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jueves, 20 de abril de 2023

CARTA CL. Concluye el catálogo de los Obispos de Mallorca.

CARTA CL.

Concluye el catálogo de los Obispos de Mallorca.

Mi querido hermano: voy a ver si puedo completar hoy el catálogo de estos Prelados; que así como entiendo que es de los trabajos más útiles para la historia, también sé por experiencia que es de los más penosos para el historiador. Y esto se verifica particularmente en la averiguación del Obispo sucesor del difunto Agustín de Grimaldis, que fue 

Juan Bautista Campegio. Todas las historias mss. e impresas de esta iglesia cuentan por inmediato sucesor del Obispo Grimaldis a Lorenzo Campegio, Cardenal, el cual suponen que tuvo esta iglesia in comendam hasta que tuviese edad de gobernarla su hijo Juan Bautista Campegio, y como hubiese muerto el Cardenal en 1539, desde entonces quedó el hijo Obispo propietario. Esta narración y algunas circunstancias con que la visten tienen algo de verdad y en mucha parte no lo son. Sin entrar en impugnaciones, que no son para un viajero, seguiré mi plan de presentar solamente las memorias originales que he podido recoger, de las cuales alguna claridad resultará a esta materia, aunque no toda la que yo quisiera, por falta de otros documentos.

En primer lugar yo no cuento por sucesor de Grimaldis, ni aun por Obispo de esta iglesia, al Cardenal Lorenzo Campegio, ni creo que nadie lo contará, si sabe que en Actas capitulares, libros de fábrica y de órdenes se lee originalmente que el día 31 de mayo de 1533 Marco Antonio Campegio tomó posesión del obispado como procurador de su sobrino Juan Bautista Campegio, habiendo jurado en el día anterior la observancia de las constituciones hechas usque ad obitum, dice, Rev. D. Augustini de Grimaldis. En su consecuencia pagó las trescientas libras que estaban tasadas a su dignidad para la fábrica. Aquí tenemos ya que Juan Bautista Campegio es el Obispo inmediato sucesor del difunto Grimaldis. A nombre suyo su Vicario general el canónigo Bautista Mir dio licencia para celebrar órdenes en diciembre de 1534 a Fr. Galcerán Casanyach, Carmelita, Obispo Chrisopolitano, el cual continuó en este oficio hasta fines del año siguiente; y debió morir luego, porque de allí a dos años ya hay aquí mismo otro Obispo Chrisopolitano.

Siendo, pues, tan claro el principio del gobierno de Juan Bautista Campegio, ¿de dónde pudo nacer la especie de haberlo sido su padre el Cardenal? Yo diré lo que me ha venido a la mano en mis investigaciones, que no deja de ser curioso. Tratándose en el Capítulo de esta iglesia el día 7 de septiembre de 1534 sobre la capa que debía pagar el Obispo Juan Bautista por su ingreso en el obispado, y sus antecesores habían enriquecido liberalmente la iglesia con varias alhajas, ornamentos, etc., añaden estas palabras: quod idem speratur a dicto Rmo. Dno. Cardinali, qui hanc ecclesiam habet comendatam. Y luego en la acta de 1.° de septiembre se manda escribir a dicho Cardenal sobre varios negocios de esta iglesia: lo cual repiten después a 22 de noviembre de 1536. Todo esto parece probar que el Cardenal Campegio era Obispo comendatario de Mallorca. Más: entre las Actas del mes de septiembre de 1535 se copia un breve de Paulo III, fecho a 26 de agosto de ese año que empieza así: "Cum sicut accepimus, licet venerab. frater noster Laurentius, Episcopus Praenestinus, S. R. E. Cardinalis Campegius, cui collatio et omnimoda dispositio canonicatuum et praebendarum ... ad collationem et quamvis aliam dispositionem Episcopi Maioricensis pro tempore existentis spectantium, Apostolica auctoritate reservata existit, etc.” Continúa mandando al Capítulo que dé posesión a Marco Antonio Campegio del canonicato que le había dado su hermano el Cardenal.

Yo no sé si los que cuentan a este señor Cardenal por Obispo de esta iglesia tendrán otras pruebas para afirmarlo; pero puedo asegurar que no serán de más peso que estas, porque aquí parece la cosa concluida. Sin embargo, hagamos algunas reflexiones. Por empeñada que estuviese la corte Romana en favorecer y exaltar esta familia de los Campegios, nunca hemos de creer que llegaría a cometer el exceso de haber y tener a dos de sus individuos por Obispos simultáneos de una iglesia. Obispos que lo fuesen a un tiempo de muchas iglesias se vieron con frecuencia; pero muchos en una sola, y eso con autorización pública y por el camino ordinario, no lo cuenta la historia. Pues esto sucedería si por lo alegado contásemos al Cardenal por Obispo de Mallorca, porque en ese mismo breve reconoce el Papa como Obispo electo al Juan Bautista, cuando en recomendación del Marco Antonio que pedía el canonicato dice: "qui, ut similiter accepimus, obsequiis dilecti filii Johannis Baptistae electi Maioricensis insistit.” ¿Cómo puede haber Obispo electo de una iglesia mientras haya quien la gobierne, aunque sea como comendatario, sin que preceda resignación o muerte del mismo? Reconociendo, pues, el Papa a Juan Bautista Campegio por Obispo electo de Mallorca, viene abajo cuanto se alegue en favor de su tío el Cardenal. Y que tanto aquí como en Roma era este reconocido por Obispo, se ve, no sólo en el gobierno que esta iglesia seguía en su nombre, sino también en la resolución que tomó el Capítulo, cuando se le intimó el breve sobredicho. Porque se alegó que podía eximirse de obedecer y cumplir lo mandado en él, puesto que ni Marco Antonio tenía ningún orden sagrado (y era electo Obispo Grossetano), ni ahora se empleaba en servir al Obispo (he aquí reconocido por tal a Juan Bautista) porque estaba ausente de la isla (estaba en París). Sin embargo, en atención a que era hermano del Cardenal, cuius reverendissimae dominationi, dicen, omnes praedicti toto pectore adictissimi cupiunt obsequi et morem gerere, acordaron dar a dicho Marco Antonio ex mera liberalitate sesenta libras anuales de la mensa capitular. He aquí cómo el Capítulo, al mismo tiempo que muestra cierta sumisión al Cardenal, no le trata como a su Obispo, sino sólo da este título a su sobrino Juan Bautista. Este lenguaje basta para desengañarnos del hecho. Porque no es posible que en Roma y en Mallorca estuviesen tan torpemente alucinados que reconociesen a dos Obispos a un tiempo mismo. Más adelante obtuvo dicho Marco Antonio un canonicato, cuya vacante por su muerte adjudicó el Capítulo, día 6 de noviembre de 1553, al mismo Obispo Juan Bautista. ¿Cómo es, pues, dirás ahora que el Papa supone corresponder al Cardenal la provisión de los canonicatos en la parte que correspondía al Obispo de Mallorca?

Respondo a esto que si tal le perteneciese por ser Obispo, de otro modo hubiera hablado el Capítulo en su resolución y otra acaso hubiera sido esta. Seguramente no se hubieran fundado sólo en las nulidades del provisto. Pero ¿cómo había de contar el Capítulo con que esta provisión la hizo el Cardenal como Obispo, cuando en su mismo acuerdo no le cuentan por tal, y cuando veían que el mismo Papa suponía ser otro el Prelado? Claramente diré lo que más claramente sabía entonces el Capítulo. El Papa nombró por Obispo de Mallorca a Juan Bautista Campegio; pero atendidos los méritos del Cardenal o por otros motivos, concedió a este parte de la administración o digamos de sus regalías; a la manera que el Rey de Aragón Alfonso V reconocía por Obispo de esta iglesia a Luis de Prades, y sin embargo nombró administrador de sus temporalidades a Alfonso de Borja. ¿Quién dirá por esto que Alfonso de Borja deba ser contado entre los Obispos de esta iglesia? Porque claro es que la jurisdicción en el gobierno es lo que constituye una prelacía, no el goce de sus preeminencias, no los encargos de puro provecho, no las encomiendas de favor. Así que, aunque el Cardenal Campegio estuviese autorizado por el Papa para dar todos los canonicatos de esta iglesia, mientras no se me exhiba una muestra de su jurisdicción episcopal en ella, mientras yo vea que hay otro Obispo reconocido por el Papa y por el Capítulo y que ejerce actualmente su jurisdicción por  medio de sus Vicarios generales, diré que el Cardenal Campegio no fue ni debe contarse entre los Obispos de Mallorca, sino cuando más entre sus protectores y valedores en la corte Romana.

El caso es que después de tan larga y embrollada cuestión venimos a parar en que en los veinte y siete años del pontificado de Don Juan Bautista Campegio ni hay nada que contar de él, ni vino acá siquiera. Estos y otros males nos acarrearon los grandes bienes que hizo el concilio de Trento a la iglesia de Dios. Sin embargo, notaré algo de lo bueno que hizo en todo este tiempo el Capítulo. A 15 de noviembre de 1535 mandó sacar de la sacristía una porción de plata, a petición de los Jurados, para que depositada en la tesorería de la universidad (la taula de Mallorca) sirviese de hipoteca para traer trigo con que remediar su carestía. Lo mismo hicieron en 1535 a 5 de septiembre para socorrer con gente armada a la villa de Mahón, invadida por el famoso Barbarroja con sus galeras y treinta navíos. En 1537 se fulminó pública y solemne excomunión contra el Lugarteniente del Rey Don Ximén Pérez de Figuerola, por no haber querido entregar un clérigo que tenía preso en su castillo. Otro abuso había por este tiempo, que era la frecuencia con que muchos, por huir de la autoridad episcopal, apelaban con frívolos pretextos al tribunal del juez nombrado por el Papa, año 1523; con lo cual lo que se había instituido para bien del clero, cedía en vilipendio y menosprecio de su cabeza. Para remediar esto, el Papa Paulo III concedió a Juan Bautista Campegio, electo Maioricensi, que sólo él y sus sucesores pudiesen nombrar en adelante estos jueces de apelaciones. Este breve, copiado en el Libro amarillo de la catedral, está fecho a 25 de noviembre de 1538, cuando aún vivía el Cardenal Campegio; por que veas cuán cierto es que el Papa trató siempre como Obispo al uno y no al otro. En 1541 vino acá Carlos V de paso a la conquista de Argel. De las circunstancias de este suceso, y de las demostraciones de alegría que hizo esta ciudad, se formó una graciosa relación en lemosín, que he visto en este mi convento, impresa el año siguiente: folleto de pocas hojas, y expuesto a perecer del todo, por lo que debieran reimprimirle los amantes de la literatura de Mallorca, siquiera para que se conserven los buenos versos latinos que entonces se compusieron. El historiador Mut, que tantos pormenores refiere de otras cosas, pudo aprovecharse a poca costa de lo que esta relación contiene. En 1546, a 3 de marzo, regaló a esta iglesia la cofradía de los marineros un relicario para la Santa Espina, el cual fabricaron de la plata de la lámpara que ellos mismos habían regalado en tiempo antiguo al altar mayor. También aceptó el Capítulo el mismo año, a 9 de octubre, unum pallium que ofreció el Virrey a la iglesia, de valor de más de cien ducados, el cual se decía que era parte de la penitencia que le impuso la Santa Sede por haber quebrantado la inmunidad eclesiástica, extrayendo ciertas personas refugiadas en la catedral. Del año 1549, a 25 de octubre, queda una resolución muy honrosa para el Capítulo, por la cual se abolió para siempre la elección del Obispillo en la vigilia de San Nicolás, y la solemnidad con que este hacía los oficios en el día de su fiesta, y en la de los Santos Inocentes. Efectivamente, había cosas indecentes en este rito, que era general en otras partes; lo cual se dirá otro día. De ese mismo año nos conserva la Consueta las noticias rituales siguientes: 1.a, resolvió el Capítulo que en adelante se celebrase con la solemnidad mayor (den aloy) la fiesta del nombre de Jesús: 2.a, que en la dominica III después de Pascua, se hiciese con el mismo rito la de nuestra Señora de Cura, que es una imagen venerada en la iglesia del monte de Randa: 3.a, que se celebrase igualmente la de San Antonio Abad, con un solemne aniversario por el alma de Gabriel Cerdá, Sacrista y canónigo, y por la del Cardenal Antonio Cerdá. Este último fue el Obispo de Lérida de mitad del siglo XV, natural de esta isla, y canónigo que había sido de esta iglesia, como consta de las Actas capitulares de aquel tiempo, del cual se habló en el Viaje de aquella iglesia. Dejo a los bibliógrafos Mallorquines la cuestión de si este ilustre personaje fue o no religioso Trinitario, como también la noticia extensa del famoso Cardenal Jacobo Puteo (Pou), de quien sin razón han dicho algunos que no fue Mallorquín. Porque además de otras pruebas terminantes, para creer que lo fue, basta ver la carta original, escrita toda de su mano, en lemosín, fecha en Roma a 13 de abril de 1541, en que da gracias a este Capítulo por haberle elegido canónigo y dádole posesión de esta prebenda, la cual obtuvo sólo hasta el año siguiente. Dicha carta anda suelta en el archivo. Otro de esta familia, llamado solamente en las Actas mestre Pou, Arcediano de esta iglesia, fue promovido al obispado de Catania, por cuyo motivo se halla que tomó posesión del arcedianato vacante el Cardenal Cornaro a 1.° de julio de 1513. Así lo dice el libro de la fábrica de ese año. Durante la ausencia de nuestro Obispo, ejerció casi siempre los pontificales Fr. Rafael Linas, de la orden del Carmen, Obispo Chrisopolitano, sucesor en este título de fray Galcerán de Cassanyach, de quien ya hablamos arriba. Linas comenzó en esta isla su oficio a 21 de diciembre de 1537, y continuó hasta 1557; a lo menos hasta entonces llegan sus memorias y licencias que le dieron los Vicarios generales del Obispo Campegio, entre los cuales se cuenta ya su tío Marco Antonio a 27 de diciembre de 1540, que es nuestro año 1539, porque todavía seguía y duró por mucho tiempo la costumbre de contar los años a Nativitate. Otro Vicario general tuvo, que fue Don Francisco Salazar, Obispo de Salamina, a quien el nuestro, desde Bolonia a 24 de diciembre de 1555, nombró su Vicario, sufragáneo, visitador y oficial. Vino acá, según dice el Registro de órdenes, lunes a 22 de junio del año siguiente. Cuál fuese su gobierno, y cuáles los cuentos y pleitos que hubo, lo ignoramos del todo. Sólo podemos conjeturar que serían muy graves por las noticias siguientes:

En acta de 9 de noviembre de 1556 nombró el Capítulo un nuevo abogado, además del antiguo, "attentis, dice, tot ocurrentibus necessitatibus et controversiis quibus agitatur ecclesia Maioricensis ac reverendum Capitulum et totus clerus Maioricensis, facto Rev. D. Episcopi Salaminensis.” Más es, que el mismo Obispo Campegio le revocó todos sus poderes y facultades por medio de su carta, fecha en Bolonia a 30 de marzo de 1557, por justos motivos, dice, animum nostrum non parum perturbantibus, instituyendo con la misma fecha por su Vicario general al canónigo Juan Pablo Varro, a quien manda que pague al de Salamina todos los emolumentos acostumbrados hasta nueva orden. Pocos días después, a 5 de abril, mandó que nada se le pagase. En todas estas cartas se intitula en su exordio el Obispo Campegio nobilis Bononiensis, Episcopus Maioricensis, y no más.

Desairado con esto aquel sufragáneo, partió de esta isla muy pronto; lo cual dice claramente una carta del Rey, fecha en Bruselas a 27 de julio del mismo año 1557, en que, después de dar gracias al Capítulo por el homenaje que le prestaron y por las rogativas y procesiones con que pidieron a Dios el acierto de su gobierno, añade: "Quanto a la quexa que teneis del Obispo de Salamina, que servia en essa iglesia de sufraganeo, no hay otro que decir, pues havemos entendido que ya está fuera de essa isla, sino que ha dias que trabajamos lo posible porque vaya a residir ahy vuestro Perlado, que lo embió; y no partiremos la mano dello, como es razon y havemos desseado, y desseamos como cosa que tanto conviene al servicio de Dios y bien dessa diócesi.”

No logró el Rey sus deseos de hacer venir acá el Obispo; antes este tomó el partido de renunciar el obispado en manos del Papa. Ignoro cuándo se verificó esto. Sólo sé que a 21 de diciembre de 1559 ya se trató en Capítulo si debería declararse vacante la Sede, atendida la fama pública de aquel hecho. Y al fin, a 16 de enero de 1560, subsistiendo todavía las dudas y opiniones diferentes de los juristas en cosa de tanta entidad, confirmó el Capítulo por su Vicario general al mismo canónigo Varro, que lo era del Obispo, para en caso de vacante. Esta duró casi dos años. En cuyo tiempo se hallaba aquí el Obispo de Alguer Don Pedro Vaguer, o Vaquer, a quien el Rey nombró Visitador del reino de Mallorca, encargándole el redresso de la tabla dessa ciudad; porque á mas de los muy muchos y grandes daños que se siguen por estar aquella de la manera que está, son mal pagados los officiales que aqui nos sirven. Esto decía el Rey en la comisión que le dio, fecha en Aranjuez a 28 de mayo de 1561. Esta carta se halla inserta en el proceso que se formó sobre el negocio, el cual he visto en el archivo real.

