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lunes, 27 de febrero de 2023

CARTA CXXXVIII. Concluye el catálogo de los Arzobispos de la santa iglesia metropolitana de Tarragona.

CARTA CXXXVIII. 

Concluye el catálogo de los Arzobispos de la santa iglesia metropolitana de Tarragona. 

Mi querido hermano: Vamos a concluir hoy este catálogo con la noticia de los Prelados de este siglo y siguientes. A Don Juan de Aragón sucedió

Don Arnaldo Cescomes (de Cumbis le llamaban los latinos de aquel tiempo), Catalán, nacido en la quinta o masía dicha de Cescomes, en el término del lugar de Puig de Reis, obispado de Urgel. Era ya canónigo de Barcelona y Vicario general de aquel obispado en 1305, y en 1312 se halló en el concilio de Tarragona como procurador del Cabildo o del Obispo de aquella iglesia, y fue el que leyó la sentencia en que los Templarios de estos reinos quedaron absueltos de toda sospecha de herejía, como noté más arriba. Promovido después a la Silla de Lérida, fue trasladado a esta metropolitana antes del año 1335, en que ya celebró un sínodo diocesano, y es el primero que se conserva de los Prelados de esta iglesia (a: Ap. núm I.). En el año siguiente celebró concilio provincial, cuyas constituciones andan entre las impresas. En 1337 escribió tres cartas, una a Benedicto XII y dos al Cardenal Juan de Convenis sobre la expulsión de los Moros de España, las cuales publicaron Baluzio, Miscell., tomo III, pág. 106, y el Cardenal Aguirre. Sostuvo los derechos de su esposa con gran celo. Del 1344 hallo que compuso las diferencias que había entre los curas y demás beneficiados de la catedral super colligendis, recipiendis ac distribuendis obventionibus seu caritatibus, quae pro processionibus extremarum unctionum, sepulturarum et absolutionum morientium, et capdans, etc. Nada más he hallado de este Prelado, sino que murió a 9 de septiembre de 1346. Está enterrado en el plano de la capilla de las once mil Vírgenes, que él construyó, y su epitafio dice así: 

Hic iacet Arnaldus bonae memoriae Archiep. Tarraconensis, qui etiam fuit Episcopus Ilerdensis; qui tam hic, quam in ecclesia Ilerdensi atque alibi, innumera bona fecit, et in Tarraconensi inter alia hanc capellam fecit, construxit et dotavit: qui obiit anno Dni. M.CCC.XLVI. V. idus septembris. Requiescat in pace anima eius. El sucesor fue

Don Fr. Sancho López de Ayerbe, Aragonés, de la orden de San Francisco, trasladado a esta Sila de la de Tarazona: hizo su entrada en marzo de 1347, y dicen que este es el primer Prelado que fue recibido con la pompa que hoy se acostumbra, y que recibió de sus vasallos en reconocimiento de señorío 25.000 sueldos. Era confesor del Rey Don Pedro IV y muy querido de él. En un sínodo que celebró en 1355 mandó observar en la diócesi la constitución que cinco años antes había hecho este Príncipe de que las escrituras se calendasen, no por los años de la Encarnación, sino por los de la Natividad, omitiendo el cómputo de nonas, idus y kalendas, y contando por su orden los días del mes (a: AP. núm. II). Otra memoria produce Blanc de su celo y constancia, y es la resistencia que hizo al colector de la Cámara Apostólica Jaime de Contestre, canónigo de Valencia, el cual exigía el tributo supuesto que el Conde Don Berenguer de Barcelona había ofrecido a la santa Sede de todo el territorio de Tarragona. El Arzobispo, haciendo ver que aquella fue una simple oblación, produjo tales razones que el Papa se dio por satisfecho; y ya no se habló más de tal exacción. No mostró menos su caridad en la peste que asoló este país el año 1348. Fue este azote bien conocido y sentido en toda la Europa; en esta diócesi perecieron todos los párrocos, y para suplir su falta encargó el Arzobispo a los jurados de los lugares que se buscasen cualesquiera sacerdotes seculares o regulares para su asistencia, a los cuales por el mero hecho de ser así elegidos, daba todas las facultades necesarias. También se sabe que condenó el error que enseñaba un monje Cisterciense hacia los años 1353, es a saber, que el hombre debe obrar por puro amor de Dios, y que no es lícito hacer el bien por la esperanza de la vida eterna. Tras esto sabemos que celebró cuatro concilios provinciales. Así, desempeñado bien su ministerio, murió día 22 de agosto de 1357, y fue enterrado en el convento de San Francisco de esta ciudad, el cual, como en las guerras se derribase, ha perecido su sepulcro. El Necrologio suple su falta; dice, así: XII kal. sept. anno Domini M.CCC.LVII. obiit Fr. Sancius de Ayerbe, XIX Archiep. Tarracon(.), qui multa opera fecit tam in castro archiepiscopali huius urbis, quam in aliis domibus pontificalibus. Es de notar aquí que el castrum archiepiscopale, donde Don Fr. Sancho construyó algunas obras es el que dicen Torre del Patriarca, no el palacio que hoy es archiepiscopal; porque este entonces era casa del Prepósito, y los Arzobispos no se trasladaron a ella hasta entrado el siglo XV. Tuvo por sucesor a 

Don Pedro Clasquerín, Catalán, que había sido canónigo de Barcelona, y como tal asistió en 1338 al juramento del Rey Don Pedro IV, cuando fue admitido por canónigo de aquella iglesia. Fue después Obispo de Huesca y de Mallorca, de donde fue trasladado a esta iglesia en febrero de 1358. Por agosto del mismo ya asistió a las cortes de Barcelona. El crédito de su doctrina le acarreó los honores de Patriarca de Antioquía y consejero del Rey Don Pedro. En 1359 creó el arcedianato de San Lorenzo en esta iglesia, suprimiendo para ello la obrería: el primero que obtuvo la nueva dignidad fue el canónigo de la misma Guillermo Botson. Celebró tres concilios provinciales y cuatro diocesanos: de los primeros están las constituciones en la colección de ellos; las de los segundos irán copiadas por mí, inéditas hasta ahora, a excepción de tres o cuatro que publicó Don Antonio Agustín; y esto quede dicho para los que mencionaré más adelante (a: Aps. núms. III, IV, V y VI.). En 1372 le encargó el Papa Gregorio XI el examen de la doctrina de Raimundo Lulio, delatada por Fr. Nicolás Eymerich, mas por sus ocupaciones se cometió el juicio a los Vicarios generales del Obispo de Barcelona. Del 1374 hay aquí memoria de haberse fundado un beneficio con el título de la Concepción de nuestra Señora por Pedro Francesch, comensal de esta iglesia. Construyó este Arzobispo el lienzo de muralla que corre desde el convento de San Francisco hasta el de Santa Clara. Defendió con gran tesón los derechos de su iglesia, singularmente contra las pretensiones de los vecinos de Tarragona; llegó el negocio a términos que tuvo que llevar su causa a la corte del Papa, donde se dio sentencia en su favor. Mas volviendo de allá le atajó la muerte en Francia, en la ciudad de Agde, día 10 de enero de 1380. Trajéronse acá sus huesos de allí a ocho años, y están depositados en la capilla de nuestra Señora, llamada de los Sastres, que él hizo, en una urna levantada en la pared con este letrero: Anno Domini M.CCC.LXXX. X die mensis januarii in civitate Achde obiit Reverendissimus in Christo Pater et Dominus Dominus Petrus miseratione divina Patriarcha Antiochiae, et aministrator ecclesiae Tarraconensis; ossa cuius sunt translatata in hoc tumulo (leo tumullo) die sabati XVIII. aprilis anno Domini M.CCC.LXXXVII. cuius anima requiescat in pace.

A esta época pertenece lo que Zurita, Diago y otros escritores refieren de la aparición, bofetada y amenazas de Santa Tecla al Rey Don Pedro IV de Aragón, si no reintegraba a la iglesia de Tarragona de todo lo que le había usurpado. A lo mismo alude la famosa carta de San Vicente Ferrer al Rey Don Martín sobre este negocio. También hallo del tiempo de nuestro Arzobispo la consagración de la iglesia de Santa María de Falcet que hizo de su licencia Fr. Petrus divina miseratione Ponderachensis Episcopus en la dominica tercera de octubre del año 1365. Vacó esta iglesia siete años por el cisma que afligía a la cristiandad; porque todas las iglesias de Aragón con su Rey se mantuvieron largo tiempo en el partido que llamaron de indiferencia. Esta fue la causa porque el sucesor

Don Íñigo Valterra, aunque promovido a esta Silla en el año 1380, no tomó de ella posesión hasta el 30 de enero de 1387, gobernando entre tanto la iglesia de Segorbe, que ya obtenía con el título de electo Tarraconense. Era natural de Valencia, y Canciller del Infante Don Martín, Duque de Monblanc, y había también obtenido la mitra de Gerona. A las memorias que de este ilustre varón publiqué en el Episcopologio de Segorbe debo ahora añadir que hizo concordia con el Rey Don Juan sobre los intereses y derechos de esta metropolitana, y que celebró cuatro concilios provinciales, cuyas constituciones se hallan en la colección de las Tarraconenses, y tres sínodos diocesanos inéditos hasta ahora (a: Aps. núms. VII, VIIII y IX.). También se tuvo en sus días el concilio de Gerona convocado por el Cardenal Don Pedro de Luna, Legado de Clemente VII, con el cual tuvo tanta cabida nuestro Arzobispo, que siendo Papa con el nombre de Benedicto XIII, le envió con embajada a su competidor Gregorio que estaba en Pisa para tratar de la unión de la iglesia por medio de un concilio general. Hallándose ausente este Prelado, su Vicario general, Pedro de Casas, hizo con el Cabildo la institución de las distribuciones que llaman comunes. Fue esto en 1393; lo cual confirmó el Papa Luna. Los últimos años de su vida pasó nuestro Prelado en Valencia, y finalmente murió muy viejo en Segorbe a 17 de febrero de 1407. Sucediole en el mismo año

Don Pedro Çagarriga, Obispo de Lérida, tomando posesión en el mes de julio. Antes había sido Arcediano de Benasque en la iglesia de Lérida. Ya se hallaba por entonces en esta provincia el llamado Papa Luna, donde encontró grande apoyo y abrigo en todas sus persecuciones. Nuestro Prelado fue uno de los que se mantuvieron en su obediencia, y de los que se hallaron en el concilio de Perpiñán de 1408, firmando los dos instrumentos que ya dije se hallaban originales en el archivo de la catedral de Tortosa, en los cuales se da por verdadero Papa a Benedicto. Obtenía este la dignidad de Camarero de Tarragona, y como tal, cuando vino a esta ciudad habitó la casa que por el oficio le correspondía; y en premio de lo afecta que le fue la iglesia, puso mano en la reforma de ella así en lo espiritual como en lo temporal suprimiendo la prepositura, y haciendo otras cosas que ya dije en los correos pasados. De Perpiñán pasó nuestro Arzobispo al concilio de Pisa de 1409, en compañía de Don Bonifacio Ferrer y otros Prelados, como Legados de dicho Papa. La relación de lo acaecido en este viaje y concilio halló manuscrita el señor Bayer en Florencia, y de ella habla en las notas a la Bibl. vet. de Nicolás Antonio, tom. II, pág. 214. Otro suceso ruidoso alcanzó y manejó nuestro Arzobispo, que fue la vacante del reino de Aragón por muerte de Don Martín, y la elección del sucesor en la corona. A su virtud y saber se debió en gran parte la tranquilidad de la provincia en días tan críticos; sobre todo fue singular la prudencia con que condujo asunto tan complicado hasta el fin deseado de la junta de Caspe. Él fue uno de los nueve electores; y aunque no estuvo por el Infante Don Fernando de Castilla, amole después mucho este Príncipe, y le hizo su Canciller, y en premio de sus buenos servicios le dio el castillo y villa de Ager, y aun en su muerte le nombró Consejero de su hijo Don Alfonso. Dicen que regaló a esta iglesia una espina y un pedazo de la fimbria del vestido del Redentor, con la cual se sabe que en el siglo XVI había costumbre de bendecir agua y darla a beber a los fieles en el templo. Consta de una resolución capitular de 14 de noviembre de 1588, en que se mandó que se bendijese el agua, pero que no se bebiese en el templo. Hizo nuestro Prelado varias constituciones para reforma del clero y culto en un concilio provincial que celebró, y en un sínodo que tuvo en 1410 (a: Ap. núm. X.). También costeó en parte el viril o custodia de plata dorada, para las procesiones del Corpus, que pesa 144 libras. Comenzó el retablo mayor de mármol, que se continuó por su inmediato sucesor, el cual tiene la misma forma que dicho viril. En su tiempo, aunque ausente él, mandó el Cabildo celebrar siempre las octavas de nuestra Señora con toda solemnidad, y en los versículos de las conmemoraciones de vísperas y laudes desde Pascua a Pentecostés añadir alleluya. Murió finalmente en Barcelona con grande opinión de Santidad a 31 de diciembre de 1418. Su cuerpo se halló entero de allí a siete años, y le trasladaron a esta iglesia: tiene su entierro en el pavimento del claustro en su entrada principal para la iglesia; está cubierto con una plancha de bronce, donde se leen estas palabras: 

Hic iacet Reverendissimus in Christo Pater et Dominus Dominus Petrus de Çagarrigua bonae memoriae Archiep. Tarraconens., qui obiit in civitate Barchinona ultima die decembris anno a nativitate Domini M.CCCC.XVIII, qui huic ecclesiae multa bona contulit, cuius anima requiescat in pace, amen, amen. El Necrologio dice esto más: instituit missam quotidianam, dum missa maior cantatur, et festum de fimbria vestimenti Domini. Donavit etiam imaginem argenteam B. Teclae, patronae nostrae. Este ilustre Arzobispo tuvo también un digno sucesor que fue

Don Dalmacio del Mur, natural de Albi, diócesi de Tarragona, y cura que había sido de la villa de Valls en la misma. Fue trasladado a esta Silla de la de Gerona en julio de 1419. En el siguiente tuvo el sínodo, cuyas constituciones te envío (a: Aps. núms. XI y XII.). Fue muy estimado del Rey Don Alfonso V, cuyo Embajador fue dos veces al Rey Don Juan II de Castilla, como se refiere en su Crónica. También fue enviado por la corte general de Cataluña, con otros ocho de varios estamentos, a visitar y cumplimentar al mismo Rey Alfonso, que se hallaba en Nápoles en 1422, saliendo para esto de Barcelona a 22 de octubre, a donde volvieron el día 12 de febrero del año siguiente. Asistió en las cortes que aquel Príncipe celebró en Tortosa el año 1426, y por su ausencia quedó presidente de aquella asamblea: encargo que desempeñó muy a satisfacción de todos. No se sabe la causa de no haberse hallado en el famoso concilio de la misma ciudad, presidido por el Cardenal Pedro de Fox en 1429. En sus actas, que publicó Harduino, se lee que estaba vacante esta Silla. Mas es cierto que nuestro Prelado la gobernó hasta después de 1430; como que Don Francisco Clemente, Arzobispo de Zaragoza, a quien sucedió, no murió hasta el 17 de diciembre de ese año. A las costumbres que todavía se resentían de la relajación consiguiente a las turbulencias del cisma, aplicó saludables medicinas en el concilio que celebró en 1424. Dedicado igualmente al decoro y ornamento de su iglesia, construyó, con los auxilios que le suministró el Cabildo, el gracioso altar mayor de mármol que hoy día permanece, poniendo él mismo la primera piedra, con las armas de Santa Tecla, día 9 de abril de 1429. Esto dicen los más, o todos los escritores; pero en el libro de cuentas de la fábrica del retablo, que existe original en el archivo, se ve claramente que se comenzó mucho antes esta grande obra, y que se trabajaba en ella en marzo de 1426. Además están las armas del antecesor, el señor Zagarriga, en escudo grande, sostenido de un genio, al lado de la epístola, en el gran zócalo (que vale más que todo el altar), y al lado del evangelio las del señor del Mur, de igual tamaño (leo tamayo) y proporción. Puede ser que en tiempo del primero se comenzase a labrar, y en tiempo del segundo a colocarse lo ya labrado. Tras estas y otras cosas ilustres pasó a gobernar la iglesia de Zaragoza en 1431, y dicen que murió allí al cabo de cinco años. No dice bien con esto la fecha de la dedicatoria con que Pedro Tomich, historiador Catalán, dirigió a este Don Dalmacio, Arzobispo de Zaragoza, el libro de su Crónica, que fue a 10 de noviembre de 1438, como se lee en un códice de la biblioteca de los PP. Carmelitas descalzos de Barcelona. En la Marca Hisp. (lib. III, cap. V) se supone equivocadamente hecha esta dedicatoria en 1448. Sobre esta prueba de lo que protegía a los literatos, es muy auténtico el testimonio del cronista Catalán Boades, el cual, en su Libre dels faeits darmes de Cataluña, inédito, y concluido en 11 de noviembre de 1420, dice de nuestro Don Dalmacio que, siendo Obispo de Gerona, le socorrió mucho para comprar libros y adquirir melladas (medallas) y otras antigüedades. En esta silla le sucedió el desgraciado

Don Gonzalo de Ixar, Aragonés, electo por Eugenio IV a 18 de abril de 1431, como consta de una carta que he visto en este archivo del Rey Don Alfonso V, fecha en Barcelona a 13 de octubre del mismo año, en que recomienda el electo al Capítulo. Tomó luego posesión a 17 del mismo mes de octubre. Era todavía lego, y así Don Otón de Moncada, Obispo de Tortosa, le ordenó de grados y subdiaconado en la villa de Reus, y luego le dio en Cambrils el diaconado; el sacerdocio recibió en Barcelona de mano de Don Dalmacio del Mur, su antecesor. Poco le duró su dignidad, de la cual no queda otra memoria sino dos constituciones que hizo en el Capítulo general de San Fructuoso de 1433, y el fin desastrado que tuvo de allí a dos años; porque andando a caza por los montes cercanos a la villa del (de) Valls, cayó del caballo y murió allí mismo. Yace su cuerpo en el pavimento de la catedral, cerca de las gradas del presbiterio, pero sin epitafio alguno, que no lo consintió poner su hermano Don Juan. El Necrologio suplirá esta falta; dice así: 

III. idus novembris anno Domini M.CCCC.XXXIII. obiit Dominus Gundissalvus Dixar, XXIIII. Tarrachonens. Archiep., qui venando cedidit de equo, et rupto collo expiravit prope villam de Valls in campo Tarrachone. Le sucedió

Don Domingo Ram, Aragonés, natural de Alcañiz, el cual, siendo Obispo de Huesca, fue uno de los nueve electores de Caspe. Después pasó a la iglesia de Lérida, donde fue creado por Martino V presbítero Cardenal, no diácono, como dice Zurita, con el título de San Juan y San Pablo, a 10 de marzo de 1430. Fue trasladado aquí a 25 de agosto de 1434. Era hombre muy conocido por su saber y virtud, de quien hay varias memorias en las historias de estos reinos. De sus hechos, durante este pontificado, sabemos que trató de reparar y concluir la muralla de esta ciudad, y también de remediar la escasez de agua con la construcción del acueducto llamado de Loreto; proyecto varias veces intentado, mas siempre sin fruto hasta nuestros días, como se dirá en su lugar. Llamado al concilio de Basilea, después de su traslación a Ferrara, supo excusarse con maña de su asistencia, aun en medio de las instancias con que el Rey Don Alfonso V le mandaba ir allá. Enviole este Príncipe a Roma por su Legado, donde fue hecho Cardenal y Obispo Portuense, y murió a 25 de abril de 1445, como se nota en el Necrologio. Tiene su entierro en la iglesia de San Juan de Letrán, con este epitafio: Hic jacet Reverendiss. in Christo Pater et D. D. Dominicus Ram, Episcopus Portuensis S. R. E. Cardinalis, Tarrachonensis nuncupatus. Qui obiit anno Dni. MCCCCXLV. mense aprilis, aetatis suae centessimo, vel circa. A los dos meses cumplidos del fallecimiento de este Prelado fue nombrado por sucesor

Don Pedro de Urrea, Aragonés, promovido a esta dignidad de la de Prior de Zaragoza, e hizo su entrada pública a 19 de mayo del año siguiente. Era muy alentado para las cosas de la guerra, y diestro en su política y manejo. Por esta razón el Papa Calisto III, que le debió tratar antes de ser promovido a la Silla de San Pedro, le nombró general de las galeras que armó en la expedición contra los Turcos; de lo cual dejó para memoria en esta iglesia el estandarte de que usaba, colgándole sobre el coro, como hoy subsiste: en él se ven las armas de San Pedro y las de nuestro Arzobispo. Premió también el Papa su desempeño con el patriarcado de Alejandría. En las guerras civiles de estos reinos, con ocasión de las pretensiones de Don Carlos, Príncipe de Viana, contra el Rey Don Juan II, siguió nuestro Prelado al principio el partido de los Biamonteses, esto es, del Príncipe: y aun fue uno de los nueve enviados al Rey pidiéndole, en nombre de los Catalanes, la libertad de Don Carlos, preso en Morella. Mas luego, viendo los excesos que en estas y otras demandas cometían los de su partido, pasó al del Rey, quien, en premio, le hizo su Canciller y Capitán general de la milicia. Hospedó también al mismo Rey en esta ciudad, y asistió a la Reina Doña Juana en su muerte, sucedida aquí a 13 de febrero de 1468. En el Archiepiscopologio ms. de Blanc se nota y prueba con buenos documentos que durante estas guerras civiles proveía el Rey todos los beneficios y curatos que pertenecían a Obispos o patronos del bando contrario, los cuales, por esto solo, se creían despojados del derecho de provisión. A los presentados por el Rey daba el Arzobispo la colación como Metropolitano. Con la ocasión de estos disturbios se hospedaron en esta ciudad personajes muy ilustres, entre ellos el Cardenal Don Rodrigo de Borja, Legado de Sixto IV, al cual presentó el Cabildo un regalo, compuesto de dos terneras, tres pares de ocas, otros tres de ánades, con otras aves, y dos botellas de vino griego, hecho en la villa de la Selva. De la sencillez de estos regalos, usados en aquellos tiempos, hice memoria otra vez hablando del que presentó al mismo Cardenal el Cabildo de Játiva. Entre los bienes que esta iglesia recibió de su Prelado, dos cuentan principalmente: uno fue la construcción de la sillería del coro, hecha en 1479, y otro la corrección del Breviario, que regía desde el pontificado de Don Bernardo Olivella, de cuyo códice y su edición hablé en carta anterior. En medio de todo este esmero y cuidado, y de una prelacía de cuarenta y cuatro años, es bien extraño que no se conserve memoria de haber celebrado ningún concilio provincial. Murió a 9 de septiembre de 1489. Tiene su sepultura en el pavimento del coro, con este letrero: Hic iacet Reverendissimus in Christo Pater Dominus Petrus de Urrea, Patriarcha Alexandrinus, et Archiepiscopus Tarraconensis, qui fecit hunc corum. Obiit autem IX. die sept. anno Domini M.CCCC.LXXXIX. En la sacristía mayor se guarda un báculo de cristal y plata, que es el de este Prelado, y no el de San Olaguer, como algunos creen. Tuvo por sucesor a

Don Gonzalo Fernández de Heredia, antes enfermero de esta iglesia, y Obispo de la de Barcelona. Fue trasladado por Inocencio VIII a 13 de junio del 1490, cuando se hallaba en Roma por Embajador del Rey Don Fernando el Católico. Allí se encontró en la elección de Alejandro VI, mereciendo en la vacante ser nombrado Capitán de la guardia del cónclave, y obtener después algunos otros cargos públicos. Pasó también a Nápoles a sosegar algunos motines, empleando en todo esto muchos años hasta muy cerca del 1500 en que vino por fin a su iglesia, sin haber aguardado la vacante de Alejandro VI como comúnmente se cree. Puesto aquí se dedicó a aumentar el culto y hacer algunos piadosos establecimientos. Entre otros conserva el Necrologio la memoria de que instituyó una misa cotidiana de quinque plagis en la capilla de monte calvario, y que se celebrase dicha fiesta con rito de semidoble: y que en la media noche del Viernes Santo se dijese todo el salterio por doce presbíteros delante del monumento. También se imprimió de su orden el Misal propio de esta iglesia, de que ya hablé en otra carta. Para desempeñarse de los gastos que tuvo que hacer en sus expediciones, se retiró al monasterio de Escornalbou, sitio excelente para el objeto, de donde no salió sino con motivo de su última enfermedad. Murió en esta ciudad a 21 de noviembre de 1511. Tiene su sepultura cubierta con planchas de bronce en el pavimento de la iglesia cerca del lindar de la entrada principal del templo, cuyas puertas hizo a sus costas cubriéndolas con planchas como hoy están. El epitafio dice así: Reverendissimo in Christo Patri Domino Gonsalvo, ecclesiae Sanctae Tarraconensis Archiepiscopo, ex Herediorum gente clarissima orto, devotissimo, pientissimo, Laurentius Episcopus Nicopolitanus (a) benefactori optimo, Praesuli incomparabili, defuncto XI kal. decembris anno M.CCCCC.XI cuius circa limen recondita ossa quiescunt. 

