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domingo, 5 de junio de 2022

Tomo 3, apéndice 17, testamento Joan Baptista Pérez, obispo de Segorbe

XVII. 

Testamento del Señor D. Joan Baptista Pérez, obispo de Segorbe (a: Copiado del original que existe en el archivo de la misma iglesia.) (V. pág. 171). 

Die sexto mensis decembris anno à Navitate (Nativitate : nacimiento :Navidad) 

Domini MDLXXXXVII.

En nombre de la santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, tres personas y un solo Dios verdadero. Amen. Sepan todos que yo D. Joan Baptista Pérez, por la gracia de Dios y de la sancta Sede apostólica, obispo de Segorbe, y del consejo de S. M. &c., estando enfermo en la cama de enfermedad corporal, de la cual temo y recelo morir, empero en mi buen seso, íntegra memoria, clara y manifiesta palabra, y con tal disposición, que bien e indubitadamente puedo testar e hacer las cosas infrascriptas; protestando ante todas cosas que tengo y creo firmemente todo, y quanto la sancta Iglesia Romana y Apostólica tiene, cree y ensenya (enseña), según y de la manera que más largamente lo tengo protestado y profesado al tiempo de mi promoción para obispo de Segorbe, la cual protestación y profesión de fee (fe) quiero aquí haber por repetida, como si de palabra a palabra fuese en el presente mi testamento inserta; en la cual fe, y en el gremio de la sancta Madre Iglesia quiero y entiendo vivir y morir, y en nada apartarme, encomendando mi alma a Dios, que la ha criado para su sancta gloria; pensando que no hay cosa más cierta que la muerte, ni más incierta que la hora de aquella: Por tanto, invocada la gracia del Spíritu Santo, convocados y llamados los notario e testigos de iuso scritos, y en su presencia y audiencia, hecha primeramente la solemnidad por fuero y buena razón en semejantes hechos introducida; revocando, cassando y anullando expresamente y de cierta sciencia todos y qualesquier testamentos y codicillos, y otras últimas voluntades por mí hechas y ordenadas en todo el tiempo pasado hasta la presente jornada, en poder de qualesquier notario u notarios, agora últimamente hago y ordeno este mi último y postrero testamento, última y postrera voluntad mía, en y por la forma siguiente:E primeramente hago, elixgo, y nombro albaceas testamentarios, marmesores, y deste mi último testamento executores al doctor Melchior Ocanya (Melchor Ocaña), arcediano de Alpuente en la iglesia catedral de Segorbe, y mossen Domingo Mancho, presbítero, canónigo de dicha iglesia, y a Phelipe de Maya, mercader, cuñado mío, vecino de Valencia, y a cualquier dellos insolidum, dándoles poder adaquellos y qualquier de ellos para que puedan tomar tantos de mis bienes, y aquellos vender, alienar y transportar sin decreto de juez alguno, y los precios recibir para efecto de hacer y cumplir las cosas pías por mí inferius ordenadoras. 

Item quiero y mando que todas mis deudas é agravios sean satisfechos y pagados, e injuras (injurias) restituidas, a aquellas y aquellos empero, que verdadera y claramente parescerá yo ser tenido y obligado con cartas públicas o testimonios dignos de fe, u otra legítima prueba, toda prescripción aparte puesta, y no admitida, fuero de ánima y buena consciencia sobre dichas cosas benignamente observado.

Item quiero y mando que quando Dios fuere servido llevar mi alma a su sancta gloria, mi cuerpo sea enterrado en el vaso de los señores obispos de Segorbe, questa (que está) construído dentro de la capilla mayor de la iglesia cathedral de Segorbe; si ya al tiempo de mi muerte yo no hubiere hecho y fundado un retablo de Sancta Leocadia, de quien soy muy devoto, y al pie de dicho retablo una honesta sepultura para mi cuerpo en la capilla de sancta Eulalia en el claustro de dicha iglesia en la paret de las espaldas de la sacristía de la capilla de Sanct Salvador. Y quiero y mando que el enterramiento de mi cuerpo y funerarias (funerales) se hagan con el acompañamiento, procesión y solemnidad con que se han acostumbrado enterrar los señores obispos de Segorbe quondam predecesores míos.

Item quiero y mando que si acontesciere morir yo en la ciudad de Valencia, o en la casa y alquería donde al presente estoy curándome de mi enfermedad, sea llevado mi cuerpo a la dicha ciudad de Segorbe, para que sea enterrado en dicho vaso de los obispos como dicho y declarado tengo, y que mi cuerpo sea acompañado de los clérigos que a mis marmesores les paresciere de la parrochia de Sanct Joan del mercado de la ciudad de Valencia, en la qual parrochia yo al presente estoy; a los quales se les dé y pague la charidad acostumbrada por acompañar dicho mi cuerpo hasta dicha ciudad de Segorbe. 

Item quiero y mando que en la dicha iglesia cathedral de Segorbe, y por los presbíteros della el día de mi muerte y los días siguientes, quan presto fuere posible, sean dichas y celebradas por mi alma y de los fieles defuntos (difuntos) quinientas misas de réquiem rezadas, encargando que se digan las que se pudieren decir en el altar privilegiado de las almas que está en dicha cathedral.

Item quiero y mando que sean dichas y celebradas por mi alma, y de todos los fieles defuntos en el monasterio de Val de Cristo del orden de Cartuxa, y por los frayles de dicho convento, trecientas (trescientas) misas de réquiem rezadas.

Item quiero y mando que sean dichas y celebradas por mi alma y de los fieles defuntos trescientas misas de réquiem rezadas en el monasterio de Sanct Blas, del orden de S. Francisco, que está cerca de dicha ciudad de Segorbe, por los frayles de dicho convento.

Item quiero y mando que sea instituído y fundado en dicha iglesia cathedral de Segorbe un aniversario perpetuo, vulgarmente dicho de canónigo, por mi alma y de los fieles defuntos por quien yo tengo obligación: para la fundación del qual quiero se den y paguen de mis bienes cincuenta libras moneda reales de Valencia, las quales sean cargadas para dicho efecto a censal en lugar tuto y seguro a conoscimiento del cabildo de la Seo de Segorbe, queriendo gozar de los privilegios reales de amortización que dicho cabildo tiene.

Item declaro que puedo y me es lícito testar y disponer de los bienes infrascriptos en los legatos y herencia a mí bien vistos; atento que tengo hecho inventario auténtico de los bienes que yo poseía como patrimoniales y proprios míos antes de ser obispo de Segorbe, ni haber recibido renta alguna del dicho obispado como consta con un inventario auténtico, del cual hago demostración al notario rescebidor (recibidor) de este mi testamento; que fue fecho dicho inventario con particular comisión de D. Pedro Milino, nuncio y colector apostólico general a quince de enero, año de mil y quinientos noventa y dos, con citación e intervención del procurador fiscal de la Cámara apostólica; y fue el dicho inventario visto, reconocido y aprobado por Don Joan Baptista Orfino, colector general de la dicha Cámara apostólica, a treinta días del mes de abril año de mil quinientos noventa y tres. Porque es notorio que yo tomé posesión del dicho obispado a veinte y un días del mes de febrero año de mil quinientos noventa y dos, como consta con autos públicos, recibidos por el notario y secretario del cabildo de dicha iglesia de Segorbe. 

Item dejo y lego al cabildo e iglesia catedral de Segorbe todos mis libros de varias y diversas facultades, así teologales, historiales, griegos, latinos, como de otras cualquier lenguas, y de cualquier género que sean, contenidos y especificados en el dicho inventario por mí hecho de mis bienes patrimoniales, y hacienda que tenía antes de ser obispo de Segorbe, como en el precedente item tengo declarado, como de los demás libros que yo he comprado después de ser obispo de Segorbe, en el día de hoy haya hecho donación irrevocable, dicha entre vivos, al dicho cabildo e iglesia de Segorbe, con auto recibido por el notario infrascripto recibidor del presente mi testamento; la cual donación a mayor abundancia con el presente legado la ratifico y apruebo. 

Y ruego y encargo a los capitulares de dicha iglesia den algunos libros de menos importancia a mis sobrinos que los pidan para estudiar, conforme al arbitrio del dicho cabildo.

Item dejo y lego a mi iglesia catedral de Segorbe, esposa mía, todo mi pontifical; es a saber: el báculo de plata, la cruz de plata que se acostumbra poner en el altar para decir misa, los tres anillos de oro, la cruz pectoral de oro con esmeraldas verdes, tres mitras, las palabras de la consagración, que son de metal doradas y otras de ébano, dos candeleros de altar, que son de metal dorados, el hostiario, dos salvetas, una de plata, y otra de metal dorado, el atril de bronce, y otro de ébano, una cetre, e caldereta para agua bendita de metal dorado con su hisopico, dos platos de metal dorado, dos campanillas, una de plata y otra de metal dorada. Item todos los ornamentos de casullas, tunicelas, frontales de altar con sus frontaleras y pluvial, dos alombras (alfombras) para el suelo, la silla de terciopelo morado, y el *dosele de terciopelo morado con sus dos almohadas de terciopelo morado, los roquetes y alba, y amitos, calzas y zapatos pontificales, ceñidores e cordones, corporales y manteles de altar, cáliz y patena de plata dorados con sus fundas y portapaz de plata, y tovallas (toallas) de tafetanes de colores para portapaz, las vinajeras de plata, el incensario de plata con su naveta, tres crismeras de plata y una palmatoria de plata.

Item dejo y lego a Petronilla Pérez y de Amaya hermana mía, mujer de Phelipe de Amaya, mercader de la ciudad de Valencia, toda mi tapicería que tengo inventariada en el dicho inventario que hice de mis bienes antes de ser obispo de Segorbe; es a saber: todos los paños de ras de la historia de Isaac o Jacob, que son cinco, y los paños de verduras, que son trece, y cuatro ante puertas, once guadamaciles, nueve tafetanes de verde y amarillo, y una cama de nogal de campo con sus cortinas de paño verde y flocaduras de seda, y otra cama de nogal con sus cortinas coloradas.

Item declaro que en el dicho y arriba mencionado inventario, manifesté que en Toledo me debían muchos rezagos de la cobranza de la iglesia de Toledo, que me debía Gonzalo Patiño de Toledo, receptor de dicha iglesia de Toledo; de los cuales puedo testar porque los he cobrado siendo obispo de Segorbe, y me los ha remitido Anthonio Cordobés, canónigo de Toledo, el cual los ha cobrado, y así me los ha pagado en dos partidas Miguel Falcón, mercader de Segorbe, que montan como setecientos y cincuenta ducados, según constará por los libros de dicho Miguel Falcón. 

Item declaro que puedo testar de dos mil ducados que yo tenía en la tabla de Valencia quando fui nombrado obispo de Segorbe, como consta por el dicho inventario; y aunque los gasté en la expedición de mis bullas, pudiera gastallos de los bienes del obispado como lo han hecho otros obispos.

Item declaro que aunque en el dicho inventario puse por hacienda mía el vestuario del canonicato que yo poseía en la iglesia de Toledo, que montaba como mil quinientas libras, por quanto pretendía ser mío de derecho, porque los beneficios no vacan hasta el día de la consagración, y porque yo no había resignado dicho mi canonicato hasta el mes de enero de mil quinientos noventa y dos, y así habla ganado mi vestuario en los 

meses de octubre, noviembre y diciembre, conforme a la costumbre de aquella iglesia de Toledo; pero yo por tener paz con mis concanónigos de Toledo no quise seguir este drecho, ni hoy le quiero seguir, y así esa quantidad no quiero, ni es mi voluntad que se cuente entre mis bienes y acciones. 

Item declaro que tengo ciertas acciones contra la hacienda de la buena memoria del ilustrísimo cardenal Don Gaspar de Quiroga, que fue mi amo y señor, y las acciones son estas: que yo serví de examinador de la clerecía, y secretario de cartas latinas en el tiempo que dicho señor cardenal fue obispo de Cuenca, y entonces me dio de salario en cada un año cien ducados, o mil reales castellanos, como parescerá en los libros de cuentas que tenía Herman (Germán) Gutiérrez Calderón, que hoy es arcediano de Valladolid, y a la sazón era camarero del dicho señor obispo de Cuenca; y después que fue proveído por arzobispo de Toledo el dicho señor cardenal, que fue en el año de mil quinientos setenta y siete en el mes de septiembre hasta que yo fui proveído por obispo de Segorbe, que fue en el mes de noviembre del año mil quinientos noventa y uno, por todo ese tiempo, que fueron catorce años, serví yo al dicho señor cardenal en los mismos oficios en el arzobispado de Toledo, de examinador de la clerecía, y de secretario de cartas latinas, y aun fui seis meses secretario del concilio provincial; en todo el cual tiempo no se me dio ni pagó salario, ni yo le pedí por respecto paternal; y es notorio que a Don Hierónimo Manrique, que fue antecesor muchos años en dicho oficio de examinador de ordenandos, le dieron de salario cada un año cien mil maravedís y cien anegas (fanegas) de trigo, como constará por relación de Francisco Pantoja, secretario, y de los señores canónigos viejos de Toledo, y por los libros de cuentas que tiene Luis Arbonoz en Madrit, que era contador en Madrit del dicho señor cardenal. Y así porque yo estoy pobre, y determino pedir estas actiones, transfiero el drecho que tengo para pedillas y cobrallas para sí mesma a la dicha Petronilla Pérez, hermana mía, mujer del dicho Phelipe de Amaya, y al mismo Phelipe de Amaya, insolidum, para que las puedan pedir y cobrar para criar sus hijos, haciéndoles, como les hago, legado de dichas actiones.

