Mostrando las entradas para la consulta edad ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas para la consulta edad ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas

martes, 31 de mayo de 2022

CARTA XXI. Conclúyese el catálogo de los Obispos Segobricenses.

CARTA XXI. 

Conclúyese el catálogo de los Obispos Segobricenses. 

Mi querido hermano: No me canso de alabar la conducta del Papa Gregorio XIII en la división de estas dos Iglesias de Segorbe y Albarracín. Las cuales desde aquella época han gozado de los bienes que disfruta una grey pequeña, a quien puede registrar de una ojeada su pastor; cuando antes, divididas casi por una jornada intermedia de ajena jurisdicción, padecían frecuentemente los daños que trae consigo la ausencia del Prelado. Estos y otros refiere dicho Pontífice en su bula que tendrás ya vistos: no me he propuesto hoy sino acabar el catálogo de los Prelados de la ya única silla de Segorbe. En virtud pues de dicha división fue nombrado Obispo de Segorbe 

XXX. D. Francisco Sancho, natural de Morella en este reino (el de Valencia), siendo canónigo de Salamanca y decano de la facultad de teología en aquella Universidad. Su ciencia le había hecho digno de ser escogido por el Obispo D. Pedro González de Mendoza, para que le acompañase al Concilio de Trento el año de 1563. Tomó posesión de esta silla a 23 de Diciembre de 1577 siendo ya muy anciano; la gobernó hasta el 23 de Junio del año siguiente, en que murió. Por la brevedad de su pontificado y otras causas que debieron sobrevenir, no pudo poner por obra todo lo mandado en la bula del Papa acerca de los cuatro canonicatos que erigía de nuevo, de los cuales sólo proveyó dos; y acerca de la masa común canonical, establecida después en el año 1594. Poco más vivió en esta silla su sucesor 

XXXI. D. Gil Ruiz de Liori, el cual tomó posesión de ella en Junio de 1579, y murió a 16 de Agosto de 1582 a los cincuenta y seis de edad. Era natural de Gandesa en Cataluña (provincia de Tarragona), de dónde fue también cura, y después canónigo y arcediano de Culla en la Iglesia de Tortosa. No se conserva otra memoria señalada de este Obispo sino su resistencia a la pretensión del de Albarracín D. Martín de Salvatierra, el cual aprovechando la ocasión de la vacante de D. Francisco Sancho se apoderó de cuatro lugares llamados Cuervo, Alovras, Tramacastiel y Tormón, como pertenecientes a su Iglesia, siendo así (añade el Señor Pérez) que siempre habían pertenecido al Arcedianato y Vicariato de Segorbe. Mas los Tribunales Reales inclinados a favorecer a la Iglesia de Albarracín por su pobreza, jamás oyeron la solicitud de la de Segorbe, aun cuando abogaba por ella el mismo que le había disputado este derecho, que fue 

XXXII. D. Martín de Salvatierra, trasladado a esta silla de la de Albarracín a 23 de Marzo de 1583. Era natural de Vitoria en la provincia de Álava; antes de ser promovido al obispado había sido Inquisidor en Valencia, y Promotor fiscal en la Suprema. Celebró en esta ciudad a 30 de Abril de 1586 un sínodo, que no he podido hallar; y al cabo de cinco años fue trasladado al obispado de Ciudad Rodrigo por el mismo Papa Gregorio XIII a 15 de Mayo de 1591. Hallóse en las cortes que celebró en Monzón Felipe II el año 1584. Fue muy celoso en defender las rentas, señaladamente de las fábricas. Con igual ardor disputó al Cabildo ciertos derechos, de que se originaron muchos pleitos. Parece haber permitido Dios estas inquietudes para que campease más el glorioso pontificado del grande Obispo 

XXXIII. D. Juan Bautista Pérez, de cuyos escritos y hechos anteriores hablaré otro día de propósito, ya que he tenido la suerte de reconocer gran parte de sus MSS. Hoy, por no interrumpir el catálogo comenzado, me contentaré con referir brevemente algunas memorias de su tiempo. No consta el año en que nació este Prelado; pero sí que nació en Valencia, y fue bautizado en la Parroquia de Santa Catarina. Sus grandes talentos le hicieron estimable al Arzobispo D. Martín de Ayala, y le merecieron la elección que de él hizo el Cardenal Quiroga para que trabajase en la colección de los Concilios de España, y asistiese como secretario al que celebró en Toledo el año 1583. Era ya entonces canónigo de aquella Iglesia; y lo fue hasta que en 1591, a 21 de Noviembre, 

le nombró el Papa Inocencio IX para el obispado de Segorbe, cuya posesión tomó por su procurador el Arcediano de Alpuente D. Melchor Ocaña a 20 (en su testamento dice a 21) de Febrero de 1592. Consagrado por el Cardenal, vino a su diócesis a 21 de Marzo siguiente. Halló a su esposa lastimada con los pleitos de quince años, que había producido la dicha erección de cuatro canonicatos, y la institución de la masa común canonical: ambos artículos mandados por Gregorio XIII y de difícil ejecución. Mas la prudencia y doctrina del nuevo Prelado allanaron todos los estorbos: tuvo el gozo de ver verificadas ambas cosas, y aprobadas por Clemente VIII a 1.° de Noviembre de 1593. No contribuyó poco a reconciliar y preparar los ánimos para esta, que a algunos parecería mudanza dañosa, el sínodo que celebró en 28 de Octubre de 1592. Dos veces visitó su Iglesia Catedral, es a saber, en el dicho año y en 1596. Los libros que acerca de esto se conservan en el archivo, están descubriendo su incansable solicitud en desenterrar todas las instituciones (página borrosa), patronatos, cargas y dotaciones de los beneficios, y cuanto concierne al régimen de una Iglesia. Igual diligencia aplicó en los beneficios de toda la diócesis. Habla en su testamento de estos libros, que legó al archivo episcopal, como también el episcopologio de esta Iglesia. Así, dedicándose a ilustrar las antiguas memorias de su Iglesia, cumplía con la conservación de ellas, tan recomendada a los Obispos por S. Carlos Borromeo, mayormente en lo que toca a los hechos y providencias gubernativas de los Prelados anteriores (a). (a) “Episcopus id quod ab initio nascentis Ecclesiae institutum fuit, ut rerum episcopalium studio curaque gestarum monimenta existerent, conquiri diligentissime curet; tum singulorum episcoporum, qui praecesserunt, nomina, genus, et pastorales eorundem actiones. Quae omnia litteris consignatis, ordineque conscr¡pta in librum certum referri curet, ut eorum memoria conservetur: et quae ab eodem acta vel instituta sunt, ad aliquam ecclesiasticae disciplinae normam perpetuo usul esse possint, atque adjumento in illam Ecclesiam bene gerendam.” (Act. Eccl. Mediolan. lib. V de episcopalibus gestis memoria commendandis núm. 12.)

A esta guerra jurada contra el ocio, y a la suma parsimonia con que se trataba, se siguieron vehementes dolores de estómago, que al cabo dieron fin a su preciosa vida en Valencia, adonde había ido a convalecer. Murió en la alquería vecina al convento de Jesús, extramuros de dicha ciudad, que era de Antonio Pau Font, el día 8 de Noviembre de 1597 a los sesenta años de su edad, y sexto de su obispado. Enviaré copia de su testamento para excusarme de contar el fondo de su caridad, celo y otras virtudes. Enriqueció esta Iglesia con su copiosa biblioteca y muchos MSS., que bastan ellos solos para hacerla insigne y conocida en la Europa. Asistióle en su muerte, y díjole la recomendación del alma el B. Juan de Ribera. Su cuerpo se trasladó luego a Segorbe, y yace en la sepultura de los Obispos. Sucedióle

XXXIV. D. Feliciano de Figuereo, natural de Bornos, diócesis de Sevilla, secretario de dicho B. Ribera, y chantre y canónigo de Valencia. Tomó posesión a 28 de Abril de 1599. Recibió en esta ciudad al Rey Felipe III, que pasaba a la de Zaragoza después de celebrar sus bodas en Valencia con Doña Margarita de Austria. En los diez años que le duró el gobierno de esta silla, le llevó la primera atención la salud espiritual de los moriscos que recientemente habían vuelto como perros al vómito. Con este objeto fundó nuevas Iglesias parroquiales, dividió algunas de las unidas; y como para su dotación le fuese preciso echar mano de algunas rentas de la matriz, se originaron de ello algunas contestaciones, que puestas al fin en manos del B. Ribera no pudieron impedir lo establecido a favor de los nuevos cristianos. Otros litigios se suscitaron con el Cabildo, tantos y de tanta entidad, que no pudiendo este ilustre cuerpo sufrir tan pesada carga, pidió al Rey que intimase a su Prelado la concordia tan deseada. A la menor insinuación del Rey renunció el Obispo a todos los pleitos, y junto con su Cabildo cantó solemnemente el Te Deum por la paz. Acción digna de un Prelado que supo ceder, templando su natural fuerte para evitar mayores daños. Fue esto hacia el año 1607. Desde Octubre del siguiente hasta el próximo Marzo se celebró en Valencia una congregación, en que se establecieron nuevas ordinaciones para los moriscos. Asistió a ella nuestro Obispo con los de Tortosa y Orihuela, y uno de los Inquisidores. Poco más sobrevivió; al emprender su visita murió en Chelva a 25 de Julio de 1609, sesenta y ocho de su edad. Su cuerpo se trasladó poco después a esta Catedral. Este Prelado dio principio al convento de San Martín de religiosas en esta ciudad, donde dicen hubo una ermita del Santo construida por el Rey D. Martín de Aragón. Concluyó esta fundación su sucesor

XXXV. D. Pedro Ginés de Casanova, que de Vicario general de Valencia, donde había nacido el año 1555, fue promovido a esta silla por Paulo V a fines de 1609. Gobernóla con mucha paz hasta 27 de Marzo de 1635 en que murió. Yace su cuerpo en el dicho monasterio, que concluyó y dotó liberalísimamente a 14 de Enero de 1613, plantando en él la observancia religiosa que en nuestros días ha llegado a su perfección, permaneciendo sujeto al Ordinario. Trajo para fundadoras cinco religiosas del convento de Santa Úrsula de Valencia; visten el hábito de San Agustín, y viven bajo la regla de Santa Teresa. La Iglesia del convento es obra de este Prelado, construida con tanta inteligencia como prontitud. De ella, y más de sus pinturas muy buenas, habla Ponz en su viaje (Tomo IV. Carta VII. n. 38.). No fue este el único objeto del celo y amor de nuestro Obispo. Era liberal sobre manera, socorría francamente a los pobres, a quienes trataba y oía con mansedumbre y amor de padre. Visitó cuatro veces la diócesis por sí o por visitadores. Celebró un sínodo en Segorbe por el mes de Noviembre de 1611, el cual se imprimió de allí a dos años en Valencia por Crisóstomo Garriz. Algunas ocurrencias hubo en su tiempo, en que parece haber favorecido declaradamente los derechos del nuevo Duque de Segorbe Don Enrique de Cardona. Cosa que indispuso los ánimos de algunos, y enturbió en cierta manera los días alegres de su pontificado. Murió muy viejo, generalmente fue de todos sentida su falta, mucho más que la del sucesor 

XXXVI. D. Juan Bautista Pellicer, Canónigo de Valencia, promovido a esta Iglesia por Urbano VIII a 18 de Febrero de 1636, y muerto a 22 de Diciembre de 1638. Gobierno corto, lleno de contestaciones con su Cabildo, por ser hombre de conciencia tímida y de aprehensión inflexible, según le pinta Villagrasa; aunque en lo demás era virtuosísimo y de ejemplo singular. Su cuerpo le llevaron a la sepultura de su familia en la parroquia de Santa Cruz de Valencia. 

XXXVII. D. Fr. Diego Serrano, natural de Chillón, diócesis de Córdoba, y Religioso de la orden de la Merced, fue trasladado a esta silla de la de Solsona por el Papa Urbano VIII a 30 de Mayo de 1639. Pasáronle después a la de Guadix, donde murió a su llegada en el año de 1652. Su cuerpo se depositó en el convento de su orden de Granada, y sobre el sepulcro dicen que mandó grabar este modesto y sencillo epitafio: Aquí yace un Obispo, hijo de esta casa. En los trece años que gobernó esta diócesis, conservó reformado el Clero, y mostró en su persona la moderación de simple religioso. A mi juicio nada descubre mejor su sinceridad y celo por el bien de sus ovejas, que el Sínodo que celebró por el mes de Junio de 1644. Le he visto impreso en Valencia en 8.° por Bernardo Nogués el año siguiente. De él diré algo otro día. Hizo varias donaciones a su Iglesia, fundó en ella algunos ejercicios piadosos, de los cuales he visto todavía en práctica el solemne rosario que se reza todos los Domingos después de completas por quince eclesiásticos con capas pluviales. En la peste que afligió este reino el año 1648 estuvo pronto a sacrificarse como buen pastor: sobre no abandonar la ciudad, expendió grandes sumas e hizo otros esfuerzos para consuelo de los enfermos y precaución de los sanos. Dos veces visitó por sí mismo el obispado y tercera por medio de un visitador. En el santuario de la Cueva santa mandó labrar la capilla nueva, fundando en ella dos capellanías. Otras muchas cosas refiere del tiempo de su prelacía Villagrasa, que le conoció y trató como su Vicario general. Más brevemente habló este escritor, y creo que con justo motivo de las cosas del sucesor 

XXXVIII. D. Fr. Francisco Gabaldá (o Gavaldá, pone Gabalda), natural de Cabanes, pueblo de este reino. Era General de la orden de S. jerónimo cuando fue elevado a esta silla en 14 de Octubre de 1652. Llamado a Valencia al cabo de ocho años para asistir a la consagración del Obispo de Orihuela D. Fr. Acasio March, murió día 19 de Mayo de 1660 en el convento de S. Miguel de los Reyes, donde había recibido el hábito. Dicen que este Prelado muy sabio para las escuelas, no lo fue tanto para el gobierno prudente y pacífico que exige la dignidad episcopal. En él se acaban las memorias publicadas de los Obispos Segobricenses. De los restantes insinuaré lo que resulta de los documentos de este archivo: gracias al ilustrado celo del actual Prelado y de algunos doctos individuos de este Cabildo. Prosiguiendo pues nuestro catálogo, al difunto Obispo sucedió

XXXIX. D. Fr. Atanasio Vives de Rocamora, natural de Orihuela, Carmelita calzado. Había sido ya Provincial en la corona de Aragón, cuando a presentación de Felipe IV fue promovido a esta silla por el Papa Alexandro VII a 30 de Mayo de 1661, de la cual tomó posesión a 19 del Agosto siguiente. Quedan de su gobierno vestigios que honran su nombre. Construyó a sus expensas el atrio y portada de la Catedral. Llevado más del celo pastoral que del afecto al hábito que había vestido, protegió la nueva fundación de Carmelitas descalzas de la villa de Caudiel. Los sobrinos de D. Pedro Miralles, fundador de aquella casa, pretendían para sí su patronato y administración. Previendo el Prelado los daños que de esto pudieran seguirse, se opuso a esta pretensión, logrando que quedase todo a cargo del Obispo. Concluida la fábrica del convento, tuvo el gozo de recibir las religiosas fundadoras que venían del de Santa Teresa de Zaragoza, y darles posesión de la nueva casa a 21 de Octubre de 1671. Débele también esta diócesis además de sus visitas, la celebración de un Sínodo, que así por ser el último de los de esta Iglesia, como por la claridad y buen orden de sus decisiones, es el que rige hoy día. Túvose a 12 de Abril de 1668, y se imprimió en Valencia por jerónimo Villagrasa el año siguiente en 4.° Renunció la mitra el año de 1672, y se retiró al convento de su orden en la villa de Onda, dejándole la tercera parte de sus frutos, y lo restante a la Catedral. Muerto en 1674 fueron trasladados sus huesos a esta Iglesia a 7 de Junio del año siguiente, y depositados en una capilla que había erigido, dedicada a nuestra Señora del Carmen, donde el actual Prelado ha construido el altar de S. Lorenzo. Las exequias que le mandó celebrar el Cabildo y los servicios que le hizo durante su enfermedad en Onda, mostraron bien el amor que le profesaban, y su reconocimiento al celo, beneficencia, y otras prendas de aquel digno Prelado. Fue su sucesor 

XL. D. Fr. Josef Sanchís, natural de Valencia, y bautizado en la Parroquia de los Santos Joanes a 19 de Diciembre de 1622. Entró en la orden de nuestra Señora de la Merced en 17 de Septiembre de 1636, y profesó dos años después. Estudió en Salamanca, recibió los grados de maestro en artes y doctor de teología en la Universidad de Valencia, donde obtuvo cátedra de filosofía. Fue electo Provincial de Valencia en el convento del Puig a 25 de Abril de 1659, y en 18 Octubre de 1664 General de toda su orden: concluido este oficio la Reina madre de Carlos II le promovió al obispado de Ampuria en Cerdeña; pero antes de pasar allá fue trasladado al de Segorbe, del cual tomó posesión a 18 de Septiembre de 1673. Al cabo de seis años, en 6 de Marzo de 1679, fue promovido a la metropolitana de Tarragona, donde murió a 26 de Marzo de 1694. Dejó este Prelado ilustres monumentos de su piedad y magnificencia.