(a) En el Oriens Christianus del P. Lequien no hay memoria de este Obispo Lorenzo entre los que gobernaron la iglesia de Nicopoli.

Este Lorenzo Obispo sería su auxiliar y gobernador durante su ausencia y largo pontificado: sé que era ya su Vicario general en el mes de agosto de 1506. Muy breve fue el del sucesor

Don Alfonso de Aragón, natural de Valencia, hijo del Duque de Villahermosa y Conde de Ribagorza. Era ya muy anciano cuando le trasladaron a esta Silla de la de Tortosa, en el mes de julio de 1513. Después de lo cual sólo sabemos que murió a 26 de agosto del siguiente; y esto y no más dice el epitafio que está sobre su sepulcro en el pavimento del presbiterio al lado del evangelio.

A Don Alfonso de Aragón sucedió

Don Pedro Folch de Cardona, de linaje muy conocido. Era Obispo de Urgel cuando le trasladaron a esta Silla a 23 de marzo de 1515. Fue Canciller de los Reyes Don Fernando y Carlos V, y Virrey y Capitán general de Cataluña, oficios que se vieron en él unidos por la primera vez, y desempeñados según el gran crédito de su saber, política y nobleza. No se esmeró menos en el hospedaje que preparó a dos personajes ilustres, a quienes una suerte muy diferente trajo a Tarragona. Uno fue el Papa Adriano VI que vino a esta ciudad en 1522 a embarcarse para Roma en las galeras que le aprestó su discípulo Carlos V. El segundo fue el Rey de Francia Francisco I, a quien conducían por mar los Españoles preso a Madrid, y tomaron algún descanso en este puerto y ciudad, el día 23 de junio de 1525. Mucho contribuyó nuestro Prelado a sosegar un alboroto de los soldados mal contentos con el atraso de las pagas, de que hubiera podido resultar la fuga de tan ilustre prisionero. Celebró también este Arzobispo dos concilios, cuyas constituciones se conservan. Dotó la catedral, y construyó a sus expensas dos capillas espaciosas, que son la de Santa María Magdalena, y la de la Anunciación. En el comedio de las dos hizo un suntuoso sepulcro a sus tíos Don Jaime y Doña Timbor de Cardona, con estas inscripciones: Jacobo de Cardona, Cardinali dignissimo Petrus Archiep. Tarracon. regiusque Cancellarius, nepos et alumnus statuendum curavit. = Timbori Cardonati, vestali sanctissimae atque piissimae Petrus, Archiep. Tarracon. ac regius Cancellarius, nepos haud ingratus posuit. Dispuso asimismo un Ordinario o Ritual de administración de sacramentos, que se imprimió en 1530. Y este año murió nuestro Arzobispo a 11 de abril. Tiene su entierro con el de sus tíos, como también su sucesor y sobrino.

Don Luis de Cardona, que vino a esta Silla de la de Barcelona por el mayo de 1531. Escasamente duró su prelacía año y medio, mas este corto espacio de tiempo forma una época muy señalada en esta iglesia, porque entonces se verificó su secularización, de que ya hablé en mis cartas anteriores. Muerto este Prelado a 13 de noviembre de 1532 le sucedió 

Don Gerónimo Doria, noble Genovés, diácono Cardenal del título S. Thomae in Parione, después S. Mariae in porticu, que ya había tenido en administración las iglesias de Jaca y de Huesca. Tomó posesión de esta a 5 de julio de 1533 y esto por procurador, y así gobernó siempre la mitra por mano ajena, pues jamás vino a residir en ella. De lo cual nacieron males que no son irregulares en semejantes ocasiones; mayormente que uno de sus Vicarios generales era tan blando de condición que decía con frecuencia en su lengua nativa: non ho venuto á amazzare gl' uomini.

Hostigado el Cabildo con las continuas representaciones de los desórdenes, sobornos y ventas de la justicia, se vio precisado a mandar que concluido el actual gobierno, se renovase y pusiese en práctica la constitución del Arzobispo Don Sancho López de Ayerbe de officio Vicarii, en que se estableció que los Vicarios generales de los Obispos de la provincia siempre fuesen naturales, y nunca extranjeros. A pesar, y en medio de estos males, se celebraron cinco concilios, se formó la primera colección de los celebrados hasta allí, se imprimieron varios códices rituales, se agregó la dignidad de Camarero a la mensa capitular, y se hicieron otras cosas buenas. Murió este Prelado en Génova en el mes de marzo de 1558. En el mismo año, a 24 de mayo, murió también en el monasterio de Poblet el Obispo de Nicopoli Don Fr. Francisco Roures, de la orden de Santo Domingo, que fue auxiliar de este Cardenal. De allí a dos años le sucedió 

Don Fernando de Loazes, Obispo que era de Tortosa, habiendo antes gobernado las iglesias de Elna y Lérida. Tomó posesión de esta por procurador a 5 de agosto de 1560. Hallose en las cortes de Monzón de 1563. Tuvo un concilio en 1564, en el cual entre otras cosas se estableció que el Obispo de Elna, cuya iglesia estaba ya desmembrada de la de Narbona, desde el año 1511, resolviese a qué Metropolitano quería sujetarse, y eligió aquel Prelado al de Tarragona. A este mismo concilio se referían los canónigos de la metropolitana de Valencia, pidiendo a los de Tarragona la instrucción de lo que en él se había hecho para norma de lo que debían hacer en el que convocaba su Arzobispo Don Martín de Ayala. He copiado aquí la carta original fecha a 25 de agosto de 1565 (a: Ap. núm. XIII.). Buena prueba de lo que se dijo en aquellas cartas, que antes de ese año no hubo en Valencia ningún concilio provincial. Publicó varias obras bien conocidas de los doctos: San Pío V premió su mérito nombrándole Patriarca de Antioquía: fundó en Orihuela, su patria, un colegio de mi orden: finalmente, después del gobierno de cuatro mitras, fue trasladado todavía a la de Valencia en 1567. Del tiempo de este Prelado es el descubrimiento de minas de esmeril, alcohol, cobre, plata y oro en Albiol, lugar del señorío de esta iglesia. Los que las beneficiaban se obligaron a pagar al Cabildo, del oro la cuarta parte, de la plata la sexta, y de lo demás la octava. Sucedió al señor Loazes (a)

Don Bartolomé Sebastián de Aroyta, natural de Torrelacárcel, en las comunidades de Teruel, y Obispo de Pati en Sicilia. Fue trasladado en el mes de diciembre de 1567 y murió a los cuatro meses. Era muy frecuente en el coro, y amigo de que se saliese de él muy poco. En su tiempo Don Pedro Castellet, Obispo de Urgel, regaló a esta iglesia, de que antes fue Sacrista, algunas reliquias de San Fructuoso, las cuales dice él que halló en su catedral en la capilla de San Odón. Está sepultado este Arzobispo en el pavimento del coro con este epitafio: D. O. M. Memoriae amplissimi et clarissimi viri Bartholomei Sebastiani, Archiepiscopi Tarracon. olim Paccen. Episcopi anteaque Maioricensis, Cordubensis, Granatensis, et Siciliae Inquisitoris, qui obiit XVIII cal. maii anno M.D.LXVIII. H. B. M. P. Este es el primero de los Prelados de esta iglesia cuyo escudo de armas se halle adornado y cubierto con el sombrero archiepiscopal. El sucesor fue 

(a) El autor de las Noticias de la vida de Ambrosio de Morales, que se publicaron al principio del tomo III de la Crónica general de España, edición de Madrid, por Cano, 1791, trae en una nota la especie de que Don García Manrique de Lara, fundador por los años de 1565 del colegio de los Manriques de Alcalá, además de ser capellán mayor de S. M. y Camarero del Papa Paulo III, fue Arzobispo electo de Tarragona. Como no dice más de esto, ni acota el año de su nombramiento, ni acá se sabe de él, lo dejo estar así contentándome con haber apuntado esto, por si otro más feliz adelanta algo sobre ello. 

Don Gaspar Cervantes de Gaete, natural de Trujillo o de Cáceres, diócesi de Plasencia, como quieren algunos, trasladado a esta Silla en el mismo año de 1568. Antes había sido Arzobispo de Mesina y sucesivamente de Salerno. El Papa San Pío V le encargó las causas de mayor entidad que hubo en su tiempo, una de las cuales fue la del Arzobispo de Toledo Don Fr. Bartolomé de Carranza. A 17 de mayo de 1570 fue creado Cardenal del título, primero de San Martín in montibus, y después de Santa Balbina, y Legado Apostólico para los reinos de España. Llegó a esta ciudad por el mayo de 1572. En los tres años que gobernó personalmente la iglesia hizo muchos bienes sólidos y duraderos, con que aprovechó grandemente a sus sucesores. Tales fueron la creación del canonicato penitenciario, la fundación de un colegio de PP. Jesuitas, la del hospicio de pobres, la dotación de niñas huérfanas y la erección del Seminario conciliar, que dicen fue el primero de toda España. Sobre esto no puedo resolver por ahora. Lo que sabré decir es que en 1577 estaba ya corriente el Seminario, según se ve en las fundaciones de becas de ese año: y que en los poderes que el señor Cervantes envió desde Roma en 1571 a N. Ballesteros para tomar posesión de una comensalía, vacante en Escornalbou, se dice que San Pío V había aplicado las rentas de aquel monasterio pro erigendo Seminario con breve de 12 de marzo de 1569, a petición de nuestro Arzobispo. Algo más es esto que lo que se lee en la Historia de los Seminarios. Agregó el Prelado este establecimiento al de un estudio general o universidad, reuniéndolos en un solo edificio y suprimiendo para la dotación del primero el monasterio de canónigos reglares de Escornalbou, unido a la mitra, en el cual entraron luego los PP. de San Francisco. Antes de esta época había en la catedral escuela de gramática, según lo mandado en el concilio Lateranense III. Leíase también en ella teología por sujetos buscados de fuera, y así permaneció después hasta que se creó el canonicato lectoral. Mas no bastaba esto para el lustre y provecho de esta ciudad ni para los grandes deseos del sabio Cardenal, si no reunía las enseñanzas bajo un solo plan de constituciones: las cuales, porque él dejó incompletas, las perfeccionó el sucesor Don Antonio Agustín. Sobre la puerta de la universidad se halla la siguiente inscripción: D. Paulo, Apostolo, S. = Cum Gaspar. Cervantes. Gaete. S. R. E. Cardinalis. optimus. atque religiosissimus. Tarraconen. Antistes. magnam. vim. auri. ex. quo. vectigalia. mercedibus. solvendis. praeceptoribus. omnium. disciplinarum. (a) emerentur. Reip. nostrae dedisset. S. P. Q. Tarraconen. tanto. beneficio. excitati. locum. hunc. eisdem. disciplinis. docendis. extrui. iusserunt. VIII. eid. septemb. an. salutis. christianae. M.D.LXXII. Lud. Joanne. Liula. Fran. Febrer. Pet. Riber. Cos. 

(a) Entre las cartas dirigidas a Don Antonio Agustín, que se guardan originales en la biblioteca de los PP. Carmelitas descalzos de Barcelona, hay una de Antonio de S. Just, autor de esta inscripción, con fecha de 28 de abril de 1773, en que supone que en lugar de las palabras, ya grabadas, Praeceptoribus omnium disciplinarum, había él escrito la sola palabra Perceptoribus, incluyendo, además de los maestros, a los bedeles y oficiales del estudio que percibían algo de aquellas rentas. El lector juzgará del mérito de ambas lecciones. Lo cierto es que el cantero, ignorando el arte de las cifras, en la palabra Praeceptoribus juntó las dos primeras letras, y alargando el palo vertical por la parte inferior, puso el travesaño que es cifra de Per, aun estando sólo con la P; y así resulta de su escritura la palabra Perreceptoribus. Esto he dicho para satisfacer la curiosidad de los individuos de aquel cuerpo literario.

Hizo también un buen baluarte que hoy se conserva, conocido con su nombre. Celebró dos concilios, visitó su diócesi, y en las parroquias y otras iglesias dejó varias muestras de su celo y literatura. La catedral conserva la memoria de su corazón pacífico y enemigo de etiquetas, que destruyen el fin del ministerio sacerdotal. También se sabe que en 1574 trataba de remediar la falta de agua que padecía esta ciudad con la conducción de una fuente de Puig del fi; pero acaso estorbó tan útil proyecto su muerte, acaecida a 17 de octubre del año siguiente. De allí a dos años se trasladaron sus huesos de detrás del altar mayor al magnífico sepulcro que de su orden construyeron sus albaceas en la pared media entre las capillas de San Miguel y de las once mil Vírgenes. En la parte de la primera se lee: Michaeli Archangelo Sacrum. Gaspari Cervanti Gaete, ex Inquisitore Archiepiscopo Messanensi, item Salernitano, item Tarraconensi, Presbytero Cardinali, Antistiti sanctissimo et vigilantissimo, de Tarraconensibus optime merito ex testamento. Vixit an. LXIILI., praefuit ecclesiae an. VII., obiit XVI. kal. novembris M.D.LXXV. En la parte que mira a la capilla de las Vírgenes se lee: Virginibus S. = Inquisitoris primum functus munere: creatus inde Antistes Messanensium, Salernitanorum, et Tarraconensium: Romanâ et purpurâ coruscans verticem Gaete Cervantes tantillus pulvisculus iam fiet: hospes, dein exurget integer: pia interim parentem lugens Tarraco suae magistrum vitae habebit optumum. Estas solas inscripciones hay en su sepulcro; por más diligencia que he puesto no he podido hallar las dos cuartetas españolas que supone existentes en él y publicó Oldoino en su nueva edición de las vidas de los Papas y Cardenales. Sucediole el famoso 

Don Antonio Agustín, natural de Zaragoza. De los grados por donde llegó a esta dignidad y los negocios que manejó en los pontificados de Julio III y Paulo IV, y de sus destinos de Auditor del palacio Apostólico, Obispo de Alifa y Lérida, hablan largamente los que escribieron su vida. Yo por no hacer aquí un artículo infinito diré sólo algunas particularidades de su pontificado en Tarragona, que es donde echó el sello al crédito de su virtud y sabiduría. Comúnmente se dice que fue trasladado de Lérida por Gregorio XIII a 17 de diciembre de 1576. Pero sobre esta época hay que observar lo que resulta de tres cartas suyas originales que se guardan en este archivo. La primera, fecha en Lérida a 15 de noviembre de 1576, en que responde al parabién que le dio el Cabildo por su elección. La segunda, fecha en la misma ciudad a 21 de diciembre de 1576, donde supone que aún no habían venido las bulas de Roma. La tercera supone lo mismo, y está fecha en Aspa a 4 de enero de 1577. De los cuales documentos se infiere que fue electo por el Rey para Arzobispo antes del día 15 de noviembre de 1576, y que las bulas no habían venido aún a 4 de enero del año siguiente, y así no se debe seguir la cuenta de los que dicen que fue trasladado a 17 de diciembre de 1576. En lo que no cabe duda es en que tomó posesión el día 24 de febrero de 1577 por medio de su procurador Don Bernardo de San Clemente, Prior de Serrabona, en la diócesi de Elna; hizo su entrada pública a 10 de marzo del mismo año. El gozo con que lo recibió esta iglesia lo muestran bien las cartas sobredichas y otras dos más, que por ser inéditas he copiado (a: Ap. núm. XIV.), en las cuales se ve que aun antes de ser trasladado aquí era consultado por este Cabildo en los negocios más arduos y delicados. También incluyo otra carta suya inédita, en que da razón de algunas cosas del concilio de Trento, y fija el día de su nacimiento (a: Ap. núm. XV.). Casi la primera operación de su pontificado fue tratar de remediar los daños que ocasionaba un gran número de gente forajida que infestaba su diócesi, para lo cual logró de Gregorio XIII una bula en que los excomulgaba, reservándose su Santidad la absolución, excepto en el artículo de la muerte. Tradújola nuestro Prelado en lengua vulgar, y la imprimió al fin de las Sinodales. Y porque ni aun con esto se atajaron los males, y los facinerosos hallaban asilo en la villa de Reus, donde no podían entrar los ministros del Arzobispo por ser del señorío del Cabildo, trató con él que cediese a la mitra esta villa con reserva de la décima, etc. Fue esto en 1582, lo cual confirmó el Papa Gregorio XIII. Otro daño había remediado dos años antes con la traslación del hospital, que estaba junto a la iglesia, al lugar donde hoy permanece. Tampoco le permitía su ilustración la tolerancia de la costumbre que halló introducida de poner en ciertos días altares portátiles en las paredes de la iglesia para celebrar misas. Y aunque no pudo impedir que se pusiesen los altares y ramos, todavía logró que las misas se dijesen en los altares fijos de las capillas. Esto fue en 1581. Por este mismo tiempo entendía en la construcción de la famosa capilla del Sacramento, de que ya hablé en otra carta. Otro proyecto tuvo algunos años adelante, que hubiera sido utilísimo, si lo hubiera verificado: que fue el de construir un museo donde recogiese todas las antigüedades de Tarragona; mas de él y de sus malas consecuencias será bien decir cuando se trate de esta materia, que si haré, dándolo Dios. A este amor que tenía a las antigüedades, y al deseo de promover por cualquier medio la ilustración, debió el sabio Jesuita Andrés Scotto sus adelantamientos, y el docto impresor Mey la protección que le proporcionó el nombre que hoy tiene en la historia tipográfica. No era nuestro Arzobispo uno de aquellos sabios que viven para sí solos: donde hallaba el mérito lo buscaba y atraía a sí, y protegía y estimulaba en su carrera. Y no era como quiera amador de los literatos, sino mucho más de los virtuosos. Entre los cuales apreció mucho al B. Nicolás Factor, que por entonces estuvo algún tiempo morador del convento de Escornalbou; gustaba mucho de tenerle consigo, y con santo ingenio logró lo que tanto deseaba, que era ver al Santo en alguno de sus éxtasis. Porque, según la tradición de esta ciudad, dispuso un día que acabada la comida contasen a coros unos niños el Psalmo: Laudate pueri Dominum; con esto tuvo el negocio hecho, porque al llegar al Sit nomen Domini benedictum, se arrebató el Beato en largo éxtasis, tanto que hubo tiempo para que un pintor que estaba prevenido le retratase en tan envidiable actitud, y aun dicen que entonces compuso el piadoso y docto Arzobispo dos dísticos, que se escribieron en el mismo cuadro, y son los siguientes:

Dum gustas, Factor, Domini dulcissima verba, 

Raptus es in coelum, perfruerisque Deo;

Inde reddis laetus divino nectare plenus,

Atque doces coelum scandere quo liceat (a: Vid. Mayans, Vida de este Prelado, núm. 195, con algunas variantes en el segundo dístico.) 

En medio de su vasta literatura, que tiene acreditada con gran número de escritos, descollaba la eclesiástica, a la cual hacía servir como criadas todas las ciencias seculares. Así será fácil entender cuánto trabajaría en bien de su esposa, celebrando tres concilios provinciales y dos diocesanos. De cuyas constituciones se publicaron parte en su tiempo y por su cuidado, y parte por el del sucesor el señor Terés. Y aun él mismo, no contento con la colección formada por su antecesor el señor Doria, hizo otra de nuevo, en que sirvió mucho a la provincia y aun a todas las naciones sabias que han recibido siempre con la debida veneración las decisiones de la iglesia Tarraconense. También formó unas Ordinaciones pro choro, las cuales por ser inéditas he copiado del único ejemplar impreso en pergamino, que permanece en el coro de esta santa iglesia (a: Ap. núm. XVI.). Es de advertir que en estas ordinationes pone encabezado su nombre y apellido: Nos Anton. Augustinus. Lo mismo indica en las firmas con las iniciales A. A. y en todas las cartas poniendo A. A. Ilerden. = A. A. Tarracon. Cosa desusada en los Obispos, poner su apellido ni la inicial de él. Dejó este gran Prelado muchas obras mss., las cuales asegura el canónigo Blanc haber visto en el Escorial, cuando era capellán de honor de Felipe IV. Al mismo monasterio se condujo también gran parte de su librería, según el consejo que dio a Felipe II Don Juan Bautista Cardona, Obispo de Tortosa, en el tratadito De regia Sancti Laurentii bibliotheca; y digo gran parte, porque sé que una porción de sus libros están hoy día en el monasterio de Santas Cruces, de la orden del Císter, los cuales veré, si llego allá. Otros en la biblioteca del Duque (o Conde) de Villahermosa, en quien recayó la casa de Augustin. Ojalá hubiese concluido Don Martín Baylo, canónigo de esta iglesia, gran confidente de nuestro Arzobispo, el índice que había comenzado de toda su biblioteca; pero muerto el Prelado se contentó con publicar la parte que estaba hecha, en que da razón de 252 mss. griegos, de 562 manuscritos latinos y de 975 volúmenes impresos en varias lenguas. Buena muestra de la erudición de este grande hombre, acreditado con sus doctos escritos. Murió Don Antonio Agustín sábado día 31 de mayo entre cinco y seis de la tarde del año 1586. Sus huesos no se trasladaron al sepulcro de mármol donde hoy están, en la capilla del Santísimo, que él fundó, hasta el día 15 de septiembre de 1594. Pons publicó el epitafio que allí se puso; mas yo he querido copiarlo de nuevo con los mismos caracteres mayúsculos, conservando toda la ortografía y abreviaturas para comodidad de los apasionados a la memoria de tan ilustre Español. 

