosa. ¿Y quién dirá que podía ser ignorado el paradero del libro por personas que debieron visitar algunas veces aquel depósito del cuerpo del autor, y que trataban de publicar lo mismo que en él estaba escrito? Tampoco existía en 1343, época que debes tener muy presente para lo que se ha de decir. 

En este año el Abad de Poblet, Don Ponce de Copons, mandó escribir el ejemplar de los Comentarios lemosines del Rey Don Jaime I, que existe en esta biblioteca de los PP. Carmelitas descalzos (H. 335). No puedo dejar de copiar aquí el epígrafe final. Dice así: Aquest libre feu scriure lonrat en Ponç de Copons, per la gracia de Deu Abbat del honrat monestir de Sancta Maria de Poblet. En lo qual monestir iau lo molt alt Senyor Rey en Jacme, aqueyl de que aquest libre parla dells feyts que feu, ni li endevenguerem (endevengueren, esdevingueren) en la sua vida. = E fo escrit en lo dit monestir de Poblet de ma den Celesti destorrens (d' es, dez Torrens, Torrents), e fo acabat lo dia de Sent Lambert a XVII dies del mes de setembre en lany de M.CCC.XLIII. (1343) No hay aquí la menor expresión que diga ser copia del original que existiese en Poblet, ¿Y no era muy regular que se autorizase con esto una copia hecha en aquel monasterio y por mandado de su Abad? 

Y pues advirtió lo que era notorio, es a saber, que el cuerpo del Rey Don Jaime yacía en aquella casa, y que de él y sus hazañas hablaba el libro, ¿cómo pudieron olvidar lo que tan honroso era al Príncipe y al monasterio? Conjetura lo que quieras de este silencio: la consecuencia que yo saco es que no había tal original, y acaso ni otro ejemplar de quien sea esta copia, pues no dice que lo sea.

En resolución y acabemos con esto, antes de ese año 1343 nadie que sepamos conoció esta obra, escrita en nombre y persona del Rey Don Jaime I. Vémosla comparecer entonces sin decir de dónde se tomó, y eso que se escribió donde suponen que estaba el original. ¿Qué diremos? ¿qué entonces se forjó y zurció de los Comentarios latinos del padre Marsilio, poniendo en lemosín y en primera persona lo que aquel escritor dijo en tercera? Yo no lo afirmo; pero las sospechas son vehementes.

Lo cierto es que hasta ahora no se ha encontrado otro ejemplar más antiguo que este. De él es la copia que sacó en 1619 el Presbítero Ramón Vila, como se ve en el epígrafe final, que copió a la letra, y en las miniaturas y todo él. Y en el prólogo dice este copiante que le dejó aquel códice un caballer desta ciutat de Barcelona anomenat Jotxim Llatzer Bolet, que era un llibre molt antich de sa casa escrit de ma en pergami de lletra molt antigua y conforme me habia certificat molt temps abans son pare Pere Pau Bolet … fonch copiat lo seu llibre del original que lo matex Rey Don Jaume escrigue de sa propia ma que esta recondit en lo monestir de Sta. Maria de Poblet … com ia en alguna manera consta de altra part per las darreras clausulas de la fi del present llibre. 

Estas cláusulas son las que ya dije del códice de los Padres descalzos. 

En las cuales no sé como el copiante Vila halló que el original del Rey Don Jaime estuviese en Poblet, porque allí nada hay que aluda a ello. 

Por otra parte el testimonio de Pere Pau Bolet, que floreció a fines del siglo XVI, no sé como pueda servir de prueba de lo que pasó a mitad del siglo XIV. Oyendo, pues, en esta obra hablar al Rey de sí mismo, fue fácil creer la obra suya, y como tal la han citado siempre los historiadores, aunque los más cautos como Zurita, nunca se la han atribuido absolutamente sino con la restricción de corre en su nombre, escrita en su nombre y otras semejantes. Expresión muy verdadera; pero que tampoco se halla en los tres testigos que alegué del siglo XIV. Si verifico el viaje que tengo proyectado a Mallorca, acaso podré adelantar algo en este punto con el escrutinio de los ejemplares de la obra del Marsilio que dicen hay en aquellos archivos (a: En Mallorca sólo está el libro II, copiado allí con lujo en 1330, y luego traducido al lemosín. Luego no había tal historia lemosina del Rey Don Jaime. Porque a haberla ¿a qué traducir en vulgar la latina de Marsilio? Item ¿por qué con tanta ansia pidieron copia del texto latino de este padre, si ya tenían la historia del Rey?)

De Don Antonio Agustín no he hallado aquí tantos manuscritos como me habían ponderado en Tarragona. Sólo hay suyos los Diálogos de las armas y linajes de España. Es una copia (M. 530) como de fines del siglo XVII: están incompletos, como los que publicó Mayans en 1734. Sólo tiene de notable que como explicando las cifras de los interlocutores A. B. C., que van impresas, las aplica a Arzobispo, Beneficiado y Canónigo; cosa que no dice bien con la explicación que dio Andrés Scoto a las mismas iniciales de que usó en los Diálogos de las medallas, y aun creo que en los De emendatione Gratiani. Hállase también en este ejemplar un prólogo breve del que lo escribió, que no dice otra cosa sino que esta copia se sacó, como otras muchas, de la que tenía Don Galcerán Albanell, Arzobispo de Granada.

Más interesante es para las noticias del Don Antonio Agustín la colección de cartas que aquí se conserva (D. 292) de varios sujetos ilustres de su tiempo, muchos de ellos sus amigos. Ya tuvo de ellas noticia Don Gregorio Mayans; y si las hubiera podido disfrutar no hay duda que saliera mucho más completa la vida que publicó de aquel Prelado. 

Tienen esta ventaja las cartas familiares de los grandes hombres, que no sólo deleitan con su lenguaje y erudición, sino que suministran muchas noticias pertenecientes a su vida política y literaria, que acaso no existen en otra parte. De las que aquí hay, publicó la mayor parte Don Ignacio de Aso. Mas quedan todavía algunas inéditas que, halladas después, se encuadernaron junto con las publicadas; y aun omitieron tres de estas. Son en todas cuarenta y cuatro, es a saber: una de Alvar Gómez, ocho de Don Rodrigo Çapata, una del Obispo de Segovia Covarrubias, dos de Gerónimo Zurita (Cronista aragonés, Anales de Aragón); y por no detenerme en esto, las hay de Andrés Darmaro, su famoso amanuense, de Martín Vaylo, de Sebastián de León, de Luis Pons de Icart, de varios Obispos y otros de menos cuenta; las hay latinas, castellanas y griegas, todas útiles, y algunas de ellas muy importantes. Apenas se halla una que no trate de literatura y literatos, ediciones de libros, lápidas, monedas, manuscritos, etc. No obstante, te envío por ahora cinco que me han venido a las manos, a saber: dos de Gerónimo Zurita, una de Zapata, otra de Vaylo y otra de Marsá (a: Aps. núms. XIV, XV, XVI, XVII y XVIII.). Cuanto he dicho será regular que dispierte en ti un gran deseo de ver estas cartas. Pronto se cumplirá, y las verás impresas e ilustradas con notas por mi erudito amigo y favorecedor el señor Don José de Vega y Senmanat, vecino de esta ciudad. Este caballero, estimulado con el ejemplo del sabio Español Don Juan Andrés, que acaba de publicar en Italia varias cartas latinas de Antonio Agustín, con un prolijo examen de las noticias que resultan, ha emprendido publicar las que hay aquí de sus amigos: y porque las que publicó el señor Aso (Asso) están en gran parte malamente copiadas, ha tomado la resolución de imprimirlas todas, y en ello está entendiendo ahora. Cosa que el público debe aprovechar, y a mí dispensarme de un trabajo superfluo, para el cual no tengo ahora todo el ocio que esto requiere. Porque ponerse a averiguar las vidas de los que escribían a Antonio Agustín, y de los personajes que mencionan, y las causas de ciertas expresiones, y de las disputas literarias, y combinar fechas y pareceres, que todo esto es menester, y aun más, ni yo lo puedo ahora hacer, ni tampoco debo.

El parecer que el mismo Don Antonio Agustín dio de un manuscrito que se guarda en esta biblioteca (O. 293), me obliga a hacer mención de él. Es el Catálogo de los Arzobispos Tarraconenses, que escribió Luis Pons de Icart, ya conocido por su libro impreso de las Grandezas de Tarragona. Yo esperaba que medraría algo con la lectura de aquel catálogo, el cual, con no poco trabajo, formé yo de aquellos Prelados. Pero he visto verificado el juicio que de ello hizo Don Antonio Agustín, que en carta a Zurita de 8 de diciembre de 1577, decía del libro que estaba escrito con alguna diligencia, pero no sin errores; y no merece que se imprima por muchas causas que serían largas de contar (a: Vid. Mayans Vida de Don Antonio Agustín, núm. 96.).

De Arias Montano se halla aquí el tratado que intituló Joseph sive de arcano sermone, incompleto, copia muy cercana a aquel tiempo, idéntica con el impreso. A este sigue otro con este título: Communes et familiares hebraicae linguae idiotismi (idiotismos), Benedicto Aria Montano auctore: habla de ello en cuatro hojitas gramaticalmente, y luego siguen los idiotismos ordine alphabetico digesti; que sólo llegan a la C., y la palabra Cervix donde acaba el libro.

Por último daré noticia de un códice (B. 273) muy apreciable a lo que entiendo. Su título es: Sozomeni Presbiteri Pistoriensis, ac Florentie educati Cronice incipiunt. Principio: Scripturus ab orbe condito, etc. Divide su obra en dos volúmenes: el I hasta C. César y la batalla de Farsalia; y el II desde esa época hasta su tiempo, que era del siglo XIII. Este códice es el volumen I completo y muy bien conservado, manuscrito fol. max. vit. Precede a la obra una descripción del orbe en general y particular de todas las ciudades de Italia. La conclusión del libro es un elogio de un cierto Vespasiano, que debía ser uno de los doctos escribientes que llamaban librarii. Dice así: Haud te Vespasiane liberarie (librari), urbisque Florentine civis, silentio praeterire in huius primi voluminis calce mihi est consilium. Nam si Ciceronis coetaneus fuisses, te peroptime dignum suis aureis litterarum monumentis decorasset, inmortalemque fecisset. Tu profecto in hoc nostro deteriori saeculo hebraicae, grecae atque latinae linguarum omnium voluminum dignorum memoratu notitiam eorumque auctores memoriae tradidisti. Quam ob rem ad te utique omnes Romanae, atque aliarum ecclesiarum Pontifices, Reges, Principes, aliique trium linguarum eruditi, si humanitatis cognitionem habere cupiunt, gressus suos dirigunt. Ego autem ipse, ut pro veritate loquar, auxilio tuo in doctorum virorum documentis ab eis relictis potissimum usus sum: quorum multa mihi a te demonstrata, ac deinde diligenter perquisita, in hoc primo nostro volumine conserui. Esto ergo inmortalis, ut ita dixerim, dumodo (dummodo) haec mea scripta satis inepte pro ingenioli mei facultate prolata, tu etiam permanebis.

