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lunes, 27 de febrero de 2023

CARTA CXXXIX. Reflexiones, concilios, Inscripciones antiguas halladas en Tarragona.

CARTA CXXXIX. 

Reflexiones sobre lo que falta que hacer en la publicación de los concilios Tarraconenses. = Inscripciones antiguas halladas en Tarragona. 

Mi querido hermano: Es muy justa y muy propia de un eclesiástico el ansia con que esperas la noticia de los concilios Tarraconenses. Cuanto hay de ilustre y grande en esta iglesia, fábrica, alhajas, fama interior, Prelados, todo es menos que el menor de sus concilios. Por ellos ha sido y es celebrada en todo el orbe, teniendo la gloria de haber continuado esta santa costumbre casi hasta nuestros días. Esta es la causa porque ninguna otra iglesia podrá presentar tantos concilios provinciales como la nuestra, cuyo número asciende a noventa, salvo error. ¡Grandes auxilios para la historia y disciplina eclesiástica de España! Así es que Tarragona, después de haber sido el emporio de la superstición y lujo de los Romanos, ha venido a ser el tesoro de nuestra literatura cristiana.

El daño está en que las riquezas se hallan por la mayor parte esparcidas, inservibles, ignoradas y acaso despreciadas. De los noventa concilios sólo se hallan en la colección que publicó el Arzobispo Don Juan Terés (que es la última y más completa) las constituciones de cuarenta y seis, y estas no todas, sino sólo las que podían ser útiles a la disciplina de aquel tiempo, omitiendo las ya anticuadas, y las que suponen costumbres o vicios que ya no existían. Tampoco se publicaron por el orden con que se establecieron, sino clasificadas por materias. Este plan era por cierto útil para el estudio y gobierno eclesiástico, mas no para la historia, que necesita ver en los documentos el progreso de la disciplina, según los tiempos, la noticia de los Obispos, Abades y otros personajes 

que asistieron a tan venerables asambleas, las causas que en ellas se trataron, sus sesiones, actas, etc. La lectura sola de las constituciones y cánones del concilio de Trento serviría de muy poco para la historia eclesiástica, si por otra parte no constara la noticia de los herejes a quienes condena, sus prórrogas, personas ilustres, protestas, etc. Las 

constituciones de los concilios son el resultado de una serie de hechos anteriores, cuyo conocimiento interesa sumamente a la iglesia. 

Esto por lo tocante a los cuarenta y seis Tarraconenses, de quien se han publicado ya las constituciones.

Los restantes cuarenta y cuatro concilios quedan ignorados en sus actas y constituciones, y lo más que el público ha visto de ellos es el brevísimo análisis que hizo de algunos de sus cánones el Illmo. Sr. Don Félix Amat, 

Arzobispo de Palmira y Abad de San Ildefonso en su Historia eclesiástica. Porque el Cardenal Aguirre sólo hizo memoria en su colección de diez y nueve concilios Tarraconenses, a excepción del de Tortosa en 1429, cuyas actas y decretos pone a la larga; de los demás habla muy ligeramente. Resulta de todo esto que de los noventa concilios celebrados en esta provincia, sólo se ha publicado entero el que acabo de decir: que de cuarenta y seis se han publicado solas las constituciones desunidas sin los otros auxilios que suministran a la historia; y que de los restantes cuarenta y cuatro sólo se sabe que los hubo. Cosa por cierto asombrosa y que no podrían mirar con indiferencia los Prelados que los convocaron, si les fuera dado salir de sus sepulcros. "Para esto, dirían, trabajamos y sacamos a nuestros sufragáneos de entre sus ovejas, y a los Abades del retiro de sus monasterios, y gastamos y gastaron ellos el patrimonio de los pobres, y consumimos largas vigilias! Para esto nos dio el Señor su sabiduría, con la cual dictamos aquellas leyes y reglas de bien vivir, que ahora yacen sepultadas sin el menor fruto! (a).”

(a) Todos los pensamientos de esta carta y hasta pasajes al pie de la letra se hallan ya vaciados en la carta LXXXIV, tomo X; no hay más diferencia sino que el número de concilios Tarraconenses que en ella se supone de 100, en esta se rebaja al de 90. 

Por justas que fuesen estas quejas de tan celosos e ilustrados Arzobispos, lo es mucho más la de toda la nación, que tiene un derecho incontestable a disfrutar este tesoro común, y sobre el cual los particulares no tienen más inspección que la custodia. Cualquiera que ame de veras las iglesias deseará por medio de la publicación de estos documentos su exaltación y su gloria, ¿Qué buen Español mirará con ánimo sereno despreciadas estas fuentes domésticas de la doctrina eclesiástica, al paso que se buscan y se compran los libros de esta clase de otros reinos y provincias?

Solas trece mañanas empleé en registrar parte del archivo de esta catedral. La caridad me obliga a callar el nombre del que por sus ocupaciones o por otra causa no pudo sufrir la carga de mis visitas; así como la justicia me obliga a publicar el de los que auxilian mis tareas. Si en tan poco tiempo y con el agobio y desabrimiento que suelen inspirar los genios tétricos, pude descubrir y aclarar algunos puntos de la historia de esta iglesia y tomar noticias para escribir extendidamente y publicar su Archiepiscopologio (que aun de esto carecían, cuando Barcelona y otras iglesias los tienen publicados y muy completos): ¿cuánto ganaría la historia eclesiástica y crecería la gloria de esta metrópoli con la publicación de otros documentos que allí están enterrados y las noticias de los concilios, de que me consta haber un cajón en el archivo?

Y porque se vea que son fundadas mis quejas y que no pido cosas imposibles, sino fáciles y hacederas, diré lo que en esta parte se puede hacer, y lo que yo hiciera, si hubiera hallado más franca acogida. Todo el trabajo se reduce a formar una colección de todos los concilios Tarraconenses, para la cual no se necesita ni debe adoptarse otro plan que el cronológico. Los concilios que ya se han publicado deben presentarse formando cada uno un cuerpo de sus constituciones, recogiéndolas para el efecto de los títulos que las dividen en las colecciones, y cotejándolas de nuevo con los códices que aquí existen. 

Los historiadores, y mucho más los documentos y notales de la iglesia suministrarán la noticia de los años y lugar en que se tuvieron, el tiempo de su duración, número de sesiones, objeto de su convocación, Prelados que asistieron, y otras curiosidades que deben escribirse al principio de cada concilio. Donde parezca oportuno deben ponerse notas históricas que descubran la causa de las resoluciones conciliares y cuanto interese 

al público para su mayor inteligencia. Esto por lo que toca a los existentes. En los que hayan perecido del todo por el furor de las guerras y otros acontecimientos, después de hechas todas las diligencias en las iglesias sufragáneas y monasterios, donde acaso existirían ejemplares o fragmentos, dígase a lo menos lo que la historia conserva de ellos, como lo hizo respeto de algunos el Cardenal Aguirre. Esto es mucho más fácil respecto de los celebrados desde fines del siglo XV hasta la mitad del XVIII, cuyos procesos originales se conservan en el archivo de Provincia. 