Dice así: 

S. S. EVCHARISTIAE S. 

ANT. AVGVSTINVS. ANT. PROCANC. F. CAESARAVG. PALAT. APOST.

AVDITOR. EPISC. ALLIFAN. PAVLI IV. AD PHILIP. ET FERD.

REGG. LEGAT. SICILIAE. CENSOR. ILERD. EPISC. MAX. PLAV

SV. TRID. CONC. INTERFVIT. INDE AD TARRAC. ARCHIEP. TRANSL. 

I. V. ET. HVMANITATIS. VINDEX. CLARISSIM. IVDEX. INCOR

RVPTISSIM. ELEEMOSS. LARGIT. EXCELLENS. ORACVLVM 

SAPIENTIAE. TERRESTRE. EDITIS. AVREIS. LIBRIS. ATQ. EDEN 

DIS. RELICTIS. HOC. SACELLUM. S.S. EVCHARISTIAE P. C. 

XPM. AC. S. THECLAM. TVTELAREM. EX. ASSE. HEREDD. FACIENS.

OBIIT. PRID. KAL. IVN. AN. MDXXCVI. AET. LXIX.

Lo sensible que fue a los Españoles la pérdida de este grande hombre declaró bien el P. Fr. Juan Gerónimo Ezquerra, Carmelita descalzo, en un Poema que por ser inédito y por amenizar un poco esta lectura, he querido remitirte (a: Ap. núm. XVII.).

Don Juan Terés, natural de Verdú, en Cataluña: estudió las humanidades en esta ciudad, y la teología en la de Valencia, con suma pobreza. Después, siendo beneficiado de esta catedral tuvo la lectoral por oposición; le hizo el señor Cardenal Cervantes canónigo penitenciario, y poco después su Obispo auxiliar con el título de Marruecos. Sucesivamente lo fue de Elna y Tortosa, de donde fue trasladado a esta metropolitana por Sixto V en mayo de 1587. Admitió y protegió las fundaciones de PP. Capuchinos, Agustinos y Carmelitas descalzos, y además mejoró el edificio de los Jesuitas. Promovió la canonización de San Raimundo de Peñafort (cuyo cuerpo reconoció en 1596 con comisión Apostólica), y la disciplina y culto por medio de los concilios provinciales que celebró. Felipe III le hizo su Virrey y Capitán general de Cataluña en la Pascua de 1602; y marchando a Barcelona para cumplir con este oficio, murió allí a 10 de julio de 1603, de edad de 64 años. Fue trasladado su cadáver a esta iglesia, y depositado en un sepulcro, construido en el cóncavo de la pared, entre las dos capillas de San Fructuoso y de San Juan Evangelista, que son sin duda las mejores de esta iglesia. Pons, en su Viaje, describió este precioso monumento de las artes. Las inscripciones que hay en él son dos: 1.a, Johannes Teres, Cathalon. ex Canonico Poenitentia. Tarracon. ad Eccles. Marroch. Elnen. Dertuse. ac Tarracon. evectus, Proregis ac Capitan. General. Cathalon. officio fungens, totius Provintiae damno nobis eripitur VI. id. jul. M.D.C.III. aetat. LIXV (LXIV). 2.a, Johannes Teres, patria Verdun litteris, morib. honorib. clariss. Eps. Marroch. Elenen. Dertusen. Archieps. Tarracon. Cathalon. Prorex et Capitan. general. Praesul. pientiss. Praeses sapientiss. Princeps. humaniss. obiit Barcin. VI. id. jul. an. M.DC.III. aetatis LXIV. De este Prelado hay un buen retrato hecho en su tiempo sobre la puerta de la sacristía de la capilla de San Fructuoso. Es del natural, y está con roquete largo hasta media pierna. No quiero omitir la noticia de que para la fábrica de una escalera pidió este Prelado al Cabildo dos piedras del muelle, prometiendo volverlas luego. De esto, que sucedió en 1594, se ve que la construcción o conservación de este edificio público estaba a cargo del Cabildo. Habíalo ya a principios del siglo XVI, pues al amanecer del día 15 de julio de 1507 entró en él la armada de Don Fernando el Católico, con su mujer Doña Germana; y las Actas capitulares de ese día dicen que llegó ad portum, Tarraconae fabricatum. Creo que se construyó hacia la mitad del siglo XV, de lo cual, y de su artífice, sé que se dio completa razón al señor Cean para su Diccionario de arquitectos españoles. En el día se está renovando este edificio tan interesante, y con grande extensión y comodidad de la marina y comercio, aprovechándose oportunamente de una grande cantera inmediata que proporciona no sólo el adelantar mucho la obra, sino la conducción de cantos gruesísimos, hasta de cuatro mil quintales y más. Los venideros, que no hallarán rastro de la cantera, apenas querrán creer que el puerto de Tarragona se hiciese sólo de ella, y que toda esta gran mole se compone de piedra jaspe, o que admite pulimento. Esto he dicho, por si no tengo ocasión de referirlo en otra carta. Volviendo ahora a nuestros Arzobispos, por muerte del señor Terés, dice Jimeno (Escritores de Valencia) que estuvo nombrado don José Esteve, Obispo de Orihuela; pero murió a 2 de noviembre del mismo año 1603, y así fue luego electo

Don Juan de Vich y Manrique, natural de Valencia, el cual, estando en Roma enviado por Felipe II, fue electo Obispo de Mallorca, de donde al cabo de treinta años vino a ser Arzobispo de Tarragona. Hizo su entrada a 16 de agosto de 1604. Fue Prelado pacífico y muy limosnero, y dejó algunas fundaciones para perpetuar su caridad. Lastimado de la escasez de agua que padecía esta ciudad, desde que se inutilizó el acueducto Romano, y de los males e incomodidades que a esto son consiguientes, trató de conducir una fuente de la ermita llamada de Loreto. En 1607 entendía en la construcción del acueducto un maestro Ferrer, el cual ofreció subir el agua hasta la catedral. Cumpliolo efectivamente; pero duró poco este bien, y no sé por qué. Más abundante y duradero fue el riego espiritual que dio a sus ovejas en un concilio provincial que celebró, y en un sínodo que tuvo a 26 de abril de 1607, el cual imprimió en esta ciudad Felipe Roberto. Llegó a ser nuestro Prelado el más anciano de todos los de España. Con este motivo se le concedió un Obispo auxiliar, el cual se consagró en Barcelona. Este era Don Juan Esterlich, que fue después Obispo de Jaca, y el mismo que llevó y acompañó el cadáver del difunto Arzobispo, que había muerto el 4 de marzo de 1611, al entierro que su ilustre familia tenía en el monasterio de nuestra Señora de la Murta, orden de San Gerónimo, del reino de Valencia, donde, concluida la iglesia nueva, se le dio sepultura en 1632. A dicho monasterio había regalado este Arzobispo toda su librería (a: Estas noticias las escribió un monje en las tapas de la Biblia políglota.) Le sucedió

Don Juan de Moncada, hermano del Marqués de Aitona Don Gastón de Moncada, Obispo de Barcelona, trasladado a esta Silla no en 22 de agosto de 1612, según la opinión corriente, sino en 23 de abril de 1613. No hizo su entrada hasta 25 de enero de 1617; porque con la ocasión de la vacante se suscitaron varios pleitos sobre su jurisdicción en esta ciudad, los cuales tardaron todo ese tiempo en terminarse en la chancillería de Barcelona. Y uno de los derechos que se mandaron conservar a su dignidad, fue el de ser recibido él y sus sucesores por los Cónsules de Tarragona, con las ceremonias que presencié en la entrada del Prelado actual. El lector que quiera instruirse en esta materia, puede acudir a un libro que publicó Don Francisco Vertamón, oidor de Barcelona, con este título: Recuerdos de los fundamentos que manifiestan el supremo dominio ... y la jurisdicción omnímoda que pro indiviso conservan en la ciudad de Tarragona la invictísima Protomártir Santa Tecla, su metropolitana iglesia, y sus Arzobispos con Su Magestad, impreso en Barcelona, 1684. A pesar de estos litigios, que le obligaron a vivir mucho tiempo en Barcelona, celebró dos concilios, uno en 1613 y otro en 1618, ambos inéditos. Era además recto, imparcial, y en el proveer los curatos sin acepción de personas, dadivoso y consolador de desvalidos. Con lo cual hubiera dejado memoria de uno de los más ilustres pontificados de esta iglesia, si los pleitos necesarios no le llamaran a otra parte sus rentas y atención. Murió en Barcelona a 3 de noviembre de 1622. Fue depositado en el monasterio de Pedralbas (Pedralbes), y luego traído a esta catedral y sepultado en el coro, con esta inscripción: Mausoloeum postumae ac perennis gloriae Illmo. et Revmo. D. D. Johanni a Moncada primum Archidiacono Canonico Salmanticensi, item Infirmario et Sacristae Tarraconensi, postea Priori S. Annae, ac Antistiti Barcinonensi, inde Archiepiscopo Tarraconensi; qui obiit die III. novembris M.DC.XXII. erectum. 

Si te pareciere ímprobo e inútil el trabajo que me tomo en copiar las inscripciones sepulcrales de los Prelados modernos de esta iglesia, reflexiona que sobre merecerlo ellos por su persona y dignidad, es grande el aprecio que los extranjeros han hecho de esta clase de estudio, publicando varias colecciones de inscripciones infimi aevi, entre las cuales es muy notable la que imprimió en 1760 Pedro Luis Galletti en 3 tom. 4.° mayor, sin añadir notas ni ilustración alguna; sino sólo hacinando por clases todas las que se hallan en Roma. Con esta salva seguiré mi catálogo y costumbre. Al señor Moncada sucedió

Don Juan de Hozes, Cordobés, Tesorero y canónigo de Cartagena: vino a esta iglesia ya muy viejo a 11 de noviembre de 1624. Murió a 22 de mayo de 1626. Lo más memorable que hay de su corta prelacía es la liberalidad con que dotó las comensalías y beneficios de la catedral. De aquí, y más de la vejez del Prelado, parece que resultaron algunos disturbios, que por fortuna fueron breves. El clero menor agradecido puso a su bienhechor sepultura junto al facistol del coro con esta inscripción: D. O. M. D. D. Joannes ab Hozes, Cordubensis, ex Thesaurario Cartaginen. huius almae Sedis Archiep. obiit XI kal. junii anno M.DC.XXVI cui largitori munifico praesbiteri commensales, et beneficiati Tarraconenses, hoc monumentum, quod ipse morte praeventus praestare non potuit, lugentes adhuc, munerumque memores, gratitudinis ergo construendum curarunt anno M.D.C.XXXIV. 

Muerto este Prelado se dice que fue electo Don Luis Díaz y Armendáriz, Virrey de Cataluña, de lo cual no sé más. El sucesor fue

Don Fr. Juan de Guzmán, de la Orden de San Francisco, Obispo de Canarias. Tomó posesión a 23 de mayo de 1628; hizo su entrada a 27 del julio siguiente, y a 4 de septiembre del mismo año le trajo el palio el Obispo de Barcelona. Tuvo varias reyertas con el Cabildo sobre puntos de jurisdicción, y aun publicó un libro en defensa de los derechos archiepiscopales, del cual veo que no se hace gran caso. Admitió gustoso la concordia que propuso a ambas partes Francisco de Eril, Abad de San Cucufat, Canciller del principado. En 1631 hospedó en su palacio al Rey Felipe IV que iba a las cortes de Barcelona. Después de lo cual y de haber celebrado, según dicen, un concilio, fue trasladado a Zaragoza en 1633. Sucediole a 16 de marzo del año siguiente

Don Fr. Antonio Pérez, célebre Benedictino, y bien conocido por sus escritos, singularmente por el intitulado Pentateucus Fidei. Era a la sazón Obispo de Lérida, y antes lo había sido de Urgel, después de haber renunciado la mitra de Santa Fé. Celebró un concilio provincial en 1636, que no se ha impreso. Ya entonces se hallaba sin razón disgustado de este país, que era el más a propósito para su avanzada edad. Pero dicen que difería (leo deferia) mucho a los consejos de un Abad llamado Mauro que traía consigo, y a quien encargó todo el peso del gobierno. Resuelto pues a marchar a Castilla, y despidiéndose para esto del Cabildo, le requirió este en la debida forma que llevase delante de sí la cruz como Primado de España, hasta llegar a la corte, y el Prelado lo prometió. Diéronle luego el obispado de Ávila, pero a pocos días murió en Madrid a 1 de mayo de 1637 y se enterró en el monasterio de San Martín. 

Vacó entonces la iglesia de Tarragona por espacio de diez y seis años. Fue la causa que poseída gran parte de Cataluña por las armas francesas, aunque Tarragona se mantuvo obediente a su Rey, el Papa Urbano VIII que trataba de apaciguar estas discordias, no quiso confirmar las provisiones de esta Silla hechas en el Cardenal de Esti, hermano del Duque de Módena, y en Don Pablo Durán, natural de Esparraguera y Obispo de Urgel. A la verdad no fue muy sensible que se frustrara la primera elección, porque el Cardenal era poco afecto a nuestra nación, y acaso hubiera carecido esta iglesia gran tiempo de la presencia de su Pastor. Mas la pérdida del señor Durán fue muy dolorosa para esta metrópoli, porque era doctísimo, y sobre esto amante de la justicia y de la buena disciplina, y por lo mismo muy a propósito para curar las enfermedades que casi todas las iglesias de este principado habían contraído con las vacantes que por la misma causa padecieron. De él y de sus escritos habla Don Nicolás Antonio en su Biblioteca. Rendida en fin Barcelona a 10 de octubre de 1652, luego fue nombrado y provisto Arzobispo de Tarragona

Don Francisco de Rojas, natural de Valencia, Auditor de la Rota Romana, conocido en el orbe literario por las decisiones que imprimió en León. Tomó posesión de esta Silla a 4 de julio de 1653, siendo en ella tan bien recibido como deseado. Con la vacante y las guerras que la ocasionaron halló casi destruido su palacio y relajadas las costumbres. A entrambos daños acudió con diligencia, y con la celebración de dos concilios provinciales. Sin embargo, no pudo evitar algunos disturbios y pleitos, que se ventilaron sin perderse la paz y tranquilidad de su iglesia. Fue trasladado a la de Ávila en 23 de abril de 1663. Le sucedió

Don Fr. Manuel de Espinosa, Sevillano, Benedictino, Abad de Monserrat y General de su orden. Era Obispo de Urgel cuando fue trasladado a esta Silla en febrero de 1664. En el mismo año ya tuvo un concilio provincial, al cual siguieron otros dos en 1670 y 78. Por decreto del segundo de estos concilios, se imprimió un Ritual en 1671, el cual, pág. 21, exime a los sexagenarios de la ley del ayuno. Hay quien sospeche, y con fundamento, que se ingirió furtivamente esta cláusula al tiempo de la impresión: cosa que no es nueva en el mundo. Lo cierto es que ni en los Rituales antiguos de esta iglesia, ni en el de Barcelona de 1620, ni en el de Lérida de 1682, ni en el de Paulo V se halla tal exención. Enmendó el señor Llinás este punto en el sínodo que imprimió en el año 1704, diciendo en la página 200 de sus Constituciones, algunos dicen que insta el precepto hasta los 60 años, pero eso último se debe medir con las fuerzas. Lo más extraño es que aún después de esta resolución, en las reimpresiones del Ritual siga ingiriéndose aquella exención de los sexagenarios, la cual ni es de concilio alguno provincial Tarraconense, ni de tan docto Prelado como era el señor Espinosa. Dícenme personas fidedignas que en un ejemplar de aquel Ritual que se conserva en el convento de mi orden de San Magín de este principado, se halla la nota siguiente: Es del doctor Jaume Gassol, qui feu y ordena lo present Ordinari, per haverlo elegit S. Illma., y el sínodo Tarraconense a dit efecte. Otra nota se halla después de la Pastoral del Arzobispo, en que manda la observancia de lo ordenado en el Ritual, y dice así: Esta carta pastoral tambe la feu lo doctor Jaume Gassol, per haverme S. Illma. ordenat que la fes en nom de ell: y axi matex lo contengut en lo present Ordinari; menos los casos reservats a S. Illma, que nom trobaba en Tarragona; que a trobarmi crech se aguessen disposat de diferent manera. No diré de esto más, sino que recientemente ha mostrado la obligación del ayuno en los sexagenarios el doctor Gaspar Llauger, director del Seminario episcopal de Barcelona, en la Disertación que publicó contra un P. Capuchino de Andalucía; donde de propósito examina la autoridad de este Ritual.

Volviendo a nuestro Arzobispo sé de él que visitó dos veces toda su diócesi, reparó y dotó muchas iglesias, entre ellas la capilla de nuestra Señora del Claustro de esta catedral, instituyendo en la misma muchas fiestas. Asistía con frecuencia al coro, trataba con grande humanidad a los súbditos, y con mayor liberalidad a los pobres. Murió dejando de sí muy buen nombre a 12 de febrero de 1679, y de su edad 82. Enterráronle en el coro con este epitafio: D. O. M. = Hic iacet in morte dives, per quem nullus in vita iacuit pauper, Illustriss. D. D. Fr. Joannes Emmanuel de Espinosa, Hispalen. nobilitate clarus, omnibus virtutibus clarior, liberalitate, aequanimitate, et in Deiparam pietate clariss. uno suo merito omnium suffragiis Montis Serrati Abbas, deinde Benedictini ordinis Generalis, Urgell. Episcopus, et Tarraconensis Archiepiscopus ut nulli cederet Hispanorum Antistitum Primas: obiit die XII Februarii anno M.DC.LXXIX. aetatis LXXXII Archiep. XV. Le sucedió

Don Fr. José Sanchiz, nacido en Valencia, de la orden de nuestra señora de la Merced, de quien ya dije en el Episcopologio de Segorbe, de cuya iglesia fue trasladado a esta a 28 de febrero de 1680. Tomó la posesión su auxiliar Don Gerónimo Solivera, Obispo de Tranopoli, al cual siguió en el mismo encargo Don José Mora, canónigo de Tarragona, Obispo Maroneiense. Celebró el Prelado dos concilios provinciales en 1685 y 1691: en este último publicó el oficio propio de Santa Tecla y su fiesta para toda la provincia. Fue muy dadivoso con su iglesia, a quien regaló entre otras cosas un cáliz de oro: reedificó el convento de su orden y dejó otras memorias de su liberalidad, paz, y celo pastoral. Falleció a 26 de marzo de 1694, y está sepultado en el coro con este epitafio:

Hic iacet per quem tanta pietatis in Deum, Mariam Virginem, Divamque Theclam monumenta surgunt, Illmus. et Revmus. D. D. Fr. Josephus Sanchiz, Minervae dilectiss. sui et sacri ordinis B. Mariae de Mercede honoribus summis praeclarus, Episcopatu Emporicen. et Segobricen. magnus, Archiepiscopatu Tarraconen. excelsior, Hispaniarum primatu celsiss. et meritis excelsior: tamen hic tandem nihil nisi pulvis et cinis; at vivit in cinere virtutibus superstes et fama: fama saeculo, virtutibus coelo. Obiit XXVI Martii M.DC.XCIV, sed luget adhuc Tarraco.: hodie vale dicit ultimum gratitudo, sed aeternum hoc marmore perenni XXV septembris M.DC.XCVI. En el coro del convento de su orden he visto un retrato de este grande Arzobispo, hecho por Juncosa el clérigo. De la misma orden y su General también, fue el sucesor

Don Fr. José Llinás, que tomó posesión a 16 de enero de 1695. Tuvo un concilio provincial en 1699 y otro diocesano que se imprimió en 1704, y este es el que rige en el día. Dio grandes muestras de su celo en las guerras que alcanzó, llamadas de sucesión, y no mostró menos su caridad en las ruinas y desgracias que padecieron los conventos de San Francisco y Santo Domingo y todos los edificios cercanos a una torre antigua que servía de almacén de pólvora, la cual con horrible explosión se voló por un rayo, día 3 de septiembre de 1700. Era incansable en predicar, y de una liberalidad inagotable con que enriqueció su palacio, iglesia, y varios monasterios. Hizo la capilla y altar de San Pedro Armengol en la parroquia de la Guardia.: impetró su rezo, y lo mandó celebrar de doble en toda la diócesi: erigió el convento de la enseñanza de niñas en esta ciudad, amplió el palacio, impetró el rezo de San Ramón Nonato para toda la iglesia: fundó el rosario diario con canónigos, comensales y beneficiados en la capilla de nuestra Señora del claustro; y fundó la cátedra de moral en el convento de Santo Domingo, donde está su retrato. Murió a 15 de noviembre de 1710 en Barcelona, y fue trasladado su cadáver a la iglesia de San Lázaro de Zaragoza. 

