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martes, 31 de mayo de 2022

CARTA XX. Prosigue la misma materia.

CARTA XX. 

Prosigue la misma materia. 

Mi querido hermano: No me detendré en averiguar aquí la época cierta de las reservaciones pontificias: punto oscuro por la lentitud con que se fue alterando esta parte de la disciplina, consintiendo en ello algunos de nuestros Reyes, y resistiendo otros. Lo que sé es que en esta Iglesia comenzó esta práctica a mediados del siglo XIV por haber fallecido in Curia el último Obispo. Duró esta reservación hasta los tiempos de Adriano VI, en que quedó adjudicada la provisión de obispados al Patronato Real. De fines del mismo siglo XIV he visto aquí provisiones del deanato y otras dignidades hechas por el Papa, porque vacaron intra dietam. Vamos pues con mi narración adelante. Al último Obispo D. Fr. Sancho Dull, de que hablé en mi Carta anterior, sucedió XIII. D. Elías, francés de nación, de la diócesis de Perigeux (o Petragoriense), residente en Aviñón. Fue elegido por el Papa Inocencio VI en el mes de Abril de 1357. Este Obispo es distinto de otro Elías, Cardenal francés, y residente en la corte de Aviñón, que fue juez en las instancias del nuestro para completar la obra de su antecesor. En los seis años de su pontificado dejó algunas memorias de su celo e ilustración, así en el aumento a canonicatos y creación de oficios, que ya dije en la Carta XVIII, como en el sínodo que celebró el año 1358 en Castelfabib, donde se venera el cuerpo de un S. Guillermo que muchos creen ser el de Aquitania, de lo cual hablaremos otro día. Murió este Prelado el año de 1363 en la provincia de Tolosa (Toulouse), donde ejercía el oficio de Nuncio del Papa Inocencio VI. 

XIV. Sucedióle D. Juan de Barcelona, elegido por Urbano V el mismo año; mas no pudo servir tranquilamente su oficio hasta el año 1366, en que fueron arrojadas de Segorbe las tropas de D. Pedro el Cruel. En el siguiente a 21 de Mayo celebró sínodo en la misma ciudad. En Mayo de 1370 le trasladó Urbano V a la silla de Huesca. Una de las cosas que más le agradece esta Iglesia, es la diligencia que puso en recobrar todos los papeles que Don Sancho Dull había dejado en Aviñón pertenecientes a los intereses de la diócesis.

XV. En Julio del mismo año trasladó el dicho Papa a D. Íñigo Valterra de la silla de Gerona a esta de Segorbe. Así el Señor Pérez como Villagrasa refieren con extensión los acontecimientos de este pontificado. Apuntaré lo de mayor interés a la historia de España. Tal es la embajada de este Obispo con su hermano Andrés Valterra al Papa Gregorio XI, pidiéndole la investidura del Reyno de Sicilia para el Rey de Aragón D. Pedro el IV (a: Véase Zurita Annal. lib. X. cap. 23.). Fue esto en 1377; y muriendo en el siguiente dicho Pontífice, sufrió nuestro Obispo el daño de no poder terminar la causa que litigaba contra el Obispo de Valencia D. Jayme de Aragón sobre los pueblos del río Mijares. Mayor herida recibió la Iglesia universal con esta ocasión por el cisma entre Urbano VI y Clemente VII. La indiferencia en que se mantuvo largo tiempo el Rey de Aragón dio ocasión a que nuestro D. Íñigo, trasladado por el Papa Clemente a la Iglesia de Tarragona el año de 1380, no pudiese tomar posesión de su nueva silla hasta el de 1387, reservándose en estos siete años el gobierno de la de Segorbe con el título de electo Tarraconense. En tiempo de este Prelado se cree haber predicado en Segorbe S. Vicente Ferrer llamado por el Infante D. Martín (futuro Martín I, que murió en 1410, y después vino el Compromiso de Caspe), entonces señor de esta ciudad, como lo da a entender la carta del Santo, de que hace mención en su vida el Maestro Antist (cap. 14.). Fundóse también por entonces junto a esta ciudad la Cartuxa de Val de Cristo, de que hablaré adelante. Otras dos cosas hizo este Prelado, en que cada cual halla que alabar o que censurar según sus ideas. La una fue crear una nueva dignidad, llamada Prepositura (praepositus), sin más carga que la de dar cien sueldos a un presbítero que diga la misa de la aurora, y apuntar la asistencia de los residentes en esta Iglesia para dar cuenta al Obispo. Condecoró con ella al Dr. Pedro Serra, natural de Xátiva, que después fue Cardenal y Obispo de Catania. Suprimió esta dignidad el sucesor D. Diego como inútil, y creada solamente para remunerar los trabajos de Serra en defensa de los derechos de esta silla. La otra fue confirmar en 1381 la división de las prebendas y disolución de la masa común: causam, dice el Señor Pérez, multarum litium, et abolendae paulatim residentiae. Acaso el celo de nuestro D. Íñigo no pudo resistir a las circunstancias de los tiempos, como ni tampoco el Cardenal Pedro de Luna, que se vio obligado a aprobar dicha resolución el año siguiente: envío copia de este documento. Murió aquel Prelado en Febrero de 1407, después de haber gobernado diez y siete años esta silla y veinte la de Tarragona. Obra suya es la capilla de S. Salvador del claustro de esta Iglesia, donde se ven sepulcros de sus deudos. En las ausencias que hizo de esta Iglesia consta haber sido gobernada por un Juan Obispo Doliense. Sucedióle 