Diego de Arnedo, de quien se dice que fue natural de Huesca, colegial de San Clemente en Bolonia, canónigo de Monte Aragón, capellán del Rey Felipe II, Visitador de España durante el viaje de aquel Príncipe a Inglaterra, y que nombrado ya Obispo con motivo de no sé qué viajes, fue apresado por los Moros, y alcanzada finalmente su libertad vino a su iglesia. Todo esto dice Mut. Yo puedo asegurar que en el año 1554 estaba destinado por dicho Rey como uno de los seis clérigos que le debían acompañar en su expedición contra los Ingleses. Dícelo el célebre Juan de Arce en una carta a Don Antonio Agustín, de las que publicó Don Ignacio de Aso en 1775. También puedo alegar un documento tocante a su cautiverio, y es la Acta capitular de 19 de enero de 1562, en que se resolvió dar a dicho Obispo, ex mera liberalitate, 750 lib., atendidas las necesidades, dice, quas sustinet propter labores quos passus est pro servitio suae Catholicae Maiestatis Domini nostri Regis, pro deffensione nostrae Sanctae Fidei Catholicae in destructione de Algerbens, in qua fuit captus per Paganos, in magnum detrimentum bonorum suorum, et vilipendium suae reverendissimae personae. A este donativo añadió el Capítulo el préstamo de 1.500 libras. Todos estos trabajos pasaron durante el año 1561, al fin del cual vino el Obispo tan deseado, así por la noticia anticipada de sus buenas prendas, como por el largo tiempo que no vio esta grey la cara de sus Pastores. Tomaron posesión sus procuradores Nicolás Montanyans, Sacrista de esta iglesia, y Mateo Saforteza (ipsa, sa Forteza), día 20 de diciembre de 1561, según dicen las Actas capitulares y libro de la fábrica. Pero allí mismo queda notado que el Obispo desembarcó la noche antes en Sóller, donde permaneció hasta el día 22, en el cual vino a comer a la heredad de Raxa, propia de Mateo Saforteza, y a dormir al convento de Jesús. Al día siguiente hizo su entrada pública por la puerta Pintada, con grande acompañamiento, salvas de artillería y mucho regocijo del pueblo. En el juramento, que prestó en el lugar acostumbrado, uno de los testigos fue el Obispo de Alguer, de quien hablé más arriba. Correspondió el Prelado a las esperanzas de su pueblo. Porque luego trató de hacer una visita general de su diócesi, comenzando por la de la iglesia catedral, la cual emprendió el día 13 de mayo de 1562, precediendo en la noche anterior repique general de campanas, y saliendo a recibirle el clero, con cruz alta, a las puertas de su palacio. Las Actas de esta visita, que están en los libros de la curia, me han servido bien para algunas curiosidades rituales, y para conocer el estado de la fábrica de la iglesia catedral en aquel año. De todo se hablará otro día. Ahora sólo notaré que en el altar mayor de la catedral mandó renovar la Eucaristía cada quince días, como hasta allí sólo se hiciese cada mes: mandó hacer cien purificadores, no hallando ninguno, ni que se usase limpiar los cálices con ellos: item que se hiciesen bolsas para los corporales, que no había. Subió a la librería, et vidit illam bene stare. Hallando que en la sacristía había un libro, donde, junto con otras cosas, se notaban los nombres de los bautizados; pero sin expresar el de sus padrinos, mandó que se hiciese libro aparte, donde se notasen los padrinos y la parroquia de donde eran. Asimismo que hubiese libros de confirmados, y de los que confesaban y comulgaban por Pascua. Nada hallo mandado acerca de matrimonios, aunque por otra parte consta que se hizo de su orden. Quitó el abuso de dejar los santos óleos en casa de los enfermos, a quienes se daba la unción cuando les parecía que no se habían de sobresaltar; y mandó que se llevasen de la iglesia con toda veneración, cuando fuesen menester. La mayor parte de estas cosas, singularmente lo de los libros, se halla ordenado en la visita de todas las parroquias. En la de Santa Eulalia de esta ciudad ordenó quod nullo modo adhibeatur auctoritas ipsis scolaribus ad sacramenta ministranda: que las vinajeras para la misa fuesen grandes: cosa que también debía mandarse hoy día en algunas iglesias, donde reina en este punto, y en el de las luces, más economía de la que es debida: que se hiciese una piscina para arrojar el agua con que se levaban los corporales, qui locus, dice, appellatur Sacrarium: y que se concluyese la iglesia, que aún estaba por concluir. Baste de esto, que sería nunca acabar, en lo cual se ve el celo de este Prelado. No menos se descubre en los innumerables edictos que publicó durante su pontificado sobre reforma del clero, respeto a las iglesias, destierro de usuras, etc. Quiero acotar lo mandado en uno de 6 de julio de ese mismo año 1562 por la noticia que nos da de los trajes de aquellos tiempos. Mandó, pues, que los clérigos "daqui avant degan aportar la clotxa closa fins baix als talons, y capiro, y les robetes largas fins baix dels genolls, segons per los capitols sinodals es stat ordenat, ó manteu y sotana larchs fins als talons; y que no aporten calses, ni sabates tallades, ni letuguetes en els colls y braços de les camises; y que porten la barba feta de tal manera que no se puga notar esser larga.” También es digno de notarse lo que mandó en otro edicto, que el que ayuda a misa no do pau á algu fins que lo sant sacrament dels Cors precios é Sanc de Jhu. Xpst, no sia assunt, é que no presumexca dar pau ab la patena.

Por esta muestra de lo mucho que este Obispo trabajó en este solo año 1562, y por el esmero y diligencia que en ello se ve con que atendía a todo, conocerás cuán sensible me es el no haber dado con ninguno de los sínodos que seguramente debió celebrar. Y sin duda lo era una congregación de todo el clero de la diócesi en este mismo año, que reunido en el Capítulo de esta iglesia dio en subsidio caritativo 1.500 escudos de oro, a razón de treinta libras por escudo. Pero constitución sinodal no he visto ninguna. Dejando algunas otras memorias hallo que nuestro Obispo asistió al concilio provincial de Valencia, celebrado en 1565, para el cual nombró el Capítulo por sus procuradores y de todo el clero al canónigo Rafael de Villalonga y al presbítero Juan de Abrines. Este último es el santo confesor de la hoy Beata Catalina Tomás, que después fue hecho canónigo en 1570. De otro sínodo suyo del año 1567 hay memoria, cuya celebración debía ser en la semana de Pascua, según la antigua costumbre de la iglesia. Mas el Capítulo le rogó día 14 de marzo que lo difiriese para el mes de septiembre, por ser aquel tiempo más oportuno para la reunión de los párrocos. Llegado este tiempo el Obispo insinuó al Capítulo, día 29 de agosto, que aunque los canónigos no tienen por el derecho voto decisivo en los sínodos, desearía, sin embargo, que asistiesen al que iba a celebrar. Disputose sobre este derecho, y sin resolverse nada, el día 3 de septiembre el Obispo, prescindiendo del derecho de los canónigos, les rogó de nuevo que asistiesen al sínodo para aconsejarle en las cosas tocantes a la salud de las almas. Se resolvió que asistiesen los que quisiesen. A fines de 1568, no me acuerdo qué día, se leyó al Capítulo y este admitió el indulto del Papa Pío V para que los beneficios eclesiásticos de estas islas se diesen sólo a sus regnícolas: cosa ya mandada por Eugenio IV, pero que desde esta última época se ha observado constantemente hasta el día de hoy.

También se admitió aquí con más docilidad que en otras iglesias el nuevo Breviario Romano, según el mandato de San Pío V: re:solución que tomaron a 7 de diciembre de 1569, dándose comisión a algunos canónigos para que se escribiesen libros corales y se buscasen los demás códices necesarios para la mudanza del rito. Pasáronse casi tres años en estas diligencias, necesarias para poder cumplir lo mandado, que además debían ser muy gravosas a la iglesia; y a 5 de septiembre de 1572 resolvieron que el nuevo oficio empezase a regir desde el próximo Adviento. En tanto el Obispo se dispuso para un viaje, para el cual, y durante su ausencia, el Capítulo le concedió a 4 de enero de 1570 la percepción de los frutos que le pertenecían, y él pagó en 16 de marzo las 1.500 libras que aquel le había prestado. No consta circunstancia alguna de este viaje; sólo sabemos que a 14 de agosto de 1572 el Capítulo, sabedor por algunas cartas particulares de que había sido trasladado a la iglesia de Huesca, revocó la gracia que le había hecho sobre la percepción de frutos. Diose esto ya por tan sentado, que a 19 del mismo mes los Jurados pidieron al Capítulo y este consintió en que se escribiese al Rey para que nombrase por Obispo sucesor al Arcediano de esta iglesia Gregorio Çafortesa (: Saforteza), que era natural de la isla. Túvose noticia cierta de la renuncia del obispado a principios del año siguiente 1573, y a 16 de enero ya se nombraron los oficiales Sede vacante. Esta misma renuncia consta de una bula de Gregorio XIII de 6 de marzo de ese mismo año, por la cual, a instancia de Felipe II, se aplican todas las rentas de la vacante a la fábrica del templo, quod, dice, adhuc imperfectum conspicitur, et plurimum deest ut fabrica ipsa absolvatur. Olvidábaseme que en 1572 a 4 de noviembre se dio posesión de un canonicato al sabio Mallorquín Miguel Tomás Taxaquet, que era ya Sacrista y después fue Obispo de Lérida. También se me pasó que a 5 de diciembre del mismo año se abolió el rito de la Sibila en la noche de Navidad, de lo cual se dirá en lo de ritos. El sucesor fue

Juan Vich y Manrique, de ilustre familia, natural de Valencia. Era hijo de Don Luis de Vich y nació en el monasterio de la Murta, junto a Alcira, año 1530, en la celda cuarta antes del coro. Dícelo una nota coetánea de un monje en las cubiertas de la Biblia políglota que él regaló después a aquella casa. El Papa Gregorio XIII le promovió a esta iglesia, para cuya posesión dio poderes en aquella ciudad día 25 de mayo de 1573 a Francisco Ferrer, beneficiado de la parroquia de San Esteban, el cual desempeñó aquí su comisión día 15 del octubre siguiente. No sé en qué se fundan los que llaman al nuevo Obispo Arcediano de Barcelona. En las bulas que presentó su apoderado sólo se le supone perceptor de los frutos del curato de Jijona (leo Gijona), y de una pensión sobre el arcedianato de Játiva, cuya continuación le concede S. S.

Llegó a este puerto día 5 de octubre de 1574 en las galeras de Don Sancho de Leiva, y habiendo dormido en el monasterio de Jesús, hizo al día siguiente su entrada pública y juró las constituciones de su iglesia, de la cual no se separó un momento por espacio de treinta años, hasta que salió para ocupar la silla de Tarragona. De las muchas memorias de su piedad y celo pastoral, que harán eterno su nombre en la historia de esta iglesia, sólo apuntaré una u otra que haga con la disciplina o historia general, porque agotarlo todo es obra inmensa y poco provechosa. Y este mismo plan seguiré en la relación de los pontificados siguientes, en los cuales, después de fijadas bien sus épocas, que es lo importante, lo demás añade poco o nada a las costumbres de nuestros días. A 12 de septiembre de 1575 estableció con el Capítulo una grande y notable solemnidad en la fiesta de la Concepción de nuestra Señora, la cual se mandó anunciar ocho días antes con repiques de campanas, bandera en la torre y otras señales, y que su procesión se hiciese como la del Corpus, en la cual fuesen algunos muchachos vestidos como ángeles, llevando algunos atributos de nuestra Señora. Igualmente se mandó que en todas las iglesias y monasterios sujetos al Ordinario se hiciese todos los días después de completas conmemoración de la Concepción con la antífona Tota pulchra. A 24 de diciembre del mismo año rogó al Capítulo que se hiciese la representación de la Sibila en los maitines de Navidad y se cantasen algunas cantinelas devotas, como se hacía en otras iglesias, señaladamente en la de Valencia, y el Capítulo consintió en que así se hiciese. Este es el origen de los villancicos en esta iglesia.

En 1577 a 1.° de enero está fecho el breve con que el Papa Gregorio XIII concedió que fuese altar privilegiado en esta catedral el de San Pedro; y esto a instancia de Miguel (Tomás Taxaquet), Obispo de Lérida. Que sólo porque se vea que en dicho día era ya Obispo este grande hombre, he notado esta bagatela histórica. Son frecuentes en los años siguientes las noticias de las dádivas con que nuestro Obispo enriqueció la iglesia. En 1580 se trató en Capítulo de un tabernáculo que quería regalar para llevar en las procesiones las reliquias. La Consueta de la sacristía nos recuerda que ese mismo año regaló un rico frontal, en 1586 dos ternos completos y en 1597 una figura de plata de San Vicente Ferrer. De su orden dispusieron el canónigo Rafael Alberti y Onofre Oliver, rector de San Miguel, un nuevo Manual de los sacramentos y otros ritos, que se imprimió aquí mismo en 1601 por Gabriel Guasp en 4.° Igualmente recuerdo aquí lo que ya se dijo en lo de la fábrica de esta catedral, cuya conclusión se debe a este Prelado. Mas todo este conato que puso en la parte material de su iglesia, no le estorbó la atención a la parte más principal de su ministerio. Y así son continuas las memorias de haber predicado en la catedral, de las visitas que hizo en ella y en la diócesi, de los edictos que publicó, de los entredichos que puso y de los sínodos que celebró. Cada uno de estos artículos, descrito por menor, haría crecer mucho esta carta. De los sínodos sólo tenemos impresos los de los años 1588, 1592 y 1597; y de ellos se dirá con extensión en su propio lugar, si logro ver algún ejemplar. En 1593 a 7 de mayo se resolvió que se hiciesen tres procesiones solemnes de rogativa pro electione Regis regni Franciae, quae fieri debet, et aliis laboribus et vexationibus quibus affligitur dictum regnum (Act. cap.)

El mismo año a 23 de diciembre se resolvió que se pudiesen decir en esta catedral misas rezadas en la vigilia de Navidad, como ya se decían en todas las iglesias y monasterios de la diócesi, puesto que no se encontraba el porqué de la costumbre antigua de no decirse en ella en este día más que la conventual. (Ib.)

En 1594 a 6 de septiembre murió el Virrey de este reino Don Luis Vich, hermano de nuestro Obispo, y se dispuso el entierro magnífico cual correspondía. (Ib.)

En 1595 a 31 de marzo se acordó admitir en la iglesia la música de ministriles para las fiestas solemnes. En el año siguiente se mandaron renovar las constituciones pro choro, colgadas, según costumbre, en el mismo en una tablilla, quitándose las ya desusadas, entre las cuales cuentan la de vestibus nigris deferendis. Igualmente se prohibió la entrada en el coro a los beneficiados teólogos que no hubiesen todavía defendido sus conclusiones, cuyos actos se tenían en el Capítulo. Finalmente, concedieron a algunos presbíteros la gracia capae pelliceae et mussae alfodratae quibus privati fuerant. (Ib.)

Si estas pequeñas noticias sirven para conocer las costumbres de aquel tiempo, no es menos útil por otro ramo otra acta capitular del 18 de septiembre de 1602 que dice así: "Proposuit Illmus. D. Episcopus quandam declarationem factam a SS. D. N. Papa Clemente (VIII), in qua damnat quandam propositionem circa modum confitendi peccata per internuntium et scripturam, et recipiendi absolutionem sacramentalem in absentia confessoris: volens quod praebeant votum et consilium, si illam publicari conveniat. Et conclusum quod publicetur, signanter quia prohibetur in illa disputatio.” A los defensores de Suárez toca responder a este argumento insoluble de la real y verdadera condenación de aquella opinión. A principios del año 1604 se disponía nuestro Obispo para un viaje al continente, por cuyo motivo resolvió el Capítulo a 26 de marzo enviar a Valencia por los Santos Oleos. Este viaje era para ir a Tarragona, a cuya Silla metropolitana había sido trasladado, y de la cual me consta que tomó posesión a 16 de agosto de ese mismo año, y donde permaneció hasta su muerte, acaecida en 4 de marzo de 1611, habiendo llegado a ser el Prelado más anciano de toda España. Seis días antes de que tomase la posesión de la nueva Silla, se trató ya en esta de su vacante y de la elección de Vicarios generales, es a saber, a 10 de agosto de 1604, en lo cual hubo cuentos muy pesados, hasta que el Arzobispo de Valencia por derecho de Metropolitano, nombró Vicario general al Arcediano Gregorio Çafortesa.

Alfonso Laso Sedeño, trasladado a esta iglesia de la metropolitana de Cáller a 1.° de diciembre de 1604, que es la fecha de la bula. Hallábase en Valladolid, donde a 11 de abril de 1605 dio poderes a Pedro Benneser para tomar posesión de este obispado, y este lo verificó a 17 del junio inmediato. Llegó a este puerto día 30 de agosto, e hizo su entrada solemne el 1.° de septiembre. A 11 del mismo mes consagró a su sucesor en el arzobispado de Cáller, que se hallaba aquí de Inquisidor, y se llamaba Don Francisco Esquivel, nombrándose para este acto, a falta de Obispos asistentes, dos de las dignidades de esta iglesia. Todo esto es de las Actas capitulares y de otros documentos originales de este archivo, como también la noticia de haberse dado posesión del primer canónigo tesorero en 1607. En ese mismo año pidieron los Jurados fieri peregrinos pro sterilitate temporis. Et fuit conclusum, dicen las actas, quod D. canonicus Caller cum aliis presbiteris sibi bene visis proficiscantur domum B. Mariae de Luco, et factis devotionibus redeant ad civitatem.

Murió pronto este Obispo, es a saber, hacia las doce horas del día 21 de agosto de ese mismo año 1607. Según indican las Actas de ese día, parece que se enterró en la capilla de San Pedro. Dícese que fue Virrey de Mallorca.

Fr. Simón Bauça, natural de esta ciudad, religioso Dominico, educado en el convento de Valencia en la escuela de San Luis Bertrán. Siendo Provincial de Tierra Santa fue promovido a esta Silla, cuya noticia llegó aquí a 15 de noviembre de 1607. Tomó posesión de ella a 16 de mayo del año siguiente por medio de su procurador Juan Estelrich, canónigo y Sacrista de la iglesia, a la cual vino personalmente día 12 del junio inmediato, y empezó a visitar a 7 del próximo septiembre. (Act. cap.)

En el año 1609, a 11 de agosto, al mismo tiempo que se decretaron rogativas públicas por el riesgo que amenazaba la armada de los Moros que estaba en Menorca, se ofreció el clero a servir con sus personas en el peligro común, nombrándose al efecto capitanes del ejército clerical, levantando estandartes, et cetera. (Ib.)

En 1612, a 12 de marzo, llegó a esta ciudad Don Lorenzo Nieto, Abad que fue de Monserrate, de tránsito para su obispado de Ales, en Cerdeña (Ib.)

En 1614 visitó de nuevo la catedral: cosa que repitió otras veces años adelante; y en el de 1620, a 18 de mayo, partió para Menorca con el mismo objeto (Ib.)

En 1615, a 19 de agosto, el P. Fiol, Jesuita, presentó al Capítulo una arquilla llena de reliquias halladas en Cáller el día 22 del julio anterior. Más adelante hablaremos de otras reliquias encontradas por este tiempo en aquella misma ciudad (Ib.)

Hasta estos años se acostumbraba hacer anualmente la bendición de los frutos de toda la isla en el monte de Randa, que la domina toda, o en la mayor parte. Esta práctica, que debía ser de mucha incomodidad, se quitó en 1616, día 13 de abril, mandándose que se hiciese en uno de los bastiones de esta ciudad con procesión general (Ib.)

En 1617, 16 de junio, se dio posesión de su convento de Santa Teresa a las religiosas fundadoras del mismo (Ib.)

Poco después, a 1.° de noviembre, se resolvió hacer solemne entierro al cadáver del célebre hermano Jesuita Alonso Rodríguez, cuya beatificación se promovió con calor años adelante (Ib.)

También es del mismo año la separación que procuró y consiguió este Obispo de una de las dos prebendas canonicales que hasta entonces estuvieron anejas a la dignidad episcopal, cuya gracia en favor del doctor Nadal Sentandreu presentó al Capítulo día 22 de septiembre. Desde entonces los Obispos sólo perciben una prebenda canonical (Ib.)

En 1617 aprobó el Obispo las nuevas constituciones hechas por los Jurados para reforma de la casa de educación fundada por el canónigo Genovard y Sor Isabela Cifre (Curia episc.)