Item quiero, ordeno y mando que los papel o papeles, y memorias que parescieren firmadas de mi nombre y mano con algunos descargos y legatos a criados míos y otras personas, se cumplan como cláusula deste mi testamento, con tal que la data de los dichos papeles y memorias no sea más antigua de dos años antes de mi muerte. Y en especial quiero y mando se cumplan los legados y descargos por mí hechos y especificados en dos papeles, que contiene cada uno de ellos una hoja entera de scriptura, scritos de la mano de Joan Hierónimo de la Cambra, notario rescibidor deste mi testamento, y firmados de mi propria mano y nombre en el día de hoy; los quales están en poder del dicho notario.

Item quiero y mando que a Andrés de la Parra y Paschual Vela, criados míos, que han administrado mi hacienda, no se les pida cuenta de la administración, porque estoy muy satisfecho de ella.

Item por quanto Andrés de Camargo, criado mío, hoy administra mi hacienda, y no he tenido tiempo para reconoscer sus cuentas, mando y quiero que el doctor Jaime Fababuix, canónigo de mi iglesia catedral de Segorbe, o Bartolomé Pérez, mercader de la ciudad de Valencia, sobrino mío, le tomen las cuentas benignamente, interpretando las partidas en favor del dicho Andrés Camargo; porque he hallado mucha confianza en él. Y quiero se haya de estar y esté, y que se pase por dichas cuentas que dicho canónigo Fababuix o Bartolomé Pérez pasaren con dicho Camargo.

Item declaro que con el dicho Phelipe de Amaya, mi cuniado (cuñado), he tenido muchas cuentas, y de todas ellas hay finiquitos en cada un año firmados por mí, y por el dicho Phelipe de Amaya. Y entre otras partidas hay una ordinaria que le doy cien libras cada un año por la factoría de mis negocios en Valencia, y cien libras para sustento de mi hermana Petronilla Pérez, y cien libras para sustento de mis sobrinas, que dicho Phelipe de Amaya ha sustentado siempre en su casa, y solía y acostumbraba yo pagárselas al fin de cada un mes de abril. Por tanto quiero y mando que se le pague la rata de mayo próximo pasado en adelante por razón de dichos salarios al dicho Phelipe de Amaya.

Item por quanto al presente no tengo lugar para averiguar la cuenta corriente deste año con dicho Phelipe de Amaya, mi cuñado; quiero, ordeno y mando que si dicho Phelipe de Amaya fuere alcanzado ultra de lo sobredicho, hasta en quantidad de trescientos ducados, le sean perdonados; porque esta no es donación, sino paga y gratificación de lo mucho que dicho Amaya ha gastado en esta mi enfermedad, y en acoger criados míos y huéspedes por respeto mío. Y así en tal caso con el presente le perdono dichos trescientos ducados.

Item dejo y lego a Angélica Cabellos, mujer que fue de Andrés Pérez, mi hermano, doscientas libras moneda reales de Valencia, de los cuales pueda hacer a su libre voluntad. Las cuales le dejo y lego, no por donación sino por legado muy pío, y por descargo de mi conciencia; porque yo en el discurso de mis estudios he gastado parte de la dote de dicha Angélica Cabellos, y sé que mi madre, que Dios tiene en el cielo, con orden mío ayudó a gastar y consumir parte de la dote de dicha Angélica Cabellos. Y quiero y mando que primero y ante todas cosas, de mi hacienda le sean pagadas las dichas doscientas libras a la dicha Angélica Cabellos, y en graduar los demás legatos lo dejo a arbitrio de los dichos mis albaceas y marmesores.

Item dejo y lego a la Cámara apostólica cinco ducados por toda aquella parte, drecho o legítima que en mis bienes tenga, y pueda tener por cualquier vía, manera y razón. 

Item por quanto las pagas de los arrendamientos de los fructos de la mensa episcopal de Segorbe, de costumbre solían caer y pagarse el día de todos Santos, que es el primero día del mes de noviembre, y yo usando de liberalidad, y por hacer comodidad a los arrendadores de dichos fructos, les he alargado el plazo de dichas pagas hasta el día de Navidad primero viniente, y atendido que dichos fructos están ya cogidos, vendidos, y el precio de ellos puesto en poder de los arrendadores, y de consciencia puedo disponer de ellos como bienes míos; por tanto, con el presente mi testamento doy poder y facultad al doctor Melchior Ocanya, uno de los dichos mis albaceas y marmesores, para que pueda cobrar y cobre las partidas que pudiere cobrar de dichos arrendadores de los dichos plazos de Navidad, y de lo que cobrare anticipado reparta quinientas libras de limosna en pobres de la ciudad y obispado de Segorbe, con parecer y asistencia del doctor Miguel Martínez, canónigo de dicha iglesia; y si yo viviere hasta el día de Navidad primero viniente, y se cobraren los plazos de Navidad de dichos arrendamientos, quiero y mando que sea dicha repartición de mil libras en el modo susodicho, con parecer y asistencia del dicho doctor y canónigo Miguel Martínez, como tengo declarado.

E finalmente cumplidos y pagados todos los legados por mí en el presente testamento hechos, y los demás legados, descargos, papeles y memoriales que yo dejare firmados de mi mano y nombre, como ya arriba tengo dicho y especificado, en lo que restare de mis bienes, muebles e raíces, habidos y por haber, drechos y actiones que me pertenezcan, o me puedan pertenecer agora o en cualquier tiempo donde quiera que sean, o serán por cualquier vía, causa, manera y razón, heredera mía propia universal, y aun general, hago, nombro e instituyo por drecho de institución a mi propria alma, queriendo y mandando que dichos mis bienes y herencia sean distribuidos, y se distribuyan por mi alma a conoscimiento de los dichos mis albaceas y marmesores. E si por alguna sutilidad de drecho, por quedar como queda dicha mi herencia exhausta en legatos se debiese alguna, mando, ordeno y quiero que no se haga detracción alguna de los tales drechos, falcidia o trebellianica, sino que dichos legatos por mí dejados, así en mi testamento como en los dichos memoriales que dejare firmados, como arriba está declarado, se paguen por entero. 

Este es mi último testamento, última e postrera voluntad mía. El cual, y la cual quiero que valga por drecho de mi último testamento y postrera voluntad o por drecho de codicillo, o testamento nuncupativo, o por todo aquel mejor drecho, fuero, ley o privilegio que mejor valer y tener pueda. El cual fue hecho en la casa y alquería de Antonio Pau Font, ciudadano de Valencia, donde yo agora estoy enfermo, situada y puesta fuera y cerca de los muros de la ciudad de Valencia en la partida de arranca pinos, a seis días del mes de diciembre, año del nascimiento de nuestro salvador J. C. de mil quinientos noventa y siete. S+nial (sig+num, señal, sello) de mí Joan Baptista Pérez, Obispo de Segorbe, testador susodicho, que el dicho e preinserto testamento hago, otorgo y confirmo, y ruego sea puesto en ejecución y debido cumplimiento. 

Testigos fueron presentes a la confección y ordenación del dicho e preinserto testamento, convocados y llamados Antonio Pau Font, ciudadano de Valencia, mossen Blas Rubio, presbítero beneficiado en la Seo de Segorbe, y Jaime Sauz, escribiente habitante de la dicha ciudad de Segorbe. Los cuales interrogados si conocían al dicho Señor obispo Don Joan Baptista Pérez, testador susodicho, todos dijeron que sí; y el dicho señor obispo conoció a daquellos, nombrándoles por sus propios nombres y cognombres. E yo Joan Hierónimo de la Cambra, notario rescibidor de dicho testamento, conozco muy bien a dicho señor obispo y testigos, y aquellos a mí.

Et después a diez días del dicho mes de diciembre del dicho año de mil quinientos noventa y siete, que fue dos días después de la muerte del dicho Señor Don Joan Baptista Pérez, obispo de Segorbe, testador susodicho, en la corte eclesiástica de Segorbe, que está dentro (pone drento) de la casa episcopal de dicha ciudad, a instancia y requesta de los señores doctor Melchior Ocanya, arcediano de Alpuente en la iglesia cathedral de Segorbe, Domingo Mancho, canónigo de la dicha iglesia de Segorbe e Phelipe de Maya, mercader de Valencia, albaceas marmesores y ejecutores de dicho testamento nombrados, y del doctor Miguel Martínez, canónigo de dicha iglesia, en nombre y como a síndico del cabildo de dicha iglesia, y del doctor Ginés Crespo, tesorero, y licenciado Anthonio de Pedro, y doctor Gaspar Marques (Marqués, Márquez), canónigos de dicha iglesia de Segorbe, el dicho e preinserto testamento por mí Joan Hierónimo de la Cambra, por autoridades apostólica y real notario público rescibidor de aquell, con alta e inteligible voz de la primera línea hasta la postrera inclusive, fue leído y publicado; y así mesmo a instancia de los susodichos, y de mossen Cosme Damián Gómez clérigo, y de Martín Ynojosa (Hinojosa), criados de dicho señor obispo, legatarios, fueron por mí dicho notario leídos y publicados tres papeles y memoriales, scritos de la propria mano de mí dicho notario, y firmados de la mano y nombre del dicho señor Don Joan Baptista Pérez, obispo de Segorbe, las datas de los cuales son, es a saber: de los dos primeros que cada uno de ellos tiene una hoja entera, scritos a seis días del presente mes de diciembre, y el tercero que tiene una página primera y parte de la otra página de una hoja de papel scrita, es a siete del dicho mes de diciembre: los cuales papeles y memoriales de legatos y descargos, firmados de dicho señor obispo me los entregó y libró su señoría a mí dicho notario para que fuesen cumplidos como cláusula del preinserto testamento; e después de haber leído y publicado dicho testamento, papeles y memoriales de la primera línea hasta la postrera, los dichos señores doctor Melchior Ocanya, Domingo Mancho, e Phelipe de Amaya, marmesores, testamentarios susodichos, dijeron e respondieron que por servir a nuestro señor J. C., y por el grande amor que tenían al dicho señor obispo, testador susodicho, aceptaban como aceptaron el dicho cargo de marmesores y ejecutores, y en dicho nombre de marmesores aceptaron la herencia en dicho testamento dejada, con beneficio empero de inventario, y no de otra manera, &c. 

Síguese la aceptación de todos los legatarios, y a sus instancias y requerimiento la copia de los memoriales y papeles de legados, que son como se sigue: 

Memoria de algunos legatos que yo Don Joan Baptista Pérez, obispo de Segorbe, quiero que se den de mi hacienda, después de mi muerte, como sea la data desta no más antigua que dos años antes de mi muerte. 

Primo, a Andrés de Camargo le mando y lego cincuenta libras moneda Valenciana.

Item a mossen Miguel Mavero, presbítero, le mando y lego trenta libras.

Igual cantidad a mossen Cosme Damián Gómez, a mossen Vicente Pérez, a Baptista Martín, paje, a Francisco Picanya, paje.

Item a Vicente Tamayo, clérigo, cincuenta libras. 

A Agustín Pérez Redón, mi sobrino, cincuenta libras.

A Sebastián Caravajal (Carvajal), despensero, veinte libras.

A la viuda Guillema, ama de mi casa, veinte libras.

A la viuda Ariño veinte libras.

A Juan García, criado de mi casa de Castelnou, veinte libras. 

A Martín Ynojosa, criado de mulas de mi casa, veinte libras.

Los cuales legados hago a los dichos criados míos, no por donación, sino por recompensa de servicios y descargo, por si los salarios les han sido cortos; los cuales salarios quiero y mando se les paguen por sus ratas, porque dellas hay cuenta y razón ultra de los legados a ellos arriba dejados.

Item mando que a todos los criados que hoy están en mi servicio se les hagan vestidos de bayeta a conocimiento de mis albaceas, es a saber: luto de bayeta para los clérigos, manteo y sotana, y a los demás un herregüelo y ropilla.

Item quiero y mando que a Vicente Fornos, mi primo hermano, se le den cien libras si alcanzaren de la hacienda de mi inventario, y de lo que yo puedo testar en obras pías; porque le soy en mucha obligación a dicho Vicente Fornos, y a sus padres, y más es esto restitución que donación. 


Memoria de lo que manda su señoría que se haga de los papeles de mano que tiene en su librería. 

Primo, un libro de vida de sanctos de España manda que se dé a la librería de la Seo de Segorbe. 

Item dos tomos de bulas y privilegios tocantes a la iglesia de Toledo, y a otras de España, manda que se dé a la librería de la Seo de Segorbe.

Item tres libros, en el uno juntaba su señoría papeles tocantes a la dignidad episcopal de Segorbe, que tiene título que dice Episcopus: otro donde juntaba fundaciones de beneficios de la Seo de Segorbe, que tiene título Beneficia sedis Segobricen; y otro tercero donde juntaba las fundaciones de los beneficios de la diócesis, que tiene por título Beneficia Diócesis; estos tres manda y quiere su señoría que queden para el archivo episcopal, y ruega se cosan los cuadernos porque no se pierdan. 

Item otros dos libros que hay de mucha sustancia, en el uno está la relación de todos los beneficios de la Seo, con las rentas dellos ,y los patronatos y sucesión de beneficiados de la Seo de Segorbe; y otro libro de los beneficios de la diócesis; manda su señoría que dichos libros queden en el archivo episcopal de Segorbe; aunque si Dios diere vida a su señoría, tiene intención de acaballos, y dar copia al cabildo de dicha Seo. 

Item un otro libro que hay de tres dedos de gordo de la vida de los arzobispos de Toledo en borrador, este ruega su señoría que se ymbie (envíe) a Toledo, y se dé al P. Hierónimo de la Higuera, de la Compañía de Jesús, porque scribe desta materia, y le aprovechará mucho. 