Por muerte de este Prelado, ardiendo todavía Cataluña en guerras, fue electo por Carlos III de Austria en Arzobispo Tarraconense Don Isidoro Bertrán, Catalán, canónigo y Arcediano mayor de Gerona, y fue confirmado por Clemente XI y consagrado en el convento de Santa Catalina virgen y mártir de Barcelona, día 13 de noviembre de 1712, por Don Jorge de Espínola, Arzobispo de Cesarea y Nuncio del Papa a Carlos III de Austria en Barcelona, con asistencia de los Obispos de Cartagena de Indias y de Solsona. Había ya tomado también la posesión de esta Silla a 15 de octubre del mismo año y recibido ya el palio de S. S. Mas durole poco esta posesión pacífica, porque a 15 de diciembre del mismo año está fecha la orden del Rey en que como a intruso en la Sede se le desterró de ella y de la provincia, mandándose al mismo tiempo al Capítulo que se gobernase como en Sede vacante, y depositase los frutos del Prelado. Obedeció este, y se fue sin duda a Italia. Noticioso el Papa expidió una bula que empieza In excelsa, en la cual condena como atentado todo lo hecho. Está fecha a 17 de marzo del año siguiente 1714. La he visto impresa en la librería de mi convento de Palma en Mallorca. A pesar de ello el Arzobispo Bertrán tuvo la misma suerte que su Rey Carlos III, y así nadie lo cuenta en el catálogo de los Arzobispos, cuyo ejemplo ha seguido el señor Amat en su Historia eclesiástica. Sabemos, finalmente, que murió en Génova a 9 de octubre de 1719, y que está allí enterrado en el convento de PP. Capuchinos. Estuvo vacante esta Silla hasta el año 1721, en que a 20 de marzo tomó de ella posesión 

Don Miguel Juan de Taverner y Rubí, Catalán, Arcediano mayor de Tarragona y después Obispo de Gerona, el cual en calidad del más anciano de la provincia había juntado un concilio provincial en aquella ciudad el año 1717, en que se establecieron cosas muy útiles. Y esto es lo único que trabajó por la provincia, porque a los cuatro días de tomada posesión murió con desconsuelo de los buenos. Está enterrado en la capilla de Corpore Christi, mas su epitafio está maltratado y enteramente ilegible. Le sucedió un gran Prelado, que fue

Don Manuel de Samaniego y Jaca, natural de Logroño, canónigo penitenciario de San Juan de la Calzada, electo Obispo de Oviedo, el cual entró en esta ciudad a 21 de abril de 1722, y desde luego se aplicó a reformar los males que de las guerras y vacantes anteriores habían nacido. Predicó muchas veces con eficacia, y para más mover a penitencia dispuso unas procesiones, en que él mismo se presentó con una soga pendiente del cuello. A lo cual y a sus visitas por la diócesi siguió gran reforma del clero y del pueblo. El principal remedio era el de los concilios provinciales; echó mano de él en el mismo año 1722, pero fue mucho más útil el que tuvo en 1727, cuyas constituciones extracta en su Historia el señor Amat. La más notable entre ellas es la que trata de disminuir el número de las fiestas, sobre lo cual, como preparando los ánimos ya había impreso una pastoral en 1725 ponderando la observancia que se merecen los días festivos. Otros muchos bienes se esperaban de este Prelado, pero fue promovido a la silla de Burgos hacia el año 1728, la cual renunció el año 1740, y murió de allí a cuatro años en su patria. Después de su promoción a Burgos le sucedió en nuestra catedral

Don Pedro Copons y Copons, natural de Barcelona, de la casa de los Marqueses de Moya, trasladado de la Silla de Gerona a 26 de febrero de 1729. Mostró luego su mansedumbre y amor a la paz en las constituciones que hizo para cortar los disturbios sobre oficios y empleos en el coro, las cuales se conservan pendientes en él. Fue muy limosnero y solícito en inquirir y remediar la pobreza. Hizo algunos regalos a su catedral. Sus principales hechos son los tres concilios provinciales que celebró, en que dicen que hay establecidas cosas muy útiles. Promovió mucho la devoción del corazón de Jesús. Durole el pontificado 23 años, y murió a 19 de abril de 1753. Está enterrado en la capilla de Corpore Christi con esta inscripción: D. O. M. Lacrimas si quaeras, siste, lapidem hunc intuere, et eo oppressam luce petram, quae in pietatis montem creverat. Petrus Copons et de Copons hic iacet, divitiae pauperum, egenorum opes, Marchionibus de Moya natus, Barcinonae Canonicus, Gerundae Episcopus, Tarracone Archiepiscopus: ubique illustrissimus vixit, sed illustrior fuit morte, quam obiit Tarracone omnium ordinum luctu anno a Christo nato M.DCC.LIII., aetatis suae LXXIV., XIII. kal. mai. hebdomada, ut vocant, sancta; et quidem, ni invenisset, certe morte sua effecisset. A este Prelado sucedió

Don Jaime de Cortada y Bru, natural de Barcelona, y de familia muy antigua, a lo menos suena ya su apellido en la donación que he visto original, hecha por Don Alfonso II a Enego Cortada de una heredad en Matamalan con el campo de Machuchga, fecha en Zaragoza en el mes de junio, era 1216 (año 1178). Nuestro Arzobispo vino a esta Silla de la de Zamora a 26 de mayo de 1755. Celebró concilio en 1757, el último de esta provincia: en él se mandó que las actas de todos se recogiesen e imprimiesen; cosa que no se ha efectuado. Con la gran devoción que tenía a la Protomártir Santa Tecla comenzó su nueva capilla, en cuyos cimientos se puso la primera piedra a 17 de agosto de 1760. Nada más sé de este Prelado, sino que murió a 28 de abril de 1762. Su entierro está en el plano de dicha capilla con esta inscripción: D. O. M. = D. D. Jacobus de Cortada et Bru, huius sanctae Tarraconen. Ecclesiae Archiepiscop., antea Episcop. Zamoren. etc. incoeptum suis sumptibus hoc in honorem Prothomartyris Theclae sacellum consumare non potuit morte praeventus V. kalend. maii M.DCC.LXII. H.S.E.L.D.D.CC. idib. mai M.D.CC.LXXVIII. Tuvo este Prelado por Vicario general a Don Mariano Martí, natural de Valls, que después fue Obispo de Puerto Rico y Caracas. Muy breve fue el pontificado del sucesor

Don Lorenzo Despuig y Cotoner, natural de Palma en Mallorca, de cuya silla fue trasladado a 12 de octubre de 1763, y murió el año siguiente día 22 de febrero repentinamente. Su epitafio en la capilla de Corpore Christi, manifiesta algunas circunstancias de su vida, y por lo mismo lo copiaré aquí: D. O. M. = Hic situs est Illustrissimus D. D. Laurentius Despuig et Cotoner, patriâ Palmensis, genere nobilissimus, Canonicus Balearicus, Clericus honorarius Philippi V. Regis Hispan., et ab eleemos. Philippi Borbonii, Parmae Ducis, Episcop. Balearicus, Eccles. Tarracon., Archiepiscopus, Primas Hispaniarum, qui facile primus omni virtute et splendore sui desiderium Eccl. Tarrac. brevi suae reliquit inmortale, cum vixisset annos LX. Vita functus est, et elatus acerbissi. luctu omnium ordinum die XXII. febr. an. a Chris. nat. M.DCC.LXIV. Poco después le sucedió 

Don Juan Lario y Lancis, Aragonés, nacido en Torrecilla del Rebollar, promovido a esta Silla de auxiliar de Zaragoza, tomó posesión a 30 de octubre de 1764. Su primer cuidado fue arreglar un plan beneficial así en la matriz como en toda la diócesi, obra utilísima con que proveyó a las necesidades del pueblo sin queja de los residentes. Visitó tres veces su diócesi, una la isla de Iviza, ejercitando con gran solicitud en todas partes las funciones episcopales. Consagró en su catedral al Obispo de Barcelona Don José Climent. Expidió varios decretos para reforma de abusos y fomento de la sólida piedad. Concluyó y bendijo la capilla de Santa Tecla a 21 de septiembre de 1775. Logró que se incorporase esta universidad con la de Cervera. Estas son las principales memorias que quedan de su tiempo. Murió a 6 de septiembre de 1777, y está enterrado en la capilla de Santa Tecla, donde se lee esta inscripción: D. O. M. = D. D. Joannes Lario et Lancis, ex Episcopo Letensi Archiepiscopus Tarraconensis, quod hoc divae Teclae sacrarium nullis parcens expensis ad perfectionem perduxit, hic sepeliri voluit, annuente CC., et sibi scribi sic: Hic Joannes Lario et Lanzis, Tarraconen. Archiepiscop. expectat resurrectionem mortuorum. Obiit in oppido dicto Lo Pla VIII. id. sept. anni MDCC.LXXVII. Le sucedió.

Don Joaquín de Santiyán y Valdivielso, nacido en la diócesi de Santander, Obispo de Urgel, trasladado a esta iglesia a 15 de mayo de 1779. En los pocos años de su pontificado mostró bien su liberalidad, y cuanto puede un Prelado que ama sus ovejas y comodidad. Porque después de haber empleado algunos caudales en ensanchar y adornar las calles, murallas y paseos de esta ciudad, y en el palacio llamado de Loreto, incluyendo dentro de él la capilla de nuestra Señora de ese título, la cual el señor Copons había comprado de los herederos del presbítero Juan Mir, quien la construyó a mitad del siglo XVI; después, digo, de esta y otras obras, entró en el vasto proyecto de restaurar el acueducto romano. Obra de suma necesidad, y sin la cual Tarragona era corta en su vecindario, escasa en el comercio, incómoda en la estación del calor, y tal como la pintó Bernardino Gómez Miedes en su Historia del Rey Don Jaime I. Para remedio de estos males, y restituir si pudiera la ciudad de su cátedra al grado de su opulencia romana, emprendió la grande obra que digo, venciendo, como es de creer, gravísimas dificultades, y no reparando en cuantiosas sumas. No tuvo el gozo de verla concluida, y para su perfección dejó la cantidad de 48.000 ducados. En su tiempo, es a saber, en 1782 se erigió la Silla episcopal de Iviza, que por derecho de conquista era de esta metrópoli desde el año 1235; con esta ocasión pasó allá el arcedianato de San Fructuoso, de donde percibía los frutos.

Murió nuestro Prelado casi repentinamente día 5 de julio de 1783, causando este suceso un sentimiento correspondiente a lo mucho que se esperaba de quien supo hacer tanto en tan poco tiempo. Su cadáver se trasladó de allí a cuatro años a la sepultura que tiene en el pavimento del coro, donde se halla este letrero: Joachimus Santiyan et Valdivielso, genere clarus, olim Asturicen. Ecclesiae Canonicus, Tuden. Scholasticus, Lucen. Decanus, Urgellen. Episcopus, Tarraconen. demum Archiepiscopus factus, ornandae mox et amplificandae urbi, civiumque commodis intentus, suburbanam viam, et ambulacrum rupibus et aggeribus complanatis extruxit: aquae copiam, ut suo subveniret populo, iamdiu illius penuria laboranti, antiquo Romanorum partim instructo aquaeductu, partim novo constructo, longe huc adducere molitus est. Quibus, aliisque utilissimis operibus, dum strenue, nullis laboribus, vigiliis, sumptibus parcens, incumbit, ulteriora parans, maiora pro animae celsitudine mente volvens, vivis abripitur III nonas julii anno Christi M.DCC.LXXXIII. etat. XLIX. I. P. R. Dicen que compuso este epitafio el sucesor

Don Fr. Francisco de Armañá (Armagnac), del orden de San Agustín, natural de Geltrú, diócesi de Barcelona, el cual era Obispo de Lugo desde el año 1768, de donde fue trasladado a esta Silla en el de 1785 y tomó posesión a 30 de mayo. Están todavía muy recientes las memorias del celo, liberalidad y erudición de este Prelado. Comúnmente se dice que vivía pobre por los pobres: y era así que los remediaba a manos llenas, buscando con solicitud las necesidades ocultas. A su iglesia regaló alhajas y ornamentos varios y preciosos: dotó su clero, fomentó el monte pío de sacerdotes pobres: dio grandes caudales para la obra del puerto y las urgencias del estado; y con todas estas y otras muestras de liberalidad gastó más de cien mil duros en continuar y concluir la restauración del acueducto romano, teniendo el gozo de ver llegar el agua a la ciudad en el año 1798, día 3 de diciembre del santo de su nombre: beneficio inestimable que eternizará los nombres de Santiyán y Armañá. Hallaba para todo esto recursos en la moderación de su trato, parsimonia en la mesa, y pobreza de su casa y persona; viviendo en todo como simple religioso, sin dejar la túnica de lana, ni permitir más adornos que los muy precisos para el decoro de la dignidad. Visitó dos veces toda su diócesi, y no más por su ancianidad; ejercía por sí mismo todos los actos pontificales: predicaba con frecuencia y enviaba misioneros por la diócesi, gente docta como él lo era, que cogiesen y no espantasen la caza: compuso las discordias interiores de su iglesia: unió y dividió parroquias, según lo pedía la necesidad: protegió grandemente las escuelas públicas: dotó bien sus cátedras, como es justo: creó la de escritura, enseñanza tan necesaria a los eclesiásticos, como que es el blanco y cima de su saber, a que se ordenan todos sus estudios anteriores, y sin lo cual la teología escolástica y moral son un cuerpo sin alma. En estos y semejantes cuidados le halló ocupado la muerte cuando ya por su edad de 85 años no podía entender en lo que pide vigor y fuerzas corporales. Murió este ilustre Arzobispo día 4 de mayo de 1803. En sus honras predicó el actual Abad de San Ildefonso Arzobispo de Palmira, el señor Don Félix Amat, entonces magistral de esta iglesia. Está enterrado en el coro con esta inscripción: D. O. M. = Francisco Armagnano, ex Eremitis S. August. primum Lucensi Praesuli, post Archipraesuli Tarraconensi, utrobique indefessa salutis animarum cura, verbo et scriptis doctissimis aeque atque piissimis, morum itidem integerrimorum exemplo, informatis ad pietatem populis, optimi Antistitis functo munere; egenorum patri, quorum sublevandis miseriis, nihil pene sibi relinquens, amplissimos pontificatus redditus expendit; cuius maxime opera et ope fontan. aqua intra muros inducta gaudens potitur Tarraco: in senectute bona e vivis sublato die IV maii anno M.DCCC.III aetatis suae LXXXV, Bartholomeus Soler, ex sorore nepos, huius Primat. Eccl. Decanus, consanguineo fautorique amantissimo fieri curavit monumentum. Los escritos de que se habla en esta inscripción son sus Pastorales impresas en dos tomos en 4.°: tres tomos de Sermones morales, y uno de Sanctis: además dejó manuscritas Instituciones de teología. = Compendio de la historia eclesiástica de Fleury, y otras obras que no concluyó por sus ocupaciones. A los dos meses de su muerte fue electo su digno sucesor el actual Arzobispo

Don Romualdo Mon y Velarde, natural de Mon, diócesi de Oviedo, colegial de San Ildefonso de Alcalá, doctoral de Coria y sucesivamente de Córdoba, donde también fue Deán y gobernador de la mitra. Tomó posesión de esta Silla día 12 de mayo de este año de 1804. El pueblo ha concebido muy bien fundadas esperanzas de un gobierno pacífico y acertado. Nada más puedo decir de esto, porque apenas han pasado dos meses de su entrada pública, que se verificó el día 3 de septiembre con las ceremonias acostumbradas, en razón del señorío temporal de los Arzobispos sobre esta ciudad y su campo: las cuales se fijaron por decreto de la real audiencia de Barcelona en tiempo del Arzobispo Don Juan de Moncada (leo Monca-ca), aunque la pompa en el recibimiento de esa o de otra manera es ya de los tiempos de Don Fr. Sancho López de Ayerbe. En sustancia se reduce la fiesta a lo siguiente. Sale todo el Cabildo hasta una casa de campo distante como un cuarto de legua de la ciudad, donde ya espera el Prelado montado en su mula. Los canónigos van igualmente montados en mulas con gualdrapas negras colgando hasta los pies o patas: no van con manteo, sino con un ropón a modo de balandrán muy pomposo, y con sombrero redondo llano de copa muy pequeña, ajustada a ella una golilla como de dos dedos para mayor seguridad en el encaje de la cabeza; cuelgan además de él varios cordones y borlas de buena labor. El saludo que hacen al Prelado es levantar la borla que cuelga delante del pecho y llegarla hasta la boca. Así pasando todos por delante de él, se forma la comitiva, y al llegar a la puerta de San Carlos salen los regidores o cónsules, como decían antes, con sus bandas de tafetán carmesí, según costumbre de todo este principado. Entonces, acompañado S. Ilma. del magistrado, recibe los obsequios de danzas y comparsas alegres, muchas en número, y algunas notables por su antigüedad. Tras esto se apea la comitiva, y el Arzobispo hace el juramento en un altar preparado en la puerta del convento de San Francisco, y en manos de su Guardián. Concluido este acto, toma otra vez la mula, y guiándola los regidores a pie con cordones de seda encarnada, y precedido de todas las danzas, camina hacia la catedral donde le recibe el Cabildo con hábitos de coro, que para esto se anticipó dejándole en San Francisco. Entran en la iglesia cantando el Te Deum, y en la pieza que queda tras el altar mayor y el testero de la iglesia se le dice al Prelado una oración latina, que esta vez recitó el canónigo Don Carlos González de Posada, y con la respuesta del Prelado se acaba la fiesta de por la mañana. Por la tarde se repiten los juegos y varias representaciones en la plazuela donde está mi convento, que era puntualmente el circo máximo de los Romanos. Los aficionados a aquellas vejeces echarán de menos en estas comparsas la elegancia y el lujo de las que presenció en este lugar el Emperador Augusto. Efectivamente son muy distantes, y muchas composiciones alegóricas que allí vi están llenas de impropiedades, como cosa del vulgo que sólo ama el estrépito, y como dicen nuestros vecinos lo maravilloso. Sin embargo, es reparable el baile que llaman de los Titanes. Consiste en que treinta o cuarenta hombres vestidos como a lo turquesco, van en fila ensartados entre dos telas de paño muy anchas cuanto es la altura de los pies hasta los hombros: descubren sólo la cabeza, la cual mueven y dejan caer a un lado y a otro como con tristeza y pesadumbre, (aún se puede ver algo parecido en Turquía) cada vez que dan un paso o más bien un salto al compás de la sencilla tonada que suenan dos chirimías u oboes. Llegando con esta pausa y aun pereza al teatro de sus habilidades, no tienen otra que dar una vuelta al circo y formar después una espiral, apretada como la de un caracol, y deshacerla luego, todo con un compás más acelerado que el con que vinieron.

Ya ves cuan poca conexión tiene esto con los Titanes y su guerra, como yo esperaba, fiado sólo en el nombre; el cual no tiene otro origen que la tonada ti tan. Una especie me ocurre. En la traducción de la Geografía del Nubiense, hecha por Don José Antonio Conde, y en las notas que él puso, página 199, explicando el elogio que Benjamín de Tudela hizo de esta ciudad de Tarragona y aquellas palabras: fue de los edificios de los Hanakim, explica esta palabra Hanakim por una generación gigantea o Titanes, hijos del cieno. Y aunque el autor nota allí esta opinión de vulgar y digna de los P. C. de las sinagogas, ¿quién sabe si la tenían por cierta los Judíos ricos que había en Tarragona en el siglo XII, tiempo en que escribía su Geografía el autor, que por eso llama a esta ciudad Tarragona de los Judíos? Y si ellos tuvieron por cierto que esta ciudad estuvo habitada de Titanes, ¿no pudieron ser los autores de esta comparsa, de quien sabemos que es muy antigua, y que ya la representaron los Tarraconenses en Valencia en el siglo XIII al tiempo de su conquista, como dice Escolano? ¿Quién sabe? Sin embargo, séase el que quiera el objeto que tuvo en ello el inventor, más bien parece una sarta de cautivos como los que precedían a los triunfos Romanos, y una muestra, aunque impropia, del vasallaje de esta ciudad a su Prelado, que presencia estas fiestas en público, acompañado siempre de los cónsules y del Cabildo.

Buen remate ha tenido la narración de los Arzobispos. 

A Dios. Tarragona, etc. 

martes, 30 de agosto de 2022

XIX. Consecratio ecclesiae S. Iacobi in villa de Cheros albos (Caralps), (Queralbs) in comitatu Cerdaniensi, anno DCCCLXXVIII.

XIX.   

Consecratio ecclesiae S. Iacobi in villa de Cheros albos (Caralps), (Queralbs) in comitatu Cerdaniensi, anno DCCCLXXVIII. (978) (V. pág. 112.) 

(N. E ¿y no pasa albos a blanchs, blancs? ¿De dónde viene el nombre Albi, muy conocido por la herejía albigense? ¿De dónde viene el nombre Alpes, Alps y el dialecto occitano vivaroaupenc? ¿cuánto tiempo están o estaban “albas”, blancas, las cumbres de los Alpes? Montisalbi, Montblanc, Montblanch, Montalbán)

Ex autogr. in arch. eccl. Urgell.

In nomine Dei summi, hac regis aeterni. Anno incarnationis Domini nostri Ihesu Christi DCCCC.LXXVIII (978), regnante Leuthario rege XXIIII. anno, in diebus predictis veniens eximius vir, almusque, pacificus, reverentissimus domnus Wisadus sancte Marie Urgelensium sedis presul in comitatum Cerdaniensem, in valle Petrariense, in villa nuncupante Cheros albos, ad consecrandum ecclesiam Dei, qui sita est in eodem loco, in onore sancti Iacobi apostoli, que olim fuit constructa a talis hominibus, idest, Nampio, et Ossolo, et Abo, et Galavonsus, et Melandrus, omnes que... Idcircho ego prefatus Wisadus presul veni in unc locum a petitione et rogacione de hominus, idest, Odo, et Mascharone, et Abbo, et Adeglo, et Igiga, et Bradila, et Wischafredus, et Guanta, et Trasovado, et Avido, et Andalegus, et Goltredus, et Wadamiro, et Ermengaudes (Ermengol, Armengol, Hermenegildo, Ermengaudo, Ermengaudus), et aliis hominibus illis, ut construam templum hoc, et fiat domus Domini inviolabilis, que et omnis utriausque sexus, qui apud memoratum templum concurrerint, quidquid ibi digne a Domino postulaverint, exaudiri sine fine mereantur, sive hominumque facinora peccatorum suorum veniam percipere valeant. Ob hanc causam ego Wisadus iam dictus presul dedico, unâ cum caterva nostrorumque cannonicorum, et consecro hec ecclesiam in onore omnipotentis Dei, et sanctorum homnium (omnium : todos los santos), et in onore sancti Iacobi apostoli, in subdiccione sancti Saturnini martir Christi, qui in eodem parroechiam fundatus aparet, nuncupata Fustiniano, et statuimus ibi sacerdotem nomine Atroario (se encuentra Adroario, d: t), una cum licentia nostra et nostro subditore, qui ibidem reget gradum, ut Domino fungat oblationes probatissimas, et ad grege sibi comisso advocatum, videlicet, et annorum curricula, et de tributum synodalem per singulos annos adiutorium faciat pernas II, et ad alium reddit... tercium argenteos XII. adiutor fiat, et ille et alii successores, et ad alium tributum capullano terciam partem similiter adiutor fiat. Denique homnia predia, que per aliqua succesione augmentaverit, obfirmo, atque stabilio, ut deincebs absque ullum terrorem vindicet, atque defendat, vel perpetualiter teneat. Deinde ego Wisadus presul consecro iam dudum prefacta ecclesia sancti Iacobi apostoli; sublimiterque et venerabiliter a plurima nobillisimorum nationum, qui ut fiat domus Dei perhenniter tempora dedicata, vel consecrata, sicut sanctus comemorat chanonus. Sane ut si ulla subrogita persona hanc dote temptaverit inrumpere, quod requirat evanescat, et insuper componat de auro purissimo libras X, et deincebs anatematis vinculo sciat se obligata, et in antea ista dotis firma et stabilis permaneat homnisque temporibus. Hacta (facta) est autem haec dotis pactu III. kalendas Agusti, anno XXIIII. regnante Leutario rege filio Ludovisci (otra variación del rey de los catalanes, Luis). = Wisadus episcopus, qui uhnc (hunc) titulum consecrationis feci, et firmare rogavi, et subscripsi. = Vivas sacer se subscribit. = Barone presbytero subscribo. = Durandus levita et iudex canonicus subscribo. = Bellus sacer subscribo. = Goldemares presbyter, qui hanc dote consecracionis scripsi, et subscripsi die et anno quod supra. 

sábado, 25 de marzo de 2023

CARTA CXLVIII. Catálogo de los Obispos de la santa iglesia de Mallorca, desde su conquista.

CARTA CXLVIII. 

Catálogo de los Obispos de la santa iglesia de Mallorca, desde su conquista.

Mi querido hermano: Hoy comienzo a enviarte el episcopologio de esta iglesia, trabajado todo sobre documentos originales y fidedignos de los archivos, sin haber en él una sola noticia que sea tomada de trabajo ajeno, ni impreso, ni manuscrito. Si por esta razón no sale tan completo como desearían algunos Mallorquines, a lo menos sale muy certificado y limpio de los anacronismos y disparates históricos con que hasta ahora se ha tratado esta materia, que no parece sino que sólo se haya escrito de ella por tradición. Ya veo que el trabajo que yo me he tomado es penosísimo; pero esto es lo que exige la historia; y el que no quiera trabajar así, no debe escribirla.

