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domingo, 5 de junio de 2022

Tomo 3, apéndice 16, parecer, obispo, Pérez, planchas, plomo, Granada, 1595

XVI. 

Parecer del obispo de Segorbe D. Juan Bautista Pérez sobre las planchas de plomo que se han hallado en Granada, escritas con nombres de algunos santos este año 1595 (a: Copia sacada de la que existe entre los MSS. del Ilmo. Sr. D. Francisco Pérez Bayer en en la Biblioteca de la Universidad de Valencia.) (V. pág. 170). 

Debajo de la censura de hombres que en esto dieren mejor parecer, y es razón que se les pida por ser materia grave, digo: que tengo por nuevas estas planchas, y fingidas por algunos hombres de poca conciencia para hacer pecar a las gentes, no viendo el peligro en que los ponen de reverenciar huesos que no sean de santos. Pero ha querido Dios que el que lo ha fingido supiese poco de historia eclesiástica ni de antigüedad; y así (así) ello mismo trae consigo indicios para conocer su ficción, y a lo que yo entiendo, este fingidor como había leído en algunos libros modernos que Santiago tuvo siete discípulos en España, y que tres de ellos fueron Cecilio, Tesifón y Hicio, y que de estos todo el mundo confiesa que Cecilio murió en Granada: y así ha fingido que también Tesifón y Hicio están enterrados en este monte de Granada; y aun dicen haber hecho otras láminas de plomo para persuadir que los otros que restan están también en aquel monte, las cuales por ventura hallarán, si cavan más. Y aun ha fingido nombres de otros discípulos de estos siete santos, de los cuales se tratará abajo. Digo pues que se prueba ser falsas estas planchas, porque contradicen a las verdaderas historias eclesiásticas por las muchas razones siguientes. 

1. Que no murieron en Granada.

El primer argumento contra las planchas es porque dicen que los cuerpos de Tesifón y Hicio están en aquel monte de Granada; y no puede ser, porque consta de historias eclesiásticas que estos siete discípulos murieron en diferentes lugares o ciudades de España, y sólo Cecilio murió en Granada: y para que esto se entienda de raíz se presupone que todos los breviarios de España, antes que viniese el rezado romano, celebraban a 15 de mayo estos siete santos, que llamaban Torquati, et Sociorum; y no sé por qué no les han puesto en el cuadernito nuevo de las fiestas generales de España; porque todas las iglesias confiesan que estos varones apostólicos fueron como siete apóstoles de España, que enviados acá por S. Pedro y S. Pablo desde Roma, fundaron en España siete iglesias principales, y murieron en ellas. Y porque su primer llegada fue a la ciudad de Acci, que es Guadix, y de allí se esparcieron, se ve que su primera predicación fue en el reino de Granada. La historia de estos la ponen a 15 de mayo todos los martirologios antiguos de Beda, Usuardo y Adón que andan impresos, y el martirologio romano nuevo del papa Gregorio XIII. Pero donde está más a la larga es en un libro de pergamino antiguo, que está escrito de letra gótica en la librería del Colegio de Alcalá de Henares, del cual hace memoria Ambrosio de Morales en su historia lib. 9. cap. 13. Y yo he leído este libro gótico, donde está la dicha historia al fin de unas obras de S. Gerónimo, Gennadio, Isidoro, Ildefonso de scriptoribus  ecclesiasticis, y la saqué de mi mano, cuya copia envío con esta; y también está de letra menos antigua en los santorales de Toledo, y aun parte de la historia está en un libro gótico de concilios de S. Millán de la Cogolla, que ahora están en S. Lorenzo el Real, los cuales todos he visto yo. Allí dice como desde Guadix se esparcieron en las ciudades siguientes, con estas palabras: Deinde non mente se segregantes, nec fide, sed pro dispensanda Dei gratia per diversas urbes dividuntur Torquatus Acci, Tesiphon Berge, Hesicius Carcesae, Indaletius Ursi, Secundus Abule, Euphratius Illiturgi, Caecilius Eliberri; in quibus urbibus comorantes coeperunt &c. unde parum post tempore laborum suorum gloriosos palmae triumphos supernae patriae reportarunt, et felici obitu de hoc saeculo migraverunt. Nobis quoque reliquiarum suarum veneranda praemia reliquerunt, ad quorum sacra sanctaque sepulchra quisquis aeger pia devotione advenerit, invicto beatissimorum confessorum liberatur auxilio. 

Y prosigue allí a contar un milagro ordinario que acontecía cada año en Guadix en el sepulcro de S. Torcato (Torcuato). Los nombres de estos siete santos en este libro gótico y en algunos breviarios están algo corrompidos por descuido de los escritores. Pero sus verdaderos nombres están corregidos en el martirologio romano, y son: Torquatus, Thesiphon, Hesichius, Indaletius, Secundus, Euphrasius, Caecilius. (Torcuato, Tesifón, Hicio - Hiscio -, Indalecio, Segundo, Eufrasio, Cecilio) 

Y el que tuviere noticia de antigüedad, conocerá que los cuatro son nombres de nación griega, y los tres de latina, que son Torcato, Cecilio, Secundo. En lo que toca a las ciudades donde fueron obispos, lo que se puede averiguar por cosmógrafos antiguos (dejando aparte lo que algunos modernos se arrojan a decir sin autor ni fundamento) es lo siguiente. Acci, donde fue obispo Torcato, es claro ser Guadix, como se ve en el Itinerario antiguo del emperador Antonino, donde pinta los campos por leguas o millas, tan particularmente, que en esto no se puede dudar.

Verja, donde dice que fue obispo S. Tesifón, piensan algunos ser Verja en Aragón; pero no lleva camino, habiendo estos santos hecho asiento en Andalucía y en el reino de Granada. Así otros sospechan que está errado Verja por Bergi, y así se lee Vergi en la historia de estos santos en los martirologios de Beda, Usuardo y Adón, y es una ciudad muy conocida en la costa, la cual antiguamente se llamó Bergi, y ahora dice ser Verga Don Diego de Mendoza en la historia de Granada, y Ambrosio de Morales; y parece conviene el nombre. Aunque otros piensan ser Vera, por ser marítima; de donde se llama Sinus Virginatus en Pomponio Mela aquella ensenada que hace el mar en la costa de Vera entre Cartagena y Cabo de Gata.

La otra tercera ciudad, donde fue obispo S. Hiscio, se llama Carsessa en el dicho libro gótico y en el martirologio de Adón, aunque Usuardo y Vaseo y Petrus de Natalibus leen Carthesa; y el sitio de ella es difícil de averiguar por no hallarse en cosmógrafos antiguos. Y así Marineo Sículo, hablando de S. Torcato, y Fray Alonso Venero en su Enchiridion de los tiempos, y Joan Molano sobre el martirologio de Usuardo dicen ser Ventosa la despoblada junto a Valverde hacia Astorga. Yo he deseado saber de dónde lo sacaron estos; después he hallado que el primero que lo escribió fue un libro que anda de mano con nombre de Turpino, que trata de la venida de Carlo Magno a Santiago de Galicia, y anda al cabo de un libro de los milagros de Santiago. Pero no da razón de su dicho, y el libro de Turpino es tenido por fabuloso entre todos los hombres doctos; porque Carlo Magno murió año 814; y el cuerpo de Santiago no había sido aún hallado hasta el año de 835, y no pudo venir Carlo Magno a verle; y así no hay que hacer caso de la opinión de este libro. Otros, guiándose por el nombre, han sospechado ser la misma que Plinio y Ptolomeo llaman Carissa en Andalucía, que hoy podría ser Carrizal junto a Gerez (Jerez), a la que Ptolomeo llama Carsus, y podría ser Santa María de Villacorta junto a Guadalcanal. Y aun guiándose por la semejanza de los nombres podría ser Carrozo hacia Astorga, o Carrizosa en el campo de Montiel, u otros pueblos que pareciesen en el nombre a Carcesa, que en esto no hay claridad: el martirologio romano moderno por quitarse de estas disputas ha puesto por Carcesa, Carteja. Y si esto se hallara escrito en algún libro antiguo, fácil era soltar la cuestión. Porque Carteya de los antiguos es muy conocida en el estrecho de Gibraltar, y ha de ser Algesira (Algeciras) o Tarifa. Y los que corrieron a Carteya debieron regirse por ver que Plinio dice que Carteya y Tartessus es una misma ciudad; pero es cierto que en el libro gótico y en los libros antiguos hablando de estos siete santos se escribe Carcesa, como tenemos dicho.

La cuarta ciudad, donde fue obispo Indalecio, se llamó Ursi en todos los libros, y creen ser Almería por el sitio, como lo dice el Rey D. Alonso en su historia. Y de esta opinión fue (fueron) Zurita y Morales; aunque D. Diego de Mendoza en la historia de Granada por el nombre piensa ser Orce una legua de Galera. Pero no está lejos lo uno de lo otro. La quinta ciudad, donde fue obispo S. Segundo, se llama Abula, y comúnmente se entiende ser Ávila, cabeza del obispado: aunque no falta quien diga por Ptolomeo que hay otra en tierra de Baza, porque no se alejase este santo tanto de sus compañeros.

La sexta ciudad donde fue obispo S. Eufracio (Eufrasio), es Elliturgi, como llamaron los godos, o Illiturgi, como escribieron los romanos. Y es claro ser Andújar. Y esto consta por el nombre y por el sitio que ponen Ptolomeo y Plinio y Antonino, el cual cuenta los caminos por millas. La séptima ciudad, donde fue obispo S. Cecilio, es Elliberris, como escriben los godos, o Illiberris, como escriben los romanos. Y es la ciudad de Granada o Sierra Elvira, dos leguas de Granada, como consta del sitio y nombre de Plinio y Ptolomeo, y por dos piedras que dicen haberse hallado con este nombre en Granada. 

La una dicen está en el cimiento de la torre de Comares en el Alambra (la Alhambra), o en el Alcazaba arriba de Santa Isabel; y la pone Ambrosio de Morales lib. 9, cap. 9; y otra piedra pone Alexo Banegas en los Escolios sobre el vellocino dorado, y dice que se halló en el Alcazaba en el año de 1540. Y en esta Illiberris se tuvo el concilio antiguo Illiberritano; y esta opinión es hoy común, que no tiene contradicción; y no hay para que tratar ahora de otra Illiberris, que estaba en la entrada de Francia, que hoy es Colibre (Colliure, Copliure, etc, donde está enterrado Antonio Machado) en Cataluña (entonces, ahora es Francia), ni de la verdadera ortografía de las dos, pues no importa para mi propósito. Habemos (hemos) contado hasta ahora las ciudades donde fueron obispos estos siete santos, para que se vea en cuan diferentes lugares vivieron y aun murieron. Pues los martirologios arriba nombrados y el romano dicen que murieron en esas ciudades, y el libro gótico dice que en ellas veneraban sus sepulcros, y que en Guadix, adonde estaba enterrado S. Torquato, se hacía cada año un milagro en su sepulcro; y aun S. Eulogio, el cual vivió ochocientos años después de los dichos santos, escribió que en su tiempo estaba el cuerpo de S. Eufrasio en Elliturgi, donde había sido obispo; y en el misal mozárabe, que creen ser compuesto por S. Isidoro, hay un himno muy galano donde pone estos versos.