XLI. D. Crisóstomo Royo de Castelví (Castellví), natural de Valencia, y Pavordre en aquella Universidad por espacio de veinte y ocho años, a los cincuenta y uno de su edad fue elevado a esta silla, de que tomó posesión a 11 de Marzo de 1680. Fue pacífico; consultando con el verdadero carácter de su dignidad más que con las etiquetas de un decoro a veces mal entendido, hizo varias concordias con su Cabildo sobre el acompañamiento y ceremonias que se debían guardar cuando el Prelado baja a la Catedral y en otros actos. En correspondencia debió al Cabildo en el año 1691 las más vivas demostraciones de piedad para implorar el restablecimiento de su salud. Mas llegada su hora murió ese año a 3 de Julio. Sucedióle

XLII. D. Antonio Ferrer y Milán, natural de Valencia: tomó posesión de esta silla a 16 de Marzo de 1692. En tiempo de este Prelado se renovó el presbiterio de la Catedral,  quedando el altar mayor como lo había construido su antecesor D. Fr. Gilaberto Martí. Resplandecieron sus virtudes pastorales en las guerras llamadas de sucesión. A pesar de las revueltas y males de aquellos tiempos, nacidos más de la discordia civil que del furor de los ejércitos, supo conservar la capital y toda la diócesis en paz y obediencia. Prueba de esto es el asilo que buscaron en ella las veinte y cuatro religiosas de mi orden de Villa-Real, arrancadas de su convento por el estrépito de las armas. Dispuso el Prelado que saliesen a recibirlas a distancia de una legua el Cabildo, el Ayuntamiento y la Nobleza de Segorbe, que las condujeron al monasterio de S. Martín, donde saliendo cuatro días después, y visitando la Catedral y sus reliquias y el convento de Dominicos, pasaron con el mismo acompañamiento al de Carmelitas descalzas de Caudiel; de las cuales se separaron con lágrimas para volver al suyo seis meses después a 5 de Septiembre de 1706. Poco sobrevivió el Prelado a esta época: pues murió a 29 de Octubre de 1707. Sucedióle

XLIII. D. Rodrigo Marín y Rubio, natural de la villa de Tíxola, diócesis de Almería

Había sido canónigo lectoral de aquella Iglesia, magistral y maestreescuela de la de Granada, catedrático de prima, y dos veces rector de la Universidad de la misma ciudad, y visitador general de su arzobispado, predicador y capellán de honor del Rey. De su prelacía sólo sabemos que la sirvió desde 16 de Diciembre de 1708, a los cuarenta y nueve años de su edad, hasta 28 de Mayo de 1714 en que fue trasladado a Jaén. Tan escasa es la memoria que queda de su sucesor

XLIV. D. Diego Muñoz Baquerizo, natural de Pinto junto a Madrid, colegial mayor de Cuenca en Salamanca, e Inquisidor de Cataluña, Navarra, Murcia y Valencia. Fue promovido a esta silla en 1714 a los cuarenta y nueve de su edad: tomó posesión a 25 de Octubre del mismo año: visitó la Catedral, y murió a 19 de Noviembre de 1730. Ninguna memoria suya se conserva.

XLV. D. Francisco Zepeda y Guerrero, natural de Cádiz, canónigo de aquella Iglesia, visitador y examinador sinodal de su obispado, fue electo Obispo de Segorbe en 1731, tomó posesión a 25 de Febrero del siguiente. Por su devoción a Santa Teresa de Jesús estableció y dotó su fiesta en el convento de religiosas de Caudiel; y también en el de S. Martín de esta ciudad, donde además fundó la capellanía para el confesor ordinario. Esto sabemos de su gobierno, que duró diez y seis años y medio; muriendo a 24 de Septiembre de 1748.

XLVI. D. Francisco Quartero y Lumbreras, natural de Tabuenca, diócesis de Tarazona, tomó posesión de esta silla a 9 de Marzo de 1749; y su pronta muerte, acaecida en 20 de Febrero de 1751, impidió que continuara las pruebas que había empezado a dar de su actividad y celo. Había sido colegial en el de Aragón, y en el Mayor de S. Ildefonso de Alcalá, catedrático en aquella Universidad, confesor en la Encarnación de Madrid, canónigo penitenciario de la Iglesia de León, examinador, visitador y gobernador de su obispado.

XLVII. D. Pedro Fernández de Velarde tomó posesión en 16 de Agosto de 1751, y murió de allí a seis años a los sesenta y siete de edad el día 9 de Octubre. Falta su retrato en el aula capitular, y sólo sabemos de él que era natural de Cortes, diócesis de Salamanca, y dignidad de maestreescuela de aquella Iglesia. Algunas memorias quedan aún de su genio nimiamente bondadoso. En el mismo año 1757 fue promovido a esta silla y tomó posesión de ella a 28 de Abril del siguiente 

XLVIII. D. Fr. Blas de Arganda, en el siglo Roldán, monje jerónimo, natural de la villa de Arganda. Había sido tres veces Prior del Real monasterio de S. Lorenzo y General de toda su orden. Fue prelado liberal con esta Iglesia, y con casi todas las de la diócesis: a la primera regaló una alfombra magnífica. Comenzó a destinar para seminario clerical la casa de los expulsos Jesuitas, fundando en él algunas becas. Pero habiendo muerto en 6 de Abril de 1770, no pudo ver cumplida esta grande obra, que estaba reservada para su sucesor

XLIX. D. Fr. Alonso Cano, natural de la Mota del cuervo, Trinitario calzado, de gusto y finura en las buenas letras. Tuvo varios cargos honrosos en su orden, fue calificador de la Suprema, censor de libros, y académico de la Historia. Fue electo Obispo en 22 de Junio de 1770, y tomó posesión de esta silla en 27 de Octubre del mismo año. Su primer cuidado fue la erección del Seminario conciliar, paso muy aventajado para la reforma del clero: suyas son las constituciones, el plan de estudios, y del gobierno interior en lo espiritual y temporal: mejoró y aumentó sus fincas, obteniendo privilegios de amortización, y socorriéndole con crecidas sumas en sus urgencias. Fue exacto en la observancia de los cánones sobre dispensas de proclamas, y no llevar derechos en las órdenes y licencias: alivió los gastos en las visitas de la diócesis, estando pronto a mantenerse a sus expensas si se lo hubiera permitido la generosidad del clero. Cooperó a las fábricas de varias Iglesias, y a que se hiciesen según el gusto de la sólida y sencilla arquitectura. Cuidó mucho de las religiosas de Caudiel, a quienes regaló libros, y les dejó fundadas dos fiestas. En ellas y en las que se celebraban en esta ciudad, manifestó cuanto deseaba promover la sólida devoción (a). 

(a) Copiaré acerca de esto las palabras del P. Fr. Manuel Denche, Trinitario calzado, en su oración fúnebre. “Reconoció (dice) ciertas festividades de los Santos, que llamaban de las calles, y se estremeció en su reconocimiento; porque halló que por un concepto equivocado de la verdadera piedad, o engañados de una falsa idea del culto verdadero, en estas profanidades de danzas, comedias, corridas de toros, y otras semejantes, se malograban no menos que noventa y seis días de cada año; y en ellas se daba fomento a la desenvoltura, ocasión a contiendas peligrosas, motivo a los alborotos arriesgados; y embebidos en estos abusos lastimosos y malogros lamentables del tiempo, los miserables se hacían más infelices, y crecía insensiblemente el descuido de las haciendas y el abandono de las familias, principio y raíz de muchos males. Abominó estas festividades, realmente profanas, aunque disimuladas con el pretexto de piedad... y en una carta circular llena de doctrina santa y de celo sagrado las prohibió con autoridad episcopal, y bajo de graves penas, mezclando en esta pastoral algunos rasgos y expresiones de indignación y de fuego, bien semejantes a las otras con que prohibió San Pedro Crisólogo los juegos que se hacían en Rávena en las calendas de Enero.” 

Fue muy limitado en sus gastos por socorrer a los pobres: promovió la agricultura, fomentando el plantío de olivos, y pagando tres o cuatro reales por cada uno que se plantase de nuevo: estableció en varios pueblos escuelas de primeras letras, y las puso bajo la protección real: formalizó y condujo el plan beneficial de la catedral y del obispado; y formó una biblioteca episcopal pública, que acredita su buen gusto y el deseo de la instrucción que quería fomentar en la capital y diócesis. Murió este gran Prelado en 7 de Abril de 1780 a los sesenta y nueve de su edad, dejando un nombre correspondiente a sus talentos, virtud y celo. Escribió un método de estudios monásticos, una disertación sobre la cabaña real, o ganados trashumantes, la topografía de Argel, y otros papeles eruditos.

L. D. Fr. Lorenzo Lay y Anzano, natural de Huesca, religioso dominico, trasladado del obispado de Albarracín, tomó posesión de este en 4 de Marzo de 1781. Su temprana muerte, ocurrida en 14 de Julio del mismo año a los sesenta y cuatro de su edad, privó a esta diócesis de las esperanzas que tenía fundadas en su buen talento y su distinguida carrera en la Universidad de Huesca, y en el gobierno acertado y pacífico de la diócesis de Albarracín. Sucedióle el actual Prelado 

LI. D. Lorenzo Gómez de Haedo. Nació en el Valle de Carranza del Señorío de Vizcaya, diócesis de Santander, a 23 de Octubre de 1737. Cursó el derecho canónico en Alcalá, y concluidos sus estudios, mereció la doctoral de Burgos, a pesar de sus pocos años, que no llegaban a los veinte y tres. A los treinta y seis de su edad le nombró el Rey Auditor de la Rota española, que se erigió en 1773, de donde siendo su decano fue promovido al cabo de once años a esta silla, cuya posesión tomó a 3 de Marzo de 1784, habiendo sido consagrado en Madrid a 1.° de Febrero del mismo año. Con la larga vacante habían nacido en el Seminario conciliar con menoscabo de su opinión varios partidos, en que tomaron interés muchos del pueblo, y aun algunos capitulares. Buena ocasión para que descubriera el nuevo Prelado su talento pacificador, su doctrina y su caridad. Adquirió a esta casa nuevas fincas, y mejoró las antiguas, dando sumas cuantiosas para que no decayese el decoro de un establecimiento, que siempre debe merecer el amor y celo episcopal. Mejoró el plan de estudios, con lo cual y con el esmero de la educación, ha logrado ya servirse para ministros de las Iglesias de los mismos que como tiernas plantas crecieron bajo su dirección. Después de esto volvió toda su atención a la Iglesia catedral, cuya fábrica y escasa dotación de sus beneficiados no podía ver con ojos serenos. Hizo una visita en que no dejó que desear a los sucesores acerca de las reducciones de misas, liquidación de obligaciones, dotación de ministros, y otras cosas pertenecientes al gobierno interior, aprovechándose de la buena armonía con su cabildo para que este ilustre cuerpo aplicase algunos fondos de su mensa a la congrua de los beneficiados. No le halló menos pronto a gastar gruesas cantidades para la renovación de la catedral de que ya hablé en mis cartas anteriores: edificio hermoso, fruto de una paz larga, que formará época en esta Iglesia. No son menos deudoras a su largueza las religiosas de esta ciudad y las de Caudiel, donde estableció y mantiene la vida común, supliendo frecuentemente lo que falta para su total asistencia. En el convento de Caudiel ha costeado los reparos del edificio, la sillería del coro, rejas, tribunas, sacristía, pisos y conductos de agua, mejorando la heredad que llaman de Pina, dándoles anualmente con que cubrir el atraso de cuatrocientos pesos, que hubieran padecido en cada uno de los diez años últimos. Ha contribuido también a la mejora de la enseñanza de primeras letras, erigiendo nuevas escuelas y aumentando la dotación escasa de los antiguos maestros: ha tomado bajo su protección a los expósitos y a los enfermos, porción la más acreedora a la beneficencia. Es de mucha edificación su humanidad y llaneza, especialmente con los pobres, a quienes socorre a manos llenas, y también su amor a la paz y su tino y prudencia en establecerla. Pocas diócesis de España podrán lisonjearse de lo que veo aquí, y es, que en los veinte años de esta prelacía, no se ha conocido el uso de los procesos criminales. Otras memorias de este pontificado contará la posteridad en los fastos de esta Iglesia, como el tiempo de la caridad, de la ilustración y de la paz y armonía tan conforme al espíritu del evangelio. 

Dios te guarde muchos años. Segorbe &c. 

sábado, 11 de marzo de 2023

XVII. Epitafio sapientísimo doctísimo varón Antonio Agustín, Cesaraugustano, Gerónimo Ezquerra

XVII.

Epitafio al sapientísimo y doctísimo varón D. Antonio Agustín, Cesaraugustano, Arzobispo de Tarragona, hecho por Fr. Gerónimo Ezquerra, Carmelita descalzo, Aragonés. (Vid. pág. 39.)

“Oye Agustín la fama de un Antonio,

y herido de la gloria que le inflama,

dio en una voz de entrambos testimonio.

Qué es esto, amigos? Los indoctos (clama)

se levantan, y osados ese cielo

nos arrebatan con perpetua fama?

Nosotros fabricando de cerbelo

en nuestra carne y sangre revolcados

yacemos miserables en el suelo.

Con nuestras letras y doctrina hinchados

andamos tras el aire; cuando aquellos

son por el aire al cielo levantados.

Qué nos importa con soberbios cuellos,

frente arrugada, y arrogantes labios,

buscar el nombre que aborrecen ellos?

Aquellos son los verdaderos sabios

que saben con doctísima ignorancia

trocar en alabanza sus agravios.

Dejemos pues, amigos, la arrogancia,

juntemos el estudio de inocencia

con el de la elocuencia y elegancia.

Esta fue de aquel Padre la sentencia:

juntar contra las fuerzas del demonio

de Antonio y Agustín virtud y ciencia.

Tú, célebre Agustín, piadoso Antonio,

que en letras y piedad de aquesta junta

un vivo das al mundo testimonio:

Cuando por su memoria nos pregunta,

le podrás responder con la memoria

que en ti quedó del uno y otro junta.

Del gran Egipcio la piedad notoria,

y el labio del doctísimo Africano

en ti compiten una misma gloria.

Dígalo el foro superior Romano,

que de tu sacra trípode suspenso

oráculo esperaba soberano.

El pastoral cayado, tanto ascenso,

las graves legaciones de Alemaña,

medida corta de un valor inmenso.

El valor que a un Fernando, de la extraña, 

a un Príncipe Filipo de la nuestra

a toda gente acepto te acompaña.

La docta pluma en altos vuelos diestra,

la verdad a la ley restituida

con llave de sus títulos maestra.

La cana antigüedad reflorecida,

nuestro siglo con ella en su tesoro

y la futura edad enriquecida.

El sacro, el docto, y el piadoso coro

que en Lérida, Alifán, Sicilia y Trento,

tu pecho admiran con igual decoro.

El huérfano, el desnudo y el hambriento,

el sabio, el ignorante, el rico, el pobre,

y todos juntos con un mismo acento

Harán que el nombre de Agustino sobre-

puje la edad y la común miseria

mal defendida en bien fundido cobre.

La cabeza levanta Celtiberia,

y el honor de tal hijo comunica

a los maternos límites de Iberia.

Salduba aquesta gloria se adjudica, (Salduie, Caesaraugusta, Zaragoza)

y por el de Agustín con el de Augusto

el título de Augusta ya duplica.

Pues ni el vigor pacífico y robusto

del César pudo hacerla más ilustre

que el pecho de un varón tan sabio y justo.

También le cabe parte de este lustre

a la mayor del mundo insigne Atenas,

Con que de nuevo su grandeza ilustre.

Pues pisando de Tormes las arenas,

de otras tantas grandezas con su nombre

dejó las musas de su escuela llenas.

Ni menos ennoblece su renombre

a la colonia Julia vencedora,

donde encerró en su edicto a Dios un hombre (a).

Al sucesor de Fructuoso adora

su cátedra, metrópoli de España,

con que el antiguo título mejora.

Del Tirrénico lago que la baña,

del circo, foro, emporio, anfiteatro,

y otras ruinas de grandeza extraña.

Solo a su Antonio saca en su teatro

después de Eulogio, Augurio, y Fructuoso,

cuyo fue sucesor cincuenta y cuatro.

Tú, espíritu gentil y glorioso,

que en el empíreo alcázar sublimado

gozas seguro de inmortal reposo:

Si admite aquesa paz algún cuidado,

tenlo del patrio suelo, de la Silla

que honraste, que ocupaste venerado.

Y al que buscando la verdad sencilla

para entender las leyes, y explicallas

en tus profundas páginas se humilla;

Al que adorando sacras antiguallas,

piedras, letreros, cifras, inscripciones,

tus Diálogos revuelve, y tus Medallas;

A todos los ardientes corazones

que en las reliquias de tu ingenio y vida

buscan ingenio y vida a sus acciones,

Acúdeles, Antonio, sin medida,

alcanzándoles luz sobreeminente

de caridad en Cristo reducida

para contigo amarle eternamente.”

(a) En tiempo de este buen poeta andaba muy valida la autoridad de que César publicó en Tarragona el famoso edicto del censo que comprendió a S. Joseph y su Sma. Esposa. El cit. Flórez, t. 25, nos ha desengañado.

miércoles, 6 de julio de 2022

Tomo 4. ÍNDICE DE LAS COSAS MÁS NOTABLES.

ÍNDICE DE LAS COSAS MÁS NOTABLES. 

(Las páginas no coinciden con este formato)

Adoratorios de Gentiles. Como se consagraban al culto divino, 125 y sig. 

Aguas vivas. Convento de S. Agustín en desierto. S¡ estuvo allí el antiguo monasterio servitano, 85. 

D. Agustín Sales. Impugnado, 8. 

Aimonio. En qué tiempo floreció, 168. Escribió la historia de la traslación de las reliquias de S. Vicente mártir al monasterio de Castres, 2, 167 y sig. Juicio que hizo de ella el obispo Pérez, 2 y s¡g., y el de Flórez y Risco, 167.

Alfonso de Borja (Calixto III). Cuanto trabajó por la conclusión del cisma, 107. Fue electo obispo de Valencia, 107, 108. Celebró en ella un sínodo, 111 y sig. 314 y sig. Edificó una capilla en la colegial de Xátiva, 109. Cartas suyas al cabildo de aquella colegiata, 269 y sig. Seguridad que tuvo siempre de que llegaría a ser papa, 110, 278, 279. 