Item otros libros hay, y tiene su señoría de mano en dicha librería, de historias españolas, que comienzan por Víctor tunensis, y otros libros de sanctos de España, que comienzan por sant Leandro; estos manda su señoría queden para la librería de la Seo de Segorbe, porque son un tesoro.

Item otro libro de concilios góticos, manda su señoría quede para la librería de la Seo de Segorbe; en el cual libro hay correcciones de concilios.

Item una historia de Rasis árabe.  - Item una historia de Don Alonso VIII de mano.  Item una historia de Lucas Tudense de mano, manda su señoría queden para la librería de dicha Seo.

Item dos libros de declaraciones de cardenales manda su señoría que queden para la librería de la Seo de Segorbe.

Item por cuanto su señoría ha hecho muchos borradorcillos en materias beneficiales y canónicas, manda que dichos papeles y borradores se den y entreguen al doctor Melchior Ocanya, arcediano de Alpuente, para que rasgue los que le paresciere; y los demás los comunique, si le paresciere, al doctor y canónigo Miguel Martínez, porque no son libros de comunicarse a otros que no sean de tanta familiaridad. 

Memoria de lo que el señor obispo quiere y manda que haga el doctor Melchior Ocanya de los primeros dineros, que cobrará en virtud de una procura que el dicho señor obispo ha hecho. 

Primeramente quiere, ordena y manda su señoría que el dicho doctor Melchior Ocanya de dichos dineros, que cobrará aparte, retenga en su poder mil y doscientos ducados para pagar las pensiones que se responden sobre la mensa episcopal en el plazo de Navidad primero viniente, y que de lo demás que cobrare, distribuya y reparta quinientas libras en pobres de la ciudad y diócesis de Segorbe, con asistencia y parecer del doctor Miguel Martínez, canónigo de dicha iglesia. Y si su señoría viviese hasta Navidad primero viniente, y se cobraren las pagas de los arrendamientos de la mensa episcopal de dicho plazo de Navidad, sea la repartición de mil libras &c. 

E ansi mesmo su señoría manda y lega el retablo que tiene en la casa episcopal de Segorbe, el cual trujo (trajo) de Toledo, so invocación de la Natividad de nuestro Señor, a la capilla de dicho palacio episcopal, donde hoy está; queriendo y mandando que dicho retablo quede perpetuamente en ella; y así lo firmó de su mano en la alquería de Font a 7 de diciembre de 1597. 

lunes, 31 de octubre de 2022

Carta XCIV. Noticia de varios ritos de Gerona y de sus códices rituales.

CARTA XCIV. 

Noticia de varios ritos de Gerona y de sus códices rituales. 

Mi querido hermano: Una de las cosas que más deben excitar la curiosidad de los anticuarios en esta iglesia de Gerona es la multitud y singularidad de sus ritos antiguos. Yo creo que así por ellos como por la gravedad de los oficios eclesiásticos mereció esta catedral ser llamada madre de las ceremonias, título que suponía ser ya muy antiguo el Obispo Don fray Benito de Tocco en una alocución que hizo al capítulo sobre reforma del culto, día 2 de octubre de 1574. Sería pues un delito no seguir mi costumbre en dar alguna muestra de las más notables que se practicaron antiguamente, guardando para la historia de los ritos de España un cúmulo inmenso de observaciones con que saldrá enriquecida de los códices Gerundenses. El que más me ha servido para el objeto es una consueta manuscrita a fines del siglo XIV, el año 1360. De ella y de los otros libros rituales y capitulares, es tomado el ensayo siguiente: Comenzando por el principio del año eclesiástico en los maitines de la primera Dominica de adviento, se decía con voz baja: Domine labia. Deus in adjutorium, y también el invitatorio hasta el Hodie si vocem, etc. Entonado el primer salmo, dejado su asiento el precentor tenens ferulam viridem in manu dextra et incedit per chorum faciendo clericos decantare. De uno y otro han quedado reliquias hasta nuestros días. La férula parece ser el bordón o insignia de su oficio en las solemnidades. En otras partes he advertido también el uso de la voz submisa en los maitines e introitos de las misas, que sólo dejaba de practicarse en las ferias y semidobles. En los maitines de Navidad había cuanto en otras partes se ha dicho de prosas, verbetas, sibilas, profetas, laudes intra misam, representación del parto, y otras mil cosas. Para la misa pontifical del día, señala la consueta el rito de subir el Obispo a la Sede alta detrás del altar mayor, como ya insinué los correos pasados. Y para que formes alguna idea añadiré hoy lo siguiente: Salía el prelado de la sacristía acompañado de diez presbíteros, el diácono y el tesorero, todos con capas sericas, rezando el salmo Judica me. Llegado al altar decía la confesión “Ipsa finita (dice la consueta) osculatur textum, et postea retrocedit ad ianuam rexiarum. 

Postea diaconus primo, et postea thesaurarius, et postea sacerdotes sibi assistentes singulariter accedunt ad eum, et quilibet eorum osculatur sibi manus, et postea os. Et postea episcopus ascendit ad Sedem et ibi facit officium usque ad Credo inceptum; postea venit ad altare et ibi finit Credo. Quo finito osculatur textum Evangelii... et ista fiunt in his diebus solum et S. Johannis, Paschae et Pentecostes, Asumptionis beatae Mariae et Corporis Xpi... et ut episcopus videatur in Sede retro altare, vertantur per clavigerum ganfernones", que son las cartelas de plata en que remata el retablo. Hoy queda esta solemnidad en algunos días; mas en lugar del ósculo en la boca, besan los sobredichos el hombro del Obispo. En las segundas vísperas de Navidad, llegando a la conmemoración de San Esteban, fiat, dice la consueta, repraesentatio martyrii B. Stephani: que cierto, si se hacía al vivo sería cosa notable. En las segundas vísperas de San Juan Evangelista, en la conmemoración de los Inocentes, comenzaba a ejercitar su oficio el Obispillo electo anticipadamente el día de San Nicolás de Bary (Bari) con todas las circunstancias de hacer el oficio, predicar, bendecir, etc. Todos los niños, como familia y empleados principales del Obispillo ocupaban el coro superior, sirviéndoles el clero libros, velas, y cuanto ellos hacen los otros días del año. Omito la noticia de otras extravagancias que tengo copiadas. Figuraba además la administración del Sacramento de la confirmación, durante toda la octava de los inocentes en que duraba su autoridad. Grandes males y alborotos se seguían de esto, y más con las competencias que había entre el Obispillo y el abad de San Félix, que también se elegía un niño a quien llamaremos Abadillo. Sentidamente se quejaba de ellos el sabio arcediano de Besalú, Don Andrés Alfonzello en 1475, cuando propuso al capítulo la total abolición de representaciones tan indecentes, a imitación de la catedral de Valencia y otras que las habían quitado del todo. Mas la consideración de lo que es una costumbre envejecida, obligó al Obispo Don Juan de Margarit, en cuyas manos puso el capítulo la resolución a permitir su tolerancia con ciertas restricciones prudentes que verás en el cronicón de cosas notables que he formado de los registros capitulares de dicho Alfonzello, y ya envié los correos pasados. Duraba todavía esta tolerancia en 1539, en que a 11 de enero hizo el capítulo la ordinación siguiente: quod nullus maxime magnorum invitus sive coactus apportetur ad episcopellum pro confirmando: sed si magni et parvi bonis verbis induci possunt ut confirmationem à dicto episcopello accipiant, hoc toleretur (Act. cap. eo anno fol. 343). Del 1541 queda un decreto corrigiendo aquellas insolencias, que va copiado (a: Ap. núm. XXXVI.). A fines del mismo siglo se quitó del todo esta costumbre.

No era reliquia de la penitencia antigua en el principio de Cuaresma la costumbre que había en el siglo XV, y expresa un manual de la curia episcopal (n. 20. fol. 153) con estas palabras: "Praecentor tenetur prima die lunae kadragesimae qua dicitur advenerunt nobis dies poenitentiae, omnes scholares scholarum cantus facere spoliari ratione maioritatis et in signum correctionis quam habet in ipsis; et dum ipsi cantant advenerunt spoliati in camisiis, percutit eos cum corrigia, secundum quod meruerint et postea dat eis placentulam valentem unum denarium." Hacíase esto privadamente, y pues era justo que se hiciese en un tiempo o en otro, se escogía para tal ceremonia el de la penitencia pública.

En todas las Dominicas de Cuaresma se hacía ese mismo siglo XV en esta catedral una representación de la historia del Evangelio, por la tarde a la hora del sermón, que por la misma razón no se predicaba por la mañana como en todos los otros días. Así se mandó en el año 1473, como verás en los extractos de los libros de Alfoncello. Esta es también la época de la Cuaresma continua, digo, de los sermones diarios predicados por uno mismo: que en esta carga se conmutó al lector de la catedral la que tenía de leer la escritura. En el mismo estatuto se ve que ya entonces era por la tarde el sermón de Carlo Magno; lo cual es una prueba de que entonces había ya cesado aquí su fiesta establecida hacia el 1346. La consueta que aquí queda más antigua con ser del año 1360, no pone esta fiesta en el calendario. Mas pónela en el cuerpo con este título: In natale Sancti Karoli magni Imperatoris et confessoris, al otro día de la fiesta, dormitionis Sanctae Paulae. Su rezo tiene algunas antífonas propias, mas la mayor parte es del común. Al margen hay una nota de letra de fines del siglo XV, que dice: “Istud officium hodie non celebratur, qui per Summum Pontificem per suum breve fuit mandatum capitulo non celebrari: et ideo fuit ordinatum supersederi in dicta celebratione, donec aliter fuerit ordinatum per Sedem apostolicam". De esto ya se dijo en los correos pasados. Hoy queda la costumbre de predicar de este héroe en la Dominica II de Cuaresma a la una de la tarde. El sermón que yo oí este año 1807, me parece muy ajeno del espíritu de la iglesia, que tolera se haga un recuerdo fúnebre de este héroe, mas no un elogio cual se hiciera venerándolo en los altares. Es esto mucho más chocante a quien conozca el poco motivo que hay para que Gerona distinga aquel Príncipe con este honor: que cierto no le debe más de lo que deben Barcelona y Urgel a Ludovico Pío, Vique a Odón, Lérida y Tortosa al Conde Don Ramón Berenguer IV, y Valencia a Don Jaime el I; y con todo, no se hallarán en aquellas iglesias otras memorias de sus bienhechores sino las que la religión quiere que se hagan de los finados no declarados por Santos y dignos de culto. Mas dejando esto a quien toca, vuelvo al canto llano de mis ritos. Una cosa hay loable en este acto, y es que antes de comenzarse dicho sermón se lee en el púlpito la nómina de los que murieron en la ciudad desde el mismo día del año anterior. Las demostraciones de alegría que la iglesia hace en la Dominica IV de Cuaresma reducidas a que se taña el órgano en la misa mayor, eran aquí mucho mayores en el siglo XIV y de costumbre muy antigua. Porque se hacían tres procesiones: una después de Laudes a la capilla del Santo Sepulcro, cantando la antífona: Ecce mater nostra Jherusalem, donde se celebraba una misa solemne. La segunda después de prima por el claustro, donde el cantor segundo cum ferula in manu, entonaba Alleluia: Confitemini Domino, etc., la cual cantaban todos, y luego se repetía en tono más alto que la vez primera. Después se entonaba el R). Christus resurgens ex mortuis iam non moritur: mors illi ultra non dominabitur: quod enim vivit, vivit Deo: alleluia. V). Dicant nunc Iudaei quomodo milites custodientes sepulcrum, perdiderunt Regem ad lapidis positionem: quare non servabant petram iustitiae? Aut sepultum reddant; aut resurgentem adorent nobiscum dicentes: alleluia. Con esto remataba esta procesión. La última se hacía después de tercia, según la costumbre de todas las Dominicas: Quare fiant, añade la consueta, hae processiones, his versibus continetur: 

Urbs hodie sancta Jherusalem iam tot liberata

Letatur, gaudet, exultat laude novata.

Sed quoniam veterum nova sunt monimenta beata,

In Gerundensi processio fit triplicata.

Prima notat pulcrum Domini canendo sepulcrum:

Res nova vox munda Alleluia secunda:

Tertia sollempnis, ut est jus mosque perhemnis. 

En la Semana Santa hay curiosidades notables. Diré de algunas. Los maitines de tinieblas se cantaban post solis occasum. No había tenebrario, sino que se colocaban veintisiete cirios sobre las rejas del altar mayor, cuyo medio ocupaba el llamado Traditor, por la antífona ad Bened. del primer día, que es cuando lo quitaban. Los cirios se iban matando al principio de cada salmo y responsorio. Al fin se decían las rimas que otras veces he dicho, que antes llamaban Fars y ahora Fassos, derivados de Farsa, nombre propio de ciertas preces rimadas. Las tablas de que se servían en lugar de campanas ya se llamaban en el siglo XIV batzoles. La Eucaristía en el Jueves Santo se reservaba in armario Sancti Martini, cum sindone munda, poniendo delante del armario cuatro velas. En la capilla del mismo Santo se colocaba al amanecer del Viernes una cruz en el pavimento para que los fieles la adorasen, cuando venían por devoción. Y este puede decirse el origen de nuestros monumentos tal cual se usan hoy día. En el que digo del Viernes Santo se mostraba al pueblo la Santa Espina antes de la adoración de la Cruz. Concluidos los oficios se lavaba el altar mayor (cosa de que no se habla el Jueves Santo), por el Obispo y doce presbíteros del Capítulo, y el pavimento al rededor por los ministros inferiores de la iglesia. Durante esto se cantaban en alta voz el himno Pange lingua, etc., y varios R)R). No se cantaba cosa alusiva a Santa María cum hac die (dice la consueta), ipsa fuerit multum mesta et tristis propter filii passionem et cum altare filium representet, et broques, sive fustes aut rami cum quibus purgatur vel mundatur altare, representent coronam spineam capitis, et etiam aqua quae ibi loco vini et aquae ponitur, representet aquam et sanguinem lateris J. C.; ideo in hac sancta ablutione non fit comemoratio Sanctae Mariae.