Este códice es sin duda el de que hablaba Luis Pons de Icart a Don Antonio Agustín, en carta fecha de Tarragona a 7 de mayo de 1573, con estas palabras: En Barcelona en casa de un sastre o remendó qui ven tambe libres, y te casa a las voltas devant Sant Sebastia, trobi sis ho set dies ha un libre de pregami (pergamí) tot, de forma gran, scrit de molt bona lletra de má, y es una historia de Sosomeno presbitero … Yo lin donave trenta sous, y no lam volgue donar. Dix lo desfaria per fer cubertes a librets; yo li encareti, que non (nou : no ho) fes, que creye que es libre que no es estampat; y perquen volie cinquanta reals lo dexi. Puis me paregue libre molt curios y raro, y V. S. te lo poder y es amich de tals libres, me ha paregut ferho a saber a V. S., perque si li parra, scriure a Barcelona a mestre Nunnez ...

Un códice muy raro y curioso he hallado asimismo en esta biblioteca (O. 405) de un tal Albertano, abogado de Brescia en Italia, que vivía a mitad del siglo XIII. Está dividido en tres libros: 1.°, Comienza: Albertanus. 

De doctrina dicendi et tacendi, filio Stephano. 

En lemosín. In fine sub M.CCXV. (1215) 2.°. También en lemosín, concluye: Explicit liber consolationis et consilii, quem Albertanus, Causidicus Britxensis de Ore S. Agatae compilavit, atque composuit sub M.CC.XLVI. (1246) in mensibus aprilis et madii. Dicat. filio Johanni, qui in arte cirurgiae meditando te exerces. 3.° concluye: Explicit liber de amore et dilectione Dei et proximi, et aliarum rerum, et de forma vitae, quem Albertanus, Causidicus Britxiensis (Brescia) de Ore S. Agatae compilavit ac scripsit, cum esset in carcere Dni. Imperatoris Frederici in civitate Cremonae, in qua possitus fuit, cum esset capitaneus Gavardi ad deffendendum locum ipsum ad utilitatem communis Brixie, anno Domini M.CC.XXX.VIII. de mense augusti, in die S. Alexandri, quando obsidebatur civitas Britxiae ab ipso Imperatore. Fuit directus filio suo Vincentio.

A Dios. Barcelona, etc.

domingo, 26 de junio de 2022

CARTA XXXIV. Memorias eclesiásticas de Peñíscola. monasterio de Benifazá.

CARTA XXXIV.  

Memorias eclesiásticas de Peñíscola: monasterio de Benifazá: su situación y edificios: historia de su fundación: mutilación de la lengua del obispo de Gerona por el rey Don Jayme: causa de esta atrocidad: penitencia impuesta por ella: efecto de ello fue la conclusión, no la fundación del monasterio: catálogo de sus abades.

Mi querido hermano: Viniendo desde Valencia a esta ciudad de Tortosa, quise entrar en la de Peñíscola, más por ver si quedaba alguna memoria del antipapa Luna y sus cosas, que por admirar lo que el arte y la naturaleza hicieron en tan pequeño recinto. lo primero que vimos fue la iglesia de nuestra Señora que llaman ermitana, donde nos dijeron que había una silla del papa Luna; hay allí efectivamente una que en todo caso pudo serlo de quien se llamase así por apodo. En el presbiterio de la misma iglesia nos contaron que estaban enterrados aquellos famosos obispos discípulos de Santiago, que se juntaron en Peñíscola a celebrar un concilio el año 60 de Cristo, y donde los martirizó un prefecto de Nerón llamado Aleto. Los obispos eran Basilio de Cartagena, Eugenio de Valencia, Pío de Sevilla, Agathodoro de Tarragona, Elpidio de Toledo, Etherio de Barcelona, Capito de Lugo, Efrén de Astorga, Néstor de Palencia y Arcadio de Logroño. Gran gloria ciertamente para Peñíscola, si tuviese apoyos. En la misma ciudad se supone martirizado S. Luario, sacerdote, en el año 289. 

Volviendo al papa Luna, vi la iglesia y el refectorio que construyó en el castillo: en la iglesia, que está profanada, se conserva la mesa del altar donde celebraba, y nada más.

En la parroquial está su cáliz: es de plata y harto pobre: tiene un palmo de alto: el cráter,  que no es cónico como en los que regaló a varias iglesias, tendrá como cuatro dedos de altura, y cinco de diámetro. Guárdase  allí mismo como alhaja suya una cruz de cristal guarnecida con adornos góticos: es de cuatro palmos y medio. También creen ser del mismo un lignum crucis colocado en un relicario gótico, de labor muy prolija: mas es sin disputa de su sucesor en el cisma Gil Muñoz, como se ve por el escudo de armas que en él está grabado. En la misma iglesia parroquial, o acaso en la del castillo, fue consagrado obispo de Valencia el papa Calixto III día 21 de Agosto de 1429, seis días después de efectuada la renuncia del dicho Muñoz en la villa de S. Mateo, y extinguido del todo aquel funesto cisma. Hallóse entonces en la misma ciudad el cardenal Pedro de Fox, legado de Martino V, que pasaba a Tortosa al concilio que se celebró el mismo año. 

Entre estas y otras memorias eclesiásticas, que despertó la vista de aquella ciudad, dejamos el buen hospedaje con que el Dr. D. Lorenzo Arbiol, vicario de la iglesia parroquial, nos alivió la pesadumbre e incomodidades de la posada, y partimos para el monasterio de cistercienses llamado de Benifazá. Camínase por las amenas llanuras de Benicarló y Vinaroz hasta el lugar llamado la Cenia, en donde se toma la única entrada que hay para el monasterio, que es un barranco muy quebrado y áspero. (Río Cenia, Senia; Sinia; actualmente hay un pantano.) 

Todo esto aumenta la soledad dal monasterio enteramente desviado de los caminos que cruzan hacia Aragón. Como nuestros viajeros no han querido sufrir la incomodidad necesaria para visitar este desierto, me detendré un poco en hablar de esta casa, y de lo que hay en ella digno de memoria. 

El monasterio está construido en los confines de Aragón, Valencia y Cataluña, en una pequeña llanura coronada de montes, que cierran del todo la vista: dista del 

mar como unas seis leguas, y siete de Tortosa, a cuya diócesis pertenece. Por donde quiera que se salga de él, se encuentra terreno quebrado y montuoso; y los lugares que por allí hay llamados Bellestar (Ballestar), Puebla (Pobla + Pobleta) y Fredes (fred : frío; como Frías en Albarracín), son fundados y establecidos por el monasterio; sin lo cual estarían por consiguiente incultos aquellos montes, y sólo destinados a ser morada de fieras. He sido testigo del bien que hace esta casa a los vecinos de estos lugares, y a los de Boxar (Boixar), Bel, Castell de Cabres y Coracha (Corachar o Coratxar o Coratxà), en todos los que tienen jurisdicción alfonsina. Mas de lo que yo puedo decir en esto, dejó escrito en su Descripción del reino de Valencia nuestro difunto amigo D. Antonio Cavanilles, que recorrió despacio estos montes y barrancos, y pudo observar la escasez con que los trató la naturaleza, y la abundancia con que les acude el monasterio.

El edificio es vario, y hecho en distintos tiempos. La iglesia se comenzó en 1262, y no se concluyó hasta la mitad del siglo XV: está dedicada a nuestra Señora: consta de dos naves en forma de cruz a imitación de la del Císter, como lo manda el ritual de esta orden (a). (a) "Omnes ecclesiae ordinis nostri in honorem B. Mariae dedicatae sunt, et fere in modum crucis constructae, instar ecclesiae cisterciensis omnium matris." (Rit. cist. c. 3.)

De la antigüedad de esta clase de templos tratan Zonaras y Cedreno (in Justino Juniore) Phocas (cap XXVII.) y León Alacio (de templis graecor. recentioribus epist. II n. III. p. 40.) 

La nave principal tiene de longitud 155 palmos valencianos, y 41 de latitud: el crucero 121 palmos de longitud, y de latitud 37. La bóveda es sencilla, sostenida sobre columnas góticas, y de una elevación proporcionada y grandiosa. El coro ocupa el centro de la iglesia, dejando en el testero de ella un pequeño espacio que sirve como de atrio. 

La sacristía principal está detrás del altar mayor; es cuadrada, harto graciosa y suficiente para el culto en esta comunidad, que es como de treinta monjes. Allí vi un cáliz antiguo, que no es de gran mérito. Entre las pocas reliquias es digna de memoria una estola de que usó S. Bernardo. Como en las guerras de sucesión servían estos montes de refugio a los llamados miqueletes, padeció esta casa entre otras calamidades la pérdida de muchas alhajas y otras cosas preciosas que poseía. Otra sacristía hay entrando en la iglesia por el claustro a mano derecha, que es la primitiva; así esta, como toda la parte oriental del edificio, y las paredes de sur y norte del crucero son de piedra, en que es abundantísimo este terreno. El capítulo es de principios del siglo XIV, pieza pequeña de 35 palmos valencianos en cuadro, pero ejecutada con inteligencia y solidez. Del mismo tiempo sería el claustro antiguo, del cual sólo queda una reliquia en la puerta que está en frente del 

refectorio. En todos estos edificios y en los caprichos góticos que los adornan, reina sin embargo cierta sencillez desconocida de los que abandonaron después el único modelo de las artes, que es la naturaleza. La biblioteca está bien cuidada y provista de libros de varia erudición; y lo estará mucho más cuando entren en ella las de algunos monjes doctos de esta casa. Abunda en ediciones raras, señaladamente de libros de humanidades. De los litúrgicos hay un pontificale rom. fol. impreso en Roma por Esteban Plannck año 1497. Es idéntico con el que dije de la iglesia de Gandía.= Missale secundum consuetudinem fratrum ord. cisterc. fol. dos exemplares, edición del siglo XV. Tienen algunos MSS. entre ellos la vida de D. Juan II, rey de Aragón, hijo de D. Fernando el I, escrita por Lucio Marineo Sículo, un vol. f. MS. de aquel tiempo. = Formula novitiorum S. Bonaventurae, en 12.° vit. MS. del siglo XIV. Todavía es mayor el esmero que se ha puesto en el arreglo del archivo, bien clasificado, así por lo que toca a los intereses del monasterio, como en los ramos de erudición antigua. Ambas cosas son obra del P. D. Joaquín Chavalera, monje docto, aunque joven, y singularmente aficionado al estudio de la diplomática, el cual alivió en gran parte mis tareas en recoger los documentos que buscaba. Los más de ellos pertenecen a la fundación y dotación del monasterio, y a los 

insignes sucesos que a ello dieron ocasión. La primera memoria que hay de Benifazá o 

Benihazá, es la donación que de su castillo hizo el rey D. Alfonso II de Aragón a la iglesia de Tortosa en el mes de Abril del año 1195, en la cual se expresa que dicho castillo estaba situado in montana de tres eris. Ahora se dice de tres eres; puédese conjeturar que llamaron así este sitio por ser el confín de tres señoríos (a). 

