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domingo, 11 de diciembre de 2022

Concluye el episcopologio gerundense. A partir de 1600

ONOFRE REART

de 1612 a 1620.

Canónigo Penitenciario de Barcelona, y sucesivamente Obispo de Elna y Vique, de donde trasladado a esta Silla, tomó posesión a 30 de enero de 1612. De allí a siete días entró en esta ciudad, donde continuó su gobierno sin hallar cosa que contar de las que yo acostumbro. Dice el padre Roig que un ermitaño desconocido amenazó a este Prelado que renunciase la dignidad, si quería salvarse. Yo sólo sé que efectivamente renunció en 1616, y llegó ya a tener nombrado sucesor el que lo fue después; mas no se verificó hasta el 14 de diciembre de 1620, en que fue admitida su renuncia en el consistorio del Papa. Luego se retiró a Perpiñán su patria, donde murió en 1622 a 29 de octubre: está enterrado allí mismo en la iglesia de San Juan. El mismo día en que se admitió su renuncia fue preconizado el Obispo sucesor

PEDRO DE MONCADA

1621.

Sobrino de Don Juan de Moncada, Arzobispo de Tarragona por aquellos tiempos, y hermano de Don Francisco de Moncada, Conde de Osona y Vizconde de Cabrera y Bas. Había ya sido cumplimentado como Obispo por este Capítulo en la primera renuncia de su antecesor: y mientras aquella no se verificó nuestro Pedro se intitulaba electo Gerundense, como se ve en el testamento de su cuñada Doña Margarita de Castro y Cervelló, de 8 de febrero de 1621. (Ribera. = Cervelló, pág. 144). Finalmente llegó a tomar posesión de esta Silla a 13 de febrero de 1621, y luego vino acá a 31 del marzo inmediato. Mas en el mismo año le llamó Dios para sí, día 29 de diciembre. En este poco tiempo manifestó grande afición a la música eclesiástica, y buenas ideas para la reforma del culto en la visita que ya había emprendido de su diócesis. Alguna otra circunstancia añade la inscripción que se puso en su sepultura en el plano delante de las rejas del altar mayor. Dice así: “Hic iacet Petrus a Moncada Gerund. Episcopus e nobili Moncadorum familia 39 annos natus. Vir magnae spei et virtutis episcop. quem diu recusarat, patris sui Marchionis Aytonae (marqués de Aytona) precibus coactus admissit. Dum totam suam lustrat dioecesim, et ut alter Petrus summo labore oves pascit, nondum primo sui episcopatus expleto anno huic ecclesiae fato ereptus, et omnium expectatione eludens ad superos evolavit 29 decembris anni 1621. Sucediole

Fr. FRANCISCO SENJUST

de 1622 a 1627.

Monje Benedictino y Abad de Ripoll desde 1616: dicen que fue provisto en el obispado de Elna, y que de él fue trasladado al de esta iglesia, de que tomó posesión a 12 de noviembre de 1622. Sólo queda de él notable la Colección que formó de todos los diplomas pertenecientes al tribunal del Breve, la cual imprimió en 1625. Murió en la villa de la Bisbal a 2 de marzo de 1627. Tiene sepultura delante del presbiterio con esta inscripción: "D. O. M. = Hac teguntur fossa D. D. Francisci Senjust Episcopi ossa, qui ordinem S. Benedicti professus, et Praepositus vulgo de Panades in coenobio S. Cucufati electus, gradatim ad abbatias de Arles et de Ripoll dicti ordinis assumptus ab ecclesia Elnae ad hanc Gerunden. translatus est. Quibus ecclesiis multa celebranda suffragia reliquit, et summis expensis illas ornavit. Hanc etiam in officio defunctorum recitando non parum gravatam alleviavit, ac tandem in ea (ut cariori) duodecim solemnissima quotannis anniversaria instituit, ac totidem cornua altaris mandavit. Qui dies suos extremos clausit VI nonas martii anno a partu virginis 1627".

GARCÍA GIL DE MANRIQUE

de 1628 a 1633.

Inquisidor de Zaragoza y de Toledo, era Obispo titular de Utica, otros dicen de Biserta, cuando fue promovido a la Silla de Gerona, de que tomó posesión a 21 de enero de 1628. Hizo su entrada pública a 5 del febrero inmediato. El remate de su gobierno fue por traslación a la Sede de Barcelona, la cual se supo acá día 17 de mayo de 1633. Mas no pasó allá hasta el enero del año siguiente. Allí fue después Virrey y murió en 1651. En nuestra Sede le sucedió

GREGORIO PARCERO

de 1634 a 1656.

Natural de Tuy, Benedictino, Abad de San Martín de Madrid y después Obispo de Elna, de donde vino acá a 21 de febrero de 1634, que es el día de su posesión. El año siguiente, suscitada la pretensión de catedralidad en Manresa, se opuso a ello fuertemente por el daño que le resultaba a su diócesi, de quien se desmembraban las montañas de Olot para indemnizar al Obispo de Vique. En 1636 estuvo acá el General de los padres Benedictinos, el cual, por ser el Obispo de la misma orden, fue admitido con distinción en el coro durante los oficios. En 1641 hizo la ciudad voto de no permitir máscaras ni bailes desde Navidad a Carnestolendas. En 1660 se conmutó este voto en un ayuno en la vigilia de la Purificación, algunas misas en los tres días de Carnestolendas y dotación de una doncella. Alcanzó las guerras de Francia con España, y siguiendo el partido de Felipe IV tuvo que ausentarse en 1642, y no volvió hasta pasados diez años. A pesar de su adhesión al Rey de Castilla, fulminó sentencia de excomunión contra los tercios castellanos, mandados por Don Juan de Arce y Don Leonardo Moles, declarándolos por herejes sacramentarios, refiriendo en ella dos estupendos sacrilegios que cometieron en Riudarenas y en Santa Coloma de Farnés (Farners, fariners); lo cual incitó al pueblo contra las armas del Rey. Esto refiere Melo en la Historia de los movimientos y guerra de Cataluña, lib. II, núm. 25. Durante la ausencia del Prelado estuvo en esta ciudad en 1652 Don Fray Jacinto Serroni, Obispo de Oranges, Dominico, y ordenó de grados al Sr. Pontich, que después fue Obispo de Gerona. En 1653 había hecho renuncia el señor Parcero y tenía ya nombrado sucesor; mas no se verificó hasta el 1656, en que fue trasladado a Tortosa, llegando acá las bulas a 12 de enero. Cuéntase de él que jamás leyó cartas de recomendación para las provisiones, hasta que las tenía ya hechas.

BERNARDO DE CARDONA

de 1656 a 1658.

Natural de esta ciudad y de la noble estirpe de este nombre. Era canónigo y Arcediano mayor de esta Catedral, con la cual fue muy dadivoso. También obtuvo el honor de diputado eclesiástico de Cataluña en 1641. A 4 de julio de 1653 se supo acá la admisión de la renuncia del antecesor y el nombramiento del Sr. Cardona. Desde entonces comenzó a resistirse a admitir la dignidad con tantas veras, que fue preciso que el Capítulo tomase a pechos el negocio, escribiendo al Rey que le mandase aceptar. Hízose así, y con la ausencia del antecesor tomó él posesión a 27 de diciembre de 1656. Durole dos años el pontificado, que fue bien diferente de lo que el Capítulo se prometió. Pleitos continuos, discordias y poco fruto espiritual. Murió a 13 de diciembre de 1658. Está enterrado en el plano delante del presbiterio. La inscripción dice así:
“D. O. M. Mausoleum Ill. et Rev. D. D. Bernardi a Cardona: ambiguum sane an sanctitate, an nobilitate maioris, qui ab archidiaconatu maiori, ac canonicatu in hac alma ecclesia obtentis, ad episcopatum illum humiliter licet recusans, ab illustri tamen Capitulo instanter apud Dominum Regem proclamatus, obedienter fuit promotus. Obiit facta institutione facum cum SS. Sacramento per viaticum concurrentium, et aliis plurimis die 13 decembris 1658. = Erexit suis sumptibus nobilis D. Hieronymus a Vallgornera et Cardona ejus nepos, anno 1673.”

En la vacante fue nombrado

FRANCISCO PI-JOAN.

Natural de Masanet de la Selva, que después de canónigo de Lérida fue aquí sucesivamente Arcediano de Besalú, Empurdán y (no sé si falta texto) mayor. El ardor con que había seguido el partido de Felipe IV en las guerras pasadas le hizo muy estimable de este Monarca, quien en el enero de 1658 le nombró auditor de la Rota Romana, y poco después Obispo de esta iglesia, de la cual no llegó a tomar posesión, muriendo a 18 de noviembre de 1659. Tiene su entierro en la capilla de San Bernardo y Santa Marta, cuyo altar costeó. La inscripción es fácil de leer, y sólo añade a lo dicho que dejó un gran legado para la obra del frontis de la iglesia, y que fue confirmado Obispo. Por esta razón le contamos en el catálogo. El sucesor fue

FRAY JOSÉ FAXEDA

de 1660 a 1664.

Natural de Vique, de la orden de San Gerónimo. Tomó posesión a 6 de octubre de 1660. Cuatro años después fue trasladado a Tortosa, despidiéndose de este Capítulo a 14 de junio 1664. Véase el Episcopologio de Tortosa. Acá le sucedió

JOSEPH MINOT

de 1665 a 1668.

Natural de Santa Coloma de Queralt, diócesi de Vique, canónigo de Barcelona, fiscal de aquella inquisición y auditor de la Rota Romana. Tomó posesión por procurador a 5 de marzo 1665. Mas como en el ejercicio del último cargo había tocado por sus manos los pleitos entre los Obispos antecesores y el Capítulo, no quiso venir a su Sede sin haber concordado y apagado aquellas discordias: cosa que fue acá de gran consuelo e hizo muy estimable su venida, que fue a 27 del octubre siguiente. Disfrutole poco esta iglesia, habiendo sido trasladado a la de Lérida: noticia que llegó acá a 24 de noviembre de 1667 y se verificó en 1668, despidiéndose el Prelado a 22 de junio. El Episcopologio Ilerdense dirá lo demás. Sucediole

FRANCISCO DOU

de 1668 a 1673

Natural de la villa de Bas, cabeza del vizcondado de ese nombre: fue sucesivamente Arcediano mayor de Vique y de Gerona. Este último vacaba por promoción de su discípulo Don Pascual de Aragón al arzobispado de Toledo. Entró a gobernar esta iglesia como Obispo a 20 de noviembre de 1668, y murió a 15 de abril de 1673. Conservó este Prelado buena armonía con el Capítulo. La inscripción de su entierro delante del presbiterio dice así: "D. O. M. - Jacet hic Ill. et Rev. D. D. Franciscus Dou, quem ab scholastico Barchinonensi suggesto ad sacra Vicensis canonici et Archidiaconi subsellia, deinde ad supremum huius genitalis episcopatus archidiaconatum mox ad sacras infulas maturitas rapuit praemiorum. Consecratus die 3 decembris 1668 prae norma regiminis futuris saeculis admirandus, huic almae Sedi Conceptae Virginis argenteo simulacro praelegato. Obiit die 15 aprilis 1673 cuius anima requiescat in pace. Amen." Sucediole

FRAY ALFONSO BALMASEDA

de 1673 a 1679.

Natural de Lucena, en Andalucía, de la orden de San Agustín, Obispo que era de Casano en Nápoles, en cuya calidad fue cumplimentado en esta ciudad, transitando por ella en 1671. Tomó posesión de esta Silla a 8 de diciembre de 1673 y a 13 de los mismos hizo su entrada pública. Sus bulas se despacharon en Roma a 25 de septiembre.

