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lunes, 31 de octubre de 2022

CARTA XCIII. Templo y canónica del siglo XI: su dedicación: reliquias de aquel antiguo edificio:

CARTA XCIII. 

Templo y canónica del siglo XI: su dedicación: reliquias de aquel antiguo edificio: fábrica de la nueva iglesia en el siglo XIV: arquitectos que entendieron en ella: su descripción, cementerio y sepulcros insignes: altar mayor de plata y noticia de algunos artífices que lo trabajaron: cimborio que lo cubre: silla episcopal detrás de él: formas incorruptas que allí se guardan: la iglesia actual no está consagrada: claustro e inscripciones notables de él.

Mi querido hermano: No queda vestigio del templo antiguo, digo del que hubo en tiempo de los Godos. Se sospecha que permanecería algo de su edificio a principios del siglo XI cuando el Obispo Pedro Roger emprendió la construcción de un nuevo templo, alegando que el que había era antiquísimo y tan deteriorado (pone deteriodado) que en tiempo de lluvias no podían celebrarse en él los divinos oficios. 

Así lo asegura en la escritura con que él y su capítulo vendieron al Conde de Barcelona Raimundo y su mujer Ermesindis la iglesia de S. Daniel, extramuros de esta ciudad, por precio de cien onzas de oro que habían empleado en la fábrica de la catedral. Publicó esta escritura el padre Roig, pág. 190, copiada del original que yo he visto en el archivo del monasterio de S. Daniel. De ella infiere el citado escritor que el templo que llamaba viejo el Obispo era el del tiempo de los Godos, conservado hasta el siglo XI: porque si Carlo Magno lo hiciera nuevo, cuando se conquistó esta ciudad, no parece, dice, verosímil que al cabo de 300 años (sólo son 230) se hallase tan deteriorado. Valgan o no estas conjeturas, es cierto que se había ya comenzado la fábrica de un nuevo templo el año 1015, que es al que pertenece, según la cuenta más común, el año XVIIII de Roberto notado en aquella escritura, y nunca puede pertenecer al 1017 como dijo el padre Roig; ni al 1016 como aseguró Pontich. El mismo año, y al otro día de esta venta, los sobredichos Condes en aumento de aquel precio dieron a la sacristía de esta iglesia cuatro modiatas de tierra en el llano de esta ciudad junto al río Guadello (hoy Guell) (Güell). Va copia del original que está aquí (armari. de la Canonja). Esta escritura basta para hacer ver que la Ermesindis, bienhechora insigne de esta iglesia, no fue mujer de Ramón Berenguer, sino de Ramón Borrell, que murió poco después en 1017 (a: Ap. núm. XXXIII.). Es regular que juntamente se construyesen el claustro y demás oficinas de la canónica; y no hay dificultad en entender así materialmente lo que dice la escritura de dotación de la canónica en 1019. Statuerunt... ut domus canonica construeretur = ad construendum et ditandum jam dictam canonicam. El edificio anterior, o estaría también deteriorado o sería mezquino y poco acomodado a los usos del siglo XI. En la escritura de consagración de la iglesia en 1038, se dice expresamente que el Obispo Pedro y su hermana Ermesindis domos in quibus qui Deo militare cuperent, canonice viverent... struxerunt. Y estas casas o edificios son los que indicaron distinguiéndolos de la iglesia, cuando decían: universas praefatae ecclesiae facultates, et congregationis ejusdem canonicae cum utrumque una sit eclesia propter fidei unitatem, et alterum utriusque diversum videatur habere nomen pro melius vivendi consuetudine. Continuaba esta obra en 1064, según se ve en el testamento que dije otro día de Ponce, precentor, el cual dejó centum mancusos auri monetae aeneae ad ipsam mansionem de ipsa canonica, quam Johannes facit edificare. El nuevo templo estuvo ya para ser consagrado en el año 1038, día 21 de septiembre: solemnidad a que concurrieron Wifredo, Arzobispo de Narbona, y los Obispos Oliva, de Vique, Heriballo, de Urgel, Bernardo, de Coserans, Guilaberto, de Barcelona, Berenguer, de Elna, Arnaldo, de Magalona y Guifredo de Carcasona (este último había sido Obispo de Besalú) (a: V. Tom. VI de este Viaje, págs. 192 y 204.), todos los cuales a ruegos de nuestro Obispo Pedro Roger y su hermana Ermesindis dedicaron el templo y confirmaron su dotación. Publicose esta escritura en la Marca Hispánica (apéndice número CCXVIII.), aunque con algunas inexactitudes de poca entidad, sino es haber omitido la palabra era en la fecha. Digo esto porque la he cotejado con el original. Permaneció este templo hasta principios del siglo XIV. Queda todavía una parte de él en la torre que el vulgo llama de Carlo Magno, y está al lado del norte; obra conocidamente del siglo XI, y que sirvió entonces de torre de campanas, como entre otras cosas consta de la escritura de erección del altar de San Esteban, hecha en 1362 in capella subtus campanile vetus (arch. episcopal, not. 43, fol. 37), y hasta hoy permanece bajo de dicha torre. La longitud total de este templo era lo que es ahora la nave grande del nuevo, y tenía también dos puertas, occidental y meridional, casi en el mismo lugar que las actuales. De esto se darán algunas pruebas en el discurso de este viaje.

A fines del siglo XIII se trataba ya de construir un nuevo templo, como se ve de una cláusula que más abajo copiaré del testamento del tesorero Guillermo Gaufredo. Y cierto que no podía obligarles a ello la ruina del que entonces había, pues tan fuerte es lo que nos queda de él. La empresa sin embargo no se verificó hasta entrado el siglo XIV. La primera memoria que hay de ello está en el Lib. verd. fol. 119, donde se lee: "Anno Domini M.CCC.XII. III. kal. maii capitulum Gerunden. in cerca nova ecclesiae Gerunden. more solito congregatum statuit, voluit et ordinavit, quod capud ipsius ecclesiae de novo construeretur et hedificaretur, et circum circa ipsum capud, novem capellae fierent, et in dormitorio veteri, fieret sacristia. Et cura ipsius operis fuit comissa per dictum capitulum, venerabilibus Raimundo de Vilarico, Archidiacono, et Arnaldo de Monterotundo Canonico." A estos comisionados se entregaron desde luego 10.000 sueldos que para el objeto había dejado el citado Guillermo Gaufredo. Repitiose el mismo decreto en 1316 (ibid. fol. 121). 

De las mismas palabras citadas se infiere que ya había entonces algunas obras nuevas, tal como cerca nova, donde se congregaba el capítulo, lo cual se repite en otros lugares. A principios de este mismo siglo se congregaban in dormitorio claustri. Más adelante in theca nova, y in volta (la nave) S. Johannis. En 1345 el Obispo Arnaldo de Monrodó (Monterotundo) ya fundó un beneficio en la capilla de los Santos IV mártires, Germano, Justuro, etc., que es una de las nueve que se construyeron en el cap o testero de la iglesia. El año siguiente se trasladó el altar mayor del antiguo sitio al actual. Sin embargo la obra prosiguió con lentitud bajo la dirección de varios arquitectos. Los que yo conozco son Jaime de Taverant, Francés, maestro de la catedral de Narbona, admitido a trabajar aquí en 1320: Francisco de Plana, Catalán, lo era a mitad de ese siglo, y fue excluido en 1368, cuando dieron la dirección de la obra a Pedro Coma (de Cumba), que al mismo tiempo trabajaba en la colegiata y torre de San Félix. En 1397 trabajaba Pedro de San Juan, de natione Picardiae. Otros se dirán más adelante. A principios del siglo XV la fábrica se continuó bajo nueva forma. Habíase trazado primero para templo de tres naves, circuyendo las colaterales el altar mayor. Bajo este plan se siguió la obra hasta los machones que sostienen el cimborio (pone simborio), inmediato al presbiterio. Parecioles entonces que su conclusión por el mismo término haría el edificio mezquino y agobiado. Y así se emprendió su continuación, de una sola nave que tuviese de latitud lo que las tres primeras, y mucho mayor elevación según correspondía. Dirigía esta obra Guillermo Boffiy. Levantados ya los machones laterales y paredes, se comenzó a dudar en 1416 sobre la solidez de la construcción, mayormente contra los embates de los vientos y estrépito de los truenos, estando como está en lugar tan elevado. Para asegurarse en punto tan principal fueron convocados los arquitectos siguientes: Pascual de Xulbe, arquitecto de la iglesia de Tortosa (llámanle lapicida et magister operis, y así a los siguientes), Juan de Xulbe, hijo del antecedente, y su sustituto en la misma obra de Tortosa, Pedro de Vallfogona y Guillermo de la Mata, arquitectos de la catedral de Tarragona, Bartolomé Gual, de la de Barcelona, Antonio Canet, escultor de Barcelona y arquitecto de la catedral de Urgel, Guillermo Abiell, director de las fábricas de Santa María del Pino, Carmen, Monte Sión, San Jaime y hospital de Santa Cruz de Barcelona, Arnaldo de Valleras, de la de Manresa, Antonio Antigoni de la parroquial de Castellón de Empurias, Guillermo Sagrera, de la de San Juan de Perpiñán, y Juan de Guinguamps, vecino de Narbona. Oídas las declaraciones juradas de todos, resolvió el Obispo Don Dalmacio de Mur con el capítulo proseguir la obra de una sola nave, porque a más de la solidez del edificio tendría mucho mejores luces y mayor elegancia. De este acto va copia (a: Ap. núm. XXXIV.) que no disgustará a los amadores de las bellas artes. Su obra continuó bajo este plan hasta su conclusión. En 1427 entró a ser su director Rotlinus Vautier dioces. Biterrensis. Excluido este en 1430 le sucedió Pedro Ciprés. La última bovedilla de la obra en el siglo XVII la construyó Josef Ferrer. A proporción que se iban concluyendo las capillas, se construían en ellas sepulcros para los que murieron antes de comenzarse la nueva fábrica, y habían costeado o elegido para sus entierros las capillas antiguas de la misma advocación. Y esto debe tenerse presente para evitar equivocaciones. Delante de la catedral hay una gran cuesta hasta el llano de la calle. A la escalera antigua que allí había, quiso sustituir otra el Obispo Don Francisco Arévalo Zuazo, a principios del siglo XVII. Al fin del mismo lo verificó el sucesor D. fray Miguel Pontich. Es un cuerpo de obra magnífico, cuyo total dividido en tres rellanos o mesetas, consta de ochenta y seis escalones con su balaustrada lateral de granito. La latitud en las gradas es de cincuenta y seis palmos, y en las mesetas de más de ciento. Mirando desde abajo presenta un todo elegante coronado con la fachada de la catedral, que aunque no está concluida, ni es de las de Herrera, conserva algunos vestigios del buen gusto. La puerta colateral del mediodía se llama de los doce Apóstoles por las imágenes de barro que en ella hay en otros tantos casilicios, labradas en 1458 por Antonio Claperos, obrer de Ymagens ó imaginaire, como decían, de Barcelona por precio de 600 florines de moneda de aquella ciudad. Existe la contrata en un lib. de act. capitul. en la curia episcopal, donde entre otras cosas se estipula que se labrasen de aquella ó semblant terra que es obrada la ymage de S. Eularia è la creu del portal nou de Barcelona, y que se cociese el barro y se barnizase de la misma manera.

La latitud del templo, así en la única nave como en las tres, es de 112 palmos, excluyendo el fondo de las capillas. La longitud total es de 408 salvo error, excluido también el fondo de la capilla última. De esta cantidad los 249 palmos, son la longitud de la única nave hasta el arranque de las tres, y los restantes 159 es la longitud de estas. La magnificencia y grandiosidad de la primera pieza, queda afeada con el coro que ocupa un buen espacio de ella, y es de mal aspecto y mezquino en lo exterior. Lo más notable que hay en él es, que en su salida al altar mayor hay cuatro sillas por parte de espaldas a dicho altar, las cuales tenían su destino determinado para ciertos oficios y dignidades. En los dos ángulos exteriores hay dos púlpitos donde se cantan las epístolas y evangelios. 

Las lecciones diariamente se cantan en el corillo alto al testero del coro. Sobre todo él cuelga desde la bóveda una como tienda recogida que llaman la mulaza, la cual despliegan (pone desplegan) para cubrir el coro en tiempo de grandes fríos. No sé qué parte de él se llamaría potentia, nombre con que expresan una obra de madera que en él se hacía por los años 1351 en el coro del Obispo, y para cuyo adorno labró algunas estatuas un maestro Aloy imaginator civis Barchinon.; cuya apoca está en la curia episcopal (not. 25. fol. 31). Advierto que el imaginator o ymaginayre de entonces, era lo que ahora decimos escultor. 

En los altares hay la desigualdad consiguiente a los tiempos de su construcción. En la segunda capilla a mano derecha están las fuentes bautismales, que son una taza octágona sostenida sobre un pie, adornada de buenas labores. Tratose de su construcción en 1535, y que fuese ex nostro optimo et duro lapide, encargándola a Juan Belljoch, Francés (que dirigía la fábrica de la catedral ya desde antes de 1528) por precio de setenta ducados de oro. Cobradas las dos terceras partes se fugó el artífice, en cuyo lugar entró Juan Roig, escultor. Esto digo porque no perezcan los nombres de estos profesores que me vienen a mano. Otras capillas están decoradas con sepulcros de Obispos, y en algunas se han ocultado estas memorias respetables con los adornos del mal tiempo. Dos sepulcros hay insignes en esta iglesia, los cuales estaban antiguamente en su galilea o cementerio a la parte exterior de la puerta principal, en tiempo en que la piedad de los fieles respetaba el sagrado del templo con una humildad que califica de soberbia la costumbre actual. En este punto eran tan religiosos los canónigos de esta catedral, que no se hallará uno enterrado dentro de ella antes del siglo XVI. Desde que se comenzó la obra del claustro actual en el siglo XIV, hicieron constitución con su Obispo D. Gastón de Moncada, en la cual se concedió a los prelados que ahora llaman dignidades, canónigos, presbíteros y clérigos de capítulo elegirse sepultura en el plano de él. Esto fue el año 1331. Antes de esta época se enterraban en el cementerio, y esto aún en 1292, como se ve en el testamento de Guillermo Gaufredo, tesorero de la catedral y hombre muy rico. Los presbíteros llamados stabiliti se enterraron siempre, y aún hoy por lo regular, en el carner del marrech, cementerio delante de la puerta de los Apóstoles. Los Obispos hasta todo el siglo XIII se enterraban en la sepultura que había en el capítulo, como se ve en el testamento del Obispo Don Pedro de Castellnou, y el del sucesor don Bernardo de Vilamarí, dice de aquella sepultura: ubi consuetum est pontifices ipsius ecclesiae sepeliri. Pontich dice que los Obispos cuya sepultura se ignora, se ha de creer que están en la del coro, que él llama Común de Obispos. Mas he registrado este depósito abierto a mis instancias, y con no pequeño trabajo, y hallé ser tan reducido, que apenas caben en él los dos únicos cadáveres que contiene. Los sepulcros principales que decía son del Conde Ramón Berenguer de Barcelona, llamado Cap de estopa, que murió violentamente a 6 de diciembre de 1082, y de la Condesa Ermesindis, que murió a 1.° de mayo de 1058, o 1059 como quieren otros. Ambos estuvieron antes en el lugar que he dicho hasta el año 1385, en que a 28 de julio mandó el Rey Don Pedro IV estando en la villa de Figueres, que fuesen trasladados donde hoy se hallan, es a saber, el del Conde sobre la puerta de la sacristía, y el de la Condesa al lado opuesto en lo alto de la pared entre las capillas de Corpus y San Juan. De la traslación del Conde da razón un letrero que hay junto a él, y dice así: in hoc tumulo iacet corpus illustris ac potentis viri domini Raymundi Berengarii, Comitis Barchinonae filii Dni. Raymundi Berengarii Comitis Barchinonae qui usaticos condidit. Hic propter multitudinem et densitatem crinium crisporum fuit dictus cap de stopes, qui vulnerato decessit nonas december in civitate Gerundae anno Dni. M.LXXXII. et fuit sepultus in quodam tumulo constructo foris in presenti Sede iuxta portam. Et postmodum translatus per illustrissimum principem et dominum Dnm Petrum tertium aragonum Regem (III de Cataluña y IV de Aragón) (3° como conde de Barcelona) ipsius comitis octavum neptem V. die november anno Dni. M.CCC. LXXXV regnique sui quinquagessimo. Pons dijo que esta era la Condesa Mahalta, mujer de aquel Conde, la cual después de muerto el marido en 1082, casó con Aimerico, Vizconde de Narbona, y vivía aún en 1111. Tengo por más verosímil que la Condesa aquí enterrada es la que dije, Ermesindis, mujer del Conde Ramón Borrell, hermana del Obispo Pedro Roger, la cual hizo mil bienes a esta canónica, fundó la capellanía de Santa Anastasia, la única que había aquí en su tiempo, dio trescientas onzas de oro como se dirá, y murió en 1058. Todos estos motivos de afecto y de gratitud inclinan a creer que de ella es este sepulcro, faltando en él inscripción y documentos coetáneos que lo testifiquen. Tampoco hay inscripción en el sepulcro del Conde, ni otra cosa más que el rótulo que dije.

Lo más notable de esta Iglesia es el altar mayor por su materia, labores y construcción. Su ara es una pieza de mármol de unos doce palmos de longitud y seis de latitud, adornada de varios recalados en su plano, los cuales se llenan con tablas para comodidad del sacrificio. Está enteramente aislada, y sus cuatro costados cubiertos con gran riqueza de plata y oro, y algunas piedras no despreciables. El principal está cubierto con un frontal de oro, que creo ser la tabula aurea, para cuya construcción dio la Condesa Ermesindis trescientas onzas de oro el día que se consagró la iglesia, como se dice en su escritura. A lo mismo pertenecerá la manda que Berenguer Guillem hizo en su testamento a 10 de marzo, año XXV de Luis el Craso (hacia el 1132), con estas palabras: Ad tabulam altaris Sanctae Mariae XL, et I mancussos almodienses: añadiendo además seis morabatines ad chorum faciendum Sanctae Mariae. Dicho frontal está dividido en treinta y dos cuadros, que representan de relieve varios pasajes de la vida del Salvador, cuyo centro ocupa un óvalo con una imagen de nuestra Señora. Al pie de este óvalo hay otro pequeñito, en que está figurada de esmalte una señora sentada, y al rededor se lee: Gisla Cometissa fieri iussit. Esta fue la segunda mujer del Conde Berenguer, hijo de Ermesindis, la cual ejecutó los deseos de su suegra, cuyo nombre se ve entallado en una piedra al lado derecho del que mira el ovalito, donde se lee: Ermesindis. Las figuras todas son de pésimo dibujo; cosa tanto más para extrañar viendo en el contorno y fajas divisorias algunas grecas y arabescos que no displacen. En los cuatro ángulos se pusieron de esmalte las figuras alegóricas de los Evangelistas con sus respectivos lemas. De los cuales sólo pude leer el de San Juan, que dice: More volans aquilae verbo petit astra Johannes. Entre las piedras engastadas hay un camafeo que me pareció la cabeza de Medusa, y dos sellos árabes que no copié por lo incómodo de su localidad. Las tablas laterales y testera son de plata, con varios relieves menos incorrectos que los otros, y que saben al siglo XIV. A lo menos es cierto de ese tiempo la tabla testera, pues a 1.° de julio de 1320 el Obispo Don Pedro de Rocaberti resolvió con su capítulo quod quadraginta Carlini qui erant... deputati ad opus turris de Subiranicis, ponerentur in opus tabulae argenteae quae erit RETRO altare... et ponderarunt dicti Carlini quinquae marchas et III uncias. (V. act. Capitul.) Yo no sé si pertenecerá a esta pieza la apoca que he visto de mil sueldos de Barcelona pro solvendo et satisfaciendo magistro Bartholomeo argenterio de operibus per eum factis et completis in retrotabulo argenteo altaris maioris, fecha VI, id. Maii, año 1325. Porque esta palabra retrotabulum propiamente es el retablo, o lo que ahora impropiamente decimos altar.