En 1619, a 19 de junio, llegó acá el Príncipe Filiberto, hijo del Duque de Saboya.

En 1620, a 13 de junio, se mandó cantar el Te Deum, en celebridad de haber sido promovido al obispado de Jaca el canónigo y Sacrista de esta iglesia Juan Estelrich: cuya muerte se anunció al Capítulo a 25 de mayo de 1626 (Act. cap.)

El mismo año 1620, a 3 de enero, llegó a este puerto Don Fr. Antonio de Govea, Agustino Portugués, Obispo de Sirenay, como dice un libro de notas sobre lo ocurrido en los principios de este siglo (Archivo de la catedral), el cual añade que venía a Madrid por Embajador del Rey de Persia, que era de edad de 56 años, y que después de haber predicado en la catedral día de Reyes, prosiguió su viaje el día 9 del mismo mes.

Nuestro Prelado murió de edad de 71 años, en su palacio, de apoplegía, una hora antes de amanecer del día 5 de diciembre de 1623 (Ib.), y fue enterrado en el convento de Santo Domingo de esta ciudad, bajo el presbiterio de su iglesia. De los sínodos que celebró en 1611 y 1619 se dirá en su lugar. Construyó en su palacio un salón, donde colocó los retratos de sus antecesores; en los cuales hay que hacer alguna reforma. Sus limosnas, vida penitente, sermones frecuentes, etc., dirán otros a quienes toque proponer los Prelados como modelo de virtud.

A 23 de agosto de 1624 llegó la noticia de estar electo por sucesor Don Félix de Guzmán. El mismo avisó poco después al Capítulo que había aceptado el nombramiento. Con todo eso no tuvo efecto, y el sucesor fue

Baltasar de Borja y Velasco, hijo de Don Francisco de Borja, Marqués de Lombay y Duque de Gandía. Nació en Berlanga, y fue educado por su tío el Beato Juan de Ribera, Arzobispo de Valencia, donde obtuvo un canonicato y el arcedianato de Játiva, con cuyos dictados gobernó aquel arzobispado en la vacante de su tío. Fue electo para esta Silla a fines del año 1625; mas no tomó de ella posesión hasta el día 3 de febrero del año siguiente, por medio de su procurador Juan Bautista Polina y Ciurana, después de prestar el juramento el día 28 del anterior. Sé que dio sus poderes estando en Madrid, mas no el día. Llegó a este puerto a 15 del abril inmediato, y al día siguiente hizo su entrada pública. Luego se dedicó a visitar su diócesi; cosa que repitió en 1628, en cuyo año fue hecho Virrey de este reino y juró como tal a 23 de mayo, una hora después de puesto el sol. En el mismo año celebró un sínodo, del cual he visto citar una u otra constitución en el que celebró el sucesor en 1636. Otro quiso celebrar en 1630, cuya convocatoria está fecha a 21 de junio, y cuya celebración señaló para el día 25 de agosto inmediato. Pero una muerte repentina le atajó los pasos algunos días antes, en la edad de 44 años, a 11 de julio del mismo año. Esto dice el sermón que predicó dos días después en sus exequias el padre Juan Bautista Escardó, Jesuita, que se imprimió luego, dedicándolo al Cardenal Don Gaspar de Borja, hermano del difunto. Tiene su entierro en la capilla de San Pedro en la raíz de la pared al lado del evangelio, sin losa ni inscripción. Hánme informado que hasta pocos años había en la pared un paño con su escudo de armas. Ahora sólo se conoce que lo hubo en la mayor blancura de los sillares que él cubría. He visto varias firmas suyas originales y siempre decía: Don Baltasar, Obispo de Mallorca. Sucediole

Fr. Juan de Santander, Vizcaíno, de la orden de San Francisco, de cuya promoción a esta Silla hubo ya aquí noticia por carta del canónigo Berard al Capítulo, escrita desde Madrid a 23 de octubre de 1630, que debe ser la época de su nombramiento; pero no tomó posesión hasta el año siguiente a 2 de septiembre por medio de su procurador Marcos Talledo. Llegó a esta isla a 5 de marzo de 1632, y dos días después hizo su entrada pública. Luego emprendió la visita de su catedral y diócesi, la cual repitió en 1637 y 1639. También visitó la isla de Menorca en 1638.

Contribuyó mucho a apagar la discordia que reinaba en esta ciudad entre los vecinos de su parte alta con los de la parte baja, que se llamaban los Canamunts y Canavall (casas de arriba y casas de abajo), cuyas paces concertó y publicó día 11 de octubre de 1632, aunque posteriormente se reprodujeron estos odios civiles, cuyo origen no sé. Durante la ausencia del Virrey de estas islas fue nombrado su Lugarteniente, y en calidad de tal prestó su juramento a 12 de octubre de 1637. La memoria más duradera de su gobierno es el sínodo impreso que celebró en 1636, del cual diremos otro día. Murió a 24 de enero de 1644. Todo lo dicho es de las Actas capitulares. En los registros de su curia he visto que firmaba siempre con su nombre y apellido. Está enterrado en el convento de su orden en esta ciudad.

Hasta aquí me permitió la salud continuar mis investigaciones en la serie cronológica de los Obispos y averiguación de sus hechos principales. Para completarla hasta el día me he valido de algunos apuntes que tiene hechos el presbítero Don José Barberi, de cuya exactitud y diligencia hablé ya en mis cartas anteriores.

Fr. Tomás de Rocamora, natural de Orihuela, religioso Dominico. Llegó a Mallorca a 30 de abril de 1645 en dos galeras de Nápoles y al día siguiente hizo su entrada pública. Dedicose luego a sosegar y concordar enteramente los ánimos y partidos que dijimos de los Canamunts y Canavalls, cuyas paces solemnizó día 31 de agosto del mismo año por medio de escritura pública, Te Deum, torneos y otras demostraciones. Influyó mucho en ello por la autoridad que también ejercía de Virrey en esos primeros años. Quedan ilustres memorias de su celo y caridad, particularmente en la gran carestía de 1647, llamado todavía el any dels trezets, por la escasez con que se repartía el pan, y en el contagio que se padeció en 1652. Murió día 15 de noviembre de 1653 a los 57 años de su edad, y se enterró en el convento de mi orden de esta ciudad. La sacristía de su catedral conserva varias alhajas que le regaló.

Miguel Pérez de Nueros, Aragonés, fiscal en el supremo consejo de Aragón. Tomó posesión de esta Silla a 1.° de octubre de 1655 y murió a los cuatro meses, es a saber, a 12 de febrero de 1656. Enterrose en el plano del coro de esta iglesia.

Diego de Escolano, que había sido canónigo de esta iglesia desde el año 1634 hasta 1652, de donde pasó a Inquisidor de Llerena y sucesivamente de Toledo y fiscal y consejero de la Suprema. Promovido a esta Silla tomó de ella posesión a 15 de noviembre de 1656. De su gobierno, que le duró cuatro años, nos queda el sínodo impreso que celebró en 1659, del cual se dirá. Su última memoria en los Registros de la curia es de 13 de septiembre de 1660, y a 22 del mismo mes ya vacaba la Sede por promoción del Prelado a la de Tarazona, de la cual se dice que pasó a la de Segovia y últimamente a la de Granada.

Pedro Fernández Manjarres de Heredia, natural de Sevilla, Inquisidor de Cerdeña y de la Suprema. Tomó posesión de este obispado a 21 de septiembre de 1661. Su primera memoria en la curia es de 28 del mismo mes. Allí vi también copiada ad longum su visita ad limina, fecha a 27 de enero de 1663, con una relación de todas las reliquias que poseía entonces la catedral, que se manifestaban al pueblo y llevaban en procesión por el ámbito de la iglesia el día segundo de Pascua de Resurrección. Quedan también del mismo muy sabios edictos, entre ellos uno para cortar el abuso de los gastos que se hacían en los velos y profesiones de monjas. Murió a 26 de diciembre de 1670, y se enterró en el coro de la catedral.

Bernardo Luis Cotoner, natural de esta ciudad, canónigo de esta iglesia, a la cual fue después trasladado desde la de Arborea, en Sicilia, en 1671. Tomó posesión a 26 de diciembre del mismo año, y la gobernó hasta su muerte, acaecida a 18 de enero de 1684. La principal memoria que queda de su celo fue lo que trabajó en ajustar cierta concordia entre el clero y el reino sobre contribuciones. Tiene su entierro en la capilla de San Pedro a mano derecha, donde se erigió un monumento de mármol, trabajado en Italia con esta inscripción: "D. D. Bernardo Cotoner, illustrissimo Balearium Presuli, animi magnitudine, pietatis officio, sapientie decore coruscanti. Virtus in eo mirabilis ad canonicatum potiori Capituli adclamatione evexit: dein ad archiepiscopatum Arborensem, tandem micanti infula cingens in hac sua insula Palme. Qui tumultuantibus regni undis firma atque imobilis rupes permansit, ecclesiastica libertate mirifice exaltatâ: suorum fratrum gloria potitus, tum alterius in Sicilia fidei Questoris, tum alterius alteri in magno Hierosolym. magisterio sine mora subsequentis; anno 1684 septuagenarius sua ipsa gloriosior obiit; nam ut moriens viveret, vixit ut moriturus. Exiguum meritis redditur hoc monimentum, ac sempiternos honores persolvit fama perennis.”

Sobre los motivos de las persecuciones que padeció, indicadas en esta inscripción, dicen que escribió un tratadito el historiador Vicente Mut, el cual no he podido ver. En la misma se mencionan dos hermanos suyos grandes Maestres de la orden de San Juan, uno de los cuales envió desde Malta a esta iglesia una reliquia de Santa Rosalía a 30 de enero de 1678. Otro hermano menciona que fue Inquisidor en Sicilia, cuya noticia me pone en alguna confusión sobre las notas que tomé de Actas capitulares y Registros de órdenes, las cuales pondré aquí de todos modos y los naturales del país podrán averiguar a cual de los dos hermanos pertenecen.

A 1.° de marzo de 1613 se da posesión de un canonicato en esta iglesia a Bernardo Cotoner. (Act. cap.)

En 1625 a 29 de mayo Bernardo Luis Cotoner, canónigo y consultor ordinario de la inquisición de Mallorca, estando para marchar a la corte, nombró por sus apoderados a los dos hermanos Gerónimo Togores, canónigo, y Albertín Togores. (Reg. de la curia episcopal del tiempo de Don Baltasar de Borja, fol. 122).

En 1626 a 13 de febrero proposuit (dicen las Actas) inquisitor Cotoner se recessurum a presenti insula ad civitatem Sardiniae, ad quam fuit electus; qui se obtulit servire praesenti Capitulo.

En 1629, día 23 de noviembre, el citado Obispo Don Baltasar de Borja, a instancia de dichos apoderados, mandó registrar en su curia la nómina y certificación de las reliquias que el mismo Bernardo Cotoner trajo desde Cerdeña acá pasando a la corte, y son: primero, un certificado que da el canónigo de Cáller Cosme Scarchoni, fecho a 17 de enero de 1629, de que dicho día se habían entregado al señor Cotoner varias reliquias halladas en los años 1625 y los dos siguientes en la basílica de San Saturnino e iglesia de San Lucífero, siendo Scarchoni Vicario, Sede vacante. Son cuarenta y ocho reliquias, todas insignes, las cuales no digo porque no estoy seguro de que sean exactas las copias en los nombres de los Santos; las hay de San Saturnino M., S. Lucífero, Arzobispo de Cáller, San Fructuoso, San Gregorio M., San Bartolomé, Santa Cecilia y San Antíoco, lector, cuya inscripción sepulcral copian: segundo, otro certificado de 27 del mismo mes y año, dado por el Arzobispo de Cáller Don Fr. Ambrosio Machín, de haber entregado al señor Cotoner, que se hallaba en aquella ciudad como Inquisitor pro sua maiestate, los cuerpos de San Fortunato M. (cuya fiesta es a 28 de marzo) y de San Honorato M. (que es a 13 de enero), los cuales fueron hallados junto a la basílica Constantiniana, intitulada de San Saturnino, extra muros de Cáller. (Reg. cur. episc. laud.)

Bernardo Luis Cotoner, con carta fecha en Madrid en 1630 (dejando en blanco el mes), avisa al Capítulo que el Inquisidor general le había nombrado Inquisidor de Zaragoza, plaza de las más estimadas y procuradas de España. Añade que pensaba partir a su nuevo destino antes de la Cuaresma. De modo que su nombramiento fue a principios de ese año. La carta está original en el archivo de esta iglesia. Esto es lo que dije que quería dejar notado. En la vacante de este Obispo fue Vicario general Raimundo Sureda, canónigo de esta iglesia y Obispo Oropiense.

Pedro de Alagón, natural de Cáller, canónigo de aquella catedral, Obispo de Ampurias y Arzobispo de Oristán, de cuya última iglesia fue trasladado a la nuestra y tomó posesión a 18 de abril de 1685. Visitó la catedral en 1690, y en el siguiente tuvo un sínodo que se imprimió y es el último de los celebrados en la diócesi. En el mismo año 1691 con comisión Apostólica erigió en universidad lo que antes sólo era un estudio general, de la cual es canciller nato el Obispo. Otro gran bien hizo con la fundación del Seminario conciliar que verificó en 1700, intitulándolo de nuestra Señora y de San Pedro. Después de lo cual murió a 3 de mayo de 1701. Parece que este Prelado quiso ejercer alguna jurisdicción en el hospital general, lo cual debió ocasionar algún pleito en la curia Romana, puesto que se halla una sentencia impresa dada por el auditor del Papa Francisco Barberino, en que manda al Obispo de Mallorca que se abstenga de visitar y entrometerse en dicho establecimiento, que dice estaba ya de inmemorial exento de su jurisdicción y sujeto a la real. He visto en los Capuchinos de esta ciudad un ejemplar impreso de esta sentencia, cuya data es de 26 de julio de 1690.

Fr. Francisco Antonio de la Portilla, Vizcaíno, religioso Francisco, de tanto crédito en su orden, que llegó a tener la mitad de sus votos para General de la misma: disputa que cortó él mismo, renunciando con humildad, para que lo fuese su competidor. Tomó posesión de esta Silla día 28 de julio de 1702, en cuyo gobierno dejó buenas memorias de su caridad. Los cuatro últimos años de su obispado estuvo en Barcelona (acaso con motivo de las guerras de sucesión), y allí murió a 7 de junio de 1711. Trájose acá su cadáver, como él había ordenado, y se le hicieron las exequias a 7 de julio, y fue enterrado en la capilla de la Concepción, de San Francisco. Todo esto se lee en el sermón fúnebre que anda impreso, y predicó el maestro Fr. Mariano Mauro Risón, Carmelita.

Atanasio de Esterripa, Vizcaíno, catedrático de Alcalá y canónigo de aquella colegiata, después auxiliar de Toledo con el título de Obispo de Licopoli, y presidente del Consejo de Hacienda. Hallábase en Barcelona cuando murió el antecesor, quien muchas veces le había rogado que viniese a visitar estas islas. Estaba ya electo Obispo de esta Silla el día 7 de julio de 1711, cuando se hicieron las exequias del antecesor, como consta de su sermón, que se dedicó al electo. Tomó posesión a 23 de julio del año siguiente, y falleció a 5 del mismo mes de 1721. En los volúmenes de Varia de este mi convento queda una pastoral suya del año 1717.

Juan Fernández Zapata, natural de Aguilar de Cervera, en Navarra. Tomó posesión de esta Silla a 23 de julio de 1722, y la gobernó con mucho celo, que según dicen tocó en severidad y ocasionó muchos disturbios. En 1729 fue promovido al obispado de León, y yendo a su nueva iglesia murió en la villa de Aniago a 12 de octubre del mismo año, y fue enterrado en la cartuja inmediata. En la vacante de nuestra iglesia había sido nombrado Obispo sucesor Don Francisco de la Torre Herrera de Roncesvalles, el cual, muerto Zapata, fue promovido a la iglesia de León, sin tomar posesión de esta, en la cual sucedió

Fr. Benito Pañelles y Escardó, natural de Villafranca de Penades, monje Benedictino y Abad del monasterio de San Feliu de Guixols. Tomó posesión del obispado a 7 de octubre de 1730 por su procurador el canónigo Gabriel de Salas, y murió a los trece años de su gobierno. Tiene su sepulcro en la capilla de San Benito, antes de nuestra Señora de los Navegantes, al lado del evangelio, con esta inscripción, que conserva algunas noticias de su vida: "D. O. M. = Siste viator et lege. Hoc sepulchro, quod adhuc vivens extruxit sibi D. D. Frater Benedictus Pañelles et Escardó, ordinis divi Benedicti, non omnino mortuus requiescit. Mori quippe omnino non potuit, qui mortuus vixit antequam moreretur. Ex optimo Abbate divi Felicis Guixolensis melior evassit Maioricarum Antistes. Cuius obitu amissit Salmantica magistrum, heroem Benedictina religio, filium Gotholaunia, Maiorica patrem. Vade viator, et apud divum Benedictum, cui, quod vides, sacellum patri gratus dicavit filius, ornavitque, bonum pro Benedicto filio apprecare votum. Discessit a nobis die 26 Novembris 1743, cum vixisset annos 74.”

Josef de Zepeda, natural de la Puebla de Montalvan (Montalbán), diócesi de Toledo, Inquisidor de Valencia por espacio de veinte y dos años, de donde fue promovido a esta Silla. Tomó posesión a 24 de septiembre de 1744 por medio de su procurador el canónigo Nicolás de Salas. Vino acá, e hizo su entrada a 15 de mayo del año siguiente. En 26 de julio de 1746 consagró la mesa del nuevo altar mayor, puesto en lugar del que cuatrocientos años antes había construido su antecesor Berenguer Batle. En un certificado original, que he visto en los libros de la curia, consta que el Papa Benedicto XIV, a 19 de enero de 1750, le preconizó Obispo de la iglesia de Coria, vacante por muerte de su último Obispo Don Josef Madaleno. Murió en Madrid a 17 de enero de ese mismo año, a los 63 de su edad. Este Prelado, devoto y humilde, decía ordinariamente que su mejor entretenimiento eran libros, pinturas y flores. Lo cual basta para formar idea de su carácter.