XVI. D. Diego de Heredia electo por Clemente VII en 1387, luego que su antecesor pasó a la Iglesia de Tarragona. Siguió con S. Vicente Ferrer el partido de Benedicto XIII, con el cual se hallaba en Aviñón el año 1398 cuando sitiaron su palacio los franceses. En premio de su fidelidad le trasladó este Anti-Papa al obispado de Vique el año de 1400. Fue su Vicario general el Arcediano D. Salvador de Gerp, hombre de gran cuenta, cuya lápida sepulcral se lee en el claustro de esta Iglesia frente la capilla de S. Salvador. 

XVII. D. Francisco Regner, natural de Barcelona, electo el mismo año por Benedicto XIII. En el siguiente a 13 de Noviembre ya asistió a la consagración de la Iglesia antigua de la Cartuxa de Val de Cristo. En el de 1402 hizo constitución de que el Obispo, los Canónigos y Dignidades pagasen una capa dentro del año de su posesión. Debió de ser esta confirmación de la que he hallado sobre lo mismo entre las establecidas por el Obispo D. Elías y su Cabildo en 1358. Hallóse nuestro Prelado en el Concilio que el año 1408 juntó Benedicto XIII en Perpiñán contra el Concilio Pisano, y la elección que en él se hizo del Papa Alexandro V. Otros muchos Prelados españoles asistieron a esta junta, D. Pedro Luna, Arzobispo de Toledo, sobrino del Papa, D. Alonso de Xea, Arzobispo de Sevilla, D. Pedro Zagarriga (ça garriga), de Tarragona, D. García Fernández de Heredia, de Zaragoza, y otros. Murió este Prelado a fines del año siguiente 1409, dejando ordenadas muchas cosas para bien dé sus ovejas y perfección del culto (1). Parece ser el primero que mandó se pusiese cepillo en las Iglesias con el fin de recoger limosna para la fábrica, porque hasta este tiempo se halla sólo memoria de qüestores (cuestores; questio) o demandantes (2). 

XVIII. D. Fr. Juan de Tahust (Taust, Tauste, cinco villas) trasladado a esta silla por Benedicto XIII de la de Huesca al principio de 1410. Fue religioso de la orden de nuestra Señora de la Merced. No debe equivocarse con su tío Fr. Jayme de Tahust, General de dicha orden, que murió el año de 1405. He visto en este archivo una carta de este Obispo al General, que era entonces Fr. Bernardo Dezplá (d'Es Pla; del llano), fecha a 22 de Diciembre de 1417, en que confiesa haber recibido quinientos escudos de su tío con la obligación de restituírlos a su orden cuando pudiese. Documento donde parecía regular que hiciese mención de haber sido su individuo: y más tratándose de la pretensión que tenía el Real Fisco sobre dicha cantidad. Mas no lo hizo por ser notorio entre los suyos a quienes escribía. Fue hombre de gran crédito y confesor del Rey D. Martín. Gobernó esta Iglesia hasta el año de 1427, en que murió: en los postreros años necesitó por su ancianidad quien le ayudase en el gobierno de la diócesis. En su tiempo sucedió la vacante de la corona de Aragón por muerte de su Rey D. Martín (30-31 mayo 1410 en Valldonzella). 