Este es también de plata desde el nivel de la mesa arriba, de la cual está separado obra de una vara, y tendrá de elevación unos doce palmos. Divídese en cuatro cuerpos iguales subdivididos en varios cuadrados, y con muchos relieves y figuras. El primero es obra de los dos Obispos Cruilles, hacia la mitad del siglo XIV, como se dirá en sus artículos: en los extremos están las figuras de estos dos prelados con muchos escuditos de sus armas, y en la base de este cuerpo se lee: Pere Bernec me feu. En la Curia Episcopal (lib. not. 34, fol. 102. b.), se llama este artífice Petrus Barners argenterius Valentiae et de domo Domini Regis, el cual a 1.° de diciembre de 1358 firmó a favor del Obispo Don Berenguer de Cruilles apoca final de todo lo que este le debía ratione illius (pone ilius) tabulae argenti cum universis imaginibus in ea per me factis... quae deposita et affixa est iuxta et retro altare Beatae Virginis Mariae Sedis Gerundae. Yo no decidiré si estas palabras se han de entender de la plancha que cubre el testero de la ara o del primer cuerpo del retablo, lo que sí me parece que el mismo artífice lo es de ambas cosas. Por otra parte me consta que Raimundo Andreu, platero de Gerona, ofreció al mismo Obispo en octubre de 1357 fabricar totam tabulam argenti quam vos facere intenditis subtus retrotabulum argenteum altaris maioris. (Ibid. not. 36. fol. 64.) Otro letrero había repartido en las dos pilastritas laterales de este primer cuerpo, mas cuando se trasladó a Barcelona todo el altar con motivo de la última guerra con los Franceses, saltaron varias planchas en que estaban las letras, y hoy sólo se lee: En lany M... bra deiars. El centro del segundo y tercer cuerpo ocupa el Sagrario, y el del cuarto la imagen de nuestra Señora, titular de esta iglesia: en sus extremos se hallan las de San Narciso y San Félix. También hay en las extremidades dos arquillas, que sin duda serán de reliquias. Remata el retablo en algunas cartelas, que llaman juratoris, y tres grandes cruces, dos de las cuales tienen antigüedad respetable. El retablo y mesa y escaño está todo cubierto con un pabellón o cimborio de plata, sostenido sobre cuatro columnitas cubiertas del mismo metal, y apoyadas sobre bases de mármol de mezcla en que abunda este país. Tratábase ya de su construcción en el siglo XIII, como se ve en el testamento citado del tesorero Guillermo Gaufredo de 12 de agosto 1292, en que dice: Dimitto etiam ad capud praedictae ecclesiae, vel ad cimborium argenteum faciendum desuper altare Beatae Mariae ad recognitionem Dni. Episcopi et capituli... illa decem millia solidorum barchinon. quae ad illud dare promisseram iam est diu. Mas quien costeó lo principal y se tiene por su autor es Arnaldo de Soler, arcediano de Besalú, que murió en 1326. La grandeza de este don merece que se copie aquí la inscripción sepulcral del bienhechor, que se halla en el claustro junto a la capilla que llaman de nuestra Señora de Bellulla. Dice así: Hic iacet Arnaldus de Solerio Archidiaconus Bisuldunensis, Doctor in jure canonico et civili, qui semper pro posse extitit promptus et fidelis atleta pro libertate et iuribus ecclesiae defendendis: qui etiam suis expensis propriis fecit fieri cimborium seu cohopertam argenteam super altari maiori ecclesiae Gerunden. Obiit autem anno Dni. M.CCCXX sexto. VIII. Kal. Augusti. R. dic pro tua et eius anima Pater noster. Cuando se construyó este cimborio estaba todavía el altar en su sitio antiguo, porque como dije, este presbiterio, o como llamaban Cap de la Esglesia, no se comenzó hasta por los años 1316, ni el altar se trasladó al sitio actual hasta el día 12 de marzo de 1346 (1347), a cuyo acto asistió el Arzobispo de Tarragona Don Fray Sancho López de Ayerbe, el cual consagró de nuevo el altar colocando en él las reliquias que se hallaron en el antiguo, y la misma taza de plata en que estaban depositadas. De esto se hizo escritura que he visto en la Curia Episcopal (not. 18. fol. 50), y no añade cosa particular a lo dicho, sino es la asistencia a este acto de Gaufrido, Obispo de Tarazona, y de Don Nicolás de Jamvila, Conde de Terranova, con otros nobles. Del mismo año hay noticia auténtica de otras reliquias, que serían de varios altares viejos. Va copia de la escritura (a: Ap. n. XXXV.). 

El grande espacio que queda entre el remate del retablo y el arco del cimborio o pabellón es oportunísimo para una práctica bien singular de esta iglesia. Por ambos lados del altar se sube en trece escalones al nivel del remate del retablo, donde en el intercolumnio central del presbiterio está colocada la silla pontifical de mármol blanco de una pieza y de buen gusto en sus sencillos adornos laterales. Téngola por obra del siglo XII. Más antigua que esto es la costumbre de subir el Obispo a esta silla cuando celebra de pontifical después de la primera turificación, y de continuar allí la misa hasta el ofertorio en que baja a concluirla al altar. De este rito antiquísimo y otras circunstancias suyas se dirá más otro día. Véase Martene de antiq. eccl. rit., lib. I, cap. IV, art. 3, mientras yo sigo mi descripción.

En un armario detrás del altar mayor está depositado un relicario que costeó D. Galcerán de Cartella en 1630, en el cual hay seis formas numularias ensangrentadas de color muy subido, pegadas a un lienzo. Se ignora el origen y circunstancias de estas formas: y esto basta para que no se expongan a la pública veneración. Conducta prudente que ojalá imitasen otros cuerpos. Un sepulcro de mármol que hay en el presbiterio es del cardenal Anglesola, de que se hablará. Está aquí corriente el uso de la cortinilla negra al tiempo de la elevación de la hostia. Si el edificio de esta catedral, que existió desde el siglo XI hasta entrado el XIV, estuvo consagrado o no, es cosa difícil de averiguar. Porque aunque existe la escritura de lo que llamamos consagración en 1038, ya sabes que muchas de estas actas no prueban más que la simple dedicación y confirmación de la dotación clerical. Con más certidumbre puedo hablar del templo moderno, que cierto no está consagrado: En 1539 con ocasión de un incidente funesto se declaró que no lo estaba quia nondum consumata (act. capitul. eo ann. fol. 27). En 1544 se mandó averiguar en libros antiguos y escrituras si constaba de su consagración; y como nada se hallase habita est pro non consecrata (ibid., fol. 320). Congregado aquí el concilio provincial de 1717, presidido por el Obispo de esta silla D. Miguel Juan de Taverner, como decano de la provincia, se entabló la pretensión de que se consagrase esta iglesia, mas no se efectuó. Sin embargo, se reza de su dedicación en la dominica II de octubre, día fijado por resolución capitular de 1581; antiguamente, quiero decir, en el siglo XI y XII, se hacía esta fiesta XI. kal. octob., como se lee en el martirologio Adoniano de este archivo, que es el día en que se efectuó la dedicación en 1038. 

En el siglo XIV se celebraba en la dominica inmediata a las témporas de septiembre, según dice una consueta escrita en 1360. El claustro ya creo que dije que es obra del siglo XIV y XV (a: El continuador de la España Sagrada, tom. 43, página 19, dice que puede ser obra del siglo IX. Tanta admiración me causa eso como el que atribuya (ibid.) la obra de los claustros de la catedral de Vique a los siglos X y XII; y mucho más diciendo en la página siguiente que sus columnas las trabajaba el cantero Portello en 1325. La verdad es que uno y otro claustro son del siglo XIV.) 

Algunas inscripciones hay en él que excitan la curiosidad por lo ingenioso de los leoninos usados entonces. Vayan algunas por muestra. 

A la parte de la iglesia y pegado a su pared. 


Post decies septem centum bis denique mille 

Et post tres annos Julii nonas bonus ille 

Bn. de Quexanis prohibens sua tempora vanis 

Sedis secundus precentor, crimine mundus 

Transiit ad regem celi servans bene legem. 

Iste corum rexit clare modulamina vexit. 

Cum superis vivit qui perpetuo stabilivit 

Ut sapiens obitum precibus misisque munitum 

In monasterio sancti de monte vocato 

Laurenci, proprioque loco Sedis sibi grato. 

Tu qui me cernis, pro me da vota supernis, 

Ut per vota pia valeat michi Virgo Maria. 


A la parte de la capilla de nuestra Señora del Claustro se halla este otro. 


Hoc iacet in pulcro persona pudica sepulcro 

Domnus Jazpertus. Folcradi laude refertus, 

Qui Gerundensis nituit Sacrista secundus 

Ac Ilerdensis virtute decanus abundus 

Consultus legum Patriarcarum quoque Regum 

Pluribus expertus in cunctis vir bene certus 

Norma bonorum, dogma piorum, semita morum. 

Forma proborum, duxque virorum, flosque decorum. 

Ut prius optavit, cum sanctis se sociavit, 

Regno Regnorum jubilans rectore polorum 

Anno milleno ter C. que quater duodeno 

Vicenoque die Junii cum fonte Sophie: 


En el foso que se abrió en el terreno del testero de la iglesia, luego que él estuvo concluido, comenzaron a enterrarse algunas personas ilustres, cuyos sepulcros se conservan sostenidos sobre columnitas y de otras construcciones en lo alto de la pared. Tanto más que estaban a la vista, y como que pertenecían sus entierros al cementerio que todavía se llama dels negres. De entre ellos va la siguiente inscripción de uno que se halla a espaldas de la capilla que antes fue de corpore 

Xpi, y ahora se llama del Crucifijo o Gregoriana, que refiere la institución de la fiesta del Corpus en esta iglesia antes de 1314. 


Iste Berengarius de Palacio vocitatus 

Moribus egregius vite meritis trabeatus 

Sedeque Sacrista pariterque Diacon in ista 

Contemplans festa Dominique salubria gesta 

Qualiter in cena residens turba duodena 

Panem mutavit in corpus, sicque sacravit 

Vinum fans ore suus hinc fit sanguis honore 

Ipse Sacramenti tanti statuit reverenti 

Voto laude pari sollemnia concelebrari 

Huius formosi pre cunctis et preciosi 

Corporis hic Xpi. per quem gens salva fuisti 

Anniqueversaria duo constituit peragenda 

Digne pro venia sibi cultus attribuenda 

Unum maiorum, reliquum quoque Presbiterorum

Quisquagenorum petiit requiem superorum 

Anno milleno tercenteno quoque deno 

Quatuor addendis, Februique bis octo Kalendis. 

Hunc comitem mense Sanctorum Xpe. recense. 


Y ya que estamos en inscripciones no es de omitir la del sacrista de esta iglesia Guillermo de Mongrí, electo Arzobispo de Tarragona, cuya silla gobernó desde 1234 hasta 1238; varón célebre por los hechos que de él se dirán en el catálogo de los prelados de aquella metrópoli, como por la humildad con que se resistió siempre a ser consagrado, y con que al fin logró que se le admitiese la renuncia. Vivió ejerciendo su dignidad de sacristía hasta el 1273: tiempo en que fundó la cartuja de S. Pol de marítima, trasladada después a Montalegre. Hállase hoy su sepulcro sobre la puerta que sale de la iglesia al claustro. El epitafio es de su tiempo, y está distribuido en dos columnas que no se han de leer seguidamente como está en las copias que hay por acá, sino pareando los versos de una con los de la otra, así: 

Vivendi norma sit cunctis haec mea forma. 

Sum G. de Montegrino Sacrista Gerunde 

De cujus fonte multi dotantur habunde 

Metropolim rexit, hereses sua dextera flexit. 

In Terrachona donavit grandia dona, 

Christicolis apta per eum fuit Eviza capta 

Et Frumentera, statuendo cantica vera. 

His de Cartoxa dat cenobium sua doxa 

Edeque Sacriste templum Domino dedit iste 

Dans Sancti dici missas ara Dominici 

Lumine centeno Sedes hec gaudet ameno 

Claustris eximie per eum fit imago Marie:

Prequedicatores vestiri datque minores 

Pascuntur miseri panibus huius heri. 

Denos presbiteros ter constituit probus heros 

Transiit e mundo Cristo societur eundo. 

Anno milleno C. bis cum septuageno 

Et tribus undenas Julii jungendo Kalendas. 


Más apreciable que todas estas deberá ser una inscripción romana, que según me dijeron está en el altarcito de Santa Elena en el tránsito del palacio a la catedral. No me retrajo de su examen lo difícil que era desembarazar aquel lugar para poderla leer, sino el haberme asegurado un amigo que estaba ya publicada por D. Ramón Lázaro Dou, canciller actual de la Universidad de Cervera, en el cuaderno que imprimió en aquella ciudad en 1767 con el título: Inscriptiones romanae Catalaun. repertae post vulgatam Syllog. Josephi Finestres. Con lo cual, pues no era cosa nueva, pasé a ver otras que lo fuesen (a: En el tomo 43 de la España Sagrada, pág. 16, y sig. se publica dicha inscripción como inédita, supuesto que ni Pujades, ni Marca, ni Roig, ni Masdeu la publican. Mas también lo es que Dou la publicó, y que de su obrilla dio noticia la Bibliot. de escrit. de Carlos III, y que la conoció y disfrutó el padre M. Risco en el tomo 34 de la España Sagrada pág. 30.) 

No faltan en esta iglesia pinturas buenas. En el aula capitular y piezas anteriores las hay de mérito. En las ciudades limítrofes, como esta, la frecuencia y estragos repetidos de las guerras, no dejan estar de asiento las bellas artes, que sólo medran a la sombra de la paz y tranquilidad pública y privada. He llegado tarde y cansado a estas reflexiones. A Dios, etc. 

jueves, 15 de diciembre de 2022

XXVII. Notitia consecrationis ecclesiae S. Stephani de Balneolis.

XXVII.

Notitia consecrationis ecclesiae S. Stephani de Balneolis. (Vid. pág. (256).

Ex arch. mon. Balneol.

A VI de setembra del any de la incarnatio de Nre. Senyor M e LXXXVI fou feta la consecracio de la esglesia del monastir de Sent Stevan de Banyoles en aquesta manera. Vengueren açi en lo dit monastir los Bisbes quis saguexen: primerament en Dalmau Arcabisbe de la Seu de Narbona, Berenguer Bisba de Gerona, Berenguer Bisba de Osona, P. Bisba de Carcassona, Joffre Bisba de Magalona, en Bertran Bisba de Barcelona, ensemps ab en Bn. Comta de Busulun (Comte de Besalú) e ab molts daltres nobles e ab gran multitut de pobla. Los demont dits Bisbas consecraren laltar maior a honor de Sent Stevan primer martir, e de Sent Lorens e de Sent Vicens e de Madona Sancta Maria, e de tots Sancts: e posaren en la ara del dit altar en 1.a (I.a : una) capsa de cristall del fust de la vera creux, e de la maniadora (menjadora : pesebre) en que Jhesu Xpst. fo posat, e de sepulcra de Jhesu Xpst. e de les vestadures de Madona Sancta Maria mare de Jhu. Xpist. E posarem axi matex en lo dit altar reliquies del propricors (propri cors) de Sent Stevan, e de les peres ab que fon alapidat, e de les osses de Sent Paul, e de Sent Jacma Apostol, e de Sent Vicens, e de Sent Feliu de Gerona, e 1.a dent de Sent Saturnin Bisba de Tolosa, e de les osses del glorios martir Sent Tis, e de la legion de Sent Maurici, e dels Sants qui son apalats masse, e dels Sants martirs de Gerona Sent German e Sent Paulin, e Sent Justin, e Sent Ausici, e de Sent Donat, e de Sent Florens, e de Sent Remol (o Reniol), e de les glorioses vergens Senta Eulalia e de Senta Cristina, e de les reliquies de Sent Martin conffessor e Bisba de Tos, e de Sent Troffimi, e de Sent Lanbert, e de Sent Ubert, e de Sent Martirian, del quol lo seu Sant Cors en aquesta sgleya present es collocat. Axi matex foren aqui posades moltes reliquies de molts Sants, dels quols lo lur nom no foren atrobats. Apres III anys que fou feta la dita consecracio, torna aci lo demont dit Dalmau Arcabisba de Narbona, e posa sots la dita ara de Sent Stevan a part de mig iorn I altar petit, lo quol fou consecrat per Sent Gregori Papa a honor de Madona Sancta Maria e de Sent Jehan e de Sent Pau martirs. Eran en lo dit altar les reliquies quis saguexen, ço es, del dit Sent Johan, e de Sen Pau enves cerç de la ara del altar, del cors e dels osses de Sent Stevan primer martir, e de Sent Gamaliel, e de Sent Nicodemus, e dels Ignoscents e dels Sants martirs Nerey et Achiley, e de Sent Narsi, e de Sent Nabori martir, e de Sent Ipolit, e de Sent Valentin Prevera, e de Sent Sabestian, e de Sent March, e de Sent Marcelliam, e de Sent Pancras, e de Sent Maurici, e de Sent Stevan Papa, e de Sent Mar, e de Senta Marte, e de Sent Urbici, e de Sent Victor, e de Sent Flamidian, e de Sent Silvestra Papa, e de Sent Zeno Bisba de Rems, e de Sent Maior, e de Sent Quinnidi Bisba e conffessor, e de Sent Nari confesor, e de Senta Lucia vergen, e de Senta Scolastica e de Senta Felicola. Encara del monastir de Sent Cogat foren apartades reliquies dels cors de Sent Cogat, e de Oculte martire, e de Sent Sever Bisba, e de Sent Jlari imfante martir, e de les Sanctes vergens Senta Juliana e Senta Proniana.

jueves, 21 de julio de 2022

CARTA XLIX. Adiciones e ilustraciones del episcopologio antiguo Ausonense, publicado por el P. M. Fr. Enrique Flórez.

CARTA XLIX. Adiciones e ilustraciones del episcopologio antiguo Ausonense, publicado por el P. M. Fr. Enrique Flórez. 

CARTA XLIX. Adiciones e ilustraciones del episcopologio antiguo Ausonense, publicado por el P. M. Fr. Enrique Flórez


Mi querido hermano: El episcopologio antiguo de la iglesia de Vique, ordenado por el P. M. Flórez, necesita de gran corrección. Las escrituras nuevamente descubiertas nos dan noticias más copiosas y averiguadas de los años en que existieron aquellos antiguos prelados, sus elecciones en obispos, testamentos, óbitos y otras cosas que fijan su cronología de un modo seguro e indubitable: esto sin contar sus hechos ignorados hasta aquí, y la mayor exactitud de los ya sabidos. Esta consideración me obliga a emprender de nuevo este trabajo, dejando intactas las memorias que aquel sabio escritor publicó ajustadas a la verdad histórica, y añadiendo solamente las halladas de nuevo, y las correcciones que me han parecido oportunas. Con lo cual otro más desocupado podrá, reuniendo los dos escritos, formar entero este catálogo. 

Citaré las sobredichas escrituras, poniendo entre ( ) los números con que las ha señalado el presbítero D. Domingo Jaumá, sujeto muy versado en la paleografía y en la historia de esta diócesis. Y primeramente nada me ocurre que añadir a las memorias de los obispos anteriores a la invasión de los árabes; porque ya el P. Flórez disfrutó la noticia que de ellos nos queda en los códices de concilios Urgelense y Gerundense, que es lo único que yo pudiera alegar como viajero. Así que notaré solamente los nombres de aquellos prelados con los años de su existencia que constan de dichos concilios. 

Obispos. Años de su existencia. 

(N. E. Ya se ve que son nombres catalanísimos)

CINIDIO 516. 517. 

AQVILINO (AQUILINO)  589. 599. 

ESTEBAN 614. 633. 

DOMNINO 638... 

GVERICO (GUERICO) 643. 653.

WISEFREDO 683. 693. 

 

Obispos posteriores a los árabes. 

GODMARO.

Tampoco hay cosa que añadir a lo que dice de este obispo el P. Flórez, el cual fija bien su época desde el año 886 hasta 898. Sólo advierto que la inscripción de Empurias que deseó aquel escritor (pág. 75) la copiaré en el viaje de Gerona, tal cual se halla, y entonces como en su propio lugar se dirá quién era el conde Suniario, que se mezcló en los negocios de aquella iglesia: y también se verá que no está errada la indicción XV, y que la fecha allí notada no es el año 935, sino el 926; ni el año 48 de Carlos el Simple, sino el 30; con lo cual se corregirán las equivocaciones de quien puso el prólogo al tomo XXVIII de la Esp. Sagr., engañado con la copia que le dieron de aquel monumento. 