Hic sunt perspicui luminis indices 

Torquatus, Tesiphon, atque Hesichius 

Hic Indaletius, sive Secundus

Juncti Euphrasio, Caecilioque sunt.

Y después dice: 

Post haec pontificum cara sodalitas 

Partitur properans septem in urbibus, 

Ut divissa locis dogmata funderent, 

Et sparsis populos ignibus urerent... 

Ex hinc justitiae fructibus incliti 

Vitam multiplici fenore terminant, 

Concepti tumulis urbibus in suis; 

Sic sparso cinere una corona est.

De esto se ve cómo murieron, y estaban sepultados en diferentes lugares, porque el cuerpo de S. Torcato se llevó de Guadix a Celanova, monasterio de Benitos junto a Orense, y allí está, como dice el Licenciado Molina, en la descripción de Galicia, y también Ambrosio de Morales. Y el cuerpo de S. Indalecio se llevó de Almería al monasterio de S. Juan de la Peña en Aragón en el año 1080 por el Rey D. Sancho Ramírez, como lo refiere la historia antigua de S. Juan de la Peña y también Zurita; y una parte de su cuerpo está en la iglesia de Burgos, como lo refiere (refieren) Vaseo y Morales. Y el cuerpo de S. Segundo es venerado en Ávila, donde dicen que fue hallado el año de 1519; y el cuerpo de S. Eufrasio fue llevado de Andújar a Galicia, y está en la iglesia de Santa María de Valdemón junto al monasterio de Samos, según dice (dicen) el Licenciado de Molina y Morales; y lo mismo dice debe ser de los otros tres cuerpos de estos santos, que estarán en las ciudades donde fueron obispos, si no consta donde los trasladaron: y en conclusión de lo dicho se saca et primer argumento que hicimos a estas láminas; porque dicen que estos santos están enterrados en Granada; pues consta de lo dicho como se esparcieron y murieron por diferentes ciudades, y que sólo S. Cecilio está en Granada.

2. Que no murieron el segundo año de Nerón.

El segundo argumento contra las dichas planchas es que dicen en ellas que murieron el segundo año de Nerón, y no puede ser, lo cual se prueba de esta manera. Porque el dicho libro gótico y los sobredichos martirologios y el romano dicen que los enviaron a España desde Roma los santos Apóstoles S. Pedro y S. Pablo, los cuales no se pudieron ver en Roma hasta el segundo año de Nerón, como dice S. Jerónimo en el libro de Viris illustribus, hablando de S. Pedro y S. Pablo y de S. Lucas; y es cosa clara, por historias eclesiásticas, que la persecución de Nerón a los cristianos no comenzó hasta el décimo año de su imperio, lo cual fue el año de Cristo de 65: siendo cónsules Cayo Licinio Basso, Marco Licinio Crasso; y aun Cornelio Tácito, que es autor en el libro 15, cap. 44, cuenta la ocasión que tuvo Nerón ese año de un incendio de Roma, que le achacaron a los cristianos, para comenzar a perseguirlos; y así fueron martirizados S. Pedro y S. Pablo el año de Cristo 68, según se saca de S. Jerónimo de Viris illustribus, y de Hegesipo, lib. 3, cap. I, y lo cuenta bien Onufrio Panvinio en su Cronicón, y César Baronio. Y así todos los años atrás S. Pablo predicó libremente la ley de Cristo, como dice Eusebio lib. 2, cap. 21; porque cuando le trajeron preso a Roma el año segundo de Nerón, fue porque los judíos le acusaban de alborotador, y no porque el emperador hubiese aún movido persecución contra los cristianos hasta el año décimo de su imperio; y es cierto que fue la primera persecución esta que hizo Nerón entre todos los diez de los emperadores que cuentan los autores eclesiásticos; de lo cual se concluye ser ficción lo que dice la plancha que fueron martirizados en el año segundo de Nerón en Roma, y de allí salieron a las provincias. Antes no hay memoria que en España haya sido martirizado ningún santo en todo el tiempo del imperio de Nerón; porque una piedra de Nerón que pone Baronio, ya vio Morales ser falsa.

III. Que no murieron en febrero, marzo ni abril. 

El tercero (tercer) argumento contra las planchas es que dicen en ellas que S. Hiscio murió 1.° de marzo, y S. Cecilio 1.° de febrero y S. Tesifón 1.° de abril, lo cual no tiene fundamento, porque todos los martirologios sobredichos ponen el día de estos santos a 15 de mayo; y habemos de creer a los libros tan auténticos y antiguos, más que no a estos modernos y inciertos. Y así Vandelberto, autor antiguo que escribió un martirologio en verso más ha de setecientos años, el cual le puso Molano en la primera impresión del martirologio de Usuardo, hablando de estos santos dice: Pontifices septem Hesperiam simul idibus ornant; porque los idus de mayo son a 15 de mayo; y advierte que algunos breviarios (aunque pocos) ponen la fiesta de estos santos a 1.° de mayo, y fue por un error de copias; porque en el dicho libro gótico de Alcalá está escrito así t. 5 mayas; y habiendo de leer idus mayas, ellos pensaron que era la letra K, y leyeron kalendas mayas. Pero todos los martirologios sobredichos los ponen en los idus de mayo, y demás de esto parece cosa acordada en estas planchas poner las muertes de los tres compañeros en el primero día de los tres meses febrero, marzo y abril. 

IV. Que no son mártires, sino confesores. 

El cuarto argumento contra las planchas es que llaman mártires a estos siete santos; lo cual es contra todos los autores, que ninguno dice que padecieron martirio, antes expresamente les llaman confesores el libro gótico de Alcalá y el breviario mozárabe, y en fin, todos los martirologios y autores que hablan de ellos. Y sólo podría a esto oponerse una carta de Gregorio VII al Rey D. Alonso, la cual pone Baronio en su Comento al martirologio romano: en la cual carta, hablando de estos siete obispos, dice: Ordinem et officium in divinis cultibus ostendere, et sanguine suo ecclesias dedicavere; pero hase (se ha) de entender que con su vida y trabajos fundaron las Iglesias, porque no contradiga esta carta a todas las historias y martirologios. 

V. Que no son discípulos de Santiago.

El quinto argumento contra las planchas es que los llama discípulos de Santiago, y no fueron sino discípulos de los apóstoles S. Pedro y S. Pablo, enviados desde Roma, como lo confiesan todos los libros dichos y martirologios, que son muy auténticos, y ninguno de ellos hace memoria que fueron discípulos de Santiago; porque pensaron que ninguno tuvo cuidado de la cristiandad de España sino sólo Santiago. Y el más antiguo de los que yo he visto de los que los hacen discípulos de Santiago, es un libro que anda de mano en nombre del papa Calixto II de la traslación de Santiago; pero aunque la traslación sea verdadera, el libro le tienen por fingido y de poca autoridad. Y todos los hombres doctos y el estilo del libro lo dice. Antes los discípulos de Santiago tienen nombres muy diferentes, que son Caloserus, Basilius, Pius, Chrysogonus, Theodorus, Archanasius, Maximus, como los nombra Pelagio, obispo de Oviedo, autor antiguo que vivió en el año de Cristo 1140 en una historia que hizo de España, y yo la he visto de mano, y de él la sacó Ambrosio de Morales l. 9. c. 7. 

VI. Que Ilipula no es Granada.

El sexto argumento contra las planchas es que murieron In hoc loco Ilipulitano; porque el que las fingió sabría poco cosmografía; y queriendo dar a entender que estaban enterrados allí en Granada, dijo que estaban en este lugar de Ilipulia, lo cual es gran error en cosmografía (geografía). Porque Granada es Illiberris, y Ilipulia no puede ser Granada. Porque Ptolomeo, que hace memoria de las dos Illipulas, las pone muy lejos de Granada. Y la una, que es la Illipula magna, la pone junto a Córdoba, más de veinte leguas de Granada; y la otra Illipula parva entre Sevilla y Portugal, más de cuarenta leguas de Granada; y Ambrosio Morales probablemente cree que son Peñaflor y Zalamea. Pero este fingidor de las planchas se engañó por un autor que se llama Juan Margarit, obispo de Gerona, que escribió una historia latina en tiempo de los Reyes Católicos, y allí pensó que Illipula era Granada. Y aunque allí no dice su fundamento, pero yo bien lo sé, y fue porque leyó en Plinio el nombre de Illipula tras del nombre de Illiberris; y antes había de sacar de Plinio lo contrario que las pone por dos ciudades diferentes. Pero de este autor no hay que hacer caso, porque en materia de geografía dice grandes disparates. De los cuales por ejemplo diré algunos, aunque parezca me detengo en esto, pero es para santo fin. Digo pues que este autor dice que Titulcia es Tudela, siendo Bayona, sesenta leguas de Tudela. También dice que Eliturgi (Illiturgi) es Medinaceli, siendo Andújar, como habemos dicho. Dice que Munda, donde pelearon los hijos de Pompeyo, dice que es Caymbria (Coimbra?), y sábese que es Menda junto a Málaga. Dice que Scalabis es Lisboa, y es claro que es Santarem, por el Itinerario de Antonino. Dice que Sisavo es Jerez, y no es sino Almadén, como consta de la mina de bermellón en Plinio. Dice que Bilbilis es cerca de Urgel, y no es sino junto a Calatayud (bilbilitano); y quien dice estas cosas, bien se le puede perdonar que haya dicho que Illipula es Granada. Y Alexo Banegas le siguió sin más examinar. Pero ahora se sabe más de estas cosas que entonces. 

VII. Que no se llamó Abenatar.

El séptimo argumento contra estas planchas es que dicen que S. Tesifón se llamaba Abenatar antes que se convirtiese, lo cual no tiene ninguna probabilidad; porque ese es nombre arábigo, y entonces ni se usaba lengua arábiga acá en España, ni andaban los árabes en el occidente, ni es de creer que los apóstoles sacarían predicadores de Arabia para enviar desde Roma a España, si no es que nos quiera este autor hacer adorar por santo algún moro de Granada, llamado Abenatar. Item porque todos los nombres de estos siete santos, como arriba dijimos, son griegos o latinos, y así es de creer que S. Tesifón no tuvo otro nombre sino el suyo, y que sería griego de nación. Item porque no se usaba entonces los cristianos mudar el nombre en el baptismo (bautismo), ni había para que, como se ve en los apóstoles y en todos los santos del martirologio, que todos se quedaron con sus nombres que tenían de hebreos o gentiles , y lo contrario sería caso rarísimo. Item ¿para qué había de dejar el nombre de Abenatar y tomar el de Tesifón? nombre era de gentiles y no de cristianos, como se ve en Tesifón, orador de Atenas en tiempo de Demóstenes, y en Tesifón, arquitecto, que labró el templo de Diana Efesia, y otros semejantes. Y sería como dicen huir del fuego y dar en las brasas.