El Señor Tahust defendió el derecho del Conde de Luna D. Fadrique de Aragón, nieto del mismo Rey, el cual al tiempo de morir se le dejó encomendado cuando apenas era de cinco años. Tuvo sínodo en esta ciudad a 25 de Abril de 1417. De muchas épocas que se conservan en este archivo consta que aún siendo Obispo de Huesca ya pagaba anualmente a la cámara de Benedicto XIII ciertas pensiones llamadas servicios comunes y también servitia minuta. Hay algunas del año 1416. Por donde se ve que aún durante el Concilio de Constanza se mantuvo en la obediencia de este Anti-Papa, la cual debió negarle a principios de 1417, desde cuya época no se hallan tales documentos. Emprendió este Prelado la fábrica del aula capitular, sobre cuya puerta antigua descansan en una urna sus huesos, que se hallaron enterrados en la capilla de su íntimo amigo S. Vicente Ferrer, fabricada en el mismo claustro. Se hizo esta traslación el año de 1608, como dice Villagrasa. Sucedióle uno de sus coadjutores. 

XIX. D. Francisco Aguilón, natural de Valencia, hijo de D. Francisco Aguilón y Doña Leonor de Muñoz, señores de Petrés (pone Petres), como asegura Viciana en sus Genealogías. Había ya sido Canónigo de Mallorca y Gobernador de esta Iglesia cuando el Papa Martino V le nombró su Obispo en 1428. Luego que se consagró, celebró sínodo a 18 de Octubre del mismo año en el Monasterio de Val de Cristo: buen principio de otras cosas memorables que debió establecer, de que no queda memoria. Hallóse en la villa de S. Mateo día 14 de Agosto de 1429, y asistió a la renuncia que hizo de su supuesto pontificado Gil Muñoz en manos del Cardenal Pedro de Fox, Legado de Martino V. Mas por alguna indisposición corporal dejó de asistir al Concilio de Tortosa, que pocos días después celebró el mismo Legado. Firma en él Vicarius generalis Episcopi Segobric., como se puede ver en Aguirre. Hállase en este archivo la convocatoria para aquel Concilio, cuya copia envío por no hallarla en dicho escritor. Nuestro Prelado gobernó esta Iglesia hasta el año de 1437 en que murió. 

XX. Con esta ocasión, y la que ofrecía el Concilio Basileense, y aun dicen que con decreto particular del mismo, eligió el Cabildo a un Canónigo y Chantre de esta Iglesia llamado Jacobo Gilard, o más bien Gerard, como le llaman todos los documentos de ese tiempo, hombre de crédito, y del Consejo del Rey de Aragón D. Alonso V. Con el favor de este príncipe, y de los que estaban por el Basileense pudo prevalecer contra D. Gisberto Pardo de la Casta, nombrado por Eugenio IV, y tomó posesión de esta silla a 10 de Noviembre de 1438, habiendo sido consagrado por el Metropolitano de Zaragoza D. Dalmacio. Por esta última razón me ha parecido contarle entre los Prelados de esta silla; lo cual no hiciera si en tiempos más quietos y pacíficos hubiera querido alterar la disciplina contradiciendo a la elección pontificia, que ya cerca de un siglo estaba en uso con casi general consentimiento de todas nuestras Iglesias. Mas el cisma turbaba los ánimos de nuestros Reyes, y el de Aragón estuvo largos años sin poderse convenir con el Papa Eugenio IV. Finalmente, trasladado D. Jayme Gerard a Barcelona en 1445, tomó luego posesión de esta silla 

XXI. D. Gisberto Pardo de la Casta, y la gobernó hasta el 1454, en que murió en Roma. Los hechos de estos dos Obispos están harto confusos aun en el episcopologio del Señor Pérez, dejándonos con la incertidumbre de no saber a cuál de ellos pertenecen. Se reducen a haber acompañado al Rey D. Alonso V en las guerras de Nápoles como sus Consejeros, y manejado algunos otros negocios políticos. Poco ganaría esta Iglesia con la ausencia de su pastor en tiempos tan difíciles. 

