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jueves, 26 de enero de 2023

CARTA CXVIII. Iglesia de Barcelona, su canónica o constitución interior.

CARTA CXVIII. 

Iglesia de Barcelona, su canónica o constitución interior. Titular de esta iglesia. Número de canónigos. Cuando comenzaron a llamarse así. El Rey canónigo de esta iglesia. Canónigos llamados legos. Hábito coral de los canónigos. Fábrica del templo. Noticia de algunos de sus artífices. Inscripciones de los sepulcros de sus restauradores. Sillería del coro. Noticia del primer Capítulo general de la orden del Toisón de oro en España. Descripción del altar mayor. Portada de la iglesia. Claustros, sepulcros, sacristía y sus ricas alhajas y curiosidades.

Iglesia de Barcelona, su canónica o constitución interior. Titular de esta iglesia. Número de canónigos. Cuando comenzaron a llamarse así. El Rey canónigo de esta iglesia. Canónigos llamados legos. Hábito coral de los canónigos. Fábrica del templo. Noticia de algunos de sus artífices. Inscripciones de los sepulcros de sus restauradores. Sillería del coro. Noticia del primer Capítulo general de la orden del Toisón de oro en España. Descripción del altar mayor. Portada de la iglesia. Claustros, sepulcros, sacristía y sus ricas alhajas y curiosidades.

Mi querido hermano: La Santa iglesia de Barcelona es una de las pocas de nuestra nación que pueden gloriarse de habernos conservado la religión desde los primeros siglos. Como situada en la parte septentrional de la Península, vecina a los montes y a los ejércitos Franceses, no tuvieron los Sarracenos el tiempo oportuno para destruir en ella del todo la religión de Jesucristo, no sufriendo su política quedar sin tributarios, por quedar sin cristianos. Arrojados a los ochenta años escasos de posesión por las armas de Ludovico Pío en el de 801, y antes que se levantase la bárbara y asoladora persecución de Abderramen, pudo quedar en su ser la catedral de esta ciudad, aunque deteriorado el culto y forma clerical con la usurpación de los fundos antiguos y otros males consiguientes a aquella opresión. No se vio por consiguiente interrumpida la serie de sus Prelados; y como no hubo restauración de Silla ni de culto, tampoco hubo necesidad de establecer en ambas cosas la nueva forma que precisamente debieron recibir las otras iglesias, conforme iban saliendo del largo dominio de los árabes. Por donde se ve cuán respetable es la ancianidad de ciertos ritos usados ya aquí en los siglos XII y XIII, algunos de los cuales han llegado hasta nuestros días. 

Esta misma es la causa porque nunca se introdujo en esta iglesia la vida reglar de San Agustín. Las conquistas de los Cristianos en este país no comenzaron a extenderse hacia el mediodía hasta fines del siglo XI, tiempo en que estaba muy floreciente la orden reglar de San Rufo de Aviñón, que había comenzado poco antes. Así que las iglesias que se restauraban, perdida la forma del clero antiguo, ya que se establecían y ordenaban de nuevo, era según el plan y disciplina de aquel monasterio. Ayudaba a esto grandemente el haber salido de él algunos Obispos para nuestras Sillas, y el afecto particular que profesaban a aquella casa los Condes de Barcelona, que lo eran también de la Provenza. Mas en las iglesias en que pudo conservarse la forma clerical, aunque en estado de decadencia, ni había necesidad de esta restauración ni fuera tampoco muy fácil, atendida la repugnancia que los hombres tenemos a dejar nuestro antiguo modo de vivir. En esta clase debe ser contada la iglesia de Barcelona, cuya canónica reglada y ordenada por el Obispo Frodoino en el año 878, fue restaurada por el Obispo Aecio en el año 1009. La forma de vida que se dio al clero en esta ocasión debió ser la llamada Aquisgranense, establecida en un concilio de Aquisgrán (Aachen, sede de Carlo Magno, por ejemplo) en el año 816, si no fue tomada de nuestros concilios Toledanos, señaladamente del IV. El clero, según esta disciplina, vivía de un fondo común, que no excluía la propiedad, guardaba la continencia, clausura y demás, sin profesión ni votos monásticos. Este es el aspecto que ofrece la canónica de Barcelona en los siglos XI y XII, sin hallarse en estas épocas rastro de vida reglar de San Agustín.

Así es que hacia el año 1094 San Olaguer, canónigo y Prepósito de esta iglesia, deseoso de mayor perfección pasó al monasterio de San Adrián, recién fundado por el Obispo Don Bertrán, de cuyas manos recibió el hábito de San Agustín. Cosa de que no había necesidad, si en esta iglesia se hallase entonces establecido dicho instituto. Tampoco le había en 1149 cuando el Obispo Don Guillermo Torroja con su Capítulo puso bajo la obediencia de San Rufo de la Provenza la iglesia de Santa María de Marmella, ut in eadem ecclesia … religionem canonicam secundum regulam B. Augustini constituant ... et disponant eam sicut alias obedientias Sancti Ruffi. Ni los canónigos de Barcelona dicen en esta escritura que eran de la misma orden, ni siéndolo era regular que hiciesen tal donación o cesión pudiendo ellos por sí mismos ordenar el nuevo monasterio, como lo hizo la iglesia de Tarragona con el de Escornalbou. Todavía se ve esto más claro en la reconciliación que el mismo Obispo Don Guillermo dio en 1160 a un Arnaldo de Palou, el cual postposito clericatu ad vias saeculi transierat, et a consortio et a comunitate Barchinon. ecclae. impudenter recceserat. Porque imponiéndole la reclusión de un año y otras penitencias, le asegura que cumplidas estas sería de nuevo admitido a la participación de la vida canónica, y añade: dabimus tibi de honore nostrae canonicae aut illum scilicet honorem, qui fuit patris tui, aut tantum de alio honore nostrae canonicae, unde debebis esse paccatus... quem honorem habebis et possidebis per nostram canonicam in vita tua (a: Ap. núm. XLI.). 

Este Arnaldo apóstata era sin duda canónigo, aunque no sacerdote, y acaso de los que siendo niños eran ofrecidos por sus padres en canónigos de esta iglesia. En cuyo caso era ley general en ella que canonicus noviter veniens tradat ecclesiae nostrae suam hereditatem incontinenti, et accipiat de ea commutationem, si fuerit clericus. La conmutación consistiría en cederle el usufructo de aquella heredad o de otra de la canónica, como indica lo hecho con Arnaldo. Como quiera que sea, es claro que en este tiempo no había en esta iglesia vida común reglar, la cual de su naturaleza excluía estas propiedades y consignaciones de usufructos. Y no sólo había esto en nuestra canónica sino que sus individuos percibían también las porciones diarias en dinero. Así en el libro llamado del Ventre, que se conserva en el archivo, manuscrito de principios del siglo XV, donde están escritas las obligaciones de los prepósitos, se les mandaba a estos dar a cada canónigo su porción de moneta de terno, como antes la daban de moneta dublenca, la cual corrió desde el 1221, hasta el 1258. Item, había porciones canonicales fundadas, que es algo más. Y este dinero lo distribuía el botillero per domos canonicorum, a las cuales también se mandaba llevar el vino pro collatione, si sint domus de Capitulo, et sint infra muros civitatis Barchinonae. Todo esto se supone en este códice, como cosa ya usada y corriente desde la creación de las preposituras, que fue en el año 1157. Por otra parte solían agregarse a los canonicatos algunas capellanías con título de vestuario. A todo esto era consiguiente el dominio de propiedad, la facultad de hacer testamentos, sin solicitar dispensa, de instituir legados píos y fundar beneficios. De todo lo cual hay acá gran número de ejemplares desde el siglo XII.

Sobre lo dicho es de considerar la ninguna memoria que aquí se halla de recepciones y profesiones de canónigos y del rito y ceremonias que en ello se usaba. Tampoco quedan libros de congregación, donde las iglesias reglares solían escribir los nombres de los finados en dicha profesión, ni rastro de los oficios de Prior claustral, camarero, hospitalero, enfermero, etc., ni noticia del tiempo en que se aboliese aquí la vida reglar, siendo así que en ninguna parte se quitó antes del siglo XVI. Y es cosa extraña que sabiéndose el remate que tuvo en otras iglesias o por bulas particulares, o por la general de Clemente VIII se ignore el término de la que se supone haber existido en la catedral de Barcelona.

¿Qué era pues la canónica de Barcelona y el refectorio y los claustros y todo lo demás que suena a vida reglar? Era todo ello perteneciente a la vida canónica, clerical o secular, y no a la monástica: era todo conforme a la Regula canonicorum, según la cual el Conde Suñer y su mujer Richilde dotaron el clero de esta iglesia: era (por omitir otras ideas tomadas de nuestro concilio de Toledo y del Aquisgranense de 816), la que indicó el Obispo Ausonense Wadamiro en la restauración que hizo de la canónica de su iglesia el año 957. Documento desconocido y precioso, en que por lo tocante a nuestro objeto se leen estas palabras: Haec omnia dono atque trado vobis in perpetuum habenda ... ut regulariter exinde vivatis, et secundum instituta SS. Patrum fidelissimi dispensatores existatis, in susceptione hospitum et sustentatione peregrinorum, in sublevatione captivorum, et in omnibus gradibus bene ministrando. 

Con estas ideas de la disciplina clerical secular, se compadece muy bien que viviesen los canónigos bajo la obediencia de un Abad o Prepósito, encargo que tuvo San Olaguer: que tuviesen sus casas propias de la iglesia, situadas en su inmediación y en la calle que llaman de Paradis, que hoy todavía se conoce por la Canonja: que observasen en ella algún género de clausura: que a lo menos en el siglo XI durmiesen juntos todos en una pieza, y comiesen en refectorio (a), y ejerciesen otros actos regulares, sin que les obligase a ello ni profesión, ni otro título más que la posesión de algún beneficio o prebenda que podían dejar cuando les pareciese. Basta de esto, y vamos a otra cosa.

(a) Sábese que el uso del refectorio estaba todavía en su mayor vigor, muy entrado ya el siglo XIV, cuando Berenguer de Plana regaló a la canónica doce tazas de plata del valor de una marca cada una para bebida in refectorio Sedis post celebrationem et post vesperos et completorium. La donación es de 19 de diciembre de 1335 y existe en el archivo de esta catedral. 

El titular de esta iglesia es de Santa Cruz, y lo es desde el siglo VI a fin del cual en el año 599, se tuvo ya aquí un concilio in Sede S. Crucis. 

A este título se añadió luego el de Santa Eulalia, y así continúa hoy; aunque en sus estandartes, que llaman ganfarons (y antes decían ganfanons), no se ve sino una cruz grande blanca sobre las barras de Cataluña en campo colorado. Y cierto que debía ser al revés, esto es, cruz roja en campo blanco, si fuese cierta la visión que tuvo Carlo Magno cuando conquistó a Gerona: en memoria de lo cual dicen que su hijo Ludovico fundó esta catedral en honor de la Santa Cruz. Fábulas a cada paso inventadas, y fácilmente creídas por los feligreses de la parroquia de San Justo, que pretenden haber sido su matriz la única y primitiva Sede de Barcelona. De esto se dirá más otro día.

El número de canónigos en esta iglesia era ya de cuarenta en el siglo XI. Debió aumentarse después sobre lo que permitían las rentas, puesto que en 1229 visitando esta iglesia el Cardenal Sabinense Juan, Legado del Papa Gregorio IX, los redujo al número sobredicho. Posteriormente Clemente VIII los redujo al de 34. De entre ellos mismos se elegían los que habían de regentar los oficios, que ahora llaman dignidades; y sobre esta práctica, tan conforme a la disciplina de otras iglesias y al buen gobierno de las temporalidades, hay aquí varios estatutos hasta el siglo XIII; a mediados del cual se comenzó a oír por acá el nombre de dignidad. El de canónigo le hallo ya usado en el decreto de elección del Obispo Don Bernardo de Berga de 1172, época que puede fijarse sobre el principio de este nombre, pues en la elección del Obispo Don Arnaldo Armengol de 1137, todavía firman los electores de Capítulo, especificando el nombre de su oficio, o del grado de su orden, pero no el de canónigo. No faltaba aquí lo que en otras iglesias había, y es un canonicato con el título de Stator Regis. Habíalo ya en 1172, como consta del citado decreto del Obispo Berga, donde firma Arnaldus de Villamaiori eiusdem ecclesiae Stator Regis. Llamábase así, à statu, que también significa Stallum, Sedes, como que ocupaba un lugar señalado y una prebenda de la iglesia en obsequio de los Príncipes, y para rogar por su salud. Esto se deduce de la dotación que el Rey Don Jaime I hizo de este canonicato, a quien llama Staturiam, en el año 1263, en que lo obtenía Guillermo de Rubira (a: Ap. núm. XLII.). Otra cosa era el canonicato que estaba aquí reservado para la persona del mismo Rey, cuya posesión tomaba como los otros canónigos, y percibía, estando presente en la ciudad, la prebenda diaria que les estaba señalada en el libro del Ventre, o de obligaciones de los Prepósitos. Aún hoy día se guarda esta costumbre, como se ha visto estos años, cuando estuvieron SS. MM. en esta ciudad. Parece que en tiempo del Obispo Don Fr. Ferrer de Abella debió haber alguna omisión en las formalidades de la posesión de este canonicato, pues se estableció el juramento que debían prestar los Reyes, y que prestó Don Pedro IV, llamado el Ceremonioso, cuya fórmula he copiado del original, y es la siguiente: "Nos Petrus, etc., ex certa scientia ad honorem D. N. J. C. et Beatae Martiris Eulaliae Barchin., convenimus et promittimus vobis vener. in Christo Patri fratri Ferrario Divina Providentia Episcopo, et vobis etiam dilectis nostris Capitulo eiusdem Sedis recipientibus ac stipulantibus pro ecclesia Barchinon. ac etiam iuramus per Sanctam Crucem D. N. J. C. Salvatoris nostri, ac per sancta Dei quatuor Evangelia manibus nostris corporaliter tacta, conservare et manutere privilegia et observantias, seu consuetudines approbatas eccl. Barchinon. et libertates ac inmunitates eiusdem ecclesiae et personarum et iurium et rerum eiusdem ecclesiae; et contra predicta seu aliqua praedictorum non facere per nos vel per alium, seu aliqualiter contravenire. Sic nos Deus adiuvet, etc.” 

De esta clase de canonicatos reales no sé si queda otro ejemplar en nuestras iglesias. En la de Valencia concedió al Rey Don Martín esta gracia el Papa Luna en 1409, y en el siguiente tomó ya posesión de él. Dime algo del origen de este distintivo de honor, que no desdeñó la Majestad Real. Otra especie de canónigos había llamados legos, y eran los que dejaban alguna heredad a la canónica, por lo cual se hacían acreedores a la percepción de las prebendas y a los sufragios de la iglesia. El hábito coral de que hoy usan los canónigos en el verano es como el de la catedral de Valencia, con levísima diferencia. En el invierno usan de capa talar morada sobre las colas y roquete. La consueta antigua dice: a die Defunctorum ad Sabbatum Sanctum utuntur in choro cappa nigra rotunda; excipiuntur hebdomedarii, Precentor et Succentor qui utuntur in officiis missae solemnis capis purpureis. Los beneficiados graduados de doctor o bachiller llevan todo el año las colas recogidas sobre el brazo. La fábrica del templo actual se comenzó en 1298, y se concluyó en 1430, no 1330, como se lee en el Viaje de Ponz, por yerro de imprenta. Hasta el año sobredicho son frecuentes las memorias de indulgencias concedidas a favor de esta fábrica, algunas de ellas por Obispos extranjeros. Dos inscripciones quedan pertenecientes al principio y progreso de la obra, las cuales publicaron Aymerich y Campillo, mas con algunas alteraciones y variantes. Por lo mismo, y para satisfacer a los ruegos de algunos buenos amigos, las copiaré aquí con su carácter mayúsculo, y con las mismas abreviaturas del original. Hállanse ambas en la pared exterior de la iglesia, al lado de su puerta colateral, frente al palacio de los Condes. La primera dice así: 

(Ver dibujo 1; escribiré a continuación los caracteres en mayúscula, pero no las rayas superiores, excepto AÑO, ni los puntos entre palabras.)

+ IN: NOIE DOI NTI IHV XPI AD HONORE +  SCE TRINITATIS PATS ET FILII ET SPS SCI AC BE  ATE VIRGINIS MARIE ET SCE CRVCIS SCE Q  EVLALIE VIRGINIS ET MARTIRIS XPI AC  CIVIS BARCHN CVIVS SCM CORPVS IN ISTA  REQVIESCIT SEDE OPVS ISTIVS ECCE FVIT IN  CEPTVM KL MADII AÑO DNI M.CCXCVIII RE  GE ARAGONV VALN SARDINIE CORSICE  + COMITE Q BARCHINONE. +


+ IN: NOIE DOI NTI IHV XPI AD HONORE +

SCE TRINITATIS PATS ET FILII ET SPS SCI AC BE

ATE VIRGINIS MARIE ET SCE CRVCIS SCE Q

EVLALIE VIRGINIS ET MARTIRIS XPI AC

CIVIS BARCHN CVIVS SCM CORPVS IN ISTA

REQVIESCIT SEDE OPVS ISTIVS ECCE FVIT IN

CEPTVM KL MADII AÑO DNI M.CCXCVIII RE

GE ARAGONV VALN SARDINIE CORSICE

+ COMITE Q BARCHINONE. + 


Esta inscripción se halla repetida en dos piedras, una a cada lado de la sobredicha puerta. Allí mismo se halla estotra: 

(Dibujo 2)

+ (cruz grande) IN NOIE DNI NRI IHV XPI KDS NOVEBR  ANNO DNI M.CCC.XXIX. REGNAN  TE DNO ALFOSO (Alfonso) REGE ARAGONV VALE  CIE SARDINIE CORSICE AC COMITE BAR   CHN OPVS HVIVS SEDIS OPERABATVR AD  LAVDE DEI AC BTE M SCE + SCEQ EVLAIE.


+ (cruz grande) IN NOIE DNI NRI IHV XPI KDS NOVEBR

ANNO DNI M.CCC.XXIX. REGNAN

TE DNO ALFOSO (Alfonso) REGE ARAGONV VALE

CIE SARDINIE CORSICE AC COMITE BAR 

CHN OPVS HVIVS SEDIS OPERABATVR AD

LAVDE DEI AC BTE M SCE + SCEQ EVLAIE.

No se sabe el arquitecto que hizo el plan de este templo. Yo sólo he hallado dos de sus continuadores: el primero Jaime Fabre, Mallorquín, instituido maestro de la obra por el Obispo Don Ponce de Gualba y su Capítulo a 23 de junio de 1317, con salario de 18 sueldos cada semana, y abono de los gastos en sus viajes a Mallorca, el cual seguía aún en el mismo oficio en 1339, cuando se hizo la traslación de Santa Eulalia, cuya capilla subterránea es sin duda obra suya. El otro es Bertrán, que lo era en 1344. Un magister Pujol qui fecit retrotabulum S. Eulaliae suena en 

1305 en los libros de gasto y recibo de la sacristía. En 1345, a 23 de julio, concertó el Capítulo con Martín Ferrandis, Toledano, y factor de órganos, la construcción del de la catedral por ochenta libras en todo.

Este templo se construyó en el mismo sitio donde estaba el antiguo, consagrado en el año 1058, cuya área ocupaba parte del coro actual, como conjetura Campillo. Las cenizas de sus fundadores, o más bien restauradores, están en dos grandes urnas levantadas en la pared, entre la sacristía y la puerta que manda al claustro, con estas dos inscripciones modernas. = 1.a D. O. M. = Raymundo Bereng. Barchinonen. Principi, propugnatori ac muro christiani populi, disciplinaeque militaris exemp., 

huius basilicae una cum Almodis coniuge conditori, quem, quum annos XXXXII. feliciter regnasset, invida mors rapuit XXVII. mensis maii 

anno salut. humanae naturae M.LXXVI. = 2.a = D. O. M. = Almodis Comitissae cui fortuna summae auctoritati non defuit, omnium virtutum 

exemp. hic cum viro iacenti, Capitulum sepulchra iam vetustate collapsa tam pientisimis B. M. instauran. curavit, et ab eadem temporis iniuria post duo secula repetita iterum grato animo vindicavit anno M.D.CCLXXXVI. = Otras dicen qué hay dentro de las urnas. No pongo la copia que tengo de ellas, porque no estoy seguro de su verdad.

La sillería del coro es todavía la misma que existía en 1519, cuando el Emperador Carlos V celebró aquí un Capítulo general de la orden del Toisón de oro, el primero que se tuvo en España. Permanecen renovadas posteriormente las armas y títulos de cada caballero en lo alto del respaldo de las sillas que ocupaban por su antigüedad. Omito su noticia porque ya la publicó Chifflet (Insignia, etc.): mas no dejaré de enviar un extracto en castellano de la relación lemosina que un diario de aquel tiempo hace de fiesta tan grande (a: Ap. núm. XLIII.).