He dicho que no sale tan completo como algunos quisieran, porque hay ciertos genios nimios, tan excesivamente enamorados de su patria, que no quisieran se omitiesen hasta las semínimas, y digamos las respiraciones de sus paisanos. Por lo demás, la lectura de las cartas siguientes te hará ver que no he holgado en las ocho o nueve semanas que me he dedicado a entresacar tantas pequeñeces de entre otras muchas que lo eran mayores. Yo he procurado llenar mi objeto, que es la cronología exacta de estos Obispos, clave necesaria de la historia eclesiástica de esta isla, añadiendo los sucesos que hacen a la disciplina general, historia de los ritos, y los puntos principales de la historia civil, con lo demás que pueda interesar, no precisamente a los Mallorquines, para los cuales no escribo solamente, sino a todo el orbe literario. Para esto sirve poco el elogio de las virtudes de cada uno de los Obispos; lo cual sobre ser cosa expuesta a equivocaciones, alargaría mucho este escrito con poca utilidad de la historia.

Sin embargo, a pesar de lo dicho, confieso que hubiera extendido a alguna cosa más mi trabajo, si el estado de mi salud me lo hubiera permitido. Pero esto con otras circunstancias, de que ya te he informado, no me permitió recorrer la diócesi, ni aun los conventos de esta ciudad. Los sabios de esta isla completarán lo que faltase.

Olvidábaseme prevenir que en mi narración no me detengo sino rara vez en impugnar a los historiadores Dameto y Mut, a pesar de sus nulidades de marca, singularmente del primero. Esto sería inmenso. Sus equivocaciones conocerá el que quiera cotejar mis documentos con sus narraciones libres y tradicionales.

Raimundo de Torrelles (de Turrilliis). Dícese que este era hermano de Bernardo de Santa Eugenia, Señor de Torroella en Cataluña, a quien el Rey Don Jaime dejó por Gobernador de Mallorca, cuando tuvo que ausentarse de la isla ya conquistada. El P. Marsilio (Cronic. de dicho Rey, lib. II, c. 48), habla de un hermano de dicho Bernardo sin nombrarle; y esta circunstancia persuade que no es nuestro Obispo; porque a serlo, no omitiera el historiador su nombre y dignidad, que tanto hacía para la historia que escribía. Y en efecto, el hermano de dicho Bernardo era aquel Guillermo de Mongrí que fue electo Arzobispo de Tarragona, y que renunció esta dignidad (después de haber conquistado las islas de Ibiza y Formentera, hacia el 1237 (falta el cierre de los paréntesis), y retirándose a Gerona, en cuya iglesia era Sacrista, fundó en 1269 la cartuja de San Pol de Maresmes, que después se reunió a la de Montalegre. En el archivo de esta última he visto dos testamentos del fundador; uno del año 1248, y otro de 1263, y en ambos consta que era hermano del citado Bernardo de Santa Eugenia que poseía el señorío de Torroella de Mongrí, el cual, muerto Bernardo, pasó a dicho Guillermo, que como señor de la villa la cedió al Rey Don Jaime I, por medio de escritura que vi original en el archivo real, fecha a 1 de abril de 1272. Y esta es otra prueba de que eran hermanos.

Nuestros historiadores Mallorquines se alucinaron creyendo que el apellido de Torrelles suponía la hermandad con el Señor de aquella villa. Pero mucho antes que él lo fuese había tal familia de Torrelles en Cataluña, y yo he visto varios de ellos aun en el siglo XI, y no de esta parte del Ampurdam (: Ampurdán, Empurdà, Ampurdà), sino del condado de Urgel y otros puntos interiores de aquella provincia. Este es sin duda el que eligieron los Obispos de Vique y Urgel en unión con San Raimundo, según lo que les había mandado el Papa Gregorio IX, a 15 de julio de 1237, como dije en los correos anteriores. Es sensible la ignorancia en que estamos de las circunstancias de su nombramiento y consagración, por no haberse conservado documento alguno que lo diga, quedándonos tantos de otras cosas de su pontificado, cuyo principio no puede fijarse determinadamente. Sólo consta que estaba ya aquí gobernando su iglesia el día 12 de octubre de 1238, en el cual, con fecha apud Maioricas, hizo una donación de poca monta al convento de mi orden de esta ciudad, la cual se conserva en su archivo con la firma original de mano del Prelado. Poco después le hallamos en Valencia, haciendo cierta concordia con el Rey Don Jaime y el Infante Don Pedro, cuya escritura está original en esta iglesia, data, dice, apud Valenciam quinto kal. decembris anno Domini millesimo CC.XXX octavo. No la firmaron los contratantes, sino sólo el Obispo de Barcelona y los nobles que habían sido testigos de ella, como verás en la adjunta copia (a: Ap. núm. XIX.). En suma se concertaron en que el Rey tuviese en feudo las dos terceras partes de la décima de pan, vino y aceite, y la mitad de la de animales, lana, peces, etc.; en la inteligencia de que si el Papa no aprobaba esta concordia, ni el Rey ni el Infante quedaban obligados a su cumplimiento. Más adelante se verá como en efecto el Santo Padre la desaprobó. A 5 de los idus de febrero de 1239 (1240) ya dije días pasados que estableció quandam masquitam quae dicebatur Sanctus Victor.

El Papa Gregorio IX, deseoso de proteger esta iglesia, que podía mirar como hechura suya, concedió a 25 de enero, año XIII de su pontificado (1240), que ni el Obispo, ni su clero, ni sus respectivas familias fuesen precisados a comparecer ante ninguna potestad fuera de la isla, sino mediante orden o mandato Apostólico. Está la bula en el archivo de esta iglesia. Esta misma gracia o muy parecida, fue la que diez años después concedió el Papa sucesor Inocencio IV a todos los habitantes de la isla, en atención a la distancia del continente y a los peligros del mar y de los piratas, con tal que estuviesen prontos a comparecer ante juez competente dentro de la isla; a no ser que mediase mandato pontificio. (Ibid). Dos días después, a 27 de enero de 1240, está fecha la concesión del mismo Papa a nuestro Obispo, para que pueda erigir en esta iglesia un colegio de canónigos seculares al modo de los que había en las iglesias vecinas. De esto ya se habló otro día. En el 28 del mismo mes y año (1240), hay otra concesión del Papa, dando facultad al Obispo para dispensar con los vecinos de Mallorca, para que puedan llevar a los Moros y venderles vituallas en tiempo de paz, mas de ninguna manera caballos y mulos, armas, hierro y madera: contando siempre para esto con el permiso del Señor de Mallorca, y con que no resulte daño alguno a la tierra. Esta misma gracia repitió después el Papa a 9 de abril, año XV de su pontificado (1241). Hállanse extractados ambos documentos en el registro de Morella. Del día 22 de abril, año XIV del pontificado del mismo Gregorio (que es también el 1240), quedan dos breves o noticia de ellos; en el primero de los cuales concede al Obispo que puede absolver a los herejes de esta diócesi, e imponerles la penitencia saludable, con tal que adjuren la herejía solemnemente, en presencia del clero y del pueblo. En el segundo le da facultad para conceder a sus feligreses licencia de vender como quisiesen a sus esclavos bautizados. Ambas cosas concedió después de nuevo Inocencio IV (Regis. privil. de Morella). En el mismo lugar y con la misma fecha, está otro breve con que el Papa exhorta al Rey de Aragón, a que mande a Moxerino, Señor de Menorca, que no impida la libre navegación de aquellos isleños a Mallorca, particularmente de los que venían o a hacerse Cristianos, o a buscar sus mujeres. Si este documento estuviese entero, iría copiado, siquiera por la noticia de ese Señor de Menorca, feudatario como se supone del Rey de Aragón; mas no está sino extractado en el citado registro. Ya ves cuán solícito estuvo el Papa Gregorio en agraciar a la nueva iglesia. Pues no lo estuvo menos el sucesor Inocencio IV, de quien en este archivo se guarda un rescripto dado en Lyon a 15 de diciembre, año III de su pontificado (1245), dirigido al Abad y Prior del monasterio de la Real orden del Císter, extramuros de esta ciudad, encargándoles que si no hay otra iglesia que tenga derecho a la isla de Ibiza, sujeten este nuevo territorio a la de Mallorca, como se lo suplicaba el Obispo Raimundo, y lo había ya concedido su antecesor Gregorio IX. La súplica del Obispo Raimundo y la comisión que dio el Papa sobre esto, manifiestan claramente que en este año no estaba aún resuelta y decidida la sujeción de dicha isla a la iglesia de Tarragona.

Del año 1248 nos quedan algunas memorias. Y sea la primera el encargo que el mismo Papa hizo al Rey Don Jaime en su carta de 15 de marzo, año V de su pontificado, diciéndole: dictas insulas a Sarracenis populari minime permitatis: ad semper vestram industriam dirigentes, ut illum modum cohabitandi Christianis habeant, quod ipsorum respectu se sub iugo servitutis positos recognoscant; maxime cum sit de praeterito praesumendum, quia (quod absit), si eis ledendi facultas ocurreret, ipsorum horrenda feritas in gregem Domini more solito desaeviret. (Archivo de la catedral). 2.a el breve con que el Papa aprobó a 22 de marzo el establecimiento de dos beneficios en los altares de los Apóstoles San Mateo y Santo Tomás, los cuales nuestro Obispo había fundado y dotado a 15 de noviembre del año anterior, junto con la institución de cuatro antorchas de cera y dos lámparas que ardiesen noche y día ante el altar mayor. (Ibid). De estos beneficios subsiste uno conocido con el nombre de les candeles; el otro está aplicado al Seminario. 3.a la bula con que el mismo Papa confirma todas las posesiones de la iglesia, fecha a 14 de abril de ese año. Va copiada (a: Ap. núm. XX.) siquiera para que veas el número y los nombres de las parroquias que entonces había en este obispado. 

La 4.a memoria no pertenece a nuestro Obispo, pero sí al territorio de su jurisdicción; y es el establecimiento que hizo Arnaldo, Prepósito de Tarragona, a Bernardo de Claramunt y Guillermo Uguet de las islas de Cabrera, con las condiciones que verás en la copia adjunta (a: Ap. núm. XXI.), sacada de otra coetánea que he visto en poder de los PP. Capuchinos de esta ciudad. La confrontación que da a dichas islas, respecto de Mallorca, es ante cabo Corvo, que es el medio entre el cabo Blanco y el de las Salinas, llamado sin duda corvo por las sinuosidades que forma su costa. Hoy llaman vulgarmente cap Corp.

En el 1250 hallamos a este Prelado celebrando sínodo, que no sabemos, ni creo que fuese el primero de esta iglesia. Mas fuéselo, o no, importa poco, puesto que ni de él, ni de los siguientes, nos queda constitución alguna hasta fines del siglo XIV. En este año, pues, a 18 de noviembre, está fecha la escritura, en que, concediendo al convento de mi orden de esta ciudad poder enterrar en su cementerio a los que en él eligieren sepultura, establece, de acuerdo con los curas de la diócesi, los derechos o limosnas que para ello pueden percibir: todo ello en atención a la altísima pobreza en que vivían aquellos religiosos, y a que en el ministerio espiritual llevaban, como dice, pondus diei et aestus. Firman en la escritura el Obispo y todos los canónigos de la catedral, y los párrocos de esta ciudad; y a nombre de los de fuera firma segunda vez el Obispo con dos canónigos, asegurando los tres que dichos curas habían convenido en ello, estando juntos en el sínodo que se celebró el mismo año. Esta escritura está en el archivo de dicho convento.

Del año 1254, a 22 de mayo, es el privilegio que el Rey Don Jaime expidió en Tarragona a favor de nuestro Obispo y de los Prepósitos de su iglesia, concediéndoles que pudiesen extraer de la isla sus granos y venderlos donde quisiesen libremente: cosa que después confirmó el Rey Don Sancho de Mallorca en 1315 (Cartor.).

En el año siguiente le eligió su marmesor (: albacea) el Infante Don Pedro de Portugal, como ya dije en mis cartas anteriores.

Curiosa es la noticia que el Registro de Morella nos conservó, extractando un breve del Papa Alejandro IV, fecho en Anagnia a 23 de julio, año I de su pontificado (1255), concediendo a este Prelado ut possit, dice, dispensare hac vice cum clericis et laicis suis, pro iniectione manuum in clericos saeculares: ac pro rapinis, incendiis et sacrilegiis: necnon pro eo quod contra ecclesiam Albugenensem astiterunt, sive quod detulerunt lignamina, ferrum, vestes, et alia prohibita Sarracenis. Añade que pueda dispensar con los clérigos, que, estando excomulgados, recibieron o ejercieron por ignorancia sus órdenes. ¿Quién sabe cuál es la iglesia Albugenense? Acaso indica esto la de Bugía, contra la cual obrarían los dichos, auxiliando con armas y lo demás a los Moros? 

Porque efectivamente había cristiandad en Bugía, y gran comercio con aquel reino, donde tenía sus cónsules el Rey de Mallorca, como consta del registro de cartas reales del año 1302 (Arch. real); y en ese mismo año fue electo cónsul Benito Blancacii, ciudadano y comerciante de Mallorca, por los jurados, a quienes lo encargó el Rey, en virtud del convenio que dice tenía hecho con el Rey de Bugía (Ibid.).

En 1257, a 16 de mayo, está fecha la escritura de concordia de nuestro Prelado con el Comendador de la orden del Temple, sobre la presentación del vicario y la distribución de los derechos parroquiales de Santa María de Pollenza que poseía aquella orden. Por lo cual el Comendador se obligó a pagar anualmente diez morabatines alfonsinos de oro al Obispo, y este a admitir el vicario que aquel le presentara para dicha parroquia, con tal que fuese idóneo, y que le prestase la obediencia canónica, salva, añade, ordinis Templi disciplina (Cartor.)

Ninguno de estos hechos, ni de otros que quedan notados en escrituras, le quitó al Obispo la principal atención que debía tener a establecer y arreglar su iglesia nueva, proporcionando el número de sus ministros y la calidad de sus obligaciones a la cantidad de las rentas y a las circunstancias de la ciudad en aquel tiempo. En esto se ocupó desde su ingreso, y principalmente desde el año 1244 al 1247, señalando el número de canónigos y prelacías (dignidades) que debía haber. Mas la escritura o acta de este nuevo establecimiento, no se formó hasta el 1259, como ya quedó dicho en los correos anteriores. La residencia de estos y otros ministros era muy necesaria en una diócesi nueva, donde debía ser continuo el trabajo para plantar la fé y mantenerla limpia de los errores de los Moros y Judíos que quedaron avecindados entre los Cristianos. Por esta razón pidió al Papa Clemente IV facultad para compeler a cualquier clérigo a residir en sus beneficios o prebendas, privándole en caso (contrario) de los frutos de ellas sin lugar a apelación. Concedióselo el Papa por su breve, fecho en Perusa a 19 de junio de 1265, cuyo extracto nos conservó el citado Registro de Morella. 

También hablé ya del gran suceso y novedad política que experimentó Mallorca en este tiempo, a quien el Rey Don Jaime, con la división de sus estados, dio Rey propio en su hijo el Infante Don Jaime, no sé si para su bien o para su daño. Es regular que alcanzase a nuestro Obispo gran parte de los efectos de este nuevo reinado; aunque de ello sólo nos han conservado nuestros archivos la memoria de haber asistido a la entrada y posesión del nuevo Rey, y de haber recibido el juramento que hizo de observar las franquezas del reino. Omito algunas otras memorias de poquísimo interés que quedan hasta los días últimos de su vida, la cual feneció con la gloria de haber sido el fundador de esta iglesia, el que proyectó y emprendió su edificio material, y el que sentó las primeras piedras del espiritual de sus ovejas. La inscripción sepulcral de que voy a hablar dice que murió a 11 de junio de 1266; y debe ser así, quedando noticia de su existencia hasta los dos o tres meses antes de ese día, y hallándose ya documentos del sucesor a fines de ese mismo año. Tiene su sepulcro en un casilicio de la capilla de Corpore Christi, que es la que cierra la nave lateral del lado del evangelio, donde se labró una estatua episcopal y se entalló su escudo, en que pintaba tres torres. Debajo de la urna se lee la inscripción siguiente en idioma lemosín:

Assi iau lo Reverent Senyor en Ramon de Torreyles qui fo primer Bisbe de Maylorques lo qual fina daquest mon a XI dies del mes de juyn del ayn de nostre Senyor M.CCLX sis. Pero aquest monument á fet fer é ha pagat en Bernat Coscoyl prevere del seu propri; lo qual fo I dels beneficiats en la Seu present en los benifets de les candeles, per lo dit Senyor Bisbe instituits. Les animes dels quals hagen bon pos é bon remey. Amen. 

Bien claro se dice aquí que este sepulcro no se labró en la época de la muerte del Obispo, y bien lo indican las labores y gusto de su construcción y el carácter del letrero, que todo es algo posterior y debemos tenerlo por obra de la mitad del siglo XIV, o poco más en que vivía ese beneficiado Bernardo Coscoll, que lo costeó todo, del cual hallamos que en 1385 fundó también otro beneficio en el altar de San Mateo, que es donde estaba el uno de los instituidos por Torrelles. Consta del libro de Cabreos de los beneficios antiguos.

Aunque me había propuesto no interrumpir mi narración para impugnar las fábulas que se han ingerido en la historia de esta iglesia, sin embargo, yo que soy el autor de esta ley, me dispenso a mí mismo por esta vez para deshacer la equivocación con que todos los historiadores de este país han dicho que este Obispo había sido fraile Dominico, y de los primeros que tomaron el hábito en el convento de esta ciudad de manos del venerable padre fray Miguel de Fabra a pocos días de su conquista. Hágolo esto con tanto mayor gusto porque soy individuo de esa misma orden, que no necesita de adornos postizos y mucho menos falsos. Los que afirman un hecho deben alegar pruebas positivas de él, a diferencia de los que lo impugnan, que pueden hacerlo con argumentos negativos. En este caso nos hallamos ahora. Sepamos en qué se fundan los que sostienen que este primer Obispo fue fraile Dominico. De todo lo que he leído y oído sobre esto resulta que no hay más que dos pruebas: primera, la tradición; segunda, la costumbre que el Rey Don Jaime I tenía de nombrar para Obispos de las iglesias que conquistaba a los frailes Dominicos. La tradición acerca de este punto es muy reciente y fundada principalmente en la opinión del que pintó la serie de Obispos en el salón de palacio: obra cuando más de principios del siglo XVII, donde no se dijo de dónde se sacó esta especie, ni nos queda impreso manuscrito, escritura, sepulcro, crónica, ni ningún género de monumento en que se lea tal cosa, como diré después. Así que ¿en qué clase pondremos esta que llaman tradición, estando tan desnuda de todo apoyo? No lo está menos la segunda de dichas pruebas. Alégala Mut con mucha formalidad sin acordarse que en su misma tierra el primer Obispo que nombró el Rey Conquistador, y a quien dirigió la dotación de la nueva catedral, no fue fraile Dominico, sino Benedictino, Abad de San Feliu de Guixols, como ya se dijo. Vista la insubsistencia de los apoyos de esta opinión, veamos los argumentos que hay en contra: 

1.° El P. Marsilio, escribiendo la historia de esta isla, acota muchas circunstancias pequeñas de su conquista, de que le informó Fr. Arnaldo de Castellvell, que después de haberse hallado en ella como soldado, se hizo religioso Dominico. Con referencia a este testigo cuenta algunas cosas del famoso y venerable varón Fr. Miguel de Fabra, y otras de no poco honor a mi orden. Mas de esta que era tan notable, no hay una palabra en todo el libro.

2.° En la inscripción sepulcral que ya vimos no se expresa semejante circunstancia, que cierto no debieran ignorar cuando se escribió, ni tampoco omitir en un tiempo en que se hallaba tan autorizado y apreciado el estado regular, como consta de otros documentos de entonces.

3.° A centenares se hallan en el archivo de la catedral escrituras originales o copias de ellas, en que de una manera o de otra se nombra el Obispo Raimundo, y como ya se dijo en el archivo de mi convento hay firmas de su mano. Mas en ninguno de estos documentos se le intitula frater; luego no lo era. Algunas personas graves de esta ciudad han querido soltarme este argumento, diciendo que en aquel tiempo no usaban del título de frater los Obispos regulares. En lo cual manifiestan que no saben mucho de la historia de otras provincias. Porque muy cierto es y cosa demostrable que Fr. Andrés de Albalat, Obispo de Valencia, Fr. Pedro Centelles, de Barcelona, Fr. Guillermo Barberá, de Lérida, Fr. Berenguer de Castellbisbal, de Gerona, todos Dominicanos y coetáneos a nuestro Raimundo, siempre se intitularon frater, sin omitir jamás este dictado en ninguna especie de documentos. 

4.° El Maestro Diago en la Historia de la provincia de Aragón, orden de Predicadores, en el catálogo de Obispos hijos de ella, no cuenta a este Raimundo. Dameto extrañó este silencio, más yo no, porque sé que

Diago sabía más que Dameto, y que aunque hablando en el cuerpo de la obra del convento de Mallorca, pareció admitir esta fábula tal cual se la escribirían de aquí, enmendo después ese yerro callando el nombre del Obispo en la serie de los indubitables Dominicos, que imprimió en los pliegos que los impresores llaman de principios.

Si estas razones merecen alguna consideración, y si de ellas se deduce lo que yo digo, que el Obispo Raimundo no fue fraile Dominico, júzguenlo los imparciales. Le sucedió

Pedro de Morella, a quien los latinos de aquel tiempo en cuantas escrituras he visto llaman de Muredine. Y como este nombre es femenino, es claro que nuestro Obispo no pudo apellidarse Morey ni Morell, como algunos dicen; y que con más propiedad le apellidan de Morella el libro antiguo de aniversarios, y de Morea el Cartoral intitulado de la cadena; aunque en ambos documentos se sigue la costumbre del país, que suprime o convierte la ll en y en medio y fin de dicción, diciendo pareya y parea en vez de parella, y uy en vez de ull. Más es, que en los registros del archivo real del año 1313 hallo este mismo apellido escrito Moreyla, que era como expresaban entonces la ll doble,  como en conseyl por consell. Y así no queda duda en que su apellido es Morella. No quiero omitir la noticia de que en el año 1249 a 29 de octubre suena un Petrus de Muredine miles, haciendo un reconocimiento al Obispo Raimundo de las dos partes del diezmo que percibía en feudo de esta iglesia in pane, vino et oleo, y de la mitad de los otros frutos en sus alquerías de Canarossa. Digo que no he querido callar esto, por si otro más feliz que yo averigua que esta era la misma persona de nuestro Obispo. La escritura está en el Reg. de Morella.

Lo que consta de cierto es que era ya Arcediano de esta iglesia en 1259, cuando se extendió la escritura de su primera ordinación. En 1261 y siguiente le veo también llamado Prepósito (Lib. amarillo, fol. 177). 