XXII. D. Luis Juan del Milá, natural de Xátiva, sobrino de Calixto III, fue promovido a esta silla el mismo año que su tío a la de S. Pedro. En el siguiente 1456 fue creado Cardenal título SS. quatuor coronatorum, y hecho Legado de Bolonia y del Exârcado de Ravena (Rávena). Villagrasa, que copió esto del Señor Pérez, leyó equivocadamente la legacía de Bohemia y del Exárcado de Baviera. También se equivocó Panvinio en llamarle Obispo Segoviense, y aun Platina que en lugar de Luis le llamó Lucio. Durante su ausencia gobernó esta silla el Obispo Doliense Julián Anadón. Muerto su tío volvió a España, y fue trasladado a la Iglesia de Lérida el año de 1461. Murió muy viejo en Bélgida, y está enterrado en el convento de Santa Ana, que es de mi orden, fuera de la villa de Albayda (Albaida). Antes de su regreso de Italia debió asistir al Concilio de Mantua celebrado por el Papa Pío II; y este es el que por equivocación llamó Zurita (lib. XVI. c. 58) Francisco, Obispo de Segorbe, pues no hay por aquellos años ningún Obispo de tal nombre en esta Iglesia. 

XXIII. D. Fr. Pedro Baldó, Abad del monasterio de Valldigna, parece valenciano, aunque el Obispo Balaguer dice que nació en Albarracín. Fue elegido por Pío II en 1461, y tomó posesión a 15 de Junio del mismo año. Apenas queda memoria de los hechos de este Prelado. Es verosímil que se hallase en el Concilio nacional de Lérida, convocado el año de 1461 de orden del Papa Pío II por el Arzobispo de Tarragona y Obispo de Elna, con el fin de tratar del subsidio para la guerra contra los turcos. Murió a 9 de Julio de 1473 en Albarracín, donde está sepultado. En (su) vacante, que fue de cinco años, intentó el Capítulo recobrar sus derechos antiguos, eligiendo a D. Gonzalo Fernández de Heredia, hermano de Juan Fernández de Heredia señor de Mora; pero al cabo de muchos debates tuvo este que ceder la silla al elegido por el Papa Sixto IV, el cual fue 

XXIV. D. Bartolomé Martí, natural de Xátiva y mayordomo del Cardenal Don Rodrigo de Borja. A pesar de ser legítima su elección, y de haberse verificado el año de 1474, no pudo tomar posesión hasta pasado un año, y aun el Señor Pérez alarga esta época hasta el 2 de Mayo de 1478. El estorbo que oponía el dicho D. Gonzalo, no pudo vencerse hasta que D. Bartolomé le prometió una pensión de veinte mil sueldos. Hallábase ya en su Iglesia el año de 1479, en el cual firmó el juramento de fidelidad hecho en Valencia al Rey D. Fernando el Católico. Del mismo año es el sínodo que dicen haberse celebrado en Segorbe, en el cual se le señaló el subsidio caritativo de ocho mil sueldos. De vuelta de un viaje que hizo a Roma, celebró otro sínodo en Xérica a 8 de Junio de 1485. Partió otra vez de allí a dos años a la misma corte, donde permaneció hasta su muerte, acaecida a 22 de Enero de 1500, disfrutando solos cuatro años de la dignidad de Cardenal con el título de Santa Águeda, a que le promovió el Papa Alexandro VI. Conservó el gobierno de esta silla hasta el año 1498, en que renunciando con facultad de regreso, fue elegido a 27 de Noviembre del mismo año. 

XXV. D. Juan Marradas, natural de Valencia. Tomó posesión en Febrero de 1499, y de allí a dos meses murió antes de salir de Roma, donde había servido al Papa Alexandro VI siendo cardenal. Volvió luego a tomar posesión de esta Iglesia el cardenal Martí, y a poco tiempo la resignó en favor de su sobrino, llamado 