Anales. Cuanto importa escribir los de los monasterios, 49, 50. Quién escribió los de Portaceli, 49.

Antigüedades. Cuanto convendría destinar en los pueblos antiguos quien cuidase de su conservación, 119.

Antonio Bou. Noticias de su vida literaria, 35 y sig. Año de su muerte, 42. Está enterrado en la cartuxa de Val de Cristo, 23, 42. 

Apodiare. Uso de esta voz en la ínfima latinidad, 240.

Aristóteles. Noticia de una versión latina inédita de su Ética, 138 y sig.

Aurora. Obra inédita de Pedro de Riga, 137. Noticia de un códice de ella, ib.

Barcelona. Su iglesia celebró la fiesta de la traslación de San Vicente mártir a Castres, 167. 

Benifazá, monasterio de cistercienses. Su situación, su fundación y descripción de su edificio, 148 y sig. Su biblioteca y archivo, 151, 152. Catálogo de sus abades, 161 y sig. 

Berga. Su antigua situación, 184, 185. 

Besalú. Preciosa reliquia de la vera cruz que se conserva en aquella colegiata, 95. 

Biblia. Noticia de una latina MS. 140. 

Biblia lemosina. Su traductor D. Bonifacio Ferrer, 52 y sig. Por qué no se hallan ejemplares de ella, 55. Por qué medio llegó un fragmento de esta versión a la cartuxa de Portaceli, 54. 

Bibliotecas y archivos. Su origen, 96. Noticias de algunas famosas de la antigüedad, 96 y sig. Incendios de varias de estos últimos tiempos, 97 y sig. Causas de la actual pobreza de algunas, 98. 

D. Bonifacio Ferrer. Su tratado de Schismate Pisano, le publicó Martene, 19. Se ha extraviado el original, ib. Otros opúsculos suyos inéditos, 31, 55, 56, 218 y sig. Es autor de la traducción lemosina de la Biblia, 52 y sig. Año de su muerte, 34. 

Bota, medida de tierra. Su etimología, 266. 


Camputa. qué era, 18. 

Cárcel. Si la de S. Vicente mártir se conserva en Segorbe, 1 y sig. Otras varias donde este mártir estuvo preso en Valencia, 13 y sig. 

Cartas hidrográficas planas. Su invención, 24, 25. Descripción de una muy antigua que se conserva en la cartuxa de Val de Cristo, 24 y sig. Noticia de otra del monasterio de San Miguel de los Reyes, 30.

Castres. Si posee este monasterio las reliquias de S. Vicente mártir, 2 y sig. 9.

Ceretanos, pueblo de España, donde estuvieron, 180. 

Ciborium. Qué era, 124. 

Claudio, obispo de Turín, calumniaba a la iglesia latina, 118. Sus impugnadores, ib.

Clemente Sánchez de Verceal. En qué lengua escribió su sacramental, 144. Versión lemosina de esta obra, 144, 145. 

Coadjutores. Si eran los conversos o donados, 254, 255. 

Comunidades. No deben ser fáciles en enajenar los códices de sus bibliotecas, 98.

Concilio Trulano. Si prohibió representar a nuestro Señor Jesucristo bajo el símbolo de cordero, 128.

Condamina, condimina, condomina. Etimología de estas voces, 202.

Constituciones diocesanas. Cuanto aprecio merecen, 143. Noticia de algunas inéditas de Tarragona, 142, 143. 

Conversos. En los monasterios quiénes eran, 171. Si eran lo mismo que los donados, 254. 

Cordero. Poníase este símbolo en la cruz, y por qué, 126 y sig. Hasta qué tiempo duró esta práctica, 128.

Corporales de Daroca. Noticia de una historia MS. de este suceso, 92. 

Corpus Christi. Convento de dominicos junto a Luchente, 92. Manuscritos que en él se conservan, 92, 93. Sus preciosas reliquias, 94. Maravillas que se cuentan de aquel sitio, 94, 95.

Cotalva, monasterio de S. Gerónimo. Su fundación, 89, 90. Pinturas, códices y otras cosas notables que en él se conservan, 90 y sig. 

Crucifijo. Cuando comenzó a ponerse su imagen en las cruces, 128. 

Cruz. Poníase antiguamente sobre el tabernáculo, 124, y en los templos consagrados, 125, 131, y en los de los gentiles cuando se purificaban, 125 y sig. y en los sepulcros, 131. Cuando comenzó a sustituirse en ella la imagen del Salvador a la del cordero, 128, 129. Fragmento de una de piedra hallada en las ruinas de la antigua Sétabis, 104. 

Conjeturas sobre el sitio donde estuvo colocada, 124 y sig. Su antigüedad, 129.

Cruz decussata. Cuál era, 130. Conjeturas sobre su origen, 130 y sig.

Cruz immissa. Cuál era, 104, 129. Si fue crucificado en ella nuestro Señor Jesucristo, 131.

Cruz sencilla. Cuál era, 130.


D. Diego Vich. Memorias que dejó en el monasterio de la Murta, 81 y sig. 

Donados. En los monasterios qué eran, 254. Si eran lo mismo que conversos, ib.


Echard. Enmendado, 139.

Edad media. No fue tan bárbara como algunos creen, 137. 

Escolano. Impugnado, 62 y sig.

Escrutinio serotino. Qué era, 16.

Escudo. El de las capas pluviales es reliquia de la antigua capilla, 118.

Exenium. Qué significa en los latinos de la edad media, 178.


S. Félix de Gerona. Noticias de su vida y martirio, 123. Es patrono de Xátiva, 99 y sig. 262 y sig. Si se venera su cabeza en S. Lorenzo el Real, 123.

Francisco Aranda, donado de la cartuxa de Portaceli. Su elogio, 48, 49. 

Fragmento de una cruz antigua en Xátiva. Su descripción, 104. Conjeturas sobre su antigüedad, 104.


Gandía. Su deliciosa situación, 89. Fundación de su iglesia colegial, 88. Estado de su archivo, ib. 

Gaudes. Qué son, 112 y sig. Estableciólos en Valencia su obispo Alfonso de Borja, 112 y sig. 

S. Germán, monasterio de benedictinos. Cuándo fue fundado y por quién, 168. En él fue monje Aimonio, ib. 

Gerson. No es autor de los opúsculos atribuidos a D. Bonifacio Ferrer, 31 y sig. 218 y sig. 

Girovagos. A quienes se dio este nombre, 179. 

Guerras civiles. Cuanto daño hacen a la literatura, 80, 96. 


D. Henrique, infante de Portugal. Si fue inventor de las cartas náuticas planas, 24. 

D. Hugo de Lupia. Fragmento de un sínodo que celebró en Valencia, 116, 117. 


Inocencio IV. Sus cartas a D. Jayme I de Aragón, 156 y sig. 328 y sig. 

Inscripciones. Utilidad y uso de ellas en la historia, 78, 79. Editores de las de varias ciudades y provincias, 79. 


Jayme Borrell. Algunos sucesos de su vida, 53 y sig. 

Jayme de Mallorca. Náutico del siglo XV, 30. 

Fr. Jayme Domenec. Su compendio de las historias, 141, 142. 

D. Jayme I. Si fundó el monasterio de Benifazá, 154 y sig. Si mandó cortar la lengua al obispo de Gerona, 156 y sig. Historia y documentos de este suceso, 156 y sig. 324 y sig. 


Joanes. Pinturas suyas en Val de Cristo, 22, 23.

Fr. Josef Texidor. Su opinión acerca de la antigua iglesia de S. Vicente mártir en Valencia, 7 y sig. 

Jova, jovada, jovata. Significación y etimología de estas voces, 266. 

Juan Andrés Strany. Noticia de sus cartas, 57. 

D. Juan Bautista Civera. Escribió los anales de Portaceli, 49. Por él se conservó la última hoja de la traducción lemosina de la biblia, 51, 55. 

D. Juan Bautista Pérez. Su opinión acerca del paradero de las reliquias de S. Vicente mártir, 2 y sig. Carta suya al prior del convento de predicadores de Castres, 3 y sig. 

Juan Celaya (Joan de Salaya). Su patria, 69. Noticias de su vida literaria, 69 y sig. Si aconsejó que se enterrasen las lápidas romanas de Valencia, 60 y sig. Carta de los jurados a Carlos V con motivo de la llegada de este teólogo a aquella ciudad, 258 y sig. 

Fr. Juan de Salamanca. Fue convidado con una cátedra de teología en Valencia, 74. 

Juan Núñez. Impugnado, 75 y sig. 

Juan Partenio Tovar. Su correspondencia epistolar con Onofre Capella, 89. 

Jurados. Autoridad que dio a los de Valencia el rey Don Jayme I, 64, 65. 


Lactancio. Noticia de un códice de sus Instituciones, 84. 

Lápidas romanas. De algunas de ellas fueron quitados los nombres de ciertas personas, 77, 78. Si las de Valencia fueron enterradas en los cimientos del puente de serranos, 60 y sig. 

Lengua lemosina (se refiere a la valenciana). Noticia de algunas obras antiguas escritas en ella, 140 y sig. 

Libia (o Livia), pueblo de España. Su antigua situación, 186. 

Luchente. Su convento de dominicos. V. Corpus Christi. 


Manuel Díez. Si escribió en lemosín su libro de menescalia, 136. Noticia de un códice de esta obra, ib. 

Manuscritos. Noticia de los de la biblioteca del convento de predicadores de Valencia, 132 y sig. 

Margaritum. Qué significa en los escritores eclesiásticos, 175, 176. 

Martene. Se lamenta de la pobreza literaria de algunos monasterios de Alemania y Flandes; 80 y 81. 

D. Martín, Rey de Aragón. Memorias suyas que conserva la real cartuxa de Val de Cristo, 22. 

Mezquita de los moros en Xátiva. Fue después iglesia de cristianos, 105. Erigióla en colegial el papa Luna, 106. Sus primeros canónigos, ib. 

Misericordia. En tos rituales monásticos qué significa, 240. 

Moros. Si trasladaron la ciudad de Xátiva adonde está ahora, 105. 

La Murta, monasterio de S. Gerónimo junto a Alcira. Noticias de su fundación y de las cosas notables que en él se conservan, 31 y sig.


Necrologios. Cuanto importa escribir los de los monasterios, 50. 

Fr. Nicolás Borrás, pintor discípulo de Joanes, 90. Colección de sus pinturas, ib. 


Onofre Capella, poeta. Noticias de sus obras, 88, 89. Su patria, 89. 


Palla o pallia. Qué era, 203. Sus usos en la iglesia latina, ib. 

Partidas. Noticia de un códice que contiene las cuatro primeras, 135. 

Pedulia o pedules. Qué son, 252. 

Pedro de Riga. Ilustración de su mérito literario, 137. 

D. Pedro IV de Aragón. Fundó con su hijo D. Martín el monasterio de Val de Cristo, 19 y sig. 

Pedro Ransano. Sus opúsculos sobre la vida y la canonización de S. Vicente Ferrer, 272 y sig. Cuantos libros tienen sus anales, 276. 

Peñíscola. Memorias del papa Luna en su parroquia y en su castillo, 147. En esta ciudad fue consagrado obispo de Valencia Calixto III, 148. 

Pons. Enmendado, 45. 

Pontifical. Noticia de un códice antiguo de la santa iglesia de Segorbe, 15, 16. 

Portaceli, cartuxa, su fundador, 44. Cosas notables que en ella se conservan, 44 y sig. Códices que se han extraviado de su biblioteca, 50, 51. Noticia de algunos que posee, 55 y sig. Escritura de su fundación, 216 y sig. 

Preste Juan. Significación y etimología de este nombre, 26 y sig. 


D. Fr. Raymundo Despont. Su testamento y cuatro codicilos, 143, 313 y sig. 

Rey de Córdoba. Por qué era llamado rey mayor, 180, 181. 

Rodrigo de Borja (Alexandro VI) su entrada en Xátiva siendo cardenal, 115 y sig. 

D. Rodrigo Ximénez. Noticia de un códice de sus obras, 132 y sig. 

Rutenos, pueblos de Francia, donde estuvieron, 199. 


Sechlat. Etimología de esta voz, 28, 29. 

Segre, río. Su curso, 183. De dónde viene este nombre, ib. 

Senior (Sunyer, Suñer), obispo de Zaragoza. Juicio que hizo de él S. Eulogio, 178. 

Sepulcros. En los de los cristianos solía ponerse la señal de la cruz, 131. 

Santa Tecla. Convento de religiosas en Valencia, fue palacio de Daciano, 13. Memorias que en él se conservan de San Vicente mártir, 13 y sig. 


Tegimen. Qué era en la iglesia latina, 124. 

Templo de S. Félix mártir en Xátiva. Pereció con el furor de los bárbaros, 104. Su antigüedad, 104 y sig. Si era distinto de la iglesia mayor, 105 y sig. 

Santo Tomás de Villanueva. Memorias de un sínodo que intentó celebrar, 117 y sig. Consérvanse fragmentos originales de sermones suyos en la cartuxa de Portaceli, 45, 46. 

Tres eres. Qué significa esta expresión, 153. 


Val de Cristo, cartuxa. Su fundación, 19 y sig. 209 y sig. Noticias del estado actual del monasterio, 20 y sig. 

Valdigna, monasterio de la orden del Císter. Su fundación y cosas señaladas que en él se conservan, 86 y sig.

S. Vicente Ferrer. Noticias de su vida, 277 y sig. Profetizó a Alfonso de Borja que sería papa, 278, 279. Cuántos años vivió, 286 y sig. 

S. Vicente mártir. Varias opiniones acerca del paradero de sus reliquias, 3 y sig. Iglesia suya antiquísima en Valencia, 8 y sig. Existía en el siglo XII, 9 y sig. Poseyéronla varios monasterios, 10 y sig. Quién publicó las actas de su martirio, 8. Si fue trasladado su cuerpo a Castres, 2, 167 y sig. 

Umbraculum. Qué era en la iglesia latina, 124. 

Xátiva. Cuándo fue trasladada adonde está ahora, 105, 118 y sig. Antigüedad de su acueducto, 120 y sig. Cuenta entre sus hijos a Calixto III y Alexandro VI, 106 y sig. 

Xentum. Qué significa, 178. 

Ximeno. Impugnado, 52. 

Zurita (Gerónimo). Carta suya al prior de la cartuxa de Portaceli, 56, 257. 

martes, 19 de julio de 2022

CARTA XLVIII. Noticia de algunos ritos antiguos de la iglesia de Vique. Reliquias. Luciano y Marciano

CARTA XLVIII. 

Noticia de algunos ritos antiguos de la iglesia de Vique. Sus reliquias. Si los SS. MM. Luciano y Marciano nacieron y fueron martirizados en Vique. Inscripción romana inédita. 

Mi querido hermano: Mientras voy preparando otras cartas más serias y detenidas, hoy quiero contarte una porción de cosillas sueltas, y no por eso inútiles; que por algo se dijo lo de las candelillas y del cirio pascual. Y lo primero que me ocurre es que el gobierno hizo muy bien en no acceder a tu propuesta, cuando para escribir la historia de los ritos pedías que las iglesias y monasterios enviasen a Madrid sus códices rituales. Porque muy cierto es que la historia de los ritos no está sólo en esos códices. Y ahora lo vas a ver con lo poco que apuntaré aquí de las actas capitulares de esta iglesia, como una muestra de lo mucho que tengo recogido. Esos libros se comenzaron a escribir a fines del siglo XIII, en virtud de la constitución que para ello hizo con su Capítulo el obispo D. Raimundo Anglesola. Mandose en ella que el libro donde se escribiesen fuese llamado liber vitae, y así se usa hoy día. Es de notar que en todo el siglo XIV y parte del siguiente contaba siempre el obispo con el Capítulo para establecer, reformar o quitar ritos: y que con este objeto entre otros asistía el prelado al Capítulo general de Pentecostés, que es cuando se entendía en esas cosas. 

Diré algunas de estas ordinaciones.

En 1311 se mandó cantar el himno Veni creator, en la tercia de Pentecostés y su octava. En 1319 mandaron quod evangelium vel epístola in missa maiori, quae  celebrabitur in maiori altari sedis no nostrae, ulterius non cantetur. Evangelium tamen, quod cantatur in matutinis in festivitatibus Natalis et Epiphaniae Domini, cantetur more solito. Epistolam vero, quae in festo Sancti Stephani in missa populari cantari consuevit, de cetero prohibemus cantari. Más adelante en 1324 concedieron que se cantase el evangelio en las principales fiestas del año; pero con licencia del obispo, y en su ausencia del precentor. Esta prohibición de cantar el evangelio y epístola en la misa mayor, no quiere decir que se mandase rezar; lo cual no cabe donde con tanta pompa se procuraba solemnizar aquel acto. Prohibieron pues primero y después permitieron en las fiestas principales que se cantasen con nota de música, a la manera que se cantaban los dos evangelios de la genealogía de Cristo, que eran parte del oficio en los maitines de Navidad y de la Epifanía, como lo son y como se cantan hoy día en mi orden por el diácono en música de primer tono, en la cual también los conservan escritos los libros de esta y otras iglesias. La epístola, cuyo canto del todo se prohibió en la misa popular o digamos matutinal del día de S. Esteban (porque ya se sabe que había dos misas en los días clásicos) era una paráfrasis en verso y lengua vulgar de la epístola latina de aquel día; de la cual hallé un ejemplar en la colegiata de Ager (cod. n. 2563) y va copiada (a: Apend. n. IX.), no sólo porque veas lo que ello era, sino por lo estimable que te debe ser esta pieza de poesía, que yo juzgo ser del siglo XIII cuando menos. Esta misa popular se decía aquí en una capilla que había debajo de los claustros, cuyo piso estaba antes muy levantado. 