Este Prelado fue electo por el Capítulo, y la primera memoria que hay de él, ya le supone electo, y es el breve de Clemente IV, fecho en Viterbo a 25 de septiembre, año II de su pontificado, que es el de 1266, por el cual concede a Arnaldo de Gualba, su capellán y Arcediano de Vique, el arcedianato, canonicato y prepositura que obtenía dilectus filius P. Maioricensis, electus in Maioricensi ecclesia promotionis suae tempore. El ejecutor de estas letras Apostólicas fue Antiquus, Prior de Santa Eulalia del campo de Barcelona, quien las comunicó a esta iglesia día 9 de diciembre del mismo año. (Original en el archivo de la catedral). Llámale el Papa solamente electus. Pero le confirmó y consagró muy pronto, es a saber a 12 de octubre inmediato (Registro de Morella). A 15 de marzo del año siguiente 1267 ya dio el nuevo Obispo poderes al sucesor en su arcedianato para que se presentase ante el Precentor de Barcelona a justificar la exención de su iglesia de la jurisdicción del Arzobispo Tarraconense: cosa de que ya se dijo en los correos anteriores. En esta misma independencia le confirmó el Papa, concediéndole quod a nullo Praelato possit circumveniri. Otras dos gracias particulares le otorgó; una que pudiese dar comisión a un simple presbítero para reconciliar las iglesias violadas: y otra que pudiese predicar en cualquiera diócesi la palabra de Dios, sin necesidad de pedir permiso al diocesano. Ambos breves son del año 1268 y van copiados (a: Ap. núm. XXII.). Del mismo año 1268 y del día 10 de septiembre es el breve con que dicho Papa le dio facultad para absolver a sus diocesanos qui fuerunt cum Manfredo olim Principe Tarentinae civitatis (Reg. citado).

De mayor importancia fueron las letras Apostólicas del mismo año, dirigidas al Rey Don Jaime de Mallorca para que entregase a la iglesia la décima de todos los frutos por entero, puesto que la retención de las dos terceras partes de ella que se reservó el Rey de Aragón su padre en la concordia que hizo con el Obispo antecesor en 1238, no había sido, ni podía ser aprobada por el Papa. Va copia de este documento (b: Ap. núm. XXIII.).

En 1269 le hizo el debido reconocimiento Fr. Juan de Lombardía, de la orden de San Agustín, que se intitula Vicario de la misma en los dominios del Rey de Aragón por sí y por el convento de su orden de Formentera; y en señal de obediencia pidió al Obispo que le bendijese unos corporales, lo cual él hizo en el momento (Reg. de Morella).

En el Cartoral de la cadena queda el estatuto que hizo con su Capítulo a 13 de diciembre de 1270, para que pudiesen ir a los estudios generales dos de los canónigos de esta iglesia, contándolos como presentes para la percepción de sus prebendas todo el tiempo que estuviesen ausentes con este motivo. Habíale dado licencia para esto hacía mucho tiempo el Papa Clemente IV con su breve de 20 de octubre, año II de su pontificado (1266). Este sabio estatuto se amplió años adelante. Allí mismo, y con más extensión en el libro de Cabreos de los beneficios de esta iglesia, podrá verse la institución de una capellanía y varias ordinaciones que hizo en la capilla de Todos Santos, que él mandó construir en el cementerio. Fue así que el Obispo Raimundo dejó dos prebendas de esta catedral sin destino alguno, para que lo diesen a su arbitrio el Obispo y Capítulo; las cuales en tiempo del mismo antecesor quedaron aplicadas, una para los gastos comunes de la iglesia, y la otra a Arnaldo de Torrelles. Pues ahora nuestro Obispo adjudicó esta segunda prebenda a dicha capilla, fundando en ella una capellanía para sufragio de los Obispos y canónigos pasados, presentes y venideros. Igualmente mandó que en las primeras vísperas de Todos Santos, al comenzar el cántico Magnificat, fuese todo el clero a dicha capilla en procesión, y allí concluyese el oficio, según costumbre: que de la dedicación de dicha capilla se hiciese fiesta particular con octava de nueve antífonas y tres lecciones, y de nueve lecciones en el día octavo: que el capellán, concluidas las completas de Todos Santos, dijese en ella los maitines, y al día siguiente la misa matutinal, etc. Cosas que se practicaban todavía a principios del siglo XIV, como se ve en la Consueta de esta iglesia, donde está notada la fiesta de dicha dedicación en el día 10 de noviembre. También ordenó quod corpus defuncti, quod sepeliri debeat in claustro vel cimiterio Sedis, aportetur, ad dictam capellam; et ibi ante altare, cantata aña. Subvenite, ab ebdomedario absolvatur.

Más trascendental es otro estatuto del año 1276, en que se mandó quod nullus amodo in canonicum Sedis Maioricen. recipiatur, qui curam habeat animarum, vel iam habeat canoniam, nisi dictam curam haberet in insula Maioricarum; et tunc ipso tali recepto in canonicum, statim vacet ipso iure et ipso facto ecclesia quam habebat, quae alii conferatur. Esta sabia ordinación, que tanto honra la memoria de este Obispo y de su Capítulo, estuvo sujeta a varias alteraciones, hasta que a fines del siglo XIV la revocaron del todo, porque la facilidad con que los Papas concedían estos canonicatos a los que ya tenían otros dos o tres, les ponía en la precisión de no cumplir esta constitución que habían jurado. Asimismo, como por la muerte de los canónigos antiguos hubiese alguna duda sobre los canonicatos que debían ser presbiterales, diaconiles y subdiaconiles, hizo este mismo año, con su Capítulo, el arreglo correspondiente, para cuando fuesen vacando los actuales poseedores de estas prebendas. Y se resolvió además que solos los canónigos de esta iglesia obtuviesen el arcedianato, la sacristía, la precentoría, las preposituras, la subsacristía y la subprecentoría de la misma, del mismo modo que se hallaba ordenado respecto de las capellanías instituidas por el Obispo Raimundo.

A este mismo año 1276 pertenece el breve de Clemente IV, fecho en Anagnia a 9 de septiembre del año XII de su pontificado, en que concedió que en esta iglesia puedan celebrarse los divinos oficios a puertas cerradas en tiempo de entredicho. Dos años después, a 12 de septiembre, confirmó la concesión hecha por el Obispo Raimundo a los frailes Predicadores de esta ciudad sobre entierros, añadiendo ahora, de acuerdo con el clero de su diócesi, que los curas no estuviesen obligados a llevar los cadáveres a su convento, en atención a que, por ocuparse en esto, podían hacer falta a otras obligaciones más urgentes de su ministerio. En virtud de estos concordatos han estado dichos religiosos en posesión de traer a su iglesia los cadáveres con cruz alta, sin asociación de la parroquial, hasta que en el presente año, a 7 de enero, se abrió el cementerio extramuros, en cuyo establecimiento se manda que vaya a los entierros la parroquia correspondiente. En la escritura que decía, que está original en el archivo de dicho convento, se conserva pendiente el sello de cera de este Obispo, en el cual no hay más que la figura episcopal acostumbrada. Y por si pudiera haber alguna duda en ello, tuvo cuidado él mismo de expresar en la escritura que era inmediato sucesor de Raimundo. Esta es la última memoria que nos queda del gobierno de este Prelado. Tampoco la hay ya más de su existencia; pero debió vivir hasta fin del año 1282, pues su sucesor, electo por el Capítulo (en lo cual no dejarían pasar mucho tiempo), fue ya confirmado por el Papa a 23 de marzo de 1283. Algún tiempo era necesario para esto, y más para que viniese de Roma la noticia de su muerte; porque efectivamente allá murió, como nos dice el libro antiguo de aniversarios, escrito a mitad del siglo XIV, que nota el lugar donde están enterrados sus fundadores, para que sobre sus sepulcros se cantase el responso de costumbre. Pues en el aniversario de nuestro Obispo, del día 1.° de septiembre (que acaso fue el de su muerte); dice: e no iau assi, que en Roma iau. 

Sábese que en su último testamento nombró por albaceas a Ponce de Jardí, su sucesor en el obispado, y a Raimundo de Adarro, a los cuales mandó que, pagadas sus deudas, destinasen todo el resto de sus bienes en utilidad de la iglesia catedral. En su consecuencia estos testamentarios instituyeron en ella una capellanía y un aniversario con la dotación correspondiente, añadiendo la de dos cirios y una lámpara que ardiesen continuamente. Asimismo fundaron un aniversario por el alma de Ferrer de Torrelles, hermano del primer Obispo Raimundo, y otro por Guilermo de Miravalls, Precentor de esta iglesia. Todo esto consta de la escritura que otorgaron dichos albaceas, IIII. kal. martii del año 1283, que es el 26 de febrero de nuestro 1284. Cuenta que es preciso seguir en esto; porque, a más de ser esta la regla general, en esto tenemos que el Obispo Ponce ya se intitula Obispo en dicha institución, y cierto no lo era en febrero de 1283, como se verá luego. La escritura he visto en un libro de Cabreos de los beneficios antiguos de la catedral.

Ya dije en mis cartas anteriores el beneficio que proporcionó este Obispo a su iglesia y a la historia, mandando a su notario P. Arnaldo que registrase en un libro todos los privilegios pontificios y reales, y además las donaciones de varios particulares hechas a la iglesia hasta su tiempo. Lo cual, ejecutado sólo aún por modo de extracto, como está, me ha servido de grande alivio por las noticias que sólo allí se nos han conservado. Sucediole

Ponce de Jardí (de Jardino), Arcediano de esta iglesia, electo por el Capítulo por compromiso que hicieron en el Prepósito Juan y en el canónigo Bernardo. Esto, y no más, consta del electo y de la elección. 

En la bula que se conserva aquí original, con que el Papa Martino IV confirmó al nuevo Obispo como sucesor de Pedro, mandándole también consagrar. Su data es de Civitavechia (: Civitaveccia) 23 de marzo del año III de su pontificado, que es el de 1283.

Muy pronto estuvo este Prelado en disposición de gobernar su iglesia, pues en el octubre inmediato ya hizo con su Capítulo varias ordinaciones, que están copiadas en el Cartoral de la cadena; y en una de ellas, que es de 9 de ese mes y año, se dispuso que el Sacrista menor diese cada día tres palmos de candela al Obispo, y uno a cada uno de los tres Prelados, esto es, Arcediano, Precentor y Sacrista: ad valorem, dice, et consuetudinem ac modum Prelatorum Sedis Barchinonae; y que en los días de Todos Santos y de Navidad se diesen al Obispo tres libras de dicha candela y una a cada canónigo. Esta candela, que no era la de Andalucía, sino la que llamamos cerillo en Castilla, sirve para darnos luz de que real y verdaderamente nuestro Obispo, y no otro, como algunos sueñan, sucedió, y muy pronto, al anterior.

Por estos tiempos, luego que murió en 1285 el Rey Don Pedro de Aragón Don Alfonso III, sucesor en la corona, continuando la empresa que aquel tenía comenzada contra la isla de Menorca, logró apoderarse de ella día 17 de enero de 1287. No debemos dudar que la alegría que esto debió causar a los Mallorquines, anduvo mezclada con los sinsabores que su Rey Don Jaime sufría de parte de su tío el de Aragón, que le despojó de este reino a fuerza de armas. Época fue esta en que los vasallos fieles a aquel Rey experimentaron algunos castigos, entre los cuales se cuentan los de los llamados mártires Cabrit y Bassa, de que hablaré otro día.

Mas nuestro Prelado, desentendiéndose de negocios temporales, sólo atendió al bien espiritual de los Menorquines, recién conquistados; y así, dirigiéndose a la Silla Apostólica, obtuvo del Papa Bonifacio VIII la bula que va copiada (a: Ap. núm. XXIV.), fecha en Anagnia a 18 de julio, año I de su pontificado, que es el de 1295; en la cual, no estando determinado a qué diócesi debía pertenecer la isla de Menorca, dice que la adjudica y agrega a la de Mallorca, para que nuestro Obispo, a quien nombra, y sus sucesores, ejerzan en aquel territorio la jurisdicción episcopal. Así se ha verificado desde entonces hasta nuestros días, en que se erigió la Silla episcopal de Menorca, como se dirá en su lugar.

La escasez de documentos de estos años nos ha dejado muy pocas memorias de nuestro Obispo. Mas las primeras que siguen del año 1298, no sólo son importantes para la disciplina, sino que nos descubren su carácter benigno, y más prudente que benigno, que procuró amoldar el gobierno de este clero al que regía en el de la provincia Tarraconense. 

En el Cartoral de la cadena queda el estatuto que hizo con el Capítulo, moderando las penas establecidas por sus predecesores en varios sínodos, que siempre le habían parecido duras y rígidas, y a cuya imposición se había resistido siendo Arcediano, las cuales, desde que le hicieron Obispo, quiso moderar, y no lo logró hasta ahora por sus muchos trabajos y ocupaciones. Manda, pues, que el Prelado, canónigo, cura o beneficiado que se ausente de la isla sin licencia del Obispo, no por eso pierda el beneficio, como estaba dispuesto, sino que sea tratado como dispone el derecho común. También quitó la pena de excomunión impuesta a los clérigos que jugasen ad taxillos, o que tuviesen públicamente concubinas: ordenando que los que jugaban en secreto pagasen diez sueldos, y los que en público estuviesen al arbitrio del juez: y los concubinarios pagasen diez libras, quedando a la discreción del juez los que no se corrigiesen en este crimen. De esto se dirá más por extenso, cuando trate de los sínodos. Por ahora sólo advierto que la sustitución de penas pecuniarias a las eclesiásticas estaba ya dispuesta en los concilios provinciales de Tarragona celebrados en la última mitad del siglo XIII. Otras varias cosas ordena en ese mismo estatuto acerca del gobierno interior de esta catedral, que podrá ver allí el que desee enterarse en estos pormenores, que sirven poco o nada a la historia general. Mas no quiero omitir una constitución de ese mismo año, y aun la he copiado (a: Ap. núm. XXV.), sobre que ningún clérigo sea padrino en el bautismo fuera de la tercera línea de su parentela. Allá lo verás. Del año siguiente 1299, a 8 de junio nos queda aquí una escritura original en que el Rey Don Jaime de Mallorca concede al Obispo el libre uso y propiedad de la alquería llamada de Almadra en la parroquia de Alerone (Alaró). También es del mismo año otra escritura original en que el Obispo, junto con el Capítulo, arregló y fijó lo que debía pagar el poseedor de uno de los beneficios fundados por el Infante Don Pedro de Portugal, por razón de su aniversario. En ella firman de su mano todos los canónigos; mas por el Obispo firma su Arcediano de esta manera: Ego Bg. de Cunillis Archidiaconus Maioricen. et procurator dicti Domini Episcopi, ad subscribendum in instrumentis publicis, pro eodem Domino Episcopo et me subscribo. Está entre las inútiles del archivo.

Por último, del mismo a 25 de diciembre queda la constitución con que abolió y suprimió el oficio de la subsacristía (que ya entonces llamaban tesorería), erigiendo y dotando de sus rentas el deanato. De esto ya se dijo, como también de lo que mandó el año siguiente 1300 a 13 de mayo, sobre que los Prepósitos que ya eran cuatro, no firmasen en los instrumentos de enagenaciones de los bienes de la iglesia, sino que esto lo hiciese sólo el procurador que nombrase el Capítulo. Esta es la última noticia que nos queda de su gobierno y presencia en esta iglesia. Después de la cual desaparece este Prelado, y el año siguiente 1301, a 9 de junio le hallamos en Bitem, junto a Tortosa, nombrando por coadjutor suyo al Obispo de aquella Silla. Era este Arnaldo de Jardí, hermano de nuestro Ponce, y ambos, sin duda naturales de aquel obispado, y acaso de la misma villa de Bitem. Lo cierto es que dicho día escribió a este Capítulo la carta adjunta (a: Ap. núm. XXVI.), en que después de pintar sus achaques con gran pompa de palabras les participa como había elegido por su coadjutor en lo temporal y espiritual de la iglesia de Mallorca a Arnaldo, Obispo de Tortosa: esperando, para que esto se verificase el consentimiento de nuestro Capítulo. Diolo este a 16 del mismo mes, extendiendo de ello una escritura que existe aquí original, en la cual se expresa que dichos Obispos eran hermanos. Firman en ella los canónigos Berenguer de Cunillis, Arcediano: Bartolomé Valentín, Deán: Ferrer Terrio, Precentor: A. de Turri, canónigo y Prepósito: Ponce de Bosch, canónigo, y Juan Burguny, canónigo.

Por rara que parezca esta coadjutoría dispuesta con propia autoridad, todavía me lo parece a mí más el que el Obispo de Tortosa dejando su iglesia, se viniese a entender en el gobierno de estotra. Que si bien la caridad episcopal puede en casos muy extraños extender sus brazos a otras iglesias; mas en este tiempo estaba ya eso desusado y para suplir la ausencia y enfermedad de los Obispos había ya reglas establecidas en el derecho. En efecto, Arnaldo, Obispo de Tortosa, vino acá donde estaba el jueves infra octava de San Andrés del mismo año 1301, con cuya fecha el Rey Don Jaime de Mallorca, estando en la villa de Muro, mandó al cura de Santa Eulalia, que en la queja que tenía contra cierto Judío de la aljama de esta ciudad, compareciese ante el Obispo de Tortosa, para que le hiciese justicia. Está la carta en el registro correspondiente del archivo real. Y en otros documentos que he visto allí mismo, no sólo se llama Obispo de Tortosa, sino que añade el de coadjutor de Don Ponce in spiritual. et temporal. Estaba también aquí a 11 de mayo de 1302, día en que hallándose en el palacio episcopal aprobó la pensión (taxam) que el Capítulo señaló a su Obispo Ponce de mil libras regalium Maioricensium minutorum para sus gastos y la manutención de su familia, reservándole además todos los derechos episcopales; mas la distribución de estas mil libras entre el Obispo y su familia la encargan al coadjutor Arnaldo. 

Y añade el Capítulo que aunque Arnaldo pudo señalar por sí esta pensión, no lo quiso hacer por delicadeza, y porque no le censurasen de muy inclinado a los intereses de su hermano. Existe aquí esta escritura original, en la cual se puso el sello del Capítulo y el del Obispo Arnaldo; de los cuales sólo queda el último, y en él, a pesar de lo gastado de su letrero, claramente se lee Dertusen. Y para que no quede duda alguna en la verdad de esta coadjutoría, entre las escrituras inútiles que antes decía de este archivo, hay una original del día siguiente 12 de mayo de ese año 1302, en la cual Arnaldo arregla lo que debían percibir los poseedores de dos beneficios fundados en esta iglesia por su hermano Ponce, cuya dotación había fijado en moneda de reales de Valencia, la cual mandó el Rey en 1300, que fuese reducida a la de reales de Mallorca, acuñados ese año. En fin, dispone esto, y firma de su puño de este modo: Ego Arnaldus Dertusensis Episcopus, Reverendi Patris Domini Poncii, Maioricensis Episcopi in spiritualibus et temporalibus coadiutor subscribo. 

Debió regresar muy pronto a Tortosa este Obispo coadjutor, después de haber dispuesto estas cosas en beneficio de su hermano, y acaso algunas otras en el de esta iglesia; porque es cierto que estaba en aquella ciudad a 29 de septiembre del mismo año 1302, cuando erigió en parroquia la capilla de San Nicolás de esta ciudad que era del distrito de la de Santa Eulalia, señalándole su territorio separado. De esta escritura existe en esta catedral un traslado auténtico hecho a 12 de octubre de 1304, cuando ya era muerto nuestro Obispo Ponce.

Del tiempo de esta coadjutoría es también la constitución, de que ya hablé, hecha por el Capítulo a 17 de octubre de 1302, por la cual se dio el último golpe a las preposituras, quitando a sus poseedores toda la acción que tenían en la inversión de los bienes de esta iglesia, la cual se confió al procurador del Capítulo.

Dentro de poco debió morir nuestro Obispo Ponce, pues a 9 de octubre del año siguiente 1303, encuentro ya vacante la Sede, cuando el Capítulo dispuso que si viniese a esta isla algún Obispo, u otro personaje puesto en alta dignidad (que anteriormente hubiese sido canónigo de esta iglesia), percibiese la porción canonical durante su permanencia en ella, sin concederle entrada en el coro ni en el Capítulo.

Acaso estaba también vacante la Sede día 27 de junio de 1303, que es la fecha de la carta con que el Rey mandó que se diese sepultura eclesiástica a los cadáveres de ciertos Judíos que por el crimen de monederos falsos habían sido arrastrados a las colas de caballos, y al tiempo de conducirlos a la horca habían pedido y obtenido el bautismo. 

Y esto dice que lo otorga a instancias venerabilis Archi. et fratris P. Marcili, de ordine Praedicatorum. (Arch. real). Este venerabilis Archi. era sin duda el Arcediano de esta catedral, que sería el Vicario general Sede vacante; y si no lo era así, sería otra cosa; que el punto no merece empeñarse.

Otra curiosidad hallo del tiempo de esta vacante, y es la facultad que el Capítulo, por medio de sus Vicarios generales Bartolomé Valenti, Deán, y Ferrer Terrio, Precentor, dio al Obispo de Barcelona, Ponce de Gualba, para ejercer los pontificales en esta diócesi. La escritura está fecha en Mallorca en el palacio episcopal día 3 de octubre de ese mismo año 1303; en la cual dicho Prelado, como aceptante, firma de su mano, porque efectivamente estaba aquí, y aun yo sospecho si sería natural de esta isla o se educaría en ella, pues el Capítulo le dice entre otras cosas: Cogitantes etiam illud piae dilectionis affectum, quo nostra iam dicta Maioricensis ecclesia vobis a primis pueritiae vestrae cunabulis extitit quantum potuit liberalis. Lo cierto es que había sido Sacrista de esta iglesia desde antes de 1299, y ya en el artículo anterior vimos que el Arcediano de esta iglesia era Arnaldo de Gualba, y a los diez o doce años, entrado el siglo XIV, hallo aquí un canónigo llamado Geraldo de Gualba, sin contar otras personas que suenan acá por entonces con ese mismo apellido. Volviendo al Obispo difunto no nos consta el lugar de su muerte; y si fue en Bitem, como es de presumir, debieron traer su cadáver a esta catedral, donde efectivamente se depositó junto al altar de Santa Catalina, como dice el libro antiguo de aniversarios al día 29 de agosto: autoridad que no puede ponerse en duda, siendo tanta su antigüedad y tan cercana al tiempo de que vamos hablando. Mas la capilla de Santa Catalina ya no existe en esta iglesia, que es la que ahora sirve de entrada a la sacristía, en la cual consta que antes había, entrando a la derecha un altar con dicha advocación. Y si esto es así, como parece por lo visto en los libros de fábrica, el sepulcro de nuestro Obispo o estará desconocido en el pavimento, lo que no creo, o será el que hay levantado en la pared sin letrero ni adorno ninguno, y sólo en su cubierta pintado un gran escudo con una torre por insignia.