Hubo grandes cuentos sobre la resistencia que mostró en nombrar juez subdelegado del Breve, cosa que al fin tuvo que hacer por orden estrecha del Rey. Trata de esto el citado López. No fallaron tampoco discordias con el Capítulo, en que el Capitán general y audiencia de Barcelona tuvieron que poner la mano. Finalmente, día 14 de marzo de 1679, llegó la noticia de estar el Prelado provisto en la Silla de Zamora, y luego partió para ella. Creo que murió en Madrid en 1684, y se enterró en Doña María de Aragón.

FRAY SEVERO TOMÁS AUTER

de 1679 a 1685.

Natural de Puigcerdá, de la orden de Santo Domingo. Promovido a esta Silla el mismo año 1679 a 13 de noviembre, que es la data de sus bulas, tomó posesión a 24 de enero del año siguiente. Su pontificado fue mucho más apreciable con la reciente memoria de los anteriores. Era llanísimo en su trato y enemigo de etiquetas con el Capítulo, con quien tuvo gran paz, sin disminuir por eso un punto de su autoridad, antes conciliándose la mayor, como era regular. Así mutuamente se sostuvieron sus derechos contra las pretensiones de los jurados, logrando que se cerrasen las iglesias en la noche del Jueves Santo, y que no entrasen en ellas los gigantones del Corpus; cortando con tan oportunas providencias los abusos que en uno y otro había. Hiciéronse también de común acuerdo varias misiones, y en algunas de ellas predicó por sí el Obispo y confesaba en la Catedral: ministerio en que era incansable. A esta unión recíproca debe también atribuirse la defensa de esta ciudad contra las armas francesas en las guerras del 1684, logrando rechazarles con pérdida de cuatro mil hombres en el asalto que dieron el 24 de mayo a las diez de la noche, y que duró por tres horas. La misa solemne de gracias dijo Don Antonio Pascual, Arcediano de la Selva y electo Obispo de Vique: el nuestro predicó con gran fervor. Era muy liberal con su iglesia, a quien regaló un órgano portátil en 1683, y donde fundó la nona solemne de la Ascensión en 1685, pocos días antes de ser trasladado a la Silla de Tortosa, que fue ese mismo año. La noticia llegó acá a 24 de junio, y él se despidió del Capítulo a 31 de octubre con el sentimiento que era regular y que expresan las Actas capitulares. Aun en Tortosa se acordó de la obra del frontis de esta Catedral, en que había gastado gruesas sumas, dejándole en su testamento un gran legado. Murió en 1701. Todavía fue más pacífico, plausible y memorable el pontificado del sucesor

Fr. MIGUEL PONTICH O PONCICH

de 1686 a 1699.

De la orden de San Francisco, natural de Bula Terranera en el Rosellón, donde había nacido a 30 de noviembre de 1630. Tomó posesión de esta Silla a 3 de julio de 1686, y le consagró en Arenys de Vall Don Juan Bautista Dezbach, Obispo de Urgel, con asistencia del de Vique Don Antonio Pascual, y del de Moronea Don José Mora, auxiliar de Tarragona. Puesto en todo de parte del fin y de acuerdo con su Capítulo, emprendió y acabó muchas cosas útiles. Apenas hay monasterio y establecimiento pío en su diócesi, que no conserve memoria de su beneficencia. El de su orden, intitulado de San Salvio, en el término de San Miguel de Cladells, le debe su fundación que verificó en 1690. La Catedral le debe la magnífica y costosa escalera que él comenzó, y concluyó refundiendo cuanto en ello habían hecho sus antecesores. Toda la diócesi y los aficionados a la disciplina eclesiástica le son deudores de la célebre Colección de Sinodales Gerundenses, que es la que hoy rige, que ordenó e ilustró con doctos comentarios D. Francisco Romaguera, y se imprimió en Gerona en 1691. Con ser tan recomendable por estos y otros títulos la memoria de este Prelado, y tan sentida su muerte, acaecida día 26 de enero de 1699, cúpole la suerte de que en su sepultura delante de las gradas del presbiterio se grabase una inscripción bien ajena de su mérito. El autor quiso remedar el estilo de los leoninos del siglo XIV, mas aun eso le salió mal. He aquí su copia:

D. O. M.

Prorsus omni laude dignus Fr. Michael Pontich

Pauperum pater benignus ardens celo iacet hic.

Sedis huius almae Praesul virtutem demonstravit.

A domo Gallis suae (f. Gallissuae) exul annos quatuor pavit

Dilectum sibi commissum tot gregem manu et ore.

Ardue tractans remissum, debilem sed amore:

Quem religio Minorum praesidem iam fecerat.

Ad exemplar doctiorum Bula mundo dederat.

Absque scalis magnae portae plures sunt memoriae

Quae fletum movent in morte, praeces atque gloriae.

Annos terdecim Pastoris iam fere compleverat,

Cum finem tanti laboris pax Dei decreverat.

Die 26 januarii 1699."

La vacante de este Prelado fue regentada por el Arcediano mayor Don Isidoro Bertrán, Arzobispo después de Tarragona. Luego fue provisto

MIGUEL JUAN DE TAVERNER Y RUBÍ

de 1699 a 1720.

Canónigo y Arcediano mayor de Tarragona. Tomó posesión a 29 de noviembre de 1699, e hizo su entrada a 3 de abril del año siguiente. Alcanzó este Prelado las guerras de sucesión, y a él alcanzaron gran parte de sus males; porque siguiendo el partido de Felipe V, cuando Gerona fue tomada por los Austríacos, tuvo que pasar a Francia, donde permaneció desde 1705 hasta 1711. Los males que su ausencia y el motivo de ella debieron ocasionar a esta y otras diócesis de Cataluña son fáciles de entender. Nuestro Obispo, después de haber remediado los de la suya como diocesano, trató de acudir a las generales como el más antiguo de la provincia, estando ausente el Metropolitano. Convocó pues concilio provincial en esta ciudad, el cual se comenzó a 21 de junio en la capilla llamada del Claustro, y se concluyó en el palacio episcopal día 11 de octubre de 1717, y se imprimió el año siguiente. Mandose en este concilio tener conferencias morales en este obispado. Nuestro Obispo las estableció en consecuencia, dividiendo las 340 parroquias de que consta la diócesi, en 57 distritos que llamó conferencias, señalando una parroquia en cada una a donde se juntasen los clérigos cada principio de mes, menos el julio y agosto, a tratar los puntos que se daban impresos a principios del año eclesiástico. Duraron estas prácticas loables hasta pocos años há; y de ellas sólo queda la distribución de las 57 conferencias para el manejo de veredas. Con ocasión de este concilio se trató de consagrar la Catedral, mas no se verificó. El Prelado la visitó el año siguiente. Poco después fue trasladado a la metrópoli de Tarragona, cosa que acá se supo día 6 de febrero del 1720, junto con la noticia de estar provista esta Silla de Gerona en su sobrino, que luego le sucedió. Mas el nuestro, tomada ya posesión de Tarragona, tuvo que quedar acá por enfermedad, de que al fin murió a 24 de mazo de 1721. Tiene su entierro en la capilla actual del Corpus al lado del Evangelio, sin inscripción ni losa ni otra señal. Sucediole su sobrino

JOSEF DE TAVERNER Y DARDENA

de 1721 a 1726.

Canónigo y Tesorero de Barcelona, y electo Obispo de Solsona en 1718, y en la promoción de su tío a Tarragona trasladado a nuestra iglesia, de la cual tomó posesión a 7 de marzo de 1721, diez y siete días antes de la muerte de su tío y antecesor, a cuya enfermedad y funerales asistió. Mostró luego su celo en unas homilías que tuvo al Capítulo y en los frecuentes sermones que predicaba al pueblo, e igualmente en las ordinaciones de coro y otras cosas que estableció.

Era puntualísimo en las funciones públicas. En su tiempo fue beatificado San Dalmacio Moner, hijo de esta ciudad y del convento de Dominicos, donde está su cuerpo. El Prelado celebró las fiestas con gran solemnidad. Visitaba frecuentemente la diócesi, y en este ejercicio enfermó y murió a 16 de enero de 1726. Está enterrado en la misma capilla que su tío al lado de la epístola, y como él sin losa ni letrero. Era muy obeso, pero de grande ingenio y erudición. Escribió la Historia de los Condes de Rosellón, que ha quedado manuscrita, y también la de los Condes de Empurias, comenzando desde los tiempos de Ludovico III y acabando en el año 1288. Esta última dice el P. Caresmar que vio en poder del Conde Darnius en Barcelona. Sucediole

PEDRO COPONS Y DE COPONS

de 1726 a 1728.

Arcediano e Inquisidor en Barcelona su patria, tomando posesión a 2 de noviembre de 1726. Duró poco este pontificado, siendo promovido el Prelado a la Silla de Tarragona a 15 de diciembre de 1728. Sólo tengo que contar de él, que en su tiempo comenzó a servir la nueva y actual aula capitular. Luego le sucedió

BALTASAR BASTERO Y LLADÓ

de 1729 a 1745.

Natural de Barcelona, Catedrático de cánones en aquella Universidad, y después canónigo allí mismo, y Vicario general del Obispo Don Diego de Astorga y Céspedes, que promovido a la Silla de Toledo fue creado Cardenal. Sucesivamente fue inquisidor en Mallorca y Zaragoza. Provisto en esta Silla tomó de ella posesión a 22 de febrero de 1729. De su gobierno pastoral no hay cosa que contar sino las generales, a excepción de haber mandado imprimir en 1736 los rituales de su diócesi, con la circunstancia de haber alterado en ellos algunos ritos, sin contar con el Capítulo de esta Catedral que prosiguió practicando los antiguos, de donde resultó una disonancia no debida ante la iglesia matriz y las filiales. El amor que este celoso Prelado tuvo al retiro y el quebranto de su salud, le obligaron renunciar este obispado a 2 de marzo de 1745, y retirarse al convento del Carmen Descalzo de la villa de Reus en el campo de Tarragona, donde vivió hasta su muerte.

Estando allí le dedicó el sabio italiano Josef Catalani, la tercera edición de los libros de Sacerdotio de San Juan Crisóstomo, que hizo en 1753. En la dedicatoria dice de él entre otras cosas, que se ocupaba en escribir varios libros. Yo sólo sé que son de este Prelado algunas notas a los cánones Eliberitanos, (: eliberritanos) que publicó el mismo Catalani en su edición de los Concilios Españoles (tomo II). También nos quedan de este docto y celoso Obispo dos cartas que dirigió al clero de su diócesi sobre las obligaciones del ministerio sacerdotal, una en 1729 y otra en 1737. Ambas se imprimieron juntas, y componen una obrita intitulada el Párroco en su ministerio. Otros dos tomos nos quedan intitulados, Conferencias de la diócesi de Gerona, impresos en 1750 y ordenados por él en su retiro de Reus, en que reprodujo los tratados o reflexiones que en su tiempo se habían tratado en la diócesi, según el plan que se dijo arriba. Sucediole

LORENZO TARANCO Y MUSAURIETA

de 1745 a 1756.