El altar mayor forma una como galería de gusto gótico; es de madera y algunos creen ser de palma; el zócalo es de piedra de labor del siglo XVI, y a esto alude el año 1596 que se halla escrito en él, no al resto del altar, que es más antiguo y de lo mejor de aquellas labores que se separaban de la sencillez sin faltarles cierto gracejo de capricho que falta a los que vinieron después. La mesa del altar es aislada y tiene un buen frontal de piedra mármol con las insignias de la pasión y las armas del Patriarca Don Francisco Clemente Çapera, Obispo de esta iglesia, que la construyó: todo de relieve. En el centro del altar está depositado el cuerpo de San Severo M., Obispo de la misma, en una arca de plata, dentro de la cual dicen que se conserva la que mandó labrar el Rey Don Martín, cuando trasladó estas reliquias del monasterio de San Cucufat (Cugat) del Vallés: sobre él el tabernáculo del Santísimo, y sobre él la imagen de un crucifijo en significación nada propia del titular de la iglesia, que sólo es la Santa Cruz. Al lado de las gradas últimas del altar hay dos cortinas colaterales, que se corren mientras dura la consagración, como para conciliar mayor veneración a tan augusto misterio. Las arañas de la iglesia que llaman Salomones, son también de un gusto gótico, y no todas son de aquel tiempo, sino que los artífices han guardado la propiedad debida en acomodarse al genio del edificio para que sirven. La portada principal de la iglesia está por concluir, y lo estará mientras no cesen las distracciones de las contribuciones que hay para ello. Esto que parece una paradoja, no lo es para los que conocen el terreno. Cuando Dios quiera que se verifique, sería muy doloroso que abandonasen el plan y diseño que existe en el archivo, y en parte está comenzado a verificar, que ciertamente es comparable con el famoso frontispicio de la iglesia de Burgos. Los claustros de esta iglesia son buenos y espaciosos, concluidos en 1448. Hay en él varios entierros. Los más notables son dos elevados en la pared con sus casilicios correspondientes y de buena labor. Uno es del Capiscol y canónigo de esta iglesia Don Francisco Desplá, cuya estatua de piedra, tendida sobre la urna, está adornada con un bonete redondo y con alguna elevación a modo de mitra, tal como lo tiene la estatua de otro Precentor de la familia Despujol, cuyos entierros están en otras de las capillas. Tiene además esta que digo capa coral y báculo en la mano, distintivo de su oficio. En el plano del sepulcro se leen estos hexámetros:

"Haec petra Franciscum de Plano continet ortum

Sanguine praeclaro, cui magna scientia, virtus

Fortuitis sociata bonis, laus, gloria fulsit. 

Qui Sacrista Vicensis erat, qui sedibus almis

Canonicus, qui Prepositus, Precentor amatus,

Pauperibus largus, pius, ecclesiamque frequentans,

Semper amans patriam, studuit sua iura tueri:

Nomine vivet ob id varias velitante per oras.”  

En los necrologios de la iglesia de Vique consta que murió a 30 de julio de 1453.

Todavía es más memorable el segundo sepulcro de los dos que decía, que está junto a la puerta excusada de la capilla de las Santas Vírgenes. Hay en él una estatua de bronce que representa a un soldado, y sobre él este letrero: Hic iacet Dominus Borra miles gloriosus. Facta fuit sepultura ista anno Domini M.CCC.XXX ...

Este Borra era un truhán del Rey Don Alfonso V de Aragón. El P. Caresmar extractó en el archivo de la catedral una escritura de venta hecha por Mosen Borra en el año 1451, y dice que el tal Borra se llamaba Antonio Tallander, y que era hijo de otro del mismo nombre y apellido. Es graciosa la memoria que queda de él en un privilegio que le concedió el Rey su amo, dándole facultad de regresar de Nápoles a Barcelona, en el cual en consideración a su vejez y a no tener ya dientes ni muelas, manda se le suministren todos los vinos que él quiera. Hace ya algunos años que se publicó este documento en castellano; pero allá va su copia latina con que desempalagar (a: Ap. núm. XLIV.). Por todo ello se ve la propiedad con que en su sepulcro se le da el dictado Plautino de miles gloriosus. En la sacristía se guardan ricas alhajas. Un altar portátil de plata de uso del Rey Don Martín y también su espada, aunque ni uno ni otro me consta que sea de este Monarca. Un códice de evangelios del siglo XV, con las cubiertas de plata y muchos relieves en ellas con singular artificio en el lomo, para abrirse cómodamente: sirve sólo para el juramento que hace el Obispo cuando toma posesión de su silla, y el Rey en la de su canonicato. La custodia que sirve en la procesión del Corpus es de hechura singular: consiste en una silla de plata cuyo asiento tendrá dos palmos de elevación, y sus pies, brazos y respaldo están ricamente labrados. Sobre el asiento y en medio de él se eleva un cuerpo gótico, cuya materia, que dicen ser de oro, y hechura apenas se pueden distinguir, por las innumerables sartas de perlas que lo cubren entretejidas en su labor: colocación que desagradaría mucho al artífice, si amaba como es regular que luciese su trabajo. Contribuye a ello el collar del Toisón de oro que dicen regaló el Emperador Carlos V, y ciñe esta rica pieza. La mayor parte de las sobredichas alhajas son dádiva de un caballero llamado Luis Cervelló, de quien fue testamentaria la Reina de Aragón doña Violante, y en calidad de tal dio molts et diverses joyels á la custodia del precios cors de Jhu. Xpst. Así se lee en el libro de aniversarios de esta iglesia. También ciñen la silla con una faja de cuatro dedos recamada de oro y perlas y algunos diamantes que regaló para el objeto una Reina de Aragón. Dádiva apreciable, más por la calidad y afecto de la donadora, que por su valor y artificio. En una caja bien labrada vi un copón, cáliz, vinajeras, etc., todo de oro y de hechura muy graciosa, obra del platero Martínez de Madrid, y dádiva del liberalísimo Obispo y amantísimo de su iglesia D. Gavino Valladares, hecha en 1792. 

Más apreciable es un cáliz como de un palmo de elevación y con el cráter cónico, si es verdad lo que dicen que se fabricó del primer oro que trajo de América Cristóbal Colón y que presentó a los Reyes católicos en esta ciudad. Es de una ductilidad particular, que cediendo el cráter a cualquiera impresión recobra por su elasticidad su propia figura. En orden a reliquias las hay de las comunes y frecuentes en otras iglesias. 

Son de notar cuatro cabezas de las once mil vírgenes y una faja que dicen ser de la Virgen, tela delicadísima y de un hilado muy prolijo y casi imperceptible. Ya me había olvidado. Volviendo a la silla de plata sobredorada, sobre cuyo asiento se coloca un viril muy alto, todo de oro, para la procesión del Corpus, algunos sabios amigos Barceloneses, han querido persuadirme que sobre dicha silla entró sentado en esta ciudad y como en triunfo, el Rey D. Martín, de vuelta de sus conquistas. Así será tal vez; pero yo no he hallado hasta ahora ningún documento auténtico que tal diga. 

A Dios. Barcelona, etc. 

domingo, 30 de octubre de 2022

CARTA XCII. Antigüedad de la iglesia de Gerona.

CARTA XCII. 

Antigüedad de la iglesia de Gerona: su catedral siempre fue la de Santa María, nunca la de San Félix, sino interinamente mientras dominaron los Moros en la ciudad: el clero de ambas iglesias profesó la canónica Aquisgranense desde fines del siglo IX: restauración de dicha canónica en el XI: pruebas de esto, y de que no se observó aquí la regla de San Agustín ni la de San Benito: noticia de lo que era el mazo de San Benito: varios ritos monacales de esta iglesia fueron la causa de esta opinión: noticia de ellos y de lo que era el Prepósito: número, orden y nombres de sus arcedianatos: número y calidades de los canónigos: cuándo y cómo pasaron a serlo los presbíteros llamados de Capítulo: origen de sus beneficiados: quien concurría a las elecciones de Obispos: cuando comenzó a elegirlos el Papa: sujeción de esta iglesia a la de Narbona: su título (titular en el índice), sello, hermandad con la de Puy en Francia: cuánto tiempo duró la fiesta a Carlo Magno: vestidos corales de los canónigos.

Mi querido hermano: Mucho se ha escrito sobre la antigua cristiandad de Gerona haciéndola remontar algunos historiadores hasta los tiempos apostólicos, colocando en esta Sede por primer Obispo a San Máximo, discípulo de Santiago. Algo más reciente ha de ser si San Saturnino fue el primer apóstol de estos países, como dan por supuestos algunos monumentos de nuestros monasterios e iglesias. Mas aun dejando aparte los primitivos tiempos, en que es muy verosímil que estuviese propagada por acá la religión, nos consta que lo estaba ya a fines del siglo III, como se ve en las actas de los mártires que padecieron a principios del siglo IV, que cierto no debía ser tan nueva la religión aquí en 303, cuando apenas llegado Daciano a España ya destinó a Gerona un vicepresidente tal como Rufino, que muy de asiento y de propósito persiguiese los templos de Dios vivos y muertos. 

Y constando que aquella persecución comenzó por derribar y asolar las iglesias como principal objeto suyo, se ha de tener por indubitable que la había ya en esa época en Gerona, y que era Sede de su Obispo propio llamado Poncio, martirizado en 303, y lugar donde se congregase la muchedumbre de cristianos, que debía ser considerable si se ha de calcular por los que murieron en esa persecución, que son más de doscientos, digo los conocidos.

El lugar donde estaba esta iglesia no puede ser otro que el actual, no habiendo quien dispute esta preeminencia sino la iglesia de S. Félix, y disputándolo esta a lo que entiendo sin razón. Porque el lugar donde ahora está el templo de este Santo era a fines del siglo III y principios del IV cementerio de los cristianos, donde consta que fueron sepultados casi todos los mártires y señaladamente San Félix Africano, y S. Narciso Obispo. Y como la disciplina de aquel tiempo no permitía que nadie se enterrase en iglesias, síguese que no la había ni catedral ni subalterna en el lugar indicado; el cual por otra parte estaba entonces extramuros de Gerona y delante de la puerta por donde se tomaba el camino de las Galias; circunstancias que comprueban la oportunidad de aquel sitio para cementerio y la importunidad para una Sede o iglesia matriz. Más adelante se verá el origen de esta pretensión. 

Decía, pues, que Rufino destruyó la catedral antigua, de modo que el citado Obispo San Poncio y sus fieles no tenían otro lugar donde congregarse que las criptas o soterráneos, y lo mismo aconteció a San Narciso, el cual fue muerto por los perseguidores en una de aquellas venerables juntas en el mismo cementerio que ahora decía. Que si se dice muerto en la iglesia de San Félix tomaron con grande impropiedad la iglesia que se construyó después por el terreno o sitio de ella. Cesando al cabo de ocho o diez años la persecución, y llegada la paz de Constantino, luego hallamos en esta ciudad dos iglesias cuyo examen importa mucho para la historia de esta Sede. Llamose la una de San Félix, levantada sobre el mismo cementerio o lugar donde había sido sepultado aquel insigne mártir, que por lo heroico y brillante de su martirio, y por la fama y celebridad que le dieron los himnos de Prudencio, se llevó la principal advocación del templo, oscureciendo en cierto modo el nombre de San Narciso, y del otro Félix, su diácono, sepultados en el mismo lugar. Bien se echa de ver cuán conforme era la erección de este templo a la disciplina de la época en que cesaron las persecuciones, cuando en todas partes se levantaron iglesias sobre los sepulcros de los mártires. Y así sin dificultad se puede fijar la época de esta hacia los años 320 o cosa tal.

Tampoco dudo que sea del mismo tiempo la otra iglesia intitulada constantemente de Santa María, y situada en el mismo lugar donde hoy está la catedral nueva, Sede propia de los Obispos de esta ciudad. Porque cierto es que por ardiente que fuese la devoción de los Gerundenses a San Félix Africano, primero debía restablecerse la Sede e iglesia matriz ya que había libertad para ello. Y que esta lo fuese la de Santa María, y no la de San Félix, aún en el siglo IV, lo persuade el haberlo sido en el siglo VII, porque no había razón ni es creíble que los Obispos de este último siglo ocupasen otra Sede que la que tuvieron los del IV. Pues a principios del siglo VII dice San Ildefonso (de viris illustribus, cap. X) entre otros elogios de San Nonito, Obispo Gerundense, adhaerens instanter obsequiis sepulcri S. Felicis Martyris. Circunstancia nada notable en un Obispo que asistía diariamente en su catedral, si esta lo hubiera sido el templo donde estaba el sepulcro de S. Félix. Por donde parece claro que era distinto de este el de la catedral, el cual estaba dentro de los muros cual correspondía a la iglesia matriz.

Por esta última razón cuando los moros se apoderaron de Gerona hacia el año 717, tomaron para su mezquita la catedral, y para los Cristianos que quedaron pecheros, quedó libre el uso del templo exterior de San Félix, a donde trasladó el Obispo su Sede y todo el culto de la catedral; y allí permaneció hasta la restauración de 785. De este espacio de sesenta años, dice un Cronicón de Ripoll hablando de esta restauración de la catedral, quae tunc erat in ecclesia S. Felicis (Marca hispánica, col. 250): y más claramente lo dice un sermón del Obispo Oliva: Ibi (en la iglesia de San Félix) erat ecclesia cathedralis tempore infidelium; porque no habiéndolo sido en los tres primeros siglos, no hay otra época a que convenga el tempore infidelium sino a los sesenta años del dominio de los moros.

Conquistada esta ciudad por las armas de Carlo Magno, o más bien por los Cristianos que quedaron en ella, se restauró la catedral y la Sede episcopal en el lugar en que ahora está. Desde esta época de mayor luz quedan innumerables documentos que acreditan que la catedralidad no ha mudado de lugar. De modo que a la actual iglesia de Santa María, que es ahora distinta de la de S. Félix, es la misma que lo era en los diplomas del siglo IX y siguientes. Y este es a la verdad un argumento muy sólido para probar que el templo de S. Félix no disfrutó jamás este honor sino interinamente en los sesenta años de cautiverio. Porque no es presumible que un templo tan respetable ya por su famoso titular fuese despojado del honor episcopal que había disfrutado desde la paz de Constantino si tal hubiese. Ni se hallará que Carlo Magno u otro Príncipe de aquel tiempo despojase tan ligeramente los templos de su antiguo honor en las ciudades que conquistaban de los moros. Esto era mucho menos verosímil en Gerona, que en medio de la barbarie de los árabes supieron mantener el culto cristiano en la iglesia de San Félix, por donde no había título para que se temiese alguna mengua en las invasiones venideras. Así que no fue este el motivo de la mudanza de la catedral al lugar donde está, sino la restitución del derecho que tenía este sitio profanado con las impurezas del Corán en aquellos sesenta años. Trata este punto con más extensión Dorca en la obra de los mártires. Sea con motivo de la sobredicha traslación de catedralidad al templo de S. Félix, sea por otra causa, el clero de ambas iglesias se consideró uno solo hasta el siglo X; de lo cual da algunas pruebas el mismo escritor. A mediados de ese siglo se dividió un clero de otro, y el de San Félix suena gobernado por abad propio, como se dirá otro día. Aún antes de esa división se había ya introducido aquí la Vita canónica Aquisgranense, comúnmente admitida por las iglesias de Cataluña en aquellos tiempos anteriores al remate del siglo XI. Yo no tengo duda en que aquí se introdujo luego que se mandó observar en el concilio de Aquisgrán (Aachen) del año 816. Mas como para esto se necesitaba dotación fija y apoyada con la autoridad real que asegurase a los canónigos de su subsistencia, de ahí es que no nos consta la observancia de esta regla hasta que el Obispo Teotario en el año 881 logró de Carlomán un diploma o como llamaban preceptum, en confirmación de todos los bienes de esta iglesia; el cual publicó Baluzio (capítul. Reg. Franc. apén. número CXVI) y está en el libro verde de esta catedral, fol. 178. Hizo esto el Obispo con ánimo de dotar de nuevo a su clero, y de hacerles observar la regla canonical a imitación de Frodoino Obispo de Barcelona, que ya lo había ejecutado en 878. El nuestro lo verificó en 882, señalando los estipendios o sustentación, que su clero, esto es, el de San Félix y Santa María, debían recibir sirviendo a Dios en sus iglesias. Irá copiado de nuevo este instrumento, aunque publicado varias veces, y novísimamente por Dorca. En él se debe fijar la introducción de la canónica Aquisgranense en esta iglesia, porque sus fórmulas son las mismas con que se establecía en otras partes. Más claro parece esto en que desde entonces los canónigos de Gerona comenzaron a llamarse así, como se ve en el instrumento de la elección del Obispo sucesor Servus Dei del año 886 o 887 en que todos los subscriptores se firman Canonicus, cosa no usada hasta entonces (a: En la España Sagrada, tom. 43, pág. 96 y 169 se da por sentado que en esta iglesia no se instituyó la vida canónica hasta muy entrado el siglo XI. No me admira que opinase así el que tan escaso se muestra de noticias del tiempo del Obispo Teotario; y eslo sí que es de admirar en quien vio por sus ojos los archivos de Gerona.) 

Y así es claro que tomaron este dictado a canone o regla; y no habiendo entonces otra en uso por acá sino la de Aquisgrán, admitida en toda la provincia Narbonense, a la cual pertenecía nuestra iglesia, es preciso concluir que esta es la que aquí se admitió como en la de Barcelona, Vique y Urgel. No se opone a esto la subscripción de Badagarius Abba que se halla en la citada escritura de elección. Porque este Abba o Prepósito era el que según mandaba aquella regla tenía a su cuidado el gobierno económico de la iglesia. 

Ya advertí en el viaje de Vique que la canónica Aquisgranense tenía por propio carácter el no obligar a sus profesores a la total abdicación de la propiedad, y así quedaban con el derecho de testar libremente de sus bienes, muebles y raíces al tiempo de morir. Y que esto se usase aquí en los siglos X y siguientes se podía mostrar en una larga serie de ejemplares por las escrituras que quedan de este género, y por los legados de los canónigos a su iglesia, notados en sus óbitos en los Martirologios. Dorca cita algunos (pág. 351). He copiado dos (a: Aps. ns. XXVIII y XXIX.) para muestra: uno del año 1064, tiempo en que, como se verá, estaba en su auge esta canónica Gerundense. Este es el testamento de Ponce Levita (nombre sinónimo de canónigo de Gerona), y Capud scolae, oficio unido entonces a la canónica. En él verás la franqueza con que dispone de todos sus bienes, y los muchos que poseía como dueño propietario. Es notable la mención que hace de mancusos auri monetae aeneae. El otro es del año siguiente 1065, hecho por Guillermo Guifredo, canónigo de esta iglesia, que murió en Palencia, yendo en romería a Santiago en el mes de agosto de este año. Otros muchos hasta principios del siglo XIII se citan en el proceso de 1239, produciendo los legados que se hicieron a los presbíteros de esta iglesia. Lo mismo pudiera hacer respecto de las oblaciones y admisiones in canonicum, en cuyo acto la canónica consignaba a los nuevos la percepción de ciertos frutos, de que disponían a su arbitrio. Cosa que no toleraba otra regla que la Aquisgranense.

Sin embargo, creo que hasta principios del siglo XI no estuvo en gran auge esta canónica, o por falta de edificio que comprendiese en un recinto todas las habitaciones y oficinas que la correspondían, o por otras causas. Así hallamos que es a XII de las calendas de diciembre del año 1019 (XXIII del Rey Roberto), el Obispo Pedro Roger, con el auxilio de su hermana la Condesa de Barcelona Ermesindis, y del hijo de este Berenguer, Conde y Marqués, resolvió restaurar y dotar esta canónica, mandando construir su edificio, como se ve en la escritura publicada en la Marca Hisp. (Ap. n. CLXXXII), y copiada por mí de nuevo del original, donde se hallan algunas suscripciones que omitió el impreso, y se corrigen las erratas que en él se cometieron (a). Otra copia va de la nueva dotación que hizo poco después el mismo Obispo: por donde se ve el esmero con que cuidó de la reforma de este clero (b).

Es verdad que en ninguno de estos instrumentos se dice restaurase aquí la canónica Aquisgranense. Mas la circunstancia de haber asistido a aquel acto solemne los canónigos de Barcelona, que la habían admitido el año 1009, y San Ermengol, Obispo de Urgel, que la plantificó en su iglesia en 1010; y la de haberse hecho todo con su acuerdo es un indicio manifiesto de que aquí no se introdujo otra regla. Dorca, que trató de propósito esta materia, omitió un argumento que es el más concluyente de esta verdad. En dos martirologios modernos de esta catedral, uno del siglo XIII y otro de fines del XIV, se halla al fin o toda o la mayor parte de la Vita canónica Aquisgranense con el prólogo, todo conforme la publicaron los editores de Concilios. Lo mismo se ve en otro martirologio de la colegiata de San Félix. Cualquiera volumen que se hallase de ello aquí era ya un indicio suficiente de lo que digo. 

(a) Ap. n. XXX. = En la España Sagrada, tom. 43, se publica este documento copiándolo de la Marca Hispánica. 

(b) Ap. n. XXXI. 

Pero lo es mucho mayor el hallarse en los martirologios, libros en que sólo se escribía lo que había de servir para la lectura y uso diario de la Praetiosa en los monasterios y en las iglesias que se amoldaron al rito monacal. Porque en esa hora, después del martirologio, se leía, o el Evangelio del día en las fiestas, u otras lecciones análogas al objeto, o un trozo de la regla y constituciones en las ferias, como todavía se observa en mi orden y otras: y esto era general en todas las canónicas. Pues si en los martirologios escritos de nuevo en los siglos XIII y XIV pusieron aquí la canónica Aquisgranense, es claro que esta es la que leían al tiempo de la Praetiosa. Y a esto alude una consueta del siglo XIV, que manda leer a esa hora un trozo de Decretis Patrum, expresión equivalente a aquella canónica, que no es otra cosa sino una colección de sentencias de Padres y Concilios. También se infiere de lo mismo que esta es la regla que observaron en los siglos anteriores. Porque ya se sabe la tenacidad con que los cuerpos guardan sus antiguos ritos y costumbres. Con esta sola reflexión queda desmentida la opinión de los que creyeron que la canónica Gerundense fue Agustiniana. Porque además de que esta regla no pudo regir aquí antes del remate del siglo XI, en que era todavía desconocida en Cataluña, debemos decir lo mismo de los siglos XIII y XIV, en que no se acordaron de ella cuando escribieron los martirologios sobredichos. Cosa del todo inverosímil, si entonces o antes estuviera en uso.