(a) El uso de la voz herus por príncipe (heres : hereu : heredero) puede verse en un documento publicado por Justo Fontanini (Append. ad antiquitat. Hortae cap. VI. p. 347.). No desdice este sentido de la situación del monasterio, situado en los confines de los reinos de Aragón y Valencia y del principado de Cataluña. Erus por herus en la significación de señor y de padre de familias, se halla en muchos escritores de la buena latinidad, como lo demuestra R. Stephano: de donde se formó erulus usado en la misma acepción, como puede verse en el Glosario de Ducange. 

(N. E. Tossal del rey, si tenían el mismo rey; tozal o toçal dels tres reys, de los tres reyes, en el caso de que hubiese tres reyes colindantes, cosa posible en los reinos de taifas, incluso con varios reyes o reyezuelos al mismo tiempo, como Zeyt Abuzeyt y Zaen en tiempos de la conquista de Valencia por Jaime I de Aragón).

Quedóse el rey con el derecho de percibir la mitad de todos sus frutos, deducidos los diezmos para la iglesia. Sin hacer cuenta de esta donación el rey D. Pedro II dio en 1208 el término de Benifazá con los lugares Valmagraner, Fredes, Rosel y otros adyacentes al noble D. Guillermo de Cervera; Luego que este varón insigne tomó la cogulla en el monasterio de Poblet, dio a aquella casa estos mismos lugares, cuya donación confirmó el rey Don Jayme I estando en Lérida a 14 de Junio de 1229. La queja que sobre esto podía 

tener la iglesia de Tortosa, vino a parar en una concordia que hizo con el monasterio de Poblet a 13 de Agosto de 1233, en que se estableció que el abad de Poblet pudiese edificar en Benifazá un monasterio de su orden sin contradicción por parte de la iglesia. Por Noviembre del mismo año 1233 concedió el rey D. Jayme I su permiso para fundar dicho monasterio, o más bien, confirmando a Poblet la donación de Benifazá, mandó que se fundase allí un monasterio de cistercienses, y que fuese hijo del de Poblet. Tomóse esto con tanto calor, que a fines del año siguiente 1234 se sabe que ya residía el abad 

D. Juan con su convento en una eminencia llamada de santa Escolástica, vecina al actual monasterio que ya entonces se comenzaba a edificar, y adonde se trasladaron los monjes el año 1250. En confirmación de esto he copiado la donación que les hizo el rey Don Jayme de una viña en el término de Tortosa a 11 de Diciembre de 1234. También he copiado la escritura que a 11 de Enero de 1237 hizo la reina Doña Violante (de Hungría), eligiendo para su sepultura el monasterio de Benifazá, quod, dice, dominus rex Jacobus vir noster fundavit pariter et construxit. Agradecidos los monjes a la liberalidad del fundador, otorgaron un público instrumento firmado del abad Gerardo y de cuarenta y tres individuos del monasterio, en que haciendo memoria de los beneficios recibidos de su mano, ofrecen corresponderle con sufragios y oraciones, y hacer en el día de su muerte los oficios establecidos para el abad (a: Existe original este documento de 1.° de Enero 1251 en el archivo real de Barcelona.) 

Me he detenido en esto para que se vea la equivocación con que algunos escritores han atribuido la fundación de este monasterio a la penitencia impuesta al rey Don Jayme I por haber mandado cortar la lengua al obispo de Gerona D. Fr. Berenguer de Castellbisbal (N. E. castrum episcopalium). Porque no habiendo acontecido esto antes del 1245, como diré después, consta que aquel suceso no pudo tener influjo en la fundación de esta casa, la cual hizo aquel monarca espontáneamente y por su gran devoción y afecto a la de Poblet. Otra cosa es la conclusión del edificio y la nueva dotación del monasterio; que esto ciertamente fue efecto de aquel ruidoso acontecimiento, ajeno de verdad para unos, y dudoso para otros así en el tiempo como en la causa de él. Y aunque yo no he hallado aquí los documentos originales que a esto pertenecen; mas hay copia auténtica de todos ellos, de los cuales resulta ser esta la serie del hecho. Enojado el rey D. Jayme contra el obispo de Gerona, porque sospechó que había revelado lo que le comunicó en la confesión sacramental; no contento con desterrarle del reino, le mandó cortar parte de la lengua. Llegó al papa Inocencio IV la noticia de esta atrocidad, y juntamente una carta del rey en que le pedía la absolución del delito, y que al mismo tiempo confirmase el destierro del obispo. El papa contestó al rey con fecha de 22 de Junio de 1246, exhortándole a borrar el delito con la penitencia, a desistir del destierro del obispo, y a dar pública satisfacción de su exceso. Esta carta dicen que trae Odorico Raynaldo (tomo XIII.). Parece que envió el papa con ella a su penitenciario Fr. Desiderio, de la orden de los menores, para que con sus exhortaciones se lograse el efecto deseado. Desempeñó el enviado su comisión con tan buen suceso, que a 5 del Agosto siguiente, ya hizo el rey una escritura pública, en que confesó haberse excedido gravemente en el hecho de la mutilación de la lengua del obispo; y protestó que pediría perdón al ofendido, y que en orden a su permanencia en estos dominios, y aun en su silla de Gerona, haría lo que dispusiese el papa, y que se sujetaría a su voluntad en orden a la satisfacción que debía dar para reparación del mal, que era, o edificar un hospital, o completar la abadía de Benifazá, o el hospital de S. Vicente en Valencia, o señalar algunas rentas a la iglesia de Gerona. Y para que nadie creyese que estaba enojado contra la orden de predicadores, la cual había profesado aquel obispo, promete visitar todos los conventos por donde pasare, y hacer público su afecto en las cortes generales que pensaba convocar, donde también mostraría a todos los vasallos su arrepentimiento. Esta protesta dice que hacía a instancias de dicho Fr. Desiderio (a: V. el Apénd. n. XVIII). 

Con la misma fecha de 5 de Agosto escribió al papa Inocencio por mano del mismo Fr. Desiderio y de D. Arnaldo de Peralta, pidiéndole con instancias la absolución. Acaso el papa debió aprovecharse de esta ocasión para proponer al rey algunos tratados poco favorables. Lo cierto es que el rey le dice: et propter hoc factum vobis non placeat quod illa ardua negotia, quae coram nobis dictus frater (Desiderius) proposuit, hac ratione veniant ad effectum. También le dice que a algunos habían parecido muy ásperas y duras las expresiones de S. S.; pero que él recibía aquella corrección como un favor (a: V. el Apénd. n. XIX). Contestó luego el papa, con fecha de León a 22 de septiembre, año cuarto de su pontificado (1246), avisándole de que le enviaba al obispo camerinense y al mismo Fr. Desiderio para que le absolviesen de la excomunión, y le impusiesen penitencia saludable (b: V. el Apénd. n. XX). Llegaron luego estos enviados a Aragón, y el día 14 de Octubre del mismo año, juntándose en Lérida con el arzobispo de Tarragona y los obispos de Zaragoza, Urgel,  Huesca y Elna, y los barones y nobles del reino, y otros muchos, compareció el rey D. Jayme; el cual después de confesar el delito cometido contra el obispo de Gerona, prometió con juramento obedecer a los mandatos de la iglesia, y en penitencia concluir la abadía de Benifazá que había comenzado, dando además a la fábrica de aquella iglesia doscientos marcos de plata, y dotando el monasterio para que pudiese haber en él cuarenta monjes, no habiendo mantenido hasta entonces sino veinte y dos. Prometió también dotar el hospital de san Vicente en Valencia con seiscientos marcos de plata anuales para sustento de algunos sacerdotes; y además fundar una capellanía en la iglesia de Gerona. Todo esto consta de la carta del rey al papa, fecha en Lérida a 18 de octubre del mismo año, y de la absolución y auto final de este negocio que dieron Felipe, obispo camerinense y el dicho Fr. Desiderio (a: V. el Apénd. n. XXI y XXII.).

De todo lo dicho resulta que el hecho de la mutilación de la lengua fue a los principios del año 1246; y por consiguiente no pudo recaer la ira del rey contra el obispo sobre la sospecha de que revelase sus amores con Doña Teresa Gil de Vidaure, cosa que fue posterior, como era fácil de probar, si fuese este mi principal objeto. Lo más verosímil es que el rey creyó que el obispo había descubierto la división que meditaba hacer de sus estados entre sus hijos, lo cual ocasionó algunos disturbios; y esto fue en ese año 1246. 

Pero dejando esto, y volviendo a Benifazá, cumplió el rey D. Jayme lo prometido, concluyendo la fábrica del monasterio, y dotando particularmente la de la iglesia con 1730 morabatines. Dos escrituras hay de esto en 1259 y 1272, cuyas copias van para la colección, como también las otras en que el monasterio de Poblet puso al de Benifazá en posesión pacífica de todas sus pertenencias.

No se halla en este monasterio noticia alguna de sus abades. Sábese que cuando el P. M.  Finestres escribía la historia de Poblet, se le envió inconsideradamente el catálogo original de los abades de esta casa. Así que para completar su historia copiaré de dicho escritor la  serie cronológica de estos prelados, apuntando el año en que comenzaron su gobierno, y notando al pie algún hecho digno de memoria. Es de advertir que estas abadías fueron perpetuas desde la fundación hasta el año 1554, en que por evadir los apremios de la curia romana para el pago de bulas, se logró que fuesen trienales, y así duró hasta 1620 en que pasaron a cuatrienales (quadrienales), como lo son ahora. 