Vizcaíno, de cuyos honores anteriores al obispado nada he podido saber. Tomó posesión de esta Silla a 20 de mayo de 1745, y la gobernó hasta el 3 de febrero de 1756, en que murió. De su conducta pastoral habla la inscripción puesta sobre su sepultura, delante del presbiterio en el plano de la iglesia. Dice así:

H. S.

D. D. Laurent. de Taranco et de Musaurieta

Nobili Cantabro

Multis primum nominibus et infulis

Inclito

Mox S. Gerun. ecclesiae Episcopo

Sobrio, pio, munifico

Suavitate morum

Rerumque agendarum dexteritate

Paucis secundo

Ovilis sui solertissimo custodi

Luporumque vesaniae

Iam iam irruentium gregem

Ineluctabili repagulo

Pastori optimo

Vigilantissimo Praesuli

Bene de re orthodoxa, bene de ovibus merito

Religio et pietas

Hoc grati animi et obsequii

Pignus novissimum poss.

Vixit ann. LXVII. men. V. d. XXIIII.

Obiit III. nonas febr. an. Chr. M.D.CC.LVI. (1761)


MANUEL ANTONIO DE PALMERO Y RALLO

de 1756 a 1774.

Natural de la villa de Villanueva del Campo, en el reino de León, colegial del de San Salvador de Oviedo, y Doctoral de la Santa iglesia de Zamora. Promovido a este obispado tomó de él posesión a 1.° de octubre de 1756. A este y otros Prelados de este siglo sucede lo que en otras iglesias he advertido ya, y es que apenas hay que contar de sus acciones cosa que interese a la historia, o porque efectivamente no hicieron cosa que mereciese este nombre, o porque la proximidad a nuestros días y costumbres, hace poco diferentes sus hechos del gusto y genio de los nuestros. El celo pastoral, visita de la diócesi, sínodos, etc., esta era su propia ocupación, la cual yo doy por supuesta. En el desempeño de este ministerio le halló la muerte a 7 de mayo de 1774, habiéndose despedido de su sínodo el 13 de abril anterior, con una carta muy tierna que se imprimió junto con la oración fúnebre dicha por Don Cyro Valls a 20 de mayo. Su entierro en el mismo lugar que el pasado: la inscripción es la siguiente:

H. S.

D. D. Emmanueli Ant. de Palmero et Rallo

Legionensi

Ex oppido de Villanueva del Campo

Olim in maiori Ovetensi collegio

S. Salvatoris Salmanticae alumno

Mox Senticensis ecclesiae

Canonico Doctorali

Gerun. dein. Sedis inaugurato Episcopo

Animi fortitudine

Morumque probitate spectabili

Bonarum artium favitori

Priscaeque disciplinae egregie studioso

Hoc grati animi et obsequii

Monimentum pietas pos.

Vixit in pontificatu an. XVII. men. VII. d. VI.

An. nat. LXVII. men. IV. d. IV.

Naturaeque concessit

Nonis mai. an. Chr. M.D.CC.LXXIV.


A la escasez de memorias que has notado en los pontificados anteriores sucede grande abundancia de ellas, así por el cuidado que hubo en recogerlas, como por la calidad de los hechos del Obispo sucesor

TOMÁS DE LORENZANA Y BUTRÓN

de 1775 a 1796.

Natural de León, y hermano del eminentísimo Cardenal Arzobispo de Toledo. Había sido colegial en San Ildefonso de Alcalá, Doctoral de la iglesia de Tuy, Penitenciario de la de Salamanca, y últimamente Deán de la de Zaragoza. Tomó posesión de la Silla de Gerona a 28 de mayo de 1775. En los veinte años que le duró este gobierno mostró él hasta donde llega el ingenio de la caridad y celo, aun en medio de la pobreza de rentas y calamidades de los tiempos. Al desempeño de las obligaciones ordinarias de un Prelado añadió la empresa de otros bienes sólidos y duraderos en esta diócesi, y esto desde el momento mismo de su entrada en ella. Conociendo que la mendicidad y los males que ella trae consigo nunca pueden remediarse sin edificios de reunión y establecimiento de fábricas, dispuso uno y otro, añadiendo a la casa que llaman de la Misericordia, la del Hospicio, hecha a sus costas en gran parte, en la cual emprendió sin fondo alguno las labores de algodón y otros con grande utilidad. A esto fue consiguiente el fomento de otras fábricas en la ciudad y obispado, que cierto extinguen la mendicidad mucho mejor que las destinadas a los encerrados en los hospicios. Los enfermos del hospital privados del alivio de la convalecencia excitaron su caridad, y le obligaron a emprender el edificio de este nombre, que costeó a sus expensas, y será uno de los monumentos de su beneficencia. Para socorro de los pobres conocidos con el nombre de vergonzantes, y para otros objetos análogos, estableció juntas de caridad, a que asistía infatigablemente: publicó varias pastorales y exhortos, que he visto, y que merecían publicarse reunidas. A él se debe el establecimiento de una escuela gratuita de dibujo, que comenzó en 1790, costeando la fábrica de escalera y salas de aquel edificio, y regalando una estimable porción de buenos modelos. Extendió el edificio de las beatas Terciarias de Santo Domingo, costeando en él la educación de muchas niñas pobres. En la rica villa de Olot edificó desde los cimientos un magnífico hospicio, según los diseños del arquitecto Don Ventura Rodríguez, con escuelas de gramática, retórica y dibujo. Parece increíble que en medio de gastos tan crecidos, y de lo que expendía en limosnas diarias en tiempo de inundaciones de ríos, guerras, etc., pudiese entrar en el costoso proyecto de la construcción de la capilla de San Narciso. Sola su actividad podía empezar y concluir el hermoso edificio, de que ya hablé otro día. En 1790 impetró de Pío VI lecciones propias del segundo nocturno y oración para la fiesta de San Félix Mártir, las cuales compuso el canónigo Dorca.

No le mereció menos cuidado el templo espiritual de sus feligreses, visitando continuamente la diócesi. En fin, el seminario fue su grande objeto: aumentó en él cátedras, abrió la biblioteca, y logró que a 10 de noviembre de 1795 se habilitasen sus cursos por real cédula para los grados en todas las universidades, aprobando al mismo tiempo las Constituciones que para ello hizo, y visitando casi diariamente las clases. Era pobrísimo en su persona. Finalmente murió en enero de 1796. Su inscripción sepulcral dice así:

H. S. E.

Illustriss. ac Reverendiss. Dominus

D. Thomas de Lorenzana, et de Butron,

Patria Legionensis, genere clarissimus:

Eques Regii insignisque ordinis Caroli III;

Huius almae Sedis dignissimus Episcopus:

Olim in ecclesia Tudensi Doctoralis canonicus,

In Salmanticensi Poenitentiarius,

In Caesaragustana Decanus.

Ad Gerundensem pontificatum evectus,

Ecclesiam hanc officiis devinxit, donis auxit.

Dioecesim sepe lustravit, perque annos amplius XX.

Mitissime ac prudentissime rexit.

Pauperes effusis opibus, institutis hospitiis;

Dei gloriam templis, seu veteribus instauratis,

Seu novis erectis, sustinuit et fovit.

Omnino se D. Narcisi, ut cultorem eximium,

Ita succesorem non degenerem prestitit:

Cui amplissimum, ubi iacet, sacellum,

Eius impulsu, vigilantia, curis, sumptibus

Pie coeptum, constanter absolutum fuit.

Vixit annos LXVIII menses X dies item X;

Summa in omnes bonitate ac beneficentia:

Obiit XII kal. febr. ann. MDCCXCVI,

Triste sui desiderium relinquens.


SANTIAGO PÉREZ DE ARENILLAS

de 1796 a 1797.

Natural de Becerril de Campos, diócesi de Palencia, Doctoral de Burgos, y allí mismo Abad y Deán. Durole el pontificado un año y diez y seis días, desde el 30 de septiembre de 1796, en que tomó posesión, hasta 17 de octubre de 1797. El sucesor fue

JUAN AGAPITO RAMÍREZ DE ARELLANO.

Natural de Puente la Reina, diócesi de Pamplona, actual Prelado.

domingo, 30 de octubre de 2022

CARTA XCII. Antigüedad de la iglesia de Gerona.

CARTA XCII. 

Antigüedad de la iglesia de Gerona: su catedral siempre fue la de Santa María, nunca la de San Félix, sino interinamente mientras dominaron los Moros en la ciudad: el clero de ambas iglesias profesó la canónica Aquisgranense desde fines del siglo IX: restauración de dicha canónica en el XI: pruebas de esto, y de que no se observó aquí la regla de San Agustín ni la de San Benito: noticia de lo que era el mazo de San Benito: varios ritos monacales de esta iglesia fueron la causa de esta opinión: noticia de ellos y de lo que era el Prepósito: número, orden y nombres de sus arcedianatos: número y calidades de los canónigos: cuándo y cómo pasaron a serlo los presbíteros llamados de Capítulo: origen de sus beneficiados: quien concurría a las elecciones de Obispos: cuando comenzó a elegirlos el Papa: sujeción de esta iglesia a la de Narbona: su título (titular en el índice), sello, hermandad con la de Puy en Francia: cuánto tiempo duró la fiesta a Carlo Magno: vestidos corales de los canónigos.

Mi querido hermano: Mucho se ha escrito sobre la antigua cristiandad de Gerona haciéndola remontar algunos historiadores hasta los tiempos apostólicos, colocando en esta Sede por primer Obispo a San Máximo, discípulo de Santiago. Algo más reciente ha de ser si San Saturnino fue el primer apóstol de estos países, como dan por supuestos algunos monumentos de nuestros monasterios e iglesias. Mas aun dejando aparte los primitivos tiempos, en que es muy verosímil que estuviese propagada por acá la religión, nos consta que lo estaba ya a fines del siglo III, como se ve en las actas de los mártires que padecieron a principios del siglo IV, que cierto no debía ser tan nueva la religión aquí en 303, cuando apenas llegado Daciano a España ya destinó a Gerona un vicepresidente tal como Rufino, que muy de asiento y de propósito persiguiese los templos de Dios vivos y muertos. 

Y constando que aquella persecución comenzó por derribar y asolar las iglesias como principal objeto suyo, se ha de tener por indubitable que la había ya en esa época en Gerona, y que era Sede de su Obispo propio llamado Poncio, martirizado en 303, y lugar donde se congregase la muchedumbre de cristianos, que debía ser considerable si se ha de calcular por los que murieron en esa persecución, que son más de doscientos, digo los conocidos.

El lugar donde estaba esta iglesia no puede ser otro que el actual, no habiendo quien dispute esta preeminencia sino la iglesia de S. Félix, y disputándolo esta a lo que entiendo sin razón. Porque el lugar donde ahora está el templo de este Santo era a fines del siglo III y principios del IV cementerio de los cristianos, donde consta que fueron sepultados casi todos los mártires y señaladamente San Félix Africano, y S. Narciso Obispo. Y como la disciplina de aquel tiempo no permitía que nadie se enterrase en iglesias, síguese que no la había ni catedral ni subalterna en el lugar indicado; el cual por otra parte estaba entonces extramuros de Gerona y delante de la puerta por donde se tomaba el camino de las Galias; circunstancias que comprueban la oportunidad de aquel sitio para cementerio y la importunidad para una Sede o iglesia matriz. Más adelante se verá el origen de esta pretensión. 