Mucho más equivocada es la especie de haberse observado aquí en lo antiguo la regla de San Benito, como aseguró el padre Roig (pág. 202 y 206): fábula sólidamente combatida por Dorca (pág. 345 y siguientes). Es verdad que en el breviario propio de esta iglesia, escrito en 1339, se halla la fiesta de San Benito a 21 de marzo; pero es sólo de tres lecciones, y el oficio todo del común. Rezo propio y octava tiene allí mismo la fiesta de la traslación de dicho Santo, a quien llaman Pater; mas eso no prueba que lo fuese de estos canónigos, como no lo era Santo Domingo, a quien también llaman Pater en el oficio propio de su fiesta, ni San Francisco, a quien dan el mismo dictado las lecciones escritas en el leccionario propio de esta iglesia. El clero secular adoptaba estas festividades de los fundadores de las órdenes, y de ellos tomaba los oficios propios para el rezo. Y en esto no hay que cavilar más. Pero ciertamente es reparable que la festividad principal de San Benito fuese en el siglo XIV de un rito tan inferior, que no sufriría ningún cuerpo en la fiesta de su Patriarca. Más es que en las actas capitulares del mes de abril de 1372 se halla una ordenación hecha por el Obispo y Capítulo con estas palabras: Ordinarunt ad honorem Dei et reverentiam S. Benedicti quod translatio S. Benedicti colatur per Christi fideles, in locis ubi sit monasterium virorum seu mulierum ordinis Sancti Benedicti... Y añade que esto lo hicieron ad humilem suplicationem venerabilium Abbatum et aliorum ipsius ordinis qui interfuerunt in Synodo in Gerundensi Ecclesia proxime celebrata. Esta era buena ocasión para que los canónigos expresasen su profesión benedictina, y mostrasen la debida veneración a su Patriarca, estableciendo dicha fiesta en Gerona. Esta omisión es un argumento claro de que entonces no había aún nacido la opinión de haber sido Benedictinos estos canónicos. Dudábase todavía de esto mismo aún en el siglo XVI, en que tan válida estaba la fábula del mazo de San Benito. Así se llamaba un recio golpe que se oía en la catedral, el cual, según creían algunos, anunciaba la muerte próxima de algún canónigo. Para que veas lo que esto era va copia de un acta capitular de 12 de diciembre de 1528 (a: Ap. n. XXXII.).  

La opinión del estado monacal de la canónica Gerundense podo nacer de las prácticas de refectorio, dormitorio, capítulo, colaciones en el claustro y otras, y de los nombres de oficio consiguientes a esta: cosas usadas aquí y en otras iglesias por largo tiempo. Lo del refectorio estaba ya aquí desusado a principios del siglo XIII, pues en el proceso de 1239 se lee: Cum olim canonici omnes comedebant in refectorio. En el libro verde, desde el fol. 112, se hallan varios estatutos ya del 1216 sobre las porciones canonicales en dinero. Mas aun quitada la comida en refectorio, quedaban en él las colaciones en los días de ayuno, y en el claustro en los días festivos: y así se practicó hasta el siglo XV (V. lib. verd. fol. 134). En 1315 se daban, según la antiquísima costumbre, dos colaciones en los días de ayuno (Ibid. fol. 126). Mas no entiendas que ambas eran para todo el clero, sino la primera para el capítulo y la segunda para los restantes, y así debe entenderse esta colación duplicada, donde quiera que se halle usada. Quitose aquí esta práctica en 1325, mandándose quod de cetero non detur nisi unicus potus in claustro vel in refectorio in diebus jejunialibus et aliis quibus est consuetum bibere bis; et pro secundo potu, detur certa pecuniae quantitas (Ibid. fol. 129. b. et in lib. den Calçada fol. 114). El uso del dormitorio continuaba aún al tiempo del proceso de 1239, en que se supone que al presbítero hebdomario (hebdomadario encuentro anteriormente) se daba en él cada noche una candela. Mas no se recogían allí todos los canónigos, constando de muchas escrituras que tenían sus casas fuera del ámbito del claustro y lechos propios. Los oficios de refitolero, cocinero, dormitorero y portero de la canónica fueron erigidos en beneficios perpetuos en 1319 por el Obispo Don Pedro de Rocaberti (Ibid. fol. 141. b.); lo cual nació sin duda de la total supresión de aquellas oficinas, aunque les quedasen algunas obligaciones análogas a su origen. He dicho, y téngolo por cierto, que estas prácticas monacales no prueban la profesión monacal en las catedrales; como tampoco la persuaden el claustro y clausura, el coro en medio de la iglesia, el silencio, la Praetiosa en el capítulo, el uso de comenzar las completas en él con la lección espiritual y bebida, y pasar luego al coro a concluirlas. Estas y otras mil cosas compatibles con el derecho de propiedad eran miradas como un antemural de la vida perfecta del clero secular, el cual sin abdicar sus bienes y sin hacer voto ninguno solemne de vida más perfecto, debía distinguirse de los legos en la conducta exterior. Lo mismo a proporción se ha de decir de los nombres de Abad, Prior y Prepósito usados en escrituras de los siglos X, XI y XII, nombres sinónimos, con los cuales era llamado indiferentemente, no un superior monacal a quien se prestase la obediencia que constituye aquel estado, sino un superior económico, a quien tocaba la corrección primera de los delincuentes y la administración de las rentas. Lo más común en esta catedral era llamarle Praepositus; y que no significase más que lo dicho se ve en la división de este oficio en las doce preposituras que conservaron el nombre y obligaciones del primero, y es que creciendo las rentas y la carga de su colección y distribución, fue preciso aliviarle, repartiendo entre muchos lo que uno solo no podía desempeñar. Las primeras memorias que aquí hallo de los prepósitos por meses, son de principios del siglo XII. Algunas de ellas mismas o acaso distintas se intitulaban de Albuziano, de Aredo, de Eviza, Caciano, etc., tomando el nombre de las villas o iglesias cuyos frutos estaban a su cargo.

Había en esta iglesia cuatro arcedianatos, es a saber: el mayor o Gerundense, llamado antiguamente de rogationibus (por la jurisdicción y derecho que tenía en Ravós, lugar distante dos horas de esta ciudad), el de Besalú, el de Empurias y el de Peralada, a quien sucedió el de la Selva, si no me engaño, en el siglo XII. Estos cuatro títulos correspondían a los cuatro condados que componían esta diócesi. 

Ya muy de antiguo ocupan en el coro los cuatro ángulos y en las procesiones de la vigilia de Navidad al capítulo, día de Ceniza, Jueves Santo y otras, tienen señalada en las consuetas su colocación respecto de las otras dignidades de esta manera: arcediano mayor, sacrista mayor, precentor, abad de San Félix, y los arcedianos de Besalú, Empurias y la Selva. El abad de San Félix era por lo regular el mismo arcediano mayor hasta el siglo XII. Entonces comenzó a darse aquel cargo a otras personas, y esta dignidad siempre se reputó por la cuarta de esta catedral.

El número de canónigos era el de veinte hasta la visita del Cardenal Sabinense en 1229, en que se aumentó al de veinte y cuatro, y así ha continuado. Eran y lo son diaconiles, y es ocioso probar esto con escrituras, muchas de las cuales van copiadas. Esta es la causa de ser aquí tan frecuentes las firmas de Levita, que siempre se ha de tomar por equivalente de canónigo, porque lo eran, y ellos solos lo eran con toda propiedad. Aún hoy no son admitidos al osculum pacis, si no están ordenados de diáconos, que es el grado que requiere su prebenda; otra condición precisa para entrar en su número era la de ser de genere militari ex utroque parente: esto es, nobles, porque esto significaba el miles en los siglos XII y XIII. Confirmaron esta constitución varios Papas y también el concilio Basileense, VIIII. kal. junii de 1437 a instancias del capítulo y del Obispo Bernardo Pau, qui, dice el decreto, nostrae congregationi incorporatus existit. La causa de esta condición de nobleza fue precaver por los enlaces de los canónigos con los nobles, los daños que estos hacían en las posesiones de esta iglesia. Para la celebración de los oficios divinos había doce presbíteros llamados de capítulo, los cuales se repartían esa obligación por semanas, teniendo cada uno de ellos por ministros a dos de los canónigos. Llamábanse también statores, como estantes por el capítulo. Los arcedianos eran los diáconos del Obispo según una constitución del año 1434 (Lib. den. Calçada fol. 173. b), solos estos presbíteros y los canónigos podían celebrar o ejercer oficio eclesiástico en el altar mayor, a excepción de los Evangelios, Liber generationis y Factum est de los maitines de Navidad y Epifanía, las Pasiones en la Semana Santa, la Angélica del Sábado Santo, y las misas matutinales que se permitía cantar a otros. Este era todo el clero de la catedral a principios del siglo XIII, es a saber: los canónigos, dignidades y presbíteros de capítulo, a que se añadía el clavero y dos capellanías establecidas, una por el canónigo Guillermo de Terrades, y otra por la Condesa Ermesindis, que murió hacia la mitad del siglo XI. 

En 1208 se introdujo la fundación de beneficios que se llamaron stabiliti. Hizo la primera Alemany de Aiguaviva, sacrista de esta catedral y después su Obispo, a 28 de febrero del año citado, a la cual se siguieron otras hechas por el Obispo Arnaldo de Creixell en 1214. Y este es el principio del numeroso clero de esta iglesia que tanto contribuye al lustre de las funciones eclesiásticas. En esta misma época los presbíteros de capítulo entraron en la pretensión de ser tenidos por verdaderos y esenciales canónigos. Fundábanse en la costumbre antiquísima de asistir a las elecciones de Obispos, de suscribir como canónigos, de no ser echados del capítulo en sus deliberaciones, y por consiguiente alegaban derecho a percibir el florín mensual que por constitución del Obispo Guillermo de Monells de 1173, se debía dar a los canónigos que cursaban en alguna universidad. Los canónigos dijeron que esto había sido una tolerancia, etc. El negocio paró en compromiso, como ya dije otro día. Los jueces dieron sentencia a 29 de octubre de 1240, declarando que los presbíteros no eran verdaderos canónigos, ni debían percibir los florines que se daban ratione estudiorum, sed quia, prosiguen, in electione episcoporum dictos presbiteros invenimus praescripsisse, et si non ad plenum, cum beneficio tantum et supplemento nostrae conscientiae, in ipsa electione episcoporum jus habere dictos pbros. declaramus. También se mandó que pudiesen obtener preposituras, y que no fuesen excluidos del capítulo, cosas de que estaban ya en posesión. Apelaron los presbíteros de esta sentencia a la Sede Apostólica, y el Papa Inocencio IV la confirmó en 1249. Así quedó el negocio por entonces. Andando el tiempo, el Papa León X erigió estos doce presbiterados en canonicatos, dispensándoles en el estatuto de genere militari, y conservándoles las obligaciones antiguas de hebdomadas, etc. El breve es de 1520 IV. kal. octob. Con esto quedaron treinta y seis canonicatos como hoy subsisten. Del mismo contexto del proceso consta, que dichos presbíteros nunca habían tenido la abadía de San Félix, que siempre estuvo anexa a un canonicato de la catedral, y hoy es la cuarta dignidad de ella.

De lo dicho se ve, que la elección de Obispos fue aquí peculiar del capítulo; y aunque en el siglo IX consta que acudían a este acto los clérigos rurales con los civitatenses, como verás en la elección del Obispo Servus Dei el año 886; sin embargo, entiendo que esto no se ha de tomar tan literalmente que se suponga haberse hecho una junta a que acudiese todo el clero, sino que congregado gran parte de él se hacía aquella aclamación, que tales eran por lo regular las elecciones de los Obispos. Así aún del siglo XII hay por acá algunos decretos en que se dice haberse congregado para ello el clero y pueblo, con ser así que el pueblo no tenía acción ninguna en tal acto. Y se ha de distinguir entre lo que es la elección del prelado y la carta dirigida al metropolitano, pidiendo la confirmación e intronización del electo; a esto último concurrían los nobles y magistrados, y en nombre de todos se hacía la súplica. A principios del siglo X, año 908, suena aquí el Obispo Wigo, electo por el Rey Carlos el Simple. Y es el único ejemplar que hay de ello. En los restantes, el clero, o sea el capítulo por aclamación, o por escrutinio o por compromiso, nombró siempre a su pastor hasta el año 1292, en que el Papa nombró Obispo a Don Bernardo Vilamarí. Esta es aquí la época de las reservas pontificias en orden a la dignidad episcopal.

Durante el cautiverio de Tarragona reconoció esta iglesia, como todas las otras de la marca, al Arzobispo de Narbona por su metropolitano, a quien acudían en lo que tocaba a confirmaciones de Obispos, concilios y causas eclesiásticas, y él venía a consagrar templos, entronizar Obispos y cosas semejantes. Sobre estas pruebas comunes a las catedrales de Urgel, Barcelona y Vique, tiene esta de Gerona otras particulares. Porque con la intrusión del Obispo Ermemiro hacia el 886, puesto por el famoso Sclua, intruso en Urgel, que se arrogó los fueros de metropolitano Tarraconense, tuvo Gerona ocasión de mostrar su opinión en este punto, o sosteniendo el derecho de Servus Dei ya electo y consagrado por el de Narbona, o eligiéndolo verificada ya aquella intrusión de Ermemiro, y presentándolo al mismo Arzobispo como a su cabeza legítima con desprecio de la vana pretensión de Sclua, a quien nunca reconocieron por tal, aun reconociéndolo los Obispos de Barcelona y Vique. Este afecto particular de nuestra Sede a la de Narbona, fue sin duda la causa porque el decreto de la elección del Obispo Borrell de Vique en 914 se puso en manos de nuestro Obispo Wigo, para que él solicitase el consentimiento de los comprovinciales y del metropolitano Narbonense; porque la razón que allí se da de que estaba más cerca de aquella capital, no tiene gran verdad. De lo mismo nació igualmente la resistencia que nuestro Obispo Arnulfo hizo a Cesario, abad de Santa Cecilia, electo Arzobispo Tarraconense en el concilio Compostellano: cuento que dan por fabuloso los críticos del día; pero que a pesar de sus censuras, es y será siempre un hecho. De lo mismo entiendo que nació, el que nombrado Atón, Obispo de Vique, Arzobispo de Tarragona, no fuesen reconocidos por tales los sucesores en más de un siglo. En resolución, Gerona reconoció por metropolitano al de Narbona, desde su conquista en 885, hasta la restauración de Tarragona, o excepción de las dos breves épocas de Atón y Berenguer Rosanes, Obispos de Vique. Ya se dijo que el titular de esta iglesia siempre fue Santa María, con el cual se ha distinguido de la de S. Félix, y se ha indicado regularmente desde el siglo IX la Sede y episcopado Gerundense, como se ve en varios diplomas, y en el decreto que se dirá de la elección del Obispo Servus Dei en 886, los canónigos que ponen título de iglesia no ponen otro que Sanctae Mariae, que es otra prueba sólida de que la catedralidad nunca fue propia de la iglesia de S. Félix. A esto no se opone que en algunas escrituras, por la grande veneración y celebridad del Santo Mártir y por la unión que ambas iglesias tenían, suenen donaciones hechas a la Sede con título sólo de S. Félix, juntándolo otras al título de Santa María. Habrás observado ya en los documentos que he enviado en el discurso de mis viajes que en las donaciones, así de Reyes como de particulares, los titulares de los monasterios e iglesias no se expresan siempre con la exactitud que ahora quisiéramos. Nacía esto de la devoción del donador a los Santos que tenían su propio altar, además del mayor en los monasterios e iglesias. La iglesia de Roda en algunos diplomas episcopales de mitad del siglo XI se llama Sancti Valerii et S. Vicentii, por haberse entonces hallado el cuerpo de S. Valero y depositado en la catedral, que nunca, ni antes ni después tuvo otra advocación que la de S. Vicente Mártir. El mismo era el titular del monasterio de Gerri, al cual sin embargo se le añaden, y a veces prefieren en algunas donaciones, los títulos de Santa María, S. Pedro, San Juan y otros. Cuán cierto y demostrado es que el titular de la catedral de Vique no era otro que S. Pedro. Sin embargo, ¿cuántas donaciones hay hechas a aquella Sede intitulándola Sanctae Mariae por la devoción a la imagen venerada en la antigua capilla fuera de la catedral llamada la Rotunda? ¿Quién contará los nombres de Santos que dan los antiguos documentos a la colegiata de Besalú, antes monasterio de canónigos reglares de S. Agustín? Bastan estos ejemplos que ahora me ocurren para que nadie se deslumbre con la diversidad de titulares expresados en algunos diplomas. Aquí había más, y es que el nombre y los milagros de San Félix era lo que hacía famosa la iglesia Gerundense, y lo que estimulaba a los poderosos a enriquecerla por donaciones, o por gratitud, o para merecer los favores de tan ilustre mártir, cuyo nombre expresaban en las escrituras, porque él era todo el móvil de su liberalidad. Las Condesas Gisla y Ermesindis, por ejemplo, regalaron un frontal de oro en honor de S. Félix, como dicen todos los escritores; mas esta alhaja sobre hallarse en la catedral y no en la iglesia de San Félix tiene además que observar, que en el centro se entalló la imagen de Santa María y no la de aquel Santo, como dando a entender que la iglesia a quien se dio estaba titulada de Santa María y no de S. Félix.

Estas y semejantes reflexiones no debían olvidar jamás los que contradicen la catedralidad de Santa María. Medir las escrituras antiguas por la exactitud y propiedad del día es ignorar la diplomática en esta parte.

Otra prueba es de lo mismo el sello antiguo y moderno del capítulo, que nunca representó otra cosa que la imagen de nuestra Señora sentada. Así lo conservan en el día, con ser así que la fiesta principal de su titular es la de la Asunción, que en otras catedrales bastó para que alterasen su situación representándola en pie desde fines del siglo XV o cosa tal.

Tenía esta iglesia hasta nuestros días hermandad con la de Puy de Francia, y de ello hay muestras en las ocurrencias de ir y venir canónigos, los cuales mutuamente percibían la porción canonical, y eran tratados como tales. Quedan además desde el siglo XV varias cartas de un capítulo a otro, algunas de las cuales están copiadas en el Cartoral, fol. 310. Mas esto no nace de lo que dicen comúnmente los escritores, que cuando Carlo Magno conquistó esta ciudad en 785 puso en ella por Obispo un canónigo de la de Puy, cuyo nombre se ignora. En el episcopologio verás cuan fuera va esto de camino, y como verosímilmente en 785 era ya Obispo de esta Silla Adaulfo. La conquista de esta ciudad por Carlo Magno es uno de los cuentos más ruidosos entre los eruditos, con ocasión de las memorias que aquí se tienen de aquel Príncipe y de las demostraciones religiosas con que le ha honrado esta iglesia. Es de desear que todos los hijos de Gerona entren en las ideas juiciosas de su paisano Dorca, que en su obra de los Mártires de Gerona acaba de desentrañar y poner en claro esta fábula con todas sus circunstancias portentosas. El resultado de su trabajo es que cuando Carlo Magno vino a España con su ejército y estuvo en Zaragoza en el año 778 sujetó la ciudad de Gerona con otras muchas, dejando en ellas tributarios a los Moros que quedaron con su mando: que rebelándose estos después, el ejército de los franceses (francos) vino sobre esta ciudad en 785, llamados por los Cristianos Gerundenses, los cuales advirtiendo la poca guarnición de Moros, entregaron la plaza a Carlos, a quien habían jurado obediencia siete años antes (y esto ciertamente es más glorioso para Gerona que su conquista a fuerza de armas por aquel Rey): que por consiguiente es una fábula que esta conquista fuese en virtud de los portentos de la lluvia de sangre, aparición de una cruz en el cielo, etc., que ni sucedieron en Gerona sino en la Alemania, ni en ese año 785 sino en el siguiente 786: que ni en uno ni en otro estuvo ni pudo asistir personalmente Carlo Magno a la conquista de Gerona, estando como estaba en Italia y Sajonia. Estas y otras cosas que cuentan por muy ciertas algunos escritores están sólidamente confutadas en la citada obra a que me remito, como viajero ocupado en otras cosas que falta averiguar. La tradición nada vale cuando hay en contra argumentos de casta. La fiesta que aquí se hizo a este Rey como Santo tiene un origen moderno y conocido, que es la credulidad del Obispo Arnaldo de Monrodó, el cual la instituyó en 1345, como se dirá otro día. Pedro de Marca se equivocó en decir que esta fiesta duró hasta los tiempos del concilio Tridentino, y que aun quitada, quedó el sermón en alabanza de aquel héroe a la hora de la misa mayor. 

En cuanto a lo primero en una consueta del año 1360, que pone esta fiesta, al margen se halla notado de letra del siglo XV que ya no se celebraba en virtud de un breve del Papa que la mandó suspender. Nada más se expresa allí; mas yo sé que este Papa fue Sixto IV. Consta esto de las actas capitulares del año 1493 (fol. 55, día 9 de abril) en que el capítulo, cortejando a D. Lope de Haro, embajador del Rey Católico (Fernando II de Aragón) al nuevo Papa Alejandro VI al tiempo de mostrarle las reliquias, altar y otras preciosidades de la catedral, le dio razón del culto y oficio de IX lecciones con que Carlo Magno había sido venerado en ella por espacio de unos 140 años hasta que lo prohibió el Papa Sixto. El embajador ofreció representar este negocio a Su Santidad y solicitar la restauración de la fiesta. Y si hizo lo primero, es cierto que lo segundo quedó por hacer. Lo de la obra del sermón todavía es más equivocado, pues ya en 1470 se decía el panegírico a la una del día de la dominica II de Cuaresma, como se dice también hoy y como yo le he oído este año. La fiesta, cuando se celebró, tenía por día propio el 29 de enero, como se ve en las consuetas, etc. Mas debe notarse que no era general en todas las iglesias de esta ciudad. De la colegiata de San Félix con ser tan principal, puedo asegurar que no la admitió o que al menos no la guardaba a mitad del siglo XV, cuando todavía continuaba en la catedral. Una consueta de dicha colegiata de ese tiempo dice: De hoc festo (Caroli Magni) in ecclesia S. Felicis nichil fit; immo fit de VIII die S. Vincentii. Sed in Sede et aliis ecclesiis, fit de Karolo tamquam de festo signi novi. 