VIII. Que no escribió en arábigo S. Tesifón. 

El octavo argumento contra las planchas es que en ellas se dice que S. Tesifón escribió en lengua arábiga su libro y con caracteres de Salomón: lo cual no tiene ninguna probabilidad, porque en España no habían entrado los moros, ni sabían qué era lengua arábiga; y si él escribía su libro para los españoles, era cosa de burla escribirlo en lengua que nadie la entendiese de España; antes entonces todos los autores escribían en griego o latín, y más S. Tesifón, siendo griego de nación, como parece por su nombre. 

IX. Que no escribió con caracteres de Salomón.

Lo nono digo que parece cosa de burla decir que el libro escrito en lengua arábiga estuviese escrito con caracteres de Salomón: porque más conforme a razón era que siendo en lengua arábiga se escribiese con caracteres arábigos; porque escrito de una lengua con caracteres de otra, parece juguete para sólo hacer trabajar a los que se precian de descifrar, y no hay tal ejemplo de libros en toda la antigüedad. Item si este fingidor nos quiere dar a entender que estos caracteres son o se llaman caracteres de Salomón, respóndanos cómo con ellos escribía S. Tesifón en lengua arábiga, según él dice, y ahora con estos mismos caracteres se escriben estas láminas en lengua latina? porque está claro que están en lengua latina. Si no es que estos caracteres sirvan de malilla para todas las lenguas. Item que el llamar caracteres de Salomón, suena cosa de mágicos o encantadores; porque los nigrománticos tienen cierto libro de conjuros con caracteres incógnitos, el cual llaman clavicula Salomonis, y está vedado en todos los catálogos de la Inquisición; y los mágicos fingen que le escribió Salomón, fundándose en un lugar de Josefo, el cual dice en el octavo libro de las Antigüedades en el cap. 2 que Salomón escribió ciertos exorcismos; y en confirmación de mis sospechas se puede leer Petrus Comestor, que llaman Magister Historiarum, autor antiguo de más de quinientos años atrás, sobre el tercer libro de los Reyes cap. 4, donde escribe que se dice que Salomón inventó unos caracteres, que escritos en las piedras preciosas con cierta raíz servía para echar los demonios; y otro autor que anda con el libro dicho Malleus maleficarum de Jacobo Spinger, inquisidor, que allí se llama autor anónimo, tractatu 2 Exorcismorum folio 269, dice que los nigrománticos usan de un libro que llaman de Salomón, escrito en lengua arábiga, y que le halló Virgilio en unas cavernas de los montes de Arabia. Y cierto me parece que esto frisa con nuestro caso; pues se nombran caracteres de Salomón y Arcávigo y Cavernas: cuanto más que ni de la sagrada escritura, ni de los autores antiguos consta que Salomón inventase caracteres, sino es de esta relación de nigrománticos; antes se ve en las biblias hebraicas como Salomón escribió sus libros con las letras ordinarias hebreas, que eran las de su tierra, y en letras hebreas los tenemos hoy. 

X. Que estos son caracteres nuevos y fingidos. 

Lo décimo digo que el que fingió estas láminas las ha escrito con unos caracteres que nos quiere dar a entender son antiguos, y es cosa de burla: porque son nuevos y sacados del A B C español, y disfrazando un poco las letras, como lo echará de ver el que hiciere un alfabeto de las letras de estas planchas; y lo comprobare con letras españolas, y pone Z por M al fin de la palabra, que es cosa moderna, y así se conoce lo poco que supo este fingidor. Porque si supiera fingir, pudiera tomar caracteres extraños de las lenguas hebrea, arábiga, armenia, caldea, (y arameo), etiópica (etíope), índica, cuyos alfabetos yo tengo, y andan impresos por dos autores, el uno italiano, que se llama Jeseo Ambrosio, y el otro francés que se llama Guillermo Postello; y aun si supiera fingir alfabetos extraños y voluntarios, cuales suelen hacer los que escriben en cifra, de los cuales pone muchos Trithemio en un libro que llama Polygraphia: pero como el que fingió esto, no sabía lenguas, arrojóse al alfabeto español disimulado que él sabía, y no echó de ver que Salomón entonces no escribía letras parecidas a las españolas de ahora. 

XI. Que es fingido el libro: fundamentum Ecclesiae.

Lo undécimo digo que tengo por sospechoso el libro que dicen haberse hallado con título de fundamentum Ecclesiae, porque Gelasio papa en el capítulo Sancta Romana dist. 15, entre otros condena un libro que allí llama fundamentum, y otro que se llama contradictio Salomonis, y así me ofenden estos nombres. Item porque parece cosa de burla que al cabo de mil y quinientos años salgan ahora con un libro que es el Fundamento de la Iglesia, la cual estuviera buena hasta ahora por cierto si hubiera necesidad de este fundamento. Item porque libro tan pequeño para tan grande título, de cinco hojas no más en forma redonda como hostias, más parece juguete de niños que obra eclesiástica. Ni tal ejemplo se hallará en todas las obras de santos antiguos, de que están llenas las iglesias; y no hablo aquí de lo que contiene este libro, porque no me han enviado relación de él, ni del de Esencia Dei, que si los viera dijera mi parecer. Pero por el muro se saca la villa. 

XII. Que los nombres de los mártires son fingidos.

Lo duodécimo digo que los nombres de mártires que aquí pone por discípulos de estos santos los tengo por fingidos, los cuales son Mesitón, Jurilos, Panucius, Maronius, Centulius, Maximinus, Luparius, Setentrius, et Patritius. Porque en los martirologios y historias antiguas de los dichos siete obispos no hay memoria de tales nombres de discípulos; y sería temeridad tener por santos a estos, cuyos nombres no se hallan en martirologios eclesiásticos ni en libros que tratan de santos, como son Lipomano, Surio, Petrus de Natalibus, y otros semejantes, y más con tanta sospecha de estas planchas: y podrán ser estas planchas inventadas por algún hereje para hacer burla de la Iglesia, como sabemos que en tiempo de S. Gerónimo unos herejes de España, discípulos de Prisiliano, honraban por santos a muchos, cuyos nombres eran Instantius, Salvianus, Felicisimus, Armenius, Latronianus, Assarinus, Aurelius, Tiberianus, Tertullus, siendo no santos sino condenados por herejes, como cuenta Sulpicio Severo en el segundo libro de su historia eclesiástica; y también Ireneo y Tertuliano refieren que los herejes gnósticos inventaron más de ciento y veinte nombres incógnitos para engañar: y Santo Tomás en la secunda secundae en la cuestión 96, artículo 4, dice por autoridad de S. Crisóstomo sobre S. Mateo; Nomina ignota et caracteres inusitati suspicionem habent magiae; y lo mismo dice Aimerico en el Directorium Inquisitorum, 2 parte, cuestión 45; y me hace sospecha el ver que al fin de estas láminas hace tanta fuerza en que honren estos santos, que parece no se hicieron estas láminas para otro efecto sino para persuadir que los honren. Y esto no es cosa acostumbrada en libros ni títulos de sepulcros de santos. Porque sólo dicen que están allí los tales santos, y lo del venerarlos es claro, y se presupone sin que sea necesario persuadirlo allí mismo.

XIII. Que no están escritas con buen latín. 

Lo decimotercio tengo por fingidas las láminas en este tiempo y por hombre que sabía poco latín para fingir, por la mala frasis, como lo entenderá el que tuviera buen oído al latín antiguo, porque son frasis de ahora y no antiguas: ellectus adhunc effectum; y también: vir literis, linguis, et sanctitate preditus comentavit profesias. Et pasus sub potentatu Neronis. Y mala gramática, petentibus transivire. Y demás de esto las malas ortografías de estas láminas, según la copia que me han enviado, no se compadecen en la antigüedad. 

XIV. De otras semejantes burlas.

Lo decimoquarto sospecho que es ficción lo de las láminas por la noticia que tengo de otras burlas semejantes que se han hecho. Porque en la primitiva Iglesia algunos herejes fingieron libros en nombre de los apóstoles, Santo Tomás, S. Bartolomé y S. Felipe, los cuales condenó por fingidos Gelasio papa en la distinción quince, y pocos años ha ha salido otro libro en nombre Nicodemus de la pasión de Cristo, y se ha vedado en el catálogo de la Inquisición; y los herejes helechesaitas mostraban un libro que decían ser caído del cielo, y los católicos le condenaron, como dice Eusebio lib. 6, cap. 31. Y otro hereje dicho Aldaberto fingió otra carta como caída del cielo, la cual fue condenada por Zacarías papa, como dice Surio en la vida de S. Bonifacio. Y Helecho hereje fingió unos libros en nombre de Adán, Henoc y Elías, que fueron reprobados, como dice Clemente Romano lib. 6, cap. 16; porque según dice S. Agustín en 18 de la Ciudad de Dios en el capítulo 38, era clara sospecha sacarlos al cabo de tantos mil años con estas palabras: Quo in auctoritate non essent, nimia fecit antiquitas, propter quam videbantur habenda esse suspecta. Y el arzobispo de Tarragona D. Antonio Agustín en un libro que escribió de medallas en el f. 448 cuenta algunas burlas de estas, y entre otras que Juan Antonio Biterbense (viterbense) en tiempo de los Reyes Católicos, para fingir la mucha antigüedad de Viterbo, su patria, hizo esculpir unas piedras con caracteres incógnitos, y las enterró en una viña para que fuesen halladas cavando, y espantaron a toda Italia. Y al Marqués de Pescara un burlador para sacarle dineros, y para lisonjearle la antigüedad de su linaje, le vendió una piedra, que hizo enterrar con letras esculpidas que decían: Sancio Avalo Calagurritano (de Calahorra). Y estando yo en Madrid el año 1572 me acuerdo que se hallaron junto al río algunas piedras tan grandes como la mano con letras relevadas (en relieve), que contenían ciertas profecías con palabras dudosas, y las andaba la gente glosando; y después vine a saber quien tal hacía, y me lo confesó el propio autor, y que lo hacía por burlar y hacer pecar. Y a Paulo IV le vendieron por antigua una medalla fingida con rostro de S. Pedro, que le parecía mucho al papa, y después se entendió el engaño como cuenta el mismo arzobispo D. Antonio Agustín folio 422; y en fin en este género de antiguallas fingidas me parece prudente consejo el que cuenta Tito Livio en el libro 40, que tomaron los romanos cuando una vez se hallaron en el campo de Roma unos libros en la sepultura antigua del rey Numa Pompilio como escritos del dicho rey en una arca guarnecida de plomo, que pareciéndoles cosa sospechosa por la mucha antigüedad (porque había quinientos años que aquel rey era muerto) hicieron reconocer en secreto los libros, y teniendo relación que los dichos libros contenían doctrina contraria a su religión, los hicieron quemar en público.