En la pasión del mismo día al decir partiti sunt, quitaban dos clérigos las toallas del altar per modum furantis vel frangentis pannum propter sortem vestimentorum vel fugam discipulorum. Así esta pasión como las demás la leía uno solo. A fines del siglo XV se introdujo el cantar entre tres la del Domingo de Ramos, por ser más solemne. Hízose la primera vez en 1474, leyendo el diácono de la misa mayor las palabras quae dicuntur sine cantu, y lo restante otros dos. Agradó mucho la nueva invención; pero hubo algunos más serios que dijeron: quod passione non debent cantari cum cantu organi. Para conciliar ambos partidos resolvió el Obispo Don Juan de Margarit que en adelante se cantase por tres la pasión del Domingo de Ramos por ser tan solemne, y los otros días la leyese uno solo (Reg. de Alfonzello, fol. 18. b.) En el Sábado Santo, mientras el Obispo bendecía el fuego se cantaba el himno que comienza Inventor rutilis, y entonces se quitaban las capas corales negras y comenzaba el uso de la sobrepelliz. Una nota del siglo XV en la misma consueta dice que esto se hacía concluida sexta. En las profecías no se leía título (rubrica), ni in diebus illis, ni haec dicit Dominus; y da la consueta esta razón: Quia sumus sine capite, id est, sine Christo. Antes de entonar la Gloria in excelsis anunciaba el Obispo por tres veces al pueblo la resurrección, diciendo: Christus Dominus resurrexit; y el coro respondía: Deo gratias. No se decían hoy completas, quia hoc officium est totum de nocte sequenti, et propter neophitos in lege fuit ordinatum ita breve. Todas estas ceremonias se practicaban a proporción en la colegiata de San Félix, donde sólo hallo que advertir que en el año 1378 se mandó que en el día de Jueves Santo se adornase el altar de San Esteban de pannis pulchrioribus dictae ecclesiae pro ornamento corporis Domini nostri Jesu Christi qui inibi ipsa die reponitur reservandum pro die Parasceve. Mandábase también poner delante del mismo altar la Cruz para que el pueblo la adorase, como hasta entonces se pusiese delante del de San Narciso. Item aún antes de ese año dos clérigos leían todo el salterio delante del cuerpo del Señor. Prueba de que se depositaba en público, cuando en otras iglesias se reservaba in sacrario; y como dicen más expresamente algunos códices in sacristia. El Domingo de Pascua por la tarde, a la hora de vísperas, se hacía la representación de las tres Marías por los tres canónigos más modernos, a lo cual se obligaban en su ingreso. En 1539 se reformó en parte esta costumbre, como verás en la copia adjunta (a: Ap. núm. XXXVII.), que indica lo que esto era anteriormente, y también otras representaciones del mismo día.

En las rogaciones no se hacía procesión sino en la feria II. Así es que en un acta capitular de 1535 se dice que las tres procesiones en los tres días eran de uso reciente en esta iglesia. La fiesta del Corpus ya vemos que la instituyó aquí el sacrista Berenguer de Palau, que murió en 1314. Dícelo su inscripción sepulcral, que ya envié. Hacíase su procesión por la mañana, y en ella, además de los gigantones y otros comparsas, se representaban en las plazuelas de San Pedro y del Vino el sacrificio de Isaac, el sueño y venta de José y otras historias sagradas, las cuales ejecutaban los beneficiados de la catedral. En la procesión de la fiesta del Ángel Custodio iba un muchacho representándolo y cantando coplas en lengua vulgar, lo cual se quitó en 1585. En Valencia todavía hay algo de esto.

Los invitatorios de los días clásicos los cantaban doce presbíteros con cirios encendidos. Las antífonas ad Magnificat y Benedictus en estos códices se llaman Antifona in Evangelio, sin duda porque se tomaban de la letra de él. La hora que decimos sexta llamaban alguna vez meridies (siesta, mediodía). A este tenor hay otras mil observaciones que en la historia de nuestros ritos vendrán bien y aquí serían importunas. Escusado es decir que esta iglesia continuó en el uso de sus libertades por lo tocante al oficio eclesiástico hasta los tiempos de San Pío V, cuyo decreto, con el orden del Breviario Romano, no fue aquí admitido hasta el día 4 de febrero de 1574, seis años después que lo publicó y mandó el sobredicho Papa. 

Entonces resolvieron el Obispo y capítulo comenzar el oficio nuevo en las vísperas de la Dominica inmediata de Septuagésima. Consiguiente a esto ordenaron a 10 del mismo mes y año, que en adelante al fin de la misa no se dijese la Salve Regina, según era costumbre inmemorial, sino que en su lugar se dijese el Evangelio de San Juan In principio, según el orden Romano. Conservaron con todo eso algunas cosas propias suyas, tal es la letanía antigua de esta iglesia después de los salmos penitenciales, que no se dejó hasta 1599, en que resolvieron admitir la romana.

Los códices Gerundenses más notables que he visto anteriores a la admisión del nuevo oficio son los siguientes:

I. En la curia episcopal un Breviario cuyas circunstancias expresa el epígrafe que se halla en las tablas de cómputo hacia la mitad del volumen. Dice así: Anno Domini M.CCC.XXXIX. currit aureus numerus in decem: unde fuit Pascha illo anno dominica post VI kal. Aprilis (como si dijera: fue la Pascua a 28 de marzo, la primera Dominica después del día 27 en que cayó el plenilunio: cuenta exactísima) in quo anno Breviarium istud fuit completum per manum Petri Arnaldi de Podiolo (Pere Arnau de Pujol), tunc clerici Sancti Petri de Gallicantu. Est autem Breviarium Vitalis de Blanis Abbatis. Fue este Vidal abad de San Félix desde el año 1337 hasta el 1342, en que fue hecho arcediano mayor y más adelante Obispo de Valencia. El códice es precioso, y de él se tomaron varias curiosidades y copia del oficio de la Concepción y del de Carlo Magno, que se halla al fin añadido cuando se instituyó esta fiesta en 1345. Ya creo haber dicho que esta última fiesta no se guardó siempre en la iglesia de San Félix; mas como su Abad puede residir en la catedral se escribió allí el oficio para esta circunstancia. 

El archivo de la catedral conserva más de treinta volúmenes rituales de varios tamaños, edad y objeto. El más considerable por su antigüedad es un códice que contiene los santos cuatro Evangelios con el índice de las festividades y del texto que en ellas se leía. En él hay mención de pocos Santos Españoles y ninguno Gerundense: llama al sábado feria VII; pone en cada día la estación de Roma. Va copiado este índice (a: Ap. núm. XXXVIII.). Con esto es cierto que el códice es de allá, y acaso uno de los primeros que acá sirvieron en la introducción de aquel rito; porque es indubitable ser escrito en el siglo XI. Y como no es fácil fijar el año, pudo suceder que sea anterior al 1069, en que dicen se admitió el Romano: no siendo irregular que acá se practicase antes de ese año, como se probó de la catedral de Vique. Las cubiertas del códice de madera están adornadas de relieves y figuras: por las fórmulas de obediencia canónica en las primeras hojas se ve que sirvió para estos actos y el juramento que los acompañaba.

Posteriores a este son los misales, pontificales y ordinarios que quedan; algunos de ellos escritos con gran lujo y delicadeza. Es notable que en algunas de las rúbricas que prescriben, dicen estar así mandado in libello Romano. Tal es la de quitar los manteles del altar in modum furantis el día de Viernes Santo, cuando en la Pasión se decía partiti sunt vestimenta, etc. De donde se ha de inferir que otras ceremonias no menos nuevas para nosotros que la sobredicha eran de costumbre antigua y no mendigadas de allende, digo, de más allá de los Alpes. No sé si diga lo mismo de los Kiries, Gloria y Sanctus propios para cada fiesta principal del año. Hay de ellos una colección que he copiado, junto con muchas prosas, todo ms. en el siglo XI, con las notas de canto sin llaves ni rayas. Omito otras curiosidades.

Además de todos estos códices hay la consueta que antes decía, muy completa, escrita en 1360, ya desusada en el día en la mayor parte. De ella se formó otra acomodada al siglo XVI en 1595, la cual está ya también en gran parte anticuada, y de esta se formó en 1656 otra, que es la que rige. En estos libros se ve el origen y suerte de muchas ceremonias. A Dios, etc.

jueves, 5 de enero de 2023

CARTA CXI. Reliquias, alhajas y ornamentos antiguos: fábrica antigua y moderna de la Catedral de Lérida.

CARTA CXI. 

Reliquias, alhajas y ornamentos antiguos: fábrica antigua y moderna de la Catedral de Lérida. 

Mi querido hermano: La reliquia más notable que se halla en esta iglesia es un trozo de pañal en que dicen fue envuelto nuestro Redentor, llamado comúnmente el Sant Drap. Es un tejido grosero, tanto como el sayal más despreciable. Presenta un color ceniciento, y es un trozo casi cuadrado de dos palmos poco menos. Está extendido dentro de una cajita cuadrada de plata, cuyas labores parecen de fines del siglo XV. He copiado la escritura de entrega de esta alhaja, que hizo a esta iglesia y a su Obispo Don Geraldo de Andriano un vecino de esta ciudad llamado Arnaldo de Solsona, año de 1297, en la cual se contiene toda la historia de ella, y los varios caminos por donde vino a parar aquí (a: Ap. núm. XIX.). Este Arnaldo de Solsona suena ya en 1272 y 74, aunque con otra mujer llamada Ermengarda

Desde ese tiempo son continuas las memorias de la existencia y veneración de esa reliquia en esta Catedral. En 1324 el Obispo Ponce de Vilamur hizo con su Capítulo una constitución sobre su custodia, prohibiendo que nadie cortase ni quitase de él la parte más mínima, como con estos piadosos hurtos se hallase notablemente disminuida. Va copia de ella (a: Ap. núm. XX.). En 1351, día 4 de enero, los prohombres y Consejo general de esta ciudad, con la ocasión de ir a Roma el oficial general de Lérida, le encargaron, entre otras cosas, que alcanzase indulgencia à pena et à colpa à tots aquels que veuràn lo Drap de nostre Senyor de certa part dels pecats mortals. A 25 del febrero siguiente, con el aviso del oficial desde Roma, resolvieron que li sie tramesa ay tanta moneda com aurà mestèr per havèr la dita indulgencia al Drap de nostre Senyor. No tuvo efecto esta solicitud ni otras muchas veces que se intentó, y de ello se quejan sentidamente los mismos en otra deliberación del día 21 de mayo de 1434. Poco después los Papas Nicolao V y Calixto III concedieron amplias indulgencias para su veneración. Sábese por varias visitas que en la Catedral antigua estaba custodiado en un armario dentro de la pared lateral del presbiterio, al lado del Evangelio, de donde sólo se extraía en fiestas señaladas y lo llevaban a la sacristía para la adoración del pueblo. En un Misal de esta iglesia, manuscrito en el siglo XIV, se conserva el rito con que era sacado de la sacristía a la pública veneración el día de Navidad en la misa mayor, y lo mismo sucedería el día de la Ascensión. Se manda pues que, dicha la Epístola, el celebrante entre en la sacristía, y tomando el Santo Pañal salga cantando el Te Deum, y continuándolo suba al púlpito y muestre al pueblo la reliquia. Hecho esto diga el V) Post partum, y la siguiente oración: Omnipotens sempiterne Deus, qui hunc diem per Incarnationem Verbi tui, et Partum Beatae Mariae Virginis, ac per ostensionem panni tui consecrasti: da populis tuis, in hac celebritate consortium ut qui gratia tua sunt redempti, tua sint adoptione filii. Per. etc. Tras esto uno de los principales del coro entonaba la antífona Ave stella matutina, y el sacerdote volvía a dejar la reliquia a la sacristía, y luego se continuaba la misa. Antes de eso estaba mandado por Don Geraldo de Requesens, que floreció a fines del siglo XIV, con su Capítulo, que esta reliquia se mostrase al pueblo dicho día de Navidad después del sermón, que sólo se permitía predicar en la Catedral para que los fieles acudiesen a este acto, estimulándolos además con indulgencias. Andando el tiempo, en 1427, se revocó la constitución de que se mostrase al pueblo esta santa reliquia sólo una vez al año; y aun después se añadió al día de la Natividad de nuestro Señor el día de la Asunción de nuestra Señora, como se ve en la constitución hecha a 28 de diciembre de 1453, mandando que estuviese expuesto a la veneración del pueblo en la sacristía durante las octavas de ambas fiestas. De allí a dos años, a 29 de diciembre, se mandó sacar a la adoración pública en el día de la Ascensión del Señor. Hoy sólo se muestra en la Natividad y Ascensión, y ya se guarda de continuo en el armario de las reliquias en la sacristía. Para averiguar la verdad de la tradición de que este pañal es incombustible se han hecho algunas pruebas jurídicas ante varios Obispos, y hasta nuestros tiempos, y se ha hallado ser así la verdad. De la historia y circunstancias de esta insigne reliquia se conserva en el archivo una larga Disertación escrita en 1773 por Don José Javier Mari, canónigo penitenciario de esta iglesia. ¿Qué diré de la preciosa planeta que aquí se conserva atribuida a San Valero, Obispo de Zaragoza? Que cierto, aunque no tuviese esta recomendación es por sí misma muy apreciable, y de las pocas alhajas de esta clase que nos ha conservado la antigüedad eclesiástica. Está enteramente cerrada, y con todas las circunstancias que nos pintan los ritualistas. Tendrá unos siete palmos de alta, y de área de quince a diez y seis. Es un tejido de oro y seda con labores uniformes y prolijas. Otra había de igual forma, la cual deshicieron y acomodaron al uso actual con el deseo de que sirviese al Santo Sacrificio. Devoción que no merece ser aplaudida ni imitada, y de que no se hubiera dejado arrastrar el que esto hizo, si hubiera tenido presente la constitución de su misma iglesia del día 4 de febrero de 1499, en que se mandó quod honorabilis D. Johannes Franciscus de Olivo, hornamentarius hoc anno dictae Sedis reparari faciat vestimenta SS. Valerii et Vincentii Sedis Illerdae propter antiquitatem in tantum vetusta ad finem ut conserventur, et quod ab inde non vestiantur, sed conserventur in futurum; et quod die sive festo S. Valerii, ponantur super altare, ut de his memoria ab omnibus habeatur. Antes de esto, en 1489, en el libro de cuentas de ornamentos y sacristía, se lee: Item ponit in receptis 10 sol. 6 den. qui processerunt ex et de ofertorio die Sancti Valerii, eo quia fuit facta processio cum sancto brachio et vestimentis, etc.