IDALCARIO 

(Idelhero, o Idalquero.) 

desde 902 hasta 914. 

La primera noticia que tuvo el P. Flórez de la existencia de este obispo es el concilio de Barcelona del año 906. Mas en el archivo de esta catedral (522) se halla de él memoria anterior algunos años; es a saber, la donación de una casa cum sua quintana, hecha por un cierto Esteban ad domum Sancti Petri in Vico... in manus Idalquerio episcopo, et quamdiu vixerit ille, et omnes successores sui teneant &c. La fecha dice: Facta scriptura donationis Idus Aprilis anno V. regnante Karulo rege (Karolo, Karles, Carlos, Charles, etc). Los años del rey Carlos el Simple cuentan algunos desde el 900 de Cristo, cuando fue reconocido pacíficamente por rey en toda la Aquitania y Marca 

Hispánica. Según esta opinión de Mabillon, Campillo y otros diplomáticos, la sobredicha donación pertenece al año 904. Mas como en la mayor parte de las escrituras de ese tiempo que he visto aquí, sea todavía más común la época desde la muerte de Odón en 898, sin gran arbitrariedad diremos que la donación es del año 902; en el cual existiendo ya este obispo, debe ser tenido por inmediato sucesor de Godmaro, y elegido muy poco después de su muerte. Este cómputo último se prueba con la donación de la iglesia de Olost, que hizo el conde Wifredo a nuestro obispo (de la cual habló Flórez, pág. 81): cuya fecha entera, como he visto en la escritura  original, dice así: Kal.endis Ianuarii anno incarnationis Iesu Christi DCCCCVIIII. anno XII. regnante Karulo rege filio Ludovici post discessum Odonis regis. Porque muy clara es la cuenta que aquí se siguió desde el año 898. Muchas ocasiones se me ofrecerán de ilustrar este punto diplomático; y acaso lo haré algún día de propósito.

El monumento más insigne del pontificado de Idalcario, es el concilio de Barcelona del año 906, donde peroró elocuentemente a favor de su iglesia, y logró que se quitase el tributo anual de una libra de plata que Teodardo, arzobispo de Narbona, había impuesto a su antecesor Godmaro, y Arnusto sucesor en aquella metrópoli impuso de nuevo al mismo Idalcario. No reproduciría yo esto, sino para decir que he hallado aquí un ejemplar de las actas de dicho concilio con las firmas originales de los prelados que asistieron a él; del cual va una copia exacta, porque su texto me parece más correcto que el impreso por Balucio y Flórez, en los cuales falta además la firma del obispo de Barcelona Teuderico, que aquí se halla original como las otras (a: Apend. n. XI). Masdeu decide resueltamente (b: Hist. crit. de Esp. tom, XV. p. 224) que este concilio de 906, y el del año siguiente celebrado en S. Tiberio, diócesis de Agde, relativos ambos al tributo impuesto por la iglesia de Narbona a la de Vique, son apócrifos, inventados posteriormente por los franceses, promovedores del derecho metropolítico de aquella sede. ¿Qué diría este escritor si viese con sus ojos, como la estoy yo viendo, la escritura que digo, que sin disputa es de aquel tiempo, y autorizada con las 

firmas originales de los obispos asistentes: firmas idénticas con otras que quedan de los mismos en escrituras de otra especie, como por ahora lo pudiera demostrar respeto de la de Nantigiso, obispo de Urgel? Tengo para mí que si tal viese aquel escritor, que esta y otras cosas muy ciertas puso en duda, convencido de la verdad retractaría lo que dijo por no haber visto los documentos de nuestros archivos. 

Volviendo a las memorias de nuestro obispo, he tenido el placer de encontrar aquí (528) su testamento original inédito. Su fecha es XV. Kal.. Martii anno XI. regnante Karulo rege; la cual según las varias épocas de este reinado puede acomodarse a diferentes años; mas en ninguna de ellas puede pasar del 912, y según la cuenta más común aquí, como dije arriba, téngolo por del año 908. Hallábase, como él mismo dice, enfermo ya mucho tiempo había; y acaso esta enfermedad de que no curaría, le estorbó asistir al concilio de Foncuberta, celebrado en 911 para restituir a la iglesia de Urgel los derechos que le usurpaba Adulfo, obispo de Pallás (Pallars; Ataúlfo, Adolf, Adolfo). En este concilio subscribió en lugar de Idalcario, no Aicardo, como dijo Flórez (pág. 81) siguiendo a Marca y a otros, sino Adalbaldus legatus domni Idalcharii, como se verá en la copia de las actas que hallé en Urgel, e irá en el viaje a aquella iglesia. 

El Aikardo que allí subscribe con el simple dictado de Sacerdos, no sé quién era, ni a qué iglesia pertenecía. Mas de Adalbaldo presbítero, el mismo obispo que le envió a aquel concilio, hace mención en el testamento de que voy hablando; en el cual, después de implorar con expresiones muy humildes el perdón de sus culpas, nombra por albaceas al benignísimo príncipe Wifredo, al obispo de Urgel Nantigiso, y a tres de sus canónigos Audgario, Adanagildo y Rodulfo, a los cuales encarga que repartan sus muebles y alhajas como expresa a continuación. Va copia de este instrumento que no te pesará leer (a: Apend. n. XII). El llamado en él príncipe Wifredo, era el conde de Barcelona III de este nombre, hijo de Wifredo II el Velloso (Guifre, Wilfred, etc), de quien heredó también el condado de Ausona. Su muerte aconteció a 26 de Abril del año XIV del rey Carlos, según dice su epitafio, que se conserva en el monasterio de S. Pablo del Campo de Barcelona. La confianza que nuestro obispo hizo del conde nombrándole su testamentario, fue pagada por aquel príncipe con la misma moneda, como consta de la ejecución de su testamento, que se halla en este archivo, fecha, no a 1.° de Diciembre (b: Marc. Hisp. ap. n. LXIV. Flórez: tom. XXVIII. p. 85), sino a 31 de Octubre del año XIV de Carlos. Con lo cual se ve que nuestro obispo, uno de los ejecutores de aquel testamento, no murió de la enfermedad que padecía el año XI de dicho rey. Otras ocasiones se ofrecerán donde de propósito se demuestre que el año XIV de Carlos en que murió aquel conde, no es el de la encarnación 914 como dice su epitafio. Por ahora no debo omitir una prueba evidente que resulta de esto que estamos diciendo, comparándolo con la noticia cierta que tenemos de la elección del obispo sucesor Jorge; el cual consta de una manera indubitable que fue electo a 17 de Junio de ese mismo año 914. ¿Quién compondrá con esto la muerte del conde a 26 de Abril, y la ejecución de su testamento por el obispo Idalcario en 31 de Octubre del mismo año? Luego el conde murió el año anterior cuando menos, con lo cual hubiese tiempo para que muerto también Idalcario, se le nombrase sucesor en el Junio de dicho año. Y no sólo al año anterior, sino al de 911 debemos adelantar la muerte y testamento del conde; porque a ese corresponde, según la cuenta común de esta ciudad e iglesia, y aun de toda esta provincia, el año XIV de Carlos. Así los electores del obispo sucesor en 914, contaron en ese año el XVII del mismo. Porque esta es la verdad que desde que murió Odón en 898, Carlos fue reconocido acá por rey. Cualquiera que sea la antigüedad que se atribuya al epitafio, en este punto no debe ser creído, viéndole incompatible con hechos que nos constan como si los viéramos con nuestros ojos. El cantero o el que le dirigió comenzó a contar los años de dicho rey desde el 901: cosa por acá inaudita.

En resolución, el obispo Idalcario murió en los primeros meses del año 914, pues en el de Junio ya tenía sucesor; y bien sabemos la costumbre de aquellos tiempos, que no permitía largas vacantes en las iglesias. 

JORGE 

desde 914 hasta 947. 

El P. Flórez (pág. 85) conjeturó muy bien rastreando por varios caminos que este fue el sucesor del obispo Idalcario; mas reconociendo equivocadamente vivo a este último prelado día 1.° de Diciembre de 914, en el testamento que arriba dije del conde Wifredo, dio por cierto que Jorge no le sucedió hasta el año 915. Yo he hallado aquí (144) la escritura auténtica de la elección de este obispo, y de los medios con que se procuró su confirmación, fecha a 17 de Junio del año de la creación del mundo 4866, de la encarnación de Cristo 914, del rey Carlos XVII después de la muerte de Odón, indicción II. Estos tres últimos cómputos cuadran entre sí perfectamente; con lo cual se evidencia lo que muchas veces he dicho, que acá se contaron los años de Carlos desde el 898 inclusive. La época de la creación del mundo está equivocada, si atendemos a la cuenta comúnmente recibida en la iglesia de haber nacido J. C. en el año del mundo 5199, según la cual el 914 de Cristo debe ser 6113 de la creación. 

No sé si el que extendió la escritura siguió otro cómputo, en lo cual sabes que ha habido gran variedad de opiniones; pero sí sé que su equivocación en esto no hace desmerecer la autoridad que los otros cómputos dan al instrumento. Por desgracia se halla roto en muchos lugares, mas vista su preciosidad e importancia, he copiado las reliquias de él, que no desestimarás (a: Apend. n. XIII). 

Dícese en él que habiendo el obispo Teodrico (que era el de Barcelona, y no el que al fin subscribe Lutevensis ecclesiae episcopus) dado sepultura al obispo Idalcario, y ejerciendo el oficio de visitador de la iglesia huérfana, el pueblo y clero con unánime aclamación pidieron que fuese declarado sucesor Jorge, que según parece era individuo de la misma iglesia. Por consejo del sobredicho obispo, los principales de los electores y el electo también, llevando consigo el decreto de elección firmado por ellos, pasaron a Gerona, cuyo obispo Wigo, por la mayor proporción que tenía de ir y venir a Narbona, quedó encargado de presentarlos a aquel metropolitano. Pero antes consultó el negocio con Riculfo, obispo de Elna, Reginardo de Beziers, y Teodrico de Lodeve; los cuales le dijeron que si venían en ello los obispos Artmando de Tolosa, Gimara de Carcasona, Gerardo de Agde, Ucberto Neumacense, Gunterio (Günter, Günther) de Magalona y Adulfo de Pallás, con el privilegio o aprobación de Agio metropolitano, podía hacer lo que pedían los de la iglesia Ausonense. Así se ejecutó, extendiéndose la escritura de confirmación, firmada por cuatro de dichos obispos, el primero de los cuales, que no puede leerse, acaso será el metropolitano, o Wigo de Gerona, subscribiendo en seguida Reginardo, Gerardo y Teodrico.

De este precioso documento resultan las noticias siguientes: 1.a que a principios del siglo X estaba todavía en su vigor el canon del concilio Valentino del año 546, si no me engaño, en el cual se mandó que en la enfermedad mortal de un obispo acudiese el inmediato a cuidar de la iglesia huérfana; como vemos aquí a Teodrico (o Teodorico si se quiere) de Barcelona enterrando a Idalcario, haciendo el oficio de visitador de su iglesia, y presidiendo la elección del sucesor. Lo mismo se verá después en la muerte del obispo Wadamiro. = 2.a Que para la confirmación de los obispos electos por el clero y pueblo, aún viviendo y ejerciendo su autoridad el metropolitano, se requería el consentimiento de las sedes comprovinciales. = 3.a Que estas en la provincia Narbonense eran XV, inclusa la Septimania y España. = 4.a Que la Marca de España no se contaba por una parte de la Septimania, como pretendió Balucio; de lo cual hablaré a la larga en las Memorias de los condes de Urgel. = 5.a Que en este año 914 aún vivía Adulfo, intitulado obispo de Pallás desde por los años 886, y que era reconocido en la provincia por obispo legítimo, a pesar de la resolución de suprimir esta silla, que tomó el concilio de Foncuberta de 911: especie harto curiosa para lo que se dirá en el viaje a la iglesia de Roda de Aragón. = 6.a Por último, que Agio, metropolitano de Narbona, había ya recibido el palio a 17 de Junio de 914; y por consiguiente que el papa Juan X que se lo concedió, no comenzó su pontificado a fines de Abril de 915, como defendió Papebrochio (in Propilaeo) sino de 914, como había dicho Pagi. Desde ese día 17 de Junio de 914, en que Jorge fue confirmado obispo Ausonense, hay varias memorias que prueban su existencia en esta silla, y las hay ya desde el año inmediato al de su elección, XVIII del rey Carlos, y también del XXI, que son 915 y 918 de Cristo. Ambas anteriores a la primera que conoció el P. Flórez; pero de poca importancia para ser mentadas aquí.

Vengamos a lo que más importa, que es la época de la muerte de esté prelado, la cual dicho escritor (pág. 89) fijó antes del Septiembre de 938. Con esta opinión no cuadra lo que se lee en la carta del docto P. Caresmar sobre la población antigua de Cataluña, es a saber: que el obispo Jorge, a ruegos de Suniario conde de Urgel, y de su hijo Ermengol, consagró la iglesia de Santa María de Moyá (Modielano) X. Kal.. Septemb. del año IV de Luis Ultramarino, que es el 939 (a: Posteriormente me ha enviado el canónigo Don Jaime Ripoll esta escritura copiada de un traslado que existe en el arciprestazgo de la villa de Moyá; y va en el apend. n. XIV.). No es esto sólo. Aún debe alargarse la vida de Jorge seis años más siquiera. Para lo cual se ha de tener presente que al rey Carlos el Simple sucedió algunos años después de su muerte su hijo Luis, apellidado el Ultramarino, cuyo reinado comenzó día 20 de Junio de 936. Según esto, en que están conformes todos los cronologistas, véase a qué año corresponde la escritura de donación de una viña, que se halla aquí original (601) que Aster y su mujer Síndula hicieron ad domum Sancti Petri de sede Vico, vel in manu de Georgio episcopo. Facta donatione V. Kal.. Madii anno VI. regnante Ludovico filio Karoli. 

Véase a qué año pertenece otra escritura del mismo archivo (613) en que Elías presbyter, et Wifredus sacerdos, testamentarios del difunto Wimarano (Guimerá) presbítero, dan a esta iglesia in manu Domno Georgio (Jorge, Jordi, etc) episcopo ciertos campos en el lugar llamado Buada. Facta ista donatione VII. Idus Madii anno VIII. regnante Leudevico rege filium Karloni (Ludovico, Luis etc; rey, hijo de Carlos, Karoli, Karles, Charles, etc). Finalmente véase otra donación (223) que Bonesinda y sus hijos Atila, Ermelda y Adeleva hicieron a esta iglesia de unas tierras, sitas en el lugar de Foncuberta en el condado de Ausona, ut teneat, dice, et possideat Georgius episcopus, vel canonici ipsius ecclesiae. Facta donatione III... Februarii, anno VIII. regnante Ludovico rege filio Karloni. Es claro que la primera de estas tres escrituras originales es del año 942, y las dos últimas son del 944; en cuya época es preciso reconocer vivo al obispo Jorge, si hay fe histórica en el mundo. 

Vivía aún en el año siguiente 945 cuando confirmó la restauración del monasterio de Santa Cecilia de Monserrate, hecha cinco años antes por Suniario, conde de Barcelona y de Urgel, y por su mujer Richildis; cuya escritura original vi en el archivo de Santa María de Monserrate, y en su final se lee: Ego Georgius episcopus (no Gregorius, como dijo el. P. Argaiz en la Perla de Cataluña) concedo ad restaurationem huius cenobii... pariliata (parellada) una de terra ad boves laborandum &c... Et ut haec conscriptio firmis et stabilis permaneat, manu propria &c. = + (cruz, signum) Suniarius Comes. = + Richildes Cometissa.... Acta sunt enim haec anni incarnati Verbi D.CCCC.XLV. Indictione III. VIII. Kal.s. Iulii anno VIIII. regnante Ludovico gloriosissimo rege filio Karoli. Radulfus sacer &c. &c. Ato ac si merito indignus sacer hanc scripturam scripsi, et de rebus meis vineam I. ibidem tradidi; et de manu mea sub die et anno quo supra. Wadamirus archilevita. Sonifredus (Seniofredus) &c. Las épocas de la fecha concuerdan entre sí. El arcediano Wadamiro que subscribe, y el Atón sacerdote que hizo aquí de notario, son sin duda los dos obispos inmediatos sucesores del nuestro. 

Otra memoria queda todavía posterior, y es del día VII. Idus Februarii anno XI. regnante Lodovico rege filio Karloni regi, que contando este reinado desde el Junio de 936 corresponde al 7 de Febrero de 947. En ese día pues, in iudicio Suniario comite, et Wadaldo comite, et iudices Suniario &c... à petitione Wisalfredo, qui est mandatarius Georgio episcopo, qui cathedram beati Petri Apostoli regit hoc tempore, recognoscimus nos Gudemirus &c. La suma de todo es que restituyeron ciertos alodios, quot rex Odo per consilium Wifredi comiti condam concessit ad domum Sancti Petri, seu etiam ad Gotmare episcopo, qui eo tempore regere videbatur praefatam ecclesiam, vel à cunctos successores eius. El original de esta escritura, última memoria de este pontificado, está y lo he visto en el archivo episcopal; y de él, además de todo lo dicho, se infiere que el obispo Jorge no sólo no murió antes del año 938, sino que aún vivía en 947. Resta ahora satisfacer a los dos argumentos en que se fundó el P. Flórez para 

anticipar casi diez años la muerte de este prelado. El primero es un privilegio del mismo rey Luis a favor del monasterio de Santa María de Ripoll, expedido el año III de su reinado, de Cristo 938, en que se habla de nuestro obispo como si ya fuese difunto, puesto que de algunos bienes de aquella casa dice: quae Georgius episcopus concessit. Lea quien quisiere este documento en la Marca Hisp. (apend. n. LXXIV.) donde está impreso; y hallará que lo que de él se infiere es que las donaciones hechas por el obispo Jorge al monasterio, precedieron al privilegio o praeceptum del rey; mas no que el obispo hubiese ya muerto. El segundo argumento tiene apariencia de mayor solidez. Trátase de una bula del papa León VII, que también se halla en la obra citada (apend. n. LXXV.) en favor del mismo monasterio, dirigida a varios obispos de nuestro territorio, entre ellos Wadamiro Ausonensi. Y como aquel papa murió en el año 939, Balucio editor de la Marca Hisp. redujo la bula al 938; en el cual por consiguiente se supone muerto el obispo Jorge, puesto que se menciona el sucesor Wadamiro. 

Ni la autoridad de Balucio (a: Marc. Hisp. col. 387), ni la de los que le siguieron (b: Esp. Sag. tom. XXVIII. p. 89, y tom. XLIII. p. 126), me dispensa de examinar la época de este documento, ni de afirmar que es posterior a lo menos en diez años al de 938. Prueba clarísima de esto es que la bula va dirigida a cuatro o cinco prelados, de los que yo he podido averiguar hasta ahora, los cuales no existían en 938 ni hasta muchos años después, y cuyos nombres sino con espíritu profético no podían ser entonces conocidos. Uno de ellos es Riculfo obispo de Elna; del cual el mismo Balucio afirma y prueba que no entró en aquella silla hasta el 949, habiéndola gobernado su antecesor Wadaldo hasta el 946 cuando menos. Del obispo de Urgel Wisado II tengo demostrado en el episcopologio de aquella iglesia que no lo fue hasta el 942. Ni el mismo abad de Ripoll Arnulfo, en cuyo favor se expidió la bula, entró en el gobierno de aquella casa hasta el 949, como se verá otro día. A la manera pues que esta bula supone existentes en 938 a estos prelados, que no lo fueron hasta pasados algunos años; lo mismo diremos respeto de Wadamiro Ausonense, del cual consta con certeza que no pudo entrar a serlo hasta pasado el 947. Y diremos que la bula que habla de él y de los otros, es (no fingida posteriormente como dice el P. Masdeu, acostumbrado a decir lo mismo de cosas muy ciertas) sino expedida o dirigida muchos años después que muriese el papa León VII (que fue el que confirmó las posesiones del monasterio) cuando vivían todos aquellos prelados a quienes se encarga su observancia, cuyos nombres se pusieron entonces, conservando el del romano pontífice que había concedido aquella gracia. A esta conjetura da margen el hallarse este documento sin ninguna fecha. Y si esta interpretación te pareciese arbitraria, atribuye a lo que quieras su anacronismo, con tal que se diga que no se expidió ni publicó en 938, porque eso no lo sufren las reglas de crítica. Y si se quiere apurar el año de su publicación, yo diría que es uno de los que van desde 949 al 956, porque sólo en ese periodo de siete años se verifica la coexistencia de los prelados sobredichos, como lo verás en el estado siguiente: 

         Desde. Hasta. 