XV. Que no se deben venerar estos huesos.

Dicen que junto a estas láminas se han hallado algunos huesos, y que los han recogido con alguna veneración, y es claro que se debe andar en esto con mucho tiento. Porque Granada ha sido ochocientos años de moros, y estarán enterrados infinitos por los campos y montes: y demás de esto ya está mandado en el drecho por los pontífices Alexandro III y Inocencio III en el título de reliquiis, et veneratione sanctorum, que no se veneren las reliquias que de nuevo se hallaren sin consulta de la Sede Apostólica, la cual es de creer que no dará tal licencia a estas, no habiendo fundamento para creer que estos huesos o aquellos, hallados y esparcidos por el monte sean santos, aunque las planchas fuesen verdaderas. Cuanto más siendo tan sospechosas de ficción por las razones sobredichas. He sido largo en desmenuzar algunas cosas, porque entiendo que es hacer servicio a Dios desengañar en materia tan grave, como es venerar verdaderas o falsas reliquias. Y si yo brevemente escribiera mi parecer no fuera de efecto; porque algunos dijeran que hablaba sin fundamento. Recíbase mi buena voluntad.

Carta del doctor Benito Arias Montano para D. Pedro de Castro Quiñones, arzobispo de Granada.

Por mano del prior de esta Iglesia recibí dos cartas de V. S., y juntamente la relación impresa de las láminas. De todo había por acá diversas nuevas y relaciones que no concertaban bien unas con otras. Y así fue consejo digno de V. S. que se imprimiese, y mucho más digno será de su autoridad entretenerse en la calificación y juicio de negocio tan grave, por lo que importa saber la verdad y definirlas por todas sus condiciones, pues en todo género de cosas es muy común regla: Ne incerta pro certis habeamus, iisque temere assentiamur. Tiene este nuevo suceso tantas partes que examinar y averiguar para llegarlo a resolución, que proveyó Dios para ello, y para otras cosas de mucha importancia presidiese V. S. en esa iglesia a esta sazón. Año es este de semejantes ocurrencias, porque en estas tierras se han hallado muchas piedras, mármoles, ladrillos, azulejos grabados con diferentes formas de letras, algunas arábigas, de que me han traído parte clérigos, frayles y seculares con opinión y ansia de tesoros. Los adversarios de nuestra iglesia habiendo visto en algunos lugares dar fácil crédito a milagros no bien examinados, y a otras cosas tocantes a la religión, toman ocasión de afirmar que así sucedió en los tiempos pasados. Por otra parte el vulgo, amigo de novedades y materias de conversación, desea se autoricen tales cosas, más por tener que hablar, que por mejorar su vida en tales cosas. El interés y sus pretensiones favorecen en esta parte, y todos de magnis majora loquuntur, y ordinariamente alegan la autoridad de los hombres de crédito y prelados. Y si el prelado hace manifiesta demostración en contrario, dicen que es impío y hereje, como acaeció al obispo de León Cuesta en los milagros falsos de Mayorga en el año de 60. Todo esto me muestra ser muy necesaria la prudencia, destreza y constancia, y sobre todo arrojar pretensiones de interés, y que no se use mal de la piedad para ganancias ilícitas. Suplico a V. S. me perdone, que con el deseo que debo tener de que las cosas de la religión vayan muy esmeradas y lucidas, y con celo de la autoridad de V. S. que tengo sobre mis ojos como de mi señor y prelado, que con tal título le reverencio, y la obediencia a sus mandamientos me incitaron a apuntar esto, y holgara yo mucho de hallarme en disposición para ir a servir a V. S. como me manda en esta ocasión. Empero excúsame una indisposición de cabeza y ojos, de que están los médicos insignes de este lugar con recelo y cuidado. Y por ella me tienen en cura, y apenas consienten que salga de casa. Nuestro Señor guarde a V. S. en toda felicidad. Sevilla a 3 de mayo de 1595.

jueves, 18 de agosto de 2022

CARTA LXXVII. Etimología del nombre de Urgel.

CARTA LXXVII.

CARTA LXXVII. Etimología del nombre de Urgel.

Etimología del nombre de Urgel. Restauración de esta ciudad y de su iglesia: breve dominación de los moros en ella. Origen de su canónica, pruébase a la larga que fue secular Aquisgranense, aun instituidos los canónigos reglares de S. Agustín en la iglesia vecina de S. Miguel. Época en que se disolvió aquella vida canónica, reliquias que de ella quedan. Número de los canónigos, y por qué se llamaron Statores. Origen, número y obligaciones de los prepósitos. Títulos antiguos de sus arcedianatos: creación del deanato. Hábitos canonicales antiguos.

Mi querido hermano: Con gran placer comienzo a hablar de la santa iglesia de Urgel, una de las antiguas y célebres de la nación, restaurada a fines del siglo VIII, honrada con prelados famosos en letras y virtud, teatro de varios concilios y disputas importantes, depósito de grandes riquezas históricas, y por todos estos y otros muchos títulos digna de la loable codicia de los ausentes, y de una exacta y detenida descripción de los pocos que como yo han tenido la fortuna de examinar sus archivos. El actual señor obispo y el capítulo de esta santa iglesia desde el momento que me presenté, aun sin estar anunciado mi viaje, manifestaron el más vivo deseo de contribuir al objeto de él, y lo han verificado con toda la franqueza que yo pudiera apetecer. Mi principal trabajo ha sido en el archivo capitular, donde se han conservado todas las escrituras de fines del siglo VIII y las del IX y siguientes, cuando antes de la división de las mensas episcopal y canonical, la misma unidad de vida común no permitía distinción de archivos. Los señores comisionados D. Jaime Creus, doctoral, y D. Gregorio Morelló, magistral, han sabido adelantarse y prevenir mi curiosidad, trabajando también en buscarme lo que suponían que yo podía desear. Efecto natural de la ilustración, sin la cual fueran mal miradas y aun escarnecidas mis tareas, y temiéndose donde no hay por qué, hubiera sido defraudado el público de los conocimientos que le son tan debidos como necesarios. Todo esto me alienta a trabajar y sacar a luz cuanto he hallado aquí digno de ella. Mucha parte de esta fatiga me ahorraría la España sagrada, si hubiera ya tratado de esta iglesia; porque sin perder de vista los otros objetos de mi viaje, me hubiera ceñido a adicionar e ilustrar lo que allí se dijese, como hice en la de Vique. Mas al fin yo no debo salir del plan de viajero, que es recoger lo útil que se encuentre inédito, toque su examen a quien tocare, dejando a los que disfrutan de libros y de sosiego el análisis de los monumentos ya publicados por otros. Y como aquí no se halle ninguno anterior a la invasión de los árabes, sino solamente desde fines del siglo VIII, de esa época comenzaré yo también; y no haré poco, si cumplo con mis deseos y con lo que debo a esta iglesia.

A pesar de esta protesta digamos algo del origen del nombre de Urgel. El cual derivan algunos del Hércules griego, que como buen latino suponen que hallándose por acá muy apurado en una recia batalla, exclamó: ¡Oh quam VRGENS BELLUM! ¡Oh, dirás tú, qué bonita etimología! Otros más religiosos dicen que esta ciudad era la Vergi antigua, donde fue obispo S. Ctesifon (Tesifón), uno de los siete apostólicos. Pero está ya demostrado que Vergi es Berja cerca de Adral en las Alpujarras. Más verosímil es el origen que da a este nombre P. de Marca, tomándolo de la Orgia antigua, puesta por Ptolomeo en los Ilergetes como cabeza de los Ceretanos Augustales. De aquí dice que nacieron Orgella y Orgellis, nombres con que realmente fue conocida esta sede episcopal en los siglos VI y VII y aun en los posteriores como se ve en algunas escrituras. La corrupción en Urgellum fue fácil de verificar, y también lo es de entender. Como quiera que esto sea, debe tenerse por cierto que S. Ctesifon no vino acá, y que todos los obispos que se suponen anteriores a las pruebas que suministran los concilios Toledanos, son arbitrarios y no deben entrar en cuenta. Dejadas pues aparte estas y otras cosas tocantes al estado primitivo, sábese de cierto que en la invasión de los árabes quedó esta ciudad tan asolada y destruida, que cuando se trató de restaurarla a principios del siglo IX, no mereció otro nombre más que el de Vicus Urgelli (y a veces usaron solamente del de Vicus) en atención a las pocas casas que se edificaron; y solían añadirle el dictado S. Mariae, por ser este el título de la iglesia que se restauró y dotó en 819. El nombre Vicus duraba todavía en 1048, como se ve en una donación que diré a su tiempo, hecha por el conde Ermengol III al obispo Guillermo, donde se lee: in sede beatissimae Mariae Orgellitensis, qui ab incolis huius loci apellatur VICHO (a: V. además el tomo VI de este viaje, pág. 180). Al fin se perdió este título que en Ausona perseveró y vino a ser propio de aquella ciudad (Vique, Vich, Vic), mientras esta y su iglesia conservó el nombre antiguo de Urgel. Pero debo advertir que este nombre solo, según el uso vulgar de los catalanes que hoy viven, no designa más que la parte baja y la llanura de la diócesi, que cae al E y S de esta capital. Para denotar esta ciudad usan constantemente de la dicción Seo de Urgel (Seu d'Urgell). Lo cual no creas que es moderno, que ya en escrituras del siglo X la veo llamada Sedes Urgelli; y cierto no la llamarían así en latín, si no le dieran este nombre en el idioma vulgar. La restauración de esta iglesia se fija comúnmente en los tiempos de Carlo Magno, aunque la fábrica del templo no se concluyó ni consagró hasta el año 819. La escritura de esta dotación publicó ya la Marca Hisp. (apend num. I.), copiada aunque con alguna inexactitud del original que se conserva en este archivo. Va sacada de nuevo por mí con el esmero posible (a: Apend. n. XXVII), ya que tuve la fortuna de ver un monumento tan respetable. En él se dice de la iglesia: quae antiquitus a fidelibus constructa, et ab infidelibus destructa, atque *u parentibus nostris, temporibus domni et piissimi imperatoris Karoli Augusti, restaurata esse videtur. Y es así, porque como se verá en el episcopologio, hacia el año 780 ya era aquí obispo el Félix, tan famoso por sus errores condenados algún tiempo después en un concilio que aquí se celebró. Y es que los moros dominaron poco por acá, no pudiendo resistir en la fragosidad de estas montañas el ímpetu de los cristianos, que amparados de ellas trataron de recobrar sus hogares, mucho más con el apoyo y auxilio de las armas francesas, interesadas como ellos en alejar de sus fronteras tan crueles enemigos. Y siendo cierto que más de 20 años después de la batalla del Guadalete, esto es, en el de 736, todavía mandaba aquí como rey el príncipe godo Chintila (a: V. Viaje al monasterio de Ripoll, tomo VIII, pág. 48); y siéndolo también que en 770 o por ahí ya pudo elegirse obispo de esta sede; es claro que los moros no dominaron de asiento en este país, sino que sólo hicieron en él correrías a su manera y con la ferocidad con que solían asolarlo todo (b: En la historia de los árabes, publicada posteriormente por D. Josef Conde (tomo I. p. 262), referida la reconquista de Barcelona por Abderahman (Abderramán II), rey de Córdoba, en 822, se lee: “continuó sobre Urgel, que también la tenían los cristianos, y con la misma felicidad se apoderó de ella y de otros lugares que habían ocupado, huyendo los cristianos a las fortalezas edificadas en peñascos, y en los pasos angostos de los montes &c.” 