En 1322 establecieron el toque de campana al anochecer, para que todos rezasen de rodillas una Ave María pro salute ac pace animorum et corporum, ac fertilitate, et conservatione fructuum terrae. La oración nocturna que llamamos de ánimas, se intimaba aquí al pueblo, no con toque de campana, sino a voz de pregón; y esto aún en 1648, como consta en el archivo de la ciudad. En 1330 se resolvió hacer procesión solemne del Corpus. Cinco años después hay constitución de que nadie sin licencia del tesorero pueda ser enterrado in Galiera, delante de la puerta de S. Juan, una de las laterales del templo. Galiera es lo mismo que Galilea: nombre que daban al pórtico o atrio construido delante de las puertas de las iglesias, que antes de ese tiempo solía servir de cementerio para los reyes y grandes personajes y los individuos del clero, permitiéndose solamente a los obispos enterrarse dentro de los templos. El que ahora se escandaliza de que a nadie se permita enterrar en ellos, ¿qué dirá cuando vea tan celoso a este capítulo en el siglo XIV para impedir la sepultura aun en la parte exterior? ¡Ojalá llegue a restablecerse del todo, como ha comenzado ya la antigua disciplina en este punto! En 1344 se mandó que al tiempo de comenzar el Praephatio en la misa mayor de cada día, se hiciesen ocho o diez toques de campana ad convocandum fideles ad videndum corpus Christi. Esto vemos aún hoy practicado en muchas partes. En 1463 a 5 de Abril Francisco Terrades, beneficiado de esta iglesia, instituyó que doce presbíteros vestidos ad modum apostolorum, qui solent indui in repraesentationibus sanctorum in die corporis Christi, asistiesen al monumento todo el Jueves Santo, cantando salmos usque in crastinum hora communicandi. No es esta la memoria más antigua de la solemnidad usada en los monumentos o como decimos sagrarios: en la iglesia de Ager la hay ya de ello en el siglo XII. Todo esto es de las actas capitulares. 

Pues de las consuetas pudiera decir otras muchas cosas curiosas; pero dejándolas para su lugar, apuntaré algunas que todavía se usan. Tal es la costumbre de elevar una cortina negra detrás de la mesa del altar mayor poco antes de alzar la hostia, para que el pueblo la vea con más comodidad. Es esto casi general en este país, y en algunas iglesias es muy reciente su abolición. Tal hay que además cierra con cortinas los lados del altar, al tiempo que se empieza el canon, quitando con esto al celebrante toda ocasión de distraerse. Úsase también aquí decir la Nona inmediatamente antes de Vísperas, a excepción de los días de vigilia. Más rara y casi sin por qué parece la costumbre de cantarse en voz baja por los sochantres el introito de las misas con su v., empezando en voz alta desde el Gloria Patri; y esto en todos los dobles por grande que sea la solemnidad, cuando en los semidobles y ferias se canta todo en voz alta. 

Lo mismo sucede en el v. de Completas: Converte nos &c. Sobre esto hay mayores curiosidades que observar en las consuetas de la iglesia de Gerona.

El obispo Ramón de Bellera en el sínodo que celebró a 5 de Mayo de 1358, mandó que la Eucaristía se reservase in sacrario in loco eminenti, prohibiendo que se depositase, como se usaba, en arcas que solían servir de asiento, con no pequeña irreverencia de los santos misterios. Conforme a esto en la iglesia de S. Jorge de Altariba (Altarriba), hoy sufragánea de S. Pedro de Santa Fe, diócesis de Solsona, en la pared lateral a la parte del evangelio, cerca del altar mayor, se halla un agujero cuadrado, o sea armario cavado entre dos piedras sillares, elevado ocho palmos sobre el pavimento, y con vestigios de frontizas para estar cerrado. Sobre él se lee: Hic est panis vivus, y debajo: qui de coelo descendit. Las letras son del siglo XIV, según me asegura. D. Francisco Mirambell, cura de Prats de Llusanés, de quien es la noticia de esta antigualla, que él por sí mismo examinó. 

Curiosa es también una rúbrica que se halla en el ritual de esta iglesia, impreso en 1508, sobre el modo con que el sacerdote debe saludar a los enfermos cuando les administra el viático. Dice así: “Lo curat deu tenir esment en aço; ço es, en lo saludar que deu fer al malalt. Car si lo malalt es prevere, deu dir: Mossseny (mon segnieur, mi señor, monseñor), nostre Senyor Deu sie ab vos. Axi mateix, si es jurista, deu dir: Mosseny. Si es lech (lego), deu dir: Seny, nostre senyor Deu sie ab vos. Si sera massip (maçip; mancipatus) o jove que no haia muller, deu saber lo nom propi (la r de proprio se perdió hace mucho) de fons, com ha nom, e pot dir lo nom propi (lo mismo con la r de proprio), ço es: N. nostre Senyor Deu sie ab vos; o pot dir sis vol: Mon frare, o mon fill, nostre Senyor &c. Si sera dona maridada, de quina condicio vulla que sia, encara que sia muller de noble, o baro, o cavaller, o gentilhome, no li deu dir Senyora per res; car daria desonor (daría deshonor; donaria deshonor) al cors precios de Jesu Christ, que es aquí (aquí sin tilde). Mas deu dir, sia quis vulla, o de gran ma o de baxa: Madona, nostre senyor Deu sie ab vos. Si sera nina (N. E. aún se usa en Mallorca; nena, niña, chiqueta, chicoteta; nin : nen : nene : niño : chiquet : chicotet), que no haia marit, pot dir: Ma filla, nostre Senyor &c. Item si lo pacient sera fadri o nina petits, pus sien de edat de combreguar (combregar : comulgar), lo curat nos deu tuaiar (sic) en les interrogacions dels articles; ans los deu honrar, axi com si era persona gran e ordenada." Al despedirse el cura del enfermo, le decía: Ara, nostre Senyor Deu sie ab vos, e ab mi, e bon prou vos faça. La simple lectura de esta rúbrica da margen a algunas observaciones que omito, y voy a probar si podré traducir esto en castellano, conservando la propiedad de ciertas palabras lemosinas: “El párroco (dice) debe poner cuidado en la manera y palabras con que saluda al enfermo. Porque si el enfermo es presbítero, debe decir: Mi señor, nuestro Señor Dios sea con vos. Asimismo si fuere jurista, debe decir: Mi señor. Si es lego debe decir: Señor, nuestro  Señor &c. Si fuere mancebo (a) o joven soltero, debe averiguar su nombre propio, y llamarle con él, diciendo: N. nuestro Señor &c.; o si quisiere podrá decir: Hermano mío, hijo mío, nuestro Señor &c. Si fuere mujer casada, de cualquiera condición que sea, aunque sea mujer de noble, o barón, o caballero, o gentilhombre, en ninguna manera la debe llamar señora; porque con ello deshonraría al precioso cuerpo de Jesucristo que allí está. Mas debe decir, sea quien fuere, o de alta clase o baja: Buena mujer (b), nuestro Señor &c. 

(a) Llamo mancebo a lo que la rúbrica masip (massipmaçip); nombre que se daba antiguamente a los siervos; y así decían mancipia ecclesiarum a los que tenían las iglesias. Luego se dio este nombre a todos los sirvientes; y aún hoy los que lo son de las parroquias de Valencia, son así llamados. De aquí pudo ser que se aplicase a todos los mozos o jóvenes, que por su edad están expeditos y en estado de servir, y a los solteros (emancipados). 

(b) Madona en lemosín contrapuesto a senyora, denota inferioridad. Ateniéndonos a la letra, debiera traducirse: mi mujer. Mas esto no cabe. Parece que en castellano no puede dársele otro equivalente más propio que el de buena mujer; a lo menos yo no le hallo otro.  

Si fuese joven soltera, puede decir: Hija mía, nuestro &c. Item si el doliente fuese garzón o niña de corta edad, con tal que la tengan para comulgar, no debe detenerse el párroco en preguntarles los artículos; antes bien debe honrarles como a una persona adulta y bien criada.” Al despedirse el cura del enfermo, le decía: Ahora bien, nuestro Señor Dios sea con vos, y conmigo, y buen provecho os haga. Y ahora nosotros vamos a otra cosa. Notorias son y muy multiplicadas las leyes eclesiásticas sobre la asistencia de los fieles a la misa parroquial, donde oigan la voz de su pastor. Muchas veces repiten este mandato los sínodos de esta iglesia; y acaso de aquí nace la observancia puntual de él en las parroquias rurales de este obispado. Lo he visto entre otras en la de Gurb, inmediata a esta ciudad, que como otras del país se compone de muchas casas de labradores (pagesos) separadas una de otra a grandes distancias, quedando solas en medio del campo la iglesia, y las casas del cura y del médico. En ella no se permite tocar la campana a misa privada, si hay alguna, sino solamente a las dos misas parroquiales que para comodidad de los vecinos se dicen en los días festivos, una a la salida del sol, y otra a las once del día. En ambas está en uso la oblación de pan o dinero, entregándolo los fieles al sacerdote al tiempo del ofertorio, y llevando en las manos velas encendidas. Tras esto acuden al pie del altar todos los no casados, de cualquiera edad que sean. Si alguna cosa representa el mutuo amor de pastor y de ovejas, es esta que digo. Allí él les pregunta el catecismo vulgar, corrigiendo al que yerra, explicando los misterios, y viniendo a parar en alguna reflexión moral análoga al evangelio del día: todo con la llaneza y sencillez propia de aquel acto, y con gran fruto de los ancianos, que con la frecuencia de oír no olvidan lo que una vez aprendieron. Los padres por otra parte se estimulan a la enseñanza privada de sus hijos, por no verles afrentados en público. En este ejercicio vi santamente ocupado a nuestro sabio teólogo D. Emeterio Martí. Por ello y por la pureza de costumbres propia de la vida del campo, son muy estimables estas parroquias; cuyos vecinos, aunque ricos y de grandes conveniencias, cual puede tenerlas un gran señor, no dejan la sencillez del trato que heredaron de sus mayores. La ley de los mayorazgos común a todas las familias de Cataluña hace subsistir estas casas que digo, contando muchas de ellas 700 y más años de antigüedad, sin haber aumentado ni disminuido sus posesiones en lo más mínimo. Objeto es este digno de las reflexiones de un político juicioso. 

Dejemos esto y volvamos a nuestro canto llano. Quiero decirte algo de las reliquias más insignes que hay en esta iglesia catedral; las cuales por la mayor parte se hallan colocadas en el trasagrario, dentro de dos armarios. Otra porción hay suelta, que con motivo de haberse trasladado la residencia al convento de los padres dominicos en los 22 años que duró la nueva fábrica, no tienen todavía asiento fijo, señaladamente las cajitas de las reliquias menores que en cada uño de los altares antiguos se habían depositado al tiempo de su consagración. En primer lugar es memorable un gran lignum Crucis, que consta de dos trozos cruzados por el medio, ambos de un dedo de espesor: el vertical tiene más de un palmo catalán, y el travesaño poco menos. Esta insigne reliquia dicen aquí que fue probada per ignem: cosa nada increíble, y que me consta haberse practicado aun en el siglo XVI, con otro que guardan los PP. Jerónimos de Valebron (Vall d'Hebrón), diócesis de Barcelona, y con otras reliquias. = Hay una gran toalla, cuya medida no pude tomar por hallarse muy doblada y encajada en su nicho, como lo están casi todas las demás reliquias; pero es de lienzo blanco, y se dice haber servido para envolver el cuerpo de S. Lorenzo después de su martirio. Al mismo 

santo alude un letrero en piedra mármol, que se guarda en la sacristía, del cual sólo quedan estas palabras: 

… QVO FVIT PO... 

...VS ELEVATV... 

...VS (signo como un 7, et) ASSAT ... 

El carácter parece a primera vista del tiempo de los romanos; pero el travesaño que hay en la parte superior de la A y el et, hacen ver que esta piedra se escribió en los tiempos bajos; aunque no por eso debe despreciarse.

En una redomita pequeña se lee: De lacte imaginis Beatae Mariae, quae est in partibus Ultramarinis, sin declarar cual sea la imagen a que alude.

Consérvase también la mano izquierda sin el dedo pulgar de S. Juan el Limosnero, y una sarta de cuentas con cruz, o sea rosario de dicho santo. He visto la auténtica en griego y en latín que firmó de su mano Gregorio patriarca de Constantinopla en Roma a 18 de Junio de 1456, cuando adquirió esta reliquia Cosme de Monserrat, confesor del papa Calixto III, y después obispo de esta iglesia. Junto con ella dice que se le entregó el pie izquierdo de S. Esteban Musiator, martirizado por los Iconoclastas. 

De ambas reliquias dice esa auténtica: “Quae quidem manus Constantinopoli in monasterio ad honorem B. Virginis Mariae condito, aliter ob conditricis nomen Keramarthas cognominato, venerabatur. Pes autem in monasterio alio quondam B. Virginis et S. Iohannis Prodromi, ob conditorem Lipsi apellato, reconditus erat." 

En seguida refiere como en la destrucción de Constantinopla robó estas reliquias un turco, y por medio de su suegro cristiano, que se llamaba Manilopus, las vendió al monje Pachomio; este a dos sacerdotes de Corcyra, estos a un monje llamado Nilo, el cual habiendo recibido de dicho Cosme de Monserrat una gruesa limosna para rescate de un hijo suyo, le entregó agradecido estas alhajas. No se halla aquí el pie de S. Esteban; acaso lo regalaría D. Cosme a la iglesia de Tarragona, donde obtenía entonces el arcedianato de S. Lorenzo. La mano se conserva con su piel y muy firme en su contextura, aunque ya denegrida. No es menos estimable el pie derecho de Santa Escolástica, hermana de S. Benito, que también se venera aquí, aunque recortado su dedo pulgar: consérvase de buen color y está muy entero. Tiene culto muy particular, y la Santa es patrona menos principal de la iglesia, donde se le hace fiesta muy solemne instituida por el obispo Pedro Jaime a fines del siglo XVI. Mucho antes de esto existía ya aquí esta reliquia, es a saber, en 1475, cuando a 10 de Febrero Bernardo de Riera, arcediano y vicario general del obispo Guillem Ramón de Moncada, mandó que por esta razón se celebrase la solemnidad de dicha Santa con rito de IX lecciones. Además de estas reliquias hay una costilla de S. Cipriano: un hueso de S. Lázaro y parte de su sudario: una tela grande de seda encarnada, en que fue envuelto el cuerpo de Santa Lucía M.: varios huesos de los MM. de Zaragoza: parte del cráneo de Santa Rufina M., y del cilicio de S. Celestino P. y M.: de la estola y pelos de la barba de S. Pedro Ap., y madera de su cátedra; huesos de S. Longinos: piel de S. Bartolomé: parte de la túnica, cíngulo y carne de S. Gregorio patriarca de Constantinopla; y otras innumerables, sobre cuya autenticidad sigo mi acostumbrado silencio. Lo que no debe extrañarse es que tantas y tan insignes sean, atendida la multitud de viajes que los prelados y otros individuos de esta iglesia hicieron a Roma y aun a Palestina, de donde no es regular que volviesen sin traer consigo alguno de estos tesoros. Sábese también que muchas de estas y otras reliquias que omito, fueron regaladas a esta catedral día 5 de Junio de 1475 por Simeón de Sala, ciudadano de Barcelona, el cual las poseía como testamentario del príncipe D. Carlos de Viana, y que agradecido el Capítulo instituyó un aniversario perpetuo por el alma de ese bienhechor, el cual debía celebrarse día 7 de Enero, que era la fiesta de S. Simeón. De otro instrumento consta que el citado príncipe poseía estas reliquias, parte de sus progenitores los reyes de Navarra, y parte por donación del papa Calixto III cuando estuvo en Roma. Tampoco es extraño que no se hallen las auténticas de todas ellas, considerados los rebatos frecuentes que han dado a este país las armas francesas. (N. E. Y las armas catalanas, en la guerra contra Juan II de Aragón.)

Sobre la ara del altar mayor de la catedral hay una arca de plata, y dentro de ella otra de madera, en la cual están depositadas las reliquias de S. Justo C., de quien habló el P. M. Flórez (pág. 227). Las he visto con el favor de los Sres. comisionados y del canónigo tesorero Don Agustín Barat. Existen todas las canillas de brazos, piernas y muslos, que son de buen tamaño, y casi todos los otros huesos del cuerpo: la cabeza está dividida en varios trozos. Venerábanse ya en 1448, en que día 11 de Noviembre el estado eclesiástico y secular de la ciudad resolvieron que en adelante se hiciese fiesta anual día 28 de Mayo a S. Justo C., cors Sant de la Seu, por haberles preservado de varios terremotos, que por entonces afligieron este país, señaladamente del que a 24 del Mayo anterior había arruinado el monasterio e iglesia del Estany. No sé si estaba entonces venerado el altar particular. Uno sé que se construyó de nuevo casi un siglo después por el canónigo prepósito Francisco Vivet, el cual consagró en 1538 a 26 de Mayo el obispo Juan Tormo, depositando en él en ese acto las reliquias siguientes: scilicet, de capite, et costis SS. Luciani et Marciani, de ossibus sanctorum massae Caesaraug. et de cute pedis Sanctae Scholasticae: concedió además un año de indulgencia por aquella vez, y para el aniversario de aquella consagración 40 días (a). 

(a) Por la buena diligencia del canónigo D. Jaime Ripoll he logrado copia de los himnos que se decían en la fiesta de este santo; los cuales el P. M. Flórez dijo que habían perecido, y ahora se han hallado en un breviario propio de esta iglesia, impreso en 1557. V. apend. n. X.