WISADO... Obispo de Urgel. 942 978 

RICULFO... de Elna.         949 …

 WADAMIRO. de Vique. 947 957. 

ARNULFO... Abad de Ripoll.  949. 956. 

Id... Abad y obispo de Gerona... 956. 970. 

Quede pues asentado que el obispo Jorge vivió hasta el año 947 cuando menos. 

Los necrologios de esta iglesia ponen su óbito, unos a 20 y otros a 21 de Octubre. 

WADAMIRO.

(o Wadimiro)

desde antes del 949 hasta 957. 

Acabamos de ver que el obispo Wadamiro no pudo entrar en el gobierno de esta iglesia hasta fines del año 947 lo más pronto. No he podido dar con acta o memoria alguna que nos asegure de su elección; mas no es poca fortuna el haber topado con otros documentos preciosos de este obispo, a quien debe mucho su iglesia, y de quien sólo se sabía el nombre, y aun ese el único que lo ha puesto en el catálogo ha sido el P. M. Flórez. Por lo mismo te han de ser más apreciables las noticias que voy a escribir. Y primeramente es muy verosímil que este prelado sea el Wadamirus archilevita que subscribió las actas de la restauración del monasterio de Santa Cecilia en Monserrate, de que hablé poco antes. Esto dice bien con la disciplina de aquel tiempo, en que los obispos eran por lo común elegidos del clero propio de cada iglesia. 

Gobernaba ya esta sede en 949, cuando Godemaro y su mujer Elvia le hicieron donación de unas tierras en el lugar de Foncuberta de este condado (639). Donamus,  dicen Domino Deo, et Beato Petro, vel verius Domino Wadamiro episcopo, vel successores eius &c. Facta donatione V. Kal.. Madii anno XIII. regnante Ludovico rege filium Carloni. 

También me acuerdo de haber visto en el archivo real de Barcelona la escritura de elección de Adalaizis en abadesa de S. Juan de Ripoll (hoy de las Abadesas), hecha por el conde Borrell, concurriendo nuestro obispo Wadamiro, el conde Seniofredo, y otros personajes: ante el presbítero Guiliardo, su fecha XVII. Cal. Septemb. anno XIV. regni Ludovici filii Caroli, indictione VIII,; cómputos que cuadran bien, y corresponden al año 950 de Cristo. Esta es la única nota que tomé del documento; pero es cierta. 

Acá queda otra donación (651) que hicieron al mismo obispo y a su iglesia Albarico y su mujer Ofresa de unas viñas en el lugar de Cellabona, IV. Idus Maii anno XVI. del mismo rey, 952 de Cristo. Tras esto ya no se hallan noticias de este prelado hasta el año III del rey Lotario. Para cuya declaración es menester fijar antes las épocas de este reinado, las cuales tomaron los escribanos de diferente manera: unos desde el día 10 de Septiembre de 954 en que murió su padre Luis el Ultramarino: otros desde su coronación a 13 de Noviembre del mismo año: y otros finalmente, no haciendo caso de los meses que quedaban de ese año, contaron por primero todo el 955; y esto último dice Campillo (a: Disquis. meth. &c. p. 152) que es lo más común en este país.

Supuesto esto, sábese que el año III del rey Lotario IIII. Nonas Septembris permutó nuestro obispo con Daniel una casa y campo in appendicio Gorbitano, in locum que vocitant Granuliarios, En esta permuta anterior al día 10 de Septiembre siguió el notario un método no conocido acerca de los años de aquel rey, que fue contar por primero todo el 954; de manera que la donación sea del 2 de Septiembre de 956. Porque si ajustáramos su fecha a una de las tres épocas que dije, pertenecería la escritura al 2 de Septiembre de 957, día en que como veremos había ya muerto nuestro obispo. 

Otra memoria suya queda, y es ciertamente del año 957, era 995, indicción XV; y es la de la consagración de la iglesia de Santa Cecilia en Monserrate, y en el castillo llamado Marro, hecha a ruegos del célebre abad Cesario, que todavía no estaba promovido al honor de metropolitano Tarraconense. Este célebre personaje siendo ya presbítero había adquirido para sí dicho castillo en el año 942 por donación de su prima Druda y del hijo de ella Ansulfo. Druda y su marido también Ansulfo habían comprado el castillo con su iglesia de Santa Cecilia en el año 871 por cinco libras de plata, expresando el vendedor Radulfo que le pertenecía aquella posesión por donación del rey Carlos, que sin duda debía ser el Calvo. Cesario, adquirido ya aquel lugar, alcanzó licencia del conde Suniario por la mediación de su mujer Richildis para recogerse a él con cuatro monjes, a los cuales el obispo Jorge confirmó en la restauración de la casa en 945, como ya vimos, y ahora nuestro Wadamiro les dio la regla de S. Benito, consagró su iglesia, y confirmó sus posesiones. Todo esto consta de la escritura que vi original en el archivo del monasterio de Monserrate; pero tan rota y deteriorada, que de su fecha sólo se pudo leer lo que he dicho, y no el día. Mas es cierto que debió ser anterior al mes de Junio, porque a 10 de él ya se hallaba el obispo en Vique gravemente enfermo, y muy luego murió como vamos a ver. 

Bien tendrás presente que en los correos anteriores dije como el obispo Wadamiro restauró la canónica Ausonense IIII. Idus Junii, anno III. regnante Leuthario rege, anno dominicae Trabeationis DCCCC.LVII. Indictione XV. Todos estos datos se verifican en el día 10 de Junio de 957, de cualquier modo que se cuenten los años de Lotario; o por la muerte del padre, o por su coronación, o excluyendo todo el año 954. Vuelve a leer, te ruego, este documento que envié (a: V. sup. pág. 33 y sig.), porque lo es muy claro de la humildad y celo de este obispo, y de la liberalidad con que enriqueció a su iglesia con sus propios bienes. Forma además una época muy notable para la historia de su vida canónica. 

Murió el obispo a los cuatro días de haber hecho esta grande obra, es a saber, día 14 de Junio del mismo año III de Lotario y 957 de Cristo. Consta esto del inventario que el obispo Wilara de Barcelona formó de las alhajas del obispo difunto, y aun de todas las de la iglesia, que eso significa lo que él dice ipsum avere de ipsa ecclesia. En el exordio de esta escritura que va copiada (a: Apend. n. XV) se lee el día y año del fallecimiento de Wadamiro con estas palabras: Anno III. regnante Leutario rege, sub die XVIII. Kl. Iulii SIC obiit Wadamirus Ausonensis episcopus Sedis Vicho. 

De ese adverbio sic, cuyas virtudes otro día diré, sólo advierto ahora que en este lugar tiene la de afirmar con más aseveración, que ese día y año fue el en que falleció el obispo. Y no hay más fecha que esa, como ninguna otra escritura de las de esta clase la tiene, sin que por eso deje de ser original y fehaciente como la más pintada. La práctica enseña en esto más que cuantas lecciones den los maestros de diplomática. Pues digo que el obispo de Barcelona Wilara, cumpliendo con lo dispuesto por el concilio Valentino de 546, como el más cercano a esta iglesia, vino a visitarla luego que supo la enfermedad mortal de su obispo. Esta visita de obligación y no voluntaria denotan las palabras puestas como de propósito en la escritura: qui eum venerat ad visitandum. Por esto después de dar su consentimiento para la restauración de nuestra canónica, según consta de la escritura que sobre ello se extendió, como visitador dio sepultura al cadáver de Wadamiro, e inventarió los bienes de la iglesia; y es indubitable que debió presidir la elección del sucesor Atton, aunque de esto no ha quedado documento alguno. Además de las curiosidades que contiene el citado inventario, es muy apreciable por la noticia que nos da de que en el año 957 estaba todavía vivo y en buena salud el obispo de Barcelona Wilara, a quien el P. Flórez no conoció vivo después del año 950. 

Por último debo contar entre las memorias del obispo difunto la que nos conservó un martirologio de esta iglesia con estas palabras: V. Idus Octob. Dedicatio Sancti Michaëlis in Sede Vico per manus Guadamiri (Wadamiro; W : G; Wilhelm, William, Guillermo, Guillem; Wimarano : Guimerá; Wifredo : Guifre etc.) episcopi. Algo más hay que decir de esta iglesia o capilla de S. Miguel, que otro día vendrá a cuento. Ahora vamos a continuar nuestro catálogo, desembarazando primero los estorbos que en él se encuentran. 

RADULFO 

excluido del catálogo de los obispos Ausonenses.

Después del obispo Wadamiro pone el P. M. Flórez (pág. 90) a Radulfo como prelado Ausonense, de que, dice, antes no se conocía ni aun el nombre. El motivo que tuvo para introducir esta novedad es el privilegio con que el rey Lotario confirmó los bienes del monasterio de Santa María de Ripoll en el año 982; porque en él entre las donaciones que hicieron a aquella casa los tres obispos Ausonenses anteriores se cuenta la de Radulfo: in valle Matamala alodem qui fuit Radulfi episcopi. Lo mismo se repite en la bula que para ello expidió el papa Sergio IV. Ambos documentos publicó la Marca Hisp. (ap. n. CXXXI. y CLXV.). De aquí infiere el citado escritor que antes de ese año 982 y hacia el 950 hubo en Ausona, de cuya diócesis es Ripoll, un obispo llamado Radulfo, cuya sede, aunque allí no se exprese, debe ser la misma que la de Godmaro, Idalcario y Jorge, a quienes tampoco se da título episcopal.

Si estos dos instrumentos bastaron para introducir un obispo nuevo, que no anda 

conocido entre nuestros autores, ¿cuánto más se confirmaría en esa opinión aquel sabio escritor, si viera las memorias que quedan aquí auténticas y mucho más demostrativas de la existencia de dicho obispo? Una es la escritura de venta hecha por Scipion y su mujer Rodesinda a Rodulfo obispo (sin expresar la sede), de una viña en el condado de Berga, in appendicio de Borrassederes, in villa que nominant Buvatella. Facta carta venditionis VIII. Kal.. Iunii anno XXII. regnante Karulo rege filio Leudivici. Otra venta hay hecha por Ennego (Eneco) abba atque levita con la congregación de Santa María de Ripoll a Miro y Wisamundo, y a sus mujeres Manuplena y Casta, de unas tierras in castro Sancti Laurentii in villa de Filgairoles, de las cuales una lindaba de meridie in terra de Rodulfo episcopo. Facta carta venditione XVII. Kal. Augusti, anno XXIII. regnante Karulo rege filio Ludovici. Otra por fin de tierras con límites in terra de Rodulfo episcopo. Kal.. Novemb. anno XXIIII. regnante Karlulo filio Leudevici. Estas 

tres son las escrituras que decía, las cuales, considerada sola la circunstancia de hallarse originales en el archivo de Vique, cuya sede se atribuye a Radulfo, hace subir mucho de punto la probabilidad de la opinión del P. Flórez.

Sin embargo ellas mismas me sirven de guía para excluir a ese obispo de la serie de los nuestros. El rey Carlos, por cuyos años se calendaron estos tres instrumentos, no puede ser otro más que el llamado el Simple, hijo de Luis el Balbo; porque ni después de ese Carlos hubo en Francia otro del mismo nombre hasta el siglo XIV, ni los que lo tuvieron antes que él reinaron tantos años como aquí se dice, si no es Carlos el calvo, a cuyos tiempos sería locura hacer subir la memoria de un obispo de Ausona, cuya silla tardó mucho todavía a restaurarse. Así que estas escrituras de los años XXII, XXIII y XXIIII del rey Carlos pertenecen a los años de Cristo 919, 920 y 921, o a dos más de atraso cada una de ellas, conforme la cuenta que se siga en el reinado de aquel príncipe. Pregunto ahora: ¿reconocería el P. Flórez en esos años por obispo Ausonense a Rodulfo, cuando él mismo asegura y prueba con documentos que Jorge ocupó aquella silla desde el 915 hasta el 938? Luego el Radulfo obispo que estas tres escrituras mencionan, lo era de otra sede. Luego también lo era el mencionado en los dos documentos en que se apoyó el P. Flórez: en los cuales sobre callarse como en los míos la sede, se habla de él indefinidamente en cuanto al tiempo en que existió. 

Y si el Radulfo de mis tres escrituras no cabe en esta silla que ocupaba Jorge, tampoco el de las otras dos puede tener lugar hacia el año 950, porque hasta siete años después vivió Wadamiro, como vimos arriba, y acaso antes de cumplido el mes de la muerte de este, ya lo era Atton, como se verá luego.

Así que es preciso borrar a Radulfo del catálogo de los obispos de Ausona. Y aunque esto debía bastar a mi propósito, pasando adelante con mi labor, todavía quiero detenerme en busca del nicho donde le coloquemos. Que pues es cierto que era obispo, alguna silla y de las de por acá gobernaría, no estando entonces usando el titular obispos in partibus, como vimos después.

Yo tengo para mí que este es el Rodulfo hijo del conde de Barcelona Wifredo II el Velloso, ofrecido por su padre a Dios en el monasterio de Santa María de Ripoll y a su abad Daguino en el año 888, dándole en dote entre otras cosas in locum quem vocant Matamala ipsas ecclesias Sanctae Mariae, et Sancti Petri (a: Mar. Hisp. ap. n. XLVI); el cual creciendo en edad vino a ser obispo de Urgel desde el año 914 hasta después del 940, como se demostrará en el viaje a aquella iglesia. Esta dignidad no le impidió que conservase el señorío de las posesiones que su padre le diera en distintos condados al tiempo de entregarle al monasterio de Ripoll; ni que agradecido a la educación que en él había recibido, le diese el alodio de Matamala, en cuyo valle ya tenía la misma casa otras posesiones. Esta misma circunstancia fue la causa de hallarse en la segunda dedicación de la iglesia de dicho monasterio en 935, y de viajar con alguna frecuencia por este obispado, y de ser en él muy conocido, siendo tan célebres su padre y hermanos; de manera que los notarios no necesitasen especificar su sede, bastando para los que entonces vivían decir que una heredad lindaba in terra de Rodulfo episcopo. Y esto pudiera confirmarse con el ejemplo de otros obispos, cuyos nombres solos suenan en escrituras de iglesias diferentes de las que gobernaron. En resolución, yo creo que este Rodulfo era el obispo de Urgel, no habiendo otro por acá de ese nombre en todo el siglo X. A lo menos esto es cierto que nunca ocupó la sede Ausonense, en la cual a Wadamiro sucedió muy pronto 

ATTON 

(arzobispo) 

desde 957 hasta 971. 

El P. M. Flórez (pág. 92) no conoció de este prelado memoria alguna anterior al año 960. Yo puedo asegurar que ya lo era a 26 de Septiembre del año III de Lotario, 957 de Cristo. Porque de ese día hay (724) una donación de algunas viñas hecha por Recosindo ad Beato Petro apostolo, qui est fundatus, vel hedificatus in comitatum Ausona in Sede Vico, vel ad ipsum episcopum Attone, vel ad ipsos canónicos &c. 

La fecha es: VI. Kalendas Octobris, anno III. regnante Leutario rex filio Leudevici. 

En esta escritura el notario no contó los años de aquel rey desde la muerte de su padre a 10 de Septiembre, en cuyo caso hubiera dicho anno IIII; sino o desde su coronación a 12 de Noviembre, o excluyendo los meses restantes del año 954. De todos modos se ve que Atton sucedió muy pronto a Wadamiro, puesto que a los tres meses y doce días de su muerte ya estaba confirmado obispo.

Ya dije, y es notorio a los que entienden algo de la disciplina de aquel tiempo, que los obispos se elegían del clero de las mismas iglesias. Conforme a esto no dudo afirmar que nuestro obispo era aquel Atto sacerdos que admitió la vida canónica, y subscribió a la restauración y dotación de ella hecha por Wadamiro en el Junio de ese mismo año 957, como se dijo. El mismo es también el que en 945 subscribió entre los canónigos de Vique, y autorizó como notario la escritura de restauración del monasterio de Santa Cecilia en Monserrate, de que poco ha se habló. Léese así su firma: Atto, ac si merito indignus sacer, hanc scripturam scripsi, et de rebus meis vineam I. ibidem traddidi, et manu mea sub die et anno quo supra.

A las pruebas que da el P. Flórez de la existencia de este obispo en 960, puede añadirse la donación (163) que le hizo el conde Borrell de unas tierras en el condado de Manresa, en el término de Castro de Montebui (Montbuy, Mombui, donde “les caldes” etc): IIII. Kal.. Iunii anno VI. regnante Leutario rege. Tres o cuatro escrituras más hay de ese año, que no contienen cosa particular. Al 961 corresponde la consagración 

hecha por el mismo obispo de la iglesia de S. Bartolomé de Lers, edificada por Ranlo, abadesa del monasterio de S. Juan de Ripoll (hoy de las Abadesas). Va el documento copiado del archivo real de Barcelona con las notas oportunas para ordenar y concertar sus fechas, con lo cual excuso decir más ahora (a: Apend. n. XVI.). 

A las tres bulas del papa Juan XIII, que el P. Flórez publicó (a) en prueba de haber tenido nuestro obispo el honor de metropolitano Tarraconense, puedo todavía añadir otras dos. Una de ellas está en la curia episcopal, dirigida a Suniario obispo de Elna, y al padre de él Gaucefredo, conde de Rosellon, y al arcediano y clero de Gerona, mandando a estos últimos que reconozcan a Atton, honrado ya con el dictado de arzobispo, como gobernador y provisor suyo. El examen del por qué se da a Gerona este gobernador provisional, teniendo como tenía entonces a Miro su verdadero obispo, lo dejaré para lo de aquella iglesia, que ahora nos distraería mucho. La data de este breve es del mes de Enero, indicción XIV, que se verifica en el año 971. La misma fecha tiene la otra bula que decía, y es en la que el citado papa le concedió el honor del palio. Está en el archivo capitular. Va copia de ambas (b). 

(a) Esp. sag. tom. XXV. p. 102, y tom. XXVIII. pp. 96 y 252. No entiendo por qué en este último lugar se llame Octavo a este papa Juan, a quien en todos los otros se llama XIII, como en verdad lo era. 

(b) Apend. nn. XVII y XVIII. 

Nada más tengo que añadir a lo del P. Flórez sobre este célebre prelado, que además del honor de metropolitano, mereció ser maestro del famoso papa Silvestre II: de lo cual diremos no poco en las Memorias de los condes de Urgel. 

FRUIANO

desde 972 hasta 992. 

Se da razón del intruso Guadallo. 

Tampoco hay que añadir a las memorias ya publicadas de este obispo, sino es algunas escrituras de donaciones, ventas &c., que sólo servirían para confirmar su existencia en los primeros años de pontificado, conforme la fijó el P. M. Flórez (pág. 100 y sig.). Únicamente debo advertir que no vivió tanto como supone este sabio escritor, y que lo más llegó al año 992, puesto que en el siguiente era ya obispo el sucesor Arnulfo, como se demostrará en su artículo. 

He querido copiar entera la bula del papa Benedicto VII en favor de este obispo, de la cual sólo publicó un trozo el sobredicho padre (pág. 102). Este documento sin duda es posterior al 977 en que entró a ser arzobispo de Narbona el Ermengaudo (Armengol; Hermenegildo) que en él se nombra; pero es anterior al 984 en que aquel papa murió (a: Apend. n. XIX). 

A este periodo de siete años pertenece sin duda la persecución que Fruiano sufrió de parte del intruso Guadallo, para cuya protección se expidió aquella bula. A lo menos puedo asegurar que esta conjuración, que ocasionó grandes disgustos y acaso la muerte de nuestro obispo, es muy anterior al año 990 en que la supone el P. Flórez; puesto que Guadallo estaba ya reconocido por obispo en estos países en el año XX del rey Lotario, que es el de 975; como consta de una venta que le hicieron Elo y Auria, hermanas del obispo de Urgel Wisado II; cuya escritura está en el archivo abacial de Cardona, e irá copiada en el viaje de Urgel. En ella dicen esas señoras: vinditrices sumus tibi Wadaldo viceschomite episcopo (obispo, vizconde : vicecomite). Reconocíanle también por su obispo los sediciosos de acá a 28 de Septiembre de 989, cuando públicamente autorizó como testigo el testamento sacramental de Eldemaro (N. E. aún hay algunos Elmar en Alemania, supongo que es el mismo nombre, Eldemar). La escritura está en el archivo de esta iglesia (879) fecha IV. Cal. Octob. armo III. regnante Ugone rege (rey Hugo, Uch, Ug, Uc); el cual ya se sabe que comenzó a serlo a 3 de Julio de 987. Los padres de este intruso se llamaron Gonmaro y Gersindis, como se ve en escritura del año IX del rey Enrique, 1039 de Cristo; por medio de la cual fueron restituidas ciertas posesiones que ellos habían ocupado en el término de Voltregá, a Guillermo archilevita que después fue obispo; y en el testamento de este consta además que él las compró del obispo Guadallo. Llámale vizconde la escritura que dije de Cardona; mas no sé de dónde le venía ese título. 