Del mismo santo Obispo se cree ser también una capa pluvial con el triangulito en lo alto de ella en el lugar de la capilla, mucho menor que el que dije de San Raimundo de Roda. Las labores del tejido de oro y seda parecen arabescos. En las dos caídas de ella se ve tejida una inscripción árabe cúfica. Lo cual hace ver que esta es pieza posterior al siglo de aquel Santo. Salváronse estas reliquias del general incendio que abrasó la sacristía hacia los años 1480, consumiendo las llamas una riquísima porción de pluviales y casullas y otras alhajas que los inventarios anteriores suponen existentes, las cuales ahora servirían bien para la liturgia. De este fatal acontecimiento hay varias memorias: tal es el breve de Inocencio VIII mandando no se negasen al actual Sacrista las distribuciones en castigo de aquella ruina, en que le supone inculpable. Item se aumentó a treinta libras la tasa de veinte que hasta allí pagaban los canónigos en su ingreso para reparar aquellos daños. Otras noticias se darán en el pontificado del Cardenal Luis Juan del Milà. Nada diré del lignum Crucis, santa espina, huesos del brazo de San Valero, del de San Lorenzo, San Raimundo de Roda, etc.; porque nada hay que añadir a lo sabido, y de esta clase se podían (podrían) hacer largos catálogos. En el armario donde ellas se guardan está la custodia de plata para el día del Corpus, obra de labor y gusto gótico, prolijamente ejecutada por Ferrer Guerau, platero de Barcelona, año 1513. Habíase hecho con él la concordia siete años antes, tratándose que tuviese cien marcos de plata a cuatro ducados de oro por marco. Otra alhaja se guarda de mucho más valor y mérito, y es una pila pequeña de agua bendita para la cabecera de la cama. Es un óvalo de poco más de un palmo de diámetro mayor. En el centro tiene una imagen de nuestra Señora de miniatura pintada sobre cartulina, pegada en el fondo, y al rededor un follaje de lo mismo trabajado a tijera. El marco está rebutido de pedrería exquisita con seis camafeos o sellos grabados en piedras preciosas. Entre ellos descuella en la parte superior uno que representa una fortuna redux con su correspondiente cornucopia, abierto en ágata: un Cristo en lapislázuli: un jinete como el de las monedas celtibéricas o sea San Jorge: una cabeza de Reina y otros. Dicen que fue regalo hecho por la Emperatriz de Austria al Obispo Don Valero Alfonso de Santa María, el cual la entregó a su iglesia, cuando vino de Viena en 1700. 

Son también notables en la misma sacristía cuatro cuadros exquisitos, comprados de la almoneda del Infante Don Gabriel por el canónigo Don José Salas, entonces procurador de esta iglesia en Madrid, año 1791, y son: uno de la agonía de Cristo en el huerto, obra de Mengs, y contado en el catálogo de sus obras, pintado sobre tabla de caoba: otro de nuestra Señora, obra sobre caoba, copia de Martínez, pintor de dicho Serenísimo Infante: otro de borra de paño, que representa a nuestra Señora con el niño en brazos, del que huye San Juan Bautista: dicen que trabajó en él dicho Infante y es copia del de Rafael en el Escorial, y un Ecce-homo, regalado al mismo Príncipe por el Papa Ganganeli por mano del Señor Azara, y se dice ser de Guido Rheni. De la misma almoneda se compró también un excelente cuadro de un crucifijo de autor desconocido, que hoy está colocado en el testero de la iglesia sobre el confesonario del canónigo penitenciario. 

Gracioso es también y digno de memoria el aguamanil de la sacristía, ejecutado en mármoles y jaspes de Génova por el acreditado profesor de Barcelona N. Gurri. Es un templete aislado en medio de la sacristía, elevado sobre un basamento circular, sobre el cual hay ocho columnas pareadas que sostienen una graciosa cupulita. En el centro está colocada una buena estatua de un ángel, y a su rededor los cuatro grifos que suministran el agua. De la restante fábrica del templo actual, nada tengo que añadir a lo que Ponz dijo en su viaje. Y digo el templo actual, porque conocida es la traslación de la catedralidad desde lo alto del castillo, donde antes estuvo, al sitio actual, verificada casi en nuestros días. Comenzó la fábrica el Obispo Don Manuel Macías Pedrejón, poniendo la primera piedra a 15 de abril de 1761, la cual se concluyó y consagró de allí a veinte años a 28 de mayo el Obispo Don Joaquín Antonio Sánchez Ferragudo (Ferragut).

Por venerable que fuese el templo antiguo y su lugar eran notorios los motivos que hubo para esta traslación. Entre ellos era notable la incómoda residencia del clero y asistencia del magistrado y pueblo, que vive en gran distancia de aquella altura. Ya de antiguo, sin duda para estimular a la asistencia del pueblo, no se permitió más parroquialidad en toda Lérida sino la Catedral, precisando a los fieles a subir a ella para recibir los sacramentos del bautismo y el matrimonio. Esta costumbre aprobó ya el Papa Celestino III, año primero de su pontificado, a 16 de las calendas de agosto. Quia vero, dice, eadem ecclesia in civitate Illerdae sola baptismalis esse proponitur, apostolica auctoritate sancimus ut sicut ad haec tempora noscitur observatum, in ea tantum baptismus et nuptiarum benedictio celebretur (Lib. ver. fol. 25). Renovó y confirmó esta práctica el Obispo Don Pedro de Rege, mandando que ni sus sucesores ni el Capítulo pudiesen dar licencia para que nadie se bautizase o casase en otra iglesia, exceptis Regibus et filiis Regum. Dio además la razón de esta prohibición, porque a lo menos con este motivo visitasen los fieles la iglesia Catedral, a la cual no iban por estar edificada in montis celsitudine. A 4 de enero de 1351 hallo en el registro de Consejos generales de esta cuidad, que resolvieron pedir al Santo Padre ques poquesen (poguesen) fer babtismes et nupcies (: noces) per totes les parroquies de la ciutat. Aún ahora, habiendo aumentado tanto la población, sólo se ha puesto otra pila bautismal en la parroquia de San Juan.

Acerca del templo y canónica antigua hay que distinguir dos épocas: la primera es la de la conquista de esta ciudad, cuando apenas verificada, a los seis días precisamente de su ocupación, hallamos que ya se consagró la Catedral, y en los años inmediatos hay ya memoria de canónica y claustros. Porque no permitiendo la brevedad del tiempo ni la pobreza de la iglesia en sus principios que se hiciesen tan grandes y costosos edificios, es preciso confesar que debió uno y otro acomodarse en los que estaban ya hechos, y yo entiendo que la situación de todo ello fue en la fortaleza más alta, llamada la Zuda, donde aún hasta nuestros días ha subsistido la iglesia, y se ven todavía vestigios de claustros, refectorio y varias oficinas. Particularmente de los claustros consta que los había ya en 1214, cuando un Raimundo de Segarra eligió sepultura en esta Catedral intus in claustra (Lib. ver. fol. 155). No hay noticia de cuerpo alguno religioso que haya poseído aquel edificio; y el atribuirlo a los Templarios, como hace el vulgo, es una de sus hablillas despreciables. Esta religión estaba establecida y bien heredada en la vecina montañuela, llamada Garden: suficientísimo premio de lo que había contribuido a la conquista de esta ciudad. Y si el Conde multiplicara en ella sus fundaciones hubiera sido despertar los celos de los que igualmente trabajaron. Bien mirado todo, y la dignidad de la iglesia matriz y de su clero, tengo por cierto que la primera Catedral fue la mezquita que tenían los Moros dentro de su mayor fortaleza, y que los edificios inmediatos se acomodaron para la vivienda del clero. Donde por consiguiente el culto divino, objeto principal del piadoso conquistador, estuviese a cubierto de cualquier invasión o alarma en una tierra recién conquistada, y todavía llena de enemigos sujetados. Con este sitio que digo cuadra literalmente la expresión de los Obispos, que decían que la Catedral estaba in montis celsitudine. Para aliviar las varias incomodidades de esta situación emprendió el tercer Obispo Gombaldo de Camporrells la fábrica de una nueva y magnífica Catedral, sin esperanza de verla concluida. Escogiose para esto la colina más baja que domina la ciudad, donde el arquitecto Pedro Dercumba o de Cumba (de Coma o Cescomes) (N. E. de Cumbis también) planteó el nuevo templo, cuya primera piedra pusieron el Rey don Pedro II de Aragón y el Conde de Urgel Ermengol VIII, Conseñores de Lérida, día 22 de julio del año 1203. Noticias que nos conservaba una piedra escrita en el presbiterio de la iglesia, al lado del Evangelio; y ahora ni allí existe ni en parte alguna. Razón porque no la pongo aquí, aunque he visto varias copias de los que la vieron y trasladaron. En la continuación de la fábrica trabajó el arquitecto Pedro de Peñafreyta (Pinna freyta, Penna frigida, peña fría, pedra o pera freda), que murió en 1286. Los Prelados que sucedieron a Gombaldo aplicaron todos los medios acostumbrados para adelantar la obra con tanta diligencia, que en el año 1278 pudo ya consagrar la nueva iglesia el Obispo Don Guillermo de Moncada, como lo efectuó día 22 de octubre, señalando la celebridad anual de su dedicación en la Dominica primera, después de la fiesta de San Lucas.

No deja de admirar la pronta ejecución de este edificio, compuesto todo de piedras sillares traídas de muy lejos, cortadas con gran simetría, y labrado gran parte de él con no poco lujo. Consta el cuerpo de la iglesia de tres naves, separadas entre sí por tres arcos, a que corresponden en las paredes laterales otras tantas capillas, parte profundas y parte no. El crucero es grandioso, y de casi tanta longitud como la iglesia, adornado de un cimborio o cúpula graciosísima que honra la solidez de aquella arquitectura, compatible con los adornos más sutiles e ingeniosos. La cornisa se corre por lo interior de las paredes: súbese a ella por una escalera exterior y volada, que a mi entender es lo mejor de todo el edificio. El presbiterio es capacísimo. 

En él y en todo lo demás suben gruesas columnas pareadas y amarradas a recibir los arcos mayores, que todos son apuntados, guardando solamente la figura semicircular los pequeños de puertas, etc. Los capiteles no son como otros del siglo XIII puros pelotones, informes y sin labor, sino al contrario, labrados caprichosamente como los usados en los dos siglos anteriores, parecidos al orden corintio, y algunos enteramente tales. El coro estaba, según costumbre, en medio de la iglesia. Su pavimento, capillas y paredes llegaron a estar llenos de sepulcros respetables por las cenizas que encerraban y por la excelencia de su construcción. Vese todavía uno de un ciudadano titulado de Lérida, bienhechor famoso de todas las iglesias, llamado Berenguer Gallart, que quiso ser depositado a cuarenta palmos de elevación sobre el pavimento, y todavía suben hasta los sesenta y más los costosísimos adornos de su sepulcro. Mas que todo esto era la santa memoria de los Obispos de los siglos XII y XIII, la del Rey Don Alfonso IV de Aragón, la de muchos nobles canónigos, arquitectos y otras personas de que se conservaban insignes y curiosos epitafios, que eran una viva muestra de la literatura y paleografía de los seis siglos anteriores. Todo pereció, y la proximidad o inclusión en la fortaleza que se dio al templo en el siglo XII para su seguridad vino a parar en su daño. Desde que en los tiempos de Felipe V obligaron las guerras a trasladar la catedralidad a la parroquia de San Lorenzo en 1707, comenzó aquel apreciable edificio a experimentar el abandono que se completó, cuando resuelta la construcción de la nueva Catedral, se destinó todo lo antiguo para almacenes y parques de artillería, y de todo lo necesario a la fortificación. Salvadas únicamente las paredes, que ni balas ni bombas pudieron derribar, todo el ámbito de iglesia, capillas adjuntas, claustros, etc., está cortado en varios edificios, paredes, techos, donde los montes de maderos, cuerdas, cureñas, etc., ocultan los sepulcros, altares, inscripciones, una de ellas romana, ya publicada por Finestres y Ponz, y cuanto el curioso pudiera desear. Digo que oculta los que permanecen, que según noticias deben ser muy pocos, porque es cierto que destruyó la ignorancia, o sea la inadvertencia, lo que a toda costa debía conservarse, aunque fuese trasladado a otra parte. Y en este punto me llevé gran chasco, confiando hallar las memorias sepulcrales que Ponz dijo se trasladaron a la Catedral nueva en 1781 (Viaje de Esp., tom. XIV. pág. 197), porque cierto es que ni una sola se trasladó, pudiéndose colocar todas en el magnífico pórtico. Pero a mí no me toca hablar sino de lo que hay o lo que no hay. Y esto, como digo, es poco, y también en los claustros y otras oficinas, a quienes ha cabido la misma suerte. Más fácil me será acotar algunas noticias curiosas de los tiempos y circunstancias de su construcción, arquitectos, etc., y con esto aliviaremos la pesadumbre de la inutilidad y pésimo estado de edificios tan respetables, aunque siempre vendrá a parar la cosa en lamentaciones. 