Acerca de los hábitos corales del clero en los siglos antiguos, no puedo dar por cierto cosa alguna. Sin embargo, puede servir de luz la rúbrica que establece una consueta de esta iglesia escrita en 1360 para la solemnidad del Sábado Santo, “Finita nona, dice, quatuor clerici induti superpelliceis hymnum Inventor rutilis cantent in Truna ubi leguntur lectiones de duobus in duobus; et hic (esto es, antes de cantar Exultet angelica) penitus deponuntur capae nigrae, nec in antea utimur nisi superpelliceis." Al margen de letra del siglo XV se nota: Hodie autem deponuntur (capae) sexta finita imediate. De cuyas palabras se debe inferir que en los siglos XIV y XV, durante el tiempo pascual y acaso hasta Todos Santos, el hábito del coro era sólo la sobrepelliz, y de ese día al de Pascua la capa negra. Esto último consta de una constitución del año 1321 en que se añadió que los que no llevasen capa negra en tiempo de invierno se sentasen en el coro inferior, y en las procesiones precediesen a los otros para evitar la deformidad que debía resultar de la mezcla de trajes diferentes. En una y otra temporada, así sobre las capas como sobre las sobrepellices, llevaban almuzas negras: y esto indica la constitución copiada en el libro Dencalçada (den, d'en Calçada): est consuetum, dice, quod nullus clericus intret chorum cum vestibus viridibus bipartitis, virgatis, rubeis vel stacatis, nec cum caligis, nec cum almuciis nisi nigris, et quod portent superpellicia vel capas. Otra noticia nos da el mismo libro, (fol. 213) que dice: Quando presbiteri de capitulo, seu quicumque beneficiati capis pluvialibus induuntur, non portent subtus ruquetum seu garnatxiam sed superpelliceum portare omnimode teneantur. Entiendo que las almuzas eran cerradas por delante, aunque mucho más cortas que las que hoy usan los canónigos. Estas no tenían capilla, la cual era propia y estaba cosida con la capa, y cubría del todo y ajustadamente la cabeza. Vese esto en las figuras sepulcrales de canónigos y beneficiados, así en el claustro de la catedral como en otras iglesias. A lo mismo alude una constitución capitular del 22 de junio de 1509 en que se ordenó quod de cetero quilibet capitulares et beneficiati hujus Sedis portantes capas de choro, possint in choro et extra deferre caputia caparum extra caput in collo more aliarum ecclesiarum cathedralium; ita quod sit in arbitrio cujusque dicta caputia portare in capite aut in collo prout sibi placuerit. En 1553 a 18 de marzo dio permiso el capítulo para que cada uno de sus individuos usase de chirotecas sive manicas, no obstante el estatuto antiguo y costumbre que prohibían su uso. La materia común de estos hábitos era la lana. En los registros capitulares de Alfonzello, fol. 134, hallo que en 1472 ya se dispensó con el clero ut possent uti serico et ornamentis canonicalibus. El uso de los armiños en las almuzas de invierno no entró acá hasta el 1609 en que mandaron se comprasen. Algo más tardó a introducirse el uso de hábitos canonicales morados para invierno y verano, que no se mandó hasta 1629. Hoy se usan en el invierno capa talar de estameña morada con sotana y almuza de lo mismo. Del traje común del clero fuera de la iglesia, darán razón varias constituciones sinodales que irán copiadas, y de que se hablará en en el episcopologio desde el siglo XIII en adelante. A Dios, etc. 

domingo, 20 de noviembre de 2022

Tomo XIII. Carta XCV. (95) Catálogo de los Obispos de Gerona

TOMO XIII

VIAJE A GERONA

PUBLICADO POR LA MISMA ACADEMIA.

MADRID:

IMPRENTA DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA,

A CARGO DE D. CELESTINO G. ÁLVAREZ, CALLE DE S. VICENTE BAJA, NUM. 74.

1850.

Fungar vice cotis.

ÍNDICE DE LAS CARTAS QUE CONTIENE ESTE TOMO.


                                                                    Pág.

Carta XCV. Catálogo de los Obispos de Gerona. 1


FÉ DE ERRATAS. (corregido)

Dice. Debe decir.

Pág. 160, linea 2. Las naves. Las Navas.


CARTA XCV.

Catálogo de los Obispos de Gerona.

Mi querido hermano: Aunque como viajero sólo debo hablar de cosas cuyos monumentos se conservan, quiero sin embargo comenzar el catálogo de estos Obispos desde tiempos remotos, aunque sólo sea por modo de índice, ya que tengo a mano en esta iglesia un códice de concilios, del cual y de lo que noté en el de Urgel, acaso saldrá alguna luz en materia tan oscura.


S. PONCIO

martirizado por Rufino aquí mismo en 304.


S. NARCISO

muerto en la misma persecución en 307.

De estos dos Santos trató copiosamente el Canónigo Dorca en la obra que dijimos. Cesa la memoria de los Obispos de esta iglesia hasta principios del siglo VI. Mas de que no cesó su serie consta del concilio Toledano I celebrado en el año 400, en el cual los Obispos de la provincia Tarraconense dieron su queja contra Minicio, Obispo de sede no conocida, el cual se había arrogado el derecho de ordenar un Obispo en Gerona contra la voluntad del pueblo. Véase la epístola de Inocencio I a este concilio. (Aguirre, Colect. Can. Hisp.)


FRONTIANO.

Hallose en el concilio Tarraconense tenido en la era 554 (año de Cristo 516), anno V. Theoderici Regis (Teodorico), consulatu Petri, sub die VIII. idus novembris, como dicen los códices Urgelense y Gerundense, en los cuales firma en cuarto lugar así: Frontianus Episcopus Gerundensis SS. Sin expresar la sede firma también en otro concilio celebrado el año siguiente 517 en esta iglesia, y acaso por eso subscribe en segundo lugar después del Metropolitano, antes de los que le precedieron en las suscripciones del otro concilio. La del nuestro dice: Frontinianus in Christi nomine Episcopus SS. La época es la que comúnmente se señala, y cuadra bien con la era DLV que señalan nuestros códices; mas no con las otras notas que añaden: anno VII. Theoderici Regis, VI. idus junii, Agapeto V. C. Consul. La diversidad del nombre en los códices la aumentan los autores, llamándole unos Fontiniano, y otros Fortuniano. (Fortuño, Fortuny)

STABILIO o STAFILO (a).
(a) En el tom. 43 de la España Sagrada, pág. 47, se le llama también Estéfano.

Así le llaman nuestros códices en las subscripciones al concilio de Lérida de la era 584 (año de Cristo 546), donde asistió por su procurador el presbítero Grato, cuya suscripción se halla en el último lugar en el códice de Gerona, y en el penúltimo en el de Urgel. También se halló en el de Barcelona seis años antes, el cual Diago en su Episcopologio atrasó un siglo.


ALICIO.

Subscribió en el concilio III de Toledo del año 589.

JUAN.

Abad de Valclara, conocido por el Biclarense: gobernando esta iglesia asistió a varios concilios. Supónese que falleció en el año 621. De él han hablado todos los historiadores. Los eruditos prácticos del país, dan por cierto, que el monasterio de Valclara, que él fundó, estuvo entre Tarragona y Monblanc.


NONITO

sucesor de Juan, pues se halla subscrito en el concilio IV de Toledo del año 633. El códice Urgelense le llama Honnitus: el Gerundense Nonnitus: otros le dan el nombre de Nonicio y aun de Verito.


TAIO o TAJÓN.

Asistió al concilio Toledano VIII, donde firma en nono lugar como antiguo ya en la sede, aunque en los concilios V, VI y VII no se halla firma de él ni de otro. El códice Urgelense le llama Dalo; mas nuestro Gerundense le llama Taio, y esta lección prefiero a la de Talo y Toila que le dan otros.


AMADOR.

Floreció en tiempo del Rey Wamba hacia el año 683, cuando le escribió una carta el tirano Paulo que se apoderó por algún tiempo de Gerona, y robó del sepulcro de San Félix Mártir la corona de oro, dádiva de Recaredo.

Después de este Obispo coloca Roig a Sabarico como asistente al concilio Toledano de 674. Mas yo no hallo tal subscripción en el códice de Urgel, y ni uno solo de los Obispos de Cataluña que él acota; antes casi todas ellas están en el concilio llamado en mi códice XVI de la era 731, año 693, donde no firma ningún Sabarico. Así por ahora no reconozco de este nombre más Obispo que el que pondré más abajo, dando por sucesor de Amador a


JAIME,

cuyo nombre y existencia en el año 683, consta de las subscripciones del concilio Toledano del año IV de Ervigio, era 721, donde entre los vicarios firma: Stabilius Abba Jacobi Gerundensis Episcopi SS. Así en nuestros códices. Donde se ve que el nombre de Stabilio era muy común por acá.

SAVARICO.

Así escribe el códice Urgelense el nombre de este Obispo, el Gerundense Labarico: ambos le ponen entre los que asistieron al concilio Toledano del año 688, donde firma en el lugar 45.

GILIMIRO.

Así proponen nuestros códices el nombre de este Obispo, hasta ahora llamado Miro y Miron (Mirón), el cual asistió al concilio Toledano de la era 731, año 693, y firmó en el lugar 52 (a).
(a) En el tom. 43 de la Esp. Sag., pág. 67, no se hace mención de esta diversidad del nombre, y le cuentan por Miro I, con relación a otro del siglo X. También se dice que subscribió núm. 54. Pequeñas cosas parecen estas, mas habiendo códices propios de la iglesia de cuyos Obispos se trata, cierto no lo son.

Después del Obispo Gilimiro, que es el último cuya memoria consta por las actas de nuestros concilios, no hay noticia cierta de otro Prelado hasta fines del siglo VIII siguiente. No es inverosímil que Gilimiro alcanzase los tiempos de la invasión de los Árabes, ni tampoco que durante ella continuasen Obispos en esta silla, dejando como dejaban los Moros a los Cristianos en el libre uso de la religión por el interés que de ello les resultaba. Mas nada hay de cierto en orden a los Prelados, hasta que conquistada la ciudad por las armas o en tiempo de Carlo Magno, se restauró la catedral, y comienza a hablarse de Obispos desde el año 785 o siguiente. Esta es la común opinión. Pero es muy posible que en la primera entrada que hizo Carlo Magno en 778, cuando subyugó a Gerona y dejó tributarios a los Moros, restaurase entonces la sede poniendo Obispo. Y esta es la causa porque algunos escritores dicen que en 785, cuando los Cristianos se alzaron contra los Moros y entregaron la ciudad a Carlo Magno, había ya Obispo. Mas en señalar su nombre hay ya gran discordia, nacida de la distancia de los siglos y de la escasez de documentos. Diago y otros suponen que Carlo Magno incardinó en esta Sede un Obispo cuyo nombre ignoran; pero aseguran que era Canónigo de la iglesia de Puy de Velay en Francia, desde cuyo tiempo y por cuya causa quedó continua hermandad entre ambas iglesias. De esto ya se habló en las cartas pasadas.

Otros dicen que este primer Obispo después de la restauración se llamó

PEDRO.

El primero que dijo esto fue Corbera (Historia de Doña María de Cervellón, cap. 7.), engañado con una escritura del monasterio de San Feliu (pone Feliú) de Guixols, que dijo ser la de la fundación del monasterio y del año 796. En ella se refiere que conquistada Gerona por Carlo Magno, pasó poco después este Príncipe con el Conde Suniario y su mujer Resellis (debió decir Richildes o Ricildes), y la Condesa Ermesendis y Pedro, Obispo de Gerona, a conquistar el castillo llamado del Abrich, y que edificó y dotó aquel monasterio el año 28 de su reinado (796). Con poco trabajo se ve la falsedad de esta escritura: 1.° Supone la venida de Carlo Magno en persona tan sólidamente confutada, y más en el año 796, que sería un nuevo descubrimiento: 2.° Supone vivir en tiempo de Carlo Magno, y en 796 al Conde Suniario y Richildis, que son todos de la mitad del siglo siguiente: 3.° Todavía es posterior y de principios del siglo XI la Condesa Ermesendis, cuyo hermano era un Obispo Pedro, desde 1010 hasta 1050. La verdad es que la escritura no es del año 796, sino de más de seis siglos posterior, es a saber, del año 1408, en que el abad de dicho monasterio Galcerán tuvo una junta capitular para formar un nuevo plan de gobierno, y en ella hablando del oficio del camarero, pusieron la sobredicha narración sin cuidar siquiera de la cronología; y este es todo el argumento para poner un Obispo Pedro, instituido por Carlo Magno. Todavía pasa más adelante Corbera, dando a Pedro el apellido de Hilmerad o Hilmerado, creyendo que este es el Obispo de que hace mención el Rey Carlos el Simple en el diploma de confirmación de los bienes de esta iglesia dado en 922 a favor del Obispo Wigo, y que trae la Marc. Hisp. núm. LXIX. En el Libro verde de esta Catedral (fol. 180 b.), el mismo instrumento lo llama Julmeradus. Mas yo allí no leo sino que el Rey confirma quidquid Hilmeradus Episcopus prefatae Ecclesiae contulit, es a saber, en los lugares que allí expresa; mas no dice que lo fuese de esta iglesia, y cierto es que sin serlo pudo haberle dado cuanto allí dice y mucho más, de lo cual hay infinitos ejemplares. El Sr. Dorca conjetura que este Hilmerado era persona distinta y Obispo de Elna, de quien habla repetidas veces la Marc. Hisp. Así que excluido este Obispo Pedro, más probable es que el Obispo primero después de la conquista de Gerona, y acaso ya existente en tiempo de ella fuese

ADULFO o ADAULFO. (Ataulpho, Ataúlfo, Adolf, Adolfo)

Suena por documento cierto existente en el año 788, sólo dos o tres después de la conquista, y siendo tan próximo a ella no hay razón para fingir el otro, y más con tan débil fundamento. El documento cierto que digo, es el concilio de Narbona del año 788 presidido por Desiderio, Legado apostólico, en el cual se trató de la causa de Félix, Obispo de Urgel, y del estado de la cristiandad de nuestra Ausona.
A este concilio asistió entre otros nuestro Adulfo, y se halla su nombre en cuantos tratan de dicho concilio. Por lo mismo es bien extraño que Diago lo omitiese en su Catálogo. La Gallia Cristiana lo
 pone al año 791. La Colección de Labbé al 788.


WALARICO.

Diago le pone Obispo en tiempo de Carlo Magno sin señalar su año. Añade que a este Obispo restituyó el Conde Ragonfredo la villa de Bascara con sus términos perteneciente a esta sede a parte S. Felicis Martyris. Así es la verdad, y consta de una sumaria o declaración de testigos que se recibió sub die octavo XI. kal. januarii anno IIII, imperante feliciter gloriosissimo Dompno nostro Lodovico imperatore, que es el de 818. En él era ya Obispo el sucesor Nifridio, el cual para asegurarse de la posesión de la villa de Bascara, hizo declarar a los mismos que habían sido testigos de la investidura, o más bien restitución que el Conde Ragonfredo hizo de dicha villa al Obispo Walarico (que así le llama al fin, y al principio le nombra Wadarilico). Con lo cual es claro que su existencia no había de ser muy anterior al año 818, en que vivían los testigos de su posesión. Y así está bien dicho que vivió en el reinado de Carlo Magno. Este documento publicó Balucio en los Capitulares (apén. número XXXIV.), y Dorca pág. 314, sacado del Libro verde de esta iglesia, fol. 51, de donde yo le he vuelto a copiar y va adjunto (a: Ap. núm. I.)


NIFRIDIO.

Era ya Obispo en el año 818, como consta del documento que acabo de citar en el artículo del Obispo Walarico, y es la única memoria que hay de él.


WIMER o GUIMER (WIMERA, WIMARA, w : g : GUIMERA, Guimerá o Guimerà, mi primer apellido)

834.

Después de Nifridio no hay memoria de sucesor hasta el año 834 en que la hallamos en Wimer, el cual asistió al concilio o junta de Obispos que congregó el Emperador Ludovico Pío en su palacio de Attiniaco, diócesi de Reims, y con cuya ocasión logró de aquel Príncipe un diploma o praeceptum, en confirmación de los bienes de esta iglesia, que hallarás publicado ya en la Marca Hispánica (ap. núm. IX). Expresa la escritura las villas Ulianus, Cacavianus, Celsianum y Bellosos en el condado de Empurias; las de Molleto, Miliasa, Castellum fractum y Parietes Rufini en el de Gerona; la de Bascara en el de Besalú, con algunas otras, y en estos dos últimos condados la tercera parte de pascuario et teloneo. Diago en el Episcopologio redujo este diploma al año 836; pero es claro que pertenece al 834, siendo su fecha de IIII. nonas decemb. anno vicesimo primo de Ludovico. De paso advierto que estos derechos de pascuario et teloneo se concedieron en aquellos tiempos a otras Iglesias en sus territorios, como al Obispo Wisado de Urgel el año 861, al de Elna en 840, y el de Vique en 888. Que nuestro Obispo estuvo real y verdaderamente en posesión de estos derechos en los cuatro condados de que se componía esta diócesi, consta por una sentencia del año 842, que se dirá en el artículo siguiente, en que sólo advierto por ahora que estos derechos eran generales, tam de terra quam de mari, y que en los condados de Gerona y Besalú puso en posesión de ellos a nuestro Obispo el Conde Bernardo (a: La Marc. Hisp. col. 779, lee: Benedictum quondam, en vez de Bernardus Comes, que es lo que hay escrito en el Libro verde, fol. 53, de donde él la copió. Más extraño es que en el tom. 43 de la Esp. Sag., pág. 377, se repita esa misma equivocación de Marca (que por descontado nos quita la noticia de Bernardo, Conde de Gerona y de Besalú). Prueba clara de que el continuador del P. Flórez no vio aquel Cartoral aunque lo cita en esa página. Que si tal viera como pudo, no hiciera tanto hincapié en la palabra bendito, aplicándola a nuestro Obispo (pág. 96 sig)).

y en los de Empurias y Peralada el Conde Suniario. Donde se ve la unión de aquellos condados hacia el año 834 o siguiente, y quiénes

eran los Príncipes sus poseedores. Por último advierto, que tal vez llaman en esta escritura a nuestro Obispo Gimarane, y que de ella consta que el sucesor fue


GODMARO o GONDEMARO

desde antes de 841 hasta después de 850.

La primera memoria que queda de este Obispo es del año 841, es a saber, IIII. nonas septembris anno II. post obitum Dmni. Ludovici Imperatoris, día en que uno llamado Domingo, a consecuencia de la sentencia judicial dada en presencia del Vizconde Wifredo, reconoció a Gondebe, agente y abogado de nuestro Obispo, que las tierras que

poseía en Terradellas eran de la jurisdicción episcopal. A esta escritura copiada (a: Ap. núm. II.) del Cartoral del Vicariato, llamado de Carlo Magno, pág. 89, sigue otra del año 842, y es la sentencia que poco antes decía dada sobre los derechos de teloneo y pascuario, los cuales parece que le disputaba en los condados de Empurias y Peralada el Conde Adalarico por medio de su agente (mandatario) Ansulfo. Los testigos hicieron sus declaraciones juradas (que llamaban conditiones sacramentorum) en la iglesia de San Martín, dentro de la ciudad de Empurias, asegurando que el Obispo Wimer, antecesor de Godmaro, fue puesto en posesión de dichos derechos en los Condados de Gerona y Besalú por el Conde Bernardo, y en los de Empurias y Peralada por el Conde Suniario, y que hasta su muerte percibió aquellos frutos. Esto es lo que contiene la escritura que va adjunta (a: Ap. núm. III), copiada del Libro verde de esta Catedral, fol. 53, cuya fecha dice así: latae conditiones sub die duodecimo kal. septembris in anno tertio postquam obiit Lodovicus Imperator. El modo de contar en ambas escrituras por la muerte de Ludovico Pío nació de la discordia que siguió entre Carlos Calvo y su hermano el Emperador Lotario; porque hasta el 843 en que se terminó, hubo territorios en nuestra Marca en que no se reconoció por Rey a dicho Carlos. Habiendo pues muerto Ludovico a 20 de junio de 840, la fecha de nuestra escritura de 21 de agosto, año tercero después de su muerte, pertenece al 842. Hállase en la Marc. Hisp. (ap. núm. XVI) la sentencia de los jueces a favor de Gondemaro, conforme a la declaración que acabo de decir de los testigos, que es lo único que comprende la escritura que yo envío.

Y con ser así que ambas tienen la fecha de la misma manera, se halla reducida allí al año 843, en el cual dice Baluzio (Ib. lib. IV), que se verificó sin dar razón del por qué alteraba una cuenta tan clara. Alguna diversidad se halla entre ambos instrumentos: tal es que en el mío Ansulfo suena agente del Conde Adalarico, y en el de Marca él mismo lo parece ser del Obispo Godmaro, su competidor. Con todo eso el mío añade varias circunstancias de este hecho, que no declara el de Marca; propone los nombres de los testigos y el altar sobre el cual juraron, y el nombre de Bernardus Comes (de Gerona y Besalú), donde Marca leyó Benedictum quondam. Por lo demás en la sustancia son coherentes, y ambos ponen existente a Godmaro en 842. Otra memoria suya hay del año 844, en el que a 11 de junio el Rey Carlos el Calvo, estando en el monasterio de San Saturnino, en el sitio de Tolosa, expidió un diploma de confirmación de todos los bienes de esta iglesia a instancias de su Obispo Gondemaro. Publicó ya este documento Baluzio en el apéndice ad Capitul. Reg. Franc., n. LXIV. También existe en el libro quinto de este capítulo, fol. 179; mas no lo he copiado, ya por no añadir cosa interesante en los documentos de esta clase, ya por el error que en él hay de poner por antecesor de nuestro Gondemaro a otro Gondemaro, en lugar de Wimer. Todavía está por publicar, que yo sepa, la memoria más curiosa e importante de nuestro Obispo; y es la sentencia que junto con Enrique, Conde Pictaviense, Gacfero, Conde Burdegalense, Servo Dei, juez y Pedro, Arcediano de San Esteban de Tolosa, dio de orden del Rey Carlos el Calvo en el pleito del monasterio de San Quirico de Colera contra el Conde Alarico sobre la posesión del Castro Tolon (Peralada). Dará razón de este cuento la copia adjunta (a: Ap. núm. IV.), no quedando yo fiador de la autenticidad de la escritura, la cual merece sin embargo alguna consideración por hallarse copiada en un libro de feudos en la curia episcopal, escrito en el siglo XIII, en cuyo tiempo, como allí se nota, presentó el original el Abad de dicho monasterio Fr. Br.