Este perverso obispo, depuesto de esta silla en 997, vivió aún mucho tiempo. Del año 1034 he visto aquí una escritura de venta de tierras, en cuyas afrontaciones (linderos) se señala terra de Guadallo episcopo; a no ser que les quedase el nombre de su antiguo dueño. En el año 1039 ya se habla de él como difunto, y también en 1040 en la consagración de la iglesia de Urgel, donde de cierto alodio se dice: quod fuit de Guadaldo episcopo. A no ser que en estos documentos se hable del obispo de Barcelona de este nombre, que vivió desde 1029 hasta 1035. Nada se pierde por dejar apuntadas estas dudas. No es de esta clase la existencia de nuestro obispo Fruiano en 988, cuando autorizó con su presencia y su firma la solemne permuta que los condes de Barcelona Borrell y su mujer Aimedruds y el hijo de ellos Raimundo hicieron con el obispo Salla y todo el clero de Urgel. En aquel episcopologio irá copiada la escritura original donde nuestro obispo subscribe así: Frugifer Presul subscribo. 

Vamos al sucesor 

ARNULFO 

desde 993 hasta 1010. 

El P. M. Flórez (pág. 108) le supone nacido en la diócesis de Narbona, fundándose en que el metropolitano Narbonense Ermengaudo en la carta formada o testimoniales que le dio para su viaje a Palestina, dice de él nostrâ dioecesi natum. Mas yo entiendo, salvo el parecer de aquel escritor, que la palabra dioecesi aquí se tomó por provincia, como la tomó el mismo arzobispo en la misma carta y muy pocas palabras después, diciendo: Convocavimus unâ pontífices omnes nostrae dioecesis. Y ya se sabe que en aquellos siglos solían frecuentemente no guardar la exactitud que ahora queremos, y promiscuamente decían: episcopatus, paroecia, provincia, dioecesis &c. Así que por este motivo nadie nos obligará a creer que fuese francés nuestro obispo, sabiéndose que la provincia eclesiástica Narbonense comprendía (comprehendia) todo el territorio de nuestras iglesias catalanas. 

Por otra parte, en una escritura de este archivo (809) perteneciente al año 1005 se habla de bagolia de domno Arnolfo episcopo, vel de Reimundo vicescomite fratri suo. Este mismo hermano suena también en el testamento del obispo, de que hablaré luego. Y aunque no se expresa el título del vizcondado, parece ser de los de por acá, considerado el sitio de las heredades de que dispone, entre las cuales ni una sola hay que pertenezca a la diócesis de Narbona; sino que todas son del condado de Urgel y término de Cardona (N. E. p. ej. vizcondado de Ager). El marqués de Mondéjar en la historia de la casa de Moncada dice que fue hermano de Mirón, primer señor de la parte superior de la ciudad de Vique, por habérsela cedido este mismo prelado. 

De esto no hallo qué decir. Lo que yo sé de cierto es que nuestro Arnulfo era hermano de Raimundo vizconde de Cardona, que heredó aquel estado por haber muerto sin hijos su hermano Ermemiro, el cual los poseía desde el año 986, como se ve en la carta-puebla de Cardona, de que se hablará en su lugar. Los tres hermanos Ermemiro, Raimundo y Arnulfo eran hijos de Wadardo o Guadallo (Guadaldo), y de su mujer Ermetruit. Lo dicho basta para desengañarnos de que nuestro obispo Arnulfo no era francés. También es preciso fijar el principio de este pontificado cuatro años antes del 

que señala el mismo escritor. En este archivo existe una escritura original (888), con la cual nuestro obispo permuta el castillo de Spadas y otros alodios por la iglesia de S. Baudilio que poseía Sendredo, hijo de Ansulfo, el cual la había comprado del conde Raimundo. La fecha dice: Facta ista commutatione XV. Kalendas Martii anno VI regnante Ugone rege; que ciertamente corresponde al día 15 de Febrero del año 993. Léese en el exordio: Ego Arnulfus gratia Dei episcopus, et abba, simul cum congregatione Sancti Petri sanctae Sedis Ausona (Ausonae) &c. Y en la suscripción dice: Arnulfus ac si indignus gratiâ Dei episcopus, et abba, qui hanc commutationem fecit, et firmare rogavi. Otra escritura hay aquí (1292) que también supone a nuestro obispo existente y en posesión de su silla en el año 1.° del rey Roberto, de Cristo 996. 

El haber sido Arnulfo confirmado en el concilio romano a 9 de Mayo de 998, que es en lo que se funda el P. Flórez para atrasar tanto su pontificado, no impide que estuviese ya electo y aun confirmado por su metropolitano mucho antes y en el año que dije. Porque la confirmación de aquel concilio sólo fue judicial, cuando examinada la causa se falló contra el intruso Guadallo; el cual allí mismo fue degradado canónicamente, y en seguida confirmado Arnulfo en la sede Ausonense que legítimamente ocupaba. Léanse las actas de este concilio en Balucio (Tom. II. Miscell. pág. 117) y en el P. Flórez, pág. 257, y se verá que una de las razones en que Arnulfo apoyaba su derecho era la de estar ya consagrado por su legítimo metropolitano el arzobispo de Narbona. Así que ni debe decirse electo en 997, ni confirmado en 9 de Mayo de 998. 

Al derecho legítimo de Arnulfo y a la plena posesión que tenía de esta silla antes de aquella sentencia conciliar, alude sin duda una escritura original que he visto en el monasterio de Ripoll (Armario de la pavordria de Aja) fecha V. Kal.. Iunii, anno VIIII. regnante Ugone rege, 996 de Cristo; en la cual el abad de aquella casa Seniofredo da a Goltredo y a su mujer Trudelindis un alodio en la Cerdaña (Ceritania y versiones), y añade que hace esto unâ cum consensu atque nutu PROPRII praesulis nostri Arnulphi episcopi. La expresión proprii praesulis parece puesta con mucho acuerdo para denotar el derecho de Arnulfo, a quien el monasterio tenía por verdadero obispo, contra las pretensiones de Guadallo, al cual no faltaría quien obedeciese en la diócesis, como acontece en los cismas. En dicha escritura firma también el obispo: Arnulfus ac si indignus gratiâ Dei episcopus, conscius huius scripturae. Quede pues asentado que era ya obispo confirmado y reconocido como tal mucho antes del 998.

No te se (se te) pase observar que en algunas de estas escrituras Arnulfo se llama a sí mismo Episcopus et Abba; con lo cual se confirma la noticia que dan algunos necrologios de que fue abad de S. Félix de Gerona, y además se sabe que conservó la abadía junto con el obispado. Dícelo él mismo más claramente en otra escritura de este archivo (909), y es una permuta que él hizo con Madexo primer archivero (primo scrinii Sancti Petri) III. Id. Octob. anno I. quod obiit Uggo rex. 

Data muy notable (aunque no la única), porque Roberto que sucedió a su padre Hugo, fue aquí reconocido por rey sin intervalo alguno, y no parece haber necesidad de contar los años por la muerte del antecesor. Mas ¿quién puso puertas al capricho de los notarios? de aquel tiempo digo. Como quiera que sea, la escritura es del año 997, o del siguiente, porque en esto hay disputa. Pues en ella dice el obispo: in Dei nomine. Ego Arnulfus gratiâ Dei sedis Ausonensis episcopus, et abba Sancti Felicis Gerundensis, simul cum canonicis Sancti Petri &c.

Una memoria curiosa nos queda de su pontificado, perteneciente al año 1002, que es un congreso tenido en esta iglesia, donde se hallaron los condes Ramón Borrell (de Barcelona) con Ermesindis su mujer, y su hermano Ermengol (de Urgel), el arzobispo de Narbona Ermengol, y los obispos Salla de Urgel, Eizón de Barcelona y el nuestro, y varios vizcondes y nobles. Ante los cuales el abad de Ripoll Singfredo se quejó de la usurpación hecha a su monasterio del alodio llamado castrum Camba; el cual luego le fue adjudicado y mandado restituir. Los títulos y encomios con que califica la escritura a los sujetos que asistieron, hallarás en la copia adjunta, o más bien extracto que tomé, cuanto creí que bastase para noticia de esto, omitiendo los trámites legales de aquel juicio (a: Apend. n. XX). A nuestro Arnulfo elogia con estas palabras: in omni studio philosophiae plenissime eruditus. Que este congreso se tuvo en los días de la festividad de San Pedro Apóstol de dicho año, consta de una escritura fecha a 3 de Julio del mismo, de la cual se hablará en el episcopologio de Urgel, por donde sabemos que Salla, obispo de aquella iglesia, alcanzó allí sentencia favorable sobre la posesión del castro Keralt (Queralt); y sabemos que para este fallo había sido citado en otro congreso de los mismos señores y prelados tenido pocos días antes en Barcelona. De lo cual se infiere además que estas juntas mixtas eran muy frecuentes para resolver las causas graves. También sabemos por ella que aquí se celebró esta junta in ecclesia Sanctae Mariae (la Rotunda): y que asistieron muchos más obispos que los que dice la escritura de acá. Omito algunas otras memorias que son de poca entidad. El P. Flórez (pág. 109) declaró muy bien lo que era el artificio de la carta formata, o sean testimoniales y como un pasaporte que el metropolitano de Narbona dio a nuestro obispo para el viaje que proyectó y acaso efectuó a Palestina. Mas la copia que enviaron a aquel escritor no es muy exacta ni conforme con el original que existe en este archivo. Y como este es un documento tan precioso, y el único de su clase que a mi entender tengamos por acá de los siglos medios, me he tomado el trabajo de copiarlo de nuevo con el esmero posible, y enviártelo tal cual está, dejando a los curiosos y de más ocio la investigación de las inexactitudes del que lo escribió (a: Apend. n. XXI). 

Otro punto muy notable es el de la época en que murió este prelado. El deán Moncada dice que se halló en la batalla que dieron nuestros condes a los moros junto a Córdoba, día 1.° de Septiembre del año 1010; mas que no pereció en ella, sino que viniendo acá enfermó en el castro Colónico en la Segarra, donde hizo testamento, y murió día 1.° de Agosto del año XIV del rey Roberto y 1010 de Cristo. De aquí resulta una contradicción que encarece mucho el P. M. Flórez, reducida a que si Arnulfo murió a 1.° de Agosto del año 1010, no pudo hallarse en la batalla de 1.° del Septiembre siguiente. A mí me constan con evidencia ambos extremos. 1.° Que el obispo murió a 1.° de Agosto del año XIV de Roberto, lo dice la escritura de la publicación y ejecución de su testamento, fecha a 31 del mismo mes, que existe aquí (813) original. 

2.° Que se hallase en la batalla de Córdoba y de ella saliese herido gravemente consta de su testamento original que va copiado (a: Apend. n. XXII), al fin del cual se lee: Haec omnia ordinavit Arnulfus episcopus, quando fuit reversus de Cordova in sua memoria IIII. Kal.. Augustas anno IIIIX. regnante Radebertus rex. Más claramente se ve esto mismo en la publicación que dije de ese testamento, en la cual afirman los testigos que se hallaron presentes ad ea ora quando reversus de publica expeditione Spaniae quondam Arnulfus episcopus, vulneratus graviter, atque detentus egritudine, quiescebat in lecto &c. Mas a pesar de que estas dos cosas son ciertas, y por lo mismo que lo son, no hay entre ellas contradicción alguna. Primeramente está controvertido entre los diplomáticos el año de la muerte de Hugo Capeto, diciendo unos que fue el 996, otros el 997, y algunos el 998; de manera que no está determinada la época cierta del reinado de su hijo Roberto. Sé que el P. Flórez, Campillo y otros tienen por más común la primera época, y yo soy del mismo parecer; según la cual el día 1.° de Agosto del año XIV de Roberto corresponde al año 1010. Mas ¿quién negará que hubo notarios que contaron por la segunda época del 997, así como hay escritores y muy clásicos que han seguido esta opinión? Así es que Balucio en la Marca Hisp. prefiere esta cuenta como la más conforme a los documentos de por acá, y la sigue en todos los que publica en esa obra. Con esto ya se ve que sería muy llano decir que el día 1.° de Agosto del año XIV de Roberto, en que murió Arnulfo, corresponde al de 1011; y que por consiguiente pudo hallarse en la batalla del Septiembre anterior. 

Mas a pesar de cuenta tan galana, sálenos al encuentro el obispo sucesor Borrell, que ya lo era ciertamente a fines del año 1010; con lo cual no es posible atrasar al año siguiente la muerte de Arnulfo, y se hace preciso buscar otra salida a la dificultad propuesta. Y yo la hallo sin salir de la cuenta que adoptó el P. Flórez, poniendo la muerte de Arnulfo en 1010, y asegurando que todavía se halló en la sobredicha batalla. Porque esta no se verificó, según se ha creído hasta ahora, en el día 1.° de Septiembre, sino a 21 del Junio anterior. Debo alegar con alguna extensión las pruebas de esta verdad que es tan nueva (a) como importante para la historia general de España, no sólo porque en aquel encuentro murieron los obispos de Barcelona y Gerona y el conde de Urgel Ermengol I, con otros personajes ilustres, sino porque allí comenzó a ir de caída el imperio de los árabes (N. E. que sólo duraría hasta 1492, con la toma de Granada por los reyes católicos Fernando II de Aragón etc, e Isabel I de Castilla etc; sólo 482 añicos, un soplo en la historia de la lengua catalana). 

(a) No llamaría yo nueva a esta verdad histórica, si cuando hice y escribí mi viaje en 1805, estuviera ya impreso el tomo XLIII de la España sagrada, que ahora poco se ha publicado en 1819. Y en esto caso hubiera también dejado intacta dicha cuestión, la cual tan detenidamente han ilustrado sus diestros compiladores. Mas pues ya lo escribí, y con el gusto de ser el primero que descubriese la verdadera época de dicha batalla, no creo que nadie me reprenda si al cabo de tantos años de silencio involuntario, repito algunas de las cosas que otros más felices en esto pudieron ya comunicar al público. Tanto menos, que si no se halla aquí la copia de doctrina que puede cómodamente recogerse de obras magistrales impresas, se hallarán algunas noticias de los archivos, que no pudieron ver aquellos sabios historiadores, que es el mejor y más sólido fruto que puede presentar un viajero, que en la historia no tiene más oficio que el de un simple aparejador

Dejando pues a un lado para cuando haya más ocio el examen de cronicones e historiadores, lo que como viajero he recogido hasta ahora es lo siguiente. 

1.° En el monasterio de S. Benito de Bages vi una escritura fecha a 29 de Julio del año XXXVI de Roberto, 1031 de Cristo, y es una declaración de testigos sobre la pérdida de ciertos derechos, la cual había acontecido 23 años antes, es a saber, XV. Kal.. Augusti, anno XIII. regnante Rotberto rege, y añaden los testigos: hoc fuit anno antequam Remundus comes in expeditione Cordube profectus fuisset, et quando relinquit ibi defuncto fratre suo Ermengaudo comite. La pérdida de esos derechos dicen los testigos que se verificó un año antes que se hiciese la expedición a Córdoba; y ese año dicen que era el XIII de Roberto. El año XIII de este rey empezó en 24 de Octubre de 1008; luego el XV. Kal.. Aug. del año XIII era el 18 de Julio de nuestro 1009. Eso dicen los testigos que aconteció un año antes de la expedición de Córdoba; luego la expedición de Córdoba y la muerte del conde de Urgel, y de los otros obispos, y la herida del nuestro fue en 1010. Esto en cuanto al año. Vamos ahora al día. 

2.° En el archivo de esta iglesia (let. A. n. 9) hay un testamento sacramental, fecho en Barcelona XVII. Kal.. Ianuarii, anno XV. regnante Roberto rege, en el cual los testigos Adalberto, Vivas, Aeicio y Juan, jurando sobre el altar de Santa María del Mar, aseguran que los dos hermanos Elías y Gondemaro ad ea ora, et illud tempus, quando initum fuit ULTIMVM praelium post Cordubam cum exercitu de Domno Raimundo, et catervas barbarorum, dijeron a estos testigos, que también iban a entrar en la misma batalla, que si morían in ipso instante praelio, quod eis vel nobis iminebat acriter vel fortiter de ipsos bárbaros, dejaban a su hermano Eroigio por heredero del alodio de Celada en Barcelona in Buadella antiqua. Explicada así la voluntad de los dos hermanos Elías y Gondemaro, continúan diciendo los testigos: Et tunc continuo introierunt, et nos introivimus pariter cum illis in ipso praelio; et ipsi praedestinati à Deo accidit sicut... et nusquam comparuerunt. Nobis vero concedit pietas superna evadendi per sua gratia; et evasimus vivi inde sicut placitum fuit maiestatis suae gloriam. Et ea quae hic dicimus et proferimus... iurando recte et veraciter testificamus... Et fuit praefatum praelium in mense Iunio, IIII. feria, XI. Kal.endas Iulias, anno IIIIX. rege Roberto regnante in Francia. Siguen las firmas originales con la fecha arriba dicha.

Aquí tenemos cuatro testigo oculares, que a 16 de Diciembre del año 1010 aseguran que la batalla última de Córdoba fue miércoles día 21 del Junio anterior. Porque ya se sabe que este testamento sacramental debía como todos según la ley goda hacerse dentro de los seis meses (a) de la muerte del testador, so pena de nulidad. 

(a) En el citado tomo XLIII de la Esp. sag. (p. 156) se dice que este juicio fue formado diez y ocho meses después de la batalla. Basta lo dicho en el viaje para deshacer esta equivocación. 

Y pues ellos no tenían interés en alterar la época de aquel suceso, ni era regular que olvidasen trance tan arriesgado, en que así peligraron sus vidas, debe tenerse su dicho por cierto. La expresión última batalla claramente denota que antes hubo otros encuentros, mas que después del 21 de Junio ya no hubo otro, y que es supuesto el del día 1.° de Septiembre. Y no te perturbes al ver que ese 21 de Junio es del año XIV de Roberto, y el 16 de Diciembre inmediato es ya el año XV del mismo rey. Ambos meses son del año 1010, comenzando a contar el notario el año XV en 24 de Octubre, época de aquel reinado. De otro modo no se cumpliría la ley que sólo permitía un semestre para estas declaraciones testamentarias, como saben todos los que han visto los Usajes (Usatges) y otras ordinaciones catalanas sobre esto. De paso advierto que la rareza de escribir anno IIIIX (anno quarto decimo) la veo no pocas veces usada por acá en aquellos siglos, en que al señalar los años y días con notas romanas, posponían la decena a la unidad; v. g. VIIX = IXX (septimo decimo = nono decimo),  guardando en la colocación de los números desde el 13 hasta el 19 el mismo orden con que los pronunciarían. 

3.° El obispo Borrell sucesor de Arnulfo fue electo acaso en el mismo mes de Agosto, y lo más en el Septiembre de ese año 1010, como se dirá en su lugar. Luego la batalla que fue ocasión de la muerte de Arnulfo fue mucho antes del 1.° de Septiembre. 

¿Cuánto más pesan estas pruebas que el epitafio de Otón, obispo de Gerona, de quien también se dice que murió en aquella batalla, y es el único apoyo del P. Flórez (a) y de todos los demás que la fijan en 1.° de Septiembre? Porque ya se sabe lo que 

son los epitafios, compuestos acaso mucho después de los sucesos y muertes de las personas, y también se sabe lo que es la libertad de los poetas rimadores, y más de los leoninos, y las angustias en que se verían para encontrar consonantes. 