Lorenzo Despuig, natural de esta ciudad, y canónigo de su catedral desde el año 1728. Nueve años después pasó a la corte por negocios de su iglesia y clero, en cuyo tiempo le encargó el Rey que acompañase al Infante Don Felipe a Italia. Otro viaje hizo a Roma cuando fue promovido a esta Silla, con cuya ocasión el Papa le condecoró con los títulos de Prelado doméstico, asistente al solio pontificio y Protonotario Apostólico. Consagrose en aquella capital, en la iglesia de Monserrate, a 3 de mayo de 1750. Hizo acá su entrada solemne a 3 de enero del año siguiente. Era muy generoso, particularmente con los pobres. Visitó dos veces la isla de Menorca. De algunos disturbios que sobrevinieron en esta ciudad sobre las cosas de Raimundo Lull, tomó la corte ocasión para trasladarle a la Silla de Tarragona, para donde salió de aquí a 14 de marzo de 1763, y donde murió el año siguiente, a los 58 de su edad, como se dijo en su lugar. En esta Silla le sucedió

Francisco Garrido de la Vega, natural del lugar de Monte Berducido, de la diócesi de Tuy, el cual, después de varios cargos eclesiásticos, era cura de la parroquia de San Andrés de Madrid cuando le nombraron Obispo de esta iglesia. Tomó posesión a 28 de septiembre de 1763 por medio de su apoderado el canónigo Juan Despuig: llegó a esta isla a 2 del diciembre inmediato. Portose con mucha prudencia en las circunstancias críticas y disputas ruidosas en que halló envuelto a este pueblo por la causa que dije antes. Costeó la obra nueva del Seminario Conciliar, y dejó otras memorias en los reparos de iglesias y monasterios. Finalmente, fue trasladado a Córdoba, a donde llegó por el noviembre de 1772, y donde murió de allí a cuatro años, día 20 de enero, sin poder tomar posesión del arzobispado de Sevilla, a que había sido promovido.

Juan Díaz de la Guerra, natural de Jerez de la Frontera, Auditor de la Rota Romana. Era de edad de 46 años cuando le nombraron para esta Silla. Consagrose en Roma a 28 de junio de 1772. Hizo acá su entrada solemne a 15 del octubre siguiente. Era hombre de grandes empresas. Hizo reimprimir aquí la suma de Santo Tomás, que quedó incompleta; y hubiera sido muy cómoda para los ancianos de vista muy cansada. Estableció la biblioteca episcopal con la dotación correspondiente. Fomentó mucho la casa de las niñas huérfanas. Gastó sumas crecidas en el puerto y lazareto de la Alcudia, y desecación de un pantano. En los cinco años que le duró el obispado sostuvo con tesón la observancia de los decretos pontificios tocantes a las cosas de Lull, y principalmente de la bula de Gregorio XI, cuya copia incluyo, conforme existe en la catedral de Gerona (a: Ap. núm. VIII.). Lo cual le ocasionó una nube de contradicciones y disgustos, que al fin pararon en su promoción al obispado de Sigüenza, la cual se verificó en el mes de junio de 1777, habiendo salido de esta isla para la corte a 15 del marzo anterior. Murió en su nueva iglesia día 29 de noviembre de 1800, a los 73 años de su edad. Algunos que conocieron acá a este Prelado no cesan de alabar su vastísima erudición.

Pedro Rubio Benedicto y Herrero, natural de Santa María del Campo, diócesi de Cuenca, promovido a esta iglesia en 1777, y consagrado a 10 de mayo del año siguiente en Madrid, de donde vino acá a 13 del julio inmediato, e hizo su entrada a 25 del mismo. En los diez y seis años que le duró el gobierno predicó casi todos los domingos. Congregaba anualmente el clero por medio de edictos para hacer ejercicios en la casa de la Misión. En esto pararon los sínodos antiguos. Era muy limosnero, y contribuyó a las fábricas de la iglesia de los PP. Cayetanos, la cual bendijo, y a la de los Capuchinos, que consagró. En su catedral levantó a su costa un hermoso baptisterio, donde se ven buenas pinturas del Valenciano Blanes, y esta inscripción del Mallorquín Bartolomé Pou: Jesu Christo, humanae labis vindici, expiatorique Sacrum. Maioricensis Ecclesiae Episcopus Petrus Rubius Benedictus in hoc sacello aere suo elegantius e marmore concinnato, picturisque lustralibus decentius instructo, Palmae in aede maxima sacra Balearium, baptisterium princeps in reparatione salutis humanae MDCCXCIV. erga Baleares charitatis suae M. P. C. Esta capilla está al pie de la iglesia, en el hueco que debía servir para una de las puertas del frontis principal. En 1782 hizo la visita de Menorca, y creo que es la última que en aquella isla han hecho los Obispos de Mallorca, porque poco después logró ya tener Obispo propio. En 1788 realizó el plan beneficial de todas las parroquias de su diócesi, reformando las que eran de corto rédito, y dejando las demás dotadas cóngruamente. En 1793 fue nombrado para el obispado de Jaén, para donde salió de aquí a 6 de marzo del año siguiente, y a donde murió en 1795, día 27 de mayo, de edad de 70 años.

Sucediole el actual Prelado

Bernardo Nadal y Crespi, natural de esta isla, nacido en Sóller a 5 de abril de 1745, colector de la colegiata de San Isidro de Madrid, abreviador de la nunciatura, empleado en la secretaría de la interpretación de lenguas y canónigo de esta iglesia de Palma. Fue nombrado para su Silla pontifical a 20 de abril de 1794 y consagrado en la citada colegiata de San Isidro juntamente con el Obispo de Osma; llegó acá a fines del mismo año, donde hizo su entrada solemne a 1.° de febrero del siguiente. Desde luego se propuso calmar y destruir del todo si pudiese los cuentos pasados sobre las cosas de Lull, y puede decirse que con su prudencia lo ha conseguido en gran parte. En 1799 varió la hora de decir los maitines, que siempre había sido por la mañana, trasladándolas a la tarde en el verano y al anochecer en el invierno. Ha establecido vicarios in capite en algunos lugares sufragáneos de curatos pingües, que estaban mal asistidos por la distancia de la matriz o por negligencia de los curas; en lo cual mostró las buenas ideas que tiene del uso de las rentas eclesiásticas. De su orden se añadió y reformó el catecismo de Ripalda y se imprimió en 1801. Iguales trabajos mandó hacer en el Ritual diocesano, pero todavía no se ha publicado. En su tiempo se ha desmembrado de su diócesi la isla de Menorca.

Verificada nuestra gloriosa revolución, coadyuvó muchísimo en su diócesi a fomentar el espíritu público contra el usurpador Napoleón como vocal de su junta superior, hasta que fue nombrado diputado para las cortes generales, en las cuales cuanto contribuyó al bien del pueblo, dícenlo los diarios. Encargole el Congreso las comisiones más honoríficas. Por sus achaques volvió a su isla con licencia a 5 de septiembre de 1812, y restablecido se restituyó al Congreso, en el cual permaneció hasta su conclusión. En el regreso a fines de 1813 tuve el honor de acompañarle en la penosa navegación de setenta y tres días hasta que tuvimos entrada a 21 de diciembre de ese año. Si en los demás Obispos he omitido el elogio de sus virtudes personales y pastorales por no ser de mi inspección, en este tengo el doble objeto de estar vivo el Prelado, cuya modestia se resentiría. Sólo debo añadir en honor de la verdad que las buenas ideas de literatura y el amor a la ilustración general que anima a este Prelado, es a quien se debe la buena suerte de este Viaje y del viajero. Que a no haber sido por este señor Obispo y por lo que ha protegido mi comisión, acaso hubiera regresado a la Península como salí de ella. Tal es la fuerza de la preocupación cuando se apodera de hombres que en otros puntos tendrán buen juicio.

Gracias a Dios que salí de esta secatura de relaciones biográficas. Algo queda para otros correos de mayor amenidad.

Palma 26 de marzo de 1814.

lunes, 27 de febrero de 2023

CARTA CXXXVIII. Concluye el catálogo de los Arzobispos de la santa iglesia metropolitana de Tarragona.

CARTA CXXXVIII. 

Concluye el catálogo de los Arzobispos de la santa iglesia metropolitana de Tarragona. 

Mi querido hermano: Vamos a concluir hoy este catálogo con la noticia de los Prelados de este siglo y siguientes. A Don Juan de Aragón sucedió

Don Arnaldo Cescomes (de Cumbis le llamaban los latinos de aquel tiempo), Catalán, nacido en la quinta o masía dicha de Cescomes, en el término del lugar de Puig de Reis, obispado de Urgel. Era ya canónigo de Barcelona y Vicario general de aquel obispado en 1305, y en 1312 se halló en el concilio de Tarragona como procurador del Cabildo o del Obispo de aquella iglesia, y fue el que leyó la sentencia en que los Templarios de estos reinos quedaron absueltos de toda sospecha de herejía, como noté más arriba. Promovido después a la Silla de Lérida, fue trasladado a esta metropolitana antes del año 1335, en que ya celebró un sínodo diocesano, y es el primero que se conserva de los Prelados de esta iglesia (a: Ap. núm I.). En el año siguiente celebró concilio provincial, cuyas constituciones andan entre las impresas. En 1337 escribió tres cartas, una a Benedicto XII y dos al Cardenal Juan de Convenis sobre la expulsión de los Moros de España, las cuales publicaron Baluzio, Miscell., tomo III, pág. 106, y el Cardenal Aguirre. Sostuvo los derechos de su esposa con gran celo. Del 1344 hallo que compuso las diferencias que había entre los curas y demás beneficiados de la catedral super colligendis, recipiendis ac distribuendis obventionibus seu caritatibus, quae pro processionibus extremarum unctionum, sepulturarum et absolutionum morientium, et capdans, etc. Nada más he hallado de este Prelado, sino que murió a 9 de septiembre de 1346. Está enterrado en el plano de la capilla de las once mil Vírgenes, que él construyó, y su epitafio dice así: 

Hic iacet Arnaldus bonae memoriae Archiep. Tarraconensis, qui etiam fuit Episcopus Ilerdensis; qui tam hic, quam in ecclesia Ilerdensi atque alibi, innumera bona fecit, et in Tarraconensi inter alia hanc capellam fecit, construxit et dotavit: qui obiit anno Dni. M.CCC.XLVI. V. idus septembris. Requiescat in pace anima eius. El sucesor fue

Don Fr. Sancho López de Ayerbe, Aragonés, de la orden de San Francisco, trasladado a esta Sila de la de Tarazona: hizo su entrada en marzo de 1347, y dicen que este es el primer Prelado que fue recibido con la pompa que hoy se acostumbra, y que recibió de sus vasallos en reconocimiento de señorío 25.000 sueldos. Era confesor del Rey Don Pedro IV y muy querido de él. En un sínodo que celebró en 1355 mandó observar en la diócesi la constitución que cinco años antes había hecho este Príncipe de que las escrituras se calendasen, no por los años de la Encarnación, sino por los de la Natividad, omitiendo el cómputo de nonas, idus y kalendas, y contando por su orden los días del mes (a: AP. núm. II). Otra memoria produce Blanc de su celo y constancia, y es la resistencia que hizo al colector de la Cámara Apostólica Jaime de Contestre, canónigo de Valencia, el cual exigía el tributo supuesto que el Conde Don Berenguer de Barcelona había ofrecido a la santa Sede de todo el territorio de Tarragona. El Arzobispo, haciendo ver que aquella fue una simple oblación, produjo tales razones que el Papa se dio por satisfecho; y ya no se habló más de tal exacción. No mostró menos su caridad en la peste que asoló este país el año 1348. Fue este azote bien conocido y sentido en toda la Europa; en esta diócesi perecieron todos los párrocos, y para suplir su falta encargó el Arzobispo a los jurados de los lugares que se buscasen cualesquiera sacerdotes seculares o regulares para su asistencia, a los cuales por el mero hecho de ser así elegidos, daba todas las facultades necesarias. También se sabe que condenó el error que enseñaba un monje Cisterciense hacia los años 1353, es a saber, que el hombre debe obrar por puro amor de Dios, y que no es lícito hacer el bien por la esperanza de la vida eterna. Tras esto sabemos que celebró cuatro concilios provinciales. Así, desempeñado bien su ministerio, murió día 22 de agosto de 1357, y fue enterrado en el convento de San Francisco de esta ciudad, el cual, como en las guerras se derribase, ha perecido su sepulcro. El Necrologio suple su falta; dice, así: XII kal. sept. anno Domini M.CCC.LVII. obiit Fr. Sancius de Ayerbe, XIX Archiep. Tarracon(.), qui multa opera fecit tam in castro archiepiscopali huius urbis, quam in aliis domibus pontificalibus. Es de notar aquí que el castrum archiepiscopale, donde Don Fr. Sancho construyó algunas obras es el que dicen Torre del Patriarca, no el palacio que hoy es archiepiscopal; porque este entonces era casa del Prepósito, y los Arzobispos no se trasladaron a ella hasta entrado el siglo XV. Tuvo por sucesor a 

Don Pedro Clasquerín, Catalán, que había sido canónigo de Barcelona, y como tal asistió en 1338 al juramento del Rey Don Pedro IV, cuando fue admitido por canónigo de aquella iglesia. Fue después Obispo de Huesca y de Mallorca, de donde fue trasladado a esta iglesia en febrero de 1358. Por agosto del mismo ya asistió a las cortes de Barcelona. El crédito de su doctrina le acarreó los honores de Patriarca de Antioquía y consejero del Rey Don Pedro. En 1359 creó el arcedianato de San Lorenzo en esta iglesia, suprimiendo para ello la obrería: el primero que obtuvo la nueva dignidad fue el canónigo de la misma Guillermo Botson. Celebró tres concilios provinciales y cuatro diocesanos: de los primeros están las constituciones en la colección de ellos; las de los segundos irán copiadas por mí, inéditas hasta ahora, a excepción de tres o cuatro que publicó Don Antonio Agustín; y esto quede dicho para los que mencionaré más adelante (a: Aps. núms. III, IV, V y VI.). En 1372 le encargó el Papa Gregorio XI el examen de la doctrina de Raimundo Lulio, delatada por Fr. Nicolás Eymerich, mas por sus ocupaciones se cometió el juicio a los Vicarios generales del Obispo de Barcelona. Del 1374 hay aquí memoria de haberse fundado un beneficio con el título de la Concepción de nuestra Señora por Pedro Francesch, comensal de esta iglesia. Construyó este Arzobispo el lienzo de muralla que corre desde el convento de San Francisco hasta el de Santa Clara. Defendió con gran tesón los derechos de su iglesia, singularmente contra las pretensiones de los vecinos de Tarragona; llegó el negocio a términos que tuvo que llevar su causa a la corte del Papa, donde se dio sentencia en su favor. Mas volviendo de allá le atajó la muerte en Francia, en la ciudad de Agde, día 10 de enero de 1380. Trajéronse acá sus huesos de allí a ocho años, y están depositados en la capilla de nuestra Señora, llamada de los Sastres, que él hizo, en una urna levantada en la pared con este letrero: Anno Domini M.CCC.LXXX. X die mensis januarii in civitate Achde obiit Reverendissimus in Christo Pater et Dominus Dominus Petrus miseratione divina Patriarcha Antiochiae, et aministrator ecclesiae Tarraconensis; ossa cuius sunt translatata in hoc tumulo (leo tumullo) die sabati XVIII. aprilis anno Domini M.CCC.LXXXVII. cuius anima requiescat in pace.

A esta época pertenece lo que Zurita, Diago y otros escritores refieren de la aparición, bofetada y amenazas de Santa Tecla al Rey Don Pedro IV de Aragón, si no reintegraba a la iglesia de Tarragona de todo lo que le había usurpado. A lo mismo alude la famosa carta de San Vicente Ferrer al Rey Don Martín sobre este negocio. También hallo del tiempo de nuestro Arzobispo la consagración de la iglesia de Santa María de Falcet que hizo de su licencia Fr. Petrus divina miseratione Ponderachensis Episcopus en la dominica tercera de octubre del año 1365. Vacó esta iglesia siete años por el cisma que afligía a la cristiandad; porque todas las iglesias de Aragón con su Rey se mantuvieron largo tiempo en el partido que llamaron de indiferencia. Esta fue la causa porque el sucesor

Don Íñigo Valterra, aunque promovido a esta Silla en el año 1380, no tomó de ella posesión hasta el 30 de enero de 1387, gobernando entre tanto la iglesia de Segorbe, que ya obtenía con el título de electo Tarraconense. Era natural de Valencia, y Canciller del Infante Don Martín, Duque de Monblanc, y había también obtenido la mitra de Gerona. A las memorias que de este ilustre varón publiqué en el Episcopologio de Segorbe debo ahora añadir que hizo concordia con el Rey Don Juan sobre los intereses y derechos de esta metropolitana, y que celebró cuatro concilios provinciales, cuyas constituciones se hallan en la colección de las Tarraconenses, y tres sínodos diocesanos inéditos hasta ahora (a: Aps. núms. VII, VIIII y IX.). También se tuvo en sus días el concilio de Gerona convocado por el Cardenal Don Pedro de Luna, Legado de Clemente VII, con el cual tuvo tanta cabida nuestro Arzobispo, que siendo Papa con el nombre de Benedicto XIII, le envió con embajada a su competidor Gregorio que estaba en Pisa para tratar de la unión de la iglesia por medio de un concilio general. Hallándose ausente este Prelado, su Vicario general, Pedro de Casas, hizo con el Cabildo la institución de las distribuciones que llaman comunes. Fue esto en 1393; lo cual confirmó el Papa Luna. Los últimos años de su vida pasó nuestro Prelado en Valencia, y finalmente murió muy viejo en Segorbe a 17 de febrero de 1407. Sucediole en el mismo año

Don Pedro Çagarriga, Obispo de Lérida, tomando posesión en el mes de julio. Antes había sido Arcediano de Benasque en la iglesia de Lérida. Ya se hallaba por entonces en esta provincia el llamado Papa Luna, donde encontró grande apoyo y abrigo en todas sus persecuciones. Nuestro Prelado fue uno de los que se mantuvieron en su obediencia, y de los que se hallaron en el concilio de Perpiñán de 1408, firmando los dos instrumentos que ya dije se hallaban originales en el archivo de la catedral de Tortosa, en los cuales se da por verdadero Papa a Benedicto. Obtenía este la dignidad de Camarero de Tarragona, y como tal, cuando vino a esta ciudad habitó la casa que por el oficio le correspondía; y en premio de lo afecta que le fue la iglesia, puso mano en la reforma de ella así en lo espiritual como en lo temporal suprimiendo la prepositura, y haciendo otras cosas que ya dije en los correos pasados. De Perpiñán pasó nuestro Arzobispo al concilio de Pisa de 1409, en compañía de Don Bonifacio Ferrer y otros Prelados, como Legados de dicho Papa. La relación de lo acaecido en este viaje y concilio halló manuscrita el señor Bayer en Florencia, y de ella habla en las notas a la Bibl. vet. de Nicolás Antonio, tom. II, pág. 214. Otro suceso ruidoso alcanzó y manejó nuestro Arzobispo, que fue la vacante del reino de Aragón por muerte de Don Martín, y la elección del sucesor en la corona. A su virtud y saber se debió en gran parte la tranquilidad de la provincia en días tan críticos; sobre todo fue singular la prudencia con que condujo asunto tan complicado hasta el fin deseado de la junta de Caspe. Él fue uno de los nueve electores; y aunque no estuvo por el Infante Don Fernando de Castilla, amole después mucho este Príncipe, y le hizo su Canciller, y en premio de sus buenos servicios le dio el castillo y villa de Ager, y aun en su muerte le nombró Consejero de su hijo Don Alfonso. Dicen que regaló a esta iglesia una espina y un pedazo de la fimbria del vestido del Redentor, con la cual se sabe que en el siglo XVI había costumbre de bendecir agua y darla a beber a los fieles en el templo. Consta de una resolución capitular de 14 de noviembre de 1588, en que se mandó que se bendijese el agua, pero que no se bebiese en el templo. Hizo nuestro Prelado varias constituciones para reforma del clero y culto en un concilio provincial que celebró, y en un sínodo que tuvo en 1410 (a: Ap. núm. X.). También costeó en parte el viril o custodia de plata dorada, para las procesiones del Corpus, que pesa 144 libras. Comenzó el retablo mayor de mármol, que se continuó por su inmediato sucesor, el cual tiene la misma forma que dicho viril. En su tiempo, aunque ausente él, mandó el Cabildo celebrar siempre las octavas de nuestra Señora con toda solemnidad, y en los versículos de las conmemoraciones de vísperas y laudes desde Pascua a Pentecostés añadir alleluya. Murió finalmente en Barcelona con grande opinión de Santidad a 31 de diciembre de 1418. Su cuerpo se halló entero de allí a siete años, y le trasladaron a esta iglesia: tiene su entierro en el pavimento del claustro en su entrada principal para la iglesia; está cubierto con una plancha de bronce, donde se leen estas palabras: 