Abades del monasterio de Benifazá.

Principio de su gobierno.

1233. D. Juan. 

1241. D. Arnaldo.

1248. D. Guillem de Almenara (a: Este mudó el monasterio desde la casa de santa Escolástica al sitio actual.)

1250. D. Pedro Juliá (b: A este abad disputaron los Hospitalarios la posesión del lugar de Rosell, que les había dado el rey D. Jayme. De este litigio y de cómo le perdió el monasterio, se hace mención in VI. Decret. tit. XVII. cap. 3. Abbate sane; y aún quedó el proverbio: propter malum consilium perdidit abbas Rosillium.)

1254. D. Berenguer. 

1255. D. Arnaldo de Mantesana.

1260. D. Guillem Savartes

1262. D. Berenguer de Concabella (c).

(c) Puso la primera piedra en la fábrica de la iglesia mayor a 15 de agosto de 1262.

1283. D. Guillem.

1289. D. Pedro Vilarnau.

1294. D. Ramón Bernat. (El autor escribe Ramón, mención, etc, sin tilde)

1300. D. Berenguer de Beltall.

1305. D. Ramón Company.

1311. D. Ponce de Copons (a: Hizo el aula capitular).

1316. D. Bernardo Pallarés (b: Enviaron a este prelado el rey D. Jayme II y el obispo de Valencia a citar y requerir al maestre de Calatrava para que viniese a Valencia a fundar la orden de Montesa, conforme a lo dispuesto por el P. Juan XXII. Fue esto en 1319; y logró que se diese comisión al comendador de Alcañiz para que se efectuase la fundación de dicha orden).

1347. D. Guillén Llonc.

1359. D. Pedro Torres.  

1379. D. Bernardo Fabregat. 

1387. D. Bartolomé de Llardanosa (c: En 1389 pasó a ser abad de S. Bernardo de la huerta de Valencia, que ahora es el convento de S. Miguel de los Reyes).

1389. D. Bartolomé Llombart.

1408. D. Pedro Saraxo (d: A este abad nombró el rey D. Martín capellán de la reina Doña María de Luna su esposa).

1413. D. Bernardo Ripoll.

1425. D. Gilberto Dezbrull. (D'Es Brull) 

1430. D. Bernardo Llorens. 

1468. D. Juan Llorens. 

1485. D. Bernardo Llorens.

1518. D. Cosme Juan Daroca.

1532. D. Gerónimo Sanz (a: Era natural de Xátiva, y muy insigne en santidad y literatura. De esto último dejó varias muestras en los libros que imprimió. Lo más memorable de este abad es que hallándose apremiado por los curiales para el pago de las bulas, trabajó para reducir esta abadía de perpetua en trienal. Logróse la bula a 22 de mayo de 1555. Sin embargo se anticipó la elección del siguiente). 


Abades trienales. 

1554. D. Juan Barberá (b: Este fue reelegido por ocho trienios consecutivos; y fue el primero elegido diputado eclesiástico en el reino de Valencia, oficio que sólo obtenía el arzobispo). 

1579. D. Melchor Barberá. 

1583. D. Crisóstomo Carnicer. 

1586. D. Juan Gisbert. 

1604. D. Jayme Talarn. 

1608. D. Felipe Bono (c: De este prelado es la concordia en que se estableció que el abad de Benifazá tenga silla y distribución en el coro de Tortosa). 

1608. D. Andrés Cabrera. 

1611. D. Pablo Beltrán. 

1614. D. Andrés Cabrera. 

1617. D. Pablo Beltrán (a: Esta fue la última abadía trienal. Erigida luego la congregación cisterciense de la corona de Aragón, se sustituyeron las cuatrienales, como se mandaba en la bula de Paulo V). 


Abades cuatrienales. 

1620. D. Andrés Cabrera. 

1624. D. Agustín Valls. 

1628. D. Pedro Piquer.

1632. D. Teófilo Beltrán. 

1636. D. Miguel Font.

1640. D. Agustín Valls.

1644. D. Tomás Capellades. 

1648. D. Benito Caldero.

1649. D. Pedro Piquer. 

1651. D. Francisco Marqués. 

1656. D. Damián Ferrer. 

1660. D. Francisco Marqués. 

1664. D. Roberto Cavaller.

1667. D. Josef Antolí. 

1668. D. Damián Ferrer. 

1672. D. Josef Antolí. 

1676. D. Damián Ferrer.

1677. D. Gerónimo Corder. 

1680. D. Josef Antolí. 

1684. D. Agustín Llorens.

1688. D. Josef Domenech. 

1692. D. Francisco Castell.

1696. D. Roberto Forner. 

1700. D. Jayme Segarra.

1704. D. Gregorio Oliver. 

1708. D. Roberto Forner. 

1712. D. Edmundo Reverter.

1716. D. Francisco Castell. 

1720. D. Josef Lluch. 

1724. D. Bernardo García.

1729. D. Tomás Covarsi. 

1732. D. Francisco Castell. 

1736. D. Vicente Pascual.

1740. D. Plácido Lanuza.

1744. D. Francisco González.

1748. D. Manuel Ferrer (a: Hasta aquí llega el catálogo del M. Finestres. Los restantes me ha comunicado el P. Fr. Joaquín Chavalera, monje y archivero de Benifazá).

1752. D. Francisco González. 

1756. D. Luis Antonio Aiguavives.

1760. D. Manuel Ferrer. 

1764. D. Miguel Climent. 

1766. D. Luis Antonio Aiguavives. 

1768. D. Roberto Turull. 

1772. D. Miguel Sanz. 

1776. D. Esteban Ruiz. 

1780. D. Jayme Jassá. 

1784. D. Juan Bautista Gil. 

1788. D. Josef Vilanova. 

1792. D. Josef Piera. 

1796. D. Fernando Aiguavives. 

1800. D. Felipe Vilanova. 

Dios te guarde. Benifazá &c. 

lunes, 6 de junio de 2022

Tomo 4, CARTA XXVII. cárcel, San Vicente mártir,

CARTA XXVII. 

Cárcel de S. Vicente mártir en Segorbe. Carta del Obispo D. Juan Bautista Pérez al Prior de los padres dominicos de Castres en Francia, sobre el paradero de las reliquias de este Santo: iglesia antigua y hospital de S. Vicente en Valencia: cárceles y lugares de su martirio: pontifical antiguo que se conserva en esta iglesia de Segorbe. 

Mi querido hermano: Hay en esta ciudad en una casa de la calle que llaman del Mercado, un oratorio donde se cree haber estado como en depósito S. Vicente mártir cuando le conducían desde Zaragoza a Valencia. Ciertamente si se considera la situación de Segorbe en el camino recto de una a otra capital, parece esta tradición harto verosímil. Mas no lo es tanto, si atendemos a lo distante de esta época, habiendo mediado cuatro siglos de dominación mahometana, y también a que esta casa está fuera de los muros antiguos de la ciudad, donde aun cuando estuviera edificada, no es regular que depositaran, aun de tránsito, a un preso de tanta consideración; quiero decir, a un confesor de la fe, que con tanto esfuerzo se opuso a la impiedad de los edictos imperiales. He procurado también reconocer la pared y los agujeros donde dicen haber estado las argollas y las cadenas, y hallo que es tapia de poca consistencia. No es mi ánimo despojar a esta ciudad de la gloria de haber sido ennoblecida con la presencia de tan ilustre Mártir. Por lo mismo quisiera haber hallado alguna noticia de esto entre las exquisitas apuntaciones del señor Pérez; mas no la hay en medio de la gran diligencia que puso aquel docto prelado en apurar las actas de su martirio, y señaladamente el paradero de sus santas reliquias. Copiaré aquí una carta suya dirigida al prior del convento de mi orden de Castres, diócesis de Albi, en que le pide copia de la relación que escribió el monje Ammonio (a: Este opúsculo de Aimonio le publicamos en el Apénd. n. I. de un cod. de la santa iglesia de Barcelona.) sobre la traslación del cuerpo del Santo a aquella casa; cuya sentencia prefiere a la del Cabo de S. Vicente y Lisboa. La carta está en uno de sus volúmenes, que son actas de los santos españoles, y dice así: Admodum Rdo. Domino Priori monasterii ordinis Praedicatorum oppidi Castri in dioecesi Albiensi, ubi Sancti Vincentii martyris corpus requiescit: Joannes Baptista Perez, Episcopus Segobricen. salutem. 

“Noli mirari, pater religiosissime, quod ignotus tibi homo, et tantis terrarum spatiis disjunctus, beneficium a te petere ausim; charitas enim Christi absentes etiam copulat, et in ejus obsequium quoquo versus facilem sternit viam. De tuam vero benignitate, et pietate dubitare non possum, quin cum tantae religioni, et ecclesiae beati Vincentii praepositus sis, ejus quoque martyris gloriam ubique vigere, et quam latissimè patere cupias. Patria mihi est Valentia, urbs Hispaniae citerioris clarissima, in qua olim Divus Vincentius levita hispanus tempore Diocletiani imperatoris sub Datiano praeside nobile subiit martyrium. Nunc autem, Deo sic volente, praepositus sum ecclesiae Segobricensi, quae unius diei itinere ab eadem urbe Valentiam abest. Itaque cum ecclesiasticae historiae cognoscendae causam martyrum Hispanorum res gestas studiosè legerim, fateor, vel amore patriae, vel meam erga D. Vincentium reverentiam ductus, libentissimè legi quaecumque de hoc clarissimo martyre litteris mandata reperi. Sed de ejus corporis translatione dubiam apud nostrates quaestionem esse animadverti, nec satis hactenus explicatam. Nam omnes quidem fatentur eo tempore, quo Hispania penè tota a sarracenis fuit occupata, delatum fuisse a christianis corpus S. Vincentii ex urbe Valentiam in alias terras; sed de loci tamen nomine litigant. Quidam enim tradunt sacrum corpus nostri Vincentii anno Christi octingentesimo quinquagesimo quinto ab Audaldo monacho, et altero ejus socio translatum, in monasterium nomine Castrum, tunc ordinis Benedictini, dioecesis Albiensis. Quam narrationem summatim continet Aimoinus antiquus gallorum historicus libro 5. cap. 20., et breviaria item Valentina praedicant. Quin et ego ipse ante triginta annos incidi in libellum veteris impressionis Ammonii monachi de hujusmodi translatione, cujus exemplum, vel impressum, vel manuscriptum non dubito apud vos esse, cum hujus sancti corpus tunc ad vos delatum habeatis. Sigebertus autem historicus anno 970 ait: corpus Sancti Vincentii levitae martyris, quod olim a duobus monachis ex Hispaniam in urbem Italiae Capuam (Capua) perlatum fuerat, et ex Capuam Cordunum, tandem a Corduno translatum in urbem *Metense operam Theodorici Metensis episcopi, hoc ipso anno 970; nisi forte alius, Vincentius martyr hispanus hic sit, nam *constat ejusdem nominis plures fuisse. *Aliam vero ex nostratibus, in primis autem *lusitani, contendunt nostri Vincentii corpus anno fere 760 ex urbe Valentiam relatum in  promontorium Hispaniae sacrum, quod vergit ad occidentem, et ibi anno 1173 ab Alphonso rege Lusitaniae repertum, translatum esse in urbem Olisiponem, ubi dicunt hodie religiosè coli. Id probant non modò ex suis historiis, sed testimonio etiam, antiqui historici Rasis sarraceni. Quin etiam Robertus Abbas montis, qui ante quingentos annos scripsit, in additionibus ad Sigebertum, anno 1184, cum utramque opinionem, et Ammonii, et lusitanorum retulisset, neutram ausus est definire. Auget verò magis hujusmodi dubitationem quod apud Laurentium Surium legitur in vitam Sancti Domnoli episcopi Cenomanensis, qui vixit circa annum 570 (interfuit enim secundae synodo Turonensi) caput Sancti Vincentii martyris ab eodem Domnolo positum fuisse in ecclesiam urbis Cenomanensis, quae nunc vulgo Lemain dicitur, quod de nostro Vincentio dictum intelligit Caesar Baronius in martyrologio; et praeterea quod Caesaraugustae in Hispaniam ejusdem Sancti Vincentii bracchium religiosè ostendunt. 