El retablo mayor de esta iglesia era de mármol, o sea alabastro, decorado con varios relieves, construido a mitad del siglo XIV por el escultor B. Robio, de lo cual hay noticias en los libros de cuentas de la 

obra. Una u otra tabla de aquel altar anda en casas particulares; lo demás sirvió en gran parte a la granjería de la tropa suiza por sus frutas y labores de sobre mesa. El claustro se comenzó a continuación de la iglesia, y ocupa todo su ámbito anterior, de modo que de él se entra al templo por tres puertas correspondientes a sus tres naves. Entendíase en su construcción en 1322, y aun en 1335 Ponce de Ribelles, Vicario general del obispado, que estaba ausente, dio comisión para recoger limosna pro maximo et sumptuoso opere claustri ecclesiae Catedralis. Hállanse cortados con almacenes, como se dijo de la iglesia. La puerta exterior de ellos se conserva bastante bien, y sólo faltan de allí las estatuas de los doce Apóstoles, que se trasladaron a una pequeña iglesia llamada de San Pablo. Diligencia loable, pero que recuerda con dolor el descuido que hubo en lo demás. 

Hay memoria de haber labrado algunas de ellas el escultor y arquitecto Guillermo Çolivella en 1391 por precio de 240 sueldos cada una. Ni rastro queda del gran pórtico que delante de esta fachada construyó el arquitecto Francisco Gomar en 1490 por precio de diez y seis mil sueldos. Muy firme y vistosa se conserva a un ángulo exterior de los claustros la magnífica torre de las campanas, de las cuales se sirve todavía la catedral. Construyose a fines del siglo XIV y parte del siguiente. Trajéronse las piedras de las canteras de Cugullada y del río Daspe. En los libros de gasto de 1397 se mandaron cortar CCCL. pedres al riu Daspe per ops de la torre: ço son, xambranes, et pinyacles, et pedres de fil. En otra data se lee: DC. pedres de fil. C. croes è C. filloles. Con esto verás que si de tan lejos y a tanta costa se conducían las piedras de construcción, no era tan abundante Lérida en este género como dicen los escritores que suponen levantados sus muros sobre roca viva, que cierto lo he mirado con curiosidad y apenas se descubre una u otra piedra; lo demás es un monte de tierra. En la torre trabajaron los arquitectos Guillelmo Çolivella y Carlos Galtes de Ruan. Concluyose antes de 1416, en que ya se trató de fundir una gran campana para el relox, la cual se encargó a Juan Adam, de burgo Sanctae Mariae, Turlensis diocesis, regni Franciae. Fundiose en 1418, y después de varias resoluciones salió de peso de 160 quintales. En un certificado que dio el Capítulo al fabricante dicen de ella: cuius sonitu et mentis vulnera sanari, et divinitatis singularis gratia possit conquiri con otros elogios. Efectivamente, es enorme campana, que tendrá de ocho a nueve palmos de diámetro. Hay en ella la siguiente inscripción: Christus Rex venit in pace, et Deus homo factus est. Chtus. vincit, Chtus. regnat, Chtus. ab omn. mal. nos defendat. Fuit factum per magistrum Joannem Adam anno Dni. 1418 in mense aprili. = 

Sigue otra linea entera de Te Deum laudamus, repetido infinitas veces. La torre tiene catorce campanas, siete grandes y siete pequeñas. La mayor hecha en 1405 in mensi octobri. Item tiene hasta las campanas 132 gradas, y de aquí hasta el remate 100 gradas más. Toda la torre 232 gradas. Sin ello hay en el centro y cuerpo principal de la torre estas catorce campanas armoniosas, de las cuales el seny major es del 1405, y otras hay de ese tiempo, y acaso habrá alguna de las que construyó en 1391 Tibaut Rahart (o Rabart, la h y la b no siempre se ven bien), maestre de senys de Cervera (seny : signum : señal : campana). De este último año hallo que se enviaban a componer y fabricar las lenguas de las campanas (badajos) à les fargues (forjes, forges) de Belsa, herrerías (forjas) de Vielsa (Bielsa), según yo entiendo. En 1390 hállase ya construido un gran relox (reloj) por Antonio Core, Boloñés. 

viernes, 21 de abril de 2023

CARTA CLII. Códices rituales existentes en Mallorca:

CARTA CLII.

Códices rituales existentes en Mallorca: noticia de algunos ritos antiguos de su iglesia: solemnidad notable de la misa pontifical: funeral de sus Obispos: muestra de las neumas en su canto: modo singular con que se cantaban los himnos de las horas en algunas fiestas: culto de los llamados Santos Mártires Cabrit y Bassa e historia de su martirio.

Mi querido hermano: Hoy estamos de ritos: materia agradable para mí y para cuantos tengan nociones de la disciplina eclesiástica; y muy abundante en esta iglesia, en que ciertamente he hallado, contra toda mi esperanza, cosas dignas de la historia general de los ritos antiguos de España. Y es que a pesar de su vecindad a las iglesias del continente, que le obligó a admitir muchas de sus costumbres, la independencia en que estaba de su metrópoli le proporcionó mayor libertad en adoptar otras peculiares suyas, como parecía a sus Prelados y Capítulo, que entonces eran libres en esta parte. Las fuentes de que me he valido para estas noticias son: 1.°, La Consueta de tempore o libro en que están prescritos los oficios de dominicas, ferias, festividades movibles de Cristo, etc. Es un cód. fol. vit., harto maltratado con la humedad, pero que todavía he podido disfrutar bien. Está escrito con lujo hacia la mitad del siglo XVI, y según conjeturo, antes de la muerte del Obispo Don Antonio Colell, esto es, antes del año 1363. En el rito de la fiesta del Corpus se habla de la muerte del antecesor Berenguer Batlle, y de las alhajas que él y su padre habían regalado a la iglesia, de las cuales se manda usar sólo en la sobredicha fiesta, y esta ordinación se dice hecha a 5 de junio de 1360. Más claro es lo que en la rúbrica del miércoles santo expresa sobre la porción de candelas que el Sacrista debía dar al clero; cuya costumbre antigua dice que confirmó D. Antonius Episcopus Maioricensis, qui nunc ipsi ecclesiae praesidet. Y si alguno me objeta que pudo aquí hablarse del Obispo inmediato sucesor, que también se llamó Antonio (Galiana), que murió en 1375, no me empeñaré en sostener mi conjetura, porque siempre queda salva la antigüedad del códice, anterior a ese año citado, no hallándose ya otro Obispo Antonio hasta el 1496, época a que ciertamente no pertenece. 2.° La Consueta de Sanctis, códice de folio mucho mayor que el antecedente, pero escrito con igual prolijidad y esmero. Ordenose a principios del siglo XVI, porque no sólo trae el oficio de la Visitación de nuestra Señora y el de su Concepción, atribuido a Sixto IV, sino que en el cuerpo cita Actas capitulares del año 1505 (en el día de la Presentación) y del 1512. Yo creo que este es el códice cuya conclusión encargó el Capítulo en acta de 9 de enero de 1516 al domero de esta catedral Don Juan Font y Roig. Es imposible tratar de los ritos de esta iglesia sin hacer honorífica memoria de este docto presbítero, que era ya domero en 1496, y tanto trabajó en este ramo de ritos, como diré luego. Yace en la capilla de Santa Cecilia al lado del evangelio con su breve inscripción. Cuando se publique la biblioteca Mallorquina, podrán contarnos sus autores la vida de este ritualista. Yo sigo mi plan hablando de otros códices que son suyos.

3.° Consueta de la sacristía: libro manuscrito en papel, donde está notado cuanto pertenece al régimen de la sacristía, campanas, etc.

4.° Los libros de fábrica, sacristía, aniversarios, etc., etc.; en todos los cuales están indicadas por incidencia las costumbres de los tiempos antiguos. Todos los códices dichos están en el archivo de esta catedral.

En el convento de PP. Capuchinos he disfrutado otros Rituales, y son:

5.° Missale secundum usum almae Maioricensis ecclesiae: impreso en Venecia por Giunta en 1506, siendo Obispo Don Antonio de Rojas. Pero estaba ya ordenado muchos años antes, como se ve en el rito del sábado santo, donde se manda que en la tablilla se ponía en el cirio pascual se notase el año 1473.

6.° Ordinarium de administratione sacramentorum cum pluribus additionibus adeo necessariis secundum ritum almae Sedis Maioricensis. Dispúsolo el citado Font (siendo Obispo Don Rodrigo Sánchez de Mercado), como yo creo que también dispuso el Misal sobredicho, aunque esto no consta, como consta lo del Ordinario en su prefacion. Al fin se dice impreso en Valencia por Juan Jofre en 1516.

7.° Otros tres o cuatro códices mss. hay allí mismo, muy dignos del esmero con que los conserva el erudito P. Fr. Luis de Villafranca, bibliotecario, con cuya amistad me honro, sino que algunos de ellos están incompletos. De todos me he servido, singularmente de un Breviario que se escribió antes del año 1303, que es el primero en que comienza la tabla pascual que pone al fin del códice, la cual acaba en 1353. Estos son los originales de donde he tomado abundantísimas noticias y copias completas de ritos, que quedan ya en su respectivo legajo, para cuando Dios quiera darme oportunidad de escribir la historia de nuestra disciplina ritual antigua. Sin perjuicio de esto, que precisamente debe tardar algunos años, hoy daré una muestra de lo que ello era y de la variedad de los ritos más principales. Y comenzando por los ordinarios y comunes de todo el año, iré diciendo los que me vengan a mano. En todas las vísperas se decía un responsorio propio de la fiesta después de la capítula, como aún ahora usa mi orden. El Magnificat se cantaba en la mayor parte de las fiestas yendo el clero en procesión (como aún hoy se usa) al altar del santo del día, donde se concluían las vísperas con dos Benedicamus, el segundo después de las conmemoraciones. En las completas siempre antífonas propias del día, y en las de Cuaresma el responsorio In pace, etc., en lugar de In manus. En los responsorios VI y IX de maitines se decía Verbeta, esto es, la prosa rimada que ya he dicho varias veces. Antes de los laudes versículo propio, como ahora en mi orden, al cual llamaban Declinatorium. En todas las fiestas el invitatorio se cantaba en voz baja hasta el tercer versículo, como el introito de la misa hasta el Gloria Patri, del mismo modo que aún hoy usan en Barcelona y otras partes. Al fin de completas aspersión del agua bendita con el responsorio Asperges me. El Asperges, o como llamaban Salispasso, en las dominicas comenzaban en el altar mayor por el preste, quien de allí iba al coro rociando el pueblo a uno y otro lado, y en el coro decía la oración.

Decíase todo el año el oficio parvo de nuestra Señora, es a saber, los maitines rezados (legendo) y las vísperas cantadas a voz baja. Mas en el tiempo de Adviento los responsorios de maitines se decían rezados hasta su última palabra, la cual se cantaba; seguía el versículo con canto, después del cual la presa rezada, hasta la última palabra de ella que se volvía a cantar. El autor de la Consueta de Sanctis, ms. a principios del siglo XVI, dice que preguntó a los ancianos de la iglesia la razón de esto; y que le respondieron haber oído decir a sus antepasados que esto se había introducido para imitar el canto de la sinagoga, cuyos sacerdotes deseaban ardientemente la venida del Mesías. Aliam rationem, dice, non invenimus. Siempre que celebraba misa pontifical el Obispo de esta iglesia le acompañaban doce presbíteros con ornamentos sacerdotales, es a saber, los cinco curas de la ciudad, los capellanes de los hospitales de San Andrés, San Antonio de Padua y Santa María Madalena, con cuatro presbíteros de la catedral. Así lo establece la Consueta de mediados del siglo XIV, en que se supone ya este rito muy antiguo, y de él hacen mención las constituciones pro choro del Obispo Berenguer Batlle, hechas en 1333, como vimos en el episcopologio. Según esto, ¿qué diremos del cronista Dameto y de los demás que aseguran que esta solemnidad comenzó en el Obispo Gil Muñoz a mitad del siglo XV, como privilegio y distinción concedida a sus sucesores por haber él obtenido bien o mal los honores pontificios?