Dentro del mismo templo, y en capilla dedicada a su nombre, se venera el cuerpo del obispo S. Bernardo Calvó, de quien y de su culto se dirá en el episcopologio. Consérvase toda su anatomía, a excepción de una canilla regalada al monasterio de Santas Cruces, donde fue monje y abad. Está en una rica urna de plata, colocada dentro de un elevado casilicio de cristales, que se presenta con gracia al que mira desde el cuerpo de la iglesia. La capilla se labró con magnificencia notable de piedras jaspes sillares, no sólo en las paredes, sino en los arcos también. Adórnanla ocho cuadros, que representan algunos pasajes de su vida; y no son de mal gusto, sino que están retocados. Construyose esta capilla estando todavía en pie el templo antiguo; y no parece sino que en ella quisieron dejar el modelo que debía seguirse en la fábrica del nuevo, como así se ha verificado. Del fundador enterrado en el plano de ella da razón la inscripción que allí hay: D. O. M. = Iohannes Rexach, Onuphrii F., civis et canonicus Ausetanus, virtute ac pietate conspicuus, hoc sacellum B. Bernardo episcopo D. F. I.; hoc tumulum sibi et suis P. C., Christum ac S. Petrum Apostolum ex asse haeredes faciens. Obiit VII. Idus Augusti anno Domini M.D.C.XXXII. Más abajo entre los trofeos de la muerte se lee: meta laborum.

Muy conocidos son también los SS. MM Luciano y Marciano, cuyas reliquias están aquí en la iglesia llamada antes de S. Saturnino, y ahora de la Piedad. El P. M. Flórez no contradijo la opinión recibida aquí comúnmente, de haber estos santos nacido y padecido martirio en esta ciudad. Antes mostró dar algún crédito a los tres argumentos en que se apoya esa tradición; los cuales son muy débiles para el caso. 1.° Un misal impreso en 1547, dice: Deus, qui nobis BB. MM. tuorum Luciani et Marciani pretiosa pignora concessisti; pero esto solamente prueba que sus reliquias están aquí, y aun indica que vinieron de otra parte. 2.° El Flos SS. en lemosín que se guarda en el archivo de esta iglesia, y dice de estos santos que eran de la ciutat de Vich. Mas esta obra está escrita a principios del siglo XIV, como se demuestra por su letra y lenguaje, y porque pone la vida de S. Luis obispo de Tolosa, y no la segunda traslación de Santa Eulalia de Barcelona, y por otras señales: extiende también las vidas de los santos sin crítica, dando el principal lugar a los milagros, y así merece poca fe histórica. 3.° El obispo Berenguer Çaguardia en la pastoral que publicó en 1326, e irá copiada en su lugar, dice de nuestros santos: qui in civitate praedicta (Vique) fuerunt palmâ martyrii decorati. Pero claro está que el prelado, deseoso de excitar la devoción y liberalidad de los fieles para la obra del claustro de la catedral, no reparó en escribir lo que podía entonces ser generalmente creído, sin que por eso fuese cierto; como seguramente no lo era, sino una equivocación manifiesta, lo que añade allí mismo que la iglesia de Vique había obtenido por espacio de 392 años el honor de metropolitana Tarraconense. A estos tres argumentos puede añadirse el testimonio de un breviario que existe en el archivo de la casa de ayuntamiento, impreso según parece a fines del siglo XV; el cual en las lecciones propias de estos santos claramente los llama cives Vicenses. Mas ¿qué valen estos documentos modernos contra la antigüedad de todos los martirologios que los ponen martirizados en Nicomedia o en África? Así lo dicen aún los escritos para uso de esta iglesia antes del siglo XIII; todos los cuales añaden al margen de letra reciente: quorum corpora iacent in villa Vici, in capella S. Saturnini: y sólo uno, que ya es de ese siglo, ingiere esas palabras en el texto. Y aun ese escribe al margen la invención de los cuerpos de los santos al día 1.° de Abril. Nada dicen estos códices de que Vique sea la patria o el lugar del martirio. Este mismo silencio guardan los misales, con ser así que en ellos, como en los martirologios, se hallan actas y fiestas de otros santos reconocidos por propios de este país. De modo que antes del siglo XII, no sólo no se supo acá que nacieron y murieron dichos santos en esta ciudad, sino que ni aun tenían fiesta particular dedicada a su nombre. Todo esto comenzó a decirse y creerse mucho después del hallazgo de los cuerpos santos, el cual se supone acaecido en el año 1050, como refiere el citado Flos SS., de quien lo copió Domenec, y de este Flórez. No quiero detenerme más en este negocio, mayormente siéndoles tan difícil a los hijos de esta ciudad probar que dichos santos mártires sean sus paisanos. 

Sus preciosas reliquias fueron trasladadas de una arca antigua de madera a otra nueva de plata que costeó el ciudadano Andrés Barat, día 24 de Mayo de 1342. 

Estaba ausente el obispo Galcerán Çacosta, y con su autoridad y la del Capítulo hicieron esta traslación los canónigos Pedro de Surrigueres, Berenguer Colomer, y Pedro Juan de Avenco; los cuales, como consta de la acta auténtica que he visto, 

hallaron muchos huesos intactos, y cenizas de otros, que despedían olor muy suave, y una toalla de seda. En la nueva arca cupieron solamente los huesos, y las cenizas se colocaron aparte en un saco. Determinose entonces que en el día de su fiesta, en el de Navidad y en el Viernes Santo pudiese abrirse el arca para fomentar la devoción de los fieles, y aun que se sacasen las reliquias en procesión en las rogativas pro pluvia

Así se practicaba en 1433, en que el obispo Jorge de Ornos a 5 de Octubre mandó que en los deanatos de esta diócesis se celebrase la fiesta de los santos como de precepto, y para merecer su protección se hiciesen procesiones pro pluvia anualmente en el martes después de la Ascensión. Otra traslación se hizo más adelante en 1664 a la arca de plata actual, que será como de dos cuartas y media de longitud, y una o poco más de altura. La he registrado a mi satisfacción. Hay en ella una pequeña porción de huesos, en los cuales se cebó la voracidad del tiempo o del fuego. Juntamente se conserva una como toalla blanca, parte bordada y parte tejida de sedas de varios colores, al modo de lo que decimos paño de hombros. En otra arquilla más pequeña se guardan separadamente una porción de carbones, y unas concretaciones como de sangre y tierra denegridas con el humo, del cual también hay vestigios en otro lienzo semejante al que dije. Ambas arcas están en el altar mayor de la iglesia de la Piedad, antes de San Saturnino, en un tabernáculo de buen gusto. Entrando en dicha iglesia se halla en la primera capilla de la mano derecha una cavidad, donde se venera la antigua arca de piedra, en la cual según la tradición fueron milagrosamente halladas las santas reliquias. Mas si el hallazgo acaeció en 1050 como dicen, otra debía ser el arca; porque esta de que hablo es conocidamente del gusto gótico del siglo XIV, y en uno de sus relieves está representado el papa con su tiara ceñida de tres coronas, cosa que todos saben cuan moderna es. Nada de lo dicho impide la sólida devoción de los fieles para con los santos mártires, así como no estorba la decidida protección con que son socorridos por ellos. Pero ciertamente es sensible que la piedad ande mezclada con la mentira, siendo como es su natural enemiga.

Voy a concluir con la copia de una inscripción romana, grabada en un mármol blanco de dos palmos catalanes de altura y dos y medio de latitud. Fue hallada en Prats del Rey, corregimiento de Cervera, y hoy está colocada en la pared de la casa del cura. 

El citado D. Francisco Mirambell acaba de enviarme el adjunto dibujo de ella. Dice así sin quitar ni poner:

C.ANNIVS.CF.GAL. 

PROCVLVS 

SIBI ET PORCIAE RES

TITVTAE VXORI OPT 

ET SVIS

H M H.N.S. 

Se acaba el papel. A Dios. 

jueves, 20 de abril de 2023

CARTA CL. Concluye el catálogo de los Obispos de Mallorca.

CARTA CL.

Concluye el catálogo de los Obispos de Mallorca.

Mi querido hermano: voy a ver si puedo completar hoy el catálogo de estos Prelados; que así como entiendo que es de los trabajos más útiles para la historia, también sé por experiencia que es de los más penosos para el historiador. Y esto se verifica particularmente en la averiguación del Obispo sucesor del difunto Agustín de Grimaldis, que fue 

Juan Bautista Campegio. Todas las historias mss. e impresas de esta iglesia cuentan por inmediato sucesor del Obispo Grimaldis a Lorenzo Campegio, Cardenal, el cual suponen que tuvo esta iglesia in comendam hasta que tuviese edad de gobernarla su hijo Juan Bautista Campegio, y como hubiese muerto el Cardenal en 1539, desde entonces quedó el hijo Obispo propietario. Esta narración y algunas circunstancias con que la visten tienen algo de verdad y en mucha parte no lo son. Sin entrar en impugnaciones, que no son para un viajero, seguiré mi plan de presentar solamente las memorias originales que he podido recoger, de las cuales alguna claridad resultará a esta materia, aunque no toda la que yo quisiera, por falta de otros documentos.

En primer lugar yo no cuento por sucesor de Grimaldis, ni aun por Obispo de esta iglesia, al Cardenal Lorenzo Campegio, ni creo que nadie lo contará, si sabe que en Actas capitulares, libros de fábrica y de órdenes se lee originalmente que el día 31 de mayo de 1533 Marco Antonio Campegio tomó posesión del obispado como procurador de su sobrino Juan Bautista Campegio, habiendo jurado en el día anterior la observancia de las constituciones hechas usque ad obitum, dice, Rev. D. Augustini de Grimaldis. En su consecuencia pagó las trescientas libras que estaban tasadas a su dignidad para la fábrica. Aquí tenemos ya que Juan Bautista Campegio es el Obispo inmediato sucesor del difunto Grimaldis. A nombre suyo su Vicario general el canónigo Bautista Mir dio licencia para celebrar órdenes en diciembre de 1534 a Fr. Galcerán Casanyach, Carmelita, Obispo Chrisopolitano, el cual continuó en este oficio hasta fines del año siguiente; y debió morir luego, porque de allí a dos años ya hay aquí mismo otro Obispo Chrisopolitano.

Siendo, pues, tan claro el principio del gobierno de Juan Bautista Campegio, ¿de dónde pudo nacer la especie de haberlo sido su padre el Cardenal? Yo diré lo que me ha venido a la mano en mis investigaciones, que no deja de ser curioso. Tratándose en el Capítulo de esta iglesia el día 7 de septiembre de 1534 sobre la capa que debía pagar el Obispo Juan Bautista por su ingreso en el obispado, y sus antecesores habían enriquecido liberalmente la iglesia con varias alhajas, ornamentos, etc., añaden estas palabras: quod idem speratur a dicto Rmo. Dno. Cardinali, qui hanc ecclesiam habet comendatam. Y luego en la acta de 1.° de septiembre se manda escribir a dicho Cardenal sobre varios negocios de esta iglesia: lo cual repiten después a 22 de noviembre de 1536. Todo esto parece probar que el Cardenal Campegio era Obispo comendatario de Mallorca. Más: entre las Actas del mes de septiembre de 1535 se copia un breve de Paulo III, fecho a 26 de agosto de ese año que empieza así: "Cum sicut accepimus, licet venerab. frater noster Laurentius, Episcopus Praenestinus, S. R. E. Cardinalis Campegius, cui collatio et omnimoda dispositio canonicatuum et praebendarum ... ad collationem et quamvis aliam dispositionem Episcopi Maioricensis pro tempore existentis spectantium, Apostolica auctoritate reservata existit, etc.” Continúa mandando al Capítulo que dé posesión a Marco Antonio Campegio del canonicato que le había dado su hermano el Cardenal.

Yo no sé si los que cuentan a este señor Cardenal por Obispo de esta iglesia tendrán otras pruebas para afirmarlo; pero puedo asegurar que no serán de más peso que estas, porque aquí parece la cosa concluida. Sin embargo, hagamos algunas reflexiones. Por empeñada que estuviese la corte Romana en favorecer y exaltar esta familia de los Campegios, nunca hemos de creer que llegaría a cometer el exceso de haber y tener a dos de sus individuos por Obispos simultáneos de una iglesia. Obispos que lo fuesen a un tiempo de muchas iglesias se vieron con frecuencia; pero muchos en una sola, y eso con autorización pública y por el camino ordinario, no lo cuenta la historia. Pues esto sucedería si por lo alegado contásemos al Cardenal por Obispo de Mallorca, porque en ese mismo breve reconoce el Papa como Obispo electo al Juan Bautista, cuando en recomendación del Marco Antonio que pedía el canonicato dice: "qui, ut similiter accepimus, obsequiis dilecti filii Johannis Baptistae electi Maioricensis insistit.” ¿Cómo puede haber Obispo electo de una iglesia mientras haya quien la gobierne, aunque sea como comendatario, sin que preceda resignación o muerte del mismo? Reconociendo, pues, el Papa a Juan Bautista Campegio por Obispo electo de Mallorca, viene abajo cuanto se alegue en favor de su tío el Cardenal. Y que tanto aquí como en Roma era este reconocido por Obispo, se ve, no sólo en el gobierno que esta iglesia seguía en su nombre, sino también en la resolución que tomó el Capítulo, cuando se le intimó el breve sobredicho. Porque se alegó que podía eximirse de obedecer y cumplir lo mandado en él, puesto que ni Marco Antonio tenía ningún orden sagrado (y era electo Obispo Grossetano), ni ahora se empleaba en servir al Obispo (he aquí reconocido por tal a Juan Bautista) porque estaba ausente de la isla (estaba en París). Sin embargo, en atención a que era hermano del Cardenal, cuius reverendissimae dominationi, dicen, omnes praedicti toto pectore adictissimi cupiunt obsequi et morem gerere, acordaron dar a dicho Marco Antonio ex mera liberalitate sesenta libras anuales de la mensa capitular. He aquí cómo el Capítulo, al mismo tiempo que muestra cierta sumisión al Cardenal, no le trata como a su Obispo, sino sólo da este título a su sobrino Juan Bautista. Este lenguaje basta para desengañarnos del hecho. Porque no es posible que en Roma y en Mallorca estuviesen tan torpemente alucinados que reconociesen a dos Obispos a un tiempo mismo. Más adelante obtuvo dicho Marco Antonio un canonicato, cuya vacante por su muerte adjudicó el Capítulo, día 6 de noviembre de 1553, al mismo Obispo Juan Bautista. ¿Cómo es, pues, dirás ahora que el Papa supone corresponder al Cardenal la provisión de los canonicatos en la parte que correspondía al Obispo de Mallorca?

Respondo a esto que si tal le perteneciese por ser Obispo, de otro modo hubiera hablado el Capítulo en su resolución y otra acaso hubiera sido esta. Seguramente no se hubieran fundado sólo en las nulidades del provisto. Pero ¿cómo había de contar el Capítulo con que esta provisión la hizo el Cardenal como Obispo, cuando en su mismo acuerdo no le cuentan por tal, y cuando veían que el mismo Papa suponía ser otro el Prelado? Claramente diré lo que más claramente sabía entonces el Capítulo. El Papa nombró por Obispo de Mallorca a Juan Bautista Campegio; pero atendidos los méritos del Cardenal o por otros motivos, concedió a este parte de la administración o digamos de sus regalías; a la manera que el Rey de Aragón Alfonso V reconocía por Obispo de esta iglesia a Luis de Prades, y sin embargo nombró administrador de sus temporalidades a Alfonso de Borja. ¿Quién dirá por esto que Alfonso de Borja deba ser contado entre los Obispos de esta iglesia? Porque claro es que la jurisdicción en el gobierno es lo que constituye una prelacía, no el goce de sus preeminencias, no los encargos de puro provecho, no las encomiendas de favor. Así que, aunque el Cardenal Campegio estuviese autorizado por el Papa para dar todos los canonicatos de esta iglesia, mientras no se me exhiba una muestra de su jurisdicción episcopal en ella, mientras yo vea que hay otro Obispo reconocido por el Papa y por el Capítulo y que ejerce actualmente su jurisdicción por  medio de sus Vicarios generales, diré que el Cardenal Campegio no fue ni debe contarse entre los Obispos de Mallorca, sino cuando más entre sus protectores y valedores en la corte Romana.