Ego quidem multis causis, quas commemorare longum esset, adducor ut credam corpus nostri martyris Valentini apud vos potius esse. Id ut apud nostrates confirmare possim, te, pater religiosissime, obsecro, ut si forte eum libellum Ammonii, vel historiolam translationis beati Vincentii apud vos habetis, quae vix erit trium foliorum, non ex breviariis, sed ex lectionariis longioribus fideliter describi, et ad me mitti vestra paternitas curet. Faciet in eo non mihi modò, sed ipsi sancto martyri rem, ut spero, gratissimam. Nam in ejus gloriam libellum ipsum, ne iterum pereat, typis mandari cupio. Poterit autem suam ad me epistolam dirigere in Hispaniam in urbes vobis proximas, vel Barcinonem, vel Urgellum ad reverendissimos dominos episcopos Barcinonensem, vel Urgellensem; vel si maluerit, in curiam Philippi Hispaniarum regis catholici ad Petrum Franquesa, regium secretarium; inde enim ad me certò perferetur. Deus optimus maximus paternitatem vestram diu servet sibi incolumem. Segobricae die 20 Januarii 1594.”

Hasta aquí el señor Pérez, cuya carta es regular que despierte en ti el deseo que mostrabas otro tiempo de saber lo que pertenece a la iglesia antigua de S. Vicente mártir de Valencia, su renovación y destino en los tiempos de la conquista; item a las cárceles que santificó en aquella ciudad. Mis ocupaciones no me han permitido hasta ahora satisfacer tus deseos: ni aun hoy lo pudiera sin distraerme mucho de lo principal, a no tener a mano copia de lo que sobre estos artículos dejó escrito el P. Fr. Josef Texidor en sus Observaciones sobre las antigüedades de Valencia (Lib. IV y V). 

Su trabajo aliviará el mío en esta parte, contentándome con hacer un extracto de su larga narración. Dice pues este escritor que la iglesia a que fue trasladado el cuerpo de S. Vicente mártir desde el lugar donde le había depositado la piadosa mujer llamada Jónica, fue construida extramuros de la ciudad de Valencia. Así consta expresamente de las actas de su martirio (a), que publicaron Bolando, Ruinart y el Maestro Flórez (Tomo VIII de la España sagrada pág. 231.) 

(a) Cessante perfidorum crudelitate, ac fidelium crescente devotione, beatissimus martyr ad sepulturae honorificentiam inde levatus, dignam cum reverentiam deportatur, et sub sacro altari extramuros ejusdem civitatis Valentiae ad quietem reponitur. (Act. mart. S. Vincentii in fine.) De esta iglesia debe entenderse lo que dice A. Prudencio en el himno V. (Passio S. Vinc. M.) Sed mox, subactis hostibus, Jam pace justis redditam, Altar quietem debitam Praestat beatis ossibus. Y el Corratense (Vit. et Pass. B. Vinc.) Cessante autem persequutione, ad basilicam est translatum, et ibi honorificè est sepultum. 

Contra este testimonio tan decisivo nada vale el dicho del Doctor Agustín Sales, que en su Historia del santo sepulcro afirma que aquel santo cuerpo fue depositado en la iglesia de este nombre dentro de la ciudad. Prudencio y Adón Vienense, sobre que apoya Sales su dicho, nada dicen que le favorezca; sólo refieren sencillamente que el cuerpo fue depositado en una basílica. Adón señala el tiempo de su construcción, que fue cessante perfidorum crudelitate, et fidelium crescente devotione, lo cual se debió a Constantino Magno en el siglo IV. Es regular que esta antiquísima iglesia experimentase la misma suerte que las demás de España en la terrible persecución de Abderramen (Abderramán) en el siglo VIII. Los cristianos salvaron de su furor las reliquias de nuestro santo, conduciéndolas al promontorio o cabo de S. Vicente, como escribe Flórez. En Valencia prevaleció por algun tiempo la opinión de que fueron llevadas a Castres, pueblo de Francia, en la diócesis de Albi. A lo menos en el archivo de esta ciudad (Tomo V de Cartas) se conserva la que escribieron los Jurados a Clemente VII, fecha a 14 de Mayo de 1394, pidiendo alguna reliquia de este insigne mártir, cujus corpus venerandum, dicen, a praefatam urbe olim subtractum, nunc apud monasterium Fratrum Praedicatorum civitatis Castren. de Albages, Tolosanae provinciae (Toulouse), requiescit.

Debieron reedificar luego los cristianos la iglesia destruida; puesto que en el año 1172, cuando el rey D. Alfonso II de Aragón entró con su ejército por el reino de Valencia, una de las condiciones que asentó con el rey moro Mahomat Aben Lop, fue que quedase por el conquistador dicha iglesia con todos sus diezmos y derechos, el cual luego hizo donación de ella a Dodón, abad del monasterio de S. Juan de la Peña, como puede verse en la historia de Briz lib. I. cap. 57. Continuó este monasterio en la posesión de dicha iglesia hasta el año 1232, en que el rey D. Jayme I hallándose en Monzón la dio al abad Don Arnaldo y a su monasterio de S. Victorián, como consta de la real carta, fecha a 19 de Marzo de aquel año, la cual existe copiada en un libro en pergamino del archivo del priorato y casa de S. Vicente de la Roqueta. Durante el sitio de Valencia celebró en esta iglesia la primera misa el obispo de Segorbe D. Ximeno, como ya insinué en las cartas anteriores (Carta XIX. t. III. pág. 44.).

Conquistada la ciudad, reedificó el dicho rey la iglesia y monasterio en el mismo sitio que la antigua, y en frente de ella construyó un hospital, al cual dotó con el castillo y villa de Quart, y con la alquería llamada Ladera, cerca de Valencia, y con el diezmo de toda la renta real de la sal y pescado de la albufera, queriendo que el hospital cobrase estos diezmos antes que el rey y cualquier otra persona; de cuya gracia se dio posesión a Fr. Bernardo, prior de S. Vicente, por el abad y monasterio de S. Victorián. Dotóle además con 600 marcos de plata anuales, y más adelante le dio la villa de Castellón de la Plana y el Señorío del castillo de Montornés, con la obligación de que el prior gastase en servicio de su hospital 6500 sueldos cada un año. 

La distancia de esta casa de la de San Victorián pudo ocasionar alguna relajación en los monjes, y acaso por esta causa, u otras que ignoramos, se vio precisado el mismo rey a procurar la reforma de su establecimiento, haciendo donación de todo a la orden de nuestra Señora de la Merced. La escritura, fecha en Zaragoza a 30 de Septiembre de 1255, existe en el convento de Santo Domingo de Valencia, y de ella es la copia que publicó el Maestro Ribera en su Centuria I. p. 172. Reclamando este hecho el despojado monasterio de S. Victorián, volvió a recobrar la posesión de dicha casa por sentencia dada en 1259. Más adelante vino a ser del monasterio de Poblet en esta manera. Había mandado el rey D. Jayme I que a este monasterio se diese la villa de Piera en recompensa de otros cinco lugares que de él había recibido. Cumplió su voluntad el rey Don Alonso III, con la condición de recobrar esta villa, si pareciese oportuno, dándole en cambio otros lugares. Verificóse esto hacia los años 1286, cediendo a Poblet en recompensa de Piera la casa y priorato de S. Vicente. La resistencia que sobre esto hicieron los de S. Victorián, paró al cabo en la concordia que trae Briz (ibid.), donde se podrán ver las indemnizaciones que se dieron a S. Victorián. Desde esta época, que fue el año 1289, quedó la iglesia y casa de S. Vicente por el monasterio de Poblet. En el día ya no se ejercita en ella la hospitalidad desde que se agregaron al hospital general las rentas de los particulares; y así desde el año 1512 hasta nuestros días paga la casa de S. Vicente de la Roqueta al hospital general cincuenta libras cada año, aunque reducidas al tres por ciento, en memoria y prueba evidente de la obligación que en esta parte tenían los poseedores de aquella casa.