(a) No puedo dejar de congratularme con los autores del citado tomo XLIII por haber tenido la ocurrencia de dirigirse a nuestro común amigo Don Félix Torres y Amat,  sacrista de Barcelona, para que examinase el sepulcro del obispo Otón, y desvaneciese la fantasma de este epitafio, que por espacio de tantos siglos ha traído engañados a los historiadores más críticos. Porque todos creyeron que en el sepulcro estaba esculpido lo que se leía en una tabla colgada al lado de él. Y yo lo creí también, cuando estuve en el monasterio de S. Cugat (San Cucufate): que ni siquiera me ocurrió otra cosa. Mas ahora con la buena diligencia de dicho Sr. Torres sabemos que en el sepulcro hay un letrero diferente, del cual se han empezado a descubrir algunas palabras sueltas, en las cuales por de contado se menciona batalla de moros y el año mille decem. Es de creer que con el tiempo se acabará de descubrir la inscripción. 

No entiendas que en esto que digo trato de curarme en salud; antes en la misma letra del epitafio, aunque hallo que el obispo Otón murió día 1.° de Septiembre; mas no hallo que la batalla fuese ese día. Dice así: 

Nam in bello Cordubensi cum pluribus aliis 

Morte ruit datus ensi coeli dignus gaudiis 

….....

….....

Erant anni mille decem post Christi presepia, 

Quando dedit isti necem prima lux Septembria. 

Aquel morte ruit es poético, y el dedit necem es histórico. Sin duda olió esta diferencia el sabio dominicano Diago, que en el episcopologio Gerundense, aunque pone entero el epitafio, y confiesa que Otón murió en 1.° de Septiembre, anticipa la batalla al 21 de Agosto. Aténgome a la declaración de mis cuatro testigos, según la cual nuestro Arnulfo, herido gravemente en la refriega de 21 de Junio de 1010, pudo restituirse a su diócesis, hacer testamento a 29 de Julio, y morir de allí a dos días. 

Porque no me quede escrúpulo, advierto por último que la historia de Languedoc (lib. XIII. c. 55.) llama equivocadamente Arnaldo a nuestro obispo. Vamos al sucesor. 

BORRELL 

desde 1010 hasta 1017. 

En la publicación del testamento del difunto obispo Arnulfo, fecha como se dijo a 31 de Agosto del año XIV de Roberto, último día del mismo mes en que murió aquel prelado, se halla ya la suscripción del sucesor: Borrellus ach (ac) si indignus episcopus. Yo no creo que su elección se verificase tan pronto, que a los 30 días de la vacante estuviese no sólo electo, sino confirmado. Y así tengo por cierto que esta suscripción es posterior a aquella fecha, cuando ya hecho obispo aprobaría y ratificaría las donaciones de Arnulfo a la canónica, y la ejecución de su testamento. Muéveme a esto particularmente el ver que en el cuerpo de dicha escritura suena como uno de los albaceas (helemosinarii) (N. E. elemosina, eleemosyna, almoyna, almoina: limosna; los albaceas testamentarios debían repartir las limosnas que legaba o dejaba el testamentario) del difunto un Borrello canónigo de S. Pedro, donde era regular que expresasen su nueva dignidad, si ya la obtenía al tiempo de extenderse la escritura en el 31 de Agosto.

Mas así como no debe anticiparse tanto su elección, tampoco debe atrasarse al 1.° de Octubre de 1011, como quiere el P. M. Flórez. El documento en que para ello se funda dicho escritor, que es el que se halla en la Marca Hisp. (Apend. n. CLXII.), me parece que ya la supone hecha; y si allí se refiere, es como un preliminar del pacto que hicieron los canónigos con el conde Raimundo. Porque muy cierto es que las escrituras de elecciones de obispos tienen otro carácter y manera. Por otra parte es indubitable que a 18 de Noviembre del año 1010 era ya obispo, y que como tal dio su consentimiento para la restauración de la canónica Aquisgranense en la iglesia de Urgel por su obispo S. Ermengol; de lo cual se dirá a la larga en lo de aquella iglesia. 

Casi puede asegurarse que la madre de este obispo se llamó Ingilrada (N. E. un nombre típico catalán), y que junto con esta dignidad poseyó la abadía de S. Félix de Gerona. Ambas cosas se leen en una escritura de homenaje o fidelidad, que como todas las de su clase está sin fecha, pero no por eso deja de ser original y escrita en aquel tiempo; en la cual un Pedro obispo promete a Borrell obispo serle fiel, no usurparle sus posesiones, y oponerse a cuantos quisieren dañarle en ellas, exceptis Ermessendis comitissâ (condesa Ermesinda, comtessa), et filio suo Berengario (su hijo Berenguer). No hallo por estos tiempos condesa de este nombre con tal hijo, sino la mujer de Ramón Borrell, conde de Barcelona, que lo fue desde el año 993 hasta el 1017. Así que esta nota pertenece sin duda a este pontificado, y el Borrell es nuestro obispo, y el Pedro es el de Gerona. Y aun tengo por cierto que deberá reducirse al año 1013, cuando estos dos obispos con otros muchos se congregaron en Barcelona a tratar de otros negocios, como dice el P. M. Flórez (pág. 119). Va copia de este documento (a: Apend. n. XXIII), que acaso despertará la curiosidad para adelantar algo más en las memorias de nuestro prelado. Omitió el P. Flórez la noticia de su sepultura, la cual se halla en el necrologio con estas palabras: VI. Kal.. Martii obiit domnus Borrellus episcopus venerandae memoriae: sepultus est in cripta subtus ecclesiam Sancti Michaëlis. Si el obispo murió en Gerona, como dice el P. Flórez, y como lo aseguró el sucesor Oliva, sin duda se trajo acá su cadáver, porque el necrologio indica en sus mismas palabras que la iglesia de S. Miguel estaba aquí. Algunos han creído que esta iglesia o capilla fue fundada por S. Ermengol obispo de Urgel, movidos de lo que se lee en su testamento sacramental de 1035, donde hay una manda a Sancto Michaële Archangelo, quem ille aedificavit in sede Vico, propter remedium animae domno Sallano (Salla) episcopo, que era su tío y antecesor. Mas esto no vale, porque el sede Vico era también Urgel, que así se llamaba comúnmente en los instrumentos y en este mismo testamento. El S. Miguel que edificó S. Ermengol era una iglesia de aquella ciudad, donde se profesó la regla Agustiniana, cuyo abad era canónigo, y sus súbditos también, formándose como acá una sola canónica de propietarios y no propietarios. Esa iglesia de S. Miguel es la que hoy tienen allí los PP. Dominicos. 

De todo esto se dirá largamente en aquel viaje. Acá basta para desengaño lo que ya dijimos del obispo Wadamiro, que dedicó la iglesia de S. Miguel en esta sede de Vique. Lo cual se verificó casi medio siglo antes que S. Ermengol viniese al mundo. Estaba esta capilla dentro de la catedral, con capellanía anexa a un canonicato, y el que la poseía se llamaba rector Sancti Michaëlis. Esta palabra rector, que en el día sólo se aplica a los curas párrocos, servía antiguamente para indicar el poseedor de una capellanía; el cual así como percibía los frutos, oblaciones y otros emolumentos pertenecientes a ella, así estaba obligado a cuidar del aseo y de cuanto tocaba al buen estado y régimen de la capilla o altar. De lo dicho se infiere que el entierro de nuestro obispo estuvo en esta capilla de S. Miguel, construida ya mucho antes de su muerte, la cual llamó el necrologio iglesia. 

OLIVA 

desde 1018 hasta 1046. 

Acerca de este célebre obispo, de quien trató el P. M. Flórez con la debida extensión, tengo que añadir las memorias siguientes.

En primer lugar va copia de la dedicación que hizo en el año 1022 de la iglesia de S. Pablo apóstol y S. Pablo confesor del lugar de Pino en el Conflent, a la que asistió también su sobrino Guifredo arzobispo de Narbona, hijo de su hermano conde de Cerdaña. Esto que dice la escritura es una prueba más de que Oliva era hijo de Oliva Cabreta conde de Besalú y de Cerdaña. Las fechas están conformes, salvo la indicción que debe ser V y no IV. La copia es del original que vi en el monasterio de Camprodón (a: Apend. n. XXIV). (N. E. Campus rotundi, Camp rodó; campo redondo, rotundo)

También he copiado de este archivo (339) la escritura de composición que hizo con Bernardo Sendredo sobre las iglesias suburbanas del castillo de Gurb, propias de esta sede; de lo cual habló Flórez (pág. 128), pero sólo por lo que leyó en Moncada. 

El cuento tiene gran conexión con la historia eclesiástica de aquel tiempo, y es menester aclararlo. El obispo Fruiano había dado estas iglesias de que se trata ad victuaria canonicae, con pena de excomunión que no se enajenasen; mas luego las consignó el mismo en beneficio a Bonefilio (Bonfill) canónigo de esta iglesia, y hermano de Sendredo, señor del castillo de Gurb. Confirmó esta consignación el obispo sucesor Arnulfo, y muerto Bonefilio las dio a Berenguer clérigo, hijo del sobredicho Sendredo. Aprobólo todo el obispo sucesor Borrell; porque esta era la costumbre, dar en censo de por vida a los canónigos las fincas inalienables de la misma canónica. Promovido a la sede de Elna el sobredicho Berenguer, trató el obispo Borrell de recobrar para la canónica las citadas iglesias; en lo cual hubo reyertas y grandes oposiciones de parte de Berenguer y de su padre Sendredo que querían conservarlas: en términos que Borrell acudió al concilio que se celebraba en Narbona, presentando y pidiendo confirmación de la escritura de excomunión impuesta por el obispo Fruiano. Hízose así, y con autoridad del concilio fue despojado de dichas iglesias Sendredo con su hijo Berenguer obispo de Elna. Muerto luego el obispo Borrell en Gerona, acudieron los dos agraviados al sucesor Oliva, alegando que era falsa la escritura presentada al concilio con el nombre de Fruiano. No sé qué es lo que pudo creer nuestro obispo en este caso; lo cierto es que consultado el negocio con el metropolitano Guifredo (Wifredo, Guifre), y con los obispos Amelio de Albi, Guifredo de Carcasona, Guadallo de Barcelona, y Berenguer de Elna, y levantada la excomunión sobredicha, restituyó las iglesias a Sendredo, con la condición de que ofreciese un hijo in clericum, y que mientras fuese niño pusiese en su lugar unum statorem, y que en caso de morir todos sus hijos, quedase Sendredo con las iglesias de por vida, y luego tornasen a la canónica. Agradecido a esto Sendredo dio al obispo veinte onzas de oro, y ofreció mantener una lámpara ante el altar de S. Pedro, y dar a la canónica una buena comida el día de S. Andrés. Hízose esta concordia IIII. nonas Aprilis, y no hay más de fecha; pero ha de ser dentro de los años 1029 a 1035, que son los en que Guadallo aquí nombrado fue obispo de Barcelona. La importancia de este documento tal cual está (a: Apend. n. XXV) se conocerá más abajo, cuando en el pontificado siguiente se hable del concilio de Narbona de 1055, donde según yo pienso, fue condenada esta escritura como sacrílega y contraria a las leyes eclesiásticas. 

Más gloriosa es para el obispo Oliva la noticia siguiente, poco conocida entre nosotros. Sábese que este prelado, siendo también abad de Ripoll, fue al mismo tiempo abad de S. Miguel de Cuxa en el Rosellón. Mas no saben muchos que en calidad de tal decretó en el año 1027 el culto solemne que debía darse al B. Pedro Urseolo (ursus: oso : onso : Ursino), gran Dux (Duce, duque; ducere, ducto, guía, conductor, etc, Führer alemán al tiempo de Hitler, Führerschein : carnet de conducir; Mussolini, il Duce, etc) de Venecia, que abandonada aquella dignidad se vino huyendo a este monasterio, donde vivió penitentemente por espacio de 19 años, y murió en el de 997. Trata de esto el arzobispo de Ancira Justo Fontanini en la disertación que imprimió en Roma en 1730 de S. Petro Urseolo, Duce Venetorum, postea monacho ordinis S. Benedicti. 

La escritura de la consagración de esta catedral hecha en 1038 existe original en este archivo, y de ella he querido sacar la adjunta copia (a: Apend. n. XXVI), porque la que se envió al P. Flórez está diminuta, inexacta y poco decorosa a la erudición diplomática de tan sabio escritor, que se vio en la dura necesidad de pasar por lo que le enviaron. Con ella está más conforme el traslado que existe en el archivo real de Barcelona hecho en 1215, el cual examinó D. Manuel Abella, y de él sacó muchas variantes que envió al Sr. obispo actual.

Va también copia de la escritura que dicho P. Flórez extractó en el artículo de este obispo (n. 22) llamando Selp al castillo que ella nombra Speut (a: Apend. n. XXVII). 

Debe también añadirse a sus memorias la dedicación que hizo de la iglesia de San Miguel in castro Rocheta, propio de Aleman Cervelló, el cual en reconocimiento se obligó a pagar a la catedral de Vique una libra de cera en cada sínodo, a cuyo congreso debía también concurrir el capellán de dicha iglesia. Fue esto a 21 de Abril 

de 1043, año XII del rey Enrique. Va copia de esta poca cosa (b:  Apend. n. XXVIII). 

El M. Flórez propuso con duda la muerte de nuestro obispo Oliva en el año 1046. 

Mas es cierto e indubitable que murió ese año, III. Kal. Novembris, feria V. hora VIIII. iam decedente. Es decir a 30 de Octubre, que ese año fue jueves, por regir en él la let. dom. E. 

Esto dice la encíclica (enclítica) inédita, que según la loable costumbre de aquellos tiempos escribieron los monasterios de Ripoll y de Cuxa (cuyo abad había sido el difunto) a varias iglesias y monasterios de la provincia Narbonense, que son en todo 

más de 80. Existe esta carta en el archivo de Ripoll, junto con las contestaciones en 

prosa y verso; de las cuales he copiado dos para muestra, es a saber, la de la catedral 

de Vique, y la del monasterio Karrofense, en la diócesis de Poitiers (a: Apend. n. XXIX.). (N. E. Karrofense me suena a Garraf, cerca de Sitges, y a garrofa, algarroba)

La costumbre en estas ocasiones era que muerto algún ilustre obispo o abad, su iglesia o monasterio dirigía, como dije, esa carta noticiando su óbito y elogiando sus virtudes. Al correo o portador de la carta llaman las contestaciones cedifer, pellifer, gradiens callem itineris, gerulus, gramatoforus y otros tales dictados. Los que le enviaban pedían que adonde llegase le diesen comida y alguna ayuda de costa para pasar adelante. Lo ordinario era escribir al mismo tiempo los nombres de los obispos, abades, canónigos y monjes recién difuntos. Lo mismo hacían en sus respuestas las iglesias y monasterios. Omitiose esto en la presente encíclica, donde se lee: nostrorum vero fratrum defunctorum nomina, quibus vestrae pietatis deposcimus solatia, ideo hic non sunt notata, quoniam ei sunt nota, qui nichil nesciens novit omnia. La costumbre de escribirse los nombres de estos difuntos en una tablita que se tenía presente al tiempo del sacrificio de la misa, consta de la respuesta que a dicha encíclica dio el monasterio de S. Pablo (y no expresa cuál es) donde se lee: eius (Olivae) nomen in paginola super altaria in commemoratione conscripsimus. He aquí a mitad del siglo XI conservada la costumbre antigua de los dípticos. Es también de notar que estas contestaciones se escribían a continuación de la encíclica, sin otro orden que el del tiempo en que se recibía, cosiendo nuevos trozos de pergaminos según la necesidad, y formando de ellos una sarta de algunas varas; y cuando ya les parecía que para el número de monasterios e iglesias que faltaban era bastante el respaldo de los pergaminos, en él se continuaban las contestaciones. Con lo cual formaban un volumen escrito por de dentro y por de fuera. Además de este precioso monumento, 

quedan en el mismo monasterio de Ripoll otros dos iguales, uno en la muerte del abad Seniofredo, que murió a 4 de Julio del año 1008, y otro en la del abad Bernardo a 20 de Junio de 1102. De ellos me he aprovechado bien para la noticia de abades y obispos recién finados en esta provincia. No dejo de extrañar que de toda ella sea este solo el archivo que conserve esta especie de documentos, que no son poco importantes para la historia y literatura de aquellos tiempos.

Volviendo a las cosas del obispo Oliva, el día 30 de Octubre en que murió consta también expresamente en la escritura de elección de su sucesor en la abadía de Ripoll, la cual comienza así: Anno millesimo quadragesimo VI. III. Kal. Novembris, feria V. excessit à saeculo feliciter domnus Oliva, bonae memoriae, eximius pater, episcopus Ausonae, et abbas caenobii Sanctae Rivipollentis Mariae. Anno vero millesimo XLVII. incarnationis Christi venit domnus Guillelmus inclitus comes in caenobio Sanctae Dei genitricis Mariae Rivipollentis, II. Idus Marci, et praefecit ipsi caenobio domnum Petrum abbatem &c. Esta escritura vi en el archivo de aquella casa (caj. 1. leg. 4. n. 7). 

Sobre el lugar de su sepulcro, el P. Flórez (pág. 32) impugna a Yepes en lo que dice que el difunto obispo fue trasladado a Ripoll desde Cuxa donde murió. Es cierto que hasta ahora no se ha descubierto prueba alguna que nos asegure de esta traslación; pero no deja de ser respetable la tradición de Ripoll, que señala por lugar de su entierro un sepulcro de piedra que hay en su iglesia, pegado a la pared lateral del coro, y bastante elevado sobre el pavimento, en el cual está entallada una figura antigua de obispo. Más es, que ya de tiempo inmemorial los monjes, celebrado su aniversario el día 30 de Octubre, van a dicho lugar, y allí cantan un responsorio por el alma de ese prelado. De los escritos de este sabio obispo sólo se conocen hasta ahora el sermón en la fiesta de S. Narciso, y la carta al rey de Navarra D. Sancho el Mayor, y alguna otra cosilla de que ya habló el P. Flórez. Yo puedo añadir la noticia y copia de un breve poema que compuso en alabanza del monasterio de Ripoll y de su iglesia. Refiere en él los nombres de los condes que allí están enterrados, y también de los abades que gobernaron la casa. Entre los cuales (después de haber hablado de sí mismo en tercera persona) se cuenta él con estas palabras: 

Septimus ipse sequor, qui nunc sum carminis auctor. 

Esta obrilla existe en la biblioteca de dicho monasterio (vol. fol. vit. n. 57). 

El primero que yo sepa que tuvo noticia de ella, fue el P. M. Fr. Benito Ribas, monje benedictino de Monserrate. Yo la he copiado del mismo códice, y va adjunta (a: Apend. n. XXX). Allí mismo (vol. n. 40) se hallan escritas de letra del siglo XI dos cartas inéditas de nuestro obispo. Una dirigida a los monjes de Ripoll, participándoles las constituciones establecidas en el sínodo que acababa de celebrar, y encargándoles su observancia, y que las comuniquen domno Pontifice para su cumplimiento. Quién fuese este domno Pontifici no es fácil decirlo, porque el que escribía la carta era también abad de Ripoll. Acaso quiso designar con esa expresión a Wifredo, obispo de Besalú desde el 1017 hasta 1020 o poco más, y después obispo de Carcasona, pero residente en los lugares inmediatos de S. Juan de Ripoll y Besalú hasta su muerte en 1054: y que por lo mismo debía estar enterado de las leyes eclesiásticas que regían por acá, siendo la mayor parte de ellas ordenadas tan en pro de la agricultura y del comercio, como verás en la copia adjunta (a: Apend. n. XXXI). Mas esto no pasa de conjetura. La otra carta que decía, debe llamarse más bien una memoria que dejó a sus sucesores en la abadía de Ripoll, encargándoles el cumplimiento de lo que había establecido, es a saber, que se cantase un aniversario por todos los hermanos difuntos el día en que se lee el evangelio de la resurrección de Lázaro, lavando además los pies a trece pobres, en reverencia de J. C. y de sus doce apóstoles, y sirviéndoles comida y vestido. Digo que este encargo se hace a los abades de Ripoll, porque al margen de este MS. se halla el decreto de Raimundo abad de aquella casa, en que renovando lo mandado por su antecesor Oliva, lo recomienda de nuevo a sus sucesores. Y así debe entenderse el ir la carta dirigida karissimo successori katedrae nostrae (a: Apend. n. XXXII).