Decía, pues, que Rufino destruyó la catedral antigua, de modo que el citado Obispo San Poncio y sus fieles no tenían otro lugar donde congregarse que las criptas o soterráneos, y lo mismo aconteció a San Narciso, el cual fue muerto por los perseguidores en una de aquellas venerables juntas en el mismo cementerio que ahora decía. Que si se dice muerto en la iglesia de San Félix tomaron con grande impropiedad la iglesia que se construyó después por el terreno o sitio de ella. Cesando al cabo de ocho o diez años la persecución, y llegada la paz de Constantino, luego hallamos en esta ciudad dos iglesias cuyo examen importa mucho para la historia de esta Sede. Llamose la una de San Félix, levantada sobre el mismo cementerio o lugar donde había sido sepultado aquel insigne mártir, que por lo heroico y brillante de su martirio, y por la fama y celebridad que le dieron los himnos de Prudencio, se llevó la principal advocación del templo, oscureciendo en cierto modo el nombre de San Narciso, y del otro Félix, su diácono, sepultados en el mismo lugar. Bien se echa de ver cuán conforme era la erección de este templo a la disciplina de la época en que cesaron las persecuciones, cuando en todas partes se levantaron iglesias sobre los sepulcros de los mártires. Y así sin dificultad se puede fijar la época de esta hacia los años 320 o cosa tal.

Tampoco dudo que sea del mismo tiempo la otra iglesia intitulada constantemente de Santa María, y situada en el mismo lugar donde hoy está la catedral nueva, Sede propia de los Obispos de esta ciudad. Porque cierto es que por ardiente que fuese la devoción de los Gerundenses a San Félix Africano, primero debía restablecerse la Sede e iglesia matriz ya que había libertad para ello. Y que esta lo fuese la de Santa María, y no la de San Félix, aún en el siglo IV, lo persuade el haberlo sido en el siglo VII, porque no había razón ni es creíble que los Obispos de este último siglo ocupasen otra Sede que la que tuvieron los del IV. Pues a principios del siglo VII dice San Ildefonso (de viris illustribus, cap. X) entre otros elogios de San Nonito, Obispo Gerundense, adhaerens instanter obsequiis sepulcri S. Felicis Martyris. Circunstancia nada notable en un Obispo que asistía diariamente en su catedral, si esta lo hubiera sido el templo donde estaba el sepulcro de S. Félix. Por donde parece claro que era distinto de este el de la catedral, el cual estaba dentro de los muros cual correspondía a la iglesia matriz.

Por esta última razón cuando los moros se apoderaron de Gerona hacia el año 717, tomaron para su mezquita la catedral, y para los Cristianos que quedaron pecheros, quedó libre el uso del templo exterior de San Félix, a donde trasladó el Obispo su Sede y todo el culto de la catedral; y allí permaneció hasta la restauración de 785. De este espacio de sesenta años, dice un Cronicón de Ripoll hablando de esta restauración de la catedral, quae tunc erat in ecclesia S. Felicis (Marca hispánica, col. 250): y más claramente lo dice un sermón del Obispo Oliva: Ibi (en la iglesia de San Félix) erat ecclesia cathedralis tempore infidelium; porque no habiéndolo sido en los tres primeros siglos, no hay otra época a que convenga el tempore infidelium sino a los sesenta años del dominio de los moros.

Conquistada esta ciudad por las armas de Carlo Magno, o más bien por los Cristianos que quedaron en ella, se restauró la catedral y la Sede episcopal en el lugar en que ahora está. Desde esta época de mayor luz quedan innumerables documentos que acreditan que la catedralidad no ha mudado de lugar. De modo que a la actual iglesia de Santa María, que es ahora distinta de la de S. Félix, es la misma que lo era en los diplomas del siglo IX y siguientes. Y este es a la verdad un argumento muy sólido para probar que el templo de S. Félix no disfrutó jamás este honor sino interinamente en los sesenta años de cautiverio. Porque no es presumible que un templo tan respetable ya por su famoso titular fuese despojado del honor episcopal que había disfrutado desde la paz de Constantino si tal hubiese. Ni se hallará que Carlo Magno u otro Príncipe de aquel tiempo despojase tan ligeramente los templos de su antiguo honor en las ciudades que conquistaban de los moros. Esto era mucho menos verosímil en Gerona, que en medio de la barbarie de los árabes supieron mantener el culto cristiano en la iglesia de San Félix, por donde no había título para que se temiese alguna mengua en las invasiones venideras. Así que no fue este el motivo de la mudanza de la catedral al lugar donde está, sino la restitución del derecho que tenía este sitio profanado con las impurezas del Corán en aquellos sesenta años. Trata este punto con más extensión Dorca en la obra de los mártires. Sea con motivo de la sobredicha traslación de catedralidad al templo de S. Félix, sea por otra causa, el clero de ambas iglesias se consideró uno solo hasta el siglo X; de lo cual da algunas pruebas el mismo escritor. A mediados de ese siglo se dividió un clero de otro, y el de San Félix suena gobernado por abad propio, como se dirá otro día. Aún antes de esa división se había ya introducido aquí la Vita canónica Aquisgranense, comúnmente admitida por las iglesias de Cataluña en aquellos tiempos anteriores al remate del siglo XI. Yo no tengo duda en que aquí se introdujo luego que se mandó observar en el concilio de Aquisgrán (Aachen) del año 816. Mas como para esto se necesitaba dotación fija y apoyada con la autoridad real que asegurase a los canónigos de su subsistencia, de ahí es que no nos consta la observancia de esta regla hasta que el Obispo Teotario en el año 881 logró de Carlomán un diploma o como llamaban preceptum, en confirmación de todos los bienes de esta iglesia; el cual publicó Baluzio (capítul. Reg. Franc. apén. número CXVI) y está en el libro verde de esta catedral, fol. 178. Hizo esto el Obispo con ánimo de dotar de nuevo a su clero, y de hacerles observar la regla canonical a imitación de Frodoino Obispo de Barcelona, que ya lo había ejecutado en 878. El nuestro lo verificó en 882, señalando los estipendios o sustentación, que su clero, esto es, el de San Félix y Santa María, debían recibir sirviendo a Dios en sus iglesias. Irá copiado de nuevo este instrumento, aunque publicado varias veces, y novísimamente por Dorca. En él se debe fijar la introducción de la canónica Aquisgranense en esta iglesia, porque sus fórmulas son las mismas con que se establecía en otras partes. Más claro parece esto en que desde entonces los canónigos de Gerona comenzaron a llamarse así, como se ve en el instrumento de la elección del Obispo sucesor Servus Dei del año 886 o 887 en que todos los subscriptores se firman Canonicus, cosa no usada hasta entonces (a: En la España Sagrada, tom. 43, pág. 96 y 169 se da por sentado que en esta iglesia no se instituyó la vida canónica hasta muy entrado el siglo XI. No me admira que opinase así el que tan escaso se muestra de noticias del tiempo del Obispo Teotario; y eslo sí que es de admirar en quien vio por sus ojos los archivos de Gerona.) 

Y así es claro que tomaron este dictado a canone o regla; y no habiendo entonces otra en uso por acá sino la de Aquisgrán, admitida en toda la provincia Narbonense, a la cual pertenecía nuestra iglesia, es preciso concluir que esta es la que aquí se admitió como en la de Barcelona, Vique y Urgel. No se opone a esto la subscripción de Badagarius Abba que se halla en la citada escritura de elección. Porque este Abba o Prepósito era el que según mandaba aquella regla tenía a su cuidado el gobierno económico de la iglesia. 

Ya advertí en el viaje de Vique que la canónica Aquisgranense tenía por propio carácter el no obligar a sus profesores a la total abdicación de la propiedad, y así quedaban con el derecho de testar libremente de sus bienes, muebles y raíces al tiempo de morir. Y que esto se usase aquí en los siglos X y siguientes se podía mostrar en una larga serie de ejemplares por las escrituras que quedan de este género, y por los legados de los canónigos a su iglesia, notados en sus óbitos en los Martirologios. Dorca cita algunos (pág. 351). He copiado dos (a: Aps. ns. XXVIII y XXIX.) para muestra: uno del año 1064, tiempo en que, como se verá, estaba en su auge esta canónica Gerundense. Este es el testamento de Ponce Levita (nombre sinónimo de canónigo de Gerona), y Capud scolae, oficio unido entonces a la canónica. En él verás la franqueza con que dispone de todos sus bienes, y los muchos que poseía como dueño propietario. Es notable la mención que hace de mancusos auri monetae aeneae. El otro es del año siguiente 1065, hecho por Guillermo Guifredo, canónigo de esta iglesia, que murió en Palencia, yendo en romería a Santiago en el mes de agosto de este año. Otros muchos hasta principios del siglo XIII se citan en el proceso de 1239, produciendo los legados que se hicieron a los presbíteros de esta iglesia. Lo mismo pudiera hacer respecto de las oblaciones y admisiones in canonicum, en cuyo acto la canónica consignaba a los nuevos la percepción de ciertos frutos, de que disponían a su arbitrio. Cosa que no toleraba otra regla que la Aquisgranense.

Sin embargo, creo que hasta principios del siglo XI no estuvo en gran auge esta canónica, o por falta de edificio que comprendiese en un recinto todas las habitaciones y oficinas que la correspondían, o por otras causas. Así hallamos que es a XII de las calendas de diciembre del año 1019 (XXIII del Rey Roberto), el Obispo Pedro Roger, con el auxilio de su hermana la Condesa de Barcelona Ermesindis, y del hijo de este Berenguer, Conde y Marqués, resolvió restaurar y dotar esta canónica, mandando construir su edificio, como se ve en la escritura publicada en la Marca Hisp. (Ap. n. CLXXXII), y copiada por mí de nuevo del original, donde se hallan algunas suscripciones que omitió el impreso, y se corrigen las erratas que en él se cometieron (a). Otra copia va de la nueva dotación que hizo poco después el mismo Obispo: por donde se ve el esmero con que cuidó de la reforma de este clero (b).

Es verdad que en ninguno de estos instrumentos se dice restaurase aquí la canónica Aquisgranense. Mas la circunstancia de haber asistido a aquel acto solemne los canónigos de Barcelona, que la habían admitido el año 1009, y San Ermengol, Obispo de Urgel, que la plantificó en su iglesia en 1010; y la de haberse hecho todo con su acuerdo es un indicio manifiesto de que aquí no se introdujo otra regla. Dorca, que trató de propósito esta materia, omitió un argumento que es el más concluyente de esta verdad. En dos martirologios modernos de esta catedral, uno del siglo XIII y otro de fines del XIV, se halla al fin o toda o la mayor parte de la Vita canónica Aquisgranense con el prólogo, todo conforme la publicaron los editores de Concilios. Lo mismo se ve en otro martirologio de la colegiata de San Félix. Cualquiera volumen que se hallase de ello aquí era ya un indicio suficiente de lo que digo. 

(a) Ap. n. XXX. = En la España Sagrada, tom. 43, se publica este documento copiándolo de la Marca Hispánica. 

(b) Ap. n. XXXI. 

Pero lo es mucho mayor el hallarse en los martirologios, libros en que sólo se escribía lo que había de servir para la lectura y uso diario de la Praetiosa en los monasterios y en las iglesias que se amoldaron al rito monacal. Porque en esa hora, después del martirologio, se leía, o el Evangelio del día en las fiestas, u otras lecciones análogas al objeto, o un trozo de la regla y constituciones en las ferias, como todavía se observa en mi orden y otras: y esto era general en todas las canónicas. Pues si en los martirologios escritos de nuevo en los siglos XIII y XIV pusieron aquí la canónica Aquisgranense, es claro que esta es la que leían al tiempo de la Praetiosa. Y a esto alude una consueta del siglo XIV, que manda leer a esa hora un trozo de Decretis Patrum, expresión equivalente a aquella canónica, que no es otra cosa sino una colección de sentencias de Padres y Concilios. También se infiere de lo mismo que esta es la regla que observaron en los siglos anteriores. Porque ya se sabe la tenacidad con que los cuerpos guardan sus antiguos ritos y costumbres. Con esta sola reflexión queda desmentida la opinión de los que creyeron que la canónica Gerundense fue Agustiniana. Porque además de que esta regla no pudo regir aquí antes del remate del siglo XI, en que era todavía desconocida en Cataluña, debemos decir lo mismo de los siglos XIII y XIV, en que no se acordaron de ella cuando escribieron los martirologios sobredichos. Cosa del todo inverosímil, si entonces o antes estuviera en uso.