Cópiense de ellos las convocatorias, las protestas y juicios principales, y a lo menos dígase el objeto y resultado de sus deliberaciones. Dispuesta esta obra cronológicamente, como he dicho, es negocio de pocas manos y cuando más de dos años de trabajo, y sobre esto de grande utilidad para la nación, y de lustre e interés muy seguro para esta iglesia. Lo mismo digo respeto de los sínodos diocesanos, aunque no son de tanta consideración, sobre los cuales es muy poco lo que hay trabajado, y aun de esto somos deudores al sabio Don Antonio Agustín, que recogió y publicó sus sínodos y de sus inmediatos antecesores, y tal cual constitución de tres o cuatro sínodos antiguos. Doce envié desde Valencia celebrados en los siglos XIV y XV, hallados en un ms. de aquellos tiempos, donde se copiaban conforme se iban celebrando: existe este precioso códice en la biblioteca de mi convento de aquella 

ciudad. En resolución, no me es posible excusarte el chasco que te llevas en este correo: tú esperabas concilios provinciales, y yo no puedo enviar hoy más que piedras. Pero son piedras de Tarragona, donde, como dice Don Antonio Agustín, hasta las paredes hablan latín. A bien que este es un tesoro abierto, y que el deseo que anima al canónigo Don Carlos González de Posada, no permite que quede cerrado y desconocido a ningún curioso. Este sabio individuo de nuestra Real Academia de la Historia, y conocido por el primer tomo, que ya publicó, de los Varones ilustres de Asturias, sobre otras muchas noticias que me dio pertenecientes a la historia de esta iglesia, ahora, sin otro interés que el de cooperar en cuanto puede a la ilustración nacional, me ha comunicado y ayudado a cotejar las copias que tenía de las inscripciones antiguas, halladas gran parte por él mismo en estos últimos años, después de las que publicaron Flórez, Ponz y Masdeu. Y es de notar que el hallazgo de ellas es obra de la casualidad: por donde se ve cuánto daría de sí una excavación meditada y bien dirigida.

Así que, mientras los que trabajan en el Viaje pintoresco de España preparan la deseada publicación de los fragmentos antiguos que aquí se conservan, copiaré los de los letreros descubiertos ahora, apuntando antes la anécdota siguiente, que es curiosa.

Don Antonio Agustín, con el entrañable amor que profesaba a la antigüedad, deseó formar en su casa arzobispal un museo donde se recogiesen todos los restos de los monumentos Romanos Tarraconenses. Con esta idea pidió al Cabildo permiso para arrancar las inscripciones que había en las capillas y altares (a: De esto queda memoria en las resoluciones capitulares de 20 de noviembre de 1584, donde se lee: Super lapidibus scriptis, seu epigramatis, quae sunt intus ecclesiam in certis capellis et altaribus, quas petit Illmus. Dominus sibi dari ad ponendum eas in quodam museo, seu loco, quem construere intendit in horto palatii, cum aliis multis, quas acumulare fecit; fuit determinatum nemine discrepante, quod dentur omnes quotquot inventae erunt, cum hoc quod reficiantur altaria bene et decenter sumptibus dicti Domini Illmi. prout se obtulit facere.)

Lo mismo hizo con muchas de las de la ciudad. Mas no llegando a realizarse el proyectado museo, quedaron sueltas por los patios de su palacio: de las cuales sólo se salvaron unas pocas, que su sucesor el señor Don Juan Terés colocó en la raíz de la puerta de la Curia. Así vino a suceder que, en vez del museo que preparaba a sus amadas inscripciones aquel Prelado, les labró contra 

su voluntad un sepulcro. Y esta es la causa porque ya no existen en los lugares citados por Icart y otros antiguos las inscripciones que ellos copiaron. Otra causa de haber desaparecido muchas de las inscripciones de Tarragona, fue el saqueo que los Ingleses hicieron de esta ciudad, al tiempo de abandonarla, en las guerras que llamamos de sucesión, a principios del siglo XVIII; porque entonces, como dice el Deán Martí, cargaron dos naves de las inscripciones que hallaron en Tarragona. Alléganse a esto las causas ordinarias y comunes, es a saber, el enjalbegamiento de las paredes, con que se ocultan las letras y su mala colocación a tiro de manos de niños, ruedas de carros, y aun tras de las ollas y sartenes de las castañeras.

Pero dejando esto aparte, vamos a copiar las recogidas por el señor Posada. 

I. En el arenal, llamado playa del Milagro, junto al cuartel de los presidiarios, hay una piedra de jaspe de cinco palmos de largo y la mitad de ancho, con esta inscripción: 

D. M

CA... SSI

CHRYSAMPELI 

HERMIONE

LIB. ET HERES

EX TESTAMENTO 

F. C. 


II. En un fragmento de mármol descubierto en 1794, se lee: 

… HOSTILIS. C (efecto espejo, luna creciente). LIB...

… HOSTILIA. (misma C). LIB. 

HYMNI... 

Está en casa de dicho señor Posada.


III. En el mismo año se descubrió junto a la huerta del convento antiguo de Capuchinos un pavimento de mosaico; en uno de sus trozos leía el mismo señor Posada: 

… OS. VENIR (la I muy larga)

B.


Advierto que en el mismo sitio se encontró dos o tres años antes la inscripción, que por mal copiada (leyendo SACERO en lugar de SACERD.) 

aplicó Masdeu a la familia de los Sacerones. Y no hay duda que sería de 

algún sacerdote, indicando las ruinas haber habido allí algún templo.


IV. Por ese mismo tiempo en las excavaciones de la cantera del muelle, se halló una tabla pequeña de mármol, con este letrero:

A. VALERI

IVCVNDVS. DOMIT

MELITON. VF ...

VMERIVS 

Consérvala en su casa Don José Antonio Castelarnau (Castellarnau).


V. A 11 de abril de 1799, derribando unas casas que compró Pedro Valls en la calle Mayor, se encontró una piedra de poco más de vara de alta, la cual se colocó en la pared de las mismas casas, mirando a la calle de 

Riudecols. Dice así:

M. VALERIO 

M. F. GAL

ANIENSI

CAPELLIANO

DAMANITANO. ADLEC

TO. IN. COLONIAM

CAESARAGVSTANAM

EX. BENEFIC. DIVI. HADRIANI

OMNIB. HONORIB. IN. VTRAQ

REP. FVNCTO. FLAM. ROM- 

DIVOR. ET. AVG

P. H. C


VI. Otra piedra se halló y colocó en el mismo sitio que la antecedente, y es esta: 

L. IVNIO. BL(ESI)

F. QVIRI ... 

MARONIAE (NO) ...

PATERNO. LANCIEN(SI)

OMNIB. IN. REPVBLICA

SVA. HONORIB. FVNCTO

(IIV)IR. BIS. SACERD. ROM. ET

AVG. CONVENT. AVSTVRVM

ADLECTO. IN. QVINQ. DECVRI

… ITVMAE. ROMAE. IVDICANTIVM

FLAMINI. AVSTALI. P. H. C 

P. H. C

Se ha suplido entre paréntesis lo que falta en el letrero. Apenas se distingue la última L de la linea primera; pero ciertamente lo es, y viene bien con el nombre Bleso, de que hay memoria en un Propetor (pro pretor ?), que fue de la Tarraconense, llamado Junio Bleso, después de 

haberlo sido de África, según puede inferirse de Veleyo Paterculo (lib. II). También se ha suplido en la linea séptima el IIV, estando clara, como lo está, su terminación IR.


VII. En la cantera del muelle se halló en el año 1799 un gran pedazo de ara, al parecer, y en ella estas letras, como de medio palmo:

I.O.M 


VIII. En un machón de la fachada de la iglesia mayor, junto a la sacristía de la capilla de las Vírgenes, se halla colocada desde el siglo XIII una inscripción, que por estar casi enterrada no se ha publicado hasta ahora. Leyola el señor canónigo Posada en 1799, y dice así:

SEMPRONIO

M. F. GAL ... 

...

… TR. MILIT...

… CYTHIC.... 

LEG. VI. FER. TR.

MIL. LEG. III. GAL.