El caso es que después de tan larga y embrollada cuestión venimos a parar en que en los veinte y siete años del pontificado de Don Juan Bautista Campegio ni hay nada que contar de él, ni vino acá siquiera. Estos y otros males nos acarrearon los grandes bienes que hizo el concilio de Trento a la iglesia de Dios. Sin embargo, notaré algo de lo bueno que hizo en todo este tiempo el Capítulo. A 15 de noviembre de 1535 mandó sacar de la sacristía una porción de plata, a petición de los Jurados, para que depositada en la tesorería de la universidad (la taula de Mallorca) sirviese de hipoteca para traer trigo con que remediar su carestía. Lo mismo hicieron en 1535 a 5 de septiembre para socorrer con gente armada a la villa de Mahón, invadida por el famoso Barbarroja con sus galeras y treinta navíos. En 1537 se fulminó pública y solemne excomunión contra el Lugarteniente del Rey Don Ximén Pérez de Figuerola, por no haber querido entregar un clérigo que tenía preso en su castillo. Otro abuso había por este tiempo, que era la frecuencia con que muchos, por huir de la autoridad episcopal, apelaban con frívolos pretextos al tribunal del juez nombrado por el Papa, año 1523; con lo cual lo que se había instituido para bien del clero, cedía en vilipendio y menosprecio de su cabeza. Para remediar esto, el Papa Paulo III concedió a Juan Bautista Campegio, electo Maioricensi, que sólo él y sus sucesores pudiesen nombrar en adelante estos jueces de apelaciones. Este breve, copiado en el Libro amarillo de la catedral, está fecho a 25 de noviembre de 1538, cuando aún vivía el Cardenal Campegio; por que veas cuán cierto es que el Papa trató siempre como Obispo al uno y no al otro. En 1541 vino acá Carlos V de paso a la conquista de Argel. De las circunstancias de este suceso, y de las demostraciones de alegría que hizo esta ciudad, se formó una graciosa relación en lemosín, que he visto en este mi convento, impresa el año siguiente: folleto de pocas hojas, y expuesto a perecer del todo, por lo que debieran reimprimirle los amantes de la literatura de Mallorca, siquiera para que se conserven los buenos versos latinos que entonces se compusieron. El historiador Mut, que tantos pormenores refiere de otras cosas, pudo aprovecharse a poca costa de lo que esta relación contiene. En 1546, a 3 de marzo, regaló a esta iglesia la cofradía de los marineros un relicario para la Santa Espina, el cual fabricaron de la plata de la lámpara que ellos mismos habían regalado en tiempo antiguo al altar mayor. También aceptó el Capítulo el mismo año, a 9 de octubre, unum pallium que ofreció el Virrey a la iglesia, de valor de más de cien ducados, el cual se decía que era parte de la penitencia que le impuso la Santa Sede por haber quebrantado la inmunidad eclesiástica, extrayendo ciertas personas refugiadas en la catedral. Del año 1549, a 25 de octubre, queda una resolución muy honrosa para el Capítulo, por la cual se abolió para siempre la elección del Obispillo en la vigilia de San Nicolás, y la solemnidad con que este hacía los oficios en el día de su fiesta, y en la de los Santos Inocentes. Efectivamente, había cosas indecentes en este rito, que era general en otras partes; lo cual se dirá otro día. De ese mismo año nos conserva la Consueta las noticias rituales siguientes: 1.a, resolvió el Capítulo que en adelante se celebrase con la solemnidad mayor (den aloy) la fiesta del nombre de Jesús: 2.a, que en la dominica III después de Pascua, se hiciese con el mismo rito la de nuestra Señora de Cura, que es una imagen venerada en la iglesia del monte de Randa: 3.a, que se celebrase igualmente la de San Antonio Abad, con un solemne aniversario por el alma de Gabriel Cerdá, Sacrista y canónigo, y por la del Cardenal Antonio Cerdá. Este último fue el Obispo de Lérida de mitad del siglo XV, natural de esta isla, y canónigo que había sido de esta iglesia, como consta de las Actas capitulares de aquel tiempo, del cual se habló en el Viaje de aquella iglesia. Dejo a los bibliógrafos Mallorquines la cuestión de si este ilustre personaje fue o no religioso Trinitario, como también la noticia extensa del famoso Cardenal Jacobo Puteo (Pou), de quien sin razón han dicho algunos que no fue Mallorquín. Porque además de otras pruebas terminantes, para creer que lo fue, basta ver la carta original, escrita toda de su mano, en lemosín, fecha en Roma a 13 de abril de 1541, en que da gracias a este Capítulo por haberle elegido canónigo y dádole posesión de esta prebenda, la cual obtuvo sólo hasta el año siguiente. Dicha carta anda suelta en el archivo. Otro de esta familia, llamado solamente en las Actas mestre Pou, Arcediano de esta iglesia, fue promovido al obispado de Catania, por cuyo motivo se halla que tomó posesión del arcedianato vacante el Cardenal Cornaro a 1.° de julio de 1513. Así lo dice el libro de la fábrica de ese año. Durante la ausencia de nuestro Obispo, ejerció casi siempre los pontificales Fr. Rafael Linas, de la orden del Carmen, Obispo Chrisopolitano, sucesor en este título de fray Galcerán de Cassanyach, de quien ya hablamos arriba. Linas comenzó en esta isla su oficio a 21 de diciembre de 1537, y continuó hasta 1557; a lo menos hasta entonces llegan sus memorias y licencias que le dieron los Vicarios generales del Obispo Campegio, entre los cuales se cuenta ya su tío Marco Antonio a 27 de diciembre de 1540, que es nuestro año 1539, porque todavía seguía y duró por mucho tiempo la costumbre de contar los años a Nativitate. Otro Vicario general tuvo, que fue Don Francisco Salazar, Obispo de Salamina, a quien el nuestro, desde Bolonia a 24 de diciembre de 1555, nombró su Vicario, sufragáneo, visitador y oficial. Vino acá, según dice el Registro de órdenes, lunes a 22 de junio del año siguiente. Cuál fuese su gobierno, y cuáles los cuentos y pleitos que hubo, lo ignoramos del todo. Sólo podemos conjeturar que serían muy graves por las noticias siguientes:

En acta de 9 de noviembre de 1556 nombró el Capítulo un nuevo abogado, además del antiguo, "attentis, dice, tot ocurrentibus necessitatibus et controversiis quibus agitatur ecclesia Maioricensis ac reverendum Capitulum et totus clerus Maioricensis, facto Rev. D. Episcopi Salaminensis.” Más es, que el mismo Obispo Campegio le revocó todos sus poderes y facultades por medio de su carta, fecha en Bolonia a 30 de marzo de 1557, por justos motivos, dice, animum nostrum non parum perturbantibus, instituyendo con la misma fecha por su Vicario general al canónigo Juan Pablo Varro, a quien manda que pague al de Salamina todos los emolumentos acostumbrados hasta nueva orden. Pocos días después, a 5 de abril, mandó que nada se le pagase. En todas estas cartas se intitula en su exordio el Obispo Campegio nobilis Bononiensis, Episcopus Maioricensis, y no más.

Desairado con esto aquel sufragáneo, partió de esta isla muy pronto; lo cual dice claramente una carta del Rey, fecha en Bruselas a 27 de julio del mismo año 1557, en que, después de dar gracias al Capítulo por el homenaje que le prestaron y por las rogativas y procesiones con que pidieron a Dios el acierto de su gobierno, añade: "Quanto a la quexa que teneis del Obispo de Salamina, que servia en essa iglesia de sufraganeo, no hay otro que decir, pues havemos entendido que ya está fuera de essa isla, sino que ha dias que trabajamos lo posible porque vaya a residir ahy vuestro Perlado, que lo embió; y no partiremos la mano dello, como es razon y havemos desseado, y desseamos como cosa que tanto conviene al servicio de Dios y bien dessa diócesi.”

No logró el Rey sus deseos de hacer venir acá el Obispo; antes este tomó el partido de renunciar el obispado en manos del Papa. Ignoro cuándo se verificó esto. Sólo sé que a 21 de diciembre de 1559 ya se trató en Capítulo si debería declararse vacante la Sede, atendida la fama pública de aquel hecho. Y al fin, a 16 de enero de 1560, subsistiendo todavía las dudas y opiniones diferentes de los juristas en cosa de tanta entidad, confirmó el Capítulo por su Vicario general al mismo canónigo Varro, que lo era del Obispo, para en caso de vacante. Esta duró casi dos años. En cuyo tiempo se hallaba aquí el Obispo de Alguer Don Pedro Vaguer, o Vaquer, a quien el Rey nombró Visitador del reino de Mallorca, encargándole el redresso de la tabla dessa ciudad; porque á mas de los muy muchos y grandes daños que se siguen por estar aquella de la manera que está, son mal pagados los officiales que aqui nos sirven. Esto decía el Rey en la comisión que le dio, fecha en Aranjuez a 28 de mayo de 1561. Esta carta se halla inserta en el proceso que se formó sobre el negocio, el cual he visto en el archivo real.

Diego de Arnedo, de quien se dice que fue natural de Huesca, colegial de San Clemente en Bolonia, canónigo de Monte Aragón, capellán del Rey Felipe II, Visitador de España durante el viaje de aquel Príncipe a Inglaterra, y que nombrado ya Obispo con motivo de no sé qué viajes, fue apresado por los Moros, y alcanzada finalmente su libertad vino a su iglesia. Todo esto dice Mut. Yo puedo asegurar que en el año 1554 estaba destinado por dicho Rey como uno de los seis clérigos que le debían acompañar en su expedición contra los Ingleses. Dícelo el célebre Juan de Arce en una carta a Don Antonio Agustín, de las que publicó Don Ignacio de Aso en 1775. También puedo alegar un documento tocante a su cautiverio, y es la Acta capitular de 19 de enero de 1562, en que se resolvió dar a dicho Obispo, ex mera liberalitate, 750 lib., atendidas las necesidades, dice, quas sustinet propter labores quos passus est pro servitio suae Catholicae Maiestatis Domini nostri Regis, pro deffensione nostrae Sanctae Fidei Catholicae in destructione de Algerbens, in qua fuit captus per Paganos, in magnum detrimentum bonorum suorum, et vilipendium suae reverendissimae personae. A este donativo añadió el Capítulo el préstamo de 1.500 libras. Todos estos trabajos pasaron durante el año 1561, al fin del cual vino el Obispo tan deseado, así por la noticia anticipada de sus buenas prendas, como por el largo tiempo que no vio esta grey la cara de sus Pastores. Tomaron posesión sus procuradores Nicolás Montanyans, Sacrista de esta iglesia, y Mateo Saforteza (ipsa, sa Forteza), día 20 de diciembre de 1561, según dicen las Actas capitulares y libro de la fábrica. Pero allí mismo queda notado que el Obispo desembarcó la noche antes en Sóller, donde permaneció hasta el día 22, en el cual vino a comer a la heredad de Raxa, propia de Mateo Saforteza, y a dormir al convento de Jesús. Al día siguiente hizo su entrada pública por la puerta Pintada, con grande acompañamiento, salvas de artillería y mucho regocijo del pueblo. En el juramento, que prestó en el lugar acostumbrado, uno de los testigos fue el Obispo de Alguer, de quien hablé más arriba. Correspondió el Prelado a las esperanzas de su pueblo. Porque luego trató de hacer una visita general de su diócesi, comenzando por la de la iglesia catedral, la cual emprendió el día 13 de mayo de 1562, precediendo en la noche anterior repique general de campanas, y saliendo a recibirle el clero, con cruz alta, a las puertas de su palacio. Las Actas de esta visita, que están en los libros de la curia, me han servido bien para algunas curiosidades rituales, y para conocer el estado de la fábrica de la iglesia catedral en aquel año. De todo se hablará otro día. Ahora sólo notaré que en el altar mayor de la catedral mandó renovar la Eucaristía cada quince días, como hasta allí sólo se hiciese cada mes: mandó hacer cien purificadores, no hallando ninguno, ni que se usase limpiar los cálices con ellos: item que se hiciesen bolsas para los corporales, que no había. Subió a la librería, et vidit illam bene stare. Hallando que en la sacristía había un libro, donde, junto con otras cosas, se notaban los nombres de los bautizados; pero sin expresar el de sus padrinos, mandó que se hiciese libro aparte, donde se notasen los padrinos y la parroquia de donde eran. Asimismo que hubiese libros de confirmados, y de los que confesaban y comulgaban por Pascua. Nada hallo mandado acerca de matrimonios, aunque por otra parte consta que se hizo de su orden. Quitó el abuso de dejar los santos óleos en casa de los enfermos, a quienes se daba la unción cuando les parecía que no se habían de sobresaltar; y mandó que se llevasen de la iglesia con toda veneración, cuando fuesen menester. La mayor parte de estas cosas, singularmente lo de los libros, se halla ordenado en la visita de todas las parroquias. En la de Santa Eulalia de esta ciudad ordenó quod nullo modo adhibeatur auctoritas ipsis scolaribus ad sacramenta ministranda: que las vinajeras para la misa fuesen grandes: cosa que también debía mandarse hoy día en algunas iglesias, donde reina en este punto, y en el de las luces, más economía de la que es debida: que se hiciese una piscina para arrojar el agua con que se levaban los corporales, qui locus, dice, appellatur Sacrarium: y que se concluyese la iglesia, que aún estaba por concluir. Baste de esto, que sería nunca acabar, en lo cual se ve el celo de este Prelado. No menos se descubre en los innumerables edictos que publicó durante su pontificado sobre reforma del clero, respeto a las iglesias, destierro de usuras, etc. Quiero acotar lo mandado en uno de 6 de julio de ese mismo año 1562 por la noticia que nos da de los trajes de aquellos tiempos. Mandó, pues, que los clérigos "daqui avant degan aportar la clotxa closa fins baix als talons, y capiro, y les robetes largas fins baix dels genolls, segons per los capitols sinodals es stat ordenat, ó manteu y sotana larchs fins als talons; y que no aporten calses, ni sabates tallades, ni letuguetes en els colls y braços de les camises; y que porten la barba feta de tal manera que no se puga notar esser larga.” También es digno de notarse lo que mandó en otro edicto, que el que ayuda a misa no do pau á algu fins que lo sant sacrament dels Cors precios é Sanc de Jhu. Xpst, no sia assunt, é que no presumexca dar pau ab la patena.

Por esta muestra de lo mucho que este Obispo trabajó en este solo año 1562, y por el esmero y diligencia que en ello se ve con que atendía a todo, conocerás cuán sensible me es el no haber dado con ninguno de los sínodos que seguramente debió celebrar. Y sin duda lo era una congregación de todo el clero de la diócesi en este mismo año, que reunido en el Capítulo de esta iglesia dio en subsidio caritativo 1.500 escudos de oro, a razón de treinta libras por escudo. Pero constitución sinodal no he visto ninguna. Dejando algunas otras memorias hallo que nuestro Obispo asistió al concilio provincial de Valencia, celebrado en 1565, para el cual nombró el Capítulo por sus procuradores y de todo el clero al canónigo Rafael de Villalonga y al presbítero Juan de Abrines. Este último es el santo confesor de la hoy Beata Catalina Tomás, que después fue hecho canónigo en 1570. De otro sínodo suyo del año 1567 hay memoria, cuya celebración debía ser en la semana de Pascua, según la antigua costumbre de la iglesia. Mas el Capítulo le rogó día 14 de marzo que lo difiriese para el mes de septiembre, por ser aquel tiempo más oportuno para la reunión de los párrocos. Llegado este tiempo el Obispo insinuó al Capítulo, día 29 de agosto, que aunque los canónigos no tienen por el derecho voto decisivo en los sínodos, desearía, sin embargo, que asistiesen al que iba a celebrar. Disputose sobre este derecho, y sin resolverse nada, el día 3 de septiembre el Obispo, prescindiendo del derecho de los canónigos, les rogó de nuevo que asistiesen al sínodo para aconsejarle en las cosas tocantes a la salud de las almas. Se resolvió que asistiesen los que quisiesen. A fines de 1568, no me acuerdo qué día, se leyó al Capítulo y este admitió el indulto del Papa Pío V para que los beneficios eclesiásticos de estas islas se diesen sólo a sus regnícolas: cosa ya mandada por Eugenio IV, pero que desde esta última época se ha observado constantemente hasta el día de hoy.

También se admitió aquí con más docilidad que en otras iglesias el nuevo Breviario Romano, según el mandato de San Pío V: re:solución que tomaron a 7 de diciembre de 1569, dándose comisión a algunos canónigos para que se escribiesen libros corales y se buscasen los demás códices necesarios para la mudanza del rito. Pasáronse casi tres años en estas diligencias, necesarias para poder cumplir lo mandado, que además debían ser muy gravosas a la iglesia; y a 5 de septiembre de 1572 resolvieron que el nuevo oficio empezase a regir desde el próximo Adviento. En tanto el Obispo se dispuso para un viaje, para el cual, y durante su ausencia, el Capítulo le concedió a 4 de enero de 1570 la percepción de los frutos que le pertenecían, y él pagó en 16 de marzo las 1.500 libras que aquel le había prestado. No consta circunstancia alguna de este viaje; sólo sabemos que a 14 de agosto de 1572 el Capítulo, sabedor por algunas cartas particulares de que había sido trasladado a la iglesia de Huesca, revocó la gracia que le había hecho sobre la percepción de frutos. Diose esto ya por tan sentado, que a 19 del mismo mes los Jurados pidieron al Capítulo y este consintió en que se escribiese al Rey para que nombrase por Obispo sucesor al Arcediano de esta iglesia Gregorio Çafortesa (: Saforteza), que era natural de la isla. Túvose noticia cierta de la renuncia del obispado a principios del año siguiente 1573, y a 16 de enero ya se nombraron los oficiales Sede vacante. Esta misma renuncia consta de una bula de Gregorio XIII de 6 de marzo de ese mismo año, por la cual, a instancia de Felipe II, se aplican todas las rentas de la vacante a la fábrica del templo, quod, dice, adhuc imperfectum conspicitur, et plurimum deest ut fabrica ipsa absolvatur. Olvidábaseme que en 1572 a 4 de noviembre se dio posesión de un canonicato al sabio Mallorquín Miguel Tomás Taxaquet, que era ya Sacrista y después fue Obispo de Lérida. También se me pasó que a 5 de diciembre del mismo año se abolió el rito de la Sibila en la noche de Navidad, de lo cual se dirá en lo de ritos. El sucesor fue

Juan Vich y Manrique, de ilustre familia, natural de Valencia. Era hijo de Don Luis de Vich y nació en el monasterio de la Murta, junto a Alcira, año 1530, en la celda cuarta antes del coro. Dícelo una nota coetánea de un monje en las cubiertas de la Biblia políglota que él regaló después a aquella casa. El Papa Gregorio XIII le promovió a esta iglesia, para cuya posesión dio poderes en aquella ciudad día 25 de mayo de 1573 a Francisco Ferrer, beneficiado de la parroquia de San Esteban, el cual desempeñó aquí su comisión día 15 del octubre siguiente. No sé en qué se fundan los que llaman al nuevo Obispo Arcediano de Barcelona. En las bulas que presentó su apoderado sólo se le supone perceptor de los frutos del curato de Jijona (leo Gijona), y de una pensión sobre el arcedianato de Játiva, cuya continuación le concede S. S.