Mucho más equivocada es la especie de haberse observado aquí en lo antiguo la regla de San Benito, como aseguró el padre Roig (pág. 202 y 206): fábula sólidamente combatida por Dorca (pág. 345 y siguientes). Es verdad que en el breviario propio de esta iglesia, escrito en 1339, se halla la fiesta de San Benito a 21 de marzo; pero es sólo de tres lecciones, y el oficio todo del común. Rezo propio y octava tiene allí mismo la fiesta de la traslación de dicho Santo, a quien llaman Pater; mas eso no prueba que lo fuese de estos canónigos, como no lo era Santo Domingo, a quien también llaman Pater en el oficio propio de su fiesta, ni San Francisco, a quien dan el mismo dictado las lecciones escritas en el leccionario propio de esta iglesia. El clero secular adoptaba estas festividades de los fundadores de las órdenes, y de ellos tomaba los oficios propios para el rezo. Y en esto no hay que cavilar más. Pero ciertamente es reparable que la festividad principal de San Benito fuese en el siglo XIV de un rito tan inferior, que no sufriría ningún cuerpo en la fiesta de su Patriarca. Más es que en las actas capitulares del mes de abril de 1372 se halla una ordenación hecha por el Obispo y Capítulo con estas palabras: Ordinarunt ad honorem Dei et reverentiam S. Benedicti quod translatio S. Benedicti colatur per Christi fideles, in locis ubi sit monasterium virorum seu mulierum ordinis Sancti Benedicti... Y añade que esto lo hicieron ad humilem suplicationem venerabilium Abbatum et aliorum ipsius ordinis qui interfuerunt in Synodo in Gerundensi Ecclesia proxime celebrata. Esta era buena ocasión para que los canónigos expresasen su profesión benedictina, y mostrasen la debida veneración a su Patriarca, estableciendo dicha fiesta en Gerona. Esta omisión es un argumento claro de que entonces no había aún nacido la opinión de haber sido Benedictinos estos canónicos. Dudábase todavía de esto mismo aún en el siglo XVI, en que tan válida estaba la fábula del mazo de San Benito. Así se llamaba un recio golpe que se oía en la catedral, el cual, según creían algunos, anunciaba la muerte próxima de algún canónigo. Para que veas lo que esto era va copia de un acta capitular de 12 de diciembre de 1528 (a: Ap. n. XXXII.).  

La opinión del estado monacal de la canónica Gerundense podo nacer de las prácticas de refectorio, dormitorio, capítulo, colaciones en el claustro y otras, y de los nombres de oficio consiguientes a esta: cosas usadas aquí y en otras iglesias por largo tiempo. Lo del refectorio estaba ya aquí desusado a principios del siglo XIII, pues en el proceso de 1239 se lee: Cum olim canonici omnes comedebant in refectorio. En el libro verde, desde el fol. 112, se hallan varios estatutos ya del 1216 sobre las porciones canonicales en dinero. Mas aun quitada la comida en refectorio, quedaban en él las colaciones en los días de ayuno, y en el claustro en los días festivos: y así se practicó hasta el siglo XV (V. lib. verd. fol. 134). En 1315 se daban, según la antiquísima costumbre, dos colaciones en los días de ayuno (Ibid. fol. 126). Mas no entiendas que ambas eran para todo el clero, sino la primera para el capítulo y la segunda para los restantes, y así debe entenderse esta colación duplicada, donde quiera que se halle usada. Quitose aquí esta práctica en 1325, mandándose quod de cetero non detur nisi unicus potus in claustro vel in refectorio in diebus jejunialibus et aliis quibus est consuetum bibere bis; et pro secundo potu, detur certa pecuniae quantitas (Ibid. fol. 129. b. et in lib. den Calçada fol. 114). El uso del dormitorio continuaba aún al tiempo del proceso de 1239, en que se supone que al presbítero hebdomario (hebdomadario encuentro anteriormente) se daba en él cada noche una candela. Mas no se recogían allí todos los canónigos, constando de muchas escrituras que tenían sus casas fuera del ámbito del claustro y lechos propios. Los oficios de refitolero, cocinero, dormitorero y portero de la canónica fueron erigidos en beneficios perpetuos en 1319 por el Obispo Don Pedro de Rocaberti (Ibid. fol. 141. b.); lo cual nació sin duda de la total supresión de aquellas oficinas, aunque les quedasen algunas obligaciones análogas a su origen. He dicho, y téngolo por cierto, que estas prácticas monacales no prueban la profesión monacal en las catedrales; como tampoco la persuaden el claustro y clausura, el coro en medio de la iglesia, el silencio, la Praetiosa en el capítulo, el uso de comenzar las completas en él con la lección espiritual y bebida, y pasar luego al coro a concluirlas. Estas y otras mil cosas compatibles con el derecho de propiedad eran miradas como un antemural de la vida perfecta del clero secular, el cual sin abdicar sus bienes y sin hacer voto ninguno solemne de vida más perfecto, debía distinguirse de los legos en la conducta exterior. Lo mismo a proporción se ha de decir de los nombres de Abad, Prior y Prepósito usados en escrituras de los siglos X, XI y XII, nombres sinónimos, con los cuales era llamado indiferentemente, no un superior monacal a quien se prestase la obediencia que constituye aquel estado, sino un superior económico, a quien tocaba la corrección primera de los delincuentes y la administración de las rentas. Lo más común en esta catedral era llamarle Praepositus; y que no significase más que lo dicho se ve en la división de este oficio en las doce preposituras que conservaron el nombre y obligaciones del primero, y es que creciendo las rentas y la carga de su colección y distribución, fue preciso aliviarle, repartiendo entre muchos lo que uno solo no podía desempeñar. Las primeras memorias que aquí hallo de los prepósitos por meses, son de principios del siglo XII. Algunas de ellas mismas o acaso distintas se intitulaban de Albuziano, de Aredo, de Eviza, Caciano, etc., tomando el nombre de las villas o iglesias cuyos frutos estaban a su cargo.

Había en esta iglesia cuatro arcedianatos, es a saber: el mayor o Gerundense, llamado antiguamente de rogationibus (por la jurisdicción y derecho que tenía en Ravós, lugar distante dos horas de esta ciudad), el de Besalú, el de Empurias y el de Peralada, a quien sucedió el de la Selva, si no me engaño, en el siglo XII. Estos cuatro títulos correspondían a los cuatro condados que componían esta diócesi. 

Ya muy de antiguo ocupan en el coro los cuatro ángulos y en las procesiones de la vigilia de Navidad al capítulo, día de Ceniza, Jueves Santo y otras, tienen señalada en las consuetas su colocación respecto de las otras dignidades de esta manera: arcediano mayor, sacrista mayor, precentor, abad de San Félix, y los arcedianos de Besalú, Empurias y la Selva. El abad de San Félix era por lo regular el mismo arcediano mayor hasta el siglo XII. Entonces comenzó a darse aquel cargo a otras personas, y esta dignidad siempre se reputó por la cuarta de esta catedral.

El número de canónigos era el de veinte hasta la visita del Cardenal Sabinense en 1229, en que se aumentó al de veinte y cuatro, y así ha continuado. Eran y lo son diaconiles, y es ocioso probar esto con escrituras, muchas de las cuales van copiadas. Esta es la causa de ser aquí tan frecuentes las firmas de Levita, que siempre se ha de tomar por equivalente de canónigo, porque lo eran, y ellos solos lo eran con toda propiedad. Aún hoy no son admitidos al osculum pacis, si no están ordenados de diáconos, que es el grado que requiere su prebenda; otra condición precisa para entrar en su número era la de ser de genere militari ex utroque parente: esto es, nobles, porque esto significaba el miles en los siglos XII y XIII. Confirmaron esta constitución varios Papas y también el concilio Basileense, VIIII. kal. junii de 1437 a instancias del capítulo y del Obispo Bernardo Pau, qui, dice el decreto, nostrae congregationi incorporatus existit. La causa de esta condición de nobleza fue precaver por los enlaces de los canónigos con los nobles, los daños que estos hacían en las posesiones de esta iglesia. Para la celebración de los oficios divinos había doce presbíteros llamados de capítulo, los cuales se repartían esa obligación por semanas, teniendo cada uno de ellos por ministros a dos de los canónigos. Llamábanse también statores, como estantes por el capítulo. Los arcedianos eran los diáconos del Obispo según una constitución del año 1434 (Lib. den. Calçada fol. 173. b), solos estos presbíteros y los canónigos podían celebrar o ejercer oficio eclesiástico en el altar mayor, a excepción de los Evangelios, Liber generationis y Factum est de los maitines de Navidad y Epifanía, las Pasiones en la Semana Santa, la Angélica del Sábado Santo, y las misas matutinales que se permitía cantar a otros. Este era todo el clero de la catedral a principios del siglo XIII, es a saber: los canónigos, dignidades y presbíteros de capítulo, a que se añadía el clavero y dos capellanías establecidas, una por el canónigo Guillermo de Terrades, y otra por la Condesa Ermesindis, que murió hacia la mitad del siglo XI. 

En 1208 se introdujo la fundación de beneficios que se llamaron stabiliti. Hizo la primera Alemany de Aiguaviva, sacrista de esta catedral y después su Obispo, a 28 de febrero del año citado, a la cual se siguieron otras hechas por el Obispo Arnaldo de Creixell en 1214. Y este es el principio del numeroso clero de esta iglesia que tanto contribuye al lustre de las funciones eclesiásticas. En esta misma época los presbíteros de capítulo entraron en la pretensión de ser tenidos por verdaderos y esenciales canónigos. Fundábanse en la costumbre antiquísima de asistir a las elecciones de Obispos, de suscribir como canónigos, de no ser echados del capítulo en sus deliberaciones, y por consiguiente alegaban derecho a percibir el florín mensual que por constitución del Obispo Guillermo de Monells de 1173, se debía dar a los canónigos que cursaban en alguna universidad. Los canónigos dijeron que esto había sido una tolerancia, etc. El negocio paró en compromiso, como ya dije otro día. Los jueces dieron sentencia a 29 de octubre de 1240, declarando que los presbíteros no eran verdaderos canónigos, ni debían percibir los florines que se daban ratione estudiorum, sed quia, prosiguen, in electione episcoporum dictos presbiteros invenimus praescripsisse, et si non ad plenum, cum beneficio tantum et supplemento nostrae conscientiae, in ipsa electione episcoporum jus habere dictos pbros. declaramus. También se mandó que pudiesen obtener preposituras, y que no fuesen excluidos del capítulo, cosas de que estaban ya en posesión. Apelaron los presbíteros de esta sentencia a la Sede Apostólica, y el Papa Inocencio IV la confirmó en 1249. Así quedó el negocio por entonces. Andando el tiempo, el Papa León X erigió estos doce presbiterados en canonicatos, dispensándoles en el estatuto de genere militari, y conservándoles las obligaciones antiguas de hebdomadas, etc. El breve es de 1520 IV. kal. octob. Con esto quedaron treinta y seis canonicatos como hoy subsisten. Del mismo contexto del proceso consta, que dichos presbíteros nunca habían tenido la abadía de San Félix, que siempre estuvo anexa a un canonicato de la catedral, y hoy es la cuarta dignidad de ella.