TRIB. MIL. LEG...

VV. FLAMINI... 

P. H. C.


IX. En los cimientos de la fuente antigua del jardín de la catedral, se halló en 4 de diciembre de 1800 la siguiente inscripción, maltratada y sin sentido: 

… IIDIEVO

… AGLARETAE

… INIBORT...

… BVS SI

… L. AELIANVS


X. En el mismo año 1800, componiendo la calle del Rosario, se halló escrito en un pedazo de mármol el principio de una inscripción, en esta forma: 

::: CTO (t alta) MITHRI (IT altas)

El Sr. canónigo Posada guarda con aprecio este fragmento, que cree el más antiguo de las inscripciones Tarraconenses, y a lo que yo entiendo con razón. El carácter de la letra, y la lectura que ofrece Victo Mithridate, 

hacen sospechar que sean del tiempo de la república Romana. Debió ser dedicatoria a Pompeyo el Grande, que tenía por acá muchos apasionados, o a alguna deidad, comenzando por ablativo absoluto, porque estas palabras, sin disputa, están en la primera linea de la inscripción: cosa que no es frecuente en las piedras de inscripciones, y no sé que haya ejemplar en las muchas de Tarragona. Las letras grandes tienen ocho pulgadas y siete las menores. Otra particularidad me hizo observar en esta piedra el señor Posada, y es que anteriormente hubo en ella otra inscripción, la cual borraron para hacer estotra; y la superficie donde estaba la antigua la destinaron para asentar allí la estatua.


XI. En 16 de enero de 1801 abriendo los cimientos para el cuartel de presidiarios que se hizo en la área del anfiteatro romano, se halló una piedra de más de seis palmos de alta, en la cual pudo leerse lo siguiente: 

D. M.

CLEARCHI

HIC CLEARCHVS QVI DVM VIXIT

GRAECO MAGNO NOMINE

NVNCVPATVS FACTIS MERVIT

NOMEN HOC ET LITTERIS

INFANS CAP … ANNIS

FELICI CVRI ...

FVIT NEPOS I...

HOSTIVM ...

Es notable el ritmo de que usó en esta inscripción, no porque sea cosa nueva en la antigüedad romana; que muy sabido es que ya usaron los Romanos de este género rítmico en canciones populares, y tal cual vez las aplicaron al objeto que aquí tiene, sino por hallarse en España letreros de esta clase, de lo que hay seguramente pocos ejemplares.


XII. En 3 de mayo de 1803 en la casa del Barón de las Cuatro torres Don Carlos Morenas, al fin de la calle Mayor, se halló la siguiente inscripción:

… IO

Q … FVSIO

.. II VIR. FLAM. DIVI

CLAVDI. PRAEF. ORAE

MARIT

FLAMINI. DIVORVM. ET

AVGVSTOR. PHC. PROVINC 

HISPANIA. CITER 

(OR)DO. TARRACONENS

HONORES. DECREVIT

En las primeras líneas falta el pronombre, nombre, padre y tribu de este Fusio a quien honró la España citerior: en la penúltima línea se puede suplir et ordo.


XIII. En la misma casa se halló junto con la antecedente esta otra:

C. IVLIO. C.F. 

GAL. PILAE.

SEGOBRICENSI.

FLAMINI. ROMAE

DIVORVM. ET. AVGVST. 

PROV. HIS. CITER. 

P. H. C. 

En la misma casa y al mismo tiempo se halló la siguiente:

Q. LICINIO

M. F. GAL. SILVA 

NO. GRANIANO 

FLAMINI. ROMAE 

ET. AVG. PROVINC 

HISPAN. CITER 

PRAEFECTO. ORAE 

MARITIMAE

PROC. AVG

P. H. C. 

El último palo de la M se enlaza con el primero de la A, en la octava linea. De este Licinio, habló el M. Flórez en el tomo XXIV, pág. 19; mas esta inscripción añade la noticia de su padre y de la tribu. La piedra, que es de jaspe, conserva su bocelito: tiene cuatro palmos de alta y tres de ancha. 


XV. De la misma calidad y dimensiones es la siguiente, hallada también en el mismo lugar.

C. EMILIO. C. F. 

GAL. FRATERN 

PRAEF. FRABR. II 

TRIB. MIL. LEGIO

NIS. V. ALAVDA 

FLAMIN. P. H. C 

HIC. CENSVM 

EGIT. IN PROVIN

GALLIA. AQVITANIC 

P. H. C.

Las dos II de la línea tercera deben significar E, equivalente de et, según lo que usaban los Romanos, y observa Flórez en el tom. XXIV, pág. 314. La palabra Alauda de la línea quinta está bien copiada, y significa una legión de tropas Francesas que dicen levantó Julio César, llamada Alauda, por la cresta o plumaje que usaban los soldados en el morrión, casco o sombrero. Acaso se tomó esta denominación del ave que ahora llamamos cogujada, y en tiempo de Plinio se llamaba alauda (Plin. lib. XI, c. 37). Cicerón ad Attic. lib. 16, epist. 8, dice: Antonium cum legione Alaudarum ad urbem pergere. Así puede leerse en esta piedra Alaudarum concertando con militum, y también Alauda, diciendo V legionis (quae vocabatur) Alauda; del mismo modo que en la penúltima línea lee bien Gallia Aquitanica sin régimen, porque supone así: in provincia (quae vocatur) Gallia Aquitanica. El apellido Fraternus no es desconocido en Tarragona; y son fáciles de hallar sus memorias en Grutero, Finestres y Flórez. Y siendo este C. AEmilio Fraterno, puede dudarse si hubo equivocación en la que publicó Flórez, p. 297 de C. AEmilio Paterno.



XVI. Del mismo lugar y tiempo es la siguiente:

M. PORCIO

M. F. GAL

NARBONENSI

TRIB MIL LEG XXII

PRAEF ALAE THRAC

HERCLAN PRAEF

ORAE MARITVME 

FLAMINI DIVORVM AVG

PROVINCIAE HISP CITER

Esta inscripción carece de puntos: Herclan (linea 6) puede ser abreviatura de Herculanae, como Hercle lo es de Hercule.


XVII. En 30 de julio de este año de 1804 en la caballeriza de Juan Alomá, calle del Roser, se halló una piedra de jaspe del país, alto como tres palmos; está quebrada en la parte superior, pero se conserva la mitad de un escudo con tres estrellas. Es rara por esto y por callar el nombre del liberto a quien se dedica. Dice así:

D. M.

T VINICIVS 

SOGALVS II

SEST VINI

CIA EVPOEA

LBERTO B M

La A de Vinicia no tiene palo travesaño. El apellido de la misma es Eupolema, y es bien de notar el nexo que tiene y no se puede imprimir bien. 


XVIII. En la huerta del Colegio Tridentino se halla el siguiente fragmento.

...

MARITIMAE ...

CVM QVASI ...

ANN XXVIII HIC ...

FVIT INIMICV ...

CAECILIA MIHI KARlSS...

El segundo renglón puede leerse supliendo después del CVM QVA SANTISSIME VIXIT Ó SINE QVERELLA VIXIT; porque es común en iguales epitafios y lo restante lo está pidiendo.


XIX. En casa del Sr. canónigo Posada existen los fragmentos de las tres piedras siguientes:

1.° 


D M

SEXTILIO

SVLONI

ATILIAN 

..XORI...


2.°

D M

DOMITIO ...

CATOCO NV ...

MISIO ...


3.° 

...