XXVI. D. Fr. Gilaberto Martí, natural de Alcira, monje jerónimo del convento de Santa María de la Murta. Tomó posesión de esta Iglesia a 11 de Septiembre de 1500, y murió a 12 de Enero de 1530 en Valencia, donde pasó gran parte de su pontificado por las desavenencias con D. Alfonso de Aragón, duque de Segorbe. Mostró bien en tan largos años su caridad con motivo de la peste y de las revoluciones que afligieron a este reino, llamadas comúnmente la Germanía. Expendió grandes sumas en el reparo y adorno de su Iglesia y casa episcopal. Ejemplo que han seguido con ventajas otros Prelados. Obra suya es la sepultura donde aún hoy se entierran los Obispos; y la forma que hasta pocos años ha tenía la capilla y altar mayor, donde se colocaron varios cuadros, que algunos equivocadamente atribuyen a Juan de Joanes. En tiempo de este Prelado, es a saber en 1508, dicen que se descubrió a dos leguas de esta ciudad la imagen de nuestra Señora, que llaman de la Cueva santa, de que hablaré otro día. Sucedióle en el gobierno XXVII. D. Gaspar Jofre de Borja, el primero de esta Iglesia en quien los Reyes de España ejercieron su patronato, según lo convenido con el Papa Adriano VI. Era natural de Valencia y Arcediano de aquella catedral, y el mismo a quien muerto su Arzobispo D. Alfonso de Aragón eligió el Cabildo en 1520 para su sucesor. Mas quedó todo sin efecto, porque el Papa León X nombró para Arzobispo de Valencia a D. Erardo de la Marca a presentación de Carlos V. Fue después provisto por el Papa Clemente VII en esta silla, de la cual tomó posesión a 6 de Febrero de 1531. En el mismo año ya celebró sínodo en Chelva a 30 de Agosto. Fue Prelado liberal y de gran corazón. Consagró la Iglesia mayor que su antecesor había reparado; y por haberse hecho esta ceremonia Domingo a 7 de Mayo de 1534, mandó que anualmente se celebrase esta dedicación en la dominica de Mayo más próxima a la fiesta de S. Estanislao. Confirmó el año de 1548 la constitución de las insignias o armiños blancos en las capas de los Canónigos, la cual aprobó después Julio III, porque hasta este tiempo sólo habían usado de pieles de color gris. Obedeciendo a la convocatoria de Julio III se halló en la continuación del Concilio Tridentino el año de 1551, llevando consigo al Dr. Jayme Ferruz, valenciano. De este teólogo por equivocación dijo Pallavicino que acompañó al Obispo de Segovia (a: Hist. Conc. Trident. Lib. XII. cap. X. núm. 24.). Pocos años se detuvo allá, pues sabemos que murió de apoplexía (apoplejía) en Valencia a 18 de Febrero de 1556. El mismo año se imprimió en Valencia el breviario segobricense que él había corregido, y es la única memoria de este género que se conserva. Sucedióle el mismo año y a 6 de Septiembre 

XXVIII. D. Fr. Juan de Muñatones, natural de Briviesca, del orden de S. Agustín. Asistió a la conclusión del Concilio Tridentino, y subscribió en él. De vuelta a España se halló en el Concilio provincial de Zaragoza, que celebró su Arzobispo D. Fernando de Aragón en 1565; y el año siguiente tuvo sínodo diocesano en Vivel a 1.° de Junio. Entre varias muestras que dejó este Prelado de su caridad episcopal, es muy digna de ser imitada la fábrica del puente que construyó junto a Xérica en el camino real de Zaragoza, gastando en ella tres mil y quinientos ducados. Hízose el año de 1570, como lo testifica la inscripción que en él se puso y publicó Pons (tomo IV. Carta 7. núm. 32.). Murió finalmente en Valencia a 15 de Abril de 1571: su cuerpo fue trasladado primero a Segorbe y después a su patria, donde yace en la Iglesia Colegial. Fue hombre muy docto; después de varios cargos de su orden se hallaba de maestro del Príncipe D. Carlos, primogénito de Felipe II cuando le hicieron Obispo. No contribuyó poco con sus luces a la formación de las nuevas constituciones que se hicieron en Valencia para los moriscos recién convertidos; donde se juntó el año de 1568 con el Arzobispo de aquella silla D. Fernando Loazes, el de Orihuela D. Gregorio Gallo, el de Tortosa D. Martín de Córdoba, y el Licenciado Miranda, Comisario inquisidor en la causa de los moriscos. Era grande amigo de Santo Tomás de Villanueva, cuyos sermones recogió e ilustró con una docta prefación, que se halla en la primera edición de 1572. 