Llegó a este puerto día 5 de octubre de 1574 en las galeras de Don Sancho de Leiva, y habiendo dormido en el monasterio de Jesús, hizo al día siguiente su entrada pública y juró las constituciones de su iglesia, de la cual no se separó un momento por espacio de treinta años, hasta que salió para ocupar la silla de Tarragona. De las muchas memorias de su piedad y celo pastoral, que harán eterno su nombre en la historia de esta iglesia, sólo apuntaré una u otra que haga con la disciplina o historia general, porque agotarlo todo es obra inmensa y poco provechosa. Y este mismo plan seguiré en la relación de los pontificados siguientes, en los cuales, después de fijadas bien sus épocas, que es lo importante, lo demás añade poco o nada a las costumbres de nuestros días. A 12 de septiembre de 1575 estableció con el Capítulo una grande y notable solemnidad en la fiesta de la Concepción de nuestra Señora, la cual se mandó anunciar ocho días antes con repiques de campanas, bandera en la torre y otras señales, y que su procesión se hiciese como la del Corpus, en la cual fuesen algunos muchachos vestidos como ángeles, llevando algunos atributos de nuestra Señora. Igualmente se mandó que en todas las iglesias y monasterios sujetos al Ordinario se hiciese todos los días después de completas conmemoración de la Concepción con la antífona Tota pulchra. A 24 de diciembre del mismo año rogó al Capítulo que se hiciese la representación de la Sibila en los maitines de Navidad y se cantasen algunas cantinelas devotas, como se hacía en otras iglesias, señaladamente en la de Valencia, y el Capítulo consintió en que así se hiciese. Este es el origen de los villancicos en esta iglesia.

En 1577 a 1.° de enero está fecho el breve con que el Papa Gregorio XIII concedió que fuese altar privilegiado en esta catedral el de San Pedro; y esto a instancia de Miguel (Tomás Taxaquet), Obispo de Lérida. Que sólo porque se vea que en dicho día era ya Obispo este grande hombre, he notado esta bagatela histórica. Son frecuentes en los años siguientes las noticias de las dádivas con que nuestro Obispo enriqueció la iglesia. En 1580 se trató en Capítulo de un tabernáculo que quería regalar para llevar en las procesiones las reliquias. La Consueta de la sacristía nos recuerda que ese mismo año regaló un rico frontal, en 1586 dos ternos completos y en 1597 una figura de plata de San Vicente Ferrer. De su orden dispusieron el canónigo Rafael Alberti y Onofre Oliver, rector de San Miguel, un nuevo Manual de los sacramentos y otros ritos, que se imprimió aquí mismo en 1601 por Gabriel Guasp en 4.° Igualmente recuerdo aquí lo que ya se dijo en lo de la fábrica de esta catedral, cuya conclusión se debe a este Prelado. Mas todo este conato que puso en la parte material de su iglesia, no le estorbó la atención a la parte más principal de su ministerio. Y así son continuas las memorias de haber predicado en la catedral, de las visitas que hizo en ella y en la diócesi, de los edictos que publicó, de los entredichos que puso y de los sínodos que celebró. Cada uno de estos artículos, descrito por menor, haría crecer mucho esta carta. De los sínodos sólo tenemos impresos los de los años 1588, 1592 y 1597; y de ellos se dirá con extensión en su propio lugar, si logro ver algún ejemplar. En 1593 a 7 de mayo se resolvió que se hiciesen tres procesiones solemnes de rogativa pro electione Regis regni Franciae, quae fieri debet, et aliis laboribus et vexationibus quibus affligitur dictum regnum (Act. cap.)

El mismo año a 23 de diciembre se resolvió que se pudiesen decir en esta catedral misas rezadas en la vigilia de Navidad, como ya se decían en todas las iglesias y monasterios de la diócesi, puesto que no se encontraba el porqué de la costumbre antigua de no decirse en ella en este día más que la conventual. (Ib.)

En 1594 a 6 de septiembre murió el Virrey de este reino Don Luis Vich, hermano de nuestro Obispo, y se dispuso el entierro magnífico cual correspondía. (Ib.)

En 1595 a 31 de marzo se acordó admitir en la iglesia la música de ministriles para las fiestas solemnes. En el año siguiente se mandaron renovar las constituciones pro choro, colgadas, según costumbre, en el mismo en una tablilla, quitándose las ya desusadas, entre las cuales cuentan la de vestibus nigris deferendis. Igualmente se prohibió la entrada en el coro a los beneficiados teólogos que no hubiesen todavía defendido sus conclusiones, cuyos actos se tenían en el Capítulo. Finalmente, concedieron a algunos presbíteros la gracia capae pelliceae et mussae alfodratae quibus privati fuerant. (Ib.)

Si estas pequeñas noticias sirven para conocer las costumbres de aquel tiempo, no es menos útil por otro ramo otra acta capitular del 18 de septiembre de 1602 que dice así: "Proposuit Illmus. D. Episcopus quandam declarationem factam a SS. D. N. Papa Clemente (VIII), in qua damnat quandam propositionem circa modum confitendi peccata per internuntium et scripturam, et recipiendi absolutionem sacramentalem in absentia confessoris: volens quod praebeant votum et consilium, si illam publicari conveniat. Et conclusum quod publicetur, signanter quia prohibetur in illa disputatio.” A los defensores de Suárez toca responder a este argumento insoluble de la real y verdadera condenación de aquella opinión. A principios del año 1604 se disponía nuestro Obispo para un viaje al continente, por cuyo motivo resolvió el Capítulo a 26 de marzo enviar a Valencia por los Santos Oleos. Este viaje era para ir a Tarragona, a cuya Silla metropolitana había sido trasladado, y de la cual me consta que tomó posesión a 16 de agosto de ese mismo año, y donde permaneció hasta su muerte, acaecida en 4 de marzo de 1611, habiendo llegado a ser el Prelado más anciano de toda España. Seis días antes de que tomase la posesión de la nueva Silla, se trató ya en esta de su vacante y de la elección de Vicarios generales, es a saber, a 10 de agosto de 1604, en lo cual hubo cuentos muy pesados, hasta que el Arzobispo de Valencia por derecho de Metropolitano, nombró Vicario general al Arcediano Gregorio Çafortesa.

Alfonso Laso Sedeño, trasladado a esta iglesia de la metropolitana de Cáller a 1.° de diciembre de 1604, que es la fecha de la bula. Hallábase en Valladolid, donde a 11 de abril de 1605 dio poderes a Pedro Benneser para tomar posesión de este obispado, y este lo verificó a 17 del junio inmediato. Llegó a este puerto día 30 de agosto, e hizo su entrada solemne el 1.° de septiembre. A 11 del mismo mes consagró a su sucesor en el arzobispado de Cáller, que se hallaba aquí de Inquisidor, y se llamaba Don Francisco Esquivel, nombrándose para este acto, a falta de Obispos asistentes, dos de las dignidades de esta iglesia. Todo esto es de las Actas capitulares y de otros documentos originales de este archivo, como también la noticia de haberse dado posesión del primer canónigo tesorero en 1607. En ese mismo año pidieron los Jurados fieri peregrinos pro sterilitate temporis. Et fuit conclusum, dicen las actas, quod D. canonicus Caller cum aliis presbiteris sibi bene visis proficiscantur domum B. Mariae de Luco, et factis devotionibus redeant ad civitatem.

Murió pronto este Obispo, es a saber, hacia las doce horas del día 21 de agosto de ese mismo año 1607. Según indican las Actas de ese día, parece que se enterró en la capilla de San Pedro. Dícese que fue Virrey de Mallorca.

Fr. Simón Bauça, natural de esta ciudad, religioso Dominico, educado en el convento de Valencia en la escuela de San Luis Bertrán. Siendo Provincial de Tierra Santa fue promovido a esta Silla, cuya noticia llegó aquí a 15 de noviembre de 1607. Tomó posesión de ella a 16 de mayo del año siguiente por medio de su procurador Juan Estelrich, canónigo y Sacrista de la iglesia, a la cual vino personalmente día 12 del junio inmediato, y empezó a visitar a 7 del próximo septiembre. (Act. cap.)

En el año 1609, a 11 de agosto, al mismo tiempo que se decretaron rogativas públicas por el riesgo que amenazaba la armada de los Moros que estaba en Menorca, se ofreció el clero a servir con sus personas en el peligro común, nombrándose al efecto capitanes del ejército clerical, levantando estandartes, et cetera. (Ib.)

En 1612, a 12 de marzo, llegó a esta ciudad Don Lorenzo Nieto, Abad que fue de Monserrate, de tránsito para su obispado de Ales, en Cerdeña (Ib.)

En 1614 visitó de nuevo la catedral: cosa que repitió otras veces años adelante; y en el de 1620, a 18 de mayo, partió para Menorca con el mismo objeto (Ib.)

En 1615, a 19 de agosto, el P. Fiol, Jesuita, presentó al Capítulo una arquilla llena de reliquias halladas en Cáller el día 22 del julio anterior. Más adelante hablaremos de otras reliquias encontradas por este tiempo en aquella misma ciudad (Ib.)

Hasta estos años se acostumbraba hacer anualmente la bendición de los frutos de toda la isla en el monte de Randa, que la domina toda, o en la mayor parte. Esta práctica, que debía ser de mucha incomodidad, se quitó en 1616, día 13 de abril, mandándose que se hiciese en uno de los bastiones de esta ciudad con procesión general (Ib.)

En 1617, 16 de junio, se dio posesión de su convento de Santa Teresa a las religiosas fundadoras del mismo (Ib.)

Poco después, a 1.° de noviembre, se resolvió hacer solemne entierro al cadáver del célebre hermano Jesuita Alonso Rodríguez, cuya beatificación se promovió con calor años adelante (Ib.)

También es del mismo año la separación que procuró y consiguió este Obispo de una de las dos prebendas canonicales que hasta entonces estuvieron anejas a la dignidad episcopal, cuya gracia en favor del doctor Nadal Sentandreu presentó al Capítulo día 22 de septiembre. Desde entonces los Obispos sólo perciben una prebenda canonical (Ib.)

En 1617 aprobó el Obispo las nuevas constituciones hechas por los Jurados para reforma de la casa de educación fundada por el canónigo Genovard y Sor Isabela Cifre (Curia episc.)

En 1619, a 19 de junio, llegó acá el Príncipe Filiberto, hijo del Duque de Saboya.

En 1620, a 13 de junio, se mandó cantar el Te Deum, en celebridad de haber sido promovido al obispado de Jaca el canónigo y Sacrista de esta iglesia Juan Estelrich: cuya muerte se anunció al Capítulo a 25 de mayo de 1626 (Act. cap.)

El mismo año 1620, a 3 de enero, llegó a este puerto Don Fr. Antonio de Govea, Agustino Portugués, Obispo de Sirenay, como dice un libro de notas sobre lo ocurrido en los principios de este siglo (Archivo de la catedral), el cual añade que venía a Madrid por Embajador del Rey de Persia, que era de edad de 56 años, y que después de haber predicado en la catedral día de Reyes, prosiguió su viaje el día 9 del mismo mes.

Nuestro Prelado murió de edad de 71 años, en su palacio, de apoplegía, una hora antes de amanecer del día 5 de diciembre de 1623 (Ib.), y fue enterrado en el convento de Santo Domingo de esta ciudad, bajo el presbiterio de su iglesia. De los sínodos que celebró en 1611 y 1619 se dirá en su lugar. Construyó en su palacio un salón, donde colocó los retratos de sus antecesores; en los cuales hay que hacer alguna reforma. Sus limosnas, vida penitente, sermones frecuentes, etc., dirán otros a quienes toque proponer los Prelados como modelo de virtud.

A 23 de agosto de 1624 llegó la noticia de estar electo por sucesor Don Félix de Guzmán. El mismo avisó poco después al Capítulo que había aceptado el nombramiento. Con todo eso no tuvo efecto, y el sucesor fue

Baltasar de Borja y Velasco, hijo de Don Francisco de Borja, Marqués de Lombay y Duque de Gandía. Nació en Berlanga, y fue educado por su tío el Beato Juan de Ribera, Arzobispo de Valencia, donde obtuvo un canonicato y el arcedianato de Játiva, con cuyos dictados gobernó aquel arzobispado en la vacante de su tío. Fue electo para esta Silla a fines del año 1625; mas no tomó de ella posesión hasta el día 3 de febrero del año siguiente, por medio de su procurador Juan Bautista Polina y Ciurana, después de prestar el juramento el día 28 del anterior. Sé que dio sus poderes estando en Madrid, mas no el día. Llegó a este puerto a 15 del abril inmediato, y al día siguiente hizo su entrada pública. Luego se dedicó a visitar su diócesi; cosa que repitió en 1628, en cuyo año fue hecho Virrey de este reino y juró como tal a 23 de mayo, una hora después de puesto el sol. En el mismo año celebró un sínodo, del cual he visto citar una u otra constitución en el que celebró el sucesor en 1636. Otro quiso celebrar en 1630, cuya convocatoria está fecha a 21 de junio, y cuya celebración señaló para el día 25 de agosto inmediato. Pero una muerte repentina le atajó los pasos algunos días antes, en la edad de 44 años, a 11 de julio del mismo año. Esto dice el sermón que predicó dos días después en sus exequias el padre Juan Bautista Escardó, Jesuita, que se imprimió luego, dedicándolo al Cardenal Don Gaspar de Borja, hermano del difunto. Tiene su entierro en la capilla de San Pedro en la raíz de la pared al lado del evangelio, sin losa ni inscripción. Hánme informado que hasta pocos años había en la pared un paño con su escudo de armas. Ahora sólo se conoce que lo hubo en la mayor blancura de los sillares que él cubría. He visto varias firmas suyas originales y siempre decía: Don Baltasar, Obispo de Mallorca. Sucediole

Fr. Juan de Santander, Vizcaíno, de la orden de San Francisco, de cuya promoción a esta Silla hubo ya aquí noticia por carta del canónigo Berard al Capítulo, escrita desde Madrid a 23 de octubre de 1630, que debe ser la época de su nombramiento; pero no tomó posesión hasta el año siguiente a 2 de septiembre por medio de su procurador Marcos Talledo. Llegó a esta isla a 5 de marzo de 1632, y dos días después hizo su entrada pública. Luego emprendió la visita de su catedral y diócesi, la cual repitió en 1637 y 1639. También visitó la isla de Menorca en 1638.

Contribuyó mucho a apagar la discordia que reinaba en esta ciudad entre los vecinos de su parte alta con los de la parte baja, que se llamaban los Canamunts y Canavall (casas de arriba y casas de abajo), cuyas paces concertó y publicó día 11 de octubre de 1632, aunque posteriormente se reprodujeron estos odios civiles, cuyo origen no sé. Durante la ausencia del Virrey de estas islas fue nombrado su Lugarteniente, y en calidad de tal prestó su juramento a 12 de octubre de 1637. La memoria más duradera de su gobierno es el sínodo impreso que celebró en 1636, del cual diremos otro día. Murió a 24 de enero de 1644. Todo lo dicho es de las Actas capitulares. En los registros de su curia he visto que firmaba siempre con su nombre y apellido. Está enterrado en el convento de su orden en esta ciudad.

Hasta aquí me permitió la salud continuar mis investigaciones en la serie cronológica de los Obispos y averiguación de sus hechos principales. Para completarla hasta el día me he valido de algunos apuntes que tiene hechos el presbítero Don José Barberi, de cuya exactitud y diligencia hablé ya en mis cartas anteriores.

Fr. Tomás de Rocamora, natural de Orihuela, religioso Dominico. Llegó a Mallorca a 30 de abril de 1645 en dos galeras de Nápoles y al día siguiente hizo su entrada pública. Dedicose luego a sosegar y concordar enteramente los ánimos y partidos que dijimos de los Canamunts y Canavalls, cuyas paces solemnizó día 31 de agosto del mismo año por medio de escritura pública, Te Deum, torneos y otras demostraciones. Influyó mucho en ello por la autoridad que también ejercía de Virrey en esos primeros años. Quedan ilustres memorias de su celo y caridad, particularmente en la gran carestía de 1647, llamado todavía el any dels trezets, por la escasez con que se repartía el pan, y en el contagio que se padeció en 1652. Murió día 15 de noviembre de 1653 a los 57 años de su edad, y se enterró en el convento de mi orden de esta ciudad. La sacristía de su catedral conserva varias alhajas que le regaló.

Miguel Pérez de Nueros, Aragonés, fiscal en el supremo consejo de Aragón. Tomó posesión de esta Silla a 1.° de octubre de 1655 y murió a los cuatro meses, es a saber, a 12 de febrero de 1656. Enterrose en el plano del coro de esta iglesia.

Diego de Escolano, que había sido canónigo de esta iglesia desde el año 1634 hasta 1652, de donde pasó a Inquisidor de Llerena y sucesivamente de Toledo y fiscal y consejero de la Suprema. Promovido a esta Silla tomó de ella posesión a 15 de noviembre de 1656. De su gobierno, que le duró cuatro años, nos queda el sínodo impreso que celebró en 1659, del cual se dirá. Su última memoria en los Registros de la curia es de 13 de septiembre de 1660, y a 22 del mismo mes ya vacaba la Sede por promoción del Prelado a la de Tarazona, de la cual se dice que pasó a la de Segovia y últimamente a la de Granada.

Pedro Fernández Manjarres de Heredia, natural de Sevilla, Inquisidor de Cerdeña y de la Suprema. Tomó posesión de este obispado a 21 de septiembre de 1661. Su primera memoria en la curia es de 28 del mismo mes. Allí vi también copiada ad longum su visita ad limina, fecha a 27 de enero de 1663, con una relación de todas las reliquias que poseía entonces la catedral, que se manifestaban al pueblo y llevaban en procesión por el ámbito de la iglesia el día segundo de Pascua de Resurrección. Quedan también del mismo muy sabios edictos, entre ellos uno para cortar el abuso de los gastos que se hacían en los velos y profesiones de monjas. Murió a 26 de diciembre de 1670, y se enterró en el coro de la catedral.