II (punto alto) L 

DANAIS

CVRAVIT


XX. Cerca de esta ciudad y junto a la torre llamada de los Scipiones, se halló en el camino real en el mes de julio de 1803 una piedra común, la cual llevó Don Estanislao Vallescar a su casa en Torredembarra. Dice así: 

LICINIVS (. alto) CALI

DROMVS... 

PROSA(LV)TE

MEA 

VOTVM . SOLVI

IOVI . DOMNO

L. B. S. 

XXI. En septiembre de 1803 se halló entre Cambrils y el Mombrio (Montbrió), cerca del camino real, una columna de trece palmos y medio  de alta, y en ella la inscripción siguiente:

TI CLAVDI

CAESAR

GERMA 

MAX TRI

COS IIII

PATER 

CXI 

Algunas otras letras se leen en la vuelta de la columna, como es I correspondiente al pontificado a que sigue MAX. El Tiberio Claudio tuvo el IV consulado con L. Vitelio, año de Roma 798 y de Jesucristo 47. Es 

apreciable esta inscripción, no sólo por hacer memoria de Claudio, de quien algunos creyeron que no la había en piedras de Tarragona, sino por ser miliaria, de ciento y once mil pasos, a lo que parece, con que se pudiera ayudar mucho a la geografía, sino que la cavaron para hacer un sepulcro y cubrieron el cadáver con ladrillo y argamasa, con lo cual

desconcertaron la escritura. Hoy está en Reus para colocarla en la ermita de nuestra Señora de la Misericordia.

XXII. En 1.° de junio de 1805 en las excavaciones de canteras para la obra del muelle, en el huerto del Cabildo llamado de Rebollado, se halló una piedra de jaspe del país, alta cuatro palmos y dos de ancha, con la inscripción siguiente:

C (. alto) VALERIO

AVITO (. alto) IIVIR

VAL (. alto) FIR 

MINA (. alto) FIL

TRANSLATO 

AB (. alto) DIVO (. alto) PIO

(EX) MNC (. alto) AVGVS(T) 

(I)N (. alto) COL (. alto) TARRAC (la c más alta y pequeña) 

En la penúltima linea la V de Municipio está enlazada con la M en el centro. Quede para otros averiguar cuál era el municipio Augustano de donde fue trasladado este Duumviro a Tarragona; el cual existiría sin duda o en España o fuera de ella, así como los había Elianum, Claudianum, Septimianum, denominados de los Emperadores.

XXIII. En el mismo tiempo y lugar que la antecedente se halló una piedra jaspe del país de cuatro palmos y medio de altura y medio de ancho y espesor, escrita en dos de sus superficies, de las cuales la primera, maltratada en el remate de las lineas y suplida por una que trae Flórez (España Sagrada, tom. XXIV, pág. 216), dice así:

Q (todos puntos altos) HEDIO . (L . F . POL .) 

LOLLIAINO . (GFNTI) (o GENTI)

ANO . LEG . ...

PR . PR ... P ...

PRAESIDIOR(VM)

CORNICVLA(RII)

EIVS . ET . CON (MILITONES)

ET . SPECVL(ATORES)

LEG . VII G (E efecto espejo) M (. P . F .) 

Con esta inscripción, que está bien copiada, pueden corregirse las que del mismo Q. HEDIO publicaron con mucha variedad Grutero, Pighio, Schoto y Finestres (V. Flórez, loc. laud.). Por ella se ve que la Legión Séptima Gemina estuvo algún tiempo en Tarragona, es a saber, en el de Septimio Severo y Antonino Pío, que es cuando vivía este Q. Hedio Lolliano, como se ve en la inscripción que produce Flórez, loc. laud. Así que no es tan cierto, como comúnmente se cree, que dicha legión residió siempre en León, de cuya ciudad no es irregular que se ausentase después de dos siglos y más que pasaron desde la conquista de los Astures, año 25 antes de Cristo, hasta los tiempos de estos Emperadores. Las siglas PR . PR . de la línea cuarta pueden significar Propraetori o Praesidi Provinciae, o acaso Praefecto Praetorio o Praetorii o Praesidii, o Praefecto Procons. Puede verse la descripción de estas y otras siglas semejantes en el docto tratado de Siglis veterum de Juan Nicolai, cap. XXI, pág. 139 y 140. En tal caso podrá añadirse este más al número de los que lo fueron en la Tarraconense.

XXIV. La otra inscripción de la misma piedra está falta en su principio, y lo que queda dice así:

CORNICVL 

POMPEIVS AGRI 

IVLIVS AVITVS 

COMM

C IVLIVS CRASSVS 

T PVBLIENTVS LVPV S 

SPECVL

Q ALFIVS IANVARIVS

G VALERIVS MARCIANVS 

L MA(E vuelta)NAIVS S(E vuelta)M(E vuelta)NTINVS 

G CAECILIVS RESTITVTVS

G AVRELIVS OCTAVIVS

G AVFIDIVS HILARVS

L AVRELIVS ... ILETERVS (a) 

L ALFIDIVS VRBANVS

G IVLIVS FLOR(E vuelta)TNINVS (FLORENTINUS)

L SEMPRONIVS FIRMANVS

(a) Puede leerse Phileterus por estar comida la primera sílaba. 

Aunque esta inscripción muestra mucha mayor antigüedad que la antecedente, y no le parece ni el carácter ni en los puntos, que enteramente omite, téngola, sin embargo, por del mismo tiempo y aun por continuación de la otra; puesto que se hallan distinguidas las tres clases Cornicularii, Commilitores, Speculatores, que son puntualmente los dedicantes de la otra, escrita en otra superficie de la misma piedra, todos ellos de la Legión VII. Gemina, existentes en Tarragona. 

XXV. No debo omitir las inscripciones de carácter desconocido, antes las tengo por más apreciables, porque acaso con la repetición de estos ejemplares podría llegar a fijarse el alfabeto, de que tantas utilidades resultarían. Tres son las piedras de esta clase halladas aquí. Una en 1803 en las excavaciones de la huerta del Barón de las Cuatro torres sobre las canteras del muelle, y ahora se halla en la casa del deanato. Es un pedestal de poco menos de vara de alto, en el cual se ven estos únicos caracteres (a: Véase la estampa núm. 1).

Los caracteres son de dos pulgadas, a excepción de las OO, que son menores.  

pedestal, caracteres, Fulvia Lintearia,

Las otras dos inscripciones son bilingües. Una de ellas se encontró a 27 de febrero de 1801 en las excavaciones de la huerta de Capuchinos sobre el puerto, y debajo de ella había huesos humanos. Dice así (a: Véase la estampa núm. 2.).

Cerca del mismo lugar y en 1794 se halló la otra inscripción que decía, en piedra ordinaria, y es esta (b: Id. id. núm. 3.).

XXVI. Con la ocasión de abrir la carretera para el tránsito de los Reyes nuestros Señores junto a la torre llamada de los Escipiones, fue hallado por el arquitecto Don Juan Antonio Rovira un vaso de vidrio bien conservado y tapado herméticamente, como de palmo y medio de elevación y uno de diámetro en su mayor convexidad: estaba encastado entre dos piedras de sillería selladas con plomo, y dentro de él había otros dos pequeños vasos lacrimatorios, y una medalla del Emperador Augusto, que hoy tiene el señor Posada, con la inscripción DIVVS 

AVGVSTVS PATER, y en el reverso corona de laurel con estas iniciales en el centro: C. V. T. T., que es, Colonia Victrix Togata Tarraco. Es la que publicó Flórez, núm. 1.°, en la tabla de las medallas de Tarragona. 

El vaso encerraba los huesecitos de un niño.