Hic iacet Reverendissimus in Christo Pater et Dominus Dominus Petrus de Çagarrigua bonae memoriae Archiep. Tarraconens., qui obiit in civitate Barchinona ultima die decembris anno a nativitate Domini M.CCCC.XVIII, qui huic ecclesiae multa bona contulit, cuius anima requiescat in pace, amen, amen. El Necrologio dice esto más: instituit missam quotidianam, dum missa maior cantatur, et festum de fimbria vestimenti Domini. Donavit etiam imaginem argenteam B. Teclae, patronae nostrae. Este ilustre Arzobispo tuvo también un digno sucesor que fue

Don Dalmacio del Mur, natural de Albi, diócesi de Tarragona, y cura que había sido de la villa de Valls en la misma. Fue trasladado a esta Silla de la de Gerona en julio de 1419. En el siguiente tuvo el sínodo, cuyas constituciones te envío (a: Aps. núms. XI y XII.). Fue muy estimado del Rey Don Alfonso V, cuyo Embajador fue dos veces al Rey Don Juan II de Castilla, como se refiere en su Crónica. También fue enviado por la corte general de Cataluña, con otros ocho de varios estamentos, a visitar y cumplimentar al mismo Rey Alfonso, que se hallaba en Nápoles en 1422, saliendo para esto de Barcelona a 22 de octubre, a donde volvieron el día 12 de febrero del año siguiente. Asistió en las cortes que aquel Príncipe celebró en Tortosa el año 1426, y por su ausencia quedó presidente de aquella asamblea: encargo que desempeñó muy a satisfacción de todos. No se sabe la causa de no haberse hallado en el famoso concilio de la misma ciudad, presidido por el Cardenal Pedro de Fox en 1429. En sus actas, que publicó Harduino, se lee que estaba vacante esta Silla. Mas es cierto que nuestro Prelado la gobernó hasta después de 1430; como que Don Francisco Clemente, Arzobispo de Zaragoza, a quien sucedió, no murió hasta el 17 de diciembre de ese año. A las costumbres que todavía se resentían de la relajación consiguiente a las turbulencias del cisma, aplicó saludables medicinas en el concilio que celebró en 1424. Dedicado igualmente al decoro y ornamento de su iglesia, construyó, con los auxilios que le suministró el Cabildo, el gracioso altar mayor de mármol que hoy día permanece, poniendo él mismo la primera piedra, con las armas de Santa Tecla, día 9 de abril de 1429. Esto dicen los más, o todos los escritores; pero en el libro de cuentas de la fábrica del retablo, que existe original en el archivo, se ve claramente que se comenzó mucho antes esta grande obra, y que se trabajaba en ella en marzo de 1426. Además están las armas del antecesor, el señor Zagarriga, en escudo grande, sostenido de un genio, al lado de la epístola, en el gran zócalo (que vale más que todo el altar), y al lado del evangelio las del señor del Mur, de igual tamaño (leo tamayo) y proporción. Puede ser que en tiempo del primero se comenzase a labrar, y en tiempo del segundo a colocarse lo ya labrado. Tras estas y otras cosas ilustres pasó a gobernar la iglesia de Zaragoza en 1431, y dicen que murió allí al cabo de cinco años. No dice bien con esto la fecha de la dedicatoria con que Pedro Tomich, historiador Catalán, dirigió a este Don Dalmacio, Arzobispo de Zaragoza, el libro de su Crónica, que fue a 10 de noviembre de 1438, como se lee en un códice de la biblioteca de los PP. Carmelitas descalzos de Barcelona. En la Marca Hisp. (lib. III, cap. V) se supone equivocadamente hecha esta dedicatoria en 1448. Sobre esta prueba de lo que protegía a los literatos, es muy auténtico el testimonio del cronista Catalán Boades, el cual, en su Libre dels faeits darmes de Cataluña, inédito, y concluido en 11 de noviembre de 1420, dice de nuestro Don Dalmacio que, siendo Obispo de Gerona, le socorrió mucho para comprar libros y adquirir melladas (medallas) y otras antigüedades. En esta silla le sucedió el desgraciado

Don Gonzalo de Ixar, Aragonés, electo por Eugenio IV a 18 de abril de 1431, como consta de una carta que he visto en este archivo del Rey Don Alfonso V, fecha en Barcelona a 13 de octubre del mismo año, en que recomienda el electo al Capítulo. Tomó luego posesión a 17 del mismo mes de octubre. Era todavía lego, y así Don Otón de Moncada, Obispo de Tortosa, le ordenó de grados y subdiaconado en la villa de Reus, y luego le dio en Cambrils el diaconado; el sacerdocio recibió en Barcelona de mano de Don Dalmacio del Mur, su antecesor. Poco le duró su dignidad, de la cual no queda otra memoria sino dos constituciones que hizo en el Capítulo general de San Fructuoso de 1433, y el fin desastrado que tuvo de allí a dos años; porque andando a caza por los montes cercanos a la villa del (de) Valls, cayó del caballo y murió allí mismo. Yace su cuerpo en el pavimento de la catedral, cerca de las gradas del presbiterio, pero sin epitafio alguno, que no lo consintió poner su hermano Don Juan. El Necrologio suplirá esta falta; dice así: 

III. idus novembris anno Domini M.CCCC.XXXIII. obiit Dominus Gundissalvus Dixar, XXIIII. Tarrachonens. Archiep., qui venando cedidit de equo, et rupto collo expiravit prope villam de Valls in campo Tarrachone. Le sucedió

Don Domingo Ram, Aragonés, natural de Alcañiz, el cual, siendo Obispo de Huesca, fue uno de los nueve electores de Caspe. Después pasó a la iglesia de Lérida, donde fue creado por Martino V presbítero Cardenal, no diácono, como dice Zurita, con el título de San Juan y San Pablo, a 10 de marzo de 1430. Fue trasladado aquí a 25 de agosto de 1434. Era hombre muy conocido por su saber y virtud, de quien hay varias memorias en las historias de estos reinos. De sus hechos, durante este pontificado, sabemos que trató de reparar y concluir la muralla de esta ciudad, y también de remediar la escasez de agua con la construcción del acueducto llamado de Loreto; proyecto varias veces intentado, mas siempre sin fruto hasta nuestros días, como se dirá en su lugar. Llamado al concilio de Basilea, después de su traslación a Ferrara, supo excusarse con maña de su asistencia, aun en medio de las instancias con que el Rey Don Alfonso V le mandaba ir allá. Enviole este Príncipe a Roma por su Legado, donde fue hecho Cardenal y Obispo Portuense, y murió a 25 de abril de 1445, como se nota en el Necrologio. Tiene su entierro en la iglesia de San Juan de Letrán, con este epitafio: Hic jacet Reverendiss. in Christo Pater et D. D. Dominicus Ram, Episcopus Portuensis S. R. E. Cardinalis, Tarrachonensis nuncupatus. Qui obiit anno Dni. MCCCCXLV. mense aprilis, aetatis suae centessimo, vel circa. A los dos meses cumplidos del fallecimiento de este Prelado fue nombrado por sucesor

Don Pedro de Urrea, Aragonés, promovido a esta dignidad de la de Prior de Zaragoza, e hizo su entrada pública a 19 de mayo del año siguiente. Era muy alentado para las cosas de la guerra, y diestro en su política y manejo. Por esta razón el Papa Calisto III, que le debió tratar antes de ser promovido a la Silla de San Pedro, le nombró general de las galeras que armó en la expedición contra los Turcos; de lo cual dejó para memoria en esta iglesia el estandarte de que usaba, colgándole sobre el coro, como hoy subsiste: en él se ven las armas de San Pedro y las de nuestro Arzobispo. Premió también el Papa su desempeño con el patriarcado de Alejandría. En las guerras civiles de estos reinos, con ocasión de las pretensiones de Don Carlos, Príncipe de Viana, contra el Rey Don Juan II, siguió nuestro Prelado al principio el partido de los Biamonteses, esto es, del Príncipe: y aun fue uno de los nueve enviados al Rey pidiéndole, en nombre de los Catalanes, la libertad de Don Carlos, preso en Morella. Mas luego, viendo los excesos que en estas y otras demandas cometían los de su partido, pasó al del Rey, quien, en premio, le hizo su Canciller y Capitán general de la milicia. Hospedó también al mismo Rey en esta ciudad, y asistió a la Reina Doña Juana en su muerte, sucedida aquí a 13 de febrero de 1468. En el Archiepiscopologio ms. de Blanc se nota y prueba con buenos documentos que durante estas guerras civiles proveía el Rey todos los beneficios y curatos que pertenecían a Obispos o patronos del bando contrario, los cuales, por esto solo, se creían despojados del derecho de provisión. A los presentados por el Rey daba el Arzobispo la colación como Metropolitano. Con la ocasión de estos disturbios se hospedaron en esta ciudad personajes muy ilustres, entre ellos el Cardenal Don Rodrigo de Borja, Legado de Sixto IV, al cual presentó el Cabildo un regalo, compuesto de dos terneras, tres pares de ocas, otros tres de ánades, con otras aves, y dos botellas de vino griego, hecho en la villa de la Selva. De la sencillez de estos regalos, usados en aquellos tiempos, hice memoria otra vez hablando del que presentó al mismo Cardenal el Cabildo de Játiva. Entre los bienes que esta iglesia recibió de su Prelado, dos cuentan principalmente: uno fue la construcción de la sillería del coro, hecha en 1479, y otro la corrección del Breviario, que regía desde el pontificado de Don Bernardo Olivella, de cuyo códice y su edición hablé en carta anterior. En medio de todo este esmero y cuidado, y de una prelacía de cuarenta y cuatro años, es bien extraño que no se conserve memoria de haber celebrado ningún concilio provincial. Murió a 9 de septiembre de 1489. Tiene su sepultura en el pavimento del coro, con este letrero: Hic iacet Reverendissimus in Christo Pater Dominus Petrus de Urrea, Patriarcha Alexandrinus, et Archiepiscopus Tarraconensis, qui fecit hunc corum. Obiit autem IX. die sept. anno Domini M.CCCC.LXXXIX. En la sacristía mayor se guarda un báculo de cristal y plata, que es el de este Prelado, y no el de San Olaguer, como algunos creen. Tuvo por sucesor a

Don Gonzalo Fernández de Heredia, antes enfermero de esta iglesia, y Obispo de la de Barcelona. Fue trasladado por Inocencio VIII a 13 de junio del 1490, cuando se hallaba en Roma por Embajador del Rey Don Fernando el Católico. Allí se encontró en la elección de Alejandro VI, mereciendo en la vacante ser nombrado Capitán de la guardia del cónclave, y obtener después algunos otros cargos públicos. Pasó también a Nápoles a sosegar algunos motines, empleando en todo esto muchos años hasta muy cerca del 1500 en que vino por fin a su iglesia, sin haber aguardado la vacante de Alejandro VI como comúnmente se cree. Puesto aquí se dedicó a aumentar el culto y hacer algunos piadosos establecimientos. Entre otros conserva el Necrologio la memoria de que instituyó una misa cotidiana de quinque plagis en la capilla de monte calvario, y que se celebrase dicha fiesta con rito de semidoble: y que en la media noche del Viernes Santo se dijese todo el salterio por doce presbíteros delante del monumento. También se imprimió de su orden el Misal propio de esta iglesia, de que ya hablé en otra carta. Para desempeñarse de los gastos que tuvo que hacer en sus expediciones, se retiró al monasterio de Escornalbou, sitio excelente para el objeto, de donde no salió sino con motivo de su última enfermedad. Murió en esta ciudad a 21 de noviembre de 1511. Tiene su sepultura cubierta con planchas de bronce en el pavimento de la iglesia cerca del lindar de la entrada principal del templo, cuyas puertas hizo a sus costas cubriéndolas con planchas como hoy están. El epitafio dice así: Reverendissimo in Christo Patri Domino Gonsalvo, ecclesiae Sanctae Tarraconensis Archiepiscopo, ex Herediorum gente clarissima orto, devotissimo, pientissimo, Laurentius Episcopus Nicopolitanus (a) benefactori optimo, Praesuli incomparabili, defuncto XI kal. decembris anno M.CCCCC.XI cuius circa limen recondita ossa quiescunt. 

(a) En el Oriens Christianus del P. Lequien no hay memoria de este Obispo Lorenzo entre los que gobernaron la iglesia de Nicopoli.

Este Lorenzo Obispo sería su auxiliar y gobernador durante su ausencia y largo pontificado: sé que era ya su Vicario general en el mes de agosto de 1506. Muy breve fue el del sucesor

Don Alfonso de Aragón, natural de Valencia, hijo del Duque de Villahermosa y Conde de Ribagorza. Era ya muy anciano cuando le trasladaron a esta Silla de la de Tortosa, en el mes de julio de 1513. Después de lo cual sólo sabemos que murió a 26 de agosto del siguiente; y esto y no más dice el epitafio que está sobre su sepulcro en el pavimento del presbiterio al lado del evangelio.

A Don Alfonso de Aragón sucedió

Don Pedro Folch de Cardona, de linaje muy conocido. Era Obispo de Urgel cuando le trasladaron a esta Silla a 23 de marzo de 1515. Fue Canciller de los Reyes Don Fernando y Carlos V, y Virrey y Capitán general de Cataluña, oficios que se vieron en él unidos por la primera vez, y desempeñados según el gran crédito de su saber, política y nobleza. No se esmeró menos en el hospedaje que preparó a dos personajes ilustres, a quienes una suerte muy diferente trajo a Tarragona. Uno fue el Papa Adriano VI que vino a esta ciudad en 1522 a embarcarse para Roma en las galeras que le aprestó su discípulo Carlos V. El segundo fue el Rey de Francia Francisco I, a quien conducían por mar los Españoles preso a Madrid, y tomaron algún descanso en este puerto y ciudad, el día 23 de junio de 1525. Mucho contribuyó nuestro Prelado a sosegar un alboroto de los soldados mal contentos con el atraso de las pagas, de que hubiera podido resultar la fuga de tan ilustre prisionero. Celebró también este Arzobispo dos concilios, cuyas constituciones se conservan. Dotó la catedral, y construyó a sus expensas dos capillas espaciosas, que son la de Santa María Magdalena, y la de la Anunciación. En el comedio de las dos hizo un suntuoso sepulcro a sus tíos Don Jaime y Doña Timbor de Cardona, con estas inscripciones: Jacobo de Cardona, Cardinali dignissimo Petrus Archiep. Tarracon. regiusque Cancellarius, nepos et alumnus statuendum curavit. = Timbori Cardonati, vestali sanctissimae atque piissimae Petrus, Archiep. Tarracon. ac regius Cancellarius, nepos haud ingratus posuit. Dispuso asimismo un Ordinario o Ritual de administración de sacramentos, que se imprimió en 1530. Y este año murió nuestro Arzobispo a 11 de abril. Tiene su entierro con el de sus tíos, como también su sucesor y sobrino.

Don Luis de Cardona, que vino a esta Silla de la de Barcelona por el mayo de 1531. Escasamente duró su prelacía año y medio, mas este corto espacio de tiempo forma una época muy señalada en esta iglesia, porque entonces se verificó su secularización, de que ya hablé en mis cartas anteriores. Muerto este Prelado a 13 de noviembre de 1532 le sucedió 

Don Gerónimo Doria, noble Genovés, diácono Cardenal del título S. Thomae in Parione, después S. Mariae in porticu, que ya había tenido en administración las iglesias de Jaca y de Huesca. Tomó posesión de esta a 5 de julio de 1533 y esto por procurador, y así gobernó siempre la mitra por mano ajena, pues jamás vino a residir en ella. De lo cual nacieron males que no son irregulares en semejantes ocasiones; mayormente que uno de sus Vicarios generales era tan blando de condición que decía con frecuencia en su lengua nativa: non ho venuto á amazzare gl' uomini.