De donde se infiere que antes de ese año 822 estuvo la ciudad con su distrito poseída por los cristianos, y que entonces sufrió nuevas invasiones de los moros que fueron de corta duración, refugiándose los cristianos a las breñas como hicieron en el siglo anterior. De manera que aun en la mayor pujanza de los bárbaros, y cuando por varios puntos atravesaron los Pirineos y dominaron en gran parte de la Aquitania, nunca lograron estar de asiento en la parte oriental de estos montes, ni dejó de respirarse en ellos el aire puro de la libertad, ni de darse a Dios el culto verdadero. 

Desde la época sobredicha, así como es constante y no interrumpida la serie de los obispos, así también en varios documentos suena ya la canónica Urgellense; la cual por la condición de las cosas humanas sufrió reformas y alteraciones varias. Y no cabe duda en que la regla de vida clerical que aquí se adoptó, fue la que con tanto cuidado hizo establecer y mandó observar Ludovico Pío en el concilio de Aquisgrán (Aachen) de 816; porque siendo él el que dotó la iglesia con tanta largueza, es consiguiente que deseara se observase aquí una regla que le era tan predilecta. Es cierto que no hay aquí memoria de esto hasta la entrada del siglo XI; pero la primera que de ello queda nos pone en claro cual era la constitución interior de esta iglesia en aquella época y aun antes de ella. Porque fue así que el obispo Sanla o Salla, al volver del concilio de Barcelona del año 1009, en que el obispo Aecio restauró la canónica de aquella iglesia, quiso imitar su ejemplo, y hacer lo mismo con la Urgelense, comenzando a designar parte de la dotación para la subsistencia del clero, sin lo cual es vano cualquier proyecto que se medite de reforma. Y ya que la muerte le estorbó sus designios, los verificó el sucesor y sobrino S. Ermengol, día 18 de Noviembre del año 1010, como se ve en la escritura publicada en la Marca Hisp. (apend. núm. CLXIII). Allí, junto con la aplicación que hizo de sus rentas y de las destinadas por su tío para la restauración de la canónica Urgellense, nos pone tan en claro la calidad de ella y su condición, que no es posible dudar que fuese la Aquisgranense. Cum enim, dice, constet post apostolicam institutionem, gloriosissimum Ludovicum imperatorem auctorem, dispositoremque esse vitae canonicae, cuius studio et instituta est, pariter et firmata; tamen non defuere postea diabolici homines, maximeque principes, qui veluti rabidi et insatiabiles lupi morsibus lacerare hanc sanctam institutionem non timuerunt... Praedictamcanonicam vitam in meo episcopio, in exordio mei episcopatus, et instituere, et firmare quanta potuero stabilitate conabor. Aquí se ve claramente que la vida canónica restaurada por S. Ermengol en esta iglesia en el año 1010, no era monacal, sino la secular Aquisgranense de Ludovico Pío. Y digo restaurada, porque en las citadas palabras y en todo el exordio de esa escritura, sin rebozo dice que antes se observó aquí la misma regla, y que los hombres perversos la habían destruido. El mismo carácter de la canónica especificó el obispo sucesor Eriballo en las actas de la consagración de esta iglesia del año 1040 (Ibid. num. CCXX.), donde tratando de confirmar esta canónica con la autoridad del metropolitano de Narbona Guifredo, y de otros obispos, dice: Huius causae exemplum sequens christianissimus Ludovicus rex francorum, unum constituit locum, ut ministri ecclesiae coadunarentur in illum, et sumerent carnalem victum, quatinus &c... Qui locus recte apellatur canonica, quia ibi ecclesiastica atque divina observatur regula. Canon enim graece, regula dicitur latine. Vemos pues en conclusión que estos tres santos obispos de principios del siglo XI, ni pensaron en introducir aquí otra canónica más que la de Ludovico Pío, ni suponen que hubiese otra en los siglos anteriores. No se opone a esto el hallarse algunas escrituras de oblaciones in canonicum regularem; ni tampoco la tradición y uso de esta palabra en el siglo XIV que se conserva en escrituras, de las cuales una del año 1383 dice: cum de domo, quae vocatur domus capituli ecclesiae Urgellensis, quae domus, ut communiter fertur, antiquitus fuit refectorium canonicorum, quando Urgellensis ecclesia erat regularis. Porque estas dos palabras canonica regularis, así como significan una misma cosa, si se toman por la parte formal, o género o manera de vivir; así si se toman por la material, esto es, por el edificio o casa canonical, puede muy bien ser llamada regular, sin que por eso se crea monacal. Y como los canónigos se llamaban regulares porque vivían sub regula, por lo mismo se llamaba regular la casa o iglesia. Mas nada de esto excluye la vida canónica Aquisgranense, porque esa verdaderamente era regula, y tal que prescribía vivir en común y bajo de un techo y comer en refectorio, y otras prácticas que parecen a primera vista monacales. Ten presente el célebre dicho de D. A. Agustín: Canónicos regulares qui dicunt, eandem rem bis dicunt (a:  V. tomo VI de este viaje pág. 36).

Más difícil de soltar es lo que indica una oblación in canonicum del año 1122 que se halla en este archivo (lib. dotal. fol. 241), donde se lee: “Ego Berengarius  Bernardi, et uxor mea Adalez, donatores sumus Domino Deo, et Sanctae Mariae sedis, eiusque canonicae. Per scripturam donationis donamus nostrum filium, nomine R., in manu domni Odonis episcopi, ut sit clericus canonicus Sanctae Mariae sedis Urgellensis secundum regulam Sancti Augustini, cum omni alodio &c." También hay (ibid. fol. 220 b.) un testamento de un Guillermo Raimundi del año XXXVI del rey Felipe, 1095 de Cristo, en el cual se lee: “Et hoc totum derelinquo ad Sancti Michaëlis, tam de mobile, quam de alodio, in tali modo relinquo, ut clericos qui ibi habitent, vivant in servitium Sancti Michaëlis sub regula Sancti Augustini omni tempore." Al argumento que resulta de estas últimas palabras quiero dar yo toda la fuerza posible, anticipándote la noticia de que esta iglesia de S. Miguel estaba incorporada, y digamos era una misma con la catedral. Por donde parece consiguiente decir que en esta iglesia se profesó la regla de S. Agustín a fines del siglo XI y principios del XII. Sin embargo repito que nada de eso excluye la canónica Aquisgranense ni el carácter de secular que a esta iglesia corresponde. Y si no dime: ¿cómo es que San Ermengol, que es el que fundó y dotó esa iglesia de S. Miguel, según se dirá otro día, en la reforma de la canónica Urgelense en 1010 no introduce más que la regla de Aquisgrán? ¿Cómo es que en el año 1090 cuando Guitardo, señor de la Val de Cabó, quiso restaurar la iglesia de Orgañá, y convidó para ello a los canónigos de Urgel y de Cardona y Solsona, llama a los primeros simplemente canonicos sedis Urgelli, y a los otros canonicos RELIGIOSOS Sanctae Mariae Celsonae, et RELIGIOSOS canonicos Cardonae? Porque claramente se denota con la palabra religiosos la diferencia de la canónica de esta catedral, de la de aquellas otras iglesias que ciertamente eran entonces Agustinianas. Y advierte que este era ya el tiempo en que suena la regla de S. Agustín en la iglesia de S. Miguel. ¿Cómo es, preguntaré más, que cuando el obispo y capítulo de esta catedral, dotando la iglesia de Solsona en el acto de su consagración en 1163, mandaron que en ella se observase la regla de S. Agustín, no sólo callan que ellos la profesaban también (que cierto era buena ocasión de decirlo y con fruto) sino que se llaman a sí mismos tan a secas: nos clerici Urgellensis ecclesiae?

De todas esas cosas se habla a la larga en sus lugares respectivos; mas las traigo ahora a colación, para hacer ver que ni en el siglo XI ni en el siguiente dejó esta canónica el carácter de secular. Que si hubiera admitido la regla Agustiniana, otra sería la manera de hablar; ni faltarían bulas de papas que aprobasen un establecimiento tan nuevo y diferente del Aquisgranense. El no hallarse aquí diplomas pontificios sobre esto, donde abundan tanto los de otra especie, ¿qué  probará sino que no hubo tal cosa? Más diré: ni aun nueva reforma de esa misma regla Aquisgranense hubo en esta iglesia en esos siglos, como la hubo en Vique a fines del XI, puesto que ni rastro queda de donde pueda inferirse. Antes bien son continuos y están a docenas los testamentos de los canónigos de Urgel en los siglos XI y XII, en los cuales disponían libremente de todos sus bienes a la hora de morir: cosa por cierto incompatible con la regla Agustiniana. Esta libre facultad de testar suponía ser antigua en esta iglesia su obispo Pedro Berenguer en el año 1125, cuando confirmándola de nuevo impuso a los canónigos y demás individuos del clero la obligación de dejar a su mensa la cuarta parte de sus muebles. Luctuosa insoportable, de que los alivió después el obispo Bernardo Vilamur en 1201, dando en su constitución una nueva prueba de que la costumbre de testar jamás se interrumpió en esta canónica. Con esto cuadra una donación que en 1099 día 3 de Noviembre hizo S. Odón, obispo, a Pedro Ponce y a su madre Guila (Guilla) de las casas que habitaba dum archidiaconus eram, como él dice. Lo cual no hiciera si hubiera profesado la regla que excluye esa propiedad. Tampoco eran compatibles con ella las distribuciones canonicales pecuniarias, cuyo uso ya radicado en esta iglesia se confirmó en 1161, como luego diré hablando de las preposituras.