Fue su sucesor

Guillermo de Vilanova. Sabemos de este Prelado que había sido canónigo de Barcelona y prepósito o rector de la iglesia de Santa María de Menorca, esto es, de su capital Ciudadela; y que siéndolo, el Rey Don Jaime II de Aragón concedió a aquella parroquia la tercera parte de la décima, así por su devoción, como intuitu personae dilecti nostri Guillermi de Villanova, canonici Barchinon., et praepositi seu rectoris eiusdem ecclesiae. Esto dice la escritura original que está en el archivo de esta catedral, fecha a 27 de mayo de 1298. Y que esta sea la misma persona del Obispo, consta de la bula del Papa San Benedicto XI, con la cual confirmó su elección. Porque dice en ella el Papa que habiendo vacado la Sede de Mallorca por muerte del Obispo Ponce, el Capítulo procedió a elegir el sucesor por compromiso que hicieron en el Precentor y Deán y en Pedro de Torrella, canónigo de la misma iglesia, y que estos tres eligieron a Guillermo, canónigo de Barcelona, publicaron según costumbre la elección y enviaron su decreto al Papa y sus procuradores también pidiendo la confirmación, compareciendo personalmente el electo; y que examinado este negocio por P., Obispo Sabinense, y por los Cardenales Gentil, tit. S. Martini in montibus, y Jaime, tit. S. Georgii ad velum aureum se halló que el Obispo electo había obtenido la iglesia parroquial de Menorca de mano de un lego excomulgado, sobre lo cual había ya conseguido una dispensa de la Silla Apostólica; pero que constando ahora de su doctrina y buenas costumbres, absolviéndole de nuevo para remover cualquiera duda y habilitándole para la percepción de aquellos frutos, de modo que nada pudiese objetársele en adelante, había tenido a bien confirmar dicha elección y consagrar al electo por su propia mano. Esto es lo que contiene la bula de San Benedicto XI, fecha a 13 de enero, año 1.° de su pontificado, que es el de 1304. Va copiada del original que existe aquí (a: Ap. núm. XXVII.), aunque sólo sea para probar lo que he dicho, y que este Capítulo no salió a escoger Prelado de fuera de la diócesi. Vino luego Guillermo a su iglesia, donde ya le hallamos a 31 de julio del mismo año 1304, como consta de una carta del Rey Don Jaime de Mallorca, dirigida a su Lugarteniente en esta isla, en que le manda que trate con el Obispo sobre la causa criminal de un clérigo tonsurado.

(Archivo real, reg. de cartas reales). El año siguiente 1305 a 4 de febrero clasificó de nuevo con su Capítulo los canonicatos presbiterales, diaconiles y subdiaconiles, señalando los que debían serlo perpetuamente, cuando vacasen los actuales canónigos. En el mismo año a 4 de agosto confirmó las Constituciones sinodales de sus predecesores (que no existen), en las cuales se da licencia a los clérigos para testar libremente de sus bienes. Estos estatutos se hallan en el libro de la cadena, como también la confirmación de otro establecido por el Obispo Pedro de Morella, en que concedió a los canónigos la facultad de testar de los bienes que les correspondían durante un año después de su muerte, praeter fructus praebendae, dice, et laudimia. (V. Reg. de Morella). Yo no sé a qué aludiría la carta que el sobredicho Rey escribió a su Lugarteniente Dalmacio de Garriga desde Perpiñán a 4 de abril del mismo año 1305, la cual está en el citado Reg. real. Mas aunque no sepamos lo que dio motivo a su contenido, no por eso lo dejaré de copiar aquí: "Mandamus vobis (le dice) quod adeatis venerabilem Episcopum Maioricensem propter factum Judeorum, et propter casum novum, qui cum scandalo nuper contigit; et ne possit alias evenire, quod una vobiscum statuat D. Episcopus quod de cetero nullus clericus intret callum (: Call) vel domos Judeorum, pro sacramentis talibus exhibendis in tempore necessitatis, nisi primo secum habeat unum hominem Locumtenentis, vel Baiuli Maioricarum vel sui Locumtenentis; et sic associatus cum illis intret et faciat suum officium, quociens necessitas ingruerit. = Item statuat una vobiscum et ordinet quod nullus sepeliatur recenter in carneriis, in quocumque carnerio de Maioricis, sed in terra; et cum fuerit corpus incineratum, poterit in carnerio vel sarcofago collocari; et hoc fit propter corruptionem et foetorem (: hedor), quae contingunt sanitati hominum evenire. = Et adhibeatis in hiis consilium juratorum. Et de hoc scribimus Episcopo supra dicto.”

Dos años después, como por disposición de Ponce su antecesor las distribuciones pecuniarias se diesen al clero en moneda melgorense (a), y esta estuviese tan desacreditada, que los cambistas no daban por cada libra de ella más que tres sueldos y medio de los reales de Mallorca, y por esta causa los domeros y demás beneficiados de la catedral padeciesen grandes necesidades, les concedió por gracia especial nuestro Obispo, junto con su Capítulo, que por cada libra de moneda melgorense se les diesen en cambio seis sueldos de dicha moneda mallorquina.

(a) En otras partes se ha explicado qué era esta moneda melgorense, cuyo nombre tuvo de los Condes Melgorenses, cuyo derecho en su fabricación pasó después a los Obispos de Magalona. En Ducange se verá la fama y curso de esta moneda, motivo por qué aquí era reconocida, etc.

Poco se sabe hasta ahora de lo que hubo en estas islas acerca del gran suceso de estos tiempos, que fue la extinción de los Templarios; que estando, como estaban también heredados en ellas, y teniendo casa de su orden en esta ciudad, es regular que llegase acá la proscripción que padecieron en la corona de Aragón; mayormente que uno de los que más movieron el ánimo de Don Jaime II de Aragón a confiscarles sus bienes, fue el Dominicano fray Romeo Çabruguera con las cartas que le escribió desde París, como ya dije desde Barcelona. Y siendo este religioso Mallorquín, no creo yo que quisiese dejar su país nativo manchado con la presencia de aquellos a quienes suponía autores y cómplices de crímenes tan horrendos; y tengo por verosímil que así él como el Papa Clemente V y el Rey de Francia escribirían y procurarían mover a la persecución al Rey Don Jaime de Mallorca, como movieron al de Aragón.

Lo que sí sé de cierto es que aquí sufrieron la misma proscripción que en todas partes. Y esto consta de los documentos publicados en el Viaje de Tortosa, donde se dijo que Juan Burgundi, Sacrista de estotra de Mallorca, fue encargado de averiguar los delitos de los Templarios de acá, y que por esta razón se le mandaron pagar ciertas dietas (a: Ap. núm. XXVIII.). También me acuerdo que entre los Templarios que quedaron ya suprimidos, y a quienes se les mandó pagar la cuota señalada de sus bienes, se cuentan los de Mallorca. Además de eso en los Registros de este archivo real hallo que Pedro de Bellcastell, Lugarteniente del Rey de Mallorca, nombró a Bernardo Saig (Sagionis) (sayón) administrador general de los bienes que tenían los Templarios en Pollenza y en la alquería de Vernisa a tempore quo dicti Templarii fuerunt capti et detenti. La fecha es de 10 de mayo de 1308. Con lo cual se entiende que aquí fueron presos al mismo tiempo que en Cataluña, es a saber en 1307. 

Es regular que o por ser este reino feudatario del de Aragón, o por otros medios, los Templarios de aquí quedasen sujetos a la sentencia y disposición del concilio Tarraconense de 1312. Lo que únicamente puedo decir relativo a nuestro Obispo es que el Papa Clemente V le convocó al concilio Vienense, y no pudiendo hallarse el Prelado al principio de su celebración, dio sus poderes para ello a Simón de Saxano, canónigo de Gerona, día 14 de mayo de 1311. Y esta noticia la hallé en el archivo de la catedral de Barcelona. Y si es que fue a aquel concilio no se detuvo en el viaje mucho tiempo, pues a mitad de 1313 se hallaba aquí, cuando escribió al Rey que mandase a su Lugarteniente dejar en libertad, y andar por toda la isla sin guardia, a los dos Templarios G. de Montanyans y A. Duyl de Molins. El Rey le contestó a 15 de junio desde Perpiñán: “Super expeditione duorum militum, qui fuerunt de ordine Templi, de quibus nos rogastis, non oportet ad alium recurrere, nisi ad vos ipsum; cum Dominus Papa, ad nostri instantiam, vobis comisserit expeditionem negotii Templariorum, qui sunt in Maioricis, prout in rescripto Apostolico videbitis contineri.” Sin duda le envió entonces el rescripto que le daba esa facultad, en virtud del cual dichos Templarios fueron puestos en libertad. Y esto es lo único que he hallado en los Registros de cartas reales de ese tiempo. 

A 19 de noviembre de 1313 puso nuestro Obispo en práctica el aumento de seis canonicatos sobre los doce que había, conforme lo tenía él resuelto con su Capítulo, en atención al aumento de las rentas y al decoro de la iglesia. El Papa le había autorizado para esto por su breve de 21 de mayo, año VIII de su pontificado, concediéndole además con la misma fecha que pudiese dar por sí solo uno de dichos canonicatos a Vidal de Vilanova, (que debía ser su pariente), consejero y familiar del Rey de Aragón; dispensando para este solo caso la antiquísima costumbre de proveer los canonicatos el Obispo y Capítulo juntos. Existen ambos breves originales.

En el libro de la cadena está la constitución que hizo en el mismo año anulando la antigua hecha por su antecesor Pedro de Morella en 1276, por la cual se prohibió que fuese admitido en canónigo de esta iglesia el que obtuviese canonicato, o cura de almas, en otra cualquiera. Nuestro Prelado revocó esta constitución, tachándola de inicua, superflua, y que hacía singularizar a esta iglesia. En los dos últimos extremos tenía sobrada razón. Sin embargo más adelante, a 25 de septiembre de 1316, la renovó y restableció a su antiguo vigor; porque la experiencia de esos pocos años bastó para que conociese cuán indecente era que la iglesia quedase defraudada de la asistencia de los canónigos, como se explica él mismo. Esta constitución, aunque revocada y abolida del todo años adelante, puede mirarse como la semilla del célebre indulto que ahora disfruta esta iglesia, desde los tiempos de San Pío V, de que sólo obtengan sus prebendas los regnícolas. 

Muerto ya Don Jaime, Rey de Mallorca, su hijo y sucesor Don Sancho hizo varias concordias con nuestro Obispo sobre la percepción de décimas, y la jurisdicción que correspondía a la iglesia en los lugares de su señorío, y sobre otros muchos puntos, cuyas escrituras, en gran número, están todas fechas a 13 de septiembre de 1315, y se hallan copiadas en el Cartoral llamado libro amarillo. Mas como en el ramo de décimas no se hubiese hecho mención de la moneda de Mallorca, se hizo otra escriturá seis días después, en que el Rey mandó entregar al Obispo y su Capítulo la mitad del diezmo de la moneda que se acuñaba entonces y se acuñase en adelante, esto es, la mitad del producto que resultaba de su fábrica (medietatem decimae monetae, videlicet, comodi provenientis ex factione dictae monetae).

Cuando se entablaban y concertaban todos estos negocios de intereses y jurisdicciones, escribió el Tesorero real al Lugarteniente y Gobernador de Mallorca una carta reservada, fecha a 3 de junio de 1312, de quien quiero copiar algunas palabras, porque hacen a la historia secreta de aquel tiempo. Dícele así: “Del feit del Seyor Bisbe de Malorches vos responem, que tenim en bo que salvant totes vegades la honor et la juredictio del Senyor Rey, de la qual no le lexassets un punt de son dret a scient vostre, e estro lo Seyor Rey sie en Malorches, passats ab eyl com mils e pus planament porets; que hom es segons que par, que de poch *scsent (scient), es *molt volenters, axi com se vol; e creem que li esdevenga per defaliment de bon conseyl que no ha. Mas empero nol vos lexassets (lexarets) sobre cavalcar quant a la juredictio, sino axi com es ordonat, segons lo memorial que en Nicholau seu portà, estro sie determenat lo contrast qui es entre lo Seyor Rey e eyl. E dasso nous asteguessetz per menasses de vet, ni per altra cosa; que daytals menasses escampa hom...”

Si se hallasen algunas cartas reservadas del Obispo, Dios sabe cómo hablaría sobre este hecho. Volvamos a sus operaciones.

Del siguiente año 1313 es el estatuto de que los canónigos recibiesen dentro del año de su recepción el orden sacro que correspondía a su canonicato. En 1315, a 7 de marzo, escribió el Rey a su Lugarteniente mandándole recoger las quinientas libras con que el Obispo, junto con el Inquisidor Fr. Bernardo Guilla, habían multado a un mercader llamado Lope Xoqui, sobre el cual habían hecho inquisición, puesto, que como dice, aquel dinero debía aplicarse al fisco real. Sobre lo que añade que escribía al Obispo (Arch. real). 

Otra carta hay allí del mismo, en que participa al Obispo cómo había instituido una armada perpetua contra los Sarracenos que infestaban estas costas, a imitación de la cofradía del reino de Aragón, compuesta de los nobles y pudientes que contribuían anualmente a mantenerla siempre en pie. El Rey, que de pronto había dado mil libras, convocó a sus vasallos, e hizo que dos de cada clase examinase y notase (falta el plural) las rentas de los demás para fijar su contribución anual. En consecuencia de estas disposiciones exhorta al Obispo y clero, para que con los jurados contribuyan a tan santa obra; y que los feligreses mendicantes celebren misas por los contribuyentes, concediéndose las indulgencias oportunas al objeto. De esta armada perpetua dijo algo Mut; pero no las circunstancias que contiene esta carta, fecha a 11 de abril de 1316. Todavía suena Obispo a 14 de enero de 1318, en que el Papa Juan XXII le dirigió un rescripto, que he visto aquí original, y no extracto por ser de poca entidad; pero sí apunté la fecha, y en ella estoy seguro. Y esta es la última memoria del Obispo, que debió ya morir luego, teniendo, como tenía, sucesor el año siguiente. Ninguna circunstancia sabemos de su muerte; aun de la ignorancia en que estábamos de su entierro sólo nos saca el libro viejo de aniversarios, que hablando del de este Obispo en el día 2 de octubre, dice: e iau apres l'altar de Corpore Christi. Efectivamente, detrás de dicho altar, a un lado de su sacristía, hay un sepulcro de piedra común y de muy mala calidad, levantado en la pared, con figura antigua de Obispo, adornado de planeta cerrada y mitra pequeña, descansando los pies sobre un perro (símbolo de la vigilancia episcopal); mas no se ve letrero alguno, que acaso estará escondido entre los maderos que allí están clavados. Y mirándolo todo bien, tengo para mí que es el sepulcro de este Obispo. Sucediole

Fr. Raimundo de Corsaví (de Corsavino), religioso Dominico, de quien se ignoran muchas cosas, empezando por su patria. Bremond, en el Bullario de mi orden, le llama Aragonés; mas en Italia llamaban así a todos los naturales de la corona de Aragón; aunque este Obispo no era sino súbdito del Rey de Mallorca, como nacido en el Rosellón, según yo conjeturo, ya porque en el obispado de Elna, condado de Vallespir, había una parroquia de Santa María de Corsavino, cuyo rector he visto firmado en una escritura del siglo XIV, que se halla en el libro de la cadena (fol. 105), y cuya consagración en el año 1158 trae la Marca Hispan. (Ap. núm. CCCCXXIX), llamándola S. Martini de Curte Savini, ya porque entre los súbditos del Infante Don Sancho de Mallorca, que como tales asistieron al homenaje que él prestó en Gerona a Don Jaime II de Aragón, año 1302, se halló un Arnaldo de Corsavino, como se lee en Zurita (Lib. V., cap. 57). En el convento de mi orden de esta ciudad se cree que vistió el hábito en él. Cuán ajeno sea esto de la verdad, lo veremos luego. Sábese que su doctrina le elevó al cargo de Maestro del sacro palacio, y el presbítero Romano Catalani le cuenta entre los que lo fueron, aunque ignora la época. También ignoró el año en que fue hecho Obispo de Mallorca, y lo mismo Bremond (Bullar., tom. 2, pág. 4), y algunos otros, que dicen lo fue en 1281: equivocación bien clara para quien lea los artículos anteriores. Y aunque yo no me hallo en disposición de incurrir en tal anacronismo, confieso sin embargo que también ignoro cuándo comenzó acá su prelacía, ni si fue electo por el Capítulo o por el Papa, porque no queda documento alguno que lo diga. Sólo puedo asegurar que lo más pronto que comenzó su gobierno fue a fines del año 1318; pues en enero del mismo todavía vivía su antecesor. También aseguro que estaba aquí el día 9 de julio del año siguiente, en que junto con el Capítulo aumentó las prebendas canonicales de sesenta libras a ochenta y cinco; y esto en atención a lo caras que estaban en Mallorca las vituallas, y a que con este pretexto muchos se excusaban de residir en la isla. Existe el estatuto en el libro de la cadena, en el cual firma el Obispo frater Raymundus. También estaba aquí a 18 de octubre del mismo año, y firma del mismo modo en la aprobación que dio a la fundación de un beneficio que hizo un particular en el altar de Santa Ana de esta catedral. La escritura está en un libro de Cabreos de sus antiguos beneficios; y estas son las únicas memorias de su existencia y de su brevísimo gobierno: que no acabó, como comúnmente se dice, a principios de 1320, sino entrado ya el siguiente 1321. Lo cual inferirá cualquiera de la carta que el Rey Don Sancho escribía desde Perpiñán a 29 de marzo de ese año, a Dalmacio, Señor de Banyuls, su Lugarteniente en Mallorca: "Ceterisque, dice, manumissoribus venerabilis fratris Raimundi quondam Maioricensis Episcopi. Recepimus litteram vestram, per quam nobis significastis mortem dicti quondam Episcopi, de qua doluimus vehementer; sed quia nobis scripsistis quod perfecit omnia, ut verus et fidus Catholicus, fuit nobis consolationis medela.” Este modo de hablar indica que la muerte había sido reciente; y siendo la fecha de la carta del Rey de 29 de marzo de 1321, haciéndonos cargo del tiempo necesario, para que de aquí fuese la noticia a Perpiñán, sin impropiedad podemos asegurar que el Prelado murió en el mismo mes de marzo. También se infiere de aquí que falleció en Mallorca; mas no el lugar de su sepultura. Alguna particularidad de su testamento y de su vida nos descubre la misma carta, en la cual se dice, que pues el difunto encargaba que todas sus disposiciones se ejecutasen de acuerdo y voluntad del Rey, este cometía sus veces en el particular a dicho Dalmacio; y añade: "Et mandamus quatinus de bonis dicti quondam Episcopi retineatis vobis centum libras, quas idem Episcopus dare promisserat operi miradorii civitatis Maioricensis. Retineatis etiam vobis de bonis ipsius quinque millia solidorum, quae idem Episcopus habuerat, et sibi retinuerat de bonis venerabilis Guillermi, quondam Maioricensis Episcopi qui illa promisserat se daturum operi capitis ecclesiae B. Mariae Sedis Maioricensis; ut ipsae pecuniae quantitates in dictis operibus convertantur.” Sigue exhortando a la conclusión de dicha obra de la capilla mayor de la Seo, de lo cual se habló ya. Existe esta carta en el archivo real. Allí mismo hay otra, fecha a cinco días después (2 de abril), en que el Rey recomienda a dicho Lugarteniente la persona y derecho de un lector del convento de mi orden de Perpiñán, que dice así: 

"Cum lector domus fratrum Praedicatorum Perpiniani vadat in Maioricas pro petendo et assequendo iure, quod conventus Praedicatorum Perpiniani habere se dicit in bonis venerabilis fratris Raimundi, quondam Maioricensis Episcopi, et in bonis fratris Raimundi Egidii, condam conventualis Perpiniani, quae idem condam Episcopus penes se detinebat, ut fertur, eum in eius societate et domo mortuus fuerit dictus  frater Raimundus... Et cum pro parte dicti conventus assertum fuerit coram nobis, quod dictus venerabilis quondam Maioricensis Episcopus, tempore sui noviciatus in ordine, suum condidit testamentum, in quo fecit heredem dictum conventum, et nichil penes se detinebat.” 

Se manda también que si en su testamento último ha dispuesto algo a favor de dicho convento, se haga cumplir. De aquí resulta claramente que fue hijo del convento de Perpiñán, a cuyo favor renunció cuanto tenía, que vivió en él antes que le hicieran Obispo, y que de él se trajo al obispado los bienes de su hermano Fr. Raimundo Gil. También apoya esto mucho la opinión de que era natural del Rosellón, y acaso de su misma capital. Apenas murió Fr. Raimundo, los Jurados escribieron al Rey que tomase en consideración, e hiciese que la elección del sucesor recayese en una persona natural de la isla. Contestoles el Rey que ya había dispuesto sobre ello lo conveniente; et speramus indubie, añade, quod de tali persona dicto episcopatui providebitur, quae erit Deo placibilis, ac nobis acceptabilis, et utilis toti regno. Esto decía desde Perpiñán a 16 de abril de 1321. En la misma carta manifestó el Rey a los Jurados la alegría que le causaba la noticia que le habían dado de que los religiosos Carmelitas tenían ya convento de su orden en esta ciudad de Mallorca. Lo cual supone que se fundó por entonces; y esta noticia no es mala, supuesta la duda con que Mut habló de ello.

Le sucedió

Fr. Guido de Terrena, religioso Carmelita y General de su orden, hombre de gran crédito de doctrina, como lo manifiestan sus obras, de las cuales y del autor habla con el debido elogio nuestro Don Nicolás Antonio, como de quien era natural de Perpiñán, ciudad unida entonces a la corona de Aragón, y por razón de feudo a la de Mallorca. Llámale Terrena, y asegura que de este apellido todavía hay allí familia. El Catálogo de Obispos del libro amarillo le llama Terreni, y de esta manera lo veo escrito en varios monumentos de ese siglo, particularmente en el proceso de la reforma de este reino de 1345, de que hablé ya otra vez. Mas al fin, por una letra no quiero infernar mi alma. Menos tolerable está Mut, que le llama Tremense.

Dicho escritor, el Catálogo citado y otros muchos, dicen que este Prelado ocupó la Silla episcopal el año 1320, y otros adelantan al 1319. Pero se engañaron todos, porque, como vimos, en abril de 1321 todavía estaba vacante. Pero no tardó mucho en ocuparla nuestro Guido, y en tener ya nombrados sus Vicarios generales, como consta de la carta del Rey a su Lugarteniente Dalmacio, Señor de Bañuls, fecha en Perpiñán a 6 de junio inmediato, en que le dice: "Cum venerabilis Guido, Episcopus Maioricensis, nobis diletus (dilectus), constituerit in spiritualibus et temporalibus suos Vicarios generales, discretum Guillem de Ortis, canonicum et Officialem Maioricensem (este era también cura de Santa Eulalia) et Johannem Aguserii, rectorem ecclesiae S. Johannis civitatis Valentiae, devotos nostros, volumus et mandamus ut recomendatos dictos Vicarios, et negotia dicti Episcopi habeatis (Arch. real).”

De su gobierno no queda otra memoria anterior al día 29 de agosto de 1322, en el cual, junto con el Capítulo, hizo un estatuto, que pondré a la letra como lo tomé en mis apuntes del libro de la cadena. Ordenó, pues, quod omnes canonici, ebdomedarii, caeterique beneficiati et clerici, a vigilia omnium Sanctorum in vesperis, usque ad vesperas Paschae, capas nigras cum caputiis, latas et longas usque ad terram, cum superpelliceis, dum ad horas et ad divinum officium in ecclesia comuniter agendum convenerint, habeant et deportent. Nullusque audeat toto praefato tempore stare seu sedere in stallis superioris chori, quamdiu divinum officium dicetur, nisi capam nigram portaverit, et superpelliceum, sub pena quinque solidorum regalium Maioricensium minutorum qualibet vice. = Item quod illi qui capas nigras, ut praemissum est, non deferent, in processionibus generalibus ecclesiae incedat primi, et habentes capas, easque portantes, incedant ultimi. Firma en este estatuto frater Guido. En este mismo año escribió la obra de perfectione vitae, dedicada al Papa Juan XXII. Esto dice Don Nicolás Antonio.