Esto por lo tocante a la iglesia antigua de S. Vicente mártir. En cuanto a los lugares que santificó con su martirio este célebre confesor de la fe, el más insigne en aquella ciudad es el actual convento de religiosas de santa Tecla, o porque allí estuvo el palacio del presidente Daciano, como escribió Jordán (Hist. de la prov. de Aragón de la orden de S. Agustín, tom. 2. pág. 292.), o por haber sido el tribunal de justicia, como creen otros. Lo cierto es que pocos años ha se conservaba entera la escalera por donde subieron los dos compañeros S. Valero y S. Vicente a oír la sentencia del tirano, y la sala también donde se pronunció. Pero siendo intendente de aquella ciudad el caballero Pineda, habiéndose hecho en el convento la nueva fábrica en la parte que cae a la calle de Ribelles, se mudó a esta el torno que estaba en el lienzo opuesto, y para aprovechar su terreno se derribó la escalera, de la cual sólo quedan ocho escalones, los cuales adornan las religiosas con flores y luces el día del santo Mártir. Consérvase también dentro de la iglesia el calabozo en que Daciano le mandó encerrar en el centro de una torre, del cual habla la tercera antífona de laudes del breviario de la iglesia de Valencia, impreso en 1533: hinc horrendo carceris clausus ergastulo Dei athleta, Angelorum venerando fovebatur obsequio, et mulcebatur alloquio, todo conforme a lo que consta de las actas y del himno de Prudencio. Hay en él una estatua de mármol que representa al Santo sentado y con cadena al cuello, la cual con todos los demás adornos costeó el arzobispo D. Fr. Isidoro Aliaga. En esta iglesia hace estación la procesión general, que ya estaba en uso en el siglo XIV, como consta del Manual de Consejos de dicha ciudad del año 1343 señalado con el número 4. fol. 284. Otra cárcel del Santo se conserva junto a la catedral en ia casa que llaman del chantre o capiscol, y fue la primera en que le depositaron, como dijo S. Vicente Ferrer en el sermón de este mártir, y se lee en las lecciones de su oficio, que imprimió en Valencia Juan Alberto en 1589. Esta cárcel se halla en el día debajo del pavimento; llámanla el horno por su figura, que en todo representa un horno de los del día. En tiempo del Santo estuvo al piso de la calle y casa, como lo indica la columna de piedra que está delante de la boca del horno, y arranca del pavimento más bajo. En las inmediaciones se han hallado también cocinas y otros departamentos subterráneos que comprueban lo mismo. En la plaza que llamaban de la higuera, que ahora es el sitio del convento de santa Tecla, padeció S. Vicente todos sus martirios. Beuter, Escolano y otros suponen que el Santo fue arrastrado por la calle que ahora dicen de campaneros a la casa del chantre, y que en memoria de esto el rey D. Jayme I, conquistada la ciudad, mandó enlosar con losas azules todo este tránsito, y el vulgo añade que estas mismas losas sirvieron después para pavimento de la catedral. La verdad es que el piso de esta iglesia es obra del arquitecto Pedro Compte, hecha en el año 1486. Lo demás es incierto y sin fundamento, Baste de noticias pertenecientes a S. Vicente mártir. 

Y pues me queda tiempo, añadiré la descripción de un códice pontifical MS. en pergamino en 4.°, incompleto, que guarda esta santa iglesia de Segorbe en su archivo. Creo que sea extranjero, y acaso romano, porque al principio de algunos títulos añade: secundum usum rom. ecclesiae, y también por la uniformidad que guarda con el pontifical moderno, aunque añade y quita algunas cosas. Pone también sobre cada materia algunas decretales y cánones de varios concilios; entre los cuales hay muchos de los toledanos. Acerca de su antigüedad, examinados algunos puntos y ritos que prescribe, digo que es cuando menos del siglo XIII. Primeramente porque antes de la consagración del obispo pone todavía el escrutinio llamado serotino, que se hacía en el atrio de la iglesia, sábado por la tarde, víspera del día destinado a la consagración; en el cual se manda, como ya vimos en el hallado en Valencia, que el arcediano de la iglesia, que eligió a su pastor, le presente al consagrante &c. Es notorio que este examen cesó cuando tuvieron fin las elecciones de los cabildos por las reservas apostólicas; y así en un pontifical romano impreso en 1503, que vi en la colegial de Gandía, se dice que se omite la rúbrica de este examen como cosa superflua, puesto que los obispos o eran elegidos o confirmados por el papa. La época de estas reservas en España es de mediados del siglo XIV, y en Italia de mucho antes. Suponiendo pues este códice ambas prácticas, la elección del clero y el examen serotino, debemos darle la antigüedad que dije. Otra prueba de esto más decisiva es, que entre las preguntas que debe hacer el obispo en el sínodo diocesano para averiguar la conducta de sus ovejas, la señalada con el número 54 dice así: Est aliquis qui non communicet vel tribus temporibus in anno, id est, in Pascha, Pentecosten, et natale Domini &c.? 

Aquí se ve la práctica de la comunión eclesiástica en los tres tiempos del año: ley que sólo rigió hasta el concilio Lateranense IV en 1215, en el cual se estableció el nuevo precepto de la comunicón sólo en la Pascua; por donde se convence ser este códice anterior a aquella época, no habiendo causa para suponer que obligasen a más de lo establecido por dicho concilio. Le tengo por romano, porque además de lo expuesto en el rito de consagraciones y exámenes &c., donde los códices españoles introducen preguntas y respuestas en boca del metropolitano, este libro las pone en boca del domnus apostolicus. He copiado de él algunas curiosidades y variantes: tal es un himno que debía cantarse durante la consagración del altar en alabanza de la Jerusalén celestial, en el cual se aplica a cada una de las piedras de que se componen las puertas, un orden de bienaventurados. Llama muchas veces camputa al báculo episcopal, en vez de cambuta (p : b) o cambuca o gambutta, que se hallan frecuentemente en los escritores eclesiásticos posteriores al siglo VI (a). 

A Dios. Segorbe &c.

sábado, 4 de marzo de 2023

CARTA CXLI. Poblet, Scala Dei, Escornalbou

CARTA CXLI.

Viaje a Poblet: noticia de algunos códices de su biblioteca y de una Biblia del siglo X. Situación del monasterio de PP. Cartujos de Scala Dei; su fundación, fábrica, códices: pruébase que el Tostado fue aquí novicio. Noticias del Patriarca Alejandrino Don Juan de Aragón. Industria de los Catalanes en los montes llamados el Priorato. Viaje a Escornalbou: su situación, edificios, origen de este nombre.

Viaje a Poblet: noticia de algunos códices de su biblioteca y de una Biblia del siglo X.

Mi querido hermano: Digamos algo hoy del resto de mi expedición por los monasterios de esta diócesi, la cual concluí antes de ayer. De Santas Cruces pasé a Poblet, donde sobre la afabilidad y literatura del actual Abad el M. Iltre. señor Don Fr. Joaquín Casanoves (Casanovas), y el buen trato y urbanidad de los demás religiosos: sobre la grandeza de los edificios, su antigüedad y adornos, en que irresistiblemente se ceba la curiosidad de los forasteros: sobre todo esto, digo, disfruté de una ventaja muy propia mía, y es que apenas tuve que trabajar para desempeñar el objeto de mi viaje. Porque ya un sabio individuo de esta casa había prevenido nuestras ideas e intención, publicando todos los documentos históricos pertenecientes a la fundación, dotación, privilegios y cuanto la historia puede desear de ella. Añadió además una descripción exacta de todos los edificios, entierros, ornamentos, reliquias, Abades y varones ilustres: de modo que sería una importunidad notoria, y un moler al público, y un acta agere el querer repetir, ni aun extractar lo que en cinco tomos en 4.° publicó el P. Mtro. Fr. José Finestres, que es el que decía, ¡Ojalá todos los monasterios de España tuviesen su historia tan menudamente escrita y certificada con los documentos al canto! Con la suya hizo ver el P. Mtro. Finestres que este monasterio es por todos respetos el Escorial de la corona de Aragón. Sólo le faltó acreditarle de tal en la parte literaria, y pues refirió hasta las semínimas de la casa, pudiera, siendo como era tan literato, haber dicho en particular de la famosa librería que con otras muchas alhajas regaló al monasterio en 1673 el Excelentísimo señor Don Pedro de Aragón, hijo de los Duques de Cardona. Algo de esta falta, que es lo grande para la literatura, supliré yo apuntando brevemente algunas de las curiosidades literarias que allí hay.

A la preciosidad de la estantería toda de ébano, cerrada con cristales y a la uniformidad de las buenas encuadernaciones corresponde la importancia de los códices que contiene, los cuales no son de grande antigüedad, aun los Padres y Poetas griegos y latinos e historiadores, que por lo común son manuscritos italianos del siglo XIV y XV; mas con todo merecen particular memoria los siguientes, que apuntaré conforme vinieron a mano, y son: Las obras de Píndaro en griego, con comentarios en el mismo idioma. = La Liturgia de San Juan Crisóstomo toda en griego. = Un vol. fol. ms. del siglo XIV que contiene: S. Basilii Exameron, S. Augustini Retractationes, el librum de Natura et gratia, S. Hylarii Pictaviensis de Synodis, Origenis Periarchon interprete Ruffino, y Pamphili Martiris Apologia pro Origine. = Del mismo tiempo es: S. Ambrosii de Officiis libr, III y de Morte Satiri fratris sui. = Claudiani de Raptu Proserpinae, et S. Basilii libellus ad Nepotes, a Leon. Aretino translatus. = Senecae Epistolae, con todas sus obras en italiano. = Las mismas traducidas en español por Pedro Díaz de Toledo, de orden del Rey Don Juan II de Castilla y de León: versión de que habla Nicolás Antonio. = Virgilii et Catulli opera. = Las Coplas de Juan de Mena, excelente manuscrito del siglo XV. = Poesías de Don Diego Mendoza y Pedro de Villalva: parecen de principios del siglo XVII, de las cuales no hay memoria en nuestras bibliotecas que yo sepa. = Julii Frontini opera, con la añadidura de dos discursos, 1.° Sopra li seggi di Napoli, por Aniello Pacca, y el 2.° por Antonio Feltri sobre lo mismo. = Las obras de Tito Livio, Floro, Sexto Rufo. = Compendio dell' historie Romane ricavato da diversi autori, anónimo ms. fol. vit. 1420. = Facta et dicta memorabilia Regis Alphonsi ab Antonio Panhormita collecta. = Vidas de los Maestres de la religión de San Juan de Malta, anónimo. = La Crónica en lemosín de Montaner y Desclot; al fin dice: Aquest libra sa acaba an layn que hom conta de la Nativitat de nostre Senyor ver Deus del ayn de M.CCC.LIII (1353) disapte á XX del mes de juyol. = Crónica de los Reyes Católicos por Nebrija, traducida al español por un anónimo. = Sexti Julii Frontini Strategemata, y el Valerio De rebus memorabilibus. = Crónica del Rey Don Enrique IV de Castilla; comienza: Nasció este Rey Don Enrique en la villa de Valladolid. Su autor es Diego Henríquez del Castillo: otro ejemplar manuscrito he visto en la biblioteca de los PP. Franciscanos de Tarragona, que fue del señor Foguet. = Antigüedad y grandezas de la villa de Alcalá de Guadayra por Cristóbal de Monroy y Silva, desconocido en las bibliotecas, como también la Genealogía de los Condes de Cardona, escrita en 1664 por Bernardo José Llobet, de Castellón de Ampurias. = Libro de linajes, compuesto por Diego López de Ayala, canónigo de Toledo, y comentado por Manuel de Faria. Aunque no he podido cotejar esta obra con la conocida de Pedro López de Ayala sobre la misma materia, sospecho que sea diferente, por la diferencia de autor. Diario del pontificado de Alejandro VI. = Commentarius Scipionis in bello Venetorum et Mediolanensium Ducis, libri IX, per Porcelium, poetam laureatum, historicum clarissimum, et divi Alphonsi Regis secretarium, compuesto en 1452 = Libellus regiae successionis regnorum Siciliae, Hierusalem et aliorum: compuesto por Pedro Trossillo, notario de Valencia, siendo bayle en aquella ciudad por el Rey Alfonso V Pedro Mercader. = El libro De mundo de Aristóteles, traducido por Alonso Curiel; versión que hasta ahora no conozco. También es desconocida la obra de Empresas, jeroglíficos y emblemas, dirigidas al Duque de Segorbe y Cardona, por el licenciado Antonio Latre, beneficiado de Huesca. = Item: Instrucción de ordenanzas de la guardia alemana, por Jorge Baibel. = Item: Genitura del Exmo. sig. D. Joachimo d' Aragon, figlio primogenito del Exmo. sign. Duca di Segorbe e di Cardona: calcolata dal P. Fr. Blasio Maño, dell' ordine di S. Giov. di Dio (San Juan de Dios). Es un cálculo astronómico de aquel momento. = Tractatus septiformis de moralitatibus rerum (anónimo). = De Fr. Francisco Eximeniz el libro Doctrinal dirigido a la señora doña María, Reina de Aragón, en lemosín. = Opus salis aurifici, de Fr. Hilario de Rossi, del orden de San Francisco. = Augustini Niphi de Medicis, philosophi Suessani libellus de Rege et tyranno. = Giudizio del Cardinal Colona in torno a quel che scrisse il Card. Cesar Baronio della monarchia di Sicilia: colla risposta del Baronio. = Missale Romanum, con esta nota al fin: Scripsit D. Lucas de Carovineo: vivat in coelis cum Angelo Michaelis anno 1469. = Martyrologium Usuardi, fol. max. vit. adornado con buenas miniaturas. Al fin de la prefacion se halla esta nota: Martirologium hoc scriptum anno M.CC.LIIII (1254) ac postea temporis injuria laesum jussu Illmi. el Rmi. Principis D. D. Francisci Cardinalis a Dietrichstain, Episcopi olim integritati restituit Adamus Paulino Wsky episcopalis latinae cancellariae amanuensis. Anno salutis CI(C vuelta)I(C vuelta)CXIII. El carácter de todo el manuscrito es del siglo XV, cuando sin duda se copió de otro escrito en 1254, como se dice en el tratado previo del modo de hallar la luna. Mas ahora se atribuye sin razón a la copia lo que es propio del original. En resolución este códice es del siglo XV, y no más.