Las fiestas en que el Obispo celebraba de esta manera eran la de Navidad, de jueves santo, de Pascua, de Pentecostés, de la Asunción de nuestra Señora y la de Todos Santos. Dichos doce presbíteros con capas pluviales acompañaban al Obispo a la procesión claustral, concluida la tercia y para la misa vestían todos casullas. Con este acompañamiento salía el Obispo al altar, y dicha allí la confesión, se subía inmediatamente a la silla que está detrás del altar mayor, de que te hablé en los correos anteriores, y allí comenzaba la misa, entonaba la Gloria, etc. hasta el Dominus vobiscum, después del Credo, y mientras en el coro se cantaba el ofertorio bajaba al altar a continuar la misa hasta el fin. Después del Pater noster y de la fracción de la hostia, dicho Per omnia saeculorum, antes de decir Pax Domini, etc., se entonaba en el coro el versículo Princeps ecclesiae, y luego el diácono, tomando el báculo pastoral, vuelto al coro decía el versículo Cum mansuetudine, etc., y el coro respondía el versículo Humili voce, etc. Hecho esto, el Obispo, que había dejado sobre la patena las partículas de la hostia, y el cáliz cubierto, tomando la mitra y el báculo en la mano derecha, se volvía de cara al pueblo, apoyando el codo derecho sobre la espalda del diácono, y el izquierdo sobre la de su socio, vestido de capa. Este socio iba en todos los pontificales, a la izquierda del Prelado, en lugar del subdiácono, que tenía otros objetos. En esta aptitud daba la bendición al pueblo, como se prescribía en el Ordinario. Concluida la cual proseguía la misa hasta el fin.

En el día de jueves santo se celebraba con el mismo aparato la consagración de los óleos, aunque la hiciese un Obispo auxiliar, único día en que se concedía esta distinción a los que no eran Obispos propios de esta iglesia. Y como de estos Prelados titulares solía haber muchos a un tiempo en esta isla en los siglos XIV y XV, las Consuetas tienen gran cuidado de distinguirlos para esto del Obispo propio, a quien llaman Episcopus proprius: lo Bisbe major. A esta misa pontifical solemne llaman las mismas en lemosín fer seu (hacer silla), en alusión a la de las espaldas del altar. De paso advierto que de esta solemnidad, que estaba en práctica a fines del siglo XIV, debe inferirse cuál sería el altar que se construyó y consagró en 1346 por el Obispo Berenguer Batlle, es decir, más bajo que la silla episcopal, desde la cual el Prelado debía ser visto del pueblo por encima del altar. De esto se dijo ya en lo de la fábrica.

En la elección y entrada de los Obispos no hay cosa que notar. En su muerte se sacaba su retrato en yeso para la estatua, que después de enterrado se ponía en una de las salas de palacio, en su féretro, con ornamentos pontificales, a donde el clero, formado, iba todos los días, concluidas las completas, a cantar un responsorio, hasta que se verificasen sus exequias, rodeando la estatua todos los parientes y familiares del difunto, encapironats. El día de las exequias llevaban la estatua en procesión por la ciudad, haciendo la vuelta del día del Ángel Custodio; a cada uno de sus lados iba un home encapironat e cascu aportera un ventall de ploma de paguo, y anira aventant la dita estatua. Concluida la procesión cada comunidad cantaba su responsorio al rededor de la estatua, la cual quedaba en la catedral para la misa de cuerpo presente, que se celebraba al otro día. Todo esto es de la Consueta de la sacristía, manuscrita a principios del siglo XVI.

Viniendo ahora a tratar de los ritos particulares de cada fiesta, seguiré el orden del año eclesiástico. En el cual, lo primero que ocurre es la fiesta del Obispillo, en el día de San Nicolás, cuya elección hacían todos los niños que servían en la iglesia, inmediatamente antes de las vísperas del Santo, en las cuales asistía ya a la estación en su capilla durante el Magnificat, dando después la bendición episcopal. Luego era conducido por todo el clero a la parroquia de San Nicolás, y allí, y a su vuelta en el altar mayor de la catedral, daba también la bendición. En suma, por no repetir lo dicho en otros viajes, en este día hacía todos los oficios episcopales, y los presbíteros más ancianos servían los ministerios de los niños. Su principal fiesta era el día de Inocentes, como diré en su lugar.

En la fiesta de la Concepción de nuestra Señora, concluida la lección VIII de maitines, antes de decirse Tu autem Domine, entonaban dos cantores la antífona Tota pulcra es amica nostra, columba nostra; y otros dos decían et macula originalis non est in te; y los cuatro juntos Alleluia; y luego, el que dijo la lección, la concluía con el Tu autem. Esta fiesta se celebraba ya aquí en 1397.

La de la Expectación de nuestra Señora la introdujo aquí el Obispo Don Gil Sánchez Muñoz, hacia la mitad del siglo XV.

En los maitines de Navidad (omitiendo por no molestar otras mil curiosidades) las tres homilías eran las lecciones VI, VII y VIII; la IX era la acostumbrada en la Sibila, con las mismas formalidades que de otras partes. Este rito se abolió a mitad del siglo XVI; mas hacia el 1572 se restauró momentáneamente a instancias del Obispo Don Juan Vich, y también se introdujeron entonces las letras vulgares, que llaman Villancicos. En la segunda lección, Consolamini, cantaban dos las palabras Vox dicentis. Y uno solo: Clama. El otro: Quid clamabo? El otro: Omnis caro fenum. Los dos juntos: et omnis gloria eius, etc. El responsorio VI, escrito en música al fin de la Consueta de Tempore, nos conserva una muestra clara de lo que era el neuma en el canto. Decíase en él, antes del Gloria Patri, la verbeta siguiente, de esta manera: Dos cantores: Hunc prophetae cecinere. Otros dos: e e e. Dos: Nasciturum Christum ex Virgine. Dos: e e e. Dos: e e e. Dos: Egrediens. Dos: Ta a a. Dos: a a a. Dos: a a a. Los cuatro: Tamquam sponsus Dominus procedens de thalamo suo. Dos: Gloria, laus et potestas. Dos: a a a. Dos: Decus, atque virtus sit perhen... Dos: i i i. Dos: Honor Jesu Christo et aeterno. Dos: o o o. Dos: Glo... Dos: o... Dos: o... Dos: o... Los cuatro: Gloria Patri et Filio, etc. En lo demás había evangelio, Liber generationis antes de laudes: estas dentro de la misa, y en la antífona 5.a Pastores respondían desde el altar mayor los niños: Infantem vidimus, como otras veces hemos dicho de otras iglesias. En este día y los siguientes no se decía en la misa mayor la prosa Laetabundus, sino sólo en el día 6, infra octavam, en el de Santo Tomás Cantuariense (Thomas Beckett, Canterbury), San Silvestre, y en las octavas de San Esteban, San Juan e Inocentes.

En las segundas vísperas de Navidad al tiempo del Magnificat venía de la sacristía al coro un diácono representando a San Esteban, con la cara cubierta y vela en la mano, acompañado de dos presbíteros con cirios y bajo de palio, que llevaban cuatro presbíteros vestidos de capas. Así iban, concluidas las vísperas, con todo el clero a hacer estación a la capilla del Santo, y así asistían a los oficios el día siguiente, acompañando al subdiácono y diácono que iban a leer la epístola y evangelio. En la prima y demás horas de este día y otros muchos del año se cantaban los himnos al tono de mira divinae gratiae benignitas, pero de un modo tan original que quiero notarlo como lo he visto escrito con canto en la Consueta del siglo XVI, en que se hacía todo lo sobredicho.

Entonado por dos cantores el versículo Jam lucis orto sidere, respondía todo el coro: mira divinae gratiae. Cantores: Deum praecemur suplices. Coro: Benignitas. Cantores: ut in diurnis. Ut in diurnis, Coro repetía estas palabras. Cantores: ut in diurnis actibus. Ut in diurnis actibus, Coro repetía. Cantores: Nos servet. Nos servet, Coro repetía. Cantores: nos servet a nocentibus. Nos servet a nocentibus, Coro repetía. Cantores: alle. alle. alleluia. Alleluia, Coro repetía. Cantores: Linguam refrenans temperet. Coro: alle. alle. alleluia. Cantores: ne litis horror insonet. Coro: alleluia. Cantores: visum fovendo. Visum fovendo, Coro repetía. Cantores: visum fovendo contegat. Visum fovendo contegat, Coro repetía. Cantores: ne vanitates. Ne vanitates, Coro repetía. Cantores: ne vanitates hauriat. Ne vanitates hauriat, Coro repetía. Y así se cantaba todo el himno, una estrofa con la glosa de mira divinae gratiae, y otra con la de Alleluia. Todo lo dicho se hacía en el día de San Juan Evangelista, sino que el personaje que representaba a este Apóstol iba vestido de casulla; y que con él iba otro representando al Bautista, vestido de pieles, con el cordero y cruz de plata. Ambos debían ser presbíteros. Concluido el segundo Benedicamus de las vísperas de San Juan, venía el Obispillo con todo su séquito al coro: et ascendat trunam, dice la misma Consueta, et distribuat et conferat redditus et beneficia, secundum quod sibi videbitur faciendum. Acompañábanle en este acto y en todo lo restante de la fiesta cuatro canónigos, según se estableció por el Capítulo a 13 de diciembre de 1514, comenzando por las dignidades por turno, bajo pena de diez sueldos. Bajando del púlpito y sentándose en la silla episcopal se decían completas, en las cuales y en maitines y en lo demás el Obispillo y los niños hacían los oficios principales, haciendo los presbíteros los que tocaban a ellos. En la procesión antes de la misa mayor los canónigos llevaban la cruz, candeleros, estandartes y turíbulos. Durante la misa el Obispillo estaba en la cátedra episcopal del altar mayor. A toda esta ceremonia (cuya descripción extensa queda para la historia de los ritos) llama la Consueta ms. de la sacristía Entremes del bisbató, y supone que salía con tiara y varias veces le llama Papa.

En el episcopologio queda dicho que esta fiesta fue enteramente abolida por el Capítulo en 1549. En la procesión de las candelas del día de la Purificación a la entrada en la iglesia se cantaba el introito de la misa. Y esto lo advierto porque era rito general en todas las procesiones que se hacían después de tercia en todas las fiestas del año.

La Consueta del siglo XIV, después del rito de la bendición de la ceniza y de la absolución general de los difuntos en la iglesia, claustro y cementerio, en que se hacían diez estaciones, se manda que el Obispo vista casulla blanca para la misa, y que el diácono y subdiácono tomen igualmente casullas, et portent eas, dice, plicatas ante brachia. Epistola dicatur a subdiacono, deposita casulla super altare, et dicitur ante letrinum; et postea non reddit ad altare sed vadat parare calicem cum vino et hostia, et hoc facto induat casullam. (Era común este rito de preparar el cáliz después de la epístola). Diaconus, finita prima oratione missae, vadat retro altare, et ibi exuat se casulla, et plicatam portet eam super dorsum, scilicet, super stolam, et sic portet eam usque ad comunicandam; et dum dicetur comunicanda, vadat retro altare et induat se dictam casullam sicut prius. De esto es una reliquia el estolón que viste el diácono. Nada se dice en esta Consueta ni en otra alguna de la imposición de penitencia pública, sin embargo que se hacía su absolución solemne en el jueves santo. Los velos con que se cubrían los altares, cruces, etc., durante la Cuaresma, todos eran blancos.

La sobredicha Consueta del siglo XIV nada dice de la procesión de la cruz en la dominica in passione y días siguientes, sino sólo que el coro debía arrodillarse cuando se cantaba el versículo O Crux, del himno Vexilla. Al fin del mismo Códice se halla ya notada de letra posterior dicha procesión, con poca diferencia como ahora se hace, mandándose turificar la cruz. La bendición del domingo de Ramos se hacía en el Padrò. El Obispo iba con ornamentos verdes. Lo demás casi como en las demás iglesias de aquel tiempo. La pasión, con Dominus vobiscum, Et cum spiritu, Passio Domini nostri. Gloria tibi, se leía por uno solo, aun en el principio del siglo XVI, como consta del Misal impreso en 1506, donde después se han añadido de pluma las señales que distinguen las tres voces, que son: C., +. y S.

Los maitines del jueves santo y dos días siguientes se llamaban ya en el siglo XIV dels Fars, o Fasos, de la palabra latina farsa, que se dio a las preces rimadas que se cantaban al fin de estos oficios, cuyos versículos se decían aquí alternando entre el coro, y seis u ocho presbíteros que subían para el objeto a la capilla de la Trinidad, encima del altar mayor. Poníanse veinte y cinco cirios, que se iban matando al fin de cada salmo y responsorio. Cosas muy curiosas hay en los ritos de este día, singularmente en la consagración de los óleos, pero son larguísimas de contar y las guardo para cuando no esté de viaje. A mitad del siglo XIV no se conocía el uso de monumentos: el Obispo reservaba en la sacristía la hostia consagrada para el viernes santo. Pero a fines del mismo siglo ya se reservaba en el altar de Corpus Christi, adornado de propósito al efecto. Consta del libro de la sacristía del año 1396, donde se lee la partida siguiente de gasto. "Item compri cent canes de cayamas de Burguya (lienzo de Borgoña) (cañamazo) per lo sobrecel de la capela de Corpus Christ, hon esta reservat lo Cos precios de Jhu. Xst. lo digous é divenres sant, á rao de III sol. y II diners la cane. Per lo cual pagui vint é hun flori é un sol. é vuyt diners, qui valen XX lib., XVI sol. é VIII diners.” Ya entonces llamaban vulgarmente, como ahora, al monumento la Casa santa. En esta procesión se cantaba el símbolo Quicumque. También se quitaba este día de las pilas el agua bendita, como se hacía en toda la provincia Tarraconense. Curioso era el rito de la reconciliación y absolución de los penitentes que se hacía en este día en el Padrò con la lectura de sus sentencias, etc., etc.; pero es largo además y ando escaso de ocio. Había en el siglo XIV la costumbre de decir después del IX responsorio el Planctus de nuestra Señora, que era una letra vulgar: y también el robo de las toallas del altar al decirse las palabras de la Pasión: Partiti sunt vestimenta mea, etc.; nada de elevación de hostia y otros ritos comunes a otras iglesias. Según la Consueta de la sacristía de 1511 iban los celebrantes al monumento, donde se decía la confesión, vestidos de ornamentos blancos, como había mandado el Capítulo en 1492, y de allí llevaban al altar mayor el Cuerpo de Cristo, el cual elevaba el Obispo in modum circuli, puesto sobre un escaño alto. Omito otras cosillas. En el sábado santo se leían las profecías antes de la bendición del cirio pascual. Poníase en él la tablilla en que se notaba la letra dominical, año de la Encarnación y el día de la Pascua. De esta tablilla queda la descripción siguiente en un inventario de la sacristía del año 1399 (Act. cap.) Item unam cassam depictam, in cuius capite est depictus Jesus crucifixus cum Beata Maria et Sancto Johanne, et cum aquila, et Angelis ad latus, cum uno magno († (a: Así está escrito y no sé lo que significa.); et est in ea calendarium Nativitatis Domini, quod solet apponi in cereo pasquali. 