XXVII. Tras estas antigüedades romanas bien será decir de las de otras gentes que aquí se hallan. La primera es un arco árabe que debió ser adorno de alguna ventana, hallado en los cimientos de la capilla nueva de Santa Tecla, y colocado hoy día en el claustro de la catedral junto a los fragmentos del templo de Augusto. Los encargados del Viaje pintoresco han copiado este monumento, que es de labor muy delicada y no dejarán de publicarle. Me regaló copia el señor Posada de un letrero árabe que hay en dicho arco, tomada del natural y con la más escrupulosa exactitud.

XXVIII. Inéditas son también dos inscripciones sepulcrales hebreas, que hoy se hallan en la pared exterior de la casa del señor Deán de esta iglesia, sobre las cuales me ha comunicado la siguiente relación el doctor Don Félix Torres y Amat, Rector del Seminario episcopal, y catedrático de escritura en esta universidad, que fue el primero que la interpretó, y yo no tengo que añadir a sus juiciosas reflexiones. Dice así:

"Paseándose Don Carlos de Posada por el trozo de carretera que hay entre el edificio que fue convento de PP. Trinitarios, y el fuerte de la Reina, vio en la pared sobre la cual estriba parte del camino, y circuye la viña de Don Ventura Canals, una piedra con caracteres que conjeturó serían hebreos o árabes. Vino luego a buscarme, y fuimos a dicho lugar, en donde vimos desenterradas dos piedras, la una de seis palmos de largo y cuatro de ancho, y la otra de ocho de largo y cinco de ancho, con caracteres hebreos muy bien formados, que copiados con toda la exactitud posible dicen así: 

(la imagen está en la pág. 101 del pdf)

“Este sepulcro es del Rabino Jaiam, hijo de Isaac, que murió en marzo del año 395. 

(siguiente imagen)

“Este sepulcro es del Rabino Janamá, hijo de Simeón Arlabí, que murió en la luna de abril del año 484. No puede casi dudarse que la fecha del 

primer epitafio es 395, según indican claramente los puntos colocados sobre las letras de las últimas palabras  *hebreo Jehovah nos salvará. Es cosa muy sabida que acostumbraban los Judíos tomar una palabra o expresión análoga al asunto, y denotar con todas o algunas de sus letras el número de los años que querían. Para cuyo fin señalaban con un punto sobre, o a veces tres, las letras que servían al cómputo. Y de ahí es que para la fecha de la primera inscripción, usaron de las palabras: Jehova yoschijénu, cuyas cinco letras primeras *hebreo toman la suma de 395. Esta manera de contar se llama entre los Judíos *hebreo  Cómputo menor o pequeño, porque para la mayor brevedad, se omiten los millares, como sucede entre nosotros cuando decimos que corre ahora el año 800 de Cristo. Así, pues, en las dos inscripciones debe suponerse la suma de cuatro mil años: de modo, que según el cómputo mayor de los Hebreos, la fecha de la primera inscripción es 4395 del mundo. Contando, pues, que nuestra era de la creación del mundo discrepa 240 años de la de los Judíos, que cuenta esta de menos; y por lo mismo, añadiéndolos a los 395, sacamos que el año de la primera inscripción es el de 4635 del mundo, o 635 de Jesucristo.

Casi con igual certeza se puede asegurar que la fecha de la segunda inscripción es 724 de Jesucristo, o 4724 del mundo; pues aunque en la última linea hay algunas letras muy mal conservadas, como por fortuna han quedado íntegras las que sirven para denotar los años, se puede afirmar con bastante seguridad que la fecha de la segunda inscripción es la dicha de 724, cuyo número componen las letras *hebreo, junto con los 240 años que han de añadirse, y tiene de menos la era de los Judíos.

(El cuadro con caracteres hebreos, su equivalencia en números y suma está en la pág. 104 del pdf)

Primera inscripción. Segunda inscripción. 

(Magnitud de los caracteres)

Esta explicación se hace más verosímil, si es verdad lo que dice Masdeu, tomo XIII, en su España Árabe, que en 852 fue tomada Barcelona de los Moros por traición de los Judíos que había en ella. No sólo Monjuich, sino algunos pueblos de esta costa conservan muy antiguas memorias de los Judíos, y aun en Falset me ha dicho el Ilmo señor Arzobispo, Don Fr. Francisco Armañá, que pasando de visita le hablaron de alguna inscripción hebrea que hay cerca de las minas de plomo de aquella villa, a las cuales quizá acudirían los Judíos. Por lo que toca a esta ciudad no puede dudarse que fue muy poblada de Judíos, pues no solamente leemos en la Geografía del Nubiense, clima 5, p. 1, que Tarragona se apellidaba ciudad de los Hebreos, sino que hay tierras en estos contornos del Seminario Tridentino hacia el fuerte del Rey, que en los Cabreos antiguos se dicen sitas en la partida llamada Torre del (dels) Jueus, y hay casas en la Judería, etc.

El señor Arzobispo, que ha querido copia de estas inscripciones, me ha dicho que le parecían muy fundadas mis reflexiones, y con un voto de tanto peso, no he tenido reparo en enviárselas al sabio Marini, bibliotecario de la Vaticana, por medio de mi común amigo y filólogo Don Buenaventura Prats.” Hasta aquí el citado señor Torres.


XXIX. Por último, digamos de un sepulcro romano cristiano, esto es, que sirvió para depósito de Cristiano después de haberlo sido gentil. Es una arca grande de mármol hallada en el cementerio antiguo en 1786 con estas inscripciones:

MEMORIAE

FIRMIDI . CAECILI

ANI . B . F . COS . LEG

VII . GEM . P . F . VALE

RIA . PRIMVLA . VXOR

MARITO . B . M . F

Al lado opuesto se lee estotra: Anno Domini M.CCCVII nonas octobris obiit Dominus G. de Bagnariis, Praepositus Ecclesiae Tarraconensis, qui instituit unum capellanum commensalem in dicta ecclesia, et unum anniversarium. Cuius anima requiescat in pace. Amen. Este era Guillermo de Bañeres, Prepósito, cuya muerte fija el Necrologio en ese mismo año. Hoy se halla esta arca en el jardín del claustro frente a la famosa del rapto de Proserpina, ambas llenas de tierra y cubiertas con azulejos para servir de canapé. A la clase de estas sepulturas mixtas sospecho que pertenezca otra grande arca de piedra medio enterrada en la parte exterior de la catedral, en la puerta llamada antes de San Juan, después de Santa Tecla, y que ahora se llamará con más razón de San Olaguer por su capilla inmediata. No desagradará a los Españoles ver confirmado con pruebas domésticas lo que con otras de varias naciones han manifestado los anticuarios extranjeros. A lo que sobre este punto tenemos dicho en el tom. I de este Viaje, merecen añadirse las observaciones de L. A. Muratori en su Disquisitio de antiquis Christianorum sepulchris.

XXX. En 19 de julio de 1805 cavando en casa de Don Ramón Caputo, notario en Tarragona, se descubrió una lápida de jaspe del país, de cinco palmos de alto, tres de ancho y dos y medio de grueso, con la inscripción siguiente que está íntegra:

POMP . MAXIMINAE

EX . G . BRACAR AVG (superíndice) 

FLAM . VXORI 

VLPI . REBVRRI

FLAM 

P. H. C. 

Su lectura es esta: Provincia Hispaniae Citerioris (posuit) Pompejae Maximinae, ex conventu Bracaragustano, Flaminicae, Ulpii Reburri Flaminis Uxori. 