Corto aquí mi enumeración y basta por remate decir que la mayor parte de manuscritos pertenecen a asuntos políticos y noticias de sucesos particulares de Nápoles en los virreinatos de los Españoles. Son muchos los volúmenes de Diarios o Efemérides de los tiempos en que gobernaron aquellos reinos Don Pedro de Toledo, Don Fadrique de Toledo, y el Duque de Monteleón. Hay muchos tomos de historias de cónclaves, vidas de Cardenales, y relaciones de embajadores de vuelta a su corte: todo perteneciente al siglo XVI y principios del XVII. El índice sólo de los libros de este ramo bastaba para llenar una carta larga, y después de todo ello me quedaría con el mismo desconsuelo de no poder copiar todos estos preciosos papeles como quisiera. Hay muchos eruditos que sólo aprecian los códices de los Godos y apenas hacen caso de los de nuestros tiempos. La historia no reconoce preferencia de edades, y acaso las venideras culparán en esta parte nuestro descuido, como nos quejamos ahora de nuestros mayores. 

En otra biblioteca interior, que es la primitiva del monasterio, hay también una buena porción de códices eclesiásticos, señaladamente obras de Santos Padres, que aunque son preciosos, no lo parecen comparados con una Biblia del siglo XI y acaso anterior. Es un vol. fol. max. vit. de 218 hojas, escrito a dos columnas, que comprende hasta el libro de los Salmos inclusive, los cuales siguen la versión de los LXX. Los demás libros están conformes con la versión antigua. Lo primero que se halla en este volumen es una descripción de todos los libros sagrados en dísticos, con este epígrafe: Titulus in bibliotecha ecclesiae Leiorensis:

Regula quos fidei commendat noscere libros

Hos nostra praesens biblioteca tenet.

Siguen los prólogos acostumbrados, y a cada libro precede el suyo con una noticia del mismo en dísticos. El principio de cada libro está iluminado con lujo; de lo cual para formar una idea completa, basta decir que la primera plana de los Salmos ocupan estas solas palabras: Beatus vir. Es inútil cuanto quiera añadir para describir un códice, cuya exactitud, limpieza y hermosura, nadie puede conocer sino viéndolo. Nada he podido rastrear acerca de su origen y del conducto por donde vino acá. Sólo he observado que perteneció a alguno de los Reyes de Aragón, ya porque en una de sus cubiertas se ve grabado su escudo con las barras y corona, ya por lo que arroja de sí una nota inexacta que hay en la primera hoja, escrita a lo que parece en el siglo XV. Dice así: 

La present Biblia per gran antiguitat es mal legible; perque io G. Oliver, de offici scriva de racio del senyor Rey, qui he pres inventari del dit libre, per ço quel pogues millor designar en lo dit inventari he continuat en lo dit inventari lo epitafi seguent, y es que yo may la entengui, mes pot eser molt be entesa, si be se mira en la figura de les letres. Por donde se ve que era este códice de algún Rey de Aragón, como que se notó en su inventario. Esto sabemos hasta que la casualidad o la diligencia halle más que decir. Tampoco pude encontrar quien me diese razón del paradero de la Crónica lemosina del Rey Don Jaime I de Aragón, escrita por él mismo, cuyo original es voz común que quedó depositado en este monasterio. No sé que me diga sobre esto, ni es regular proponer dudas antes de tiempo. 

Tenían estas dos bibliotecas índices exactos que ahorraban mucho tiempo a los estudiosos. Faltábale una clasificación más exacta por materias, cual corresponde a tal tesoro, y cual no escasea un mercader juicioso a sus géneros. Esta ha sido una de las primeras operaciones del señor Abad actual, y en esto se está ahora entendiendo bajo su dirección; con lo cual tendrá esta pieza toda la perfección que merece. Dígote con verdad que me separé con dolor de estos tesoros, pero era ya preciso pasar al monasterio de Padres Cartujos de Scala Dei. Allí después de bien recibido, fui excelentemente tratado respecto del objeto de mi viaje, que ciertamente hubiera sido sensible, si no fuera útil; porque el camino es áspero además, a lo que se agregaron incomodidades de varias clases que se borraron del ánimo con la sorpresa que me causó la vista de este monasterio, escondido en lo hondo de un barranco, desmontado y profundizado más de lo que quiso la naturaleza para poderse construir los edificios. Un gran bosque de pinos le roba a la vista del caminante hasta medio tiro de fusil, quedando como encajado entre montes altos pegados a las paredes del edificio. Tan escondido lugar buscaron los PP. Cartujos a principios del siglo XIII, después de haber vivido en el sitio llamado Povoleda (Populeta) (Poboleda), que hoy es una granja no distante, la cual les dio el Rey Don Alfonso II de Aragón en 1163 (a: Ap. núm. XLIII.). El título de Scala Dei lo puso el Rey Don Pedro, como lo asegura su hijo Don Jaime I en una confirmación de los privilegios y términos de esta casa, que es la primera de su orden en España (b: Aps. núms. XLIV y XLV.). La causa de aquel título y otras curiosidades acerca de su fundación podrán verse en la Historia que sobre ello publicó el doctor José Valls, Arcediano de San Lorenzo en Tarragona, hacia fines del siglo XVII. En el archivo he visto y copiado algunos documentos buenos para la colección. Tales son los que comprenden la historia del suprimido monasterio de Bonrepós, de que hablé en la carta pasada (c: Aps. núms. XLVI a XLIX.). Item una donación del Arzobispo Don Sparago en premio de los servicios que hizo el Prior de esta casa, Randulfo, predicando con sus monjes por toda esta diócesi contra los errores de los Albigenses, de que se habló en su lugar. También vi allí algunas obras manuscritas inéditas y son el Comentario e interpretación de los libros de San Dionisio Areopagita, hecho por el P. Don Gerónimo Spert, ya conocido por el tratado que publicó De oratione. Del P. Don Juan Valero hay un tratado intitulado el Virtuoso, donde se enseña la práctica de las principales virtudes, así teologales como morales. Item: Vida de Santa Tecla. = Del Ilmo. Don Andrés Capilla, Obispo de Urgel, hijo de esta casa, he visto los Comentarios de Isaías, impresos en 1586 por Humberto Gotard in Cartusia Scalae Dei. Debió ser llamado el artista para imprimir aquí el libro bajo la dirección de su autor, porque hasta ahora no consta de otros libros que se imprimiesen aquí, si bien en la historia manuscrita del monasterio hay memoria de haber tenido en el siglo XV imprenta propia, la cual dejó en él un ilustre Abad y protonotario Apostólico que pasó por aquí antes del año 1491. De esto no hallo más en las memorias del monasterio. Y ya que hablo de los varones ilustres de la casa, cuya noticia más extensa dio el citado Valls, no puedo omitir la de haber sido su novicio por algún tiempo el famoso Don Alfonso de Madrigal, llamado el Tostado. Cosa que al pronto me puso en mil dudas; pero salí de ellas con la vista de un documento incontestable, cual es el del libro de ingresos y profesiones que comienza en 1420, donde según costumbre el Vicario del monasterio escribió estas palabras: Item feria secunda in die Epiphaniae recepimus unum juvenem Castellanum, admodum insignem, qui vocabatur Ildephonsus de Madrigal, qui erat canonicus Salamantinus. Fuit per conventum concessum quod reciperetur ad osculum pacis; nam et incellatus fuit feria quinta in vespere Beati Antonii de mense januarii 16, anni Domini 1444. En el margen escribió el mismo padre Vicario las palabras siguientes: Iste postea fuit recognitus, et erat magister in theologia, et magister in artibus multum scientificus, qui vocabatur Alfonso de Madrigal, qui super Bibliam fecit magnum opus: tenuit in consistorio Papae Eugenii duas repetitiones: fuit Ambaxiator Regis Castellae ad nostrum Regem Aragonum qui erat in Neapoli. Non potuit perseverare propter negotia sua, et quaestiones emergentes. Ideo recessit cum dolore, et magna tristitia de mense aprilis 15 die, qui erat quartus dies Paschae anno praedicto 1444. No creo que merezca excepción este testimonio, donde además se ve que no fue inconstancia el no perseverar. También se cree que fuese monje de esta casa el Patriarca Alejandrino Don Juan de Aragón, hijo del Rey Don Jaime II, Arzobispo de Toledo, y después de Tarragona. He visto la carta del Capítulo general de la Cartuja del año 1333, donde se encargan oraciones por este Prelado, a quien llama ordinis nostri; y en la del Capítulo del 1335 se anuncia su muerte, acaecida el año antes, de esta manera: Obiit Dominus Patriarcha Alexandrinus, ordinis nostri, qui duplicavit conventum in domo Scalae Dei, cui conceditur monachatus, qui obiit kalendis septembris. Sufragio distinguido y pocas veces mandado, y sólo por personas de la orden. Es bien extraño que no se diga esto en otros documentos que aquí he examinado de este ilustre Príncipe y santo Prelado, que cierto fue grandemente aficionado a este monasterio, y su insigne bienhechor. Porque aumentó el número de monjes, ensanchando el claustro primitivo y construyendo doce celdas para otros tantos Cartujos, y dando para su dotación el lugar de Çaydin, con todas las circunstancias y expresiones que verás en la copia de un codicilo que hizo en la villa de Alforja a 2 de septiembre de 1333, el cual he copiado (a: Ap. núm. L.). Lega en él al mismo monasterio su Biblia glosada, que fue de su tío San Luis, Obispo de Tolosa. Son once volúmenes fol. vit. escritos de aquel tiempo, y están bien conservados en la celda prioral. No quiero omitir la especie de que en el mismo instrumento firma, como testigo, Frater Poncius Carbonelli, ordinis Fratrum Minorum; el cual han creído algunos equivocadamente ser el autor original de la Catena aurea, justamente atribuida a Santo Tomás de Aquino. Porque si Carbonell vivía en 1333, no es fácil entender que disfrutase de su obra el Santo Doctor, muerto en 1274. Volviendo al Patriarca, copiaré aquí la inscripción que hay en el claustro perteneciente a su construcción. Dice así: "Hoc opus claustri praesentis cum cellis et apparatibus suis fecit fieri de bonis suis Inclitus et Reverendissimus sanctae et praeclarae memoriae D. D. Johannes, Illustrissimi D. Jacobi recordationis eximiae Regis Aragonum 