XXIX. D. Francisco de Soto Salazar, natural de Ávila en Castilla la vieja, se hallaba de Consejero de la Inquisición cuando, a presentación de Felipe II, fue nombrado por San Pío V para este Obispado el año de 1571. Pocos meses después fue hecho Comisario general de la santa Cruzada: destino que le obligó a residir continuamente en la corte, y a dejar pocas memorias de su celo y beneficencia entre sus feligreses. Sólo sabemos que en el año segundo de su pontificado publicó el decreto de S. Pío V sobre la uniformidad de los oficios eclesiásticos, expedido ya cuatro años había. También es memorable este Obispo por acabarse en él la época de la unión de las Iglesias de Segorbe y Albarracín. Fue así que trasladado nuestro D. Francisco a la de Salamanca a 21 de Julio de 1576, el Papa Gregorio XIII, a instancias del Rey Felipe II, dividió estas Iglesias, que desde los tiempos de Alexandro IV permanecieron unidas por espacio de trescientos diez y ocho años. Expidió su Bula a 21 de Julio de 1577. En la copia que envío verás las causas que le movieron a ello, y las nuevas disposiciones que se tomaron para el decoro y mayor ornato de esta Iglesia (a: Véase el apéndice núm. XIII.), la cual fue hecha sufragánea de la de Valencia, quedando Albarracín en la jurisdicción antigua de Zaragoza. Nuevo orden de cosas y nueva serie de Prelados, que pide nuevos alientos: veremos si los tendré para continuar el correo siguiente. 

Dios te guarde. Segorbe &c. 

NOTAS Y OBSERVACIONES. 

(1) Parece ser el primero que mandó se pusiese cepillo en las Iglesias, con el fin de recoger limosna para la fábrica. La necesidad de recoger para este fin limosna en cepillos, o por medio de demandantes, nació de haberse olvidado los cánones en que se prescribía a los Obispos el uso de las rentas eclesiásticas, en cuya distribución, que llama S. Gregorio M. canonica partitio, por decreto del Concilio romano, celebrado en tiempo de S. Silvestre Papa, se asignó a la fábrica de las Iglesias la cuarta parte, y en España la tercera, como consta del Concilio Tarraconense del año 516 (can. VIII.) y de los Toledanos, IV (cap. XXXII.) y IX (cap. VI.), y de otros. No fue este el primer plan de la Iglesia en el repartimiento de los bienes eclesiásticos. Porque en los primeros tiempos se dejaba esto al juicio de los Obispos, como consta de los cánones llamados apostólicos (can. XIV.), donde se lee: Pracipimus ut in potestate suàm Episcopus Ecclesiae res habeat; y antes (can. V.), se previene también que los dones de los fieles se lleven a la casa del Obispo y del Presbítero para que a su juicio se distribuyan entre los Diáconos y los demás Clérigos. Sobre lo cual escribió una sabia y piadosa carta a todos los Obispos Urbano I (V. Loaysa Not. ad can. VIII. Concilii Tarracon. ann. DXVI.). Sin duda se observaron algunos defectos en la distribución de estas rentas, y descuido en los puntos principales a que debían destinarse, cuando ya el Concilio XVI de Toledo, celebrado en 693, se queja de que se echaba de ver quorundam consuetudo inordinata Sacerdotum, qui Parochias suas ultra modum diversis exactionibus vel angariis comprimunt, vel quòd quamplures Ecclesiae destitutae persistunt (can. V.). Para precaver estos males mandó, ut tertias, quas antiqui conones de Parochiis suis habendas Episcopis censuerunt, si eas exigendas crediderint, ab ipsis Episcopis diruptae Ecclesiae reparentur: si vero eas maluerint reddere, ab earundem Ecclesiarum cultoribus, sub curam et sollicitudine sui Pontificis,  reparatio eisdem adhibenda est basilicis. Separada la tercera parte de estas rentas para la fábrica por decreto del primer Concilio de Braga, se encomendó su administración al Arcediano o al Arcipreste con la obligación de dar cuenta de ello al Obispo; cuyo plan, observado primero en toda Galicia, le adoptaron adelante las otras provincias de España. Sin embargo de esta ley general, el citado Concilio XVI de Toledo dio licencia a los Obispos para que en el caso de estar bien conservadas o reparadas las Iglesias, dispusiesen de la tercera parte de la fábrica. Quod si omnes Ecclesiae, dice, aut incolumes fuerint, aut, quae diruptae erant, reparatae extiterint, secundum antiquorum canonum instituta, tertias sibi debitas unusquisque Episcopus assequi si voluerit, facultas illi omnimoda erit, ita videlicet, ut citra ipsas tertias, nullus Episcoporum quippiam pro Regis inquisitionibus a Paroquitanis Ecclesiis exigat, nihilque de praediis ipsarum Ecclesiarum cuiquam aliquid causa stipendii dare praesumat (Conc. Tolet. XVI. c. V.). Algún defecto pudo caber en el uso de esta licencia, cuando en los siglos posteriores se ha observado desigualdad en las dotaciones para la fábrica de algunas Iglesias, y en otras extrema necesidad de sostenerse y repararse con limosnas. 