Existe en Tarragona otra lápida puesta por la provincia a M. Ulpio Reburro, del convento jurídico de Braga, y Flamen de la provincia Tarraconense, o España Citerior, y ahora resucita su mujer a reunírsele, de la cual no había memoria; y se añade una Flamínica a las conocidas en Tarragona. La inscripción del marido publicaron Apiano, Verderio, Scotho, Grutero, Finestres y Flórez, (tom. 24 de Esp. Sagr. pág. 178), donde pretende que Reburro era nombre de familia y de pueblo en Galicia, y que Marco Ulpio era Gallego.

Basta por ahora. Mañana marcho a ver los monasterios de esta diócesi, y según noticias no será inútil el viaje.

A Dios. Tarragona, etc. 

miércoles, 15 de febrero de 2023

TOMO XIX. ÍNDICE DE LAS CARTAS QUE CONTIENE ESTE TOMO.

TOMO XIX.

VIAJE A BARCELONA Y TARRAGONA.

1851.

ÍNDICE DE LAS CARTAS QUE CONTIENE ESTE TOMO.

(La numeración se omite, ya que no coincide este formato con el pdf)

Carta CXXXII. Viaje a la Murta, Montalegre, San Miguel del Fay, Tarrasa, San Cugat del Vallés, Valdebron, etc, etc., y noticia de los Breviarios, Misales antiguos, códices raros, y otras preciosidades que hay en estos monasterios. = Varias inscripciones sepulcrales. = Catálogo de los Abades de San Cucufat. = Lápida romana, junto a la villa de Badalona, mal interpretada por el Arzobispo Marca … 

Carta CXXXIII. Voluntaria sujeción de los Obispos de Cataluña al Arzobispo de Narbona, durante el cautiverio de Tarragona. Restaurada esta, volvieron a sujetarse a su propio y antiguo Metropolitano. Elecciones de los Arzobispos en aquellos tiempos. Elecciones de los Obispos. Danse muestras de estas elecciones en las que se hicieron en las iglesias de Barcelona, Lérida y Gerona. Confirmación de los Obispos por el Metropolitano. Parte que tuvo la iglesia Tarraconense en la confirmación de los Obispos, y en la Sede vacante

Carta CXXXIV. Noticia de la Santa metropolitana iglesia de Tarragona después de su restauración. = Cuándo y cómo se introdujo en ella la vida reglar: no la instituyó San Olaguer. = Memoria de algunos de sus primeros canónigos: su número, admisión, hábito, rito en los divinos oficios, etc. = Origen y supresión de la dignidad de la prepositura. = Reforma de esta iglesia por el Papa Luna: su titular Santa Tecla. = No fue la mujer del organista. = Forma que se guardó antiguamente en la elección de sus Prelados. = Preeminencias de su Capítulo. = Varias costumbres rituales del siglo XVI y posteriores.

Carta CXXXV. Capilla de los canónigos de Tarragona en el siglo XII. Su titular iglesia de Santa Tecla llamada la vieja: su sitio y el del cementerio antiguo. La catedral actual no fue comenzada por San Olegario, ni hasta fines del siglo XII, ni se concluyó hasta fines del siguiente: su consagración y descripción. Capilla del Sacramento, construida por Don Antonio Agustín. Memoria de algunos profesores de las bellas artes. Descripción del claustro de esta iglesia. Dónde fueron hallados los restos de la antigüedad que en él se conservan. Capilla de Corpore Christi. Biblioteca antigua de la catedral, con noticia de algunos de sus códices: pobreza a que está reducida en el día. Manuscritos de la biblioteca de los PP. Dominicos. La del difunto canónigo don Ramón Foguet.

Carta CXXXVI. Reliquias. Imágenes de Santos. Varios testimonios de la gran devoción a Santa Tecla. Rectificación de la equivocación que padecí en el tomo I de este Viaje, acerca del primer Obispo de Valencia, después de su conquista.

Carta CXXXVII. Catálogo de los Arzobispos de la santa iglesia metropolitana de Tarragona.

Apéndice de Documentos.


FÉ DE ERRATAS. (Corregidas)

Dice. Debe decir.

Pág. 74, linea 27. Culcio. Culeio.

Pág. 202, linea 22. Papa XXII Papa Juan XXII.

sábado, 27 de agosto de 2022

CARTA LXXXIV. Escasa noticia de los concilios Tarraconenses: necesidad de formar una colección cronológica de todos ellos.

CARTA LXXXIV. 

Escasa noticia de los concilios Tarraconenses: necesidad de formar una colección cronológica de todos ellos. Plan de esta vasta obra: disertaciones que la deben acompañar: número de los concilios que deben incluirse en ella.

Mi querido hermano: La proporción que he tenido de examinar los códices de la colección española de cánones que se conservan en esta catedral de Urgel y en la de Gerona, y las frecuentes noticias que voy encontrando de concilios celebrados en esta provincia desde el siglo XII hasta más de la mitad del XVIII, me ha hecho entrar en la idea de formar una colección entera de los concilios Tarraconenses, desde el primero que consta tenido en Zaragoza en el año 380 hasta el último celebrado en el de 1757. Cosa es esta imposible a primera vista, atendida la escasez de noticias que acerca de eso se han publicado. En efecto parece increíble que en una provincia tan dilatada como esta, sea tan poco lo que se sepa de los concilios celebrados en ella no más que desde la expulsión de los árabes, con ser tanto lo que se sabe de otras cosas de menor importancia. Porque si registras la colección de nuestro cardenal Aguirre, que es la más completa que de nuestras cosas tenemos, apenas hallarás noticia de 20 de dichos concilios tenidos en la época que digo, con ser por lo menos ciento los celebrados en ese periodo de siete siglos: y de los 20 sólo de uno publica aquel escritor las actas, que es el de 1429 en Tortosa: de muy pocos una u otra constitución, y de los restantes un apunte ligerísimo y acaso no exacto de la época y objeto de su convocación. Lo único que hizo aquel docto español, fue incluir en su obra la colección de las constituciones Tarraconenses, que sucesivamente ordenaron y perfeccionaron los arzobispos de aquella iglesia D. Gerónimo Doria, D. Antonio Agustín y Don Juan Terés. Mas estas colecciones no merecen con todo rigor este nombre. Porque en primer lugar, de los cien concilios que decía, sólo citan las constituciones de cuarenta y cinco de ellos, salvo error. Y es que en la mayor parte se gobernaron por la que hacia el 1331 mandó formar el arzobispo D. Juan de Aragón, y es muy poco lo que conocieron de los concilios posteriores a ese año. En segundo lugar, y esto es lo principal, esas colecciones impresas están ordenadas por los títulos del derecho, reuniendo en un punto de vista las constituciones de varios concilios que tratan de una sola materia. Cosa fue esta muy oportuna para el gobierno de la provincia en el siglo XVI y posteriores; mas no es eso lo que necesita la historia de la disciplina eclesiástica. Porque en ese trabajo sólo se dio cabida a las leyes acomodadas a los usos y costumbres de entonces, entresacándolas de los concilios antiguos, omitiendo enteramente y dejando para siempre en el olvido las ya desusadas, y por esta razón entonces no necesarias. Las cuales, así como lo eran cuando se establecieron, así ahora y siempre interesa su noticia a la instrucción pública, que nunca puede ser completa, si le falta el conocimiento de las leyes antiguas aun de las que ya se desusaron, y si la noticia de ellas no va acompañada de la del tiempo, personas y demás circunstancias que contribuyeron a su formación. Por esto lo que de veras importa es la serie cronológica de dichos concilios enteros, con todo lo que a ellos pertenece en orden a su congregación, celebración, deliberaciones y demás; con lo cual al mismo tiempo se da la historia del origen, decadencia y reforma de la disciplina eclesiástica. Esto han hecho todos los que han entendido en estas materias: esto el mismo cardenal Aguirre, publicando cuanto pudo haber a las manos de tales monumentos antiguos, para que los que se dedican a este estudio tengan a la vista y descubiertas cuanto es posible las fuentes del saber a que aspiran. La falta que en su obra se advierte suplió en alguna manera el limo. Sr. D. Félix Amat, arzobispo de Palmira, analizando brevísimamente en su Historia eclesiástica algunos cánones de los concilios que omitió aquel cardenal. Pero este auxilio es muy escaso para lo que decimos. En resolución, de los 100 concilios tenidos después de la conquista de Tarragona, sólo se ha publicado entero el de Tortosa de 1429, y aun a ese hay que añadir algo; de los restantes los 45 son conocidos no más que por algunas constituciones sueltas y aisladas, y los demás están casi enteramente ignorados (a). (a) Aun en el tomo 2.° de las memorias... sobre la marina y comercio de Barcelona, que con tanta diligencia recogió D. Antonio Capmany, se dice que en aquella ciudad se han celebrado siete concilios provinciales después de la restauración de Tarragona, cuando según mi cuenta son quince por lo menos. 