Hostigado el Cabildo con las continuas representaciones de los desórdenes, sobornos y ventas de la justicia, se vio precisado a mandar que concluido el actual gobierno, se renovase y pusiese en práctica la constitución del Arzobispo Don Sancho López de Ayerbe de officio Vicarii, en que se estableció que los Vicarios generales de los Obispos de la provincia siempre fuesen naturales, y nunca extranjeros. A pesar, y en medio de estos males, se celebraron cinco concilios, se formó la primera colección de los celebrados hasta allí, se imprimieron varios códices rituales, se agregó la dignidad de Camarero a la mensa capitular, y se hicieron otras cosas buenas. Murió este Prelado en Génova en el mes de marzo de 1558. En el mismo año, a 24 de mayo, murió también en el monasterio de Poblet el Obispo de Nicopoli Don Fr. Francisco Roures, de la orden de Santo Domingo, que fue auxiliar de este Cardenal. De allí a dos años le sucedió 

Don Fernando de Loazes, Obispo que era de Tortosa, habiendo antes gobernado las iglesias de Elna y Lérida. Tomó posesión de esta por procurador a 5 de agosto de 1560. Hallose en las cortes de Monzón de 1563. Tuvo un concilio en 1564, en el cual entre otras cosas se estableció que el Obispo de Elna, cuya iglesia estaba ya desmembrada de la de Narbona, desde el año 1511, resolviese a qué Metropolitano quería sujetarse, y eligió aquel Prelado al de Tarragona. A este mismo concilio se referían los canónigos de la metropolitana de Valencia, pidiendo a los de Tarragona la instrucción de lo que en él se había hecho para norma de lo que debían hacer en el que convocaba su Arzobispo Don Martín de Ayala. He copiado aquí la carta original fecha a 25 de agosto de 1565 (a: Ap. núm. XIII.). Buena prueba de lo que se dijo en aquellas cartas, que antes de ese año no hubo en Valencia ningún concilio provincial. Publicó varias obras bien conocidas de los doctos: San Pío V premió su mérito nombrándole Patriarca de Antioquía: fundó en Orihuela, su patria, un colegio de mi orden: finalmente, después del gobierno de cuatro mitras, fue trasladado todavía a la de Valencia en 1567. Del tiempo de este Prelado es el descubrimiento de minas de esmeril, alcohol, cobre, plata y oro en Albiol, lugar del señorío de esta iglesia. Los que las beneficiaban se obligaron a pagar al Cabildo, del oro la cuarta parte, de la plata la sexta, y de lo demás la octava. Sucedió al señor Loazes (a)

Don Bartolomé Sebastián de Aroyta, natural de Torrelacárcel, en las comunidades de Teruel, y Obispo de Pati en Sicilia. Fue trasladado en el mes de diciembre de 1567 y murió a los cuatro meses. Era muy frecuente en el coro, y amigo de que se saliese de él muy poco. En su tiempo Don Pedro Castellet, Obispo de Urgel, regaló a esta iglesia, de que antes fue Sacrista, algunas reliquias de San Fructuoso, las cuales dice él que halló en su catedral en la capilla de San Odón. Está sepultado este Arzobispo en el pavimento del coro con este epitafio: D. O. M. Memoriae amplissimi et clarissimi viri Bartholomei Sebastiani, Archiepiscopi Tarracon. olim Paccen. Episcopi anteaque Maioricensis, Cordubensis, Granatensis, et Siciliae Inquisitoris, qui obiit XVIII cal. maii anno M.D.LXVIII. H. B. M. P. Este es el primero de los Prelados de esta iglesia cuyo escudo de armas se halle adornado y cubierto con el sombrero archiepiscopal. El sucesor fue 

(a) El autor de las Noticias de la vida de Ambrosio de Morales, que se publicaron al principio del tomo III de la Crónica general de España, edición de Madrid, por Cano, 1791, trae en una nota la especie de que Don García Manrique de Lara, fundador por los años de 1565 del colegio de los Manriques de Alcalá, además de ser capellán mayor de S. M. y Camarero del Papa Paulo III, fue Arzobispo electo de Tarragona. Como no dice más de esto, ni acota el año de su nombramiento, ni acá se sabe de él, lo dejo estar así contentándome con haber apuntado esto, por si otro más feliz adelanta algo sobre ello. 

Don Gaspar Cervantes de Gaete, natural de Trujillo o de Cáceres, diócesi de Plasencia, como quieren algunos, trasladado a esta Silla en el mismo año de 1568. Antes había sido Arzobispo de Mesina y sucesivamente de Salerno. El Papa San Pío V le encargó las causas de mayor entidad que hubo en su tiempo, una de las cuales fue la del Arzobispo de Toledo Don Fr. Bartolomé de Carranza. A 17 de mayo de 1570 fue creado Cardenal del título, primero de San Martín in montibus, y después de Santa Balbina, y Legado Apostólico para los reinos de España. Llegó a esta ciudad por el mayo de 1572. En los tres años que gobernó personalmente la iglesia hizo muchos bienes sólidos y duraderos, con que aprovechó grandemente a sus sucesores. Tales fueron la creación del canonicato penitenciario, la fundación de un colegio de PP. Jesuitas, la del hospicio de pobres, la dotación de niñas huérfanas y la erección del Seminario conciliar, que dicen fue el primero de toda España. Sobre esto no puedo resolver por ahora. Lo que sabré decir es que en 1577 estaba ya corriente el Seminario, según se ve en las fundaciones de becas de ese año: y que en los poderes que el señor Cervantes envió desde Roma en 1571 a N. Ballesteros para tomar posesión de una comensalía, vacante en Escornalbou, se dice que San Pío V había aplicado las rentas de aquel monasterio pro erigendo Seminario con breve de 12 de marzo de 1569, a petición de nuestro Arzobispo. Algo más es esto que lo que se lee en la Historia de los Seminarios. Agregó el Prelado este establecimiento al de un estudio general o universidad, reuniéndolos en un solo edificio y suprimiendo para la dotación del primero el monasterio de canónigos reglares de Escornalbou, unido a la mitra, en el cual entraron luego los PP. de San Francisco. Antes de esta época había en la catedral escuela de gramática, según lo mandado en el concilio Lateranense III. Leíase también en ella teología por sujetos buscados de fuera, y así permaneció después hasta que se creó el canonicato lectoral. Mas no bastaba esto para el lustre y provecho de esta ciudad ni para los grandes deseos del sabio Cardenal, si no reunía las enseñanzas bajo un solo plan de constituciones: las cuales, porque él dejó incompletas, las perfeccionó el sucesor Don Antonio Agustín. Sobre la puerta de la universidad se halla la siguiente inscripción: D. Paulo, Apostolo, S. = Cum Gaspar. Cervantes. Gaete. S. R. E. Cardinalis. optimus. atque religiosissimus. Tarraconen. Antistes. magnam. vim. auri. ex. quo. vectigalia. mercedibus. solvendis. praeceptoribus. omnium. disciplinarum. (a) emerentur. Reip. nostrae dedisset. S. P. Q. Tarraconen. tanto. beneficio. excitati. locum. hunc. eisdem. disciplinis. docendis. extrui. iusserunt. VIII. eid. septemb. an. salutis. christianae. M.D.LXXII. Lud. Joanne. Liula. Fran. Febrer. Pet. Riber. Cos. 

(a) Entre las cartas dirigidas a Don Antonio Agustín, que se guardan originales en la biblioteca de los PP. Carmelitas descalzos de Barcelona, hay una de Antonio de S. Just, autor de esta inscripción, con fecha de 28 de abril de 1773, en que supone que en lugar de las palabras, ya grabadas, Praeceptoribus omnium disciplinarum, había él escrito la sola palabra Perceptoribus, incluyendo, además de los maestros, a los bedeles y oficiales del estudio que percibían algo de aquellas rentas. El lector juzgará del mérito de ambas lecciones. Lo cierto es que el cantero, ignorando el arte de las cifras, en la palabra Praeceptoribus juntó las dos primeras letras, y alargando el palo vertical por la parte inferior, puso el travesaño que es cifra de Per, aun estando sólo con la P; y así resulta de su escritura la palabra Perreceptoribus. Esto he dicho para satisfacer la curiosidad de los individuos de aquel cuerpo literario.

Hizo también un buen baluarte que hoy se conserva, conocido con su nombre. Celebró dos concilios, visitó su diócesi, y en las parroquias y otras iglesias dejó varias muestras de su celo y literatura. La catedral conserva la memoria de su corazón pacífico y enemigo de etiquetas, que destruyen el fin del ministerio sacerdotal. También se sabe que en 1574 trataba de remediar la falta de agua que padecía esta ciudad con la conducción de una fuente de Puig del fi; pero acaso estorbó tan útil proyecto su muerte, acaecida a 17 de octubre del año siguiente. De allí a dos años se trasladaron sus huesos de detrás del altar mayor al magnífico sepulcro que de su orden construyeron sus albaceas en la pared media entre las capillas de San Miguel y de las once mil Vírgenes. En la parte de la primera se lee: Michaeli Archangelo Sacrum. Gaspari Cervanti Gaete, ex Inquisitore Archiepiscopo Messanensi, item Salernitano, item Tarraconensi, Presbytero Cardinali, Antistiti sanctissimo et vigilantissimo, de Tarraconensibus optime merito ex testamento. Vixit an. LXIILI., praefuit ecclesiae an. VII., obiit XVI. kal. novembris M.D.LXXV. En la parte que mira a la capilla de las Vírgenes se lee: Virginibus S. = Inquisitoris primum functus munere: creatus inde Antistes Messanensium, Salernitanorum, et Tarraconensium: Romanâ et purpurâ coruscans verticem Gaete Cervantes tantillus pulvisculus iam fiet: hospes, dein exurget integer: pia interim parentem lugens Tarraco suae magistrum vitae habebit optumum. Estas solas inscripciones hay en su sepulcro; por más diligencia que he puesto no he podido hallar las dos cuartetas españolas que supone existentes en él y publicó Oldoino en su nueva edición de las vidas de los Papas y Cardenales. Sucediole el famoso 

Don Antonio Agustín, natural de Zaragoza. De los grados por donde llegó a esta dignidad y los negocios que manejó en los pontificados de Julio III y Paulo IV, y de sus destinos de Auditor del palacio Apostólico, Obispo de Alifa y Lérida, hablan largamente los que escribieron su vida. Yo por no hacer aquí un artículo infinito diré sólo algunas particularidades de su pontificado en Tarragona, que es donde echó el sello al crédito de su virtud y sabiduría. Comúnmente se dice que fue trasladado de Lérida por Gregorio XIII a 17 de diciembre de 1576. Pero sobre esta época hay que observar lo que resulta de tres cartas suyas originales que se guardan en este archivo. La primera, fecha en Lérida a 15 de noviembre de 1576, en que responde al parabién que le dio el Cabildo por su elección. La segunda, fecha en la misma ciudad a 21 de diciembre de 1576, donde supone que aún no habían venido las bulas de Roma. La tercera supone lo mismo, y está fecha en Aspa a 4 de enero de 1577. De los cuales documentos se infiere que fue electo por el Rey para Arzobispo antes del día 15 de noviembre de 1576, y que las bulas no habían venido aún a 4 de enero del año siguiente, y así no se debe seguir la cuenta de los que dicen que fue trasladado a 17 de diciembre de 1576. En lo que no cabe duda es en que tomó posesión el día 24 de febrero de 1577 por medio de su procurador Don Bernardo de San Clemente, Prior de Serrabona, en la diócesi de Elna; hizo su entrada pública a 10 de marzo del mismo año. El gozo con que lo recibió esta iglesia lo muestran bien las cartas sobredichas y otras dos más, que por ser inéditas he copiado (a: Ap. núm. XIV.), en las cuales se ve que aun antes de ser trasladado aquí era consultado por este Cabildo en los negocios más arduos y delicados. También incluyo otra carta suya inédita, en que da razón de algunas cosas del concilio de Trento, y fija el día de su nacimiento (a: Ap. núm. XV.). Casi la primera operación de su pontificado fue tratar de remediar los daños que ocasionaba un gran número de gente forajida que infestaba su diócesi, para lo cual logró de Gregorio XIII una bula en que los excomulgaba, reservándose su Santidad la absolución, excepto en el artículo de la muerte. Tradújola nuestro Prelado en lengua vulgar, y la imprimió al fin de las Sinodales. Y porque ni aun con esto se atajaron los males, y los facinerosos hallaban asilo en la villa de Reus, donde no podían entrar los ministros del Arzobispo por ser del señorío del Cabildo, trató con él que cediese a la mitra esta villa con reserva de la décima, etc. Fue esto en 1582, lo cual confirmó el Papa Gregorio XIII. Otro daño había remediado dos años antes con la traslación del hospital, que estaba junto a la iglesia, al lugar donde hoy permanece. Tampoco le permitía su ilustración la tolerancia de la costumbre que halló introducida de poner en ciertos días altares portátiles en las paredes de la iglesia para celebrar misas. Y aunque no pudo impedir que se pusiesen los altares y ramos, todavía logró que las misas se dijesen en los altares fijos de las capillas. Esto fue en 1581. Por este mismo tiempo entendía en la construcción de la famosa capilla del Sacramento, de que ya hablé en otra carta. Otro proyecto tuvo algunos años adelante, que hubiera sido utilísimo, si lo hubiera verificado: que fue el de construir un museo donde recogiese todas las antigüedades de Tarragona; mas de él y de sus malas consecuencias será bien decir cuando se trate de esta materia, que si haré, dándolo Dios. A este amor que tenía a las antigüedades, y al deseo de promover por cualquier medio la ilustración, debió el sabio Jesuita Andrés Scotto sus adelantamientos, y el docto impresor Mey la protección que le proporcionó el nombre que hoy tiene en la historia tipográfica. No era nuestro Arzobispo uno de aquellos sabios que viven para sí solos: donde hallaba el mérito lo buscaba y atraía a sí, y protegía y estimulaba en su carrera. Y no era como quiera amador de los literatos, sino mucho más de los virtuosos. Entre los cuales apreció mucho al B. Nicolás Factor, que por entonces estuvo algún tiempo morador del convento de Escornalbou; gustaba mucho de tenerle consigo, y con santo ingenio logró lo que tanto deseaba, que era ver al Santo en alguno de sus éxtasis. Porque, según la tradición de esta ciudad, dispuso un día que acabada la comida contasen a coros unos niños el Psalmo: Laudate pueri Dominum; con esto tuvo el negocio hecho, porque al llegar al Sit nomen Domini benedictum, se arrebató el Beato en largo éxtasis, tanto que hubo tiempo para que un pintor que estaba prevenido le retratase en tan envidiable actitud, y aun dicen que entonces compuso el piadoso y docto Arzobispo dos dísticos, que se escribieron en el mismo cuadro, y son los siguientes:

Dum gustas, Factor, Domini dulcissima verba, 

Raptus es in coelum, perfruerisque Deo;

Inde reddis laetus divino nectare plenus,

Atque doces coelum scandere quo liceat (a: Vid. Mayans, Vida de este Prelado, núm. 195, con algunas variantes en el segundo dístico.) 

En medio de su vasta literatura, que tiene acreditada con gran número de escritos, descollaba la eclesiástica, a la cual hacía servir como criadas todas las ciencias seculares. Así será fácil entender cuánto trabajaría en bien de su esposa, celebrando tres concilios provinciales y dos diocesanos. De cuyas constituciones se publicaron parte en su tiempo y por su cuidado, y parte por el del sucesor el señor Terés. Y aun él mismo, no contento con la colección formada por su antecesor el señor Doria, hizo otra de nuevo, en que sirvió mucho a la provincia y aun a todas las naciones sabias que han recibido siempre con la debida veneración las decisiones de la iglesia Tarraconense. También formó unas Ordinaciones pro choro, las cuales por ser inéditas he copiado del único ejemplar impreso en pergamino, que permanece en el coro de esta santa iglesia (a: Ap. núm. XVI.). Es de advertir que en estas ordinationes pone encabezado su nombre y apellido: Nos Anton. Augustinus. Lo mismo indica en las firmas con las iniciales A. A. y en todas las cartas poniendo A. A. Ilerden. = A. A. Tarracon. Cosa desusada en los Obispos, poner su apellido ni la inicial de él. Dejó este gran Prelado muchas obras mss., las cuales asegura el canónigo Blanc haber visto en el Escorial, cuando era capellán de honor de Felipe IV. Al mismo monasterio se condujo también gran parte de su librería, según el consejo que dio a Felipe II Don Juan Bautista Cardona, Obispo de Tortosa, en el tratadito De regia Sancti Laurentii bibliotheca; y digo gran parte, porque sé que una porción de sus libros están hoy día en el monasterio de Santas Cruces, de la orden del Císter, los cuales veré, si llego allá. Otros en la biblioteca del Duque (o Conde) de Villahermosa, en quien recayó la casa de Augustin. Ojalá hubiese concluido Don Martín Baylo, canónigo de esta iglesia, gran confidente de nuestro Arzobispo, el índice que había comenzado de toda su biblioteca; pero muerto el Prelado se contentó con publicar la parte que estaba hecha, en que da razón de 252 mss. griegos, de 562 manuscritos latinos y de 975 volúmenes impresos en varias lenguas. Buena muestra de la erudición de este grande hombre, acreditado con sus doctos escritos. Murió Don Antonio Agustín sábado día 31 de mayo entre cinco y seis de la tarde del año 1586. Sus huesos no se trasladaron al sepulcro de mármol donde hoy están, en la capilla del Santísimo, que él fundó, hasta el día 15 de septiembre de 1594. Pons publicó el epitafio que allí se puso; mas yo he querido copiarlo de nuevo con los mismos caracteres mayúsculos, conservando toda la ortografía y abreviaturas para comodidad de los apasionados a la memoria de tan ilustre Español. 

Dice así: 

S. S. EVCHARISTIAE S. 

ANT. AVGVSTINVS. ANT. PROCANC. F. CAESARAVG. PALAT. APOST.

AVDITOR. EPISC. ALLIFAN. PAVLI IV. AD PHILIP. ET FERD.

REGG. LEGAT. SICILIAE. CENSOR. ILERD. EPISC. MAX. PLAV

SV. TRID. CONC. INTERFVIT. INDE AD TARRAC. ARCHIEP. TRANSL. 

I. V. ET. HVMANITATIS. VINDEX. CLARISSIM. IVDEX. INCOR

RVPTISSIM. ELEEMOSS. LARGIT. EXCELLENS. ORACVLVM 

SAPIENTIAE. TERRESTRE. EDITIS. AVREIS. LIBRIS. ATQ. EDEN 

DIS. RELICTIS. HOC. SACELLUM. S.S. EVCHARISTIAE P. C. 

XPM. AC. S. THECLAM. TVTELAREM. EX. ASSE. HEREDD. FACIENS.

OBIIT. PRID. KAL. IVN. AN. MDXXCVI. AET. LXIX.

Lo sensible que fue a los Españoles la pérdida de este grande hombre declaró bien el P. Fr. Juan Gerónimo Ezquerra, Carmelita descalzo, en un Poema que por ser inédito y por amenizar un poco esta lectura, he querido remitirte (a: Ap. núm. XVII.).