(2) Hasta ese tiempo se halla sólo memoria de cuestores o demandantes. A estos cuestores o demandantes pudo dar ocasión en España la falta que hizo para la reparación de los templos la tercera parte de las rentas eclesiásticas, otorgada por la silla apostólica a D. Alonso X, Rey de Castilla y de León, hacia los años 1275, para ayuda a los gastos de la guerra contra los moros (Mariana, historia de España, lib. XIII. cap. XXII.), No hablo de los tiempos anteriores, en que los Reyes de España, señaladamente los de León, conservando los derechos de la monarquía goda, fueron dueños de los diezmos eclesiásticos, no sólo por haber ganado la tierra de los moros, dice Sandoval (Cron. de D. Alfonso VII .cap. 66.), pues antes que se perdiese España usaban de este derecho, y después de perdida le tuvieron en tierras que nunca los moros ganaron, y en otras que cobraron de los moros, antes que los Papas diesen las bulas a los Reyes de Aragón. De esto hay varías memorias. En el privilegio otorgado por D. Alonso el Sabio a la Catedral de Segovia a 13 de Septiembre de 1258, se ve que pertenecía a la real hacienda la percepción del diezmo de todo el aceite del Alxarafe (aljarafe) de Sevilla, y los diezmos de los donadios hechos en la conquista de Sevilla a los Obispos, Ricoshombres y órdenes Militares (V. el Ilustrador de Mariana t. V. pág. 124.), Duró este señorío de nuestros Reyes por lo menos hasta el reinado de D. Alonso VI, el cual habiendo conquistado a Toledo, tratando de restaurar y dotar su Iglesia metropolitana, entre otras donaciones le concedió tertiam partem decimarum omnium Ecclesiarum quae in ejus dioecesi fuerint consecrata. Publicaron este documento los editores de la historia de Mariana en Valencia. T. V. apénd. I. pág. 397.

La concesión de estas tercias hecha a D. Alonso X en el siglo XIII la confirmó el Papa Martino V, destinándolas al mismo objeto de la guerra contra infieles, con la condición de que de veinte en veinte años se partiese aquella tercera parte entre la fábrica de las Iglesias y la Cámara apostólica. Revocó después esta concesión Sixto IV. Pero hacia los años 1475 volvieron las cosas al estado que describe Odorico Raynaldo (ad ann. 1475. n. 19. 20.), quedando muchas de nuestras Iglesias en el pie de las de otros reinos, donde no se destina parte de los diezmos para la fábrica. Merecen leerse sobre esto Tomasino (Vet. et nov. Eccl. discipl. p. III. lib. II. cap. XXXVI. n. IX.) y nuestro Salgado (de reg. protect. p. III. cap. V.). Separada de su institución la parte destinada para la fábrica y reparación de las Iglesias, hubo necesidad de suplir esta falta con las limosnas particulares de los fieles. Para este fin los Prelados y los Cabildos nombraban de entre el pueblo recaudadores y tesoreros de aquel caudal, templando en algún modo lo prevenido por el Concilio Calcedonense acerca de esta intervención de los seglares en la administración de los bienes eclesiásticos (Tomasino loc. laud. n. VI.). Este fue el principio de las que ahora llamamos juntas de fábrica, presididas regularmente por los Párrocos u otras personas eclesiásticas constituidas en dignidad. Es verosímil que para evitar las molestias que trae consigo toda recaudación comenzasen a ponerse estos cepos o arquillas en las Iglesias donde acuden los fieles, para que se recogiese la limosna de la fábrica sin incomodar a nadie del pueblo