Cosa es esta asombrosa, y que cierto no podrían mirar con indiferencia los prelados que los convocaron, si les fuera dado salir de sus sepulcros. “ ¿Para esto, dirían, trabajamos y sacamos a nuestros sufragáneos de entre sus ovejas, y a los abades del silencio de sus monasterios, y  gastamos y gastaron ellos el patrimonio de los pobres? ¿Para esto nos dio el Señor su sabiduría, con la cual dictamos aquellas leyes y reglas de bien vivir, que ahora yacen sepultadas sin el menor fruto...?" 

Por fundadas que fuesen estas quejas de tan celosos e ilustrados arzobispos, lo son mucho más las de toda la provincia Tarraconense y aun las de la nación Española, cuyo honor clama porque se publiquen estos tesoros. Famosa es en todo el orbe la provincia Tarraconense: nadie ignora que su capital, así como fue tan ennoblecida con la liberalidad y con la presencia de Augusto, así fue muy pronto ilustrada con la luz del evangelio, y que sus prelados y los de su dilatada jurisdicción, antes y después de los árabes, con su vida y con su doctrina han mantenido pura e ilesa no sólo la doctrina de la fe, sino la disciplina de sus mayores en gran parte. Y con todo eso ignoran las naciones extrañas todo lo que de esta iglesia podían saber, porque no hay quien se dedique a reunir e ilustrar sus tesoros. Acaso esta omisión nuestra es la causa por qué tan poca cuenta se tenga en algunas obras extranjeras con los concilios Tarraconenses; aunque más claramente se ve que esto nace de cierto orgullo y desprecio con que suelen ser miradas nuestras cosas por los que viven más allá de los Pirineos. De otro modo no se sabe explicar por qué en algunas colecciones generales de concilios, publicadas después que el cardenal Aguirre imprimió la suya, se omite enteramente la mención de los Tarraconenses que él publicó (a: Delectus actorum ecclesiae universalis, seu nova summa conciliorum &c. Lugduni 1706. vol. 2. fol. 

Pues viendo yo cuan importante es por todas estas razones que se forme una colección cronológica de los concilios Tarraconenses, con todo lo que tocare a la disciplina de esta gran metrópoli, de quien decía Argensola, 
que dio su nombre a la mitad de España,
he caído en la tentación de acometer esta empresa, para la cual ciertamente no basta un hombre solo, y mucho menos tal como yo me conozco. Mas si no llegare a conseguirlo, lo que en ello hubiere adelantado, eso se hallará hecho el que después de mí quisiese perfeccionarla. Y hame (me ha) acontecido en esto lo que en todos los proyectos presentados en globo, que al tiempo que se despliegan y examinan en sus ramificaciones, van tomando cuerpo y creciendo de manera, que al fin vienen a ser casi impracticables al que tan fácilmente los concibió, y a quien parecían tan hacederos. Así los pintores en una hora dibujan lo que después no pueden ejecutar en muchos meses; y así me acuerdo de haber visto años pasados en el convento de dominicos de Luchente un librito de muy pocas hojas, donde nuestro sabio paisano Maluenda dejó dibujada su docta obra de Antichristo, con la misma división de artículos, que después se imprimió en dos tomos en folio. Por esta manera en un principio me propuse dar no más que una idea de todos los concilios de Tarragona, cuya noticia iba adquiriendo en mis viajes; mas llamándose una cosa a otra, ha venido ya (a) ser obra de mucha consideración, que no sé si podré verificar. Y porque sepas lo que pienso hacer, y para que en ello me ayudes, voy a decirte todo el plan y contenido de este vasto proyecto. 

PLAN DE UNA COLECCIÓN GENERAL 

de los concilios Tarraconenses. 

La obra debe dividirse en tres partes correspondientes a las tres épocas principales de la historia, es a saber: 

1.a Tarraco romana, et gothica. 

2.a Tarraco capta a mauris. 

3.a Tarraco restituta, et christiana. 

En cada una de estas épocas aparece diferente la legislación eclesiástica, así como lo fue la civil y el estado público de las cosas de España. El nacimiento, decadencia y restauración de la religión verdadera trajo consigo fervor y corrupción yreforma de costumbres, y por consiguiente diversidad de leyes acomodadas a cada uno de esos estados. No era menor la diferencia política de los señores que se sucedieron en esta parte de la península; lo cual ya se sabe cuanto influye en el gobierno de la iglesia, que salvo el dogma y el depósito esencial de la doctrina, en lo demás se atempera en lo posible, y no contradice a la voluntad de los reyes. Esta consideración general, así como obliga a distinguir y tratar separadamente de cada uno de estos tres periodos, así dicta lo que en cada uno de ellos hay que trabajar para el conocimiento completo de la disciplina eclesiástica en esta provincia. Y dejo por supuesto que en todos ellos tienen lugar y deben tenerlo, como lo hizo Aguirre, todos los documentos de la historia eclesiástica, aunque no sean decisiones conciliares, tales como cartas de papas, reyes, obispos, consagraciones de iglesias insignes, elecciones notables de obispos y abades, y acaso testamentos y aun obrillas que tengan conexión con la disciplina del tiempo, como ordinationes pro choro y otras rituales, y de vestidos y ornamentos eclesiásticos, constituciones capitulares &c. Los cuales monumentos deben intercalarse cronológicamente con los concilios, para que sea completo el cuadro de la historia disciplinar Tarraconense. También supongo que deben entrar en la colección todos los sínodos diocesanos que hayan llegado a nuestra noticia; porque esos son como la aplicación de la ley general, y tal vez la causa y motivo de ella, y una parte no pequeña del todo que buscamos. Así que dando por supuesto que todo esto ha de entrar en la obra, voy ahora a decir lo demás de su plan, esto es, lo que hay que poner de trabajo propio, junto con una noticia puntual de todos los concilios de que tengo noticia, celebrados en la capital o en cualquiera de las iglesias de la provincia, y aun los congregados fuera de ella por motivos que a ella pertenecen; de los cuales deben examinarse críticamente sus épocas, e ilustrarse cuanto ser pudiere sus doctrinas. 

Época I: desde el siglo I hasta el VIII,

TARRACO ROMANA ET GOTHICA. 

Disertaciones.

1. Sobre los límites de la provincia Tarraconense en el siglo I y II de la iglesia, que comprendía la parte septentrional de España (Hispania), desde Cartagena hasta Braga.