Don Juan Terés, natural de Verdú, en Cataluña: estudió las humanidades en esta ciudad, y la teología en la de Valencia, con suma pobreza. Después, siendo beneficiado de esta catedral tuvo la lectoral por oposición; le hizo el señor Cardenal Cervantes canónigo penitenciario, y poco después su Obispo auxiliar con el título de Marruecos. Sucesivamente lo fue de Elna y Tortosa, de donde fue trasladado a esta metropolitana por Sixto V en mayo de 1587. Admitió y protegió las fundaciones de PP. Capuchinos, Agustinos y Carmelitas descalzos, y además mejoró el edificio de los Jesuitas. Promovió la canonización de San Raimundo de Peñafort (cuyo cuerpo reconoció en 1596 con comisión Apostólica), y la disciplina y culto por medio de los concilios provinciales que celebró. Felipe III le hizo su Virrey y Capitán general de Cataluña en la Pascua de 1602; y marchando a Barcelona para cumplir con este oficio, murió allí a 10 de julio de 1603, de edad de 64 años. Fue trasladado su cadáver a esta iglesia, y depositado en un sepulcro, construido en el cóncavo de la pared, entre las dos capillas de San Fructuoso y de San Juan Evangelista, que son sin duda las mejores de esta iglesia. Pons, en su Viaje, describió este precioso monumento de las artes. Las inscripciones que hay en él son dos: 1.a, Johannes Teres, Cathalon. ex Canonico Poenitentia. Tarracon. ad Eccles. Marroch. Elnen. Dertuse. ac Tarracon. evectus, Proregis ac Capitan. General. Cathalon. officio fungens, totius Provintiae damno nobis eripitur VI. id. jul. M.D.C.III. aetat. LIXV (LXIV). 2.a, Johannes Teres, patria Verdun litteris, morib. honorib. clariss. Eps. Marroch. Elenen. Dertusen. Archieps. Tarracon. Cathalon. Prorex et Capitan. general. Praesul. pientiss. Praeses sapientiss. Princeps. humaniss. obiit Barcin. VI. id. jul. an. M.DC.III. aetatis LXIV. De este Prelado hay un buen retrato hecho en su tiempo sobre la puerta de la sacristía de la capilla de San Fructuoso. Es del natural, y está con roquete largo hasta media pierna. No quiero omitir la noticia de que para la fábrica de una escalera pidió este Prelado al Cabildo dos piedras del muelle, prometiendo volverlas luego. De esto, que sucedió en 1594, se ve que la construcción o conservación de este edificio público estaba a cargo del Cabildo. Habíalo ya a principios del siglo XVI, pues al amanecer del día 15 de julio de 1507 entró en él la armada de Don Fernando el Católico, con su mujer Doña Germana; y las Actas capitulares de ese día dicen que llegó ad portum, Tarraconae fabricatum. Creo que se construyó hacia la mitad del siglo XV, de lo cual, y de su artífice, sé que se dio completa razón al señor Cean para su Diccionario de arquitectos españoles. En el día se está renovando este edificio tan interesante, y con grande extensión y comodidad de la marina y comercio, aprovechándose oportunamente de una grande cantera inmediata que proporciona no sólo el adelantar mucho la obra, sino la conducción de cantos gruesísimos, hasta de cuatro mil quintales y más. Los venideros, que no hallarán rastro de la cantera, apenas querrán creer que el puerto de Tarragona se hiciese sólo de ella, y que toda esta gran mole se compone de piedra jaspe, o que admite pulimento. Esto he dicho, por si no tengo ocasión de referirlo en otra carta. Volviendo ahora a nuestros Arzobispos, por muerte del señor Terés, dice Jimeno (Escritores de Valencia) que estuvo nombrado don José Esteve, Obispo de Orihuela; pero murió a 2 de noviembre del mismo año 1603, y así fue luego electo

Don Juan de Vich y Manrique, natural de Valencia, el cual, estando en Roma enviado por Felipe II, fue electo Obispo de Mallorca, de donde al cabo de treinta años vino a ser Arzobispo de Tarragona. Hizo su entrada a 16 de agosto de 1604. Fue Prelado pacífico y muy limosnero, y dejó algunas fundaciones para perpetuar su caridad. Lastimado de la escasez de agua que padecía esta ciudad, desde que se inutilizó el acueducto Romano, y de los males e incomodidades que a esto son consiguientes, trató de conducir una fuente de la ermita llamada de Loreto. En 1607 entendía en la construcción del acueducto un maestro Ferrer, el cual ofreció subir el agua hasta la catedral. Cumpliolo efectivamente; pero duró poco este bien, y no sé por qué. Más abundante y duradero fue el riego espiritual que dio a sus ovejas en un concilio provincial que celebró, y en un sínodo que tuvo a 26 de abril de 1607, el cual imprimió en esta ciudad Felipe Roberto. Llegó a ser nuestro Prelado el más anciano de todos los de España. Con este motivo se le concedió un Obispo auxiliar, el cual se consagró en Barcelona. Este era Don Juan Esterlich, que fue después Obispo de Jaca, y el mismo que llevó y acompañó el cadáver del difunto Arzobispo, que había muerto el 4 de marzo de 1611, al entierro que su ilustre familia tenía en el monasterio de nuestra Señora de la Murta, orden de San Gerónimo, del reino de Valencia, donde, concluida la iglesia nueva, se le dio sepultura en 1632. A dicho monasterio había regalado este Arzobispo toda su librería (a: Estas noticias las escribió un monje en las tapas de la Biblia políglota.) Le sucedió

Don Juan de Moncada, hermano del Marqués de Aitona Don Gastón de Moncada, Obispo de Barcelona, trasladado a esta Silla no en 22 de agosto de 1612, según la opinión corriente, sino en 23 de abril de 1613. No hizo su entrada hasta 25 de enero de 1617; porque con la ocasión de la vacante se suscitaron varios pleitos sobre su jurisdicción en esta ciudad, los cuales tardaron todo ese tiempo en terminarse en la chancillería de Barcelona. Y uno de los derechos que se mandaron conservar a su dignidad, fue el de ser recibido él y sus sucesores por los Cónsules de Tarragona, con las ceremonias que presencié en la entrada del Prelado actual. El lector que quiera instruirse en esta materia, puede acudir a un libro que publicó Don Francisco Vertamón, oidor de Barcelona, con este título: Recuerdos de los fundamentos que manifiestan el supremo dominio ... y la jurisdicción omnímoda que pro indiviso conservan en la ciudad de Tarragona la invictísima Protomártir Santa Tecla, su metropolitana iglesia, y sus Arzobispos con Su Magestad, impreso en Barcelona, 1684. A pesar de estos litigios, que le obligaron a vivir mucho tiempo en Barcelona, celebró dos concilios, uno en 1613 y otro en 1618, ambos inéditos. Era además recto, imparcial, y en el proveer los curatos sin acepción de personas, dadivoso y consolador de desvalidos. Con lo cual hubiera dejado memoria de uno de los más ilustres pontificados de esta iglesia, si los pleitos necesarios no le llamaran a otra parte sus rentas y atención. Murió en Barcelona a 3 de noviembre de 1622. Fue depositado en el monasterio de Pedralbas (Pedralbes), y luego traído a esta catedral y sepultado en el coro, con esta inscripción: Mausoloeum postumae ac perennis gloriae Illmo. et Revmo. D. D. Johanni a Moncada primum Archidiacono Canonico Salmanticensi, item Infirmario et Sacristae Tarraconensi, postea Priori S. Annae, ac Antistiti Barcinonensi, inde Archiepiscopo Tarraconensi; qui obiit die III. novembris M.DC.XXII. erectum. 

Si te pareciere ímprobo e inútil el trabajo que me tomo en copiar las inscripciones sepulcrales de los Prelados modernos de esta iglesia, reflexiona que sobre merecerlo ellos por su persona y dignidad, es grande el aprecio que los extranjeros han hecho de esta clase de estudio, publicando varias colecciones de inscripciones infimi aevi, entre las cuales es muy notable la que imprimió en 1760 Pedro Luis Galletti en 3 tom. 4.° mayor, sin añadir notas ni ilustración alguna; sino sólo hacinando por clases todas las que se hallan en Roma. Con esta salva seguiré mi catálogo y costumbre. Al señor Moncada sucedió

Don Juan de Hozes, Cordobés, Tesorero y canónigo de Cartagena: vino a esta iglesia ya muy viejo a 11 de noviembre de 1624. Murió a 22 de mayo de 1626. Lo más memorable que hay de su corta prelacía es la liberalidad con que dotó las comensalías y beneficios de la catedral. De aquí, y más de la vejez del Prelado, parece que resultaron algunos disturbios, que por fortuna fueron breves. El clero menor agradecido puso a su bienhechor sepultura junto al facistol del coro con esta inscripción: D. O. M. D. D. Joannes ab Hozes, Cordubensis, ex Thesaurario Cartaginen. huius almae Sedis Archiep. obiit XI kal. junii anno M.DC.XXVI cui largitori munifico praesbiteri commensales, et beneficiati Tarraconenses, hoc monumentum, quod ipse morte praeventus praestare non potuit, lugentes adhuc, munerumque memores, gratitudinis ergo construendum curarunt anno M.D.C.XXXIV. 

Muerto este Prelado se dice que fue electo Don Luis Díaz y Armendáriz, Virrey de Cataluña, de lo cual no sé más. El sucesor fue

Don Fr. Juan de Guzmán, de la Orden de San Francisco, Obispo de Canarias. Tomó posesión a 23 de mayo de 1628; hizo su entrada a 27 del julio siguiente, y a 4 de septiembre del mismo año le trajo el palio el Obispo de Barcelona. Tuvo varias reyertas con el Cabildo sobre puntos de jurisdicción, y aun publicó un libro en defensa de los derechos archiepiscopales, del cual veo que no se hace gran caso. Admitió gustoso la concordia que propuso a ambas partes Francisco de Eril, Abad de San Cucufat, Canciller del principado. En 1631 hospedó en su palacio al Rey Felipe IV que iba a las cortes de Barcelona. Después de lo cual y de haber celebrado, según dicen, un concilio, fue trasladado a Zaragoza en 1633. Sucediole a 16 de marzo del año siguiente

Don Fr. Antonio Pérez, célebre Benedictino, y bien conocido por sus escritos, singularmente por el intitulado Pentateucus Fidei. Era a la sazón Obispo de Lérida, y antes lo había sido de Urgel, después de haber renunciado la mitra de Santa Fé. Celebró un concilio provincial en 1636, que no se ha impreso. Ya entonces se hallaba sin razón disgustado de este país, que era el más a propósito para su avanzada edad. Pero dicen que difería (leo deferia) mucho a los consejos de un Abad llamado Mauro que traía consigo, y a quien encargó todo el peso del gobierno. Resuelto pues a marchar a Castilla, y despidiéndose para esto del Cabildo, le requirió este en la debida forma que llevase delante de sí la cruz como Primado de España, hasta llegar a la corte, y el Prelado lo prometió. Diéronle luego el obispado de Ávila, pero a pocos días murió en Madrid a 1 de mayo de 1637 y se enterró en el monasterio de San Martín. 

Vacó entonces la iglesia de Tarragona por espacio de diez y seis años. Fue la causa que poseída gran parte de Cataluña por las armas francesas, aunque Tarragona se mantuvo obediente a su Rey, el Papa Urbano VIII que trataba de apaciguar estas discordias, no quiso confirmar las provisiones de esta Silla hechas en el Cardenal de Esti, hermano del Duque de Módena, y en Don Pablo Durán, natural de Esparraguera y Obispo de Urgel. A la verdad no fue muy sensible que se frustrara la primera elección, porque el Cardenal era poco afecto a nuestra nación, y acaso hubiera carecido esta iglesia gran tiempo de la presencia de su Pastor. Mas la pérdida del señor Durán fue muy dolorosa para esta metrópoli, porque era doctísimo, y sobre esto amante de la justicia y de la buena disciplina, y por lo mismo muy a propósito para curar las enfermedades que casi todas las iglesias de este principado habían contraído con las vacantes que por la misma causa padecieron. De él y de sus escritos habla Don Nicolás Antonio en su Biblioteca. Rendida en fin Barcelona a 10 de octubre de 1652, luego fue nombrado y provisto Arzobispo de Tarragona

Don Francisco de Rojas, natural de Valencia, Auditor de la Rota Romana, conocido en el orbe literario por las decisiones que imprimió en León. Tomó posesión de esta Silla a 4 de julio de 1653, siendo en ella tan bien recibido como deseado. Con la vacante y las guerras que la ocasionaron halló casi destruido su palacio y relajadas las costumbres. A entrambos daños acudió con diligencia, y con la celebración de dos concilios provinciales. Sin embargo, no pudo evitar algunos disturbios y pleitos, que se ventilaron sin perderse la paz y tranquilidad de su iglesia. Fue trasladado a la de Ávila en 23 de abril de 1663. Le sucedió

Don Fr. Manuel de Espinosa, Sevillano, Benedictino, Abad de Monserrat y General de su orden. Era Obispo de Urgel cuando fue trasladado a esta Silla en febrero de 1664. En el mismo año ya tuvo un concilio provincial, al cual siguieron otros dos en 1670 y 78. Por decreto del segundo de estos concilios, se imprimió un Ritual en 1671, el cual, pág. 21, exime a los sexagenarios de la ley del ayuno. Hay quien sospeche, y con fundamento, que se ingirió furtivamente esta cláusula al tiempo de la impresión: cosa que no es nueva en el mundo. Lo cierto es que ni en los Rituales antiguos de esta iglesia, ni en el de Barcelona de 1620, ni en el de Lérida de 1682, ni en el de Paulo V se halla tal exención. Enmendó el señor Llinás este punto en el sínodo que imprimió en el año 1704, diciendo en la página 200 de sus Constituciones, algunos dicen que insta el precepto hasta los 60 años, pero eso último se debe medir con las fuerzas. Lo más extraño es que aún después de esta resolución, en las reimpresiones del Ritual siga ingiriéndose aquella exención de los sexagenarios, la cual ni es de concilio alguno provincial Tarraconense, ni de tan docto Prelado como era el señor Espinosa. Dícenme personas fidedignas que en un ejemplar de aquel Ritual que se conserva en el convento de mi orden de San Magín de este principado, se halla la nota siguiente: Es del doctor Jaume Gassol, qui feu y ordena lo present Ordinari, per haverlo elegit S. Illma., y el sínodo Tarraconense a dit efecte. Otra nota se halla después de la Pastoral del Arzobispo, en que manda la observancia de lo ordenado en el Ritual, y dice así: Esta carta pastoral tambe la feu lo doctor Jaume Gassol, per haverme S. Illma. ordenat que la fes en nom de ell: y axi matex lo contengut en lo present Ordinari; menos los casos reservats a S. Illma, que nom trobaba en Tarragona; que a trobarmi crech se aguessen disposat de diferent manera. No diré de esto más, sino que recientemente ha mostrado la obligación del ayuno en los sexagenarios el doctor Gaspar Llauger, director del Seminario episcopal de Barcelona, en la Disertación que publicó contra un P. Capuchino de Andalucía; donde de propósito examina la autoridad de este Ritual.

Volviendo a nuestro Arzobispo sé de él que visitó dos veces toda su diócesi, reparó y dotó muchas iglesias, entre ellas la capilla de nuestra Señora del Claustro de esta catedral, instituyendo en la misma muchas fiestas. Asistía con frecuencia al coro, trataba con grande humanidad a los súbditos, y con mayor liberalidad a los pobres. Murió dejando de sí muy buen nombre a 12 de febrero de 1679, y de su edad 82. Enterráronle en el coro con este epitafio: D. O. M. = Hic iacet in morte dives, per quem nullus in vita iacuit pauper, Illustriss. D. D. Fr. Joannes Emmanuel de Espinosa, Hispalen. nobilitate clarus, omnibus virtutibus clarior, liberalitate, aequanimitate, et in Deiparam pietate clariss. uno suo merito omnium suffragiis Montis Serrati Abbas, deinde Benedictini ordinis Generalis, Urgell. Episcopus, et Tarraconensis Archiepiscopus ut nulli cederet Hispanorum Antistitum Primas: obiit die XII Februarii anno M.DC.LXXIX. aetatis LXXXII Archiep. XV. Le sucedió

Don Fr. José Sanchiz, nacido en Valencia, de la orden de nuestra señora de la Merced, de quien ya dije en el Episcopologio de Segorbe, de cuya iglesia fue trasladado a esta a 28 de febrero de 1680. Tomó la posesión su auxiliar Don Gerónimo Solivera, Obispo de Tranopoli, al cual siguió en el mismo encargo Don José Mora, canónigo de Tarragona, Obispo Maroneiense. Celebró el Prelado dos concilios provinciales en 1685 y 1691: en este último publicó el oficio propio de Santa Tecla y su fiesta para toda la provincia. Fue muy dadivoso con su iglesia, a quien regaló entre otras cosas un cáliz de oro: reedificó el convento de su orden y dejó otras memorias de su liberalidad, paz, y celo pastoral. Falleció a 26 de marzo de 1694, y está sepultado en el coro con este epitafio:

Hic iacet per quem tanta pietatis in Deum, Mariam Virginem, Divamque Theclam monumenta surgunt, Illmus. et Revmus. D. D. Fr. Josephus Sanchiz, Minervae dilectiss. sui et sacri ordinis B. Mariae de Mercede honoribus summis praeclarus, Episcopatu Emporicen. et Segobricen. magnus, Archiepiscopatu Tarraconen. excelsior, Hispaniarum primatu celsiss. et meritis excelsior: tamen hic tandem nihil nisi pulvis et cinis; at vivit in cinere virtutibus superstes et fama: fama saeculo, virtutibus coelo. Obiit XXVI Martii M.DC.XCIV, sed luget adhuc Tarraco.: hodie vale dicit ultimum gratitudo, sed aeternum hoc marmore perenni XXV septembris M.DC.XCVI. En el coro del convento de su orden he visto un retrato de este grande Arzobispo, hecho por Juncosa el clérigo. De la misma orden y su General también, fue el sucesor

Don Fr. José Llinás, que tomó posesión a 16 de enero de 1695. Tuvo un concilio provincial en 1699 y otro diocesano que se imprimió en 1704, y este es el que rige en el día. Dio grandes muestras de su celo en las guerras que alcanzó, llamadas de sucesión, y no mostró menos su caridad en las ruinas y desgracias que padecieron los conventos de San Francisco y Santo Domingo y todos los edificios cercanos a una torre antigua que servía de almacén de pólvora, la cual con horrible explosión se voló por un rayo, día 3 de septiembre de 1700. Era incansable en predicar, y de una liberalidad inagotable con que enriqueció su palacio, iglesia, y varios monasterios. Hizo la capilla y altar de San Pedro Armengol en la parroquia de la Guardia.: impetró su rezo, y lo mandó celebrar de doble en toda la diócesi: erigió el convento de la enseñanza de niñas en esta ciudad, amplió el palacio, impetró el rezo de San Ramón Nonato para toda la iglesia: fundó el rosario diario con canónigos, comensales y beneficiados en la capilla de nuestra Señora del claustro; y fundó la cátedra de moral en el convento de Santo Domingo, donde está su retrato. Murió a 15 de noviembre de 1710 en Barcelona, y fue trasladado su cadáver a la iglesia de San Lázaro de Zaragoza. 