filius, Patriarcha Alexandrinus, qui in sortem Domini electus, et divinis obsequiis mancipatus, a Sancta Sede Apostolica variis gratiis et privilegiis merito insignitus, ad quod affectione speciali et devotione praecipua ferebatur, religionis puritatem et vitae austeritatem, in qua vivunt ipsius ordinis professores, ac bona spiritualia, quae fiunt in eodem, attendens, speransque indubie, ut sola Dei bonitate ad regna coelestia per hanc scalam scandere mereretur, cupiens devotionem hujus operis indicio demonstrare, in honorem Dei et Beatissimae Virginis Mariae, Matris ejus, in hoc monasterio conventum ordinavit, mandavit et voluit dupplicari, semper ad Deum pro anima sua, ac parentum suorum, et omnium fidelium oraturi, ac Deo ad laudem et gloriam sui nominis servituri; pro quorum provissione legavit dicto monasterio locum suum de Çaydino, dioc. Illerden.; eisdem monachis etiam pro studio in sacra theologia ab ipsis utilius impendendo, Bibliam suam pulcram glossatam, undecim volumina habentem (interdicta tamen penitus ipsius Bibliae alienatione) perpetuo concedendo, prout in sua inde facta ordinatione pia et laudabili continetur. In multis quoque aliis gratiis et beneficiis istud monasterium honoravit: anno Domini M.CCC.XXXIII. VI. kal. septembris. = Et hujus operis cellarum et claustri fuit operarius Fr. P. Loperdi, conversus monasterii Scalae Dei.” Concluyose el edificio en 1339, lo cual no pudiera conocerse por la vista de la obra, que está mejorada, y presenta un aspecto muy diferente de la arquitectura de aquel tiempo. Otra memoria hay del mismo Prelado en la consagración que hizo de la iglesia actual. Dícese que puso en el altar mayor, entre otras reliquias, un poco de carne del pie de San Francisco de Asís, que es cosa notable. La inscripción está en la capilla del Santísimo Cristo, y dice así:

Anno milleno ter centum ter decies tres, 

Augusti mense, septembris sexto kalendas

Istam bassilicam consecravit Reverendus

Inclitus Alexandrinus Patriarcha Johannes, 

Filius illustris Aragonensis quoque Regis, 

Raymundo fratre de Bosco stante Priore. 

La bóveda de esta iglesia pintó Fr. Joaquín Juncosa. En el Diccionario de profesores de bellas artes hallarás la noticia de este tan sabio como desgraciado artista. La sillería del coro de los monjes es de robles de Flandes, concluida en 1443 por el escultor maestro Halle, Alemán, por precio de ciento ochenta florines en dinero, sin contar la comida y otras asistencias. La del coro de los legos es del siglo XVI. Vi con gusto el sagrario, cuya portada ocupa el centro del testero del presbiterio: es una pieza espaciosa y despejada, en medio de la cual se eleva el tabernáculo, que es vistoso, así por lo exquisito de sus mármoles y jaspes, como por las buenas figuras que hay de relieve, y estatuas enteras, casi todas trabajadas por Isidoro Espinal, Catalán, y algunas por Fr. Salvador Illa, converso de esta casa. Del primero es la Cena, que está en el pedestal del tabernáculo. La arquitectura de todo este edificio es obra de otro religioso de esta casa, llamado Fr. Félix Artigas: cosa de aquel tiempo, esto es, del 1696, en que se concluyó. El cimborio pintó al fresco el otro Juncosa, clérigo. El todo es gracioso y apreciable, a pesar de que no se hermanan todos los primores del arte. Entre las reliquias que aquí poseen es notable la punta de uno de los clavos del Señor; tendrá poco más de un dedo. Item hay otro clavo grande a quien está afianzado un pergamino con este letrero moderno: Clavus portae aurae de Templo Dominico de Hierusalem, quae non aperietur usque ad diem judicii.

También se guarda un oratorio que dicen ser del Papa Luna, y no lo contradice el gusto de las figuras de marfil que lo adornan. En las dos sacristías se conservan algunas pinturas buenas, que merecían luz más libre. Las hay también en la aula capitular muy buenas del citado Fr. Joaquín Juncosa, y en la bóveda está retratado el Tostado en memoria de haber vivido aquí. Por último, diré de un códice ms. fol. que se conserva en la botica de este monasterio. Intitúlase Liber agregationum Serapionis de virtute simplicium medicinarum. De este autor, llamado Johannes Ben Serapion, habla Casiri Bibl. Arábigo (se lee Arabico) - hispana, tom. I. pág. 261, y dice de él que escribió en lengua siriaca dos volúmenes de medicina, intitulados: Collectio magna en XII libros, y Collectio parva en VII, los cuales se tradujeron al árabe. No puedo decir, si es esta obra distinta de las insinuadas. Lo que sé es que está traducida al latín: que trata de las virtudes medicinales de las plantas, cuyos dibujos iluminados se insertan en el texto: que en la primera plana se halla pintado el autor con este letrero: Johannes Serapion, Arabicus; y en la colateral se ve una figura desnuda, que a mi parecer representa la naturaleza, de cuya cabeza sale un árbol frondoso, y bajo de los pies se ven las raíces con figuras de hombres que especulan uno y otro: al pie se halla el número 1066, lo cual acaso indicará el tiempo en que vivió el autor. Lo estima como alhaja muy rara el religioso boticario fray Salvador Vilella, sujeto muy versado en la botánica y farmacia, de cuyos conocimientos sé que se han servido muchos botánicos célebres de la nación.

monasterio llamado de Escornalbou

No quise, ya que estaba entre estos montes, dejar de visitar el monasterio llamado de Escornalbou. Grandes trabajos pasé en este crucero con los extravíos y recio temporal. Todo lo di por bien empleado por ver con mis ojos la industria de estos naturales, la cual excede en mucho a la de los que viven en las llanuras de Tarragona. El terreno es quebrado, y apenas hay lugar en lo hondo de los barrancos para los pueblos que allí están fundados. De donde suben hasta la cima de los montes inaccesibles al arado, a plantar y cultivar con gran peligro los viñedos más hermosos que se puedan imaginar. Después de seis horas de camino de un continuo viñedo llegamos a Escornalbou, convento situado en la cresta de un alto monte, de donde se descubre todo el campo de Tarragona y las islas de Mallorca e Ibiza. Sirve hoy de seminario de misioneros de los padres Observantes de San Francisco. 

La vida santa que allí se vive, con el desprendimiento que a esto suele acompañar, es la causa de no haber encontrado las noticias que buscaba acerca de la fundación primitiva de canónigos reglares en el siglo XII. Dijéronme que el original de la fundación y donación estaba en el convento de la misma orden de Terrasa; pero sin verlo, no puedo salir de las dudas que manifesté en el Archiepiscopologio de Tarragona. Entre tanto sepas que se conserva buena parte de los edificios antiguos, singularmente la iglesia entera, que es toda del siglo XII, y bien pudo servir de fortaleza, según la intención del fundador (a: Ap. núm. LI.). 

La consagró el Arzobispo Don Pedro de Albalat en 1240. El nombre primitivo de este lugar era Scornabous (Cornubovis y variantes); el cual acaso tuvo otro origen que la fragura y aspereza del sitio, y lo expuesto que es en algunos puntos a despeñarse el ganado. En la entrada del monasterio se conserva un arco sólo, arruinados ya los edificios que sostenía, en cuya cima se ve de relieve una gran figura de buey sin astas (bovis : bou : buey; cornu : cuerno).

De vuelta a Tarragona vi la gran villa de Reus, algunas de sus fábricas, su elegante paseo, y en esto y otras cosas conocí con cuanta razón se celebra la industria de sus vecinos y naturales, y lo activos que son en el comercio, en que tendría harto que examinar, si fuese cosa análoga a mi objeto. Con esto he concluido mi viaje por lo tocante al principado de Cataluña. A Dios. Tarragona, etc.

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