Contiene esta escritura algunas cosas que notaré aquí:
1.° Que aquel monasterio fue edificado en tiempo y de orden de Carlo Magno.
2.° Que el nombre de Castro Tolon fue puesto por los paganos como significando tierra muerta, al cual sucedió el de Petralata (Petra : Pera + lata : lada).
3.° Que los monjes construyeron entre otras iglesias la de Santa Maria in Reccesvindo (Recesvindo), nombre de un monte que pudo intitularse del Rey Godo, y que corrompido en Rechesindo, fue sin duda raíz del de Requesens que hoy tiene:
4.° Que el citado Conde Alarico era hijo del Conde que Ludovico Pío estableció cuando conquistó a Barcelona:
(https://www.cervantesvirtual.com/obra/la-conquista-de-barcelona-por-ludovico-pio-y-creacion-de-su-primer-conde-bara--en-tres-actos--por-haberse-representado-en-el-teatro-de-la-m-i-ciudad-de-barcelona-en-el-ano-1777/)
5.° Que el tal Conde primero fue instituido super totam Cataloniam:

6.° Que esta es la primera vez en que se cree nombrado Cataluña. Vuelvo a repetir que no salgo fiador de la autenticidad de esta escritura, mayormente viendo firmar a todos los testigos con apellidos de familia, cosa que es mucho más reciente que el diploma, cuya fecha es de 25 de mayo, año IV del Rey Carlos, y de Cristo 844, sin poderse equivocar con los reinados de otros Carlos, pues los testigos dicen que vieron y conocieron a Ludovico Pío, conquistador de Barcelona.

Por lo que hace a la antigüedad de la palabra Catalonia, no quiero dejar de poner aquí, pues se ofreció la ocasión, una memoria anterior que vi en Perpiñan entre las copias que el sabio M. Fossa tenía preparadas para la historia completa del Rosellón. Entre ellas del Cartoral de la abadía de la Grassa, cerca de Carcasona, copió una donación de Carlo Magno a dicho monasterio data nona aprilis anno sexto Christo propitiante imperii nostri, et trigessimo nono regni in Francia, atque XXXII. in Italia, indictione XIII. actum apud Narbonam in Dei nomine, etc., que corresponde al año 806. Dice pues el Rey: Damus Deo et in dicto monasterio et omnibus monachis ejusdem loci praesentibus et futuris de rebus nostris quae sunt in comitatu Cathaloniae (condado de Cataluña; Chastelongne) in pago Rossillionensi (Rosselló, Rosellón) S. Stephani de monasterio nuncupati, S. Felicis de Pedillano... S. Vincentii de Stagello cum terminis, etc. Basta haber advertido esto para los curiosos.

Volviendo a nuestro Obispo continuó en el gobierno de su iglesia y en asegurarla la posesión de sus bienes: negocio muy importante estando tan recientes las conquistas. En este género se halla una sentencia que ganó entre los jueces delegados del Conde Wifredo

sobre la posesión de la villa llamada Fonsedictus en el condado de Gerona. Hállase la escritura en el Cartoral de Carlo Magno, folio 96; mas ya la publicó la Marca Hisp. (ap. n. XXI), su fecha XI kal. februarii (no XV como dijo Diago), anno decimo regnante Karolo rege, que es el 22 de enero de 850. De modo que hasta ese año es constante la existencia del Obispo Godmaro, del cual ya no hay noticias posteriores.


ELÍAS.


Diago no señala año ninguno de la existencia de este Obispo, y sólo dice que fue inmediato sucesor de Gondemaro. Roig añadió que le había ya sucedido a 3 de los idus de junio del año 853, y que esto consta; mas no dijo de dónde. En esta incertidumbre nos deja en la pág. 267 y en la 314, en que asegura lo mismo. Este escritor reprende con razón a Argaiz que lo supuso Obispo en 882, tiempo en que, como veremos, lo era ciertamente Teotario. El diploma en que Argaiz se fundó a favor del monasterio de San Pablo de marítima, sólo prueba que antes del año 882 hubo un Obispo Elías que dio algunos bienes a aquel monasterio, mas no que fuese Obispo Gerundense, ni tampoco que existiese en 853. Déjolo en esta duda, pues tampoco tengo argumentos para negar la existencia de este Prelado. Con mayor fundamento puedo proceder para fijar en la mitad de este siglo IX la noticia de un Obispo llamado


SENIOFREDO.


Omiten este Obispo todos los catálogos; mas es cierto que vivía el año 858 cuando consagró la iglesia de Ridaura, cuya escritura, fecha ese año, he visto en el archivo del monasterio de Camprodon; mas no la copié por ser ya ella una copia muy estropeada y por estar ya publicada entre las pruebas de la Historia de Languedoc (a: (a) V. tom. I. pr. 75.), sacada, como allí se dice, del monasterio de Santa María de la Grassa (Lagrasse, hoy abadía). Los episcopologios pusieron más abajo un Obispo Seniofredo entre Servus Dei y Wigo a principios del siglo X. No es imposible que hubiese dos Obispos Seniofredos; pero casi lo es que el posterior pueda ocupar el lugar que le dan, como se dirá; no habiendo por otra parte documento alguno que nos asegure de su existencia. Más copiosas son las noticias del Obispo sucesor.

THEOTARIO O TEUTHERO (a)

desde 875 hasta 886.

Con tal diferencia de nombres es llamado este Obispo por varios autores, los cuales, a pesar de ello, reconocen ser una sola persona. La primera memoria que hay de él es la subscripción a un concilio Cabilonense del año 875, que refiere la Marca Hisp. (col. 362), y cuyas actas publicó Chifflet (Hist. Trenorchien). Pero de ellas mismas se infiere que no asistió al concilio, sino que aprobó lo resuelto en él como otros Prelados ausentes; y también pudiera inferirse que para esta aprobación no era necesario que fuese ya Obispo en ese año. Mas yo le supongo y le debo suponer no habiendo pruebas en contrario, y constando que lo era en el siguiente 876, en el cual suscribió a las deliberaciones del congreso que el Emperador Carlos juntó en Pavia, como se lee en la misma Marca Hisp. (b).

(a) Este artículo está muy diminuto y equivocado en la España Sagrada, tom. 43; lo cual advertirá fácilmente el que se tome el trabajo de cotejarlo con el nuestro.

(b) V. Baluzio, Capitul. Reg. Francor. Tom. 2. ed. París. 1780, col. 238 seq.

También se halló en el concilio de Trecas del año 878, junto con Frodoino, Obispo de Barcelona, a cuya imitación, y para el mismo objeto, logró un magnífico diploma, como se dirá. Las actas de este concilio con la subscripción de nuestro Obispo traen Labbé y Baluzio en los Capitulares, aunque con la variedad que he dicho de su nombre; que cierto en un mismo año, y aun en un mismo acto, no puede ser sino de un mismo Prelado. Su asistencia a dicho concilio consta además de una escritura hallada en el monasterio de Bañolas, de que se hablará en su lugar. Baste por ahora decir que nuestro Obispo mereció allí el honor de misso regio para poner al Abad de aquel monasterio Ansemundo, en posesión de las cellulas que se le habían concedido en el condado de Peralada.

El diploma que decía es del Rey Carloman, dado apud Fossianum villam, quarto kalendarum septembrium, anno tertio regni Karlomanni, gloriosissimi Regis, indictione XIIII. Existe original en este archivo (arm. de Priv. reales, leg. I. n. 1.) con el sello de cera que representa el busto del Rey, a cuyo rededor hay vestigios de algunas letras. Por esto, y por ser tan importante, lo he copiado de nuevo (a: Ap. núm. V.), aunque ya lo publicó Baluzio en sus Capitulares (ap. n. CXVI). Esta es la escritura, como en los correos pasados apunté, que expresa ser la iglesia de San Félix una misma cosa con la Catedral, donde dice: Condonamus Sanctae Mariae, et Sancto Felici, atque rectoribus EJUS, no earum; y sin embargo es cierto, y lo confiesan los defensores de la catedralidad de San Félix, que en ese tiempo estaba ya en Santa María. Diago y los demás redujeron este diploma al año 882; mas debe fijarse en 29 de agosto de 881: con el cual viene bien la indicción XIIII y el año III de Carloman, que comenzó a reinar en 10 de abril de 879.

Más singular por su fecha es otro instrumento que también publicó Baluzio (ibid. número CXVIII), y del cual habla el mismo escritor en la Marca Hisp. (col. 364), perteneciente a un juzgado o sentencia que se dio en Purtos (villa del condado de Empurias) in mallo publico, sobre unas tierras de la villa de Bedenga, término de Oliana, en presencia de nuestro Obispo Teotario, las cuales finalmente se dividieron entre su iglesia, y un tal Andrés que las disputaba. He copiado de nuevo esta escritura del Libro verde (fol 51 b.) (a: Ap. núm. VI.).
Su fecha dice: data notitia sub die XVI. kal. junii, anno III. quod obiit Lodovicus Rex. Baluzio redujo esta época al año 884, contando desde la muerte de Ludovico III, hermano de Carloman, que acaeció a 3 de agosto de 882. Mas no advirtió aquel sagaz anticuario que nuestro país y toda la Galia occidental quedó sujeta a Carloman en la división que concertaron los dos hermanos entre sí, poco después de 879 en que murió su padre. Y es una verdad diplomática, que ni en la Aquitania, ni en la Borgoña, ni en nuestra Marca se hallará una escritura en que el sobredicho Ludovico III sea reconocido por Rey, ni su calendario cuente los años por los de su reinado, mucho menos por los de su muerte. Así que se ha de recurrir precisamente a otro Luis que reinase acá, y este es el segundo de este nombre, apellidado el Balbo, padre de los dos hermanos que decía, el cual murió día 10 de abril de 879, y así esta escritura es del día 17 de mayo de 881. Para prueba de esto citaré otra escritura original que hallé en Bañolas, de la cual se hablará otro día, y es una sentencia dada en favor de aquel monasterio, anno I. quod hovit (obiit) Ludovicus Rex: y que este sea el Balbo, se colige de que él es de quien se habla en ella, como autor del diploma que en la sentencia se confirma. Es cierto que poco después de la muerte de este Príncipe, ya reinaba aquí su hijo Carloman y era reconocido de todos; ¿mas quién puso puertas al capricho de un notario y de otros

que intervenían en la formación de las escrituras, que o por afición al difunto, o por estar todavía reciente el gobierno del sucesor, quisieron más bien continuar el calendario de los instrumentos con el nombre de los muertos que de los vivos? Si reflexionas un poco hallarás en mis viajes muchos ejemplares de esto en la muerte de Carlos el Simple, cuya cuenta siguen varias escrituras, no sólo hasta que entró Luis el Ultramarino, sino aún muchos años después que reinaba ya pacíficamente. Lo mismo sucedió repetidas veces en la muerte de Odón, de Roberto y otros. Lo cual se dirá de propósito en mis Observaciones diplomáticas, que irán al fin de los Viajes, como uno de los frutos de ellos. Quede pues asentado que la escritura en cuestión es del año 881.

Del siguiente publicó hace poco D. Francisco Dorca una donación, o más bien dotación hecha a esta canónica por nuestro Obispo, sacada de una copia del siglo XIII que he cotejado con la impresa, y la he hallado conforme, si no es alguna pequeña variación, señaladamente en las subscripciones (V. Dorca, pág. 315). Fundado en ella dijo muy

bien este sabio crítico (pág. 261), que este año 882 debe mirarse como la época de la canónica Aquisgranense en Gerona: conjetura que está bien apoyada con el dictado de Canónigos, con que suenan por primera vez los de esta iglesia cuatro años después, en el decreto de elección del Obispo Servus Dei. En esto me remito a lo que dije (en) los correos anteriores. Este loable fin de arreglar y cimentar en su iglesia la vida clerical, es el que se propuso este santo Obispo en la consecución del diploma del año antecedente. Porque cierto es que antes de reformar los cuerpos eclesiásticos y de obligar a sus individuos a que vivan la vida que deben, menester es quitarles todo motivo y pretexto de que se distraigan en busca de su sustento. Desde ese año 882 ya no queda noticia del Obispo Teotario hasta el año 885, en el cual se sabe que por estar enfermo dejó de

asistir a la consagración de S. Teodardo, Arzobispo de Narbona (Marc. Hisp. col. 364). Baluzio en los Capitulares (ap. núm. CXIX)

publicó otra memoria posterior de nuestro Prelado perteneciente al día 1.° de noviembre de 887, en que el Rey Carlos el Craso le dirigió un diploma de confirmación y protección a su iglesia de Gerona. Pero como la primera noticia del sucesor Servus Dei es ya el Concilio de Nimes, fijado por todos los eruditos a 17 de noviembre de 886, para salvar la dificultad que resulta, pueden tomarse y adoptarse varios caminos.

1.° El diploma presente debe ser anterior al año 887 a que lo redujo Baluzio. Porque su fecha es kal. novemb., anno secundo imperante Karolo, piissimo Imperatore, in Galliis indictione sexta. Así se lee en el Cartoral de esta curia episcopal, llamado de Carlo Magno (fol. 40). Y sabido es que muerto Carloman a 6 de diciembre de 884, como su hermano Carlos el Simple fuese todavía muy niño, los Franceses proclamaron por Rey de las Galias a Carlos el Craso, que ya era Emperador del Occidente desde fines del año 881, y se intitulaba Rey de Francia desde el 876. De modo que los diplomas que expidió como Rey de las Galias, según aquí suena, deben contarse precisamente desde el 6 de diciembre de 884. Y así el de que ahora tratamos, pertenece al día 1.° de noviembre de 886. Verdad es que no corría en él la indicción sexta, mas tampoco corría en el 887, si no es que la mudasen en septiembre, como alguna vez hicieron. En suma, es más fácil suponer error en el número de la indicción que en la nota del año del reinado, y este es claro que pertenece al 886.

2.° Mas como aun así parece increíble que viviese Teotario a 1.° de noviembre de 886, y que a 17 del mismo mes tuviese ya por sucesor a Servus Dei, y asistiendo al concilio de Nimes, debiendo mediar su elección y consagración, la intrusión de Ermemiro, la apelación al Metropolitano, y la convocación del concilio para juzgar esta causa; como todo esto, digo, es imposible que pudiese verificarse en el espacio de diez y siete días, queda todavía el arbitrio de atrasar el concilio de Nimes al año 887, y de esta opinión es Clemencet (a: Art de verif. les dates, tom. 1.° pág. 169.), con lo cual quedan de hueco un año y diez y siete días en que pudo verificarse aquella serie de operaciones.

3.° Aunque este medio es el que adopta Dorca (p. 319), y parece en verdad el más llano para salvar el anacronismo que decía, me atrevo sin embargo a proponer otra conjetura, y es que este diploma no es del año 886, sino del 885, en que el notario contó ya el año segundo de dicho Emperador y Rey de las Galias. Muéveme a esto la fecha de un diploma que trae Mabillon (a: Lib. VI. tit. 116. pro eccl. Nivernensi.), en que se nota el año segundo del mismo Rey en la Galia, y juntamente el año de la Encarnación 885, que aunque Mabillon y también Campillo (pág. 134) corrigen el año y lo atrasan al siguiente; mas es cierto que el original pone el de 885. ¿Y quién me probará que el notario no contó por año primero de aquel Rey todo el 884, aunque sólo comenzó a reinar en 6 de diciembre? ¿Cuántos ejemplares hay de esto en los Reyes que comenzando a serlo a fines de un año, lo contaron todo entero por el primero de sus reinados? Con esto vendría bien que Teotario alcanzase este praeceptum en 885, estando ya como estaba enfermo ese año, por cuya causa no pudo asistir a la consagración de S. Teodardo, Arzobispo de Narbona, y que muriendo luego de esta enfermedad entrase Servus Dei, y quedase espacio suficiente para la intrusión de Ermemiro y lo demás que acaeció hasta el 17 de noviembre de 886, época del concilio de Nimes, que no es necesario

alterar. De cualquier modo que esto se componga, Teotario no vivió hasta el 890 que dicen nuestros Episcopologios, como se verá en el artículo siguiente.


SERVUS DEI.


De lo dicho en el pontificado anterior, se ve lo difícil que es apurar los principios de este. Con todo eso se ha de tener por cierto que era ya Obispo, y como tal reconocido en el concilio de Nimes de 17 de noviembre de 886 u 887 (V. Labbé y la Gall. Christ. tom. 1.°. col. 7). Estaba ya entonces consagrado por S. Teodardo, Arzobispo de Narbona, a quien como a Metropolitano reconocido por nuestras iglesias, lo había ya presentado el clero de esta con el decreto de su elección, cuyo traslado del siglo XIII existe en este archivo, según lo publicó Dorca (pág. 317), y según verás en la copia adjunta (a: Ap. núm. VII.) que es más exacta. Este es el documento en que por la primera vez se nombran los canónigos de Gerona. En él se dice el electo terrae prefatae natum et nutritum, expresión que atendidas las circunstancias de la carta, supone ser natural de esta ciudad o por lo menos del país. Dícese que era clérigo de la iglesia de S. Félix, y no hay repugnancia en creerlo. El nombre de sus padres los expresó él mismo en la escritura de venta que hizo a Ailberto, Obispo de Bezieres (Beziers), año 888 (Marca Hisp. ap. núm. XLVIII). Quidquid, dice, genitor meus quondam Ingelbertus vel genitrix mea Adaltrudis nomine habuerunt, etc. Por grande que fuese el mérito de este Obispo, le hizo mucho más famoso la contradicción de Ermemiro, que quiso apoderarse de esta silla arrojando de ella a nuestro legítimo Prelado. Lo que los historiadores refieren se reduce a esto. Muerto Sigebodo, Arzobispo de Narbona, y electo su sucesor Teodardo en 885, no pudo hallarse en su intronización Ingoberto, Obispo de Urgel, por estar enfermo. Cundió por las partes de la Galia la noticia de su enfermedad, y se llegó ya a tenerle por muerto, con lo cual y con el favor del Conde de Urgel tuvo osadía para apoderarse de aquella silla un presbítero español conocido hasta ahora equivocadamente con el nombre de Selva, y que debe llamarse Sclua, como se demostró en el Viaje de Urgel. Este no sólo arrojó de su silla a Ingoberto, que quedó con vida, sino que arrogándose los honores de Metropolitano, luego que murió el Obispo de Gerona Teotario, a pesar de ser electo el sucesor Servus Dei, intentó y logró introducir en la misma otro Obispo llamado Ermemiro. Ayudáronle en este atentado los Obispos Frodoino, de Barcelona, y Godmaro, de Vique. Dieron sus quejas los Obispos agraviados Ingoberto y Servus Dei, y al cabo fueron depuestos los cismáticos Sclua y Ermemiro, primero en un concilio de San Ginés de Fontanis, y finalmente en el que se tuvo en la Catedral de Urgel, año 892. Esta historia se contó más largamente, y se examinó ya de propósito en el Viaje de Urgel, adonde principalmente pertenece, porque muchas de las circunstancias con que la adornan algunos escritores son fabulosas. En el fondo la cosa es cierta; y que Ermemiro, Obispo intruso disputó a Servus Dei la silla Gerundense, consta por el testimonio indubitable de la bula del Papa Romano a nuestro Obispo, en que dice: Veniens, jam dicte Serve Dei venerabilis Episcope, ad Sedem apostolicam, et eclesia Gerundensi juste et canonice recepta, expulso inde Hermomiro deposito et excomunicato, suggesisti, etc. Esta bula está aquí original escrita en papel que llaman egipcio, fecha en el mes de octubre, indicción primera (a). Marca corrige esta fecha por otra bula del mismo Papa a la iglesia de Elna que señala la indicción cuarta, y esta misma dice que debió escribirse en la nuestra, no primera; de modo que la bula sea del año 900, y a este año queda reducida en el ap. de la Marc. Hisp. No sé cómo cupo esta equivocación en aquel escritor, que pudo saber con poco trabajo que el Papa Romano no alcanzó el año 900,

y que sólo lo fue un año, parte del 897 y del 898; con este último año cuadra bien la indicción primera que nota nuestra bula, la cual también pudo anticiparse a los últimos meses del año anterior, según la costumbre imperial practicada alguna vez en Roma.

(a) Masdeu se empeñó en demostrar la falsedad de esta bula. Las razones que alega este crítico están bien contradecidas (contradichas) en la Esp. Sag., tom. 43, pág. 113. Sólo se embaraza su autor en la jurisdicción que el Papa concede a Servus Dei sobre las islas Baleares, lo cual Masdeu no quiere pasar. Mas si se considera que aquellas islas antes de su conquista no tuvieron Obispo propio, aunque tuvieron cristiandad; que Gerona era uno de los puntos del continente más inmediatos a ellas; que por esta razón en el siglo XI obtuvo esa jurisdicción Guislaberto, Obispo de Barcelona, y sobre todo, que a esa jurisdicción, como de cosa sin dueño, pedía aspirar la caridad o la ambición de los Obispos cercanos; si todo esto se mira, nadie extrañará que el Obispo de Gerona pidiese aquella jurisdicción, y que el Papa se la concediese. Querer medir las cosas de aquel siglo por la exactitud del día, no es de buenos críticos.

De modo que esta bula es del dicho Obispo, y nunca puede ser del año 900. Otra bula en favor del mismo Obispo y su iglesia hay aquí y es del Papa Formoso, la cual publicó Martene (Collect. amplis. etc. tom. I. col. 239), bien reducida al año 892. Este mismo escritor (Thesaur. anecdot. tom. I. col. 52) publicó la elección de nuestro Obispo, reducida al año 888, lo cual es equivocado, como ya vimos.

A pesar de la intrusión y violencias de Ermemiro, y aun antes de ser depuesto canónicamente, nuestro Obispo fue acá reconocido por legítimo. Así lo acredita la consagración de S. Esteban de Bañolas, hecha en 889, de que se hablará en el Viaje a aquel monasterio (V. Marc. Hisp., ap. núm. XLIX), y el diploma que alcanzó del Rey Odón en confirmación de los bienes de su iglesia (ibid. número LIII), año 891. Del mismo año es su asistencia a un Concilio celebrado in Magduno (Mehun), cuya noticia dio el Cronic. Sancti Petri Vivi, en el Spicileg. d' Achery, edic. de París, 1723, tom. II, pág. 472.

Del año 893 queda una sentencia a favor de nuestro Obispo sobre la posesión de la villa de Bascara, la cual publicó Dorca, pág. 323,

copiada del Libro verde, donde también la he visto. Al mismo año pertenece una sentencia sobre la posesión del Villare de Abderama, en término de la misma villa de Bascara, de que se había apoderado uno llamado Revello, su fecha idus novembris, año VI del Rey Odón (Cartor. de Carlo Magno, fol. 78). Allí mismo en los folios siguientes hay otras escrituras de la misma naturaleza tocantes a los años 894 y siguientes, mas de poco interés para la historia.