Advierto que no confundas, como han hecho muchos bibliógrafos, los escritos de este obispo Oliva con los de otro del mismo nombre monje también de Ripoll, y que floreció al mismo tiempo. La distinción de ambas personas, y los escritos del segundo se dirán oportunamente en su lugar. 

 

GUILLERMO 

 

desde 1046 hasta 1075. 

 

Era este obispo hijo de Guifredo, y hermano de Bernardo Guifredo de Balciarenno (Balsareny) casado con Bonadona, llamada también Guascha (N. E. igual Wasca, Wasqa, Huesca, Osca, que Gascuña, Gascogne, gascón, etc). Todos estos le ofrecieron por canónigo a la iglesia de Vique siendo obispo Oliva día 23 de Octubre del año II del rey Enrique (1032). En esta ocasión dieron los oferentes a la canónica todo el señorío de Castelet y los mansos de Puigladre, Peralta y Puig, y el honor y pertenencias de la parroquia de Santa María de Balsareny. El obispo dio al nuevo canónigo la posesión de los mansos de Caneles y Pujol, y el honor de Villalambert, pagando él por censo a la canónica en cada un año duos porcos canonicales.

La identidad de este Guillermo con nuestro obispo se convence por el necrologio de esta iglesia, donde se lee: XIII. Cal. Augusti obiit Bernardus Guifredi de Balciarenno, frater dicti Guillelmi pontificis: y también por el testamento del mismo Bernardo de 18 de Octubre año XV del rey Enrique (1046), donde dice que es hermano de Guillermo, arcediano entonces de esta iglesia, y es el electo obispo poco después. Así que no hay duda en este parentesco apoyado en documentos legítimos. Y es bien extraño que no 

se haga en ellos mención del deudo con el obispo Oliva, que el P. Flórez supone, siendo según su cuenta el oferente hermano de dicho Oliva, y el ofrecido su sobrino. Bástame proponer esta duda; por lo demás no tengo a mano con qué contrarrestar los fundamentos en que apoya su dicho aquel sabio escritor. 

Mejor pudiera desvanecer la calumnia con que Balucio (Marca Hisp. col. 447) denigró el clero de nuestras iglesias, suponiendo que en ellas se toleraba el matrimonio de los canónigos. Porque leyendo que nuestro obispo Guillermo, con anuencia de los suyos, dio en feudo el castillo de Medalia en el año 1052 a Ermengol Ermemiro, canónigo de esta iglesia, y a su mujer e hijos, tuvo por cierta su sospecha, y concluyó: Mirum valde est fuisse inter eos canonicum coniugatum. Sed id tamen insuetum non fuit ea tempestate in his regionibus. No hubo más, leyó canónigo, y lo supuso eclesiástico. ¿Qué diría, si leyera los nombres de varias canónigas? No se acordó tan sabio escritor de que en todas las iglesias había canónigos legos de ambos sexos: y que los archivos están llenos de testamentos de canónigos casados, los cuales se llamaban así, no por ser admitidos al ministerio, sino a la porción canonical, la cual les concedían agradecidos a las pingües donaciones con que dotaban las canónicas, o a otros beneficios que les hacían, o por convenios particulares (a: V. sup. pág. 64). 

A esta manera nuestro rey católico es canónigo de varias iglesias, en cuyos coros toma asiento como tal, y recibe la porción que le corresponde. Así la iglesia de Barcelona llamaba canónigos a los pescadores. Y ya se sabe que la palabra canónigo tiene dos etimologías; porque o se toma à canone sive regula, esto es, norma de vida clerical, o à canone, esto es, nómina o lista de los pertenecientes a la iglesia en cualquier manera, o en cuanto al servicio de ella, o en cuanto a la participación de sus frutos. Basta de esto por ahora; porque lo que toca al obispo Guislaberto (Gisbert) de Barcelona, que cita el mismo escritor, se examinará en su lugar. 

Volviendo a las memorias de nuestro obispo Guillermo, el P. Flórez refiere el viaje que hizo a Roma hacia el año 1050. Yo tengo motivo para creer que lo repitió diez años después; porque en el testamento sacramental de Guillermo Cixile, canónigo de esta iglesia, que dispuso de sus bienes estando para ir a Roma, dicen los testigos:

“Ego Petrus Guillelmi sacerdos et canonicus &c. qui illo interprete cum domino Guillelmo pontífice revertebamur à Romana Urbe, iurando testificamur super altare Sancti Benedicti in Sede Vici, quia vidimus... Postea ex illa infirmitate ex parte convaluit, et ut medicaretur à medicis ad Florentinam Urbem adiens in mense Februario, ibi ab hoc saeculo decessit. Quod est actum Idus Iunii anno primo regis 

Philippi.” Este año es el de 1060; y como estas declaraciones se hacían antes de cumplirse los seis meses de la muerte del testador, es preciso decir que a fines del año antecedente volvía de Roma nuestro prelado, acompañado de este intérprete que murió en Florencia. Mayor certidumbre tenemos de otro viaje del mismo obispo al concilio de Narbona en el año 1055. Ya dije en el pontificado de Oliva la concordia que este hizo con Bernardo Sendredo sobre las iglesias sufragáneas de Gurb, las cuales le dejaba solamente durante su vida. Parece que muerto Sendredo, Guillermo uno de sus hijos pretendería vincularse la posesión de ellas. Lo cierto es que nuestro obispo Guillermo logró que en el citado concilio se fulminase excomunión contra dicho poseedor, y que se declarase por los Padres que era nula, sacrílega y forjada sophisticâ machinatione la escritura que él había presentado en abono suyo, la cual según el tenor de aquel decreto era la concordia insinuada del obispo Oliva. 

Manda asimismo el concilio que se esté a la excomunión fulminada por el obispo Borrell, y en su virtud sean despojados de las tierras y derechos anexos sus injustos poseedores. Mejor se verá esto que digo en la copia del documento original que existe en este archivo, sacada con increíble trabajo por lo descolorido de la tinta (a: Apend. n. XXXIII). 

Advierto que no se han publicado las actas de este concilio, que yo sepa, y que no fue a 1° de Octubre, como dijo Flórez siguiendo a Moncada, sino a 27 de Septiembre del año XXV del rey Enrique. Muy precipitadamente hizo este obispo el viaje a Narbona, pues a 12 del mismo mes y año me consta que se hallaba en Ripoll excomulgando a los usurpadores de los bienes de aquel monasterio, como vi en su archivo; y a 27 del mismo ya había logrado con su presencia en Narbona aquel decreto conciliar. 

En el año 1062 y II del rey Felipe, día 23 de Agosto, dedicó la iglesia de San Martín del lugar del Brull, edificada por Guilia vizcondesa de Cardona, y dotada por Ramón Folch y su mujer Ermesinda, vizcondes del mismo título. Todo lo cual confirmó nuestro obispo según costumbre; aunque el exordio y remate de la escritura tiene su originalidad en algunas cláusulas muy ponderadas. De la cual no diré más, ni va copia, porque sólo hallé un traslado de ella en el archivo de la misma parroquia. Y a trasladar traslados no 

me sé acomodar, si no hay de ello grande necesidad.

Otro viaje o cruzada del mismo obispo contra los moros de España consta por el testamento que hizo un Pedro Bernardo a 7 de Octubre, año IIII del rey Felipe (1064), el cual empieza así: In nomine Domini. Ego Petrus Bernardi volo pergere cum domno Guillelmo pontífice, seu cum ceteris fidelium turmis, in Ispania pro amore Dei: et ideo facio hunc testamentum &c. La escritura está en este archivo (núm. 1442). 

La expedición que indica sería la que por entonces se emprendió contra el territorio y ciudad de Barbastro, que fue ganada de los moros a principios del año siguiente 1065. 

Del año 1066 queda una noticia importante para la historia de este país, y es la erección de la abadía y dedicación de la iglesia de S. Marcial de Monseny, monte situado a 4 leguas al E de esta ciudad de Vique. Ya de más antiguo había en Monseny (inter duo montis signa) una iglesia de S. Marcial, a donde Guifredo, instruido desde la niñez en las letras sagradas y educado en la disciplina monástica, se había retirado con algunos monjes, erigiendo el lugar en monasterio, y gobernándolo sin título de abad. Este dictado se dio ahora al mismo Guifredo por nuestro obispo, el cual a ruegos de los monjes y del noble Umberto, hijo de Otón y de su mujer Sicardis, y del hijo de ambos Guillermo, que dotaron la nueva casa, la elevó a abadía de la orden de S. Benito, confirmándole con la autoridad canónica y bajo las penas de estilo todas las posesiones que le dieron los fieles. La escritura que de esto se hizo, existe original en el archivo del monasterio de S. Salvador de Breda (a: Apend. n. XXXIV), escrita por el mismo abad Guifredo en cuyo favor se hacía, el cual subscribe así: Wifredus abba, qui amore Dei, et Sancti Marcialis honore, hanc dotem per se ipsum, VI. Idus Decembris, et in anno millesimo LX.VI. ab incarnatione Domini scripsit cum litteris superpositis, et VI. anno Philippi regis Francorum sub+scripsit. De paso advierto que esta es una de las pruebas más claras de la costumbre que entonces había de firmar las escrituras de donaciones, como testigos de ellas, los mismos en cuyo favor se hacían; de lo cual me acuerdo que trata Mabillon de re diplomática. Cosa que por no saber algunos historiadores, han dado por fingidos algunos documentos con no pequeño daño de la historia. En el que digo firma también de su mano nuestro obispo, y muchos de los canónigos de su iglesia, y el abad Suniario, que sin duda era el de Breda. Entre las posesiones de la nueva abadía es notable la siguiente: Omne alodium apud marítima in loco vocato Argentona, ubi cognominatur CIVITAS FRACTA vel ALCRONA. 

La civitas fracta es la ciudad de Mataró; y esta es una nueva prueba de haberse llamado así en el siglo XI, en alusión a la grandeza del antiguo Iluro, o bien de fretum o 

freta, como dice Tarafa en un diccionario geográfico que conserva la biblioteca del Carmen descalzo de Barcelona (cod. N. núm. 350). El mismo escritor conjetura que Argentona se llamaría antes Argantona por ser fundación de Argantonio rey de los Tartesios. Pero esto ya se sabe lo que vale: y también se sabe que es fácil distraerse del asunto principal.

Volviendo pues a él, y después de recordar que nuestro obispo asistió al concilio de Gerona de 1068, del cual se tratará en lo de aquella iglesia, digo que el remate de este pontificado necesita de alguna ilustración. Hizo el obispo su testamento a 6 de Febrero (no a 4) del año XIV del rey Felipe (1074). Su exordio es este: “In nomine Domini. Ego Guillelmus dictus episcopus Ausonensis ecclesiae, quia divinâ largiente gratiâ actenus fui in magna constantia valde repletus de magna substantia, antequam veniat dies ultima, dum adhuc sum in mea sanitate, et memoria, volo relinquere omnia, et Christum sequi ex toto corde cum omni diligentia ac patientia. Habeo quidem in animo fixum, ut faciam me monachum; et antequam (pergam) ad cenobium, in quo debeam plangere meum peccatum, meum facio testamentum &c." 

Parece que puso en ejecución su deseo de retirarse a un monasterio, aunque no se 

sabe cual: pues con fecha de 7 de Junio del año XV del mismo rey (1075) hay aquí una escritura de arriendo de ciertas tierras en Vilalleons, que comienza de esta manera: 

In nomine Domini. Ego Guillelmus OLIM dictus episcopus, et Guillelmus sacristanus, et ceteri canonici Sancti Petri &c. Es claro lo que significa aquel olim; mas por otra parte parece que no debió renunciar la silla, puesto que desde su retiro cualquiera que fuese, hacía este y otros actos de jurisdicción y propiedad. Acaso podrán componerse ambos extremos diciendo que el obispo no se hizo monje en monasterio distinto de su 

iglesia, sino que abrazó el monacato y la vida común que prescribió a esta canónica su antecesor Wadamiro en 957, según dije en los correos anteriores: en los cuales se vio también que había en esta canónica monjes y no monjes. Así que no saliendo de su iglesia, y siendo (aún monje) cabeza de la canónica, pudo nuestro obispo ejercer dicha jurisdicción; aunque siempre será difícil concordar esto con el olim dictus episcopus. 

El tiempo acaso descubrirá más. 

 

 

GUIFREDO (GVIFREDO) (N. E. Wifredo, Guifre)

excluido de este catálogo. 

 

El P. M. Flórez (pág. 141) pone este obispo Ausonense, medio entre Oliva y Guillermo. Yo no puedo dejar de hacer hincapié en el silencio de esta iglesia, que ni en episcopologios, ni en necrologios, ni en escritura alguna hace mención de haber tenido tal obispo. Además en las mismas palabras de la escritura en que únicamente se funda dicho historiador para decir que Guifredo era obispo de Vique, se ve claramente que no lo era; y yo no acabo de admirarme cómo no lo advirtió el mismo. Dice en ella nuestro obispo Guillermo: Veni ego ad dominum Guifredum episcopum, quando adhuc eram archidiaconus, me ipsum commendavi, et suum hominem me feci. Guillermo era arcediano de Vique; luego no era obispo de la misma iglesia el Guifredo a quien él se 

encomendó y se hizo su vasallo (Guifredo, Guifre, no es el mismo nombre que Wilhelm, William, Guillermo, Guillem, Guillermus, etc). Prosigue el mismo: Et ille (Guifredus episcopus) ecclesiam Sancti Quirici cum decimis et primitiis ad suum opus, et ad opus canonicorum SVORVM retinuit. Aquí se distinguen claramente los canónigos del obispo Guifredo de los de la iglesia de Vique; porque si de estos hablara Guillermo, siendo él como lo era uno de ellos, de otra manera debiera explicarse. 

Y efectivamente y sin disputa eran distintos los canónigos de aquel obispo de los de Vique. Eran los de la iglesia de San Juan de Ripoll, o de las Abadesas, introducidos ya allí desde el año 1017, en que por decreto del papa Benedicto VIII fueron expelidas las monjas que allí había, y substituidos los canónigos según la regla Aquisgranense. Guifredo era abad de esta canónica, y además era su obispo. Para inteligencia de esto es menester prevenir que en ese año 1017 el conde de Besalú Bernardo, apellidado Tallaferro (N. E. de tajar, cortar, fierro, hierro, cortahierro), logró del sobredicho papa el honor de silla episcopal para su condado, sin fijar la iglesia o sede, y dejando al arbitrio del conde señalarla o en S. Juan de Ripoll, o en S. Ginés de Besalú, o en S. Pablo de Fenollet. Este obispado duró cosa de seis años, y no más: merced a las quejas y diligencia de los diocesanos de Vique y de Gerona, de quien se había desmembrado. El obispo Guifredo que obtuvo esta silla efímera, poseyó al mismo tiempo la abadía de S. Juan de Ripoll, conservándola hasta su muerte acaecida en 1054, aun después de suprimido el obispado de Besalú, y de haber sido promovido como lo fue al de Carcasona en 1031. Siendo pues Guifredo a un mismo tiempo obispo de Carcasona y abad de S. Juan, en cuantas cosas hizo se intitulaba y era reconocido por obispo. 

Tal es la restitución que se hizo a los canónigos de San Juan y a su abad el obispo Guifredo de la iglesia de S. Quirico, propia de dicho monasterio de S. Juan desde su primera fundación, la cual había enajenado la última abadesa de aquella casa Ingilberga. De todo lo dicho se darán las pruebas y se hablará con la extensión que merece esta curiosa especie, cuando tratemos de las colegiatas de San Juan de las Abadesas, y de Santa María de Besalú. Entonces acabarás de entender con cuanta razón debe ser excluido esté Guifredo de la serie de los obispos de Vique. 

 

BERENGUER 

(arzobispo) 

después del 1075 hasta el 1099. 

 

Que este prelado se llamase Berenguer Seniofredo consta ciertamente de una venta que hizo Raimundo con su mujer Ginedell en el Febrero del año XXVII del rey Felipe (1087), donde se lee: et affrontat à parte orientis in terra de Berenguer Seniofred episcopus. Mas no hay inconveniente en que junto con este apellido patronímico fuese también conocido por el de Rosanes, su casa solar. Su madre se llamó Ermessindis (Ermesinda y variantes), como se lee en el homenaje que le prestó Guillermo Ramón 

Senescalch (Senescalc; senescal), y se halla en este archivo (núm. 1551). Esta clase de escrituras es muy apreciable, porque regularmente se expresan en ellas los padres del que recibía el homenaje, y muchas veces también los de quien lo hacía. Otro carácter constante se observa en ellas, y es que no tienen fecha alguna: lo cual importa mucho advertir, para no creerlas de contado o fingidas, o simples copias. 

En este género sólo decide la antigüedad de la letra, en la cual siendo cursiva cabe poca equivocación.

Los principios de su pontificado no pueden fijarse hasta después del 1075, en que aún vivía su antecesor. Asistió con otros prelados de la provincia al concilio celebrado en Gerona el año 1078 por el cardenal Amato; de lo cual se dirá más en lo de aquella iglesia. 

Algunas escrituras hay aquí pertenecientes a este pontificado, que aunque están sin fecha, merecen publicarse por la singularidad e importancia de su contenido.

Primeramente hay un pergamino escrito sin duda a fines del siglo XI que empieza así: Notum sit... quod mater ecclesia Barchinonensis captivata et destructa à perversis hominibus longo tempore mansit. Sed postquam Dei misericordia voluntatem Berengarii comitis inspirare dignata est ut ipsam ecclesiam Barchinonensem de tanta captivitate liberaret, et eam ad Dei servitium restitueret, voluit ipse comes B. ut Berengarius Ausonensis in sua potestate Barchinonensem sedem et episcopatum teneret. Prosigue diciendo que temeroso el conde de que Bernardo Guillem de Queralt se opusiese por la discordia que entre ellos había, y ocupase dicha sede de Barcelona, mandó que diese rehenes y fianzas al Ausonense, conforme verás en la copia adjunta (a: Apend. n. XXXV). 

Voy a proponer mis conjeturas.

Primeramente reflexionando las expresiones con que se pondera el cautiverio, desolación y restauración de la iglesia que allí dicen, parece que quisieron denotar la Tarraconense, en cuyo lugar el que extendió aquella nota pusiese Barchinonensem. Cuadra con esto que el conde Berenguer allí nombrado pudo ser Berenguer Ramón, el cual muerto su hermano Ramón Berenguer Cabeza de Estopa, gobernó como conde desde el año 1082 hasta el 1092, tiempo en que se trató de la conquista de Tarragona y restauración de su metrópoli en la persona de nuestro obispo Berenguer: dos cosas en que el conde empleó todo su poder y valimiento; y a esto alude el temor de que el dicho Queralt, oponiéndose a la posesión de nuestro obispo, ipsi comiti honorem auferret. Porque cierto era cosa honrosísima al conde restaurar la metrópoli, y sacar a nuestra provincia de la sujeción a la Narbonense. En esta hipótesis es llana la inteligencia del documento. Bernardo Guillem de Queralt era persona muy principal en 

aquel tiempo, y a lo que entiendo el mismo que fue tutor del niño conde Ramón Berenguer III en 1082 junto con su tío Berenguer Ramón. La discordia de este noble con nuestro obispo sobre las iglesias de Gurb está patente en el P. Flórez (pág. 157), reliquia de los cuentos que arriba se dijeron en el pontificado del obispo Oliva. Así que no es extraño que se opusiese a que su rival creciese en jurisdicción.

Mas la constancia con que el MS. dice siempre iglesia, sede y episcopado Barchinonense, da margen a otras da reflexiones. Porque o bien Queralt siguiendo el partido del Narbonense se opuso a que mater ecclesia Barchinon. por ser de la capital, reconociese por metropolitano al obispo de una ciudad subalterna cual era el de Vique, creado arzobispo de Tarragona: o puede este cuento referirse a la vacante de la iglesia de Barcelona que en Flórez (Tom. XXIX.) suena sin obispo desde el 1083 hasta el 1086, a la cual quisiese el conde trasladar a nuestro Berenguer, o encargarle por lo menos su gobierno.

Como quiera que esto sea, el documento por todas las personas que en él figuran, pertenece al tiempo de nuestro obispo, y de un modo o de otro la cosa es algo, y acaso proporcionará descubrir algún hecho de importancia.