Este carácter secular de nuestra canónica se acabará de ver por lo que dice una nota que leí en el fol. 21 del cartoral del monasterio de Labaix. Profesábase en este monasterio la regla de S. Benito desde el siglo VIII, como verás otro día. Mas en el XI, muerto el abad Marques, cuyas memorias llegan hasta el 1064, sucedió lo que allí se refiere de esta manera: “Post obitum Marchesi abbatis fuit quidam nobilis nomine Raimundus Raimundi, canonicus Rotensis, et sedis Urgelensis, sed SECULARIS, etiam et frater ecclesiae Lavacensis. Ipse possedit ecclesiam, et honorem, et vertit monachalem regulam illicite in chanonicalem. Deinde fuit ipse praepositus chanonicorum et domus usque in finem;" esto es, hasta su muerte, que fue después del año 1103. En la historia de aquel monasterio se dirá que la regla canonical que introdujo en él este R. Raimundi, era la Aquisgranense. Aquí basta observar el dictado secularis que da al que era canónigo de Urgel; lo cual no hiciera, si él y los demás profesaran la regla de S. Agustín; porque no se hallará documento ni escritor alguno, que no dé a sus profesores el título de regulares.

Con ser esto tan evidente para mí, no lo es menos que en la iglesia sobredicha de S. Miguel se profesó en los siglos XI y XII la regla Agustiniana: y lo es también que los clérigos que aquí vivían estaban incorporados y eran individuos del clero de la catedral: con el cual, presididos de su abad, concurrían a todos los actos judiciales de la canónica Urgelense, elecciones de obispos, constituciones y reformas económicas y eclesiásticas. En suma ambos cuerpos componían una sola canónica. Así lo verás en diferentes lugares de mi episcopologio, y verás que continuó esta unión hasta el 1299 en que aquella abadía se suprimió, hallándose muchas escrituras con las firmas del abad y demás que habían renunciado a la propiedad de sus bienes, mezcladas con las de los que la conservaban. Y esta es la prueba más terminante de que la canónica de Urgel era con todo rigor Aquisgranense. Porque sola esta regla canonical es la que entre todas las del mundo permitía la mezcla, y digamos cohabitación de los propietarios y no propietarios. De esto no diré más, porque harto dije desde Vique (a: V. tom. VI, pág. 50 y s¡g.). La analogía de estas dos iglesias en este punto, y la que tengo observada con las de Gerona y Barcelona, demuestran hasta la evidencia la falsedad con que Masdeu afirmó que la canónica Aquisgranense no fue admitida ni practicada en Cataluña.

Porque no se me olvide, sepas que esta iglesia que dije de S. Miguel, construida por S. Ermengol, estaba donde ahora la de los PP. Dominicos, los cuales dejando el lugar que tenían extramuros en el campo llamado de les Tombes (de las tumbas), para ponerlos a cubierto del furor de las guerras, fueron trasladados a este sitio en 1364. Hasta entonces dicha iglesia era una de las dos parroquias de la ciudad; mas con ese motivo la parroquialidad y el título de S. Miguel pasó a la iglesia que se intitulaba de S. Pedro, pegada a los claustros de la catedral. Todo esto consta de las actas de dicha traslación, de que se hablará a su tiempo.

Volviendo ahora a la canónica, sabemos que se mantuvo en pie con más o menos fervor hasta fines del siglo XII, en que la invasión de los aragones y bravanzones, y los daños y destrozo que causaron por acá, como se dirá en el episcopologio, redujeron la iglesia a gran pobreza, con lo cual se disolvió de hecho toda la economía de vida o masa común esencial a cualquiera canónica, aun cuando en ella no se haga profesión de pobreza voluntaria. Mas la disolución jurídica de todo ello se verificó un siglo después, cuando en 1299 el obispo Fr. Guillermo de Moncada determinó la consignación de las iglesias a cada una de las dignidades y canonicatos, variando los títulos de las primeras, estableciendo la de deán, en suma poniendo la iglesia en estado puramente secular. Para esta disolución de la canónica Aquisgranense no se halla que se impetrase bula del romano pontífice, como tampoco la hubo para establecerla; bastando para ello la autoridad del obispo y capítulo. Desde esa época comenzaron los canónigos a llamarse statores, como antes sólo fuesen llamados así los clérigos sujetos a los canónigos. Dícelo claramente el obispo Eriballo en el año 1040 (Marca Hisp. col. 1071) al tiempo de confirmar esta canónica: constituo ut quadraginta canonici illic habeantur de illis, qui in ecclesia maiores esse videntur, cum suis clericis sibi subiectis, qui STATORES sunt. Servían estos también, y principalmente en la administración de algunas parroquias, que aún por eso se llamaron y se llaman statorias o estadurías. En esto se ve que fueron llamados statores a stando pro alio. Mas disuelta la vida común, tomaron como hoy se conserva este título los mismos canónigos, en cuyo caso podrá derivarse esa palabra a stallo como Du-Cange y otros quisieran. Como quiera que esto sea, los títulos de las statorias actuales son: de Olopte, Villallobent, Villamediana, Talltendre, Espelunca (Espluga), San Odón, Encamp, Sant Esteve del Pont, Asnurri, Ortons, Her, San Julián y Valle infernal. 

El número de canónigos ya se insinuó que el obispo Eriballo lo fijó en el de 40. 

Con el aumento de rentas lo aumentó al de 45 el obispo Pedro Berenguer en 1134. Y diéronse tan buena maña en dar prebendas, que en 1163 el sucesor Bernardo Roger se vio precisado a corregir el desorden, mandando que no se excediese el número de 45, y prohibiendo enteramente toda provisión de prebendas, hasta que falleciesen los sobrantes. Aun en este número de 45 no se contaban los canónigos de las sedes vecinas, ni los de los monasterios, como dice este último estatuto. En lo cual entendían sin duda las sedes, con quienes tenían hermandad, y acaso algunos abades de los monasterios vecinos, como es cierto que firman alguna vez el de Gerri, y el de San Martín, cuya iglesia ignoro. Así también en Vique te acordarás que era contado como canónigo el abad del Estany. Andando el tiempo se redujo mucho este número, hasta que por último después de varias alternativas, que se notarán en el episcopologio, en 1488, siendo obispo D. Pedro de Cardona, quedó fijado en el de 21 entre canónigos y dignidades; los cuales todos deben ser sacerdotes: y esta es condición precisa para ser admitidos ad osculum pacis. Los celebrantes en el altar mayor son hoy como antiguamente solos los canónigos, y en los dobles también los ministros. Quedan algunas prácticas, como reliquias de la vida reglar antigua. Tal parecerá el año que llaman de noviciado, y no es sino como en otras iglesia, un tiempo que se ha fijado de precisa residencia para ganar la prebenda. Mas cierto vestigio de lo antiguo es que concluida la nona y las completas, formándose el capítulo en medio del coro, sale el hebdomadario a la puerta testera de él, e inclinándose dice: benedicite; y respondiendo todos Deus, prosigue él: Dominus nos benedicat &c. Dicho esto los canónigos se saludan mutuamente, y salen por su antigüedad, pasando todos por delante del hebdomadario. Item: cuando se inciensa en el coro en la misa y otras partes del oficio divino, los canónigos que ocupan sillas separadas, se reúnen hacia el dignior, y se saludan mutuamente diciendo: Benedicamus Domino. = Deo gratias. Estas y otras pequeñas observaciones son una muestra de la disciplina regular antigua, que adoptó muchísimas prácticas exteriores, propias a primera vista de la vida monacal, pero admitidas por las canónicas seculares Aquisgranenses, y muchas de ellas mandadas expresamente en aquel código de vida clerical. Tal es el claustro, refectorio, dormitorio, el oficio de prior y de prepósito, la sobrepelliz &c., cosas que nunca probarán la vida reglar Agustiniana, ni otra alguna de monjes, mientras no se demuestre que hubo pobreza voluntaria, profesión, y otros caracteres de aquellos institutos. El oficio de prior o prepósito (al cual a fines del siglo XIII sucedió el deanato), suena aquí en varias escrituras del siglo XI y siguiente. Era este oficio no de jurisdicción, sino de gobierno económico, como en otras catedrales. El cual, por haber crecido mucho la carga de colectar y distribuir las rentas, se repartió en doce personas, que tuvieron el mismo título con el dictado del mes que le correspondía. No he podido averiguar el año en que esto se hizo; pero me consta de varios documentos que ya se había verificado en 1131. 

Treinta años después el número de doce prepósitos se redujo a once, como verás en la escritura que he copiado del original (a: Apend. n. XXVIII), por expresarse en ella las obligaciones de aquellos oficios, harto importantes para la historia eclesiástica y ritual, y por las curiosidades sobre la comida canonical, y otras cosas. Entre ellas es notable el estatuto de que si los prepósitos perdían más de la tercera parte de los frutos de su prepositura por esterilidad o intemperie, el servicio que debían hacer a la canónica de los frutos restantes se determinase examine ferri. 

Lo dilatada que era esta diócesi obligaba a tener muchos arcedianos en la catedral, cuyos títulos antiguos eran de Aristot, Cerch, Ars, Her y Prats, a los cuales en 1299 sucedieron los de Urgel, Andorra, Solsona, Berga y Pallás. Suprimiose entonces la abadía de S. Miguel, en cuyo lugar se erigió el arcedianato de Llimiana, creándose también el de Cerdaña. Otros títulos de arcedianatos hallo en escrituras anteriores de los siglos XII y XIII, particularmente en un proceso que se formó sobre la elección del obispo Ponce de Vilamur en 1231: y son los de Mur, de Altés, de Conquis, de Galliners y de Timor. En 1199, y en la elección del obispo B. de Vilamur, firma B. arcediano de Sancta Fide (Santa Fidis); aunque este título creo que sería apellido de la persona, puesto que dos años después firma así: B. de Sancta Fide Urgellensis sacrista. También se suprimió en 1299 el oficio y título de prior, al cual sucedió el decanus, dignidad secular y cabeza nominal del capítulo. Y si antes de esta época hallas algunas subscripciones con el dictado de decanus, como las hay dos y tres en un mismo instrumento, sepas que no eran lo que ahora entendemos por ese nombre, sino los encargados de los deanatos o vicarías foráneas en que estaba distribuida la diócesi; y así decían decanus de Valdelord, de Trimplo &c. Estas dignidades principales de la catedral se refundieron últimamente, y pusieron en el estado actual en el año 1488. El hábito canonical antiguo, esto es, de los siglos XI y XII era colorado. A lo menos esto se infiere de la protesta que el canónigo Agustín de Ínsula interpuso en el concilio de Tortosa del año 1429 contra la constitución que el cardenal Pedro de Fox hizo en él prohibiendo a los eclesiásticos vestes rubei seu vermilii coloris. Alegó el canónigo la costumbre inmemorial de Urgel de esta manera: “Cum episcopus Urgellensis, eiusque canonici sint in usu, consuetudine, et libertate, pacifice, et quiete, portandi, et deferendi publice, palam, et notorie tunicas, et indumenta, seu vestes rubei coloris, pro libito voluntatis, a ducentis, trecentis annis, et ultra, et a tanto tempore citra quod hominum memoria de contrario non existit; praefataque libertas, consuetudo, seu usus existunt hactenus observata inconcusse; pacifice, et quiete, papâ ac romanâ ecclesia sciente et tolerante, immo, quod fortius est, Benedictus quondam XIII, dum romanae ecclesiae regimini praesidebat, non inscius, immo considerans quod praefata libertas... coloris rubei deferendi per episcopum et canónicos (va con tilde) praelibatos, initium et fundamentum assumpserat a sanctis viris episcopis ecclesiae Urgellensis probatae vitae, honestatis et auctoritatis non modicae, qui suis temporibus usi sunt et fuerunt vestibus et indumentis rubei coloris, quorum vita et mores sunt et fuerunt per sedem apostolicam approbati, cum nonnulli ex eis, immo septem ex praelatis ecclesiae Urgellensis, qui praedictis usi sunt colore et libertate, fuerunt, et sunt canonizati, et sanctorum numero agregati &c." No sé el éxito que tuvo esta protesta, la cual tampoco he visto más que en un papel suelto de este archivo. En 1622 resolvió el capítulo vestir pieles de armiño en tiempo de invierno, para conformarse con la costumbre de Roma, adoptada ya en nuestra provincia. Otras cosas tocantes a la historia y constitución interior de esta iglesia, se irán diciendo en el catálogo de sus obispos. Ahora sólo he recogido lo principal para darte una idea de lo que ello era. Basta por hoy. Otro día diré del templo y de las cosas de él.
A Dios.

sábado, 3 de septiembre de 2022

Tomo 10. ÍNDICE DE LAS COSAS MÁS NOTABLES.