Hacia el año 1315 parece que habían sido confiscados todos los bienes de los Judíos de esta isla en castigo de ciertos delitos, que no expresa una escritura del año 1323, donde consta la confiscación sobredicha, y que en ella había sido incluida la escuela o sinagoga, que fue convertida en capilla dedicada a Santa Fe. Pero siendo muy incómodo a los Judíos la proximidad del rito cristiano, concedioles el Rey Don Sancho, de acuerdo con nuestro Obispo, que dicha capilla se trasladase a la huerta den Cassa, junto a la puerta del Temple, donde se construía un barrio nuevo; todo con ciertas condiciones que verás en la citada escritura, fecha a 7 de julio de 1323, que va copiada (a: Ap. núm. XXIX) de un libro que posee Don Antonio Ignacio Pueyo, donde están los privilegios concedidos a los Judíos de esta isla. A 2 de enero del año siguiente (que todavía contaban 1323), verificada ya la traslación de la capilla de Santa Fé, con los dos beneficios que en ella había fundados, mandó el Rey, a instancias de nuestro Obispo, que aquella sinagoga jamás volviese a servir para los ritos impuros del judaísmo, sino que quedase destinada para los usos lícitos de los Cristianos. También va copia de esta escritura (a: Ap. núm. XXX.) que hallé en el archivo de esta catedral. Otro estatuto suyo hay aquí en escritura original, por el cual creó con el Capítulo dos beneficios coadjutores del Precentor y Succentor. Su fecha es del día 17 de marzo de 1323; pero pertenece a nuestro 1324, porque contaron rigurosamente aquí los años por la Encarnación hasta la ley de Don Pedro IV en 1351, como me consta por muchas escrituras. Del año 1327 hay en el archivo real una carta de Don Felipe de Mallorca, que entonces gobernaba el reino como tío del último Rey Don Jaime, en la cual manda que los Judíos no sean compelidos al bautismo, ni privados de él los hijos de los esclavos que poseían los Cristianos. Va copia de esto (a: Ap. núm. XXXI.). En un inventario de la sacristía, hecho a fines del siglo XIV, en 1392, hallo notado que nuestro Obispo regaló a la iglesia imaginem pulcram argenteam deauratam, antiquam, tenentem eius Filium Jesum in suo brachio, et in manu dextera unum florem lilii argenteum.

Estas son las únicas memorias ciertas que he encontrado aquí de este Prelado, del cual es sensible que no nos hayan quedado algunas constituciones sinodales, pareciendo de todo punto imposible que no celebrase aquí algunos sínodos, cuando estaba con más vigor y en los primeros días de su carrera episcopal, puesto que cuando era ya más viejo celebró tantos en Elna, de los cuales ha publicado cinco Baluzio en la Marca Hispan. Pero dejémonos de lamentaciones, que nada valen contra la violencia del tiempo, y de otras cosas que acaban con las obras de los hombres. Vamos al remate de este pontificado, que fue por traslación del Obispo a la iglesia de Elna. Mas, ¿cuándo fue esto? Por la cuenta de Nicolás Antonio fue en el año 1332. La misma siguió el Catálogo de Obispos citado, puesto que a renglón seguido traslada al Obispo Don Berenguer desde Elna acá en ese mismo año 1332; y mal podría ir Guido a gobernar la iglesia de Elna, antes que la dejase su sucesor. Esta cuenta debe tenerse por cierta por las razones indicadas. Es verdad que en un libro de cargo y data de la fábrica, que empieza en 1327, entre los gastos del noviembre de 1328 se nota algún gasto, hecho, según dice, per manament dels Vicaris et del Capitol, como sucedió cuando se pintó la carrera del padron entro al cloquer per laveniment del Senyor Rey. Y pues otras veces, cuando ciertamente consta que había Obispo, dice per manament del Bisbe et Capitol, poniendo ahora los Vicarios en lugar del Obispo, parece que quiso indicar los Vicarios generales que se crean en las vacantes. Y así diríamos que en noviembre de 1328 vacaba la Sede. Mas nadie debe tropezar en esto, porque en el examen del libro he visto que no guarda en esto consecuencia. Por ejemplo, entre las datas de septiembre de 1330 supone Obispo Item pague (dice) au G. Mar, maiordom del Senyor Bisbe per rao del subsidi del dit Senyor Bisbe XV ls., VI sol.: y en noviembre del 1331 vuelve a sonar el Capiscol Vicario, de cuya orden se escribió, como dije, el libro II de la Crónica del P. Marsilio. Y además consta que a principios de 1330 todavía era Obispo Fr. Guido, como se ve en muchas apocas que existen en este archivo (en los legajos de escrituras inútiles), fechas todas en los meses de enero y febrero del que decían 1329, y era ya para nosotros el siguiente. En resolución, el año 1332 se sucedieron mutuamente los dos Obispos, y acá vino desde Elna

Berenguer Batle (Baiuli decían los latinos de su tiempo, y corresponde al nombre de Bayle en castellano). En la Gallia cristiana y en otros libros que aquí faltan, podrá hallarse alguna razón de su pontificado de Elna. De su gobierno en esta iglesia hay memoria a 15 de enero de 1333, en el cual hizo muchos estatutos, de los cuales diré algunos. 

Estableció, pues, con su Capítulo que cada canónigo pagase al tiempo de su ingreso una capa procesional del valor de quince libras del país, cuando menos. Hízose esto a imitación de las iglesias vecinas, y para dotar esta de una manera insensible con los ornamentos necesarios al decoro del culto. Asimismo y con el mismo objeto, y para evitar la profanación de las ropas y alhajas de la sacristía, mandó que no se prestasen para adornar las casas de los seglares, a no ser que las pidiese el Rey o Reina de Mallorca. También mandó observar rigurosamente la constitución de Juan XXII Suscepti regiminis, sobre la aplicación a la fábrica de las iglesias de las vacantes de las parroquiales, etc. Esta noticia nos conservan los libros de fábrica.

Quedan también en el Cartoral de la cadena unas Ordinationes pro choro, como decimos, y aunque en ellas no consta qué Obispo las estableció, empezando a secas: Ordinarunt D. Episcopus et Capitulum; y aunque por hallarse al fin de las del antecesor y principio del actual, pudiera dudarse a cuál de ellos pertenecen, sin embargo, de esta duda nos saca una copia antigua que he hallado de ellas en el archivo real, y al fin de ella se dice que fueron hechas en dicho día y año; con lo que es claro que son de nuestro Prelado. Es documento curioso en gran parte, y por lo mismo va copiado (a: Ap. núm. XXXII.). En ellas verás que es muy antigua la pompa con que celebra el Obispo ciertos días al año: el origen de tocarse al alba la campana para rezar las Ave Marías, y otras cosillas así. Lo que no entiendo por ahora es esto que dice: Mandamus quod ille qui dat missas rogatas, non audeat eas dare, quousque psalmus Quicumque vult fuerit inceptus, ad hoc ut melius intersint horis; et quod ebdomedarii illi duo, qui tenent septimanam, semper habeant de dictis missis, et faciant commemorationem in missa maiori sub silentio. Las misas rogatas serían las de estipendio manual o adventicias. También advierto para inteligencia de esto que mientras se dijeron las maitines por la mañana, no se permitía comenzar las misas de turno, y esto pudo ser una reliquia de aquella constitución. En la misa mayor diría el domero un responso sub silentio. En fin allá te lo verás. Vuelvo a decir que todas estas cosas sobredichas hizo el Obispo el día 15 de enero de 1333 que entonces decían 1332, por contar ab Incarnatione.

Otras constituciones hay de los años siguientes, todas dirigidas al mejor orden de la iglesia y dotación correspondiente de sus ministros. Tal es una del año 1336, en que atendiendo a la carestía de víveres de esta ciudad y reino, ordenó que se diesen diariamente a los canónigos dos panes blancos y un cuartillo (quarterium) de vino colorado bueno.

El año 1338 vio esta iglesia aumentarse el número de sus principales ministros con la nueva dotación de cuatro canonicatos sobre los diez y ocho que ya había. Esto fue efecto de la liberalidad del Rey de Mallorca Don Jaime III, que para tranquilidad de su conciencia por lo que había defraudado a esta iglesia los intereses temporales, quiso ahora ennoblecerla dotando estas prebendas que digo, cuya provisión se reservó por la primera vez, si así lo aprobase el Romano Pontífice. 

La escritura con que ofreció esto se halla fecha en Perpiñán a 26 de abril de 1338. En ella dice que en este negocio había seguido el consejo del Papa Juan XXII. Todo lo aprobó el sucesor Benedicto XII con su bula dada en Aviñón a 12 de junio, año IV de su pontificado, que es el mismo 1338; y con esto se verificó la provisión y posesión de estos canonicatos, quedando en todos veintidós prebendas, que ya no se ha alterado más.

Atendiendo nuestro Obispo al mismo tiempo al decoro material de su iglesia, hizo una constitución a 20 de septiembre de 1341 por la cual, junto con su Capítulo, confirmó la costumbre antigua de no permitir que se entierren dentro de la catedral los que no funden en ella algún beneficio sacerdotal. El porqué de esta constitución lo expresa su exordio: Decet domum Dni., dice, id est, Maioricensem ecclesiam... in qua divina ministrantur officia, divinum invocatur auxilium, orationes exaudiuntur fidelium, cum debita reverentia venerari, ut Dna. grata et ad eam convenientibus placida, pulcra et decora dinoscatur. Quia igitur ex frequenti sepultura corporum illorum qui intus dictam ecclesiam eligunt sepeliri, ecclesia ipsa, quae semper odorifera esse debet, inmunda redditur et infecta; nec sit conveniens quod talis sacer locus indistincte cadaveribus impleatur, etc.: lo demás lo dirá la copia adjunta (a: Ap. núm. XXXIII).

No sabemos la parte que le tocó a nuestro Obispo del gran suceso de la prisión y despojo que sufrió el último Rey de Mallorca Don Jaime; que estando entonces tan enlazada la iglesia con las revoluciones políticas del estado civil, es imposible que no llegase a nuestro Prelado alguna parte de la aflicción y convulsión que aquí ocasionó aquel negocio. Sólo me consta que en el año 1345 tuvo que consentir en el extrañamiento de algunos clérigos, que con otros seglares de varias clases fueron desterrados a Játiva, Alcira, Lérida, etc., por apasionados a su último Rey y desafectos a Don Pedro IV el de Aragón, que logrando lo que nunca perdieron de vista sus antecesores, se apoderó entonces de este reino. Para la averiguación de estos delitos y reformación, como decía el Rey, de las islas, envió él mismo al noble Don Felipe de Boil en ese mismo año con la autoridad de Gobernador (quitado el antiguo Arnaldo de Eril) y título de reformador. El proceso original de este negocio existe en poder de los PP. Capuchinos de esta ciudad, de donde he hecho mis Excerptas acostumbradas para otras cosas. De él es la copia adjunta (a: Ap. núm. XXXIV.) de la carta con que dicho Rey Don Pedro avisó al gobernador de Mallorca del apresto de armas que hacía el Rey Garbi, Moro (: garbí, Algarbe o Algarve), para que estuviesen preparados en caso de dirigirse a estas islas. Buena noticia, dirás tú, para un Episcopologio. Pues no es tan exótica que no tenga conexión con la historia de nuestro Obispo, al que los Jurados, que recibieron igual aviso, participaron la novedad, expresando algunas circunstancias. Et certo sciatur, le dicen, quod Rex perfidus Marrochorum, et Guarbi convicinus dicti regni in sua pessima ferocitate confidens magnos iam fecit, tam galearum infidelium gentium armatarum, quam aliorum apparatus, cum quibus verisimiliter suspicatur atque certitudinaliter speratur ... velle regnum Maioricarum et gentes... invadere et hostiliter, si poterit capere... et iam in praeteritum, quod a iuvenum memoria et etiam senum non exivit, facere attemptavit, ad portum Maioricarum parvum tunc galearum numero transmittendo. 

Al mismo tiempo le pedían que nombrase cuatro personas eclesiásticas que en unión con otras cuatro nombradas por los Jurados, tratasen de cómo se había de allegar el dinero necesario para la defensa de la ciudad y reino. Contestó el Obispo y Capítulo por medio de los cuatro que eligieron para lo sobredicho, que estaban prontos a tratar y aun a contribuir con sus riquezas; protestando que lo que diesen se había de recibir como donativo, y no como exacción impuesta al clero en perjuicio de su inmunidad. Los Jurados insistieron en exigir al clero cierta contribución, que a lo que parece se impuso a todos sobre los frutos. Siguiéronse varias protestas y requisiciones, amenazando finalmente Jaime Cardona, Vicario general del Obispo, que usaría de las penas eclesiásticas contra los que no restituyesen lo exigido al clero por este motivo. Esto fue ya en 1347, y no dice más un procesito que anda suelto en unas hojitas en el archivo de esta catedral. De modo que ni sabemos en qué paró este negocio, ni si el Rey Garbi vino o no contra Mallorca. En fin, de nuestro Obispo ya no me queda otra memoria que el estatuto que hizo ese mismo año 1345, confirmando lo que ya estaba dispuesto sobre que los canónigos y dignidades pudiesen disponer de los frutos que les correspondían en el año inmediato a su muerte. Otras muchas cosas y muy dignas de la noticia pública habría que decir, si quedasen más monumentos de su vida. Mas esta llegó a su fin dentro de poco, es a saber, a 1.° de noviembre de 1349, como consta de la inscripción que se grabó en una tabla de mármol colocada en lo alto de la pared de la capillita de Santa Eulalia de Mérida, junto al altar mayor. En ella se ve también su sepulcro, elevado en la pared con figura episcopal antigua, que bien puede ser retrato del difunto, y con el escudo de sus armas, que son dos papagayos. La inscripción está en leoninos de esta forma:

B. Baiulus dictus humilis fuit ac benedictus.

Hic presul dignus, mittis, pius atque benignus

Et legum doctor, inopum semperque receptor.

Sobrius et castus, mundi spernens quoque fastus.

Praesentem dotans, ac Sedi plurima donans

Anno milleno ter centum pentaque deno

Uno set dempto migrat primaque novembris. 

Esta inscripción y sepulcro están enfrente de la puerta de dicha capilla. 

A la mano izquierda está el altar de Santa Eulalia con su antiguo retablo, que es de los primitivos de esta catedral, de aquellos, digo, que parte se enajenaron y parte se quemaron, como ya se insinuó otro día. Tristes memorias que se renuevan con la vista de los pocos que se salvaron. Este es una tabla, como digamos, de cinco cuerpos laterales y otros tantos triángulos por remate. Vese pintada en el del centro la Santa, y en los de los lados en distintas divisiones sus martirios. De paso advierto, por si no lo he dicho otra vez, que la dedicación de este altar es coetánea a la restauración de esta iglesia, como lo inferirá cualquiera que considere que esta capillita se construyó con la mayor. Y es de notar que no se pueda decir otro tanto de Santa Eulalia de Barcelona. Además de esta de Mérida hallo en un inventario de la sacristía, hecho en 1392, que poseía en una cabeza de plata unum trocium textus Beatae Eulaliae: item unum caxal (quixal : muela) y unus dens. La palabra textus significaba entonces el cráneo (testa), como verás en el suplemento al Glosario de Ducange. Volviendo ahora a nuestro Obispo: de la generosidad de este Prelado con su iglesia, que expresa la inscripción, quedan todavía varias muestras en la sacristía, a la cual regaló todos los cetros que había; duraban aún en el siglo XVI. En un inventario que he visto en las Actas capitulares de 1397, leo que regaló también una custodia para la procesión del Corpus, y lo explica así: Item unum lignum argenteum cum suo crucifixo et imaginibus Sanctae Mariae et S. Johannis, et cum duobus Angelis et pede argenti; et in medio est reservatorium cristallinum ubi immititur hostia salutaris die festi Corporis Jhu. Xpi.; et sunt signa in eo de papagays, quod est signum Domini Berengari Baiuli, quondam Episcopi Maioricensis. Existe aún. Sobre todo esto se dice que costeó el altar mayor que consagró en 1346, día 1.° de octubre, que es el en que todavía se celebra la fiesta de la dedicación principal de la iglesia. De esto se dijo ya en lo de la fábrica.

Por último, consta en la Consueta de esta iglesia que ordenó este Obispo con su Capítulo que la fiesta de la Asunción de nuestra Señora se celebrase con la misma solemnidad que la del Nacimiento de su hijo y nuestro Redentor. Por su muerte entró a gobernar esta iglesia

Antonio de Colell. Descoleyl escribe el libro antiguo de aniversarios, y es la misma terminación (d'es Colell o Coleyl). Nadie indica quién era, ni el medio de su promoción. El Catálogo de Obispos dice que comenzó su pontificado día 8 de noviembre de 1349, cosa que tengo por cierta, pues en el Cartoral llamado libro amarillo, fol. 259, hallo que a 21 del mismo mes y año absolvió a los Jurados de Mallorca de la excomunión que él mismo les había impuesto por haber gravado al clero con tallas, sisas, etc. Y si esto es así, es menester que adelantemos un año la muerte del antecesor. Porque si este murió a 1.° de noviembre del mismo año, ¿cómo podía haber lugar hasta 8 del mismo mes, ni hasta el 21 tampoco, para que el Papa confirmase el electo por el Capítulo, o para que lo nombrase por sí y pudiese estar ya el nuevo Prelado en disposición de gobernar su grey? He aquí una prueba de la mucha mayor fé que se merece una plumada de un escribano, que la cultura y elegancia de un poeta, aunque deje sus obras esculpidas en piedra. Yo por lo menos en lo que ahora tratamos, creo que aquel poeta quiso o debió indicarnos el año 1348 como emortual del antecesor. Y al cabo esta disputa sería tolerable, si del nuevo Obispo tuviésemos (leo tubiesemos) muchas cosas que contar. Pero yo no hallo más que lo siguiente.

En el año 1353 extendió la licencia que había, de poder enviar solamente dos canónigos a los estudios generales, que dio el antecesor Pedro de Morella a cuantos quisiesen ir a ellos para dedicarse a las ciencias.

Dos años después, a 31 de julio, hizo con su Capítulo estatuto sobre aplicar a la fábrica de la catedral todas las anatas de las vacantes de las dignidades, canonicatos, prebendas, preposituras, succentoría, cuartos y de todos los demás beneficios de dentro y fuera de la ciudad. Este estatuto confirmó después Benedicto XIII (Luna), estando en Peníscola, a 27 de marzo, año XVIII de su pontificado, a instancia del Obispo sucesor Luis de Prades, como se dirá. Este medio fue necesario para poder proseguir la fábrica de la catedral, que estaba muy atrasada, y según manifesté, tenía todavía por cubrir la bóveda que está sobre la capilla que hoy llamamos de la Virgen de la Corona.

Del 1359 queda la reforma que hizo junto con el Capítulo del convento de monjas de esta ciudad de Santa María Magdalena, de la orden de San Agustín; en la cual se mandó, entre otras cosas, que ningún varón de catorce años arriba entrase en su clausura.

El año siguiente dio el último golpe a las cuatro preposituras, que ya no conservaban más que el nombre y las rentas, uniéndolas a la mensa para dotación de los ebdomadarios (o curas), maestro de escuela, primicerio y otros destinos más útiles a la iglesia. Del mismo año quedan otras ordinaciones sobre las parroquias de Santa Eulalia y de Inca. Y del siguiente la absolución que dispensó segunda vez al Gobernador y Jurados de Mallorca, excomulgados de nuevo por haber oprimido al clero con exacciones. Todas estas escrituras están en este archivo, parte originales, parte copiadas en el libro amarillo y en el de la cadena. 

Nada nos queda de las Constituciones u Ordinaciones que hizo para régimen del clero de la isla de Menorca, sino la memoria de que su sucesor Antonio de Galiana en 1369 reencargó su observancia, como he visto en un libro de la curia episcopal de ese año.

Poco más vivió este Obispo, como vamos a ver visitando primero su sepulcro, que está en la capilla de San Pedro al lado de la epístola. 

El libro antiguo de aniversarios añade junto al altar de San Vicente M., que efectivamente había en la misma capilla, y con esto se ve el lugar que ocupaba. Labrose de propósito un casilicio para su entierro, colocándose al pie la tumba de piedra común, adornada con las figuras de costumbre, sobre la cual está tendida la estatua del Obispo descansando sus pies sobre un perro, con la planeta cerrada como su antecesor, y con una cabeza de fisonomía tan marcada, que es imposible no sea verdadera copia del original. Vese allí también su escudo de armas, en el cual ponía tres flores de lis en línea horizontal, y nada más. Encima de la tumba hay varias pinturas sobre tabla, alusivas a su entierro y apoteosis; al pie de las cuales se halla su inscripción sepulcral, que por desgracia hicieron de pincel, no contando con la posteridad; y así de puro gastada, y con lo que otros la han manoseado para leerla antes que yo, apenas se divisan en ella las palabras siguientes: anno a Nativitate Domini M.CCC.LXIII... mensis marcii reverendus in Christo pater D. Anthonius de Colello bone memorie Episcopus Maioric... 

Lo demás, que son dos o tres lineas, se perdió para siempre, por no haber querido gastar en un letrero de piedra, parte de lo mucho que gastarían en tantas pinturas.

Para mayor certificación de que este Obispo murió el año 1363 puedo citar una escritura de debitorio que he visto en un libro común de la curia episcopal del año 1364. En él el Obispo sucesor decía a 19 de abril de 1365, que desde la muerte de su antecesor hasta aquel día sólo habían pasado dos fiestas de la Natividad del Señor, es a saber, la de 1364 y 1365. Y es de notar que entonces contaban los años rigurosamente a Nativitate, comenzándolo el mismo día de esa fiesta. Y así estas dos fiestas de Navidad que dice el Obispo sucesor, corresponden a nuestros años 1363 (leo claramente 1563, el 3 y el 5 en este tipo de letra se confunden mucho en el OCR) y 1364. Por donde queda claro que el Obispo Colell murió dentro del año de 1363 y antes del día de la Natividad. Ya en el epitafio vimos que expresa el mes de marzo: y en él debió morir, pues en el libro de Cabreos de los beneficios viejos se halla escritura de 21 de febrero de 1363, con que dotó un aniversario y el beneficio del altar de San Vicente M., cuya institución tenía mandada en el testamento que hizo a 14 de mismo mes y año, como dice la misma escritura. No debo dejar de insinuar aquí lo que con más extensión se dirá en los correos siguientes, y es que en su tiempo se escribió la Consueta de tempore de esta iglesia, como consta, entre otros lugares, de la rúbrica que pone en el Miércoles Santo sobre las candelas que debe repartir al clero el Custos sacristiae; en lo cual dice que confirmó la costumbre antigua D. Antonius, Episcopus Maioric. qui nunc ipsi eccl. praesidet. Pero descansemos por hoy hasta otro correo, en el cual quedará bien recompensada la escasez de documentos que hasta ahora hemos padecido. Porque ya desde esta época comienzan las Actas capitulares, libros de fábrica, registros de la curia episcopal, y continúan hasta nuestros días, aunque con algunas interrupciones. 

Palma 20 de marzo de 1814.

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