De lo dicho se ve, que la elección de Obispos fue aquí peculiar del capítulo; y aunque en el siglo IX consta que acudían a este acto los clérigos rurales con los civitatenses, como verás en la elección del Obispo Servus Dei el año 886; sin embargo, entiendo que esto no se ha de tomar tan literalmente que se suponga haberse hecho una junta a que acudiese todo el clero, sino que congregado gran parte de él se hacía aquella aclamación, que tales eran por lo regular las elecciones de los Obispos. Así aún del siglo XII hay por acá algunos decretos en que se dice haberse congregado para ello el clero y pueblo, con ser así que el pueblo no tenía acción ninguna en tal acto. Y se ha de distinguir entre lo que es la elección del prelado y la carta dirigida al metropolitano, pidiendo la confirmación e intronización del electo; a esto último concurrían los nobles y magistrados, y en nombre de todos se hacía la súplica. A principios del siglo X, año 908, suena aquí el Obispo Wigo, electo por el Rey Carlos el Simple. Y es el único ejemplar que hay de ello. En los restantes, el clero, o sea el capítulo por aclamación, o por escrutinio o por compromiso, nombró siempre a su pastor hasta el año 1292, en que el Papa nombró Obispo a Don Bernardo Vilamarí. Esta es aquí la época de las reservas pontificias en orden a la dignidad episcopal.

Durante el cautiverio de Tarragona reconoció esta iglesia, como todas las otras de la marca, al Arzobispo de Narbona por su metropolitano, a quien acudían en lo que tocaba a confirmaciones de Obispos, concilios y causas eclesiásticas, y él venía a consagrar templos, entronizar Obispos y cosas semejantes. Sobre estas pruebas comunes a las catedrales de Urgel, Barcelona y Vique, tiene esta de Gerona otras particulares. Porque con la intrusión del Obispo Ermemiro hacia el 886, puesto por el famoso Sclua, intruso en Urgel, que se arrogó los fueros de metropolitano Tarraconense, tuvo Gerona ocasión de mostrar su opinión en este punto, o sosteniendo el derecho de Servus Dei ya electo y consagrado por el de Narbona, o eligiéndolo verificada ya aquella intrusión de Ermemiro, y presentándolo al mismo Arzobispo como a su cabeza legítima con desprecio de la vana pretensión de Sclua, a quien nunca reconocieron por tal, aun reconociéndolo los Obispos de Barcelona y Vique. Este afecto particular de nuestra Sede a la de Narbona, fue sin duda la causa porque el decreto de la elección del Obispo Borrell de Vique en 914 se puso en manos de nuestro Obispo Wigo, para que él solicitase el consentimiento de los comprovinciales y del metropolitano Narbonense; porque la razón que allí se da de que estaba más cerca de aquella capital, no tiene gran verdad. De lo mismo nació igualmente la resistencia que nuestro Obispo Arnulfo hizo a Cesario, abad de Santa Cecilia, electo Arzobispo Tarraconense en el concilio Compostellano: cuento que dan por fabuloso los críticos del día; pero que a pesar de sus censuras, es y será siempre un hecho. De lo mismo entiendo que nació, el que nombrado Atón, Obispo de Vique, Arzobispo de Tarragona, no fuesen reconocidos por tales los sucesores en más de un siglo. En resolución, Gerona reconoció por metropolitano al de Narbona, desde su conquista en 885, hasta la restauración de Tarragona, o excepción de las dos breves épocas de Atón y Berenguer Rosanes, Obispos de Vique. Ya se dijo que el titular de esta iglesia siempre fue Santa María, con el cual se ha distinguido de la de S. Félix, y se ha indicado regularmente desde el siglo IX la Sede y episcopado Gerundense, como se ve en varios diplomas, y en el decreto que se dirá de la elección del Obispo Servus Dei en 886, los canónigos que ponen título de iglesia no ponen otro que Sanctae Mariae, que es otra prueba sólida de que la catedralidad nunca fue propia de la iglesia de S. Félix. A esto no se opone que en algunas escrituras, por la grande veneración y celebridad del Santo Mártir y por la unión que ambas iglesias tenían, suenen donaciones hechas a la Sede con título sólo de S. Félix, juntándolo otras al título de Santa María. Habrás observado ya en los documentos que he enviado en el discurso de mis viajes que en las donaciones, así de Reyes como de particulares, los titulares de los monasterios e iglesias no se expresan siempre con la exactitud que ahora quisiéramos. Nacía esto de la devoción del donador a los Santos que tenían su propio altar, además del mayor en los monasterios e iglesias. La iglesia de Roda en algunos diplomas episcopales de mitad del siglo XI se llama Sancti Valerii et S. Vicentii, por haberse entonces hallado el cuerpo de S. Valero y depositado en la catedral, que nunca, ni antes ni después tuvo otra advocación que la de S. Vicente Mártir. El mismo era el titular del monasterio de Gerri, al cual sin embargo se le añaden, y a veces prefieren en algunas donaciones, los títulos de Santa María, S. Pedro, San Juan y otros. Cuán cierto y demostrado es que el titular de la catedral de Vique no era otro que S. Pedro. Sin embargo, ¿cuántas donaciones hay hechas a aquella Sede intitulándola Sanctae Mariae por la devoción a la imagen venerada en la antigua capilla fuera de la catedral llamada la Rotunda? ¿Quién contará los nombres de Santos que dan los antiguos documentos a la colegiata de Besalú, antes monasterio de canónigos reglares de S. Agustín? Bastan estos ejemplos que ahora me ocurren para que nadie se deslumbre con la diversidad de titulares expresados en algunos diplomas. Aquí había más, y es que el nombre y los milagros de San Félix era lo que hacía famosa la iglesia Gerundense, y lo que estimulaba a los poderosos a enriquecerla por donaciones, o por gratitud, o para merecer los favores de tan ilustre mártir, cuyo nombre expresaban en las escrituras, porque él era todo el móvil de su liberalidad. Las Condesas Gisla y Ermesindis, por ejemplo, regalaron un frontal de oro en honor de S. Félix, como dicen todos los escritores; mas esta alhaja sobre hallarse en la catedral y no en la iglesia de San Félix tiene además que observar, que en el centro se entalló la imagen de Santa María y no la de aquel Santo, como dando a entender que la iglesia a quien se dio estaba titulada de Santa María y no de S. Félix.

Estas y semejantes reflexiones no debían olvidar jamás los que contradicen la catedralidad de Santa María. Medir las escrituras antiguas por la exactitud y propiedad del día es ignorar la diplomática en esta parte.

Otra prueba es de lo mismo el sello antiguo y moderno del capítulo, que nunca representó otra cosa que la imagen de nuestra Señora sentada. Así lo conservan en el día, con ser así que la fiesta principal de su titular es la de la Asunción, que en otras catedrales bastó para que alterasen su situación representándola en pie desde fines del siglo XV o cosa tal.

Tenía esta iglesia hasta nuestros días hermandad con la de Puy de Francia, y de ello hay muestras en las ocurrencias de ir y venir canónigos, los cuales mutuamente percibían la porción canonical, y eran tratados como tales. Quedan además desde el siglo XV varias cartas de un capítulo a otro, algunas de las cuales están copiadas en el Cartoral, fol. 310. Mas esto no nace de lo que dicen comúnmente los escritores, que cuando Carlo Magno conquistó esta ciudad en 785 puso en ella por Obispo un canónigo de la de Puy, cuyo nombre se ignora. En el episcopologio verás cuan fuera va esto de camino, y como verosímilmente en 785 era ya Obispo de esta Silla Adaulfo. La conquista de esta ciudad por Carlo Magno es uno de los cuentos más ruidosos entre los eruditos, con ocasión de las memorias que aquí se tienen de aquel Príncipe y de las demostraciones religiosas con que le ha honrado esta iglesia. Es de desear que todos los hijos de Gerona entren en las ideas juiciosas de su paisano Dorca, que en su obra de los Mártires de Gerona acaba de desentrañar y poner en claro esta fábula con todas sus circunstancias portentosas. El resultado de su trabajo es que cuando Carlo Magno vino a España con su ejército y estuvo en Zaragoza en el año 778 sujetó la ciudad de Gerona con otras muchas, dejando en ellas tributarios a los Moros que quedaron con su mando: que rebelándose estos después, el ejército de los franceses (francos) vino sobre esta ciudad en 785, llamados por los Cristianos Gerundenses, los cuales advirtiendo la poca guarnición de Moros, entregaron la plaza a Carlos, a quien habían jurado obediencia siete años antes (y esto ciertamente es más glorioso para Gerona que su conquista a fuerza de armas por aquel Rey): que por consiguiente es una fábula que esta conquista fuese en virtud de los portentos de la lluvia de sangre, aparición de una cruz en el cielo, etc., que ni sucedieron en Gerona sino en la Alemania, ni en ese año 785 sino en el siguiente 786: que ni en uno ni en otro estuvo ni pudo asistir personalmente Carlo Magno a la conquista de Gerona, estando como estaba en Italia y Sajonia. Estas y otras cosas que cuentan por muy ciertas algunos escritores están sólidamente confutadas en la citada obra a que me remito, como viajero ocupado en otras cosas que falta averiguar. La tradición nada vale cuando hay en contra argumentos de casta. La fiesta que aquí se hizo a este Rey como Santo tiene un origen moderno y conocido, que es la credulidad del Obispo Arnaldo de Monrodó, el cual la instituyó en 1345, como se dirá otro día. Pedro de Marca se equivocó en decir que esta fiesta duró hasta los tiempos del concilio Tridentino, y que aun quitada, quedó el sermón en alabanza de aquel héroe a la hora de la misa mayor. 

En cuanto a lo primero en una consueta del año 1360, que pone esta fiesta, al margen se halla notado de letra del siglo XV que ya no se celebraba en virtud de un breve del Papa que la mandó suspender. Nada más se expresa allí; mas yo sé que este Papa fue Sixto IV. Consta esto de las actas capitulares del año 1493 (fol. 55, día 9 de abril) en que el capítulo, cortejando a D. Lope de Haro, embajador del Rey Católico (Fernando II de Aragón) al nuevo Papa Alejandro VI al tiempo de mostrarle las reliquias, altar y otras preciosidades de la catedral, le dio razón del culto y oficio de IX lecciones con que Carlo Magno había sido venerado en ella por espacio de unos 140 años hasta que lo prohibió el Papa Sixto. El embajador ofreció representar este negocio a Su Santidad y solicitar la restauración de la fiesta. Y si hizo lo primero, es cierto que lo segundo quedó por hacer. Lo de la obra del sermón todavía es más equivocado, pues ya en 1470 se decía el panegírico a la una del día de la dominica II de Cuaresma, como se dice también hoy y como yo le he oído este año. La fiesta, cuando se celebró, tenía por día propio el 29 de enero, como se ve en las consuetas, etc. Mas debe notarse que no era general en todas las iglesias de esta ciudad. De la colegiata de San Félix con ser tan principal, puedo asegurar que no la admitió o que al menos no la guardaba a mitad del siglo XV, cuando todavía continuaba en la catedral. Una consueta de dicha colegiata de ese tiempo dice: De hoc festo (Caroli Magni) in ecclesia S. Felicis nichil fit; immo fit de VIII die S. Vincentii. Sed in Sede et aliis ecclesiis, fit de Karolo tamquam de festo signi novi. 