ÍNDICE DE LAS COSAS MÁS NOTABLES.

Abades simultáneos en un mismo monasterio. 103 - 257.

Adoptivos (error de los). V. Félix. 

Adriano I, papa: su carta contra el error sobredicho. 22.

Adulfo, obispo de Pallás: se le permitió, durante su vida, conservar aquella sede separada de la de Urgel. 87 - 251. 

Agobardo: escribió contra los errores de Félix, obispo de Urgel. 25 sig.

Aiguatebia, lugar. 155.

Aimerico, obispo de Roda. 118 - 279 - 284.

Alaon (monasterio de): confirmación de sus posesiones. 58. - su sujeción. 167.

Alcuino: sus escritos contra Félix, obispo de Urgel. 24.

Alós, lugar. 187.

Amelio: no fue obispo de Urgel. 145. 

Años de la Encarnación: se tomaron alguna vez por años Julianos. 94 sig.

Árabes: dominaron poco en el norte de Cataluña. 19.

Archivos: debieran ser registrados segunda vez por los anticuarios. 186. 

Ardevol, lugar. 42 - 226.

Ardocale, lugar: dedicación de su iglesia. 73 - 242. 

Arnulfo, obispo de Roda. 164  - 167 - 323.

Artesia, lugar. 161.

Aviá, lugar: dedicación de su iglesia. 85. 


Bages (monasterio de): dedicación de su iglesia. 109.

Baltarga, lugar: dedicación de su iglesia. 73.

Batalla de Córdoba: su época. 125 sig.

Beato, abad de Liébana: impugnó los errores de Félix, obispo de Urgel. 22 - 63. 

- obispo ignorado de Urgel. 62 - 238.

Bellera (S. Ginés de), monasterio: cedido al de Gerri en el siglo VIII. 32 sig. - 36 - 221. 

Benviure (Beviure; Benevivere), lugar. 183. 

Borrell, obispo de Roda: confirmado por S. Ermengol, obispo de Urgel. 136 - 167 - 288 - 291. 

Bucranense (valle). 115 - 263. 


Cabrera (vizcondado de): no era propio del condado de Ausona. 176. 

Calordo, abad de S. Saturnino de Tabernoles en el siglo VIII. 41 - 225 - 233. 

Canavite, lugar: dedicación de su iglesia. 83. 

Canónica Aquisgranense: cuando se introdujo en Urgel. 52 - 122 - 134. 

Caralps, lugar (Cheros albos): dedicación de su iglesia. 112 - 261. 

Cardona (vizcondado de): sus primeros poseedores. 157. - dedicación de la iglesia de esta villa. 173. 

Carlo Magno: diósele el título de emperador aun antes de serlo. 36 sig. - y hasta que lo fue no usó en sus diplomas de la nota de la indicción. 38. 

Carlos el Simple, rey de Francia: desde qué año contaron nuestros notarios su reinado. 83 - 84 - 92 - 93. 

Castell, lugar. 186.

Castriserra, lugar: dedicación de su iglesia. 85. 

Cesario, abad de Monserrate: es cierto que se intituló arzobispo de Tarragona. 110. 

Chintila, príncipe godo (rey): reinaba en Cataluña al tiempo que D. Pelayo en Asturias. 19. 

Ciudad, lugar así llamado: dedicación de su iglesia. 104. 

Códice de cánones. 5.

Códices varios: 12 - 13 - 59 - 216 - 235 - 257.

Codinet (S. Clemente de), monasterio; reunido al de Tresponts. 119. 

Concilios: solían firmar sus cánones aun los obispos no llamados a ellos. 8.

-  noticia de varios Toledanos. 7 - 14 - 15 - 16 - 17 -  18. - de Lérida 524 o 546. 9. - de Valencia 546. 14. - de Zaragoza 592. 15. - de Barcelona 599. ibid. - de Narbona 788. 22. - de Frioul 791. 23. - de Ratisbona 792. ibid. - de Francfort 794. ibid. - de Aquisgrán (Aachen) 797. 24. - de Urgel 799. ibid. sig. - 30. - de Tusi 860. 68. - de Fontanes. 70 - 75. - de Porto. 70 - 82. - de Urgel 892. 70 - 75. - de Barcelona 906. 86. - de S. Tiberio 907. ibid. - de Junqueras 909. ibid. - de Fontcuberta (Foncuberta) 911. 87 - 250. - pruébase la existencia de este concilio contra las cavilaciones de Masdeu. 89. - de Urgel 991. 117. - de Barcelona y Vique 1002. 120 sig. - de Narbona 1043. 146 sig. - 183. - de ibid. 1055. 187. - de Jaca 1063. ibid. - de Gerona 1068. ibid. - de Tortosa 1429. 180. - Tarraconenses: necesidad de formar una colección entera de ellos. 195 sig. - escasa noticia que da de ellos el cardenal Aguirre. 196. - plan de la colección general, 202 sig. - disertaciones que deben acompañar a la obra, y concilios de que debe tratar. Ibid. sig. 

Concurrente: qué es 137. (en las datas, fechas)

Condados de Cataluña: hasta fines del siglo VIII y parte del siguiente estuvieron muchos reunido en una sola persona. 34. - eran entonces beneficios cuando más vitalicios. 37 sig.

Consagración y dedicación de las iglesias: palabras sinónimas para los antiguos. 51. 

Corepíscopos: qué eran. 141.

Cronología: observaciones necesarias en la de los reyes de Francia. 108. 

S. Ctesifon (Tesifón): no fue obispo de Urgel. 4. 

Cuxá (S. Miguel de), monasterio: su fundación. 69. - dedicación de su iglesia. 111. 

Curticita, lugar: propio de la sede de Urgel. 142. 


Decurias: qué eran. 296.

Egigano, obispo de Urgel. 7 - 14.

Elipando, arzobispo de Toledo: sus errores. V. Félix.

Engilberto: no fue obispo de Urgel. 95. 

Enrique, rey de Francia: variedad con que los notarios contaron los años de su reinado. 163 - 165 - 183. 

Entredicho: ejemplar de uno puesto en el siglo X. 117 - 278. 

Era.: tomábase esta palabra algunas veces por año de la Encarnación. 73.

Eriballo, obispo de Urgel. 156. - su ascendencia. 157. - fue vizconde de Cardona. 158 - 176 - 321. - su testamento. 175 - 326. - y muerte. 177 - 332. - es tenido por santo. 180.

Ermemiro, obispo intruso en la sede de Gerona. 70.

Ermengol: etimología de este nombre. 129.

S. Ermengol, obispo de Urgel. 124. - 129 - 306. - si fue ordenado simoníacamente. 130 sig. - 285. - época de su muerte. 145 sig. - circunstancias de ella. 151 - 309. - principio de su culto. 152. - iglesias dedicadas a su nombre. 154. - oficio que se rezaba en su fiesta. 155 - 312. - su patrocinio, reliquias &c. 155 sig.

Ermengol I, conde de Urgel. 119 - 123 - 131. 

Ermengol II, idem. 144 - 161 - 165. 

Ermengol III, idem. 184 - 187. 

Ermengol VI, idem: heredado en Castilla, donde le pagaban parias los reyes de León. 185. (Pedro Ansúrez, Anzures, Peransúrez y variantes; Valladolid)

Err, lugar: dedicación de su iglesia. 97 - 98. 

Escrituras de homenaje y fidelidad: cosas que en ellas deben notarse. 132 - 192 - 336. 

Esteban VI, papa: condenó a Sclua (conocido como Selva) y Ermemiro, obispos intrusos en Urgel y en Gerona. 70.

Estoll, lugar: dedicación de su iglesia. 93. 

Eterio, obispo de Osma: impugnó el error de Félix, obispo de Urgel. 22. 

Exalada (S. Andrés de), monasterio en el valle de Conflent: su origen. 68.

Félix, obispo de Urgel: su patria. 20. - origen de su error acerca de Jesucristo. 21 sig. - impugnación de él. 22. - y condenación en varios concilios. Ibid. sig. - su deposición y muerte. 25 - 39. - injustamente acusado de haber muerto en el error. Ibid. sig. - su santa vida y celo por la fe. 27. - tenido por santo. Ibid. - motivos que hay para dudar de los crímenes que le imputan los historiadores. 28. - plan de una apología que pudiera escribirse en su defensa. Ibid. sig. - noticia de los que le habían seguido en el error. 41 - 44 - 225.

Feria: la de Urgel en el siglo XI. 184.

Florencio, obispo dudoso de Urgel. 56.

Fredelao, conde de Cerdaña en el siglo IX. 49 - 228.

Frontiñá, lugar: dedicación de su iglesia. 84. 

Froya, obispo de Vique. 112 - 116. 


Gelida, lugar. 127.

Gerona (iglesia de): la única que conserva la celebración del sínodo anual. 211. 

Gerri (monasterio de): privilegio de su abad cuando iba al sínodo de Urgel. 33 - 224. 

Golderico, obispo dudoso de Urgel. 79 - 247.

Gondemaro, obispo de Gerona. 116.

Guadallo: no hubo tal obispo en Urgel. 172.

Gualter (monasterio de): su fundación. 193.

Gudila, obispo de Urgel. 7 - 15.

Guillermo Guifredo, idem. 181. - si fue simoniaca su promoción, ibid. - su muerte violenta. 189 sig. - causas de ella. 190 - 336.

Guils, lugar: dedicación de su iglesia. 182. 

Guislaberto, obispo de Barcelona: su consagración. 146. Guisona, ciudad: conquistada de los moros por S. Ermengol. 143. - sus límites. 144 - 294.