Carlos el Simple concedió un gran diploma a nuestro Obispo el año 898. (Marc. Hisp. ap. núm. LIV). En el de 902 se halló este Prelado en un concilio Narbonense celebrado por el Metropolitano Arnusto (V. Martene, Thesaur. anecdot. tom. IV, pág. 70.)

A 27 de noviembre del año 904, indicción VII, año V de Carlos el Simple, celebró la dedicación de la iglesia de S. Pedro de Camprodon, la cual irá copiada en el Viaje a aquel monasterio. Ahora va otra escritura de consagración de la iglesia de Santa María, en el término de la villa de Fontanet, condado de Gerona, fecha el mismo año de la Encarnación que el original llamó Era día 8 de noviembre, año VI. de Carlos el Simple (a: Ap. núm. VIII.).
El original está en el archivo de S. Pedro de Rodas, cuyo Abad no creo que fuese el que suscribe en esta escritura así: Modicus Georgius (Jorge, Jordi) Abba exiguus et Sacerdos indignus, interfui et subscripsi. Sería de otro monasterio sin duda.

El proceso de 1239, fol. 25, hace memoria de un establecimiento hecho a praedicto Servo Dei de quibusdam molendinis in quo nullus ex Presbyteris se Canonicum apellat anno VIIII. regnante Carolo Rege, fillio Ledovici. Esta data no cuadra al reinado de Carlos el Craso, cuyo nombre no se expresaba de esa manera, la cual conviene a Carlos el Simple; y como es cierto que nuestro Obispo murió el año 907, forzosamente el año VIIII de Carlos debió contarse desde el 898, costumbre aquí general aunque no creída por nuestros diplomáticos; y así la escritura citada será del 906. De este año es ciertamente el concilio de Barcelona, cuyas actas envié en el tomo de Vique, al cual asistió entre otros nuestro Obispo para tratar de la queja del Obispo de Vique Idalcario sobre el impuesto anual que le exigía el Arzobispo de Narbona. Este negocio no se terminó ese año, sino en el siguiente 907, en el concilio de S. Tiberio, al cual ya no asistió nuestro Obispo, como se ve en las subscripciones de aquellas actas, donde ya firma el sucesor Wigo. Con esto es más verosímil que nuestro Obispo muriese el mismo año 906, conforme se lee en su inscripción sepulcral en el presbiterio de la iglesia de S. Félix, al lado de la epístola, que está tal cual se sigue:

+ CESPITE SUB DURO CUBAT SERVVS

DEI ECCLAE. GERVNDENSIS EPS. VIX.

IN EPATV. ANNIS XV. OBIIT XV. KL.

SEPT. AN. DÑI. DCCCCVI. INDIC. (no se ve bien) VII (o XII, como se dice más abajo).

(Atención a la ñ mayúscula en 906; domini, dompni, domni)

Los XV años de pontificado (EPATV : episcopatu) que aquí se le atribuyen, dieron motivo a nuestros Episcopologios para creer que no comenzó a ser Obispo hasta el año 891, mas ya vimos que lo era por lo menos en 887. Otros han dicho que el epitafio, que es coetáneo, sólo contó los años que Servus Dei gobernó pacíficamente, depuesto ya Ermemiro en 892. Mas también vimos que aun durante la intrusión de Ermemiro, nuestro Obispo fue tenido acá por tal y reconocido en algunos actos jurídicos. Así otra debe ser la causa de haber puesto los XV años, si ya no fue yerro del cantero, que también erró la indicción, que en ese año 906 corría la IX. Acaso por eso la suprimieron, o porque se copiaron unos a otros los que publicaron esta inscripción (a). Como en el palo derecho de la V, hay figurado un travesaño, queda la duda si el escultor quiso indicarnos el número VII o el número XII.

Exclúyese SENIOFREDO.


Los Episcopologios ponen aquí este Obispo entre Servus Dei y Wigo, mas por el remate del uno y principio del otro, se ve que no tiene lugar, si no se le dan muy pocos días. A lo cual nadie puede obligarnos, no habiendo escritura alguna ni otro documento que ofrezca el nombre de Seniofredo en este año.


WIGO O GUIGO.

(W : G, Wilhelm Wimara: William : Guillermo Guimerá, mi sobrino más joven)

Llámese enhorabuena Hugo como algunos quieren y como suena en copias de algunas escrituras, mas en dos que he visto originales siempre se llama Wigo, y en una de ellas firmó él de su propia mano Guigo. Además, en el Cartoral llamado de Carlo Magno en la curia episcopal, hay desde el folio 100 más de veinte escrituras en que siempre se llama Guigo, que es lo mismo que Wigo; por lo que debe ser preferida esta lección a la de Hugo.

Como quiera que sea, es una sola la persona de este Prelado, sucesor inmediato de Servus Dei, y tan inmediato, que habiendo este último asistido al concilio de Barcelona de 906, en que se propuso la queja de Idalcario, Obispo de Vique, contra el Metropolitano de Narbona sobre el censo ánuo de la libra de plata

que este le había impuesto, y habiéndose suspendido la resolución para otro concilio más pleno, y verificádose este el año siguiente 907 en el monasterio de San Tiberio, diócesi de Agde, se halló ya en él nuestro Obispo, y subscribió de su mano a la total definición de este negocio, así: Guigo Sanctae Gerundensis Ecclesiae SS. En el archivo de la catedral de Vique están las actas originales que desmienten la audacia del que ha querido dar por apócrifo este concilio (Masdeu tenía que ser). Cuya verdad, y la existencia de nuestro Obispo en ese año, no necesitan otra prueba.

Esta es la primera memoria de Wigo. Consta que era de muy noble sangre, educado en el palacio real, nombrado Obispo por el Rey Carlos el Simple, y consagrado por el Metropolitano de Narbona y Obispos comprovinciales; y esto se verificó sin duda antes del concilio citado (a: En la España Sagrada, tom. 43, pág. 120, se duda de la asistencia de Guigo a este concilio, por no estar todavía entronizado, y se dice que probablemente firmaría después aquellas actas. Mas yo no veo que la entronización posterior se oponga a estar ya consagrado el año antes, y por consiguiente a su asistencia personal al concilio. Antes bien, si se lee el acta que allí se publica, pág. 393, se verá que cuando el Metropolitano presentó a la iglesia de Gerona el nuevo Obispo, dijo de él que estaba ya consagrado antes de esto. Así que es falso que se suspendiese la consagración hasta ese tiempo (pág. 121)).
Con todo eso no había sido entonces aún reconocido por Obispo Gerundense, ni entronizado en su sede, lo cual se ejecutó día 20 de noviembre del año XI del citado Rey, indicción XI, que es puntualmente el año 908, expresado en el exordio de la escritura que voy a citar; y una nueva demostración de que acá fue reconocido aquel Monarca por Rey desde el 3 de enero

de 898, en que murió Odón. Porque si contamos desde el año 900, como quiere Campillo, ni la indicción cuadraría con el año resultante

910, ni es regular que tardase tanto a entronizarse un Obispo, que ya lo era en 907. Dicho día pues del año 908 se hizo esta gran fiesta en la iglesia de San Félix Mártir, citra portam Gerundae civitatis, en la cual se hallaron con el Arzobispo de Narbona Arnusto, los Obispos Nantigiso de Urgel y Teuderico de Barcelona, y el Conde Wifredo, con gran multitud de clero y pueblo. Presentoles el Metropolitano al nuevo Obispo Wigo con todas las recomendaciones que arriba he insinuado, y luego fue reconocido por tal y elevado a la cátedra episcopal. De todo esto da completa razón la preciosa escritura que,

aunque ya publicada en la Historia de Languedoc, va copiada del original que existe en este archivo con las subscripciones de los ya dichos, y más de 67 entre presbíteros, archipresbíteros, abades y diáconos (a: Ap. núm. IX.). Es notable que no firmó Nantigiso, Obispo de Urgel, que se dice asistente en el cuerpo de la escritura, y suscribe Idelhero (o Idalcario), Obispo de Vique, que no se nombra en la misma. Esta escritura es uno de los grandes argumentos, y sin duda el mayor que producir puede la iglesia de San Félix para probar que en ella estaba la sede episcopal. Mas en este punto me remito a lo dicho en los correos anteriores por no interrumpir la serie de memorias del Obispo Wigo. Sábese que asistió al concilio de Fontcuberta del año 911, donde se trató la causa de Nantigiso, Obispo de Urgel, contra Adulfo, nuevo Obispo de Pallás, de lo cual se trata en lo de aquella iglesia. Basta leer las actas que allí se ingieren para ver que el Obispo de Gerona que se halló y subscribió en aquel concilio fue Wigo y no Sonifredo (Seniofredo), como dice Roig corrigiendo a Diago, que con Mariana y otros pusieron aquel concilio en 940, que cierto fue mucho errar.

En un Cartoral del monasterio de Camprodon queda una escritura original muy maltratada, y es una sentencia que se dio a favor de Witiza, Abad de la Crasa (La Grassa, Lagrasse), que pedía la posesión de la iglesia de San Esteban como propia de su monasterio, por aprisión de Adamundo, monje del mismo, que la obtuvo cuando era inhabitable. Wigo, Obispo, la había hecho parroquial; y de esto se quejó el Abad en la Catedral de Gerona ante el dicho Obispo, Teuderico de Barcelona, el Conde Suñer y muchos personajes, entre ellos algunos Canónigos de Gerona. Depusieron varios testigos, que había más de cuarenta años que la poseía el monasterio; y así se la restituyó el Obispo cum decimis et primitiis de villare que vocant Cannellas vel de villare Algama usque ad terminos de villa que dicunt Castelet et usque ad fontem vel Torrentem et terminos de
Ramanano... Por aquí podrá inferirse el lugar de dicha iglesia. La fecha es: Era DCCCCLI. anni Domini DCCCCXIII. indictione III. die kalendis martii anno XVI. (aut XV.) regnante Karulo Rege.
Algún bárbaro cortó la última C. de la Era y del año de Encarnación.

Más apreciable es para la historia y gloriosa para nuestro Obispo la noticia que publiqué en el Viaje de Vique, con la escritura original de la confirmación de su Obispo Jorge, fecha a 17 de junio del año 914. Allá se podrán ver sus preciosas circunstancias, que son otras tantas verdades históricas. Por lo que toca a nuestro propósito, basta decir que electo Jorge por aquel clero, presidido por Teuderico, Obispo de Barcelona, visitador de la iglesia huérfana, se tomó la resolución de remitir el electo, y los principales electores con su decreto a nuestro Wigo, que como más próximo a Narbona, negociase de aquel Arzobispo la aprobación y consagración, y habiendo requerido el consentimiento de los comprovinciales, tuvo el negocio toda la felicidad que se podía esperar. Es de creer que a la causal que allí se alega de la mayor proporción que Wigo tenía de ir y venir a Narbona (que cierto no es mucho mayor en Gerona que en Vique) se añadiese otro motivo para buscar su mediación; y es el gran valimiento que tenía con el Rey Carlos, con quien acaso se había criado, y que le había promovido al obispado. Motivo porque así el Metropolitano como los sufragáneos no repararían y despacharían más pronto su solicitud. A este gran valimiento con el Rey atribuye Mabillon (Anal. Benedict. tom. III. Lib. 42. n. 51.); la consignación de las abadías de San Lorenzo in agro Narbonensi, y de San Esteban de Bañolas a la Catedral de Narbona, hecha por el Rey Carlos a instancias de nuestro Obispo Wigo, de cuya protección se valió el Metropolitano Agio. Más es que el mismo Arzobispo debía a Wigo su entronización y posesión pacífica de la sede de Narbona contra las pretensiones de Herardo; porque cierto es que la bula del Papa Juan X, en que se resuelve a favor de Agio, está dirigida entre otros Obispos a Wigo nuestro Obispo. Prueba evidente de que él fue uno de los que negociaron y abogaron por su causa en la corte romana.

En la sobredicha elección de Jorge, Obispo de Vique, se demuestra que todo aquel ruidoso suceso estaba ya terminado a 17 de junio

de 914.
Del año 916 se sabe que asistió a la consagración de la iglesia de Elna, que hizo su Obispo Hilmerado, por la escritura o actas de ello que publicó la Marca Hispan. (ap. n. LXV). Al mismo año 916 pertenece la escritura de venta que le hizo Recesinda con su hijo Manla de una viña en la villa de Fontanet, alias Santa María, la cual va copiada del Cartoral del vicariato dicho de Carlo Magno (a: Ap. núm. X.): en ella verás que nuestro Obispo se llama alguna vez Ugo, y que el Teudesindo que firma es el que fue después Abad de San Félix. Año 921, XXIIII de Carlos el Simple, a 27 de febrero, los habitantes de Bascara hicieron de nuevo reconocimiento a nuestro Obispo sobre su dominio en aquella villa, y que habían obrado contra él en establecer viñas, casas, etc. Hízose esto en presencia de Mirón, Conde y Marqués, y a instancias de Optado, agente del Obispo (Cart. de Carlo M. curia episcop. fol. 77).

Ibid. fol. 98 se halla la escritura de venta que le hicieron Lupus et Brada de unas tierras en la villa de Fontaneto, año XXV de Carlos VII, kalend. maii. En la Marca Hisp. (núm. LXIX) se halla un amplísimo diploma que le dirigió el Rey Carlos, año 922, estando en la Flandes, en confirmación de todos los bienes que ya poseía su iglesia; a los cuales añadió el Rey otros de nuevo, on nimiam, dice, fidelitatem, quam illum (nuestro Obispo) erga nos cernimus habere.

Este es el diploma en que se nombra un Obispo Hilmerado como bienhechor de esta Iglesia: motivo porque algunos lo tuvieron por Obispo de ella. Mas no habiendo otra noticia de tal Hilmerado, ni diciéndose aquí que fuese antecesor de Wigo, no hay por qué reconocerle Obispo Gerundense; y sin duda fue Elnense, que vivía por entonces, y era amigo del nuestro, a quien asistió en la consagración de Elna seis años antes.

Del mismo año 922 hay en el Libro verde, fol. 181, copia de otro breve privilegio de protección que el mismo Rey, a ruegos de este Obispo, que se llama Guido, expidió a favor de su Arcediano Sonifredo, y otros que verás en la copia adjunta (a: Ap. núm. XI.), sacada de propósito, porque haya una escritura más con las tres épocas de sus reinados, que solían notarse raras veces en las fechas del tiempo de este Rey Carlos el Simple. Esta escritura es distinta de la que se publicó en la Marca Hisp. (n. LXVIII.) aunque parece la misma: el cotejo de la fecha, nombres y demás te desengañará.

Del mismo Cartoral, fol. 55, va otra copia de una deposición de testigos, hecha en la villa de Espondella, en el condado de Besalú, en que se declara a favor de Wigo y su iglesia en la posesión que le disputaban de viñas y otras cosas, las cuales dicen los testigos que

habían poseído pacíficamente, y por preceptos imperiales, los Obispos antecesores Wimer, Gondemaro, Teutario y Servus Dei.
Su fecha pertenece al año 925 (a: Ap. núm. XII.). Otra memoria hay en este archivo de la existencia de Wigo en el año 930, y I. después de la muerte de Carlos el Simple, en que a 19 de marzo verificó una pequeña donación a esta iglesia, de que él y otros marmesores del difunto Endicone estaban encargados. Va copia del original (b: Ap. núm. XIII.). Continuaba Wigo en el gobierno de esta silla en 934, año VI después de la muerte del Rey Carlos, en que el Conde Suiser (sic, así está escrito: Suñer), hijo de Wifredo, cedió a esta iglesia la tercera parte de la moneda que se acuñase en Gerona y su Condado. Hallarás la escritura en la Marca Hisp. (ap. n. LXXI.), la cual está también en estos Cartorales. Hace el Conde esta donación por remedio del alma de su padre, ya difunto, y de su hermano Wifredo, también difunto, y de su hijo Borrell (pone Borell). Digo que vivía en este año el Obispo, aunque no se expresa su nombre en la escritura; porque es cierto que lo era a fines de agosto de 936, como consta en el Libro verde (fol. 145. b.) en escritura de cambio que hizo él con Ennerado de la iglesia de Faro por la de Mollione, en la cual subscribió así: Hugo Sanctae Gerundensis ecclesiae humilis hanc comutationem feci et firmare rogavi, eo tenore ut XII. denarios ad domum Sanctae Mariae det per singulos annos, crisma et sinodo custodiat. La fecha está así: Concreta est igitur haec comutationis scriptura II. kal. septemb. anno I. regnante Ludovico, filio Karlo, que es el Ultramarino, y comenzó en 20 de junio de 936. Está también original en el archivo, y conforma en lo dicho con el Cartoral.

No sé por ahora otra memoria de la existencia de Wigo, que debió morir muy pronto. Y así tengo por equivocado lo que en una nota del Canónigo premonstratense D. Jaime Caresmar al Episcopologio Gerundense leí, y es que nuestro Obispo Wigo consagró la iglesia de San Julián de Rivelles en el condado de Besalú, año 944, indicción V, a XII de las calendas de marzo, porque ni era indicción V en tal año, y ya en el antecedente 943 existía el sucesor Gotmaro.

Diago y otros le alargan la vida hasta el 940, creídos en que ese año se tuvo el concilio de Foncuberta, en que él se halló, y no fue sino en 911, como se dijo. Aun Roig, que fijó bien la época de este concilio, y dijo que asistió a él Sonifredo Obispo, al nuestro le da de vida hasta el año 940 sin prueba alguna de ello, ni yo la tengo tampoco en contrario. Así que queda en duda el fin de este obispado y principio del siguiente.


SENIOFREDO.

Obispo antes de 944, en el que el Conde Suñer con su mujer Richildis dio a la iglesia de Gerona villare de Rivofredo (Riufred o Riufret, Río frío), que él dice había comprado de Sonifredo Episcopo. El acto existe en la Marca Hisp. (ap. núm. LXXX.) He visto la escritura en el Cartoral de Carlo Magno, fol. 46, b. Baluzio ibid., libro IV, redondamente le llama Obispo Gerundense; lo cual no dice la escritura, y pudo serlo de otra parte como el Hilmerado, nombrado en el diploma de Carlos el Simple (922) al Obispo Wigo. Mas cuando sea Seniofredo Obispo Gerundense, no hay inconveniente en ponerle

sucesor de Wigo, cuyo remate no está conocido. Porque cierto es que Seniofredo debía vivir cuando el Conde Suñer le compró aquel lugar, y así no puede ser anterior al 900; y constando que el Seniofredo, que las Sinodales y Roig pusieron desde 907 hasta 922 es fingido, no hay lugar sino para lo dicho, que digamos que fue sucesor de Wigo, y que acabó su pontificado antes de 943, en que ya era Obispo


GOTMARO O GONDEMARO.

Si nos hubiéramos de gobernar por documentos apócrifos, era preciso fijar la existencia de este Obispo antes del año 938, en que se supone despachada la bula de León VII a favor del monasterio de Ripoll (Marca Hisp. ap. núm. LXXV), dirigida a varios Obispos de la Marca y Septimania, y entre ellos a Gondemaro, Obispo de Gerona (a: Diago le supone electo hacia el año XII de Luis el Ultramarino, que dice ser el 941. Pudo ser errata de impresión, pues aquel año corresponde al 947.


En los viajes a Vique, Ripoll y Urgel, se ha hecho demostración de que tampoco existían ese año 938, los Obispos Wadamiro de Vique, Wisado de Urgel, Riculfo de Elna, y lo que es más, ni el Abad Arnulfo de Ripoll, a quienes va igualmente dirigida. Así que no es menester otra prueba para creer que no es del año que suena esa bula, ni de León VII, y por consiguiente no puede servir de argumento para decir que en 938 había en Gerona un Obispo llamado Godmaro (a).
(a) A esta bula se da grande importancia en el tomo 43 de la Esp. Sag., pág. 126, como también la había dado el P. Flórez en el tomo 28 de la misma obra. En el discurso de mis Viajes se hallarán otras razones además de lo que en este se dice, para conocer que aquella bula no es del año 938, sino muy posterior.

Mas así como los tres Obispos citados y el Abad lo fueron algunos años después cuando debió expedirse la bula, así también lo debió ser el nuestro, que por consiguiente se ha de tener por sucesor de Wigo. Puede formarse este cálculo sobre la época de la bula.

Desde Hasta

Wadamiro, Obispo de Vique. 947 957

Wisado, Obispo de Urgel. 942 978

Riculfo, Obispo de Elna. 949 ...

Arnulfo, Abad de Ripoll. 949 956.

Idem, Abad y Obispo de Gerona.956 970.


La coexistencia de todos estos Prelados, a los cuales va dirigida la bula, no se verifica sino desde 949 a 956. En este tiempo pues hemos de poner a Godmaro Obispo de Gerona, toda vez que Arnulfo, que es el inmediato, no comenzó hasta 956. Porque decir que la bula habló del otro Godmaro que no entró hasta la muerte de Miro en 984 cuando ya no vivía ninguno de los otros Prelados, no parece cosa razonable. Así que es indubitable que antes de Arnulfo y después de Wigo ha de haber un Obispo Godmaro, coexistente con los otros Obispos en alguno de los años desde 949 hasta 956.

Por otra parte la Marca Hisp. nos supone ya a este Prelado en 943, en que Tassio, monje de San Pedro de Rodas, instado por varios Condes y por el Obispo de Gerona Godmaro, logró del Rey Luis el Ultramarino la independencia de su monasterio que pretendían sujeto a sí los Abades de Bañolas y de San Policarpo. Otra noticia nos da la misma obra del año 947 a 15 de octubre, en que este Obispo, a ruegos de Godmaro lego, y de Mirón, levita (acaso el mismo que después ocupó esta silla), consagró la iglesia del lugar de Finestres en el condado de Gerona. Allí mismo se publican las actas de esta consagración (ap. núm. LXXXIV).

Roig, pág. 270, hace memoria de haberse celebrado este año un concilio in Fontanis, en que fueron depuestos nuestro Obispo y

Wisado de Urgel; nada más dice de ello. En las colecciones de concilios se dice lo mismo sin explicar más.