Acerca de los hábitos corales del clero en los siglos antiguos, no puedo dar por cierto cosa alguna. Sin embargo, puede servir de luz la rúbrica que establece una consueta de esta iglesia escrita en 1360 para la solemnidad del Sábado Santo, “Finita nona, dice, quatuor clerici induti superpelliceis hymnum Inventor rutilis cantent in Truna ubi leguntur lectiones de duobus in duobus; et hic (esto es, antes de cantar Exultet angelica) penitus deponuntur capae nigrae, nec in antea utimur nisi superpelliceis." Al margen de letra del siglo XV se nota: Hodie autem deponuntur (capae) sexta finita imediate. De cuyas palabras se debe inferir que en los siglos XIV y XV, durante el tiempo pascual y acaso hasta Todos Santos, el hábito del coro era sólo la sobrepelliz, y de ese día al de Pascua la capa negra. Esto último consta de una constitución del año 1321 en que se añadió que los que no llevasen capa negra en tiempo de invierno se sentasen en el coro inferior, y en las procesiones precediesen a los otros para evitar la deformidad que debía resultar de la mezcla de trajes diferentes. En una y otra temporada, así sobre las capas como sobre las sobrepellices, llevaban almuzas negras: y esto indica la constitución copiada en el libro Dencalçada (den, d'en Calçada): est consuetum, dice, quod nullus clericus intret chorum cum vestibus viridibus bipartitis, virgatis, rubeis vel stacatis, nec cum caligis, nec cum almuciis nisi nigris, et quod portent superpellicia vel capas. Otra noticia nos da el mismo libro, (fol. 213) que dice: Quando presbiteri de capitulo, seu quicumque beneficiati capis pluvialibus induuntur, non portent subtus ruquetum seu garnatxiam sed superpelliceum portare omnimode teneantur. Entiendo que las almuzas eran cerradas por delante, aunque mucho más cortas que las que hoy usan los canónigos. Estas no tenían capilla, la cual era propia y estaba cosida con la capa, y cubría del todo y ajustadamente la cabeza. Vese esto en las figuras sepulcrales de canónigos y beneficiados, así en el claustro de la catedral como en otras iglesias. A lo mismo alude una constitución capitular del 22 de junio de 1509 en que se ordenó quod de cetero quilibet capitulares et beneficiati hujus Sedis portantes capas de choro, possint in choro et extra deferre caputia caparum extra caput in collo more aliarum ecclesiarum cathedralium; ita quod sit in arbitrio cujusque dicta caputia portare in capite aut in collo prout sibi placuerit. En 1553 a 18 de marzo dio permiso el capítulo para que cada uno de sus individuos usase de chirotecas sive manicas, no obstante el estatuto antiguo y costumbre que prohibían su uso. La materia común de estos hábitos era la lana. En los registros capitulares de Alfonzello, fol. 134, hallo que en 1472 ya se dispensó con el clero ut possent uti serico et ornamentis canonicalibus. El uso de los armiños en las almuzas de invierno no entró acá hasta el 1609 en que mandaron se comprasen. Algo más tardó a introducirse el uso de hábitos canonicales morados para invierno y verano, que no se mandó hasta 1629. Hoy se usan en el invierno capa talar de estameña morada con sotana y almuza de lo mismo. Del traje común del clero fuera de la iglesia, darán razón varias constituciones sinodales que irán copiadas, y de que se hablará en en el episcopologio desde el siglo XIII en adelante. A Dios, etc. 

domingo, 15 de mayo de 2022

CARTA 10. De algunos ritos antiguos.

CARTA 10. 

De algunos ritos antiguos. 

Mi querido hermano: No se deleita tanto el curioso investigador de la antigüedad profana con algún trozo de piedra, preservado de la injuria de los tiempos para recuerdo de la opulencia y grandeza de los antiguos estados o familias; como el amador de la religión en algunas reliquias del buen espíritu, que siempre ha dictado a la iglesia prácticas y usos convenientes a la conservación de la caridad. (1) Tal era el rito de las sagradas Eulogias. Apenas se hallará hombre instruido y poseído del amor fraternal que no haga un dulce recuerdo de esta muestra de la comunión eclesiástica con que se procuraba avivar en los ánimos de los fieles la verdadera unión y concordia. Aunque la historia de este rito en España se dará en nuestra obra, debo anticipar la noticia de los vestigios que quedan en esta iglesia de tan santa costumbre. Todos los códices sacramentarios, hasta los del siglo XVI, prescriben en el ordinario de la misa la bendición del pan al tiempo del ofertorio en los domingos. Y que esto se hiciese para repartirle entre los fieles, lo indica el final de la oración: ut omnes gustantes ex eo, tam animae, quam corporis recipiant sanitatem. Ofrecían este pan los fieles al tiempo del ofertorio, y acaso con él otras viandas. A lo menos, por el testimonio de Beuter, sabemos que en el siglo XVI se practicaba así en los días de San Blas y Santa Águeda (a). En algunos códices he hallado oraciones propias para la bendición del pan y del vino en estas fiestas, como también en la de San Blas para la de semillas y frutos, y en la de Santa Águeda para la de los términos. Hoy persevera en ambos días la bendición del pan; pero ya no es oferta voluntaria de los fieles al tiempo de la misa, sino otra cosa muy distinta. En las aldeas y aun en algunas Iglesias de esta ciudad se lleva al templo una torta grande de pan, la cual se bendice separadamente antes de la misa para repartir luego entre los principales concurrentes. En este mi convento de Predicadores se hace indistintamente esta repartición del pan, desmenuzado ya, luego que se concluye el ofertorio de la misa, que se canta todos los sábados en la capilla de nuestra Señora del Rosario. Igual costumbre oigo que tienen algunas iglesias de esta ciudad en la misa de la noche de Navidad. Reliquias de aquel primer instituto de las Eulogias y oblaciones, de las cuales, por ciertos indicios que tengo, confío hallar otras muestras en mi viaje. 

(a) "Usque ad nos perseverat mos vetustatis illius, quo offertur à quibusdam die S. Blasii et  S. Agathae, omne quod ad cibum pertinet et ad potum.” (Beuter de recta sacrif. ratione c. 9. 1542.) 

No ha durado tanto el rito del ósculo (beso) de paz al tiempo de la misa que conservaba aún en su vigor esta Iglesia en el siglo XIV. A mediados de él escribía aquí el dominicano Fray Guillermo Anglés la Exposición de la misa, de que hablaré en las cartas siguientes. En ella después de haber reprehendido la costumbre de algunos sacerdotes de recibir la paz besando la hostia consagrada (práctica que duraba aún el siglo XVI en las principales iglesias de Francia) (a: Le Brun. Explic. des cer. de la messe p. V. art. VII.), dice estas palabras: postquam sacerdos osculatus est calicem, vel corpus Christi. accipiando pacem, dat statim coadjutori suo, et iste aliis, et alii inter se mutuò osculantur... et ideo homines in missa existentes, ante communionem pacem dantes, se invicem osculantur... Propter hoc pacis osculum diffunditur in Ecclesia per universos fideles missam audientes. Como no queda memoria de que por aquel tiempo estuviesen separados en el templo los hombres de las mujeres, es muy verosímil que se tuviese presente la cautela con que Durando había hablado de este rito en el siglo anterior, es a saber, que no se permitiese este ósculo entre las personas de diferente sexo. En un códice de principios del siglo XV decía el sacerdote ad dandam pacem: habete vinculum pacis et caritatis ut apti sacrosancto misterio Dei. Verdad es que no prueba esto que durase el ósculo antiguo; pero tampoco se infiere de estas palabras, (2) ni es fácil averiguar cuándo se introdujo aquí el uso de las portapaces: de las cuales la más antigua de que he hallado memoria en esta provincia, es la que regaló a la colegial de San Felipe Calixto III. Y ya que hablamos de las ceremonias de la misa, notaré lo que acerca del evangelio último de San Juan dice el citado P. Anglés en la exposición lemosina que añade al fin. Si abans que dò benedictio al poblé, ô   aprés, vol dir lo evangeli de Sent Johan, faça segons que li será vigares: esto es: si antes de dar la bendición al pueblo o después quisiese decir el evangelio de San Juan, haga lo que mejor le pareciere. No digo esto por noticia muy singular, porque sabido es, que la práctica de leer este evangelio al fin de la misa, desconocida antes del siglo XIII, en ese y en los siguientes así hasta el precepto general de San Pío V quedó al arbitrio del sacerdote; pero no me acuerdo haber visto que se dejase a su discreción el decirlo antes o después de la bendición. En el ordinario de 1527, de que ya di noticia, se manda que en la misa seca que se celebraba para la bendición del ejército que se había de embarcar, se diga el evangelio último antes de la bendición. Y en los códices del siglo XV se nota en alguna fiesta otro evangelio para el fin de la misa; ahora no me ocurre cuál es: vamos a otra cosa. Me tomo esta libertad de ir escribiendo lo que me viene a la memoria, por no verme luego burlado de ella, confiando que lo diminuto se extenderá en nuestra obra, y los descuidos quedarán enmendados con tu lectura. Y pues en este punto se me ofrece lo que hay aquí en orden a los cementerios, debo advertir que cada parroquia tiene el suyo separado del templo, aunque no tan próximo a él, como supone el ritual que ya dije, escrito en el pontificado de Eugenio IV; en el cual, además de mandarse que celebrado el funeral en la Iglesia saquen el cadáver al cementerio, se previene que se hagan en él procesiones pro defunctis, a lo que parece semanales, con siete estaciones en cada una de ellas: todo lo cual indica proximidad al templo. Tal era el destinado desde el siglo XIII para el entierro de los cofrades de S. Jayme, que estaba pegado a la pared exterior de la capilla, que con esta invocación hay en la catedral. Llamábanle el fosaret (pequeño cementerio), (fosar, fossar, fosa), y era la capillita que hoy se ve frente a la Iglesia de nuestra Señora de los Desamparados. Acaso en el mismo siglo estaba también pegado a la pared del templo el cementerio de la parroquial de Santo Tomás. Así lo indica un sepulcro que se halla a la parte exterior de él en la calle del palacio arzobispal a la raíz de la pared. El vulgo cree que enterraron allí vivo a un clérigo por haber quebrantado el sigilo sacramental. Equivocación grosera nacida de la ignorancia del castigo prescrito por los cánones para este delito, que era (3) la deposición y reclusión en un monasterio. La verdad es que allí está enterrado un Pedro Desprats (d'Es prats), como consta de la inscripción que se halla sobre el mismo sepulcro en lugar elevado: la cual publicó Esclapés en su Historia de Valencia; mas por estar aquella copia llena de equivocaciones, la pondré aquí sin mudar un ápice de su ortografía. Dice así: 

anno Domini 1291 videlicet pridie calendas (kalendas) Julii obiit Petrus de Pratis civis Valentiae, septimus confrater confratiae S. Jacobi, cujus anima requiescat in pace: amen.


ANNO DNI MCC XC PMO 

(virgulilla encima de DNI y I encima de la P de PMO) 

VIDELI3 PDIE KLS IVULII OBIIT

(el 3 un poco bajo: cet; circunflejo sobre la KLS) 

PETR9 DE PRATIS CIVIS VALN 

7 ORAT OFRATIE SCI lACOBI (a) CVI9 

(La O de ofratie es una c al revés: con; virgulilla sobre sci; 9 alto : us)

AIM REQVIESCAT IN PACE AMEN. 