Hichila, lugar: dedicación de su iglesia. 85.


Imágenes (adoración de las): el concilio de Francfort de 794 condenó el dogma católico por no haber sabido leer el canon de Nicea. 23 sig.

Indicción: no la usó Carlo Magno antes de ser emperador; pero la usaban otros en Francia. 38. - está equivocada en muchas escrituras, acaso porque los notarios siguieron otra cuenta que nosotros. 43. - solían anticiparla contando en el Septiembre la del año siguiente. 105 - 107. 

Ingoberto, obispo de Urgel. 69. - arrojado de esta silla por Sclua. 70. - y restituido con la autoridad del papa y de varios concilios. Ibid. 

Isona. V. Sidona.


Jacinto: si fue obispo de Urgel. 17.

Jorge, obispo de Vique: año de su elección. 95. 

S. Justo, obispo de Urgel. 7. - noticias de sus hechos. Ibid. - y de su culto. 10. - y de sus escritos. 11. - y de un sermón suyo inédito. 12 - 216 sig. - su patria. 218. 


Kabrils, lugar. 186. (Cabrils)

Keralt (Queralt), lugar: propio de la iglesia de Urgel. 120.


Lacorre, lugar: dedicación de su iglesia. 83. 

Laidrado, obispo de Lyon: si es el mismo que Leideredo, obispo de Urgel. 25 - 30 - 44 - 46.

La Torre, lugar: dedicación de su iglesia. 93 - 165 - 325. 

Leiderado, obispo dudoso de Urgel. 40 sig. - 225. 

León VII, papa: no es suya la bula que se le atribuye en favor del monasterio de Ripoll. 65 - 100 - 101. 

Leuberico, obispo de Urgel. 17 sig 

Leuderico, idem. 15. 

Leyes godas: regían en Cataluña. 143. (y sus reyes eran los de Francia)

Lillet, lugar: dedicación de su iglesia. 57 - 231.

Livia, lugar: corte del condado de Cerdaña. 50 - 230. 

Llor (castillo de): su conquista. 143 - 295.

Lordense (valle): su monasterio se reúne al de Tabernoles. 141. 

Lotario, rey de Francia: cuenta que los notarios siguieron de los años de su reinado. 107 sig. - 112.


Maluenda (Tomás de): primer borrador de su obra de Anti-christo. 201. 

Marca (Pedro de): yerro notable de este escritor. 67. 

Marca Hispánica: equivocaciones que hay en esta obra.

52 - 56 - 57 - 59 - 66 - 71 sig. - 76 - 86 - 99 - 102 - 115 - 123 - 126 - 127 - 130 - 144 - 166 - 172 - 174 - 179 - 182 - 185 - 193. 

Marcelo, obispo de Urgel. 14.

Marracino, obispo de sede no conocida: confinado en Toledo. 8. 

Masdeu: impugnado. 75 - 89 - 110. 

Matfredo o Macfredo, conde del siglo IX. 64. - 61. (Manfredo, Manfred)

Maurelio o Maurello, obispo de Urgel. 7 - 16. 

Merles, lugar: dedicación de su iglesia. 74. 

Meyá (iglesia de): su construcción: inscripción antigua de ello. 162. 

S. Miguel (capilla de): fundada por S. Ermengol en Urgel, y no en Vique. 148. 

Miro, hijo del conde Wifredo II. 91. 

Monasterios: reunión de algunos. 94 - 119 sig. - 141 - 252. 

Mur (monasterio de): dedicación de su iglesia. 188. 


Nantigiso, obispo de Urgel. 82. 

Navés, lugar. 110. 

Nicolone, lugar. 99. 

Nifridio, obispo de Egara: cuando comenzó su pontificado. 7 - 9. 


Obispados: su erección y dependencia metropolítica debe arreglarse al bienestar de los señoríos temporales. 169.

Obispos: pudo haber dos en una misma iglesia. 39. - eran confirmados mediante el consentimiento de todos sus comprovinciales. 95 - 138. - uno nombrado antes de la muerte del antecesor.  118 - 130 - 285. - otro confirmado por un obispo sufragáneo. 136 sig. - 288 sig.

Obispos de Urgel: su catálogo impreso equivocado. 3. - catálogo antiguo de ellos. 5 - 215. - los anteriores al siglo VI están ignorados. 6. - y también son dudosos los de la época de la invasión de los árabes. 19. - aunque es verosímil que no se interrumpió su serie. Ibid. 

S. Olaguer, obispo de Barcelona: tierras con que le dotaron sus padres cuando entró canónigo de aquella iglesia. 154. 

Oriol, lugar. 177.


Pallás (obispado de): mandado suprimir. 77. - cómo continuó separado del de Urgel, y trasladado a Roda. 88. 

Paradiso, lugar: dedicación de su iglesia. 102. 

Parias: las pagaban los moros a los condes de Urgel. 184 sig. - y también los reyes de León (a Ermengol, conde de Urgel; Valladolid). 185. 

Pascual (Jaime): autor de una disertación sobre el obispado de Pallás. 87 - 98 - 103. 

Paz y Tregua: penas puestas a sus infractores, y conmutación de ellas. 188. 333. 

Pera de Sogar, lugar. 187. 

Perles, lugar. 186.

Petra fulgenti, lugar: dedicación de su iglesia. 106.

Pino santo (monasterio de): su dotación. 108 - 259.

Ponce Borrell, conde de Urgel: novedad que su nombre causa en la cronología de aquellos príncipes. 163. 

Posedonio I, obispo de Urgel. 49. 

Posedonio II, idem. 54. 

Prescripción: término de ella para los beneficios eclesiásticos. 87. 

Proyectos literarios: fácilmente se conciben, y se ejecutan con dificultad. 201. 

Purgaciones canónicas. 77 - 191 sig. - 336.


Raimundo, marqués y conde de Tolosa, Pallás, Anao &c. 32 sig. - 221. 

Ranario, obispo de Urgel. 16. (Rainer en Alemania conozco alguno; Rainiero)

Raudulfo, idem, dudoso. 32 sig. - 222 sig.

Ribagorza (condado de). V. Roda.

Roberto, rey de Francia: algunos notarios calendaron las escrituras por los años de su muerte. 159.

Roda (obispado de): derecho que sobre él pretendieron tener los obispos de Urgel. 88 - 139 - 166 sig. - uno de sus obispos confirmado por el de Urgel. 134 - 140 - 288 - 291.

Rodulfo, obispo de Urgel: no fue monje de Ripoll. 96.

Romano, papa: su bula a Servus-Dei, obispo de Gerona, mal corregida por Balucio en la fecha. 71 sig. - defendida contra el pirronismo de Masdeu. 75.


Salagosa, lugar: dedicación de su iglesia. 93.

Salices, lugar: dedicación de su iglesia. 65. 

Salinuas, lugar. 103 - 257.

Salla, obispo de Urgel. 106 - 113 sig. - época fija de su muerte. 124 sig. 

Santa Grata (monasterio de). 54. - 183.

S. Saturnino: fue el primero que predicó la fe en Cataluña después de los apóstoles. 6 - 48.

Scales (S. Pedro de) (Escales) monasterio: su origen. 93 - 104 sig. 

Sclua: verdadero nombre del obispo intruso en la sede de Urgel a fines del siglo IX. 71 - 74 - 76 - 247 - noticia de su intrusión y deposición. 70. - dudas sobre las circunstancias de este suceso. 71 sig. - 75 - el cual sin razón tiene Masdeu por enteramente fabuloso. 75 sig. - conjeturas sobre su patria. 77 sig. - y muerte. Ibid. - donación testamentaria del mismo. Ibid. 244.

Segre, río: corrupción del Sicoris romano. 117. (Hay varias versiones del nombre)

Selva: llamado así equivocadamente Sclua, obispo intruso en Urgel. V. Sclua.

Seniofredo, conde de Urgel en el siglo IX. 61. 

- idem, en el siglo XI. 186.

Serrateix (monasterio de): su fundación. 111. 

Servus servorum Dei: frase común a obispos y reyes. 123. 

Sidona, ciudad: si es la Isona moderna. 104.

Sigberta, lugar. 159. 

Simplicio, obispo de Urgel. 15. 

Sínodos: tributo que se pagaba en ellos. 113 - 186 - 258 - 262 - 269 - 271. - eran dos cada año. 116. - sus constituciones deben tener lugar en la colección general de los concilios Tarraconenses. 204. - utilidad de su celebración. 211. 

Sisebuto I, obispo de Urgel. 50.

Sisebuto II, idem. 56.

Sogra mortua, lugar. 228.

Solsona: primera dedicación de su iglesia. 188. 


Términos: señales con que se demarcaban los de los pueblos y heredades. 296. 

Testamentos sacramentales: qué eran. 147 - 174. - se hacían dentro de los seis meses de la muerte del testador. 150 - 175. 

Tiufado y princeps cocorum (quoquorum): oficios subalternos de los condes. 49.

Tumbo y Becerro: qué es. 40. 

Turrefracta, lugar. 189. 

Tuxen (villas de). 144 - 337.


S. Urbicio: no fue obispo de Urgel. 4.

Urgel (condado de): no pertenecía a la Septimania francesa. 66. 

Urgel (iglesia de): conserva escrituras originales las más antiguas de España. 31 . - época de su restauración. 51. - e introducción de la canónica Aquisgranense en ella. 52. - 122 - 134. - su jurisdicción sobre el territorio de los obispados de Pallás y de Roda. 88 - 134 - 139 - 166. - clero que en ella había en el siglo X. 117 - 272. - sus prepósitos los elegía el capítulo. 149. - su dedicación. 172. - vestidos antiguos de su clero. 180.


Valencia: si es la patria de S. Vicente Mártir. 218.

Verennetano (pago): a qué territorio pertenecía. 59 - 234.

Vergi, ciudad antigua: no es el Urgel moderno. 4. (Berja)

S. Vicente Mártir: sermón inédito de este santo, predicado por S. Justo obispo de Urgel. 12 - 216. - su sepulcro, y traslación de su cuerpo. 218. - observaciones sobre su patria. Ibid.

Victoria y Emparán (Sebastián de), obispo de Urgel. 3.

Vico, y sede Vico: así era también llamada Urgel, y no solamente Vique. 148.

Vique (iglesia de): absuelta del tributo que le impuso la de Narbona. 86.

Vivas, obispo de Barcelona. 117.

Vizcondados: su división y títulos son posteriores al siglo XII. 176.


Wadallo, obispo intruso de Vique. 101 - 255.

Wifredo II (el velloso), conde de Barcelona: verdadera época de su muerte y lugar de su sepulcro. 91.

Wifredo III, idem: su muerte y sepulcro. Ibid.

Wigo, obispo de Gerona: su entronización. 86.

Wisado I, obispo de Urgel. 64.

Wisado II, idem. 80 - 94 - 100. - su parentela. 101 - 109.


Yel, lugar. 165 - 323.

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