Por muerte de este Prelado, ardiendo todavía Cataluña en guerras, fue electo por Carlos III de Austria en Arzobispo Tarraconense Don Isidoro Bertrán, Catalán, canónigo y Arcediano mayor de Gerona, y fue confirmado por Clemente XI y consagrado en el convento de Santa Catalina virgen y mártir de Barcelona, día 13 de noviembre de 1712, por Don Jorge de Espínola, Arzobispo de Cesarea y Nuncio del Papa a Carlos III de Austria en Barcelona, con asistencia de los Obispos de Cartagena de Indias y de Solsona. Había ya tomado también la posesión de esta Silla a 15 de octubre del mismo año y recibido ya el palio de S. S. Mas durole poco esta posesión pacífica, porque a 15 de diciembre del mismo año está fecha la orden del Rey en que como a intruso en la Sede se le desterró de ella y de la provincia, mandándose al mismo tiempo al Capítulo que se gobernase como en Sede vacante, y depositase los frutos del Prelado. Obedeció este, y se fue sin duda a Italia. Noticioso el Papa expidió una bula que empieza In excelsa, en la cual condena como atentado todo lo hecho. Está fecha a 17 de marzo del año siguiente 1714. La he visto impresa en la librería de mi convento de Palma en Mallorca. A pesar de ello el Arzobispo Bertrán tuvo la misma suerte que su Rey Carlos III, y así nadie lo cuenta en el catálogo de los Arzobispos, cuyo ejemplo ha seguido el señor Amat en su Historia eclesiástica. Sabemos, finalmente, que murió en Génova a 9 de octubre de 1719, y que está allí enterrado en el convento de PP. Capuchinos. Estuvo vacante esta Silla hasta el año 1721, en que a 20 de marzo tomó de ella posesión 

Don Miguel Juan de Taverner y Rubí, Catalán, Arcediano mayor de Tarragona y después Obispo de Gerona, el cual en calidad del más anciano de la provincia había juntado un concilio provincial en aquella ciudad el año 1717, en que se establecieron cosas muy útiles. Y esto es lo único que trabajó por la provincia, porque a los cuatro días de tomada posesión murió con desconsuelo de los buenos. Está enterrado en la capilla de Corpore Christi, mas su epitafio está maltratado y enteramente ilegible. Le sucedió un gran Prelado, que fue

Don Manuel de Samaniego y Jaca, natural de Logroño, canónigo penitenciario de San Juan de la Calzada, electo Obispo de Oviedo, el cual entró en esta ciudad a 21 de abril de 1722, y desde luego se aplicó a reformar los males que de las guerras y vacantes anteriores habían nacido. Predicó muchas veces con eficacia, y para más mover a penitencia dispuso unas procesiones, en que él mismo se presentó con una soga pendiente del cuello. A lo cual y a sus visitas por la diócesi siguió gran reforma del clero y del pueblo. El principal remedio era el de los concilios provinciales; echó mano de él en el mismo año 1722, pero fue mucho más útil el que tuvo en 1727, cuyas constituciones extracta en su Historia el señor Amat. La más notable entre ellas es la que trata de disminuir el número de las fiestas, sobre lo cual, como preparando los ánimos ya había impreso una pastoral en 1725 ponderando la observancia que se merecen los días festivos. Otros muchos bienes se esperaban de este Prelado, pero fue promovido a la silla de Burgos hacia el año 1728, la cual renunció el año 1740, y murió de allí a cuatro años en su patria. Después de su promoción a Burgos le sucedió en nuestra catedral

Don Pedro Copons y Copons, natural de Barcelona, de la casa de los Marqueses de Moya, trasladado de la Silla de Gerona a 26 de febrero de 1729. Mostró luego su mansedumbre y amor a la paz en las constituciones que hizo para cortar los disturbios sobre oficios y empleos en el coro, las cuales se conservan pendientes en él. Fue muy limosnero y solícito en inquirir y remediar la pobreza. Hizo algunos regalos a su catedral. Sus principales hechos son los tres concilios provinciales que celebró, en que dicen que hay establecidas cosas muy útiles. Promovió mucho la devoción del corazón de Jesús. Durole el pontificado 23 años, y murió a 19 de abril de 1753. Está enterrado en la capilla de Corpore Christi con esta inscripción: D. O. M. Lacrimas si quaeras, siste, lapidem hunc intuere, et eo oppressam luce petram, quae in pietatis montem creverat. Petrus Copons et de Copons hic iacet, divitiae pauperum, egenorum opes, Marchionibus de Moya natus, Barcinonae Canonicus, Gerundae Episcopus, Tarracone Archiepiscopus: ubique illustrissimus vixit, sed illustrior fuit morte, quam obiit Tarracone omnium ordinum luctu anno a Christo nato M.DCC.LIII., aetatis suae LXXIV., XIII. kal. mai. hebdomada, ut vocant, sancta; et quidem, ni invenisset, certe morte sua effecisset. A este Prelado sucedió

Don Jaime de Cortada y Bru, natural de Barcelona, y de familia muy antigua, a lo menos suena ya su apellido en la donación que he visto original, hecha por Don Alfonso II a Enego Cortada de una heredad en Matamalan con el campo de Machuchga, fecha en Zaragoza en el mes de junio, era 1216 (año 1178). Nuestro Arzobispo vino a esta Silla de la de Zamora a 26 de mayo de 1755. Celebró concilio en 1757, el último de esta provincia: en él se mandó que las actas de todos se recogiesen e imprimiesen; cosa que no se ha efectuado. Con la gran devoción que tenía a la Protomártir Santa Tecla comenzó su nueva capilla, en cuyos cimientos se puso la primera piedra a 17 de agosto de 1760. Nada más sé de este Prelado, sino que murió a 28 de abril de 1762. Su entierro está en el plano de dicha capilla con esta inscripción: D. O. M. = D. D. Jacobus de Cortada et Bru, huius sanctae Tarraconen. Ecclesiae Archiepiscop., antea Episcop. Zamoren. etc. incoeptum suis sumptibus hoc in honorem Prothomartyris Theclae sacellum consumare non potuit morte praeventus V. kalend. maii M.DCC.LXII. H.S.E.L.D.D.CC. idib. mai M.D.CC.LXXVIII. Tuvo este Prelado por Vicario general a Don Mariano Martí, natural de Valls, que después fue Obispo de Puerto Rico y Caracas. Muy breve fue el pontificado del sucesor

Don Lorenzo Despuig y Cotoner, natural de Palma en Mallorca, de cuya silla fue trasladado a 12 de octubre de 1763, y murió el año siguiente día 22 de febrero repentinamente. Su epitafio en la capilla de Corpore Christi, manifiesta algunas circunstancias de su vida, y por lo mismo lo copiaré aquí: D. O. M. = Hic situs est Illustrissimus D. D. Laurentius Despuig et Cotoner, patriâ Palmensis, genere nobilissimus, Canonicus Balearicus, Clericus honorarius Philippi V. Regis Hispan., et ab eleemos. Philippi Borbonii, Parmae Ducis, Episcop. Balearicus, Eccles. Tarracon., Archiepiscopus, Primas Hispaniarum, qui facile primus omni virtute et splendore sui desiderium Eccl. Tarrac. brevi suae reliquit inmortale, cum vixisset annos LX. Vita functus est, et elatus acerbissi. luctu omnium ordinum die XXII. febr. an. a Chris. nat. M.DCC.LXIV. Poco después le sucedió 

Don Juan Lario y Lancis, Aragonés, nacido en Torrecilla del Rebollar, promovido a esta Silla de auxiliar de Zaragoza, tomó posesión a 30 de octubre de 1764. Su primer cuidado fue arreglar un plan beneficial así en la matriz como en toda la diócesi, obra utilísima con que proveyó a las necesidades del pueblo sin queja de los residentes. Visitó tres veces su diócesi, una la isla de Iviza, ejercitando con gran solicitud en todas partes las funciones episcopales. Consagró en su catedral al Obispo de Barcelona Don José Climent. Expidió varios decretos para reforma de abusos y fomento de la sólida piedad. Concluyó y bendijo la capilla de Santa Tecla a 21 de septiembre de 1775. Logró que se incorporase esta universidad con la de Cervera. Estas son las principales memorias que quedan de su tiempo. Murió a 6 de septiembre de 1777, y está enterrado en la capilla de Santa Tecla, donde se lee esta inscripción: D. O. M. = D. D. Joannes Lario et Lancis, ex Episcopo Letensi Archiepiscopus Tarraconensis, quod hoc divae Teclae sacrarium nullis parcens expensis ad perfectionem perduxit, hic sepeliri voluit, annuente CC., et sibi scribi sic: Hic Joannes Lario et Lanzis, Tarraconen. Archiepiscop. expectat resurrectionem mortuorum. Obiit in oppido dicto Lo Pla VIII. id. sept. anni MDCC.LXXVII. Le sucedió.

Don Joaquín de Santiyán y Valdivielso, nacido en la diócesi de Santander, Obispo de Urgel, trasladado a esta iglesia a 15 de mayo de 1779. En los pocos años de su pontificado mostró bien su liberalidad, y cuanto puede un Prelado que ama sus ovejas y comodidad. Porque después de haber empleado algunos caudales en ensanchar y adornar las calles, murallas y paseos de esta ciudad, y en el palacio llamado de Loreto, incluyendo dentro de él la capilla de nuestra Señora de ese título, la cual el señor Copons había comprado de los herederos del presbítero Juan Mir, quien la construyó a mitad del siglo XVI; después, digo, de esta y otras obras, entró en el vasto proyecto de restaurar el acueducto romano. Obra de suma necesidad, y sin la cual Tarragona era corta en su vecindario, escasa en el comercio, incómoda en la estación del calor, y tal como la pintó Bernardino Gómez Miedes en su Historia del Rey Don Jaime I. Para remedio de estos males, y restituir si pudiera la ciudad de su cátedra al grado de su opulencia romana, emprendió la grande obra que digo, venciendo, como es de creer, gravísimas dificultades, y no reparando en cuantiosas sumas. No tuvo el gozo de verla concluida, y para su perfección dejó la cantidad de 48.000 ducados. En su tiempo, es a saber, en 1782 se erigió la Silla episcopal de Iviza, que por derecho de conquista era de esta metrópoli desde el año 1235; con esta ocasión pasó allá el arcedianato de San Fructuoso, de donde percibía los frutos.

Murió nuestro Prelado casi repentinamente día 5 de julio de 1783, causando este suceso un sentimiento correspondiente a lo mucho que se esperaba de quien supo hacer tanto en tan poco tiempo. Su cadáver se trasladó de allí a cuatro años a la sepultura que tiene en el pavimento del coro, donde se halla este letrero: Joachimus Santiyan et Valdivielso, genere clarus, olim Asturicen. Ecclesiae Canonicus, Tuden. Scholasticus, Lucen. Decanus, Urgellen. Episcopus, Tarraconen. demum Archiepiscopus factus, ornandae mox et amplificandae urbi, civiumque commodis intentus, suburbanam viam, et ambulacrum rupibus et aggeribus complanatis extruxit: aquae copiam, ut suo subveniret populo, iamdiu illius penuria laboranti, antiquo Romanorum partim instructo aquaeductu, partim novo constructo, longe huc adducere molitus est. Quibus, aliisque utilissimis operibus, dum strenue, nullis laboribus, vigiliis, sumptibus parcens, incumbit, ulteriora parans, maiora pro animae celsitudine mente volvens, vivis abripitur III nonas julii anno Christi M.DCC.LXXXIII. etat. XLIX. I. P. R. Dicen que compuso este epitafio el sucesor

Don Fr. Francisco de Armañá (Armagnac), del orden de San Agustín, natural de Geltrú, diócesi de Barcelona, el cual era Obispo de Lugo desde el año 1768, de donde fue trasladado a esta Silla en el de 1785 y tomó posesión a 30 de mayo. Están todavía muy recientes las memorias del celo, liberalidad y erudición de este Prelado. Comúnmente se dice que vivía pobre por los pobres: y era así que los remediaba a manos llenas, buscando con solicitud las necesidades ocultas. A su iglesia regaló alhajas y ornamentos varios y preciosos: dotó su clero, fomentó el monte pío de sacerdotes pobres: dio grandes caudales para la obra del puerto y las urgencias del estado; y con todas estas y otras muestras de liberalidad gastó más de cien mil duros en continuar y concluir la restauración del acueducto romano, teniendo el gozo de ver llegar el agua a la ciudad en el año 1798, día 3 de diciembre del santo de su nombre: beneficio inestimable que eternizará los nombres de Santiyán y Armañá. Hallaba para todo esto recursos en la moderación de su trato, parsimonia en la mesa, y pobreza de su casa y persona; viviendo en todo como simple religioso, sin dejar la túnica de lana, ni permitir más adornos que los muy precisos para el decoro de la dignidad. Visitó dos veces toda su diócesi, y no más por su ancianidad; ejercía por sí mismo todos los actos pontificales: predicaba con frecuencia y enviaba misioneros por la diócesi, gente docta como él lo era, que cogiesen y no espantasen la caza: compuso las discordias interiores de su iglesia: unió y dividió parroquias, según lo pedía la necesidad: protegió grandemente las escuelas públicas: dotó bien sus cátedras, como es justo: creó la de escritura, enseñanza tan necesaria a los eclesiásticos, como que es el blanco y cima de su saber, a que se ordenan todos sus estudios anteriores, y sin lo cual la teología escolástica y moral son un cuerpo sin alma. En estos y semejantes cuidados le halló ocupado la muerte cuando ya por su edad de 85 años no podía entender en lo que pide vigor y fuerzas corporales. Murió este ilustre Arzobispo día 4 de mayo de 1803. En sus honras predicó el actual Abad de San Ildefonso Arzobispo de Palmira, el señor Don Félix Amat, entonces magistral de esta iglesia. Está enterrado en el coro con esta inscripción: D. O. M. = Francisco Armagnano, ex Eremitis S. August. primum Lucensi Praesuli, post Archipraesuli Tarraconensi, utrobique indefessa salutis animarum cura, verbo et scriptis doctissimis aeque atque piissimis, morum itidem integerrimorum exemplo, informatis ad pietatem populis, optimi Antistitis functo munere; egenorum patri, quorum sublevandis miseriis, nihil pene sibi relinquens, amplissimos pontificatus redditus expendit; cuius maxime opera et ope fontan. aqua intra muros inducta gaudens potitur Tarraco: in senectute bona e vivis sublato die IV maii anno M.DCCC.III aetatis suae LXXXV, Bartholomeus Soler, ex sorore nepos, huius Primat. Eccl. Decanus, consanguineo fautorique amantissimo fieri curavit monumentum. Los escritos de que se habla en esta inscripción son sus Pastorales impresas en dos tomos en 4.°: tres tomos de Sermones morales, y uno de Sanctis: además dejó manuscritas Instituciones de teología. = Compendio de la historia eclesiástica de Fleury, y otras obras que no concluyó por sus ocupaciones. A los dos meses de su muerte fue electo su digno sucesor el actual Arzobispo

Don Romualdo Mon y Velarde, natural de Mon, diócesi de Oviedo, colegial de San Ildefonso de Alcalá, doctoral de Coria y sucesivamente de Córdoba, donde también fue Deán y gobernador de la mitra. Tomó posesión de esta Silla día 12 de mayo de este año de 1804. El pueblo ha concebido muy bien fundadas esperanzas de un gobierno pacífico y acertado. Nada más puedo decir de esto, porque apenas han pasado dos meses de su entrada pública, que se verificó el día 3 de septiembre con las ceremonias acostumbradas, en razón del señorío temporal de los Arzobispos sobre esta ciudad y su campo: las cuales se fijaron por decreto de la real audiencia de Barcelona en tiempo del Arzobispo Don Juan de Moncada (leo Monca-ca), aunque la pompa en el recibimiento de esa o de otra manera es ya de los tiempos de Don Fr. Sancho López de Ayerbe. En sustancia se reduce la fiesta a lo siguiente. Sale todo el Cabildo hasta una casa de campo distante como un cuarto de legua de la ciudad, donde ya espera el Prelado montado en su mula. Los canónigos van igualmente montados en mulas con gualdrapas negras colgando hasta los pies o patas: no van con manteo, sino con un ropón a modo de balandrán muy pomposo, y con sombrero redondo llano de copa muy pequeña, ajustada a ella una golilla como de dos dedos para mayor seguridad en el encaje de la cabeza; cuelgan además de él varios cordones y borlas de buena labor. El saludo que hacen al Prelado es levantar la borla que cuelga delante del pecho y llegarla hasta la boca. Así pasando todos por delante de él, se forma la comitiva, y al llegar a la puerta de San Carlos salen los regidores o cónsules, como decían antes, con sus bandas de tafetán carmesí, según costumbre de todo este principado. Entonces, acompañado S. Ilma. del magistrado, recibe los obsequios de danzas y comparsas alegres, muchas en número, y algunas notables por su antigüedad. Tras esto se apea la comitiva, y el Arzobispo hace el juramento en un altar preparado en la puerta del convento de San Francisco, y en manos de su Guardián. Concluido este acto, toma otra vez la mula, y guiándola los regidores a pie con cordones de seda encarnada, y precedido de todas las danzas, camina hacia la catedral donde le recibe el Cabildo con hábitos de coro, que para esto se anticipó dejándole en San Francisco. Entran en la iglesia cantando el Te Deum, y en la pieza que queda tras el altar mayor y el testero de la iglesia se le dice al Prelado una oración latina, que esta vez recitó el canónigo Don Carlos González de Posada, y con la respuesta del Prelado se acaba la fiesta de por la mañana. Por la tarde se repiten los juegos y varias representaciones en la plazuela donde está mi convento, que era puntualmente el circo máximo de los Romanos. Los aficionados a aquellas vejeces echarán de menos en estas comparsas la elegancia y el lujo de las que presenció en este lugar el Emperador Augusto. Efectivamente son muy distantes, y muchas composiciones alegóricas que allí vi están llenas de impropiedades, como cosa del vulgo que sólo ama el estrépito, y como dicen nuestros vecinos lo maravilloso. Sin embargo, es reparable el baile que llaman de los Titanes. Consiste en que treinta o cuarenta hombres vestidos como a lo turquesco, van en fila ensartados entre dos telas de paño muy anchas cuanto es la altura de los pies hasta los hombros: descubren sólo la cabeza, la cual mueven y dejan caer a un lado y a otro como con tristeza y pesadumbre, (aún se puede ver algo parecido en Turquía) cada vez que dan un paso o más bien un salto al compás de la sencilla tonada que suenan dos chirimías u oboes. Llegando con esta pausa y aun pereza al teatro de sus habilidades, no tienen otra que dar una vuelta al circo y formar después una espiral, apretada como la de un caracol, y deshacerla luego, todo con un compás más acelerado que el con que vinieron.

Ya ves cuan poca conexión tiene esto con los Titanes y su guerra, como yo esperaba, fiado sólo en el nombre; el cual no tiene otro origen que la tonada ti tan. Una especie me ocurre. En la traducción de la Geografía del Nubiense, hecha por Don José Antonio Conde, y en las notas que él puso, página 199, explicando el elogio que Benjamín de Tudela hizo de esta ciudad de Tarragona y aquellas palabras: fue de los edificios de los Hanakim, explica esta palabra Hanakim por una generación gigantea o Titanes, hijos del cieno. Y aunque el autor nota allí esta opinión de vulgar y digna de los P. C. de las sinagogas, ¿quién sabe si la tenían por cierta los Judíos ricos que había en Tarragona en el siglo XII, tiempo en que escribía su Geografía el autor, que por eso llama a esta ciudad Tarragona de los Judíos? Y si ellos tuvieron por cierto que esta ciudad estuvo habitada de Titanes, ¿no pudieron ser los autores de esta comparsa, de quien sabemos que es muy antigua, y que ya la representaron los Tarraconenses en Valencia en el siglo XIII al tiempo de su conquista, como dice Escolano? ¿Quién sabe? Sin embargo, séase el que quiera el objeto que tuvo en ello el inventor, más bien parece una sarta de cautivos como los que precedían a los triunfos Romanos, y una muestra, aunque impropia, del vasallaje de esta ciudad a su Prelado, que presencia estas fiestas en público, acompañado siempre de los cónsules y del Cabildo.

Buen remate ha tenido la narración de los Arzobispos. 

A Dios. Tarragona, etc.