Bernardo Luis Cotoner, natural de esta ciudad, canónigo de esta iglesia, a la cual fue después trasladado desde la de Arborea, en Sicilia, en 1671. Tomó posesión a 26 de diciembre del mismo año, y la gobernó hasta su muerte, acaecida a 18 de enero de 1684. La principal memoria que queda de su celo fue lo que trabajó en ajustar cierta concordia entre el clero y el reino sobre contribuciones. Tiene su entierro en la capilla de San Pedro a mano derecha, donde se erigió un monumento de mármol, trabajado en Italia con esta inscripción: "D. D. Bernardo Cotoner, illustrissimo Balearium Presuli, animi magnitudine, pietatis officio, sapientie decore coruscanti. Virtus in eo mirabilis ad canonicatum potiori Capituli adclamatione evexit: dein ad archiepiscopatum Arborensem, tandem micanti infula cingens in hac sua insula Palme. Qui tumultuantibus regni undis firma atque imobilis rupes permansit, ecclesiastica libertate mirifice exaltatâ: suorum fratrum gloria potitus, tum alterius in Sicilia fidei Questoris, tum alterius alteri in magno Hierosolym. magisterio sine mora subsequentis; anno 1684 septuagenarius sua ipsa gloriosior obiit; nam ut moriens viveret, vixit ut moriturus. Exiguum meritis redditur hoc monimentum, ac sempiternos honores persolvit fama perennis.”

Sobre los motivos de las persecuciones que padeció, indicadas en esta inscripción, dicen que escribió un tratadito el historiador Vicente Mut, el cual no he podido ver. En la misma se mencionan dos hermanos suyos grandes Maestres de la orden de San Juan, uno de los cuales envió desde Malta a esta iglesia una reliquia de Santa Rosalía a 30 de enero de 1678. Otro hermano menciona que fue Inquisidor en Sicilia, cuya noticia me pone en alguna confusión sobre las notas que tomé de Actas capitulares y Registros de órdenes, las cuales pondré aquí de todos modos y los naturales del país podrán averiguar a cual de los dos hermanos pertenecen.

A 1.° de marzo de 1613 se da posesión de un canonicato en esta iglesia a Bernardo Cotoner. (Act. cap.)

En 1625 a 29 de mayo Bernardo Luis Cotoner, canónigo y consultor ordinario de la inquisición de Mallorca, estando para marchar a la corte, nombró por sus apoderados a los dos hermanos Gerónimo Togores, canónigo, y Albertín Togores. (Reg. de la curia episcopal del tiempo de Don Baltasar de Borja, fol. 122).

En 1626 a 13 de febrero proposuit (dicen las Actas) inquisitor Cotoner se recessurum a presenti insula ad civitatem Sardiniae, ad quam fuit electus; qui se obtulit servire praesenti Capitulo.

En 1629, día 23 de noviembre, el citado Obispo Don Baltasar de Borja, a instancia de dichos apoderados, mandó registrar en su curia la nómina y certificación de las reliquias que el mismo Bernardo Cotoner trajo desde Cerdeña acá pasando a la corte, y son: primero, un certificado que da el canónigo de Cáller Cosme Scarchoni, fecho a 17 de enero de 1629, de que dicho día se habían entregado al señor Cotoner varias reliquias halladas en los años 1625 y los dos siguientes en la basílica de San Saturnino e iglesia de San Lucífero, siendo Scarchoni Vicario, Sede vacante. Son cuarenta y ocho reliquias, todas insignes, las cuales no digo porque no estoy seguro de que sean exactas las copias en los nombres de los Santos; las hay de San Saturnino M., S. Lucífero, Arzobispo de Cáller, San Fructuoso, San Gregorio M., San Bartolomé, Santa Cecilia y San Antíoco, lector, cuya inscripción sepulcral copian: segundo, otro certificado de 27 del mismo mes y año, dado por el Arzobispo de Cáller Don Fr. Ambrosio Machín, de haber entregado al señor Cotoner, que se hallaba en aquella ciudad como Inquisitor pro sua maiestate, los cuerpos de San Fortunato M. (cuya fiesta es a 28 de marzo) y de San Honorato M. (que es a 13 de enero), los cuales fueron hallados junto a la basílica Constantiniana, intitulada de San Saturnino, extra muros de Cáller. (Reg. cur. episc. laud.)

Bernardo Luis Cotoner, con carta fecha en Madrid en 1630 (dejando en blanco el mes), avisa al Capítulo que el Inquisidor general le había nombrado Inquisidor de Zaragoza, plaza de las más estimadas y procuradas de España. Añade que pensaba partir a su nuevo destino antes de la Cuaresma. De modo que su nombramiento fue a principios de ese año. La carta está original en el archivo de esta iglesia. Esto es lo que dije que quería dejar notado. En la vacante de este Obispo fue Vicario general Raimundo Sureda, canónigo de esta iglesia y Obispo Oropiense.

Pedro de Alagón, natural de Cáller, canónigo de aquella catedral, Obispo de Ampurias y Arzobispo de Oristán, de cuya última iglesia fue trasladado a la nuestra y tomó posesión a 18 de abril de 1685. Visitó la catedral en 1690, y en el siguiente tuvo un sínodo que se imprimió y es el último de los celebrados en la diócesi. En el mismo año 1691 con comisión Apostólica erigió en universidad lo que antes sólo era un estudio general, de la cual es canciller nato el Obispo. Otro gran bien hizo con la fundación del Seminario conciliar que verificó en 1700, intitulándolo de nuestra Señora y de San Pedro. Después de lo cual murió a 3 de mayo de 1701. Parece que este Prelado quiso ejercer alguna jurisdicción en el hospital general, lo cual debió ocasionar algún pleito en la curia Romana, puesto que se halla una sentencia impresa dada por el auditor del Papa Francisco Barberino, en que manda al Obispo de Mallorca que se abstenga de visitar y entrometerse en dicho establecimiento, que dice estaba ya de inmemorial exento de su jurisdicción y sujeto a la real. He visto en los Capuchinos de esta ciudad un ejemplar impreso de esta sentencia, cuya data es de 26 de julio de 1690.

Fr. Francisco Antonio de la Portilla, Vizcaíno, religioso Francisco, de tanto crédito en su orden, que llegó a tener la mitad de sus votos para General de la misma: disputa que cortó él mismo, renunciando con humildad, para que lo fuese su competidor. Tomó posesión de esta Silla día 28 de julio de 1702, en cuyo gobierno dejó buenas memorias de su caridad. Los cuatro últimos años de su obispado estuvo en Barcelona (acaso con motivo de las guerras de sucesión), y allí murió a 7 de junio de 1711. Trájose acá su cadáver, como él había ordenado, y se le hicieron las exequias a 7 de julio, y fue enterrado en la capilla de la Concepción, de San Francisco. Todo esto se lee en el sermón fúnebre que anda impreso, y predicó el maestro Fr. Mariano Mauro Risón, Carmelita.

Atanasio de Esterripa, Vizcaíno, catedrático de Alcalá y canónigo de aquella colegiata, después auxiliar de Toledo con el título de Obispo de Licopoli, y presidente del Consejo de Hacienda. Hallábase en Barcelona cuando murió el antecesor, quien muchas veces le había rogado que viniese a visitar estas islas. Estaba ya electo Obispo de esta Silla el día 7 de julio de 1711, cuando se hicieron las exequias del antecesor, como consta de su sermón, que se dedicó al electo. Tomó posesión a 23 de julio del año siguiente, y falleció a 5 del mismo mes de 1721. En los volúmenes de Varia de este mi convento queda una pastoral suya del año 1717.

Juan Fernández Zapata, natural de Aguilar de Cervera, en Navarra. Tomó posesión de esta Silla a 23 de julio de 1722, y la gobernó con mucho celo, que según dicen tocó en severidad y ocasionó muchos disturbios. En 1729 fue promovido al obispado de León, y yendo a su nueva iglesia murió en la villa de Aniago a 12 de octubre del mismo año, y fue enterrado en la cartuja inmediata. En la vacante de nuestra iglesia había sido nombrado Obispo sucesor Don Francisco de la Torre Herrera de Roncesvalles, el cual, muerto Zapata, fue promovido a la iglesia de León, sin tomar posesión de esta, en la cual sucedió

Fr. Benito Pañelles y Escardó, natural de Villafranca de Penades, monje Benedictino y Abad del monasterio de San Feliu de Guixols. Tomó posesión del obispado a 7 de octubre de 1730 por su procurador el canónigo Gabriel de Salas, y murió a los trece años de su gobierno. Tiene su sepulcro en la capilla de San Benito, antes de nuestra Señora de los Navegantes, al lado del evangelio, con esta inscripción, que conserva algunas noticias de su vida: "D. O. M. = Siste viator et lege. Hoc sepulchro, quod adhuc vivens extruxit sibi D. D. Frater Benedictus Pañelles et Escardó, ordinis divi Benedicti, non omnino mortuus requiescit. Mori quippe omnino non potuit, qui mortuus vixit antequam moreretur. Ex optimo Abbate divi Felicis Guixolensis melior evassit Maioricarum Antistes. Cuius obitu amissit Salmantica magistrum, heroem Benedictina religio, filium Gotholaunia, Maiorica patrem. Vade viator, et apud divum Benedictum, cui, quod vides, sacellum patri gratus dicavit filius, ornavitque, bonum pro Benedicto filio apprecare votum. Discessit a nobis die 26 Novembris 1743, cum vixisset annos 74.”

Josef de Zepeda, natural de la Puebla de Montalvan (Montalbán), diócesi de Toledo, Inquisidor de Valencia por espacio de veinte y dos años, de donde fue promovido a esta Silla. Tomó posesión a 24 de septiembre de 1744 por medio de su procurador el canónigo Nicolás de Salas. Vino acá, e hizo su entrada a 15 de mayo del año siguiente. En 26 de julio de 1746 consagró la mesa del nuevo altar mayor, puesto en lugar del que cuatrocientos años antes había construido su antecesor Berenguer Batle. En un certificado original, que he visto en los libros de la curia, consta que el Papa Benedicto XIV, a 19 de enero de 1750, le preconizó Obispo de la iglesia de Coria, vacante por muerte de su último Obispo Don Josef Madaleno. Murió en Madrid a 17 de enero de ese mismo año, a los 63 de su edad. Este Prelado, devoto y humilde, decía ordinariamente que su mejor entretenimiento eran libros, pinturas y flores. Lo cual basta para formar idea de su carácter.

Lorenzo Despuig, natural de esta ciudad, y canónigo de su catedral desde el año 1728. Nueve años después pasó a la corte por negocios de su iglesia y clero, en cuyo tiempo le encargó el Rey que acompañase al Infante Don Felipe a Italia. Otro viaje hizo a Roma cuando fue promovido a esta Silla, con cuya ocasión el Papa le condecoró con los títulos de Prelado doméstico, asistente al solio pontificio y Protonotario Apostólico. Consagrose en aquella capital, en la iglesia de Monserrate, a 3 de mayo de 1750. Hizo acá su entrada solemne a 3 de enero del año siguiente. Era muy generoso, particularmente con los pobres. Visitó dos veces la isla de Menorca. De algunos disturbios que sobrevinieron en esta ciudad sobre las cosas de Raimundo Lull, tomó la corte ocasión para trasladarle a la Silla de Tarragona, para donde salió de aquí a 14 de marzo de 1763, y donde murió el año siguiente, a los 58 de su edad, como se dijo en su lugar. En esta Silla le sucedió

Francisco Garrido de la Vega, natural del lugar de Monte Berducido, de la diócesi de Tuy, el cual, después de varios cargos eclesiásticos, era cura de la parroquia de San Andrés de Madrid cuando le nombraron Obispo de esta iglesia. Tomó posesión a 28 de septiembre de 1763 por medio de su apoderado el canónigo Juan Despuig: llegó a esta isla a 2 del diciembre inmediato. Portose con mucha prudencia en las circunstancias críticas y disputas ruidosas en que halló envuelto a este pueblo por la causa que dije antes. Costeó la obra nueva del Seminario Conciliar, y dejó otras memorias en los reparos de iglesias y monasterios. Finalmente, fue trasladado a Córdoba, a donde llegó por el noviembre de 1772, y donde murió de allí a cuatro años, día 20 de enero, sin poder tomar posesión del arzobispado de Sevilla, a que había sido promovido.

Juan Díaz de la Guerra, natural de Jerez de la Frontera, Auditor de la Rota Romana. Era de edad de 46 años cuando le nombraron para esta Silla. Consagrose en Roma a 28 de junio de 1772. Hizo acá su entrada solemne a 15 del octubre siguiente. Era hombre de grandes empresas. Hizo reimprimir aquí la suma de Santo Tomás, que quedó incompleta; y hubiera sido muy cómoda para los ancianos de vista muy cansada. Estableció la biblioteca episcopal con la dotación correspondiente. Fomentó mucho la casa de las niñas huérfanas. Gastó sumas crecidas en el puerto y lazareto de la Alcudia, y desecación de un pantano. En los cinco años que le duró el obispado sostuvo con tesón la observancia de los decretos pontificios tocantes a las cosas de Lull, y principalmente de la bula de Gregorio XI, cuya copia incluyo, conforme existe en la catedral de Gerona (a: Ap. núm. VIII.). Lo cual le ocasionó una nube de contradicciones y disgustos, que al fin pararon en su promoción al obispado de Sigüenza, la cual se verificó en el mes de junio de 1777, habiendo salido de esta isla para la corte a 15 del marzo anterior. Murió en su nueva iglesia día 29 de noviembre de 1800, a los 73 años de su edad. Algunos que conocieron acá a este Prelado no cesan de alabar su vastísima erudición.

Pedro Rubio Benedicto y Herrero, natural de Santa María del Campo, diócesi de Cuenca, promovido a esta iglesia en 1777, y consagrado a 10 de mayo del año siguiente en Madrid, de donde vino acá a 13 del julio inmediato, e hizo su entrada a 25 del mismo. En los diez y seis años que le duró el gobierno predicó casi todos los domingos. Congregaba anualmente el clero por medio de edictos para hacer ejercicios en la casa de la Misión. En esto pararon los sínodos antiguos. Era muy limosnero, y contribuyó a las fábricas de la iglesia de los PP. Cayetanos, la cual bendijo, y a la de los Capuchinos, que consagró. En su catedral levantó a su costa un hermoso baptisterio, donde se ven buenas pinturas del Valenciano Blanes, y esta inscripción del Mallorquín Bartolomé Pou: Jesu Christo, humanae labis vindici, expiatorique Sacrum. Maioricensis Ecclesiae Episcopus Petrus Rubius Benedictus in hoc sacello aere suo elegantius e marmore concinnato, picturisque lustralibus decentius instructo, Palmae in aede maxima sacra Balearium, baptisterium princeps in reparatione salutis humanae MDCCXCIV. erga Baleares charitatis suae M. P. C. Esta capilla está al pie de la iglesia, en el hueco que debía servir para una de las puertas del frontis principal. En 1782 hizo la visita de Menorca, y creo que es la última que en aquella isla han hecho los Obispos de Mallorca, porque poco después logró ya tener Obispo propio. En 1788 realizó el plan beneficial de todas las parroquias de su diócesi, reformando las que eran de corto rédito, y dejando las demás dotadas cóngruamente. En 1793 fue nombrado para el obispado de Jaén, para donde salió de aquí a 6 de marzo del año siguiente, y a donde murió en 1795, día 27 de mayo, de edad de 70 años.

Sucediole el actual Prelado

Bernardo Nadal y Crespi, natural de esta isla, nacido en Sóller a 5 de abril de 1745, colector de la colegiata de San Isidro de Madrid, abreviador de la nunciatura, empleado en la secretaría de la interpretación de lenguas y canónigo de esta iglesia de Palma. Fue nombrado para su Silla pontifical a 20 de abril de 1794 y consagrado en la citada colegiata de San Isidro juntamente con el Obispo de Osma; llegó acá a fines del mismo año, donde hizo su entrada solemne a 1.° de febrero del siguiente. Desde luego se propuso calmar y destruir del todo si pudiese los cuentos pasados sobre las cosas de Lull, y puede decirse que con su prudencia lo ha conseguido en gran parte. En 1799 varió la hora de decir los maitines, que siempre había sido por la mañana, trasladándolas a la tarde en el verano y al anochecer en el invierno. Ha establecido vicarios in capite en algunos lugares sufragáneos de curatos pingües, que estaban mal asistidos por la distancia de la matriz o por negligencia de los curas; en lo cual mostró las buenas ideas que tiene del uso de las rentas eclesiásticas. De su orden se añadió y reformó el catecismo de Ripalda y se imprimió en 1801. Iguales trabajos mandó hacer en el Ritual diocesano, pero todavía no se ha publicado. En su tiempo se ha desmembrado de su diócesi la isla de Menorca.

Verificada nuestra gloriosa revolución, coadyuvó muchísimo en su diócesi a fomentar el espíritu público contra el usurpador Napoleón como vocal de su junta superior, hasta que fue nombrado diputado para las cortes generales, en las cuales cuanto contribuyó al bien del pueblo, dícenlo los diarios. Encargole el Congreso las comisiones más honoríficas. Por sus achaques volvió a su isla con licencia a 5 de septiembre de 1812, y restablecido se restituyó al Congreso, en el cual permaneció hasta su conclusión. En el regreso a fines de 1813 tuve el honor de acompañarle en la penosa navegación de setenta y tres días hasta que tuvimos entrada a 21 de diciembre de ese año. Si en los demás Obispos he omitido el elogio de sus virtudes personales y pastorales por no ser de mi inspección, en este tengo el doble objeto de estar vivo el Prelado, cuya modestia se resentiría. Sólo debo añadir en honor de la verdad que las buenas ideas de literatura y el amor a la ilustración general que anima a este Prelado, es a quien se debe la buena suerte de este Viaje y del viajero. Que a no haber sido por este señor Obispo y por lo que ha protegido mi comisión, acaso hubiera regresado a la Península como salí de ella. Tal es la fuerza de la preocupación cuando se apodera de hombres que en otros puntos tendrán buen juicio.

Gracias a Dios que salí de esta secatura de relaciones biográficas. Algo queda para otros correos de mayor amenidad.

Palma 26 de marzo de 1814.

Entradas más vistas