Del año 949 queda aquí en el Cartoral folio 147 b. la permuta que él mismo hizo con Raynilde, mujer nobilissima, de unas tierras en el término de Vilamany (Vila magna), condado de Gerona, por otras en el término de Domeny, en el lugar llamado Brugaria o Monte Eudone. Va copia de ella (a: Ap. núm. XIV.).

También la enviaría de una escritura original que he visto en este archivo (Armario de la Pavordia de Castelló), sino que está muy comida y gastada, de modo que con dificultad se puede discernir si es del año VIII o XIIII de Luis hijo de Carlos, aunque más me inclino a que es el VIII, y así del 943 y del día 3 de octubre. En resolución es una escritura de cambio que hizo este Prelado con Rathfredo de ciertas tierras en el término de Torrente. Firma él de su mano Gondemarus sanctae ecclesiae Gerunden. humilis Episcopus. A que siguen: Modegarius levita. = Alexander levita. = Teudesindus, Archipresbiter et Abba. = Petrus, Archipresbiter. = Atto, Archilevita. = Ervigius, Archipresbiter. = Wadamirus, levita. = Abba, levita. = Wigo, subdiaconus. = Audesindus, presbiter. = Deila, levita. = Wigila, sacerdos, y algunos otros. Et Teudesindo y Wadamiro son los primeros Abades de San Félix, como se dirá. Casi todas estas subscripciones se hallan originales en otras dos escrituras que he visto en el monasterio de Santa María de Amer, fechas ambas a 9 de noviembre del año 949, y son la consagración de aquella iglesia y la elección del Abad Aimerico, de las cuales se hablará en su lugar.

Del año siguiente 950 o del 951 queda la escritura de consagración de la iglesia de Santa Columba en el valle del mismo nombre, condado de Gerona, en el lugar llamado Ungulis, la cual destruida por los bárbaros, había sido restaurada por Enego y su hijo Guichafredo. Va copia de este documento (a: Ap. núm. XV.), de un traslado que se hizo en el siglo XII, y existe en el archivo de la parroquial de San Pedro Cercada. No dudes que el mal latín de la copia es también propio del original. En el cuerpo de la escritura se señala el año 950 y la indicción X (debió decir VIII): al fin tiene la fecha de 31 de enero, año XV de Luis el Ultramarino (que es 951, según la cuenta regular).

Por último, este Obispo es de quien el Conde Wifredo de Besalú logró el permiso para fundar el monasterio de San Pedro de Camprodon, a cuyo favor obtuvo el mismo Conde un diploma del Rey Luis, año 951 (V. Marc. Hisp. col. 392). Roig adelantó este diploma al año 942. Nuestro Obispo pudo vivir algunos años más, aunque nos falten memorias de ello, no siendo tampoco fija la entrada del sucesor.

ARNULFO

de 934 a 970.

Monje benedictino del monasterio de Ripoll, donde fue Abad desde el año 949 y no antes, porque hasta entonces vivió su antecesor Enego, como ya se dijo en su lugar. Desde aquel gobierno, sin dejarlo hasta su muerte, fue promovido hasta esta silla, no sé si por libre elección del clero, o por algún influjo de la corte de Francia. Puédese fijar el principio de su obispado por la memoria que se halla de su óbito en el Martirologio de Adón, que existe en este archivo ms. del siglo X, donde de mano de aquel tiempo al día XV. kal. maii, se dice: Que murió el año 970, y que fue Obispo quince años, siete meses y diez y siete días. Por consiguiente comenzó a serlo el día 1.° de septiembre del año 954. Sin embargo, la primera memoria que hay de ello está en el archivo de aquel monasterio en una escritura de cambio que él hizo con un Suniefredo, de un campo que el monasterio tenía por donación del Conde Sunier en la Valle de Ripoll, in Valle Palaciolo, por una viña que el otro tenía in Animancius. La fecha es III. idus marcii anno II. regnante Lothario Rege, filio Ludovici Regi: que es el 956. Firma él así: Arnulphus Episcopus vel Abba. Con ambos dictados hay allí otras escrituras: una del día 26 de diciembre del mismo año, en que Orsendus y Espusida vendieron a nuestro Arnulfo una viña en la Valle de Ripoll en la villa de Tendas, y otra del 8 de marzo del 957, en que Suniefredo y su mujer Emidira vendieron una viña a él y a su congregación. En el junio inmediato asistió con su consejo al Obispo de Vique Wadamiro, el cual restauró y dotó la canónica de Vique.

De este mismo año 957 produce la Marca Hisp. dos escrituras de consagraciones de iglesias hechas por nuestro Obispo, ambas en un mismo día a saber, el 19 de octubre. Una es la del monasterio de San Esteban de Bañolas, destruido por los Moros y restaurado por su Abad Hacfredo (Marc. Hisp. apéndice núm. XCIII). La indicción que allí es I, debe ser según nuestra cuenta XV; mas ya he dicho varias veces que se usaba mudarla en el septiembre al estilo imperial. La otra es la de las iglesias de Santa María, y de San Pedro y San Pablo en la Valle Albiniana, sujetas al monasterio Arulense a instancias de su Abad Aimerico (ibid. núm. XCIV). Aunque el Obispo no se hallase en un mismo día en estos lugares diferentes, las escrituras se extendieron y rubricaron en el mismo; de lo que he producido otros ejemplares en mis Viajes.

Poco antes de esto, hacia el 956, había fallecido Wifredo, Conde de Besalú, hijo de Mirón, Conde de Barcelona y hermano de Mirón, sucesor en este obispado, como se dirá. El difunto había mandado a sus testamentarios los Condes Seniofredo de Barcelona, y Oliva Cabreta de Cerdaña, sus hermanos, y la Condesa Ava su madre, y Servo Dei, levita, que diesen a la iglesia de Gerona la villa de Calvos, con la de Balbos, etc. Efectuose así a 13 de enero, año IIII de Lotario (958), de que va copia adjunta (a: Ap. núm. XVI.).

En el monasterio de San Pedro de Rodas queda un fragmento de la escritura original de la consagración que hizo nuestro Obispo de la iglesia de San Esteban y San Miguel del Valle de Biania, en el condado de Besalú a la ribera del río Fluviá. El exordio dice, que esto fue feria I, a 10 de enero del año 958. Va copia (b: Ap. núm. XVII.).

El 962 se halló en la elección del Abad de Camprodon Teuderico, cuyas actas publicó la Marc. Hisp. (ap. núm. C).

En 965 consagró la iglesia de Fontanellas, condado de Empurias. Esto sólo pude leer en la escritura que vi en San Pedro de Rodas.

Después de esto ya no hay noticias de este Obispo hasta el 968, en que por el mes de febrero recibió la donación que a su iglesia hizo el Conde Miro, su sucesor en la silla del lugar de Parets, en el condado de Besalú. En la Marca Hisp. (ap. núms. CVI y CVII hallarás dos escrituras tocantes a esto, y la segunda es muy curiosa por contener la historia de la muerte de Wifredo, Conde de Besalú y hermano de Miro.

El mismo año, día de San Pedro, se halló en el monasterio de Rodas, junto con Guifredo, Conde de Rosellón, y su hijo Suñer, Obispo de Elna y otros nobles, en cuya junta se dio sentencia a favor del monasterio y su Abad Heldesindo, contra un Adalberto que les usurpaba la posesión de un estanque y sus pescas, y la de tres islas de aquella costa, llamadas las Medas. Trae esta escritura Baluzio en el apéndice a los Capitulares de los Reyes de Francia, núm. 142. Hallose suscrito en ella un Miro, Obispo que entiendo es el sucesor de nuestro Arnulfo que confirmaría después aquella sentencia, como

se ve en otras ocasiones. Así es que en el cuerpo de la escritura se expresan los nombres de todos los que subscribieron en ella; mas no se halla el de Miro, como que no asistió a aquella sesión.

Vivía todavía este Prelado Arnulfo a 27 de mayo del año XV de Lotario (969), en que Gotmares con su mujer Spusida le vendieron una tierra en el Val de Ripoll. Mas era ya muerto a 25 de julio de 970, en que hay escrituras en aquel monasterio de permutas hechas por el abad Widisclo, sucesor de Arnulfo. Y no habiendo motivo para creer que dejó la abadía antes de morir, sonando Obispo y Abad hasta el 969, se ha de creer que todo lo perdió con la muerte, que por lo dicho se ha de fijar al 17 de abril de 970. El día consta de todos los necrologios que he visto: el año está además expresado en el Martirologio Adoniano de esta iglesia Catedral, y de letra coetánea con estas palabras: XV kal. maii. = Eodem die obitum Arnulphi illustrissimi Episcopi Gerundensis anno Domini DCCCCLXX qui rexit Ecclesiam annis XV mensis VII dies X et VII, et anno XV quod sumpsit Lotharius Rex Francorum exordium (a). Este año es XV, si atendemos a nuestra cuenta común; mas ya he dicho varias veces los diferentes cómputos que siguieron los notarios en este reinado. Lo que no parece verosímil en esta nota, es que se equivocasen en los años de la Encarnación.

(a) En la Esp. Sag., tom. 43, pág. 132, se copió mal esta nota, quitándole diez días a este pontificado, cuyo principio fijó en 8 de septiembre, y no debe ser sino el 1.°


El poemita que ya envié del Obispo de Vique y Abad de Ripoll Oliva, habla del nuestro en estos términos:

Est hic et Arnulphus harum qui prima domorum

Moenia construxit primus fundamenta iecit

Sedis et egregiae presul Rectorque Ierundae.

El sepulcro que estos versos indican tener en aquel monasterio, no se halla, ni hay otra noticia del lugar de su entierro.

Cuéntase de este Prelado que hizo vigorosa resistencia a la pretensión de Cesario, Abad de Santa Cecilia en Montserrate, creado Arzobispo de Tarragona en un concilio de Santiago por los Obispos Ermegildo Ovetense, Wiliolfo Tudense, Rudesindo Dumiense, Gonzalo Legionense, Adovario Asturicense, Domingo Numantino, Tudemundo Salmaticense, Eredulfo Auriense, Ornato Lamecense,

y Diego Portucalense. Ya digo en lo de Tarragona, que aun cuando fuese apócrifo aquel concilio, es muy cierta la pretensión de Cesario al título de Metropolitano Tarraconense, cualquiera que fuese el medio por donde aspirase a él. Porque no se puede negar que usó de este dictado, suscribiendo a algunas escrituras que todavía se conservan. Por otra parte, es muy cierta la adhesión con que siempre miraron nuestros Obispos al Metropolitano de Narbona; prefiriendo reconocer como tal al de otra provincia que se reputaba por una nación con la nuestra, que no a un particular u Obispo sufragáneo de la Tarraconense elevado a aquel título sine re. Cuando Atton, Obispo de Vique, logró este honor en el siglo X, los Obispos de la Tarraconense tuvieron la mejor proporción para perpetuarle en ella, sacudiendo el yugo del extranjero, si le aborrecían como tal. Nada hubiera podido el Narbonense para recobrarlo, si nuestros Prelados unidos contra él hubieran querido hacer valer las razones justas que hubo para aquella momentánea erección. Por donde se hace mas creíble que la sujeción de nuestras iglesias a aquella metrópoli, no fue efecto de constitución pontificia, sino de la vicisitud de los reinos, y del engrandecimiento del de Francia en tiempo de Pipino; y más de la voluntaria elección de nuestros Obispos, que hasta la restauración de Tarragona siempre prefirieron reconocer por Arzobispo a quien ya lo era, que no a un igual suyo y comprovincial elevado por gracia a aquella dignidad.


MIRO (a: Es indispensable precaver a los lectores de las equivocaciones en que incurrió la Esp. Sag., tom. 43, en la historia de este Obispo. 1.a Le llama y supone Conde de Gerona (pág. 85 y 135), no habiéndolo sido sino de Besalú. 2.a Le llama Arcediano de la iglesia de Gerona, no habiendo sido en ella más que Canónigo (pág. 136). 3.a Pasa en silencio el cuento de la vacante de esta iglesia antes de Miro, con ser cosa tan notable, y con haber hecho tanto hincapié en ello el P. Flórez (tom. 14, págs. 99 y 252). 4.a Pone el concilio Romano del Papa Benedicto VII celebrado en 973, siendo así que este Papa no entró hasta el año 975, ni tuvo aquel concilio hasta el 983, como lo insinúa el mismo Balucio en el lugar que él cita de Marca. 5.a Equivoca a nuestro Miro con el otro que fue hermano de Borrell, Conde de Urgel y de Barcelona, cosa que se aclarará después tratando del condado de Besalú.


de 970 a 984.


Hijo cuarto y último de Mirón, Conde de Barcelona, que murió el año 929; porque realmente este Conde tuvo cuatro hijos, es a saber: Seniofredo que le sucedió en el condado de Barcelona, Wifredo, que lo fue de Besalú, como se dirá, Oliva Cabreta de Cerdaña y después también de Besalú, y por último nuestro Miro. En la Historia de los Condes de Barcelona que se halla en la Marc. Hisp. se dice, col. 541, que el Conde Miro sólo tuvo tres hijos, omitiendo el Wifredo que he puesto en segundo lugar, y haciendo desde luego a Oliva Cabreta, Conde de Besalú y Cerdaña. Mas la existencia del segundo hijo Wifredo se ve clara en la misma obra, col. 853, donde se copia la donación que Ava, mujer del difunto Miro, y madre de estos otros Condes, hizo al monasterio de Cuxá año 941, que comienza así:
Ego Ava Comitissa et filiis meis Seniufredus Comes, et Wifredus Comes, et Oliva Comes, et Miro levita, nos simul, etc. Y con la madre firman también los dos primeros hijos. De esto mismo se infiere, que en ese año el Wifredo se intitula Conde; y que lo fuese de Besalú parece claro, por lo que se lee en la misma obra col. 862, en el diploma de Ludovico el Ultramarino del año 950, con que confirma las donaciones que este Conde Wifredo hizo al monasterio de San Pedro de Besalú, fundado por él en la villa cabeza del condado. Lo mismo se ve en la col. 881 en la elección del Abad Teuderico de Camprodon, sucesor del primero Jaufredo en el año 962; tiempo en que ya había muerto el Conde Wifredo, y que tenía aquel condado Seniofredo el de Barcelona. Por último se evidencia con la escritura que dije en el artículo anterior, en que los marmesores de este Conde dieron al Obispo Arnulfo algunos lugares de su condado de Besalú.

La muerte de Wifredo fue violenta en la conspiración que contra él levantaron Adalberto, presbítero, y algunos otros, matándolo en un lugar de sus estados llamado Parets, en el Ampurdán, el año 954 (Marc. Hisp., col. 395). Sea porque Oliva Cabreta, Conde de Cerdaña, no concurrió a vengar la muerte de su hermano, como lo hizo Seniofredo el de Barcelona, sea por otra causa, el condado vacante de Besalú pasó a manos de dicho Seniofredo, el cual lo obtenía en 962 como vimos antes. Pero seis años después, en 968, hallamos ya Conde de Besalú al cuarto hermano Miro, que es el Obispo de esta iglesia, en la donación que hizo a la misma y su Obispo Arnulfo del lugar de Parets; el cual, dice, que le correspondía

por donación de su hermano Seniofredo. Esto dice Baluzio (Marc. Hisp., col. 400), y es así que en el Cartoral de Carlo Magno, en la curia episcopal, fol. 300, se halla esta misma escritura. En la col. 923, al año 979, se produce una donación al monasterio de Bañolas, hecha por el mismo Mirón, donde aparece que obraba como Conde, y se llama a sí mismo Miro Comes, et gratia Dei Praesul. Y para quitar toda duda véase la escritura de fundación del monasterio de San Pedro de Besalú (ibid. col. 919), hecha por el mismo Príncipe, año 977, donde en el exordio habla así: Ego Miro nutu Dei Gerundensis Ecclesiae humilis Epus. ac Comes Bisuldunensis, una cum fratribus nostris Domno Olivano ac Seniofredo Comitibus, etc.
Y esto solo basta para desvanecer el supuesto condado de Gerona, que le atribuyen porque le ven intitularse Miro Comes et Episcopus Gerundensis en algunas escrituras. En el poema del Obispo Oliva dícese de nuestro Miro: hic Dominus Patriae, expresión que se verifica a la letra por el condado que obtuvo de Besalú, a que pertenecía todo el valle de Ripoll. Baluzio (Mar. Hisp.) conoció la verdad de esto, y así en el índice le puso con los dictados de Comes Gerundensis, Comes Bisuldunensis. Acaso tuvo este condado por donación de Seniofredo, no tocándole por herencia, sino a Oliva, el tercero de los hijos de Miro, que por serlo obtuvo el de Cerdaña, y el de Besalú se dio al hijo segundo Wifredo. Obtuvo este Obispo el condado hasta su muerte en 984, y entonces le sucedió el citado Oliva. De todo esto se hablará en las Memorias de los Condes de Besalú. Basta lo dicho por lo tocante a la persona de nuestro Obispo. Vengamos ahora a las noticias eclesiásticas de su vida.

No quedándole a este hijo cuarto de Mirón estados que heredar, se dedicó a la carrera eclesiástica. Llámase ya levita en 941, y que lo fuese de esta Catedral consta de muchas escrituras que es superfluo citar. Este dictado no indica que fuese Arcediano de Gerona, como dijo Baluzio (lib. IV., Marca Hisp., col. 395), sino que era canónigo de ella. Porque, como ya dije, los canónigos Gerundenses nunca fueron, ni debían ser, ni aun ahora lo deben, más que diáconos, siendo para ellos sinónimos los dictados de levita y canonicus. Baluzio tuviera razón en lo que dijo, si nuestro Mirón se llamase Archilevita, que así se llamaron los Arcedianos. Tampoco fue monje benedictino, como dijo Argaiz, engañado sin duda por el entierro que tuvo en Ripoll, lo cual fue por ser aquella casa el panteón de los Condes de Barcelona y Besalú en aquellos tiempos. Levita se llamó constantemente y nunca monacus; y en una donación que vi en el archivo de dicho monasterio, fecha II nonas Madii, anno V, regnante Leotario rege, que es 959, previno al mismo Mirón que quería ser enterrado en el citado monasterio; cosa que no dijera si fuese monje o en esa o en otra casa de aquella orden. En la Marca Hisp., col. 401, parece indicarse que en el año 969 era ya Obispo Mirón. Mas no se ha de inferir tal cosa de lo que allí se le atribuye con la vaga expresión per ea tempora, constándonos con evidencia que el antecesor Arnulfo vivió hasta el abril de 970. La primera memoria cierta que hay del pontificado de Mirón es la cesión que hizo de la iglesia de San Pedro de las Presas, sita en el vizcondado de Bas, a favor del monasterio de San Benito de Bages, la cual vi original en el archivo de aquella casa, fecha a 1.° de enero del año XVII de Lotario, que es 971. En Ripoll vi otra escritura del abril de ese mismo año, y es la donación que nuestro Obispo hizo a aquel monasterio en el valle de Ripoll, en el lugar de Fafilanos vel de Arzamala. XII kal. Madii, anno XVI, regnante Leutario rege, filio Leudovici regis. Esta fecha, según la cuenta común de este reinado, pertenece al año 970, mas como de este modo sucedería que Miro era ya Obispo a los tres días de muerto su antecesor, y esto no parece verosímil, háse (se ha) de acudir en la explicación de esta fecha a la época de aquel reinado, que algunas veces se usó, que es comenzando por el año 956. Como quiera que esto sea es cierta la existencia del Obispo Mirón en 971.

De aquí resulta una gravísima dificultad que desde ahora digo que es para mí insoluble. El padre Flórez (tom. 28, pág. 99), insinuó ya que para la sede de Gerona, vacante por muerte de Arnulfo, había sido nombrado uno que no se había criado en el ministerio de la iglesia, y que el Papa Juan XIII anuló lo hecho nombrando por gobernador de dicha sede a Atton, Obispo de Vique y electo Arzobispo Tarraconense. En prueba de esto produce la bula del Papa (pág. 252), muy maltratada y sin fecha, pero bien reducida al año 971, porque realmente de ese año y del mes de enero, indicción XIV, es otra bula del mismo Papa que está en el mismo archivo de Vique, la que envié ya copiada en el Viaje de aquella iglesia, donde viste que va dirigida al Obispo (de Elna) Suniario, y a su padre el Conde Gaucefredo, y al Arcediano, canónigos y clero de la iglesia de Gerona, notificándoles que había enviado el palio a Atton, Obispo de Vique, instituyéndole Arzobispo de Tarragona con facultad de ordenar Obispos en las iglesias sufragáneas, añadiendo: et quod eum ad hoc agendum, idoneum reperimus, nostrae auctoritatis praecepto ejusdem Gerundensis vestrae Ecclesiae PROVISOREM concedimus et ordinamus, et vos ita ei subjectos sicut filios patri, esse et obtemperare volumus. La fecha de esta bula es solamente: scriptum... in mense Januario, indictione XIV, que es cabalmente el 971. Lo que aquí llama Provisorem, la del P. Flórez añade et Gubernatorem; de modo que no cabe duda en que sujetó esta iglesia al Obispo, Arzobispo de Vique, como a Pastor interino por haberse en esta sede instituido un Obispo contra los cánones y voluntad del clero, y como dice, un neófito; lo cual no puede verificarse de Mirón, que muchos años había era levita y canónigo de esta Catedral, y muy digno de ser elegido en Obispo por su piedad y nobleza. Sólo hay un camino para salir de esto que parece una contradicción, y es que muerto Arnulfo en abril de 970, debió entrar algún Obispo cuyo nombre ignoramos, dotado de todas las nulidades sobredichas, el cual fue depuesto por el Papa en el enero de 971, sujetando interinamente esta sede al Arzobispo Atton, y luego debió ser electo Mirón antes del abril inmediato en que ya le vimos ejerciendo su oficio. Y en este caso la primera memoria que produje suya del 1.° de enero, año XVII de Lotario, será del 972.

Yo no hallo otra salida a esta contradicción de escrituras que no tengo por fingidas. Vengamos a sus memorias ciertas.