En la bendición del cirio está (aun en los Misales del siglo XVI) el elogio de la abeja, como en otras iglesias se usaba.

En los maitines de la mañana de Pascua al concluirse el III responsorio se cantaba la prosa Victimae de esta manera. Salían tres presbíteros de la sacristía con dalmáticas, cara cubierta y cirios en las manos, y puestos ante el altar mayor, vueltos hacia el coro, decían los tres primeros versos, uno cada uno. Luego los cantores preguntaban desde la puerta del coro por tres veces: Dic nobis Maria quid vidisti. A cada una de las cuales respondía uno de los tres los versículos Sepulcrum. Angelicos. Surrexit. Luego los cantores se entraban en el coro diciendo: Credendum est magis Mariae veraci, quam Judeorum turbae fallaci. Después de lo cual se entonaba el Te Deum. Esta era la fiesta de las tres Marías.

Esta prosa Victimae no se decía en la misa de estos dos primeros días, sino sólo en el tercero y siguientes de la octava. El sermón era después del Credo y ofertorio, como en otros días del año. Mas en el de este día mandó el Capítulo a principios del siglo XVI que en lugar de la salutación angélica Ave Maria, se dijese la antífona Regina coeli, la cual cantaban los doce presbíteros oficiantes con gran solemnidad (in sono maiori).

En el lunes de Pascua, al tiempo del ofertorio de la misa, el Obispo, canónigos y varios presbíteros sacaban todas las reliquias de la sacristía al altar mayor, donde permanecían todo el día, dándose a adorar al pueblo. Queda ya dicho del rito semejante que había en otras iglesias.

En el martes se cantaba la prosa Victimae, vistiéndose para ello un presbítero con dalmática verde y cubierto con una tela colorada en representación de la Magdalena; el cual, preguntado por los cantores, respondía como dijimos en el día de Pascua, mostrando al mismo tiempo al pueblo algunas pinturas alusivas a sus respuestas, las cuales llama Improperia la Consueta lemosina de la sacristía de principios del siglo XVI; la cual añade: "E quant vindra en aquell pas que la Maria aura á cantar dels cossos resucitar, seran aparellats davall laltar major set ó vuyt fedrins, ó tants quants volran, ab camis, é cuberts los caps ab amits; é quant vindra lo loch de resucitar, axiran davall laltar, é radolant fins baix al darrer graho, anarsen an á la sacristia.“ También de un Ángel que debía cantar no sé qué cosas, que la Consueta no dice, desde encima de la capilla de San Gabriel, dice: "Quant vindra lo cas que aura á cantar, tindra les ales plenes de candeles enceses; é axint fara una bombarde ó alguna ramor, significant lo impetut del seu axir.”

La dominica in albis se llamaba ya en el siglo XIV dia de la caritat, y en el libro de fábrica de 1368 no tiene otro nombre. Acaso nació esto de alguna limosna pública que se hiciera ese día, para lo cual se haría alguna procesión, de que todavía queda una reliquia, en la que me han informado que hacen las parroquias sin la catedral. Mas ni de uno ni de otro hay memoria en los libros del siglo XIV. El vulgo, que es quien suele conservar con más tesón las costumbres antiguas, da aún hoy este nombre a los días de la infraoctava de Pascua, en los cuales aún las meriendas que se hacen en el campo libre se llaman Pa en caritat.

En todo el tiempo pascual no había más que un nocturno. Cuando se rezaba de tempore todos los del coro estaban en pie en reverencia de la Resurrección, y cuando de algún Santo, alternaban los coros como entre año. En el lunes siguiente a la dominica in albis se celebra la fiesta del Ángel Custodio de esta ciudad y reino; y esto desde el año 1407 en que se instituyó, como queda dicho en el episcopologio. En la primera procesión, que se hizo ese año, iban niños representando los Ángeles. A fines del siglo XV (como se ve al fin de la Consueta de tempore) se manda que vayan doce presbíteros con capas cum sisternis (a) pergamini signatis signo civitatis in manibus. Esta procesión, como todas las de esta iglesia, comenzaba por el cántico Te Deum, al cual seguían varios responsorios en distintas estaciones, y finalmente la Salve a la entrada en la catedral. En los días de Pentecostés no había prosa en la misa hasta el jueves infraoctavo.

(a) La palabra sisternus significa sin duda un cuaderno de seis hojas, como quaternus de cuatro. Yo por lo menos no hallo otro significado. Llevarían, pues, aquellos presbíteros unos cuadernos abiertos, o sean cartones (a quienes por la semejanza se diese el nombre de sisternos), en los cuales iban pintadas las armas de la ciudad.

La fiesta del Corpus es muy antigua en esta iglesia, y ya se hacía en ella procesión solemne a mitad del siglo XIV, cuando el Obispo Berenguer Batlle, que murió en 1349, regaló para ello una custodia, cuya descripción nos conserva el inventario citado de la sacristía de 1399 por estas palabras: "Item unum lignum argenteum cum suo crucifixo, et imaginibus Sanctae Mariae et Sancti Johannis, et cum duobus Angelis, et pede argenti: et in medio est reservatorium cristallinum ubi immititur hostia salutaris die festi Corporis Christi; et sunt signa in eo de Papagays, quod est signum Dni. Berengarii Baiuli, quondam Episcopi Maioricensis.” Creo que ha de quedar alguna parte desta alhaja.

En la misa no se decía prosa alguna aun entrado el siglo XVI, como se ve en los Misales de aquel tiempo, sin embargo de que había algunas verbetas en los responsorios de maitines. En la misma época iban en la procesión los doce Apóstoles, cada uno con la insignia de su martirio, todos vestidos de dalmáticas, a excepción de San Pedro, que iba con casulla y tiara (Consueta de la sacristía). Al fin de la Consueta de tempore se ve que en el siglo XV iban en la profesión varios Profetas induti camisiis, y que al concluirse se daba la bendición con el Santísimo, elevándolo in modum circuli. En el Ordinario impreso en 1516 nos queda una exacta descripción del modo con que se hacía esta procesión en dicho tiempo con las siete estaciones que mandó el Rey Don Pedro IV de Aragón en 1368. Es artículo curioso, mas no puedo copiarlo, como también lo es la que nos conserva la Consueta de tempore, ms. a mitad del siglo XIV, cuando la procesión no solamente era por la mañana, sino también antes de la misa mayor. La costumbre de hacerla por la tarde no se había introducido aún en 1597, como consta de las Actas capitulares.

No se conoce el origen de la antigua costumbre de poner la imagen de nuestra Señora sobre una cama en medio de la iglesia en el día de su Asunción. Hacíase esto al comenzar los laudes, y juntamente se sentaban al rededor de la imagen doce presbíteros en representación de los doce Apóstoles, todos con dalmáticas, a excepción de San Juan, que iba con casulla y una palma en la mano. Así iban también en la procesión que se hacía antes de la misa mayor y en la otra que había después de completas. Esta última se estableció por resolución de ambos cabildos en el año 1456, mandándose llevar en ella la imagen de nuestra Señora solamente. En el año siguiente pareció que se llevase alguna reliquia, y en efecto se llevó la Verónica, en el inmediato las espinas del Señor, y luego volvieron a llevar la Verónica, como se usaba todavía en 1511, cuando se escribió la Consueta de la sacristía, de quien es todo esto que he dicho. Omito la noticia de otros ritos para poderla dar de la fiesta que se celebraba en esta iglesia a los llamados Santos Mártires Cabrit y Basa (Bassa), naturales de esta isla, en la dominica infraoctava de Todos Santos. Y es de notar que de dicha fiesta no hay mención en ninguna de las Consuetas ni otros códices rituales que yo he visto, los cuales en ese día ponen el oficio de todos los santos Mártires que tenían todo el segundo nocturno propio, siendo lo demás de dominica. En 1627, día 24 de septiembre, resolvió el Capítulo que se escribiese al Papa pidiéndole oficio y rezo de estos Santos. De este tiempo son las únicas noticias que tengo de la celebración de dicha fiesta; las cuales he tomado de un ms. que hay en el archivo de esta catedral, intitulado Noticiari. En él se lee que se celebró la fiesta en 1631, y que predicó el P. Fr. Agustín Salvador, Dominico; y en 1632 en que predicó lo Pare fra Costa, Guardiá de Jesus.

Otra prueba más terminante de eso es el sermón impreso en 1625, del cual poseo un ejemplar; y por ser este papel raro y contener toda la historia de estos Mártires voy a hacer de él un extracto, aunque sea largo. Su título es este: Sermón de los ínclitos Mártires Sant Cabrit y Sant Bassa, naturales del fidelísimo y dorado reino de Mallorca, naturales de la villa de Alaro (: Alaró): predicado por el muy R. P. Fr. Gerónimo Planes, religioso descalzo del orden de Sant Francisco. En Mallorca por Gabriel Guasp, año 1625, a costa del doctor Juan Coll, rector de la villa de Alaro, especialísimo devoto de los Santos. En el frontis están estos pintados en pie con la armadura militar y lanzas. Sigue la dedicatoria a los Jurados de Mallorca, en la cual se ingiere una carta dirigida a los mismos por el Cardenal Cisneros, fecha en Alcalá a 8 de octubre de 1503, en que recomienda mucho la doctrina de R. Lull. Sigue el sermón que se dice compuesto según la admirable traza del Arte magna revelada por Dios al invencible mártir y doctor iluminado Raimundo Lullio, natural también de dicho reino y gran Senescal y mayordomo mayor de su Rey y Señor. = Tema: Beati qui persequtionem patiuntur. Supone el orador que esta fiesta era real, celebrada antiguamente por los cristianísimos y devotísimos Reyes de Mallorca: que estaba olvidada por haberse dejado el rezado del Breviario antiguo deste santo obispado, en el cual se rezaba dellos en este día de la dominica después del día de Todos Santos en compañía de los otros Mártires. La historia de este martirio la saca de las lecciones que dice se hallaban en dos antiguos Breviarios, impresos el uno en Mallorca en 1488, y el otro en Venecia en 1506, los cuales dice que existían en su tiempo. Y será así sin duda; mas ahora no nos queda ningún ejemplar de aquellos códices. Y así tendré que sacar estas copias del sermón, por las cuales verás que cuando el Rey de Aragón Alfonso III despojó en 1287 del señorío de Mallorca a su tío el Rey Don Jaime, intimó la rendición al capitán del castillo de Alaro, llamado Cabrit. Este se resistió perseverando fiel a Don Jaime; y en alusión al nombre del Rey, llamado vulgarmente Anfós, y a que este es el nombre que dan al pescado llamado mero en Castilla, dijo burlando que Anfós era bueno para salsa. Airado el Rey juró asar al capitán Cabrit y a su compañero Bassa como se asan los cabritos. Y lo cumplió luego que tomó el castillo. Sabido esto por el Papa Gregorio XII excomulgó al Rey, el cual consiguió la absolución prometiendo restituir el reino a su tío y edificar un altar en honor de todos los Mártires, entre los cuales estuviesen los dos sobredichos. Estas cosas verificó el Rey Don Jaime, y su hijo Don Sancho instituyó en 1312 un beneficio en honor de dichos Santos. Esta es la historia que resulta de las lecciones cuya copia incluyo (a: Ap. núm. XI.), en la que sólo advierto por ahora la equivocación con que atribuye la excomunión del Rey Alfonso al Papa Gregorio XII, que fue posterior mucho más de cien años, no quedando arbitrio para decir que sería el X o el XI, porque el primero murió mucho antes del suceso, y el segundo fue Papa casi cien años después. Omito otras reflexiones porque no me he propuesto impugnar el hecho, sino sólo hablar de él en la parte ritual. Por lo demás el orador desempeña su objeto, que fue probar lulísticamente que estos soldados padecieron por la observancia del juramento hecho a Dios en manos de su teniente el Rey Don Jaime ... mayormente que les podía mover a la conservación dél la esperanza que podían tener que vendría su legítimo Rey, favorecido del Rey de Francia, por cuya ocasión le había su sobrino quitado el reino.

En el mismo sermón se lee que los huesos de estos Mártires están en la catedral debajo del altar de la capilla de San Simón y San Judas, los cuales se reconocieron en tiempo del orador. Novísimamente fueron reconocidos día 7 de noviembre de 1805 por varios señores canónigos y otras personas. Así se halla notado al margen del libro de las Actas capitulares que empiezan el día 16 de noviembre de 1633. Uno de los que asistieron me ha informado que se hallaron cenizas y muchos huesos quemados. Están en arcas de piedra de Santañí, debajo del altar de la Piedad, que acaso antes se llamaría de San Judas. Y baste de esto.

De otros ritos podía hablar tocantes a la administración de sacramentos y otros puntos de disciplina. Pero para muestra de las costumbres antiguas de esta iglesia basta lo dicho. A Dios. Palma etc.

Carta CLIII

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