2. Nueva demarcación de la provincia a principios del siglo IV, quedando incluido en ella todo el territorio de Aragón, y hasta Burgos y Pamplona.

3. Nombres y sitio de cada una de las iglesias sufragáneas que entonces se contaron en la provincia.

4. Sobre las sedes de Ictosa y Numancia.

5. Que la España Tarraconense nunca fue patrimonio de la sede Romana.

6. Catálogo breve de los metropolitanos de Tarragona en esta primera época.

7. Id. de los obispos de cada una de las iglesias sufragáneas.

8. Id. de los emperadores romanos y reyes godos. 

Comprende esta primera época los concilios siguientes. 

Año Lugar. 

380 Zaragoza. 

516 Tarragona 

517 Gerona. 

524 o 546 Lérida.

540 Barcelona. 

592 Zaragoza. 

598 Huesca. 

599 Barcelona. 

614 Egara. 

691 Zaragoza. 


Época II: desde el siglo VIII hasta fines del XI. 


TARRAGO CAPTA. 


Disertaciones. 


1. Sobre la entrada de los árabes en esta provincia: reinado de Chintila en los Pirineos. 

2. Principio de la libertad de la provincia por Carlo Magno y Ludovico Pío.

3. Del origen y carácter de los condes de Cataluña y Aragón.

4. Cronología breve de los reyes de Aragón y de los condes de Barcelona. 

5. Restauración lenta y progresiva de las sillas episcopales de la provincia, y erección de algunas nuevas.

6. Que la mayor parte de ellas reconoció por metropolitano al arzobispo de Narbona, durante el cautiverio de Tarragona.

7. De los que con razón o sin ella fueron llamados arzobispos de Tarragona, es a saber, Cesario, Atton, Sclua y Berenguer.

8. Carácter de las canónicas antiguas, y profesión de la vida reglar Aquisgranense.

9. Introducción de la vida canónica Agustiniana en Cataluña y Aragón.

10. Antigüedad de la vida monástica en la provincia.

11. Sujeción cierta de algunos monasterios a los de Francia. 

12. Que algunos de ellos eran dobles. 

13. Introducción del rito Romano y abolición del Gótico antes del siglo XI. 

14. De la colección de cánones conservada pura en nuestra provincia, a pesar de 

su vecindad y comunicación con las de Francia. 

A esta época pertenecen los concilios siguientes. 

Año. Lugar.


799. Urgel. 

892. Ibidem. 

906. Barcelona.

947. Elna.

991. Urgel.

1027. Vique.

1062. San Juan de la Peña.

1068. Gerona.

1077. Besalú.

1078. Gerona.

1097. Gerona.

No cuento ahora los concilios que se tuvieron en algunos puntos limítrofes de la provincia, como Pamplona y Burgos; de los cuales puede tratarse si deben ser o no contados por Tarraconenses. Tampoco hago mención de varios congresos no conciliares de obispos; los cuales son innumerables, y si de ellos solos se hiciera una colección, nada perdería la historia y disciplina de la provincia. Entran en este período los concilios que se celebraron fuera de ella por asuntos que de cualquier modo le pertenecieron. Por ahora me ocurren los siguientes: 

Año. Lugar.

798. Narbona.

791. Ratisbona. 

794. Francfort.

797. Aquisgrán (Aachen) 

799. Roma. 

Estos cinco concilios trataron de la causa de Félix, obispo de Urgel.

860. Tusi.

876. Trecas. 

893. Fontanes. Portus.

907. S. Tiberio. 

911. Foncuberta.

960. Compostela.

983. Roma. 

998. Ibidem. 

1043. Narbona. 

1045. Tulujes. 

1055. Narbona. 

1056. Tolosa. 

1063. Aviñón. 

1119. Tolosa. 

1119. Rems. (Reims)

1130. Clermont. 

1134. Narbona.

En estos concilios y en otros que acaso habrá celebrados más allá de los Pirineos, no sólo se hallaron los obispos de nuestras iglesias, sino que en la mayor parte se trataron de propósito los negocios de la provincia, o se establecieron reglas para su gobierno. 

Época III: desde el año 1092 hasta 1757. 

TARRACO RESTITUTA. 

Disertaciones. 

1. Restauración de la metrópoli. 

2. Pleitos sobre la agregación de las sedes de Segorbe, Mallorca y Valencia. 

3. Desmembración de las provincias de Zaragoza, Burgos y Valencia. 

4. Que los sufragáneos concurrían a la elección del metropolitano y de la confirmación de este.

5. De la elección y confirmación de los sufragáneos. 

6. Cuando comenzaron en la provincia las reservas pontificias.

7. Derecho del metropolitano y de su capítulo para convocar concilios. 

8. Quien concurría a ellos.

9. Cuando y como se introdujo en la provincia el breviario romano.

10. Secularización de las canónicas Agustinianas en las catedrales y monasterios. 

11. Sobre la causa de los templarios Tarraconenses.

12. Que la unión de la corona de Aragón a la de Castilla fue causa de que en la provincia Tarraconense se celebrase mayor número de concilios. 

13. Del cisma del papa Luna por lo tocante a esta provincia. 

Los concilios que a esta época pertenecen son muchos, y digo solamente los ciertos e indudables que hasta ahora he podido averiguar. Algunos de ellos sólo fueron convocados con motivo del reparto del subsidio en la provincia; mas aun de estos es rarísimo el en que no se mandase una u otra cosa concerniente al orden eclesiástico. Que ya que se juntaban los padres, era muy natural que no desaprovechasen la reunión; a la manera que no es inútil el sínodo anual que todavía se celebra en la iglesia de Gerona como por costumbre; la cual es muy justo que se conserve, no sólo por la gloria que resulta a aquella iglesia de ser acaso la única del mundo que guarde este uso saludable y antiquísimo, como por el bien que debe seguirse de la frecuente unión de todos los pastores. Mas vuelvo a mis concilios, de los cuales pondré no más que los años de su celebración por abreviar. 

1146. 1180. 1229. 1230. 1239. 1240. 1242. 1243. 1244. 1246. 1247. 1248. 1249. 1251. 1253. 1257. 1266. 1273. 1279. 1282. 1291. 1294. 1295. 1302. 1305. 1310. 1312. 1313. 1317. 1318. 1323. 1329. 1330. 1336. 1337. 1339. 1341. 1354. 1357. 1367. 1369. 1378. 1391. 1395. 1406. 1415. 1518. 1424. 1429. 1456. 1517. 1523. 1529. 1530. 1534. 1536. 1539. 1541. 1543. 1546. 1551. 1554. 1556. 1560. 1564. 1567. 1569. 1572. 1574. 1577. 1584. (pone 1684) 1587. 1591. 1598. 1602. 1603. 1607. 1613. 1618. 1623. 1625. 1630. 1636. 1637. 1654. 1659. 1664. 1670. 1678. 1685. 1691. 1699. 1712. 1717. 1722. 1727. 1733. 1738. 1745. 1752. 1757.

¿Qué te parece de la tela que acabo de urdir? Pues yo te aseguro que para cumplir lo prometido bien podrá faltarme el tiempo y más ciertamente la habilidad, pero no los materiales, que los hay abundantísimos, así de lo que ya está impreso, como de lo que no lo está. Y es de creer que al tiempo de ir ordenando esos cabos, se ofrezcan otros que ahora no me ocurren. A estas y otras empresas arduas me obliga el amor de la patria, a quien con toda verdad digo muchas veces lo que Horacio a otro objeto (Carm. lib. IV. od. 3.) 

Quod spiro, et placeo, si placeo, tuum est.

A Dios, hasta la otra en que volveré a mi catálogo de obispos.