También coloco en este pontificado un concilio tenido en esta iglesia para confirmar la inmunidad eclesiástica, que, llamaban paz y tregua de Dios. Hállase aquí un ejemplar sin fecha ni firmas; pero es posterior a otro concilio celebrado aquí mismo y con el mismo objeto en 1033, porque en el que digo se menciona la fiesta de la consagración de la iglesia Ausonense, que fue en 1038. También es posterior al año 1068 en que se estableció la tregua Gerundense; y con todo esto es distinto del que se publicó en la Marca Hisp. (apend. n. CCLXIX.) como se ve en su contexto; que aunque en lo substancial convienen, mas el nuestro pone el catálogo de todas las fiestas en que se debía particularmente guardar la paz y tregua. Por esto, y no constándome el año a que puede reducirse, he querido conformarme con lo que indica su carácter, que es del 

tiempo de este pontificado (a: Apend. n. XXXVI).

Sin fecha se halla también otra escritura de varias quejas propuestas por la iglesia Ausonense contra los perversos que invadían sus posesiones: en la cual hay noticias harto curiosas acerca de la disciplina de aquel tiempo. Al fin se manda que Pedro Rigual (que era el fundador de la canónica de Vilabertrán) deje el priorato de S. Juan (de las Abadesas) de que se había apoderado, y vuelva a su primera iglesia. De esto se dirá en su lugar. Mas ello basta para creer que esta escritura de que hablo, es de este tiempo en que vamos. Con esto cuadra la queja contra Bernardo de Gurb (que en el Queralt que dije) qui aufert nostrae canonicae ecclesiam Sanctae Mariae de Mesleu: y la otra contra Arnaldo de Guardia, qui asalivit nostram sedem et archiepiscopum. 

Va copia (a: Apend. n. XXXVII). No se sabe a quién se presentaron estas quejas; acaso al concilio que Bernardo arzobispo de Toledo, legado del papa, celebró en esta catedral, de lo que habló el M. Flórez. 

Este concilio quiso congregarlo por sí solo nuestro arzobispo, y presidirlo como 

metropolitano; pero se lo estorbó el sobredicho legado, mandándole además que se le presentase en la fiesta inmediata de S. Miguel en cualquiera parte de España donde estuviese. Consta todo esto de la carta que le dirigió sin fecha; pero que está aquí original, como se ve en el sobre y en los cortes y dobleces para cerrarla. Va copia (b: Apend. n. XXXVIII) de ella, como también de otras dos escrituras que contienen algunas disposiciones que se tomaron para la conquista de Tarragona, y la nota de los caballeros que ofrecieron al conde Berenguer y a nuestro arzobispo pasar a vivir y poblar aquella ciudad (c: Apend. n. XXXIX). Háblase como de cosa reciente de la elección que el papa Urbano hizo de nuestro Berenguer para arzobispo de Tarragona; y así las reduzco al año 1090. También se hace mención de un viaje que nuestro arzobispo hacía a las partes de España; acaso sería el que le mandó el arzobispo de Toledo en busca suya; y por consiguiente aquella carta debe también fijarse hacia el mismo año 1090, en el cual nuestro arzobispo en cumplimiento de su nuevo cargo había ya intentado congregar concilio provincial.

Más cierta que todo esto, aunque no tan importante, es la noticia de la dedicación de la iglesia de Santa María, San Pedro y S. Martín del castillo llamado Albarels (en la Segarra) hecha por nuestro prelado a instancias de Bernardo Onofredo, imponiéndole la obligación anual de una libra de cera para la catedral de Vique. La escritura original existe en el archivo de Monserrate (caj. 25. leg. I. n. 6.). En el exordio se lee: anno ab incarnatione Christi M.LXXXVII. Era M.CXXIIII. Al fin dice: facta carta III. Kal. Decembris anno XXVII. regnante Philippo rege. La era debía ser 1125; pero pues escribiendo XXIIII no cabía ese descuido, más fácil será suponerlo en los años de la encarnación, en los cuales el notario añadiese una unidad de más; de manera que el hecho sea del año 1086, con el cual puede convenir el XXVII del rey Felipe. 

No caben estas dudasen la dedicación que él mismo hizo de la iglesia de S. Julián Çasorba, término de Gurb, VIII. Kal. Aprilis incoante anno incarnationis Domini MXCI; que es prueba, aunque no necesaria, de que el año comenzaba a 25 de Marzo. 

De esta escritura hay aquí un traslado hecho X. Kal. Septembris anno M.CCXII. regni regis Philippi XXXIII: fecha notable para los que han creído que un concilio Tarraconense del año 1180 abolió la costumbre de calendar las escrituras por los años de los reyes de Francia. Sobre la época de la muerte de nuestro prelado trabajó mucho el P. M. Flórez, resolviéndose al fin en que murió en el año 1100. Por no fastidiar al que esto lea, omitiré el examen de las razones que alega en favor de su opinión. Y para que nadie la siga bastará producir un testimonio irrefragable de que mucho antes del día 1.° de Mayo de 1099 había ya fallecido. Hablo de la bula original del papa Urbano II en confirmación de la reforma que nuestro arzobispo había introducido en esta iglesia; cuya copia viste ya en los correos pasados (a: V. sup. pág. 43). 

El P. Flórez dio noticia de esta bula (pág. 174); mas no debieron enviársela copiada, porque el original es pésimo y para gente desocupada: y así no conoció las palabras de ella, que tan al caso son para lo que tratamos. Porque dice el papa: caetera universa (confirmo) quae BONAE MEMORIAE Berengarius episcopus vestrae communiae tradidit, et scriptorum suorum indiciis tam vivens, quam MORIENS confirmavit. Veamos ahora la fecha de la bula: Kalendis Maii, Indictione VII. anno Dominicae incarnationis MXClX. pontificatus autem domni Urbani secundi Papae XII. Datos que cuadran perfectamente entre sí hasta formar una demostración histórica de que a 1.° de Mayo de 1099 ya era muerto Berenguer, y tan muerto que hubo lugar para que el prior y los canónigos reformados acudiesen al papa y lograsen de él en ese día la confirmación de su canónica. 

Más es que Urbano II falleció a 29 de Julio del mismo año 1099; y así no podía expedir una bula en que mencionase la muerte de nuestro obispo, si este hubiera fallecido en el año 1100. Después de esta razón tan concluyente oigamos a un testigo coetáneo, es a saber, el necrologio que hay en el martirologio de Adón de la iglesia de Gerona; el cual dice: III. Idus Ianuarii: eodem die obiit Berengarius Tarrachonensis archiepiscopus, anno M.XC.VIIII. ab incarnatione Christi. La misma cuenta siguen otros necrologios, de los cuales alguno nota el año XL del rey Felipe, comenzando su época desde el 23 de Mayo de 1059, cómputo que era por acá muy común, según se ve en Campillo, y yo he dicho y diré muchas veces. Queda pues demostrado que el obispo Berenguer murió día 11 de Enero de 1099, con lo cual viene bien que ordenase su testamento el 7 del mismo mes. A esta cuenta debe ajustarse el documento que el P. M. Flórez cita en contrario, es a saber, la institución de los canónigos de S. Agustín en Manresa año MXCVIIII a 31 de Octubre del año XL del rey Felipe. Yo opino que en el año de la Encarnación señalado con notas romanas es imposible que el escribiente no pusiese VIIII (IX : 9) en lugar de VIII (8): recurso a que dicho escritor acude algunas veces, cuando a ello le obligan otros documentos incontestables, como a mí me sucede en vista de la citada bula de Urbano II. Así que tengo por cierto que en el año XL del rey Felipe, que comenzó a 23 de Mayo de 1098, instituyó nuestro prelado la canónica de Manresa en el mes de Octubre: a 7 del Enero siguiente hizo testamento, y murió a 11 del mismo mes. Con esto es llana la explicación de las escrituras que produjo Flórez, del obispo sucesor existente ya en el año 1100, sin necesidad de corregir sus fechas. 

GUILLERMO BERENGUER 

desde el año 1099 hasta el de 1101.

De lo que acabo de decir se sigue que la elección de este prelado se verificó en uno de los meses inmediatos al de Enero de 1099, no habiendo motivo para creer que vacase la iglesia, como lo hay para decir que el electo nunca se consagró, ni aun fue confirmado, sin duda porque cesando el derecho de metropolitano en la sede de Vique, hubo alguna repugnancia en volver a reconocer como tal al Narbonense. En las memorias que ya publicó el P. Flórez suena constantemente electo. Lo mismo he hallado en otras de poca entidad pertenecientes al año XLI del rey Felipe (1101). 

Entre ellas sólo citaré una original existente en el archivo de Ripoll (arm. de la camarería) fecha XII. Kal. Februarii anno XLI. regni rege Philippo: la cual empieza así: Ego Guillelmus Berengarii electus ad episcopus, et Bernardus Berengarii frater meus. Es una venta a Perfecto hebreo de un campo sito junto a S. Pedro de las Puellas propter pretium mancusos D.tos (500, quingentos, quinientos) auri Valencie de Rovals = firma Guillelmus electus Ausonensis ecclesie. La disposición testamentaria del censo que tenía en Barcelona, de que ya habló el P. Flórez, va copiada de aquel archivo (a: Apend. n. XL). 

En la donación hecha a esta iglesia y a su obispo por Giriberto Ugo, omitió dicho escritor la noticia que contiene la cláusula siguiente: ecclesia Sancte Marie Montisserrati, quam mittit idem Girbertus, cum omnibus quae habet, in baiulia (veguería, bájulo, veguer, bajulus, etc) Sancti Petri sedis Vici, et eiusdem episcopi, et successorum suorum. 

ARNALDO

desde el año 1102 hasta 1109. 

A las memorias de este prelado debo añadir la de que acaso fue de la ilustre familia de Malla, según puede inferirse del martirologio de esta iglesia, donde se halla el óbito siguiente: VIII. Kal. Iunii anno XVIII. regni regis Ludovici (1126) obiit Estephania de Medala, mater Bernardi archidiaconi, et soror Adirnal pontificis.

En la noticia de la adjudicación de la iglesia de S. Esteban de Granollers al monasterio de Ripoll hecha en 1103 (de que habló Flórez pág. 188), hay que añadir, que la escritura original de ello está en Ripoll (arm. de la abadía, leg. Granollers), y que en ella subscriben Pedro abad de Ager y Petrus episcopus Nazarensis confirmo.

Del mismo año es una escritura con que el conde Ramón Berenguer, de consentimiento de nuestro obispo Arnaldo, dejó en su libertad y total independenciaal monasterio de Santa Cecilia de Monserrate, el cual antes estaba sujeto a San Cucufate (Cugat) del Vallés; su fecha es Anno M.C.III. Era M.C.XXXXII. Indictione XII. VIII. Idus Septemb. anno XLIII. regni regis Philippi. De ella he visto un traslado en Monserrate (caj. 10. leg. 1). A la indicción sobra una unidad; o digamos que tomaron ya la del año siguiente, como también tomaron la era; y así se ve en otras escrituras fechas entrado el mes de Septiembre. Más adelante quejándose el abad de S. Cucufate de esta disposición, se remitió la causa a nuestro obispo, a Raimundo obispo de Barcelona y a S. Olaguer (Olegario), prior entonces de S. Adrián; los cuales se juntaron apud Matam de Pera, y juzgaron unánimes que según un privilegio del papa Urbano II, el monasterio de Santa Cecilia debía permanecer sujeto al de S. Cucufate, salvo el derecho de la iglesia de Vique. Esto sucedió XVI. Kal. Augusti anno XLVIIII. regnante rege Philippo. La escritura original vi en Monserrate (caj. 10. leg. 1. n. 18) (a:  Apend. n. XLI.). 

Pertenece esto al año 1108 de Cristo, último de Felipe, cuyo reinado comenzó el notario desde la primera época de él en 1059. Volviendo a las memorias del obispo, en el archivo del monasterio de Amer vi la escritura original de la dedicación que hizo de la iglesia de S. Miguel de Ordeig, sujeta al mismo monasterio. Su fecha es: anno Dominice incarnationis M.C.IIII. Indictione XII. regni quoque Philippi XLVII. die VIII. Decembris. La indicción cuadra bien con el año de Cristo; mas no el del rey Felipe, que debió escribirse el 44 o 45. ¿Quién adivinará la cuenta que el notario se forjó? ¿Diremos por eso que esta escritura no es original? ¿que es apócrifa? 

No le excede en esto, con ser más exacta, otra escritura de consagración de la iglesia de S. Marcial de Monseny, celebrada por nuestro obispo acompañado del de Gerona Bernardo Umberto. El primero hizo aquella solemnidad, por ser el lugar de su diócesis, y el segundo asistió por ser de su patrimonio, como monasterio dotado por sus padres Umberto y Sicardis, cuya constitución confirman ahora estos obispos, aprobando de nuevo la que hizo el obispo Guillermo de Vique el año 1066, como vimos en su lugar (a: V. sup. pág. 200). Hay que notar que entonces se instituyó abadía, y ahora no suena aquella casa gobernada sino por prior, que lo era Bonushomo. A esta decadencia dio causa la violencia con que Arnallo prior de Bañolas usurpó los alodios de esta iglesia, trasladándolos a otra de la diócesis de Barcelona, como se expresa en la escritura que va copiada del archivo de S. Salvador de Breda (b: Apend. n. XLII). 

Así esta como la otra del obispo Guillelmo indica ser escritura de consagración. Mas no habiendo en ninguna de las dos ocasiones edificio nuevo de iglesia, se han de reputar ambas por de pura dotación o confirmación de la casa y sus posesiones. Porque sabido es que para seguridad de ellas no había en aquellos siglos otro medio más eficaz que publicar el obispo, en este acto solemne, que tales bienes eran del monasterio o iglesia, dedicados y consagrados al culto de Dios y al alimento de los que allí le servían. Dígolo, ya que se ofreció la ocasión, porque algunas escrituras de consagración de iglesias no son más que esto que digo. A este monasterio impuso nuestro obispo la obligación de sujetarse al sínodo de Vique, como lo hizo o debió hacer su primer abad Guifredo. Fue esto año de la encarnación de Cristo 1104, indicción XII, día 5 de Febrero, año XLV del rey Felipe.

De la restauración de la canónica de Manlleu, o decreto dado por nuestro obispo en 1105, habló Flórez (pág. 190) extractando aquella escritura. Mejor será ver copia de ella; y va adjunta (a: Apend. n. XLIII).

Así como esta escritura pertenece al año 1105, y con todo eso se notó el año 47 de Felipe: no sé si tendrá lugar la misma discordancia en otra que va copiada del original, y que sólo notó el año 48 de dicho rey. Mas de un modo o de otro es una nueva memoria del obispo Arnaldo, el cual absolvió a Ugo hijo de Dalmacio y a su mujer Ermesindis de la sentencia de excomunión en que incurrieron por haber ocupado la iglesia de Rosdors. Redimiéronse ellos con una nueva donación a esta catedral (a: Apend. n. XLIV). 

Al año 1108 y día 17 de Julio pertenece otra escritura que vi en el archivo abacial de Cardona, y es la aprobación que dio nuestro obispo de la dote de la iglesia de Santa María, construida en el monte de Molsosa, la cual con licencia de los canónigos de Vique (acaso en alguna vacante de sede, o por ser de la jurisdicción de ellos) había dedicado Berenguer obispo de Barcelona. De esto se dirá más en lo de Cardona. 

RAMÓN GAUFREDO 

desde 1110 hasta 1146. 

En este obispo termina el P. M. Flórez el estado antiguo de la iglesia de Vique; y yo también acabaré esta carta que salió más larga de lo que pensé. Mas todavía es preciso decir dos palabritas de una concordia que este prelado hizo y firmó con sus canónigos, ofreciéndose mutuamente a defender sus bienes, y jurando terminar privadamente las querellas que en adelante se suscitasen a juicio de cuatro individuos escogidos del mismo capítulo, sin acudir a otro capítulo extraño, y mucho menos al juicio arbitral de personas seculares. Añadieron que el que quisiese entrar en su hermandad, esto es, ser canónigo, debía antes jurar este estatuto, nisi aetas, dicen, vel stultitia illum impedierit. Hállase esta escritura sin fecha, como es frecuente en las de esta clase. Mas su carácter, el nombre del obispo y de la mayor parte de los canónigos que subscriben en ella, demuestra que pertenece a esté pontificado (a: Apend. n. XLV).

También va nueva copia de las actas del concilio de Narbona, en que se estableció una cofradía de contribuyentes a la restauración de Tarragona. Al P. Flórez (pág. 199) envió copia el P. Caresmar de la que él halló en el archivo de Ager: y debió ser de la notada allí con el núm. 2342, la cual es muy diminuta. Yo la tomé del otro ejemplar que allí hay núm. 960. Sólo advierto que de dichos dos ejemplares uno es del año 1128 y otro del 1129, no del 27 y 28 (b: Apend. n. XLVI). 

En 1130 se halló con S. Olaguer, arzobispo de Tarragona, y Pedro obispo de Roda, en la dedicación de la iglesia de Tolba en Aragón; la cual algunos creen que fuese la antigua sede de Ictosa, mencionada en la división de obispados que se atribuye sin razón al rey Wamba. De esto se dirá en su lugar. A este mismo año 1130 pertenece la junta de condes y obispos en Barcelona, que Flórez adelantó al 1125 (pág. 197). 

Al año que digo la pone el original que vi en S. Pedro de Roda, donde lo copié para mi colección. Y es de notar, que las palabras que Flórez copió para honrar la sede de Vique, en el mío honran la de Barcelona. Y es que debieron escribirse varios ejemplares, según la variedad de los obispos que asistieron; a cada uno de los cuales en su distrito hicieron juez de los malhechores que allí se quisieron castigar.

En 1134 se halló presente y aprobó el decreto del mismo S. Olaguer, y del conde R. Berenguer IV, en que concedieron su inmunidad y protección a los que profesaban la orden de Jerusalén. En el viaje de Barcelona irá copia de esta escritura, sacada del archivo real de aquella ciudad, en la cual firma de su mano nuestro obispo. 

Otra noticia quiero poner aquí, aunque no toca a este prelado ni a su iglesia; y es la de un concilio celebrado en Narbona por su arzobispo Arnaldo, legado de la Sede apostólica, en el año 1135; en el cual el obispo Udalgario de Elna dio razón de como los moros invadieron aquella ciudad, y se llevaron cautivos a muchos cristianos, para cuyo rescate pedían que se les entregasen cien doncellas. El concilio para remediar este daño expidió un decreto concediendo varias indulgencias a los que contribuyesen con alguna suma de dinero. Hállase en el archivo de esta catedral (494) este decreto, que debieron enviar a las iglesias de la provincia comarcana Tarraconense, separada ya entonces de la de Narbona. Va copia de él por si no es conocido (a: Apend. n. XLVII).

Volviendo a nuestro obispo, día 18 de 1136 con acuerdo del conde de Barcelona hizo donación de las iglesias de Santa María de Prats de Rey, y de S. Andrés de la Menresana a los canónigos del Santo Sepulcro de Jerusalén, a su patriarca Warmundo y a su prior Girardo. Consta del Cartoral 1.° de dicha villa de Prats. 

Hallábase en Barcelona en 1139 cuando se extendió el decreto de elección del obispo de aquella catedral Arnaldo Ermengol, en el cual firmó de su mano, como se dirá en lo de aquella iglesia. 

Con el mismo obispo de Barcelona se halló en 1142 en el lugar de Alfoz (hoy Alfou) diócesis de Barcelona, donde consagraron ambos la iglesia de S. Julián. La escritura está aquí; mas no irá copiada hasta que se hable de aquel otro prelado.

Finalmente a 10 de Agosto de 1143 junto con su capítulo dio al monasterio de Santa Cecilia en Monserrate y a su abad Guillermo, la iglesia de S. Esteban de Marganell, cuyo patronato conservaba aún dicho monasterio durante todo el siglo XIV. Por lo menos he visto provisiones de su curato hasta el 1391, hechas por el abad de aquella casa. Los vecinos de aquel lugar debían recogerse al castillo Marro en tiempo de guerra, y seguir su someten (somatén, so metent), según lo dispuso el rey D. Pedro IV de Aragón en 1364.

Estas son las memorias que he tenido que añadir al episcopologio del P. M. Flórez, dejando intactas y sin repetir las que él publicó, sino cuando ha sido necesario corregir alguna equivocación. En la serie de los obispos siguientes podré hablar con más fluidez cronológica; aunque no faltará ocasión de refutar la cuenta que sigue el catálogo impreso al principio de las sinodales. A Dios. 

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