Lo que aquí se lee es lo siguiente: anno Domini 1291 videlicet pridie calendas (kalendas) Julii obiit Petrus de Pratis civis Valentiae, septimus confrater confratiae S. Jacobi, cujus anima requiescat in pace: amen. 

El P. Texidor, dominicano, en sus Antigüedades MS. de Valencia da por cosa cierta que en la parte exterior de la Iglesia vieja del convento de predicadores de esta ciudad se encontraron varios sepulcros semejantes al que decimos. 

(a) Esta cofradía de S. Jayme se hallaba ya erigida en la catedral de Valencia desde el año 1246 para los canónigos de ella. En el de 1262 se les permitió que admitiesen cien legos; de cuyo número era sin duda el que aquí se llama septimus confrater. El cual quiso enterrarse en el cementerio de esta iglesia, acaso por ser su feligrés. 

Con el deseo de perpetuar esta práctica, el sínodo del Señor Aliaga, después de haber encargado mucho que no se hagan sepulturas en el templo, dedicado solamente a Dios y para sepultura de sus santos Mártires, y depósito de sus santas reliquias, manda que el cementerio se haga lo más cerca de la Iglesia que se pudiere...; y si pudiere, sea al lado que corresponde al septentrión (a). Con el esmero de los prelados de esta iglesia en conservar la antigua costumbre, tienen hoy día los fieles de esta ciudad el consuelo que falta en otras, y aun en la misma corte, de acudir a sus parroquias sin recelo de ser incomodados con la hediondez que exhalan por lo regular las sepulturas: y aunque las hay en algunas iglesias, son de bóveda, y por lo regular bien cerradas. Mas como los cementerios se hallan casi todos dentro de la ciudad, mezclados con las casas, no logran igualmente la ventaja que disfrutarían si se hallaran separados y fuera de los muros, como está mandado por el gobierno. 

(a) Sínodo dioces. Valent. de 1631 en las advertencias para los edificios y fábricas de los templos. (V. sepulturas y cementerios.) 

Esta conversación sobre los difuntos me trae a la memoria lo prescrito por el misal de 1509, es a saber, que en la feria VI post Oct. Corp. Christi, todas las misas de los clérigos, inclusa la conventual, sean de Réquiem, en sufragio de los que acompañasen con antorchas el Viático a los enfermos, o contribuyesen por cualquier otro medio al mayor culto del SS. Sacramento. (4) Esta ley dice que se impuso in illo sacro concilio Tarraconensi para toda la provincia. Mas como esta Iglesia dejó de ser sufragánea de aquella metrópoli desde el año 1492, en el primer misal que imprimió (a lo que yo creo) después de su erección en metropolitana, renueva este precepto para su nueva provincia. Pues en ese día se celebra ahora en muchas partes (5) la fiesta del corazón de Jesús, debo advertir que de esta devoción aparecen aquí varias muestras anteriores a la época que supone el P. Juan de Loyola en su Tesoro escondido. El V. poeta Juan Bautista Agnesio, que falleció el año 1553, publicó ocho años antes un breve devocionario del corazón de Jesús, repartido por las horas del oficio divino: por no hacer mérito de la justa poética que el año 1456 se había ya celebrado en el convento del Carmen de esta ciudad en honor del cor de Deu, como lo asegura el capellán del Rey D. Alonso V de Aragón en el Diario MS. que dije días pasados. 

Basta hoy para desempalagar de la tarea ordinaria. Otras especies curiosas reservo para los correos siguientes. 

Dios te guarde. Valencia, 17 de Diciembre de 1802. 

NOTAS Y OBSERVACIONES. 

(1) Tal era el rito de las sagradas eulogias. Esta voz griega con que S. Pablo, S. Cirilo de Jerusalén, San Epifanio y otros PP. significaron la sagrada Eucaristía, se extendió después a los panes ofrecidos o benditos en el altar para enviarlos en vez de ella a los obispos como una señal de la comunión y amor fraternal, y distribuirlos a los demás fieles que no comulgaban. En los principios de esta institución, mirándose el pan bendito como suplemento de la Eucaristía, se distribuía con solemnidad después de la comunión por mano del celebrante; se comía en ayunas y en el mismo templo. Repartíase todo el año, a excepción de las ferias de Cuaresma por causa del ayuno, y en tales días en vez de él, se decía la oración sobre el pueblo, que no tuvo otro origen a juicio de Honorio Autun (Gemma animae, l. I. c. 6) Dábase juntamente vino bendito, como el pan, del que habían ofrecido los fieles. 

De la frialdad en la comunión pasó el pueblo a la tibieza en las ofrendas del pan y vino; por donde en algunas partes comenzaron a hacerse las eulogias del pan y vino que llevaban de casa los mismos curas, los cuales poco a poco fueron dejando el vino y sólo daban pan; a excepción de la pascua, jueves santo y otras grandes fiestas. Algunos párrocos pobres, no pudiendo soportar este gasto, propusieron a su feligresía que podían ofrecer cada domingo un pan para que se bendijese y repartiese al pueblo. De aquí viene la costumbre del pan bendito, que se conserva aún en algunos pueblos de España en las fieslas de los santos patronos y otras solemnidades, el cual ofrecen, no el pueblo, sino los mayordomos de fiestas como en su nombre, y ellos mismos, y no los curas suelen distribuirle.

Sobre otras significaciones de la voz eulogia pueden leerse S. Gregorio de Tours (Hist. lib. IV. cap. 16, lib. VI. cap. 5. lib. VIII. c. I, y de Gloria confess. 

c. 31.) Goar (Not. ad Eucholog. p. 155.) Casaubon (Exercit. XVI. ad Annal. núm. 33. pág. 456.) Salmas (Apparat. ad libr. de Prim. Pap. p. 242.) Suicero (Sacrar. observ. c. IV. n. 10. p. 92.) Bocquillot (Liturg. sacr. lib. II. c. 10. p. 433. seq.), y Meursio y Ducange en sus Glosarios. 

(2) Ni es fácil averiguar cuando se introdujo aquí el uso de las portapaces. Baronio (ad ann. 45. n. 26.) supone ser antiquísimo este uso de las tablillas para dar la paz en el santo sacrificio, y haberse introducido para precaver los lazos del diablo en esta ceremonia santísima instituida para fomentar la fraternal unión y concordia. Del ósculo de paz y de sus significaciones hablan Albaspineo, Bona, Grancolas y otros liturgistas. 

(3) La deposición y reclusión en un monasterio. En el concilio de Peñafiel, celebrado el año 1302, presidido por D. Gonzalo III, Arzobispo de Toledo, cap. V. se agravó la pena de los confesores fractores (infractores) del sigilo sacramental, como consta de las siguientes palabras: si qui tam nefandi criminis rei inventi fuerint, tamquam deportati et in metallum damnati, perpetuo carceri mancipetur, pane et aqua pro vitae sustentatione solummodo reservatis. 

(4) Esta ley dice que se impuso in illo sacro concilio Tarraconensi para toda la provincia. Este es el IV concilio de Tarragona, celebrado en el pontificado de Don Sancho el año 1357. Las palabras del canon son estas: "non incongruum reputamus ut nos, qui jam naturali instinctu ad laudem et honorem divini numinis obligamur, per quem vivimus, movemur et sumus, ac frui suam caelesti sempiterni glorii speramus, ad id donis spiritualibus propensius inducamur. Propter reverentiam et honorem igitur sacratissimi corporis Jesu Christi, quod in plerisque locis minus reverenter portatur, (cujus laudes propter bona tam spiritualia, quam temporalia quae humano contulit generi, nec mens cujusquam posset concipere, nec lingua proferre) approbante sacro concilio statuimus, ut in nostra ecclesia Tarraconensi, et in aliis ecclesiis cathedralibus nostrae provinciae, et in omnibus aliis ecclesiis dioecesium praedictarum, sextam die post festum sacratissimi corporis Christi, missa solemniter ac honorificè celebretur pro animabus illorum, qui dictum sacratissimum corpus Christi, cum ad infirmos portatur, sociaverint cum cereis, vel alias, impendendo eidem reverentiam, devotionem pariter et honorem. Omnes insuper rectores ecclesiarum, et presbyteri ejusdem provinciae anno quolibet, incipiendo a dicto festo usque ad sequens proximum, pro salute animarum dictorum assotiantium corpus Christi, justo tamen impedimento cessante, unam missam quilibet per se habeat celebrare, vel per alium fiat celebrari.” 

Habiéndose echado de ver inobservancia de esta constitución en los años siguientes, la renovó el concilio Tarraconense del año 1414, como se ve en la constitución publicada a nombre de su Arzobispo D. Pedro III, que empieza: non incongruum, en la cual se previene también, quod rectores et curati in die festi memorati hujusmodi faciendam solemnitatem denuntient plebibus suis. 

(5) La fiesta del corazón de Jesús. A ejemplo de la concesión del oficio de las cinco llagas de nuestro Señor Jesucristo, dice Benedicto XIV, que por parte de Doña María, reina católica de Inglaterra, se pidió a la sagrada Congregación de Ritos el año 1697 la institución de una fiesta con misa propia al sagrado corazón de Jesús para las iglesias de las religiosas de la Visitación. Frigdiano Castagnorio alegó a favor de esta súplica, entre otras razones, lo que acerca de la devoción al corazón de Jesús dejó escrito en varias cartas S. Francisco de Sales. Mas habiendo opuesto el Arzobispo de Mira Próspero Botinio, entonces promotor de la fe, que la novedad de esta fiesta se oponía a la disciplina eclesiástica, la sagrada Congregación sólo concedió por entonces que el viernes próximo a la octava del Corpus pudiese celebrarse en las dichas iglesias la misa de las cinco llagas de nuestro Salvador. 

Pasados algunos años, el Rey de Polonia y los obispos de Cracovia y Marsella y las religiosas de la Visitación, renovaron estas preces a la Silla Apostólica, 

con cuyo motivo el P. Joseph de Galliffet escribió un tratado sobre el culto del sacrosanto corazón de Jesús, impreso en Roma el año 1726: en el cual igualmente que en la vida de la V. Margarita Alacoque, compuesta por el obispo de Soisons, que se publicó en París tres años después, y en los escritos repartidos a la Congregación de Ritos se procuró declarar el objeto de esta festividad, conforme a lo que de la adoración de la santa humanidad de Cristo enseñan los teólogos: a lo cual se agregó después un catálogo de los reinos, provincias, diócesis, iglesias seculares, órdenes religiosas y cofradías que daban culto al corazón de Jesús; nuevo peso a todo esto con el ejemplo de la fiesta del Corpus instituida por una revelación que tuvo en Lieja la B. Juliana, como se lee en las actas de los Santos en el día 5 de Abril en que se celebra su fiesta. A estas razones y otras que se alegaron después con mayor instancia, siendo promotor de la fe Benedicto XIV, dice él haber respondido, cuya solución dio motivo a que el año 1727 se suspendiese la resolución, y a que dos años después se negase. (Benedict. XIV. Canon. SS. lib. IV. p. II. c. 30. n. 16. seq.) La historia de la institución de esta fiesta y los varios decretos de la Silla Apostólica acerca de ella, y las razones alegadas por ambas partes, puede verse en la obra intitulada: Chrystotimi Ameristae adversus epistolas duas... in disertationem commonitoriam Camilii Blasii &c. Romae 1772, y en el tratado que escribió Capecelatro Delle feste de' Christiani (edit. Neapol. 1772.) página 284.

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