El año 974 asistió con otros Obispos a la consagración de San Miguel de Cuxá en el Rosellón, como se lee en la Marca Hisp. Del año 977 existen y se han publicado las escrituras de fundación de dos insignes monasterios de benedictinos, es a saber: el de Cerrateix (Serrateix) y el de San Pedro de Besalú (ibid.

ap. mm. CXXH y CXXIV.) Allí mismo (núm. CXXI) se halla la dotación de la iglesia de San Ginés y San Miguel de Besalú, dándole la iglesia de San Vicente, extramuros de la misma villa, que propiamente fue fundación de otro monasterio de canónigos reglares. Así que este año 977 formará siempre época en la historia de este Prelado. De cada uno de estos hechos se hablará en sus respectivos lugares. También es del mismo tiempo la consagración de la iglesia de Ripoll, a que asistió con Froya, Obispo de Vique. En 979 hizo al monasterio de San Esteban de Bañolas una donación notable para expresar el apuro en que se halló, cuando el Conde Borrell vino con ejército contra él, del cual se vio libre por intercesión de San Esteban (ibid. núm. CXXVI).

En el año siguiente 980 se le ofreció ocasión de ejercitar su clemencia con algunos vecinos de la villa de Palaz, que habían negado el señorío episcopal en un alodio de ella, alegando en juicio una escritura falsa. El Obispo, por respeto al Conde Gauzfredo, le restituyó la posesión sin otras obligaciones que las acostumbradas. Es escritura curiosa, cuya fecha se ha de enmendar, como verás en la copia adjunta (a: Ap. núm. XVIII.). En 980 asistió al concilio Romano de Benedicto VII, en que se ventiló la causa de Giselerio, Obispo intruso de Magdebourg, y a que asistió el Emperador Otón II. La publicación de sus actas encargó el Papa a nuestro Obispo Mirón (V. Marc. de Conc. Sac. et Imp., lib. VI, cap. X). En una nota de Baluzio al dicho lugar le llama equivocadamente hijo del Conde de Besalú. Más cierta es para nosotros la existencia de Mirón en ese año y acaso el siguiente (porque a ambos puede pertenecer según el diferente modo de contar los años de Lotario), por una escritura de donación que un presbítero, llamado Giscafredo, hizo en el término de la villa de Vulpiliaco, fecha VIII kal. martii, anno XXVIIII, regnante Lotario rege, filio quondam Lodovici. Es notable lo que dice el donador: post obitum meum remaneat ad jam dicta ecclesia (esta Catedral) et Domno Mirone Episcopo, quem vocant Bonofilio et successoribus suis. (V. Cart. de Carlo Magno, fol. III.) Este apellido o sobrenombre Bonofilio, ni era patronímico ni de familia, y si la copia del Cartoral no nos engaña, pudo ser un apodo o dictado familiar con que fuese conocido desde niño. A esta época sobrevivió poco el Obispo. Comúnmente se fija su muerte en el año 984, y en la Marc. Hisp., col. 410, se dice que fue a principio de él, y así deberá entenderse la donación publicada allí (ap. núm. CXXXII) hecha al monasterio de Cuxa (Cuxá) por Teuderico Abad, y Miro presbítero, testamentarios de nuestro Obispo ya difunto, fecha XII kal. martii, año XXX de Lotario, mas corresponde infaliblemente al febrero del año 984. La misma cuenta se ha de seguir en otra donación igualmente testamentaria que publicó Martene, tom. 1, Anecdot. col. 99, hecha al monasterio Arulense el día 5 de abril del mismo año. Esto digo porque nadie hasta ahora ha descubierto documento alguno que contradiga la época de la muerte de nuestro Obispo. Por lo demás bien pudo suceder que en ambas escrituras se comenzara a contar los años de Lotario desde el septiembre de 955, de que no faltan ejemplares, y en tal caso ambos documentos pertenecerían al año 985. Nuestro Obispo tenía ya dispuesto su testamento desde el año 979 (VIII. kal. martii, anno XXV. Francorum rege, Leutario regnante); y en él había prevenido y ordenado su entierro en el monasterio de Ripoll. Yo puedo decir que he visto la escritura original en que dio a Ripoll un alodio en Concas con la iglesia de San Andeolo, Dat. sub die II. nonarum madii, anno V, regnante Leutario (960): dice: et volo sicut mos est per universam terram, ut quiescat corpus meum in caenobii Sanctae Mariae qui est situs in Valle Riopullo juxta flumen Tezero. Así se efectuó y lo dice expresamente el Obispo Ausonense Oliva en el poemita que compuso en elogio de aquella casa y ya se envió en aquel artículo. Hablando allí de las personas ilustres que tienen en ella su sepulcro dice:

Hic Dominus patriae, recubans Presulque Ierunde

Abdita Felicis prodidit ossa pi¡;

Dictus in hoc euvo patris de nomine Miro:

Aeveat hunc regnum Christus ad aethereum.

En el segundo verso se hace memoria de que en tiempo de este Obispo se descubrió el cuerpo de San Félix Mártir el Africano, que debió estar desconocido desde la invasión de los Sarracenos. Trata de esto Dorca (Hist. de los Mártires, pág. 138.); y en la misma época atribuye también el hallazgo del cuerpo de San Narciso (ibid. pág. 221.): sucesos ambos que bastaban por sí solos para hacer memorable este pontificado.

Sólo falta advertir que las actas de concordia que se publican en la Marca Hisp. (ap. n. CLXXIX.) entre el Obispo de Gerona Miro, y Guifredo, Obispo de Besalú, son falsas, como ya lo advirtió Baluzio, ibid. col. 426; y yo diré con más extensión cuando diga del obispado efímero de Besalú con los documentos que posteriormente he hallado. Entre las nulidades de aquella escritura, la que toca a nuestro propósito es la coexistencia que supone de Mirón, Obispo de Gerona, muerto ya en 984, con Guifredo, Obispo de Besalú, que comenzó a serlo en 1017, y dejó de serlo antes del 1030, que vendrá a ser propiamente el año a que pertenece aquella concordia,

en que pusieron con vida a Miro, muerto ya medio siglo antes. Y no hay que pensar que podría ser otro Miro que presidiese en la iglesia de Gerona hacia la mitad del siglo XI, porque sobre no haber memoria alguna de tal Prelado, al que pusieron en estas actas, añadieron el dictado de Comes; con que es claro que quisieron indicar el nuestro. Otra cosa me falta advertir para precaver equivocaciones, y es que en escritura que he visto en este archivo (arm. de la Canonja), fecha a XVIII. kal. junii anno XXVIIII. Franchorum Rege Leuthario regnante, se halla el testamento sacramental de Wigo, jurado por los testigos ante el altar de San Pedro de Darnius, condado de Besalú, a instancias de Eldesindus Episcopus, cuya sede no se expresa. Digo pues que no se ha de creer que lo fuese de Gerona, para lo que no basta la circunstancia de hallarse aquí la escritura, ni la de haber muchas mandas a favor de esta iglesia, ni de haberse hecho su declaración en territorio de esta diócesi. Porque sobre ser como es la escritura de 983, en que vivía Miro, el sucesor Gondemaro entró tan pronto que no queda hueco para estotro Eldesindo. Éralo este de Elna, y de él trae varias memorias la Marca Hisp. desde el año 981. Con esta ocasión añado que, según he observado, cuando en escrituras de poca monta, como es esta de que tratamos, se hace mención de Obispo de otra silla, regularmente no la expresan, como ya viste con Hilmerado de Elna y con el Guifredo de Besalú, que el padre Flórez tuvo por Obispo de Vique, y podía añadir otros muchos ejemplares.



GOTMARO O GONDEMARO

de 985 a 993.


Si las dos últimas memorias que cité del Obispo Miro, pertenecientes a los meses de febrero y abril del año XXX de Lotario, se han de contar exactamente desde el septiembre del 954, en que comenzó a reinar aquel Príncipe, es claro que pertenecerán al año 985; y que medió muy poco entre su muerte y la entrada de Gotmaro, que ya existía en el junio del mismo año. Mas yo prefiero la cuenta común, y reduzco aquellas escrituras al año 984, en que debió morir Miro. Con lo cual hubo espacio suficiente para elegir el sucesor Godmaro, de cuya calidad nada se sabe, sino que ya era Obispo IIII. nonas junii anno XXXI. regnante Lothario rege, filio quondam Ludoici (985), en que firmó la escritura de cambio que hizo con un Guilmundo de ciertas tierras y viñas en el lugar de Sobreroca. Va la escritura copiada de la que está original en este archivo (arm. de Obispos.) (a: Ap. núm. XIX.) y también en el Cartoral, fol. 148. Entre los canónigos que firman hay cuatro Archilevitas, uno de ellos Arnulfo, que yo entiendo sea el sucesor. El año siguiente, XXXII de Lotario y 986 de Cristo, le hallamos haciendo donación al monasterio de San Cucufate del Vallés de varias heredades en los campos de Cerdañolas, Riusech, Saltells y Vilamayor. Está el instrumento en el Cartoral de aquel monasterio, núm. 137, y de él habló el Ilmo. D. Benito Moxó en las memorias que publicó de aquella casa, y yo también en mi Viaje a ella. A principios de abril del mismo año 986, y en los primeros días del reinado de Luis V, hijo de Lotario, subscribió con otros muchos Obispos y nobles la escritura de la Carta puebla, y privilegios que en ella concedió el Conde de Urgel y Barcelona Borrell, a los habitadores de la villa de Cardona. En su Viaje respectivo se dirá más de esto.

Del año 987 se lee en la Marca Hisp. col. 413, que subscribió en la donación que el Conde Borrell de Barcelona hizo a la iglesia de Vique de la mitad del lugar de Mirallas en el condado de Manresa, IIII. idus octob. anno I. regnante Ludoico rege, filio Lotharii quondam, hizo donación como testamentario de un Bernardo a San Pedro de Rodas (ibid. Cartoral 2.° fol. 42.) Esto es el año 986. Allí mismo, fol. 10, se halla del año 987 la sentencia que se dio por el mismo Conde Borrell a favor de Hildesindo, Obispo de Elna y Abad de San Pedro de Rodas contra las hijas de una cierta Gireberga, sobre el alodio de Olivares en el condado de Gerona. Va copia de este acto, a que asistió nuestro Obispo (a: Ap. núm. XX.). Es notable la fecha die VII. kal. junii anno II. Leudevico rege regnante, filius qui fuit Leutharius regis. Lo cual prueba, o que este Luis no murió a 21 de mayo ni de junio, como se afirma comúnmente, o que acá tardó, como es regular, en llegar la noticia algunos días sin que por eso sea apócrifa la escritura, como alguno podría decir. En 988 le hallamos autorizando con su presencia y firma una famosa permuta que el Conde de Barcelona Borrell, con su mujer Aimedruds y su hijo Raimundo, hicieron con la iglesia de Urgel. La escritura va copiada en aquel Viaje. En ella firma así el Obispo:

Sig+num Gondemarus gratia Dei hac si indignus Episcopus sanctae sedis Gerundensis ecclesiae subscribo.

El año 993 fue nombrado por el mismo Príncipe, por uno de sus marmesores en el testamento que ordenó y publicó la Marca Hisp. ap. núm. CXLI. Esta es la última noticia que hay de nuestro Obispo.


Exclúyese ARNULFO (a: En la España Sagrada, tom. 43, pág. 143, le llaman dudoso, por no tener noticia de lo que de él escribimos.).

Todos los Episcopologios ponen a este Prelado sucesor de Gondemaro, sin dar de ello una prueba terminante cual se requiere

habiendo tan poco espacio entre la última memoria del antecesor de 24 de septiembre de 993, y la primera del sucesor Odón de 5 de febrero de 995. La única prueba que Diago produce es la subscripción del Obispo Arnulfo a la donación que los Condes de Barcelona, Ramón Borrell y Ermesindis, hicieron a esta sede de Gerona nonis aprilis, año VII de Hugo Capeto, que corresponde al 994. En este estado de duda encontré en uno de los Cartorales del Vicariato llamado de Carlo Magno, pág. 319, la escritura de donación que Guitardo Archilevita, en remedio de su alma y de la de su tío Lobatón, hizo a la canónica Gerundense de unas casas nuevas que tenía y habitaba en esta ciudad juxta cellarium atque cenaculum episcopale: fecha a XIII. kal. februarii anno VIII. regnante Hugone Rege, qui Dux fuerat pridem, que es a 20 de enero del año 995. En esta escritura después de la firma de Guitardo se halla la siguiente: Arnulfus ac si indignus gratia Dei Episcopus et Abbas +, a que siguen

otras dos de los del clero (a: Ap. núm. XXI.). En esta ocasión no es extraño que firmase el Obispo y canónigos, antes lo es que no se hallen más. Así se acostumbraba, como se podía hacer ver en muchos ejemplares, que las donaciones de un canónigo a sus hermanos, y lo mismo las de los Obispos, están autorizadas con las subscripciones de todos ellos, que al mismo tiempo que aprobaban el don que recibían, eran testigos de la liberalidad de sus iguales, lo cual podía confirmar ahora con infinitos ejemplares de nuestro país. Mabillon hizo de ello como un Canon diplomático (de re diplom.). Y así puede inferirse bien de esta escritura que el Arnulfo era Obispo Gerundense, quedando todavía algunos días de hueco hasta la primera memoria del sucesor. Mas el no expresar su sede ya que no fuese omisión del copiante, deja algún lugar para la sospecha de si sería este el Arnulfo, Obispo de Vique, que como se demostró en aquel Episcopologio lo era ya desde el año 993. El hallarse aquí pudo nacer, o de la intrusión y ocupación de aquella silla por Guadallo, que

no fue depuesto hasta el 997, o más bien de la obligación que los cánones imponían a los Obispos, que en caso de fallecer alguno de ellos, acudiese el más inmediato a su funeral, inventario de los bienes de la iglesia huérfana, presidencia de la elección del sucesor, formación de su decreto e intronización, cuando fuese ya confirmado por el Metropolitano. Este encargo de visitador practicaron acá nuestros Obispos en todo ese siglo X y más, como queda visto y expresado en muchos lugares; y esto mismo podía desempeñar aquí Arnulfo, Obispo de Vique, desde que murió el antecesor Gondemaro hasta que entró Odón, y en este medio tiempo pudo firmar las dos escrituras mencionadas. Parece más verosímil esta conjetura, con lo

que Argaiz dice que este Obispo fue después trasladado a Vique; porque siendo cierto, como lo es, que el Arnulfo de Vique ocupaba ya aquella silla desde el 993, hay motivo para creer que es una misma persona. Mucho más que el Arnulfo de la escritura que he citado se llama juntamente Abbas, como se llamó también el de Vique, y lo era de la Colegiata de S. Félix, y acaso esta fue la causa de hallarse aquí autorizando la escritura. En resolución, hasta ahora tengo para mí, que este Obispo Arnulfo no debe ser contado en nuestro catálogo.


OTÓN U ODÓN

de 995 a 1010.

Es constante que este Prelado fue monje en el monasterio de San Cucufate del Vallés, en cuya historia se contarán los bienes que le debió aquella casa, restaurada por sus cuidados, después de la desgraciada jornada que padecieron las armas cristianas en el Pla de

Matabous, vecino a aquella casa el año 993. Era ya entonces Otón su Abad desde el año 986, y conservó aquella dignidad aun después de promovido a la silla de Gerona, como consta de varias escrituras (a: Moxó, Memorias de San Cucufate).

La primera memoria de su gobierno episcopal nos la dio la Marca Hisp. (ap. número CXLIV) en la escritura del cambio que hicieron Soniario, Abad de San Pedro de Rodas, y un Guistrimiro a 5 de febrero del año VIII de Hugo Capeto (que es 995), en la que subscribe en primer lugar Odo ac si indignus gratia Dei humilis Episcopus sanctae sedis Gerundensis. En la escritura siguiente añadió et nutu Dei Abba caenobii Sancti Cucufati: esta segunda escritura es la de la consagración que hizo de la iglesia de San Andrés Apóstol, que est in comitatu Visulunense (Besalú) in locum quem nuncupant collo aliari, la cual vi original en el archivo de Ripoll (arm. de la abadía). En su exordio dice: anno dominice Incarnationis DCCCCXCV. indictione VIII. VI. kal. decemb. = Y al fin dice: Digesta est autem haec scriptura nonis martii anno VIIII. quod Ugo Rex Francorum regnandi sumpsit exordium. Entiéndase que la escritura tiene fecha distinta del día y año de la consagración. Esta se hizo a 26 de noviembre de 995, en que corría la indicción VIII, y la escritura se extendió a 7 de marzo de 996, con el cual dice bien el año IX de Hugo Capeto, que comenzó en el junio de 987.

Del mismo año 996 a 20 de enero, se sabe que consagró la iglesia de S. Félix Mártir en el condado de Besalú in pago Sancti Felicis del Bag, así está en una nota del sabio premonstratense D. Jaime Caresmar, dirigida al difunto Canónigo D. Francisco Dorca, el cual añade que también firma con el título de Abad.

No nos consta si este Prelado se halló en el concilio Romano de 997, en que fue depuesto Guadallo, Obispo intruso de Vique, y restituido a aquella sede Arnulfo como su legítimo Prelado. Mas es indubitable, que o por sí o por otro alcanzó de la Santa Sede la famosa bula que expidió el Papa Silvestre (pone Silvestro) II confirmando todas las posesiones de esta iglesia, fecha en el mes de diciembre, indicción I. Baluzio, que publicó esta bula, apéndice núm. CL, la redujo muy bien al año 1002, y yo añado en confirmación de su cuenta que mudaron la indicción en el mes de septiembre según la costumbre imperial, contando ya en el diciembre la indicción I, que para nosotros no corresponde sino al año 1003, y que la bula no sea de este último año, se ve en que Silvestro, muerto en el mayo de 1003, no pudo expedir bulas en el diciembre siguiente. El mismo escritor advierte

sabiamente, col. 418, que este es el monumento más antiguo en que se haga memoria de iglesia de San Félix y de San Narciso. Y esto hace muy verosímil que su cuerpo se halló con el de San Félix pocos años antes en el pontificado del Obispo Miro. Hállase esta bula en el Libro verde, fol. 198 y 202. El año 1003 consagró la iglesia del monasterio de San Pedro de Besalú, como se dirá en el Viaje a aquel monasterio, e irá la escritura, que es de las más graciosas de este género. También confirmó al mismo tiempo la elección y dotación de aquel monasterio que tenía hecha el Obispo antecesor Mirón el año 977, subscribiendo en aquella escritura con estas palabras: Odo ac si indignus gratia Dei Episcopus sanctae sedis Gerundensis Ecclesiae in anno septimo regni Rotberti regis. Es de alabar la sabia cautela del Prelado en esta firma en que notó el año, que por haberla omitido otros Obispos en semejantes ocasiones, la han tenido algunos escritores para alterar y equivocar sus épocas. Al 1004 redujo la Marca Hisp., ap. núm. CLI, un juzgado o sentencia que se dio a favor de esta iglesia en el castillo de Besalú sobre la iglesia de San Pedro de Montagut y otras, las cuales cedió luego al Obispo el Conde de Besalú Bernardo, que las tenía usurpadas. Copió Marca la escritura del Libro verde de este archivo, fol. 186, de donde va nueva copia, reducida como debe estar al año 1003 (a: Ap. núm. XXII.); otra va del original que aquí se guarda de otra sentencia dada en el mismo lugar a 17 de febrero del año VIII de Roberto (1004), en que abogó por nuestro Prelado Arnulfo, Obispo de Vique y Abad de San Félix de Gerona; por esta sola razón es apreciable la copia (b: Ap. núm. XXIII.). También irá otra a su tiempo de la elección del Abad de Amer Raimundo, que nuestro Prelado aprobó en el año 1006. En el archivo de esta Catedral (arm. de Obispos, leg. 10, núm. 41) he visto una escritura original de la venta que le hizo uno llamado Lomarig de un alodio prope Ierunda ad ipso Merchadal. La fecha es VIII. kal. martii, anno XI. regnante Rodberto Rege, que será el 1007 o siguiente. Del año 1009 sabemos con igual certeza que asistió al concilio o junta de Obispos en Barcelona, en que se restauró en aquella iglesia la canónica Aquisgranense. Punto ya dicho varias veces, y cuya escritura está en la Marca Hisp. (ap. n. CLIX). Allí debió resolverse la expedición de nuestros Condes y Obispos contra los moros de Córdoba, envistiéndoles (embistiéndoles) en el centro de su imperio en venganza de los ultrajes y daños que hicieron en Barcelona y sus contornos pocos años antes. En esta expedición o de sus resultas murieron el Conde de Urgel, Ermengol I, y los Obispos Aecio de Barcelona, Arnulfo de Vique, y nuestro Odón de Gerona, que acudió a la empresa con innumerable multitud de nobles, etc. La batalla fue el año 1010; el día anda en opiniones. Lo más común es decir que fue el 1.° de septiembre, y así se lee en el rótulo que se halla junto al sepulcro de nuestro Obispo Odón, que existe en una de las naves colaterales de la iglesia de San Cucufate del Vallés, el cual publicaron la Marca Hisp., las Sinodales y otros. Lo que de él hace al caso son los versos siguientes:

Nam in bello Cordubensi cum pluribus aliis,

Morte ruit datus ensi, coeli dignus gaudiis
…...

Erant anni mille decem post Christi presepia,

Quando dedit isti necem prima lux septembrias,


Mas yo entiendo que el poeta que en puntos históricos no hace autoridad, mayormente siendo un rimador que por un consonante venderá la propiedad y la exactitud de la verdad, digo pues que el poeta no quiso decir que muriese en la misma refriega, ni que esta fue el día 1.° de septiembre. Diago la anticipa al 21 de agosto, y en este día la pone uno de los necrologios de esta (pone este) iglesia, cuya autoridad debe prevalecer a la de aquel epitafio. En mis cartas de Vique ya demostré que la batalla fue el 21 de junio de ese año 1010 (a). Lo mismo que allí se vio respecto del Obispo Arnulfo se podrá acaso decir ahora de nuestro Odón, que herido en la refriega del junio se vino acá, donde murió de las heridas a 1.° de septiembre, y fue depositado en el monasterio sobredicho.

(a) En el tomo 43 de la España Sagrada, pág. 147, se halla una larga y erudita disertación sobre todas las circunstancias de esta batalla: y en cuanto a la época de ella también comunicaron a su autor en el archivo de Vique algunos de los documentos que prueban haber acaecido en el 21 de junio, descubiertos por mí y combinados con otros. Así nos allanamos unos a otros el camino para encontrar la verdad.

(Continúa a partir del 1000)

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